Los amantes de Teruel; Juan Eugenio Hartzenbush

Literatura del romanticismo español. Siglo XIX. Teatro dramático. Actos. Prosa y verso. Tema. Argumento

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Los amantes de Teruel

Los amantes de Teruel, es una obra de teatro de Juan Eugenio Hartzenbusch, que pertenece a la corriente del Romanticismo, y su tema más destacado es el amor.

Los orígenes del romanticismo hay que buscarlos ya en el siglo XVIII, fundamentalmente en la filosofía y cultura alemanas, país, en el que se produce un movimiento llamado "Sturm und Drang" (tempestad y pasión) que propugna la creación literaria al margen de las reglas clásicas y revaloriza la expresión artística de vivencias y sentimientos. Es ésta la sensibilidad prerromántica, que también se manifiesta muy pronto en Inglaterra y posteriormente se extiende por el resto de Europa.

El Romanticismo, fenómeno cultural correspondiente a la primera mitad del siglo XIX, se halla vinculado con una serie de circunstancias históricas a las que es necesario aludir. En España el comienzo del Romanticismo revolucionario se debe sobre todo a la vuelta de los emigrados liberales con motivo de la muerte de Fernando VII.

Como el Renacimiento o el Barroco, el Romanticismo no se reduce a un fenómeno literario, sino que abarca todos los aspectos de la cultura de la época - desde la política hasta el arte, desde la literatura hasta las modas -, porque en el fondo viene a consistir en una especial actitud frente a la vida. De ahí que deba hablarse de la psicología del hombre romántico antes de entrar en el estilo de su producción estética.

Uno de los géneros más empleados en esta época era el teatro. En primer lugar debemos tener en cuenta para la conformación del teatro del siglo XIX toda la herencia del siglo anterior. Durante el XVIII, se realizó en el teatro una trasformación de la escena pública a la escena privada: de los grandes espacios de representación barrocos a los pequeños espacios de representación burguesa. El teatro aparece ahora adscrito no a la aristocracia, sino a la burguesía mercantil o financiera. Por un lado, nos encontramos con la comedia lacrimógena y, por otro, el teatro neoclásico trata de acoplar los temas que consideraba eternos a unas nuevas tragedias que se ajustasen a las reglas de las tres unidades. Esta tragedia neoclásica nació intentando seguir las normas aristotélicas de la tragedia, con influencia francesa, pero desde el primer momento se concentró en temas históricos de la historia española, siguiendo la línea del drama histórico. En conclusión la herencia teatral del XVIII, la podemos resumir en: tragedia neoclásica, comedia burguesa, refundiciones de obras del siglo de Oro, y un teatro popular o de costumbres (Ramón de la Cruz).

El teatro romántico apareció plenamente en escena un año después de la muerte de Fernando VII. Allison Peers en su Historia del movimiento romántico español señala alguna de las características del romanticismo en pleno siglo XVIII, y después habla del carácter tardío del romanticismo. Esta paradoja se debe a que el romanticismo se hizo público después de la muerte del rey absolutista. Es considerada la primera obra teatral romántica La conjuración de Venecia (1834, publicada en París en 1830) de Martínez de la Rosa, y tiene su cierre con Don Juan Tenorio (1844) de José Zorrilla, obra que representa al mismo tiempo la culminación del drama histórico nacional. Además de estos títulos hay que considerar como representativos: Macías (1834) de Larra, Don Alvaro o la fuerza del sino (1835) del Duque de Rivas, El trovador (1836)de García Gutiérrez, y Los amantes de Teruel (1837) de Eugenio Hartzenbusch.

EL AMOR:

Vapuleado a lo largo de siglos, transformado y recreado por toda suerte de modas opuestas, el "amor" ha venido a ser una cuestión más relacionada a un idealismo romanticista. En efecto, el "amor" en cuanto invento cultural, se ha transformado en todas las posibilidades imaginables a lo largo de la historia.

En el romanticismo, el amor se vive de una forma muy diferente a la actual, es un amor desesperado, lleno de suicidios por amor. El final de las obras siempre demuestra una fusión de la muerte con el amor, es más, las obras románticas se caracterizan por su independencia, por su liberalismo militante, por su vida amorosa y atormentada y por su final trágico. Esto lo podemos ver claramente en la obra, ya que al final Marsilla muere por el rechazo de Isabel, y ella al ver que ha muerto porque le había mentido, muere a su lado.

ISA. Yo lo mate: quise alejarle...

que le odiaba le dije... el sentimiento,

el espanto... ¡Y mentí!

...

¡Marsilla...! yo te amé, siempre te amaba...

Tú me lloraste ajena, tuya muero.

Así, desear algo con toda intensidad puede conducir uno a un fracaso total. Pero se nota una preferencia para la intensa vida que parte de la tradición. El héroe romántico es incapaz de satisfacerse dentro de la sociedad (tiene que aislarse de sus normas para vivir plenamente, en color, con intensidad, y nunca puede obtener la pasión y amor perfecto que imagina) por eso termina desilusionado y solo.

El Romanticismo trataba diferentes temas:

                El egocentrismo era uno de los temas tratados. El alma del hombre es su enemigo interior, identificable con una obsesión incurable por lo imposible, que priva del goce de la vida al individuo y hace que ésta le sea adversa. El alma romántica no es dada desde fuera al individuo, sino que éste la crea cuando tiene conciencia de sus sentimientos. Convierte al individuo en singular y universal, de modo que el Universo sólo es posible concebirlo partiendo del conocimiento de sí mismo, pues el hombre es la imagen del Macrocosmos.

      Otro tema era la libertad. El reino de la libertad absoluta es el ideal romántico, el principio de toda ética romántica: libertad formal en el arte, entendida como necesidad del individuo para explorarse y explorar el mundo exterior. El romántico se concibe como un ser libre, el cual se manifiesta como un querer ser y un buscador de la verdad. No puede aceptar leyes ni sumisión a ninguna autoridad.

    Pero el tema más importante era el amor y la muerte a causa de éste. El romántico asocia amor y muerte, como ocurre en el Werther de Goethe. El amor atrae al romántico como vía de conocimiento, como sentimiento puro, fe en la vida y cima del arte y la belleza. Pero el amor acrecienta su sed de infinito. En el objeto del amor proyecta una dimensión más de esta fusión del Uno y el Todo, que es su principal objetivo. Pero no alcanzará la armonía en el amor.

    El romántico ama el amor por el amor mismo, y éste le precipita a la muerte y se la hace desear, descubriendo en ella un principio de vida, y la posibilidad de convertir la muerte en vida: morir de amor es vida, y la vida sin amor es muerte.

    En el amor romántico hay una aceptación de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el amor se deposita la esperanza en un renacer, en la armonía del Uno y el Todo. En el amor se encarna toda la rebeldía romántica: "Todas las pasiones terminan en tragedia, todo lo que es limitado termina muriendo, toda poesía tiene algo de trágico" (Novalis). En la muerte, el alma romántica encuentra la liberación de la finitud. Es el final de Los amantes de Teruel, tras seis años de agonía y espera por culpa del amor entre Marsilla e Isabel, cuando por fin Marsilla llega, habiendo superado numerosos obstáculos, se encuentra que Isabel ha tenido que casarse con Don Rodrigo, creyendo ella que su él estaba muerto, y los dos se encuentran en que el sufrimiento pasado no ha servido para nada. Esto finalmente les lleva a la muerte.

Aunque la unanimidad del movimiento romántico reside en una manera de sentir y de concebir al hombre, la naturaleza y la vida, cada país produce un movimiento romántico particular, distinto; incluso cada romanticismo nacional desarrolla distintas tendencias. En Francia o en España se suelen distinguir un romanticismo de apariencia católica y nacional de otro más liberal y materialista. En Alemania o Inglaterra se diferencia un primer romanticismo de un segundo movimiento, más maduro y menos teórico.

El amor, en España concretamente, fue uno de los valores clave para nuestros románticos. No el amor racional y sometido al control de lo conveniente, sino un amor desatado, furioso y ciego, que tiene poco que ver con la realidad y que se ha convertido en un fenómeno subjetivo, de carácter posesivo y neurótico. Este sentimiento se reviste del tono sentimental o del pasional. El primero es una actitud melancólica, de tristeza íntima, de ensueño irrealizable del alma tímida del poeta frente a una amada imposible: Pastor Díaz, Gil y Carrasco y, luego, Bécquer.
    El amor pasión lo encarna Larra. Surge de repente y se plantea en términos de todo o nada. Rompe las convenciones sociales en nombre de la libertad de amar. Suele acompañarlo la muerte trágica, como en Don Álvaro de Rivas, El trovador de García Gutiérrez o Los amantes de Teruel de Hartzenbusch. También, si no acaba trágicamente, le sucede el desengaño, la desilusión, la ironía romántica o el cinismo de Campoamor.
    Muy poco frecuente fue el amor erótico, que se complace en el gozo sexual y en su descripción, como hizo Arolas.
    La mujer es vista como un "ángel de amor", inocente, hermosa, fuente de ilusiones para el corazón del hombre, a quien lleva a cimas de felicidad y virtud, como la Teresa de Espronceda. Es el ideal femenino. Pero también puede ser el polo opuesto, un demonio, perversa, criminal y vengativa, que arrastra a la muerte y a la destrucción. Doña Inés del Tenorio frente a la Zoraida de Los amantes de Teruel.

Junto a la mujer víctima de los rigores del amor y de la sociedad (Doña Leonor de Don Álvaro o Elvira de Espronceda) emerge la mujer que lucha por su felicidad, que junta su destino al hombre frente al padre (doña Inés), y la que venga sus agravios (Azuzena, de El Trovador).