Literatura española

Historia de la literatura. Barroco. Narrativa. Novela corta italiana. Novela picaresca. El Lazarillo. Prosa didáctica. Quevedo. Baltasar Gracián. Mateo Alemán. Ilustación. Poesía del siglo XVIII. Teatro del siglo XVII. Feijoo. Moratín

  • Enviado por: Alicia Casado
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas
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Índice:

  • Prosa narrativa Pág. 1

  • Prosa didáctica Pág. 2

  • Mateo Alemán Pág. 3

  • Francisco de Quevedo Págs. 4 y 5

  • Baltasar Gracián Pág. 6

  • La ilustración Pág. 7

  • Poesía del siglo XVIII Pág. 8

  • Teatro del siglo XVIII Pág. 9

  • Benito Jerónimo Feijoo Pág. 10

  • Leandro Fernández de Moratín Pág. 11

PROSA NARRATIVA

Los géneros característicos de la narrativa barroca son la novela corta de tipo italiano y la novela picaresca.

El modelo de la novela corta italiana fue introducido en España por Cervantes en sus novelas ejemplares. Se trata de conjuntos de relatos cuyos argumentos se desarrollan en ambientes cortesanos y cuyos personajes pertenecen a una clase social elevada y se dedican al juego amoroso del galanteo. Los temas giran en torno al amor y al honor.

El género de la novela corta, en la que destacan las novelas amorosas y ejemplares de María de Zayas, constituyó una literatura de evasión destinada al entretenimiento de damas y caballeros.

El otro gran género de la narrativa barroca, la novela picaresca, combina el entretenimiento y la denuncia de la realidad social del barroco.

Rasgos de la picaresca:

Los rasgos fijados por el Lazarillo perviven en la picaresca barroca, pero hiperbolizados:

  • La narración de la vida del pícaro se presenta en primera persona en forma de memorias.

  • El protagonista es de orígenes miserables y proviene de un mundo marginal.

  • El pícaro abandona el medio familiar y entra al servicio de varios amos.

  • El personaje aspira a medrar en la escala social y engaña y miente para lograrlo.

A todo ello se añade en las novelas barrocas un tono moralizante o humorístico.

Guzmán de Alfarache:

El sucesor del Lazarillo fue Guzmán de Alfarache, obra de Mateo Alemán. La novela publicada en dos partes (1599 y 1604), cuenta las memorias de Guzmán, un preso condenado a galeras por ladrón.

Guzmán de Alfarache refleja la realidad del barroco, presidida por el pesimismo y el desengaño.

PROSA DIDÁCTICA:

La prosa didáctica barroca incluye obras de carácter moralizante y filosófico.

Estos textos pretenden enseñar los principios que deben regir la vida y el comportamiento de las personas, al tiempo que advierten sobre los peligros de la existencia y critican las conductas.

Prosa didáctica de Quevedo:

  • Los sueños: Constituyen un conjunto de relatos wb los que critica ácidamente la conducta de grupos sociales y de individuos.

  • La hora de todos y la Fortuna con seso: Cuenta cómo Júpiter, enfadado con la Fortuna porque había dado demasiado a los hombres, decide que cada uno goce de lo que se merece.

Prosa didáctica de Gracián:

La figura más representativa de la prosa didáctica es Baltasar Gracián. Movido por su espíritu crítico y su aguda observación de la realidad, Gracián realiza un minucioso examen de los seres humanos.

Sus libros enseñan al lector a regirse por la discreción y la prudencia para convertirse en un hombre de bien. En sus obras El héroe, El político, Oráculo manual y arte de prudencia, propone modelos de comportamiento.

MATEO ALEMÁN

Vida:

Mateo Alemán: (1547-1613), novelista español, es el primer autor de la novela picaresca cuya identidad está claramente establecida.

Nació en Sevilla, y tenía ascendientes judíos tanto por parte paterna como materna. Estudió Medicina en las universidades de Sevilla, Salamanca y Alcalá de Henares. Llevó una vida llena de dificultades. Estuvo preso por deudas en la misma cárcel donde Cervantes escribió El Quijote, y durante las mismas fechas. Posteriormente embarcó para México, donde murió

Obras:

La obra más conocida de Mateo Alemán es la novela Guzmán de Alfarache (1599; y la segunda parte 1604), a la que sus contemporáneos llamaron El pícaro, como si los lectores vieran en el personaje la versión más lograda del carácter y el ambiente picarescos. No hay noticia de que ningún libro español haya alcanzado un éxito tan grande en el momento de su publicación.

Después de El Lazarillo de Tormes (1554), escrita por un autor desconocido, Guzmán de Alfarache constituye la cumbre de la picaresca. Su presentación implacable de las ruindades de los personajes que la habitan ya no constituye, como en el Lazarillo, un motivo de risa debido a ridiculeces individuales o de clase, sino la manifestación de una honda maldad inseparable de la condición humana. Guzmán de Alfarache ha sido ampliamente traducida, y ha influido de forma constante en la novela española e hispanoamericana.

FRANCISCO DE QUEVEDO

Vida:

Francisco de Quevedo nació en Madrid (1580), en una familia acomodada. Estudió con los jesuitas y en las universidades de Alcalá y de Valladolid, en esta ciudad coincidió con Góngora, ya conocido y lo atacó con versos crueles para hacerse notar como poeta.

Un suceso no bien conocido de índole política, hace que sea encarcelado (1639), en un calabozo de San Marcos de León, donde permaneció cuatro años. Un año después de ser liberado, murió en Villanueva de los infantes (1645).

Obras en prosa:

La obra de Quevedo es inmensa y contradictoria. Hombre amargado, severo, culto, cortesano, escribió las páginas burlescas y satíricas más brillantes y populares de la literatura española, pero también una obra lírica de gran intensidad y unos textos morales y políticos de gran profundidad intelectual. Esta fusión o doble visión del mundo es lo que le hace el gran representante del barroco español.

Sus primeras obras fueron satíricas y burlescas. La vida del Buscón llamado don Pablos (c. 1603, impresa sin autorización del autor en 1626) es una novela picaresca dentro de las características del género; pero su originalidad reside en la visión vitriólica que ofrece sobre su sociedad, en una actitud tan crítica que no puede entenderse como realista sino como una reflexión amarga sobre el mundo y como un desafío estilístico sobre las posibilidades del género y del idioma. Los Sueños (1605-1622) son cinco piezas cortas conceptistas, producto de los desengaños que padeció en esos años, en las que viene a decir que no hay nobleza ni verdad en el mundo sino que todo es horror y fealdad. Estas obras circularon manuscritas hasta que un editor las reunió en 1626, aunque Quevedo las publicó en 1631 con el título de Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio con un prólogo en el que arremetía contra los editores piratas y declaraba la intención de estos escritos en los que pretendía denunciar los “abusos, vicios y engaños de todos los oficios y estados del mundo”.

Soneto, poema satírico:

A una nariz

Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Erase un espolón de un galera,
érase una pirámide de Egipto;
las doce tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.

BALTASAR GRACIÁN

Vida:

Nace en Cuenca. Se hace jesuita y es profesor. Escribió libros críticos.

Su carácter orgulloso y díscolo le ocasionan el exilio a otra provincia. Muere a los cincuenta y siete años en Tarazona.

Obras en prosa didáctica:

• Prosa didáctica:

  • Oráculo manual y arte de prudencia.

  • El criticón: Es su obra maestra. En ésta, se refleja su visión pesimista y desengañada del mundo. Está estructurada en tres partes: niñez, madurez y vejez. La novela tiene dos protagonistas:

· Andrenio: Símbolo de la naturaleza.

· Critilo: Símbolo de la cultura.

La novela narra una serie de peripecias por las que Critilo, enseña a Andrenio cómo llegar a la isla de la inmortalidad.

La ilustración:

La ilustración fue el movimiento cultural que se desarrolló en Europa a lo largo del siglo XVII.

Esta centuria recibe también el nombre del Siglo de las Luces, en alusión a la luz de la razón, que se constituye en el fundamento del pensamiento ilustrado.

Concepción del hombre:

Los ilustrados tienen plena confianza en la humanidad y en la capacidad del hombre para entender y organizar el mundo sin recurrir a Dios. Son los primeros en pensar que los hombres nacen libres e iguales y en defender que su dignidad debe respetarse por encima de todo.

Racionalismo y progreso:

La razón permite al hombre conocer el mundo, luchar contra la superstición y someter a crítica los conocimientos anteriores. Aplicada a la ciencia, favorece un importante desarrollo científico, que contribuye a la mejora de la sociedad.

Deseo de conocimiento y didactismo:

Los ilustrados persiguen el conocimiento del mundo que los rodea, así como su divulgación, de forma que resulte útil a la sociedad. En este sentido, se componen obras como la Enciclopedia francesa (1571-1766), que pretendía reunir todos los saberes de la época. La educación se convierte en un motor de progreso que debe ponerse en práctica desde diferentes ámbitos, incluido el arte.

Reformismo:

Para mejorar la sociedad, los ilustrados proponen reformas concretas en distintos campos (educativo, agrario...) Su ejecución por parte de algunos gobiernos europeos formó parte del llamado depotismo ilustrado.

Concepción de la literatura:

La literatura preconizada por los ilustrados es la que resulta útil a la sociedad como vehículo de divulgación de ideas y de enseñanza. La escritura ha de guiarse por unas normas que eliminan los extremos emotivos barrocos.

Poesía del siglo XVIII:

En la segunda mitad del siglo XVIII conviven diversos estilos poéticos, cultivados a veces por un mismo autor, como Juan Meléndez Valdés.

Poesía rococó:

Esta poesía imita a los clásicos e incluye referencias mitológicas y asuntos relacionados con los placeres, en una naturaleza pastoril que sirve de marco a los idilios de zagalas y pastores. Su principal representante es Meléndez Valdés.

Poesía ilustrada:

Esta corriente poética difunde, con finalidad didáctica, las ideas ilustradas: aborda temas de carácter cívico (crítica de costumbres, alabanza del progreso...), morales, filosóficos y científicos.

Fábulas:

La finalidad didáctica de la poesía ilustrada hizo que proliferara el género de la fábula. Se trata de narraciones en verso, protagonizadas habitualmente por animales, que encarnan defectos o cualidades humanos y que contienen una enseñanza.

Poesía prerromántica:

Se trata de una poesía cercana ya al Romanticismo que triunfará en la primera mitad del siglo XIX. En ella se da cabida al sentimiento y se rompe el equilibrio expresivo: se altera la sintaxis, se introducen exclamaciones, léxico valorativo...

Teatro del siglo XVII:

El teatro neoclásico aborda temas relacionados con la ideología ilustrada, de los que desprende una enseñanza útil, y obedece a reglas establecidas.

Comedia neoclásica:

La comedia fue cultivada con éxito pos Leandro Fernández de Moratín, que retrató críticamente la vida de su tiempo.

Tragedia neoclásica:

Presentaba personajes cuyas virtudes ante la adversidad servían de ejemplo a los espectadores. Estas obras no gozaron de la aceptación del público, excepto Raquel, de Vicente Garcia de la Huerta, basada en una leyenda nacional.

Sainetes:

Los sainetes eran piezas breves de carácter humorístico que retrataban personajes de la época.

Drama sentimental:

Intentaban conmover al público para educar en la virtud. El delincuente honrado, de Jovellanos, la obra más representativa, incluye rasgos prerrománticos.

Benito Jerónimo Feijoo:

Es el filósofo español más importante del siglo XVIII, y se le considera introductor del ensayo filosófico escrito en lengua española. Benito Jerónimo Feijoo Montenegro nació en 1676 (en Casdemiro, Orense), y en 1690 tomó el hábito de San Benito, una de las órdenes católicas, en el monasterio de San Julián de Samos. Estudió en los colegios de Lerez (Pontevedra) y en el monasterio de San Vicente de Salamanca. A partir de 1709, y durante más de medio siglo, residió en Asturias, en el colegio benedictino de San Vicente de Oviedo (edificio actualmente ocupado por el Museo Arqueológico Provincial y por la Facultad de Psicología), donde murió en 1764. Está enterrado en el crucero de la Iglesia de la Corte, que se abre precisamente sobre unos de los patios del antiguo convento, que lleva ahora su nombre: Plaza de Feijoo. La época de su mayor actividad literaria empieza al final de su profesorado, del que se retiró a los sesenta y tres años, después de ejercerlo durante cuarenta años. Contaba ya cincuenta años cuando, sin moverse prácticamente de Oviedo (no sobrepasaba entonces esta ciudad los cinco mil habitantes), inició Feijoo la publicación de ensayos filosóficos sobre todo género de materias, para desengaño de errores comunes. Su crítica filosófica, realizada desde el conocimiento del estado de las ciencias, la técnica y la filosofía de su tiempo, tuvo que soportar los ataques más virulentos tanto desde la atrevida ignorancia de arcaicos y pedantes escolares (enquistados otrora como agora en muchas cátedras universitarias) como desde posiciones supuestamente ilustradas. Entre 1726 y 1740 publicó los nueve volúmenes del Teatro crítico universal (el nono, suplemento de los ocho anteriores, refundido en ediciones posteriores), y entre 1742 y 1760 los cinco volúmenes de Cartas eruditas (contaba pues 84 años cuando apareció este último volumen), además de otras obras, sobre todo defensivas frente a los ataques recibidos.

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Leandro Fernández de Moratín:

Entre su abundante obra en prosa, didáctico crítica, la más conocida es La derrota de los pedantes, una sátira contra los malos escritores.

Además, Moratín fue el mejor autor de teatro del siglo XVIII. Caracterizado por seguir fielmente las reglas del neoclasicismo, entre ellas las de las tres unidades, con lo que esto supone de limitación de posibilidades y de dificultad para una mejor aceptación por parte del público. Su idea, también, de la utilidad del arte, característica del siglo, hace que los temas se limiten a la crítica de costumbres. Moratín pretendía, como él mismo expresa, "poner en ridículo los vicios y errores comunes en la sociedad, y recomendar la verdad y la virtud".

Tres de sus comedias tienen un único asunto: la defensa de elección de los jóvenes para contraer matrimonio: El viejo y la niña , El sí de las niñas y El barón. La comedia nueva o El Café es una sátira contra los dramones extravagantes que se representaban en su tiempo. En La Mojigata satiriza la falsa piedad, la hipocresía.

Su comedia más famosa e importante es El sí de las niñas (1801) y tiene un argumento muy sencillo: Paquita es coaccionada por su madre, doña Irene, para contraer matrimonio con un maduro caballero, don Diego. Paquita está enamorada de un joven y apuesto militar, Carlos, sobrino de don Diego. Carlos y Paquita, a pesar del amor que se tienen, están dispuestos a renunciar a él, pero don Diego se entera y es él quien renuncia para que se case la joven pareja.

El sí de las niñas es una comedia de perfecta construcción, con caracteres bien diseñas y un diálogo natural y adecuadamente elaborado. Aunque en la actualidad su tema haya quedado trasnochado, en aquel tiempo significó un planteamiento progresista que intentaba denunciar unas costumbres y prejuicios sociales muy arraigados.

'Literatura española'
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