Llorar

Lágrimas. Reacciones emotivas. Gammahidroxibutrato

  • Enviado por: Nuria Lacomba
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas
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El significado de llorar

Llorar es un acto de expulsión de fluidos corporales. No, no seguiré con más definiciones frívolas y sin ningún tipo de sentimentalismos.

Cuando llegamos al mundo, lloramos como acto de rebeldía contra la sociedad, nacemos, queremos ser alguien en el mundo y lo manifestamos con un hecho tan simple como el llanto, una forma de demostrar que estamos vivos.

Más tarde, durante el crecimiento, lo utilizamos como arma de emociones. Una simple lágrima puede enternecer al corazón más pétreo que exista, parece un tópico, pero los efectos están más que comprobados. Por otra parte, también sirve de válvula de desahogo cuando nos enamoramos, enfadamos o deprimimos. Las lágrimas, entonces, salen sin saber por qué, son producto de la angustia y la ansiedad y liberarlas significa liberarse a uno mismo.

Podemos apreciar que este verbo está relacionado directamente con nuestras vidas, des del inicio de nuestro ciclo vital a su fin, el círculo se cierra con la muerte. Cuando algún ser querido muere, los familiares más cercanos bañan su pena en lágrimas ¿por qué será? Nuestras vidas son círculos calculados en los que hasta el más mínimo gesto encaja.

Para finalizar, sólo quiero mencionar que aunque no seamos conscientes de ello, llorar es importante y sano ya que reprimir las reacciones naturales, en la mayoría de los casos, puede hacer más daño que derramar una lágrima.

Carta a la razón

Querido presente,

¿Recuerdas aquellas noches de concierto? Sí, "Los Perros", qué puedo decirte de ellos, aquellos con los que tú y yo habíamos compartido largas veladas perdidos entre las canciones. No les he visto crecer, pero hace bastantes años que les sigo. Tampoco puedo decir que les conozca ya que no puedo definir nuestra relación de amistad, al fin y al cabo sólo soy una "fan".

La primera vez que les vi fue un concierto de un grupo de cierto renombre en estas tierras, la gente no les hizo mucho caso, pero aquellos acordes de sus guitarras acústicas me llamaron la atención, a decir verdad, su estilo me cautivó. En esos momentos nadie les conocía, pasaron sin pena ni gloria, pero nadie podía imaginar la suerte que les depararía el futuro.

Al sacar el primer disco, que tampoco tuvo mucho éxito, ficharon para un famoso representante catalán que les encaminó hacia la fama. Ellos, unos chicos de unos veinte años, podrían ganar mucho dinero y convertirse en un fenómeno "fan" en menos de un año. Aquella idea les resultó más que apetecible y decidieron firmar el contrato. Empezaba el inicio del final de sus vidas privadas y hasta de su propia personalidad, ya se sabe, el precio de la fama se paga muy caro.

Los acontecimientos empezaron a precipitarse, a principios de año no eran más que un simple grupo telonero y en junio todas las quinceañeras catalanas aclamaban sus nombres convirtiendo la esencia musical del grupo en concentraciones de verdadera histeria. El éxito iba aumentando así como su posición en las listas de ventas y los cuatro o cinco afortunados que les conocimos cuando no eran nada quedamos a un lado siendo víctimas de su propia crítica. Nosotros, más merecedores de su agradecimiento que de su burla, preferimos resignarnos a un lado ocultos entre la multitud.

Los años fueron pasando y el destino fue dictando su suerte, dicen que aquello que crece sin mesura baja aún más deprisa, quizá sea cierto, pero el tiempo lo dirá todo. ¿La fama podrá con la juventud y destruirá unas simples melodías?

Una voz sin tiempo.

Los enigmas de la vida

Cuando nos preguntan: ¿Quién somos?, ¿A dónde vamos? O ¿De dónde venimos?, no nos queda más remedio que pensar que estas mismas preguntas se las han estado formulando millones de humanos desde tiempos ancestrales.

Las personas somos unos seres, psíquicamente, muy complicados y cualquier tema que se refiera a las bases de nuestra existencia nos resulta extraño e indescifrable. Las preguntas que hacemos sobre ella se pueden resolver en el colectivo, la humanidad, basándonos en el inicio del "big-bang". Pero cada persona, individualmente, podrá llegar a saber algún día qué lugar ocupa en este mundo y por qué le ha tocado vivir una vida de una manera determinada u otra. Si estos enigmas se descubrieran, dejaríamos de ser seres inquietos, interesados por aquello abstracto y a la vez fundamental en nuestras vidas.

Yo creo que la respuesta a todas estas preguntas la vamos descubriendo a lo largo de nuestra experiencia vital. Cuando somos niños la pregunta no existe, está escondida entre la ignorancia y la inocencia. Más tarde, llega la época de búsqueda interior entre la adolescencia y la juventud, los adultos ya han elegido por donde encaminarán su vida y en la vejez se ve que todos los círculos abiertos se cierran en un momento u otro del círculo vital. Entonces, sin saberlo, hemos formulado y resuelto las preguntas trascendentales que marcan nuestras vidas. En este caso las palabras sirven de incentivo para conocernos a nosotros mismos.

La casa de tía Berta

Ayer, mientras veía un reportaje de Andalucía, recordé los entrañables veranos en casa de tía Berta.

Cada verano, desde que tenía tres años, iba de vacaciones a un cortijo de Marchena, un pueblo cerca de Granada. Me lleno de nostalgia al recordar mis años de niñez allí, jugando con mis primos, bañándonos en "la poza" o comiendo helados, que allí siempre eran muy baratos. El alma de aquel lugar era tía Berta, una mujer con cara de bonachona y a quien la conocía todo el mundo.

Aunque no recuerde los detalles con exactitud, recuerdo su casa como un sitio muy grande. Nosotros aprovechábamos la infinidad de habitaciones para jugar al "escondite", un juego muy divertido ya que quien buscaba nunca daba con los escondidos hasta el punto que a veces alguien marchaba, dejando a los demás con el misterio de saber donde estaría escondido.

Otro elemento indispensable para definir el ambiente del lugar era el arte culinario de mi tía. Cada comida era un suculento plato típico andaluz, allí fue donde descubrí las delicias del gazpacho y las "papas a lo pobre".

Los veranos en Marchena fueron inolvidables, marcaron una época de mi vida, fueron las vacaciones que me llevaron hasta la adolescencia y la juventud. Dicen que recordar es bueno y más aún cuando se trata de algo que relacionas con la felicidad. La reminiscencia a través de un reportaje me ha hecho pensar en lo rápido que pasa el tiempo y sólo nos quedan los recuerdos de lo que no queremos olvidar.

Una nueva droga desfila por las pasarelas

Se ha descubierto que las modelos, para mantenerse delgadas, no sólo hacen dieta, sino que toman una nueva droga de diseño llamada GHB (gammahidroxibutrato), que utilizan los médicos como sedante.

Esta droga se obtiene de la síntesis de un disolvente utilizado para limpiar circuitos eléctricos, y eso hace que la droga sea barata y fácil de conseguir. La droga actúa sobre un neurotransmisor, lo que provoca un ligero estado de euforia.

La sobredosis provoca náuseas, graves trastornos respiratorios, paralización del sistema nervioso central y, en el peor de los casos, el coma irreversible. Una víctima famosa de esta droga fue el actor River Phoenix, que murió a causa de una sobredosis.

En el mundo de la moda, el consumo de drogas es aceptado por los modistos, estilistas y agentes. Muchas modelos reconocen haber consumido píldoras, cocaína y heroína para mantenerse delgadas. También reconocen que dependen de la droga para soportar las presiones a las que se ven sometidas.

La anorexia, la bulimia, la ingestión de drogas de diseño y el consumo de alcohol acaban convirtiendo la fantasía de la moda en una pesadilla gótica sin límites.

Intentar sobrevivir

En este mundo donde vivimos, y me refiero a todos: blancos, negros, zaireños, catalanes, españoles... está en continua decadencia. Hay diversos factores que lo demuestran y los citaré a continuación.

Estamos observando como centenares de miles de personas están sufriendo y muriendo y, también, como los países "civilizados" se pelean para decidir si tienen que enviar o no a unos legionarios que se juegan la vida para intentar ayudar a esta gente.

Mientras, en Roma, los jefes de estado de los ya mencionados países "civilizados", hablan tranquilamente y hasta se ríen de los ochocientos millones de seres humanos que sufren hambre y desnutrición crónica y, de cómo en ochenta países un total de once millones de niños mueren cada año. Estas criaturas y los adultos que mueren de hambre, o están a punto de hacerlo, necesitan comida y asistencia médica para sobrevivir, cosas que se compran con dinero que todos los estados tienen.

Ante estas informaciones de niños que mueren, vemos que la organización Unicef hace todo lo posible por salvarles pero, por vergüenza de todos los que aún apoyan la Iglesia, observamos, también, como el Vaticano retira la escandalosa cifra de dos millones de dólares que aportó a Unicef porqué ha cometido el delito de informar a las posibles víctimas de violaciones en zonas de guerra sobre los anticonceptivos de emergencia.

No sé qué me daría más vergüenza, si prohibir los anticonceptivos, condenando con el infierno y que las mujeres tengan todo los hijos que sea, o por doble partida, dando esta gran cantidad a Unicef y, a continuación, retirándola como medio de fuerza por intentar defender lo que ya es inödefendible. Todo esto da una conclusión, para la Iglesia es más peligroso un preservativo que el hambre de unniño.

Teniendo en cuenta todos estos factores me hago una pregunta: ¿Es este mundo, donde es más importante un deporte, prohibir que las mujeres en zonas de guerra sufran el hecho de tener muchos hijos a causa de violaciones y que unos dirigentes, con la vida solucionada, decidan el futuro de millones de personas en peligro de muerte, lo que queremos?

La pesadilla de Irene

La puerta de su casa seguía abierta, y ella rezaba para que viniera alguien a ayudarla, pero ese alguien no vino. Estaba muerta de miedo y no podía soportar la idea que la violaran o, peor aún, que la mataran.

Irene le mordió la mano, para que la quitara, pero con la rabia se mordió el labio, que empezó a sangrar. Él estaba debajo de ella y con la otra mano intentaba quitarle la ropa, lo que ella le impedía con sus manos. Irene gritaba sin parar y, aunque sea difícil de creer, no lloraba.

Tuvo suerte, pues él no sacó ninguna navaja ni la amenazó. De repente, y sin saber por qué, le dio un empujón muy fuerte y se marchó corriendo.

Se levantó del suelo y fue corriendo a cerrar la puerta, estupefacta, se cayó al suelo y entonces fue cuando estalló a llorar desesperadamente. Estuvo sentada, llorando, un eterno cuarto de hora. Entonces, reaccionó, se dirigió al teléfono para llamar a su madre; ella, al oírle llorar, se asustó y le preguntó qué le pasaba. Y ella le dijo:

-No lo sé, mamá, ha venido un hombre, tengo miedo, ven aquí, no quiero estar sola. ¡Tengo miedo!

Su madre le dijo que vendría enseguida, que se tranquilizara, que no pasaba nada. Ella no la creyó, sí que pasaba algo y le estaba pasando a ella, en cinco minutos se le había pasado la película de su corta vida por delante y, con ojos de niña, pudo ver la cruda realidad.

Fue al lavabo y se miró en el espejo. Por primera vez, se vio diferente: tenía la cara roja de tanto llorar, una mirada triste y temerosa que ya nunca cambiaría y la boca estaba llena por el mordisco. No sabía qué hacer, su vida ya no tenía sentido, dejó de tenerlo aquel día, no quería seguir viviendo, no podría soportar las consecuencias de aquel trauma, estaba lista para morir.

Una vida dejó este mundo por la cobardía o el temor de seguir adelante. Un maldito día truncó la infancia bonita de Irene convirtiéndola en una adolescencia absurda.