Libro del Buen Amor; Arcipreste de Hita

Literatura española de la Edad Media. Lírica medieval. Mester de juglaría. Sátira. Argumento

  • Enviado por: May
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
publicidad
publicidad

LIBRO DE BUEN AMOR

COMMENTAIRE COMPOSE

ESTROFAS 490 - 507

  • Estudien la composición de este fragmento y su inserción en la sección del libro en que aparece.

  • El fragmento que debemos estudiar consta de 18 estrofas que corresponden a uno de los numerosos “enxiemplos” del Libro de Buen Amor. Este “enxiemplo” está consagrado al dinero y a su “propiedat”, es decir el poder que puede tener el dinero en general o en particular sobre diferentes categorías sociales o profesionales. Siguiendo este esquema, podemos dividir el pasaje en cuatro partes.

    Las dos primeras estrofas corresponden a la primera parte en la que se dan consideraciones más bien generales sobre el dinero, en el sentido en que no aparece un referente social particular. Demuestra que el dinero lo puede mejorar todo, y se vale de oposiciones (“torpe”/”bueno”; “necio”/“sabidor”) para marcar los cambios radicales que puede ocasionar. Además insiste en el hecho de que la cantidad de dinero es importante dado que cuanto más uno tiene, más tiene valor y poder. Finalmente, el verso 491d sugiere que éste es imprescindible para poder ser maestro de sí mismo, y de esta manera empieza la gradación en su demostración de “la propiedad quel dinero ha”.

    De la estrofa 492 hasta la 495 el autor habla del poder de salvación que puede tener el hombre rico: aun puede comprar el paraíso. Luego, sigue un testimonio (con la presencia de un “yo” que es probablemente don Amor) de la superioridad del dinero a todos los niveles de la jerarquía católica, desde el más alto (Roma) hasta la base (los monjes).

    A partir de la estrofa 496 el autor habla de ello en relación con la justicia y la corrupción: lo puede cambiar todo, para mal o para bien, como lo vemos en los versos 497a y 497c: “El dinero quebranta las cadenas dañosas” pero “El que non tiene dineros, echan le las esposas”. A lo largo de este discurso de don Amor, nos damos cuenta de que se atribuye al dinero una dimensión divina ya que tiene un poder de vida o de muerte sobre los hombres; y aun influye sobre las almas en la estrofa 498. A continuación hace referencia a las cosas materiales que se pueden obtener o perder: una casa o unos muebles, la comida o las joyas. El dinero es también primordial en la ascensión social; y el autor se refiere a esta capacidad en la estrofa 500 : “El faze cavalleros de neçios aldeanos / condes e rricos omnes de algunos villanos”.

    La cuarta parte sigue con el tema de la corrupción pero en otro campo - más próximo al del protagonista de la obra; la religión: pone de relieve la venalidad de ciertos “monges, frailes, clérigos” cuyos actos no están en concordancia con sus discursos. Además, los compara con cuervos, lo que hace resaltar el carácter egoísta de los clérigos tanto como el afán de poseer el dinero de un rico cristiano que deberían absolver.

    La localización de este fragmento en el Libro de Buen Amor es importante para poder entender el verdadero alcance de este ejemplo. A pesar de las apariencias, en la obra de Juan Ruiz hay una cierta continuación y una relación de los relatos entre sí. En cuanto a nuestro pasaje, está situado durante la pelea entre el Arcipreste y don Amor - alegoría del amor - con el que dialoga el protagonista. Después de un discurso en el que desarrolla los malos efectos del amor y su dificultad para seducir a las mujeres, don Amor toma la palabra y responde al Arcipreste con consejos puntuados por varios ejemplos y fábulas. Nuestro pasaje corresponde a una digresión del narrador alegórico para llegar a una conclusión en relación con su discurso original: el dinero es un instrumento importante para seducir a una mujer; lo precisa explícitamente en la estrofa 511: “Por dineros se muda el mundo e su manera; / toda muger cobdiçiosa de algo es falaguera; / por joyas e dineros salirá de carrera”. Con estas palabras, quiere decir que el amor se puede comprar. Así, la inserción de este fragmento dedicado al poder del dinero no es arbitraria, sirve para apoyar y dar más valor a los argumentos que presenta don Amor sobre el arte de amar: si el dinero tiene el poder de salvación y de perdición, el poder de vida y de muerte, si es capaz de cambiar tantas cosas para bien y para mal; también puede hacer posible la “adquisición” de una mujer.

    Pero este fragmento no tiene esta única función, también contiene varias críticas abiertas, sobre todo a propósito de los miembros de la jerarquía católica y de la justicia medieval. Esa doble utilización es una prueba de la capacidad de Juan Ruiz para hacer juegos de manos con los diferentes niveles de significación de su texto.

  • ¿Por qué cabe decir que estamos ante una sátira? ¿ Cómo interpretar las ideas y juicios que se desprenden de esta sátira en el contexto histórico del Arcipreste?

  • La sátira es un elemento recurrente en la obra de Juan Ruiz: la encontramos por ejemplo en la Cántiga de los clérigos de Talavera cuyo tema se puede relacionar con una parte de nuestro pasaje. Aquí, la digresión de don Amor permite hacer una crítica de las artimañas de los abogados (en las estrofas 496 a 498) y de los clérigos en la segunda y cuarta parte del fragmento. Podemos afirmar que estamos ante una sátira porque se realiza una crítica de las costumbres y vicios de varios grupos sociales con un propósito moralizador, aunque este propósito no se declara explícitamente.

    Por un lado, encontramos varias referencias a la corrupción en el mundo de la justicia: al decir que el dinero tiene el poder de encerrar o liberar, de condenar o salvar, podemos entender fácilmente que los abogados otorgan menos importancia al verdadero objetivo de su oficio - ofrecer un pleito justo - que a su propio interés. En los versos 496c y d podemos entender que los abogados son cómplices de los daños que puede provocar el dinero: “con muchos abogados era su mantenençia / en tener pleitos malos e fazer abenençia”. Finalmente, el hombre pobre no puede ser salvado ni por una causa justa, ni por la religión como le veremos más adelante. El dinero actúa como una protección, un escudo para el que lo posee, pero al contrario puede servir como un arma contra el que no tiene el privilegio de ser rico: “Faze perder al pobre su casa e su viña; / sus muebles e raíces, todo lo desaliña” (versos 499a y b).

    Por otro lado - y es el que se desarrolla más ampliamente en el fragmento - notamos una sátira de la Iglesia y de sus representantes. En la estrofa 493 el autor, a través del discurso de don Amor, pone de relieve la importancia del dinero ante el que en Roma (es decir en el estado papal) “todos (…) se omillan, commo a la magestat”: el dinero casi sustituye a Dios. Además se insiste en la capacidad que tiene para invertir las cosas en el verso 494d en el que el quiasmo ilustra perfectamente esta capacidad: “fazié de verdat mentiras, e de mentiras verdades”. Tenemos que notar que el tema de esta sátira tiene que ver con el contexto histórico del siglo XVI. En efecto, durante los años 1311-1312 tiene lugar el Concilio de Viena y se pide reformas en el seno de la Iglesia, particularmente en cuanto a la incompetencia de los monjes y la formación problemática de los clérigos. Aquí, Juan Ruiz subraya el hecho de que el dinero puede hacer que uno se vuelva prior, obispo, arzobispo o monje. El autor insiste en la incompetencia de los monjes vinculada a la venalidad que los caracteriza en las estrofas 503-507. Hace referencia a esos monjes que denostan y menosprecian el dinero en sus discursos (es decir en las enseñanzas que dan a sus fieles) pero que no siguen sus propios consejos. También ellos se dejan corromper y aceptan dinero a cambio de la absolución y de oraciones: “en cabo por dinero otorgan los perdones; / asuelven el ayuno, ansí fazen oraçiones” (503c y d). A continuación toca el tema de la confesión y de los últimos sacramentos. De manera burlesca, describe a los monjes que se pelean para obtener el dinero del rico cristiano que está muriendo. Este tema recuerda el debate que opuso el clero secular a las órdenes mendicantes, debate que aparece también en el Concilio de Viena que limita los poderes de las órdenes mendicantes a la predicación, la confesión y los entierros. Sin embargo, son esas órdenes las que más deberían respetar el principio de caridad, el que está totalmente ausente en este fragmento.

    Al fin y al cabo, podemos notar que todas las calidades así como el papel positivo de los clérigos desaparecen; Juan Ruiz, en una gestión paradójicamente anticlerical sólo denuncia los vicios - entre los que se destaca la codicia, pecado mortal según el mismo autor - en esta sátira que presenta muchos rasgos de la tradición goliardesca.

  • ¿En qué consiste la elocuencia del texto y la eficacia de su expresión?

  • El carácter satírico y cómico de este fragmento se debe a la utilización de varios procedimientos estilísticos como la hipérbole, la anáfora, la amplificación o la sinonimia. Sin embargo, podemos reunir estas figuras como formando parte del arte de la amplificatio. En la época medieval este arte corresponde a la ampliación por el medio de juegos de palabras, de repeticiones, etc. Así, se nota un profundo conocimiento de la amplificatio rerum (la amplificación que se hace de las cosas) pero también de la amplificatio verborum (es decir la amplificación de las palabras).

    Podemos acercarnos al texto para demostrar cómo Juan Ruiz se vale de este arte. Obviamente, las hipérboles no se pueden ignorar. La más importante es la repetición constante del adjetivo “mucho” (catorce veces en catorce estrofas). Podemos señalar varios ejemplos: “Mucho faz el dinero e mucho es de amar” (490a); “Fazía muchos clérigos e muchos ordenados / muchos monges e monjas, rreligiosos sagrados” (495a y b). Junto con la constante repetición de palabras contrarias para demostrar lo que el dinero puede hacer y deshacer, hay una exageración continua del poder del dinero, para bien y para mal como lo vemos en la estrofa 498 : “muchos meresçían muerte, que la vida les dava; / otros eran sin culpa, e luego los matava; / muchas almas perdía, e muchas salvava”. Dentro del juego de las repeticiones, cabe señalar la anáfora del verbo “fazer” al principio de las estrofas 494, 495, 499 y 500. La anáfora de un verbo de acción permite subrayar el protagonismo del poderoso dinero que casi es personificado. Por otra parte, la anáfora de la proposición “yo vi” (estrofas 493, 498 y 503) con la insistencia sobre el pronombre es un elemento que da más eficacia al relato gracias a la dimensión testimonial que agrega.

    La presencia de la enumeración de palabras de significado análogo - es decir la sinonimia - incide en la intensificación del propósito que quiere desarrollar el autor como lo demuestran los dos primeros versos de la estrofa 494: “Fazié muchos priores, obispos e abbades, / arzobispos, doctores, patriarcas, potestades”. La sinonimia puede también tener un rol de insistencia como en el verso 499c en el que se subrayan las consecuencias nefastas del dinero al mismo tiempo que su capacidad para propagarse del mismo modo que una enfermedad: “por todo el mundo anda su sarna e su tiña”. Además, la acumulación de varios adjetivos que se refieren al mismo sustantivo participan de la amplificatio: “Vi tener al dinero las mejores moradas, / altas e muy costosas, hermosas e pintadas” (501a y b). La sinonimia y la acumulación sirven para dar más elocuencia al texto, gracias a ellas el autor puede mostrar su saber literario y la riqueza de su vocabulario.

    En cuanto a la eficacia de su expresión, no se puede negar. En su sátira de cada grupo social alterado por el dinero, Juan Ruiz presenta cada vez un ejemplo, una ilustración que puede ser entendida tanto por los clérigos como por las clases populares: habla de la jerarquía eclesiástica pero también del pobre, del cojo, del necio y del labrador. Sin embargo, la ilustración más instructiva e quizás más incisiva es la comparación presentada en la estrofa 507: compara unos clérigos codiciosos a unos rapaces que desuellan un asno. Lleva la sátira y el realismo hasta el extremo imitando el grito de los cuervos con la onomatopeya “Cras, cras”.

    Para concluir, podemos subrayar la importancia de la elocutio en la obra, y particularmente en este fragmento en el que tenemos una multiplicidad de tropos que permiten destacar varias interpretaciones de un solo relato poético; pero que no impide a un lector del siglo XIV no culto entender el mensaje eficaz del autor a través de esta sátira.

    5