Literatura alemana finales siglo XIX hasta Segunda Guerra Mundial

Hauptmann. Schnitzler. Thomas Mann. Erich Maria Remarque

  • Enviado por: Flusky
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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Laura Físico Torrijos.

Literatura Alemana (desde finales del siglo XIX hasta 1945)

DIE WEBER. GERHART HAUPTMANN.

Die Weber esta basada en un acontecimiento histórico: el levantamiento en 1844 de los tejedores en la región de Silesia que fue duramente reprimido por el ejército. Esta obra no es la primera en abordar este tema, ya en 1845 Heinrich Heine había escrito el poema Die schlesischen Weber, y en 1846 Carl Wilhelm Hübner pinta un cuadro que lleva el mismo nombre. Todos ellos reflejan en sus obras la situación de pobreza en que vive este colectivo y la indiferencia de la sociedad ante su situación. Esto será lo que llevará a los tejedores a levantarse para lograr unas mejores condiciones de vidas y el reconocimiento de sus derechos.

La obra de Hauptmann sigue la estructura del teatro clásico en cinco actos. En el primero se hace la exposición, se presentan el escenario y los principales personajes y se informa de la relación que existe entre ellos. En el segundo tiene lugar el momento que llevará al conflicto, y que en este caso se trata de la conversación entre la familia de tejedores Baumert y Moritz Jäger. La tensión llega a su punto más alto en el tercer acto, donde la idea de una rebelión se extiende y se hace pública. En el cuarto acto el desarrollo de la acción de un giro: mientras que hasta ese momento la rebelión no había pasado de ser una idea, ahora se convierte en una realidad con el asalto a la casa del fabricante Dreissinger. En el quinto acto tiene lugar la resolución del conflicto, y es aquí donde la obra se separa de la estructura tradicional, ya que en vez de presentar un final cerrado, este queda abierto: la obra acaba con la llegada del ejército a Langenbielau para reprimir el levantamiento, pero en la obra no se especifica que ocurre a continuación ni como se soluciona el conflicto. El que le final de la obra sea abierto conlleva que no se emita ningún juicio, ninguna valoración de los hechos sino que se limite a una exposición de lo ocurrido.

Una característica importante de la obra es el uso que en ella se hace del lenguaje. La obra esta escrita en el dialecto de Silesia, lo cual se puede considerar como un rasgo característico del naturalismo, ya que es un modo de retratar la realidad con mayor precisión. Pero el uso del dialecto además cumple otra función en la obra, sirve para trazar una línea divisoria entre los dos grupos entre los que va a surgir el conflicto: No todos los personajes de la obra hablan en dialecto, de hecho sólo los tejedores lo hacen. El dialecto es así utilizado para caracterizar a los tejedores frente a aquellos personajes que hablan Hochdeutsch y que se distancian de estos.

Desde mi punto de vista existen dos elementos en la obra que son esenciales para que se llegue al alzamiento: la canción de los tejedores y los personajes de Bäcker, Moritz Jäger y Wittig. La canción de los tejedores (Das Blutgericht) actúa como un catalizador de los sentimientos y frustraciones de los tejedores, y les obliga a reaccionar ante una situación que hasta ese momento habían aceptado con pasividad y resignación. Esta es también la función también la cumplen Bäcker, Moritz Jäger y Wittig.

A Bäcker, que aparece ya en el primer acto, se le describe como “Ein junger, ausnahmsweise starker Weber, dessen Gebaren ungezwungen, fast frech ist.”, frente al resto de los tejedores, que son descritos como personas débiles y enfermizas. También se diferencia del resto en su actitud hacia Pffeifer y Dreissinger, en su modo de hablarles y en el hecho de que se enfrente a ellos por lo que para él es un salario injusto (“Das is a schäbiges Almosen, aber kee Lohn”) en vez de pedir un adelanto o un crédito. Con esta actitud, Bäcker está llamando al resto de los tejedores a tomar alguna medida ante los abusos de los que son objeto. Moritz Jäger hace su primera aparición en el segundo acto, que se desarrolla en la vivienda de la familia de tejedores Baumert. Durante su conversación con estos, la madre saca el tema de su apurada situación a lo que Jäger reacciona con ira. Es en este momento cuando saca de su bolsillo el texto de la canción de los tejedores y lo lee a la familia, que se reconoce en él. Así, cuando acaba el segundo acto, Bäcker y Moritz Jäger ya han expuesto sus pensamientos revolucionarios, cada uno en un escenario distinto y entre personas diferentes, pero la llamada ya está hecha y a partir de ese momento lo que hará es desarrollarse.

El personaje de Wittig es, desde mi punto de vista, más complejo. Tanto Bäcker como Moritz Jäger son tejedores, por lo que sus motivaciones son más claras. Wittig, en cambio es herrero, y aunque conoce la miseria de los tejedores no la padece. Por otro lado es el único personaje que ha participado directamente en la Revolución Francesa. Cuando se entera de las aspiraciones revolucionarias de los tejedores se lo toma a broma, pero cuando se da cuenta de que hasta los más ancianos están convencidos se pone serio y les advierte de la dureza y la crueldad de la revolución. Pero es la prohibición de cantar la Blutgericht del gendarme Kutsche la que hace que Wittig se ponga de parte de los tejedores aunque a él la prohibición no le afecta, pues ni es tejedor ni ha cantado la canción. Bäcker reconoce la oportunidad y da la señal para cantar, llegando la atmósfera de tensión a su punto más alto. De este modo Wittig cumple un papel fundamental en la obra, porque aunque él personalmente no pertenece a los tejedores, es su enfrentamiento a Kutsche lo que da pie al levantamiento.

Laura Físico Torrijos.

Literatura Alemana (desde finales del siglo XIX hasta 1945).

FRÄULEIN ELSE. ARTHUR SCHNITZLER.

El tema que nos presenta Arthur Schnitzler en esta obra ha sido motor de argumentos en la literatura desde la Comedia del Arte: el del padre que decide casar a su hija por dinero. Este tipo de obras funcionan según un esquema conocido: la novia es pobre y ha de aceptar al pretendiente que más le ofrezca. En general en las comedias las hijas logran imponer sus deseos y su propia decisión, aunque en la realidad hasta el siglo XIX no tuvieron otra opción que aceptar la voluntad del padre, ya que no podían mantenerse por si mismas porque estuvieron excluidas de la inmensa mayoría de estudios y profesiones.

La diferencia radica en que en este caso no se trata de matrimonio, sino sólo de dinero. Else, la protagonista, es una joven de 19 años que esta pasando las vacaciones con su tía en un pueblo italiano cuando le llega una carta urgente de su madre. El padre ha defraudado dinero y tiene que reponerlo si no quiere ir a la cárcel. Esto ya ha ocurrido en otras ocasiones, por lo que se nos da a entender, pero hasta ese momento el padre había conseguido salir del apuro gracias a la ayuda de colegas, amigos o familiares. En esta ocasión el padre recurre, a través de su mujer, a su hija para conseguir el dinero. Else tiene que hablar con el pasante de arte Dorsday y conseguir el dinero para su padre. Cuando Else habla con Dorsday, superando su vergüenza ante la situación en la que le han colocado, este accede a prestarle el dinero, pero con una condición: que se le muestre desnuda durante quince minutos.

En este fragmento vivimos la lucha interna de Else. Todo su mundo, en el que había crecido y en el que se apoyaba, se derrumba y sale a relucir la doble moral imperante. Se da cuenta de que su padre la esta vendiendo a cambio de conservar su posición y las apariencias frente al mundo exterior. El padre, al que todo el mundo considera un genio, ha de saber necesariamente en que situación está poniendo a su hija, como muy bien piensa Else: “Er mu ja vorher gesehen haben (…) Er hat sich doch denken können, dass der Herr von Dorsday nicht für nichts und wieder nichts.” El padre podría haber hecho el viaje y haberle pedido personalmente el dinero a Dorsday, pero es un estafador que no ve otra salida más cómoda y que más le convenga que ofrecer a su hija sin pensar en ningún momento que esta vaya a negarse. Es uno de esos padres que no conoce a su hija, que jamás ha tenido una conversación íntima y personal con ella porque en esa familia se evita en todo lo posible este tipo de relación (“Alles in unserem Haus wird mit Scherzen erledigt, und keinem ist scherzhaft zu Mut. Jeder hat eigentlich Angst vor dem Andern, jeder ist allein.”) Además ni siquiera se encarga de pedírselo directamente. De eso se encarga la madre que actúa como alcahueta de su marido, no tanto por falta de escrúpulos morales sino por miedo a la ruina financiera a la que puede verse arrastrada: su seguridad material está amenazada y evidentemente ella tiene tan pocas posibilidades de mantenerse por si misma como Else, quien no ha estudiado nada y no tiene ningún talento con el que pueda ganar dinero. En cualquier caso Else nombra claramente la situación en la que su familia la ha puesto: prostitución, aunque el tema sea suavizado y en apariencia sólo se trate de exhibición.

Esta situación destroza los nervios de Else y aunque considera la posibilidad de negarse a hacer lo que su familia le pide, en su profunda confusión y desesperación se decide a satisfacer la exigencia de Dorsday, no por amor a su padre o a su familia, a la que en cualquier caso no se siente especialmente unida, sino por salvar a su familia de una situación comprometida. Pero no lo hace a puerta cerrada, sino que se muestra desnuda ante todos en la sala de música, pero la situación la supera, se desmaya y es llevada a su habitación, donde en un momento en que nadie la observa, se envenena con el Veronal que ya tenía preparado. Mientras todo el mundo piensa que duerme es casi demasiado tarde. Cuando Else recupera el valor y decide que quiere vivir no se puede mover y su conciencia se pierde cada vez más. Schnitzler no aclara si Else ha decidido suicidarse o es parte de un papel que ha decidido desempeñar para castigar a aquellos que la han llevado a esa situación, al igual que tampoco aclara si finalmente muere.

Schnitzler disecciona con una tensión extrema las oscilaciones anímicas de Else entre la vergüenza y la disposición al sacrificio. A esto ayuda enormemente el estilo de narración: el monólogo interior. El hecho de que la narración se realice desde la subjetividad de la protagonista hace que uno se identifique más con ella. Toda la información la recibimos filtrada a través de sus sentimientos, lo que nos ayuda a comprenderlos mejor. La indecisión, las dudas, la desesperación, las reflexiones, las recibimos de un modo más directo, de primera mano, por lo que percibimos mejor la tensión.

Por último señalar que esta obra se ajusta casi perfectamente a la definición que se hace de la Novelle: género de estructura dramática escrito en prosa que prescinde de las descripciones y de las acciones secundarias y que tiene como centro un acontecimiento inaudito. En efecto la obra tiene una estructura dramática, con una presentación de las circunstancias, el lugar y los personajes, que va evolucionando hacia un punto de máxima tensión (en este caso cuando Dorsday le exige a Else que pose desnuda para él), y en desenlace. Prescinde de toda acción y personaje secundario, de hecho sólo conocemos a los personajes que intervienen directamente en la acción (Else, Dosday y los padres de Else), y sin lugar a dudas tiene como centro un acontecimiento inaudito.

Laura Físico Torrijos.

Literatura Alemana (desde finales del siglo XIX hasta 1945)

TONIO KRÖGER. THOMAS MANN.

En esta obra, Thomas Mann nos presenta el proceso de desarrollo y evolución de un artista, Tonio Kröger, desde su infancia y adolescencia hasta su madurez. Los orígenes de Tonio, que juegan un papel importante en la obra, son, hasta cierto punto, autobiográficos: al igual que Tonio Kröger, Thomas Mann era hijo de un comerciante alemán, Thomas Johann Heinrich Mann, y la hija de una familia criolla Julia Silva-Bruhs. Estos orígenes marcan el carácter de Tonio, y dan lugar a una serie de oposiciones que aparecen una y otra vez a lo largo del texto.

La oposición entre el mundo nórdico del padre y el meridional de la madre se manifiesta ya en el nombre del protagonista. Kröger es lo burgués, espiritual, mientras que Tonio representa el mundo de la madre, de la sensualidad y del artista. Ya en el primer capítulo queda reflejada la importancia que esto tiene para el joven Tonio, que se da cuenta de que no es como los demás, y que su nombre no hace más que marcar esta diferencia “… Tonio war etwas Auslándisches und Besonderes. Ja, es war in allen Stücken etwas Besonderes mit ihm, ob er wollte oder nicht, und er war allein und ausgeschlossen von den Ordentlichen und Gewöhnlichen…” Esta preocupación por sus orígenes, y más concretamente por el mundo de su madre, da lugar a una obsesión en Tonio que queda reflejada en una frase que se repite a lo largo de la obra: “Wir sind doch keine Zigeuner im grünen Wagen, sondern anständige Leute, Cónsul Krögers, die Familie der Kröger…”

La relación que Tonio establece con Hans Hansen, al igual que la que establecerá más tarde con Ingeborg Holm, estará marcada precisamente por esta preocupación de Tonio de encajar en su entorno. Hans es el prototipo de normalidad en el contexto en el que ambos crecen, le interesa la hípica y no la poesía, y mediante esta amistad Tonio consigue, en cierto modo, entrar en contacto con un mundo que no lo acaba de aceptar, aunque tampoco lo rechace abiertamente. Esta misma pauta va a seguir en su enamoramiento de Ingeborg. Desde un principio nos queda claro que no existe ningún tipo de relación entre ellos, pues Ingeborg no le presta la más mínima atención, el hecho de que Tonio se enamore de ella es síntoma de un deseo de integrarse en un grupo al que no pertenece pero por el que una parte de su ser se siente atraído. Esto queda claro cuando Tonio, ya maduro, coincide con ambos en Aalsgaard: “…dich zum Weibe nehmen, Ingeborg Holm, und ein Sohn haben wie du, Hans Hansen…”

El texto toma una posición un tanto determinista respecto al ser humano. Son los orígenes de Tonio los que determinan su vida, y el no tiene la capacidad para controlarla, da lo mismo lo que haga, su situación no cambiará: “…Noch einmal anfangen? Aber es hülfe nichts. Es würde wieder so werden…”

En el capítulo 4 se expone la teoría estética de Tonio, que podría considerarse también la del autor. Esta teoría estética se basa en la oposición entre vida y arte, que podría asimilarse a la oposición entre el mundo paterno y el materno, el burgués frente al artista. Para Tonio el arte supone una relación fría con lo humano, no es posible vivir y crear a la vez, al menos crear obras de interés. Aquí pone el ejemplo de un soldado que escribe poesía, mala naturalmente, y del que piensa: “Da stand er und büte in groer Verlegenheit den Irrtum, dass man ein Blättchen pflücken dürfe, ein einziges, vom Lorbeerbaume der Kunst, ohne mit seinem Leben dafür zu zalen…” Así, vivir es incompatible con crear, y este es precisamente el problema de Tonio, porque como el mismo dice “Ich liebe das Leben”. La vida del artista implica el observar la realidad y desentrañarla, de modo que pueda ser expresada, pero perdiendo en el proceso toda su imagen de grandeza o de alegría. Por este motivo considera que los inocentes y los puros son aquellos que no encuentran ningún interés en el arte, ya que ellos no padecen esa “nausea del conocimiento”, que consiste en ese estado en el que le basta a un hombre comprender una cosa para que esta le produzca inmediatamente una repugnancia mortal. Y también es esta la causa por la que no considere que ser artista sea un don, sino al contrario una maldición: el ama la vida, pero por ser artista no es capaz de disfrutarla, “…ich es oft sterbensmüde bin, das Menschliche darzustellen, ohne am Menschlichen teilzuhaben…”

A lo largo de la obra aparecen elementos que sirven para marcar las oposiciones sobre las que trabaja el autor. Uno de estos elementos son los “ojos azules”, que caracterizan a los personajes inocentes y puros, tanto Hans como Ingeborg, personajes a los que ama y a los que desea acercarse tienen los ojos azules. Frente a estos se sitúan los “ojos negros”, los suyos propios, pero también los de otros artistas y los de aquellos que le comprenden. También la oposición entre burgués y artista es significativa. Desde mi punto de vista esta oposición tiene mucho en común con la de los “ojos azules”, pero hay una diferencia importante: Tonio es artista, pero también es burgués, aunque se trate de “ein verirrter Bürger” , con lo que los dos opuestos se funden, mientras que la oposición del color de los ojos se mantiene a lo largo de toda la obra.

Thomas Mann era un admirador apasionado de la música de Wagner, y de hecho toma prestada una clave estructural elemental de su obra, el Leitmotiv, una secuencia de notas que es repetida en momentos clave y que se asocia con un personaje, un acontecimiento o un tema y lo evoca cada vez que se repite. En este caso lo que se repite es un verso de Theodor Storm: Ich möchte schlafen, aber du musst tanzen. Aparece por primera vez en el capítulo 2, haciendo referencia a Ingeborg durante la lección de baile, y vuelve a aparecer hacia el final, en el capítulo octavo, también haciendo referencia a Ingeborg durante un baile. En ambos casos expresa un sentimiento de melancolía hacia un modo de vivir que él sabe que no puede conseguir.

Laura Físico Torrijos.

Literatura Alemana (desde finales del siglo XIX hasta 1945)

IM WESTEN NICHTS NEUES. ERICH MARÍA REMARQUE.

La novela de Remarque contiene una declaración profunda contra la guerra, subrayando los estragos que esta causa en la humanidad de los soldados. A través del narrador se atacan los ideales románticos que existen sobre la guerra y se pone de manifiesto el abismo entre los elevados discursos sobre el patriotismo y el honor y la horrible realidad en las trincheras. Remarque subraya constantemente que los soldados no están luchando por los ideales abstractos del espíritu patrióticos, sino por su supervivencia. Los problemas de conseguir alimento, ropas y refugio, a parte de evitar el fuego enemigo y las bombas, son sus principales preocupaciones. Nada en la novela hace que la experiencia de la guerra parezca atractiva. Incluso la intensa relación de amistad entre Paul y sus compañeros es matizada por el hecho de que por ella tienen que pagar el alto precio del horror y el sufrimiento continuado.

Remarque también retrata la profunda sima que la guerra abre entre dos generaciones y retrata la guerra como una traición a la generación más joven. Los hombres de la edad de Paul entran en la guerra a causa de la presión de gente a quien consideran figuras de autoridad en las que pueden confiar y estas personas, que supuestamente han de guiarlos hacia su madurez, los mandan a su propia muerte poniendo como pretexto lemas vacíos sobre su deber patriótico. Cuando Paul y sus amigos hablan de sus enemigos no se están refiriendo a los soldados en el otro lado, sino que concentran su hostilidad en Kantorek y Himmelsto, sus superiores. Ven a Kantorek, y a otros como él, como el origen de sus sufrimientos. Para ellos todos los soldados rasos, independientemente de sus orígenes y del lado en que se encuentren, son víctimas.

Paul, el narrador de la novela y el protagonista, es la figura central en Im Westen nichts Neues y actúa como portavoz de Remarque en sus reflexiones sobre la guerra. A lo largo de la obra la personalidad de Paul choca con la manera en que la guerra le obliga a actuar y sentir. Sus recuerdos del tiempo anterior a la guerra muestran que él fue un hombre muy diferente al desesperado soldado que es ahora. Paul es un joven compasivo y sensible, antes de la guerra amaba a su familia y escribía poesía, pero por culpa del horror y la angustia que la guerra produce aprende a desconectar su mente de sus sentimientos, manteniendo sus emociones al margen para preservar su cordura y sobrevivir. Las experiencias de Paul representan las de toda una generación de hombres, la llamada “generación perdida”, que fue mandada a luchar en la guerra cuando aún eran adolescentes y que aprendieron a ser adultos luchando. Cuanto más tiempo sobrevive en la guerra más la odia y más consciente es de que la situación no mejorará para él cuando acabe. Esta angustia surge de su convencimiento de que la guerra ha destrozado a su generación, de que ha corrompido sus mentes y los ha convertido en “Menschentiere”. Estas perspectivas hacen que se sienta aliviado cuando finalmente muere: “sein Gesicht hatte einen so gefaten Ausdruck, als wäre er beinahe zufrieden damit, dass es so gekomen war.”

Cuando Paul se encuentra ante los prisioneros rusos apenas puede creer que estos sean sus enemigos. El y sus compañeros se dan cuenta de la ironía que supone que los soldados de ambas partes hayan sido mandados a luchar por los mismos ideales. Después de esta revelación les es imposible determinar quien tiene razón y quien no. Al final los ideales nacionalistas son simplemente herramientas utilizadas por el poder y por líderes hambrientos de poder para convencer a los ciudadanos y llevarlos a una guerra que lo único que hace es herirlos. La guerra sólo es útil para los pocos hombres que nunca entran en combate, y lo peor de este sin sentido, como Paul y sus amigos descubren, es que millones de vidas están siendo sacrificadas por la decisión de unos pocos hombres.

La entrada de Paul en la tierra de nadie como espía es una de las acciones más peligrosas que tiene que realizar durante la guerra, ya que se convierte en el objetivo de los ataques de ambas partes. En cierta manera esto simboliza se rechazo al nacionalismo: ha abandonado la zona alemana y a entrado en un espacio que no está controlado por ninguna nación. Esta misión también proporciona las condiciones para la experiencia más traumática que Paul sufre en la novela: por primera vez mata a un hombre en un combate cara a cara, lo que le obliga a comprender el verdadero coste de arrebatar una vida.

Gérard Duval no es una figura en la distancia, sino un hombre igual que los prisioneros rusos y que el mismo. Impresionado al ver el terror en los ojos de este hombre, se da cuenta de que él es la causa de ese miedo. Vacila en coger su cartera y leer su nombre, porque haciéndolo su víctima cobrará una identidad aún más concreta. Ve la vida que ha destruido y se da cuenta de que la mujer y los hijos de Gérard son víctimas de sus acciones también. Una vez que ha comprendido que Duval también es un ser humano, superando esas ideas del enemigo como la encarnación del mal que han propagado los gobiernos, las divisiones artificiales entre los dos hombres se vuelven irrelevantes. La simpatía que siente por el sufrimiento de Duval se pone de manifiesto cuando se dirige a él como “Kamerad” y la referencia a el mismo y Duval como “nosotros” frente al “ellos”, que son aquellos que pretenden negar la igualdad esencial entre hombres como Paul y Duval.

De cualquier modo, cuando Paul vuelve a las trincheras su instinto de apartarse de sus emociones se ha impuesto y deja de referirse a Gérard como a un individuo. Al igual que su distanciamiento de su familia y de su propia situación, este distanciamiento emocional es necesario para sobrevivir. No puede cumplir sus funciones como soldado si permanece en el estado de remordimiento y culpa que experimenta después de matar a Duval.

Remarque insiste a lo largo de la obra en que el único camino que tiene el soldado para sobrevivir a la batalla es separarse de su mente y actuar siguiendo su instinto, volviéndose menos humano y más parecido a un animal. Paul piensa en sí mismo como en un “Menschentier”, y en los soldados que sobreviven a varias batallas se opera un cambio similar. Este motivo del instinto animal contribute al tema de la guerra como destructora de la humanidad del soldado , privándole de su cualidad de sentir y, en este caso haciéndole comportarse más como una bestia que como un hombre.

Aunque en la obra no se emplea mucho simbolismo, un símbolo importante son las botas de Kemmerich, que son pasadas de soldado a soldado a medida que estos van muriendo. El propio Kemmerich las coge de un paracaidista muerto, y en cuanto él muere Müller empieza a maniobrar para conseguirlas. Paul se las entrega a Müller y las hereda cuando esta muere. En este sentido las botas representan el poco valor que tiene la vida en la guerra, cuando un par de botas son más valiosas y más duraderas que una vida humana. Pero también simbolizan el pragmatismo que el soldado debe tener para sobrevivir: no puede abandonarse a las emociones que le causa la devastación y la muerte, sino que debe dejar a un lado su pena y desesperación como si fuera una máquina.