Lingüística

Lenguaje. Comunicación. Teoría de la Mente. Lingüística cognitiva. Prototipos. Modelos cognitivos. Funciones representativa, apelativa y expresiva o emotiva

  • Enviado por: Ariadne
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
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MARCO TEÓRICO

PRIMERA PARTE:

DE LA TEORIA DE LA EXPRESIÓN A LA TEORÍA DE LA MENTE

El origen del estudio moderno de la expresión desde las ciencias del lenguaje se puede datar con precisión en 1934, cuando Karl Bühler publica su célebre Sprachtheorie. La teoría del lenguaje de Bühler propone una tricotomía que considera las funciones de representación (Darstellungfunktion), expresión (Ausdruckfunktion) y apelación (Appellfunktion). Estas funciones se apoyan en los tres vértices del triángulo comunicacional compuesto por el mundo externo, el emisor y el receptor. Si el mensaje lingüístico se concentra en la referencia al mundo externo predomina la función representativa, si lo hace respecto del mundo interno del emisor predomina la función expresiva, y por fin, si lo hace respecto del receptor predomina la función apelativa.

Un año antes de eso el mismo Bühler había publicado su Ausdrucktheorie, la teoría de la expresión, y Ortega y Gasset en la edición que hiciera su “Revista de Occidente”, prologa respecto de los contenidos de ambos libros: “El gesto expresivo y la palabra son los Géminis en el zodiaco de los problemas humanos” (Bühler, 1934: 9). Bühler mismo da inicio a su Audstrucktheorie, tomando “la expresión como una suerte de lenguaje” (Bühler, 1934: 13). De este modo se tiene que en el pensamiento bühleriano la expresión (Ausdruck) es por una parte un lenguaje en sí mismo, y por otra una función del lenguaje (hablado).

“La lingüística de todos los tiempos, no ha situado en primer plano la expresión, sino la función representante del idioma (...) Ningún teórico puede detallar satisfactoriamente los pasajes en que la voz o el habla contienen expresión ni aun siquiera proveerles de un nombre alusivo, si antes no se ha descrito sistemáticamente los medios expositivos del idioma” (Bühler, 1933: 14) Estas palabras a la vez que describen un hecho común en la lingüística previa a los escritos del autor, resultan un vaticinio de lo que ocurrirá también con posterioridad a él. Si bien la tricotomía de Bühler resultará ampliamente aceptada por la comunidad académica lingüística, ocurre que los estudios seguirán concentrándose en la función representativa (Darstellungfunktion), mientras que la función expresiva (Ausdruckfunktion) se mantendrá relegada a un tercer plano.

Lo anterior no quita que muchísimos lingüistas de renombre hayan dedicado algún trabajo a la descripción de esta función expresiva. Así, por ejemplo, en Chile Rodolfo Oroz y Ambrosio Rabanales (entre otros) tienen sendas publicaciones al respecto. En ellas manifiestan la importancia de la expresión, y su vínculo con la afectividad. Así Rabanales cita en el epígrafe a Bally cuando en EL lenguaje y la Vida escribe que “lo que la estilística de la expresividad estudia son los procedimientos, los signos por medio de los cuales produce la lengua la emoción” (Rabanales, 1959: 205). Más abajo cita también a Navarro Tomás con su “no hay vocablo, ni frase, ni momento de la comunicación oral en que, junto al sentido lógico, no se advierta la presencia de elementos afectivos” (Rabanales, 1959: 205). Y a renglón seguido añade que la “lengua ofrece a la persona que la habla, múltiples posibilidades de expresar aquella afectividad mediante ciertos recursos que le son inherentes” (Rabanales, 1959: 205). Oroz por su parte comenta que “los fenómenos de orden afectivo, que obran sobre las formas de expresión de diversas maneras, se manifiestan especialmente en la lengua hablada” y que “la frase carente de todo elemento emotivo (...) no se hallará, comúnmente, en la lengua hablada, pues ésta es siempre más o menos afectiva” (Oroz, 1937-1938: 36).

Otros trabajos, como el de Stankiewicz (1964), aun cuando crítico de la tricotomía de Bühler porque, según él “tiñó la definición de estas funciones con nociones psicológicas y fisiológicas” (Stankiewicz, 1964: 316), reconocen que “prácticamente todas las palabras están dotadas de connotaciones emotivas si se las ubica en una situación social o en un contexto verbal adecuados” (Stankiewicz, 1964: 319). Besnier (1990), por su parte entrega un detallado listado de autores y textos, no sólo lingüísticos, sino también antropológicos que adhieren a la tricotomización (entre los que se cuentan, Sapir, Bally, Ullman, Firth y miembros de la Escuela de Praga).

De este modo se tiene que existe un reconocimiento extenso de la importancia de la función expresiva, así como del carácter medular que tiene dentro de ella el mundo emocional. “The expressive function has to do with emotions. It is the emotional feeling of the speaker that is expressed and communicated in the expressive function” (Foolen, 1997: 15).

Sin embargo, estos mismos autores critican que el estudio de la función expresiva suele ser impresionista y asistemático. Ya se ha citado a Bühler diciendo esto. Rabanales suma que “el que toma conciencia de los hechos, sabe positivamente que tanto el que se manifiesta como el que analiza el resultado de esta manifestación, a causa de las limitaciones impuestas por la lengua, se mueven en el plano de insuperables aproximaciones. Y aproximaciones serán también, muchas veces, en este sentido, las afirmaciones nuestras” (Rabanales, 1959: 208). Y Staniewicz, que escribe que “tal como están las cosas, esta función y sus peculiaridades son lo que menos se ha estudiado en los trabajos lingüísticos a pesar de los repetidos intentos por parte de los lingüistas de sacarlas del limbo de los apéndices gramaticales, de las notas al pie de página y de las listas de excepciones” (Stankiewicz, 1964: 317).

Foolen (1997), siguiendo a Brown hace ver que en paralelo con la división tricotómica del lenguaje existe una división sicológica análoga que se expresa en tres “partes” de la mente: cognitiva, afectiva y conativa. Luego, siguiendo a Ullman simplifica en una dicotomía que opone cognición y emoción (subsumiendo lo conativo-social en lo emotivo).

La dicotomía cognitivo emocional puede rastrearse hasta Descartes, y desde ahí a través de todo el desarrollo del paradigma racionalista empirista (Bacon, 1620. Descartes, 1637. Pascal, 1669. Locke, 1690. Berkeley, 1734. Hume, 1739. Y para un análisis crítico del desarrollo, Berman, 1981. Shaliff & Lewin, 1987. Damasio, 1994), y no falta quien hace ver que es la influencia de dicho paradigma la que ha normado el hacer de la lingüística durante la era moderna (Chomsky, 1966. Sarmiento, 1982), que en último término puede ser una de las condicionantes que expliquen el porqué de la relegación del componente emotivo en los estudios del lenguaje.

En los estudios sicológicos de la dicotomía hay una larga tradición enfocada al aspecto emocional (Foolen, 1997). Se podría, sin embargo, establecer una analogía con el modelo bühleriano, y mostrar que así como lo expresivo es un lenguaje en si mismo, pero, también una función del lenguaje hablado; la emoción es un área de la mente, pero también una función que interactúa y se manifiesta en lo cognitivo (racional). Esta perspectiva ha sido desarrollada por un Damasio (“ciertos aspectos del procesamiento de emociones y sentimientos son indispensables para la racionalidad”, 1994: 12) o un Jackendoff (en su propuesta de una cognición social, 1994, 1996, citado por Bocaz, 1998).

Hay, en particular, un campo de desarrollo de la ciencia cognitiva donde la inclusión de lo emocional como objeto de estudio permite deshacer la dicotomía. Es el de la asignación de estados mentales y la Teoría de la Mente.

La Teoría de la Mente

La Teoría de la Mente se apoya en la noción de la mente como un procesador de información (Gardner, 1985. Johnson-Laird, 1988. Jackendoff, 1994) “merced a la transformación de las representaciones mentales” (Perner, 1991: 15). Dichas representaciones pueden también denominarse “estados mentales” (“estados mentales son lo que observamos en nuestra conciencia interior” Perner, 1991: 122). Los estados mentales más sencillos de comprender son aquellos que corresponden a las imágenes perceptuales (Damasio, 1994: 119ss), como las visuales o auditivas. Un nivel más complejo son los estados mentales de conocimiento (Frith, 1994: 219). Hay también estados mentales que corresponden a creencias, deseos e intenciones (Karmiloff-Smith, 1992: 147). Por fin, existen los estados mentales asociados a emociones.

“Para participar en las interacciones humanas, para predecir el comportamiento de los demás, para comprender sus intensiones, creencias y deseos, para interpretar lo que dicen, los gestos y las acciones que hacen, para entender la ironía, para interpretar afirmaciones y expresiones faciales contradictorias con los sentimientos que de verdad se tienen y para muchas otras cosas, cada uno de nosotros cuenta con una psicología del sentido común o con una teoría intuitiva que nos capacita para atribuirnos estados mentales a nosotros mismos y a los demás” (Karmiloff-Smith, 1992: 147). Esta es una definición de la Teoría de la Mente (llamada a veces psicología del sentido común).

La definición clásica pertenece a Premack y Woodruff: “Cuando decimos que un individuo posee una teoría de la mente, queremos decir que se atribuye a sí mismo o les atribuye a los otros (de la misma especie o de especie diferente) estados mentales. Un sistema de inferencias de este tipo puede considerarse, en sentido propio, como una teoría. En primer lugar, porque tales estados no son directamente observables. En segundo lugar, porque el sistema puede utilizarse para hacer predicciones, específicamente predicciones sobre la conducta de los organismos” (citado por Hobson, 1991: 135).

Aunque los modelos que consideraban la existencia de una sicología de sentido común se desarrollaron a lo largo de toda la década de los setenta (Karmiloff-Smith, 1992, da un par de listas de investigadores que desarrollaron dichos modelos), la importancia de la disponibilidad de una Teoría de la Mente como una herramienta de la cognición, sólo llegó a declararse de manera definitiva cuando en 1985 Uta Frith, Simon Baron-Cohen y Alan Leslie postularon la ausencia de una Teoría de la Mente como deficiencia específica del mal conocido como autismo.

Hasta ese momento el autismo era una de las patologías más inexplicables para los sicólogos (Frith, 1994, para una reseña historica del estudio de la patología). El primer caso fue presentado por Kanner en 1943, calificándolo de “perturbación del contacto afectivo”. Se trataba de un mal que se hacía patente sólo desde los tres o cuatro años. Los niños que lo padecían, a juicio de sus padres eran incapaces de tener una comunicación “normal”, fuera con ellos, fuera con cualquier otra persona. Lo extraño, y lo que impedía hacer un diagnóstico preciso, radicaba en el hecho de que quienes presentaban las características de autistas, a menudo, pero no siempre, presentaban deficiencias en otras áreas. Había autistas retrasados mentales, paro también había otros que eran capaces de una retención memorística desacostumbrada, o de efectuar cálculos matemáticos extraordinariamente complejos (los idiots savants).

Con la postulación de Frith, Baron-Cohen y Leslie, se focalizaba la deficiencia específica. Además, por primera vez se hacía claro que una de las características de una mente humana “normal” es la posesión de una Teoría de la Mente (Karmiloff-Smith, 1992: 147).

Las Pruebas de la Teoría de la Mente

La instancia que se implementó para poder establecer la posesión de una Teoría de la Mente en autistas se conoce como el “experimento de Sally y Ana”.

Se ocupan dos muñecas (Sally y Ana), la primera tiene una cesta y la segunda una caja. Sally tiene una bolita que guarda en su cesta, para luego salir de escena. Cuando ello sucede Ana saca la bolita de la cesta de Sally y la esconde en su caja. Sally vuelve y se hace entonces la pregunta: ¿Dónde va a buscar Sally su bolita?” (Frith, 1994: 220-223). [Ver Ejemplo 1]

EJEMPLO 1

'Lingüística'

Frith (1994: 222)

Los participantes del experimento eran sujetos normales, con síndrome de Down y autistas, todos con edades mentales superiores a los cuatro años. Mientras los miembros de los dos primeros grupos contestaron: “En la cesta”. Los autistas respondían mayoritariamente: “En la caja”. El problema no estaba en el hecho de que los autistas no recordaran que la bolita había sido cambiada de lugar (respondían correctamente a le pregunta: ¿Dónde está la bolita?), sino simplemente en que no podían comprender que, dado que Sally no vio el cambio, no lo sabía. No eran capaces de representarse la representación de Sally, sino que asumían que su propio conocimiento correspondía al de la muñeca.

Para apoyar el resultado se ideó un segundo experimento (Frith, 1994: 223), esta vez con sujetos reales, porque era posible que los niños autistas no reconocieran estados mentales en muñecas, por el hecho de serlo. En este experimento Uta Frith pedía a un niño que le ayudara a esconder una moneda, para luego salir de la habitación. Entonces Alan Leslie cambiaba la moneda de lugar y preguntaba al niño dónde estaba, en qué lugar pensaba Uta Frith que estaba, y por fin, dónde ella la buscaría. El resultado fue el mismo, los niños autistas no eran capaces de asignar a Frith un estado mental con la representación errónea.

El tercer experimento (Frith, 1994: 225), “el experimento de la caja de Smarties”, consistía en presentar a un niño una caja de dulces (Smarties) y preguntarle qué había en su interior. Si bien todos ellos fallaban en la respuesta, porque la investigadora sacaba desde dentro un lápiz, los autistas no podían predecir lo que diría un segundo niño. Respuesta incorrecta: “Un lápiz”. [Ver Ejemplo 2]

EJEMPLO 2

'Lingüística'

Frith (1994: 224)

Desde entonces hasta la fecha se ha realizado todo tipo de pruebas, con la intención de reducir, y acotar al máximo las conclusiones. Y el estudio de la Teoría de la Mente, se ha convertido en uno de los campos más desarrollados en el estudio de la cognición humana. Las propuestas para entender el problema son múltiples. Alan Leslie (1987) sostiene, y en esto lo sigue Frith (1994), que éste radica en una incapacidad de ficcionalizar (a partir del juego del Acting as If o Pretense). Para Josef Perner (1991) lo esencial es el paso de una teoría de la conducta a una teoría representacional de la mente. Fodor (1992) y Karmiloff-Smith (1992), aunque con diferentes rótulos para los diversos niveles de representación plantean básicamente lo mismo. Un fuerte apoyo a la explicación basada en modelos de cambio representacional fue el trabajo de Alison Gopnik (1993), quien constató que los niños que eran incapaces de predecir la falsa creencia de terceros, también lo eran para recordar su propia falsa creencia original (cuando se les preguntaba cuál era el contenido que ellos creían que tenía antes el tubo de Smarties, respondían: “Un lápiz”).

Engaño

La posesión de una Teoría de la Mente que permite atribuir estados mentales a otros, así como predecirlos, es fundamental para el engaño. Engañar a alguien es inducirle un estado mental que no se corresponde con los hechos del mundo (como en el experimento de Sally y Ana). Karmiloff-Smith (1992) y Perner (1991) dedican en sus textos espacio para referirse al engaño (y en consecuencia a la Teoría de la Mente) en especies no humanas. El tema propone desde el inicio un dilema, dado que los seres humanos operan en su comprensión del comportamiento con una sicología del sentido común, es en cierto modo natural que asignen a las acciones de los animales motivaciones originadas en estados mentales, e incluso por una intencionalidad relacionada con una Teoría de la Mente. Así, al chorlito que echa “a volar de su nido para alejar a un intruso de sus crías” (Karmiloff-Smith, 1992: 155), se le puede catalogar como un engañador en un primer momento, mas, al conocer que ese es el único contexto en que actúa de tal manera la catalogación se vuelve inválida. Se debe entonces distinguir muy precisamente entre acciones que intentan influir sobre lo que otro organismo hace, de aquellas en que se intenta influir sobre lo que otro organismo cree (Karmiloff-Smith, 1992: 156).

Protodeclarativos

Hay un fenómeno en el cual las influencias en el hacer y en el sentir parecen sincretizarse, se trata del señalar “protodeclarativo”. El señalar “protodeclarativo”, que fue descrito ya por Piaget (cf. Perner, 1991: 149) hacia 1936, consiste en la indicación que hacen los niños a partir de alrededor del año de edad, de objetos externos. “Entre los nueve y los catorce meses los niños comienzan a señalar de una manera claramente discernible (...) Además (...) de los doce a los dieciséis meses, más o menos, los niños no sólo señalan con precisión, sino que también controlan la mirada del adulto cuya atención tratan de atraer.” (Perner, 1991: 147) El “protodeclarativo” se ejecuta de manera idéntica al “protoimperativo” (que consiste en un señalar que pretende influir en el adulto para que alcance algún objeto, por ejemplo). La diferencia consiste en que en el primero no hay instrumentalidad (no se persigue provocar una acción). Karmiloff-Smith (1992: 157) y Perner (1991: 149) discuten si en el “protodeclarativo” hay una intención de influir sobre el estado mental del adulto por parte del niño. Para la primera el fenómeno requiere de “una actitud representacional con respecto a la realidad, cuya meta sea influir en la atención y/o pensamientos de los otros más que en su comportamiento”, mientras que para el primero esa “interpretación apela a nuestra intuición de adultos, pues sentimos que ésta es la razón por la cual nosotros señalaríamos una situación”.

La discusión no se despliega más que en nivel ontogenético. Tanto Karmiloff-Smith, como Perner, defienden la existencia de una sicología del sentido común (Teoría de la Mente) como un elemento constitutivo esencial de la cognición humana. También hay un acuerdo ampliamente compartido respecto de que dicha sicología completa su desarrollo hacia los 4 años (como demostraba el experimento de “Maxi y los Chocolates”, Perner, 1991: 196ss). El tema es cuáles son sus constituyentes primarios y cuáles son los estadios por los que pasa, antes de completar su desarrollo.

Todos los investigadores de la Teoría de la Mente que se han citado reconocen que los estados mentales son de diferente cuño, y que las manifestaciones externas difieren ampliamente. Así los estados mentales que dicen relación con las aspiraciones son muy difíciles de deducir por un observador externo, en cambio, aquellos que tienen que ver con conocimiento del entorno inmediato resultan mucho más fáciles de elucidar o predecir. Por fin los estados mentales asociados a emociones suelen ir acompañados de manifestaciones físicas gestuales indubitables. Esto último permite y obliga a establecer un vínculo entre el desarrollo de la Teoría de la Mente y la operación del módulo de reconocimiento de rostros y de expresiones faciales.

El Reconocimiento de Rostros y de Expresiones Faciales

En la Introducción de The Language of Emotions Sussane Niemeier (1997: viii) cita a Anna Wierzbicka, quien ha declarado que el renovado interés en emocionología de las últimas décadas se origina en el centenario en 1972 del libro de Darwin (1872) The expression of emotions in man and animals. Uno de los asertos fundamentales de dicho texto es citado a su vez por Bühler (1933: 118) en su Ausdrucktheorie: “Me he esforzado por demostrar, con prolijidad harto detallista, que todos los modos principales de la expresión que el hombre nos ofrece son los mismos en toda la tierra”.

La constatación darwiniana permite concentrar la investigación del origen de la expresión en el sustrato biológico (como él mismo defiende al establecer nexos entre la expresión humana y la animal desde su perspectiva evolucionista, Darwin: 1872). Damasio (1994: 164) lista una serie de neurocientistas que se han encargado de determinar el alojamiento de la “elaboración básica de las emociones (...) de manera preferente en el hemisferio cerebral derecho”. Watzlawick (1977) y Eccles & Zeier (1981) mencionan también, al desarrollar las diferencias funcionales hemisféricas, el alojamiento del aparato de reconocimiento de rostros en el hemisferio derecho.

El reconocimiento de rostros y descubrimientos como la atención preferencial que muestran recién nacidos ante “estímulos cuyos elementos poseen una configuración espacial correspondiente a la de una cara” (Karmiloff-Smith, 1992: 149), permiten que investigadores como Jackendoff (1994 y 1996, citado por Bocaz, 1998) elaboren la idea de la existencia de un módulo central especializado en una facultad de cognición social configurada por los submódulos de reconocimiento de rostros, reconocimiento de la voz, y de percepción del “affect” (Bocaz, 1998).

El vínculo entre el reconocimiento de un rostro y el reconocimiento de un gesto o expresión facial en ese rostro ha sido resaltado por el propio Jackendoff (1994: 210ss), e incluso antes por Wittgenstein (1958: 204ss); mientras que el vínculo entre el gesto y la emoción ha sido desarrollado modernamente desde Darwin (1872).

De este modo se tiene que las emociones son estados mentales “internos” (Damasio: 1994) que se manifiestan en gestos o expresiones faciales (pero, no sólo faciales) “externas” (Darwin, 1872. Bühler, 1933), que pueden ser reconocidos por terceros (Jackendoff, 1994, 1996).

Es por esta “transparencia” entre lo interno y lo externo, que los estudiosos de la Teoría de la Mente, suelen ubicar y analizar la percepción de gestos como uno de los estadios iniciales de la ontogénesis de la sicología del sentido común (Frith, 1994. Perner, 1991). Un autor, sin embargo, va más lejos en esta vinculación entre la órbita de lo emocional/social y la Teoría de la Mente, se trata de Peter Hobson.

Los argumentos de Peter Hobson contra la teoría de la Teoría de la Mente

Peter Hobson (1992) precisa que la idea básica de la teoría acerca de la existencia de una Teoría de la Mente es contradictoria. Uno de los argumentos principales que esgrime para defender su postura es que en el constructo de la teoría Teoría se asume que los niños asignarían estados mentales a cuerpos, como si antes de la asignación los cuerpos humanos hubieran sido objetos indiferenciados del resto de los cuerpos físicos. Un apoyo de esta aseveración se encuentra, por ejemplo, en el trabajo de Mandler, quien ha analizado la percepción de la agentividad de los cuerpos humanos en 1988 y 1993 (Karmiloff-Smith, 1992: 63-64), Lakoff (1987: 54-57). Mandler ha determinado algunos primitivos perceptivos como: movimiento propio, movimiento provocado, trayectoria, soporte, agente.

Según Hobson (1991) ya desde la más temprana edad, los niños manifiestan una percepción diferenciada entre personas y cosas (en un desarrollo progresivo que termina por identificar a las primeras según las condiciones de: racionalidad, intencionalidad, actitudes que permiten, reciprocidad, verbalidad, conciencia y autoconciencia. Hobson toma la definición de Daniel Dennett en 1985).

Un segundo argumento en contra de la Teoría de la Mente descansa en el hecho de que ella parte de la base de que los estados mentales se hallan ocultos y deben ser teorizados. Hobson (1991) niega esto para algunos estados mentales, y propone en cambio que el desarrollo cognitivo en esta área se inicia por la atribución de estados mentales a partir de evidencia empírica, elaborándose hasta llegar a la atribución de racionalidad (mental), en un continuum.

La noción medular de Hobson es que “desde los comienzos más tempranos de la vida, los bebés parecen percibir a las personas, y a responder a ellas, de tal manera que se hace posible la coordinación entre las experiencias subjetivas de los propios bebés y los adultos” (1991: 148). “The central thesis is that children arrive at knowledge about the nature of persons, i.e. people with bodies and minds, throught expierence of affectively charged interpersonal relations” (Hobson, 1992: 44).

La coordinación interpersonal del afecto y la percepción de emociones.

El modelo Ekman-Friesen.

En su desarrollo de la coordinación interpersonal del afecto Hobson (1991: 83-97) establece un vínculo solidario entre la expresividad emocional y la percepción de expresión facial de emociones. El autor recurre al modelo Ekman-Friesen de 1975 que considera seis gestos emocionales básicos estandarizados.

Los modelos que proponen la existencia de gestos emocionales básicos están ampliamente difundidos; e Iglesias, Loeches & Serrano (1991) dan cuenta de algunos de ellos. Dichos modelos definen un reducido número de gestos faciales característicos que se pueden reconocer por un conjunto de acciones generadas desde una base muscular específica.

El modelo Ekman-Friesen (descrito por Iglesias, Loeches & Serrano, 1991) considera que los seis gestos emocionales más básicos serían: alegría, ira, miedo, sorpresa, desagrado y tristeza. Lakoff (1987: 38) explica que aún cuando Ekman no es un teórico de los prototipos (para la teoría de prototipos ver Lakoff, 1987; y aquí mismo más adelante), su desarrollo de las emociones básicas tiene dicho carácter. Las emociones básicas que se representan en los gestos tienen la función de miembros centrales (focales) de categorías de emociones. Como el mismo Ekman (1985: 133) comenta, “no hay una expresión única para cada emoción sino decenas de expresiones, y en algunos casos centenares”. Las emociones en su teoría forman familias que se construyen en torno a cada una de las seis emociones básicas. Así por ejemplo, en el caso de la ira, esta tendría como variables: “intensidad, desde el fastidio hasta la furia; grado de control, desde la ira explosiva hasta el enfado; tiempo de arranque, desde la irascibilidad de quienes pierden la calma en un instante, hasta los que arden a fuego lento; tiempo de descarga, desde la descarga inmediata hasta la descarga prolongada; temperatura, de caliente a fría; autenticidad, desde la cólera real hasta el enojo fingido que muestra un padre arrobado ante las encantadoras travesuras de su hijo” (Ekman, 1985: 133).

Junto con esta diversidad de experiencias que se pueden rotular de manera estandarizada como ira, alegría, tristeza, etc. Existen otras que consideran fusiones entre emociones básicas distintas, como en los ejemplos de Ekman (1985: 133) de la ira gozosa, la culpable o la desdeñosa; o las que citan Iglesias, Loeches & Serrano (1991: 98) mediante la reproducción del círculo de las emociones según Plutchnik en 1980, donde entre otras se define al terror como una combinación de sorpresa y miedo.

Experiencia interna de las emociones y reconocimiento de expresiones faciales. Un modelo para la génesis de la empatía.

Iglesias, Loeches & Serrano (1991) muestran que ya en la fase de lactancia los gestos que manifiestan emociones se corresponden en sus características de ejecución con los prototipos que propone el modelo Ekman-Friesen, cuando son sometidos a estímulos adecuados. En un segundo momento de su trabajo y en el paradigma de la habituación visual (Iglesias, Loeches & Serrano, 1991: 105) muestran que lactantes de tres a nueve meses prestan particular atención a los gestos emocionales básicos. Por fin, en un tercer momento, han determinado las respuestas gestuales de los bebés a los gestos básicos: “encontramos que los lactantes tienden a reproducir los mismos cambios expresivos que observan en la pose del adulto, aunque sin llegar a imitar la configuración total” (Iglesias, Loeches & Serrano, 1991: 107).

Este último alcance se vincula con lo que Bischof-Köhler definió como empatía: “experiencia de participación o de coparticipación en el estado emocional de otra persona y, en consecuencia, la comprensión de qué es dicho estado” (Perner, 1991: 150).

Perner presenta dos maneras de enfrentarse al hecho del reconocimiento de expresiones en relación con el desarrollo de una Teoría de la Mente (en el contexto de la asignación de un significado de peligro en el gesto de miedo en la madre en el experimento del abismo visual, Perner, 1991: 145-147). “Una posibilidad (según Darwin, una posibilidad perfectamente factible desde el punto de vista de la supervivencia), es que los niños estén equipados con reconocimiento innato del significado ambiental de la expresión emocional (...) Si el reconocimiento es innato, no hace falta conocimiento implícito del mecanismo mental-emocional subyacente a la relación entre la expresión facial y su significado ambiental. Otra posibilidad es que la interpretación de la expresión emocional se adquiera a través del aprendizaje” (Perner, 1991: 146-147).

Aunque en su conclusión de que “dista mucho de estar claro si es posible usar la capacidad infantil para interpretar las expresiones faciales de emoción en experimentos de referencia social como prueba de una `teoría implícita de la mente (emoción)'” (Perner, 1991: 147) se contrapone a lo propuesto por Hobson (1991) en el mismo sentido; lo que aquí interesa es que el fenómeno de la empatía, de todas maneras se ancla en el reconocimiento de expresiones faciales.

La crítica de Wierzbicka al modelo de Ekman

Antes de cerrar esta sección del marco teórico conviene detenerse en un primer acercamiento al fenómeno desde la lingüística que problematiza ciertas presunciones que se han planteado proyectando los resultados desde el campo de la sicología en el del estudio del lenguaje y de las lenguas humanas.

Anna Wierzbicka, lingüista de la Universidad Nacional Australiana de Camberra, que ha desarrollado investigaciones en semántica en un gran número de lenguas, se ha planteado particularmente frente a las propuestas de Ekman defendiendo que “it is not possible to say whether there are universal emotions, as claim by the psychologist Ekman, because all concepts of emotions are culturaly based” (Niemeier, 1997: ix). Esta argumentación se mantiene aun cuando el modelo Ekman-Friesen reclama el haber sido aplicado transculturalmente (Iglesias, Loeches & Serrano, 1991: 99. Lakoff, 1987: 38), pues, en palabras de Bamberg: “A second route to avoid taking talk in any way as a foundational factor for the constitution of emotions as meaningful entities, though by far more sophisticated than the theory of natural perception, relies on the intuition that all humans have emotions, and that the particular language that we learn as our first, just carves up the "emotion spectrum" different from any other language, leaving us with the impression that our (first) language does it somewhat more naturally, while other languages are somewhat derived. This theory is actually quite similar to the one that has been developed for color categories” (Bamberg, 2001), y en palabras de Niemeier (1997: ix): Wierzbicka “is able to demonstrate that researchers such as Ekman (e.g. 1990) or Osgod (1996) could never show the existence of “universal emotions” wich were seen as inborn and genetically determined: they tested reactions of people from different cultures, but the tests were always administered on the basis of terminology as found in the English language. Thus, they did not know whether they were testing the same feeling (...) and their results are highly questionable”.

La propuesta alternativa de Wierzbicka desde la que surge la crítica del modelo ekmaniano descansa sobre su método del Metalenguaje Semántico Natural (Niemeier, 1997. Wierzbicka, 1980) o NSM por sus iniciales en inglés. El método de la lingüista australiana considera un número limitado de primitivos semánticos, que combinados adecuadamente deberían generar todos los significados posibles en cualquier lengua. En el caso de los conceptos asociados a las emociones su trabajo habría arrojado que, por ejemplo el significado de la palabra “anger” inglés no correspondería a la “rabbia” italiana, y sería un error de Ekman el considerarlas intercambiables como puntos focales de la emoción correspondiente.

Aunque la teoría de Wierzbicka no considera la emoción como un primitivo semántico, sino al concepto de “feeling”, los autores y autoras de los textos que se incluyen en el volumen en su homenaje (Niemeier & Dirven eds., 1997) continúan refiriéndose a sus estudios como relativos al área de la emoción. En esto siguien a la propia autora, quien en 1995 declaraba: “Since the study of emotions and emotionology are such firmly established labels, we prefer to stick to them instead of creating new terminological problems” (Niemeier, 1997: x).

SEGUNDA PARTE:

DE LA TEORÍA DE LA MENTE A LA LINGÜÍSTICA COGNITIVA

La aseveración hecha al inicio de la Primera Parte, respecto de que la “lingüística de todos los tiempos, no ha situado en primer plano la expresión, sino la función representante del idioma” (Bühler, 1933: 14), tiene, como toda aseveración, un contraejemplo. En el desarrollo de la lingüística cognitiva se ha dedicado una permanente atención al campo de las emociones, y si bien ellas se han estudiado desde la perspectiva de su categorización (o sea en tanto sus “representaciones” lingüísticas), por la naturaleza misma de esta orientación, los logros en el nivel representacional se traspasan al estudio de la expresión.

La Lingüística Cognitiva frente a las Lingüísticas Estructural y Generativa

Tanto Taylor (1989-1995: 19) como Cuenca & Hilferty (1999: 11) precisan que el origen de la lingüística cognitiva puede datarse en 1987 y que sus textos fundantes son Foundations of Cognitive Grammar de Ronald Langacker y Women, Fire and Dangerous Things de George Lakoff. Por cierto que no son las primeras aproximaciones que pueden catalogarse con el rótulo de cognitivas, pero, sí, son las primeras que asumen dicha perspectiva como un compromiso teórico de fondo.

Taylor propone, que la lingüística cognitiva se contrapone tanto a la lingüística estructural, como a la lingüística generativa, pues: en la estructural “meaning of a linguistic form is determined by the language system itself” (Taylor, 1989-1995: 16), mientras que la generativa “goes with the much more controversial claim of the modularity of mind” (Taylor, 1989-1995: 16).

El autor subsume entonces a ambas escuelas bajo un compromiso común, que denomina autonomía: las lingüísticas estructural y generativa entienden al lenguaje como una facultad autónoma. La lingüística cognitiva en cambio, y en una definición negativa asume que: “it is unrealistic to speak of a language faculty independent of `sensory-motor and cognitive development, perception, memory, attention, social interaction, personality and other aspects of experience'” (Taylor, 1989-1995: 19).

Lo anterior implica una definición apriorística de la arquitectura de la mente. Gibbs (1996), por ejemplo, postula que hay cuatro maneras en que el pensamiento conceptual puede influenciar el lenguaje ordinario y la comprensión:

“(1) Conceptual thought plays some role in changing the meanings of words and expressions over time, but does not motivate contemporary speakers' use and understanding of langauge.

(2) Conceptual thought motivates the linguistic meanings that have currency within linguistic communities, or may have some role in an idealized speakers'/hearers' understanding of language. But conceptual thought does not actually play any part in an individual speakers' ability to make sense of langauge or to process it

(3) Conceptual thought motivates individual speaker's use and undestanding of why various words and expressions mean what they do, but does not play any role in people's ordinary on-line production or comprehension of everyday language

(4) Conceptual thought functions automatically and interactively in people's on-line use and understanding of linguistic meaning” (Gibbs, 1996: 35-36)

Gibbs opone desde aquí una apuesta generativa (generative wager), que se definiría como:

“It is highly likely that most aspects of langauge that are universal are a result not of general cognitive constrains, but of constrains specific to language functions- specific to an autonomous language faculty. It is therefore appropiate a priori assume autonomous psychological constrains and to leave it to others prove otherwise” (Gibbs, 1996: 37)

A una apuesta cognitiva (cognitive wager), caracterizada de la siguiente manera:

“It is highly likely that most language universals are a result not of linguistically autonomous constrains, but of constrains general to other cognitive functions. It is therefore appropiate a priori to assume that langauge universals derive fron general cognitive constrains and to leave it to others to prove otherwise” (Gibbs, 1996: 37)

Y luego de dar algunos ejemplos concluye que: “Linguists who bet on the cognitive wager open themselves up to a whole new range of theoretical explanations that are rarely considered by those adhering to the generativist assumptions” (Gibbs, 1996: 38).

En el sentido contrario añade que a través del análisis de patrones sistemáticos en el lenguaje como los ICM, “image schemas”, mapeos metafóricos y metonímicos, espacios mentales y estructuras radiales, se puede inferir algo acerca del conocimiento conceptual (Gibbs, 1996: 40).

Así, y concluyendo su argumentación acerca de lo cognitivo en la lingüística cognitiva (el título de su artículo): “cognitive linguistics is especially cognitive because of (a) the way that it incorporates empirical findings from other disciplines into linguistic theory, and (b) because it seeks to examine the specific contents, and not just the architecture, of human conceptual knowledge” (Gibbs, 1996: 29).

Tanto el propio Gibbs (1996) como Taylor (1989-1995) y Cuenca & Hilferty (1999) destacan que uno de aquellos “empirical findings from other disciplines” es el desarrollo de las Teorías de Prototipos.

Hacia las Teorías de Prototipos

Propiciadas en las reflexiones de Wittgenstein (1953: 171) acerca de la naturaleza del concepto “juego” y la proposición de sus “family resemblances”, las teorías de prototipos y su evolución cubren gran parte de los textos aquí consultados acerca de lingüística cognitiva (Taylor 1989-1995, Cuenca & Hilferty 1999, Rosch 1978, Armstrong et als 1983, Lakoff 1987a, 1987b, Laurence & Margolis 1999, MacLAury 1995, etc.)

Un buen punto de arranque para explicarlas pasa por Laurence & Margolis (1999), quienes en el compilatorio libro Concepts realizan una introducción que muestra a estas teorías en el contexto de las teorías acerca de la conceptualización, y en especial en contraposición a la Teoría Clásica (desde ahora TC).

Definición de la Teoría Clásica

La TC se explicita así:

“Most concepts (esp. lexical concepts) are structured mental representations that encode a set of necesary and sufficient conditions for their application, if possible, in sensory or perceptual terms” (Laurence & Margolis 1999, 10)

Taylor (1989-1995: 8), agrega (refiriéndose a la categorización, pero siempre dentro de la TC) algunas características:

“(1) Categories are defined in terms of a conjunction of necessary and sufficient features

(2) Features are binary

(3) Categories have clear boundaries”

Inconvenientes de la Teoría Clásica

Este esquema que define la TC encuentra una serie de inconvenientes que Laurence & Margolis resumen como:

1. El problema de Platón: practicamente no hay conceptos definidos

2. El problema de la realidad sicológica: experimentos muestran que los conceptos léxicos no influyen en las definiciones. El experimento de Kintsch muestra que en un test se comprenden con igual velocidad palabras en contexto que son más o menos complejas en sus definiciones. “Convinced” y “Believed”.

3. El problema de la analicidad

4. El problema del error y la ignorancia

5. El problema de la difusión conceptual

6. El problema de los efectos de tipicidad (cf. Laurence & Margolis 1999: 27)

Este último es el más importante en el inicio del desarrollo de las Teorías de Prototipos (desde ahora TPs).

Definición de las Teorías de Prototipos

Los autores definen las TPs, como:

“Most concepts (esp. lexical concepts) are structured mental representations that encode the properties that objects intheir extension tend to posses” (Laurence & Margolis, 1999: 31)

El hecho de que se use el término Teorías de Prototipos en su forma plural y no en singular respecta a uno de los errores de conceptualización más divulgados respecto de estas teorías. Las Teorías de Prototipos no son unitarias porque no corresponden a una definición sino a una explicación (“To speak of a prototype at all is simply a convenient grammatical fiction: what is really referred to are judgements of degree of prototypicality” Rosch 1978: 200).

Los trabajos señeros de Berlin & Kay en 1969 (MacLaury, 1995. Taylor 1989-1995) acerca de la categorización de los colores, y sobre todo los trabajos de Eleanor Rosch (antes Heider), han establecido un paradigma experimental muy bien replicado, que da cuenta no de la naturaleza de la categorización, sino que de algunas características que se manifiestan en ella (““Prototypes do not constitute any particular processing model from categories” Rosch 1978: 200).

Principios Básicos en la Formación de Categorías

Rosch plantea inicialmente dos principios básicos para la formación de categorías:

(a) Economía cognitiva y (b) Estructura percibida del mundo. Este segundo tiene que ver con que los estímulos provenientes del mundo no son no-estructurados, sino que poseen una alta estructura correlacional (plumas y alas coocurren más que piel y alas, un actor con programación motora para sentarse percibirá los objetos con atributos de sillas como “sentables”, etc.) (Rosch 1978: 190)

Las Dimensiones Vertical y Horizontal

A continuación plantea la existencia de una dimensión vertical y otra horizontal de categorización.

Dimensión Vertical: Nivel Básico

En la dimensión vertical aparecen los objetos de Nivel Básico (NB) así como las categorías superordinadas y subrodinadas. Rosch propone que el NB es aquel que “can be formalized in terms of cue validity or in terms of the set theoretic representation of similarity” (Rosch 1978: 192).

Rosch entrega además algunas definiciones operacionales del NB:

  • Atributos en Común: “basic level objects are the most inclusive level of classification at which objects have numbers of attributes in common” (Rosch 1978: 193)

  • Movimiento Motor: “Inseparable from the perceived attributes of objects are the ways in which humans habitually interact with those objects” (Rosch 1978: 194) (una silla y una silla de cocina no difieren en cuanto a la operación de sentarse en ellas)

  • Similitud de formas (los compañeros de nivel básico son más similares entre sí que los de la categoría superordinada)

  • Identificabilidad de Forma Promedio: “basic objects were the most general and inclussive categories at which the objects depicted could be identified” (Rosch 1978: 195)

  • Taylor (1989-1995: 51) añade que el NB:

    (a) maximize the number of attributes shared by members of the category; and

    (b) minimize the number of attributes shared with members of other categories

    Y Cuenca & Hilferty (1999: 43)

    “El Nivel Básico es cognitivamente el más rico y eficiente de los tres según Kleiber (1990)

    (a) perceptivamente, los elementos de dicho nivel son los que se identifican de manera más rápida porque están asociados a una imagen simple y global

    (b) comunicativamente, suelen corresponder a palabras más cortas, son las más frecuentes en el uso, el punto de referencia en contextos neutros y, además, se identifican con las primeras palabras que entienden y utilizan los niños

    (c) desde el punto de vista de la organización del conocimiento, es el nivel más informativo, por cuanto a un esfuerzo cognitivo mínimo se corresponde una cantidad de información muy elevada, debido al hecho de que la mayor parte de atributos de la categoría se memorizan en este nivel”.

    Rosch describe algunas implicancias de los objetos de NB:

    (a) Imaginería: “The fact that basic level objects were the most inclusive categories at which an averaged member of the category could be identified suggested that basic objects might be the most inclusive categories for which it was possible to form a mental image isomorphic to the appearence of members of the class as a whole” (Rosch 1978: 195)

    (b) Percepción: al ser visto un objeto se le categoriza primero en el nivel básico.

    (c) Desarrollo: el NB es la primera categorización que realizan niños.

    (d) Lenguaje: entonces los términos que denominan a los objetos de nivel básico serían los más usados (y lo son) (Rosch 1978: 196)

    Dimensión Horizontal: Prototipos

    “By prototypes of categories we have generally meant the clearest cases of category membership defined operationally by people's judgements of goodness of membership in the category” (Rosch 1978: 196)

    Los prototipos no son ni miembros específicos, ni estructuras mentales (Rosch 1978: 196), lo que hay son grados de prototipicidad (cf. supra), o mejores ejemplos. Así, se puede hablar de miembros centrales y periféricos. Los grados de prototipicidad (efecto de prototipicidad) se manifiestan de manera que es posible someterlos a diversas pruebas experimentales y testeos de uso. Algunos modelos de testeo son:

  • Rapidez de Procesamiento: Tiempo de Reacción. Los sujetos participantes del test deben contestar rapidamente a la consulta si un X es miembro de la categoría Y. Los ejemplos más prototípicos se responden más rápido.

  • Rapidez de Aprendizaje de Categorías Artificiales (Errores) y Orden de Desarrollo en Niños. Los niños aprenden primero los miembros que son mejores ejemplos de las categorías y luego los peores.

  • La Lógica del Uso del Lenguaje Natural de Terminos Categoriales: Hedges, Sustituibilidad en Oraciones, Superordinación en ASL. (Rosch 1978: 198-199)

  • Este último conjunto de modelos considera que los ejemplares periféricos se caracterizan de cierta manera en algunos tipos de oraciones; y que estas no tienen sentido cuando se intenta hacer lo mismo con los ejemplares centrales (o viceversa).

    Así, los hedges (propuestos por Lakoff en 1972. Cf. Rosch 1978: 199. Lakoff 1987b: 122-124. Taylor 1989-1995: 75-80) son calificadores como “casi”, “virtualmente” y “técnicamente”, que participan en construcciones como: “virtualmente un pingüino es un ave” o “tecnicamente un aparato de televisión es un mueble”. Otro ejemplo son las construcciones dobles de Dray en 1987 (MacLaury, 1995: 256), como “salad salad, not fruit salad”.

    La sustituibilidad respecta al hecho de que en ciertas construcciones es posible reemplazar un miembro de la categoría superordinada por un buen ejemplo de la categoría de NB, pero, no así con los ejemplares periféricos. De este modo en: “un ave vuela sobre el granero” se puede reemplazar el superodinado “ave” por el NB “gorrión”, pero, no por “pingüino”. Este es además “an effect which is not simply a matter of frecuency” (Rosch 1978: 199).

    Inconvenientes de las Teorías de Prototipos

    Laurence & Margolis (1999: 43) consignan sin embargo los problemas a que se ve también enfrentadas las Teorías de Prototipos:

    (1) El Problema de los Primos Prototípicos: los efectos de tipicidad no significan que exista una estructura prototípica pues conceptos bien definidos también la presentan.

    (2) El Problema del Error y la Ignorancia.

    (3) El Problema de de los Prototipos Perdidos: como “U.S. monarch” que resulta vacío.

    (4) El Problema de la Composicionalidad: los prototipos de conceptos complejos no se derivan de los prototipos de conceptos simples. Como pez mascota (“pet fish”), en que ni las características del pez prototipo (color plomo, tamaño de dos o tres palmas, hábitat marino) ni las de la mascota prototípica (cuatro patas, meneador de cola, hábitat terrestre) se mantienen. El “pet fish” prototípico mide un par de pulgadas, es de colores, y habita una pecera.

    El primer inconveniente (el Problema de los Primos Prototípicos) ha sido elaborado por Armstrong et als (1983), quienes han aplicado los mismos modelos experimentales de los teóricos de los prototipos a categorías bien definidas (o sea, caracterizadas de acuerdo a la TC) como los números pares, y han encontrado que el resultado es que también aquí se dan efectos de prototipicidad.

    Armstrong et als (1983: 246) concluyen de sus estudios que: “The results of our studies suggest that it has been premature to assign a family-resemblance structure to certain natural categiories”. Ello porque, si los efectos de prototipicidad implican la existencia de una estructura prototípica, entonces habría que otorgarle dicha estructura también a las categorías bien definidas; lo que es incoherente.

    Lakoff prepara la respuesta a Armstrong et als (1983)

    La respuesta de Lakoff a la crítica de Armstrong et als (1983) rebate la idea de que los efectos de tipicidad muestren algo directo acerca de la naturaleza de la categorización humana (Lakoff 1987b: 391)

    El autor da cuenta de dos comunes (y erróneas) interpretaciones de los efectos de prototipicidad:

    (1) The Effects=Structure Interpretation. Goodness-of-example ratings are a direct reflection of degree of category membership.

    (2) The Prototipe=Representation Interpretation. Categories are represented in the mind in terms of prototypes (that is, best examples). Degrees of category membership for other entities are determined by their degree of similarity to the prototipe. (Lakoff 1987b: 391)

    Dos variantes habría de esta última: (a) el prototipo es una abstracción, un esquema o un conjunto de rasgos. (b) el prototipo es un ejemplo particular.

    De acuerdo con lo que se ha reseñado hasta este punto, los efectos de prototipicidad son eso mismo: efectos. No pueden decir nada acerca de qué los causa. Lo importante de ellos es que: “In short, prototypes only constrain but do not specify representation and process models” (Rosch 1978: 200).

    Lakoff propondrá una teoría general del conocimiento que permita dar cuenta de los efectos de prototipicidad, tal teoría es la de los Modelos Cognitivos Idealizados (ICM por sus siglas en inglés).

    Modelos Cognitivos Idealizados (ICM)

    “The main thesis of this book is that we organize our knowledge by means of structures called idealized cognitive models, or ICMs, and that category structures and prototype effects are by-products of that organization.” (Lakoff 1987a: 68)

    El autor reconoce los trabajos que en la misma orientación ya han hecho otros. Asi, los modelos cognitivos se desarrollarían desde los esquemas, marcos y guiones a partir del temprano concepto de “case frame” de Fillmore. Habría cuatro modelos más: image-schematic, metaphoric, metonymic, symbolic models. (Lakoff 1987b: 392-393).

    Lakoff va mostrando que los ICMs dan cuenta, en primer lugar de los efectos de prototipicidad, incluso cuando se trata de categorías definidas según la TC, como en el ejemplo del bachelor de Fillmore (Lakoff 1987a: 70-71; 1987b: 393. Cuenca & Hilferty 1999: 74-76).

    Ciertas entidades se caracterizarían por conjuntos de ICMs, más que por algún ICM aislado, como el caso de “madre” (donde existe un modelo del nacimiento, otro genético, uno nutricional, otro marital, etc.). Aquí habría patrones culturales que definirían el ejemplar prototípico (la madre dueña de casa, más que la madre que trabaja fuera).

    Lakoff añade dos fuentes más de efectos de prototipicidad, las metonimias y las categorías radiales.

    Metonimias

    “Given an ICM with some background condition (e.g. institutions are located inplaces), there is a “stands for” relation that may hold between two elements A and B, such that one element of the ICM, B, may stand for another element A. In this case, B=the place and A= the institution. We will refer to such ICMs containing stands-for relations as metonymic models” (Lakoff 1987a: 78).

    Cuenca & Hilferty (1999: 111) definen en este mismo sentido (y siguiendo un trabajo posterior de Lakoff en 1989) la metonimia como la asociación de dos entidades conceptualmente contiguas pertenecientes al mismo dominio: el punto de referencia (PR) y la zona activa (ZA). De este modo, algunas de las metonimias tradicionales se caracterizarían de la siguiente manera:

    “LA PARTE POR EL TODO

    Es un turbo diesel precioso

    PR: turbo diesel ZA: coche con motor turbo disel

    EL TODO POR LA PARTE

    En verano lavaba el coche una vez por semana

    PR: el coche ZA: el exterior del coche

    EL CONTENIDO POR EL CONTINENTE

    Se bebió tres copas de vino

    PR: la copa ZA: el contenido de la copa” (Cuenca & Hilferty 1999: 112)

    Estructuras y Categorías Radiales

    Esta es la última fuente de prototipicidad que citará Lakoff en sus dos trabajos aquí explanados (1987a y 1987b).

    En el primero establece que:

    “A radial structure is one where there is a central case and conventionalized variations on it which cannot be predicted by general rules. Categories that are generated by central cases plus general principles -say, the batural numbers or Lounsbury's account of the category maternal uncle in Fox- are not radial structures, as we are defining the term. We are limiting radial structures only to cases where the where the variations are conventionalized and have to be learned” (Lakoff 1987a: 84).

    Mientras que en el segundo, y respecto de las propiedades de estas categorías (para él quizá la fuente de prototipicidad más interesante):

    “(1) There can be no single cognitive model that represents the entire category

    (2) There is a central submodel characterizing a central subcategory

    (3) Representations for noncentral subcategories cannot be predicted either by rule or by a general principle such as similarity

    (4) There are nonarbitrary links between the central and noncentral subcategories. These links are other cognitive models existing independently in the conceptual system

    (5) Thought the noncentral subcategories cannot be predicted from the central subcategory, they are motivated by the central subcategory plus other, independently existing cognitive models

    (6) Motivated subcategories can be learned, remembered, and used more efficiently than arbitrary, unmotivated subcategories” (Lakoff 1987b: 406)

    La respuesta de Lakoff a Armstrong et als (1983)

    Ahora resulta bien sencillo de comprender. Armstrong et als (1983) cometen el error E=SI (The Effects=Structure Interpretation). Por ejemplo, para el caso mentado de los números pares, Lakoff muestra que lo que produce el efecto es el hecho de que un número como 2 pertenece a un ICM extra (el de la generación de los números por los dígitos, por lo que es visto como un número más ideal) (Lakoff 1987b: 418-420).

    En esta misma perspectiva una respuesta igualmente incisiva es el trabajo de Malt (1996), quien desarrolla un ejemplo que muestra que la conceptualización no se hace en base a la Teoría Clásica. Malt (1996) testea la clasificación como agua de diversas sustancia líquidas y al mismo tiempo pide a los testeadores que entreguen un porcentaje estimado de presencia de H2O en las composiciones.

    Aguas clasificadas como tales (como la de un radiador) sólo llegan a un 67,3% de H2O en las estimaciones, mientras que líquidos definidos como no acuosos como el té tienen un 91% de H2O estimado. Esto le lleva a interrogar que: “If people are not using the word `water' to label liquids that share the composition H2O, what IS the word `water' capturing?” (Malt 1996: 158) El modelo que Malt plantea refuerza la idea de un ICM agrupado (como en el caso de las “madres” de Lakoff) como substrato de los ejemplos de prototipicidad cuando se dan en conceptos con una definición según la TC.

    Metáfora

    No obstante el desarrollo de los ítemes anteriores, dónde el trabajo de Lakoff se ha revelado como más pionero ha sido en el área de la descripción y comprensión de los procesos de metaforización. Sus primeros trabajos datan de 1980, cuando junto a Mark Johnson publican Metaphors We Live By.

    Allí se propone la existencia de metáforas conceptuales. “Las metáforas conceptuales son esquemas abstractos, que sirven para agrupar expresiones metafóricas” (Cuenca & Hilferty 1999: 100)

    “Siguiendo a Lakoff & Johnson (1980), la estructura interna de las metáforas conceptuales se analiza de la siguiente manera: llamaremos dominio origen al dominio que presta los conceptos y dominio destino al dominio sobre el que se superponen dichos conceptos. La metáfora se entiende, pues, como la proyección de unos conceptos desde un dominio conceptual (el dominio origen) hacia otro dominio conceptual (el dominio destino)” (Cuenca & Hilferty 1999: 101)

    El estudio de Anger

    Women, Fire and Dangerous Things son dos libros, el primero teórico, el segundo práctico. Cuando llega el momento de aplicar ejemplarmente las nociones desplegadas en teoría, George Lakoff decide partir por el estudio de “Anger”, y justifica como sigue:

    “It is taken from the domain of emotions for a number of reasons. Emotions are often viewed as feeling devoid of any conceptual content. But in addition to feeling what we feel, we also impose an understanding on what is that we feel. When we act on our emotions, we act not only on the basis of feeling but also on the basis of that understanding. Emotional concepts are thus very clear examples of concepts that are abstract and yet have an obvious basis in bodily experience. Anger, as we shall see, is a particulary rich example: it has a very elaborate conceptual structure. Anger also has a very rich category structure, in that there are many kinds of anger, from righteous indignation, to wrath, to cold anger, and the like” (Lakoff 1987a: 377).

    La elección de “Anger” como objeto de estudio no es casual, las emociones tienen un estatus privilegiado dentro de la perspectiva teórica de la lingüística cognitiva.

    Las emociones (Kövesces 1995: 191) representan una interfaz donde convergen: (1) la terminología lingüística, (2) la conceptualización y (3) la experiencia fisiológica. Las emociones son así un particular espacio donde es evidente que se da lo que plantea Casad (1996: 1): “Central to the endeavor of Cognitive Linguistics is the idea that language use is grounded in our daily experience”.

    Lakoff reconoce en el inicio de su desarrollo del estudio de “Anger” que el mismo está basado en la colaboración con Zoltan Kövesces que es quien ha planteado primero que se puede investigar el área de las emociones usando el modelo de Lakoff & Johnson en 1980. Lo específico de Kövesces es que por primera vez ha aplicado dicho modelo exclusivamente en un estudio de lenguaje (Matsuki 1995: 139. Taylor 1995: 12-13).

    Kövesces en 1989 ha propuesto que: “each and every expression related to a concept has to be examined if we wish to uncover the minute details of the concept” (citado por Geeraerts & Grondelaers 1995: 174)

    De este modo Lakoff y Kövesces llegan a una colección de metáforas que incluyen:

    - He lost his cool

    - She was looking daggers at me

    - I almostburts a blood vessel

    - He was foaming at the mouth (Lakoff 1987a: 380-381)

    Etc.

    Metonimias para Anger

    Aplicando las ideas populares de que: “The physiological effects of anger are increased body heat, increased internal pressure (blood pressure, muscular pressure), agitation, and interference with accurate perception” (Lakoff 1987a: 381), “As anger increases, its physiological effects increase” (Lakoff 1987a: 382), entre otras, llegan a las siguientes metonimias:

    Body heat

    - Billy's a hothead

    Internal pressure

    - Don't get a hernia

    Redness in face and neck area

    - He got red with anger

    Agitation

    - She was shaking with anger

    Interference with accurate perception

    She was blind with rage (Lakoff 1987a: 382-383)

    Metáforas conceptuales para Anger

    Y por fin a las metáforas conceptuales:

    ANGER IS HEAT

    y

    ANGER IS HEAT OF A FLUID IN A CONTAINER (Lakoff 1987a: 383)

    Correspondencias de proyección entre los dominios origen y destino

    Origen: HEAT OF FLUID IN CONTAINER Destino: ANGER

    Correspondencias Ontológicas:

    -The container is the body

    -The heat of fluid is anger

    -The heat scale is the anger scale, with end points zero and limit

    -Container heat is body heat

    -Pressure in container is internal pressure in the body

    -Agitation of fluid and container is physical agitation

    -The limit of the container's capacity to withstand pressure caused by heat is the limit of the anger scale

    -Explssion is loss of control

    -Danger of explosion is danger of loss control

    -Coolness in the fluid is lack of anger

    -Calmness of the fluid is lack of agitation. (Lakoff 1987a: 387)

    Detalles del escenario prototípico

    Junto con el componente biológico se halla el componente cultural que mediatiza la manifestación de “Anger”. Este componente se estructura de acuerdo con un guion (según el modelo de Shank y Abelson).

    “The model has a temporal dimension and can be conceived of as a scenario with a number of stages” (Lakoff 1987a: 397)

    “Stage 1: Offending event

    Stage 2: Anger

    Stage 3: Attempt at control

    Stage 4: Loss of control

    Stage 5: Act of retribution” (Lakoff 1987a: 397-398)

    Casos no prototípicos

    Los casos centrales de Anger son aquellos que se manifiestan de acuerdo con el guion de 5 estadios. Los ejemplos que se alejan del guión serán los ejemplos periféricos, algunos de ellos son:

    Insatiable anger, frustrated anger, redirect anger, exaggerated response, controled response, spontaneous cessation, etc. (Lakoff 1987a: 401-404)

    Conclusiones del estudio de Anger por Lakoff

    “The conceptual metaphors and metonymies used in the comprehension of anger are based on a folk theory of the physiology of anger, the major part of which involves heat and internal pressure” (Lakoff 1987a: 407)

    Luego de citar el resultado de las investigaciones de Ekman, Levenson y Friesen en 1983, quienes concluyeron que ciertas emociones tienen un correlato en la fracuencia de las pulsaciones y la temperatura corporal (y Anger en específico se representa con un aumento en ambas variables), Lakoff dice que “the Ekman group's results suggest that our folk theory of the physiology of anger corresponds remarkably well with the actual physiology: when people experience anger their skin temperatura and pulse rates rises” (Lakoff 1987a: 407).

    Por último, y como propuesta: “from the Ekman group's results, together with our hypothesis concerning conceptual embodiment, we can make an interesting prediction, that if we look at metaphors and metonymies for anger in the languages of the world, we will not find any contradict the physiological results thet they found” (Lakoff 1987a: 407).

    Estudios sucesivos

    Particularmente en Taylor & MacLaury eds. (1995) se hallan tres trabajos que profundizan los alcances de la investigación de Lakoff y Kövesces.

    En la introducción de la colección de textos Taylor (1995: 10-15) entronca los estudios sobre emocionalidad con la metodología kövesciana, por un lado con intuiciones y reflexiones que ya en 1979 y 1981 hacían Austin y Fodor respectivamente acerca del “problema de las otras mentes”.

    Austin proponía que una persona que nunca hubiera tenido la experiencia del enojo sería incapaz de reconocer el escenario (Taylor 1995: 11), aunque esto parece dudoso cuando se consideran las características innatas del enojo, en especial la expresión facial, que está demostrada universalmente. Da la impresión de que hay que distinguir entre el guión del enojo en una cierta cultura y las bases biológicas del mismo que son universales.

    Fodor por su parte sostenía la idea de que atribuir estados internos emocionales como la rabia es hacer una inferencia teorética desde un comportamiento observado (Taylor 1995: 11-12).

    Taylor (1995: 12) propone que las nociones de Fodor y Austin son programáticas respecto del estudio cognitivo de las emociones. Ambos, no obstante comparten que diferentes personas tendrán modelos comunes acerca de las emociones (en Austin un mismo guión, en Fodor una misma teoría). Sin embargo, Taylor admite que quizá diferentes personas, o grupos que hablan distintos idiomas, o que pertenecen a culturas diferentes, o a épocas diversas construirían diferentes teoría sobre las emociones.

    Respecto de esto último, el trabajo de Matsuki (1995), a un tiempo que confirmar la hipótesis de Lakoff y Kövesces: “if we look at metaphors and metonymies for anger in the languages of the world, we will not find any contradict the physiological results thet they found” (Lakoff 1987a: 407), con abundante evidencia lingüística en japonés, presenta un modelo cognitivo que es propio de dicha cultura y que determina una serie de expresiones particulares: el modelo que divide el cuerpo en tres zonas ascendentes llamadas hare, mune y atama.

    Pero, no solo en diferentes lugares se dan modelizaciones distintas que determinan gran parte de las expresiones referidas a “Anger”. Geeraerts & Grondelaers (1995) proponen una base histórica de las formas que expresan “Anger”, de acuerdo con la teoría clásica de los humores desarrollada por Hipócrates.

    Los autores plantean que la distinción de los cuatro humores: Flema, Bilis Negra, Bilis Amarilla, Sangre; con todas sus especificaciones, permite explicar ciertas formas remanentes en el lenguaje, como: valling en algunos dialectos de bélgica, con el significado de “cold, inflammation of the mucous membrane of nose and throat” (Geeraerts & Grondelaers 1995: 154), y con una etimología que le vincula con vallen (caer), referido al humor cerebral: el flema.

    Tomando la frase ya citada de Kövesces “each and every expression related to a concept has to be examined if we wish to uncover the minute details of the concept” (Geeraerts & Grondelaers 1995: 174), explanan que una serie de ejemplos del legado léxico, particularmente en inglés: choler, gall, rouse one's choler, stir one's bile, galling, choleric (Geeraerts & Grondelaers 1995: 163), apuntarían a que el modelo cognitivo occidental de fisiología de las emociones descansaría y hallaría sus metáforas conceptuales en estos cuatro humores, antes que en una interpretación directa de la fisiología de la emoción [The “anger is the heat of a fluid in a container” metaphor identified by Kövesces (1989) can be seen as one of those traces. It is then not motivated dircetly by yhe physiological effects of anger, as Kövesces suggests, but in part of the historical (and reinterpreted) legacy of the humoral theory. (Geerarts & Grondelaers 1995: 176)]

    En este entendido cuestionan que los resultados experimentales de Ekman, Levenson, Friesen (1983, citados por Kövesces y Lakoff 1987a: 407), en que “Anger” fisiológicamente conlleva un aumento de temperatura, implique la percepción del mismo. Proponen que: “independent evidence is needed to show that these objective increases correlat with sunjective experience of warm” (Geeraerts & Grondelaers 1995: 168)

    Sin embargo, “Specifically, we do not wish to imply that physiological factors are unimportant for the structure of our emotional vocabulary, nor that they could not interact with the historical humoral influences” (Geeraerts & Grondelaers 1995: 170).

    Y concluyen que: “If cultures are only cultures because they have a tradition, and if, therefore, cognitive models are only cultural models if they have a chronological continuity and historical permanence, an awareness of the history of ideas is methodologically indispensable for cognitive semantics” (Geeraerts & Grondelaers 1995: 177).

    Los estudios de Matsuki (1995) y Geeraerts & Grondelaers (1995) ejemplifican que los modelos cognitivos varían de una cultura a otra tanto en el tiempo como en el espacio.

    Kövesces (1995) recensiona ambos trabajos desarrollando el tema de Anger desde una perspectiva transcultural. El autor sugiere que los modelos cognitivos idealizados que sustentan las metáforas conceptuales son perfilados en un nivel general por la fisiología, pero, se instancian en los lenguajes de acuerdo a mediaciones culturales: “A generic-level container schema seems to be motivated by physiology and the details of the schema at the specific level seem to be filled out by cultural system” (Kövesces 1995: 193)

    El estudio del lenguaje de las emociones desde la perspectiva de Wierzbicka

    Al igual que en el cierre de la Primera Parte, acá también se debe hacer una mención de trabajos paralelos acerca de emocionalidad, desarrollados desde la perspectiva del NSM propuesto por Wierzbicka. De la colección de ponencias que recogen Niemeier & Dirven eds. (1997), se pueden mencionar tres: Bamberg (1997), Kauschke & Klann-Delius (1997), Kryk-Kastowsky (1997).

    Mientras que en la línea abierta por Kövesces y Lakoff el desarrollo ha corrido fundamentalmete hacia una descripción de modismos en diferentes idiomas y el estudio de cómo en ellos se instancia (por ejemplo) la metáfora Anger, estableciendo la universalidad de los condicionantes biológicos como fuertes constrictores de los modelos cognitivos posibles. Desde la línea abierta por Wierzbicka se pretende mostrar que “emotions (...) are a semantic domain (...), to be investigated in a semantic language, i.e. in terms of indefinables or primitives (semantic universals) that are shared by all human languages” (Bamberg 1997: 211).

    Una de las diferencias esenciales entre ambas líneas es que la de Lakoff-Kövesces vincula el lenguaje “emocional” a un sustrato biológico universal, mientras que la de Wierzbicka pretende definirlo respecto de un sustrato semántico universal.

    Que Wierzbicka no considere las emociones como primitivos semánticos (sino a elementos como feel, want, good, bad Bamberg, 1997: 210) no significa que reniegue de los alcances de estudios transculturales (e incluso más allá de la especie humana cf. Iglesias, Loeches & Serrano 1991: 100) de reconocimiento de gestos. Lo que ella critíca son los rótulos con que se caracterizan dichos gestos como emociones y el etnocentrismo consecuente.

    Este tipo de asunción contradice fuertemente la sicología de sentido común, que, por ejemplo atribuiría a expresiones como las interjecciones que manifiestan sorpresa, una espontaneidad y desculturación que las pretenderían universales. Kryk-Kastowsky (1997) muestra que ello no es así, pues existen interjecciones eufemísticas altamente convencionalizadas.

    CONCLUSIONES

    Dos tricotomías análogas se han presentado para el lenguaje y para la cognición. Según ellas existirían las funciones representativa, apelativa y expresiva/emotiva. En el campo de la lingüística se conviene en que la última de estas funciones ha sido la menos estudiada y sobre la que existe menos desarrollo.

    La Primera Parte de este marco teórico se ha concentrado en mostrar como investigaciones y propuestas realizadas desde la ciencia cognitiva a lo largo de los últimos 30 años han ido revelando una profunda imbricación del área emotiva en la constitución y desarrollo del área representativa.

    La Segunda Parte se ha concentrado en los trabajos que desde hace unos 15 años se vienen realizando acerca de la lingüística de las emociones, y como ellos tienden a mostrar que la función emotiva lejos de ser arbitraria y espontánea, resulta estar fuertemente determinada por patrones culturales.

    Así ni la cognición carece de emoción, ni la emoción carece de cognición.

    Lo que se entiende por emoción implica un componente biológico (por una parte los gestos faciales, por otra las especificidades del SNA) y también un componente cultural.

    De este modo, cualquier estudio sobre el componente emotivo del lenguaje debe definir primero, con precisión, la estructura de las emociones (como sus guiones, metáforas, marcos, modelos cognitivos idealizados, etc.) en la cultura asociada a dicho lenguaje.

    Esto en vez de resultar una dificultad, es en realidad una ventaja, pues, al delimitar la estructura de las emociones se tiene de inmediato un sistema coherente que puede dar cuenta de la expresión emocional de manera no intuitiva y no arbitraria.

    Sin embargo, si sólo se tuviera el componente cultural el estudio de las emociones caería en una petición de principio (sólo se podría categorizar el componente emocional de acuerdo a las mismas categorías).

    Es en este nivel que el trabajo de Paul Ekman adquiere una especial relevancia. Los gestos básicos que ha definido como universales (y los estados del SNA asociados a ellos) son los datos biológicos que habrá que emparejar, en último término, con los modelos emocionales que se eluciden.

    Asumiendo la crítica de Wierzbicka a Ekman cuando este pretende dar cuenta del “lenguaje de las emociones”, el modelo de los seis gestos se debe tomar en tanto los gestos mismos, y no según sus definiciones a priori.

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    Dicha relegación no es, sin embargo, una constante absoluta. Algunas escuelas, como la neo-idealista, han destacado la “primacía de la emoción por sobre el aspecto intelectual mecánico del lenguaje” (Stankiewicz, 1964: 317).

    Recuérdese que en la reducción de la tricotomía a una dicotomía cognitivo emocional, Foolen (1997) siguiendo a Ullman ha subsumido el componente conativo-social en el emotivo.

    Este experimento se inspira en uno anterior que llevaron a cabo Zimmer y Perner en 1983, “Maxi y el Chocolate” (Perner, 1991: 196ss).

    La idea de Perner considera el desarrollo de la “Teoría de la Mente” como de dominio específico (domain specific), mientras para Leslie es de dominio general (domain general) en la línea de Piaget (sobre esto ver en Karmiloff-Smith, 1992. Para un desarrollo de las nociones dominiogenaralistas en oposición a las dominioespecificistas, Bates, 1994).

    Publicaciones como la de Linden (1999) que consagra una serie de ejemplos de “engaños” realizados por animales en cautiverio, muestran, sin embargo, que la distinción no es tan fácil de aplicar.

    Frith (1994). Gopnik (1993). Hobson (1991, 1992). Leslie (1987). Perner (1991). Fodor (1992).

    Sobre la lateralización hemisférica y las implicaciones consecuentes: Watzlawick (1977), Eccles & Zeier (1981), Danesi (1986, 1994), Gleason & Ratner (1993), Reyes (1993), Swerdlow (1995).

    O en palabras de Cuenca & Hilferty (1999: 94): “La frotera entre conocimiento lingüístico y conocimiento del mundo es artificial, ya que el significado lingüístico se fundamenta directamente en nuestro conocimiento del mundo y el considerarlo separadamente no hace más que ocultar aspectos que son centrales para el estudio de las lenguas”.

    Taylor no es el único que empieza a conceptualizar los modelos estructural y generativo como participantes de una visión común del lenguaje que se contrapone a la de la lingüística cognitiva. Love (1995: 378-379) desarrolla un análisis similar aunque no idéntico. Esto se asimila bastante a lo que antes ha hecho Karmiloff-Smith (1992) respecto de los modelos sicológicos de Piaget y del conductismo, al definirlos en conjunto como dominiogeneralistas en oposición a la orientación dominioespecificista. Es extemporáneo hablar de un cambio de paradigma (cf. Kuhn 1962), máxime cuando ya Searle (1992: 19) ha advertido acerca de la “maniobra de la edad heroica de la ciencia”, que también se podría llamar “falacia de las revoluciones científicas”.

    “Basic colour terms:

    (a) Are not subsumed under other terms.

    (b) Are morphologically simple

    (c) Are not collocationally restricted

    (d) Are of frequent use” (citados por Taylor 1989-1995: 8)

    En palabras de Langacker en 1987: “A prototipe is a typical instance of a category, and other elements are assimilated to the category on the basis of their perceived resemblance to the prototype; there are degrees of membership based on degrees of similarity. A schema, by contrast, is an abstract characterization that is fully compatible with all the members of the category it defines (so membership is not a matter of degree); it is an integrated structure that embodies the commonality of its members, which are conceptions of greater specificity and detail that elaborate tha schema in contrasting ways” (citado por Taylor 1989-1995: 66)

    Para una reseña de los modelos de comprensión como los marcos de Minsky, los esquemas de Rumelhart y los guiones de Schank y Abelson, cf. Donoso (1995) y Hofstadter (1980).

    Hay que entender eso sí los términos dominio origen y destino según el desarrollo de estos autores de la idea de dominios cognitivos: “Conviene destacar que el término dominio cognitivo (ingl. cognitive domain) equivale aproximadamente a lo que Fillmore (1975, 1985) y Lakoff (1987a) denominan marco (ingl. frame) y modelo cognitivo idealizado (ingl. idealized cognitive model), respectivamente. Dicho concepto es también comparable con lo que otros investigadores han denominado guión (script) y esquema (schema)”. (Cuenca & Hilferty 1999: 70 infra)

    No se traduce, ni se traducirá el concepto “anger” consecuentemente con la asunción de la crítica de Wierzbicka reseñada en el cierre de la Primera Parte.

    Y junto con ella la respuesta de Wierzbicka (1997).