Leyendas; Gustavo Adolfo Bécquer

Literatura española del Siglo XIX. Romanticismo en España. Argumento de cada leyenda

  • Enviado por: Carmen Cgv
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
publicidad

Leyendas de Bécquer:

  • Los ojos verdes

  • La promesa

  • La Rosa de la Pasión

  • El Monte de las Ánimas

  • El beso

  • La ajorca de oro

  • El rayo de luna

  • Tres fechas

  • La corza blanca

  • El gnomo

  • La cueva de la mora

  • El Miserere

  • La cruz del diablo

  • Creed en Dios

  • Maese Pérez el Organista

  • La venta de los gatos

  • ¡Es raro!

  • La creación

  • Los ojos verdes:

    En la presentación que hace de sus leyendas cuenta que tenía ganas de escribir una historia con ese nombre y un día se dejó llevar por la pluma y la escribió.

    Cuenta también que él ha visto unos ojos como los que cuenta en la leyenda no sabe si en sueños, pero los ha visto.

    La obra está dividida en 3 capítulos o partes:

    En el I sitúa la acción en un monte hay unos hombres de cacería, uno ha herido a un ciervo, pero si pasa de la fuente de los Álamos estará perdido para ellos, porque a ese lugar no van, está entre ellos el montero mayor de los marqueses de Almenar, el ciervo se consigue escapar y cuando llega Fernando de Argensola el primogénito de los marqueses les riñe diciendo que él no atiende a supersticiones y va a seguir.

    En el II el montero le está preguntando al chico por qué tiene la piel tan blanca y está tan raro, y por qué pasa en el monte tanto tiempo si no viene con presa alguna.

    Fernando le pregunta si alguna vez ha visto por allí una mujer; le describe el sitio: un lugar muy bello donde el agua cae gota a gota y se reune en un lago de aguas verdes, allí creyó ver unos ojos verdes, y todos los días iba a ver quiçen era hasta que se encontró con una mujer, hasta llegó a hablar con ella. A Íñigo le había advertido sus padres que esa mujer de ojos verdes era un espíritu del mal. El montero le pidió que por todo lo que más quería dejara de ir y él le contestó que todo lo que más quería valía una mirada de esos ojos. Íñigo contestó “cúmplase la voluntad del cielo”.

    En el III. Él le dice a ella que la ama, y ella le pregunta que si en el caso de que fuera un demonio también la amaría, y él le responde que sí. Ella le dice que lo quiere más que él a ella, porque baja a ser mortal cuando es un espíritu puro, pero que es digna de él, ya que es superior a los demás hombres.

    Le dice que en el fondo del lago hay unas hojas que pueden servir de lecho. Él empezó a oír como un zumbido que le decía - ven, ven - ella flotaba sobre el lago, había niebla y se veían fuegos fatuos que salían del agua, ella le insinuó un beso y cuando iba a dárselo notó una sensación fría, beso de nieve, perdió pie y cayó al agua, de la que saltaron chispas de luz y se cerró sobre su cuerpo, los círculos de plata fueron ensanchándose hasta expirar en las orillas.

    La promesa:

    Margarita lloraba porque su amado se iba a la guerra para echar a los moros de Sevilla. Él la calma y le promete que volverá, pero el escudero del conde de Gómara no puede faltar.

    Al día siguiente los hermanos de Margarita la llevan a ver partir el séquito que va a la guerra del conde de Gómara y cae desmayada al ver que Pedro, su amante, es el propio conde.

    El conde tras haber ganado en las luchas estaba muy pensativo y pálido. El escudero le preguntó qué le pasaba. Le dijo que le habían sucedido una serie de cosas extrañas: cuando su caballo desbocado iba a caer contra las lanzas enemigas, una mano lo sujetó. Otra vez la vio, hermosa, pálida descorriendo las cortinas de su habitación; coger una saeta que venía a herirle; escanciar el vino de su copa en los convites... Incluso la veía en ese momento, por lo que el escudero lo tomó por loco. Dijo que salir de la tienda a tomar el aire.

    Cerca de la tienda de campaña del rey vieron un personaje extraño medio romero, medio juglar, vendía baratijas y contaba historias, cuando se acercaron empezó a entornar un romance: “El romance de la mano muerta”. Cantaba su historia: una chica enamorada de uno que se hacía pasar por escudero, todas las estrofas terminaban con un estribillo: ¡Mal haya quien en promesas de hombre fía!. Ella temía que con el conde se le iba su honra. Su hermano la mata por haberlos deshonrado. Pero al enterrarla la mano siempre aparecía. El conde le pregunta que de dónde ha sacado el romance y dice que del pueblo de Gómera

    El conde fue a Gómera, arrodillado sobre donde ella estaba enterrada cogió su mano mientras un sacerdote los casaba hundiéndose así la mano para siempre.

    Bécquer aparece como su autor al final cuando dice que en esos prados hay un pedazo que en primavera se llena de flores y la gente dice que allí está enterrada Margarita. Bécquer se apoya otra vez en el género del romance histórico ya en decadencia.

    La Rosa de la Pasión:

    La historia se la cuenta a Bécquer una muchacha buena y bonita de Toledo en primavera. Ella mientras contaba la historia besaba las hojas que arrancaba a la rosa de la pasión.

    En una pequeña casa mugrienta de Toledo vivía Daniel Leví un judío aborrecedor de cristianos pero muy cínico, porque siempre sonreía y se quitaba el sombrero 50 cuando pasaba algún caballero. Era muy rico. Con él en una zona muy oscura de la casa vivía Sara, su hija predilecta. Era de gran belleza: ojos negros, tez blanca.

    Ella no elegía compañero y un día uno de los pretendientes desdeñado le dijo a su padre que entre ellos se murmuraba que ella estaba enamorada de un cristiano y que lo veía cuando él iba al sanedrín. Daniel se rió con malicia de pensar que un perro cristiano le fuera a arrebatar su tesoro.

    Esa noche era Viernes Santo. Se iba a juntar el sanedrín.

    Un barquero se dedicaba a pasar a gente de un extremo a otro del río. Y pasó a Sara, la que parecía que lo había hecho más veces, él le dijo que había pasado a muchos esa noche y que estaban como esperando a alguien. Ella sospechó que su padre hubiera descubierto su romance y siguió el camino que el barquero le había dicho que tomaban: ermita de la Virgen del Valle, iglesia bizantina ya en ruinas.

    Ella escondida vio que estaban preparando una cruz y una corona de espinas y se presentó en la iglesia asustando a los que allí había. Dijo que se había convertido al cristianismo, porque su amante le había presentado a un Dios bueno y piadoso que los hebreos mataron, se avergonzaba de sus orígenes. Lo dijo con una entereza que sólo pone Dios en boca de sus mártires. Su mismo padre la llevó a la cruz y la entregó para que hicieran justicia a la que había vendido a su religión y a sus hermanos.

    Al día siguiente Daniel abrió su tienda como si nada, pero el portón de la ventana de Sara nunca más volvió a abrirse.

    Un pastor tras unos años se encontró con una flor hasta entonces nunca vista con los atributos del martirio del Salvador. Cuando excavaron para buscar el origen encontraron los restos de una mujer, cuerpo que se trató con veneración durante largos años.

    Bécquer nos ofrece un resumen de una conseja de carácter folklórico sobre los judíos de Toledo.

    El monte de las ánimas:

    Dice que la oyó en el mismo lugar en la que sucedió.

    Era noche de Todos los Santos. Faltaba poco para que sonara la oración de los Templarios y las ánimas de los difuntos tañeran su campana.

    Hablan un primo y una prima y ella no se lo cree. Se llaman Beatriz y Alonso. Él le cuenta la historia del Monte de las Animas, monte que cedió el rey a unos hombres mitad guerreros, mitad monjes para que defendieran Soria de los árabes, lo que fue un insulto para los caballeros castellanos que siempre se llevaron mal y que preparando una emboscada cometieron una masacre en ese monte. Todos los cuerpos fueron enterrados en la capilla de arriba. Desde entonces el Día de Difuntos en la medianoche las almas salen envueltas en jirones de sus sudarios.

    Alonso y Beatriz se iban a separar pronto y él le dice que le va a regalar un joyel que sujetaba en su sombrero una pluma. Ella dice que su regalo va a ser una banda azul, pero que se le cayó en el monte. Él no quiere ir esa noche a recogerla pero ella se burla y él va. Esa noche ella oye como pasos, estaba muy intranquila y casi no pudo dormir. Cuando la luz de la mañana iluminó su habitación se encontró la banda manchada de sangre y le contaron la noticia de que Alonso había sido devorado por los lobos. Ella se quedó muerta, muerta de horror.

    Dicen que una vez sucedido esto un cazador tuvo que pasar la noche de Difuntos en ese monte y al día siguiente antes de morir contó cosas horribles, como que unos esqueletos de guerreros perseguían a una mujer que daba vueltas sobre la tumba de Alonso muerta de horror.

    (Cinco capítulos)

    El beso:

    El momento es cuando el ejército francés se apodera a principios del S. XIX de Toledo.

    Los soldados se reparten por ahí para dormir y a un capitán le buscan el alojamiento de una iglesia, muy desmantelada pero aún se veían las estatuas de piedra sobre el mármol de sus tumbas.

    Al día siguiente, los oficiales se aburrían allí mucho y se reunían en el Zocodover, estaban esperando al recién llegado. Cuando le preguntan cómo ha pasado la noche, éste comienza la historia. Un ruido lo despertó y antes de dormirse vio una mujer muy hermosa arrodillada junto a altar, se le antojaba un espíritu, pero era de mármol. Parecía una dama castellana que por algún milagro permanece así. Junto a ella hay un guerreo, su marido. Los demás soldados quieren verlas y quedan para esa noche.

    Se enteran de que son un importante guerrero y Dña. Elvira de Castañeda. Los soldados estaban borrachos, le acercaron a la estatua del guerrero el vino a los labios y le arrojaron la copa entera sobre la cara. El capitán dijo que los labios de la muejr le incitaban a besarlos, cuando iba a besarla el guerrero levantó su brazo y le dio un golpe que lo tiró al suelo echando sangre por la boca, nariz y ojos.

    La ajorca de oro:

    Él la encontró un día llorando. Ella era de una belleza increíble, pero más demoníaca que angelical. Ella le dice que llora por una tontería: estaba ayer en el templo, la Virgen resplandecía y mientras cantaban el Salve Regina ella vio un objeto que le llamó mucho la atención: la ajorca que la Virgen llevaba en el brazo con el que sujeta a su Hijo. Las luces del altar se reflejaban en la joya de una manera maravillosa. Durante la noche ella siguió acordándose de la joya. Una mujer que no era la Virgen le enseñaban la joya y le decía que nunca sería suya. Ella lloraba porque quería la joya.

    Él con ánimo de conseguírsela le preguntó que qué Virgen la tenía, cuando se enteró que era la del Rosario no quería ir, pero ella se puso a llorar otra vez.

    Un día él entró a la catedral de Toledo, esperó a que estuviera despejado y subió la primera grada y pasó junto a las tumbas de los reyes. Él tuvo mucho miedo, cuando fue a andar parecía como si alguien le sujetara los pies y vio el suelo de la capilla todo lleno de lápidas.

    Consiguió llegar hasta la Virgen, tenía una sonrisa tranquilizadora, pero que le daba mucho miedo. Le quitó la joya y cerró los ojos. Ahora sólo tenía que huir, pero antes abrir los ojos, lo que le daba mucho miedo. Un grito agudo se le escapó cuando vio que la iglesia se había llenado de santos, monjes, demonios, guerreros, damas, pajes... todos los que estaban en la iglesia pintados o esculpidos ahora tenían vida propia.

    Ya no pudo resistirlo, las sienes le iban a estallar. Después un telo de sangre cubrió su vista. Cuando lo encontraron unos dependientes de la iglesia aún llevaba la joya, les dijo con una carcajada ¡suya, suya!. Se había vuelto loco.

    El rayo de luna:

    Dice Bécquer que no sabe si es una historia o un cuento, pero que tiene algo de verdad.

    El protagonista el Manrique, un joven poeta, que le gusta leer, los monasterios, los bosques... el prior de un monasterio le ha dicho que las estrellas son otros mundos, él sueña con la hermosura de las mujeres de éstos.

    En Soria hay un puente que conduce al convento de los templarios. Él una noche de verano se paseaba por allí cuando vio como el traje blanco de una mujer se agitaba por ahí. Quiso seguirla, qué podía hacer a esas horas. Le pareció que en una barca cruzaba el río, él echó a correr a ver si la pillaba.

    Después se puso a seguir a la gente que venía del otro lado del río, para saber dónde se hospedaban y vio en una casa que un rayo de luz que se reflejaba en la casa de enfrente. En seguida supo que esa era la casa de ella, incluso vio un balcón con la luz encendida. Se quedó allí toda la noche, hasta que por la mañana salió un escudero. Tras ser interrogado dijo que en esa casa no había ninguna mujer, sino Alonso Valdecuellos, que estaba enfermo.

    Se la imaginaba de ojos azules, melena negra, alta y esbelta, de voz suave, que piensa como él piensa... durante dos meses la buscó hasta que otra noche le pareció verla, se acerco y soltó una estridente caracajada, porque se dio cuenta que era un rayo de luna que se colaba por entre los árboles cuando el viento movía sus ramas.

    Ya pasado un tiempo, la madre de Manrique le decía que se buscara un amor (él decía: el amor es un rayo de luna). Un escudero: la guerra da la gloria, ve a la guerra y él “la gloria es un rayo de luna”. Todo es mentira, decía. Todo el mundo pensaba que estaba loco, menos Bécquer que afirma que cree que había recuperado el juicio.

    Tres fechas:

    En una cartera de dibujo él conservaba tres fechas.

    Habla de una calle de Toledo en la que se ve la huella de todas las civilizaciones que allí han vivido, pasaba por allí todas las tardes, una, en un gran caserón se fijó en una ventana, que al mirar él se bajó una cortina de alguien que lo estaba mirando, pasó otra vez y le pareció en su imaginación ver a una mujer. Soñó mucho con aquella ventana y aquella mujer, pero un día tuvo que volver a Madrid, desde el coche miró la ciudad y apuntó la fecha: la que él llamaba la “fecha de la ventana”.

    Posteriormente tuvo ocasión de ir a Toledo otra vez y perdido entre sus calles llegó a una plaza. Allí se levantaba un edificio muy curioso y bello, con columnas, una construcción árabe. Se quedó mirando y le pareció ver una mano blanquísima que lo saludaba. Esperó toda la noche en ese lugar pero no volvió a repetirse. Esa noche en sus papeles escribió otra fecha: “la fecha de la mano”.

    Pasado un año volvió otra vez a Toledo. Como arrastrado por un impulso volvió también a aquella plaza y sonaron unas campanas en un convento que allí había. Se acercó y un pobre le dijo que iba a haber una toma de hábito. Creyó ver en el coro a la mujer que lo había saludado, pero había una reja y poca luz. Vio como un jirón de niebla que se semejaba a una mujer acercarse al crucifijo. A la que iban a hacer monja le quitaron una corona de flores que llevaba en la cabeza y un velo y cayó una melena rubia la cual empezaron a cortar. Él creía sentir como si le arrancaran algo importante en su vida. En un momento dado pudo verle el rostro y el pánico se poderó de él, porque él la conocía, no la había visto nunca, pero sí en sueños. No vio a ningún pariente salvo a una vieja que lloraba y que le contó que era la hija de un conde que vivía en la calle de la “ventana” y que profesaba porque se había quedado huérfana. Esta fecha no la escribió en ningún sitio, excepto en un lugar que nadie podrá leer nunca y que él no olvidará.

    Cada vez que recuerda estos sucesos se pregunta si alguna vez alguna mujer suspira en memoria de estas fechas y a dónde irá ese suspiro.

    La cruz del Diablo:

    Iban a caballo y llegaron a Bellver, allí había una cruz de hierro apoyada en un bloque de mármol y con una escalera de sillería que conducía hasta ella. Él cuando llegó y paró su caballo se santigüó, pero uno de los guías que llevaban con expresión de horror le dijo que se fuera de allí lo antes posible.

    1