Los hombres en el teatro isabelino

William Shakespeare. Marlowe. Teatro inglés. Siglo XVII. Hamlet. Macbeth. El rey Lear. Papel del hombre

  • Enviado por: Celeste Ponce De Leon
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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La imagen del hombre en los textos del teatro isabelino (Marlowe-Shakespeare).

El teatro isabelino (S. XVI- XVII) tiene como centro de su escena a los grandes dramaturgos ingleses: Christopher Marlowe y William Shakespeare,y en ellos encontramos algunas similitudes y diferencias en el tratamiento a la figura masculina.

Tengamos en cuenta para esta comparación que según el autor Harold Bloom, Marlowe ha sido la fuente primera de la que se sirvió Shakespeare para realizar a sus grandes personajes desde su comienzo hasta su obra “Otelo” a partir de la cual según Bloom “[…] todo vestigio de Marlowe ha desaparecido ya.”

Si realizamos un análisis en la concepción de hombre en Shakespeare tomando como referencia tres de sus tragedias históricas “Hamlet”, “El rey Lear” y “Macbeth” vemos como común denominador la destrucción de la imagen del hombre o bien una imagen que no termina nunca de construirse.

Hamlet “es” en cuanto pueda vengar la muerte del padre, sin embargo no posee las características de héroe ya que la duda es el obstáculo más grande al que se enfrenta y por ende no puede constituirse completamente como hombre. Si bien lleva a cabo la venganza, está en contradicción con sus propios deseos por lo tanto nuestro protagonista no posee el valor de un héroe trágico. René Girard dice “Hamlet no esta lo suficientemente indignado como para arrojarse al cuello del traidor y matarlo.[…] Lo que querría es que su madre iniciara en su lugar el proceso de la venganza.” La cobardía de Hamlet no lo deja cumplir su “deber” y ésta está por sobre todas las cosas, su identidad y su vida están contenidas en la venganza que no quiere llevar a cabo: “Canalla torpe, espíritu de barro me escabullo / como un Juan soñador, incapaz de mi causa, / y no se decir nada; nada, ni por un rey / en cuya propiedad y carísima vida / se hizo una condenada destrucción. ¿Soy cobarde?” Dice Hamlet en el final de la segunda escena del acto segundo. Claramente la imagen masculina del hombre heróico y vengador no son las características que posee Hamlet y esto lo hace no constituirse como “hombre”. La locura es un refugio para su cobardía por lo que para el resto de los personajes él está fuera de sí, no actúa como tal, por lo tanto no es.

La figura de Lear es otro personaje al que Shakespeare decide otorgarle un destino trágico. Éste, a diferencia de Hamlet, se presenta como un hombre constituido en el que el poder no esta solo sugerido por la figura masculina sino que es concreto, Lear es el rey de Gran Bretaña, o sea es el exponente máximo del poder. Sin embargo esta figura se sostiene solo hasta la primera escena del primer acto, una vez que Lear toma la decisión de repartir el reino su poder comienza a decaer y por lo tanto su posición de hombre fuerte y poderoso cae también.

En estas obras de Shakespeare la locura marca el momento de angustia, soledad en el que el personaje pierde su identidad, y habiendo ingresado en este estado no queda ya otra salida más que la muerte misma. Pero esta muerte es en verdad el cierre de una decadencia que, con el correr de la obra, se agudiza cada vez más.

El personaje de Edmundo, sin embargo se acerca más al hombre codicioso y pecaminoso que vemos por ejemplo en la obra de Marlowe “La trágica historia del Dr. Fausto”. Edmundo es un ser sediento de poder, de realizarse como el hombre del mando. Aquello que lo hace hombre en su aspecto viril se afirma en la relación que lleva a cabo con las hijas de Lear, sin embargo eso no lo satisface y busca el poder para consolidarse como hombre. El poder en Fausto también tiene estos dos aspectos: Fausto pacta con el diablo para saciar su lujuria y para llegar a “ser” en cuanto a hombre viril, y a su vez, busca el poder ser todo aquello que quiere ser, busca ser omnipotente y recibir el reconocimiento por ello. Para Fausto la omnipotencia es ser lo que él quiera ser a través de las artes oscuras; para Edmundo es la corona.

Ambos personajes atraviesan un camino similar, hablando en términos aristotélicos, los dos tienen la misma hamartia: el deseo del poder absoluto, y en el continuando con el mismo código cometen el exceso: Fausto pacta con Lucifer y Edmundo traiciona a su padre. Pero en ambos también encontramos una similitud sobre el final de sus vidas, hay un momento de reconocimiento en el cual ambos dan cuenta de sus malos actos. Luego de la confesión de Edgardo de la mentira que había dicho su hermano que habíale costado los ajos a su padre Edmundo dice: “Dijiste la verdad, lo reconozco; la rueda de mi destino ha dado la vuelta, ¡y así me veo yo!” Y después de estas palabras confiesa su relación con las hermanas e intenta revertir la condena que ha dictado para Lear y Cordelia.

Y en Marlowe el reconocimiento de Fausto se ve también al final de la obra: “Los delitos de Fausto no pueden ser perdonados. Podrá salvarse la serpiente que tentó a Eva, pero Fausto no. […] Fausto ha perdido al mundo y a Alemania. Y ha perdido el cielo para él, […]” dice Fausto a sus estudiante cuando esta llegándole la hora de cumplir con su pacto. Los dos malvados entonces cumplen su condena pero sobre su final se arrepienten, algo que va a dignificarlos como personas reales. Aquí la representación de hombre es el que quiere el poder y no tiene límites para conseguirlo. Cualquier medio es justificable para llegar a su meta, y poseen el carácter para hacerlo, son valientes, codiciosos e inescrupulosos.

En Macbeth sin embargo, vemos también un personaje que busca el poder ciegamente y que tampoco se preocupa en los medios para llegar a él, pero su papel como hombre es muy diferente. Veíamos que tanto en Edmundo como en Fausto la realización como hombre estaba ligada al poder, pero en cambio sí tenían definida su virilidad. En Macbeth, en cambio, esta virilidad está desdibujada: por un lado por el discurso de Lady Macbeth, como por ejemplo en la quinta escena del primer acto: “Te gustaría ser el más grande, porque no te falta ambición; pero no tienes el instinto del mal que es necesario.[…] No deseas ganar nada con trampas, pero aceptarías tener una ganancia que no sea legítima.” Aquí Lady Macbeth esta demostrando que su marido no tiene las agallas que debe tener para ser un hombre, su actitud es claramente masculina que es la que va a ayudarlo en su camino hacia la hombría. Esta hombría solo se la va a dar el poder, poder al que puede acceder solamente si se acciona el “gran mecanismo”, o sea la sucesión de asesinatos.

Por otra parte Macbeth pierde su imagen de hombre viril en cuanto a su relación con Lady Macbeth. Entre ellos existe una relación pervertida que podría acercarse más a una relación maternal que a una del tipo conyugal.

Finalmente Macbeth consigue conformarse como hombre con el asesinato de Duncan (imagen de hombre- padre), sin embargo entra en una contradicción: ya no es un hombre, después del primer asesinato Macbeth es una “bestia”, por lo que la imagen de hombre perdió todo el valor.

Llegamos a la conclusión de que los personajes representados en el teatro isabelino en el recorte de obras de Marlowe (“La trágica historia del Dr. Fausto”) y Shakespeare (“Macbeth”, “Rey Lear” y “Hamlet”) tenemos personajes que poseen características comunes: su calidad de hombre se ve representada básicamente por la virilidad y el poder y su decadencia está marcada por los excesos y la locura. Hamlet y Macbeth comparten la cobardía, la inseguridad. Ambos necesitan de un agente externo (Lady Macbeth o el fantasma) que los incite a cumplir con su misión. Edmundo y Fausto se definen por la ambición y la inescrupulosidad que los lleva a la muerte y al arrepentimiento. A Lear y Hamlet los une la locura que en Lear es la consecuencia de sus actos y en Hamlet es la herramienta para conseguir su objetivo.

Todos estos personajes guardan relaciones entre sí, y pareciera existir un patrón en la imagen de hombre representada en el teatro isabelino pero, sin embargo, el tratamiento de esta imagen cobra en cada autor, en cada obra, en cada personaje un matiz que los diferencia. Justamente estos personajes que mencionamos han trascendido los límites de la ficción e incluso se han emancipado de ella para tener su propia autonomía, no son casuales sus interesantes contradicciones y esas características que los hacen tan reales.

Entonces, como vemos, la escena isabelina, y en especial Shakespeare, nos ha presentado a los personajes más conocidos y emblemáticos de la historia del teatro.

Bibliografía

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  • William Shakespeare, Hamlet, Bs. As., Losada (2005)

  • Jan Kott, Apuntes sobre Shakespeare, Barcelona, Ed. Seix Barral (1969)

  • René Girard, Shakespeare. Los fuegos de la envidia, Barcelona, Anagrama (1995)

  • Harold Bloom, El canon occidental, Barcelona, Anagrama (1996)

Harold Bloom, El canon occidental, Barcelona, Anagrama (1996) Pág 19

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Vierne 9 a 11

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