Llama de amor viva; San Juan de la Cruz

Literatura española renacentista del siglo XVI. Lírica del Renacimiento. Mística. Argumento

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Comentario de texto de

"Llama de amor viva” de S. Juan de la Cruz


Literatura Española IV

Texto a comentar:

"Llama de amor viva" (S. Juan de la Cruz)


¡Oh llama de amor viva

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva

acaba ya si quieres,

¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio süave!

¡Oh regalada llaga!

¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado

que a vida eterna sabe

y toda deuda paga!

Matando, muerte en vida has trocado.

¡Oh lámparas de fuego

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido,

que estaba oscuro y ciego,

con estraños primores

calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso

recuerdas en mi seno

donde secretamente solo moras,

y en tu aspirar sabroso

de bien y gloria lleno,

cuán delicadamente me enamoras!


Este poema, que S. Juan de la Cruz titula como "Canciones que hace el alma en la íntima unión de Dios", se escribió en el Convento de los Mártires en Granada en 1584 ó 1585, siendo vicario provincial de los carmelitas descalzos de Andalucía. El poema fue escrito por petición de Ana de Peñalosa, una de sus hijas espirituales. Su redacción es posterior a la Subida del Monte Carmelo, a la Noche oscura y a la primera versión del Cántico espiritual.

Según el mismo S. Juan de la Cruz, este poema se inspira, en cuanto a su estructura, en otro poema de Garcilaso, en su "Canción ii":

"Canción ii" (Garcilaso de la Vega)


1.

     La soledad siguiendo,
     rendido a mi fortuna,
me voy por los caminos que se ofrecen,
     por ellos esparciendo
     mis quejas d'una en una
al viento, que las lleva do perecen.
     Pues todas no merecen
     ser de vos escuchadas,
     ni sola un hora oídas,
he lástima de que van perdidas
por donde suelen ir las remediadas;
     a mí se han de tornar,
adonde para siempre habrán d'estar.

2.

     Mas ¿qué haré, señora,
     en tanta desventura?
¿A dónde iré si a vos no voy con ella?
     ¿De quién podré yo ahora
     valerme en mi tristura
si en vos no halla abrigo mi querella?
     Vos sola sois aquélla
     con quien mi voluntad
     recibe tal engaño
que, viéndoos holgar siempre con mi daño,
me quejo a vos como si en la verdad
     vuestra condición fuerte
tuviese alguna cuenta con mi muerte.

3.

     Los árboles presento,
     entre las duras peñas,
por testigo de cuanto os he encubierto;
     de lo que entre ellas cuento
     podrán dar buenas señas,
si señas pueden dar del desconcierto.
     Mas ¿quién tendrá concierto
     en contar el dolor,
     qu'es de orden enemigo?
No me den pena por lo que ora digo,
que ya no me refrenará el temor:
     ¡quién pudiese hartarse
de no esperar remedio y de quejarse!

4.

     Mas esto me es vedado
     con unas obras tales
con que nunca fue a nadie defendido,
     que si otros han dejado
     de publicar sus males,
llorando el mal estado a que han venido,
     señora, no habrá sido
     sino con mejoría
     y alivio en su tormento;


mas ha venido en mí a ser lo que siento
de tal arte que ya en mi fantasía
     no cabe, y así quedo
sufriendo aquello que decir no puedo.

5.

     Si por ventura estiendo
     alguna vez mis ojos
por el proceso luengo de mis daños,
     con lo que me defiendo
     de tan grandes enojos
solamente es, allí, con mis engaños;
     mas vuestros desengaños
     vencen mi desvarío
     y apocan mis defensas,
sin yo poder dar otras recompensas
sino que, siendo vuestro más que mío,
     quise perderme así
por vengarme de vos, señora, en mi.

6.

Canción, yo he dicho más que me mandaron
     y menos que pensé;
no me pregunten más, que lo diré.


En este poema, compuesto después de que su amada y musa Isabel Freire se casara con don Antonio de Fonseca, Garcilaso va buscando un lugar donde las peñas y los árboles sean testigos de sus padecimientos. Así: "La soledad siguiendo, / rendido a mi fortuna,"; "Los árboles presento, / entre las duras peñas, / por testigo de cuanto os he encubierto; / de lo que entre ellas cuento / podrán dar buenas señas, / si señas pueden dar del desconcierto."

Volviendo al poema de S. Juan de la Cruz que nos ocupa, y si consideramos el prólogo que él mismo hace a este poema, descubriremos que, aunque se trate de una exposición mística o de un ejercicio de pedagogía espiritual, el poema ha sido escrito en un momento de pasión, en la "llama" del amor.

"Declaración de las canciones que tratan de la muy íntima y calificada unión y transformación del alma en Dios a petición de doña Anna de Peñalosa por el mismo autor que las compuso" (prólogo a "Llama de amor viva", S. Juan de la Cruz)

"Alguna repugnancia he tenido, muy noble y devota señora, en declarar estas cuatro canciones que Vuestra Merced me ha pedido ; porque, por ser de cosas tan interiores y espirituales, para las cuales comúnmente falta lenguaje, con dificultad se dice algo de la sustancia, porque también se habla mal en las entrañas del espíritu si no es con entrañable espíritu, y por el poco que hay en mí, lo he diferido hasta ahora que el Señor parece que ha abierto un poco la noticia y dado algún calor. Debe ser por el santo deseo que Vuestra Merced tiene, que quiza, como se hicieron para Vuestra Merced, querrá Su Majestad que para Vuestra Merced se declaren.

Aunque en las canciones que arriba declaramos hablamos del más perfecto grado de perfección a que en esta vida se puede llegar, que es la transformación en Dios, todavía estas canciones tratan del amor ya más calificado y perficionado en ese mismo estado de transformación… Y en este encendido grado se ha de entender que habla el alma aquí, ya transformada y calificada interiormente en fuego de amor, que no sólo está unida en este fuego, sino que hace ya viva llama en ella."

El poema está compuesto por cuatro liras. Ésta es una estrofa que consta de entre cinco y siete versos (en este caso cada lira, cada canción, tiene seis versos), combinando versos heptasílabos y endecasílabos con rima consonante o perfecta., empleándose en este caso el esquema "abCabC" y que ejemplificamos a continuación en la primera canción:


¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh lla-ma dea-mor vi-va 7 -iva a
que tier-na-men-te/hie-res 7 -eres b
de mi/al-maen el más pro-fun-do cen-tro! 11 -entro C
Pues ya noe-res es-qui-va 7 -iva a
a-ca-ba ya si quie-res, 7 -eres b
¡rom-pe la te-la dees-te dul-ceen-cuen-tro! 11 -entro C


Pasaremos ahora a comentar más detalladamente el poema, canción por canción:

Canción primera.

¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

El alma se siente herida en su más profundo centro por esa "llama de amor viva". El "centro" es la parte más íntima del alma y es donde se produce la unión con la divinidad. La "llama" no es sino el Espíritu Santo. Según podemos leer en la Biblia, en Hechos de los apóstoles 2, 3-4: "Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo". Así, en S. Juan de la Cruz, esas "lenguas de fuego" serán "llama de amor viva".

Se siente tan unida su alma a Dios, que esta llama, esta herida, ya no es "esquiva". Ésta es una expresión que es utilizada en esta época con el valor de "atormentadora, penosa, aflictiva". Por ejemplo, podemos leer en el "Canto de Poliphemo a la linda Galatea" de Cristóbal de Castillejo: "Porque vivo / me quemo, y el fuego esquivo / que me abrasa y atormenta / más hierve y más se acrescienta / con la injuria que rescibo".

El "acaba" del quinto verso está referido al último final, a la muerte. Y este sentido lo deducimos del siguiente verso: "¡rompe la tela de este dulce encuentro!", en donde "tela" sugiere el límite entre la vida y la muerte, la separación entre los dos mundos. Siente esta separación tan pequeña entre la vida y la muerte al encontrarse ya muy cerca de esa "bienaventuranza final" que según el Cristianismo sólo es posible tras la muerte. De ahí que le pida con impaciencia que rompa ya esa "tela", esa vida mortal, a cambio de poder disfrutar de ese "dulce encuentro". No quiere esperar a que la enfermedad o el pasar de los años acaben con esta vida de una forma natural, sino que el ímpetu, la fuerza de esa "llama" la lleva a pedir que esta vida se acabe cuanto antes. Está suplicando morir de amor.

El "¡Oh llama de amor viva" encierra toda una concepción del alma y del amor. De un alma que tiene como esposo al Espíritu Santo, que es sentido no sólo como un fuego que consume al alma y que la transforma en suave amor, sino que es también un fuego que prende desde el interior del alma, es un fuego que arde en ella y que echa llama en ella. Si estas imágenes las transportamos al símil de la madera y el fuego, podemos decir que el alma es como un madero en llamas y que los actos, las acciones del alma tienen como fruto esa llama, ese fuego de amor. Pero el alma se siente tan llena de esa llama de amor que no puede realizar nada por sí misma, sino que es ese fuego, el Espíritu Santo quien lo hace todo y quien la mueve a actuar. La condición de "viva" no es resaltada aquí porque no siempre sea viva, sino porque la llama hace al alma vivir en Dios, sentirse en Dios, sentir la vida de Dios, esto es, la vida divina, puede saborear la vida eterna, y es únicamente entonces cuando se siente auténticamente "viva". Algo similar podemos leer en la Biblia, en Salmos 83, 3, cuando el rey David exclama: "Mi alma ha suspirado hasta desfallecer por los atrios de Yavé; / mi corazón y mi carne saltan de júbilo por el Dios vivo".

Aquí el amor es concebido como la inclinación, fuerza y virtud del alma que tiende a ir hacia Dios. Es así que sólo mediante este amor puede el alma unirse con Dios. Sin embargo, podemos preguntarnos cómo puede producir dolor, cómo esa "llama" puede "herir" el alma, tratándose de un alma donde ya no hay nada que herir, pues está ya toda como cauterizada por ese fuego de amor. Debemos pensar entonces que el alma se encuentra todavía en un proceso de purificación, pues antes de que el divino fuego de amor se introduzca y se una completamente al alma, ésta debe ser purgada y purificada hasta llegar a ser perfecta, y ésta sería la tarea del Espíritu Santo en cada alma.

Canción segunda.

¡Oh cauterio süave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.

"Cauterio" es definido por Covarrubias como: "remedio riguroso de que usan los cirujanos, quemando y abriendo las partes apostemadas y otras llagas con hierros ardiendo, pero también tómase por la herida que hace y por el mismo instrumento, que es un hierro". En el comienzo de esta canción segunda nos encontramos pues con un oxímoron, al acompañar a este "cauterio" del adjetivo "süave", siendo términos cuyo sentido se contrapone. Este recurso es muy utilizado en todo el poema, y otros ejemplos son: "tiernamente hieres", "regalada llaga".

Una vez despejadas las dudas sobre el significado de "cauterio", podemos observar como en esta canción se establecen como tres agentes que provocan cada uno su efecto. Así nos encontramos con un "cauterio süave", una "mano blanda" y un "toque delicado" y sus respectivas acciones: "regalada llaga", "a vida eterna sabe" y "toda deuda paga".

Esta pormenorización en tres elementos de esa "llama de amor" que ha centrado la atención de la primera canción, nos lleva a pensar en las tres personas de la Santísima Trinidad de la tradición católica, que afirma la creencia en tres personas que conforman un único Dios. Estas personas son el Padre que crea, el Hijo que salva y el Espíritu que santifica. En el caso de nuestro poema, las tres personas divinas intervienen en esa unión del alma con Dios.

Así pues, el "cauterio süave" sería el Espíritu Santo, que provocaría en ella una "regalada llama". "Regalada" significa aquí "suave, delicada". Por otro lado, la "mano blanda" simbolizaría al Padre, que es quien únicamente puede perdonar los pecados, por lo que su efecto en el alma es que "toda deuda paga". Por último está el "toque delicado" del Hijo que produce gusto, sabor de vida eterna ("que a vida eterna sabe").

Sin embargo, y para no dar lugar a equívocos en la creencia en un Dios que, aunque en tres personas, es único (creencia monoteísta y no politeísta), el alma se dirige en singular a ese "Todo" al que agradece y alaba por haber transformado su muerte en vida ("Matando, muerte en vida has trocado"). Todas las personas cumplen su función en perfecta unión y por eso que el alma se dirija sólo a un interlocutor y no a varios. Este "matando" hace referencia al paso del hombre viejo al hombre nuevo. Muerte (hombre viejo) que es transformada en vida (hombre nuevo). El viejo sólo es movido por los apetitos naturales y sólo puede amar a las criaturas, sin embargo el hombre nuevo es movido por una voluntad sobrenatural, por una voluntad divina y de ahí que pueda amar y degustar la vida divina. Se afirma así la fe cristiana de que el alma humana, si se deja mover por Dios, puede llegar a participar de su misma vida eterna.

Canción tercera.

¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

En esta canción toma protagonismo el elemento de la luz. El alma agradece a su Esposo todos los altos bienes que le ha proporcionado. Una vez se ha dejado iluminar por Él, es cuando puede ser también, en recíproca expresión de amor, calor y luz para su querido, pues antes vivía a ciegas, a oscuras ("las profundas cavernas del sentido, / que estaba oscuro y ciego").

Las "lámparas de fuego" vienen a ser cada uno de los atributos divinos (omnipotente, misericordioso, bueno, justo, sabio...), cada uno de los cuales es una lámpara que da luz y calor al alma. Es el resplandor de esas lámparas lo que convierte al alma en Dios gracias a la comunicación de esos atributos divinos.

El contraste de oscuridad frente a toda esta luz está expresado por "las profundas cavernas del sentido". Y estas cavernas son las potencias del alma, que son tres: memoria, entendimiento y voluntad. Son más "profundas" cuanto mayores son los bienes con que son capaces de llenarse, y estos bienes son más que mayores, pues son infinitos. El mayor bien del que puede llenarse el alma es infinito, es Dios. Esas cavernas, esas potencias del alma, cuando se sienten vacías es cuando sienten el mayor deseo de Dios, deseo de sabiduría (potencia del entendimiento), deseo de la perfección en el amor (potencia de la voluntad) y deseo de deshacerse y abandonarse, olvidarse en Dios (potencia de la memoria). El alma las llama "profundas cavernas del sentido" porque es en ellas donde siente profundamente las grandezas de los atributos divinos.

"Estraños", usado en muchas ocasiones por S. Juan de la Cruz, significa "maravillosos", "admirables". Así lo utiliza también en su Cántico espiritual, en cuyos versos 66-70 leemos: "Mi Amado las montañas, / los valles solitarios nemorosos, / las ínsulas estrañas, / los ríos sonorosos, / el silvo de los ayres amorosos,". Por otro lado, en el último verso de esta tercera canción, la preposición "a" no acompaña a "junto", sino que tiene valor de marca de objeto indirecto, queriendo expresar el destinatario de ese calor y de esa luz, expresando el a quién o para quién. Por último, también en este mismo verso, "junto" no describe entonces una posición de encontrarse cerca o al lado de, sino que expresa simultaneidad, Así, el alma ofrece calor y luz para su "querido" al mismo tiempo que el "querido" puede ofrecer lo mismo para ella.

Canción cuarta.

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

En este último canto el alma agradece al Esposo dos efectos que produce en ella. Uno, el estar en su seno, en su interior; y el otro, el respirar de Dios en el alma.

"Recuerdas", en la época en que se escribe el poema, significa "despiertas", "avivas". Así es utilizado en el famoso verso de Jorge Manrique en las coplas a su padre: "Recuerde el alma dormida". El Esposo despierta en su seno con mansedumbre y con amor. Así, el Esposo mora, vive secretamente en su seno, en el interior del alma. Dice el verso: "donde secretamente solo moras". Es fundamental ese "solo", pues nos sirve para identificar con seguridad al sujeto del anterior "recuerdas", por lo que sabemos que no se refiere a la "llama", sino al "querido" del canto tercero. Por otro lado, "aspirar" tiene aquí el valor de "exhalar", "soplar". Es el Esposo que envía al alma su aire, su respiración, llena de bien y de gloria, y esto la enamora delicadamente.

En resumen, hemos recorrido las distintas formas en que el alma se siente unida a Dios y los efectos que en ella provoca. Desde el primer canto, cuando en su centro más profundo sentía esa "llama de amor viva", suplicándole que rompiese ya la "tela" de esta vida mortal para poder entregarse a gozar de la vida divina; pasando por un "cauterio süave" que la llena de llagas y que transforma esa muerte en vida, en la auténtica vida; deteniéndonos en las "profundas cavernas del sentido", en las potencias del alma, donde las "lámparas de fuego" dan luz y calor al alma, y el alma a un mismo tiempo da también luz y calor al Esposo; y terminando finalmente por sentir su despertar manso y amoroso en su seno y un respirar lleno de bien y de gloria que le hace exclamar: "cuán delicadamente me enamoras!".

Fuentes consultadas:

"Poesía lírica del Siglo de Oro", Elías L. Rivers (Cátedra, Madrid 2004).

Centro Virtual Cervantes:
Anotaciones a Garcilaso, http://cvc.cervantes.es/ACTCULT/garcilaso/anotaciones/prieto.htm

Garcilaso de la Vega. Canciones, http://www.garcilaso.org/obras/canciones.htm

Estrofas
http://roble.cnice.mecd.es/~msanto1/lengua/estrofas.htm

La llama de amor viva
http://perso.wanadoo.fr/famille.delaye/Juan/viva_llama.html

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