Lucio Anneo Séneca

Filosofía. Ciencia. Filósofos. Séneca. Pensamiento. Felicidad

  • Enviado por: Rochita
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 12 páginas

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Introducción:

Durante su destierro en Córcega, Séneca pasa a desempeñar muchos cargos importantes que lo ponen en una situación privilegiada. Desde allí dictamina, enseña gobierna en nombre de la filosofía. Pero el maestro ideal se convierte pronto, por torpeza y debilidad, en cortesano, responsable de los desórdenes de Nerón y cómplice de sus crímenes. La corrupción del hombre de estado se refleja inevitablemente en el moralista: se enriquece fabulosamente, posee quintas en todas las provincias, gusta del más refinado lujo, ofrece recepciones fastuosas. Justificación de esta conducta pretende ser el diálogo De la vida feliz

Más elocuente que eficaz, amable, inhábil e inofensivo.

El tema de la felicidad es un punto presente en todos los sistemas filosóficos y religiosos. Si bien todas las escuelas concuerdan en fijar como estado de felicidad el reposo, se diferencian al establecer la naturaleza de la misma. Para algunos consiste en la posesión de la virtud en sí misma, que libra al sabio de toda opinión y pasión, imbuyéndole de la fría imperturbabilidad de la razón. La exposición de tal doctrina constituye la finalidad del diálogo de la vida feliz. Pero más que la finalidad, es el pretexto. Se trata en el fondo de una autovindicación, que dicta al filósofo las más nobles páginas de la moral estoica y es, a la vez, la más viva prueba de su autarquía de pensamiento.

Desarrollo:

Biografía de Lucio Anneo Séneca.

Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba aproximadamente en el año 4 a. de C, hijo del famoso retórico Marco Anneo Séneca (Séneca El Viejo), autor de Suasorias y Controversias y de Helvia Paulina, ambos pertenecientes a la clase noble.

Cuando muere su madre, Séneca pasa al cuidado de su tía, que le lleva a Roma, lugar en el que estudiará Retórica con Fabiano Papirio, y filosofía con el estoico Atalo y con Soción, un pitagorista ecléctico. Sin embargo, pronto abandonará la filosofía para centrarse en la retórica, interesándose por el derecho, y oficiando de abogado.

De salud delicada, en el año 25 Séneca viaja a Egipto (Alejandría) para reponerse, aprovechando que el marido de su tía, Cayo Galerius, era prefecto en ese país. Allí toma contacto con la cultura egipcia y con las filosofías alejandrinas, instruyéndose en el pensamiento de los estoicos tardíos, Panecio de Rodas y Posidonio de Apamea. De esta época data su primera obra, De situ et sacris Aegypti, libro que no se ha conservado.

En tiempos de Tiberio, Séneca marcha a Roma (año 31) donde comienza su carrera política y de orador, obteniendo el cargo de cuestor en el año 33, y el de cónsul un poco más tarde. Su perspicaz retórica y su brillante dramatismo provocaron celos en el emperador Calígula (37-41), que planea matarlo aunque, previendo que no haría falta debido a la mala salud del filósofo, pospone la decisión, hasta que él mismo fue asesinado, pasando el Imperio a manos de Claudio.

En esta época Séneca contrae matrimonio del que nace su primer hijo, Marco Anneo, y se dedica a escribir profusamente obras de carácter diverso: De lapidum natura, De piscium natura y De motu terrarum, libros no conservados.

Cuando fallece su padre, escribe Ad Marciam de consolatione en el año 39 y dos años después, De ira.

En el reinado de Claudio, la emperatriz Mesalina acusa a Séneca de mantener relaciones adúlteras con la hermana de Calígula, Julia Livila, por lo que es desterrado a Córcega el año 41, confinación que durará ocho años, hasta la boda de Claudio con Agripina. Durante este duro período escribe Séneca otras dos obras: Ad matrem Helviam de consolatione, consolación dirigida a su madre para confortarla del pesar por su destierro, y Ad Polybium de consolatione, dedicada a elevar el ánimo a un amigo que pasaba por circunstancias adversas.

Apoyado por Agripina que deseaba que Séneca se hiciese cargo de la educación de su hijo Nerón, el filósofo vuelve a Roma el año 49, después de ser indultado y nombrado pretor, dedicándose junto con Burro, a labores de consejería del gobierno. De esta época son sus obras De brevitate vitae y De tranquilitate animi.

Después de contraer Séneca segundas nupcias con Paulina, en el año 54 muere envenenado Claudio, momento que aprovecha el filósofo para escribir una obra en la que se burla de sus aspiraciones de divinidad. Se trata de la sátira Apokolokyntosis divi Claudii, que viene a significar algo así como "la transformación en calabaza del divino Claudio", en un juego de palabras en relación al término apoteosis o "transformación en Dios". En este momento y contando Nerón tan sólo con 16 años cuando se convierte en emperador, Séneca toma las riendas del Imperio, siendo él y Burro, los verdaderos gobernantes. Pese a la mayor benevolencia con los esclavos y a las suaves reformas fiscales y judiciales que realizaron, lo cierto es que Séneca abusó de su poder e influencia, acopiándose de una enorme fortuna de dudosa adquisición y utilizando métodos avasalladores y crueles frente a sus antiguos adversarios, a muchos de los cuales desterró en distintas islas. De esta época es su obra De vita beata, en la cual se defiende de las acusaciones que le hizo Suilio por sus excesos y atropellos. También escribió De constantia sapientis y De clementia.

Por mandato de su hijo Nerón, su madre Agripina es asesinada en el año 59, comenzando un gobierno despótico y arbitrario en el que Séneca se va a encontrar en una situación muy comprometida e incómoda, sobre todo a raíz de la muerte de Burro acaecida el año 62, momento en el cual, los abusos de poder que había cometido contra sus adversarios políticos, en especial los agrupados en torno a Tigelino, se vuelven contra él. Temeroso de ser asesinado, Séneca se va retirando paulatinamente de la vida política, a pesar de la negativa de Nerón de que éste abandone sus labores políticas.

Durante este período, que se extiende desde el año 62 al 65, Séneca escribe algunas de sus más importantes obras: Naturales quaestiones, obra en la que analiza problemas concernientes a los fenómenos naturales desde un punto de vista filosófico, no físico, que le sirve para justificar su idea de la divina providencia. Epistulae morales ad Lucilium, que consta de 124 cartas distribuidas en diez libros y que constituyen una guía para la acción y en la que aparece reflejada casi toda la temática del estoicismo. De esta época data también su libro De providentia, donde se considera que todo lo que acontece en el mundo está determinado según un plan o designio divino.

Destapada la conjura de Cayo Calpurnio Pisón contra el emperador Nerón al que pretendían asesinar, éste ordena que Séneca se suicide, el cual cumple el dictamen cortándose las venas e ingiriendo cicuta para acelerarla, el 19 de Abril del año 65.

Pensamiento de Séneca sobre la felicidad:

Todos los hombres desean vivir felices, pero en la búsqueda del camino que los lleva a esa felicidad, muchos andan a ciegas.

Séneca piensa que para poder hallar el camino a la vida feliz, primero debemos determinar qué queremos y cual es el fin que perseguimos. Necesitamos marcar nuestro camino y nuestra meta. De lo contrario es muy difícil conseguir la felicidad sin haber prefijado anteriormente un objetivo. Una vez que hemos errado el camino, nos parece que mientras más nos afanamos por encontrarlo, más nos alejamos.

Podemos buscar un guía para que nos indique por donde ir, pero nuestro camino a recorrer no va a ser igual a ningún otro ya recorrido.

No debemos buscar la felicidad en lo que hacen los demás, ni seguir ciegamente el camino de otros sin saber hacia donde nos dirigimos. Pensar que lo que todos aceptan es lo correcto es una idea totalmente equivocada. Muchas veces el camino más andado es el mas engañoso de todos. No debemos hacer caso a los rumores, debemos regirnos por la razón y no por imitación a los demás. En nuestro andar vamos a escuchar voces, ruidos, gritos que solo nos apartarán de nuestra senda y nos harán malgastar parte de nuestra breve vida.

En este camino nadie se pierde solo, sino que todos somos culpables del extravío ajeno. Los primeros son la causa de la perdición de los que siguen. Es como una gran catástrofe donde unos se precipitan sobre otros. El error que la mayoría de los hombres comete es preferir creer en vez de juzgar. Nadie juzga la vida. Perecemos por el ejemplo ajeno. Basta alejarnos de la mayoría para salvarnos, para que podamos decidir por nosotros mismos cual es nuestro mejor camino a seguir según nuestros intereses y proyectos propios. El camino de la mayoría solo nos conduce a luego arrepentirnos de nuestras propias decisiones y a extrañarnos por lo que nosotros mismos hemos aprobado.

Como dice Séneca en su libro “De la brevedad de la vida” en el capítulo De la vida feliz: “Al tratar de la vida feliz, no debes nunca contestarme, como en las elecciones: << este partido parece tener mayorías>> pues por esto mismo es lo peor.

Con esta simple oración, el autor sigue reafirmando su idea de que no debemos seguir a la multitud. Las personas no son tan iguales como para que nos agrade lo mismo que a los demás. Debemos buscar lo que nos convenga hacer y que nos asegure la felicidad eterna.

Todas y cada una de las personas, sin importar su posición social, que tan ricos son, si pertenecen o no a la realeza, el color de su piel, etcétera, deben tener en cuenta este consejo. Debe ser el alma la que descubra los bienes del alma. Este pensamiento resume una de las ideas principales del filósofo. Que debemos buscar la felicidad muy adentro nuestro, en el silencio y la soledad, debemos aprender a escucharnos y entendernos sin la influencia de los demás. En este quehacer escucharemos la voz del alma que nos aconseja alejarnos de la riqueza, la adulación, el favor y el poder.

Las cosas que todos contemplan, ante las que todos se detienen, que unos a otros se muestran maravillados, brillan por fuera, pero por dentro son lamentables.

Séneca nos invita a vivir alejados de los lujos, ya que estos no atraen la felicidad, solo nos crean falsas ambiciones, ambiciones sin sentido que no nos llevan a ningún lado.

Debemos buscar lo que no solo sea bueno en su apariencia, sino que sea constante y mas bello por dentro que por fuera. Muchas veces pasamos al lado de eso que anhelamos tanto, hasta incluso tropezamos con ello y no nos damos cuenta lo cerca que se halla de nosotros y que tan fácil es alcanzarlo.

Textualmente, Séneca nos expresa en su diálogo “De la vida feliz” en el capítulo tercero titulado definición de la felicidad la siguiente reflexión sobre la vida feliz:

“Es feliz, pues, aquella vida que se aviene a la naturaleza; lo cual solo se alcanza si primero el alma esta sana y en perpetua posesión se su salud; si es, luego, valerosa y vehemente; bellamente sufrida; ajustada a todas las coyunturas; curiosa, pero sin inquietud, de su cuerpo y de cuanto contribuye a la vida, pero sin admirarse de nada; dispuesta a usar de los dones de la fortuna, pero a no ser su esclava.”

Esto es lo que nos guiará a una libertad y tranquilidad perpetua, a una vida llena de goce constante y a una grandeza hermanada con la mansedumbre, por que el origen de la soberbia es la debilidad.

Se puede definir al bien supremo de distintas maneras, ya que esta definición puede extenderse y desarrollarse o condensarse y reducirse.

El alma debe contentarse con la virtud y despreciar lo fortuito, gracias a la invencible fuerza de ésta, conocedora de las cosas, pacífica en su acción , muy compasiva y atenta quienes conviven con ella.

El hombre feliz es aquel para el cual no existe mas bien ni mal que un alma buena y una mala, que rinde culto al bien y se contenta con la virtud, que no conoce otro bien que el que puede obtener por el mismo y desprecia los placeres.

Séneca resume su concepto de la vida feliz brevemente diciendo que “La vida feliz es el alma libre, recta, atrevida y firme, sin miedo ni deseo, cuyo bien es la honradez.”

La vida atada al placer es sinónimo de dolor y esclava de estos. Hay que ir hacia la libertad y repudiar la fortuna para lograr el reposo del espíritu puesto en seguridad y deleitar al hombre como algo engendrado por su propia bondad. El hombre feliz, gracias a su razón, no desea ni teme nada.

Hablando de temores y tristezas, Séneca dice que o podemos afirmar que los animales, las piedras, las plantas, son felices por no tener sentimientos de tristeza y temor, lo que ocurre es que les falta el conocimiento y la conciencia de la felicidad. También se podría incluir en este grupo a aquellas personas que por su naturaleza obtusa y el desconocimiento de su propio ser han quedado relegados entre las bestias y las cosas inanimadas. Estas carecen de razón y los otros la han depravado y es hábil solo para el mal. Aquellos que están alejados de la razón y de la verdad, no podrán llamarse felices ya que la vida feliz tiene asiento en el juicio recto y seguro.

El alma es libre y pura de todo mal. No evita solo las heridas, sino que también evita los pellizcos y reclama su puesto contra las iras y los reveses de la fortuna. El placer en cambio es débil y nos ablanda el ánimo. Nos hace abandonar el alma y pensar solamente en el cuerpo.

Pero el alma también tiene sus placeres. La razón, la verdad, la justicia.

Es locura elegir los males por bienes. No es feliz quien no tiene sana la razón, ni quien anhela lo nocivo como si fuera lo mejor; es feliz el que se contenta con lo que tiene y le pone afecto a esto.

La mayoría niega que el placer pueda separarse de la virtud, la vida honrada sin deleitarse por esto y vivir deleitosamente sin ser honrado. Algunos son infelices, no por falta del placer sino por estos mismos.

“No hay competitividad entre virtud y placer, estos dos son opuestos en cuanto a los fines que persiguen. La virtud es algo elevado, excelso, soberano, invicto e infatigable; el placer es mezquino, servil, apocado, caduco y tiene su puesto y su domicilio en prostíbulos y tabernas. La virtud la encontrarás en el templo, en el foro, en el senado, de pie junto a las murallas, cubierta de polvo, curtida por el sol, con las manos callosas; el placer lo veras las mas veces esconderse y buscar la oscuridad, alrededor de los baños, de los sudarios, y de los lugares que temen la vista del edil; muelle, enervado, empapado en vino y en perfumes, pálido o lleno de afeites y embalsamado por las drogas.”

El espíritu recto nunca tuerce su camino, el placer se extingue cuando mas deleita y como sus límites son reducidos, los alcanza enseguida. No puede haber realidad alguna en algo que llega y se va, pues solo tiende a su fin.

Hay que hacer una vida de manera que el placer sea el compañero de la recta y la buena voluntad, no una guía.

Vivir feliz es lo mismo que vivir conforme a la naturaleza; conservar las facultades del cuerpo y las aptitudes naturales como algo prestado, que sirvan, pero que no manden. Solo de este modo serán útiles.

El hombre debe ser invencible a las cosas externas y debe estar preparado a la próspera y adversa suerte.. Un hombre debe ser complaciente, ordenado, magnánimo y cortés en sus obras. El bien debe nacer de los sentidos, pero no para complacer a estos mismos. De esta manera nacerá una razón sin diferencias ni desigualdades.

El placer es uno de los frutos de la virtud, pero no es su objetivo, sino que lo obtienen como una especie de “extra”. El pacer es entonces, un complemento, no la recompensa o la causa de la virtud; como las flores que nacen de un campo arado para la siembra.

Séneca se pregunta ¿Qué buscamos en la virtud? En la virtud la buscamos a ella misma. Se busca el bien del hombre, la fortaleza del alma, la providencia, la exaltación, la salud, la libertad, la armonía y la belleza. Esto entendemos por la búsqueda del bien del hombre, no el bien del vientre, que es mayor en los animales y en la fieras.

Nadie puede vivir feliz o bien una vida agradable, si no vive una vida virtuosa. Sólo los animales irracionales puede vivir de ese modo, midiendo su felicidad en razón de la comida y los placeres. La buena vida debe ir acompañada de la virtud.

La virtud evalúa los deleites antes de admitirlos, por eso les concede tanto valor a los que acepta y cifra su goce para poder abstenerse. Hay que restringir el placer, ponerle freno, aprovecharlo, no gozarlo.

Aquellos hombres que viven rodeados de placeres no alcanzan a gozar bien de ninguno de ellos. Viven mal, por que sobreviven muchas cosas que perturban su ánimo y por que su mente esta turbada por opiniones contradictorias. El sabio sabe intercalarlos y mezclarlos en la vida.

El que se entrega a los deleites, como sabe que lleva una vida llena de placeres, cree también vivir en la virtud. Ellos esconden su lujuria en el seno de la filosofía, y se precipitan solo a este. En medio de esto pierden lo único bueno que poseían de sus defectos: la vergüenza de pecar. Por esta sencilla razón, es perjudicial la alabanza del placer.

Yendo la virtud por delante, nuestros pasos siempre serán seguros. No hay que temer de ser desmesurados con la virtud, por que en ella misma se encuentra la mesura.

La virtud va primero, pero no por ella perderemos el placer. Este irá acompañándole girando en torno a ella. Seremos dueños y moderadores del el placer. En cambio, quienes cedieron la dirección al placer, no tendrán ni una ni la otra. El placer los dominará a ellos.

Mientras mas placeres tengamos, mas mezquinos y esclavos nos volveremos, dejaremos las cosas importantes y faltaremos a nuestros deberes.

El bien supremo debe elevarse hasta tal nivel que ninguna fuerza pueda perjudicarlo ni pueda desalojarlo y no tenga acceso el dolor, la esperanza y el temor. Solo la virtud debe tener cabida en la felicidad. Hay que tener paciencia, ya que hay que tener en cuenta y aceptar que toda dificultad es propia de la naturaleza. El alma debe guardar el precepto de seguir a Dios.

Séneca dice en el texto de sus diálogos

: “Todo cuanto hay que sufrir en virtud de la ley universal, acéptese con magnanimidad; tenemos adquirido el compromiso de soportar los males propios de nuestra condición de mortales y de no desconcertarnos ante aquello que no esta en nuestra mano evitar. Hemos nacido en un reino: obedeced a Dios es libertad”

Con esto, el autor nos quiere decir que no debemos intentar evitar lo imposible, que debemos aceptarlo como lo que es, una de nuestras condiciones de ser mortales. Por ejemplo: No debemos evitar a la muerte, ya que es algo totalmente natural e inevitable y propia de nuestra condición de mortales. Debemos obedecer las leyes de Dios, ya que de Él es el reino en el cual vivimos. Y aquí Séneca nos demuestra sus ideas religiosas.

La felicidad es la virtud y no debes considerar como bueno o malo a lo que no es obra de la virtud o de la maldad.

Aseméjate a Dios y te prometerá cosas tan grandes e iguales como las divinas, no serás obligado a nada y no te faltará nada; serás libre, seguro, invulnerable, todo te será posible.

¿Basta la virtud para ser feliz por ser esta divina y perfecta, por ser hecha para quien concentró en sí mismo todos sus bienes y perfecciones? Por supuesto, es más que suficiente. Qué le puede faltar a quien se ha emancipado de todo deseo.

Toda virtud necesita de cierta benevolencia de la fortuna. Hay quienes está atados a la vida y sus placeres con cadenas, otros con grilletes y aquellos que se elevaron a regiones superiores y subieron más arriba que los demás, todavía no son libres pero arrastran una cadena floja puesto que ya son casi libres.

Séneca reconoce sus vicios y acepta las críticas que ha recibido. En realidad el filósofo aconseja acerca de lo que hay que hacer para lograr la felicidad. Pero en verdad él no lo vive así, según su confesión no es un sabio y nunca lo será. Su espíritu está enfermo y él acepta que cuando pueda, vivirá como se debe. Por lo pronto solo censura sus propios vicios.

Séneca responde a las acusaciones que recibe diciendo que el habla de la virtud, no de su vida y de sus vicios. Aunque su vida no sea virtuosa, él sabe cual es el camino correcto y qué debe hacer para no apartarse de él. No va a dejar de alabar a la felicidad y a la vida junto a la naturaleza aunque no la practique. Piensa que la riqueza y los placeres no son malos si uno los sabe utilizar, regular debidamente. El sabio no deja de ser sabio por estar rodeado de placeres, pero debe aprender a utilizarlos y no permitir que los placeres lo utilicen a él. La sabiduría no está condenada a la pobreza.

Uno no debe fijarse en lo que hacen los demás, sino en lo que hace uno mismo. No debe comparar su vida con la de alguien más, de este modo perderíamos nuestro propio objetivo por fijarnos en las acciones (buenas o malas) de los demás.

Solo el hecho de intentar seguir el camino de las virtudes y del bien, es un acto honroso y noble y digno de ser admirado; a pesar de que uno caiga a mitad de camino, es bueno hacer el esfuerzo de emprender la subida

Se debe intentar satisfacer las necesidades que nos dicta la naturaleza.

No se debe rechazar las riquezas, sino que si ellas desaparecen, se las debe ver desaparecer con ánimo sereno, no quejarse por esto. No se debe vivir por y para ellas, pero si uno las posee, no es malo si las ha obtenido gracias a su trabajo honrado.

Es mas factible que un sabio despliegue mas su ánimo y sus pensamientos en la riqueza que en la pobreza, ya que de esta manera no tiene mas preocupaciones. No tiene razón de abatirse ni desalentarse. En la riqueza, están abiertos a la templanza, la libertad, la actividad, el buen orden y la magnificencia. Las riquezas, bien administradas, son útiles y muy ventajosas en la vida. Se debe tener en cuanta que, aunque las riquezas estén junto a uno, están fuera de uno.

Se deben soportar las enfermedades, ya que, como lo habíamos dicho anteriormente, son algo totalmente natural e inevitable. No es malo preferir la salud que la enfermedad.

Nunca hay que dejar de tener en cuenta la diferencia que existe entre el hombre y Dios, por mas que uno sea tratado como tal, siempre debe tener muy en claro este hecho.

Unas virtudes corren cuesta arriba y otras cuesta abajo:

  • Van cuesta arriba todas aquellas virtudes que se oponen a las contrariedades, como por ejemplo:-Paciencia

-Fortaleza

-Perseverancia

  • Van cuesta abajo todas aquellas virtudes que deben detener nuestro ánimo para que nos se precipite, como por ejemplo:-Libertad

-Templanza

-Mansedumbre

En consecuencia, podríamos decir que hay virtudes que aumentan el ánimo, lo incitan y otras que lo reprimen. En la pobreza emplearemos aquellas virtudes que sepan luchar con mayor valor; en las riquezas las mas activas que saben mantenerse en el aire y sostener su propio peso.

FRASES DESTACADAS DE

SÉNECA

  • La más grande infelicidad es ser presa del temor cuando ya nada queda que esperar.

  • No dura ni llega a su fin sino la felicidad que viene poco a poco.

  • No es feliz el que no cree serlo.

  • Si quieres vivir feliz, no te importe que te crean tonto.

  • La felicidad es no necesitarla.

  • La felicidad que no se modera, se destruye a si misma.

Conclusión:

Séneca tiene una idea muy simple de la felicidad, se basa en las virtudes, en lo bueno, solo basta llevar una vida virtuosa y no abusar de los placeres que esta nos da para poder ser feliz, ya que estos no son lo central de la vida, aceptar la condición de mortal que el hombre tiene, no luchar contra lo imposible y obedecer a Dios y a la naturaleza.

Para lograr la vida feliz Séneca nos aconseja

cultivar

rechazar

Las virtudes

Los placeres

El alma

El cuerpo

Dios

Lo material

La naturaleza

La riqueza

Conclusión personal:

La vida de Séneca parece extrañamente disociada e incluso antagónica con lo que propone en sus escritos: frente a la austeridad postulada en sus obras, su enorme ambición le hizo poseedor de una de las fortunas mayores del imperio y no por medios ciertamente lícitos. Pese a su invitación a una vida sencilla conforme a la naturaleza, prefirió el vivir en los ajetreos de la ciudad y en la labor complicada y artificiosa del gobierno. Tampoco se hizo eco de su propuesta ética de vivir felizmente conforme a la virtud, dominando las pasiones, fomentando la templanza, la compasión con el enemigo y la generosidad en la clemencia. Nada de esto llevó a la práctica en su quehacer político, cómplice de crímenes, adulador servil de los emperadores y enemigo impasible de sus opositores.

Todo ello nos lleva a preguntarnos si fue Séneca como filósofo un impostor oportunista, o si, al contrario, en su labor política tuvo que atenerse a una dura realidad que soportó "estoicamente" para frenar las tendencias despóticas de los emperadores. Lo que sí parece cierto es que nos encontramos con un hombre escindido entre la teoría y la praxis, una especie de doctor Jeckill y Mr. Hide que, después de su muerte, fue paradójicamente convertido en símbolo por los cristianos, atribuyéndosele falsamente correspondencia epistolar con San Pablo.

De lo que no cabe duda es de que Séneca fue uno de los más influyentes filósofos de la época, siendo el máximo representante del estoicismo Nuevo en Roma, el cual se caracteriza por mantener el interés, como ya hizo el Estoicismo Medio representado por Cicerón, por las cuestiones éticas y antropológicas, realizando una filosofía que sirviera de guía para la vida, que estableciera una serie de "normas" para vivir conforme a la naturaleza y a la inexorable ley de la providencia.

Pienso que el camino que Séneca nos propone para ser felices es muy razonable, a pesar de esto creo que de vez en cuando uno debe darse un placer en la vida para poder equilibrar las alegrías y las angustias que tenemos que enfrentar. Pero (como dice Séneca) no vivir atados a lo material.

Bibliografía:

SÉNECA, Lucio Anneo, (1944), De la brevedad de la vida, Montaner y Simón, S.A., Barcelona

http://www.cibernous.com/autores/seneca/teoria/biografia.htm

http://www.pensamientos.org/pensamientosfelicidad.htm

http://www.humano.ya.com/elocuax/felicidad/felicidad12.htm

Séneca, (1944) De la brevedad de la vida y otros diálogos, Montaner y Simón S.A Barcelona. P 99.

Séneca, p. 106

Séneca, p. 124

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