Literatura islámica

Letras árabes. Islam. Edad Media. Corán. Religión musulmana. Textos sagrados. Literatura arábigo-andaluza. Averroes. Avicena. Algazel

  • Enviado por: Jordan Fernandez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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LITERATURA ÁRABE MEDIEVAL

Árabe, Literatura, literatura de los pueblos de lengua árabe y uno de los principales vehículos de la civilización islámica. Originaria de los moradores de Arabia, con el tiempo alcanzaría un vasto territorio desde España hasta China.

A pesar de que la literatura árabe clásica estuvo dominada por consideraciones religiosas y eruditas, su valor intrínseco literario y artístico es enorme. Los poemas son enérgicos, dinámicos, realistas y vivaces, en consonancia con el severo ambiente de los poetas; la riqueza de su lengua proporciona variedad y color a los temas canónicos, casi estereotipados. La prosa árabe también posee un estilo muy rico. Para los antiguos árabes, el lenguaje era el principal vehículo del arte, y tanto la poesía como la prosa estaban destinadas a ser oídas. Todavía hoy, la poesía y la oratoria despiertan pasión y entusiasmo entre los árabes.

Época medieval

El ejemplo más destacado de la literatura árabe es el Corán, libro que los musulmanes consideran revelado por Dios a su profeta, Mahoma, en el desierto de Arabia en el siglo VII, y que veneran en todo el mundo. Se trata de la contrapartida islámica a la Torá de los judíos o a los Evangelios de los cristianos. Su estilo literario, considerado inimitable por los musulmanes, se deriva del de los adivinadores árabes preislámicos cuya expresión adoptaba la forma de frases breves con ritmo y rima, pero sin metro. En sus primeras suras, o capítulos, el Corán expresa conceptos religiosos con una belleza y pasión que sólo pueden apreciarse en el texto árabe original.

Aunque es el más importante, el Corán no es el único ejemplo de la creatividad literaria árabe. Se conservan centenares de odas y poemas compuestos un siglo antes de la época del profeta, algunos de ellos traducidos al español. Esta poesía habla de la vida de los beduinos, sus amores, viajes a través del desierto, luchas, rivalidades, ambiciones y odios. Los poetas elogian a sus tribus, sus jeques y, a menudo, a sí mismos. Vituperan amargamente a sus enemigos, retándolos a defenderse con la espada o con la misma sátira acerada. Entre los más destacados se encuentran al-Asha, Amr ibn-Kultum y Imru-al-Qays. Las mejores odas de estos dos últimos están incluidas entre los siete poemas escogidos llamados los Muallaqat ('Suspendidos', poemas hechos para colocarse en el interior de la gran mezquita de la Meca). Otras famosas recopilaciones de la poesía preislámica son el Hamasa de AbuTammam, el Mufaddaliyat, llamado así por su recopilador, al-Mufaddal, y el Kitab al-Agani.

En el ambiente cortesano de La Meca tras la muerte de Mahoma, Umar ibn Abi Rabia compuso poemas de amor que recibieron la desaprobación de los hombres más piadosos. La poesía siguió floreciendo bajo la dinastía omeya (Umayyad, en árabe; 661-750), pero tendió a hacerse artificial y a perpetuar formas que representaban un tipo de vida que iba desapareciendo. Los poetas más importantes de este periodo fueron al-Farazdaq y Jarir, entre los que existió una larga y famosa contienda poética. El poeta del siglo X al-Mutanabbi está considerado como el último de los grandes poetas árabes. En los siglos siguientes poetas didácticos, como Abul-Alá al-Maarrí, trataron de problemas filosóficos y políticos.

La prosa árabe, al igual que la poesía, floreció desde los primeros tiempos. Las obras más antiguas que sobreviven, como el preislámico Aiyam al-Arab, son historias que conmemoran guerras tribales, también redactadas mucho después de la muerte del Profeta. Con la expansión del islam, la temática de la vida de Mahoma y de las conquistas islámicas dominó la literatura árabe y musulmana. El historiador árabe Ibn-Ishaq escribió una biografía del Profeta. Otro comentarista árabe, al-Tabari, escribió unos Anales, historia del mundo desde su creación hasta el año 914, la más extensa del comienzo del islam. La búsqueda de normas de conducta en los terrenos religioso, personal y legal, dio origen a la literatura Hadíz (Tradiciones) y Fiqh (Canon de la ley). Los comentarios sobre estas materias y los voluminosos diccionarios biográficos de las autoridades de quienes provenían las leyes y las costumbres, forman la parte principal de la literatura medieval árabe.

En centros de la vida árabe como Basora, Kufa y Bagdad, así como en los territorios conquistados en Irán y España, se fundaron academias para el estudio de la filología, la teología, la ley y la filosofía. El pensamiento filosófico islámico se impulsó a través del estudio de los antiguos filósofos griegos, cuyas obras fueron traducidas por eruditos árabes, sirios y hebreos a sus respectivas lenguas. La filosofía neoplatónica también entró a formar parte del pensamiento, sobre todo a partir de los escritos de Alfarabí. Una de las obras más importantes, La ciudad ideal, versa sobre una teoría del arte del gobierno en términos neoplatónicos. En contraposición con esta obra, que idealiza el estado como una emanación del Todo-Uno (Dios) con el Profeta como su líder ideal, otras obras sobre el arte de gobernar, como Los Principios del Gobierno, de al-Mawardi, tratan de política práctica y de problemas legales del estado musulmán. Las conflictivas ideas sobre la esencia de Dios y la libre voluntad o la naturaleza eterna del Corán estimularon las discusiones filosóficas y originaron escuelas de pensamiento disidentes. En los siglos XII y XIII, el sufismo islámico, o misticismo, se expresó literariamente a través de la poesía de Ibn al-Faridand Ibn al-Arabí y en los Escritos de los Hermanos de la Pureza. Parte de los grandes filósofos medievales escribieron en árabe y su obra se estudió en occidente e influyó enormemente en el desarrollo de la escolástica. Los más destacados fueron Averroes (Ibn Rushd), Avicena (Ibn Sina) y Algazel.

Junto con las obras de los sabios se desarrolló una literatura popular constituida por narraciones que los contadores de historias declamaban por los bazares del Próximo Oriente; forman una tradición oral que todavía pervive en esta parte del mundo. Los héroes de la antigüedad y el famoso califa del siglo VIII, Harun ar-Rashid, se convirtieron en protagonistas de cuentos románticos e imaginativos como el Romance de Antar y las famosas Mil y una noches. Estos romances, que surgen como entretenimiento para las masas, despreciaban el estilo y el lenguaje clásicos, por lo que fueron considerados indignos por los sabios. Más del gusto de los eruditos y nobles fueron los famosos Maqamat (Asambleas) del poeta al-Hamadani y las Maqamat del escritor al-Harirí, que se crearon tanto para instruir como para divertir. El gramático al-Zamajshari juzgó que cada línea de la obra de al-Harirí era merecedora de "estar escrita en oro".

A la brillante vida intelectual de la edad media siguió un largo periodo de estancamiento. Durante seis siglos la actividad de los eruditos se limitó casi por completo a comentarios devotos sobre las obras de sus anteriores maestros; recopilaciones de sus estudios históricos, teológicos y legales, y antologías de libros anteriores. Aunque no carecen de valor para los historiadores y eruditos modernos, estas obras aceptan la tradición sin reservas ni análisis crítico.

CORÁN

Corán (en árabe, al-Qur'an), texto sagrado del islam. El nombre en árabe indica algo 'leído' o 'recitado'. Esta palabra puede ser una forma arabizada de origen sirio. Se aplica al libro que contiene lo que para los musulmanes fueron una serie de revelaciones de Alá (Dios) a Mahoma durante su estancia en La Meca (Makka) y Medina (al-Madinah) durante las primeras décadas del siglo VII.

La composición del Corán

Las revelaciones se hicieron en árabe y, según las más tradicionales creencias musulmanas, a través del arcángel Gabriel (Yibrail). Según la tradición, cuando Mahoma proclamó estas revelaciones a sus seguidores, éstas eran memorizadas o a veces se servían de hojas de palma, fragmentos de hueso, pieles de animales o utensilios similares para escribirlas. Tras la muerte de Mahoma en el año 632 d.C., sus seguidores comenzaron a recoger estas revelaciones que, hacia el año 650 durante el califato de Utmán, fueron al fin recopiladas en el Corán tal y como hoy lo conocemos. La escritura árabe sólo muestra las consonantes y no las vocales, y según la tradición las vocales fueron introducidas más tarde en el texto. Hacia el siglo IV del islam (siglo X de la cronología cristiana) se desarrollaron varias formas de lectura (añadiendo vocales) del texto consonántico original y se le dieron validez a siete de ellas.

No deben confundirse estas lecturas aceptadas con las diferentes versiones de textos correspondientes a ciertos pasajes del Corán preservados por la tradición musulmana. Dichas versiones tendrían su procedencia en las versiones del Corán conservadas por algunos de los acompañantes de Mahoma, pero diferían de la original y fueron sustituidas por la versión oficial de Utman. Por lo general, estas versiones no entrañan ninguna consecuencia importante aunque a veces ofrecen un apoyo para entender un punto de vista de una cuestión religiosa o legal discutida entre musulmanes.

La mayoría de los investigadores modernos no musulmanes ha aceptado las teorías tradicionales sobre la composición del texto del Corán tal y como lo conocemos hoy en día. No obstante, en épocas más próximas a nosotros han surgido nuevas ideas aplicadas a las teorías y métodos del Corán que han demostrado ser muy útiles para el análisis de la Biblia.

Forma y contenido

El Corán está dividido en 114 capítulos (suras), cada uno con un título diferente. Los capítulos se dividen en versículos (ayat). La división en versículos es posterior a la división en capítulos y no es siempre la misma, dependiendo de las diferentes ediciones del texto. En cuanto a extensión, el Corán posee una extensión aproximada a la del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. Este libro sagrado no está ordenado en la forma cronológica en que se cree que fue revelado a Mahoma sino según la amplitud de los episodios. Por lo general, los capítulos son más pequeños a medida que avanzamos hacia el final del libro. La única excepción a esta regla es el capítulo 1 (la Fatiha) que es relativamente corto. El capítulo 2 es el más largo (286 versos en las ediciones más comunes) mientras que el capítulo 114 (6 versículos) es el más breve.

El árabe en que está escrito el Corán se distingue de cualquier otra de sus variantes idiomáticas. Es una mezcla de prosa y poesía sin métrica. Su estilo es alusivo y elíptico, con una gramática y un vocabulario a menudo difícil. Al igual que muchas otras escrituras está sujeto a diferentes interpretaciones, en algunos pasajes es difícil de entender y por lo común se aprende dentro de una comunidad musulmana que ha adoptado una línea de interpretación tradicional. El del Corán se ha considerado el ejemplo de lengua árabe más perfecto. Además, puesto que se acepta entre los musulmanes el hecho de que el Profeta era analfabeto, siempre se ha considerado un milagro que un trabajo semejante fuera realizado por él.

En lo que a contenido se refiere, consiste ante todo en un conjunto de preceptos y recomendaciones éticas y morales, advertencias sobre la llegada del último día y el juicio final, historias sobre profetas anteriores a Mahoma y sobre los pueblos a los que fueron enviados, y preceptos relativos a la religión y otras materias sociales como el matrimonio, el divorcio o la herencia. El mensaje, en esencia, es que hay un solo Dios, creador de todas las cosas, que es el único al que hay que servir practicando un culto y observando una conducta correcta. Dios es siempre misericordioso y se ha dirigido a la humanidad para que le venere en la persona de diversos profetas enviados por Él, pero estos profetas fueron rechazados una y otra vez. Los temas generales del Corán y muchas de las historias ilustrativas comparten las escrituras cristianas y judías aunque a menudo se desarrollan de forma diferente. Muchos detalles de las historias sobre los primeros profetas se asemejan más a las versiones que encontramos en los apócrifos judíos y cristianos, que a las versiones encontradas en la Biblia.

Importancia e interpretación del Corán

El Corán ha sido aceptado por la mayoría de los musulmanes como la palabra de Dios en sentido literal. Por ello, se encuentra en el centro del islam y es comparable a la Torá para los judíos o a la figura de Jesús para los cristianos. La oración diaria obligatoria incluye la recitación de pasajes del Corán y la educación incluía su aprendizaje de memoria. Para los musulmanes, está considerado como una de las fuentes principales del Derecho islámico (junto con la sunna, comportamiento y prácticas del Profeta y las enseñanzas de los imanes para los Chiítas).

No obstante, no debe pensarse que el Corán es todo el islam, aunque algunos musulmanes lo hayan afirmado. También es difícil aceptar las afirmaciones donde a veces se establece que el Corán representa el verdadero islam oponiéndose a las ampliaciones hechas por el hombre, que consideran corruptas y que están contenidas dentro de las enseñanzas musulmanas tradicionales. Sin la tradición interpretativa que lo acompaña, la mayoría del Corán sería muy difícil de comprender. Incluso la opinión de que contiene una serie de revelaciones hechas a Mahoma depende de la tradición, ya que ni siquiera las afirmaciones del propio texto del Corán están libres de complejas ambigüedades.

La interpretación del Corán (tafsir) es un campo de investigación islámica que ha perdurado desde la época en que se estableció el texto por primera vez hasta nuestros días. Se han escrito numerosos libros sobre el tema. Contamos con comentarios atribuidos a estudiosos de los tres primeros siglos del islam, pero el trabajo reciente más importante de tafsir pertenece a al-Tabari (fallecido en el año 923). Este trabajo analiza cada verso del Corán y ofrece diversas opiniones de estudiosos de la época en relación con la vocalización, gramática, lexicografía, interpretación ética y moral, y la relación del texto con la vida de Mahoma. Los diferentes puntos de vista están recogidos sin ningún tipo de comentario, aunque a menudo al-Tabari indica cuál de ellos prefiere.

Muchos de los comentarios posteriores han seguido el procedimiento utilizado por al-Tabari pero otros han sido más simples y breves, seleccionando sólo algunos versos para su comentario, limitándose a una o varias interpretaciones seleccionadas o centrándose en el estudio de un tema particular como el vocabulario coránico considerado como de una especial complejidad teológica.

La mayoría de los trabajos realizados tratan acerca de 'las ocasiones de la revelación'. Los versos individuales y los grupos de versos están relacionados con la vida de Mahoma y se entiende que fueron revelados en conexión con incidentes específicos de su vida o para resolver problemas concretos a los que se enfrentaba. Así pues, se entiende que el texto tiene relación con el entorno cercano a la vida de Mahoma y un significado más universal y atemporal.

Algunos investigadores no musulmanes creen que determinados aspectos de la vida de Mahoma han sido creados a partir de ciertos versos del Corán. Este proceso ha sido descrito como midrásico debido a la semejanza con la manera en que la tradición judía creó las historias del Midrás sobre personajes bíblicos durante la elaboración del texto de la Biblia. Si esto es cierto, la explicación del Corán por referencias a la biografía del Profeta implicaría un método de razonamiento circular.

La tradición del tafsir ha reflejado a menudo divergencias y tendencias dentro del islam. La interpretación chiíta de algunos versos en particular varía radicalmente respecto a la sunita, encontrando, por ejemplo, referencias al estatuto especial de Ali ibn Abi Talib y los imanes en los versos coránicos. En los últimos tiempos tanto los modernistas reformistas como los fundamentalistas han interpretado el texto de manera que éste se adapte a sus respectivos puntos de vista. Algunos han llegado a afirmar que el Corán no sólo está conforme con muchas de las ideas de la ciencia moderna sino que en realidad las predice. Es a menudo la propia naturaleza opaca del texto coránico la que hace que aparezcan interpretaciones tan divergentes.

Literatura arábigo-andaluza

La península Ibérica fue invadida por los árabes en el año 710, y en el 715 prácticamente toda la Península estaba bajo dominio islámico. La capital de Al Andalus se estableció en Córdoba. A pesar de que Abd al-Rahmán I proclamó la independencia de Al Andalus, los contactos religiosos y culturales siguieron vivos, aunque sólo fuera por el precepto islámico de peregrinar a La Meca, viaje que suponía para los peregrinos un rico contacto cultural con las ciudades orientales como Bagad o El Cairo. Así fue como se introdujo la poesía árabe en la naciente cultura arábigo-andaluza. Entre los principales eruditos y recopiladores de esta época destacan Ibn Abd Rabbini (860-940) y Abú al-Qali (901-967), al que se deben estudios sobre poesía antigua; Ibn Bassan de Santarén (?-1147) realizo la antología conocida como Dahira (Tesoro) de gran valor literario e histórico; otra antología notable es el Libro de la esfera de la literatura compilado por Said al-Magrabi de Alcalá la Real.

Con el fin de dar esplendor a su emirato independiente, Abd al-Rahmán llevó a Al Andalus a los artistas más eminentes; éstos crearon escuela y pronto tuvieron magníficos seguidores autóctonos, como Yahya al-Hakam al-Bakrí (?-864) conocido como Al-Gazal, por su belleza, y que escribió poesía satírica, y Abd al-Malik (796-852), que fue el primer historiador andalusí.

Abd al-Rahmán III se rodeó de poetas y eruditos para conseguir una conciencia nacional y así surgen dos escuelas poéticas características, la sevillana, más proclive a la poesía amorosa y lírica, y la cordobesa, más intelectual y filosófica. Pero el gran protector de las artes y las ciencias fue Al Hakam y durante su reinado aparecieron obras como el Libro de los huertos, una antología de poetas arábigo-andaluces. Es una época de veladas palaciegas y poetas cortesanos en las que participó Almanzor y destacó el gran poeta Ibn Hani de Elvira (?-972).

Tras la descomposición del poderío Omeya surgieron los reinos de Taifas que aunque desde un punto de vista político y militar se debilitaron, en ellos las letras arábigo-andaluzas alcanzaron un gran desarrollo. En Sevilla sobresalió al-Mutadid y en Córdoba Ibn Hazm (944-1064) autor de El collar de la paloma, un tratado amoroso que se difundió por toda Europa. En el reino de Badajoz se cultivó la investigación y la historia, y en el de Zaragoza destacó el filósofo Ibn Bagga (?-1138).

Con la llegada de los almorávides, más toscos que los refinados andalusíes, la literatura cortesana, intelectual y elitista cede ante otra más popular; a esta época pertenecen las moaxajas, composiciones líricas en algunas de las cuales se han encontrado jarchas. Este género fue cultivado con gran maestría por Ibn Quzmán (c. 1078-1160). Las grandes figuras de este periodo son Ibn Hafaga de Alcira (?-1134) e Ibn al-Zaqqah.

Los almohades fueron una potencia religiosa que predicaban la unidad de Alá desde la pureza del Corán. Con ellos se desarrolló una literatura filosófica de gran hondura en la que destacaron figuras como Tufayl de Guadix, autor de El viviente hijo del vigilante —que fue conocido durante la edad media como el 'Filósofo autodidacta'—, el gran Ibn Rusd (1126-1198) al que los escolásticos llamaron Averroes e Ibn al-Arabi de Murcia, la figura más representativa del sufismo arábigo-español.

Los últimos años del reino de Granada estuvieron marcados por las crisis políticas y económicas y las letras no fueron tan brillantes como en épocas anteriores, aunque muchos autores árabes o mudéjares siguieron trabajando en los reinos cristianos y su influencia ya se había dejado sentir en toda Europa.

El Corán y la teología musulmana

Una de las mayores disputas en los orígenes del islam trataba la cuestión de si el Corán debía ser considerado como algo creado en el tiempo o como algo no creado y eterno. La base de la disputa (véase Alá; Suní) era complicada y afectaba a cuestiones teológicas y otras referidas a la autoridad relativa de los califas y los estudiosos de la religión (ulemas). La opinión de que era algo no creado se hizo dominante pero se oponía a la interpretación de grupos importantes dentro del islam, principalmente los chiítas.

AUTORES

Averroes (1126-1198), cuyo nombre conocido en árabe era Ibn Rushd, filósofo árabe musulmán, físico, jurista maliki y teólogo ashari, nació en Córdoba, España. Su padre, un juez de Córdoba, le enseñó jurisprudencia musulmana. En su ciudad natal también estudió teología, filosofía occidental y matemáticas con el filósofo árabe Ibn Tufayl, y medicina con el médico árabe Avenzoar. Averroes fue designado juez en Sevilla en 1169 y en Córdoba en 1171; en 1182 se convirtió en el médico de Abu Yaqub Yusuf, el califa almohade de Marruecos y de la España musulmana. La idea de Averroes de que la razón prima sobre la religión le llevó al exilio en 1195 por orden de Abu Yusuf Yaqub al-Mansur; fue restituido poco antes de su muerte.

Averroes mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos caminos: a través de la filosofía (según pensaba el griego clásico Aristóteles y los neoplatónicos de la antigüedad tardía) y a través de la religión (como se refleja en la idea simplificada y alegórica de los libros de la revelación). Aunque en realidad Averroes no propuso la existencia de dos tipos de verdades, filosófica y religiosa, sus ideas fueron interpretadas por los pensadores cristianos, que las clasificaron de "teoría de la doble verdad". Rechazó el concepto de la creación del mundo en el tiempo: mantenía que el mundo no tiene principio. Dios es el "primer motor", la fuerza propulsora de todo movimiento, que transforma lo potencial en lo real. El alma individual humana emana del alma universal unificada. Los amplios comentarios de Averroes sobre la obras de Aristóteles fueron traducidos al latín y al hebreo y tuvo gran influencia tanto en la escolástica y la filosofía cristiana (en la Europa medieval) como en los filósofos judíos de la edad media. Su principal obra original fue Tahafut al-Tahafut (árabe, "La destrucción de la destrucción"), donde rebate una obra del teólogo islámico Algazel sobre la filosofía. Es también autor de obras sobre medicina, astronomía, derecho y gramática.

Avicena (980-1037), conocido en el mundo musulmán como Ibn Sina, filósofo y médico islámico persa, nacido cerca de Bujara (hoy Uzbekistán). Hijo de un funcionario del gobierno, estudió medicina y filosofía en Bujara. Con 18 años fue nombrado médico de la corte del soberano samaní de Bujara. Permaneció en ese cargo hasta la caída del imperio samaní en 999, y pasó los últimos 14 años de su vida actuando como consejero científico y médico del gobernante de Ispahán.

Considerado por los musulmanes como uno de los mayores filósofos islámicos, Avicena es una figura importante en el campo de la medicina y de la filosofía. Su obra El canon de la medicina fue durante mucho tiempo un libro de texto preeminente en Oriente Próximo y Europa. Es significativo como clasificación y sumario sistemático del conocimiento médico y farmacéutico de su época y anterior a su tiempo. La primera traducción al latín de esta obra se hizo en el siglo XII, la versión hebrea apareció en 1491 y el texto en árabe en 1593, fue el segundo que se imprimió en lengua árabe.

Su obra más conocida es Kitab ash-Shifa (El libro de la curación), un compendio de tratados sobre lógica, metafísica, antropología aristotélica, ciencias naturales y otros temas. La filosofía de Avicena era una combinación de la filosofía de Aristóteles y del neoplatonismo. Al igual que la mayoría de los filósofos medievales, negaba la inmortalidad del alma individual, del interés de Dios por los particulares y de la creación del mundo en el tiempo, todos ellos temas centrales de la corriente principal de la doctrina islámica. Avicena se convirtió en el principal blanco de los ataques de los teólogos suníes, como Algazel. No obstante, la filosofía de Avicena fue muy influyente a lo largo de la edad media.

ºAlgazel (1058-1111), nombre completo Abu Hamid Muhammad ibn Muhammad at-Tusi al Ghazali, filósofo y teólogo islámico cuyo nombre en latín es Algazel. Nació en Tus, cerca de Meshed, Persia (ahora Irán) y tras adquirir una reputación excelente como erudito, fue designado en 1091 por Nizam al-Mulk, visir del sultán de Seljuk, para enseñar en la Universidad Nizamiya en Bagdad. En 1095, tras una crisis personal de fe, renunció a su posición, abandonó a su familia, y se convirtió en un asceta. Después de diez años de meditación y de vivir como vagabundo, aceptó otro trabajo en la enseñanza en Nishapur, pero lo dejó poco tiempo después y se retiró a Tus.

Algazel relató su lucha interna y la solución religiosa que encontró al fin en La liberación del error, una obra que ha sido comparada con Las confesiones de san Agustín. En El renacer de la ciencia religiosa, presentó su visión unificada de la religión, incorporando elementos de los tres orígenes antes considerados contradictorios: tradición, intelectualismo y misticismo. Esta obra ha sido considerada el texto religioso más importante escrito por un musulmán, después del Corán. Tras criticar los métodos de la filosofía occidental, Algazel empezó a refutar las teorías neoplatónicas de otros filósofos musulmanes, en particular las de Avicena, que se oponían a determinadas doctrinas religiosas ortodoxas como la de la creación, la inmortalidad del alma, y la divina providencia. Su ataque a la teoría filosófica y la especulación, enunciado en su obra La destrucción de los filósofos, fue en gran parte responsable del declive final del elemento racionalista existente en el islam.

BIBLIOGRAFÍA

"Árabe, Literatura", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 98 © 1993-1997 Microsoft Corporation.

Autores árabes”, Enciclopedia Microsoft® Encarta® 98 © 1993-1997 Microsoft Corporation.

“Corán”, Enciclopedia Microsoft® Encarta® 98 © 1993-1997 Microsoft Corporation.