Leon Trotsky

Ciencias Políticas y de la Administración. Teoría Revolución permanente. Socialista. Capitalismo. Lenin. Socialismo

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TROTSKY

Rusia se encuentra ante una revolución burguesa y democrática. La base de esta revolución es el proble­ma agrario. El poder será conquistado por aquella clase, por aquel partido, que dirija a los campesinos contra el zarismo y los terratenientes. Esta misión no podrá ser realizada ni por el liberalismo ni por la intelligentzia democrática: su misión histórica ha ter­minado, la escena revolucionaria ha sido ocupada por el proletariado. Sólo los socialdemócratas pueden di­rigir a los campesinos por medio de los trabajadores. Esto abre a la socialdemocracia la posibilidad de conquistar el poder más pronto que en los países occi­dentales. La tarea inmediata de la socialdemocracia será la de completar la revolución democrática. Tras la toma del poder, el partido proletario no podrá con­tentarse con el programa democrático, sino que estará obligado a tomar medidas socialistas... La línea estra­tégica fundamental exige, por lo tanto, que la social-democracia emprenda una lucha irreconciliable contra el liberalismo para alcanzar la influencia sobre los campesinos y que, al mismo tiempo, se prepare para tomar el poder durante la revolución burguesa.

La teoría de la revolución permanente

Esta teoría es, ante todo, la reflexión de Trotsky so­bre las enseñanzas de 1905. Su primer bosquejo lo desarrolló en las mazmorras de la autarquía —después de que, en el proceso contra los componentes del so­viet de San Petersburgo, diera la vuelta al orden de los factores y pasara él a ser el acusador vehemente del absolutismo—, y su primera sistematización en su obra Balance y perspectiva (para Deutscher en este li­bro Trotsky expone completamente pero con una se­quedad casi matemática su teoría), para darle su «for­malización» más acabada casi veinticinco años después, en el destierro, polemizando contra Rádeck y Stalin.

Su punto de partida comienza donde termina Marx:la burguesía ya no es una clase revolucionaria, el pro­letariado tiene que prepararse para serlo. La revolución francesa de 1789 señala el punto más alto de la capaci­dad revolucionaria de la burguesía. En 1848, su declive es evidente: prefiere un pacto con la reacción antes que hacer demasiadas concesiones al «Cuarto Estado». En la Comuna de París de 1871, las barricadas ya están claramente situadas; es el antagonismo de clase entre burguesía y proletariado lo que determina la situación. En 1905, en un país semicapitalista, el protagonismo del proletariado en la revolución democrática es ma­nifiesto.

Era, pues, necesario un nuevo enfoque estratégico para trazar las perspectivas de la historia. No se podía pensar que los países pobres tenían que pasar por el mismo ciclo histórico que los países ricos, ya que, al mismo tiempo que existía una desigualdad, se daba una combinación en su evolución? Antes de que la revo­lución burguesa —que se traduce por una revolución agraria y sobre todo por las libertades políticas—, diera sus primeros pasos en Rusia, se estaba desarrollando una revolución industrial que concentraba en las gran­des ciudades fabriles —del tipo americano—, a enor­mes masas de proletarios. Es por ello que la lucha por la democracia y el socialismo no se desarrollarían en épocas distintas, sino que la revolución contrA el atra­so burgués —al tener que ser encabezada por el pro­letariado industrial—, se fusionaría con la revolución anticapitalista en un mismo tiempo. El- socialismo con­solidará el proceso democrático y no al revés.

Para llegar a estas conclusiones, Trotsky establece un análisis que interrelaciona combinadamente dos po­los, el nacional y el internacional, que los marxistas de su tiempo solían separar, y afirma que la revolución rusa está marcada en su carácter por la realidad del capitalismo mundial determinada por los monopolios y el imperialismo moderno.Con el crepúsculo del siglo xix y la aurora del xx,Trotsky define la estructura socioeconómica rusa comouna autocracia brutal y ultrarreaccionaria apoyada en una franja de «almas muertas» burocráticas, de fun­cionarios oscuros y serviles por una parte y de una casta de terratenientes —entre los cuales el Zar se considera el primero— por otra. Un océano campesino, compuesto en su mayor parte por agricultores pobres, y una clase obrera naciente; pero que multiplica su número por año. La burguesía rusas por sí misma es como una «sombra» de la que se conoce en Europa; pero, apoyándose en las inversiones extranjeras —ingle­sas, francesas y alemanas—, está creando importantes polos de desarrollo industrial. Si el capitalismo va ga­nando terreno, esto no se debe a un proceso «orgáni­co», natural, a la manera que se desarrolló en Occidente y analizó Marx en el primer volumen de El capital. Fue el mismo poder estatal del zarismo el que, por su propia necesidad de supervivencia en competencia mi­litar con las potencias burguesas, facilitó este desarro­llo tan particular y muy dependiente, tanto de las con­diciones sociales rusas, como de la inversión e intereses europeos. La clase obrera rusa, cuando todavía no ha roto sus vínculos con su pasado agrario, se ha encontrado frente a un poder centralizado al má­ximo y a un capital en el cual las fuerzas no están menos centralizadas. No ha conocido ni las tradiciones corporativas ni los prejuicios del artesanado y desde sus primeros pasos se ha comprometido a una lucha sin piedad en los dos frentes: el político y el económico. Tenía claro el carácter burgués básico que el cam­bio exigía y que el golpe principal se tendría que ases­tar al pasado feudal, a los terratenientes y a la buro­cracia; pero creía que, si la burguesía estaba al otro lado de la barricada, si la pequeña burguesía y el cam­pesinado eran incapaces de jugar un papel dirigente, sólo los proletarios serían capaces de llevar adelante este cambio con todas sus consecuencias.¿Menospreciaba Trotsky al campesinado? Mientras que Lenin le hacía esta acusación, él acusaba a Lenin de sobreestimarlo, de atribuirle una capacidad desmesurada para jugar un pape1 independiente e imponer a los dos clases fundamentales de la sociedad moderna, la burguesía y el proletariado, sus propias reglas en la revolución. Estaba convencido de que, cuando la ciudad derrocara al antiguo régimen y profundizara la fuerza revolucionaria que ya mostró en 1905, entonces muchas capas de las masas trabajadoras, especialmen­te en el campo, serán atraídas a la revolución y por primera vez obtendrían una organización política, sólo después... de que el proletariado urbano haya em­puñado el timón del gobierno. Al no respetar las pro­piedades de las tierras, al no poner impedimentos en la voluntad campesina de revolución agraria «el pro­letariado en el poder aparecerá ante el campesino como el libertador».

Una vez en el poder:

(...) el proletariado no sólo no querrá, sino que no podrá limitarse al programa democrático burgués. So­lamente podrá conducir la revolución hasta el final si la revolución rusa se convierte en revolución del pro­letariado europeo. De esta manera, se sobrepasarán el programa democrático burgués de la revolución rusa y sus cuadros nacionales; la hegemonía política temporal de la clase obrera se consolidará en una dic­tadura socialista duradera. Si Europa permanece in­móvil, la contrarrevolución burguesa no aceptará un gobierno de las masas trabajadoras en Rusia y hará retrocedet al país lejos de una república democrática de obreros y campesinos. Llegado al poder, pues, el proletariado no deberá limitarse al marco de la de­mocracia burguesa, sino que deberá desarrollar la táctica de la Revolución permanente; es decir, abolir la frontera entre el mínimo y máximo de la social­democracia, avanzar hacia unas reformas sociales cada vez más profundas y buscar un sostén directo en la revolución del Occidente europeo.8

La relación existente entre la revolución rusa y europea aparece con insistencia en sus textos:

Esto le impartirá, desde el comienzo mismo, un ca­rácter internacional al desarrollo de los acontecimien­tos y abrirá las perspectivas más amplias: la clase obrera de Rusia, al encabezar la emancipación políti­ca, se elevará a una altura desconocida en la historia, reunirá en sus manos fuerzas y recursos colosales y se convertirá en la iniciadora de la liquidación del capitalismo a escala global.

Si el proletariado ruso, después de conquistar tempo­ralmente el poder, no lleva la revolución por iniciativa propia al terreno de Europa, entonces la reacción feudal y burguesa le obligará a hacerlo.

El proletariado ruso arrojará a la balanza de la lucha de clases de todo el mundo capitalista el colo­sal poder político-estatal que las circunstancias tem­porales de la revolución burguesa le dará. Con el po­der estatal en sus manos, con la contrarrevolución a sus espaldas, con la reacción europea por delante, dirigirá a sus hermanos de todo el mundo el viejo llamamiento, que esta vez será la llamada al asalto final: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

Lenin se opone a esta perspectiva de la dictadura del proletariado, que se apoya en la revolución agraria, e intenta su extensión europea. Para él, las condiciones no están de ninguna manera maduras para la dicta­dura del proletariado en Rusia. Según sus concepcio­nes, se trataba de llegar —dentro de las relaciones de producción burguesas—, al punto más elevado que la alianza obrero-campesina pudiera permitir: de estallar después la revolución europea, el camino al socialismo tendría ya ganada una batalla decisiva. Pero Lenin si­gue pensando unilateralmente la situación rusa (des­pués de la guerra y de estudiar el imperialismo, ya verá a Rusia como un eslabón de la cadena mundial.) La guerra sirvió a Trotsky, entre otras cosas, para profundizar en los elementos de su análisis de 1905 so­bre la creciente contradicción entre el Estado-nación y el desarrollo de las fuerzas productivas; para disec­cionar la naturaleza conservadora de la socialdemocra­cia internacional que enviaba a morir a sus militantes a las diferentes trincheras; para aprender no pocas cosas sobre la guerra y acercarse por la vía de la intra­sigencia internacionalista al bolchevismo.Fue el primero en tomar la iniciativa para denun­ciar y analizar la guerra y para criticar a los social-patriotas, escribiendo a finales de 1914 el libro La guerra y la internacional, en el que podemos leer: La guerra actual surge de la revuelta de las fuerzas productivas engendradas por el capitalismo, contra su explotación en el cuadro de las fronteras nacionales.El globo terráqueo entero, mares y continentes, superficies y profundidades ya se ha convertido en la arena de una economía mundial, cuyas partes en su totalidad están indisolublemente ligadas entre sí.

El capitalismo ha consumado esta unidad. Pero el capitalismo también ha obligado a los Estados capi­talistas a luchar entre sí para someter esta economía mundial a los intereses de cada economía nacional. La política del imperialismo atestigua que el viejo Estado nacional, creado en el curso de las revoluciones y de las guerras de 1789, 1815, 1848, 1864-66 y 1870, se sobre­vive a sí mismo y aparece como una traba insopor­table para el desarrollo de las fuerzas productivas. La guerra de 1914 significa, antes que nada, el hundi­miento del Estado nacional como área económica autónoma. Aun cuando la nacionalidad constituye to­davía una realidad cultural ideológica y psicológica, su base económica se ha volatilizado.

El desencadenamiento de los imperialismos riva­les, que desean cada uno por su cuenta, o, en prin­cipio, una parte de ellos por lo menos, unificar el planeta bajo su bota, engendran inevitablemente la expresión: «En lugar de la gran potencia nacional debe de adelantarse la potencia mundial imperialista.»

Su propuesta es la de una paz inmediata y sin ane­xiones; pero esto Trotsky no lo veía, como los social­pacifistas como un retorno al antiguo «statu quo», sinouna finalidad que sólo el movimiento obrero podía im­poner a sus propios gobernantes mediante la lucha revolucionaria. Éstos son los criterios que se imponen en la Conferencia de Zimmervald, que reúne a 38 dele­gados «ya que los internacionalistas, comentó, caben en una carreta». La derecha de la Conferencia proponía la paz; la izquierda leninista la reconversión de la guerra de raniña imperialista en guerra civil revolucio­en guerra.Desde el primer instante Trotsky se posiciona por «reunir las fuerzas de la III Internacional» (1915), ya que:

La ruina de la II Internacional es una realidad trá­gica y sólo un ciego o un cobarde pueden negarse a verlo (...). De la misma manera que los Estados na­cionales se han convertido en obstáculos para el de­sarrollo de las fuerzas productivas, así los viejos par­tidos socialistas se han convertido en el principal obstáculo para el movimiento revolucionario del pro­letariado.

No obstante, se opone a construir de momento una nueva Internacional sin haber ganado antes una amplia franja del movimiento para el internacionalismo revo­lucionario. Para lograrlo, considera que es necesario aprovechar todas las circunstancias para actuar en la II Internacional de manera que la correlación de fuer­zas se haga más favorable a los partidarios de la nueva Internacional, que son de momento una minoría.

La formulación última de la teoría de la revolución permanent puede ser resumida así:

En los países subdesarrollados de todo el mundo, las colonias o semicolonias, la burguesía, incluida la pequeña burguesía es incapaz de conseguir los logros de las revoluciones burguesas. En todos estos países el papel revolucionario del campesinado es fundamental, pero de la misma manera esta clase es organicamente incapaz de conducir la revolución. Unicamente, el proletariado aunque numericamente débil, organizado en partido de clase, puede proporcionar el programa y la dirección de la revolución, y debe implicar al campesinado en una lucha implacable contra la influencia de la burguesía nacional

La victoria de la revolución, que lleve a cabo las verdaderas tareas democráticas solo es concebible a través de la dictadura del proletariado, y, en consecuencia, esta revolución no puede permanecer en el estadio democrático y se transforma directamente en revolución socialista, convirtiéndose así en una revolución permanente.

La revolución socialista no puede ser alcanzada en los límites nacionales: "se inicia en el terreno nacional, se desarrolla en la arena internacional y culmina en la arna mundial... con el triunfo definitivo de la nueva sociedad en todo el planeta.

Cabe señalar que en determinadas circunstancias, los países subdesarrollados pueden alcanzar la dictadura del proltariadoantes qu los desarrollados , pero ellos llegaran al al socialismo más tarde que los otros

La revolución permanente continua más alla de ser alcanzado el poder obrero

nentes como quiere Trotsky. Para ello la única con­dición es impedir la intervención imperialista y ésa es la misión central de la Internacional.

Según Trotsky, esta teoría era una «utopía reaccio­naria». Para él, el esquema del marxismo clásico tenía más validez que nunca puesto que el imperialismo había entrelazado más aún la interrelación entre países y continentes: ahí radicaba precisamente la verdad de Octubre. Indiscutiblemente, se trataba de avanzar en la construcción del socialismo en Rusia, pero no se po­día pensar seriamente en esto a través del aislamiento y de la colectivización del subdesarrollo ruso. El pa­triotismo no atenúa las dificultades objetivas. Las aven­turas revolucionarias no fueron nunca un capricho de Trotsky, sino una realidad objetiva de un período abier­to con la ruptura del eslabón más débil de la cadena imperialista. Para extender esta ruptura se creó la IC.

A las tesis estalinistas, opone un nuevo desarrollo

de la teoría de la revolución permanente que considera:

— vivimos en una época de actualidad revolucionaria en la que los períodos de calma y de crisis social se combinan, de manera que hay que superar la vieja división socialdemócrata entre el programa mínimo y el programa máximo y establecer un puente entre ellos, levantar un programa de transición;

— la conquista del poder por el proletariado se ha mostrado más fácil en los países donde la burguesía es más débil; de la misma manera la construcción del socialismo es más difícil en estos países al carecer de las bases materiales que facilita el desarrollo indus­trial;

— el proletariado es la única clase consecuentemente democrática, capaz de aparecer como la liberadora de los campesinos y de los pueblos oprimidos, mientras que la burguesía ha ido retrocediendo hacia posicio­nes reaccionarias;

— la revolución puede empezar por una huelga gene­ral, por una movilización campesina o anticolonial. Para llevarla a cabo, la clase obrera deberá de ganar la mayoría de la población aliándose con los campesi­nos y la pequeña burguesía empobrecida, formando un bloque opuesto al burgués reaccionario;

— el gobierno obrero y campesino que salga de esta revolución deberá llevar adelante, combinadamente, las tareas democráticas clásicas con las tareas prime­ras de la construcción del socialismo;

— esta revolución socialista no podrá ser llevada a su conclusión más que si no se la límita a unas fron­teras nacionales. Una de las causas esenciales de la crisis de la sociedad burguesa viene de que las fuer­zas productivas creadas tienden a salir del marco del Estado nacional. De aquí las guerras imperialistas de un lado y la utopía de los Estados Unidos de Europa de otro. La revolución socialista se hace permanente en el sentido nuevo y más amplio de la palabra; no acaba más que con el triunfo definitivo de la nueva sociedad en todo el planeta;

— por esto el internacionalismo proletario no es un principio abstracto; constituye el reflejo teórico y político del carácter internacional de la economía, del desarrollo mundial de las fuerzas productivas y del aliento mundial de la lucha de clases;

— finalmente, la revolución no hace más que comen­zar con la conquista del poder. Toda revolución que se detiene a mitad de camino, retrocede. Para evitar este retroceso se hace imprescindible llevar adelante una lucha a muerte contra la burocracia que se ha revelado como la enfermedad más grave de la socie­dad posrevolucionaria, lo que significa —entre otras cosas— asegurar la democracia en los organismos autónomos de clase, impulsar una «revolución cultu­ral» que haga del movimiento revolucionario un polo de civilización nueva, más potente que la civilización derrotada.

Los estalinistas profundizan el curso iniciado por la «bolchevización» de la IC y tratan de convertirla en un instrumento fiel a la política exterior soviética. La razón de este intento, está clara para Trotsky:

La nueva doctrina —del socialismo autárquico— dice: el socialismo se puede construir sobre la base de un Estado nacional. si no hay intervención. De aquí po­demos desprender, al margen de todas las declara­ciones solemnes del proyecto de programa de la IC, una política de colaboración con la burguesía del exterior. El fin está en evitar la intervención; en efecto, la construcción del socialismo estando así asegurada, resolverá la cuestión histórica fundamental. La tarea de los partidos de la IG toma ahora un carácter se­cundario: proteger a la URSS de las intervenciones y no luchar por la conquista del poder (...). Si nuestras dificultades, nuestros obstáculos, nuestras contradic­ciones internas, que reflejan las contradicciones mun­diales, pueden remontarse únicamente por la propia fuerza de nuestra revolución; fuera de la arena de la revolución mundial, entonces la Internacional es una institución semiauxiliar, semidecorativa, a la cual se puede convocar a congreso, cada cuatro años, cada diez años o incluso jamás. Si ajustamos que los pro­letarios de otros países deben de proteger nuestra construcción contra la intervención militar, entonces, según el esquema, la Internacional debe de jugar un papel de instrumento pacifista. Su rol fundamental de útil de la revolución mundial pasa inevitablemente a segundo plano.

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