Lingüística inglesa en el siglo XX

Lengua. Lenguaje. Lingüística. Teorías del lenguaje. Gramática. Saussure. Estructuralismo lingüístico europeo y americano. Escuela de Ginebra y Copenhague. Bloomfield

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TEMA 4: LA LINGÜÍSTICA EN EL SIGLO XX

A.- INTRODUCCIÓN.

El comienzo de la Lingüística suele fijarse en 1916 con la aparición del Curso de Saussure. Dado que sus principales teorías son planteadas como reacción contra la situación de los estudios de aquellos tiempos, echaremos una ojeada a la época anterior.

Hasta el siglo XIX se habían mantenido los planteamientos heredados de la tradición grecolatina con más o menos variantes.

El siglo XIX se caracterizará, en cambio, por la explicación de los hechos del lenguaje, siguiendo los hechos evolutivos, es decir, un estado determinado de lengua se explicará como un desarrollo ulterior de otros estados anteriores.

El movimiento romántico difundido fuera de Alemania (siglo XVIII) trajo consigo un gran interés por las antiguas civilizaciones, además la idea defendida por los románticos de que la lengua y el carácter regional estaban estrechamente ligados despertó la curiosidad por el estudio de la búsqueda de las etapas primitivas a partir de las que surgían sus propias lenguas.

Estos hechos se vieron reforzados por el descubrimiento del sánscrito (finales del siglo XVIII) y por la divulgación de sus semejanzas con las lenguas clásicas y con la constatación de que las semejanzas entre las diferentes lenguas no eran casuales (lingüística histórica comparativa).

Por primera vez se plantea una forma rigurosa de observación de las lenguas. La Lingüística científica comienza en esta época. El método comparativo sorprendió por su rigurosidad y también por los logros que tuvo en el conocimiento de los parentescos entre las lenguas indoeuropeas. En realidad es un método empírico, pues se atiene exclusivamente a los datos de los que extrae por inducción una serie de leyes (correspondencia entre las distintas palabras de las distintas lenguas que se comparan o entre las distintas etapas de una misma lengua).

En este siglo XIX es preciso destacar a W. Humboldt. Este señor pasó desapercibido entre sus contemporáneos y, en cambio, fue muy estudiado en el siglo XX ya que sus ideas se consideran precursoras de la lingüística del siglo XX.

Humboldt elabora su concepción de la lengua y destaca el aspecto creador del lenguaje y distingue en éste dos planos:

  • La forma del lenguaje, que representa los caracteres constantes, uniformes, comprendidos en su totalidad y representados sistemáticamente del modo más completo posible.

  • El carácter del lenguaje es la facultad creadora que se desprende de su uso.

Él distingue entre lo que es forma y actividad. Resalta además que la estructuración que los hombres hacen del mundo viene determinada por la propia estructura de la lengua, con lo que se pone de manifiesto que cada lengua presenta su propia estructuración gramatical y también establece sus propios campos semánticos.

Su idea del lenguaje como “institución humana que se sirve de signos convencionales organizados sistemáticamente” resulta claramente precursora de los criterios lingüísticos que han movido los hilos de la lingüística del siglo XX.

Pero, como hemos dicho, sus ideas lingüísticas (son una auténtica teoría sobre la lengua como sistema que funciona y no sobre las relaciones de parentesco de las distintas lenguas) no fueron muy atendidas en aquellos tiempos; en sus tiempos el futuro pertenecía a la dirección introducida por F. Bopp y su método comparado, que también era una novedad frente a los trabajos gramaticales puramente descriptivos realizados hasta el momento. Esta metodología comparatista dio lugar a un completo árbol genealógico de las lenguas indoeuropeas, lo que será un elemento clave en los planteamientos de la segunda mitad del siglo XIX.

Por estas fechas se opera en las ideas científicas una nueva revolución que afectará a la actitud de los estudiosos. Se trata de la publicación de las teorías darwinianas sobre la evolución de las especies en 1899. Los estudiosos comprendieron de pronto que si las especies vivas no eran individuos fijos e inmutables, sino que representaban eslabones de la cadena evolutiva, en las lenguas el proceso debía ser paralelo.

Se abandonan así los estudios sobre estadios concretos del lenguaje para prestar atención a las sucesivas etapas de la evolución y a los cambios sufridos por el lenguaje dentro de ellas.

La Lingüística pasó a ser histórica al pretender encadenar los hechos en su orden cronológico. Los problemas que surgieron en las aplicaciones del método comparativo fueron prácticamente solucionadas por los llamados neogramáticos (despectivamente al principio, pero en 1875 se perfeccionaron los métodos).Gracias a ellos quedaba claro que el carácter científico de la lingüística histórica y comparada descansaba en el principio de la regularidad de los cambios fonéticos.

Es decir, la historia de una lengua es reconstruida por medio de las variaciones registradas en las formas y en los significados de sus palabras y se sabe que determinadas lenguas están relacionadas porque poseen palabras que mantienen correspondencias formales y semánticas entre sí que no pueden ser atribuidas ni al azar ni a un préstamo.

Los neogramáticos insisten en que las formas de las palabras no están sometidas a variaciones fortuitas ni a excepciones, sino que se basan en la analogía e insisten en que los elementos de una lengua están entrelazados por medio de relaciones, con lo que estaban preparando el camino de estructuralismo.

Los neogramáticos quisieron encuadrar la lingüística con las ciencias naturales, es decir, con métodos exactos y precisos, por ello estudiaron exhaustivamente los cambios sufridos en las diferentes lenguas del tronco indoeuropeo y matizaron muchos de los aspectos que en etapas anteriores se habían considerado irregularidades evolutivas. Su trabajo supuso un perfeccionamiento de los procedimientos comparativos y la aplicación de un impecable rigor metodológico.

Buscando una postura científica se ocuparon sólo de los hechos, datos y no de las teorías, abandonaron toda especulación a favor de una dedicación al detalle, también fueron llamados atomistas.

A pesar de haber sido criticados, bajo sus principios fueron educadas las figuras más relevantes del siglo siguiente. En realidad, Saussure era un neogramático.

Parece indudable que la Lingüística adquiere importancia en el siglo XX, gracias a la implantación de un nuevo método que partió de Saussure y que se desarrolló con rapidez como reacción contra la concepción dominante en el momento.

El estructuralismo responde a un modo generalizado de ver la lengua como una estructura autónoma. Será estructural todo estudio que pretenda analizar los rasgos de una/la lengua en sí y por sí mismos, sin necesidad de apelar a elementos externos a ella.

La característica fundamental del estructuralismo será la de estudiar la lengua como un conjunto de elementos interrelacionados, a diferencia del modo de estudiar la lengua antes del siglo XX.

Los métodos anteriores se preocupaban de los elementos de una lengua, pero de manera aislada, sin buscar entre ellos algún rasgo de conexión. Ahora, en cambio, los elementos de cualquier sistema no tienen razón de ser sino en función de los demás. De esta manera, con el término estructura se designa algo más que una simple combinación de elementos, se designa un todo formado por elementos interrelacionados de tal modo que cada uno depende los otros y sólo puede ser lo que es por su relación con ellos.

Como dice E. Benveniste, en lingüística estructural se trata de analizar la estructura de la lengua planteada como un sistema, como sistema estará formado por unidades que se condicionan mutuamente. Se distinguirá de los otros sistemas por la disposición interna de sus unidades y será esta disposición interna la que constituya su estructura. El principio fundamental, en definitiva, es que la lengua constituye un sistema en el que todas las partes están unidas por una relación y este sistema organiza/estructura las unidades (primera y segunda articulación) de manera que se delimiten y diferencien mutuamente. Es decir, se entiende que hay un predominio del sistema sobre los elementos y lo que se pretende averiguar es la estructura del sistema mediante el análisis de las relaciones que se dan entre sus elementos.

Las raíces del estructuralismo se encuentran en el Curso de Saussure. Su gran mérito consiste en haber delimitado el objeto de la Lingüística y el haberse situado en el plano de la lengua a partir del cual se abordarían de forma adecuada los hechos lingüísticos.

Esta elección metodológica de Saussure traería como consecuencia el establecimiento de una serie de principios que marcarían el rumbo de la Lingüística europea.

El principal presupuesto metodológico que arranca del Curso de Saussure es la consideración de la lengua como un conjunto estructurado de elementos interdependientes cuyo valor depende de las relaciones recíprocas que mantienen entre sí. Las distinciones que Saussure construye a partir de esta concepción de lengua (habla, sincronía, acronía, la naturaleza del signo lingüístico...) con interdependencia del tratamiento que se le dé en las escuelas lingüísticas posteriores, lo cierto es que constituyen la base, el germen de todo el movimiento estructuralista.

Principios fundamentales del estructuralismo:

  • Inclusión en un estudio general del signo llamado semiología, pero dejando bien sentados los objetivos que debe plantearse (estudio de la lengua en sí misma). La semiología fue concebida por Saussure como ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social, nos enseña en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan; y la Lingüística no es más que una parte de esta ciencia general.

  • Distinción entre lenguaje como un hecho heterogéneo multiforme relacionado con varios dominios y la lengua como producto social de la facultad del lenguaje (conjunto de convenciones adoptadas por una sociedad para permitir el ejercicio de esa facultad entre los miembros de esa comunidad).

  • Establecimiento de una teoría general del signo lingüístico otorgándole un valor psíquico constituido por dos planos inseparables (el significante y el significado) como unión de una imagen acústica y un concepto (dos planos relacionados convencionalmente, es decir, que tiene que existir un acuerdo entre los usuarios que reconocen la relación entre el significante y el significado). La relación entre ellos es arbitraria o inmotivada. Gracias, por otra parte, al carácter lineal del significante se puede realizar la delimitación y clasificación de los elementos lingüísticos. El signo lingüístico es inmutable porque es un producto generado, establecido, impuesto por las generaciones precedentes; además, es mutable la alteración que sufre con el paso del tiempo viene a asegurar la continuidad de la lengua.

  • Dicotomía: lengua y habla. Entendiendo por lengua la parte social del lenguaje exterior al individuo que por sí solo no puede ni crearla ni modificarla; y entendiendo por habla un acto individual de uso por cada miembro de la comunidad lingüística y con el que se da a entender. La lengua es el vehículo de comunicación, mientras que el habla es el uso de ese vehículo por un individuo dado en una ocasión determinada. De esta manera el estudio del lenguaje comporta dos partes:

  • Considerada esencial, tendrá por objeto la lengua que es social e independiente del individuo.

  • Considerada secundaria, tendrá por objeto la parte individual del lenguaje, es decir, el habla.

  • Distinción entre forma y sustancia. Para Saussure, la forma es sinónimo de estructura y se opone a sustancia. La sustancia es concebida como la realidad semántica o fónica no estructurada, mientras que la forma es la que opera sobre esta realidad no estructurada de ideas o de sonidos para estructurarla. La lengua es una forma, no una sustancia. El papel característico de la lengua estará en servir de intermediaria entre el pensamiento y el sonido. La lengua elaborará sus unidades al tomar forma entre esas dos masas amorfas de pensamiento y de sonido.

  • Para Saussure, la unidad lingüística es un valor. El valor es un elemento fundamental para una concepción de estructura, como la que hemos visto, en la que nada vale por sí solo, sino por la relación con los demás elementos del sistema. Es decir, el valor de cada unidad lingüística viene dado por las posiciones que esta unidad ocupa en el interior del sistema lingüístico al que pertenece. Por ejemplo: un billete de dos mil pesetas tiene un valor 1) porque se puede cambiar por otro objeto material, 2) porque su valor está determinado por las relaciones que existen entre este billete y las restantes piezas del sistema monetario, 3) porque este valor es independiente del material/sustancia con el que está hecho. Del mismo modo, una unidad lingüística (significante y significado) tiene un poder de cambio para determinar una realidad. En segundo lugar, su poder de cambio (o significativo) está condicionado por la relación que lo une a las otras unidades de la lengua. En tercer lugar, las unidades lingüísticas conservan el mismo valor independientemente de los medios que se utilicen para representarlas. En definitiva, el valor de los elementos del lenguaje viene determinado por las oposiciones distintivas que se establecen entre ellas. En la lengua no hay más que diferencias, es decir, los elementos del lenguaje adquieren su valor oponiéndose a otros (no confundiéndose con otros) lo que los caracteriza es su cualidad de oposición, su valor diferencial.

/p/ oclusivo bilabial sordo

/b/ oclusivo bilabial sonoro

Cada unidad no tiene su valor por sus características sino por el rasgo que las diferencia (por ejemplo, la sonoridad). Los rasgos diferenciales son los que identifican la unidad porque no coinciden con los de las demás. Toda unidad sólo es lo que las demás no son. Por esto en el estructuralismo las unidades deben ser analizables en rasgos distintivos, es decir, en aquellos elementos, cualidades que permiten oponer en una misma lengua a dos unidades.

/p/ oclusivo bilabial sordo

/b/ oclusivo bilabial sonoro

/d/ oclusivo dental sordo

/t/ oclusivo dental sonoro

sillón rasgos distintivos: con respaldo, para sentarse, con brazos.

silla rasgos distintivos: con respaldo para sentarse, sin brazos.

  • Relacionado con el anterior. En un estado de lengua todo se basa en relaciones sintagmáticas y relaciones asociativas. Las relaciones sintagmáticas son aquellas relacionadas con el carácter lineal de la lengua, en las que cada término adquiere su valor por la relación que guarda con el que le precede, sigue o ambos. Las relaciones asociativas se dan cuando los términos que ofrecen algo en común se asocian en la memoria y evocan una relación. Una frase será, por tanto, una secuencia de unidades que tienen un contenido exteriorizado a través de una expresión. Pues bien, esta secuencia supone una serie de lugares ordenados donde van apareciendo las distintas unidades, estos lugares están determinados por las relaciones sintagmáticas (género, número, concordancia...). Por otro lado, los lugares no son intercambiables, es decir, un lugar sólo puede estar ocupado por una unidad que pertenezca a un conjunto que tiene las mismas propiedades y en el momento de elegir una unidad de ese conjunto quedan excluidas las demás unidades de este conjunto. Las relaciones existentes entre estas unidades susceptibles de figurar en el mismo contexto son las relaciones asociativas o paradigmáticas.

  • Distinción entre sincronía y diacronía. Sincronía: representada en el eje de simultaneidades, es decir, donde se establecen las relaciones entre cosas coexistentes sin que el tiempo tenga valor alguno. Diacronía: representada en el eje de sucesiones, y en el que sólo se puede considerar una cosa pero atendiendo a todas las etapas que esa cosa ha ido sufriendo. De esta distinción se deduce que el estudio de un sistema lingüístico se puede plantear también desde una doble perspectiva:

  • Por un lado, lo que se denomina lingüística sincrónica, encargada de estudiar la constitución de la lengua (gramática, sonido, palabras...) en un momento dado y olvidándose de la acción del tiempo sobre ella, es decir, se puede hacer una descripción de cualquier lengua en un momento determinado de su historia, siempre que no se hagan conexiones con etapas anteriores o posteriores si no se justifica o se describe ninguna unidad a partir de su evolución.

  • Por otro lado, lo que se denomina lingüística diacrónica, que estudia las trasformaciones que se producen en la lengua con el paso del tiempo. De esta manera Saussure consigue negar la concepción comúnmente admitida antes de él de que sólo se puede hablar de ciencia del lenguaje en el estudio de la evolución y de la comparación de las lenguas, incluso llega a declarar que el aspecto sincrónico prevalece sobre el diacrónico. Dice que si para los hablantes no existe esta sucesión de las formas en el tiempo (su historia), sólo existe un estado de la lengua en un momento dado, el lingüista debe colocarse en el mismo punto de partida si debe investigar el sistema sin atender al pasado (separar estrictamente las dos direcciones).

  • Distinción entre lingüística externa y lingüística interna. La Lingüística externa se ocupará de la lengua en sus relaciones con otras ramas del saber. La Lingüística interna se ocupará de todo lo que concierne al sistema de la lengua.

En definitiva, para Saussure el objetivo de los estudios lingüísticos debe centrarse en el estudio sincrónico, no diacrónico, de la lengua, no del habla, y en su perspectiva interna, no externa.

A pesar de estos supuestos comunes, no se puede hablar de un estructuralismo homogéneo y se suelen distinguir dos corrientes:

  • Estructuralismo europeo, también llamado post-saussureano.

  • Estructuralismo estadounidense, post-bloomfieldiano.

B.- ESTRUCTURALISMO EUROPEO.

Escuela de Ginebra.

Las ideas de Saussure se mostraron fructíferas especialmente en el extranjero, y en su tierra al principio fueron conservadas y desarrolladas. Es en este sentido conservador en el que podemos hablar de la Escuela de Ginebra, que se mantiene fiel al espíritu de Saussure. Sus máximos representantes fueron dos alumnos suyos: A. Sechehaye y Ch. Bally, que fueron los autores del Curso de Saussure.

Gran parte de la labor investigadora de Sechehaye se centra en el estudio de la estructura de la oración. Partiendo de la distinción lengua-habla preconizada por Saussure, pretende definir los patrones que el hablante utiliza en la comunicación para construir las oraciones y así determinar los esquemas a que se someten.

Las ideas lingüísticas de Bally se definen en gran parte por la atención dedicada al estudio del lado sincrónico del lenguaje, pero atendiendo a las posibilidades expresivas del mismo como instrumento de comunicación tanto del pensamiento como de la vida afectiva. Este planteamiento le lleva a concebir el lenguaje como mecanismo estilístico. El estudio de los aspectos sociales y fijos de tal mecanismo constituye una estilística de la lengua. El estudio correspondiente a su realización con los individuos concretos constituirá una estilística del habla.

Escuela de Copenhague.

La “Glosemática” es considerada una de las teorías lingüísticas más originales de la primera mitad del siglo XX. Surgió tras la influencia del Curso de Saussure en el ambiente intelectual del círculo lingüístico de Copenhague fundado en 1831.

Su principal representante, L. Hjemslev, radicaliza las tesis saussureanas, especialmente en lo que se refiere a la concepción del signo lingüístico. Fue él quien insistió ñeque toda descripción, para ser científica, debe adecuarse a tres principios básicos:

  • El de la “autoconsistencia”, que exige que la teoría esté libre de contradicciones internas.

  • El de la exhaustividad, que implica un conocimiento global y completo del objeto de estudio.

  • El de la simplicidad, que obliga al teórico a propiciar un mecanismo de descripción lo más sencillo posible sin que por ello deban verse afectados los dos principios anteriores.

Hjemslev concibe la lengua como un sistema (igual que Saussure) y define la estructura lingüística en términos estrictamente formales y relacionales. En cuanto al signo, como Saussure, lo entiende con dos planos que él llama “del contenido” y “de la expresión”. Lo que ocurre es que introduce una nueva perspectiva, ya que en ambos planos establece la distinción entre “sustancia” y “forma”.

  • Forma: la estructura relacional abstracta que cada lengua impone.

  • Sustancia: todo lo que no es forma. El medio en el que se hacen las distinciones y se consigue esa estructura más formal.

De esta manera, a partir de Hjemslev podemos distinguir entre una sustancia de la expresión, entendida como las infinitas posibilidades articulatorias del ser humano y la infinidad de sonidos que el hombre es capaz de pronunciar; mientras que la forma de la expresión serían la relaciones y combinaciones que se establecen y conforman esa sustancia. En realidad, el conjunto de sonidos que cada lengua ha escogido para utilizarlos como significantes de los signos, por tanto parcela de manera diferente la sustancia de la expresión que sí es común en todas las lenguas.

Del mismo modo, podemos distinguir entre una sustancia del contenido entendida como “masa amorfa de pensamiento y emoción” que tienen en común independientemente de la lengua que hablamos; y una forma del contenido entendida como la estructuración particular que realiza cada lengua sobre la sustancia semántica del contenido.

De esta manera, los significados de las diferentes lenguas se forman por la asociación convencional de un significante con determinada parte de esta sustancia conceptual. La sustancia del contenido es común a todos los hombres, sin embargo cada lengua estructurará de modo diferente dicha sustancia.

El signo se concibe, por tanto, como la forma de expresión más la forma del contenido. De esta forma, la lengua se concibe como un sistema independiente de su realización, del hombre, de su aspecto social...

La diferencia fundamental entre Saussure y la “glosemática” está en que Saussure consideraba el signo y sus dos mitades (significado-significante) como psíquicos. En cambio, ahora la “glosemática” excluye cualquier interpretación psicológica y sólo quiere analizar el signo acudiendo a las formas internas que lo constituyen y a las posibles relaciones con otras unidades lingüísticas.

Con la “glosemática” la teoría lingüística tiende a ser un álgebra del lenguaje, tiende a convertirse en un sistema abstracto y formal de relaciones. Algunos seguidores de la “glosemática”, al olvidar toda relación entre la teoría y la lengua como realidad, llegaron a establecer especulaciones sobre el lenguaje totalmente artificiales y sin relación con el lenguaje mismo, objeto al que en realidad pretendían describir.

Escuela de Praga.

Sus orígenes se remontan a 1926 por parte de los lingüistas checos y rusos del círculo lingüístico de Praga. Esta escuela, con gran repercusión en la Lingüística posterior, investiga los fenómenos lingüísticos desde una perspectiva sistemática y, sobre todo, funcional.

En el terreno de la fonología, la mayor contribución de esta escuela partirá de distinciones saussureanas como lengua-habla y significante-significado, pero fundamentalmente la distinción entre las dos disciplinas que se encargan del estudio del aspecto significante del lenguaje: la fonética y la fonología.

El significante de la lengua es totalmente distinto del significante del habla, por eso se recomienda establecer dos ciencias de los sonidos: la fonética, que se ocupará del estudio de los sonidos en toda su diversidad articulatoria; mientras que la fonología se encargará de los modelos presentes en la articulación que posibilitan la lengua. La consideración del fonema como entidad funcional, es decir, como elemento de un sistema en el que las unidades se delimitan a partir de relaciones de oposición y se definen por los rasgos que tienen un valor definitivo, es la primera y más acabada aplicación de los principios de la metodología estructural al estudio de las lenguas.

Aunque Jakobson y Trubetzkoy fueron reconocidos como las personalidades más relevantes de la escuela de Praga, también fue especialmente significativa la figura de Bühler y su teoría del lenguaje. Las ideas fundamentales de sus teorías están basadas en un hecho muy simple: un fenómeno acústico concreto se convierte en signo en tres momentos variables, en virtud de su coordinación los objetos y hechos que representa son un símbolo, en virtud de su dependencia del emisor expresa su interioridad, es un síntoma, y en virtud de su llamada al oyente (influencia sobre él) es una señal. Las tres funciones (símbolo, síntoma y señal) están presentes en todo signo, aunque la distribución de su importancia puede variar.

Ofelia Konacci cuando estudia la escuela de Praga distingue dos periodos distintos en su desarrollo: por una parte, está el desarrollo de los estudios fonológicos, considerado periodo clásico de esta escuela, culmina con la publicación de los principios de fonología de Nicolás Trubetzkoy, basados en el estudio de más de doscientos sistemas fonológicos, su obra es considerada como la teoría fonológica más elaborada hasta el momento; por otra parte, el segundo periodo es posterior a la II Guerra Mundial y está determinado por las exigencias de la lingüística rusa, es decir, se la da una mayor relevancia a las relaciones de la lengua con la sociedad. Se atiende más a la realidad lingüística como sistema de signos encargados de reflejar la realidad extralingüística, se evoluciona hacia un acercamiento a la realidad funcional y comunicativa de la lengua. Intensificando este carácter funcional de los principios estructuralistas de la escuela de Praga es preciso destacar a André Martinet, sus presupuestos vienen a representar un funcionalismo que podríamos llamar realista. El mismo Martinet comenta que es preciso abandonar la actitud de remitir cada paso dado en lingüística a un gran principio filosófico y que tomemos conciencia ya de la autonomía lingüística, es decir, hay que establecer un equilibrio entre la especulación pura y la explotación de los datos. André Martinet, aunque no ha fundado una escuela, es una eminente figura del estructuralismo europeo que se distingue por su teoría de la doble articulación. Esta teoría viene a condicionar en todo momento tanto la visión del fenómeno lingüístico como la metodología utilizada en la explicación del mismo. Describir una lengua es describir el conjunto de las elecciones que puede hacer quien la habla y que puede reconocer quien la comprende; estas elecciones son de dos tipos: elección de unidades provistas de sentido y elección de unidades solamente distintivas. La descripción lingüística tendrá, por consiguiente, dos componentes esenciales: una fonología se encargará de la segunda articulación, hará la lista de los fonemas, determinará sus rasgos distintivos, los clasificará según esos rasgos, indicará las reglas que ordenan su combinación; por otro lado, estará la sintaxis, consagrada a la primera articulación, se encargará de la lista de los monemas, indicará qué funciones puede cumplir cada uno de ellos y los clasificará en categorías de monemas con funciones idénticas.

Lingüística Británica.

El desarrollo de la lingüística británica debe mucho a la actitud ideológica de Firth, cuya teoría lingüística, establecida sobre una noción contextual del significado y deudora de los enfoques de los antropólogos, supone un importante enfoque integrador de la lingüística en el conjunto de los fenómenos sociales y culturales. La doctrina de Firth presenta una teoría de contexto que no se fundamenta en el sistema abstracto de la lengua, sino más bien en el empleo concreto de ésta. El considerar el contexto como categoría básica le lleva a considerar la oración como unidad del uso lingüístico, como la unidad que muestra al lenguaje en su utilización. El lenguaje es concebido como fenómeno cultural y social por excelencia y, de esta manera, la teoría que intente ofrecer una visión coherente en el estudio de las lenguas ha de concebirse en las relaciones de éstas con la cultura y la sociedad que las han creado y de las que se constituyen en instrumentos. Los seguidores de Firth se ocuparon de desarrollar algunos aspectos de su teoría, entre ellos destaca Halliday que presenta una teoría desarrollada del análisis lingüístico. La teoría exige que los hechos lingüísticos sean descritos en diferentes niveles. Los niveles primarios son formas sustancias y contextos. La sustancia es el material del lenguaje, la forma es la organización a la que se somete la sustancia, el contexto es la relación de la forma con rasgos no lingüísticos de las situaciones en que el lenguaje funciona.

La naturaleza del lenguaje está íntimamente relacionada con las funciones que debe cumplir y, por tanto, el lenguaje habrá de considerarse en función de su uso.

C.- ESTRUCTURALISMO AMERICANO.

La lingüística americana se caracterizó en sus comienzos por seguir metodológicamente las grandes líneas de la lingüística europea. El estructuralismo americano tuvo, en parte, unos orígenes prácticos: la necesidad de escribir las lenguas indígenas de América carentes de escritura, por lo que el lingüista intenta hacer inventario, descubrir sus unidades y clasificarlas a partir de emisiones orales. En esta línea es preciso destacar a Frank Boas, especialista en lenguas indias de Norteamérica, que pensaba que únicamente a partir del conocimiento científico de las lenguas se podía llegar a una interpretación adecuada de las diferentes culturas. También hay que destacar a Sapir, que fue uno de los lingüistas que mejor comprendió la complejidad del hecho lingüístico y, además, uno de los que mejor logró sistematizar el tipo de investigación lingüística que se hacía en la América de su tiempo. Él era una síntesis de teórico y empirista que, a partir de trabajos de campo en comunidades lingüísticas sin escritura y en vías de extinción, iba reconstruyendo poco a poco la lengua y la visión del mundo de dicha comunidad. Es muy conocida la denominada hipótesis de Sapir y Whorf de la relatividad lingüística. Whorf era su discípulo, un ingeniero químico que radicalizó las concesiones de su maestro, su hipótesis consistía en: 1) La lengua, que es un producto social como sistema mediante el cual pensamos, configura nuestra visión del mundo, vemos el mundo con los ojos de nuestra lengua. 2)Entonces, a lenguas diferentes corresponden visiones del mundo diferentes.

El lingüista americano que ha ejercido más influencia durante la primera mitad del siglo XX ha sido Leonard Bloomfield con su obra El lenguaje, que es todavía un manual muy completo de iniciación a la lengua. El peculiar concepto de ciencia lingüística de Bloomfield, junto con el hecho de tener que partir de cero en la descripción de lenguas carentes de escritura, dieron al estructuralismo americano una orientación en la que se dejan a un lado los aspectos relacionados con la elaboración de una teoría lingüística y se tiende más hacia la formulación de procedimientos de investigación que especifiquen qué operaciones se han de seguir en el análisis de la lengua. Con la obra de Bloomfield, El lenguaje, queda definitivamente fundada la nueva lingüística americana, que a partir de entonces se desarrolla de manera autónoma y se separa progresivamente de la europea.

La base teórica sobre la Bloomfield va a concebir la explicación del fenómeno lingüístico está inserta en los procesos de conducta humanos. La lingüística de Bloomfield toma como punto de partida la psicología conductista. Las explicaciones de Skinner sobre el aprendizaje y el uso lingüístico en una situación determinada “llueve, nieva” oímos la expresión “hace un tiempo de perros”, esta expresión ligada a los acontecimientos quedará almacenada en nuestra memoria. En una ocasión similar diremos “hace un tiempo de perros”. Bloomfield dice: a determinado estímulo práctico (E) le sigue inmediatamente una reacción sustitutiva lingüística en el hablante (R), la cual a su vez actúa sobre el oyente como estímulo sustitutivo lingüístico (e), siendo este estímulo el que desencadena en aquél una reacción práctica (R). Se deducen dos principios que determinan la metodología con que abordan los fenómenos lingüísticos: El objeto de la investigación lingüística lo constituye sólo el acto del habla (r e) que consiste exclusivamente en formas, manifestaciones acústicas porque los significados pertenecientes a tales formas son en realidad los correspondientes elementos del estímulo y la respuesta (E R), son externos al lenguaje y por ello piensa que no directamente asumibles por la lingüística. Bloomfield deduce que el habla debe ser explicada a partir de las situaciones en que aparece. Esta tesis, llamada mecanicismo, se opone al mentalismo anterior que afirma que el habla es un efecto de los pensamientos del sujeto hablante. Bloomfield se propone describir las regularidades del lenguaje y, para que esta descripción no resulte deformada por consideraciones mentalistas, considera que es preciso evitar toda alusión al sentido de las palabras emitidas. No es que Bloomfield ignore el significado, ya que sin él no se podría decidir si dos formas emitidas son la misma o diferentes; además, hace hincapié en el hecho de que el lenguaje es coordinación de ciertos sonidos con determinados significados, ahora bien, el significado, según Bloomfield, no puede ser definido por los medios de que la lingüística dispone, por lo que es rechazado como base en la que apoyar la descripción científica que pretende. Todas las formas que participen de la posibilidad de aparecer en el mismo lugar constituyen una clase formal o gramatical, que es el conjunto de elementos de una lengua que tienen las mismas propiedades distribucionales y que pueden aparecer en el mismo segmento de una oración, la distribución de las formas de una lengua constituirá su gramática, a esta teoría también se le ha llamado distribucionalismo. Dos conceptos básicos de la metodología de Bloomfield que han sido muy atacados son:

  • Su excesiva actitud mecanicista. Se declara conductista, acepta las bases de esta teoría psicológica que concibe que las conductas humanas pueden ser descritas en términos de estímulos y respuestas, de acciones y reacciones desencadenadas por aquéllas; rechaza todas aquellas descripciones mentalistas del lenguaje que impliquen una interpretación de los hechos lingüísticos a partir de términos abstractos referidos a fenómenos psíquicos. De tal manera, Bloomfield ha sufrido los mismos ataques que la propia psicología conductista, sobre todo por aquellos que la tachan de simplista e inadecuada alegando que el lenguaje es mucho más que una simple respuesta a determinados estímulos. Bloomfield sabe que el proceso de estímulo-respuesta no es tan simple y él sólo lo plantea como hipótesis previa a partir de la cual establece los objetivos de la teoría lingüística, es decir, él no se detiene en determinar las motivaciones que pueden desencadenar las respuestas, el texto sería objeto de otras ciencias, como la psicología, y lo que pretende es sólo aislar clara y científicamente cuál debe ser el objetivo de la teoría lingüística y separarlo de las demás disciplinas implicadas en el estudio del lenguaje, por esto plantea tres etapas diferentes en todo acto de habla: 1) Los hechos prácticos que preceden al acto de habla. 2) El acto de habla en sí mismo. 3) Los hechos prácticos que siguen al acto de habla. Bloomfield reconoce que una descripción global de la lengua tendría que dar cuenta de los tres niveles, sin embargo, es consciente del desconocimiento que existe respecto a las etapas 1 y 3 y de que su estudio corresponde a otras ciencias, por ello, como criterio metodológico, decide estudiar los actos de habla y así atender a las etapas externas. De este modo, el concepto mecanicista de Bloomfield se presenta como una cuestión metodológica. El importante papel que da Bloomfield al contexto, como único medio de llegar al conocimiento real del significado del lenguaje, es un criterio de absoluta modernidad que hoy estamos viendo utilizado en los estudios de pragmática.

  • Su tratado del significado lingüístico. Sus seguidores concluyeron que los significados lingüísticos son y serán siempre científicamente inaccesibles y, por tanto, que la semántica debería ser excluida de la descripción lingüística. Pero Bloomfield, en su concepción del lenguaje, considera que el significado debe ocupar un lugar destacado, lo que ocurre es que nuestro conocimiento del mundo en que vivimos es tan imperfecto que pocas veces podríamos hacer afirmaciones exactas acerca del significado de las formas de habla, es decir, de tener la posibilidad de determinar científicamente los estadios 1 y 3,. Que son los que determinarían el significado real del enunciado, la lingüística estaría entonces constituida también por la semántica, que se ocuparía de la relación entre esos rasgos externos y los del significado.

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