Los cuentos de Canterbury; Geoffrey Chaucer

Literatura universal de la Edad Media. Prosa medieval inglesa. Historias breves. Cuento de la Priora: Racismo y antisemitismo

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“Racismo y Antisemitismo

en los

Cuentos de Canterbury

de

Geoffrey Chaucer”

A lo largo del curso hemos visto cómo Shakespeare en varias de sus obras, The merchant of Venice, Othello, The tempest, nos ha mostrado un tema común que ha sido motivo de discusión en varios debates: el racismo y el antisemitismo.

Son muchos los autores ingleses que tocan estos temas en sus obras dejándonos ver que ha sido algo que ha existido a lo largo de toda la historia de la literatura.

Es demostrable que en el Middle Age el cristianismo estaba extendido en la mayor parte de la población inglesa al igual que en muchos otros países. También es demostrable que han existido siempre grupos de distinto ideal religioso que intentaban sobrevivir en estos entornos cristianos de la mejor manera posible.

Aunque parezca curioso, el cristianismo cuyas bases han sido la entrega, el perdón y el amor en general, no han demostrado este ideal con los grupos que no compartían esta filosofía. Todo esto lo podemos encontrar en infinidad de textos en los que aparece el pueblo judío y el pueblo musulmán calificados como representantes del mal y como enviados de Satán, por parte de los cristianos.

En los Cuentos de Canterbury encontramos la polémica en dos de sus cuentos: el “Cuento de la Priora” y el “Cuento del Letrado”. El primero con un enfrentamiento judeocristiano y el segundo con un enfrentamiento musulmán-cristiano.

“EL CUENTO DE LA PRIORA”.

Ya en la descripción que Chaucer realiza sobre la Priora hay una gran ironía, toda una exageración hacia sus buenos modales, su refinada educación, su magnífica higiene, su personalidad alegre y extrovertida, su bondad y ternura y sus fantásticas facciones faciales a excepción de su frente. En la introducción a su cuento comprobamos también una fervorosa fe en Cristo pero sobre todo en la Virgen llegando incluso a límites un tanto fanáticos. Es indudable que dicho personaje no caía demasiado bien a nuestro autor, por lo tanto que mejor manera que utilizar la ironía y la exageración en la presentación y en el relato de la Priora, además de contraponer todo un ejemplo de amor, bondad y ternura, con el odio, la rabia y la venganza.

Puede resultar paradójico cómo una Priora, directora de una congregación donde residen multitud de religiosas y asientan las bases del cristianismo, y además ocupando un puesto de tal relevancia en la estructura jerárquica de la Iglesia, puede incitar a las gentes a practicar el antisemitismo, el odio y la venganza.

En los primeros versos del cuento, concretamente en el verso 491 encontramos el primer ejemplo de odio hacia el pueblo judío por parte de la Priora: “for foule usure and lucre of vileynye”, así como en los versos 599 y 685: “cursed jewes”.

Es indudable que existe una clara muestra de antisemitismo en este texto pero ¿por qué eligió Chaucer una historia en la que el pueblo judío era representante del mal?, ¿quería empobrecer la imagen de dicho pueblo?, ¿quería empobrecer la imagen de la Priora haciéndola narradora de este desgarrador cuento?. Según muestran las investigaciones que se han hecho sobre la vida del autor, es bastante probable que Chaucer hubiese sido diplomático de su país, y que por lo tanto hubiese realizado gran número de viajes a otros países comprobando que el pueblo judío se encontraba en muchos de ellos en congregaciones marginales como podían ser los ghettos. Es indudable que Chaucer comprobase que en dichos países la imagen de los judíos estaba evidentemente por los suelos, y qué mejor ejemplo para su colección de cuentos que poner en boca de un personaje que no le caía excesivamente bien un relato en el que el elemento que representase la maldad fuese el pueblo judío. Como afirma Pedro Guardia Massó basado en lo que decía Mathie Paris, este cuento parte de un hecho que ocurrió en 1255 en el que diecinueve judíos fueron asesinados por Enrique III tras cometer éstos el asesinato del pequeño Hugh of Lyncoln (1987: 398). Aunque otros investigadores como Manuel Pérez y del Rio-Cosa afirman que dicho relato podría estar influenciado por el gran número de casos de infanticidios en manos del fanatismo judío que ocurrieron en nuestro país, como es el caso de San Dominguito del Val (1921: 78). Comprobamos que Chaucer parte de un hecho histórico para escribir dicho cuento.

El objetivo principal del cuento no es mostrar odio hacia el pueblo judío, tal y como plantea Ricardo Sola “el punto final de la historia no es encaminar el odio hacia una raza, sino contraponer el amor y la inocencia con el odio”, en el capítulo titulado “El siglo XIV” de Historia de la literatura inglesa I (1988:148). El papel representado por los judíos es simplemente un elemento más en el cuento, el papel que representa la maldad, algo que en aquellos tiempos se tenía asumido de forma generalizada en el pueblo cristiano, y que no sería motivo de polémica aunque hoy en día sí puede llegar a serlo.

“EL CUENTO DEL LETRADO”.

En el “Cuento de la Priora” veíamos como aparecía el pueblo hebreo como representante del mal. En este cuento veremos como se traslada el papel de los malos a los musulmanes.

Quizá es este el cuento en el que encontramos de forma más clara un ideal antisemita. Según Pedro Guardia Massó esta narración está basada en Les Chronicles (1334) de Nicolás Trever.

La figura del cristianismo aparece representada por una mujer, Constanza. Dicho personaje permanecerá durante todo el cuento imperturbable de principio a fin. Será el símbolo del cristianismo, fuerte, duradero e inquebrantable, y como no, irá convenciendo a otros personajes que no mantienen los mismos ideales religiosos. Naturalmente la figura que representará la maldad será una fiel seguidora de las leyes del Corán, así como otros seguidores de lo pagano. Este personaje, la madre del sultán enamorado, será objetivo de múltiples calificativos en el texto tales como “sultana perversa”, “serpiente en forma de mujer”, “mujer traidora”, etc., y será la que planifique una venganza contra la princesa Constanza, embajadora del cristianismo, contra todo su séquito y hasta con su propio hijo, el sultán convertido.

Tras llevar a cabo la madre del sultán sus planes, no queda títere con cabeza a excepción, como no, de nuestra heroína Constanza, la cual fue embarcada mar adentro sola e indefensa. Es curioso que sea la única superviviente a la tragedia, pero como explica nuestro narrador después de múltiples comentarios a anécdotas de la Biblia, esto se debe a la voluntad de Jesucristo.

Una vez más aparecen unos personajes paganos que serán convertidos al cristianismo por la bella Constanza, y un representante del mal que será también pagano y que actuará por mano de Satanás creando la confusión y creando problemas a nuestra intrépida devota “la cual de tanto rezar y permanecer en vela, hay veces que termina la jornada sumamente fatigada” (Guardia 1987: 180). Una vez más la bella princesa salva el pellejo tras un milagro y asombrosamente un sinfín de personajes se convierten al cristianismo tras comprobar la sinceridad de Constanza.

Nuestra protagonista tras casarse con un rey, convertido también al cristianismo, tiene un hijo, pero una vez más es víctima de la fatalidad y de las garras de los paganos que intentan sembrar la confusión para causar el mal a Constanza y a sus seguidores. Constanza siempre superará los problemas con los que se encuentre de forma milagrosa, el peligro siempre le acechará en manos de los paganos, pero ella triunfante saldrá ilesa y terminará sus días de forma humilde pero llena de fe.

Este cuento posee claramente unos principios didácticos, usuales en aquellos tiempos, empleando el miedo, el absurdo y la incoherencia, cualidades básicas para que los oyentes, totalmente ignorantes, fuesen convencidos de las virtudes del cristianismo pero no de sus defectos.

Lo extraño de este cuento es que nuestro personaje principal, el representante del cristianismo, el héroe que supera todos los baches, no sea un hombre sino una mujer, tal y como era normal en aquella sociedad machista. Sin embargo, el otro papel, el de los malos, no cambia, siempre será el de lo contrario al cristianismo, el de lo pagano, el de los asesinos crueles, el de los traidores y mentirosos, en definitiva el de los marginados, atormentados, especulados e incomprendidos judíos y musulmanes, que únicamente no compartían el ideal cristiano.

OBRAS CITADAS:

Libros:

GUARDIA MASSÓ, P. (1987). Cuentos de Canterbury. Madrid: Cátedra.

PÉREZ Y DEL RIO-COSA, M. (1921). Los Cuentos de Cantorbery. Barcelona: Reus.

Trabajos colectivos:

BOSCH, M. A. (1984). “Preliminares y entrada del Renacimiento en Inglaterra y Alemania”. En Historia de la Literatura Universal. Barcelona: Planeta.

SOLA, R. (1988). “El Siglo XIV”. En Historia de la Literatura Inglesa I. Dir. Cándido Pérez Gallego. Madrid: Taurus.

Fuentes originales del texto:

ELECTRONIC TEXT CENTER, University of Virginia Library. The Canterbury Tales. http://etext.lib.virginia.edu/CT.html

Como afirma Manuel Pérez y del Rio-Cosa en la introducción a su traducción de los Cuentos de Canterbury (1921: 45) “nótese en su descripción cierta tendencia bien manifiesta a exagerarlos; todos encarnan, por decirlo así, el grado superlativo dentro de su clase”.

“Los tipos tienden hacia la caricatura. Las comparaciones empleadas para hacer resaltar los rasgos de sus fisionomías si bien ofrecen marcada originalidad, son la mayor parte de las veces un poco grotescas. Buen número de esos caracteres y señales superlativas ocultan no poca sátira y burla”. (Pérez y del Rio-Cosa 1921: 46).

Comprobamos que existen infinidad de términos tales como “Our Blisful Lady”, “Cristes Mooder”, “Our Lady”, y un gran número de referencias bíblicas de los Salmos las cuales se asemejan al Paradiso, XXXIII:1-21 de Dante tal y como indica Pedro Guardia Massó en su edición de los Cuentos de Canterbury (1987: 392). También Manuel Pérez y del Rio-Cosa comenta que dicho cuento viene a ser la paráfrasis de un salmo muy conocido, en armonía con cierta invocación copiada de Dante (1921: 80).

Según la numeración seguida en el texto original extraído de Internet.

Párvulo que, secuestrado por los hebreos, sufrió el martirio de cruz en Zaragoza hacia el año 1250.