Los límites del patriotismo; Marta C. Nussbaum

Literatura norteamericana del siglo XXI. Argumento. Identidad, pertenencia. Cosmopolitanismo. Réplicas de Benjamín R. Barber, Sissela Bok, Richard Falk

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Los Límites del Patriotismo

Martha C. Nussbaum

Este libro parte de un ensayo de Martha C. Nussbaum, que se publicó en la Boston Review a cerca de la visión de la autora en contra de un tipo determinado de patriotismo que explicaremos más adelante. A partir de este ensayo se presentan once réplicas de distintos autores que hablan esencialmente del debate entre cosmopolitismo y patriotismo.

Martha C. Nussbaum

Patriotismo y cosmopolitismo.

La autora parte en su ensayo de la novela de Tagore “El hombre y el mundo” en la cual se narra la historia de una mujer casada con lo que se podría entender como un cosmopolita y que a su vez conoce a un representante del movimiento Bande Mataram (Viva la Patria). La mujer siente una atracción hacia éste “patriota” y finalmente termina por darse cuenta de que la visión cosmopolita de su marido es mucho más satisfactoria que la que ofrece el movimiento patriótico. A partir de este ejemplo Martha C. Nussbaum hace una comparación entre el patriotismo estadounidense y los principios del Bande Mataram. Según la autora los estadounidenses otorgan al patriotismo un peso específico que, para ella es “moralmente peligroso”. Durante su ensayo, la autora defiende el viejo ideal del cosmopolita cuyo compromiso abarca a toda la comunidad de los seres humanos.

Martha C. Nussbaum se pregunta cómo se aleja la política nacionalista de EE.UU. del ideal de “El hombre y el mundo” de Tagore. Especial énfasis hace la autora en la enseñanza primaria y secundaria de los estadounidenses, planteando la disyuntiva sobre si a los jóvenes se les debería enseñar por encima del patriotismo que son ciudadanos de un mundo de seres humanos y que, a pesar de que ellos se encuentren en los EE.UU., tienen que compartir ese mundo con ciudadanos de otros países o no.

En su ensayo Martha C. Nussbaum aporta cuatro argumentos a favor de una educación a la que ella misma denomina “educación cosmopolita”.

A partir de la frase que empleó Diógenes “soy ciudadano del mundo” para así negarse a ser definido por su origen local, Martha C. Nussbaum argumenta que pensar como ciudadano del mundo es una forma de exiliarse del patriotismo cómodo y de su sentimentalismo fácil para así considerar nuestros estilos de vida desde el punto de vista de la justicia. Para ello debemos reconocer a la humanidad donde se encuentre y concederle a su totalidad la razón y la capacidad moral y nuestra lealtad y respeto. La autora recalca el valor de la postura del cosmopolita porque reconoce en las personas aquello que les es fundamental: sus aspiraciones a la justicia y su capacidad de razonamiento. Sin embargo para ser ciudadano del mundo no se tiene por qué renunciar a las identificaciones locales siempre que hagan que pensemos en nosotros mismos como seres rodeados por una serie de círculos concéntricos alrededor de los cuales se encuentra el mayor de todos, el de la humanidad; así la tarea del cosmopolita será “atraer estos círculos hacia el centro” para que toda la humanidad nos sea tan familiar como nuestros compatriotas. Para la autora esto significa que los estudiantes estadounidenses pueden seguir considerándose así mismos como seres definidos en parte por sus afectos particulares, pero deben también aprender a reconocer a la humanidad allá donde esté. Es así como se haría de la ciudadanía mundial el núcleo de la educación cívica.

Los cuatro argumentos que ofrece Martha C. Nussbaum para que se lleve a cabo esta educación cívica cosmopolita son los siguientes:

  • “La educación cosmopolita nos permite aprender más acerca de nosotros mismos”: Martha C. Nussbaum expone que la ignorancia de EE.UU. respecto al resto del mundo es apabullante por lo que, en muchos aspectos es también ignorante respecto de sí misma. En su opinión, si no se emprende el proyecto educativo cosmopolita se corre el riesgo de creer que las opciones que conocemos son las únicas existentes, y que, de alguna manera, son “normales y naturales” para todos los seres humanos.

  • “Avanzamos resolviendo problemas que requieren cooperación internacional” puesto que los destinos de las naciones están relacionados entre sí en lo que se refiere a su supervivencia, es necesario un diálogo global en el que se tenga en cuenta un gran conocimiento a cerca de sus sociedades, para ello, la educación cosmopolita proporcionaría la información necesaria para este tipo de diálogo.

  • “Reconocemos obligaciones morales con el resto del mundo que son reales y que de otro modo pasarían desapercibidas”. Si se cree que todos los seres humanos poseen por igual determinados derechos inalienables, tenemos la obligación moral de entender qué es lo que se nos puede exigir que hagamos con y para el resto del mundo. Así al tomar decisiones políticas se debería tener en cuenta seriamente el derecho de otros seres humanos a la libertad, a la vida y a la búsqueda de felicidad; por lo que se debe trabajar para adquirir un conocimiento que permita establecer un diálogo a cerca de estos derechos.

  • “Elaboramos argumentos sólidos y coherentes basados en las distinciones que estamos dispuestos a defender”. Según Martha C. Nussbaum el patriotismo estadounidense está muy próximo al “patrioterismo”. Según la autora, en EE.UU. se cree que se debe respetar a la humanidad como tal, pero que en realidad los estadounidenses, merecen un respeto especial. Según la autora los mismos valores que instan a unir las fuerzas de los estadounidenses para traspasar fronteras de etnicidad, clase, género y raza, pierden su fuerza cuando sobrepasan las fronteras de la nación.

Para la autora el cosmopolitismo ofrece la razón y el amor a la humanidad que puede resultar menos cálido que otras fuentes de pertenencia tales como la nacionalidad. Según Martha C. Nussbaum el cosmopolitismo en la novela de Tagore fracasa por que el patriotismo es intenso y está lleno de pasión, mientras que el cosmopolitismo, por su condición abstracta, se tiene que enfrentar a la tarea de excitar la imaginación. Para Tagore y para la autora “venerar al propio país como si fuera un Dios, supone maldecirlo”.

PARTE II: Réplicas

Kwame Anthony Appiah

Patriotas cosmopolitas

Kwame Anthony Appiah se considera un cosmopolita, sin embargo habla de un nuevo término, el de “patriotismo cosmopolita”; éste nuevo término contempla la posibilidad de un mundo en el que todos los cosmopolitas tienen sus raíces, sienten sus propias particularidades culturales y ello no les impide disfrutar de la existencia de lugares distintos que son hogares de personas también distintas. En el mundo de los patriotas cosmopolitas, las personas aceptarían la responsabilidad de velar por la cultura y la política del lugar en el que viven, pero estas prácticas culturales se moverían por el mundo dando como resultado un mundo nuevo en el que las formas de vida locales fueran resultado de procesos de hibridación cultural persistentes en el tiempo.

En la actualidad del sistema global de intercambios, los procesos de homogeneización son asimétricos, sin embargo a medida que desaparecen algunas formas de cultura se crean otras nuevas desde el ámbito de lo local.

Según Kwame Anthony Appiah todo aquel que profesa su adhesión a un principio, también puede profesar amor a su país, su familia y sus amigos. El autor critica que el liberalismo, a pesar de que defienda que todas las personas somos iguales y tenemos los mismos derechos inalienables, a la vez se preocupe de procurar los derechos de la rama local, olvidando que los derechos de éste importan lo mismo que los derechos humanos y que sólo son importantes si los derechos humanos extranjeros también lo son.

Según el autor los cosmopolitas también pueden amar a su país. Para ello distingue entre la nación y el estado para continuar diciendo que si algo es moralmente arbitrario, no es el estado, sino la nación. La nación, según Kwame Anthony Appiah es arbitraria en la raíz del término, puesto que es “lo que depende de la voluntad o del placer”; por ello cabe señalar que las naciones importan porque importan a las personas, por que son deseadas por agentes autónomos cuyos deseos autónomos se deben reconocer y tener en cuenta. Por otro lado, los estados poseen una importancia moral intrínseca por que regulan nuestras vidas mediante formas de coerción que siempre requerirán una justificación moral.

Por todo ello Kwame Anthony Appiah defiende que los cosmopolitas deben defender el derecho de los demás a vivir en estados democráticos en los cuales puedan ser ciudadanos patrióticos, para que así los cosmopolitas también puedan reivindicar este derecho.

Benjamin R. Barber

Fe constitucional

Para Benjamin R. Barber el texto de Nussbaum plantea dos problemas: el primero por que infravalora la incorporación de los sentimientos patrióticos en el marco constitucional estadounidense, y el segundo por que no pondera la debilidad del cosmopolitismo y el papel humanizador desempeñado por la política de la identidad en un mundo desarraigado.

Según el autor la identidad estadounidense se inventó para obstaculizar las guerras confesionales que según Nussbaum, puede ocasionar. Benjamin R. Barber recuerda que el cosmopolitismo también puede alimentar su propia versión del imperialismo, además señala que el ensayo de Nussbaum subestima la endeblez del cosmopolitismo que se presenta porque la idea del cosmopolita no ofrece nada para que la psique humana se centre en ella. Para el autor los compromisos de las personas se arraigan en su entorno inmediato y, sólo entonces, pueden crecer e ir más allá. Prescindir de ellos a favor de un cosmopolitismo inmediato sería arriesgarse a acabar en ningún lugar.

Para el autor la cuestión reside en cómo garantizar que el patriotismo sea seguro, sea un patriotismo cívico que evite la exclusión pero que satisfaga la necesidad de identidad nacional.

Sissela Bok

De las partes al todo

Sissela Bok comparte el énfasis cosmopolita de Nussbaum pero critica su propuesta de enseñanza en la que se tendría que enseñar a los niños que su lealtad se debe a la comunidad de todos los seres humanos del mundo. Según la autora la imagen que expresaba Nussbaum de los círculos concéntricos muestra la ambivalencia de la gente ante las contradicciones que se plantean cuando se apela a aquello que les incumbe y a su sentido de la responsabilidad. Según Sissela Bok a medida que en el ámbito internacional se agranda la brecha entre poseedores y desposeídos las diferencias entre ambos adquieren una trascendencia cada vez mayor. Esta brecha creciente, cuestiona todas las concepciones existentes relativas a los derechos humanos, a los deberes y a las obligaciones.

Sissela Bok considera que tanto la perspectiva universalista como la restringida son relevantes en los debates sobre los enfoques educativos. La autora habla de una propuesta que ofrece Alexander Pope en su “Ensayo sobre el hombre”: “amigo, pariente, vecino, a ellos abrazarás primero, después a su país y después a toda la raza humana”. Para la autora la interpretación de Pope a cerca de cómo se debe ir más allá de los círculos más internos, se debe tener en cuenta en la enseñanza. Sissela Bok cree que si los niños empiezan a conocer el mundo “de las partes al todo”, tendrán la base a partir de la cual explorar todo cuando puedan aprender sobre el mundo y, a su vez, sabrán moverse entre los círculos concéntricos de los que habla Nussbaum.

Para finalizar la autora ofrece una consideración interesante, explica que si no se aprende a apreciar la singularidad de las culturas empezando por la propia, será imposible honrar la humanidad y su singularidad.

Judith Butler

La universalidad de la cultura

Judith Butler plantea el problema de que lo que se entiende como “universal” sea culturalmente variable. Según la autora existen condiciones culturales para la articulación de lo universal que no son siempre las mismas por lo que para cualquier persona el término adquirirá su significado precisamente mediante esas condiciones que no alcanzan a ser universales. Según la autora se debe tener en cuenta que afirmar que existen convenciones que regulan el alcance de los derechos descritos como “universales” no es lo mismo que decir que su alcance haya sido decidido universalmente. El supuesto de universalidad no ha sido plenamente realizado por lo que se corre el riesgo de que se produzca una reformulación radical de la propia universalidad. Para la autora ser capaz de pronunciar esta contradicción es crucial para la continua revisión de los patrones históricos de universalidad adecuados para el futuro de la democracia.

Según Judith Butler lo universal se articula mediante aquello que desafía su formulación existente, y este desafío debe de emanar de aquellos que no están comprendidos en él, así, los excluidos constituirán el límite contingente de la universalización.

Para la autora la noción de “consenso” que presupone la universalidad demuestra un error de principio que bloquea la tarea de forjar un consenso universal desde distintas ubicaciones culturales. Aparece así la necesidad de una traducción cultural en la cual el significado propuesto no determine más lectura “final” que la que se ha recibido. El riesgo residirá en que esta traducción cultural se convierta en una imposición de un universal sobre culturas que muestren resistencia. Por todo ello la tarea que plantea la diferencia cultural sería articular la universalidad a través de un difícil proceso de traducción.

Richard Falk

Una revisión del cosmopolitismo

Richard Falk también defiende el ideal de cosmopolitismo pero critica la visión polarizada de Nussbaum respecto de la conciencia nacional y la cosmopolita. Según Richard Falk la posibilidad de un “estado humano” está desapareciendo en la era global pues se da un contexto de pérdida de autonomía. En la opinión del autor la viabilidad ética del patriotismo dependerá de que el estado disponga del espacio político suficiente para permitir el mantenimiento de un estado humano, y para hacer que este proyecto estimule la participación ciudadana.

Para Richard Falk las expectativas relativas a la educación y a la lealtad política se han de reestructurar para evitar una elección polarizada entre el patriotismo y el cosmopolitismo. Esta reestructuración supondría un diálogo político ininterrumpido que evitara el empecinamiento en que sólo uno de los dos polos es el correcto. El autor propone una reorientación en el debate para que el patriotismo y el cosmopolitismo puedan compartir un mismo compromiso que modele las condiciones del estado humano y dé lugar a un globalismo incluyente.

Nathan Glazer

Los límites de la lealtad

Nathan Glazer critica la creencia de Nussbaum de que la ciudadanía mundial debería reemplazar a la ciudadanía estadounidense. Según Nathan Glazer los compromisos con las necesidades y los derechos de los demás implican costes imputables a los ciudadanos y a los soldados de un determinado país, siendo el estado la única entidad capaz de recaudar impuestos y de exigir al ejército que obedezca órdenes por lo que, el autor considera que esta realidad otorga a los ciudadanos de dicho estado un derecho ético a hacer distinciones.

Según Nathan Glazer el tener una vinculación más estrecha con el propio país y con los compatriotas no implica denigrar a los demás, por lo que para él, en la vida personal y política las fronteras son importantes.

Para Nathan Glazer la lealtad política cosmopolita es un concepto difícil de hacer realidad. Los indicios de cosmopolitismo surgirían a medida que los tratados y acuerdos internacionales empiecen a limitar las atribuciones de los estados.

Por todo ello Nathan Glazer se muestra escéptico a cerca de si un mundo cosmopolita sería mejor que el que tenemos.

Amy Gutmann

Ciudadanía democrática

Según Amy Gutmann el nacionalismo que Nussbaum describe no es compatible con la educación democrática; y la autora considera que la realidad práctica es mucho peor puesto que la mayor parte de las naciones no enseña nada parecido a los derechos humanos básicos. Para Amy Gutmann si las naciones enseñasen de verdad estos derechos la realidad sería mucho mejor que nuestra realidad actual.

Para Amy Gutmann los valores democráticos humanistas subsumen los derechos humanos básicos pero también los trascienden en diversos sentidos. Nussbaum asegura que los valores democráticos humanistas tienen como origen valores nacionalistas pero Amy Gutmann cree que lo son exclusivamente en el sentido de que los nacionalistas recomienden esta enseñanza en los EE.UU. como parte de la educación pública común.

Amy Gutmann coincide con Nussbaum en que a los niños se les debe enseñar a respetar la dignidad de todos los individuos y, al mismo tiempo, se les debe inculcar la conciencia de que son ciudadanos democráticos. Pese a todo considera que sólo podemos ser ciudadanos del mundo si existe una política mundial que actualmente no existe, sin embargo para ser libres necesitamos ser ciudadanos de alguna política y por tanto también tenemos que ser educados en conocimientos y valores particulares y universales que aseguren la plena participación y la igual consideración en nuestra propia política.

Nussbaum asegura que las fronteras nacionales son “moralmente relevantes” mientras que la filosofía de la educación democrática rechaza esta idea. Amy Gutmann expone que si lo que Nussbaum defiende es una comunidad que exige a sus miembros respetar los principios de derecho y justicia de ser tratados como iguales porque “por encima de todo son ciudadanos del mundo”; lo que hace es proponer una alternativa que se debe rechazar por ser una forma provinciana de nacionalismo a escala global.

Según Amy Gutmann enseñar a los estudiantes a deliberar sobre la justicia como ciudadanos democráticos, puede ayudar a los ciudadanos a apoyar vías institucionales efectivas para avanzar hacia una sociedad mejor; para ello en las escuelas se debería enseñar a los estudiantes que hay exigencias morales de justicia cuya realización no depende de la ciudadanía democrática. Para ello las escuelas deberían abandonar la idea de pedirnos que elijamos entre ser ciudadanos de nuestra propia sociedad o ciudadanos del mundo porque, según Amy Gutmann, “al fin y al cabo no somos ninguna de las dos cosas”.

Gertrude Himmelfard

Las ilusiones del cosmopolitismo

Gertrude Himmelfard considera que los términos utilizados por Nussbaum “ciudadano del mundo” y “ciudadanía mundial” tienen poco significado sino es en el contexto de un estado. Para la autora el mundo de la realidad es el mundo de las naciones, los países, los pueblos y las políticas.

Gertrude Himmelfard critica que los valores a los que alude Nussbaum de justicia, derecho y razón, no son valores del conjunto de la humanidad. Son valores predominantemente occidentales, y son las naciones occidentales las que han intentando darles una realidad existencial incorporándolas en sus gobiernos, leyes e instituciones.

Los principios y políticas específicas que valora Nussbaum dependen de un orden administrativo y legal cuya autoridad deriva del estado.

Según la autora el cosmopolitismo oculta la realidad del mundo y es utópico por su injustificado optimismo. El cosmopolitismo niega los ancestros, la familia, la historia, la cultura y la nacionalidad; que son atributos esenciales que definen a un ser humano como un ser con identidad. Por ello otorgar la “lealtad fundamental” al cosmopolitismo significa trascender la realidad de la propia identidad natural. Por todo ello Gertrude Himmelfard considera el cosmopolitismo como algo peligroso.

Michael W. McConnell

No olvidemos las pequeñas unidades

Michael W. McConnell considera que en la actualidad no se sufre un exceso de patriotismo en EE.UU. Considera que el cosmopolitismo de Nussbaum puede resultar destructivo porque la implantación de un tipo de educación incapaz de captar la imaginación moral puede acabar por socavar la educación moral coherente arraigada en comunidades morales concretas con identidades específicas. Para el autor la clave de la educación moral sería unir los sentimientos a la enseñanza del bien. Esta educación moral la inician las personas próximas con las que mantienen relaciones de afecto; y mediante el estudio de la historia esta educación moral se extendería a la nación y finalmente al mundo entero. Pero el origen debe encontrarse en el hogar.

Según Michael W. McConnell si se empieza enseñando a los niños a ser “ciudadanos del mundo” probablemente, acabarán por no ser patriotas ni cosmopolitas, sino amantes de la abstracción y la ideología e intolerantes con el resto de las culturas. Considerando que el cosmopolitismo se opone a vínculos localizados, se acabará demostrando su capacidad de destrucción de esos fines.

Michael W. McConnell considera que Nussbaum no tiene en cuenta la religión que, al igual que el cosmopolitismo, traspasa fronteras nacionales e insta a ocuparnos de otros seres humanos.

Según Michael W. McConnell la solución a la crisis cultural actual se encuentra en la renovación de las propias comunidades morales y no en el cosmopolitismo.

Robert Pinsky

Eros contra Esperanto

Según Robert Pinsky el ensayo de Nussbaum expresa temor hacia el Eros del patriotismo pero no llega a imaginar un Eros del cosmopolitismo y esto supondría lo mismo que confundir el inglés con el Esperanto. A partir de esta comparación Robert Pinsky define cosmopolitismo y patriotismo. Robert Pinsky considera que lo cosmopolita es local y es histórico, contiene multitudes de personas y de patrias; pero el ensayo de Nussbaum es “provinciano” y se mueve dentro de los esquemas de un lugar estrecho; el autor critica que las fórmulas de Nussbaum sobre los círculos concéntricos y la comunidad global sólo serían válidas si las naciones fuesen estáticas. Por otro lado critica que Nussbaum no respeta la naturaleza del patriotismo y de otras formas similares de amor, según Robert Pinsky el apego a la patria es una forma de amor y la prevención contra el patrioterismo es una forma de provincianismo. Robert Pinsky considera el ensayo como una indefinida amalgama de vagas nociones básicas y estudios de poca profundidad sobre temas especiales en constante cambio.

Hilary Putnam

¿Debemos escoger entre el patriotismo y la razón universal?

Hilary Putnam alega que los argumentos de Nussbaum a favor del cosmopolitismo podrían dar lugar a creer que el cosmopolitismo aboga por el exterminio de tradiciones culturales propias a determinadas nacionalidades, por lo que podría confundir la agresión y la crueldad humana con la agresión y la crueldad en sí mismas.

Para Hilary Putnam, los problemas que se plantean en las discusiones en pro y en contra de la razón universal es que los filósofos morales suelen mostrarse de la idea del “bien” y de lo “justo”, según la autora, estas dos esferas no son subjetivas a pesar de que no exista ninguna noción universal a cerca de ambos términos. Los filósofos que pone de ejemplo Nussbaum confunden la idea de ética universal y la del estilo de vida universal. La noción de razón universal de Nussbaum entendida como algo independiente de cualquier tradición es lo que le resulta a Hilary Putnam indefendible respecto de la visión del cosmopolitismo. Hilary Putnam no se considera una relativista pero considera que el verdadero razonamiento siempre estará situado dentro de una tradición histórica. Para la autora todas las personas viven y juzgan desde el interior de sus herencias particulares, a la vez que deben permanecer abiertos a los pareceres del exterior. La autora termina concluyendo que no se puede elegir entre razón universal y patriotismo puesto que ambos términos son interdependientes.

Elaine Scarry

La dificultad de imaginar a otras gentes

Elaine Scarry considera que la crueldad hacia los desconocidos a impulsado a muchas personas a buscar formas de evitar situaciones de crueldad, según la autora algunas soluciones confían, desde una perspectiva cosmopolita, a la población la tarea de “imaginar a otras personas cotidianamente”. Otras soluciones alternativas han intentado resolver el problema de la “alteridad” humana mediante el diseño constitucional eliminando estructuralmente la situación de “extranjeridad”. Aunque la autora considera que la población debe comprometerse con ambas soluciones, decanta su posición hacia la esfera del diseño constitucional.

La autora considera que los intentos de sustituir nacionalismo por internacionalismo acaban implicando un rechazo del constitucionalismo a favor de una buena voluntad a la que la autora denomina “imaginaciones generosas”. Por ello Elaine Scarry considera que es importante enfrentarse a las limitaciones que presenta el imaginar otras personas.

La preocupación de la autora por la ilusión cosmopolita del constitucionalismo presenta dos aspectos. El primero reside en la difuminación de la autoridad en la que basar el principio ético que se desea reforzar, y el segundo es el erróneo concepto de la imaginación que suele inspirar el deseo de estar por encima de constitucionalismos provincianos:

  • “La dificultad de imaginar a los demás: el caso de los enemigos”. La dificultad de imaginar a los demás se evidencia, según la autora, por el hecho de que podemos estar ante una persona que sufre y no saber que dicha persona está sufriendo. Según Elaine Scarry el compromiso de los ciudadanos a proteger a sus miembros ante agresiones externas no significa que los extranjeros fueran objeto de un tratamiento agresivo. La rápida transformación del inmigrante a ciudadano sugiere que tener el estatus de extranjero ha venido a ser considerado hasta la actualidad como una situación perjudicial. Elaine Scarry considera que hay una relación circular entre la comisión del daño y el problema de la alteridad. La dificultad de imaginar a los otros es la causa de la acción de dañar. Este hecho evidencia la incapacidad perceptiva de la gente a la hora de ver la realidad de otras personas.

  • “La dificultad de imaginar a los demás: el caso de los amigos”. Igual que intentábamos imaginar a los enemigos sin lograrlo, en el caso de los amigos ocurre igual y si trasladamos el problema de intentar imaginar a un solo amigo a la tarea de tratar de imaginar a muchos más el problema se multiplica porque la capacidad humana para infligir daño siempre ha sido mucho mayor que su capacidad para imaginar personas. Uno de los límites más importantes a la hora de imaginar personas, es el número de personajes. Es imposible albergar simultáneamente en la mente una gran multitud de personajes imaginarios. La segunda dificultad a la hora de imaginar concierne a nuestra tolerancia ante características imaginarias distintas de nuestras características reales.

  • “Igualdad de irrelevancia”. Según la autora para buscar la igualdad mediante la imaginación, primero valoramos nuestra propia importancia, y después, intentamos conocer la importancia de los demás. Elaine Scarry considera que el problema con las discusiones sobre “el otro” es que, por lo general, se pone demasiado énfasis en imaginaciones generosas que convierten el destino de la otra persona en una contingencia debida a la generosidad y a la sabiduría del que imagina. Para solventar problemas aparecen dos estrategias de inclusión; la de “primera ciudad”, y la de “segunda ciudad”; y lo que distingue ambas estrategias es el principio de representación individual. La segunda ciudad funciona cuando cuenta con las imaginaciones de la primera ciudad. Para la autora las disposiciones legales para distribuir los derechos de ciudadanía a la población establecen las pautas de actuación y proporcionan el mecanismo para que la población se atenga a sus promesas.

Según Elaine Scarry se debe avanzar a través de las estructuras constitucionales y no simplemente mediante la confianza en ampliar imaginaciones por que la obra lograda mediante una estructura legal no está al alcance de una estructura sentimental cosmopolita.

Amartya Sen

Humanidad y ciudadanía

Amartya Sen comenta la parte del discurso de Nussbaum relacionado con la máxima de Diógenes “soy ciudadano del mundo” y realiza así un ensayo a cerca de las “críticas a la ciudadanía mundial”. De tal modo aborda los argumentos de Sissela Bok, Hilary Putnam, Gertrude Himmelfarb y Michael Walzer:

  • El papel de las identidades locales: según Amartya Sen la preocupación de Bok respecto a la “lealtad fundamental” debería relacionarse con la necesidad de aceptar múltiples lealtades. Amartya Sen cree que la importancia de que Nussbaum se centre en la ciudadanía mundial reside en que ello subsana la omisión del interés de las personas que no están relacionadas con nosotros en proximidad. Amartya Sen cree que nuestra común humanidad posee una relevancia moral sustantiva por lo que, una vez aceptado que todas las personas nos importan, tendremos razones para otorgar más peso a los intereses de las personas con las que nos une algún vínculo especial. Amartya Sen cree que la existencia de una lealtad fundamental no elimina la posibilidad de otras lealtades

  • La lealtad a lo mejor de la tradición: en este epígrafe Amartya Sen comenta la objeción de Hilary Putnam a cerca del valor de la lealtad a lo bueno de cada tradición. Según Amartya Sen no es evidente que este valor se vea rechazado en el ensayo de Nussbaum, para ello distingue entre la defensa de la ciudadanía mundial que hace Nussbaum y el rechazo de algunas formas de patriotismo.

  • Estado, valores y el mundo no occidental. Para Amartya Sen a pesar de que Himmelfarb afirma correctamente que algunos valores como la justicia y el amor a la humanidad no son “valores de la humanidad en su conjunto”, Amartya Sen considera que la creencia de Himmelfarb de que estos valores sean predominantemente occidentales le resulta problemática por su endeblez fáctica entre la distinción de valores occidentales y no occidentales.

Charles Taylor

Por qué la democracia necesita el patriotismo

Charles Taylor cree que Nussbaum comete un error cuando propone la identidad cosmopolita como alternativa al patriotismo pues según este autor, en el mundo moderno no se puede hacer nada sin el patriotismo por dos causas: la primera es que las sociedades democráticas que se intentan crear actualmente precisan que sus ciudadanos se sientan identificados con ellas. Por otro lado Charles Taylor considera que el patriotismo es tan necesario como el cosmopolitismo porque los estados democráticos modernos son empresas exigentes con su autogobierno y exigen mucha más solidaridad hacia los compatriotas que hacia la humanidad en general; por lo que el éxito de los estados depende de que sus miembros experimenten una identificación mutua.

Según Charles Taylor los estados modernos tras haber dejado atrás los modelos jerárquicos, exigen un alto grado de movilización de sus miembros, la cual gira en torno a identidades comunes.

Charles Taylor considera que la única opción viable es ser al mismo tiempo cosmopolitas y patriotas, lo que significa luchar por un patriotismo abierto a las solidaridades universales, contra otros patriotismos más cerrados.

Immanuel Wallerstein

Ni patriotismos ni cosmopolitismo

Immanuel Wallerstein considera que el patriotismo y el cosmopolitismo ni son abstractos ni son universales. Según Immanuel Wallerstein los fuertes tienen la opción de ejercer la xenofobia como una hostilidad agresiva hacia los débiles o bien de comprender la “diferencia”. Sin embargo, en cualquiera de los dos casos siguen siendo unos privilegiados. Según Immanuel Wallerstein dentro de los EE.UU. las reivindicaciones de los oprimidos han adquirido un tono étnico que ya no apela como en el pasado y por ello los defensores de los privilegios afirman la necesidad de un patriotismo integrador.

Immanuel Wallerstein cree que desde el punto de vista de la educación no se necesita aprender que somos ciudadanos del mundo, sino que ocupamos un nicho particular en un mundo desigual.

Michael Walzer

Esferas de afecto

Michael Walzer cree que una educación cosmopolita podría enseñar a los ciudadanos estadounidenses lo que necesitan saber. Considera que la imagen de los círculos concéntricos que plantea Nussbaum resulta más útil que su idea de la ciudadanía mundial porque sugiere lo absurdo que resulta afirmar que la lealtad fundamental debería ser la que se experimenta hacia el círculo más remoto. Michael Walzer considera que las lealtades comienzan en el centro por lo cual es preciso describir las mediaciones a través de las cuales se llega a los círculos externos, reconociendo el valor de los otros. Para ello es necesario una descripción comprometida de los círculos internos para intentar abrir los círculos más próximos. Michael Walzer considera que tanto patriotismo como cosmopolitismo son susceptibles de resultar chauvinistas por lo cual ambos son peligrosos.

Martha C. Nussbaum

Réplica

Martha C. Nussbaum concluye argumentando que su ensayo en defensa del cosmopolitismo sostiene esencialmente que la gente debería intentar construir sociedades en las que el mayor número posible de personas adopten la norma de imaginar a los demás y la fomenten mediante disposiciones legales e institucionales. Nussbaum sostiene que la nacionalidad no debería ser considerada como un factor determinante de valor moral por que el carácter de persona humana debe de ser la fuente del valor moral.

Respecto a la educación Martha C. Nussbaum aclara que lo que ella propone es el cultivo de las facultades de objetividad e imaginación que permiten reconocer a la humanidad en el desconocido y en el otro.

En la opinión de Martha C. Nussbaum el hecho de que no exista un estado mundial no empequeñece la conducta cosmopolita a los cosmopolitas auténticos, pero, el cosmopolitismo no exige que se dedique la misma atención a todas las partes del mundo. Martha C. Nussbaum considera que es imprescindible valorar la diversidad humana. Valorar la diversidad implica apoyar una cultura pública que antepone lo correcto a lo bueno.

Para el cosmopolita la cuestión fundamental está en cómo fomentar la diversidad sin jerarquizar, así, el reto de la ciudadanía mundial consistiría en avanzar hacia un estado en el que todas las diferencias se entiendan de manera no jerárquica.