Los recuerdos del porvenir; Elena Garro

Literatura hispanoamericana contemporánea del siglo XX. Narrativa mexicana. Novela social. Mitología. Argumento. Personajes

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“Análisis literario del texto de Elena Garro titulado: LOS RECUERDOS DEL PORVENIR”.

Materia: Teoría Literaria IV

Fecha: Agosto 8 de 2005.

El presente trabajo consiste en analizar la novela de la escritora Elena Garro: Los Recuerdos del porvenir, a partir de la teoría de interpretación que propone Umberto Eco y apoyándome también de ciertos principios que propone Michel Focault, como el de la organización interna de la historia.

Los Recuerdos del porvenir nos narra la historia de los habitantes de un pueblo llamado Ixtepec en la época de la Revolución Mexicana durante el capítulo de la Guerra Cristera.

El relato nos lleva paso a paso a los sucesos más importantes y significativos de cada uno de los personajes principales de la novela. Vemos que por cuestiones de poder se cometen crímenes despiadados por parte de las autoridades y los habitantes ven como cada día se pierde la paz y la tranquilidad de su pueblo.

Isabel es el personaje principal y “convertida en piedra” narra los recuerdos que serán el porvenir de los habitantes de Ixtepec.

“En los albores del siglo XIX las cosas comienzan a hablar “por sí mismas” y a tomarse significativas: develan su propio espesor, su organización interna y su propia historia”.

Michel Foucault

La referencia en primera instancia a Foucault es interesante en esta afirmación “las cosas comienzan a hablar por sí mismas”, apelo a estas palabras para describir lo que sucede en la novela de Los recuerdos del porvenir, ya que encontramos en un inicio a un pueblo que habla: “Desde esta altura me contemplo: grande, tendido en un valle seco. Me rodean unas montañas espinosas y unas llanuras amarillas pobladas de coyotes”. Mis casas son bajas, pintadas de blanco,”. (Las cursivas son mías). Como podemos ver, con estas palabras el productor del texto nos da la pauta para poder identificar a un primer narrador de la obra que es intradiegético, ya que permanece en la historia desempañando un papel de narrador, los pronombres personales y posesivos me dieron la pauta para interpretarlo de esta forma.

Y como nos dice Eco, que un texto puede estimular infinitas interpretaciones y la interpretación tanto para Eco como para Foucault no tiene fin, es decir, es una tarea que nunca se termina en este y en otros textos.

La novela que nos ocupa no presenta tanta dificultad para su interpretación y al decir de Eco: a medida que pasa de la función didáctica a la estética, un texto quiere dejar al lector la iniciativa interpretativa, además la oposición entre los enfoques generativos y el enfoque interpretativo se articulan como una división en tres partes entre la interpretación como búsqueda de la intención del autor, es decir debe buscarse en el texto lo que el autor quería decir; la búsqueda de la intención de la obra, lo que debe buscarse en el texto, lo que dice, independientemente de las intenciones del autor y por último la imposición del lector: lo que el lector interpreta.

Esta obra de Elena Garro está escrita de una forma muy coloquial y no requerimos de abrir un diccionario para aceptar otras series de postulados, no son necesarios, lo único que necesitamos es de nuestra propia enciclopedia, con esto no quiero decir que los diccionarios puedan ser inútiles en general, al contrario y como dice Juan Cariño: ¿Qué haríamos sin los diccionarios? Imposible pensarlo. Ese idioma que hablamos sería ininteligible sin ellos.

<< ¡Ellos!>> ¿Qué significa ellos? Nada. Un ruido. Pero si consultamos el diccionario encontramos: <<Ellos, tercera persona del plural>>. (Los Recuerdos del Porvenir. Pág. 38)

Por otro lado es importante señalar que los temas de la obra nos ubican en un sistema de significación y son:

La Revolución Mexicana, “Después, con el asesinato de Emiliano Zapata, de Francisco Villa y de Felipe Ángeles, se sintieron seguras. Pero los generales traidores a la Revolución instalaron un gobierno tiránico y voraz que sólo compartía las riquezas y los privilegios con sus antiguos enemigos y cómplices en la traición: los grandes terratenientes del porfirismo”. (Ídem. Pág. 46)

La Guerra Cristera, “Los periódicos hablaban de la <<fe cristiana>> y de los <<derechos revolucionarios>>. Entre los porfiristas católicos y los revolucionarios ateos preparaban la tumba del agrarismo. Hacía más de diez años que las dos facciones habían acordado los asesinatos de Emiliano Zapata, de Francisco Villa y de Felipe Ángeles, y el recuerdo de los jefes revolucionarios estaba fresco en la memoria de los indios. La iglesia y el gobierno fabricaban una causa para <<quemar>> a los campesinos descontentos. ¡La persecución religiosa! (Ídem. Pág. 101)

Estos dos últimos acontecimientos nos ubican en un tiempo de 1910 a 1917 aproximadamente.

Los celos, “Ni ella ni don Pepe parecían darse cuenta del peligro que corrían. El general podía llegar y sorprender aquella charla, él siempre tan celoso ante la sola idea de que un hombre pudiera hablar con su querida”. (Ídem Págs.: 25 y 26)

La envidia, “En la voz de Segovia había una ambigüedad: casi parecía envidiar la suerte de Rosas”. (Ídem. Pág. 45)

La locura, (del general Rosas) “Hay veces en que los caprichos conducen al hombre a la locura. Sin exagerar, podemos decir que la joven Julia ha vuelto loco al general Rosas”. (Ídem. Pág.

(De Juan Cariño) “Lástima” Si no estuviera tan loco tendría mucho poder y el mundo sería tan luminoso como la Rueda de la Fortuna, y la Luchi se quedaba triste al ver a Juan Cariño en la casa de las putas”. “Juan Cariño, libre por no gozar de sus facultades”. (Ídem. Pág. 180)

El amor, “… y para todo Ixtepec, Julia era la imagen del amor” (Ídem. Pág. 63)

“Cuando venía a pedirle a la Virgen que me curara del amor que tengo por el general Rosas…” (Isabel). (Ídem. Pág. 196)

La traición, “Nunca se sabe quien nos va a traicionar. Alguien debió decirle a Rosas lo que ocultaba la fiesta”. (Ídem. Pág. 172)

No cabe duda, la traición había salido de su casa y ella era incapaz de limpiar su honor y de vengar a sus amigos. (Ídem. Pág. 173)

Y el poder, desde una perspectiva política “Sufrimos una ocupación y no podemos esperar nada bueno de los invasores. La Cámara de Comercio, la Presidencia Municipal y la Inspección de Policía están bajo sus órdenes”.

“Calles no tenía delicadeza, cuando estaba fusilando a todos los que parecían un obstáculo para su permanencia en el poder”. (Ídem. Pág. 101)

Las citas anteriores bajo la propuesta estética de la recepción resulta la apropiación de un principio hermenéutico en donde la obra se enriquece con las interpretaciones que genera. Se tiene presente también la relación entre el efecto social de la obra y el horizonte de expectativas de los destinatarios históricamente situados. Ya que todo el discurso de Elena Garro nos da la libertad de interpretar en un sentido literal pero también podemos reconstruir como diría Derrida otros sistemas de significación.

También podemos decir que la obra puede ser interpretada tanto semánticamente como críticamente ya que se prevé o pronostica dos tipos de lectores, el modelo ingenuo (semántico) y el lector modelo crítico. El lector ingenuo es que lee e interpreta con un sentido lineal, es decir palabra por palabra tal como viene en el texto, como por ejemplo la misión secreta de Juan Cariño que consistía en: “pasearse por mis calles y levantar las palabras malignas pronunciadas en el día. Una por una las cogía con disimulo y las guardaba debajo de su sombrero de copa” (Los Recuerdos del porvenir. Pág. 39). Con lo cual podemos entender o interpretar linealmente y no se me ocurre de que otra manera interpretarlo mas que ese era su oficio, el de recogedor de malas palabras. Pero ¿que pasa con el siguiente enunciado? “De niño pasaba largas horas recordando lo que no había visto ni oído nunca” (Ídem. Pág. 12) Cuando lo leí, me gusto por la forma tan poéticamente dicha, pero cuando lo analicé un poco más, palabra por palabra, me formulé la siguiente pregunta: ¿Cómo uno puede recordar lo que no se ha visto ni oído nunca? ¿Cómo se obtienen las imágenes o los sonidos de algo que no conocemos? Y al hacernos estas preguntas me formulo: ¿seré una lectora crítica o bien una lectora semántica? .Puede ser que sean parte de lo que Rorty llama <<misreading>> que sólo son intenciones que normalmente >>modelan el texto para adaptarlo a sus propósitos>> (Los límites de la interpretación. Pág. 713).

Me remito a las palabras de Foucault, que nos dice: “el lenguaje comunica mas de lo que dice” y que antes del siglo XIX no había complejidad en el lenguaje, ya que era más fácil entender y conocer las cosas sólo con el lenguaje, pero en realidad no es así siempre cabrá la sospecha de que en el lenguaje hay otro lenguaje, es decir, un metalenguaje, ya que hay indicadores que nos pueden remitir a otros sistemas de significados y otras figuras. Por ejemplo en donde se narra que “Había dos Isabeles, una que deambulaba por los espacios y las habitaciones y la otra vivía en una esfera lejana, fija en el espacio. Supersticiosa tocaba los objetos para comunicarse con el mundo aparente y cogía un libro o un salero como punto de apoyo para no caer en el vacío. Así se establecía un fluido mágico entre la Isabel real y la Isabel irreal y se sentía consolada” (Los Recuerdos del Porvenir. Pág. 19).

Si me remito a un <<misreading>> puedo pensar que estas palabras sólo funcionan para adaptar el texto a sus propósitos y dejarlo ahí, sin ninguna interpretación, pero me supongo que si soy una lectora crítica podría atreverme a decir: ¿qué propósito es este?, ¿para qué el autor propone dos Isabeles; por qué una es real y la otra no? y más adelante nos dice el texto: Y la Isabel suspendida podía desprenderse en cualquier instante, cruzar los espacios como un aerolito y caer en un tiempo desconocido. Su madre no sabía cómo abordarla. <<Es mi hija Isabel>> se repetía, incrédula frente a la figura alta e interrogante de la joven”.

A mi me hace pensar que la Isabel que cruza los espacios y cae en un tiempo desconocido, es la Isabel que ya no está, que es la Isabel del futuro que una vez que se convirtió en piedra, su espíritu vaga hasta la que fue su casa y toca las cosas (no importa si es un salero o un florero) para aferrarse de alguna manera a su pasado y existe un juego del autor con el tiempo.

Para concluir me gustaría citar las palabras de Foucault que nos dicen: “el texto puede descifrar la realidad e implica un análisis metalingüístico”. Si usamos las técnicas de interpretación de la hermenéutica la interpretación no tiene fin, porque el lenguaje descansa en una racionalidad y si nos remitimos a la semiótica tenemos que constituir que el signo (las palabras) representan un sistema del signo por el signo y como diría Derida: “El signo tiene referente”.

Bibliografía:

  • Garro, Elena. Los Recuerdos del porvenir.

  • Foucault, Michel. Nitzsche, Freud, Marx. Trad: Alberto González, Barcelona, Editorial Anagrama, segunda edición 1981.

  • Eco, Umberto. Los límites de la interpretación. Trad. Helena Lozano. Barcelona, Lumen, 2000.