Leyendas; Gustavo Adolfo Bécquer

Literatura española del Siglo XIX. Romanticismo en España. Argumento de cada leyenda

  • Enviado por: Alvaruli
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 16 páginas
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'Leyendas; Gustavo Adolfo Bécquer'
LEYENDAS

La Ajorca de Oro

· Partes en que está dividida:

- Presentación de los personajes:

· María Antunéz era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo, hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a la que soñamos en los ángeles y que, sin embargo, es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra. Ella era caprichosa, caprichosa y extravagante, como todas las mujeres del mundo.

· Pedro Alonso de Orellana era un hombre que la amaba; la amaba con ese amor que no conoce freno ni límite; la amaba con ese amor en que se busca un goce y sólo se encuentran martirios, amor que se asemeja a la felicidad y que, no obstante, diríase que lo infunde el Cielo para la expiación de una culpa. Él era supersticioso, supersticioso y valiente, como todos los hombres de su época.

- Época, momento del día, escenografía de la catedral, recreación del ambiente de terror, a través de sensaciones visuales y auditivas:

· La leyenda, tiene lugar en Toledo, en las fiestas de la Virgen María. Todo esto ocurre durante la noche y el día, en una iglesia hecha de piedra en la que virgen María estaba representada con la ajorca de oro debajo de su brazo en la que descansaba su hijo divino, mientras que las sensaciones visuales y auditivas que ocurrieron dentro de la catedral, que fue las que María Antunez vio fueron: millones de chispas de luz rojas azules, verdes y amarillas, que volteaban alrededor de las piedras como un torbellino de fuego.

El Monte de Ánimas

- Escenario y personajes:

· Los personajes de esta leyenda, Beatriz y Alonso, son hijos de los Condes de Borges y de Alcudiel. La mayor parte de la leyenda, transcurre en el castillo del rey, donde Beatriz después de una larga conversación con Alonso, hace que este valla al Monte de las Ánimas a medianoche, sabiendo lo que iba a ocurrir en el monte pues él había contado la leyenda del terrible Monte de las Ánimas, en el que muchas cosas horribles y espantosas ocurrían a medianoche. Pero el escenario en el que cuentan el misterio del monte, transcurre en el propio monte.

- Aparición de un segundo narrador; la leyenda dentro de la leyenda:

· Al principio de la leyenda, mientras toda la comitiva, a la que pertenecían Beatriz y Alonso, cabalgaba por el Monte de las Ánimas, Alonso cuente la leyenda del Monte de las Ánimas:

- Ese monte que hoy llaman de las Animas pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla, que así hubieran solos sabido defenderla corno solos la conquistaron. Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres. Los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos. Cundió la voz del reto, y nada fue a parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras. Antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería. Fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres. Los lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. Desde entonces dicen que cuando llega la noche de Difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos. Y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria lo llamamos el Monte de las Animas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

- La tentación de la mujer (analogía con la anterior):

· Cuando Beatriz y Alonso estaban hablando, Beatriz lo tentó de tal forma que Alonso se levanto de su asiento, y marchó a medianoche hacía el Monte de las Ánimas a por la cinta azul que se le había caído a Beatriz en el Monte de las Ánimas aquella mañana.

- El doble castigo:

· Cuando Beatriz se acostó, al cavo de un rato veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas las direcciones, y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada; oscuridad de las sombras impenetrables.

¡Bah! exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho. ¿Soy yo tan miedosa como esas pobres gentes cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura al oír una conseja de aparecidos?

Y cerrando los ojos, intentó dormir, pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse, más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y rebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.

El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas de aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, y otras distantes, doblaban tristemente por las ánimas de los difuntos.

Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin, despuntó la aurora. Vuelta de su temor entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, tendió una mirada serena a su alrededor, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto, sangrienta y desgarrada, la banda azul que fue a buscar Alonso.

- Época, momento del día, ambientación, atmósfera de miedo:

· Toda esta leyenda, transcurre durante un día y su respectiva noche, en la provincia de Soria, en la noche de los difuntos. La leyenda, al leerla te da un poco de miedo cuando llegas a la parte de la noche, cuando Beatriz, tiene el doble castigo. Pero una vez leído, si te imaginas lo que paso en tu cabeza, da más miedo aún que cuando lo lees.

El Cristo de la Calavera

· Estructura

- Fiesta, presentación de los personajes, seductora y seducidos:

· La seductora era Doña Inés, que era la que tenía enamorados a los dos caballeros llegados de sus reinos para combatir a los moros, Lope y Alonso. En las fiestas que hace el rey de Castilla, para que la gente se relajase antes de la guerra contra los moros, los dos caballeros, Alonso y Lope, conocen a la bella Doña Inés, que era la más bella de todas las señoras del reino de Castilla.

- Duelo, prodigio, triunfo de la amistad:

· Lope y Alonso, estaban enamorados de Doña Inés y como solo uno podría casarse con ella, ambos decidieron hacer un duelo en las callejuelas de Toledo para ver quien se quedaba con ella. A cualquier parte donde se puedan hallar cuatro palmos de terreno donde revolverse y un rayo de claridad que nos alumbre exclamó Lope.

Terminado este brevísimo diálogo, los dos jóvenes se internaron por una de las estrechas calles que desembocan en el Zocodover, desapareciendo en la oscuridad como esos fantasmas de la noche que, después de aterrar un instante al que los ve, se deshacen en átomos de niebla y se confunden en el seno de las sombras.

Largo rato anduvieron dando vueltas a través de las calles de Toledo, buscando un lugar a propósito para terminar sus diferencias; pero la oscuridad de la noche era tan profunda, que el duelo parecía imposible. No obstante, ambos deseaban batirse, y batirse antes que rayase el alba, pues al amanecer debían partir las huestes reales, y Alonso con ellas.

Prosiguieron, pues, cruzando al azar plazas desiertas, pasadizos sombríos, callejones estrechos y tenebrosos, hasta que, por último, vieron brillar a lo lejos una luz, una luz pequeña y moribunda, en torno a la cual la niebla formaba un cerco de claridad fantástica y dudosa.

Habían llegado a la calle del Cristo, y la luz que se divisaba en uno de sus extremos parecía ser la del farolillo que alumbraba en aquella época, y alumbra aún, a la imagen que le da su nombre.

Al verla, ambos dejaron escapar una exclamación de júbilo y, apresurando el paso en su dirección, no tardaron mucho en encontrarse junto al retablo en que ardía.

Un arco rehundido en el muro, en el fondo del cual se veía la imagen del Redentor enclavado en la cruz y con una calavera al pie; un tosco cobertizo de tablas que lo defendía de la intemperie, y el pequeño farolillo colgado de una cuerda, que lo iluminaba débilmente, vacilando al impulso del aire, formaban todo el retablo, alrededor del cual colgaban algunos festones de yedra que habían crecido entre los oscuros y rotos sillares, formando una especie de pabellón de verdura.

Los caballeros, después de saludar respetuosamente a la imagen de Cristo quitándose los birretes y murmurando en voz baja una corta oración, reconocieron el terreno con una ojeada, echaron a tierra sus mantos, y apercibiéndose mutuamente para el combate y dándose la señal con un leve movimiento de cabeza, cruzaron los estoques. Pero apenas se habían tocado los aceros, y antes que ninguno de los combatientes hubiese podido dar un solo paso o intentar un golpe, la luz se apagó de repente y la calle quedó sumida en la oscuridad más profunda. Como guiados de un mismo pensamiento, y al verse rodeados de repentinas tinieblas, los dos combatientes dieron un paso atrás, bajaron la suelo las puntas de sus espadas y levantaron los ojos hacia el farolillo, cuya luz, momentos antes apagada, volvió a brillar de nuevo al punto en que hicieron ademán de suspender la pelea.

Será alguna ráfaga de aire que ha abatido la llama al pasar exclamó Carrillo, volviendo a ponerse en guardia y previniendo con una voz a Lope, que parecía preocupado.

Lope dio un paso adelante para recuperar el terreno perdido, tendió el brazo y los aceros se tocaron otra vez; mas, al tocarse, la luz se tornó a apagar por sí misma, permaneciendo así mientras no se separaron los estoques.

En verdad que esto es extraño murmuró Lope, mirando al farolillo, que espontáneamente había vuelto a encenderse y se mecía con lentitud en el aire, derramando una claridad trémula y extraña sobre el amarillo cráneo de la calavera colocada a los pies del Cristo.

¡Bah! dijo Alonso—. Será la beata encargada de cuidar del farol del retablo sisa a los devotos y escasea el aceite, por la cual la luz, próxima la morir, luce y se oscurece a intervalos en señal de agonía.

Y dichas estas palabras, el impetuoso joven tornó a colocarse en actitud de defensa. Su contrario le imitó; pero esta vez no tan solo volvió a rodearlos una sombra espesísima e impenetrable, sino que la mismo tiempo hirió sus oídos el eco profundo de una voz misteriosa, semejante a esos largos gemidos del vendaval, que parece que se queja y articula palabras al correr aprisionado por las torcidas, estrechas y tenebrosas calles de Toledo.

Qué dijo aquella voz medrosa y sobrehumana, nunca pudo saberse; pero al oírla ambos jóvenes se sintieron poseídos de tan profundo terror, que las espadas se escaparon de sus manos, el cabello se les erizó y por sus cuerpos, que estremecía un temblor involuntario, y por sus frentes, pálidas y descompuestas, comenzó a correr un sudor frío como el de la muerte.

La luz, por tercera vez apagada, por tercera vez volvió a resucitar, y las tinieblas se disiparon.

Ah! exclamó Lope al ver a su contrario entonces, y en otros días su mejor amigo, asombrado como él, como él pálido e inmóvil. Dios no quiere permitir este combate, porque es una lucha fraticida, porque un combate entre nosotros ofende al cielo ante el cual nos hemos jurado cien veces una amistad eterna.

Y esto diciendo, se arrojó en los brazos de Alonso, que le estrechó entre los suyos con una fuerza y una efusión indecibles.

Pasados algunos minutos, durante los cuales ambos jóvenes se dieron toda clase de muestras de amistad y cariño, Alonso tomó la palabra, y con acento conmovido aún por la escena que acabamos de referir, exclamó, dirigiéndose a sua amigo:

Lope, yo sé que amas a doña Inés; ignoro si tanto como yo, pero la amas. Puesto que un duelo entre nosotros es imposible, resolvámonos a encomendar nuestra suerte en sus manos. Vamos en su busca: que ella decida con libre albedrío cuál ha de ser el dichoso, cuál el infeliz. Su decisión será respetada por ambos, y el que no merezca sus favores, mañana saldrá con el rey de Toledo, e irá a buscar el consuelo del olvido en la agitación de la guerra.

Pues que tú lo quieres, sea —contestó Lope.

Y el uno apoyado en el brazo del otro, los dos amigos se dirigieron hacia la catedral, en cuya plaza, y en un palacio del que ya no quedan ni aun los restos, habitaba doña Inés de Tordesillas.

- Castigo de la dama:

· La Dama Doña Inés, al final se queda sin ninguno de los dos caballeros, a los que la amistad les pudo. Al día siguiente, la reina, colocada en un estrado lujosísimo, veía desfilar las huestes que marchaban a la guerra de moros, teniendo a su lado a las damas más principales de Toledo. Entre ellas estaba doña Inés de Tordesillas, en la que aquel día, como siempre, se fijaban todos los ojos; pero, según a ella le parecía advertir, con diversa expresión de la costumbre. Diríase que en todas las curiosas miradas que a ella se volvían retozaba una sonrisa burlona.

Este descubrimiento no dejaba de inquietarla algo, sobre todo teniendo en cuenta las ruidosas carcajadas que la noche anterior había creído percibir a lo lejos y en uno de los ángulos de la plaza, cuando cerraba el balcón y despedía a su amante; pero al mirar aparecer entre las filas de los combatientes, que pasaban por debajo del estrado lanzando chispas de fuego de sus brillantes armaduras y envueltos en una nube de polvo los pendones reunidos de las casas de Carrillo y Sandoval; al ver la significativa sonrisa que la saludar a la reina le dirigieron los dos antiguos rivales, que cabalgaban juntos, todo lo adivinó, y la púrpura de la vergüenza enrojeció su frente y brilló en sus ojos una lágrima de despecho.

El Beso

- Época, ciudad, lugar donde ocurren los hechos:

· Esta leyenda transcurre en la ciudad de Toledo, durante la invasión de Napoleón, en la que el ejército Francés se aprovechaba de las casas, bares, e iglesias abandonadas para refugiarse durante la guerra. Todos los hechos de esta leyenda transcurren en una iglesia abandonada, donde un capitán Francés refugia a su ejército.

- Arrogancia del protagonista. ¿ Se parece a los personajes masculinos o femeninos de las leyendas anteriores? :

· El protagonista de esta leyenda no se parece a las del resto. Ya que el protagonista de esta leyenda, tiene sueños en los que aparece una mujer hermosa, muda y sorda, que al final resulta ser de mármol; y en las demás leyendas, no hay sueños de ese tipo, ni tampoco hay ningún protagonista que tenga su forma de ser, ya que la mayoría son, o caballeros de la alta nobleza, o pobres como Maese Pérez el organista. Respecto a las mujeres, ninguna se le parece, ya que todas las mujeres de las leyendas excepto una(Sara la hija del judío) son todas destructivas, y perversas, ya que hacen que la gente que las quiere, muera en el intento por seducirlas.

- El sacrilegio y el castigo:

. El joven que fue a la tumba de Doña Inés para besarla, ni oyó siquiera las palabras de sus amigos, y tambaleando y como pudo llegó a la tumba y aproximándose a la estatua, pero al tenderle los brazos resonó un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca, y nariz, había caído desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro. Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrevían a dar un paso para prestarle socorro. En el momento en que su camarada intentó acercar sus labios ardientes a los de doña Elvira, habían visto al inmóvil guerrero levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guante de piedra.

La Rosa de Pasión

- Estudio de los personajes: El malvado Daniel, su bella hija Sara:

· En una de las callejas más oscuras y tortuosas de la ciudad imperial, empotrada y casi escondida entre la alta torre morisca de una antigua parroquia mozárabe y los sombríos y blasonados muros de una casa solariega, tenía hace muchos años su habitación raquítica, tenebrosa y miserable como su dueño, un judío llamado Daniel Leví.

Era este judío rencoroso y vengativo, como todos los de su raza, pero más que ninguno engañador e hipócrita.

Dueño, según los rumores del vulgo, de una inmensa fortuna, veíasele, no obstante, todo el día acurrucado en el sombrío portal de su vivienda, componiendo y aderezando cadenillas de metal, cintos viejos o guarniciones rotas, con las que traía un gran tráfico entre los truhanes de Zocodover, las revendedoras del Postigo y los escuderos pobres.

· Sara era un prodigio de belleza. Tenía los ojos grandes y rodeados de un sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente pupila como una estrella en el cielo de una noche oscura. Sus labios, encendidos y rojos parecían recortados hábilmente de un paño de púrpura por las invisibles manos de un hada. Su tez era blanca, pálida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro. Contaba apenas dieciséis años, y ya se veía grabada en su rostro esa dulce tristeza de las inteligencias precoces, y ya hinchaban su seno y se escapaban de su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar del deseo.

- La misteriosa reunión de los judíos:

· Todos los judíos se reunieron al rojizo resplandor de una fogata que proyectaba las sombras de aquel círculo infernal en los muros del templo, había creído ver que algunos hacían esfuerzos por levantar en alto una pesada cruz, mientras otros tejían una corona con las ramas de los zarzales o afilaban sobre una piedra las puntas de enormes clavos de hierro. Una idea espantosa cruzó por su mente: recordó que a los de su raza los habían acusado más de una vez de misteriosos crímenes; recordó vagamente la aterradora historia del Niño Crucificado, que ella hasta entonces había creído una grosera calumnia inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos.

Pero ya no le cabía duda alguna; allí, delante de sus ojos, estaban aquellos horribles instrumentos de martirio, y los feroces verdugos sólo aguardaban a la víctima.

- El crimen ritual:

· Era noche de Viernes Santo, y los habitantes de Toledo, después de haber asistido a las tinieblas en su magnífica catedral, acababan de entregarse al sueño o referían al amor de la lumbre consejas parecidas a las del Cristo de la Luz, que, robado por unos judíos, dejó un rastro de sangre por el cual se descubrió el crimen, o la historia del Santo Niño de la Guardia, en quien los implacables enemigos de nuestra fe renovaron la cruel Pasión de Jesús.

- El prodigio:

· Sara era un prodigio de belleza. Tenía los ojos grandes y rodeados de un sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente pupila como una estrella en el cielo de una noche oscura. Sus labios, encendidos y rojos parecían recortados hábilmente de un paño de púrpura por las invisibles manos de un hada. Su tez era blanca, pálida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro. Contaba apenas dieciséis años, y ya se veía grabada en su rostro esa dulce tristeza de las inteligencias precoces, y ya hinchaban su seno y se escapaban de su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar del deseo.

- Momento, lugar, época:

· Todo transcurre durante el Siglo de Oro, en la ciudad de Toledo del reinado de Castilla, por las fechas del Viernes Santo, que es cuando los judíos roban la cruz para hacer su misteriosa reunión. Para poder castigar al amante de Sara, la hija de Daniel, que se veía en la intimidad con un cristiano.

Los Ojos Verdes

- La cacería: se introduce ya el elemento misterioso:

· Cuando los marqueses estaban cazando, un ciervo que estaba herido a causa de un flechazo de uno de los marqueses saltó los matorrales que le adentraron en el bosque, que desembocaba en la Fuente de los Alamos de la que se cuenta, que en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento.

- En el castillo: cambios que ha sufrido el protagonista. A través de su relato, vemos ya su obsesión por la fuente:

· Desde el día en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegué a la fuente de los Alamos, ocurrió esto: atravesando sus aguas, recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad. La fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre sí mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces, con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, Para estancarse en una balsa profunda cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

- Momento clave: Diálogo con la ondia que conduce al desenlace:

· La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven... y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso, un beso...

Fernando dio un paso hacía ella, otro, y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve, y vaciló, y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.

- Época, momento del día y lugares en que transcurre:

· El lugar en la que esta leyenda transcurre es en la Edad Media, en la provincia de Soria. También transcurre gran parte en el castillo del marqués, ya que en el castillo el marqués le cuenta al sirviente, todo lo que vio en la fuente de los Alamo, y lo que ocurrió con la mujer del agua, y ya, al final de la leyenda, en la fuente de los Alamo, que es cuando el marqués se cae dentro del agua empujado por la mujer de las aguas.

El Rayo de Luna

- Introducción: analizar lo que narrador explica sobre la leyenda:

· Bécquer explica, que lo que escribe pare y pudo ser cuento o historia, es decir, ficción o realidad. No se relaciona con ningún acontecimiento histórico, sino con la experiencia de un noble señor, aficionado a la poesía, ocasión, pues, de sugerir afinidades con él mismo. La acción ocurre en la Edad Media , y así el autor la enmarca con referencias a al arquitectura(chimeneas góticas, galerías y ventanas ojivales), a la guerra de los moros y la poesía provenzal. La sitúa en Soria, después de la caída de los templarios.

- Análisis de los rasgos que caracterizan al protagonista:

· El protagonista era noble; había nacido entre el estruendo de las armas, y el insólito clamor de una trompa de guerra no le hubiera hecho levantar la cabeza un instante, ni apartar sus ojos un punto del oscuro pergamino en que leía la última carta de un trovador. Los que quisieran encontrarlo no lo debían buscar en el anchuroso patio de su castillo, donde los palafreneros domaban los potros, los pajes enseñaban a volar a los halcones y los soldados se entretenían los días de reposo en afilar el hierro de su maza contra una piedra.

- Descripción del escenario!Se introduce el elemento misterioso:

· El noble amaba la soledad porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, porque Manrique era poeta, ¡tanto, que nunca le habían satisfecho las formas en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había encerrado al escribirlos!

Creía que entre las rojas ascuas del hogar habitaban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de oro a lo largo de los troncos encendidos, o danzaban en una luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas muertas sentado en un escabel, junto a la alta chimenea gótica, inmóvil y con los ojos fijos en la lumbre.

Creía que en el fondo de las ondas del río, entre los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides u ondinas, que exhalaban lamentos y suspiros o cantaban y se reían en el monótono rumor del agua, rumor que oía en silencio, intentando traducirlo.

En las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las peñas imaginaba percibir formas o escuchar sonidos misteriosos, formas de seres sobrenaturales, palabras inteligibles que no podía comprender. Algunas veces llegaba su delirio hasta el punto de quedarse una noche entera mirando a la luna, que flotaba en el cielo entre un vapor de plata, o a las estrellas, que temblaban a lo lejos como los cambiantes de las piedras preciosas.

- Forja de la mujer ideal!Destrucción del mismo!Consecuencias:

· ¡Amar! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo. Amaba a todas las mujeres un instante: a ésta porque era rubia, a aquélla porque tenía los labios rojos, a la otra porque se cimbreaba al andar, como un junco. Las consecuencias fueron, que al final, Manrique se volvió loco; por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio.

- Época, momentos del día y lugares:

· El lugar en la que esta leyenda transcurre es en la Edad Media, en la provincia de Soria, todo esto transcurre durante la guerra contra los moros. Los lugares en los que la leyenda se basa, son el Río del Duero, el puente, y el hogar donde residía el noble caballero, que era su castillo.

El Miserere

- Introducción: Datos sobre la leyenda. Presencia de un segundo narrador:

· Esta leyenda, calificada como religiosa lo mismo que la de la Rosa de Pasión, apareció en El Contemporáneo el 17 de abril de 1862. La ocasión era conveniente para un periódico de orientación conservadora como este; a mediados de abril es el tiempo propio para que, durante la Semana Santa, aparezca en sus páginas una leyenda religiosa. Esta vez Bécquer escribe una leyenda en la que la música es el eje del relato.

- Presentación del protagonista: El tercer narrador; la leyenda dentro de la leyenda:

· El tercer narrador era un Miserere que cuenta la leyenda del mejor musico de la historia. Cuenta que hace ya muchos años, en una noche lluviosa y oscura, llegó a la puerta claustral de esta abadía un romero y pidió un poco de lumbre para secar sus ropas, un pedazo de pan con que satisfacer su hambre y un albergue cualquiera donde esperar la mañana y proseguir con la luz del sol su camino. Su modesta colación, su pobre lecho y su encendido hogar puso el hermano a quien se hizo esta demanda a disposición del caminante, al cual, después que se hubo repuesto de su cansancio, interrogó acerca del objeto de su romería y del punto adonde se encaminaba. Yo soy músico, respondió el interpelado. He nacido muy lejos de aquí, y en mi patria gocé un día de gran renombre. En mi juventud hice de mi arte un arma poderosa de seducción y encendí con él pasiones que me arrastraron a un crimen. En mi vejez quiero convertir al bien las facultades que he empleado para el mal, redimiéndome por donde mismo pude condenarme.

- Consecuencias del misterio desvelado y cierre de la leyenda.

· Escribió los primeros versículos y los siguientes hasta la mitad del salmo; pero al llegar al último que había oído en la montaña le fue imposible proseguir. Escribió uno, dos, cien, doscientos borradores: todo inútil. Su música no se parecía a aquella música ya anotada, y el sueño huyó de sus párpados y perdió el apetito, y la fiebre se apoderó de su cabeza, y se volvió loco, y se murió, en fin, sin poder terminar el Miserere, que, como una losa extraña, guardaron los frailes a su muerte, y aún se conserva hoy en el archivo de la abadía.

- Época, lugares y momentos:

· Esta leyenda transcurre en Semana Santa en el monasterio de la montaña. Donde el Miserere pasa todo el tiempo hasta su muerte intentando escribir las mejores notas nunca escuchadas, y en donde se vuelve loco después de unos meses al ver que no podía finalizar composiciones.

Maese Pérez el Organista

- Introducción: Datos del narrador:

· En esta leyenda, nos cuenta Bécquer, escribiendo en la primera persona gramatical, presenta el relato a los lectores en una introducción. Nos dice que cuando él oyó, durante la misa de Gallo, el órgano del convento, el instrumento sonaba de una manera vulgar e insulsa. Sin embargo, poco a poco se va creando un ambiente de misterio cuyo objeto es la exaltación de la música tocada en el órgano.

- Descripción de Maese Pérez:

· Pues la verdad, es que Maese Pérez es un santo varón pobre, sí, pero limosnero, cual no otro. Sin más pariente que su hija, ni más amigos que su órgano, pasa su vida entera en velar por la inocencia de la una y componer los registros del otro. ¡Cuidado que el órgano es viejo!. Pues nada; él se da tal maña en arreglarlo y cuidarlo, que suena que es una maravilla. Como que lo conoce de tal modo, que a tientas. Porque no sé si os lo he dicho, pero el pobre es ciego de nacimiento. ¿Y con qué paciencia lleva su desgracia!. Cuando le preguntan que cuánto daría por ver, responde: Mucho, pero no tanto como creéis, porque tengo esperanzas. ¿Esperanzas de ver? Sí, y muy pronto —añade, sonriendo como un ángel. Ya cuento setenta y seis años. Por muy larga que sea mi vida, pronto veré a Dios:

¡Póbrecito! Y si lo verá, porque es humilde como las piedras de la calle, que se dejan pisar de todo el mundo. Siempre dice que no es más que un pobre organista de convento, y puede dar lecciones de solfa al mismo maestro de capilla de la Primada. Como que echó los dientes en el oficio. Su padre tenía la misma profesión que él. Yo no lo conocí, pero mi señora madre que santa gloria haya, dice que lo llevaba siempre al órgano consigo para darle a los fuelles. Luego, el muchacho mostró tales disposiciones que, como era natural, a la muerte de su padre heredó el cargo. ¡Y qué manos tiene, Dios se las bendiga! Merecía que se las llevaran a la calle de Chicharreros y se las engarzasen en oro. Siempre toca bien, siempre; pero en semejante noche como ésta es un prodigio. El tiene una gran devoción por esta ceremonia de la misa del Gallo, y cuando levantan la Sagrada Forma, al punto y hora de las doce, que es cuando vino al mundo Nuestro Señor Jesucristo, las voces de su órgano son voces de ángeles.

- Actuación del sustituto, un año después:

· Zampoñas, gaitas, sonajas, panderos, todos los instrumentos del populacho, alzaron sus discordantes voces a la vez; pero la confusión y el estrépito sólo duraron algunos segundos. Todos a la vez, como habían comenzado, enmudecieron de pronto. El segundo acorde, amplio, valiente, magnífico, se sostenía aún, brotando de los tubos de metal del órgano como una cascada de armonía inagotable y sonora. Cantos celestes como los que acarician los oídos en los momentos de éxtasis, cantos que percibe el espíritu y no los puede repetir el labio, notas sueltas de una melodía lejana que suena a intervalos, traídas en las ráfagas del viento; rumor de hojas que se besan en los árboles con un murmullo semejante al de la lluvia, trinos de alondras que se levantan gorjeando de entre las flores como una saeta despedida de las nubes; estruendos sin nombre, imponentes como los rugidos de una tempestad; coros de serafines sin ritmo ni cadencia, ignota música del cielo que sólo la imaginación comprende, himnos alados que parecían remontarse al trono del Señor como una tromba de luz y de sonidos..., todo lo expresaban las cien voces del órgano con más pujanza, con más misteriosa poesía, con más fantástico color que lo habían expresado nunca.

Cuando el organista bajó de la tribuna, la muchedumbre que se agolpó a la escalera fue tanta y tanto su afán por verlo y admirarlo, que el asistente, temiendo, no sin razón, que lo ahogaran entre todos, mandó a algunos de sus ministriles para que, vara en mano, le fueran abriendo camino hasta llegar al altar mayor, donde el prelado lo esperaba.

- El concierto del año siguiente. El prodigio:

· Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto. El órgano estaba solo, y, no obstante, el órgano seguía sonando...; sonando como sólo los arcángeles podrían imitarlo... en sus raptos de místico alborozo. ¿No os dije yo una y mil veces, mi señora doña Baltasara; no os lo dije yo? ¡Aquí hay busilis! Oídlo. ¡Qué! ¿no estuvisteis anoche en la misa del Gallo? Pero, en fin, ya sabréis lo que pasó. En toda Sevilla no se habla de otra cosa... El señor arzobispo está hecho, con razón, una furia... Haber dejado de asistir a Santa Inés, no haber podido presenciar el portento..., ¿y para qué?... Para oir una cencerrada, porque personas que lo oyeron dicen que lo que hizo el dichoso organista de San Bartolomé en la catedral no fue otra cosa... Si lo decía yo. Eso no puede haberlo tocado el bisojo, mentira...; aquí hay busilis, y el busilis era, en efecto, el alma de maese Pérez.

- Época, lugares, días en que transcurre:

· Esta leyenda transcurre en el Siglo de Oro, en la ciudad de Sevilla, en la famosa nochebuena. Todo transcurre en las misas de Gallo, en la gran Catedral de Sevilla, y en el monasterio, donde vivía Maese Pérez.

Reflexiones

  • Localización en la época y la corriente literaria del Romanticismo por los rasgos que hayas detectado en las narraciones:

    • El Romanticismo es un movimiento heredero de los cambios políticos y sociales producidos en Europa entre 1789 1815, que se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX.

    • El Romanticismo no es sólo un movimiento artístico y literario, sino una actitud ante la vida (libertad, sentimientos, creatividad, antirracionalismo, etc.)

    • Surge el racionalismo del siglo XVII, el predominio de la imaginación, la fantasía, las fuerzas irracionales del espíritu y la libertad de todos los órdenes de la vida.

    • Su origen proviene de las ideas románticas de Francia e Inglaterra.

    • Surgió tardíamente respecto a Europa por la asociación, liberalismo, racionalismo y una fuerte censura.

    • La asociación duró muy pocos años, debido a la temprana muerte de sus representantes. Bécquer y Rosalía fueron los dos poetas que sobrevivieron el pos-romanticismo.

    • La sociedad se basa en los burgueses, nobleza y el clero. Pero surge un fuerte proletaria: los jornaleros, mineros que viven en condiciones infames y van a desarrollar como consecuencia movimientos obreros y nuevas ideologías, como el socialismo y el anarquismo.

    • Los movimientos obreros causaron la clausura de universidades y censuras, por lo que Isabel II creó la Ley Moyano de instituciones públicas que declara la enseñanza obligatoria de los 6 a los 9 años.

    • El pensamiento católico tradicional se enfrenta al pensamiento liberal.

    • También en esta época, se producen avances, como el ferrocarril(1859), los sellos de correo, el telégrafo, el alumbrado eléctrico en Barcelona …

    • La población era mayoritariamente analfabeta: en 1877, tres de cada cuatro españoles era analfabeto y en 1901 el 63% de la población no sabía leer. Corriente Literaria Esta poesía se basa en:

    • Descontento con el presente: se da una vuelta al pasado y toman las ideas que habían sido rechazadas en el siglo XVIII. Vuelta a la Edad Media (leyendas y tradiciones), al renacimiento (el paisaje, que les lleva a identificarse con su estado de ánimo), al barroco (la literatura oral, la mezcla de géneros y rechazo a las reglas del arte) y solo toma del siglo XVIII el impulso de modernidad y progreso. Esta lucha entre las tradiciones religiosas y las racionales hace que aya rebeldía. Que divide el romanticismo en tradicional y liberal.

    • Adopta una actitud nueva ante la vida. Se refugia en el individualismo y el subjetivismo. El “Yo” del autor es la fuente de creación literaria frente al pudor de la época anterior.

    • Exalta la personalidad del individuo, los sentimientos, las emociones, los sueños, la intimidad, y el derecho a la libertad tanto política, religiosa y artística.

    • De ahí que sus personajes sean marginales, rebeldes e incomprendidos.

    • Da rienda suelta al sentimiento, la sensibilidad, y la imaginación. Los individuos oscilan entre la melancolía y desesperación o el entusiasmo.

  • ¿ Hasta qué punto tienen que ver “Las Leyendas” con el carácter soñador e idealista de Bécquer?

  • · Bécquer era tan soñador e idealista, que se puede ver claramente reflejado en sus leyendas, ya que todas son o leyendas fantásticas o relatos que el vio de verdad, pero luego se imaginó como escribir una leyenda sobre aquello, con la idea que él tenía en aquellos tiempos. Las leyendas de Béquer son como los cuentos de los niños, ya que en ambos se relata la historia de un noble caballero y una bella dama, que se enamoran. Pero a partir de hay, todo cambia, ya que en las leyendas de Bécquer el noble caballero muere o desaparece, mientras que en los cuentos infantiles la bella dama y el noble caballero se casan y viven felices. También se puede reflejar en los sueños que tienen los protagonistas en las leyendas, ya que todos son fantásticos y muy idealistas.

  • Estudio de la temática que aparece en ellas, ejemplificándolas:

    • La Mujer como salvadora (ángel de luz) o como ser diabólico que pierde al hombre (ángel caído).

    • Variedad de tipos femeninos: reales, de carne y hueso, corpóreas o imaginadas, sobrenaturales e intangibles.

    • El amor, ya sea como:

    · Fuerza trágica destructora.

    · Protección frente al peligro.

    · Redentor ( cuando se une al tema religioso).

    • Naturaleza como proyección del estado de ánimo.

  • Estructura. Debes analizar en el doble aspecto:

    • Global ! con la división que hemos hecho ! Lo místico, sacrílego y lo sobrenatural, onírico.

    • Particular ! Viendo qué elementos estructurales se reiteran

    · Partes de la acción

    · Introducción: presente o ausente

    · Intervención o no del narrador ! Credibilidad ha

    · El prodigio o misterio como elemento central

    · El desenlace

    • Esquema: Situación de normalidad (conversación, cacería) ! ruptura por un hecho fortuito que dispara la imaginación obsesiva del protagonista ! Éste, se convierte en juguete de los acontecimientos que lo conducen a la destrucción.

  • Ambientación romántica, a caballo entre la realidad y la fantasía:

    • Elementos naturales: orografía, vegetación, aire, luz; fenómenos atmosféricos.

    • Elementos urbanos, ciudades antiguas, templos oscuros, estrechas callejuelas, plazoletas recónditas, monasterios en ruinas.

    • Realidades sobrenaturales (visiones fantásticas, apariciones macabras).

    • Predominio de la noche y los elementos sobrenaturales.

    • Creación de un mundo interior de fantasía, locura o muerte.

  • Estudio de los personajes atendiendo a los siguientes aspectos:

    • Rasgos comunes de los protagonistas: Caracteres, acciones.

    • Coincidencias en los personajes femeninos: Tipos de mujer que quedan dibujados en las narraciones.

    • Afinidades en los personajes masculinos: arquetipos que parecen.

    • Evolución idéntica que sufren unos y otros según encarnan ideales positivos o negativos.

  • Rasgos de estilo que te hayan llamado la atención:

    • Fantasía

    • Dramatismo

    • Creación de intriga

    • Lenguaje

    · Después de haber leído las leyendas, me he dado cuenta de que en todas ellas la fantasía ocupa un gran lugar; ya que siempre hay algún fantasma, o una estatua de mármol, que pega a una persona humana, o también por ejemplo, cuando la mujer de las aguas coge al marqués y lo lleva con el al las profundidades de la fuente de los Alamos. Bécquer demuestra una gran habilidad para representar cosas inexistentes o incluso para idealizar cosas reales.

  • Valoración y crítica personal justificada:

  • · Sin duda el trabajo excelente de G.A. Bécquer rebosa originalidad, sobre todo en la manera en que consigue expresar los sentimientos de las personas, que es fresca e inteligente. También la riqueza de sus palabras y el dominio del idioma dotan a las leyendas de una originalidad que pocos autores pueden soñar con alcanzar. Los sentimientos se expresan mejor con acciones y gestos que con palabras, y dichos gestos suelen ser muy expresivos, por lo que es fundamental intentar plasmar lo que se siente al observar los gestos en el papel, y Bécquer lo consigue con sus palabras. Todo esto contrasta con la gran formalidad con que el autor escribe leyenda a leyenda, dotándolas de la seriedad que todos encontramos en un trabajo profesional; en un trabajo bien hecho. Y es esta formalidad la que en cierto modo nos ayuda a disfrutar de sus leyendas porque nos encontramos embelesados creyendo en la realidad y sinceridad de sus palabras.

  • Afinidades temáticas, ambientales... etc. Con respecto a “Las Rimas”:

  • · Bécquer, relaciona todas sus leyendas, con respecto a su vida real, ya que al principio de cada leyenda, el autor, te explica como llegó a la conclusión de hacer esa leyenda, basándose, en su vida cotidiana, y respecto a lo que él oía y veía. Por ejemplo, en la leyenda de Maese Pérez el organista, al principio de la leyenda te cuenta como el fue a la misa de Gallo una vez, y de esa misa realizó esta leyenda. Los paisajes que Bécquer describe, son los que el ha visto a lo largo de su vida, y luego los plasmaba en el papel para hacer sus leyendas. Reflejaba la vida de hace mucho tiempo y también refleja en sus leyendas la pobreza en que la gente vivía y la política que se desarrollaba en aquellos tiempos.