Lord Emsworth and the girlfriend; Wodehouse

Literatura universal contemporánea. Narrativa de ficción. Argumento y personajes

  • Enviado por: Shannon
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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El día era tan cálido, tan bueno, una cosa tan maravillosa de soleados y cielo azul y canto de pájaro que cualquiera persona que conociese a Clarence, Lord Emsworth, y que conocía también su amor al buen tiempo, podría haberlo imaginado dando vueltas en esta mañana de verano con una sonrisa brillante y un corazón contento. En vez de esto, agachó la cabeza sobre la mesa de desayuno, dirigía una violenta mirada de odio al inocente pescado de su plato. Era festivo y el Castillo Blandings se hacia en la opinión de su Señoría inaguantable. Este era el día en el cual sus parques y terrenos se llenaban de tiendas, juguetes, pelotas y bolsas de papel; cuando una oleada de granjeros y sus niños gritones tragaban esos lugares de paz ancestral. En este día festivo no se le permitía vagar por sus jardines con un viejo abrigo. Se la hacia vestirse como un caballero y se le decía de salir y ser educado con la gente. Y en el frescor del atardecer silencioso, la misma fuerza le colocaba en una plataforma y le obligaba dar un discurso. Para un señor con semejante día de por medio, el buen tiempo resultaba una broma pesada.

Lady Constance Keeble, su hermana, le miraba lustrante por encima de la cafetera. Que mañana más bonita, dijo. Lord Emsworth se hundió en la miseria. No le gustaba que le hiciesen preguntas, sobre todo por esta mujer - el comportarse como si todo fuese para lo mejor en el mejor de los mundos.

Ya tienes el discurso preparado??

Sí.

Bueno asegúrate esta vez que lo sabes de memoria y no te pares en medio como el año pasado.

Lord Emsworth empujó su pescado. Había perdido las ganas de comer.

Y no te olvides que tienes que ir al pueblo esta mañana para juzgar la competición de jardines.

Muy bien, dijo su señoría irritado.

No lo olvidaré, creo que iré al pueblo contigo. En este momento hay un grupo de niños tomando el aire fresco y debo decirles de comportarse debidamente cuando vengan el festejo esta tarde, ya sabes como son los niños de Londres. McAllister dice que encontró a uno el otro día en su jardín cogiendo flores.

En cualquier otro momento esta noticia hubiera afectado profundamente a Lord Emsworth. Pero en este momento su auto compasión era tan grande que ni siquiera contestó. Tomó su café como si desease que tuviese veneno.

De todos modos, dijo Lady Constance, McAllister habló conmigo anoche sobre el nuevo sendero entre los arboles. Parece que lo desea mucho.

Glug, dijo Lord Emsworth - el cual, como te diría un estudiante de lengua - es el sonido que hacen todos los Lords cuando se le toca la moral (herir) mientras toma café.

Referente a Glasgow, esa gran ciudad de negocios e industria en Escocia, mucho se ha escrito. La única cosa que le interesa a este escritor, es el hecho de que sus ciudadanos sean fríos, hombres silenciosos que saben lo que quieren e intentan conseguir. Un hombre de estos era Angus McAllister - el jefe jardinero en el Castillo Blandings.

Durante años Angus McAllister había tenido como su máximo deseo la construcción de un sendero entre un singular grupo de arboles del Castillo. Durante años, había dado a conocer este plan a su patrono. Un individuo de cualquier otro sitio se sentiría incomodo conociendo la aversión de Lord Emsworth ante tal idea. Y ahora, parece que el jardinero ha empezado otra vez con el mismo tema.

Sendero entre los arboles!!! A Lord Emsworth se le puso rígido su delgado cuerpo. La naturaleza, siempre había dicho, tiene la intención que el terreno bajo los arboles esté cubierto de hierba. Y lo que la naturaleza sintiese, el no permitiría que oratorias de hombres de Glasgow y caras de patatas borrachas, vengan a estropear aquel maravilloso trozo de jardín. Sendero!!! Porque no alguna valla con publicidad o una bomba de petróleo. Esto sería lo que estos de verdad les gustaría.

Bueno yo pienso que esta es una gran idea, dijo la hermana, así se podría caminar por allí en tiempo mojado. La hierba es muy mala para los zapatos.

Lord Emsworth se incorporo. No podía aguantar más. Se fue de la mesa, de la sala y de la casa, y llegando a estos arboles uno minutos mas tarde, cual seria su disgusto al toparse allí mismo con Angus McAllister en persona. El jefe jardinero estaba de pie mirando a la hierba como un sacerdote de alto rango de una antigua civilización a punto de sacrificar a un humano para sus dioses.

Buenos días McAllister dijo fríamente Lord Emsworth.

Buenos días su señoría.

Una pausa se produjo. Angus McAllister, adelantando un pie piso la hierba. Un movimiento simple. Mostraba una aversión general hacia la hierba y Lord Emsworth le miraba a través de sus gafas con gran desdén. Aunque nunca creyó en la religión, se preguntaba porque la casualidad, si forzada a producir jardineros jefes, había también hecho necesario que fuesen escocés. En el caso de McAllister porque había sido necesario hacerle un ser humano? Quizás le hubiese gustado McAllister si fuese un animal, un perro quizás.

Estuve hablando ayer con Lady C.

Oh.

Sobre el sendero, idea que le gusta mucho a la señora.

De verdad, bien.

La cara del Lord se sonrojó y estaba a punto de lanzar las palabras de ira que se formaban en su mente cuando notó la expresión del jardinero y se paró. Angus le miraba, y sabia lo que aquella mirada significaba. Solo una palabra, decía su mirada, en escocés, solo una palabra y me largo. Y con un shock enfermizo Lord Ems se dio cuenta del poder completo que este señor ejercía sobre él.

Movió sus pies miserablemente. Estaba indefenso. Salvo por la idea del sendero Angus era un jardinero de entre muchos y le necesitaba. Esto lo había comprobado con la experiencia. Anteriormente, cuando estaban cultivando para la Feria de Flores, no haciendo caso a las sugerencias de McAllister, había ignorado una planta que más tarde ganaría el primer premio. Angus se había ido y él tuvo que rogarle que volviese. Un patrono no puede hacer esto y al mismo tiempo mandar con mano de acero. Lleno de enfado quemador que no podía mostrar, Lord Ems tosió.

Lo pensare McAllister

Tengo que irme a la ciudad y te veré luego.

Lord Emsworth que antes estaba ansioso de ser el juez de la competición de la pequeña ciudad de Blandings ahora vino a realizar esta tarea de baja moral. Es muy duro para un hombre orgulloso darse cuenta que ya no manda en su alma, que en realidad esta bajo los pies de un gran jardinero de Glasgow. Con este pensamiento juzgo los jardines sin apenas atención. Solamente en el ultimo algo atrajo su atención. Uno que tenia rota la valla ya había un perro dentro, callejero y desconfiado en plan defensa que le ataca. Se para el ataque por la llamada de la dueña, una niña de pocos años pero que mostraba ser madura, del perro el cual se tumba 4 patas arriba a los pies de la chica. A Lord Emsworth se parece que es el ante Angus.

La chica le dio las gracias lo que era extraño. En la escena aparece un hermanillo de la chica con unas flores muy bonitas que había robado en el Castillo. Le había reñido Angus y este le había tirado piedras, cosa que se alegraba Emsworth ya que él era incapaz de hacerlo. La niña Gladys le dijo que iría a la fiesta lo que alegro mucho a Emsworth. El niño Ern llevaría un sombrero, antigua pertenencia de Emsworth que Constance le había regalado.

La fiesta que se celebraba cada año en el jardín del Castillo era un homenaje a la escuela. Las ovejas y vacas que antes pastaban estos terrenos eran ahora campo para los niños. Los vecinos recatadisimos durante el año daban hoy rienda suelta a sus actividades. Era una injusticia. Lo más deprimente era la hora el té en la tienda de campaña, pero lo todavía peor era cuando tenia que subirse a la plataforma a hacer su discurso. Los niños de la escuela Parva se podían controlar. Los que eran de naturaleza violenta este año eran los que habían venido de Londres. Eran desvergonzados quizás curados por las situaciones familiares y sociales urbanas. Estos le lanzaron una tarta a su sombrero y Lord Emsworth abandonó el lugar.

Se retiró para estar solo a un viejo establo cuando oyó una voz que resultó ser la niña Gladys que le habían encerrado allí por haber robado bocadillos para su hermano Ern que no le había dejado Lady Cosntance asistir a la fiesta por intentar morderle. Esto cabreó mucho a Emsworth. Se alegraba de que había alguien que se atreviese a tirarle piedras a Angus y a morder a Cosntance. Demasiado para ser verdad.

Llevo a la niña al Castillo para que tomase té y ordeno a su criado que preparase un paquete de víveres para darle. Le ofreció mas cosas y la niña pidió flores.

Emsworth temiendo a Angus, sabiendo lo difícil que esto resultaría si simplemente las cogían. Los pensamientos de superioridad de Angus le abordaron. Mientras se peleaba con sus dijo a la niña que las cogiese. Cuando Angus vio esto la sangre le hirvió a la vista de la niña entre sus flores, la misma que le había arrojado piedras. Angus se lanzo a la captura de la niña. Esta se percató y corrió a esconderse detrás de Emsworth.

Las rodillas y el alma de Emsworth se tambalearon ante esta situación. La niña pidiendo protección le dio su mano y esto le hizo reacciona, le dio coraje, le infundio confianza en él. Pensando en sus valientes antepasados se enfrentó verbalmente a McAllister diciendo que él le había dado permiso a la joven para coger todas las flores que quisiese. No permitiría que le diesen ordenes en su propio jardín y le amenazo con el despido.

Se paralizo la naturaleza en ese momento, todas las flores rígidas, se oían los ruidos de los niños a lo lejos pero no demasiado.

Angus estaba confuso con lo sucedido. Nunca le habían despedido y no quería irse del Castillo. Y nada de senderos que estropeen mi precioso jardín.

Emsworth se dio la vuelta, desapareció, se oía otra vez el viento, los pájaros.

Lord Emsworth se limpiaba el sudor pero se sentía como hombre nuevo. Le daba placer el sentirse hombre entre hombres. En ese momento solo tendría que aparecer Cosntance, cosa que ocurrió, ordenando que tenia que hacer el discurso, y el muy seriamente la mando a freír espárragos y hacer ella la idiotez del discurso.

El ahora cambiaría esos ridículos ropajes por vestimenta humana y se dirigiría junto con ella al pueblo a mantener una conversación con Ern.