Leyendas; Gustavo Adolfo Bécquer

Literatura española siglo XIX. Romanticismo. Prosa romántica. Relatos. Argumento

  • Enviado por: Guitxu
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
publicidad
publicidad

Los ojos verdes:

 

     En la presentación que hace de sus leyendas cuenta que tenía ganas de escribir una historia con ese nombre y un día se dejó llevar por la pluma y la escribió.

     Cuenta también que él ha visto unos ojos como los que cuenta en la leyenda no sabe si en sueños, pero los ha visto.

 

     La obra está dividida en 3 capítulos o partes:

En el I sitúa la acción en un monte hay unos hombres de cacería, uno ha herido a un ciervo, pero si pasa de la fuente de los Álamos estará perdido para ellos, porque a ese lugar no van, está entre ellos el montero mayor de los marqueses de Almenar, el ciervo se consigue escapar y cuando llega Fernando de Argensola el primogénito de los marqueses les riñe diciendo que él no atiende a supersticiones y va a seguir.

 

En el II el montero le está preguntando al chico por qué tiene la piel tan blanca y está tan raro, y por qué pasa en el monte tanto tiempo si no viene con presa alguna.

Fernando le pregunta si alguna vez ha visto por allí una mujer; le describe el sitio: un lugar muy bello donde el agua cae gota a gota y se reúne en un lago de aguas verdes, allí creyó ver unos ojos verdes, y todos los días iba a ver quien era hasta que se encontró con una mujer, hasta llegó a hablar con ella. A Iñigo le habían advertido sus padres que esa mujer de ojos verdes era un espíritu del mal. El montero le pidió que por todo lo que más quería dejara de ir y él le contestó que todo lo que más quería valía una mirada de esos ojos. Iñigo contestó “cúmplase la voluntad del cielo”.

 

En el III. Él le dice a ella que la ama, y ella le pregunta que si en el caso de que fuera un demonio también la amaría, y él le responde que sí. Ella le dice que lo quiere más que él a ella, porque baja a ser mortal cuando es un espíritu puro, pero que es digna de él, ya que es superior a los demás hombres.

Le dice que en el fondo del lago hay unas hojas que pueden servir de lecho. Él empezó a oír como un zumbido que le decía - ven, ven - ella flotaba sobre el lago, había niebla y se veían fuegos fatuos que salían del agua, ella le insinuó un beso y cuando iba a dárselo notó una sensación fría, beso de nieve, perdió pie y cayó al agua, de la que saltaron chispas de luz y se cerró sobre su cuerpo, los círculos de plata fueron ensanchándose hasta expirar en las orillas.

El monte de las ánimas:

 

     Dice que la oyó en el mismo lugar en la que sucedió.

     Era noche de Todos los Santos. Faltaba poco para que sonara la oración de los Templarios y las ánimas de los difuntos tañeran su campana.

     Hablan un primo y una prima y ella no se lo cree. Se llaman Beatriz y Alonso. Él le cuenta la historia del Monte de las Animas, monte que cedió el rey a unos hombres mitad guerreros, mitad monjes para que defendieran Soria de los árabes, lo que fue un insulto para los caballeros castellanos que siempre se llevaron mal y que preparando una emboscada cometieron una masacre en ese monte. Todos los cuerpos fueron enterrados en la capilla de arriba. Desde entonces el Día de Difuntos en la medianoche las almas salen envueltas en jirones de sus sudarios.

     Alonso y Beatriz se iban a separar pronto y él le dice que le va a regalar un joyel que sujetaba en su sombrero una pluma. Ella dice que su regalo va a ser una banda azul, pero que se le cayó en el monte. Él no quiere ir esa noche a recogerla pero ella se burla y él va. Esa noche ella oye como pasos, estaba muy intranquila y casi no pudo dormir. Cuando la luz de la mañana iluminó su habitación se encontró la banda manchada de sangre y le contaron la noticia de que Alonso había sido devorado por los lobos. Ella se quedó muerta, muerta de horror. Dicen que una vez sucedido esto un cazador tuvo que pasar la noche de Difuntos en ese monte y al día siguiente antes de morir contó cosas horribles, como que unos esqueletos de guerreros perseguían a una mujer que daba vueltas sobre la tumba de Alonso muerta de horror.

El beso:

 

     El momento es cuando el ejército francés se apodera a principios del S. XIX de Toledo.

     Los soldados se reparten por ahí para dormir y a un capitán le buscan el alojamiento de una iglesia, muy desmantelada pero aún se veían las estatuas de piedra sobre el mármol de sus tumbas.

     Al día siguiente, los oficiales se aburrían allí mucho y se reunían en el Zocodover, estaban esperando al recién llegado. Cuando le preguntan cómo ha pasado la noche, éste comienza la historia. Un ruido lo despertó y antes de dormirse vio una mujer muy hermosa arrodillada junto a altar, se le antojaba un espíritu, pero era de mármol. Parecía una dama castellana que por algún milagro permanece así. Junto a ella hay un guerreo, su marido. Los demás soldados quieren verlas y quedan para esa noche.

     Se enteran de que son un importante guerrero y Dña. Elvira de Castañeda. Los soldados estaban borrachos, le acercaron a la estatua del guerrero el vino a los labios y le arrojaron la copa entera sobre la cara. El capitán dijo que los labios de la muejr le incitaban a besarlos, cuando iba a besarla el guerrero levantó su brazo y le dio un golpe que lo tiró al suelo echando sangre por la boca, nariz y ojos.

El rayo de luna:

 

     Dice Bécquer que no sabe si es una historia o un cuento, pero que tiene algo de verdad.

     El protagonista el Manrique, un joven poeta, que le gusta leer, los monasterios, los bosques... el prior de un monasterio le ha dicho que las estrellas son otros mundos, él sueña con la hermosura de las mujeres de éstos.

     En Soria hay un puente que conduce al convento de los templarios. Él una noche de verano se paseaba por allí cuando vio como el traje blanco de una mujer se agitaba por ahí. Quiso seguirla, qué podía hacer a esas horas. Le pareció que en una barca cruzaba el río, él echó a correr a ver si la pillaba.

     Después se puso a seguir a la gente que venía del otro lado del río, para saber dónde se hospedaban y vio en una casa que un rayo de luz que se reflejaba en la casa de enfrente. En seguida supo que esa era la casa de ella, incluso vio un balcón con la luz encendida. Se quedó allí toda la noche, hasta que por la mañana salió un escudero. Tras ser interrogado dijo que en esa casa no había ninguna mujer, sino Alonso Valdecuellos, que estaba enfermo.

     Se la imaginaba de ojos azules, melena negra, alta y esbelta, de voz suave, que piensa como él piensa... durante dos meses la buscó hasta que otra noche le pareció verla, se acerco y soltó una estridente caracajada, porque se dio cuenta que era un rayo de luna que se colaba por entre los árboles cuando el viento movía sus ramas.

     Ya pasado un tiempo, la madre de Manrique le decía que se buscara un amor (él decía: el amor es un rayo de luna). Un escudero: la guerra da la gloria, ve a la guerra y él “la gloria es un rayo de luna”. Todo es mentira, decía. Todo el mundo pensaba que estaba loco, menos Bécquer que afirma que cree que había recuperado el juicio.

 

Maese Pérez el organista

Temática: Se desarrollan varios temas comunes en el Romanticismo:

  • La muerte: El protagonista muere, aunque eso no le impide seguir haciendo lo que más le gusta: tocar el órgano.

  • Los lugares en consonancia con el estado de ánimo del autor: Describe lugares oscuros y tenebrosos. Los acontecimientos ocurren durante la noche.

El lenguaje empleado es muy expresivo.

 

  • Emplea muchas palabras que denotan melancolía, nostalgia... Empleo de muchos adjetivos, sobre todo para describir la música.

EL CRISTO DE LA CALAVERA (Leyenda Toledana)

 

        Esta leyenda está ambientada en la reconquista de la Península Ibérica. El rey de Castilla manda llamar a todos los caballeros hacia Toledo. Todo eran fiestas de bienvenida a los caballeros, pero la gran fiesta era el día previo a la marcha de los caballeros  a la guerra. En esta fiesta, la protagonista era doña Inés de Tordesillas, una bella mujer que tenía enamorados a todos los caballeros; pero sólo dos caballeros estaban en el buen camino para conseguir el corazón de la dama. Estos dos caballeros se llamaban Alonso de Carrillo y Lope de Sandoval, que destacaban sobre todo por su rendimiento. El día de la ceremonia, doña Inés dio una vuelta por el salón de los caballeros y se sentó entre el caballero Alonso y el caballero Lope. Estos comenzaron una batalla de piropos que causaron el cansancio de doña Inés. Levantó se doña Inés dejando caer sin querer uno de sus guantes que había dejado en sus rodillas; rápidamente, los dos caballeros se agacharon a recogerlo, pero quedaron en tablas ya que lo asieron ambos cada uno por un lado diferente. Empezaron a forcejear, pero al darse cuenta su majestad de Castilla de lo que podría conllevar aquel forcejeo, se interpuso entre los dos y devolvió el guante a doña Inés.

 

        Dieron se cuenta ambos caballeros que tendrían que batirse para conseguir el corazón de doña Inés, buscaron durante toda la noche un lugar donde poder llevar a cabo el duelo. Encontraron al fin un cobertizo alumbrado por una luz, donde se encontraban un Cristo y una calavera bajo el Cristo. Los caballeros rezaron una oración y se dispusieron a luchar, mas cuando desenfundaron, la luz se apagó. La volvieron a encender, volvieron a desenfundar y... la luz se apagó de nuevo. Esto ocurrió varias veces más hasta que al final sonó una voz que envolvió a los caballeros en el más profundo de los miedos. Tras esto, se dieron cuenta que el señor no quería que ese duelo se llevara a cabo.

 

        Decidieron pues dejar a doña Inés elegir y se dirigieron a su balcón dispuestos a seducirla. Pero cuál no fue su sorpresa al descubrir a doña Inés despidiéndose de su amado. Su primera reacción fue echar mano a sus aceros y matar a aquel hombre, pero después se lo pensaron y soltaron una carcajada que hizo eco precipitando la despedida de doña Inés.

 

        Al día siguiente, en el palco de despedida, se encontraba entre las damas de honor doña Inés, que se encontraba intranquila temiendo que la carcajada hubiese sido causada por la muerte de alguno de los caballeros, pero se tranquilizó al descubrir que entre las filas que marchaban se encontraban los dos caballeros sanos y salvos.

EL MISERERE (Leyenda religiosa)

 

      Miserere en latín significa ten compasión. En el ámbito religioso, el miserere es el salmo 50, que empiece con esta palabra, y se entona para que Dios perdone tus pecados.

 

Esta leyenda comienza con el descubrimiento, por parte de un hombre, de un libro en una abadía. Al leer el hombre el libro, descubre en el borde de una página una palabra de la que no conocía el significado, así que le pregunta a un hombre de edad si sabía el significado de esta palabra. El anciano reconoce la palabra y le cuenta al “investigador” una vieja leyenda.

 

La leyenda decía que tiempo atrás, un hombre entró en esa abadía pidiendo cobijo y un trozo de pan. Los que por aquel entonces habitaban en dicha abadía no tuvieron problema alguno en dárselo, ya que prácticamente ese era su oficio. En la cena, los monjes comenzaron el típico “interrogatorio” que se hace a un desconocido. El hombre fue contestando pacientemente a todas y cada una de sus preguntas hasta que llegaron a la de siempre, “¿a qué se dedica usted?”. El hombre contestó que era músico y que en esos momentos trataba de finalizar el Miserere para que el señor le perdonase todos sus pecados. Al oír esto, uno de los curas allí reunidos le dijo que su trabajo había terminado pues en un monasterio que había en las montañas se oía entonar a los curas muertos todas las noches el Miserere. El músico decidió ascender hasta aquel monasterio y tomar notas para poder finalizar la partitura. Ya se encontraba dentro cuando vio como el monasterio se reconstruía solo y los esqueletos de los monjes trepaban por la ladera de la montaña hasta colocarse en fila india para entonar la canción. El hombre atónito trató de permanecer atento a la respuesta de tantos años de trabajo, pero cuando los curas iban por el versículo 10, un gran resplandor le dejó cegado e hizo quedar inconsciente. Cuando despertó al día siguiente, descendió la montaña hasta llegar a la abadía y allí pidió refugio para poder escribir el Miserere. Escribió todo lo que escuchó, mas cuando intentó hacer el final (sin haberlo oído), le fue imposible. Escribió gran cantidad de borradores pero no lo consiguió, fue tal su frustración que murió enloquecido.