Literatura hispanoamericana siglo XX

Narrativa contemporanea. Novela. El Tunel; Ernesto Sábato. La familia de Pascual Duarte; Camilo José Cela. San Manuel Bueno, mártir; Miguel de Unamuno. El año del diluvio; Eduardo Mendoza. Caperucita en Manhattan; Carmen Martín Gaite

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ÍNDICE

El Túnel, Ernesto Sábato. ...................................................................... 2

La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela. ................................. 4

San Manuel Bueno, mártir, Miguel de Unamuno. ................................ 6

El año del diluvio, Eduardo Mendoza. ................................................... 8

Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite. ................................. 10

Ernesto Sábato, El Túnel, Unidad Editorial, 1999, Madrid.

El Túnel es una novela sencilla de leer y con grandes virtudes. Impresiona desde el principio y te atrapa en un mundo en el que las sensaciones angustiosas no dejan de crecer. No por ser fácil de leer resulta menos dura para el lector.

Ernesto Sábato es muy concreto narrando esta historia de amor, celos, pasión, odio, soledad, frustración, desesperanza y muerte. El lector descubre el existencialismo perfectamente definido, una corriente de la filosofía en la que se enfatiza el aislamiento de la experiencia del individuo en un mundo hostil e indiferente, centrada en lo inexplicable de la existencia humana.

Se trata pues de una novela profundamente pesimista, enfocada en la incapacidad del hombre de controlar el mundo que hay alrededor de él.

Juan Pablo Castel es un pintor que vive en Buenos Aires, cuyo destino parece ser la más absoluta soledad física y espiritual. Se trata de un hombre inteligente, irónico, obsesivo, calculador, cruel, paranoico, frío, que a lo largo de la obra, narrada en primera persona de forma retrospectiva, se va dando cuenta de lo humano que es. Un hombre escéptico, profundamente negativo, pesimista, misántropo y cínico.

Su misantropía se ve claramente a lo largo de toda la lectura, en la que aparecen adjetivos como insignificancia, ingratitud, soberbia, vanidad, innobleza, frivolidad, superficialidad, desconocimiento... para describir la condición humana de forma constante.

Envuelto por la soledad, completamente incomunicado, absolutamente introvertido. Encerrado en su mundo, en su túnel, parece ver un poco de luz (que llama “sol nocturno”) al conocer a María Iribarne, de quien se enamora. Poco a poco este amor se convierte en una necesidad de posesión total de su amada, y el amor termina transformándose en odio y se ve envuelto por una necesidad imperiosa de matarla.

A través de los diálogos internos del protagonista y de sus conversaciones con su amada, se ve el proceso torturador en que entra la relación. Poco a poco el narrador nos hace creer en la violencia como única salida a su amor; parece ser que el objeto de su obsesión es una mujer contradictoria que termina descubriéndole su propia locura. Castel, hombre en quien impera la lógica, se equivoca, y con sus actos demuestra que el mundo no es racional. (Esta parte no racional queda metafóricamente expuesta en la descripción de los sueños de Castel)

Otros personajes cuya aparición merece la pena mencionar son el marido de María Iribarne, un hombre estable, seguro, ciego, que podría asomar en la obra como un pequeño rayo de esperanza en la raza humana. Los primos del marido, en cambio se presentan odiosos, frívolos, superficiales.

Podría atisbarse una cierta esperanza en la historia, pero el hecho de que termine con una tormenta en el mar, con un asesinato, realmente hace que el túnel sea demasiado gris.

Envuelve el mundo moderno en sentimientos de desesperación en un mundo moderno, en la sensación de que la vida es oscura y sin esperanza. A pesar de revelarnos el desenlace al principio de la obra, Ernesto Sábato consigue enganchar al lector despertando su curiosidad por la trama, aumentando la tensión, describiendo con agudeza el proceso paranoico del protagonista. Escrito en el presente para desarrollar hechos pasados despierta cierta ternura por un personaje tan negro, tan racional, inteligente, tan centrado en su propio punto de vista, por otra parte tan creíble, y con el que es tan sencillo sentir compasión, pues pretende racionalizar un mundo que no es posible racionalizar.

Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte, Ed. Seix Barral, 1983, Barcelona.

De una forma absolutamente estremecedora, Cela en esta obra nos mete en la piel de un personaje con una vida tremendamente dura. Nos introduce en este ser tan humano que es Pascual Duarte de manera tan real que es imposible permanecer indiferente durante la lectura.

Es el propio protagonista quien narra la historia, un campesino extremeño, que desde la cárcel empieza a escribir su autobiografía, como pública confesión que envía al Sr. Barrera en el año 1937. Cuenta una vida atroz, y describe episodios de gran violencia en un ambiente rural y de gran humildad en Extremadura.

Se estructura la obra en tres partes, una primera centrada en la descripción de la historia de su familia, directa, que describe cómo era golpeado por su padre de niño, su relación con su madre alcohólica, los nacimientos de su hermana Rosario y su hermano Mario (hijo bastardo y un pobre desgraciado), la muerte de su padre a causa de la rabia, así como la espeluznante vida y muerte de su hermano (quien muere ahogado en un barreño), su matrimonio con Lola, y sus hijos fallecidos (el primero, un embarazo que no llegó a buen fin, y una enfermedad por el frío contando con tan solo un año el segundo).

Una segunda parte es la huída del protagonista de esta vida rural, su marcha a La Coruña, con intención de viajar a las Américas. Regresa tras dos años fuera y encuentra un recibimiento terrible: su madre que no parece alegrarse, ni perdonarle la existencia (“como si hubiera preferido no verme”); su mujer preñada por El Estirao, que a su vez es el chulo de su hermana; y a su hermana totalmente degradada. Muere su mujer y es Rosario, su hermana, la única persona que le sirve de consuelo. Asesina al Estirao y es llevado a la cárcel durante tres años.

Regresa a su casa de nuevo, con esperanza de ser bien recibido esta vez, y deseando ver a su hermana, quien le ha buscado novia para casarse, Esperanza, quien lleva enamorada de él desde hace años. Su madre continúa haciéndole la vida imposible y Pascual Duarte termina asesinando a su propia madre.

No es este el motivo real de que sea condenado a garrote Pascual Duarte, la narración parece incompleta, no se sabe bien por qué, pero por su presentación se deduce que es condenado a muerte por el asesinato del Conde de Torremejía, a quien dedica su escrito, obra que le sirve de catarsis vital.

El autor marca un ritmo reflexivo en la lectura. La introspección que desde el corredor de la muerte hace es tan clara, la estructura tan real, pues el personaje emplea un lenguaje natural, casi oral, las descripciones tan humanas, el ritmo tan natural, que hace al lector sentir que los pelos se encrespan.

No sólo enseña tragedia, hay también momentos de felicidad, como cuando nace su segundo hijo, o cuando ve el mar por primera vez. Lo que ayuda a perfilar este tono tan cierto. Hace vivir el aquí y ahora del narrador con gran intensidad. Es un hombre bruto, a quien no acompaña la buena suerte, bondadoso y confiado, impulsivo, arrepentido, que tiene en gran estima la amistad, cruel (en su manera de describir a otras personas, p.e. su madre, o cuando describe ciertos episodios de su vida), piadoso (aunque toda la piedad de este se centre en Rosario, a quien sabe “desgraciada y buena” y con quien se siente identificado), y profundamente necesitado de estima. Como declaró el Padre Lurueña, quien le confesó antes de salir al cadalso, Pascual Duarte era “un manso cordero, acorralado y asustado por la vida”.

Resulta truculento que uno mismo acabe creyendo que el protagonista es mejor persona que cualquiera de sus víctimas, pero es éste el pensamiento con el que, desde luego, cierro la última página. Convencida.

Aparecen otros personajes importantes en la vida del protagonista, como son Engracia, la curandera del pueblo, muy cercana a la familia y testigo de los grandes acontecimientos de la misma; Don Manuel, el cura del pueblo, con quien Pascual se lleva bien desde que muere su padre hasta que se casa; o Don Conrado, director del penal de Badajoz. Todos ellos se muestran bastante cercanos y comprensivos con Pascual. Pero no por ellos deja de ser Pascual un hombre infeliz, abandonado y solitario, resultado de la suerte que le ha tocado vivir.

Miguel de Unamuno, San Manuel Bueno, mártir, Ed. Cátedra, 1982, Madrid.

Deliciosa lectura que Miguel de Unamuno pone en nuestras manos con San Manuel Bueno, mártir. Corta y sencilla en su redacción y estructura, pero profunda y completa, llena de simbolismo de principio a fin.

Novela organizada en torno a las acciones ante el pueblo del párroco de Valverde, y la lucha interior del mismo: Es don Manuel Bueno un personaje paradójico que se debate entre la voluntad de vivir como creyente y la imposibilidad de creer. Precisamente, son estas contradicciones el motor de la obra.

Personaje que vive con angustia existencial, que agoniza aceptando como único pilar verdadero el amor al prójimo. Su verdadero fin vital es alegrar a su pueblo “(...)estoy para hacer vivir las almas de mis feligreses, para hacer que se sueñen inmortales, no para matarles. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían

En numerosas ocasiones se establece identificación simbólica don Manuel y Cristo (se llaman igual y se hace referencia continua a textos bíblicos p.e. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” o el paralelismo entre “Cristo entre los hombres” y “don Manuel en Valverde”...)

Se hace también referencia a la figura de Moisés de forma evidente, el mismo don Manuel lo expresa antes de morir con Lázaro, a quien encomienda la misma misión que encomendó Moisés a Josué al morir.

Muy apreciado por el pueblo, admirado por todo Valverde, se nos define a través de los ojos de Ángela, quien narra la historia. Ángela, también envuelta en símbolos (para empezar, su nombre, que significa mensajero), es testigo de todo lo ocurrido, y lo cuenta desde su más sincera subjetividad, dado que ella ha formado parte de la historia de manera activa. Cumple asimismo papel de hija y de madre con respecto a don Manuel (es su “padre espiritual”, pero a ella también se le “estremecían las entrañas maternales” cuando sale en cierta ocasión de la iglesia después de confesarle). Mujer de una fe extraordinaria se contrapone a Lázaro, su hermano en este sentido. Lázaro es ateo convencido, anticlerical. También lleno de simbología, pues es a Lázaro a quien en el evangelio Cristo resucita. Los dos hermanos comparten en cambio una excelente relación con don Manuel, incluso casi se podría decir de subordinación, desde estas perspectivas tan diferentes.

Lázaro al principio se sorprende al conocer a don Manuel, y desconfía de él, pues le ve muy inteligente para creer en todo lo que predica, y es precisamente por esto que don Manuel confiesa su verdad a Lázaro, y le convence del beneficio de mantener al pueblo en sus creencias religiosas.

Es Lázaro también quien introduce el tema de la utilidad de la ocupación por los problemas sociales “(...)le propuso si no estaría bien que fundasen en la iglesia algo así como un sindicato católico agrario”. Ante esta propuesta don Manuel responde con un “no protestemos, la protesta mata el contento”.

Otro personaje fundamental en la obra es Blasillo, representante máximo de la fe ciega. Profundamente inocente, y tratado con gran cariño en la obra. Al morir don Manuel, muere también Blasillo, culminando simbólicamente la identificación del pueblo con su párroco.

Se utiliza la leyenda de la ciudad sumergida en el lago como símbolo de la intrahistoria, del recuerdo de los muertos que marcaron (y marcan) nuestras vidas, así las campanas de la aldea sumergida se pueden escuchar hoy. Aldea sumergida en un lago azul que refleja el cielo de la vida eterna de la que los mismos muertos ya gozan.

No sólo sirve como símbolo de la conciencia colectiva, sino como símbolo de la conciencia del protagonista había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago”, “Leí no sé qué honda tristeza en sus ojos, azules como las aguas del lago”.

A partir del lago surge la montaña, símbolo de la firme fe del pueblo, que se eleva al cielo. Y luego la nieve que al caer, en el lago muere y la montaña la cubre, al igual que la fe con las personas.

Desde un principio, la narradora nos deja formar parte de un secreto y de una realidad. Al poco de empezar nos dice ya: “a nuestro personaje sería mejor llamarle «San Manuel Bueno» que «Don Manuel». Esta sensación pues de misterio, nos prepara para el juego de perspectivas en que nos hace entrar Unamuno con esta maravillosa obra.

Eduardo Mendoza, El año del diluvio, Ed. Seix Barral, 1992, Barcelona.

El año del diluvio es la historia de un amor. Las lluvias e inundaciones que devastan la comarca de Basora, coinciden con la llamada de la pasión a Sor Consuelo, que se ve atrapada en una imprevista y violenta atracción por Augusto Aixelá.

La historia se desarrolla en el campo, durante los años de posguerra civil española. Una religiosa de carácter fuerte y decidido (Sor Consuelo), que administra un ruinoso hospital, necesita conseguir financiación para llevar a cabo su proyecto de transformarlo en una residencia de ancianos. Se dirige al cacique del pueblo, un hombre, bien definido por la protagonista, como un embustero (Augusto Aixelá), para que apoye a la congregación económicamente. Pero la historia empieza a cambiar su curso cuando éste la seduce.

Las inundaciones coinciden pues con el conocimiento de la monja y del cacique, así como con el proyecto de creación del asilo. Es curioso como tanto las lluvias torrenciales como la llamada del amor arrasan con todo lo que hay al paso, y hacen reflexionar al lector, y al propio personaje principal, sobre la huida de la realidad y la focalización en sueños, por otra parte tan humanas y necesarias para el hombre.

Ella, que es una mujer firme, perseverante, inteligente y pasional, se debate entre la naturalidad y la compostura, entre sus deseos inmediatos y las promesas realizadas, entre lo que es su deber y sus necesidades personales. Capaz de analizar con detalle diferentes situaciones, percibe cuándo está dejando de ser objetiva gracias a la auto-percepción de su humor cambiante.

Él, un hombre con poder en la zona, odiado por otras gentes, solitario y egoísta, cazador y coleccionista, cobarde, pero de gran atractivo para las mujeres, es el objeto de deseo de nuestra protagonista. Cuando está con él ella siente tranquilidad.

Cuando Sor Consuelo confiesa en una carta a su Superiora lo que está ocurriendo, sale el sol. Hasta entonces todo lo descrito desde que cae en brazos de Augusto Aixelá, son formas tenebrosas y olores nauseabundos.

Esta carta, que nunca llegó a ser entregada a su destinatario es interceptada por un bandolero, la persona a quien más teme Augusto Aixelá y por ello a la que más persigue. El bandolero, hombre presentado como noble por el narrador, acude a Sor Consuelo antes de morir para que le atienda, y es él quien le abre los ojos, y el que la ayuda a volver a su camino. Es él quien facilita el donativo a la congregación para el proyecto. Comienza a llover de nuevo cuando es alcanzado por la muerte.

Otros temas que se tocan en la obra:

Con el bandolero y la guardesa de la finca del cacique, se invita a la observación de las diferencias de clase.

Con el asilo, a la reflexión sobre la prolongación de la vida gracias a los avances de la medicina.

Se aproxima a diferentes filosofías y creencias con cada uno de los personajes, p.e. el bandolero cree que el hombre es malo por naturaleza (“...nací malo y la sociedad me hizo aún peor...”).

Trata la cuestión de la relación del hombre y el medio natural: es Augusto Aixelá cazador y caza presas fuera de la temporada de veda.

Obra simple, de lectura rápida, predecible y de interpretación evidente. Carmen Martín Gaite, Caperucita en Manhattan, Ed. Siruela, Madrid 1998.

Caperucita en Manhattan es una versión moderna de la clásica versión de Perrault del cuento popular que pretendía aleccionar a las niñas para que no confiaran en desconocidos (en que la protagonista es víctima de un hombre malvado, podría decirse incluso, pedófilo) y de los hermanos Grimm (en que se salva gracias a la ayuda de un leñador), adaptada a nuestros tiempos. Carmen Martín Gaite reúne en esta obra los temas de la familia, la soledad, la amistad, el orden, y sobre todo, la libertad. Realiza un análisis de la sociedad actual, una crítica sencilla, sin olvidar el componente aventurero esencial de todo cuento infantil.

Se presentan problemáticas actuales profundas, reflejadas por ejemplo en la decadencia de la abuela, en su alcoholismo; la soledad en una sociedad en que impera la urgencia; y el miedo que paraliza al hombre de esta época convirtiéndole en un ser cada vez más débil.

Existe asimismo un paralelismo con otros cuentos como el de Alicia en el país de las maravillas. Se juega a lo largo de toda la lectura con los límites entre ficción y realidad. Los personajes de la ficción y los reales, en ese mundo, están en un mismo plano.

Otra de las obras con las que se juega es con Robinson Crusoe, que vive en una isla y se debate entre esta realidad suya y la vuelta a la realidad social, entre el deseo de aislarse, su misantropía y su necesidad de relación con la sociedad.

La obra está contada en tercera persona, por un narrador omniescente. Es un narrador que permite que el final de la historia, sea al gusto de Sara, personaje principal, equivalente a Caperucita. Finaliza la obra permitiendo a Sara huir de la realidad social y vivir en su propio mundo sin necesidad de dar explicaciones a nadie.

Se desarrolla en Nueva York, siendo Manhattan la representación del bosque del cuento, y Central Park su parte más oscura.

Sara Allen, personaje principal, es una niña de 10 años que está descubriendo la vida, curiosa y creativa, crítica e inteligente, en búsqueda de su propia identidad, y que sirve de nexo para presentar diferentes figuras:

Su madre, Vivian Allen, que es estereotipo de la mujer tradicional, cuya ambición es el bienestar material de su familia, al que espera contribuir con sus tartas de fresa (que podrían simbolizar los valores más clásicos que la madre pretende transmitir). Resulta una figura pesimista y preocupada por el qué dirán.

Rebecca Little, la abuela de Sara, es una mujer admirable y fascinante para su nieta. Vive anclada en el pasado, que es un periodo de gloria para ella, dada su condición de artista, pero al mismo tiempo vive también en conexión con la realidad. La vemos como una mujer mucho más cercana a Sara dado que comparte con su nieta una gran capacidad imaginativa. Los consejos que le da a Sara van en la línea de disfrutar el momento presente. Empuja a su nieta a ser ella misma, a tomar sus propias decisiones. Pero al tiempo se nos deja ver que también ha sido una madre clásica que sabía preparar tartas de fresa con la mejor de las recetas y que consiguió transmitirla a su hija como un gran tesoro. Esta receta que valoró un día ahora la desprecia la mayor parte del tiempo, al punto que llega a regalar la tarta que cada sábado, su hija y nieta, le llevan a casa, por no comérsela.

Miss Lunatic, por su parte, se nos presenta como una figura positiva. Se trata de un complemento a la imagen de la abuela, y parece ser fruto de la creatividad de Sara. Es la representación de la libertad en su máxima potencia. Reúne características de solidaridad, paz, tolerancia, generosidad, independencia, responsabilidad, anticapitalismo, comunicación, seguridad y fuerza de voluntad.

El lobo es otro personaje de importancia en Caperucita Roja. Es astuto, perverso, y engaña a la niña, es feroz, y lo que quiere es devorar a la anciana y a la niña. En Caperucita en Manhattan, la malicia del lobo está adaptada a la realidad actual: Mr. Woolf es dueño de una pastelería, un nuevo rico. Mr. Woolf parece encontrarse con Miss Lunatic (la libertad), pero pierde el contacto con ella. Casualmente, encuentra a Sara Allen en Central Park cuando Miss Lunatic ya le ha pasado el relevo de lo que representa, y descubre la mejor tarta de fresa de su vida. Para hacerse con esa receta, el comerciante debe ser conducido a casa de la abuela. Siguiendo el patrón del cuento tradicional, ambos van a ir por caminos distintos. Finalmente, Mr. Woolf, antiguo admirador secreto de la artista Gloria Star (la abuela de Sara) es descubierto por Sara bailando con su abuela, hecho que invita a la reflexión del lector. (En ella no dejo de observar cierto paralelismo erótico con el clásico en que el lobo se mete en la cama primero con la abuela, a quien devora, y luego con la niña)

Personajes secundarios son Aurelio, un viejo amor de la abuela, librero y fundamental en la vida de la protagonista. Fue él quien la introdujo en el mundo de la lectura con regalos significativos como son un juego de dados con letras, un mapa de Manhattan, y ediciones de Robinson Crusoe, Alicia en el país de las maravillas y Caperucita.

Hacia el final de la obra aparece también el chofer de Mr. Woolf, representación de la sociedad media y protector infantil, que podría relacionarse con el leñador del cuento de los hermanos Grimm, en su comportamiento con Caperucita.

Como todos los cuentos clásicos, la finalidad del mismo es la preparación del niño-adolescente a la vida adulta. Está totalmente adaptado al momento actual, pretendiendo ser sencillo y tierno, mientras muestra la dura realidad que se vive en las grandes ciudades diariamente. El punto de vista que se nos muestra es pesimista, y seguramente por ello la autora termina el cuento mostrándose benevolente con aquellos valores y sueños que hacen la vida menos cruel.