Lecturas de la Biblia

Religión y creencias. Teología. Literatura religiosa. Doctrina cristiana. Catolicismo. Textos bíblicos. Antiguo y Nuevo Testamento. Evangelios. Apocalipsis. Salmos

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'Lecturas de la Biblia'
Escuela del Ministerio Teocrático 2009

PROGRAMA DE LA ESCUELA 2009

5 de Enero. Lectura de la Biblia: Génesis 1 a 5

Puntos Sobresalientes (Seleccionar puntos introducción si.)

Núm. 1: Génesis 3:1-15

Núm. 2: Por qué fue Jesús un Gran Maestro (lr cap. 1)

Núm. 3: ¿Qué cosas no son vanidad? (1 Cor. 15:58)

Puntos Sobresalientes Génesis 1 a 5

1:16. ¿Cómo produjo Dios la luz el primer día si las lumbreras no se hicieron hasta el cuarto día? El verbo hebreo traducido “hacer” en el versículo 16 no es el mismo que el que se vierte “crear” y “creó” en los versículos 1, 21 y 27 del capítulo 1 de Génesis. “Los cielos”, que incluían las lumbreras, se crearon mucho antes de que siquiera empezara el “día primero”. Pero su luz no llegaba hasta la superficie terrestre. En el día primero “[llegó] a haber luz” porque la luz difusa atravesó el manto de nubes y se hizo visible en la Tierra, y la rotación de nuestro planeta causó la división entre el día y la noche (Génesis 1:1-3, 5). Las fuentes de dicha luz aún permanecían invisibles desde la Tierra. Ahora bien, durante el cuarto período creativo se produjo un cambio notable, pues el Sol, la Luna y las estrellas empezaron a “brillar sobre la tierra” (Génesis 1:17). “Dios procedió a hacer[las]” en el sentido de que ya se podían ver desde la Tierra.

3:8. ¿Hablaba Jehová Dios directamente con Adán? La Biblia revela que cuando Dios hablaba con seres humanos, a menudo lo hacía mediante un ángel (Génesis 16:7-11; 18:1-3, 22-26; 19:1; Jueces 2:1-4; 6:11-16, 22; 13:15-22). El vocero principal de Dios era su Hijo unigénito, conocido como “la Palabra” (Juan 1:1). Es muy probable que Dios hablara con Adán y Eva mediante “la Palabra” (Génesis 1:26-28; 2:16; 3:8-13).

3:17. ¿En qué sentido se maldijo el suelo, y por cuánto tiempo? La maldición pronunciada sobre el suelo significó que sería muy difícil cultivarlo. Los descendientes de Adán sintieron tan intensamente los efectos derivados del terreno maldecido, con sus espinos y cardos, que el padre de Noé, Lamec, habló “del dolor de nuestras manos que resulta del suelo que Jehová ha maldecido” (Génesis 5:29). Después del Diluvio, Jehová bendijo a Noé y sus hijos, y expresó su propósito de que llenaran la Tierra (Génesis 9:1). Al parecer, Dios eliminó la maldición del suelo (Génesis 13:10).

4:15. ¿Cómo fue que Jehová “estableció una señal para Caín”? La Biblia no dice que se colocara una señal en el cuerpo de Caín. Es probable que se tratara de un decreto solemne que los demás conocían y observaban, y cuyo propósito era impedir que lo mataran por venganza.

4:17. ¿Dónde consiguió Caín su esposa? Adán “llegó a ser padre de hijos e hijas” (Génesis 5:4). Así que Caín tomó como esposa a una de sus hermanas o quizás a una de sus sobrinas. Más tarde, la Ley que Jehová dio a los israelitas prohibió el matrimonio entre hermanos carnales (Levítico 18:9).

5:24. ¿De qué manera `tomó Dios a Enoc'? Por lo visto, Enoc se encontraba en peligro de muerte, pero Dios no permitió que sufriera a manos de sus enemigos. “Enoc fue transferido para que no viera la muerte”, escribió el apóstol Pablo (Hebreos 11:5). Estas palabras no significan que Dios lo llevó al cielo para que siguiera viviendo allí, pues Jesús fue el primero en ascender a los cielos (Juan 3:13; Hebreos 6:19, 20). El hecho de que fuera “transferido para que no viera la muerte” puede significar que Dios lo sumió en un trance profético durante el cual puso fin a su vida. En tales circunstancias, Enoc no sufrió, o “no [vio] la muerte”, a manos de sus enemigos.

Lecciones para nosotros

1:26. Como han sido hechos a la imagen de Dios, los seres humanos tienen la capacidad de reflejar los atributos divinos. Ciertamente, debemos esforzarnos por cultivar cualidades como el amor, la misericordia, la benignidad, la bondad y la paciencia. Así, imitaremos a nuestro Hacedor.

2:22-24. El matrimonio es una institución divina. El vínculo matrimonial es permanente y sagrado, y el esposo es el cabeza de la familia.

3:1-5, 16-23. La felicidad depende de que reconozcamos la soberanía de Jehová en todo aspecto de nuestra vida.

3:18, 19; 5:5; 6:7; 7:23. La palabra de Jehová siempre se cumple.

4:3-7. A Jehová le agradó la ofrenda de Abel porque era un hombre justo, un hombre de fe (Hebreos 11:4). Por otro lado, como bien lo demostraron sus hechos, Caín carecía de fe. Sus obras eran inicuas, pues se caracterizaron por los celos, el odio y el asesinato (1 Juan 3:12). Además, es probable que no se detuviera a pensar mucho en su ofrenda y simplemente la presentara de manera mecánica. ¿No deberíamos ofrecer nuestros sacrificios de alabanza a Jehová con todo el corazón junto con una actitud apropiada y una buena conducta?

Núm. 1: Génesis 3:1-15

Núm. 2: Por qué fue Jesús un Gran Maestro (lr cap. 1)

Capítulo 1

Por qué fue Jesús un Gran Maestro

HACE más de dos mil años, nació un niño muy especial que al crecer se convirtió en el hombre más grande de todos los tiempos. En aquella época no había aviones ni automóviles; tampoco existían las computadoras, la televisión ni Internet.

Al niño lo llamaron Jesús, y llegó a ser el hombre más sabio que haya vivido en la Tierra. También fue el mejor maestro, pues explicaba las cosas difíciles de modo que fuera fácil entenderlas.

Jesús enseñaba a las personas en todo lugar: a la orilla del mar y en las barcas, en las casas y cuando andaba por los caminos. Como entonces no se conocían los automóviles ni los trenes ni los autobuses, Jesús viajaba a pie de un lugar a otro enseñando a la gente.

Podemos aprender muchas cosas de otras personas, pero las cosas más importantes las aprendemos de Jesús, el Gran Maestro. Cuando leemos sus palabras en la Biblia, es como si él nos hablara directamente.

¿Por qué era Jesús tan buen maestro? Una de las razones es que él también tuvo alguien que le enseñara. Además, Jesús sabía que era muy importante escuchar. Pero ¿a quién escuchaba? ¿Quién le enseñó?... Fue su Padre, y el Padre de Jesús es Dios.

Antes de venir a la Tierra, Jesús vivía en el cielo con Dios. Por eso fue tan diferente a los demás hombres, porque fue el único que vivió en el cielo antes de nacer en la Tierra. En el cielo, Jesús había sido un buen hijo que escuchaba a su Padre. Por lo tanto, pudo enseñar a los seres humanos lo que había aprendido de Dios. Si tú escuchas a tus padres, estarás imitando el ejemplo de Jesús.

Jesús era un gran maestro por otra razón: porque amaba a las personas y quería ayudarlas a aprender de Dios. Jesús amaba no solo a los adultos, sino también a los niños. Estos disfrutaban de estar con él porque hablaba con ellos y los escuchaba.

Cierto día, algunos padres llevaron sus hijos a Jesús. Pero los amigos del Gran Maestro pensaron que él estaba demasiado ocupado para hablar con niños, y les dijeron que se marcharan. ¿Qué hizo Jesús?... Ordenó a sus amigos: “Dejen que los niñitos vengan a mí; no traten de detenerlos”. En realidad, Jesús quería que los niños se acercaran a él. Aunque era un hombre muy sabio e importante, dedicó tiempo a enseñarles (Marcos 10:13, 14).

¿Sabes por qué enseñaba Jesús a los niños y los escuchaba? Entre otras cosas, porque quería hacerlos felices, y por eso les hablaba de Dios, su Padre celestial. ¿Cómo puedes tú hacer felices a otras personas?... Contándoles lo que has aprendido sobre Dios.

Una vez, Jesús utilizó a un niño para enseñarles una importante lección a Sus amigos. Puso al niñito en medio de sus discípulos, o seguidores, y les indicó que aunque eran adultos, debían cambiar de actitud y llegar a ser como aquel niño.

¿Qué quiso decir Jesús con esto? ¿Sabes cómo podría un adulto, o incluso un jovencito, ser como un niño?... Bueno, un niño no sabe tanto como una persona mayor y quiere aprender. Así pues, lo que Jesús quiso decir fue que sus discípulos debían ser humildes, como los niños. Lo cierto es que todos podemos aprender mucho de otras personas. También deberíamos comprender que las enseñanzas de Jesús son más importantes que nuestras propias ideas (Mateo 18:1-5).

Otra razón por la que Jesús era tan buen maestro es que hacía que las cosas resultaran interesantes para los demás, pues las explicaba de manera sencilla y clara. Hablaba de los pájaros, las flores y de otras cosas conocidas para ayudar a la gente a saber más de Dios.

En cierta ocasión, mientras Jesús estaba en la ladera de una montaña, vinieron muchas personas a verlo. Como puedes observar en la ilustración, Jesús se sentó y pronunció un discurso, o sermón. Aquel discurso se conoce como el Sermón del Monte. Dijo: `Fíjense en los pájaros del cielo. No plantan semillas. Tampoco guardan alimento en graneros. Pero el Dios del cielo los alimenta. ¿No valen ustedes más que ellos?'.

Además añadió: `Aprendan una lección de los lirios del campo. Crecen sin esfuerzo, y fíjense en lo lindos que son. Ni siquiera el rey Salomón tuvo ropas tan hermosas. Entonces, si Dios cuida de las flores del campo, ¿no cuidará también de ustedes?' (Mateo 6:25-33).

¿Comprendes la lección que Jesús estaba enseñando?... Él no quería que viviéramos preocupados por lo que vamos a comer o lo que vamos a ponernos. Dios sabe que necesitamos estas cosas. Jesús no quiso decir que no debemos trabajar para conseguir el alimento y la ropa, sino que debemos poner a Dios en primer lugar. Si lo hacemos, Dios se encargará de que tengamos lo necesario. ¿Crees que será así?...

Cuando Jesús terminó su discurso, ¿qué pensaron los que estaban allí?... La Biblia dice que se quedaron asombrados por su forma de enseñar. Les encantaba escucharlo, y sus consejos ayudaban a la gente a hacer lo bueno (Mateo 7:28).

Por lo tanto, es muy importante que aprendamos de Jesús. ¿Sabes cómo?... Bueno, sus palabras están escritas en un libro. ¿Qué libro es ese?... La Santa Biblia. Podemos escuchar a Jesús si prestamos atención a lo que leemos en la Biblia. De hecho, hay una emocionante historia bíblica que explica cómo Dios mismo pidió que escucháramos a Jesús. Ocurrió así.

Un día, Jesús subió a una montaña con tres de sus amigos: Pedro, Santiago y Juan. En otros capítulos aprenderemos más sobre estos hombres, ya que los tres eran amigos íntimos de Jesús. Pero como puedes ver en la lámina, en aquella ocasión especial la cara de Jesús comenzó a brillar muchísimo, y sus ropas se hicieron tan brillantes como la luz.

Entonces, Jesús y sus amigos oyeron una voz desde el cielo que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado; escúchenle” (Mateo 17:1-5). ¿Sabes de quién era aquella voz?... Era la voz de Dios. Sí, era Dios quien decía que debían escuchar a su Hijo.

¿Qué haremos nosotros? ¿Obedeceremos a Dios y escucharemos a su Hijo, el Gran Maestro?... Eso es lo que todos debemos hacer. ¿Recuerdas cómo hacerlo?...

Sí, una forma de escuchar al Hijo de Dios es leer los relatos bíblicos sobre su vida. El Gran Maestro tiene muchas cosas maravillosas que contarnos, y estas se encuentran en la Biblia. Disfrutarás aprendiéndolas, y también te sentirás feliz si se las cuentas a tus amigos.

Encontraremos más información sobre los beneficios de escuchar a Jesús si abrimos la Biblia y leemos Juan 3:16; 8:28-30, y Hechos 4:12.

Núm. 3: ¿Qué cosas no son vanidad? (1 Cor. 15:58)

(1 Corintios 15:58) Por consiguiente, amados hermanos míos, háganse constantes, inmovibles, siempre teniendo mucho que hacer en la obra del Señor, sabiendo que su labor no es en vano en lo relacionado con [el] Señor.

Ws 1/11/2006 pag11-13

¿QUÉ COSAS NO SON VANIDAD?

(Eclesiastés 1:1-6:12)

“¡Todo es vanidad!”, exclama el congregador, para luego preguntar: “¿Qué provecho tiene el hombre en todo su duro trabajo en que trabaja duro bajo el sol?” (Eclesiastés 1:2, 3). “Vanidad” y “bajo el sol” son expresiones que se repiten en este libro. El término hebreo traducido “vanidad” quiere decir literalmente “aliento” o “vapor”, y transmite la idea de algo insustancial, sin permanencia ni valor perdurable. La fórmula “bajo el sol” significa “en la Tierra” o “en este mundo”. Así pues, todo es vanidad, entendiendo por “todo” el conjunto de los afanes del hombre que no tiene presente la voluntad de Dios.

“Guarda tus pies [o, ten mucho cuidado] siempre que vayas a la casa del Dios verdadero; y [tienes] que [...] acercar[te] para oír”, advierte Salomón (Eclesiastés 5:1). La participación en la adoración verdadera no es vanidad. De hecho, dar la debida atención a nuestra relación con Jehová Dios es la clave para vivir con propósito.

Ws 15/11/1999 pag 18-23

¿Es todo vanidad?

3 Quizá haya quienes piensen que las palabras del sabio no son muy alentadoras ni para los jóvenes ni para los ancianos. “`¡La mayor de las vanidades! —dijo el congregador—, todo es vanidad.'” (Eclesiastés 12:8.) En realidad, sería el colmo de la vanidad olvidarse del Magnífico Creador en la juventud, pasar la vida adulta sin servirle y, al fin, solo poder presentar la vejez como fruto de una larga vida. En tal caso, todo habría sido vanidad, o vacuidad, aunque uno muriera con muchas riquezas y fama en este mundo que yace en el poder del inicuo, Satanás el Diablo (1 Juan 5:19).

4 Para aquellos que acumulan tesoros en el cielo como siervos fieles de Jehová, no todo es vanidad (Mateo 6:19, 20). Tienen mucho que hacer en la gratificante obra del Señor, y tales labores de ningún modo son en vano (1 Corintios 15:58). Pero si somos cristianos dedicados, ¿nos mantenemos ocupados en la obra de Dios en estos últimos días? (2 Timoteo 3:1.) ¿O hemos adoptado un estilo de vida que difiere poco del de nuestros vecinos en general? Puede que ellos pertenezcan a diferentes religiones y sean bastante devotos, asistan regularmente a sus iglesias e intenten cumplir con lo que su religión les pide. Pero no son proclamadores del mensaje del Reino. No tienen conocimiento exacto de que este es “el tiempo del fin” y no tienen ningún sentido de urgencia con relación a estos días (Daniel 12:4).

5 Jesucristo dijo de nuestros tiempos críticos: “Así como eran los días de Noé, así será la presencia del Hijo del hombre. Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres siendo dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre” (Mateo 24:37-39). No hay nada impropio en comer y beber con moderación, y el matrimonio es en sí una institución divina (Génesis 2:20-24). No obstante, si nos damos cuenta de que las actividades normales de la vida se han convertido en nuestro interés principal, ¿por qué no hacer de este asunto tema de oración? Jehová puede ayudarnos a mantener los intereses del Reino en primer lugar, hacer lo que es correcto y cumplir con nuestro deber para con Él (Mateo 6:33; Romanos 12:12; 2 Corintios

12 de Enero. Lectura de la Biblia: Génesis 6 a 10

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 9:1-17

Núm. 2: Cómo refutar algunas objeciones a la creencia en Dios (rs pág. 122 § 6-pág. 124 § 1)

Núm. 3: Carta de un Dios amoroso (lr cap. 2)

Puntos Sobresalientes Génesis 6 a 10

Respuestas a preguntas bíblicas:

8:11. Si el Diluvio arruinó los árboles, ¿dónde consiguió la paloma la hoja de olivo? Existen dos posibilidades. Puesto que el olivo es un árbol resistente, quizás permaneció vivo bajo el agua por algunos meses durante el Diluvio. Al bajar las aguas, el olivo que hubiera quedado sumergido volvería a estar en tierra firme y podría echar hojas. Por otra parte, la hoja de olivo que la paloma llevó a Noé también pudo provenir de un retoño bastante joven que brotó después de que las aguas bajaron.

9:20-25. ¿Por qué maldijo Noé a Canaán? Es muy probable que Canaán fuera culpable de algún abuso o perversión contra su abuelo Noé. Aunque Cam, el padre de Canaán, presenció lo ocurrido, no se opuso a ello, sino que al parecer lo difundió. No obstante, Sem y Jafet, los otros dos hijos de Noé, procedieron a cubrir a su padre; por eso fueron bendecidos. Pero Canaán fue maldecido, y Cam sufrió a causa de la vergüenza que aquel incidente trajo sobre su prole.

10:25. ¿Cómo “se dividió” la tierra en los días de Péleg? Péleg vivió desde 2269 hasta 2030 a.E.C. Fue “en sus días” cuando Jehová provocó una notable división al confundir el lenguaje de los edificadores de Babel y esparcirlos sobre toda la superficie de la Tierra (Génesis 11:9). De este modo “se dividió la tierra”, es decir, la población del planeta, en los días de Péleg.

6:6. ¿En qué sentido puede decirse que Jehová “sintió pesar” por haber hecho al hombre? La palabra hebrea que en este versículo se traduce “sintió pesar” se relaciona con un cambio de actitud o intención. Jehová es perfecto y, por lo tanto, no cometió ningún error cuando creó al hombre. Sin embargo, sí hubo un cambio en su actitud mental con respecto a la perversa generación antediluviana. Dios cambió su papel de Creador del hombre al de destructor de este por el desagrado que le causó la maldad de los seres humanos. El hecho de que protegió a algunas personas muestra que su pesar se limitó a los malvados (2 Pedro 2:5, 9).

7:2. ¿Sobre qué base se hacía la distinción entre los animales limpios y los inmundos? Parece ser que la base de la distinción tenía que ver con lo que se ofrecía en los sacrificios vinculados a la adoración, y no con lo que se podía o no se podía comer. Antes del Diluvio, la carne animal no figuraba en la dieta del hombre. Los términos “limpio” e “inmundo” referidos al alimento se utilizaron por primera vez en la Ley mosaica, y tales restricciones terminaron cuando esta fue abolida (Hechos 10:9-16; Efesios 2:15). Por lo visto, Noé sabía lo que era apropiado para un sacrificio de adoración a Jehová. En cuanto salió del arca, “empezó a edificar un altar a Jehová y a tomar algunas de todas las bestias limpias y de todas las criaturas voladoras limpias y a ofrecer ofrendas quemadas sobre el altar” (Génesis 8:20).

7:11. ¿De dónde provino el agua que causó el diluvio universal? Durante el segundo período o “día” creativo, cuando se formó “la expansión” atmosférica de la Tierra, había aguas “debajo de la expansión” y aguas “sobre la expansión” (Génesis 1:6, 7). Las aguas que se hallaban “debajo” ya estaban en la Tierra. Las que se hallaban “sobre la expansión” eran enormes cantidades de vapor de agua suspendidas muy por encima de la superficie terrestre, las cuales formaban una “vasta profundidad acuosa”. Estas aguas cayeron sobre la Tierra en los días de Noé.

7:21-24. Jehová no destruye a los justos junto con los inicuos.Con el fin del mundo antediluviano, la humanidad entra en una nueva era. Los seres humanos reciben permiso para comer carne, pero se les ordena que se abstengan de sangre. Jehová autoriza la pena de muerte para los casos de asesinato y establece el pacto del arco iris, mediante el cual promete que nunca traerá otro Diluvio. Los tres hijos de Noé llegan a ser los progenitores de todo el género humano, pero su bisnieto, Nemrod, se convierte en “un poderoso cazador en oposición a Jehová”. En vez de dispersarse y poblar la Tierra, los hombres edifican una ciudad, llamada Babel, y una torre para hacerse un nombre célebre. Pero Jehová frustra sus intenciones confundiendo su idioma y esparciéndolos por todo el planeta.

8:11. Si el Diluvio arruinó los árboles, ¿dónde consiguió la paloma la hoja de olivo? Existen dos posibilidades. Puesto que el olivo es un árbol resistente, quizás permaneció vivo bajo el agua por algunos meses durante el Diluvio. Al bajar las aguas, el olivo que hubiera quedado sumergido volvería a estar en tierra firme y podría echar hojas. Por otra parte, la hoja de olivo que la paloma llevó a Noé también pudo provenir de un retoño bastante joven que brotó después de que las aguas bajaron.

9:20-25. ¿Por qué maldijo Noé a Canaán? Es muy probable que Canaán fuera culpable de algún abuso o perversión contra su abuelo Noé. Aunque Cam, el padre de Canaán, presenció lo ocurrido, no se opuso a ello, sino que al parecer lo difundió. No obstante, Sem y Jafet, los otros dos hijos de Noé, procedieron a cubrir a su padre; por eso fueron bendecidos. Pero Canaán fue maldecido, y Cam sufrió a causa de la vergüenza que aquel incidente trajo sobre su prole.

10:25. ¿Cómo “se dividió” la tierra en los días de Péleg? Péleg vivió desde 2269 hasta 2030 a.E.C. Fue “en sus días” cuando Jehová provocó una notable división al confundir el lenguaje de los edificadores de Babel y esparcirlos sobre toda la superficie de la Tierra (Génesis 11:9). De este modo “se dividió la tierra”, es decir, la población del planeta, en los días de Péleg.

Lecciones para nosotros

6:22. Aunque la construcción del arca requirió muchos años, Noé hizo precisamente lo que Dios le mandó. Por ello, él y su familia sobrevivieron al Diluvio. Jehová nos habla a través de su Palabra escrita y nos guía mediante su organización. Es por nuestro bien que debemos escucharlo y obedecerle.

7:21-24. Jehová no destruye a los justos junto con los inicuos.

9:1; 11:9. Ninguna treta ni esfuerzo humano puede frustrar el propósito de Jehová.

10:1-32. Los dos registros genealógicos correspondientes a antes y después del Diluvio, en los capítulos 5 y 10, conectan a todo el género humano con el primer hombre, Adán, mediante los tres hijos de Noé. Los asirios, los caldeos, los hebreos, los sirios y algunas tribus árabes son descendientes de Sem. Los etíopes, los egipcios, los cananeos y algunas tribus africanas y árabes son descendientes de Cam. Los indoeuropeos son descendientes de Jafet. Todos los seres humanos estamos emparentados y todos somos iguales a los ojos de Dios (Hechos 17:26). Esta verdad debe influir en el modo como vemos y tratamos a los demás.

Núm. 1: Génesis 9:1-17

Núm. 2: Cómo refutar algunas objeciones a la creencia en Dios (rs pág. 122 § 6-pág. 124 § 1)

Si alguien dice... `No creo en Dios'

Usted pudiera contestar: `¿Ha pensado así siempre?... Antes de llegar a esa conclusión, ¿examinó algún conjunto de pruebas que le pareciera persuasivo?'. Entonces pudiera añadir: `Este es un tema que me interesa muchísimo, y he pensado mucho en él. Algunos puntos que hallé muy útiles fueron los siguientes:...'. (En la página 118, véase el subtítulo “¿Hay razones sólidas para creer en Dios?”; véanse también las páginas 87-89, en la sección “Creación”.)

O contestar: `¿Quiere decir que no cree que haya un Creador, o es que ha visto tanta hipocresía en las iglesias que no tiene fe en lo que ellas enseñan?'. Si se trata de lo último, usted pudiera añadir: `Hay una gran diferencia entre las iglesias de la cristiandad y el cristianismo verdadero. Es cierto que la cristiandad ha oprimido a la gente, pero el cristianismo no ha hecho eso. La cristiandad ha hecho guerra, pero el cristianismo no. La cristiandad no ha provisto guía moral apropiada, pero el cristianismo sí. La Palabra de Dios, la Biblia, no apoya a la cristiandad. Al contrario, condena a la cristiandad'.

Otra posibilidad: `He tenido conversaciones interesantes con otras personas que opinan como usted. Algunas dijeron que sencillamente no podían conciliar la creencia en Dios con todo el sufrimiento y la iniquidad que hay en el mundo. ¿Es eso lo que usted piensa?'. (Si así es, utilice parte de la información de las páginas 119, 120, bajo el subtítulo “¿Prueba la existencia de la iniquidad y del sufrimiento que no haya ningún Dios?”.)

`Creo solo en lo que puedo ver, y nunca he visto a Dios'

Usted pudiera contestar: `Ese punto de vista es muy común hoy día. Y hay una causa para ello. Vivimos en una sociedad en que se enfatizan las posesiones materiales. Pero usted es una persona que quiere ser práctica, ¿no es cierto?'. Entonces pudiera añadir: 1) `¿Hay cosas que no podamos ver con los ojos, pero que creamos que existen porque hay razones sólidas para creer que existen? ¿Qué hay del aire que respiramos? Tal vez lo sintamos cuando la brisa sopla. Sabemos que nos llena los pulmones, aunque no podemos verlo. Porque vemos los efectos, hay buena razón para creer que existe, ¿no es así?'. 2) `Y no podemos ver la gravedad. Pero cuando dejamos caer algo, vemos indicación de que la gravedad está en funcionamiento. Tampoco vemos los olores, pero nuestra nariz los percibe. No podemos ver las ondas sonoras, pero nuestros oídos las detectan. Así que creemos en cosas que no vemos... con tal que haya buena razón para creer en ellas, ¿no es cierto?'. 3) `Pues bien, ¿hay prueba de que realmente exista un Dios invisible?'. (Utilice la información de la página 118, bajo el subtítulo “¿Hay razones sólidas para creer en Dios?”.)

`Tengo mi propio concepto de Dios'

Usted pudiera contestar: `Me alegra saber que usted es una persona que ha pensado en este asunto, y que cree en Dios. ¿Me permite preguntarle qué concepto tiene usted de Dios?'. Entonces pudiera añadir: `De seguro usted comprende que es importante que uno se asegure de que lo que cree esté en armonía con lo que Dios mismo dice. ¿Me permite compartir con usted solo un pensamiento de la Biblia sobre este asunto? (Sal. 83:18)'.

Núm. 3: Carta de un Dios amoroso (lr cap. 2)

Capítulo 2

Carta de un Dios amoroso

DIME, ¿cuál es tu libro favorito?... Algunos niños prefieren los que hablan de animales; a otros les gustan los que tienen muchas láminas. Leer estos libros puede ser divertido, ¿no es verdad?

Sin embargo, los mejores libros son los que nos enseñan la verdad sobre Dios. Entre ellos hay uno que es el más valioso de todos. ¿Sabes a qué libro me refiero?... A la Biblia.

¿Por qué es tan importante la Biblia?... Porque vino de Dios. Nos habla de él y de las cosas buenas que hará por nosotros. Además, nos enseña lo que debemos hacer para agradarle. Es como una carta que nos manda Dios.

Es cierto que Dios pudo haber escrito toda la Biblia en el cielo y dársela después al hombre, pero no lo hizo así. Aunque las ideas eran de Dios, él utilizó a sus siervos en la Tierra para que escribieran la mayor parte de la Biblia.

¿Cómo lo hizo?... Lo entenderás mejor si piensas en esto: las voces que oímos en la radio son de gente que está lejos. En la televisión hasta podemos ver y escuchar a personas de otros países.

Los hombres han logrado incluso llegar a la Luna en naves espaciales, y también enviar mensajes a la Tierra desde allí. ¿Lo sabías?... Si los seres humanos son capaces de hacerlo, ¿no podrá Dios enviar mensajes desde el cielo?... Claro que sí, y lo hizo mucho antes de que existieran la radio o la televisión.

Hubo un hombre llamado Moisés que realmente oyó hablar a Dios. Aunque no pudo verlo, sí escuchó Su voz. De hecho, aquel día Dios hizo que temblara toda una montaña, en medio de truenos y relámpagos. Había millones de personas presentes. Ellos sabían que Dios había hablado, pero estaban muy asustados. Por eso le pidieron a Moisés: `Que no nos hable Dios, por temor de que vayamos a morir'. Después, Moisés dejó escrito en la Biblia lo que Dios le dijo (Éxodo 20:18-21).

Moisés escribió los primeros cinco libros de la Biblia, pero él no fue el único escritor. Dios utilizó a unos cuarenta hombres para que la escribieran. Aquellos hombres vivieron hace muchísimo tiempo, y pasaron muchos años, en realidad casi mil seiscientos, hasta que la completaron. Algunos de los escritores ni siquiera se conocieron. Sin embargo, todos sus escritos armonizan perfectamente. ¡Qué increíble!

Algunos de los hombres a quienes Dios utilizó para escribir la Biblia fueron muy conocidos. Por ejemplo, aunque Moisés había sido pastor, se convirtió en el líder de la nación de Israel. Salomón, además de rey, fue el hombre más rico y sabio del mundo. Pero hubo otros que no fueron tan destacados. Uno de ellos fue Amós, que se dedicaba a cultivar higos.

También hubo un médico. ¿Sabes su nombre?... Lucas. Otro escritor se llamaba Mateo y había sido recaudador de impuestos. Hubo incluso un especialista en la ley religiosa judía. Él fue quien escribió más libros de la Biblia. ¿Sabes cómo se llamaba?... Pablo. También escribieron partes de ella Pedro y Juan, que eran pescadores antes de hacerse discípulos de Jesús.

Muchos de los escritores bíblicos anunciaron cosas que Dios iba a hacer en el futuro. ¿Cómo supieron que sucederían antes de que ocurriesen?... Dios se las reveló, les dijo lo que ocurriría.

En la época en que Jesús, el Gran Maestro, vivió en la Tierra, ya se había escrito gran parte de la Biblia. Recuerda que el Gran Maestro había estado en el cielo y sabía lo que Dios había hecho. ¿Creía él que la Biblia venía de Dios?... Sí, lo creía. Cuando Jesús hablaba con las personas sobre las obras de Dios, leía de la Biblia, y a veces repetía pasajes de memoria. También nos reveló más información acerca de Dios. Jesús indicó: “Las mismas cosas que oí de parte de él las hablo en el mundo” (Juan 8:26). Jesús había oído decir muchas cosas a Dios porque había vivido con Él. ¿Dónde podemos encontrar las palabras de Jesús?... En la Biblia. Están allí para que las leamos.

Como es natural, los hombres que Dios utilizó para escribir la Biblia emplearon su propio idioma. Por eso, la mayor parte de ella se escribió en hebreo, una parte en arameo y gran parte en griego. Ya que hoy día la mayoría de la gente no conoce esos idiomas, la Biblia se ha traducido a muchos otros. Partes de ella pueden leerse en más de dos mil doscientos sesenta idiomas. Son tantos porque la Biblia es la carta de Dios para todo el mundo. Así que, sin importar a cuántos idiomas se haya traducido, el mensaje proviene de Dios.

Lo que la Biblia dice es importante para nosotros. Aunque se escribió hace mucho tiempo, habla de hechos que ocurren en la actualidad, y también de lo que Dios hará en el futuro. Tal información es emocionante y nos da una esperanza maravillosa.

La Biblia también explica cómo desea Dios que vivamos. Nos enseña lo que es bueno y lo que es malo, algo que tanto tú como yo tenemos que saber. Nos habla de personas que hicieron cosas malas y cómo les fue, para que no caigamos en los mismos errores. También nos habla de personas que obraron bien y de los buenos resultados. Todo ello se escribió para nuestro provecho.

Sin embargo, para beneficiarnos al máximo de la Biblia, debemos saber la respuesta a esta pregunta: ¿quién nos dio la Biblia? ¿Tú qué dirías?... Sí, toda la Biblia viene de Dios. Entonces, ¿cómo podemos demostrar que somos sabios de verdad?... Escuchando a Dios y haciendo lo que nos manda.

Por lo tanto, tenemos que dedicar tiempo a leer la Biblia juntos. Cuando recibimos una carta de alguien a quien queremos mucho, la leemos una y otra vez. Para nosotros es muy valiosa. Deberíamos sentir lo mismo por la Biblia, pues es una carta de la persona que más nos quiere, el Dios amoroso.

Sería bueno que dedicáramos unos minutos más a leer estos textos, pues demuestran que la Biblia es realmente la Palabra de Dios y que se escribió para nuestro beneficio: Romanos 15:4; 2 Timoteo 3:16, 17, y 2 Pedro 1:20, 21.

19 de Enero. Lectura de la Biblia: Génesis 11 a 16

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 14:1-16

Núm. 2: El Creador de todas las cosas (lr cap. 3)

Núm. 3: ¿Cómo nos moldea Jehová? (Isa. 64:8)

Puntos Sobresalientes Génesis 11 a 16

12:1-3. ¿Cuándo entró en vigor el pacto abrahámico, y por cuánto tiempo? El pacto que hizo Jehová con Abrán de que “se bendecir[ían] por medio de [él] todas las familias del suelo” entró en vigor, al parecer, cuando Abrán cruzó el Éufrates de camino a Canaán el 14 de Nisán del año 1943 a.E.C., esto es, cuatrocientos treinta años antes de que se liberara a Israel de Egipto (Éxodo 12:2, 6, 7, 40, 41). El pacto abrahámico es “un pacto hasta tiempo indefinido”. Sus términos exigen que se extienda hasta que se haya consumado la destrucción de todos los enemigos de Dios y la bendición de las familias de la Tierra (Génesis 17:7; 1 Corintios 15:23-26).

15:13. ¿Cuándo se cumplieron los predichos cuatrocientos años de aflicción de la prole de Abrán? Este período de aflicción comenzó en 1913 a.E.C., en el día en que su hijo Isaac fue destetado a la edad de cinco años y su medio hermano Ismael, de 19 años, `se burló' de él (Génesis 21:8-14; Gálatas 4:29). Acabó en 1513 a.E.C., con la liberación de los israelitas del yugo egipcio.

16:2. ¿Estuvo bien que Sarai ofreciera a su sirvienta Agar para que fuera esposa de Abrán? Aquello era la costumbre de la época: la esposa estéril estaba obligada a dar una concubina a su marido con el fin de producir herederos. La práctica de la poligamia surgió por primera vez entre los descendientes de Caín. Poco a poco se convirtió en una costumbre que acabaron aceptando algunos siervos de Jehová (Génesis 4:17-19; 16:1-3; 29:21-28). No obstante, Dios nunca cambió su norma original, a saber: la monogamia (Génesis 2:21, 22). Noé y sus hijos, a quienes se les reiteró el mandato de `ser fructíferos y llenar la tierra', eran monógamos (Génesis 7:7; 9:1; 2 Pedro 2:5). Más adelante, Jesucristo confirmó esta norma original (Mateo 19:4-8; 1 Timoteo 3:2, 12).

Lecciones para nosotros

13:8, 9. Tenemos en Abrahán un magnífico ejemplo a la hora de zanjar diferencias. Nunca debemos sacrificar las buenas relaciones con los demás por motivos económicos, preferencias personales u orgullo.

15:5, 6. Al ver que envejecía y todavía no había engendrado un hijo, Abrahán habló de ello con su Dios, quien entonces lo confortó. En consecuencia, Abrahán “puso fe en Jehová”. Si le abrimos nuestro corazón a Jehová en oración, aceptamos el consuelo que nos da mediante la Biblia y le obedecemos, nuestra fe se fortalecerá.

15:16. ¿Por qué se retuvo Jehová de ejecutar sentencia sobre los amorreos (o cananeos) durante cuatro generaciones? Porque es paciente. Esperó hasta que no hubo ninguna posibilidad de mejora. Como Jehová, nosotros también hemos de ser pacientes

Núm. 1: Génesis 14:1-16

Núm. 2: El Creador de todas las cosas (lr cap. 3)

Capítulo 3

El Creador de todas las cosas

YO SÉ algo que es maravilloso. ¿Quieres oírlo?... Mírate la mano. Dobla los dedos. Ahora agarra algo. Tu mano puede hacer muchas cosas, y hacerlas bien. ¿Sabes quién hizo las manos?...

Sí, fue el mismo que hizo la boca, la nariz y los ojos. Fue Dios, el padre del Gran Maestro. ¿Te alegras de que Dios nos diera ojos?... Gracias a ellos podemos ver muchas cosas: las flores, la hierba verde y el cielo azul. También nos sirven para observar a los pajaritos cuando comen, como en la ilustración. ¿No te parece una maravilla que podamos ver tantas cosas?...

Pero ¿quién las hizo? ¿Algún hombre? No. Los hombres pueden construir una casa, pero no pueden hacer hierba que crezca, ni tampoco un pajarito, una flor u otro ser vivo. ¿Lo sabías?...

Dios es el Creador de todo: él hizo los cielos y la Tierra, así como también a los seres humanos. Jesús, el Gran Maestro, enseñó que Dios creó al primer hombre y la primera mujer (Mateo 19:4-6).

¿Cómo sabía Jesús esto? ¿Vio a Dios crearlos?... Sí. Jesús estuvo presente cuando Dios hizo al hombre y la mujer, pues él mismo fue la primera persona que Dios creó. Jesús era un ángel que vivía en el cielo con su Padre.

La Biblia cita estas palabras de Dios: “Hagamos al hombre” (Génesis 1:26). ¿Sabes con quién estaba hablando Dios?... Hablaba con su Hijo, que más tarde vendría a la Tierra y sería Jesús.

¿No es emocionante? Piénsalo. Cuando escuchamos a Jesús, estamos aprendiendo de la persona que estaba con Dios cuando Dios creó la Tierra y todo lo demás. Jesús aprendió mucho de trabajar con su Padre en el cielo. ¡No es de extrañar que sea el Gran Maestro!

¿Piensas que Dios se sentía triste por estar solo antes de crear a su Hijo?... No. Entonces, ¿por qué creó a otros seres?... Porque es un Dios de amor. Él quería que otros vivieran y disfrutaran de la vida. Debemos agradecerle a Dios que nos diera la vida.

Todas las creaciones de Dios demuestran su amor. Por ejemplo, el Sol nos da luz y nos mantiene calientes. Si no existiera, todo estaría frío y no habría vida en la Tierra. ¿No te alegras de que Dios creara el Sol?...

Dios también hizo la lluvia. A veces no te gusta que llueva porque entonces no puedes salir a jugar. Pero la lluvia facilita el crecimiento de las flores. Por eso, cuando vemos flores hermosas, ¿a quién debemos darle las gracias?... A Dios. ¿Y cuando comemos frutas y verduras sabrosas?... Debemos darle las gracias a Dios porque el Sol y la lluvia hacen crecer las plantas.

Imagina que alguien te pregunta: “¿Creó Dios también al hombre y los animales?”. ¿Qué dirías?... Es correcto contestar: “Si, Dios hizo al hombre y los animales”. Pero ¿qué pasa si la persona no lo cree, y asegura que el hombre vino de los animales? Bueno, eso no es lo que la Biblia enseña. Esta dice que Dios creó a todos los seres vivos (Génesis 1:26-31).

¿Qué le dirías a alguien que no cree en Dios?... Podrías señalar una casa y preguntarle: “¿Quién construyó esa casa?”. Todo el mundo sabe que la tuvo que construir alguien. Por supuesto que no se construyó sola (Hebreos 3:4).

Entonces podrías llevarlo a un jardín, mostrarle una flor y preguntar: “¿Quién hizo esta flor?”. No fue ningún hombre. Pero al igual que la casa no se construyó sola, esta flor tampoco se hizo a sí misma. Fue Dios quien la hizo.

Podrías pedir a la persona que se detenga a escuchar el canto de un pájaro, y preguntarle: “¿Quién hizo los pájaros y les enseñó a cantar?”. Fue Dios quien hizo los cielos, la Tierra y todos los seres vivos. Él es quien da la vida.

Quizás alguien te diga que solo cree en lo que ve, que si no ve algo, no cree que exista. De hecho, hay personas que no creen en Dios porque no pueden verlo.

Es cierto que no podemos ver a Dios. La Biblia dice: `Nadie puede ver a Dios'. Ningún hombre, mujer o niño puede verlo. Por eso, nadie debe intentar hacer un cuadro o una imagen de Él. Dios mismo prohíbe hacerlo, de modo que a él no le agradaría que tuviéramos imágenes de ese tipo en nuestra casa (Éxodo 20:4, 5; 33:20; Juan 1:18).

Si no podemos ver a Dios, ¿cómo sabemos que en realidad existe? Piensa en esto: ¿puedes ver el viento?... No, nadie puede verlo. Pero sí puedes ver las cosas que hace; por ejemplo, cómo mueve las hojas cuando sopla a través de las ramas de un árbol. Por ese motivo sabes que el viento existe.

También puedes ver las cosas que Dios ha hecho. Cuando observas una flor o un pájaro, estás viendo algo creado por Dios. Eso te hace creer que Dios sí existe.

Quizás alguien te pregunte: “¿Quién hizo el Sol y la Tierra?”. La Biblia explica: “Dios creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Sí, fue Dios quien hizo todas estas cosas maravillosas. ¿Qué opinas?...

¿No es maravilloso estar vivo? Podemos escuchar el bello canto de los pájaros, ver las flores y las demás creaciones de Dios, y también comer los alimentos que nos ha provisto.

Deberíamos darle las gracias a Dios por todo ello y, en especial, por habernos dado la vida. Si nos sentimos realmente agradecidos, haremos una cosa. ¿Sabes cuál?... Escuchar a Dios y hacer lo que nos manda en la Biblia. De esa forma podemos demostrar que amamos al Creador de todas las cosas.

Deberíamos mostrar gratitud a Dios por todo lo que ha hecho. ¿De qué forma? Leamos lo que está escrito en Salmo 139:14; Juan 4:23, 24; 1 Juan 5:21, y Revelación (Apocalipsis) 4:11.

Núm. 3: ¿Cómo nos moldea Jehová? (Isa. 64:8)

(Isaías 64:8) Y ahora, oh Jehová, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos el barro, y tú eres nuestro Alfarero; y todos somos la obra de tu mano.

Ws 1/02/1999 pág. 9-13

El Gran Alfarero y su obra

“[Sé] un vaso para propósito honroso [...], preparado para toda buena obra.” (2 TIMOTEO 2:21.)

JEHOVÁ es el Gran Alfarero. Nuestro primer padre, Adán, fue una obra maestra de su creación. La Biblia nos dice: “Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente”, es decir, una “criatura respiradora” (Génesis 2:7, nota). Aquella primera creación humana era perfecta, hecha a la misma imagen de Dios, un reflejo de Su sabiduría divina y Su amor a la verdadera justicia y rectitud.

2 Con materiales tomados de la costilla de Adán, Dios también formó a un complemento y ayudante para el hombre: la mujer. La prístina belleza de Eva superaba al mejor exponente de la hermosura femenina de la actualidad (Génesis 2:21-23). Además, se dio a la primera pareja humana un cuerpo y facultades concebidos para llevar a cabo a la perfección el proyecto que se le encomendó de convertir la Tierra en un paraíso. También se la facultó para cumplir el mandato declarado en Génesis 1:28: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra”. Al fin, este jardín mundial estaría poblado por miles de millones de seres humanos contentos, entre quienes reinaría la clase de amor que es “un vínculo perfecto de unión” (Colosenses 3:14).

3 Lamentablemente, nuestros primeros padres optaron de manera voluntaria por rebelarse contra la autoridad de su Soberano Creador, el Gran Alfarero. Su trayectoria fue la que se describe en Isaías 29:15, 16: “¡Ay de los que van a gran profundidad en ocultar consejo de Jehová mismo, y cuyos hechos han tenido lugar en un sitio oscuro, mientras dicen: `¿Quién nos está viendo, y quién sabe de nosotros?'! [...] ¿Acaso al alfarero mismo se le debe considerar igual al barro? Pues, ¿debe decir la cosa hecha respecto a su hacedor: `Él no me hizo'? Y, ¿realmente dice la mismísima cosa formada respecto a su formador: `Él no mostró entendimiento'?”. Su rebeldía fue calamitosa: se les sentenció a muerte eterna. Además, toda la especie humana que descendió de ellos heredó el pecado y la muerte (Romanos 5:12, 18). Se malogró la belleza de la creación del Gran Alfarero.

4 Sin embargo, incluso en nuestro estado pecaminoso actual, nosotros, descendientes del pecador Adán, podemos alabar a Jehová con las palabras de Salmo 139:14: “Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma”. ¡Qué triste, sin embargo, que la obra maestra original del Gran Alfarero se haya deslucido tanto!

El Alfarero extiende su obra

5 Felizmente, la obra del Creador como Alfarero iba a seguir mucho después de haber moldeado la creación inicial de la humanidad. El apóstol Pablo nos dice: “Oh hombre, ¿quién, pues, eres tú, realmente, para que repliques contra Dios? ¿Acaso la cosa moldeada dirá al que la moldeó: `¿Por qué me hiciste de esta manera?'? ¿Qué? ¿No tiene el alfarero autoridad sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para uso honroso, otro para uso deshonroso?” (Romanos 9:20, 21).

6 En efecto, parte de la obra del Gran Alfarero será moldeada para uso honroso, y otra parte, para uso deshonroso. A los que optan por seguir al mundo que se hunde cada vez más en el cenagal de la impiedad se les moldea para la destrucción. Cuando el Rey glorioso, Cristo Jesús, venga para juzgar, entre estos vasos deshonrosos se contarán todos los obstinados seres humanos, semejantes a cabras, que, como dice Mateo 25:46, “partirán al cortamiento eterno”. Pero los “justos” semejantes a ovejas, a quienes se ha moldeado para uso “honroso”, heredarán “la vida eterna”.

7 Estos justos se han sometido humildemente a Dios para que él los moldee. Han entrado en el camino de Dios. Han aceptado el consejo que se halla en 1 Timoteo 6:17-19: “Cifren su esperanza, no en las riquezas inseguras, sino en Dios, que nos proporciona todas las cosas ricamente para que disfrutemos de ellas”. Se han aplicado a `trabajar en lo bueno, a ser ricos en obras excelentes, ser liberales, listos para compartir, atesorando para sí con seguridad un fundamento excelente para el futuro, para que logren asirse firmemente de la vida que realmente lo es'. La verdad divina los moldea y tienen una fe inmovible en la provisión de Jehová mediante Cristo Jesús, quien “se dio a sí mismo como rescate correspondiente” a fin de restablecer todo lo que se perdió con el pecado de Adán (1 Timoteo 2:6). Por tanto, deberíamos estar muy dispuestos a seguir el consejo de Pablo de “[vestirnos] de la nueva personalidad, que mediante conocimiento exacto va haciéndose nueva [moldeándose] según la imagen de Aquel que la ha creado” (Colosenses 3:10).

¿Qué clase de vaso seremos?

8 ¿Qué determina la clase de vaso que llegamos a ser? Nuestra actitud y conducta, que son conformadas, en primer lugar, por los deseos e inclinaciones del corazón. El sabio rey Salomón dijo: “El corazón del hombre terrestre puede idear su camino, pero la dirección de sus pasos la efectúa Jehová mismo” (Proverbios 16:9). En segundo lugar las conforman las cosas que oímos y vemos, las compañías y las experiencias. Qué importante es, pues, seguir el consejo: “El que está andando con personas sabias se hará sabio, pero al que está teniendo tratos con los estúpidos le irá mal” (Proverbios 13:20). Como se nos advierte en 2 Pedro 1:16, no debemos seguir “cuentos falsos artificiosamente tramados” o, según dice La Santa Biblia (Juan Straubinger), “fábulas inventadas”. Entre estas se contarían muchas de las enseñanzas y celebraciones religiosas apóstatas de la cristiandad.

9 Dios puede moldearnos según nuestra respuesta. Podemos repetir humildemente ante Jehová la oración de David: “Escudríñame completamente, oh Dios, y conoce mi corazón. Examíname, y conoce mis pensamientos inquietantes, y ve si hay en mí algún camino doloroso, Y guíame en el camino de tiempo indefinido” (Salmo 139:23, 24). Jehová está haciendo que se predique el mensaje del Reino. Nuestro corazón ha respondido con aprecio a las buenas nuevas y a Sus demás directrices. A través de su organización nos extiende diferentes privilegios relacionados con la predicación de las buenas nuevas; aprovechémoslos y valorémoslos (Filipenses 1:9-11).

10 Es muy importante que prestemos constante atención a la Palabra de Dios, siguiendo un programa diario de lectura bíblica, y haciendo de las Escrituras y del servicio a Jehová un tema de conversación en la familia y con los hermanos. El programa de adoración matutina que se sigue en todas las familias Betel y hogares misionales de los testigos de Jehová normalmente incluye, en semanas alternas, una lectura breve de la Biblia y del Anuario del año. ¿Podría su familia hacer algo parecido? También recibimos muchos beneficios al relacionarnos con la congregación cristiana en las reuniones y, en especial, al participar semanalmente en el estudio de La Atalaya.

Moldeados para afrontar las pruebas

11 Dios permite que surjan en nuestra vida diaria ciertas situaciones que pueden parecernos difíciles. ¿Cómo deberíamos verlas? Santiago 4:8 aconseja que no nos amarguemos, sino que nos acerquemos a Dios, confiando en él de todo corazón, con la seguridad de que si nos `acercamos a él, él se acercará a nosotros'. Es cierto que tendremos que aguantar dificultades y pruebas, pero estas se permiten porque contribuyen a nuestro moldeado, lo cual resulta en nuestro bien. Santiago 1:2, 3 nos asegura: “Considérenlo todo gozo, mis hermanos, cuando se encuentren en diversas pruebas, puesto que ustedes saben que esta cualidad probada de su fe obra aguante”.

12 Santiago también dice: “Al estar bajo prueba, que nadie diga: `Dios me somete a prueba'. Porque con cosas malas Dios no puede ser sometido a prueba, ni somete a prueba él mismo a nadie. Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo” (Santiago 1:13, 14). Nuestras pruebas pueden ser muchas y diferentes, pero como en el caso de Job, todas desempeñan un papel en nuestro moldeado. Las Escrituras nos dan esta magnífica garantía en Santiago 5:11: “¡Miren! Pronunciamos felices a los que han aguantado. Ustedes han oído del aguante de Job y han visto el resultado que Jehová dio, que Jehová es muy tierno en cariño, y misericordioso”. Que todos, como vasos en las manos del Gran Alfarero, nos mantengamos íntegros en todo tiempo, confiando como Job en el resultado (Job 2:3, 9, 10; 27:5; 31:1-6; 42:12-15).

Moldeemos a nuestros hijos

13 Los padres pueden moldear a sus hijos desde la misma infancia para que se conviertan en adultos sólidos que mantienen su integridad (2 Timoteo 3:14, 15). Así ha resultado incluso en pruebas extremas. Hace unos años, cuando la persecución alcanzaba su clímax en un país africano, una confiable familia se encargaba de la impresión clandestina de La Atalaya en un cobertizo del patio trasero. Un día los soldados recorrían la calle reclutando de casa en casa a hombres jóvenes para el ejército. Los dos jóvenes de esta familia aún tenían tiempo de esconderse, pero los soldados los buscarían por la casa y seguramente descubrirían la imprenta. Esto podía llevar a la tortura o asesinato de toda la familia. ¿Qué podía hacerse? Los dos muchachos citaron con convicción Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que este: que alguien entregue su alma a favor de sus amigos”. Insistieron en quedarse en la sala. Los soldados los encontrarían y probablemente los torturarían cruelmente o los matarían cuando se negaran a ser reclutados. Pero ya no seguirían buscando. La imprenta y los demás familiares se salvarían. Sin embargo, se produjo un desenlace inesperado. Los soldados pasaron por alto precisamente aquella casa y continuaron la búsqueda en la siguiente. Aquellos vasos humanos moldeados para uso honroso sobrevivieron, así como la prensa para seguir publicando alimento espiritual oportuno. Uno de los dos jóvenes y su hermana sirven actualmente en Betel; él aún hace funcionar la vieja imprenta.

14 A los jóvenes se les puede enseñar a orar, y Dios contesta sus oraciones. Ocurrió un caso sobresaliente a este respecto durante las masacres de Ruanda. Cuando los rebeldes se habían preparado para ejecutar a una niña de seis años y a sus padres con una granada de mano, la hija oró a Dios fervientemente en voz alta y pidió que no se les matara para poder seguir en el servicio de Jehová. La oración conmovió tanto a los hombres que no perpetraron el asesinato. Dijeron: “No podemos matarlos por causa de esta niña pequeña” (1 Pedro 3:12).

15 La mayoría de nuestros jóvenes no tienen que enfrentarse a situaciones tan difíciles como las anteriormente citadas, pero se encaran a muchas pruebas en la escuela y en comunidades corrompidas: lenguaje obsceno, pornografía, entretenimiento degradado, y en muchos lugares se siente cada vez con más fuerza la presión de grupo que compele a participar en actividades impropias. El apóstol Pablo previno en repetidas ocasiones contra estas influencias (1 Corintios 5:6; 15:33, 34; Efesios 5:3-7).

16 Después de hablar de vasos que se tienen “para un propósito honroso, pero otros para un propósito falto de honra”, Pablo dice: “Por eso, si alguien se mantiene apartado de estos, será un vaso para propósito honroso, santificado, útil a su dueño, preparado para toda buena obra”. De modo que animemos a nuestros jóvenes a vigilar sus compañías. Que “[huyan] de los deseos que acompañan a la juventud, mas [sigan] tras la justicia, la fe, el amor, la paz, junto con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:20-22). Un programa de familia que nos `edifique unos a otros' puede ser de gran valor para moldear a nuestros jóvenes (1 Tesalonicenses 5:11; Proverbios 22:6). El estudio y la lectura diarios de la Biblia usando publicaciones apropiadas de la Sociedad pueden ser una buena ayuda.

Se nos moldea a todos

17 Para moldearnos, Jehová nos da consejo mediante su Palabra y su organización. Nunca rechacemos ese consejo piadoso. Acatémoslo con sabiduría y permitamos que nos moldee para que Jehová nos dé un uso honroso. Proverbios 3:11, 12 aconseja: “La disciplina de Jehová, oh hijo mío, no rechaces; y no aborrezcas su censura, porque Jehová censura al que ama, aun como lo hace un padre a un hijo en quien se complace”. Hebreos 12:6-11 suministra más consejo paternal: “Jehová disciplina a quien ama [...]. Es cierto que ninguna disciplina parece por el presente ser cosa de gozo, sino penosa; sin embargo, después, a los que han sido entrenados por ella, da fruto pacífico, a saber, justicia”. El conducto principal de esa disciplina debe ser la Palabra inspirada de Dios (2 Timoteo 3:16, 17).

18 Jehová es también misericordioso (Éxodo 34:6). Perdona cuando se manifiesta arrepentimiento sincero, sin importar la gravedad del pecado. Incluso los `hijos pródigos' de la actualidad pueden ser moldeados como vasos para uso honroso (Lucas 15:22-24, 32). Es posible que nuestros pecados no sean tan graves como los del hijo pródigo. Pero nuestra respuesta humilde al consejo de las Escrituras siempre contribuirá a que se nos moldee como vasos para uso honroso.

19 Cuando aprendimos la verdad estuvimos dispuestos a que Jehová nos moldeara. Dejamos los caminos mundanos, empezamos a vestirnos de la nueva personalidad y nos hicimos cristianos dedicados y bautizados. Obedecimos el consejo de Efesios 4:20-24 al `desechar la vieja personalidad que se conformaba a nuestra manera de proceder anterior con sus deseos engañosos; y al vestirnos de la nueva personalidad que fue creada conforme a la voluntad de Dios en verdadera justicia y lealtad'. Que todos personalmente continuemos siendo maleables en las manos de Jehová, el Gran Alfarero, sirviendo siempre como vasos para Su uso honroso.

26 de Enero. Lectura de la Biblia: Génesis 17 a 20

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 17:1-17

Núm. 2: Por qué no han podido establecer los hombres un gobierno justo (rs pág. 174-pág. 175 § 1)

Núm. 3: Dios tiene nombre (lr cap. 4)

Puntos Sobresalientes Génesis 17 a 20

19:8. ¿No estuvo mal que Lot ofreciera sus hijas a los habitantes de Sodoma? Según la ética oriental, era responsabilidad del anfitrión proteger y defender a los huéspedes hasta con la vida, si fuera necesario. Y Lot estaba dispuesto a hacerlo. Con valor salió, cerró la puerta tras de sí y se presentó solo ante la multitud. Para cuando Lot ofreció a sus hijas, probablemente ya supiera que sus invitados eran mensajeros de Dios y, por tanto, pensara que Dios podía encargarse de protegerlas tal como protegió a su tía Sara en Egipto (Génesis 12:17-20). Y así fue, tanto Lot como sus hijas recibieron protección.

19:30-38. ¿Aprobó Jehová que Lot se emborrachara y engendrara prole con sus dos hijas? Jehová no aprueba ni el incesto ni la borrachera (Levítico 18:6, 7, 29; 1 Corintios 6:9, 10). Lot en realidad deploraba los “hechos desaforados” de los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2:6-8). El hecho de que sus hijas lo emborracharan indica que sabían que su padre no consentiría en mantener relaciones sexuales con ellas mientras estuviera sobrio. Pero al ser extranjeras en el país, sus hijas pensaron que esa era la única manera de evitar que se extinguiera la familia de Lot. El relato está en la Biblia para revelar el parentesco que tenían los moabitas (mediante Moab) y los amonitas (mediante Ben-ammí) con los descendientes de Abrahán, los israelitas.

Lecciones para nosotros

18:23-33. Jehová no destruye a la gente indiscriminadamente, sino que protege a los rectos.

19:16. Lot “siguió demorándose”, y los ángeles casi tuvieron que sacarlos a él y a su familia a rastras de Sodoma. Hacemos bien en no perder nuestro sentido de la urgencia mientras esperamos el fin del mundo malo.

19:26. Es totalmente insensato anhelar lo que hemos dejado atrás en el mundo o distraernos con ello.

Núm. 1: Génesis 17:1-17

Núm. 2: Por qué no han podido establecer los hombres un gobierno justo (rs pág. 174-pág. 175 § 1)

Gobierno

Definición: El arreglo para hacer leyes y administrarlas. Por lo general se clasifica a los gobiernos según la fuente y el alcance de su autoridad. Jehová Dios es el Soberano Universal, quien confiere autoridad a otros según su voluntad y propósito. Sin embargo, Satanás el Diablo, el principal rebelde contra la soberanía de Jehová, es “el gobernante del mundo”... esto por permiso de Dios por un espacio de tiempo limitado. La Biblia pinta al sistema mundial de gobernación política mediante la figura de una bestia salvaje, y dice que “el dragón [Satanás el Diablo] le dio a la bestia su poder y su trono y grande autoridad”. (Juan 14:30; Rev. 13:2; 1 Juan 5:19.)

¿Es posible para humanos establecer un gobierno que realmente traiga felicidad duradera?

¿Qué muestra el registro histórico humano?

Ecl. 8:9: “El hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo.” (Esto es cierto aunque algunos gobiernos y gobernantes hayan comenzado con ideales elevados.)

“Toda civilización que ha existido, al fin se ha desplomado. La historia es una narración de esfuerzos que fracasaron, o aspiraciones que no se realizaron. [...] Por eso, como historiador, uno tiene que vivir con un sentido de lo inevitable de la tragedia.” (Henry Kissinger, docto en ciencias políticas y profesor sobre gobierno, según se le citó en el periódico The New York Times del 13 de octubre de 1974, pág. 30B.)

¿Qué sirve de estorbo a los esfuerzos humanos en el campo del gobierno?

Jer. 10:23: “Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No le pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso.” (Dios no autorizó a su creación humana a trazarse su propia senda en independencia de Dios.)

Gén. 8:21: “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud.” (Todos —no solo los gobernantes, sino también los gobernados— nacen en pecado, con inclinaciones egoístas.)

2 Tim. 3:1-4: “En los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, [...] no dispuestos a ningún acuerdo, [...] hinchados de orgullo.” (Los problemas que afronta la humanidad hoy día no pueden ser resueltos para siempre por una sola nación; exigen completa cooperación internacional. Pero intereses egoístas impiden eso, y también impiden seriamente cualquier verdadera cooperación entre las diversas organizaciones que existen dentro de las naciones.)

La Biblia también revela que hay fuerzas sobrehumanas manipulando los asuntos de los hombres: “El mundo entero está yaciendo en el poder del inicuo” (1 Juan 5:19). “Tenemos una lucha, no contra sangre y carne, sino contra [...] los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales” (Efe. 6:12). “Expresiones inspiradas por demonios [...] salen a los reyes de toda la tierra habitada, para reunirlos a la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso.” (Rev. 16:14.)

Núm. 3: Dios tiene nombre (lr cap. 4)

Capítulo 4

Dios tiene nombre

CUANDO te presentan a alguien, ¿qué es lo primero que te dicen de esa persona?... Cómo se llama, por supuesto. Todos tenemos nombre. Al primer hombre, Dios lo llamó Adán, y el nombre de su esposa fue Eva.

Sin embargo, no solo las personas tienen nombre. Piensa en cosas que también lo tienen. Cuando alguien te regala una muñeca o un animalito, ¿no es verdad que le pones nombre?... Claro, porque tener nombre es muy importante.

Fíjate en la gran cantidad de estrellas que vemos en el cielo de noche. ¿Crees que tienen nombre?... Sí, Dios se lo puso a cada una. La Biblia nos dice que él “está contando el número de las estrellas; a todas las llama por sus nombres” (Salmo 147:4).

¿Quién dirías tú que es la persona más importante del universo?... Sí, es Dios. ¿Y crees que tiene nombre?... Jesús dijo que sí. En cierta ocasión, Jesús oró a Dios diciendo: `Yo les he dado a conocer tu nombre a mis seguidores' (Juan 17:26). ¿Sabes cómo se llama Dios?... Él mismo lo reveló: “Yo soy Jehová. Ese es mi nombre”. De modo que el nombre de Dios es JEHOVÁ (Isaías 42:8).

¿Cómo te sientes cuando otros recuerdan tu nombre?... Te alegras, ¿no es cierto?... Jehová también quiere que la gente sepa Su nombre, y por eso deberíamos usarlo al hablar de él. El Gran Maestro utilizaba el nombre de Dios, Jehová, cuando enseñaba a la gente. En una ocasión dijo: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón” (Marcos 12:30).

Jesús sabía que el nombre de Dios, Jehová, es muy importante y que Dios desea que todo el mundo lo conozca. Por eso, enseñó a sus seguidores a utilizar ese nombre e, incluso, a hablar de él en las oraciones.

Hace mucho tiempo, Dios le mostró a un israelita llamado Moisés la importancia de Su nombre. Los israelitas vivían en un país llamado Egipto, donde eran esclavos y recibían un trato muy cruel. Cuando Moisés se hizo adulto, intentó ayudar a otro israelita. Pero Faraón, el rey de Egipto, se enojó por ello y quiso matarlo. Así que Moisés huyó de Egipto.

Moisés se fue a otro país, a la tierra de Madián. Allí se casó, tuvo hijos y trabajó como pastor. Un día, mientras cuidaba sus ovejas cerca de una montaña, vio algo sorprendente: una zarza que ardía, pero no se quemaba. Entonces se acercó para verla mejor.

¿Sabes lo que ocurrió?... Moisés escuchó una voz que lo llamaba de en medio de aquella zarza ardiente: “¡Moisés!, ¡Moisés!”. ¿De quién era aquella voz?... ¡Era la voz de Dios! Él le encargó una labor muy importante diciéndole: `Ven y déjame enviarte a Faraón, el rey de Egipto, y saca de allí a mi pueblo, los hijos de Israel'. Dios prometió ayudar a Moisés en su misión.

Pero Moisés contestó: `Si ahora voy a los hijos de Israel que están en Egipto y les digo que Dios me ha enviado, ¿qué haré si me preguntan cuál es su nombre? ¿Qué les diré?'. Dios le mandó que respondiera a los israelitas: `Jehová me ha enviado a ustedes. Jehová es mi nombre para siempre' (Éxodo 3:1-15). Esas palabras mostraban que Dios nunca cambiaría de nombre. Seguiría llamándose Jehová, y deseaba que se le conociera por ese nombre para siempre.

Cuando Moisés volvió a Egipto, los egipcios creían que Jehová era solo un dios sin importancia de los israelitas. No se imaginaban que fuera el Dios de toda la Tierra. Por eso, Jehová le dijo al rey de Egipto: `Voy a hacer que mi nombre se conozca por toda la tierra' (Éxodo 9:16). Y lo hizo. ¿Sabes cómo?...

Bueno, hizo que Moisés sacara al pueblo de Israel de la tierra de Egipto. Cuando los israelitas llegaron al mar Rojo, Jehová abrió un camino seco a través de sus aguas. Así pudieron cruzar sanos y salvos a la otra orilla. Pero cuando Faraón y todo su ejército entraron en el lecho seco del mar, las aguas que habían estado retenidas a cada lado cayeron sobre ellos, y todos murieron.

En poco tiempo, gente de toda la Tierra ya se había enterado de lo que Jehová había hecho en el mar Rojo. ¿Cómo lo sabemos?... Bueno, unos cuarenta años después, los israelitas llegaron a Canaán. Esa era la tierra que Jehová había prometido darles. Allí, una joven llamada Rahab les dijo a dos hombres israelitas: “Hemos oído cómo Jehová secó las aguas del mar Rojo de delante de ustedes cuando salieron de Egipto” (Josué 2:10).

Hoy día, muchas personas son como aquellos egipcios. No creen que Jehová sea el Dios de toda la Tierra. Por eso, Jehová quiere que su pueblo hable de él a otras personas. Jesús lo hizo. Cuando se acercaba el fin de su vida en la Tierra, le dijo a Jehová en oración: “Yo les he dado a conocer tu nombre” (Juan 17:26).

¿Quieres ser como Jesús? Entonces diles a otros que el nombre de Dios es Jehová. Quizás descubras que mucha gente no lo sabe. Podrías mostrarles en la Biblia el Salmo 83:18. Vamos a buscarlo juntos. Allí dice: “Para que la gente sepa que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”.

¿Qué aprendemos de estas palabras?... Que Jehová es el nombre más importante que existe, pues es el nombre del Dios todopoderoso, el Padre de Jesús y el Creador de todas las cosas. Y recuerda, Jesús dijo que deberíamos amar a Jehová Dios con todo nuestro corazón. ¿Lo amas tú?...

¿Cómo podemos demostrar que lo amamos?... Una forma de hacerlo es conocer a Jehová y ser su amigo. Otra es enseñar su nombre a las demás personas. Podemos mostrárselo en la Biblia misma. También podemos hablarles de las maravillas que Dios ha hecho. Jehová se sentirá muy feliz por ello, pues quiere que la gente lo conozca. ¿Verdad que podemos hacerlo?...

No todo el mundo va a prestar atención cuando hablemos de Jehová. Cuando Jesús, el Gran Maestro, habló de Él, hubo muchas personas que ni siquiera escucharon. Pero Jesús no dejó de hablar de Jehová.

Por eso, seamos como Jesús. Sigamos hablando de Jehová. Si lo hacemos, Jehová Dios se complacerá en nosotros porque mostramos amor por su nombre.

Vamos a leer juntos algunos textos bíblicos que muestran que el nombre de Dios es muy importante: Isaías 12:4, 5; Mateo 6:9; Juan 17:6, y Romanos 10:13.

2 de Febrero. Lectura de la Biblia: Génesis 21 a 24

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 22:1-18

Núm. 2: "Este es mi Hijo" (lr cap. 5)

Núm. 3: * Maneras de ensanchar nuestro amor (2 Cor. 6:11-13)

Puntos Sobresalientes Génesis 21 a 24

22:1 w98 15/4 6; w89 1/7 22; 22:2 it-1 31; it-2 68, 425, 426; w89 1/3 16; w89 1/7 22; ca89 2

22:4 it-2 425, 426; 22:6 it-1 970; 22:9 it-1 1252; w89 1/7 22; 22:12 w98 15/4 6; it-1 527; it-2 703

22:13 w89 1/3 16; 22:14 it-2 52; 22:16 si 18

22:17 w04 1/6 11; w04 15/9 9; w00 15/5 15, 16; w98 1/2 9-13, 17, 18; it-1 660-662, 879, 1104; it-2 757; w89 1/2 11, 12; g88 8/4 25

22:18 re 311, 312; w00 15/5 15, 16; w00 1/9 20; w98 1/2 9-15; ct 121, 122; w95 15/1 18; w95 1/7 11; w94 15/3 18; wi 12, 13, 15, 18; w92 15/4 7, 8; it-1 660-662, 945, 1001; it-2 353; sh 239; si 18; w89 1/2 11, 12; pe 118; g88 8/2 27; w86 15/4 6

23:2 w95 1/6 7; g94 8/5 26; 23:4 it-2 1006; 23:6 w01 15/8 21; it-2 718; 23:9 it-1 518; it-2 1006

23:11 it-1 518; 23:16 it-1 518; w86 15/11 16; 23:17 it-2 268; 23:18 w86 15/11 16; 23:19 it-2 268

23:20 w94 15/6 32;

24:2 w97 1/1 30; it-1 795; it-2 689; w89 1/7 25, 27;

24:3 it-1 407; si 18; w89 1/7 25, 27

24:4 w99 1/1 7; w97 1/1 30; w89 1/7 25, 27; 24:9 it-2 689

24:10 gl 6, 7; it-1 169, 1088; it-2 456; w89 1/7 25, 27; 24:11 it-1 973;

24:12 w00 1/3 324:13 it-1 973; 24:14 w97 1/1 30; w89 1/7 25, 26; 24:15 it-2 952; 24:19 w97 1/1 30

24:20 w97 1/1 30; w89 1/7 25-27; g89 8/1 21; 24:22 w97 1/1 31; it-2 292, 790; w89 1/7 26

24:26 it-2 687; 24:30 it-2 292; 24:47 it-2 292; 24:48 it-2 687; 24:53 w89 1/7 26, 27

24:58 w04 15/4 10; it-2 431, 432; w89 1/7 26, 27; 24:60 re 151; it-2 757; 24:61 w89 1/7 26, 27

24:62 gl 7; it-1 298; 24:63 g00 8/9 20; 24:64 gl 7; 24:65 it-1 498, 1224; it-2 344, 698

24:67 it-2 1121; w89 1/7 28

Núm. 1: Génesis 22:1-18

Núm. 2: "Este es mi Hijo" (lr cap. 5)

Capítulo 5

Este es mi Hijo”

CUANDO los niños se portan bien, alegran a las personas que los cuidan. Si un niño o una niña hace algo bueno, su padre dice a los demás con orgullo: “Este es mi hijo” o “Esta es mi hija”.

Jesús siempre hace lo que agrada a su Padre, y por eso su Padre se siente orgulloso de él. ¿Recuerdas qué hizo el Padre de Jesús en cierta ocasión en que este se hallaba con tres de sus discípulos?... Dios habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mateo 17:5).

A Jesús le encanta hacer las cosas que complacen a su Padre. ¿Sabes por qué? Porque lo ama de verdad. Las cosas que uno hace solamente por obligación parecen difíciles. Pero las que hace con gusto resultan más fáciles.

Aun antes de venir a la Tierra, Jesús estuvo dispuesto a hacer todo lo que su Padre, Jehová Dios, le pidiera. Y lo hizo porque lo amaba. ¿Sabes lo que significa estar dispuesto a hacer algo?... Significa querer hacerlo de verdad. Aunque Jesús ocupaba una posición maravillosa en el cielo, su Padre tenía una misión especial para él. Jesús tenía que dejar el cielo y nacer en la Tierra. Estuvo dispuesto a hacerlo porque era la voluntad de Jehová, lo que Jehová quería.

Para que Jesús naciera en la Tierra, se necesitaba una madre. ¿Sabes quién fue?... Su nombre era María. Jehová envió desde el cielo al ángel Gabriel para anunciarle que iba a tener un hijo varón y que el bebé se llamaría Jesús. ¿Y quién sería el padre?... El ángel dijo que sería Jehová Dios. Por eso a Jesús se le llamaría Hijo de Dios.

¿Qué crees que dijo María?... ¿Acaso dijo: “No quiero ser la madre de Jesús”? No, ella estuvo dispuesta a hacer la voluntad de Dios. Pero ¿cómo sería posible que el Hijo de Dios naciera en la Tierra si vivía en el cielo? ¿Por qué fue diferente el nacimiento de Jesús al de cualquier otro niño? ¿Lo sabes?...

Pues bien, Dios creó a nuestros primeros padres, Adán y Eva, con la capacidad de unirse de una forma maravillosa y, así, dar vida a un bebé que iría creciendo en el vientre de la madre. La gente dice que eso es un milagro, y de seguro tú estás de acuerdo.

Sin embargo, Dios hizo un milagro más maravilloso aún. Tomó la vida de su Hijo que estaba en el cielo y la puso en el vientre de María. Dios nunca había hecho algo parecido, y nunca lo ha vuelto a hacer. Por este milagro, Jesús se desarrolló en el vientre de María como cualquier otro bebé. Después, María se casó con José.

Cuando llegó el momento de que Jesús naciera, María y José se hallaban de visita en la ciudad de Belén. Allí había tanta gente que no encontraron alojamiento y tuvieron que quedarse en un establo. María dio a luz y, como puedes ver en la lámina, puso a Jesús en un pesebre. Un pesebre es un lugar donde se les echa la comida a las vacas y otros animales.

La noche en que Jesús nació sucedieron cosas emocionantes. Un ángel se apareció a unos pastores cerca de Belén y les dijo que Jesús era alguien muy importante. El ángel anunció: `¡Miren! Les estoy dando buenas noticias que les harán felices. Hoy nació el que salvará al pueblo' (Lucas 2:10, 11).

El ángel dijo a los pastores que encontrarían a Jesús en Belén, acostado en un pesebre. De pronto, otros ángeles del cielo empezaron a alabar a Dios junto con el primer ángel, cantando: `Gloria a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad' (Lucas 2:12-14).

Cuando los ángeles desaparecieron, los pastores fueron a Belén y encontraron a Jesús. Allí contaron a José y María la buena noticia que habían escuchado. ¿Te puedes imaginar lo feliz que se sintió María por haber estado dispuesta a ser la madre de Jesús?

Después, José y María llevaron a Jesús a la ciudad de Nazaret, y allí se crió. Cuando se convirtió en adulto, comenzó su gran labor de enseñanza. Esta era parte de la misión que Jehová Dios quería que realizara en la Tierra. Jesús estuvo dispuesto a hacerlo porque amaba muchísimo a su Padre celestial.

Antes de que Jesús iniciara su labor de Gran Maestro, fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Entonces ocurrió algo asombroso. Cuando Jesús salió del agua, Jehová habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mateo 3:17). ¿Verdad que te sientes bien cuando tus padres te dicen que te aman?... Podemos estar seguros de que Jesús también se sintió así.

Jesús siempre hizo lo correcto. No trató de aparentar lo que no era ni tampoco dijo que fuese Dios. El ángel Gabriel le dijo a María que Jesús sería llamado Hijo de Dios. El propio Jesús reconoció que era el Hijo de Dios. Y él nunca le dijo a la gente que sabía más que su Padre, sino que afirmó: “El Padre es mayor que yo” (Juan 14:28).

Incluso cuando vivía en el cielo, Jesús hacía lo que su Padre le encargaba. Él amaba a su Padre y, por eso, lo escuchaba. Así que cuando vino a la Tierra, Jesús hizo lo que su Padre celestial le había mandado. No dedicó su tiempo a otras cosas. No nos sorprende que Jehová esté muy contento con su Hijo.

Nosotros también queremos complacer a Jehová, ¿verdad?... Entonces, tenemos que demostrar que realmente escuchamos a Dios, como hizo Jesús. Dios nos habla mediante la Biblia. No estaría bien fingir que lo escuchamos, pero luego creer y hacer cosas que van en contra de la Biblia, ¿no es cierto?... Y recuerda, si de veras amamos a Jehová, nos sentiremos felices de agradarle.

Ahora vamos a leer otros textos bíblicos que muestran lo que necesitamos saber y creer sobre Jesús: Mateo 7:21-23; Juan 4:25, 26, y 1 Timoteo 2:5, 6.

Núm. 3: * Maneras de ensanchar nuestro amor (2 Cor. 6:11-13)

(2 Corintios 6:11-13) Nuestra boca se ha abierto para ustedes, corintios, nuestro corazón se ha ensanchado. 12 Ustedes no se hallan apretados y escasos de lugar en nosotros, pero sí se hallan apretados y escasos de lugar en sus propios tiernos cariños. 13 Así es que, como recompensa, en cambio —hablo como a hijos—, ustedes, también, ensánchense.

Ws 1/6/94 pág 13 - 18

¿Hasta dónde llega su amor?

15 Cuando usted empezó a frecuentar la compañía de los testigos de Jehová, indudablemente le atrajo el amor que se tienen unos a otros, por su contraste con el espíritu del mundo. El énfasis al amor altruista distingue la adoración pura de Jehová de todas las demás formas de adoración. Puede ser que fuera esto lo que lo convenció de que los testigos de Jehová realmente practican la religión correcta. Jesucristo mismo dijo: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. (Juan 13:35.)

16 ¿Lo identifica esta cualidad también a usted como discípulo de Cristo? ¿Tiene a su alcance maneras de ensanchar la manifestación de su amor? Sin sombra de duda, todos podemos hacerlo. Ser amorosos implica más que ser amigables con otros en el Salón del Reino. Y si únicamente amáramos a los que nos aman, ¿seríamos diferentes del mundo? La Biblia nos insta: “Ante todo, tengan amor intenso unos para con otros”. (1 Pedro 4:8.) ¿Con quiénes podríamos ser más amorosos? ¿Con una hermana o un hermano cristianos cuyos antecedentes difieren de los nuestros y cuyo modo de hacer ciertas cosas nos irrita? ¿Con alguien que no haya asistido regularmente a las reuniones debido a enfermedad o edad avanzada? ¿Con nuestro cónyuge? ¿O tal vez con nuestros ancianos padres? A algunos cristianos que manifestaban bien los frutos del espíritu, entre ellos el amor, les pareció que estaban aprendiéndolos todos otra vez cuando afrontaron las dificilísimas situaciones que pueden surgir cuando un familiar que ha quedado gravemente impedido depende casi por completo de la ayuda de otras personas. Por supuesto, aun cuando nos encontremos en esas circunstancias, debemos manifestar nuestro amor a personas que no son miembros de nuestra familia.

Ws 1/1/07 pág 9-11

Apreciemos a nuestros hermanos cristianos

Muchas congregaciones están compuestas de personas de diferentes edades, razas, nacionalidades, culturas, idiomas y antecedentes sociales. Cada miembro tiene sus propios gustos y aversiones, esperanzas y temores, y por lo general todos tienen alguna carga que llevar, como la mala salud o la inseguridad económica. Estas diferencias pudieran representar una amenaza para la unidad cristiana. ¿Qué hacer, entonces, a fin de `ensanchar' nuestro amor y permanecer unidos a pesar de dicho peligro? Apreciar de verdad a todos los miembros de la congregación contribuirá a que profundicemos el amor que nos tenemos.

Ahora bien, ¿qué implica apreciar a alguien? Supone tomar en consideración a esa persona, sentir cariño y afecto por ella, estimarla, reconocer su mérito y valorarla. Por eso, si en verdad apreciamos a nuestros hermanos en la fe, tomaremos en cuenta sus necesidades, los tendremos en alta estima, reconoceremos su valor y nos alegraremos de adorar juntos a Dios. Como resultado, llegaremos a quererlos muchísimo. Vamos a analizar brevemente lo que escribió el apóstol Pablo a los cristianos de Corinto, ya que esto nos ayudará a ver cómo mostrar amor cristiano al mayor grado posible.

9 de Febrero. Lectura de la Biblia: Génesis 25 a 28

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 25:1-18-

Núm. 2: El Gran Maestro sirvió a los demás (lr cap. 6)-

Núm. 3: Por qué no es posible que los esfuerzos humanos solucionen los problemas (rs pág. 175 § 2-pág. 176 § 2)

Puntos Sobresalientes Génesis 25 a 28

Lecciones para nosotros

25:23. Jehová es capaz de conocer la composición genética del feto y de usar su presciencia para seleccionar de antemano a la persona indicada para su propósito. Sin embargo, no predetermina el resultado final de su vida (Oseas 12:3; Romanos 9:10-12).

25:32, 33; 32:24-29. El interés de Jacob por obtener la primogenitura y la lucha que sostuvo con un ángel toda la noche hasta conseguir una bendición indican que apreciaba las cosas sagradas. Jehová nos ha confiado muchas cosas sagradas, tales como nuestra relación con él y su organización, el rescate, la Biblia y la esperanza del Reino. Seamos como Jacob y demostremos que las apreciamos.

28:12, 13. ¿Cuál fue el significado del sueño de Jacob en el que aparece “una escalera”? Esta “escalera” (que puede haber tenido la apariencia de un tramo ascendente de piedras) indicó que hay comunicación entre la Tierra y el cielo, y que los ángeles desempeñan un servicio muy importante entre Jehová y los seres humanos que tienen Su aprobación (Juan 1:51).

Núm. 1: Génesis 25:1-18

Núm. 2: El Gran Maestro sirvió a los demás (lr cap. 6)

Capítulo 6

El Gran Maestro sirvió a los demás

¿TE GUSTA cuando alguien hace algo bueno por ti?... Pues bien, no eres el único; en realidad, a todos nos gusta. El Gran Maestro lo sabía, y siempre estaba haciendo cosas por otras personas. Él dijo: `No vine para que me sirvan, sino para servir' (Mateo 20:28).

Por eso, si queremos ser como el Gran Maestro, ¿qué debemos hacer?... Debemos servir a otros, hacer cosas buenas por ellos. Es cierto que muchas personas no actúan así. En realidad, la mayoría siempre quiere que los demás les sirvan. En cierta ocasión hasta los seguidores de Jesús se comportaron de esta manera. Todos querían ser el más importante.

Un día, Jesús iba con sus discípulos a la ciudad de Capernaum, cerca del mar de Galilea. Al llegar, entraron en una casa. Entonces, Jesús les preguntó: “¿Qué discutían en el camino?”. Ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién era el más importante (Marcos 9:33, 34).

Jesús sabía que no estaba bien que alguno de sus discípulos se creyera más importante que los demás. Por eso, como leímos en el primer capítulo de este libro, puso a un niño en medio de ellos y les dijo que debían ser humildes como él. Pero no entendieron. Así que, poco antes de morir, Jesús les enseñó una lección que nunca olvidarían. ¿Qué hizo?...

Pues bien, mientras comían juntos, Jesús se levantó de la mesa y se ató una toalla a la cintura. Después echó agua en una palangana. Sin duda, sus discípulos se preguntaban qué iba a hacer. Mientras observaban, Jesús se agachó y se puso a lavarles los pies a cada uno y a secárselos con la toalla. ¡Imagínate! Si hubieras estado allí, ¿cómo te habrías sentido?...

A los discípulos no les pareció bien que el Gran Maestro les lavara los pies, y se sintieron avergonzados. De hecho, Pedro no quería que Jesús hiciera aquella tarea tan humilde por él. Pero para Jesús era importante, y así se lo explicó a Pedro.

Aunque hoy en día no es costumbre que nos lavemos los pies unos a otros, en tiempos de Jesús sí lo era. ¿Sabes por qué?... Bueno, en el país donde vivían Jesús y sus seguidores, la gente usaba sandalias. Cuando andaban por los caminos llenos de polvo, se les ensuciaban los pies. Por lo tanto, lavar los pies de la persona que visitaba una casa era un acto de bondad.

Sin embargo, en aquella ocasión, ninguno de los discípulos se ofreció a realizar esta tarea. Por eso, Jesús mismo lo hizo. Así enseñó a sus seguidores una importante lección que necesitaban aprender. Nosotros también debemos aprenderla.

¿Sabes qué lección era?... Cuando Jesús volvió a sentarse a la mesa, explicó: “¿Saben lo que les he hecho? Ustedes me llaman: `Maestro', y, `Señor', y hablan correctamente, porque lo soy. Por eso, si yo, aunque soy Señor y Maestro, les he lavado los pies a ustedes, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros” (Juan 13:2-14).

El Gran Maestro les mostró que quería que fueran serviciales. No quería que pensaran solo en sí mismos ni que se creyeran tan importantes que los demás siempre deberían servirles. Quería que estuvieran dispuestos a servir a otros.

¿Verdad que fue una buena lección?... Y tú, ¿serás como el Gran Maestro y servirás a los demás?... Todos podemos hacer cosas por otros. Eso los hará felices. Pero lo más importante es que hará felices a Jesús y su Padre.

Servir a los demás no es difícil. Si te fijas, verás que puedes hacer muchas cosas por otros. Piensa en esto: ¿hay algo en lo que puedas ayudar a tu mamá? Sabes que ella hace muchas cosas por ti y por el resto de la familia. ¿Puedes ayudarla?... ¿Por qué no le preguntas?

Quizás puedas poner la mesa o quitar los platos sucios cuando tu familia haya terminado de comer. Algunos niños sacan la basura todos los días. Si haces estas cosas, estarás sirviendo a otros, igual que hizo Jesús.

¿Tienes hermanos pequeños a los que puedas servir? Recuerda, Jesús, el Gran Maestro, sirvió incluso a sus discípulos. Si ayudas a tus hermanos pequeños, estarás imitando a Jesús. ¿Qué puedes hacer por ellos?... Podrías ayudarles a guardar sus juguetes cuando terminan de jugar, o a vestirse o a hacer la cama. ¿Se te ocurre algo más?... Ellos te querrán por esto, tal como los discípulos amaban a Jesús por las cosas buenas que hacía por ellos.

Además, puedes ser amable en la escuela con tus compañeros de clase o tus maestros. Si se le caen los libros a alguien, sería muy amable de tu parte que le ayudaras a recogerlos. También lo sería ofrecerte a limpiar la pizarra o ayudar de alguna otra manera a tus maestros. Incluso podrías sujetarle la puerta a alguien para que pase.

A veces, la gente no nos agradecerá que la ayudemos. ¿Crees que por eso deberíamos dejar de hacer lo bueno?... No. Muchas personas no le agradecieron a Jesús sus bondades, pero eso no lo desanimó.

Por lo tanto, nunca dejemos de servir a otras personas. Recordemos al Gran Maestro, Jesús, e intentemos seguir siempre su ejemplo.

Hay otros textos bíblicos que hablan de ayudar a los demás, como Proverbios 3:27, 28; Romanos 15:1, 2, y Gálatas 6:2.

Núm. 3: Por qué no es posible que los esfuerzos humanos solucionen los problemas (rs pág. 175 § 2-pág. 176 § 2)

¿Resolverá el problema el poner a otros hombres en el poder?

¿No es cierto que, en los lugares donde hay elecciones libres, por lo general se saca del poder en relativamente pocos años a los hombres que han sido colocados en esa posición? ¿Por qué? La mayoría de la gente no queda satisfecha con lo que ellos hacen.

Sal. 146:3, 4: “No cifren su confianza en nobles, ni en el hijo del hombre terrestre, a quien no pertenece salvación alguna. Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos.” (Por eso, los programas que instituyen los gobernantes para mejorar diversas situaciones pasan pronto a las manos de otras personas, y con frecuencia son abandonados.)

Sin importar quién sea el gobernante, todavía será parte de este mundo que yace en el poder de Satanás. (1 Juan 5:19.)

¿Está la respuesta en recurrir a revoluciones violentas?

Hasta cuando se destituye a los gobernantes corruptos y se eliminan las leyes injustas, el nuevo gobierno se compone de humanos imperfectos y todavía es parte del sistema político que, como claramente dice la Biblia, está bajo el control de Satanás.

Mat. 26:52: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada, perecerán por la espada.” (Jesús dijo esto a uno de sus apóstoles en un tiempo en que la autoridad gubernamental estaba siendo empleada injustamente contra el mismo Hijo de Dios. ¿Por qué causa más digna pudiera haber peleado alguien, si eso fuera lo que correctamente debería hacerse?)

Pro. 24:21, 22: “Hijo mío, teme a Jehová y al rey. Con los que están a favor de un cambio, no te entremetas. Porque su desastre se levantará tan repentinamente, que ¿quién se dará cuenta de la extinción de los que están a favor de un cambio?”

16 de Febrero. Lectura de la Biblia: Génesis 29 a 31

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 29:1-20

Núm. 2: ¿Porqué hay que "dej[ar] de inquietarse"? (Mat. 6:25)

Núm. 3: La obediencia nos protege (lr cap. 7)

Puntos Sobresalientes Génesis 29 a 31

30:14, 15. ¿Por qué cambió Raquel la oportunidad de concebir por unas mandrágoras? En la antigüedad, la mandrágora tenía usos medicinales como narcótico y antiespasmódico. También se la consideraba afrodisíaca, así como estimulante de la fertilidad y la concepción (El Cantar de los Cantares 7:13). Aunque la Biblia no revela por qué hizo el cambio, Raquel tal vez pensara que las mandrágoras la ayudarían a concebir y así acabar con el oprobio de ser estéril. No obstante, pasaron algunos años antes que Jehová `le abriera la matriz' (Génesis 30:22-24).

Núm. 1: Génesis 29:1-20

Núm. 2: ¿Porqué hay que "dej[ar] de inquietarse?” (Mat. 6:25)

(Mateo 6:25) ”Por esto les digo: Dejen de inquietarse respecto a su alma en cuanto a qué comerán o qué beberán, o respecto a su cuerpo en cuanto a qué se pondrán. ¿No significa más el alma que el alimento, y el cuerpo que la ropa?

Ws 1/1/06 pág 20,21

“Dejen de inquietarse”

4 Jesús estaba en Galilea, hablando a una gran multitud venida de muchas partes (Mateo 4:25). Muy pocos eran ricos; lo más probable es que la mayoría fueran pobres. Aun así, Jesús los animó a dar prioridad, no a las riquezas materiales, sino a algo más valioso, a saber, los tesoros espirituales (Mateo 6:19-21, 24). Dijo: “Dejen de inquietarse respecto a su alma en cuanto a qué comerán o qué beberán, o respecto a su cuerpo en cuanto a qué se pondrán. ¿No significa más el alma que el alimento, y el cuerpo que la ropa?” (Mateo 6:25).

5 Las palabras de Jesús debieron de parecer poco prácticas a muchos, pues sabían que si no trabajaban duro, sus familias sufrirían. No obstante, Jesús puso de ejemplo a las aves, que viven al día, y, sin embargo, Jehová les da todo lo que necesitan. Jehová también se ocupa de las flores silvestres, cuya belleza supera a la de Salomón en toda su gloria. Si Jehová cuida de las aves y las flores, ¡cuánto más cuidará de nosotros! (Mateo 6:26-30.) Como dijo Jesús, el alma (es decir, la vida) y el cuerpo valen mucho más que el alimento que compramos para sustentarnos y la ropa que adquirimos para cubrirnos. Si dedicamos todo nuestro ser únicamente a alimentarnos y cubrirnos, sin dejar nada sustancial para servir a Jehová, estamos perdiendo de vista el verdadero sentido de la vida (Eclesiastés 12:13).

Una actitud equilibrada

6 Evidentemente, Jesús no estaba animando a sus oyentes a que dejaran de trabajar y esperaran que de algún modo Dios se encargara de sus familias. Hasta las aves han de buscar el alimento para sí y para sus crías. Los primeros cristianos, pues, tenían que trabajar si querían comer; además, tenían obligaciones familiares que cumplir. Y los siervos y los esclavos debían trabajar con diligencia para sus señores (2 Tesalonicenses 3:10-12; 1 Timoteo 5:8; 1 Pedro 2:18). El apóstol Pablo muchas veces se ganó la vida haciendo tiendas de campaña (Hechos 18:1-4; 1 Tesalonicenses 2:9). Pero lejos de buscar seguridad en el trabajo, aquellos cristianos confiaban en Jehová, lo que les daba una paz interior desconocida para otros. El salmista dijo: “Los que confían en Jehová son como el monte Sión, al que no se le puede hacer tambalear, sino que mora aun hasta tiempo indefinido” (Salmo 125:1).

7 La persona que no confía plenamente en Jehová tal vez piense de otra manera. Casi todo el mundo considera que las riquezas son de primordial importancia para obtener seguridad. De ahí que los padres animen a sus hijos a invertir buena parte de su juventud en adquirir una educación superior, con la esperanza de que eso los prepare para conseguir puestos de trabajo bien remunerados. Lamentablemente, algunas familias cristianas que así lo han hecho han descubierto que el costo de la inversión es muy alto cuando sus hijos han perdido la visión espiritual y se han ido tras metas materialistas.

8 Por consiguiente, el cristiano sabio comprende que el consejo de Jesús es tan aplicable hoy como lo fue en el siglo primero, y procura ser equilibrado. Aun cuando tenga que dedicar muchas horas a su trabajo a fin de cumplir con los deberes bíblicos, nunca deja que la necesidad de ganar dinero lo ciegue a lo más importante: los asuntos espirituales (Eclesiastés 7:12).

Núm. 3: La obediencia nos protege (lr cap. 7)

Capítulo 7

La obediencia nos protege

¿TE GUSTARÍA hacer todo lo que quisieras y que nadie te dijera nunca lo que tienes que hacer? A ver, dime la verdad...

Sin embargo, ¿qué es lo mejor para ti? ¿Es en realidad hacer lo que quieras? ¿O te salen mejor las cosas cuando obedeces a tus padres?... Dios dice que se debe obedecer a los padres, de modo que tiene que haber una buena razón para ello. Veamos cuál puede ser.

¿Cuántos años tienes?... ¿Sabes cuántos años tienen tus padres o tus abuelos?... Ellos han vivido mucho más tiempo que tú. Y cuanto más vive una persona, más oportunidades tiene de aprender. Todos los años oye, ve y hace más cosas. Por eso, los niños pueden aprender de los mayores.

¿Conoces a alguien menor que tú?... ¿Sabes tú más que él?... ¿Por qué?... Porque has vivido más tiempo y has tenido más oportunidades de aprender.

¿Quién ha vivido más tiempo que tú, o yo, o cualquier otra persona?... Jehová Dios. Él sabe más que todos nosotros. Cuando nos manda hacer algo, podemos estar seguros de que es lo correcto, aunque nos cueste trabajo hacerlo. ¿Sabías que hasta al Gran Maestro le fue difícil obedecer en una ocasión?...

Aquella vez, Dios mandó a Jesús que hiciera algo muy difícil. Como vemos en la lámina, Jesús le pidió a Dios en oración: “Si deseas, remueve de mí esta copa”. Con estas palabras, Jesús demostró que hacer la voluntad de Dios no siempre era fácil. Pero ¿sabes qué dijo Jesús al final de su oración?...

Jesús dijo: “Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:41, 42). Él deseaba que se hiciera la voluntad de Dios, no la suya. Así que hizo lo que Dios quería y no lo que a él le parecía mejor.

¿Qué aprendemos de esto?... Aprendemos que siempre es apropiado hacer lo que Dios dice, aunque no sea fácil. Pero también aprendemos algo más. ¿Sabes qué es?... Pues que Dios y Jesús no son la misma persona, como dicen algunos. Jehová Dios es mayor y sabe más que su Hijo, Jesús.

Cuando obedecemos a Dios, demostramos que lo amamos. La Biblia dice: “Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3). Así que todos tenemos que obedecer a Dios. Tú deseas obedecerle, ¿no es verdad?...

Vamos a ver en la Biblia lo que Dios les dice a los niños que hagan. Leamos Efesios, capítulo 6, versículos 1, 2 y 3. Allí dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: `Honra a tu padre y a tu madre'; que es el primer mandato con promesa: `Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra'”.

Como ves, es el propio Jehová Dios quien te dice que seas obediente a tus padres. ¿Qué significa “honrarlos”? Significa que debes mostrarles respeto. Y Dios promete que si obedeces a tus padres, te irá bien.

Voy a contarte la historia de unas personas que se salvaron por ser obedientes. Vivieron hace mucho tiempo en la gran ciudad de Jerusalén. La mayoría de sus habitantes no escuchaban a Dios. Por ello, Jesús les advirtió que Dios iba a hacer que la ciudad fuera destruida. También les explicó cómo podían escapar los que amaban lo correcto. Les dijo: `Cuando vean a los ejércitos rodear Jerusalén, sabrán que pronto será destruida. Entonces es el momento de salir de Jerusalén y huir a las montañas' (Lucas 21:20-22).

Pues bien, tal como Jesús dijo, los ejércitos de Roma llegaron para rodear y atacar Jerusalén. Más tarde, por alguna razón, los soldados se marcharon. La mayoría de las personas creyeron que el peligro había pasado y se quedaron en la ciudad. Pero ¿qué había dicho Jesús que debían hacer?... ¿Qué habrías hecho tú si hubieras vivido en Jerusalén?... Los que realmente creyeron a Jesús dejaron sus casas y huyeron a las montañas, lejos de Jerusalén.

Pasó un año entero, y no le ocurrió nada a Jerusalén. El segundo y tercer año tampoco ocurrió nada. Algunos quizás pensaban que los que habían huido de la ciudad eran tontos. Pero al cuarto año, los ejércitos romanos volvieron y rodearon Jerusalén de nuevo. Entonces fue demasiado tarde para escapar. Esta vez, los ejércitos destruyeron la ciudad. La mayoría de sus habitantes murieron, y los que sobrevivieron fueron llevados prisioneros.

Pero ¿qué les ocurrió a los que obedecieron a Jesús?... Estaban a salvo, lejos de Jerusalén, y por eso no sufrieron daño. La obediencia los protegió.

¿Te protegerá a ti también la obediencia?... Quizás tus padres te hayan prohibido jugar en la calle. ¿Por qué motivo?... Porque podría atropellarte un automóvil. Pero a lo mejor un día piensas: “Ahora no hay autos. No me pasará nada. Otros niños juegan en la calle, y nunca he visto que les pase nada”.

Eso fue lo que pensó la mayoría de la gente de Jerusalén. Cuando los ejércitos romanos se fueron, parecía un lugar seguro. Al ver que algunos se quedaban en la ciudad, los demás hicieron lo mismo. Se les había advertido, pero no prestaron atención, y a causa de esto perdieron la vida.

Veamos otro ejemplo. ¿Has jugado alguna vez con fósforos?... Quizás sea divertido ver el fuego cuando enciendes uno. Pero jugar con fósforos puede ser peligroso. Podría quemarse la casa, y tú podrías morir.

Recuerda, no basta con obedecer algunas veces. Lo que realmente te protegerá es obedecer siempre. Y ¿quién es el que dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres”?... Es Dios. Y no olvides que él lo dice porque te ama.

Ahora vamos a leer unos textos bíblicos que muestran lo importante que es la obediencia: Proverbios 23:22; Eclesiastés 12:13; Isaías 48:17, 18, y Colosenses 3:20.

Puntos Sobresalientes Génesis 32 a 35

34:1, 30. La raíz del asunto que `acarreó extrañamiento' a Jacob fue que Dina hizo amistad con gente que no amaba a Jehová. Seamos, pues, prudentes al elegir a nuestros amigos.

2 de Marzo. Lectura de la Biblia: Génesis 36 a 39

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 39:1-16

Núm. 2: Hay personas superiores a nosotros (lr cap. 8)

Núm. 3: El Reino de Dios: el único medio de satis­facer las verdaderas necesidades de la hu­manidad (rs pág. 176 § 3-pág. 177 § 1)

Puntos Sobresalientes Génesis 36 a 39

36:1 it-1 735, 1014; 36:2 it-1 131, 132, 1137, 1173; 36:9 it-1 1014

36:16 it-1 553; it-2 56; 36:20 it-1 131, 132, 1137, 1173

36:21 it-1 706, 708; 36:24 it-1 1137; 36:25 it-1 708; 36:28 it-1 706, 708

36:29 it-1 131, 132; 36:31 it-1 753; 36:33 it-1 753; 36:37 it-2 806

36:39 it-1 1074; 36:40 it-2 1128; 37:2 it-1 1014; g88 8/9 20; w87 1/5 12

37:3 it-1 1222; it-2 122, 123; 37:5 w87 1/5 12; 37:9 it-2 122, 123

37:10 it-2 122, 123; 37:11 it-2 123; 37:13 it-2 1036; 37:14 gl 7; w87 1/5 12

37:17 gl 7; it-1 529, 721, 722; 37:22 it-1 618; 37:25 it-1 1262; it-2 270

37:26 it-2 123, 150; 37:27 w92 15/7 4; it-1 1262; it-2 150, 270

37:28 gl 7; w92 15/7 4; it-1 1262; it-2 150, 270; 37:29 it-1 618

37:30 it-1 618; 37:31 it-1 617, 618; 37:33 it-2 1156, 1157; w87 1/5 12, 13

37:34 w95 1/6 7; it-1 1223, 1224; 37:35 w95 1/6 7; pe 83

37:36 it-2 123, 519, 692; 38:9 it-2 550; yp 201; 38:15 w04 15/1 30

38:16 w04 15/1 30; 38:18 it-1 607; si 17; w86 1/11 17

38:25 it-1 607; 38:26 w04 15/1 29; 39:1 it-1 882; it-2 123, 270

39:2 it-2 123; 39:4 it-2 123; 39:7 it-1 61

39:9 w06 15/6 28; w04 15/1 29; w03 1/12 20; w00 1/11 9, 10; w98 1/9 5; w97 15/10 29; it-2 613

39:10 it-2 123

39:21 w02 15/5 14-17; it-2 692

Núm. 1: Génesis 39:1-16

Núm. 2: Hay personas superiores a nosotros (lr cap. 8)

Capítulo 8

Hay personas superiores a nosotros

SEGURO que estás de acuerdo conmigo en que hay personas que son superiores a nosotros, es decir, más importantes y más fuertes. ¿Como quiénes?... Jehová Dios es una de ellas. ¿Y su Hijo, el Gran Maestro? ¿Es superior a nosotros?... Claro que sí.

Jesús vivió con Dios en el cielo. Era un hijo espiritual, o ángel. ¿Creó Dios otros ángeles, o hijos espirituales?... Sí, muchos millones. Los ángeles también son superiores y más poderosos que nosotros (Salmo 104:4; Daniel 7:10).

¿Recuerdas el nombre del ángel que habló con María?... Se llamaba Gabriel. Este le dijo a María que su bebé sería el Hijo de Dios. Jehová puso la vida de su Hijo espiritual en el vientre de María para que pudiera nacer en la Tierra (Lucas 1:26, 27).

¿Crees en ese milagro? ¿Crees que Jesús vivió con Dios en el cielo?... Jesús dijo que sí. ¿Cómo lo supo? Cuando era niño, María seguramente le contó las palabras de Gabriel. Además, es probable que José le dijera que su verdadero padre era Dios.

Cuando Jesús se bautizó, Dios incluso habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo” (Mateo 3:17). Y la noche antes de morir, Jesús le oró a Dios diciendo: “Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (Juan 17:5). Sí, Jesús pidió volver a vivir con Dios en el cielo. ¿Cómo sería esto posible?... Solo si Jehová Dios lo convertía de nuevo en una persona espiritual invisible, en un ángel.

Ahora deseo preguntarte algo importante. ¿Son buenos todos los ángeles? ¿Qué crees?... Hubo un tiempo en que todos eran buenos. Jehová fue quien los creó, y todo lo que él hace es bueno. Pero, un día, uno de ellos se hizo malo. ¿Cómo pudo suceder algo así?

Para saber la respuesta, debemos volver al tiempo en que Dios creó al primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva. Algunas personas dicen que su historia es solo una leyenda, un cuento, pero el Gran Maestro sabía que era cierta.

Cuando Dios creó a Adán y Eva, los puso en un hermoso parque, o paraíso, situado en un lugar llamado Edén. Podían haber tenido muchos hijos, convertirse en una gran familia y vivir en el Paraíso para siempre. Pero tenían que aprender una lección importante de la que ya hemos hablado antes. Veamos si podemos recordarla.

Jehová les dijo a Adán y Eva que podían comer del fruto de todos los árboles del jardín, menos de uno. Si comían de ese árbol, Dios les dijo que ciertamente morirían (Génesis 2:17). ¿Cuál era, pues, la lección que Adán y Eva tenían que aprender?...

La lección de la obediencia. En realidad, la vida depende de obedecer a Jehová Dios. No era suficiente con que Adán y Eva simplemente dijeran que obedecerían. Tenían que demostrarlo con hechos. Si obedecían a Dios, estarían mostrando que lo amaban y deseaban que él los gobernara. Entonces podrían haber vivido para siempre en el Paraíso. Pero si comían de aquel árbol, ¿qué demostrarían?...

Demostrarían que no estaban realmente agradecidos a Dios por lo que él les había dado. ¿Habrías obedecido a Jehová si hubieras estado allí?... Al principio, Adán y Eva lo hicieron. Pero después, alguien superior a ellos engañó a Eva y consiguió que desobedeciera a Jehová. ¿Quién fue?...

La Biblia dice que una serpiente le habló a Eva. ¿Cómo es posible, si las serpientes no pueden hablar?... Un ángel hizo que pareciera que la serpiente estaba hablando. Pero en realidad era él quien hablaba. Ese ángel había empezado a pensar cosas malas. Quería que Adán y Eva lo adoraran, que hicieran lo que él les mandara. Quería ocupar el lugar de Dios.

Así que aquel ángel malvado puso malos pensamientos en la mente de Eva. Usando a la serpiente, le aseguró: `Dios no les dijo la verdad. No morirán si comen del árbol. Se harán sabios como Dios'. ¿Habrías creído tú lo que decía aquella voz?...

Eva empezó a desear algo que Dios no le había dado. Comió del fruto prohibido, y después le dio de él a Adán. Él no creyó las palabras de la serpiente, pero su deseo de estar con Eva fue mayor que su amor a Dios. Por eso también comió del árbol (Génesis 3:1-6; 1 Timoteo 2:14).

¿Cuál fue el resultado?... Adán y Eva se hicieron imperfectos, envejecieron y murieron. Y como ellos eran imperfectos, todos sus hijos también lo fueron, y con el tiempo envejecieron y murieron. Dios no había mentido. La vida depende de que le obedezcamos (Romanos 5:12). La Biblia nos dice que el ángel que engañó a Eva se llama Satanás el Diablo, y que a los ángeles que se hicieron malos se les llama demonios (Santiago 2:19; Revelación [Apocalipsis] 12:9).

¿Entiendes entonces por qué el ángel bueno se hizo malo?... Fue porque comenzó a pensar cosas malas. Quiso ser el número uno. Como sabía que Dios les había dicho a Adán y Eva que tuvieran hijos, quería que todos ellos lo adoraran a él. El Diablo quiere que todos desobedezcamos a Jehová. Por eso intenta poner malos pensamientos en nuestra mente (Santiago 1:13-15).

El Diablo afirma que nadie ama de verdad a Jehová. Dice que ni tú ni yo amamos a Dios, y que en realidad no queremos hacer lo que Él manda. Asegura que solo obedecemos a Jehová cuando las cosas salen como nosotros queremos. ¿Tiene razón el Diablo? ¿Somos así?

El Gran Maestro dijo que el Diablo es un mentiroso. Jesús demostró que realmente amaba a Jehová obedeciéndole. Y no lo hizo solamente cuando era fácil, sino en todo momento, incluso cuando otras personas se lo pusieron difícil. Demostró que era leal a Jehová hasta su misma muerte. Por ese motivo, Dios hizo que volviera a vivir, y que esta vez fuera para siempre.

Así que, ¿quién dirías tú que es nuestro mayor enemigo?... Sí, es Satanás el Diablo. ¿Podemos verlo?... ¡Desde luego que no! Pero sabemos que existe y que es superior y más poderoso que nosotros. Sin embargo, ¿quién es superior al Diablo?... Jehová Dios. Por eso estamos seguros de que Dios puede protegernos.

Leamos sobre la Persona a la que debemos adorar: Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:14, 15; Proverbios 27:11, y Mateo 4:10

Núm. 3: El Reino de Dios: el único medio de satis­facer las verdaderas necesidades de la hu­manidad (rs pág. 176 § 3-pág. 177 § 1)

Entonces, ¿qué respuesta hay a los problemas de la corrupción y la opresión?

Dan. 2:44: “El Dios del cielo establecerá un reino [un gobierno] que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos.”

Sal. 72:12-14: “Él [el rey nombrado por Jehová, Jesucristo] librará al pobre que clama por auxilio, también al afligido y a cualquiera que no tiene ayudador. Le tendrá lástima al de condición humilde y al pobre, y las almas de los pobres salvará. De la opresión y de la violencia les redimirá el alma, y la sangre de ellos será preciosa a sus ojos.” (El interés que Jesús manifestó en tales personas cuando estuvo en la Tierra —las curó, alimentó a multitudes, hasta entregó su vida por aquellas personas— muestra que él verdaderamente será la clase de gobernante que se predijo en la profecía.)

Véanse también las páginas 302-306, en la sección titulada “Reino”.

¿Por qué deberíamos dar seria consideración a lo que la Biblia dice acerca del futuro de los gobiernos?

Los gobernantes humanos no están suministrando lo que la humanidad necesita urgentemente

Considere estas cosas que necesita la gente de todas partes, que los gobernantes humanos no están suministrando, pero que Dios ha prometido: 1) Vida en un mundo que estará libre de la amenaza de la guerra. (Isa. 2:4; Sal. 46:9, 10.) 2) Alimento abundante para todos. (Sal. 72:16.) 3) Vivienda cómoda para todos. (Isa. 65:21.) 4) Empleo satisfaciente para todos los que lo necesiten, de modo que tengan el sustento para sí y para sus familias. (Isa. 65:22.) 5) Una vida que no esté afeada ni perjudicada por enfermedades ni males. (Rev. 21:3, 4.) 6) Justicia; libertad del prejuicio religioso, racial, económico y nacional. (Isa. 9:7; 11:3-5.) 7) Disfrute de seguridad, de modo que ni la persona ni la propiedad de uno esté amenazada por criminales. (Miq. 4:4; Pro. 2:22.) 8) Un mundo en que las cualidades más altamente estimadas sean el amor, la bondad, el interés en el prójimo, y la veracidad. (Sal. 85:10, 11; Gál. 5:22, 23.)

Por miles de años los gobernantes políticos han estado prometiendo a sus pueblos condiciones mejores. ¿En qué ha resultado esto? Aunque la gente de muchas naciones tiene más posesiones materiales, no son personas más felices, y los problemas a que se enfrentan son más complejos que nunca.

9 de Marzo. Lectura de la Biblia: Génesis 40 a 42

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 40:1-15

Núm. 2: Tenemos que resistir las tentaciones (lr cap. 9)

Núm. 3: * Cuidado con el espíritu de indepen­dencia

Puntos Sobresalientes Génesis 40 a 42

Lecciones para nosotros

41:14-16, 39, 40. Jehová puede cambiar por completo las circunstancias de aquellos que le temen. Cuando sufrimos adversidades, es sabio depositar nuestra confianza en Jehová y serle fieles.

Núm. 1: Génesis 40:1-15

Núm. 2: Tenemos que resistir las tentaciones (lr cap. 9)

Capítulo 9

Tenemos que resistir las tentaciones

¿ALGUNA vez te han pedido que hagas algo malo?... ¿Te han desafiado a que lo hagas? ¿O te han dicho que sería divertido y que en realidad no es nada malo?... La persona que hace eso está tentándote.

¿Cómo deberíamos reaccionar cuando se nos tienta? ¿Deberíamos hacer lo malo?... Eso no le agradaría a Jehová Dios. Sin embargo, ¿sabes a quién sí le alegraría?... A Satanás el Diablo.

Satanás es el enemigo de Dios, y también es el nuestro. No podemos verlo porque es un espíritu, pero él sí puede vernos. En una ocasión, el Diablo tentó a Jesús, el Gran Maestro. Veamos qué hizo Jesús, y así sabremos cómo actuar ante una tentación.

Jesús siempre quiso hacer la voluntad de Dios, y lo demostró claramente cuando se bautizó en el río Jordán. Fue poco después de su bautismo cuando Satanás lo tentó. La Biblia dice que “los cielos se abrieron” para Jesús (Mateo 3:16). Probablemente, aquello significó que Jesús comenzó a recordar su vida anterior en el cielo con Dios.

Después de su bautismo, Jesús se fue al desierto para pensar en las cosas que había comenzado a recordar. Pasaron cuarenta días y cuarenta noches. Durante todo ese tiempo, Jesús estuvo sin comer, así que tenía mucha hambre. Fue entonces cuando Satanás lo tentó.

El Diablo le dijo: “Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. ¡Con qué ganas se habría comido Jesús un trozo de pan! Pero ¿podía él convertir aquellas piedras en pan?... Claro que sí, pues él era el Hijo de Dios y tenía poderes especiales.

¿Habrías convertido tú una piedra en pan si el Diablo te lo hubiera pedido?... Jesús tenía hambre. ¿No tendría razón para hacerlo al menos una vez?... Jesús sabía que no estaba bien utilizar de aquella manera los poderes que Jehová le había dado. Debía usarlos para acercar a las personas a su Padre, no para beneficiarse él mismo.

Así que, en vez de hacerle caso a Satanás, Jesús le citó lo que está escrito en la Biblia: `El hombre no debe vivir solo de pan, sino de todas las palabras que salen de la boca de Jehová'. Jesús sabía que agradar a Jehová era mucho más importante que tener algo que comer.

Pero el Diablo volvió a intentarlo. Esta vez llevó a Jesús a Jerusalén y lo colocó en una parte alta del templo. Allí le dijo: `Si eres hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito que Dios enviará a sus ángeles para que no te lastimes'.

¿Por qué dijo eso Satanás?... Quería tentar a Jesús para que hiciera algo peligroso. Pero Jesús tampoco le hizo caso esta vez, sino que le respondió: “Está escrito: `No debes poner a prueba a Jehová tu Dios'”. Jesús sabía que no estaba bien poner a prueba a Jehová arriesgando la vida.

Sin embargo, Satanás no se dio por vencido. Llevó a Jesús a una montaña muy alta y le mostró todos los reinos, o gobiernos, del mundo y su gloria. Entonces le dijo: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”.

Piensa en la oferta del Diablo. ¿Eran en realidad de Satanás todos aquellos reinos, o gobiernos humanos?... Bueno, Jesús no dijo que no le pertenecían a Satanás. Si el Diablo hubiera mentido, Jesús se lo habría dicho. Así es, Satanás es el gobernante de todas las naciones del mundo. La Biblia incluso lo llama “el gobernante de este mundo” (Juan 12:31).

¿Qué harías si el Diablo prometiera darte algo a cambio de que lo adoraras?... Jesús sabía que estaba mal adorar al Diablo, sin importar lo que este pudiera darle. Por eso le dijo: `¡Vete, Satanás! Porque la Biblia dice que debes adorar a Jehová tu Dios y que solo debes servirle a él' (Mateo 4:1-10; Lucas 4:1-13).

Nosotros también nos enfrentamos a tentaciones. ¿Sabes cuáles son algunas?... Por ejemplo, puede que tu madre haga un bizcocho o algún otro postre delicioso y te diga que no debes probarlo hasta la hora de comer. Pero tú tienes mucha hambre y te sientes tentado a probarlo. ¿Obedecerás a tu mamá?... Satanás quiere que desobedezcas.

Recuerda a Jesús: él también estaba hambriento, pero sabía que agradar a Dios era más importante que comer. Tú demostrarás que eres como Jesús si obedeces a tu madre.

Puede que otros niños te pidan que tomes unas pastillas que, según ellos, te harán sentir muy contento. Pero esas pastillas quizás sean drogas que pueden enfermarte o hasta matarte. O tal vez alguien te ofrezca un cigarrillo, que también contiene sustancias dañinas, y te diga: “¡A que no te atreves a fumarlo!”. ¿Qué harás?...

Recuerda a Jesús. Satanás intentó hacer que Jesús pusiera en peligro su vida cuando le pidió que saltara del templo. Pero Jesús no lo hizo. ¿Qué harías tú si alguien te desafía a que hagas algo peligroso?... Jesús no escuchó a Satanás. Tú tampoco deberías escuchar a nadie que trate de convencerte para que hagas cosas malas.

Tal vez algún día te pidan que adores una imagen, algo que la Biblia prohíbe (Éxodo 20:4, 5). Puede que ocurra durante una ceremonia en la escuela, y te digan que no podrás volver a la escuela si te niegas a adorarla. ¿Qué harás?...

Es fácil hacer lo bueno cuando todo el mundo lo hace, pero resulta muy difícil cuando otros quieren convencernos para que hagamos lo malo. Tal vez digan que lo que están haciendo no es tan malo. Sin embargo, lo más importante es: ¿qué opina Dios? Él sabe más que nosotros.

Por eso, sin importar lo que opinen los demás, nunca debemos hacer cosas que Dios diga que son malas. De esa forma, siempre haremos feliz a Dios y nunca agradaremos al Diablo.

Se puede encontrar más información sobre cómo resistir la tentación de hacer lo malo en Salmo 1:1, 2; Proverbios 1:10, 11; Mateo 26:41, y 2 Timoteo 2:22.

Núm. 3: * Cuidado con el espíritu de indepen­dencia (rs. Pág. 185, 186)

¿Qué espíritu mueve a la persona que pasa por alto la voluntad de Dios para satisfacer sus propios deseos?

Efe. 2:1-3: “Es a ustedes que Dios vivificó aunque estaban muertos en sus ofensas y pecados, en los cuales ustedes en un tiempo anduvieron conforme al sistema de cosas de este mundo [del cual Satanás es el gobernante], conforme al gobernante de la autoridad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia. Sí, entre ellos todos nosotros en un tiempo nos comportamos en armonía con los deseos de nuestra carne, haciendo las cosas que eran la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos naturalmente hijos de ira así como los demás.”

¿Qué actitudes de independencia es esencial que eviten los que afirman que sirven a Dios?

Pro. 16:18: “El orgullo está antes de un ruidoso estrellarse, y un espíritu altivo antes del tropiezo.”

Pro. 5:12: “Y tengas que decir: `¡Cómo he odiado la disciplina y mi corazón ha tratado con falta de respeto aun a la censura!'” (Una actitud como esa puede conducir a la persona a problemas serios, como muestra el contexto.)

Núm. 16:3: “De modo que se congregaron contra Moisés y Aarón [a quienes Jehová estaba utilizando como superintendentes de su pueblo] y les dijeron: `Ya basta de ustedes, porque la entera asamblea son todos santos y Jehová está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, deben ustedes alzarse por encima de la congregación de Jehová?'”

Jud. 16: “Estos hombres son murmuradores, quejumbrosos respecto de su suerte en la vida, que proceden según sus propios deseos, y su boca habla cosas hinchadas, a la vez que están admirando personalidades en el interés de su propio provecho.”

3 Juan 9: “Diótrefes, a quien le gusta tener el primer lugar entre ellos, no recibe nada de nosotros con respeto.”

Pro. 18:1: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará.”

Sant. 4:13-15: “Vamos, ahora, ustedes que dicen: `Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, y negociaremos y haremos ganancias,' cuando el caso es que ustedes no saben lo que será su vida mañana. Porque son una neblina que aparece por un poco de tiempo y luego desaparece. En vez de eso, deberían decir: `Si Jehová quiere, viviremos y también haremos esto o aquello.'”

Cuando el deseo de independencia de una persona la lleva a imitar al mundo de fuera de la congregación cristiana, ¿bajo el control de quién llega a estar? ¿Y cómo ve Dios esto?

1 Juan 2:15; 5:19: “No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” “El mundo entero está yaciendo en el poder del inicuo.”

Sant. 4:4: “Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo, está constituyéndose enemigo de Dios.”

16 de Marzo. Lectura de la Biblia: Génesis 43 a 46

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 44:1-17

Núm. 2: Jesús es más poderoso que los demonios (lr cap. 10)

Núm. 3: Las profecías bíblicas han resultado completamente confiables (rs pág. 177 § 2-pág. 178 § 1)

Puntos Sobresalientes Génesis 43 a 46

43:32. ¿Por qué era detestable para los egipcios comer con los hebreos? Tal vez se debiera principalmente al orgullo racial y al prejuicio religioso. Además, los egipcios detestaban a los pastores (Génesis 46:34). ¿Por qué razón? Posiblemente porque el sistema de castas egipcio colocaba a los pastores en uno de los últimos lugares, o quizás porque sintieran un fuerte rechazo hacia quienes buscaban pastos para los rebaños, pues escaseaba la tierra de cultivo.

44:5. ¿Utilizó realmente José una copa para leer agüeros? La copa de plata y lo que se dijo de ella eran evidentemente parte de una estratagema. Como fiel siervo de Jehová, José no empleó la copa para leer agüeros, tal como tampoco la hurtó Benjamín.

Núm. 1: Génesis 44:1-17

Núm. 2: Jesús es más poderoso que los demonios (lr cap. 10)

Capítulo 10

Jesús es más poderoso que los demonios

¿RECUERDAS por qué uno de los ángeles de Dios se convirtió en Satanás el Diablo?... Era egoísta y deseaba que lo adoraran a él; por eso se volvió contra Dios. ¿Halló Satanás seguidores entre los demás ángeles?... Sí. La Biblia los llama `ángeles de Satanás', o demonios (Revelación [Apocalipsis] 12:9).

¿Creen estos ángeles malos en Dios?... Las Escrituras dicen que `los demonios creen que Dios existe' (Santiago 2:19). Pero en la actualidad tienen miedo, pues saben que él los castigará por las maldades que han cometido. ¿Cuáles son?...

La Biblia explica que aquellos ángeles abandonaron el lugar que debían ocupar en el cielo y bajaron a la Tierra para vivir como los humanos. Lo hicieron porque deseaban tener relaciones sexuales con las bellas mujeres de la Tierra (Génesis 6:1, 2; Judas 6). ¿Qué sabes sobre las relaciones sexuales?...

Un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales cuando se unen de una manera muy especial. Esta unión puede dar vida a un bebé que se irá desarrollando en el vientre de la madre. Dios desea que solo las personas que están casadas se unan de esa manera. Así, cuando nace un bebé, tanto el esposo como la esposa pueden cuidarlo. Sin embargo, a los ángeles no les está permitido tener ese tipo de relaciones.

Después de que los ángeles se hicieron cuerpos humanos y tuvieron relaciones sexuales con las mujeres, les nacieron hijos que crecieron hasta hacerse gigantes. Estos eran muy crueles y lastimaban a la gente. Por eso Dios envió un diluvio —una gran inundación— para destruir a los gigantes y a toda la gente mala. Pero hizo que Noé construyera un arca, o un enorme barco, para salvar a las pocas personas que hacían lo bueno. El Gran Maestro dijo que es importante recordar lo que ocurrió en el Diluvio (Génesis 6:3, 4, 13, 14; Lucas 17:26, 27).

¿Sabes qué hicieron los ángeles malos cuando vino el Diluvio?... Dejaron de usar los cuerpos humanos que se habían hecho y volvieron al cielo. Pero ya no podían ser ángeles de Dios, por eso se convirtieron en ángeles de Satanás, en demonios. ¿Y qué les pasó a sus hijos, los gigantes?... Murieron en el Diluvio, junto con todos los que no obedecieron a Dios.

Después del Diluvio, Dios nunca más permitió que los demonios se hicieran cuerpos humanos. Sin embargo, aunque no podemos verlos, los demonios siguen tratando de conseguir que la gente haga lo malo. Hoy causan más problemas que nunca porque se les ha arrojado a la Tierra.

¿Sabes por qué no podemos ver a los demonios?... Porque son espíritus. Sin embargo, podemos estar seguros de que existen. La Biblia dice que Satanás está `engañando a personas de toda la tierra' con ayuda de sus demonios (Revelación 12:9, 12).

¿Pueden el Diablo y sus demonios engañarnos también a nosotros?... Sí, lo harán si no tenemos cuidado. Pero no hay por qué temer. El Gran Maestro dijo: `El Diablo no tiene dominio sobre mí'. Si nos mantenemos cerca de Dios, él nos protegerá del Diablo y sus demonios (Juan 14:30).

Es importante saber cuáles son las cosas malas que los demonios intentarán que hagamos. Así que piensa: ¿qué cosas malas hicieron los demonios cuando vinieron a la Tierra?... Antes del Diluvio, tuvieron relaciones sexuales con mujeres, algo que les estaba prohibido. Hoy en día, los demonios se alegran cuando las personas no obedecen las leyes de Dios sobre las relaciones sexuales. A ver si recuerdas: ¿quiénes son los únicos que pueden tener relaciones de este tipo?... Tienes razón, solo los casados.

En nuestros días hay muchachos y muchachas que tienen relaciones sexuales, y eso es malo. La Biblia habla del “órgano genital” masculino, que se llama pene (Levítico 15:1-3). Los genitales femeninos reciben el nombre de vulva. Jehová creó estas partes del cuerpo con una función especial de la que solo deberían gozar las personas casadas. Los demonios se alegran cuando la gente hace cosas que Jehová prohíbe, por ejemplo, cuando un niño y una niña juegan con los genitales del otro. ¿Verdad que no queremos agradar a los demonios?...

Hay otra cosa que a los demonios les gusta, pero que Jehová odia. ¿Sabes qué es?... La violencia (Salmo 11:5). La gente violenta se comporta de forma cruel y lastima a los demás. Recuerda, eso era lo que hacían aquellos gigantes, que eran hijos de los demonios.

Los demonios también disfrutan asustando a la gente. A veces fingen ser personas que han muerto, e incluso imitan sus voces. Así engañan a muchos para que crean que los muertos siguen con vida y pueden hablar con los vivos. De ahí que tantas personas crean que existen los fantasmas.

Por lo tanto, debemos estar alerta para que Satanás y sus demonios no nos engañen. La Biblia nos advierte: `Satanás intenta hacerse pasar por un ángel bueno, y sus siervos hacen lo mismo' (2 Corintios 11:14, 15). Pero en realidad, los demonios son malos. Veamos qué métodos pueden usar para que seamos como ellos.

¿Dónde aprende tanto la gente sobre la violencia, las relaciones sexuales que Dios prohíbe y los espíritus y fantasmas?... ¿Verdad que es en los programas de televisión, los videojuegos, Internet y los libros de historietas? ¿Nos acercan estas cosas más a Dios, o por el contrario, al Diablo y sus demonios? ¿Qué opinas?...

¿Quiénes desean que escuchemos y veamos cosas malas?... Satanás y sus demonios. Por eso, ¿qué debemos hacer?... Tenemos que leer, escuchar y ver cosas que sean de provecho y nos ayuden a servir a Jehová. ¿Se te ocurren algunas?...

Si hacemos lo bueno, no hay razón para temer a los demonios, pues Jesús es más poderoso que ellos. En una ocasión, los demonios le preguntaron asustados: “¿Viniste a destruirnos?” (Marcos 1:24). ¿Verdad que nos alegraremos cuando Jesús los destruya?... Mientras tanto, podemos estar seguros de que Jesús nos protegerá de ellos si nos mantenemos cerca de él y de su Padre celestial.

Veamos lo que debemos hacer para protegernos de Satanás y sus demonios en 1 Pedro 5:8, 9 y Santiago 4:7, 8.

Núm. 3: Las profecías bíblicas han resultado completamente confiables (rs pág. 177 § 2-pág. 178 § 1)

Las profecías bíblicas han resultado completamente confiables

Con un siglo de anterioridad la Palabra de Dios predijo que Babilonia alcanzaría la posición de dominio mundial, y también que su poder finalmente sería quebrado y que, una vez desolada, su capital jamás sería habitada de nuevo (Isa. 13:17-22). Con casi dos siglos de anterioridad, hasta antes que Ciro naciera, la Biblia lo predijo por nombre, así como el papel que desempeñaría en los asuntos internacionales (Isa. 44:28; 45:1, 2). Antes que Medopersia llegara a ser potencia mundial se predijo que ascendería al poder, que tendría naturaleza binaria, y cómo terminaría. Con más de dos siglos de anterioridad se predijo la línea de acción que seguiría el imperio mundial griego bajo su primer rey, y también la división subsiguiente del imperio en cuatro partes. (Dan. 8:1-8, 20-22.)

La Biblia predijo detalladamente las condiciones mundiales de nuestro día, y nos notifica que Dios pondrá fin a todos los gobiernos humanos, y que el Reino de Dios en manos de su Hijo, Jesucristo, gobernará sobre toda la humanidad. (Dan. 2:44; 7:13, 14.)

¿No es proceder con sabiduría el prestar atención a una fuente de información que ha resultado tan consecuentemente confiable?

El gobierno por Dios es la única solución verdadera a los problemas de la humanidad

Para solucionar los problemas existentes se requieren poder, habilidades y cualidades que no posee ningún humano. Dios puede librar a la humanidad de la influencia del Diablo y sus demonios, y ha prometido hacer eso, pero ningún humano puede. Dios ha hecho provisión para hacer lo que la ciencia médica jamás puede lograr... eliminar o remover el pecado, poniendo fin así a las enfermedades y a la muerte y haciendo posible que la gente sea la clase de personas que realmente desea ser. El Creador tiene el conocimiento necesario (de la Tierra y de todos los procesos vitales) para resolver los problemas de la producción de alimento y para impedir la peligrosa contaminación del ambiente, pero los esfuerzos humanos suelen crear más problemas. La Palabra de Dios ya está transformando vidas de tal modo que los que responden a la dirección de esa Palabra llegan a ser personas bondadosas, amorosas, de moralidad elevada, una sociedad de personas que rehúsan tomar las armas contra su semejante y que viven en paz y hermandad genuinas aunque son de toda nación, raza y grupo lingüístico.

¿Cuándo pondrá fin el Reino de Dios al sistema mundial actual? Véanse, entre las secciones principales de este manual, las tituladas “Fechas” y “Últimos días”.

23 de Marzo. Lectura de la Biblia: Génesis 47 a 50

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Génesis 48:1-16

Núm. 2: ¿Debemos temer al Diablo?

Núm. 3: Los ángeles de Dios nos ayudan (lr cap. 11)

Puntos Sobresalientes Génesis 47 a 50

49:10. ¿Qué son “el cetro” y “el bastón de comandante”? El cetro es el bastón que lleva un gobernante como símbolo de su autoridad real. El bastón de comandante es una vara larga que simboliza el poder de mando. La referencia que Jacob hizo a ambos indicó que la tribu de Judá tendría una medida importante de autoridad y poder hasta la venida de Siló. Este descendiente de Judá es Jesucristo, aquel a quien Jehová ha otorgado gobernación celestial. Cristo tiene autoridad real y posee el poder de mando (Salmo 2:8, 9; Isaías 55:4; Daniel 7:13, 14).

Núm. 1: Génesis 48:1-16

Núm. 2: ¿Debemos temer al Diablo?

Ws 15/1/06 pág 26 - 30

¿Debemos temer al Diablo?

3 A los cristianos ungidos les resultan muy animadoras estas palabras de Jesucristo: “No tengas miedo de las cosas que estás para sufrir. ¡Mira! El Diablo seguirá echando a algunos de ustedes en la prisión para que sean puestos a prueba plenamente, y para que tengan tribulación diez días. Pruébate fiel hasta la misma muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Revelación 2:10). Ni los ungidos ni sus compañeros que esperan vivir en la Tierra le temen al Diablo. Pero no es que sean intrépidos por naturaleza; más bien, su valor es el resultado de tener un temor respetuoso a Dios y de `refugiarse en la sombra de sus alas' (Salmo 34:9; 36:7).

4 Los valientes discípulos de Jesús del siglo primero fueron fieles hasta la muerte a pesar de los sufrimientos que experimentaron. No sucumbieron al temor de lo que el Diablo pudiera hacerles, pues sabían que Jehová nunca abandonaría a los que le fueran leales. Así mismo, hoy día los cristianos ungidos y sus compañeros dedicados están resueltos a mantenerse fieles a Dios a pesar de la intensa persecución de que son objeto. Con todo, el apóstol Pablo indicó que el Diablo tiene poder para matar. ¿No es esa una razón para temerle?

5 Pablo dijo que Jesús `participó de sangre y carne' y que “por su muerte [reduce] a nada al que tiene el medio para causar la muerte, es decir, al Diablo; y [emancipa] a todos los que por temor de la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda su vida” (Hebreos 2:14, 15). Satanás, “que tiene el medio para causar la muerte”, se apoderó de Judas Iscariote y luego utilizó a las autoridades judías y a los romanos para matar a Jesús (Lucas 22:3; Juan 13:26, 27). Pero es gracias a su muerte en sacrificio que Jesús libera a la humanidad pecadora de las garras de Satanás y hace posible que obtengamos la vida eterna (Juan 3:16).

6 ¿Hasta qué punto tiene el Diablo poder para matar? Pues bien, desde el principio de su trayectoria de maldad, Satanás ha causado la muerte de los hombres con sus mentiras y su forma de dirigirlos. Esto es así porque, al pecar, Adán transmitió el pecado y la muerte a la entera familia humana (Romanos 5:12). Además, los siervos terrestres de Satanás han perseguido a los adoradores de Jehová y a veces los han matado, como sucedió en el caso de Jesucristo.

7 Pero no hay que creer que el Diablo puede quitarle la vida a cualquier persona que desee. Dios protege a los suyos y nunca permitirá que Satanás extermine a sus adoradores verdaderos de la faz de la Tierra (Romanos 14:8). Aunque Jehová permite que todos sus siervos sean perseguidos y que algunos mueran a consecuencia de los ataques del Diablo, las Escrituras ofrecen la maravillosa esperanza de la resurrección para los que se hallen en el “libro de recuerdo” de Dios, y el Diablo no puede hacer absolutamente nada para impedir que vuelvan a la vida (Malaquías 3:16; Juan 5:28, 29; Hechos 24:15).

Núm. 3: Los ángeles de Dios nos ayudan (lr cap. 11)

Capítulo 11

Los ángeles de Dios nos ayudan

ALGUNAS personas dicen que solo creen en lo que ven, pero eso no tiene sentido. Hay muchas cosas que nunca hemos visto y, sin embargo, existen. ¿Cuáles son algunas?...

¿Podemos sentir el aire que respiramos?... Levanta la mano y sopla sobre ella. ¿Sientes algo?... Sí, el aire, pero ¿verdad que no podemos verlo?...

En capítulos anteriores hablamos de seres espirituales que son invisibles. Aprendimos que algunos son buenos y otros malos. ¿Podrías nombrar algunos de los buenos?... Sí, están Jehová Dios, Jesús y los ángeles buenos. ¿Acaso hay ángeles malos también?... La Biblia dice que sí. ¿Qué aprendiste sobre ellos?...

Sabemos que tanto los ángeles buenos como los malos son más fuertes que nosotros. El Gran Maestro conocía muchas cosas sobre los ángeles porque antes de nacer en la Tierra había sido uno de ellos. Había vivido con millones de ángeles en el cielo. ¿Tienen todos los ángeles nombre?...

Aprendimos que Dios les dio nombre a las estrellas. Así que de seguro los ángeles también tienen nombre. Además, sabemos que se comunican entre ellos, porque la Biblia menciona el `idioma de los ángeles' (1 Corintios 13:1). ¿De qué crees que hablan? ¿Hablarán de nosotros, los que vivimos en la Tierra?...

Vimos que los ángeles de Satanás desean que desobedezcamos a Jehová. Por eso, es posible que hablen sobre cómo lograrlo. Quieren que seamos como ellos para que Jehová no esté contento con nosotros. ¿Y los ángeles fieles? ¿Crees que también hablan de nosotros?... Sí, porque quieren ayudarnos. Te contaré cómo algunos ayudaron a personas que amaban y servían a Jehová.

Por ejemplo, había un hombre llamado Daniel que vivía en Babilonia. Pocas personas allí amaban a Jehová. Incluso hicieron una ley que castigaba a cualquiera que orara a Dios. Pero Daniel no dejó de orar. ¿Sabes qué le hicieron?...

Unos hombres malos hicieron que se arrojara a Daniel a un foso de leones. Daniel estaba solo ante aquellas fieras hambrientas. ¿Qué le sucedió?... Él nos cuenta: “Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones”. ¡No le causaron ningún daño! Los ángeles pueden hacer cosas maravillosas por los siervos de Jehová (Daniel 6:18-22).

En cierta ocasión se encarceló a Pedro, que, como recordarás, era amigo del Gran Maestro, Jesucristo. Algunos se habían enfadado cuando Pedro dijo que Jesús era el Hijo de Dios. Por eso lo metieron en la cárcel y pusieron soldados a vigilarlo para que no se escapara. ¿Podría ayudarle alguien?...

Pedro estaba durmiendo en medio de dos soldados y tenía las manos encadenadas. Pero la Biblia dice: `¡Mira! Vino el ángel de Jehová, y una luz brilló en la celda de la prisión. El ángel tocó a Pedro en el costado para despertarlo y le dijo: “¡Deprisa, levántate!”'.

En ese momento, a Pedro se le soltaron las cadenas de las manos, y el ángel le ordenó: `Vístete, ponte las sandalias y sígueme'. Los soldados no pudieron detenerlos porque era un ángel quien ayudaba a Pedro. Entonces llegaron ante una puerta de hierro y ocurrió algo extraño: la puerta se abrió sola. El ángel había liberado a Pedro para que siguiera predicando (Hechos 12:3-11).

¿Pueden los ángeles de Dios ayudarnos también a nosotros?... Por supuesto. ¿Significa eso que nunca permitirán que suframos daño?... No. Si actuamos de forma arriesgada, los ángeles no impedirán que nos lastimemos. Sin embargo, habrá veces en que suframos aunque no hayamos hecho nada arriesgado. Dios no ha ordenado a los ángeles que nos protejan todo el tiempo. Pero sí les ha dado una misión especial.

La Biblia habla de un ángel que está diciendo a la gente en todas partes que adore a Dios (Revelación [Apocalipsis] 14:6, 7). ¿Cómo lo hace? ¿Acaso grita desde el cielo para que todo el mundo lo oiga?... No. Son los seguidores de Jesús en la Tierra quienes se encargan de hablar a otras personas de Dios, y los ángeles los guían en su predicación. Los ángeles se aseguran de que las personas que realmente desean conocer a Dios tengan la oportunidad de escuchar. Nosotros podemos participar en esta obra, y los ángeles nos ayudarán.

Pero ¿qué haremos si personas que no aman a Dios nos causan problemas? ¿Y si nos encarcelan? ¿Nos liberarán los ángeles?... Podrían, pero no siempre lo hacen.

En una ocasión, Pablo, uno de los seguidores de Jesús, viajaba como prisionero en un barco durante una terrible tormenta. Pero los ángeles no lo libraron enseguida, porque había otras personas que necesitaban oír sobre Dios. Un ángel le dijo: “No temas, Pablo. Tienes que estar de pie ante César”. Pablo fue llevado ante el emperador de Roma para que le predicara. Los ángeles siempre supieron dónde estaba Pablo y le ayudaron. También nos ayudarán a nosotros si servimos a Dios lealmente (Hechos 27:23-25).

A los ángeles les queda otra misión importantísima que cumplir, y lo harán pronto. Se acerca el momento en que Dios destruirá a los malvados, a todos los que no lo adoran. Quienes dicen que no creen en los ángeles porque no pueden verlos descubrirán lo equivocados que están (2 Tesalonicenses 1:6-8).

¿Qué significará eso para nosotros?... Si nos ponemos del lado de los ángeles de Dios, nos ayudarán. Pero ¿estamos de su lado?... Lo estaremos si servimos a Jehová. Y si le servimos, animaremos a otras personas a servirle también.

Aprenderemos más sobre cómo influyen los ángeles en la vida de la gente leyendo Salmo 34:7; Mateo 4:11; 18:10; Lucas 22:43, y Hechos 8:26-31.

30 de Marzo. Lectura de la Biblia: Éxodo 1 a 6

Puntos Sobresalientes (Seleccionar puntos introducción si.)

Núm. 1: Éxodo 1:1-19

Núm. 2: Jesús nos enseña a orar (lr cap. 12)

Núm. 3: ¿Se efectúan mediante el espíritu de Dios las curaciones milagrosas de hoy día? (rs pág. 98 § 3-pág. 99 § 2)

Puntos Sobresalientes Éxodo 1 a 6

Respuestas a preguntas bíblicas:

3:1. ¿Qué clase de sacerdote era Jetró? En los días de los patriarcas, el cabeza de la familia servía en calidad de sacerdote de ella. Parece que Jetró era el cabeza patriarcal de una tribu de madianitas. Como estos eran descendientes de Abrahán mediante Queturá, tal vez conocían la adoración de Jehová (Génesis 25:1, 2).

4:11. ¿En qué sentido `asigna Jehová a los mudos, sordos y ciegos'? Aunque ha habido ocasiones en que Jehová ha causado ceguera y sordera, no es responsable de todas las discapacidades de esa clase (Génesis 19:11; Lucas 1:20-22, 62-64). Dichos defectos son el resultado del pecado heredado (Job 14:4; Romanos 5:12). Ahora bien, como Dios ha permitido que exista esta situación, podía decir, con referencia a sí mismo, que “asignó” a los mudos, sordos y ciegos.

4:16. ¿Cómo `serviría Moisés de Dios' para Aarón? Moisés era un representante de Dios. Por eso, llegó a ser como “Dios” para Aarón, quien hablaba en representación de Moisés.

Lecciones para nosotros:

1:7, 14. Jehová apoyó a su pueblo cuando este se hallaba oprimido en Egipto. De igual manera, sostiene a sus Testigos de la actualidad, incluso cuando afrontan cruel persecución.

1:17-21. Jehová nos recuerda “para bien” (Nehemías 13:31).

3:7-10. Jehová responde al clamor de su pueblo.

3:14. Jehová cumple sin falta sus propósitos. Por eso podemos confiar en que convertirá en una realidad nuestras esperanzas basadas en la Biblia.

4:10, 13. Moisés dudaba tanto de su capacidad de hablar que incluso cuando se le aseguró que tendría el apoyo divino, rogó a Dios que enviara a otra persona para hablar con Faraón. Sin embargo, Jehová lo utilizó a él y le dio la sabiduría y la fortaleza necesarias para llevar a cabo su asignación. En lugar de centrarnos en nuestras limitaciones, confiemos en Jehová y cumplamos fielmente nuestra comisión de predicar y enseñar (Mateo 24:14; 28:19, 20).

Respuestas a preguntas bíblicas:

6:3. ¿En qué sentido no se había dado a conocer el nombre de Dios a Abrahán, Isaac y Jacob? Aunque estos patriarcas emplearon el nombre divino y recibieron promesas de Jehová, no conocieron a Jehová como el Cumplidor de dichas promesas (Génesis 12:1, 2; 15:7, 13-16; 26:24; 28:10-15).

Núm. 1: Éxodo 1:1-19

Núm. 2: Jesús nos enseña a orar (lr cap. 12)

Capítulo 12

Jesús nos enseña a orar

¿HABLAS tú con Jehová Dios?... Él quiere que lo hagas. Cuando le hablas a Dios, estás orando. Jesús hablaba a menudo con su Padre celestial, y a veces prefería hacerlo a solas. La Biblia cuenta que en una ocasión “subió solo a la montaña a orar. Aunque se hizo tarde, estaba allí solo” (Mateo 14:23).

¿Dónde puedes orar a Jehová a solas?... Tal vez en tu habitación antes de acostarte. Jesús dijo: “Cuando ores, entra en tu cuarto privado y, después de cerrar tu puerta, ora a tu Padre” (Mateo 6:6). ¿Oras cada noche antes de dormir?... Deberías hacerlo.

Jesús oraba también cuando estaba con otras personas. Cuando murió su amigo Lázaro, oró con otros en el lugar donde lo habían enterrado (Juan 11:41, 42). Además, Jesús oraba cuando se reunía con sus discípulos. ¿Vas a reuniones donde se ora?... Por lo general, en estas ocasiones un adulto pronuncia la oración. Deberías escuchar con atención sus palabras, pues está hablando con Dios a favor tuyo. Entonces podrás decir “amén” al final de la oración. ¿Sabes por qué decimos “amén”?... Para mostrar que nos gustó la oración, que estamos de acuerdo con ella y que deseamos que sea también nuestra oración.

Además, Jesús oraba antes de las comidas, dando gracias a Jehová por el alimento. Y tú, ¿oras siempre antes de comer?... Es bueno que demos gracias a Jehová antes de empezar a comer. Hay veces en que otra persona hace la oración. Pero si estás comiendo solo o con alguien que no le da las gracias a Jehová, ¿qué debes hacer?... Entonces tienes que hacer tu propia oración.

¿Hay que orar siempre en voz alta? ¿O escucha Jehová las oraciones que se hacen en silencio?... Veamos lo que le ocurrió a Nehemías. Él era un adorador de Jehová que trabajaba en el palacio del rey persa Artajerjes. Un día, Nehemías se puso muy triste al enterarse de que estaban en ruinas las murallas de Jerusalén, la capital de su país.

Cuando el rey le preguntó a Nehemías por qué estaba triste, lo primero que hizo Nehemías fue orar en silencio. Después le explicó al rey por qué se sentía así y le pidió permiso para ir a Jerusalén y reconstruir las murallas. ¿Qué ocurrió?...

Dios contestó la oración de Nehemías. El rey le permitió ir y, además, le dio mucha madera para construir las murallas. Como vemos, Dios puede contestar nuestras oraciones aunque las hagamos en silencio (Nehemías 1:2, 3; 2:4-8).

¿Hay que inclinar la cabeza para orar? ¿O arrodillarse? ¿Tú qué crees?... A veces, Jesús se arrodilló para orar, y otras veces se quedó de pie. En ocasiones levantó la cabeza hacia el cielo, por ejemplo, cuando oró por Lázaro.

¿Qué demuestra esto?... Pues que la postura del cuerpo no es lo más importante. Algunas veces tal vez sea bueno inclinar la cabeza y cerrar los ojos. Otras veces quizás quieras arrodillarte, como hizo Jesús. Pero recuerda: podemos orar a Dios a cualquier hora del día o de la noche, y él nos escuchará. Lo principal es que creamos que Jehová está escuchando. ¿Lo crees tú?...

¿Qué deberíamos decir en nuestras oraciones?... A ver: cuando oras, ¿de qué le hablas a Dios?... Jehová nos da muchísimas cosas buenas. ¿No es cierto que deberíamos darle las gracias por ellas?... Aunque es bueno agradecer el alimento, ¿le has dado alguna vez las gracias por el cielo azul, las plantas, los árboles y las hermosas flores?... Él también los creó.

Los discípulos de Jesús le pidieron en una ocasión que les enseñara a orar. El Gran Maestro les enseñó cuáles eran las cosas más importantes por las que debían orar. ¿Las sabes tú?... Si abres tu Biblia en Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 13, encontrarás lo que se conoce como la oración del padrenuestro. Vamos a leerla juntos.

Como hemos leído, Jesús dijo que pidiéramos en nuestras oraciones que el nombre de Dios fuera santificado, es decir, tratado como algo santo. ¿Cómo se llama Dios?... Sí, Jehová, y deberíamos amar su nombre.

En segundo lugar, Jesús nos enseñó a pedir que viniera el Reino de Dios. Ese Reino es importante porque traerá paz a la Tierra y la convertirá en un paraíso.

En tercer lugar, el Gran Maestro dijo que oremos para que se haga la voluntad de Dios en la Tierra tal como se hace en el cielo. Si pedimos esto, también deberíamos hacer lo que él desea que hagamos, o sea, su voluntad.

A continuación, Jesús nos enseñó a pedir el alimento que necesitamos para cada día. Además, dijo que deberíamos arrepentirnos y pedirle perdón a Dios por los errores que cometemos. Sin embargo, si queremos que él nos perdone, debemos perdonar a quienes nos hayan hecho algo malo. ¿Te resulta fácil perdonar?...

Por último, Jesús nos enseñó a pedir a Jehová Dios que nos proteja del inicuo, Satanás el Diablo. Podemos mencionar en las oraciones todas estas cosas buenas.

Debemos creer que Jehová escucha nuestras oraciones. Pero además de pedir ayuda, deberíamos darle gracias. Él se alegra cuando en nuestras oraciones decimos lo que en realidad sentimos y pedimos cosas apropiadas. Y, sin duda, él nos dará lo que pidamos. ¿Lo crees así?...

Encontramos buenos consejos sobre la oración en Romanos 12:12; 1 Pedro 3:12, y 1 Juan 5:14.

Núm. 3: ¿Se efectúan mediante el espíritu de Dios las curaciones milagrosas de hoy día? (rs pág. 98 § 3-pág. 99 § 2)

Se efectúan mediante el espíritu de Dios las curaciones milagrosas de hoy día?

¿Puede ser de una fuente que no sea el Dios verdadero la facultad de ejecutar milagros?

Moisés y Aarón comparecieron ante el Faraón de Egipto para solicitarle que dejara ir a Israel al desierto a hacer sacrificios a Jehová. Como prueba de que contaba con apoyo divino, Moisés le dijo a Aarón que arrojara su vara al suelo, y la vara se convirtió en una gran culebra. Aquel milagro fue ejecutado por el poder de Dios. Pero entonces los sacerdotes practicantes de magia de Egipto arrojaron sus varas, y estas, también, se convirtieron en culebras (Éxo. 7:8-12). ¿Por el poder de quién ejecutaron ellos su milagro? (Compárese con Deuteronomio 18:10-12.)

En el siglo XX se ejecutan algunos actos de curación por fe en servicios religiosos que dirige el clero de la cristiandad. Entre las religiones no cristianas hay sacerdotes del vudú, médicos brujos, hechiceros y otros que también curan; a menudo se valen de la magia y de la adivinación. Algunos “sanadores síquicos” dicen que sus curaciones no tienen nada que ver con la religión. En todos estos casos, ¿proviene del Dios verdadero el poder de curar?

Mat. 24:24: “Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas y darán grandes señales y prodigios [“milagros,” VP] para extraviar, si fuera posible, aun a los escogidos.”

Mat. 7:15-23: “Guárdense de los falsos profetas [...] Muchos me dirán en aquel día: `Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios y en tu nombre ejecutamos muchas obras poderosas [“muchos milagros,” BJ, NBE, VP]?' Y sin embargo, entonces les confesaré: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obreros del desafuero.”

6 de Abril. Lectura de la Biblia: Éxodo 7 a 10

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 9:1-19

Núm. 2: Los discípulos de Jesús (lr cap. 13)

Núm. 3: * ¿Cómo podemos armonizar el consejo de Gálatas 6:2 con el de Gálatas 6:5?

Puntos Sobresalientes Éxodo 7 a 10

7:1. ¿Cómo se convirtió Moisés en “Dios para Faraón”? Moisés recibió poder divino y autoridad sobre Faraón. De modo que no había razón para temer a aquel rey.

7:22. ¿De dónde consiguieron los sacerdotes egipcios agua que no se había convertido en sangre? Puede que hayan usado agua que se había sacado del río Nilo antes de esta plaga. Parece que también se podía conseguir agua potable al cavar pozos en el terreno húmedo cerca del río Nilo (Éxodo 7:24).

8:26, 27. ¿Por qué dijo Moisés que los sacrificios de Israel serían “cosa detestable a los egipcios”? Se veneraban muchos animales en Egipto. Así que la mención de sacrificios justificaba y hacía más persuasiva la insistencia de Moisés de que se permitiera a Israel salir al desierto para ofrecer sacrificios a Jehová.

Núm. 1: Éxodo 9:1-19

Núm. 2: Los discípulos de Jesús (lr cap. 13)

Capítulo 13

Los discípulos de Jesús

¿QUIÉN es el siervo de Dios más fiel que haya existido?... Has dicho bien: Jesucristo. ¿Crees que podemos imitarlo?... Bueno, la Biblia dice que él nos puso el ejemplo para que lo sigamos. Y él nos invita a ser sus discípulos, o seguidores.

¿Sabes qué significa ser discípulo de Jesús?... Significa varias cosas. La primera, aprender de él. Pero eso no es todo. También debemos creer de verdad lo que nos enseña y obedecer sus mandatos.

Hay muchos que afirman que creen en Jesús. ¿Piensas que todos ellos son realmente discípulos suyos?... La mayoría no lo son. Quizás vayan a la iglesia, pero nunca han sacado tiempo para aprender las enseñanzas del Gran Maestro. En realidad, solo son discípulos de Jesús quienes imitan su ejemplo.

Hablemos de algunos que se hicieron discípulos de Jesús cuando él vivió en la Tierra. Uno de los primeros fue Felipe. Este se apresuró a buscar a su amigo Natanael (también llamado Bartolomé), quien estaba sentado debajo de un árbol, como se ve en la lámina. Cuando Natanael se acercó a Jesús, este le dijo: `Aquí viene un verdadero israelita, un hombre sincero'. Sorprendido, Natanael le preguntó: “¿Cómo es que me conoces?”.

Jesús le contestó: “Antes que Felipe te llamara, mientras estabas debajo de la higuera, te vi”. Natanael se asombró de que Jesús supiera exactamente dónde estaba él, así que dijo: “Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49).

Otros se hicieron discípulos un día antes que Felipe y Natanael. Fueron Andrés y su hermano Pedro, así como Juan y, quizás, su hermano Santiago (Juan 1:35-51). Sin embargo, algún tiempo después, los cuatro volvieron a su oficio de pescadores. Un día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Pedro y Andrés echando una red de pescar al mar. Jesús los llamó: `Síganme'.

Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a Juan. Estaban en una barca con su padre reparando las redes de pescar. Jesús también los invitó a seguirlo. ¿Qué habrías hecho tú si Jesús te hubiera llamado? ¿Te habrías ido enseguida con él?... Aquellos hombres sabían quién era Jesús. Sabían que Dios lo había enviado. Por eso, inmediatamente dejaron su trabajo de pescadores y lo siguieron (Mateo 4:18-22).

Después que aquellos hombres llegaron a ser discípulos de Jesús, ¿hicieron siempre lo que estaba bien?... No. Tal vez recuerdes que incluso discutieron entre sí sobre quién era el más importante de todos. Pero escucharon a Jesús y estuvieron dispuestos a cambiar. Si nosotros también estamos dispuestos a cambiar, podemos ser discípulos de él.

Jesús invitó a todo tipo de personas para que fueran sus discípulos. En una ocasión, un joven gobernante rico fue a verlo y le preguntó qué debía hacer para conseguir la vida eterna. Cuando el joven afirmó que había obedecido los mandamientos de Dios desde niño, Jesús le dijo: “Ven, sé mi seguidor”. ¿Sabes qué ocurrió?...

Al enterarse de que ser discípulo de Jesucristo tenía que ser más importante que poseer riquezas, el joven se puso muy triste. No se hizo discípulo de Jesús porque amaba más su dinero que a Dios (Lucas 18:18-25).

Jesús había predicado durante casi un año y medio cuando escogió a doce de sus discípulos para que fueran sus apóstoles. Los apóstoles eran hombres a los que se les encargó un trabajo especial. ¿Sabes cuáles son sus nombres?... Vamos a ver si podemos aprenderlos. Fíjate en los dibujos y trata de leer los nombres. Luego intenta repetirlos de memoria.

Con el tiempo, uno de los doce apóstoles, llamado Judas Iscariote, se volvió malo, y otro discípulo ocupó su lugar. ¿Sabes quién fue?... Matías. Tiempo después, Pablo y Bernabé también llegaron a ser apóstoles, pero no formaron parte de los doce (Hechos 1:23-26; 14:14).

Como aprendimos en el primer capítulo de este libro, Jesús se interesaba en los niños. ¿Por qué?... Porque sabía que también podían llegar a ser discípulos suyos. Lo cierto es que a menudo los niños dicen las cosas de tal forma que hasta los adultos los escuchan y quieren aprender más acerca del Gran Maestro.

Muchas mujeres se hicieron también discípulas de Jesús. Algunas, como María Magdalena, Juana y Susana, lo acompañaban cuando iba a predicar a otras ciudades. Es posible que también le ayudaran preparando comida y lavándole la ropa (Lucas 8:1-3).

¿Quieres ser discípulo de Jesús?... Recuerda: no nos convertimos en discípulos de Jesús solo con decir que creemos en él. Debemos comportarnos como discípulos suyos en cualquier lugar donde estemos, no solo en las reuniones cristianas. ¿Se te ocurre algún lugar donde sea importante comportarse así?...

Sí, en casa. Otro lugar sería la escuela. Lo que nunca debemos olvidar es que para ser un verdadero discípulo de Jesús tenemos que comportarnos como él en todo momento, sin importar dónde estemos.

Ahora leamos juntos lo que dice la Biblia sobre los discípulos de Jesús en Mateo 28:19, 20; Lucas 6:13-16; Juan 8:31, 32, y 1 Pedro 2:21.

Núm. 3: * ¿Cómo podemos armonizar el consejo de Gálatas 6:2 con el de Gálatas 6:5?

(Gálatas 6:2) Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo.

(Gálatas 6:5) Porque cada uno llevará su propia carga de responsabilidad.

Ws. 15/3/08 pág 27,28

“Sigan llevando las cargas los unos de los otros”

En la hermandad cristiana no tenemos por qué soportar las cargas solos. “Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo”, exhortó el apóstol Pablo (Gálatas 6:2). Al relacionarnos con nuestros compañeros cristianos, recibimos “la buena palabra” de ánimo que aligerará la carga de la soledad (Proverbios 12:25).

Pensemos también en lo que las Escrituras dicen sobre la hija del juez israelita Jefté. Antes de su victoria frente a las fuerzas enemigas de Ammón, Jefté prometió dar a Jehová la primera persona de su casa que saliera a felicitarlo. Esa persona resultó ser su hija (Jueces 11:30, 31, 34-36). Aunque aquello significó que tendría que permanecer soltera y renunciar al deseo normal de tener una familia, la joven se sometió de buena gana al voto de su padre y sirvió en el santuario de Siló el resto de su vida. ¿Pasó inadvertido dicho sacrificio? De ninguna manera: “De año en año las hijas de Israel iban a dar encomio a la hija de Jefté el galaadita, cuatro días en el año” (Jueces 11:40). No hay duda de que el encomio anima a quienes lo reciben. Por eso, no olvidemos encomiar a los que hayan hecho méritos para ello.

También hacemos bien en recordar el ejemplo de Jesús. A pesar de que los judíos no acostumbraban conversar con las mujeres, él pasó tiempo con María y Marta, quienes probablemente eran solteras o viudas. Jesús quería que ambas disfrutaran de los beneficios espirituales de su amistad (Lucas 10:38-42). Tenemos la oportunidad de imitar a Jesús incluyendo a las hermanas espirituales no casadas en nuestras actividades sociales y haciendo planes para predicar con ellas (Romanos 12:13). ¿Valoran esa atención? Una hermana comentó: “Sé que los hermanos me quieren y me aprecian, pero agradezco cuando me muestran un interés más personal”.

“Como no tenemos una familia propiamente dicha —explica Sandra—, sentimos una mayor necesidad de que se nos ame y de pertenecer a una familia de hermanos y hermanas espirituales.” Es obvio que Jehová se interesa en estas personas, y cooperamos con él cuando hacemos que sientan que se las necesita y se las ama (1 Pedro 5:6, 7). Tal interés no pasará inadvertido, pues “el que muestra favor al de condición humilde le presta a Jehová, y Él [Jehová Dios] le pagará su trato” (Proverbios 19:17).

“Cada uno llevará su propia carga de responsabilidad”

Aunque los demás ayuden y su apoyo sea muy animador, “cada uno llevará su propia carga de responsabilidad” (Gálatas 6:5). Sin embargo, al soportar la soledad, hay que estar al tanto de ciertos peligros, como por ejemplo, la posibilidad de que este sentimiento nos domine si somos retraídos. Por otro lado, podemos vencer la soledad con amor (1 Corintios 13:7, 8). Dar y compartir es la mejor manera de hallar felicidad, independientemente de nuestras circunstancias (Hechos 20:35). “No tengo mucho tiempo de pensar en la soledad —dice una precursora muy activa—. Como me siento útil y estoy ocupada, no me siento sola.”

También debemos vigilar que la soledad no nos empuje a entrar en una relación imprudente. Sería muy triste, por ejemplo, permitir que el deseo de contraer matrimonio nos impidiera ver los muchos problemas que surgen al casarse con una persona no creyente, y sobre todo, la sabiduría del consejo bíblico de evitar tal yugo (2 Corintios 6:14). Una cristiana divorciada dijo: “Hay algo mucho peor que estar sola. Es estar casada con la persona equivocada”.

Si cierto problema no tiene solución, tal vez tenga que soportarse, al menos por ahora. Con la ayuda de Dios podemos aguantar la soledad. Sigamos sirviendo a Jehová con la plena confianza de que llegará el día en que todas nuestras necesidades serán satisfechas de la mejor manera posible (Salmo 145:16).

13 de Abril. Lectura de la Biblia: Éxodo 11 a 14

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 12:21-36

Núm. 2: ¿Por qué debemos perdonar? (lr cap. 14)

Núm. 3: La diferencia entre las curaciones de Je­sús y sus apóstoles y las de hoy día (rs pág. 99 § 3-6)

Puntos Sobresalientes Éxodo 11 a 14

12:29. ¿A quiénes se incluyó entre los primogénitos? Solo a los varones (Números 3:40-51). Faraón mismo era primogénito, pero no se le dio muerte, pues él tenía su propia familia. No fueron los cabezas de familia, sino los hijos primogénitos quienes murieron como resultado de la décima plaga.

12:40. ¿Cuánto tiempo moraron los israelitas en la tierra de Egipto? Los cuatrocientos treinta años mencionados aquí incluyen el tiempo que los hijos de Israel pasaron “en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán” (Biblia con referencias, nota). Abrahán tenía 75 años cuando cruzó el río Éufrates en 1943 a.E.C., rumbo a Canaán (Génesis 12:4). Desde entonces hasta que Jacob entró en Egipto, a la edad de 130, pasaron doscientos quince años (Génesis 21:5; 25:26; 47:9). Esto significa que los israelitas pasaron otros doscientos quince años en Egipto.

Lecciones para nosotros:

7:14-12:30. Las diez plagas no fueron meras coincidencias. Se predijeron, y sucedieron precisamente como se había indicado. Demuestran vívidamente el dominio del Creador sobre el agua, la luz solar, la vida animal y los seres humanos. También demuestran que Dios puede, de manera selectiva, traer calamidad sobre sus enemigos mientras que protege a sus adoradores.

11:2; 12:36. Jehová bendice a su pueblo. Parece que se estaba asegurando de que a los israelitas se les recompensara por su trabajo en Egipto. Habían entrado en esa tierra como un pueblo libre, no como prisioneros de guerra sometidos a esclavitud.

14:30. Podemos confiar en que Jehová salvará a sus siervos durante la venidera “gran tribulación” (Mateo 24:20-22; Revelación [Apocalipsis] 7:9, 14).

Núm. 1: Éxodo 12:21-36

Núm. 2: ¿Por qué debemos perdonar? (lr cap. 14)

Capítulo 14

¿Por qué debemos perdonar?

¿TE HAN hecho algo malo alguna vez?... ¿Te han lastimado o te han dicho alguna cosa desagradable?... ¿Deberías tratar tú de la misma manera a quien te hizo eso?...

Muchas personas se vengan de quienes los tratan mal. Pero Jesús enseñó que debemos perdonar (Mateo 6:12). ¿Qué ocurre si esa persona nos trata mal muchas veces? ¿Cuántas veces tenemos que perdonarla?...

El apóstol Pedro quería saber la respuesta, así que un día le preguntó a Jesús: `¿Tengo que perdonar hasta siete veces?'. Sin embargo, con siete no era suficiente. Jesús le respondió: `Tienes que perdonar hasta setenta y siete veces' si es necesario.

Este es un número muy alto. Si alguien nos ofendiera tantas veces, no podríamos recordarlas todas, ¿verdad? Eso es lo que Jesús nos estaba enseñando: no debemos llevar la cuenta de todo lo malo que otros nos hagan. Si nos piden perdón, debemos perdonarlos.

Jesús quería demostrar a sus discípulos que perdonar es muy importante. Por eso, después de responder a la pregunta de Pedro, les contó una historia. ¿Quieres oírla?...

Había una vez un rey muy bueno, que incluso les prestaba dinero a sus esclavos cuando lo necesitaban. Pero un día quiso que le devolvieran el dinero y llamó a sus esclavos. Uno de ellos le debía sesenta millones de monedas, una cantidad enorme.

Pero el esclavo se lo había gastado todo y no tenía con qué devolverlo. Por lo tanto, el rey ordenó que vendieran al esclavo, su esposa, sus hijos y todas sus posesiones. De esa forma, el dinero de la venta serviría para pagar al rey. ¿Cómo crees que se sintió el esclavo?...

De rodillas ante el rey, le suplicó: `Por favor, dame más tiempo y te pagaré todo lo que te debo'. Si tú hubieras sido el rey, ¿qué habrías hecho?... El rey sintió compasión por el esclavo y lo perdonó. Le dijo que no tenía que devolverle nada, ni una sola moneda de los sesenta millones que le debía. Sin duda, el esclavo debió sentirse muy feliz.

Pero ¿qué hizo el esclavo después? Al salir, se encontró con otro esclavo, que tan solo le debía cien monedas. Lo agarró por el cuello y empezó a ahogarlo, diciendo: `¡Págame ahora mismo las cien monedas que me debes!'. ¿Puedes creer que hiciera algo así, sobre todo después de que el rey le había perdonado tanto a él?...

El esclavo que solo debía cien monedas era pobre. No podía devolver el dinero en ese momento. Por eso, cayó a los pies de su compañero y le pidió: `Por favor, dame más tiempo y te lo pagaré todo'. ¿Debería el esclavo haberle dado más tiempo a su compañero?... ¿Qué habrías hecho tú?...

Aquel hombre no era bondadoso, como lo había sido el rey. Quiso que le devolvieran su dinero enseguida. Y como su compañero no pudo pagarle, hizo que lo metieran en la cárcel. Otros esclavos vieron lo que ocurrió, y no les gustó. Sintieron pena por el esclavo que estaba en prisión, así que fueron y se lo contaron al rey.

Al rey tampoco le gustó. Se enfadó mucho con el esclavo que no perdonó a su compañero, de modo que lo llamó y le dijo: `Esclavo malo, ¿no te perdoné yo lo que me debías? ¿Por qué no tuviste compasión de tu compañero?'.

Aquel esclavo malo debería haber aprendido una lección del buen rey. Pero no lo hizo, así que el rey ordenó que lo metieran en la cárcel hasta que devolviera los sesenta millones de monedas que debía. Por supuesto, en la cárcel nunca podría ganar el dinero para pagarle al rey. Se quedaría allí hasta que muriera.

Cuando Jesús terminó de contar su historia, dijo a sus seguidores: “Del mismo modo también tratará mi Padre celestial con ustedes si no perdonan de corazón cada uno a su hermano” (Mateo 18:21-35).

En realidad, todos le debemos mucho a Dios; nuestra propia vida viene de él. Por eso, en comparación con lo que le debemos a él, otras personas nos deben muy poco. Esa deuda es como las cien monedas que le debía el esclavo a su compañero. Pero nuestra deuda con Dios por las cosas malas que hacemos es como los sesenta millones de monedas que el esclavo le debía al rey.

Dios es muy bondadoso. Aunque hayamos hecho cosas malas, él nos perdona. No nos obliga a pagarle quitándonos la vida para siempre. Pero debemos recordar esta lección: Dios solo nos perdona si perdonamos a las personas que nos hacen cosas malas. ¿No crees que deberíamos pensar en esto?...

Entonces, si alguien te hace algo malo, pero después dice que lo siente, ¿qué harás? ¿Lo perdonarás?... ¿Qué pasa si esto sucede muchas veces? ¿Seguirás perdonándolo?...

Si estuviéramos en el lugar de la persona que pide disculpas, querríamos que se nos perdonara, ¿no es cierto?... Así que nosotros tenemos que hacer lo mismo. No solo debemos decir que perdonamos, sino perdonar de corazón. De esa forma, demostraremos que de verdad deseamos imitar al Gran Maestro.

Para comprender lo importante que es perdonar, sería bueno leer también Proverbios 19:11; Mateo 6:14, 15, y Lucas 17:3, 4.

Núm. 3: La diferencia entre las curaciones de Je­sús y sus apóstoles y las de hoy día (rs pág. 99 § 3-6)

¿Se ejecutan las curaciones sensacionales de hoy día de la misma manera como se ejecutaron las curaciones milagrosas de Jesús y sus discípulos primitivos?

Costo de los servicios: “Curen enfermos, levanten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Recibieron gratis, den gratis.” (Mat. 10:8.) (¿Hacen eso los sanadores o curadores hoy día, a saber, dar gratis, como Jesús mandó que se hiciera?)

Cuántos son sanados: “Toda la muchedumbre procuraba tocarle [a Jesús], porque salía poder de él y sanaba a todos.” (Luc. 6:19.) “Sacaban a los enfermos aun a los caminos anchos y los ponían allí sobre camitas y camillas, para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre alguno de ellos. También, la multitud de las ciudades alrededor de Jerusalén siguió concurriendo, cargando a los enfermos y a los vejados por espíritus inmundos, y todos sin excepción eran curados.” (Hech. 5:15, 16.) (¿Se sanan hoy día todos los que acuden a los médicos religiosos o a los santuarios en busca de curación?)

¿Da prueba de que tienen el espíritu de Dios el estilo de vida de los miembros de las organizaciones a las que pertenecen los “curadores”?

Como grupo, ¿manifiestan de manera sobresaliente frutos del espíritu como el amor, la gran paciencia, la bondad y el autodominio? ( Gál. 5:22, 23.)

¿Muestran que en verdad “no son parte del mundo”, al no inmiscuirse en los asuntos políticos del mundo? ¿Se han mantenido limpios de culpa de sangre durante tiempo de guerra? ¿Disfrutan de una buena reputación porque eviten la conducta inmoral del mundo? (Juan 17:16; Isa 2:4; 1 Tes. 4:3-8.)

20 de Abril. Lectura de la Biblia: Éxodo 15 a 18

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 15:1-19

Núm. 2: ¿Qué implica mantenerse alejado de la religión falsa?

Núm. 3: Una lección de bondad (lr cap. 15)

Puntos Sobresalientes Éxodo 15 a 18

15:25; 16:12. Jehová cuida a su pueblo.

18:21. Los varones que se escogen para ocupar posiciones de responsabilidad en la congregación cristiana también deben ser hombres capaces, temerosos de Dios, dignos de confianza y altruistas.

Núm. 1: Éxodo 15:1-19

Núm. 2: ¿Qué implica mantenerse alejado de la religión falsa?

Ws 15/3/06 pág 27 - 31

Mantengámonos alejados de la adoración falsa

“Sálganse de entre ellos, y sepárense —dice Jehová—, y dejen de tocar la cosa inmunda.” (2 CORINTIOS 6:17.)

MUCHAS personas sinceras desconocen la verdad acerca de Dios y el futuro de la humanidad. No encuentran respuesta a las preguntas espirituales de mayor importancia; por eso viven en un estado de confusión e incertidumbre. Millones de ellas están esclavizadas por supersticiones, ritos y celebraciones que ofenden a nuestro Creador. Lo más probable es que tengamos vecinos y familiares que creen en un infierno de fuego, en un Dios trino, en la inmortalidad del alma o en otras doctrinas falsas.

2 ¿Quién es el causante de esta gran oscuridad espiritual? Irónicamente, la religión, en particular las organizaciones y los líderes religiosos que han enseñado ideas contrarias a los pensamientos de Dios (Marcos 7:7, 8). Como consecuencia, a muchas personas se les ha hecho creer que adoran al Dios verdadero, cuando lo cierto es que lo ofenden. La religión falsa es la responsable directa de tan lamentable situación.

3 Detrás de la religión falsa se oculta un ser invisible. El apóstol Pablo dijo lo siguiente sobre este personaje: “El dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que no pase a ellos la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo, que es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). “El dios de este sistema de cosas” es en realidad Satanás, el Diablo. Él es el principal impulsor de la religión falsa. “Satanás mismo sigue transformándose en ángel de luz —escribió Pablo—. No es, por lo tanto, gran cosa el que sus ministros también sigan transformándose en ministros de justicia.” (2 Corintios 11:14, 15.) Satanás hace que lo malo parezca bueno y engaña a la gente para que crea en mentiras.

4 No es de extrañar que la Biblia condene con tanta severidad a la religión falsa. Por ejemplo, la Ley mosaica previno a los israelitas —el pueblo elegido de Dios— específicamente contra los falsos profetas. Cualquiera que promoviera ideas engañosas o el culto a dioses falsos `debía ser muerto por hablar de sublevación contra Jehová'. A los israelitas se les ordenó `eliminar de en medio de ellos lo que era malo' (Deuteronomio 13:1-5). En efecto, Jehová ve a la religión falsa como un mal (Ezequiel 13:3).

5 Jesucristo y sus apóstoles tenían los mismos sentimientos intensos de Jehová hacia la religión falsa. Jesús advirtió a sus discípulos: “Guárdense de los falsos profetas que vienen a ustedes en ropa de oveja, pero por dentro son lobos voraces” (Mateo 7:15; Marcos 13:22, 23). Pablo escribió que “la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que suprimen la verdad” (Romanos 1:18). Así pues, es imprescindible que los verdaderos cristianos hagamos caso de dichas advertencias y nos mantengamos alejados de cualquiera que enseñe doctrinas falsas o que oculte la verdad de la Palabra de Dios (1 Juan 4:1).

Huyamos de “Babilonia la Grande”

6 El libro bíblico de Revelación representa a la religión falsa como una prostituta borracha que ejerce gran poder sobre muchos reinos y sus pueblos. Esta mujer simbólica comete fornicación con numerosos reyes y está embriagada con la sangre de los verdaderos adoradores de Dios (Revelación [Apocalipsis] 17:1, 2, 6, 18). Lleva escrito en la frente un nombre que va de acuerdo con su conducta obscena y repulsiva: “Babilonia la Grande, la madre de las rameras y de las cosas repugnantes de la tierra” (Revelación 17:5).

7 La descripción que hacen las Escrituras de Babilonia la Grande encaja muy bien con el conjunto de las religiones falsas del mundo. Aunque los miles de religiones que existen no se hallan agrupados formalmente bajo una organización mundial, sí están unidos de forma inseparable en su manera de pensar y actuar. Tal como sucede con la mujer inmoral de Revelación, la religión falsa ejerce una tremenda influencia en los gobiernos. De manera semejante a una mujer infiel que quebranta sus votos matrimoniales, la religión falsa se ha prostituido al contraer alianzas con un gobierno tras otro. El discípulo Santiago escribió: “Adúlteras, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, por lo tanto, que quiere ser amigo del mundo está constituyéndose enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

8 La intervención de la religión falsa en los gobiernos ha causado mucho sufrimiento a la humanidad. El doctor Xolela Mangcu, analista político africano, dijo que “la historia universal abunda en ejemplos de exterminios en masa provocados por la mezcla de la religión y la política”. Y un periódico afirmó hace poco: “Las luchas más sangrientas y más peligrosas de la actualidad [...] son de carácter religioso”. Millones de personas han perdido la vida en conflictos que cuentan con el apoyo de las religiones. Babilonia la Grande incluso ha perseguido y matado a los siervos verdaderos de Dios y, por así decirlo, se ha emborrachado con su sangre (Revelación 18:24).

9 Jehová detesta a la religión falsa, y su odio se hace patente en lo que le sucederá a Babilonia la Grande. Revelación 17:16 relata: “Los diez cuernos que viste, y la bestia salvaje, estos odiarán a la ramera y harán que quede devastada y desnuda, y se comerán sus carnes y la quemarán por completo con fuego”. Primero, una enorme bestia la destroza y se come la carne de su cuerpo, y luego sus restos son consumidos por el fuego. Eso mismo le harán dentro de poco los gobiernos del mundo a la religión falsa. Dios se encargará de que así sea (Revelación 17:17). Babilonia la Grande, el imperio mundial de la religión falsa, está condenada a la destrucción. “Nunca volverá a ser hallada.” (Revelación 18:21.)

10 ¿Cómo deben ver los verdaderos siervos de Dios a Babilonia la Grande? La Biblia ordena sin rodeos: “Sálganse de ella, pueblo mío, si no quieren participar con ella en sus pecados, y si no quieren recibir parte de sus plagas” (Revelación 18:4). Los que desean salvarse deben abandonar la religión falsa antes de que sea demasiado tarde. Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra, predijo que en los últimos días muchos se limitarán a decir que son sus seguidores (Mateo 24:3-5). A estos, él dirá: “¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obradores del desafuero” (Mateo 7:23). En efecto, el entronizado rey Jesucristo no tiene nada que ver con la religión falsa.

¿Cómo mantenernos alejados?

11 Los verdaderos cristianos nos mantenemos alejados de la adoración falsa rechazando sus doctrinas. Esto significa que evitamos los programas religiosos que se emiten por la radio y la televisión, así como las publicaciones religiosas que propagan mentiras sobre Dios y su Palabra (Salmo 119:37). También significa que no acudimos a reuniones sociales y actividades recreativas programadas por organizaciones vinculadas a la religión falsa. En otras palabras, no apoyamos la adoración falsa de ninguna manera (1 Corintios 10:21). Si tomamos estas medidas, nadie nos llevará “como presa suya mediante la filosofía y el vano engaño según la tradición de los hombres, según las cosas elementales del mundo y no según Cristo” (Colosenses 2:8).

12 ¿Qué debe hacer una persona que está afiliada a una religión falsa y quiere ser testigo de Jehová? En la mayoría de los casos bastará con que envíe una carta de renuncia para demostrar que ya no desea que se le considere miembro de ella. Es muy importante que tal persona actúe con decisión para evitar que la religión falsa la contamine de algún modo. Sus acciones deben dejar claro a la organización religiosa a la que pertenecía y al público en general que ya ha roto todo lazo con dicha religión.

13 El apóstol Pablo escribió: “No lleguen a estar unidos bajo yugo desigual con los incrédulos. Porque, ¿qué consorcio tienen la justicia y el desafuero? ¿O qué participación tiene la luz con la oscuridad? Además, ¿qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿O qué porción tiene una persona fiel con un incrédulo? ¿Y qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? [...] `Por lo tanto, sálganse de entre ellos, y sepárense —dice Jehová—, y dejen de tocar la cosa inmunda'” (2 Corintios 6:14-17). Hacemos caso de estas palabras manteniéndonos alejados de la adoración falsa. ¿Exige el consejo que dio Pablo que también nos mantengamos alejados de los adoradores falsos?

Sigamos “andando en sabiduría”

14 ¿Debemos los verdaderos siervos de Dios rehuir todo trato con las personas que practican la adoración falsa? ¿Debemos mantenernos apartados de quienes no pertenecen a nuestra religión? La respuesta es no, pues el segundo de los dos mandamientos más grandes es: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). No cabe duda de que demostramos amor a nuestros semejantes cuando les predicamos las buenas nuevas del Reino, cuando les damos clases de la Biblia y cuando les hacemos comprender la necesidad de mantenerse alejados de la adoración falsa.

15 Aunque predicamos las buenas nuevas a nuestro prójimo, los seguidores de Jesús no somos “parte del mundo” (Juan 15:19). La palabra “mundo” se refiere aquí a la sociedad humana alejada de Dios (Efesios 4:17-19; 1 Juan 5:19). Estamos separados del mundo en el sentido de que rechazamos las actitudes, el habla y la conducta que ofenden a Jehová (1 Juan 2:15-17). Además, de acuerdo con el principio de que “las malas compañías echan a perder los hábitos útiles”, no cultivamos la amistad de quienes no siguen las normas cristianas (1 Corintios 15:33). No ser parte del mundo quiere decir conservarse “sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). Por lo tanto, estar separados del mundo no significa vivir aislados, sin tener relación con los demás (Juan 17:15, 16; 1 Corintios 5:9, 10).

16 ¿Cómo, entonces, debemos tratar a quienes no conocen las verdades de la Biblia? La recomendación que Pablo hizo a la congregación de Colosas fue: “Sigan andando en sabiduría para con los de afuera, comprándose todo el tiempo oportuno que queda. Que su habla siempre sea con gracia, sazonada con sal, para que sepan cómo deben dar una respuesta a cada uno” (Colosenses 4:5, 6). El apóstol Pedro escribió: “Santifiquen al Cristo como Señor en su corazón, siempre listos para presentar una defensa ante todo el que les exija razón de la esperanza que hay en ustedes, pero haciéndolo junto con genio apacible y profundo respeto” (1 Pedro 3:15). A los cristianos, Pablo aconsejó: “No hablen perjudicialmente de nadie, [...] no sean belicosos, [...] sean razonables, y desplieguen toda apacibilidad para con todos los hombres” (Tito 3:2).

17 Los testigos de Jehová evitamos tratar a los demás con rudeza o arrogancia. Tampoco utilizamos expresiones despectivas al referirnos a los miembros de otras religiones. Más bien, los tratamos con tacto, incluso si la persona —sea un vecino, un compañero de trabajo o alguien en el ministerio— nos trata de forma grosera o nos insulta Colosenses 4:6; 2 Timoteo 2:24).

Sigamos “reteniendo el modelo de palabras saludables”

18 ¡Qué lamentable sería regresar a la adoración falsa después de haber conocido las verdades de la Biblia! La Palabra de Dios describe así las tristes consecuencias de ese paso: “Ciertamente si, después de haber escapado de las contaminaciones del mundo por un conocimiento exacto del Señor y Salvador Jesucristo, se envuelven de nuevo en estas mismas cosas y son vencidos, las condiciones finales han llegado a ser peores para ellos que las primeras. [...] Les ha sucedido el dicho del proverbio verdadero: `El perro ha vuelto a su propio vómito, y la cerda bañada a revolcarse en el fango'” (2 Pedro 2:20-22).

19 Debemos estar atentos a cualquier cosa que amenace nuestra espiritualidad. No olvidemos que los peligros son reales. El apóstol Pablo advierte: “La expresión inspirada dice definitivamente que en períodos posteriores algunos se apartarán de la fe, prestando atención a expresiones inspiradas que extravían y a enseñanzas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Vivimos en los “períodos posteriores” que mencionó el apóstol. Quienes no se mantengan alejados de la adoración falsa pueden ser “aventados como por olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza por medio de las tretas de los hombres, por medio de astucia en tramar el error” (Efesios 4:13, 14).

20 ¿Cómo podemos protegernos contra la nociva influencia de la religión falsa? Pensemos en todo lo que Jehová nos ha suministrado. Disponemos de su Palabra, la Biblia (2 Timoteo 3:16, 17). Asimismo, nos ha proporcionado abundante alimento espiritual mediante “el esclavo fiel y discreto” (Mateo 24:45). A medida que vayamos progresando en la verdad, ¿no deberíamos cultivar el gusto por “el alimento sólido [que] pertenece a personas maduras” y el deseo de reunirnos para aprender verdades espirituales? (Hebreos 5:13, 14; Salmo 26:8.) Aprovechemos al máximo todos los medios que Jehová nos ha dado para que sigamos “reteniendo el modelo de palabras saludables” que hemos oído (2 Timoteo 1:13). De esta forma, nos mantendremos alejados de la adoración falsa.

Núm. 3: Una lección de bondad (lr cap. 15)

Capítulo 15

Una lección de bondad

¿SABES qué es tener prejuicios?... Pues que no te guste alguien simplemente porque parezca diferente o hable otro idioma. Significa tener antipatía a una persona antes de conocerla.

¿Crees que está bien que no te guste alguien sin siquiera conocerlo o solo porque sea diferente?... No. Tener prejuicios no está bien ni es muestra de bondad. No deberíamos tratar mal a nadie porque sea diferente a nosotros.

Piensa en esto: ¿conoces a alguien que tenga un color de piel diferente al tuyo o que hable otro idioma?... Tal vez hasta conozcas personas que tienen un aspecto diferente a causa de una enfermedad o un accidente. ¿Muestras bondad y amor a los que son diferentes a ti?...

Si escuchamos al Gran Maestro, Jesucristo, seremos bondadosos con todos, sin importar de qué país vengan o de qué color sea su piel. Aunque no todo el mundo cree que debamos ser así, Jesús enseñó una lección sobre este tema. Veamos cuál es.

Un judío que tenía prejuicios se acercó a Jesús y le preguntó: `¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?'. Jesús sabía que aquel hombre probablemente quería oír que solo debía mostrar bondad a las personas de su propia raza o país. Por eso, en vez de darle una respuesta, le preguntó: `¿Qué nos dice la ley de Dios que hagamos?'.

El hombre contestó: `Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo'. Jesús le dijo: `Muy bien. Sigue haciendo esto y tendrás la vida eterna'.

Sin embargo, el hombre no deseaba mostrar bondad ni amor a las personas que eran diferentes a él. Por eso intentó encontrar una excusa y le preguntó a Jesús: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”. Tal vez deseaba que Jesús le dijera: “Tu prójimo son tus amigos”, o “Son las personas que tienen el mismo aspecto que tú”. En respuesta, Jesús relató la siguiente historia sobre un judío y un samaritano, un hombre de otro país.

Un judío bajaba por el camino que va desde la ciudad de Jerusalén hasta Jericó cuando unos ladrones lo asaltaron y le quitaron el dinero y la ropa. Después lo golpearon y lo dejaron medio muerto al lado del camino.

Poco después, pasó por allí un sacerdote y vio que el hombre estaba gravemente herido. ¿Qué habrías hecho tú?... El sacerdote pasó de largo sin acercarse siquiera. No hizo nada para ayudarlo.

Luego pasó otro hombre muy religioso. Era un levita que servía en el templo de Jerusalén. ¿Se detendría para ayudar al herido?... No. El levita hizo lo mismo que el sacerdote.

Por último, apareció un samaritano. ¿Puedes verlo acercándose por el camino?... El viajero vio que el judío estaba tirado en el suelo, muy lastimado. Lo cierto es que la mayoría de los samaritanos y los judíos no se llevaban bien (Juan 4:9). Así que, ¿se marcharía aquel samaritano sin ayudar al hombre? ¿Pensaría: “No tengo por qué ayudar a este judío. Él no me ayudaría si yo estuviera herido”?

Bueno, el samaritano miró al hombre que estaba tirado al lado del camino y le dio mucha lástima. No podía dejarlo allí para que muriera. Así que se bajó del animal en el que iba montado, se acercó al judío y comenzó a curarle las heridas con aceite y vino. Después se las vendó.

El samaritano lo subió con cuidado en el animal que llevaba. Entonces siguió el camino lentamente hasta que llegaron a una posada, o pequeño hotel. El samaritano alquiló una habitación para el herido y se encargó de cuidarlo.

Cuando terminó el relato, Jesús le preguntó al hombre con quien hablaba: `¿Quién de estos tres te parece que demostró ser su prójimo?'. ¿Tú qué dirías? ¿Fue el sacerdote, el levita, o el samaritano?...

El hombre contestó: `Su prójimo fue el que se detuvo y lo ayudó'. Jesús dijo: `Tienes razón. Anda y haz tú lo mismo' (Lucas 10:25-37).

¿No es una historia excelente? Nos explica de forma clara quién es nuestro prójimo. No son solo nuestros mejores amigos o las personas que tienen nuestro mismo color de piel o hablan el mismo idioma. Jesús nos enseñó a mostrar bondad a todos, sin importar de dónde sean, qué apariencia tengan o el idioma que hablen.

Jehová es así. No tiene prejuicios. Jesús dijo: `Su padre que está en el cielo hace que salga el sol sobre buenos y malos, y hace que llueva para justos e injustos'. Así que debemos mostrar bondad a todo el mundo, igual que hace Dios (Mateo 5:44-48).

Por eso, si ves a alguien herido, ¿qué harás?... ¿Y si es de otro país, o el color de su piel es diferente al tuyo? Aun así es tu prójimo, y deberías ayudarle. Si crees que no puedes hacerlo solo, pídele ayuda a un adulto. Puedes llamar a un policía o a un maestro. Eso es ser bondadoso, tal como lo fue el samaritano.

El Gran Maestro quiere que mostremos bondad y que ayudemos a otros, sin importar quiénes sean. Por eso nos contó la historia del buen samaritano.

Aprenderemos más sobre mostrar bondad a otros sin importar su raza o nacionalidad en Proverbios 19:22; Hechos 10:34, 35, y 17:26.

27 de Abril. Lectura de la Biblia: Éxodo 19 a 22

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes Éxodo 19 a 22

Respuestas a preguntas bíblicas:

20:5. ¿En qué sentido trae Jehová “castigo por el error de padres” sobre las generaciones posteriores? Cuando la persona se convierte en un adulto responsable, se le juzga según su propia conducta y actitud. Sin embargo, cuando la nación de Israel se entregó a la idolatría, sufrió las consecuencias durante generaciones. Incluso los israelitas fieles sintieron el efecto de la desobediencia religiosa de sus contemporáneos, ya que su influencia les hacía difícil mantenerse íntegros.

20:1-23:33. Jehová es el Legislador supremo. Cuando los israelitas obedecían Sus leyes, estas hacían posible que adoraran a Jehová de manera ordenada y gozosa. Jehová tiene una organización teocrática hoy día. Si cooperamos con ella, disfrutaremos de felicidad y seguridad.

4 de Mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 23 a 26

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 24:1-18

Núm. 2: ¿Qué es lo más importante? (Ir cap. 16)

Núm. 3: ¿Qué identifica a los cristianos verdade­ros de hoy? (rs pág. 100 § 1-5)

Puntos Sobresalientes Éxodo 23 a 26

23:19; 34:26. ¿Qué significaba el mandato de no hervir un cabrito en la leche de su madre? Parece que hervir un cabrito en la leche de su madre era un rito pagano que se observaba para que lloviera. Además, puesto que la leche de la madre era para que alimentara a su cría, hervir a esta en esa leche sería cruel. Dicha ley enseñó al pueblo de Dios que debían ser compasivos.

23:20-23. ¿Quién era el ángel que se menciona aquí, y en qué sentido estaba el nombre de Jehová “dentro de él”? Es probable que este ángel fuera Jesús en su forma prehumana. Se le utilizó para dirigir a los israelitas hacia la Tierra Prometida (1 Corintios 10:1-4). El nombre de Jehová está “dentro de” Jesús en el sentido de que él sobresale en sostener y santificar el nombre de su Padre.

20:1-23:33. Jehová es el Legislador supremo. Cuando los israelitas obedecían Sus leyes, estas hacían posible que adoraran a Jehová de manera ordenada y gozosa. Jehová tiene una organización teocrática hoy día. Si cooperamos con ella, disfrutaremos de felicidad y seguridad.

Núm. 1: Éxodo 24:1-18

Núm. 2: ¿Qué es lo más importante? (Ir cap. 16)

Capítulo 16

¿Qué es lo más importante?

EN CIERTA ocasión, un hombre fue a ver a Jesús, pues sabía que era muy sabio, y le pidió: `Maestro, dile a mi hermano que divida conmigo la herencia'. El hombre pensaba que él también tenía derecho a ella.

Si tú hubieras sido el Gran Maestro, ¿qué le habrías dicho?... Jesús comprendió que aquel hombre tenía un problema: no era que necesitara parte de la herencia de su hermano, sino que no sabía qué era lo más importante en la vida.

Pensemos en esto: ¿qué debería ser lo más importante para nosotros? ¿Tener los juguetes que nos gustan, ropa nueva y ese tipo de cosas?... No. Jesús quería enseñar la lección de que hay algo mucho más importante. Por eso relató la historia de un hombre que se olvidó de Dios. ¿Te gustaría escucharla?...

Se trataba de un hombre muy rico que poseía tierras y graneros. Había recogido una gran cosecha y no tenía sitio en sus graneros para guardarla. ¿Qué decidió hacer entonces? Se dijo: `Derribaré mis graneros viejos y construiré otros más grandes. Así podré guardar toda la cosecha y todos mis bienes en los graneros nuevos'.

El hombre rico pensó que hacerlo así era lo mejor, que era muy inteligente al guardar tantos bienes. Pensó: `Tengo almacenadas muchas cosas buenas, que me durarán muchos años. Así que ahora puedo tomarme la vida con calma. Voy a comer, beber y divertirme'. Pero su forma de razonar estaba equivocada. ¿Sabes por qué?... Porque solo pensaba en sí mismo y en su propio placer, y se había olvidado de Dios.

Por ello, Dios habló con él y le dijo: `¡Qué insensato eres! Vas a morir esta noche, y ¿quién tendrá entonces las cosas que guardaste?'. ¿Podía el rico usar esas cosas después de morirse?... No, otras personas se quedarían con ellas. Jesús explicó: “Así pasa con el hombre que atesora para sí, pero no es rico para con Dios” (Lucas 12:13-21).

Tú no quieres ser como aquel rico, ¿verdad?... Para él, lo más importante en la vida era conseguir bienes materiales. Ese fue su error, siempre quería más, pero no era “rico para con Dios”.

Muchas personas son como aquel hombre, siempre quieren más. Sin embargo, eso puede causarles muchos problemas. Por ejemplo, tú tienes juguetes, ¿no es así?... ¿Puedes decirme cuáles son?... ¿Qué pasa si alguno de tus amigos tiene una pelota, una muñeca u otro juguete que tú no tienes? ¿Estaría bien que les pidieras a tus padres una y otra vez que te compraran uno igual?...

A veces, un juguete parece algo muy importante. Pero ¿qué pasa con él después de un tiempo?... Se estropea. Tal vez se rompa y entonces ya no lo quieras más. En realidad, tú posees algo mucho más valioso que los juguetes. ¿Sabes qué es?...

La vida. La vida es lo más importante porque sin ella no puedes hacer nada. Pero tu vida depende de que hagas lo que le agrada a Dios, ¿no es cierto?... Por eso no debemos ser como aquel rico insensato que se olvidó de Dios.

Los niños no son los únicos que hacen cosas insensatas como aquel hombre. Muchos adultos también las hacen. Algunos siempre quieren tener más posesiones. Quizás tengan alimento para cada día, ropa que ponerse y un lugar donde vivir. Pero no se conforman: quieren mucha más ropa y casas más grandes. Todo eso cuesta dinero. Así que trabajan mucho para ganarlo, y cuanto más dinero tienen, más quieren tener.

Algunos adultos trabajan tanto para ganar dinero que no les queda tiempo para dedicarlo a su familia ni tampoco a Dios. ¿Puede mantenerlos vivos su dinero?... No. ¿Pueden usar su dinero después de morirse?... No, porque los muertos no pueden hacer nada en absoluto (Eclesiastés 9:5, 10).

¿Significa eso que es malo tener dinero?... No. Con el dinero podemos comprar alimentos y ropa. La Biblia dice que sirve de protección (Eclesiastés 7:12). Pero si amamos el dinero, entonces sí tendremos problemas. Seremos como el hombre rico que guardó tesoros para sí mismo, pero no fue rico para con Dios.

¿Qué quiere decir ser rico para con Dios?... Poner a Dios en primer lugar en la vida. Algunas personas afirman que creen en Dios y piensan que con eso basta. Pero ¿son realmente ricas para con él?... No, son como el rico que se olvidó de Dios.

Jesús nunca se olvidó de su Padre celestial. No intentó ganar mucho dinero ni tuvo muchas cosas materiales. Jesús sabía qué era lo más importante en la vida. ¿Sabes tú qué es?... Ser rico para con Dios.

¿Cómo piensas que podemos ser ricos para con Dios?... Pues haciendo lo que le agrada. Jesús dijo: “Siempre hago las cosas que le agradan” (Juan 8:29). Y eso le gusta a Dios. Ahora, dime, ¿qué puedes hacer tú para agradarle?... Leer la Biblia, ir a las reuniones cristianas, orar a Dios y ayudar a otras personas a que aprendan de él. Esas cosas son las más importantes en la vida.

Jesús era rico para con Dios, y por eso Jehová lo cuidó. Lo recompensó con vida eterna. Si somos como Jesús, Jehová nos amará y nos cuidará también a nosotros. Por lo tanto, imitemos a Jesús, y nunca al hombre rico que se olvidó de Dios.

A continuación aparecen algunos textos bíblicos que nos muestran cómo tener el punto de vista apropiado sobre las cosas materiales: Proverbios 23:4; 28:20; 1 Timoteo 6:6-10, y Hebreos 13:5.

Núm. 3: ¿Qué identifica a los cristianos verdade­ros de hoy? (rs pág. 100 § 1-5)

¿Se identifica a los cristianos verdaderos hoy día por el poder de efectuar curaciones milagrosas?

Juan 13:35: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre ustedes mismos.” (Esto es lo que dijo Jesús. Si verdaderamente creemos lo que él dijo, buscaremos la manifestación de amor, no de curaciones milagrosas, como prueba del cristianismo verdadero.)

Hech. 1:8: “Recibirán poder cuando el espíritu santo llegue sobre ustedes, y serán testigos de mí [...] hasta la parte más lejana de la tierra.” (Precisamente antes de dejar a sus apóstoles para regresar al cielo, Jesús les dijo que esta obra, y no el curar, sería la obra vital que habrían de hacer. Véase también Mateo 24:14; 28:19, 20.)

1 Cor. 12:28-30: “Dios ha colocado a las personas respectivas en la congregación, primero, apóstoles; segundo, profetas; tercero, maestros; luego obras poderosas; luego dones de curaciones; servicios de ayudar, habilidades para dirigir, diferentes lenguas. No todos son apóstoles, ¿verdad? No todos son profetas, ¿verdad? No todos son maestros, ¿verdad? No todos ejecutan obras poderosas, ¿verdad? No todos tienen dones de curaciones, ¿verdad?” (Así, la Biblia muestra claramente que no todos los cristianos verdaderos habrían de tener el don de curación.)

¿No indica Marcos 16:17, 18 que la facultad de curar a los enfermos sería una marca de identificación de los creyentes?

Mar. 16:17, 18: VV (1904): “Estas señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios: hablarán nuevas lenguas: Alzarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán.”

Estos versículos aparecen en ciertos manuscritos y versiones de la Biblia de los siglos V y VI E.C. Pero no aparecen en los manuscritos griegos más antiguos, el Sinaítico y el Vaticano 1209 del siglo IV. El doctor B. F. Westcott, autoridad en manuscritos de la Biblia, declaró que “los versículos [...] no son parte de la narración original, sino un apéndice” (An Introduction to the Study of the Gospels [Introducción al estudio de los Evangelios], Londres, 1881, pág. 338). En el quinto siglo, Jerónimo, traductor de la Biblia, dijo que “en casi todos los códices griegos falta este pasaje” (The Last Twelve Verses of the Gospel According to S. Mark [Los últimos doce versículos del Evangelio según S. Marcos], Londres, 1871, J. W. Burgon, pág. 53). La New Catholic Encyclopedia, (1967), dice: “Su vocabulario y estilo difieren tan radicalmente del resto del Evangelio que parece casi imposible que Marcos mismo lo haya compuesto [a saber, los versículos 9-20]” (tomo IX, pág. 240). No hay ninguna constancia de que los cristianos primitivos hayan bebido veneno ni manejado serpientes para probar que eran creyentes.

11 de Mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 27 a 29

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 29:1-18

Núm. 2: Cómo ser feliz (Ir cap. 17)

Núm. 3: * Los peligros de la lealtad equivocada

Puntos Sobresalientes Éxodo 27 a 29

Ws.15/11/06 pág 4 - 8

`Una casa al nombre de Dios'

El libro bíblico de Éxodo recoge las primeras instrucciones de Dios para la construcción de un centro de culto. Jehová Dios ordenó a su pueblo escogido —Israel— que construyera “el tabernáculo”, o “tienda de reunión”, donde debían guardarse el arca del pacto y diversos utensilios sagrados. Cuando concluyó la obra, en 1512 antes de la era común, “la gloria de Jehová llenó el tabernáculo”. Por más de cuatro siglos, aquella tienda portátil desempeñó un papel fundamental en la adoración que se rendía de forma organizada a Jehová (Éxodo, capítulos 25-27; 40:33-38). La Biblia también denomina dicha tienda “templo de Jehová” y “casa de Jehová” (1 Samuel 1:9, 24).

Más tarde, siendo rey en Jerusalén, David expresó su anhelo de construir una casa permanente para la gloria de Jehová. Sin embargo, como había sido un hombre de guerra, Dios le dijo: “No edificarás una casa a mi nombre”. En su lugar, Él escogió a un hijo de David, Salomón, para que la edificara (1 Crónicas 22:6-10). Salomón inauguró el templo en 1026 a.E.C., tras siete años y medio de trabajos de construcción. El templo contaba con la aprobación de Jehová, como lo indican las siguientes palabras: “He santificado esta casa que has edificado mediante poner allí mi nombre hasta tiempo indefinido; y mis ojos y mi corazón ciertamente resultarán estar allí siempre” (1 Reyes 9:3). Si los israelitas permanecían fieles, aquella casa tendría el favor de Jehová. Pero si se desviaban del buen camino, él retiraría de ella su protección y esta `llegaría a ser montones de ruinas' (1 Reyes 9:4-9; 2 Crónicas 7:16, 19, 20).

Con el correr del tiempo, los israelitas se apartaron de la adoración verdadera (2 Reyes 21:1-5). “De modo que [Jehová] hizo subir contra ellos al rey de los caldeos, que procedió [...] a quemar la casa del Dios verdadero y a demoler el muro de Jerusalén; y quemaron con fuego todas sus torres de habitación y también todos sus objetos deseables, a fin de causar ruina. Además, a los que quedaron de la espada se los llevó cautivos a Babilonia, y llegaron a ser siervos para él y sus hijos.” La Biblia indica que este suceso tuvo lugar en el año 607 a.E.C. (2 Crónicas 36:15-21; Jeremías 52:12-14).

Sin embargo, como predijo el profeta Isaías, Dios utilizó al rey persa Ciro para liberar de la potencia babilonia a los judíos (Isaías 45:1). En 537 a.E.C., tras setenta años de exilio, estos regresaron a Jerusalén con el propósito de reconstruir el templo (Esdras 1:1-6; 2:1, 2; Jeremías 29:10). Pese a que la obra sufrió algunos retrasos, finalmente se terminó en 515 a.E.C. y se reinstauró la adoración pura de Dios. Aunque la nueva edificación no poseía el esplendor del templo de Salomón, permaneció en pie durante casi seiscientos años. Sin embargo, este templo también acabó deteriorándose, ya que los israelitas abandonaron la adoración de Jehová. Cuando Jesucristo vino a la Tierra, se estaba reparando el edificio por orden del rey Herodes. ¿Qué futuro le aguardaba al templo?

`No se dejará piedra sobre piedra'

Aludiendo al templo de Jerusalén, Jesús dijo a sus discípulos: “De ningún modo se dejará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada” (Mateo 24:1, 2). En conformidad con estas palabras, el lugar que había sido durante siglos el centro de la adoración a Dios fue destruido en 70 E.C. por los soldados romanos, que habían acudido a sofocar la sublevación de los judíos. Nunca se reconstruyó. En el siglo VII, en el lugar que antes ocupaba el templo judío, se erigió el santuario musulmán conocido como la Cúpula de la Roca, que sigue allí hasta el día de hoy.

¿Cómo debían adorar a Dios los seguidores de Jesús? ¿Seguirían los cristianos de origen judío acudiendo al templo, que estaba a punto de ser destruido? ¿Dónde se reunirían los cristianos no judíos? ¿Reemplazarían posteriormente al templo los edificios religiosos de la cristiandad? La conversación que mantuvo Jesús con una mujer samaritana arroja luz sobre este asunto.

Durante siglos, los samaritanos adoraron a Dios en un enorme templo que se encontraba en el monte Guerizim (Samaria). “Nuestros antepasados adoraron en esta montaña —dijo a Jesús la samaritana—; pero ustedes dicen que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.” En respuesta, Jesús dijo: “Créeme, mujer: La hora viene cuando ni en esta montaña ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre”. Ya no harían falta templos físicos para adorar a Jehová, pues Jesús explicó: “Dios es un Espíritu, y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con verdad” (Juan 4:20, 21, 24). Posteriormente, el apóstol Pablo dijo a los atenienses: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, siendo, como es Este, Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos de manos” (Hechos 17:24).

Es evidente que los edificios religiosos de la cristiandad no guardan ninguna relación con el antiguo templo de la era precristiana y que los cristianos del siglo primero no tenían por qué erigir tales edificaciones. Sin embargo, tal y como se había predicho, al morir los apóstoles, se produjo una desviación de las enseñanzas verdaderas, a saber, la apostasía (Hechos 20:29, 30). Años antes de que el emperador romano Constantino se “convirtiera” al cristianismo en 313 E.C., los llamados cristianos comenzaron a apartarse de las enseñanzas de Jesús.

Constantino contribuyó a la fusión del “cristianismo” con la religión pagana de los romanos. The Encyclopædia Britannica comenta: “Constantino mandó construir en Roma tres enormes basílicas cristianas: San Pedro, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán. [...] Inició la edificación de basílicas de planta cruciforme, estructura que adoptaron generalmente las iglesias de Europa occidental durante la Edad Media”. La basílica reconstruida de San Pedro, en Roma, sigue considerándose el edificio religioso más importante de la Iglesia Católica.

“La Iglesia adoptó algunas costumbres y elementos religiosos comunes en la Roma precristiana [pagana]”, dice el historiador Will Durant, entre ellos “la arquitectura de la basílica”. Del siglo X al XV se erigieron infinidad de iglesias y catedrales concediendo gran importancia a su estructura arquitectónica. Fue entonces cuando se levantaron muchos de los edificios de la cristiandad que hoy se consideran monumentos artísticos.

¿Encuentra siempre la gente consuelo y estímulo espiritual en una iglesia? “Para mí, la iglesia representaba todo lo aburrido y tedioso de la religión —cuenta Francisco, de Brasil—. La misa era una ceremonia repetitiva y carente de sentido que no satisfacía mis verdaderas necesidades. Cuando acababa, era una liberación.” Ahora bien, puesto que los cristianos verdaderos han recibido el mandato de reunirse, ¿dónde deben hacerlo y en qué han de consistir sus reuniones?

`La congregación que está en su casa'

Examinar dónde y cómo se celebraban las reuniones cristianas del siglo primero nos permitirá contar con un patrón a seguir en la actualidad. Las Escrituras señalan que los cristianos normalmente se reunían en hogares privados. Por ejemplo, el apóstol Pablo escribió: “Den mis saludos a Prisca y a Áquila mis colaboradores en Cristo Jesús, y saluden a la congregación que está en casa de ellos” (Romanos 16:3, 5; Colosenses 4:15; Filemón 2). La palabra griega para “congregación” (ek·klē·sí·a) se traduce “iglesia” en algunas versiones españolas, como la Reina-Valera. Pero el término alude a un grupo de personas que se reúne con un propósito común, no a un edificio (Hechos 8:1; 13:1). Por tanto, los cristianos verdaderos no necesitan adorar a Dios en edificios religiosos ornamentados.

¿En qué consistían las reuniones del siglo primero? El discípulo Santiago se refiere a ellas utilizando una forma de la palabra griega sy·na·gō·guḗ, que significa “reunión” y se usaba indistintamente con ek·klē·sí·a (Santiago 2:2, nota). Con el tiempo, el vocablo sinagoga había llegado a designar el edificio donde se celebraban reuniones o asambleas. Los cristianos judíos estaban bien familiarizados con lo que sucedía en aquellos lugares.

Si bien los judíos acudían al templo de Jerusalén para sus fiestas anuales, las sinagogas constituían centros educativos locales donde podían aprender acerca de Jehová y estudiar la Ley. Parece ser que en las sinagogas se solía orar, leer y comentar las Escrituras, y exhortar a los presentes. Por ejemplo, cuando Pablo y sus acompañantes entraron en una sinagoga de Antioquía, “los presidentes de la sinagoga enviaron a decirles: `Varones, hermanos, si tienen alguna palabra de estímulo para el pueblo, díganla'” (Hechos 13:15). Las reuniones que los cristianos judíos de aquel entonces celebraban en hogares privados se conducían, sin duda, de modo similar, y eran igualmente instructivas y edificantes en sentido espiritual.

Reuniones animadoras

Al igual que los primeros cristianos, los testigos de Jehová se reúnen en edificios sencillos donde reciben instrucción bíblica y disfrutan de compañerismo edificante. Durante muchos años se reunieron solo en hogares privados, y así siguen haciéndolo en algunos sitios. Sin embargo, el principal lugar de reunión de las más de noventa mil congregaciones de la actualidad son los Salones del Reino. Estos recintos no son ostentosos ni parecen iglesias. Son prácticos y modestos, y en ellos se reúnen todas las semanas congregaciones de cien o hasta doscientas personas con el fin de escuchar la Palabra de Dios y aprender de ella.

Casi todas las congregaciones de testigos de Jehová se reúnen tres veces por semana. En una de sus reuniones se presenta un discurso público sobre un asunto de interés actual y a continuación se estudia un tema o una profecía de la Biblia con ayuda de la revista La Atalaya. En otra reunión se imparte un curso que enseña a comunicar el mensaje bíblico. Enseguida tiene lugar otra reunión que se centra principalmente en ofrecer consejos prácticos para mejorar en el ministerio cristiano. Por último, los Testigos se reúnen semanalmente en hogares privados para estudiar la Biblia en pequeños grupos. Todas estas reuniones se hallan abiertas al público y en ellas nunca se hacen colectas.

Francisco, mencionado antes, descubrió que las reuniones que se celebran en el Salón del Reino son muy beneficiosas. Relata: “La primera reunión a la que asistí tuvo lugar en un local acogedor de la zona céntrica y me causó muy buena impresión. Los asistentes eran agradables y percibí el amor que se tenían. Estaba deseando volver. De hecho, no he faltado a las reuniones desde entonces. Son muy animadoras y satisfacen mi necesidad espiritual. Voy al Salón del Reino incluso cuando me siento decaído por alguna razón, pues sé que regresaré a casa mucho más animado”.

Usted también podrá beneficiarse de la educación bíblica, el compañerismo edificante y la oportunidad de alabar a Dios que ofrecen las reuniones cristianas de los testigos de Jehová. Le invitamos cordialmente a visitar el Salón del Reino más cercano a su hogar; no se decepcionará.

Núm. 1: Éxodo 29:1-18

Núm. 2: Cómo ser feliz (Ir cap. 17)

Capítulo 17

Cómo ser feliz

TODOS queremos ser felices, ¿no es cierto?... Pero no hay muchas personas que lo sean de verdad. ¿Sabes por qué?... Porque no han aprendido el secreto de la felicidad. Piensan que para lograrla hay que tener muchas cosas. Pero cuando las tienen, su felicidad no dura.

El Gran Maestro nos aclaró cuál era este importante secreto: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Entonces, ¿cómo seremos felices?... Dando a otros y haciendo cosas por ellos. ¿Lo sabías?...

Pensemos un poco más en lo que esto significa. ¿Dijo Jesús que la persona que recibiera un regalo no se sentiría feliz?... No, no dijo eso. ¿Verdad que te gusta recibir regalos?... A todo el mundo le gusta. Nos sentimos felices cuando nos dan cosas bonitas.

Pero Jesús dijo que sentimos aún más felicidad cuando somos nosotros los que damos. ¿Quién crees tú que es la persona que ha dado más regalos que nadie a los demás?... Claro que sí, Jehová Dios.

La Biblia dice que Dios “da a toda persona vida y aliento y todas las cosas”. Nos da la lluvia y la luz del sol para que las plantas crezcan y tengamos alimentos (Hechos 14:17; 17:25). No es de extrañar que la Biblia llame a Jehová el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Dar a los demás es una de las cosas que hacen feliz a Dios, y también puede hacernos felices a nosotros.

Pues bien, ¿qué podemos dar a otras personas? ¿Tú qué dirías?... A veces un regalo cuesta dinero. Si es algo que se compra en una tienda, hay que pagarlo. Por eso, si estás pensando en ese tipo de regalo, tienes que ahorrar hasta conseguir suficiente dinero para comprarlo.

Pero no todos los regalos tienen que ser de la tienda. Por ejemplo, un vaso de agua fría viene muy bien en un día caluroso. Si le das ese regalo a una persona que tiene sed, sentirás la felicidad que proviene de dar.

Tal vez un día te diviertas haciendo galletitas con tu mamá. Pero ¿qué te haría más feliz que comértelas todas tú solo?... Regalarle algunas a un amigo o amiga. ¿Te gustaría hacerlo?...

Tanto el Gran Maestro como sus apóstoles sintieron la felicidad que proviene de dar. ¿Sabes qué dieron a otras personas?... Lo mejor que existe. Conocían las buenas nuevas, las verdades que habían aprendido acerca de Dios, y con gusto hablaron de ellas sin dejar que nadie les diera dinero a cambio.

En cierta ocasión, el apóstol Pablo y su buen amigo, el discípulo Lucas, conocieron a una mujer que también deseaba sentir la felicidad que hay en dar. La encontraron junto a un río al que fueron porque habían oído que era un lugar donde se oraba a Dios. Y así era; cuando llegaron, encontraron varias mujeres orando.

Pablo comenzó a hablarles a aquellas mujeres sobre las buenas nuevas de Jehová Dios y su Reino. Una de ellas, llamada Lidia, prestó mucha atención. Después, Lidia quiso demostrar su aprecio por las buenas nuevas que acababa de escuchar. Por eso rogó a Pablo y a Lucas: “Si ustedes me han juzgado fiel a Jehová, entren en mi casa y quédense”. Y de esa forma los hizo quedarse en su hogar (Hechos 16:13-15).

Lidia estaba encantada de tener a aquellos siervos de Dios en su casa. Los amaba porque la habían ayudado a aprender sobre Jehová y Jesús, y sobre cómo conseguir vida eterna. Se alegraba de poder ofrecer a Pablo y a Lucas comida y un lugar donde descansar. Lidia se sintió feliz al dar porque lo hizo de corazón. Eso es algo que todos debemos recordar. Tal vez alguien nos diga que tenemos que hacer un regalo. Pero si no damos de corazón, no nos sentiremos felices.

Por ejemplo, si tuvieras unas golosinas que te quisieras comer y yo te dijera que le dieras algunas a otro niño, ¿te alegrarías de dárselas?... Pero ¿y si fuera un amigo al que quieres mucho? Si hubiera sido idea tuya compartir las golosinas con tu amigo, ¿no te sentirías feliz?...

A veces amamos tanto a una persona que queremos darle todo lo que tenemos, sin guardarnos nada. Cuando crece nuestro amor por Dios, también queremos darle todo.

El Gran Maestro vio en el templo de Jerusalén a una mujer pobre que quería a Dios de esa manera. Todo lo que ella tenía eran dos moneditas, pero las echó en la caja de contribuciones como regalo para el templo. Nadie la obligó a echarlas, y la mayoría de los que estaban allí ni siquiera la vieron. Lo hizo porque así lo deseaba y porque amaba mucho a Jehová. Se sentía feliz de poder dar (Lucas 21:1-4).

Hay muchas formas de dar. ¿Puedes decirme algunas?... Si damos porque realmente queremos hacerlo, seremos felices. Por esa razón, el Gran Maestro nos manda que seamos generosos (Lucas 6:38). Si le obedecemos, haremos felices a otras personas. Y nosotros seremos más felices todavía.

Leamos algo más sobre la felicidad que sentimos al dar en Mateo 6:1-4; Lucas 14:12-14, y 2 Corintios 9:7.

Núm. 3: * Los peligros de la lealtad equivocada

Servicio leal con la organización de Jehová

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“Con alguien leal tú actuarás en lealtad.” (2 SAMUEL 22:26.)

UN ANCIANO prepara un discurso para una reunión cristiana tarde por la noche. Quisiera pausar y descansar; pero sigue trabajando, buscando ilustraciones y ejemplos bíblicos que lleguen al corazón y animen al rebaño. A unos agotados padres de esa misma congregación les apetecería quedarse en casa la noche de la reunión; sin embargo, preparan con paciencia a sus hijos y van a la congregación. Al terminar la reunión, un grupo de cristianos hablan sobre el discurso que ha presentado el anciano. Una hermana se siente tentada a decir que en una ocasión este hermano hirió sus sentimientos; en cambio, habla con entusiasmo sobre una de las ideas que presentó. ¿Percibe el denominador común de estos marcos hipotéticos?

2 El denominador común es la lealtad. El anciano trabaja lealmente para servir al rebaño de Dios; los padres asisten lealmente a las reuniones de la congregación; la hermana apoya lealmente a los ancianos. (Hebreos 10:24, 25; 13:17; 1 Pedro 5:2.) En efecto, en todos los aspectos de la vida vemos a los adoradores de Jehová resueltos a servir lealmente con Su organización.

3 Cuando Jehová observa este mundo corrupto, ve muy poca lealtad. (Miqueas 7:2.) Así que su corazón debe regocijarse mucho al contemplar la lealtad de su pueblo. Sí, nuestra propia lealtad le resulta placentera. Sin embargo, encoleriza a Satanás, el rebelde original, y prueba que es un mentiroso. (Proverbios 27:11; Juan 8:44.) Podemos esperar que Satanás intente socavar nuestra lealtad a Jehová y a Su organización terrestre. Veamos algunos medios que utiliza. De este modo entenderemos mejor cómo ser leales hasta el fin. (2 Corintios 2:11.)

Centrarse en las imperfecciones puede erosionar la lealtad

4 Cuando un hermano ocupa una posición de responsabilidad, sus faltas pueden parecer más evidentes. Es muy fácil criticar `la paja que hay en el ojo de nuestro hermano y no tomar en cuenta la viga que hay en el nuestro'. (Mateo 7:1-5.) Ahora bien, concentrarse en las faltas puede engendrar deslealtad. Para ilustrarlo: analice el contraste entre Coré y David. Coré tenía mucha responsabilidad, y posiblemente fue leal por muchos años, pero se hizo ambicioso. Se resintió por la autoridad de sus primos, Moisés y Aarón. Aunque Moisés era el hombre más manso, es probable que Coré empezara a verlo con ojos críticos. Posiblemente halló faltas en él. Sin embargo, esas faltas no justificaban la deslealtad de Coré a la organización de Jehová. Fue muerto y desapareció de en medio de la congregación. (Números 12:3; 16:11, 31-33.)

5 David, por otra parte, sirvió bajo el rey Saúl. Este había sido un buen rey, pero se hizo inicuo. David necesitó fe, aguante e incluso cierto ingenio para sobrevivir a los ataques celosos de Saúl. No obstante, cuando David tuvo la oportunidad de vengarse, dijo que sería `inconcebible, desde el punto de vista de Jehová', cometer un acto desleal contra alguien al que Jehová había ungido. (1 Samuel 26:11.)

6 Cuando algunos de los que llevan la delantera entre nosotros parece que yerran en su juicio, hablan con palabras ásperas o muestran favoritismo, ¿nos quejamos de ellos, contribuyendo posiblemente a un espíritu crítico en la congregación? ¿Dejaremos de asistir a las reuniones cristianas como forma de protesta? Por supuesto que no. Al igual que David, nunca debemos permitir que las faltas ajenas nos hagan ser desleales a Jehová y su organización. (Salmo 119:165.)

7 El mayor ejemplo humano de lealtad fue Jesucristo, a quien se llama proféticamente el “leal” de Jehová. (Salmo 16:10.) La corrupción que se había instaurado en el templo de Jerusalén debió poner a prueba su lealtad. Jesús sabía que la función del sumo sacerdote y los sacrificios prefiguraban su propio ministerio y sacrificio, y sabía lo importante que era que la gente aprendiera acerca de estos. De modo que se indignó con justicia cuando vio que habían convertido el templo en una “cueva de salteadores”. Con la autoridad que Dios le había otorgado, tomó medidas para limpiarlo en dos ocasiones. (Mateo 21:12, 13; Juan 2:15-17.)

8 No obstante, Jesús apoyó lealmente el templo. Desde su niñez, asistió a las fiestas que se celebraban en él y a menudo enseñó en su recinto. Incluso pagó el impuesto del templo, aunque en realidad no estaba obligado a hacerlo. (Mateo 17:24-27.) Jesús encomió a la viuda pobre porque echó “todo lo que tenía para vivir” en las arcas de la tesorería. Poco tiempo después Jehová rechazó permanentemente aquel templo. Pero hasta entonces, Jesús fue leal a él. (Marcos 12:41-44; Mateo 23:38.) La actual organización terrestre de Dios es muy superior al sistema judío con su templo. Es cierto que no es perfecta; por eso a veces se hacen modificaciones. Pero ni está plagada de corrupción ni Jehová Dios está a punto de reemplazarla. Nunca debemos permitir que las imperfecciones que percibimos en ella nos amarguen o nos lleven a adoptar un espíritu crítico y negativo; antes bien, imitemos la lealtad de Jesucristo. (1 Pedro 2:21.)

Nuestras propias imperfecciones

9 Satanás también intenta promover la deslealtad explotando nuestras imperfecciones. Su sistema de cosas se aprovecha de nuestras debilidades y nos tienta a hacer lo que es impropio a los ojos de Jehová. Lamentablemente, todos los años miles de cristianos sucumben a la inmoralidad. Algunos agravan esta deslealtad llevando una doble vida, es decir, pretendiendo ser cristianos fieles a la vez que practican el mal. En respuesta a los artículos de la serie “Los jóvenes preguntan...” de la revista ¡Despertad! que trataron este tema, una joven escribió: “Los artículos son mi biografía”. Había cultivado en secreto amistad con jóvenes que no amaban a Jehová. ¿Con qué resultado? Ella escribe: “Me hundí hasta el fondo, mi comportamiento fue inmoral y tuvieron que censurarme. Mi relación con Jehová sufrió, y perdí la confianza de mis padres y de los ancianos”.

10 Esta joven recibió la ayuda de los ancianos y regresó al servicio leal de Jehová. No obstante, las consecuencias para muchos son más trágicas, y nunca vuelven al redil. ¡Cuánto mejor es seguir leal y resistir la tentación en este mundo inicuo! Presta atención a las advertencias de las revistas La Atalaya y ¡Despertad! en asuntos como las compañías mundanas y el entretenimiento degradante. No incurras nunca en conducta desleal. Pero si te sucede, jamás pretendas ser lo que no eres. (Salmo 26:4.) Al contrario, pide ayuda. Para eso están los padres cristianos y los ancianos. (Santiago 5:14.)

11 Nuestras imperfecciones pueden ponernos en peligro de otro modo. Algunos de los que incurren en un acto desleal dejan de esforzarse por agradar a Jehová. Recuerde: David cometió pecados muy graves. Sin embargo, mucho después de su muerte, Jehová lo recordó como un siervo fiel. (Hebreos 11:32; 12:1.) ¿Por qué? Porque nunca dejó de esforzarse por agradar a Jehová. Proverbios 24:16 dice: “Puede que el justo caiga hasta siete veces, y ciertamente se levantará”. Así que si incurrimos en pecados menores repetidamente debido a alguna debilidad contra la que estamos luchando, es posible que sigamos siendo justos a los ojos de Jehová si nos `levantamos' una y otra vez, es decir, nos arrepentimos sinceramente y reemprendemos el servicio leal. (Compárese con 2 Corintios 2:7.)

Cuídese de las formas sutiles de deslealtad

12 La deslealtad también adopta formas sutiles. Hasta puede hacerse pasar por lealtad. Por ejemplo, los fariseos del tiempo de Jesús probablemente pensaban que eran muy leales. Pero no entendieron la diferencia entre ser leales y seguir inflexiblemente normas humanas, pues se erigían en jueces rígidos y severos. (Compárese con Eclesiastés 7:16.) En realidad, fueron desleales a la gente a la que tenían que haber servido, al espíritu de la Ley que alegaban enseñar y a Jehová mismo. Jesús, por el contrario, fue leal al espíritu de la Ley, que estaba basada en el amor. Por ello, fortaleció y animó a la gente, tal como habían predicho las profecías mesiánicas. (Isaías 42:3; 50:4; 61:1, 2.)

13 Los cristianos que tienen cierta autoridad se benefician mucho del modelo de Jesús a este respecto. Por ejemplo, los padres leales saben que deben disciplinar a sus hijos. (Proverbios 13:24.) Sin embargo, se aseguran de no exasperarlos disciplinándolos severamente cuando están indignados o con un constante aluvión de críticas. Los hijos que piensan que nunca pueden complacer a sus padres o que les parece que la adoración de estos solo los hace negativos y críticos, pueden desanimarse y, con el tiempo, abandonar la fe verdadera. (Colosenses 3:21.)

14 De igual manera, los ancianos y superintendentes viajantes cristianos dan atención a los problemas y peligros a los que se enfrenta el rebaño. Como pastores leales, ofrecen consejo cuando es necesario, asegurándose de conocer primero todos los hechos y basando cuidadosamente lo que dicen en la Biblia y las publicaciones de la Sociedad. (Salmo 119:105; Proverbios 18:13.) Saben, también, que las ovejas cuentan con ellos para que las alimenten y edifiquen espiritualmente. De modo que intentan imitar a Jesucristo, el Pastor Excelente. Sirven lealmente a las ovejas semana tras semana en las reuniones cristianas, no derribándolas, sino edificándolas y fortaleciendo su fe. (Mateo 20:28; Efesios 4:11, 12; Hebreos 13:20, 21.)

15 Otra forma sutil de deslealtad es la lealtad equivocada. La verdadera lealtad en sentido bíblico no permite que antepongamos ninguna otra lealtad a la que debemos a Jehová Dios. Muchos judíos del siglo primero se atuvieron obstinadamente a la Ley mosaica y al sistema de cosas judío. Sin embargo, había llegado el momento de que Jehová retirara su bendición de aquella nación rebelde y la diera a la nación del Israel espiritual. Solo un número relativamente pequeño fue leal a Jehová y se adaptó a este cambio trascendental. Aun entre los cristianos verdaderos, algunos judaizantes insistieron en volver a aquellas “débiles y miserables cosas elementales” de la Ley mosaica, que se habían cumplido en Cristo. (Gálatas 4:9; 5:6-12; Filipenses 3:2, 3.)

16 A diferencia de aquellos, los siervos de Jehová de la actualidad han probado su lealtad en tiempos de cambio. El progresivo esclarecimiento de la luz de la verdad revelada trae consigo ciertas modificaciones. (Proverbios 4:18.) Recientemente, “el esclavo fiel y discreto” nos ayudó a entender mejor el término “generación”, que se usa en Mateo 24:34, y el tiempo del juicio de “las ovejas” y “las cabras” mencionadas en Mateo 25:31-46, así como lo que pensamos de ciertos tipos de servicio civil. (Mateo 24:45.) Sin duda, a algunos apóstatas les hubiera complacido que muchos testigos de Jehová se hubiesen adherido rígidamente al modo anterior de entender tales asuntos y no hubieran querido progresar. Pero no ha sucedido así. ¿Por qué? El pueblo de Jehová es leal.

17 Ahora bien, la cuestión de lealtades equivocadas puede afectarnos de manera más personal. Cuando un amigo querido o incluso un familiar opta por seguir un proceder que viola los principios bíblicos, es posible que nos parezca que nuestras lealtades se dividen. Es natural que seamos leales a nuestros familiares. Pero nunca deberíamos anteponer esta lealtad a la que le debemos a Jehová. (Compárese con 1 Samuel 23:16-18.) No debemos ayudar a la persona que yerra a ocultar un pecado serio ni ponernos de su parte contra los ancianos que intentan `reajustarlo con espíritu de apacibilidad'. (Gálatas 6:1.) Obrar así sería desleal a Jehová, a su organización y al ser querido. Si nos interponemos entre el pecador y la disciplina que necesita, en realidad estamos impidiendo que lo alcance una expresión del amor de Jehová. (Hebreos 12:5-7.) Recuerde, también, que “las heridas infligidas por uno que ama son fieles”. (Proverbios 27:6.) Es posible que el consejo franco y amoroso basado en la Palabra de Dios hiera el orgullo de un ser querido que ha errado, pero a la larga puede salvarle la vida.

La lealtad aguanta la persecución

18 A veces, Satanás ataca directamente nuestra lealtad. Considere el caso de Nabot. Cuando el rey Acab lo presionó para que vendiera su viña, él replicó: “Es inconcebible por mi parte, desde el punto de vista de Jehová, que yo te dé la posesión hereditaria de mis antepasados”. (1 Reyes 21:3.) Nabot no era testarudo, sino leal. La Ley mosaica prohibía que el israelita vendiera su tierra heredada a perpetuidad. (Levítico 25:23-28.) Nabot seguramente sabía que este rey cruel podía hacer que lo mataran, pues Acab ya había permitido que su esposa Jezabel diera muerte a muchos de los profetas de Jehová. Sin embargo, Nabot se mantuvo firme. (1 Reyes 18:4.)

19 La lealtad en ocasiones cuesta cara. Con la ayuda de algunos `hombres que no servían para nada', Jezabel acusó a Nabot de un delito que no había cometido. Como consecuencia, él y sus hijos fueron ejecutados. (1 Reyes 21:7-16; 2 Reyes 9:26.) ¿Significó esto que la lealtad de Nabot estaba equivocada? No. Nabot se cuenta entre los muchos hombres y mujeres que están `vivos' en la memoria de Jehová en estos momentos, durmiendo seguro en el sepulcro hasta el momento de la resurrección. (Lucas 20:38; Hechos 24:15.)

20 La misma promesa da seguridad a los leales de Jehová hoy en día. Sabemos que nuestra lealtad puede costarnos cara en este mundo. La lealtad le costó la vida a Jesucristo, y él dijo a sus seguidores que a ellos no se les trataría mejor. (Juan 15:20.) Tal como la esperanza respecto al futuro sostuvo a Jesús, de igual manera nos sostiene a nosotros. (Hebreos 12:2.) Así podemos ser leales ante cualquier forma de persecución.

21 Es cierto que relativamente pocos de nosotros sufrimos hoy estos ataques directos a nuestra lealtad. Pero es posible que el pueblo de Dios se enfrente a más persecución antes de que venga el fin. ¿Cómo podemos estar seguros de que vamos a ser leales? Siéndolo ahora. Jehová nos ha dado una gran comisión: predicar su Reino y enseñar acerca de él. Llevemos a cabo lealmente esta obra vital. (1 Corintios 15:58.) Si no permitimos que las imperfecciones humanas erosionen nuestra lealtad a la organización de Jehová y si nos guardamos de las formas sutiles de deslealtad, como las lealtades equivocadas, estaremos mejor preparados en el caso de que se someta nuestra lealtad a pruebas más severas. De cualquier manera, siempre podemos tener la seguridad de que Jehová es infaliblemente leal a sus siervos leales.(2 Samuel 22:26.) Sí, él guardará a los que le son leales. (Salmo 97:10.)

18 de Mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 30 a 33

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 31:1-18

Núm. 2: Por qué recibieron dones de curación los cristianos del siglo primero (rs pág. 101 § 1-pág. 102 § 1)

Núm. 3: ¿Te acuerdas de dar las gracias? (Ir cap. 18)

Puntos Sobresalientes Éxodo 30 a 33

32:1-8, 25-35. ¿Por qué no se castigó a Aarón por haber hecho el becerro de oro? En su corazón, Aarón no estaba de acuerdo con la adoración idolátrica. Posteriormente se unió a sus compañeros levitas al ponerse a favor de Dios y en contra de los que se opusieron a Moisés. Después que se destruyó a los culpables, Moisés recordó a los israelitas que ellos habían cometido un grave pecado, lo que indica que otros además de Aarón recibieron la misericordia de Jehová.

33:11, 20. ¿En qué sentido habló Dios “cara a cara” con Moisés? Esta expresión se refiere a una conversación íntima entre dos personas. Moisés habló con el representante de Dios y, mediante él, recibió las instrucciones divinas. Pero Moisés no vio a Jehová, dado que “ningún hombre puede ver[lo] y sin embargo vivir”. De hecho, Jehová no habló personalmente con Moisés. La Ley “fue transmitida mediante ángeles por mano de un mediador”, dice Gálatas 3:19.

Núm. 1: Éxodo 31:1-18

Núm. 2: Por qué recibieron dones de curación los cristianos del siglo primero (rs pág. 101 § 1-pág. 102 § 1)

¿Por qué se dieron dones, como la facultad de efectuar curaciones milagrosas, a los cristianos del primer siglo?

Heb. 2:3, 4: “¿Cómo escaparemos nosotros si hemos descuidado una salvación de tal grandeza siendo que empezó a ser hablada por medio de nuestro Señor y nos fue verificada por los que le oyeron, mientras Dios tomó parte en dar testimonio tanto con señales como con portentos y con diversas obras poderosas y con distribuciones de espíritu santo según su voluntad?” (Ciertamente aquí había prueba convincente de que la congregación cristiana, que para aquel entonces era nueva, en verdad era de Dios. Pero una vez que se estableciera plenamente ese hecho, ¿sería necesario probarlo vez tras vez?)

1 Cor. 12:29, 30; 13:8, 13: “No todos son profetas, ¿verdad? [...] No todos tienen dones de curaciones, ¿verdad? No todos hablan en lenguas, ¿verdad? [...] El amor nunca falla. Mas sea que haya dones de profetizar, serán eliminados; sea que haya lenguas, cesarán [...] Ahora, sin embargo, permanecen la fe, la esperanza, el amor, estos tres; pero el mayor de éstos es el amor.” (Cuando hubieran cumplido su propósito, estos dones milagrosos cesarían. Pero las cualidades inapreciables que son los frutos del espíritu de Dios todavía se manifestarían en la vida de los verdaderos cristianos.)

Con tal que se cure a la persona, ¿importa realmente cómo se efectúe la curación?

2 Tes. 2:9, 10: “La presencia del desaforado es según la operación de Satanás con toda obra poderosa [“toda clase de milagros,” BJ] y señales y portentos mentirosos y con todo engaño injusto para los que están pereciendo, como retribución porque no aceptaron el amor de la verdad para que fuesen salvos.”

Luc. 9:24, 25: “El que quiera salvar su alma [“vida,” VM, BJ, VP] la perderá; pero el que pierda su alma por causa de mí es el que la salvará. Realmente, ¿de qué provecho le es al hombre si gana el mundo entero pero se pierde a sí mismo o sufre daño?”

Núm. 3: ¿Te acuerdas de dar las gracias? (Ir cap. 18)

Capítulo 18

¿Te acuerdas de dar las gracias?

¿YA COMISTE hoy?... ¿Sabes quién preparó la comida?... Tal vez fue tu mamá u otra persona. Entonces, ¿por qué debemos dar las gracias a Dios por la comida?... Porque es él quien hace crecer las plantas de las que obtenemos alimentos. Sin embargo, también deberíamos dar las gracias a quienes nos preparan la comida o la sirven.

A veces nos olvidamos de agradecer a los demás las cosas buenas que hacen por nosotros, ¿no es cierto? Cuando el Gran Maestro estuvo en la Tierra, unos leprosos se olvidaron de dar las gracias.

¿Sabes qué es un leproso?... Es una persona que padece lepra, una enfermedad que puede hacer que la carne se caiga. En tiempos de Jesús, los leprosos debían mantenerse alejados del resto de la gente. Si un leproso veía que se acercaba alguien, tenía que avisarle para que se apartara. De esa forma evitaba que otras personas se contagiaran.

Jesús fue muy bondadoso con los leprosos. En cierta ocasión tuvo que atravesar una aldea de camino hacia Jerusalén. Cuando entró en la aldea, diez leprosos fueron a encontrarse con él. Habían oído que Dios le había dado a Jesús poder para curar toda clase de enfermedades.

Los leprosos no se acercaron a Jesús, se quedaron a cierta distancia. Pero creían que el Gran Maestro podía curarlos. Por eso, cuando lo vieron, gritaron: `¡Jesús, Maestro, ayúdanos!'.

¿Sientes lástima por los enfermos?... Jesús sí la sentía. Sabía lo triste que era ser leproso. Por esa razón les contestó: “Vayan y muéstrense a los sacerdotes” (Lucas 17:11-14).

¿Por qué les dijo Jesús que hicieran eso? Debido a la ley que Jehová le había dado a su pueblo sobre los leprosos. Aquella ley decía que el sacerdote de Dios tenía que examinar la carne del leproso y decirle si había desaparecido la enfermedad. Cuando quedaba curado, podía volver a vivir con las personas sanas (Levítico 13:16, 17).

Pero aquellos leprosos seguían enfermos. Así que, ¿irían a ver al sacerdote tal como les había dicho Jesús?... Sí, fueron enseguida. Sin duda creyeron que Jesús los curaría. ¿Qué ocurrió entonces?

Mientras iban de camino a ver al sacerdote, la enfermedad desapareció. Su carne sanó y quedaron curados. Fue su recompensa por creer en el poder de Jesús. ¡Qué alegría sintieron! Pero ¿qué deberían haber hecho para mostrar su agradecimiento? ¿Qué habrías hecho tú?...

Uno de los hombres curados volvió a donde estaba Jesús y comenzó a glorificar a Jehová, a decir cosas buenas de él. Eso era lo que debía hacer, porque el poder para curarlo había venido de Dios. Además, el hombre cayó a los pies del Gran Maestro y le dio las gracias. Se sentía muy agradecido por lo que Jesús había hecho.

Pero ¿y los otros nueve hombres? Jesús preguntó: `¿No fueron curados diez leprosos? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Solo regresó uno a darle gloria a Dios?'.

Sí, es cierto. Solo uno de los diez glorificó, o alabó, a Dios y volvió para darle las gracias a Jesús. Era un samaritano, un hombre de otro país. Los otros nueve no le dieron las gracias a Dios ni tampoco a Jesús (Lucas 17:15-19).

¿A cuál de aquellos hombres te pareces? ¿Verdad que queremos ser como el samaritano?... Por eso, cuando alguien hace cosas buenas por nosotros, ¿de qué debemos acordarnos?... De darle las gracias. Aunque la gente suele olvidarse, es bueno que demos las gracias, pues eso alegra a Jehová Dios y a su Hijo, Jesús.

Si lo piensas, te darás cuenta de que otras personas han hecho muchas cosas por ti. Por ejemplo, ¿has estado enfermo alguna vez?... Quizás no hayas estado nunca tan enfermo como aquellos diez leprosos, pero es posible que hayas tenido un resfriado fuerte o un dolor de estómago. ¿Te cuidó alguien?... Tal vez te dieron alguna medicina y te atendieron. ¿Te alegraste de que te ayudaran a ponerte bien?...

El samaritano dio las gracias a Jesús por curarlo, y eso alegró a Jesús. ¿Crees que tu mamá o tu papá se alegrarán si les das las gracias cuando hacen cosas por ti?... Claro que sí.

Hay gente que hace cosas por ti todos los días o todas las semanas. Puede que ese sea su trabajo y que incluso les guste hacerlo. Pero es posible que tú te olvides de darles las gracias. Tal vez tu maestra se esfuerce por enseñarte. Ese es su trabajo, pero sin duda se alegrará de que tú le des las gracias por ello.

A veces, otras personas nos hacen pequeños favores. ¿Te han sujetado alguna vez la puerta para que pases? ¿O te han alcanzado la comida en la mesa? Sería bueno que dieras las gracias incluso por esas cosas pequeñas.

Si nos acordamos de dar las gracias a las personas que nos rodean, nos resultará más fácil acordarnos de dárselas a nuestro Padre celestial. ¡Y cuántas cosas podemos agradecerle! Nos dio la vida y todo lo que la hace agradable. Por eso, tenemos muchísimas razones para glorificar a Dios todos los días diciendo cosas buenas de él.

Veamos lo que dicen los siguientes versículos respecto a dar las gracias: Salmo 92:1; Efesios 5:20; Colosenses 3:17, y 1 Tesalonicenses 5:18.

25 de Mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 34 a 37

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 37:1-24

Núm. 2: ¿Está bien pelearse? (Ir cap. 19)

Núm. 3: * ¿Qué es la permisividad, y porqué de­bemos evitarla?

Puntos Sobresalientes Éxodo 34 a37

34:5 it-2 500, 501

34:6 w05 15/5 23-25; w02 15/1 13, 14, 17, 18; cl 276-278; w98 1/10 8, 12, 13; kl 28-30; it-1 364; it-2 50; w89 1/12 4

34:7 w05 15/5 23-25; w02 15/1 13, 15, 17, 18; cl 114-117; kl 28-30; it-1 364; it-2 50; w89 1/12 4, 6, 7; w88 1/2 6

34:12 it-1 276

34:14 w02 15/10 28; ct 132, 133; w95 15/9 8, 9; it-1 454, 674

34:15 it-1 276; 34:20 it-1 240; 34:21 it-2 795;

34:22 it-1 147, 148, 394, 881; 34:24 w98 1/9 20; it-1 929

34:25 w90 15/2 12; 34:26 w04 15/3 27; it-2 196, 715, 716

34:27 cl 179, 181; 34:28 it-1 686, 687, 1264; it-2 1034

34:29 w90 15/3 7; w90 15/7 15, 16; 34:30 w90 15/3 7

34:34 w90 15/7 16; 34:35 w90 15/3 7; 35:3 w95 15/7 29

35:21 w00 1/11 28, 29; w95 1/4 18; 35:22 it-2 699

35:35 it-2 243; 36:8 it-2 773: 36:21 it-1 38: 36:35 it-2 773

37:7 it-2 773; 37:17 it-1 1020; 37:19 it-1 99; 37:21 it-1 1020

37:23 it-1 370; 37:25 it-1 102

Núm. 1: Éxodo 37:1-24

Núm. 2: ¿Está bien pelearse? (Ir cap. 19)

Capítulo 19

¿Está bien pelearse?

¿CONOCES a niños que se crean los más fuertes y siempre busquen pelea?... ¿Te gusta estar con ellos? ¿O prefieres estar con los que son amables y pacíficos?... El Gran Maestro dijo: “Felices son los pacíficos, puesto que a ellos se les llamará `hijos de Dios'” (Mateo 5:9).

Pero a veces, otras personas hacen cosas que nos enojan, ¿no es cierto?... Por eso, en ocasiones nos gustaría vengarnos. A los discípulos de Jesús les ocurrió algo así cuando viajaban con él hacia Jerusalén. Voy a contarte qué sucedió.

Cuando ya habían recorrido parte del camino, Jesús envió a varios discípulos a una aldea de Samaria para que buscaran un sitio donde pasar la noche. Pero la gente de la aldea no quería que se quedaran allí, ya que tenían una religión diferente. Además, a los samaritanos no les caían bien los que iban a la ciudad de Jerusalén para adorar a Dios.

Si eso te hubiera ocurrido a ti, ¿qué habrías hecho? ¿Te habrías enojado? ¿Habrías querido vengarte?... Eso es lo que los discípulos Santiago y Juan quisieron hacer. Le dijeron a Jesús: `¿Quieres que pidamos que baje fuego del cielo y los destruya?'. No nos sorprende que Jesús los llamara Hijos del Trueno. Jesús les respondió que no estaba bien que trataran a los demás de esa forma (Lucas 9:51-56; Marcos 3:17).

Es cierto que a veces la gente se porta mal con nosotros. Tal vez otros niños no te dejen jugar con ellos. Hasta puede que te digan: “No te queremos por aquí”. Cuando pasa algo así, ¿verdad que nos sentimos mal? Quizás nos den ganas de desquitarnos. Pero ¿deberíamos hacerlo?...

¿Por qué no buscas tu Biblia? Vamos a leer Proverbios, capítulo 24, versículo 29. Allí aconseja: “No digas: `Tal como me hizo, así voy a hacerle a él. Le pagaré a cada uno según actúe'”.

¿Qué significan para ti esas palabras?... Quieren decir que no debemos pagar con la misma moneda. No debemos portarnos mal con alguien porque esa persona se haya portado mal con nosotros. Pero ¿y si alguien busca pelea contigo? Puede que te insulte para hacerte enfadar o se ría de ti y diga que tienes miedo. Imagínate que te llama cobarde. ¿Qué deberías hacer? ¿Deberías responderle y pelear?...

Veamos de nuevo lo que dice la Biblia. Busca Mateo, capítulo 5, versículo 39. Jesús nos recomienda: “No resistan al que es inicuo; antes bien, al que te dé una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. ¿Qué crees que quiso decir Jesús con esas palabras? ¿Que si alguien te da un puñetazo en un lado de la cara tienes que dejarle que te golpee también en el otro lado?...

No, no era eso lo que Jesús quiso decir. Una bofetada no es como un puñetazo. Se parece más a un empujón. Quien nos da una bofetada o un empujón seguramente busca pelea. Quiere que nos enojemos. Y si nos enojamos y también lo empujamos, ¿qué sucederá?... Es probable que acabemos peleándonos.

Pero Jesús no quería que sus seguidores pelearan. Por eso dijo que si alguien nos da una bofetada, no debemos devolvérsela. No debemos enojarnos ni pelear. Si lo hiciéramos, estaríamos demostrando que somos iguales que la persona que comenzó la pelea.

Si surgen problemas, ¿qué crees que es lo mejor que se puede hacer?... Lo mejor es marcharse. Quizás la otra persona te empuje alguna vez más. Pero probablemente ahí quede todo. Marchándote no demuestras que eres débil, sino que eres fuerte, porque se necesita fortaleza para hacer lo que está bien.

Pero ¿qué sucederá si acabas peleándote y eres tú quien gana? ¿Qué podría ocurrir después?... El que perdió tal vez vuelva con sus amigos, y puede que incluso te lastime con un palo o una navaja. ¿Entiendes ahora por qué Jesús no quería que peleáramos?...

¿Qué deberíamos hacer si vemos que otras personas se están peleando? ¿Deberíamos ponernos de parte de alguna de ellas?... La Biblia nos aconseja qué hacer. Busquemos Proverbios, capítulo 26, versículo 17. Allí dice: “Como quien agarra por las orejas a un perro es cualquiera que, al pasar, se enfurece por la riña que no es suya”.

¿Qué ocurriría si agarraras a un perro por las orejas? Le dolería y querría atacarte, ¿verdad? Cuanto más tratara de soltarse el perro, más fuerte tendrías que agarrarlo y más nervioso se pondría. Y si lo dejaras ir, probablemente te mordería con fuerza. Pero ¿puedes quedarte agarrándolo por las orejas toda la vida?...

Pues si vemos una pelea y nos metemos en ella, nos buscaremos un problema como ese. Puede que no sepamos quién empezó la pelea ni por qué están peleando. Quizás la persona que está recibiendo golpes robó algo y por eso le están pegando. Si la ayudamos, estaremos ayudando a un ladrón. Y eso no estaría bien, ¿verdad?

Por eso, ¿qué debes hacer cuando veas una pelea?... Si es en la escuela, puedes correr a decírselo a un maestro. Y si es fuera de la escuela, puedes llamar a tus padres o a un policía. Aunque otras personas quieran pelear, nosotros debemos ser pacíficos.

Los verdaderos discípulos de Jesús hacemos todo lo posible por evitar las peleas. De esa forma demostramos que somos lo suficientemente fuertes como para hacer lo que está bien. La Biblia dice que el discípulo de Jesús “no tiene necesidad de pelear, sino de ser amable para con todos” (2 Timoteo 2:24).

Vamos a buscar ahora más consejos que nos ayudan a evitar las peleas: Romanos 12:17-21 y 1 Pedro 3:10, 11.

Núm. 3: * ¿Qué es la permisividad, y porqué de­bemos evitarla?

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Nuestra lucha por contrarrestar la permisividad

“Tenemos una lucha [...] contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales. Por esta causa tomen la armadura completa que proviene de Dios, para que puedan resistir en el día inicuo y [...] estar firmes.” (EFESIOS 6:12, 13.)

HAY algo en el aire de este mundo inicuo. ¿Puede percibirlo usted? Indudablemente, la mayoría de nosotros concuerda en que, sea lo que sea que esté difundido en el pensamiento y la conducta de este mundo, da evidencia de ser insalubre y mortal. Podemos ver los resultados en una sociedad que se halla enferma en sentido moral y espiritual.

2 Un síntoma obvio de esta enfermedad es la permisividad, que fácilmente lleva al desafuero. No es solo de los principios ordinarios del comportamiento humano aceptable de lo que muchos desean alejarse; más bien, procuran echar de sí casi toda restricción. Clamorean por el derecho de hacer lo que les plazca, cuando quiera que les plazca, y estar libres del control de la autoridad, sea ésta los padres, las agencias que hacen cumplir la ley, o las restricciones morales que impone la sociedad. ¿Quién, o qué, está detrás de este espíritu de desobediencia? ¿Por qué es necesario que los cristianos luchen resueltamente por contrarrestar tal permisividad?

3 El hecho de que la desobediencia comenzó con criaturas humanas en el jardín de Edén es bien conocido. Pero ¿quién introdujo originalmente la permisividad y colocó la trampa para que Adán y Eva se extraviaran? Jesús identificó a ése cuando dijo a los fariseos hipócritas que ellos `querían hacer los deseos de su padre, el Diablo', a quien Jesús identificó después como “el gobernante del mundo” (Juan 8:44; 14:30). El Diablo, quien “ha estado pecando desde el principio”, ha procurado controlar a la humanidad con fines egoístas. Los que hacen del desafuero una práctica se originan de él. (1 Juan 3:8.)

4 Las Escrituras señalan claramente que la influencia satánica es extensa, como el aire que rodea a nuestro planeta. El apóstol Pablo dijo que el Diablo era `el gobernante de la autoridad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia' (Efesios 2:2). Los individuos que permiten que el pensamiento del mundo los ciegue son más susceptibles a la influencia de él. El objetivo del Diablo y de su hueste demoníaca es engañar a la humanidad por todo medio a su disposición, para acabar con lo que es bueno y correcto. Por eso, generan un espíritu de permisividad total. ¿Por qué? Porque la gente que adopta esa actitud cede más fácilmente al poder engañoso del pecado y se endurece más fácilmente debido a éste (Hebreos 3:13). Por sembrar para la carne, en despliegue de permisividad, los “hijos de la desobediencia” siegan la corrupción. (Gálatas 6:7, 8.)

Los cristianos tienen una lucha

5 Las fuerzas espirituales inicuas están especialmente resueltas a subvertir y atrapar a los testigos de Jehová, quienes están esforzándose por guardar los mandatos de Dios. Pablo advierte que nosotros tenemos una lucha o pelea, “no contra sangre y carne, sino contra [...] las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales” (Efesios 6:12). Cuando tenemos que enfrentarnos a ataques de frente que implican burla, persecución y aprisionamiento, nuestra pelea espiritual es como guerra abierta. Mientras que esos ataques directos pueden llevarnos a fortalecer nuestra resistencia, un modo de ataque astuto, indirecto, puede cogernos desprevenidos al presentar atracción a las debilidades de nuestra carne. Por eso, es necesario que siempre estemos alerta, porque con gran frecuencia nuestra lucha tiene que dirigirse a contrarrestar ataques sutiles o inesperados que tienen como propósito tanto el socavar gradualmente nuestros esfuerzos por seguir los principios piadosos como destruir nuestra relación con Jehová.

6 Por ejemplo, usted quizás haya tenido que declarar firmemente su posición sobre la cuestión de la sangre. Puede que parientes incrédulos o médicos hayan ejercido presión en usted para que transigiera. En su lucha por mantener la integridad, usted estuvo dispuesto a aguantar gran presión. ¿Por qué? Porque la cuestión se le presentaba claramente perfilada. Usted estuvo resuelto a no violar el mandato de Dios (Hechos 15:28, 29). Piense, además, en los hermanos cristianos que se mantuvieron separados del mundo mediante negarse a comprar tarjetas de identificación de partidos políticos, aunque el negarse a hacerlo significó sufrimiento (Juan 17:16; 1 Pedro 3:14; 4:12-14). Otros han aguantado aprisionamiento por su posición de neutralidad en medio de las controversias mundanas (Isaías 2:4). El negarse a dejar de predicar las buenas nuevas ha traído sobre algunos otras formas de persecución. (Hechos 5:28, 29, 40.)

7 Sí, vez tras vez el pueblo de Jehová ha adoptado una firme postura respecto a estas cuestiones, y ha dado así prueba de su integridad y su lealtad a los principios bíblicos. Pero ¿qué sucede a veces cuando nos enfrentamos a pruebas que implican la socava gradual de la adherencia a las normas cristianas? Algunos vacilan debido a la permisividad.

8 Tenemos que estar en guardia contra el permitir que situaciones que aparentemente son inocentes produzcan ansiedad en cuanto a cosas de este sistema, porque eso pudiera ahogar la palabra que está en nuestro corazón o llevarnos a cometer males (Mateo 13:22). Esto puede resultar en que perdamos el favor divino y la vida, con la misma seguridad como lo haría el que dejáramos que la persecución y otros ataques hechos de frente nos agotaran o derrotaran. No debemos dejar que se nos engañe de modo que creamos que las malas asociaciones, el mal entretenimiento, los excesos en el consumo de bebidas alcohólicas y otras cosas por el estilo no puedan entramparnos y destruir nuestra espiritualidad. Estas cosas han hecho sus víctimas.

Tristes consecuencias de la permisividad

9 El Israel antiguo como nación sufrió en gran manera cuando las actitudes permisivas de algunos condujeron a graves dificultades. Recuerde que Balaam y Balac `pusieron un tropiezo delante de los hijos de Israel, para que comieran cosas sacrificadas a ídolos y cometieran fornicación' (Revelación 2:14). ¿Cómo comenzó esto? Comenzó cuando algunos aceptaron una invitación de los adoradores de Baal para comer y beber, lo cual fue seguido por un rato de alegría. El evidenciar que no estaban satisfechos con las provisiones de Jehová al optar por asociarse con estas personas de afuera llevó a los hombres israelitas a la excitación sexual. Entonces, ¿qué sucedió? Cometieron fornicación con moabitas y madianitas y se inclinaron a los dioses de éstas. Esto trajo la ira de Jehová sobre aquellos israelitas. En expresión de Su juicio, 24.000 de ellos murieron (Números 25:1-9). ¡Qué precio trágico se pagó por la permisividad!

10 También hay ejemplos de personas que individualmente se metieron en dificultades debido a su permisividad. Dina, la hija de Jacob, fue a visitar a las muchachas cananeas del país. ¿Qué resultado tuvo el que Dina mostrara laxitud en cuanto a la compañía o asociación que buscaba? Fue violada por uno de los hijos de Hamor. Esta locura deshonrosa encolerizó a los hijos de Jacob, e hizo que Simeón y Leví, provocados, mataran a todo varón de Siquem; y los demás hijos de Jacob se unieron al ataque y saquearon la ciudad, para desconsuelo de Jacob (Génesis 34:1, 2, 7, 25-31). Hasta Salomón, uno de los hombres más sabios, desplegó permisividad y tomó para sí esposas que adoraban a dioses extranjeros. Éstas, “poco a poco [...] le inclinaron el corazón” de modo que en sus años postrimeros él siguió a otros dioses, e hizo lo que era malo a los ojos de Jehová. (1 Reyes 11:1-6; Deuteronomio 17:17.)

11 ¿Qué punto le comunican estos ejemplos bíblicos? No fue un ataque de frente e inmediato por el Diablo lo que produjo la caída de algunos adoradores verdaderos. Pero debido a que pensaron con permisividad, el Diablo pudo desviar poco a poco a algunos de la senda de la rectitud.

Tácticas que se usan hoy

12 Satanás, `el gobernante de la autoridad del aire', emplea tácticas similares hoy día. Socavar primero, entonces apartar de la senda de la justicia a los desprevenidos. Por eso, es necesario que los cristianos estén en guardia contra las ideas e inclinaciones de este mundo inicuo. De otro modo, ¿cómo pueden permanecer intachables en medio de “una generación perversa y torcida”? (Filipenses 2:15; 2 Timoteo 3:13.)

13 Proverbios 13:20 nos dice que “al que está teniendo tratos con los estúpidos le irá mal”. ¡Cuán cierto es eso! Las semillas de la permisividad suelen sembrarse y nutrirse en las personas como resultado de circular entre compañeros insalubres y asociarse con ellos, sea que eso se haga dentro o fuera de la congregación cristiana (2 Tesalonicenses 3:14; Éxodo 23:2a). Si las personas con quienes nos asociamos se inclinan hacia el punto de vista mundano, de búsqueda de placeres, de seguro habrá problemas. Esto es especialmente cierto si se nos atrae a movernos “de acá para allá en las tiendas de iniquidad”. (Salmo 84:10.)

14 Al mundo en general le gusta lo que tiene, incluso el disfrute de placeres sin límite (2 Timoteo 3:4). El punto de vista hedonista atrae a muchas personas. Ésta es la filosofía de que el placer es el único o el principal bien en la vida, y que el deber moral se cumple en la satisfacción de los instintos que llevan a buscar el placer (1 Corintios 15:32). Este modo de pensar puede socavar el modo de vivir del cristiano.

15 Si tú estás yendo a la escuela, ¿cómo ves a otros estudiantes que no muestran ningún interés en servir a Jehová Dios? Puede que tengas la impresión de que presentan buena apariencia. Sin embargo, muchos de estos estudiantes fuman, y consumen ilegalmente bebidas alcohólicas. No ven nada malo en tomar drogas que alteran la mente. ¿Qué efecto va a tener en ti el asociarte con tales personas? ¿Cuánta presión puedes soportar de ellas antes de que te persuadan o te obliguen a participar en sus vicios? Si rehúsas, ¿qué hay si se mofan de ti y recurren a ponerte apodos? ¿Es tu fe tan fuerte que puedas seguir asociándote con personas de esa clase sin que eso te afecte (1 Corintios 10:12)? ¿Cederás a la tentación y participarás como “experimento” en lo que quieren, solo para ver cómo es (Proverbios 1:10)? ¿Crees que puedes permanecer fuerte, firme, resuelto y leal a Jehová y su Palabra si continúas con tal asociación? Si a eso te inclinas, ¡cuidado! Da atención al consejo de la Biblia de `huir de los deseos incidentales a la juventud', sí, `huye de la fornicación' (2 Timoteo 2:22; 1 Corintios 6:18). Para contrarrestar la permisividad, “pelea la excelente pelea de la fe” mediante resistir todo deseo o inclinación hacia la mala compañía. (1 Timoteo 6:12; 1 Corintios 15:33.)

16 Lamentablemente, a veces algunas personas se han visto implicadas en problemas con compañeros de empleo. En muchos lugares de empleo se acostumbra celebrar fiestas en las oficinas o celebrar cumpleaños y días festivos. Por lo general en esas ocasiones se sirven bebidas alcohólicas. Puede que haya música y baile. Si el cristiano no lucha por contrarrestar la permisividad en tales campos, puede que empiece un proceso de socavación. El participar en compañerismo social con personas mundanas en el empleo ha llevado a algunos cristianos a concertar citas, cometer fornicación y otros males.

Entretenimiento incorrecto

17 También se pueden desarrollar actitudes de permisividad respecto a programas de televisión inmorales. La televisión ha llegado a ser niñera para muchos jovencitos, pero muchas veces resulta que lo que ellos observan no está siendo debidamente supervisado y controlado por los padres, y esto tiene como resultado muchos problemas. Hay adultos que han permitido que las telenovelas o los dramas seriados de televisión les capten la atención. Y los intereses comerciales han hecho conveniente el tener televisión por cable o “videocasetes”. Estas cosas pueden tener usos válidos, pero muchas personas, según se admite, las obtienen para poder ver en sus propios hogares mucho del entretenimiento degradado que esta generación inmoral desea intensamente. Sí, la corrupción de la mente y el corazón puede tener lugar en la sala de la casa o en el cuarto de esparcimiento si tal materia está disponible allí. Aunque tal “entretenimiento” ha llegado a ser “dieta” diaria de una gran porción del público, a los cristianos les conviene recordar la exhortación de Pablo de pensar en `cuantas cosas sean justas, castas y dignas de alabanza'. (Filipenses 4:8.)

Examinémonos

18 Como cristianos dedicados, ¿qué clase de ejemplo estamos dando a nuestras familias y a la congregación? ¿Estamos practicando lo que es bueno y limpio en sentido espiritual y moral (2 Corintios 7:1)? La norma elevada para nosotros es: “Que la fornicación e inmundicia de toda clase o avaricia ni siquiera se mencionen entre ustedes, así como es propio de personas santas; tampoco comportamiento vergonzoso, ni habla necia, ni bromear obsceno, cosas que no son decorosas, sino más bien el dar gracias”. (Efesios 5:3, 4.)

19 En las reuniones sociales es importante que haya superintendencia apropiada. Si no la hay, puede que se cuele en la ocasión un aire de permisividad que perjudique la ocasión. Si se sirven bebidas alcohólicas, ¿se observa moderación? Si se toca música, ¿es la clase de música a la cual no objetan cristianos maduros? El consejo bíblico es que `todas las cosas se hagan para la gloria de Dios' (1 Corintios 10:31-33). Esto nos fortalece en la lucha por contrarrestar la permisividad.

20 La actualidad no es tiempo para que se nos arrulle de modo que caigamos en la actitud de estar satisfechos de nosotros mismos (Romanos 13:11-14). La socavación de la adherencia a los principios bíblicos es gradual. Satanás usa tácticas astutas para destruir nuestra fe. Hasta puede dar la apariencia de ser un ángel de luz (2 Corintios 11:14). Nuestra protección exige “la armadura completa que proviene de Dios” para que podamos estar firmes contra los ardides del Diablo. Nuestra lucha es “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales”. Por eso, necesitamos toda la armadura espiritual y la protección que Jehová suministra, incluso “la espada del espíritu, es decir, la palabra de Dios”, para resistir en este día inicuo. (Efesios 6:11-13, 17.)

21 Sabemos que Jehová pronto limpiará el aire del mal permisivo en todas sus formas. Ya no existirá más la mala influencia de éste. Los que sean sobrevivientes del fin de este sistema inicuo verán la aurora de un hermoso Nuevo Orden de justicia sobre esta Tierra bajo el Reino de Dios mediante Cristo Jesús. Esté resuelto a hallarse entre los que disfrutarán de ese privilegio. Luche para contrarrestar la permisividad de este mundo mediante familiarizarse mejor con los principios de la Palabra de Dios y aplicarlos. (Salmo 15:1, 2; 19:7-11.)

1 de Junio. Lectura de la Biblia: Éxodo 38 a 40

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Éxodo 40:1-19

Núm. 2: ¿Buscas siempre el primer lugar? (Ir cap. 20)

Núm. 3: ¿Qué esperanza hay de que se cure real­mente a toda la humanidad? (rs pág. 102 § 2-4)

Puntos Sobresalientes Éxodo 38 a 40

38:1 it-1 102; 38:3 it-1 370; 38:5 it-1 102; 38:23 it-2 243

38:24 it-2 558; 39:12 it-1 65, 111; it-2 662; 39:13 it-1 576; it-2 12

39:29 it-2 1066; 39:30 it-1 559, 969; 39:32 w95 15/12 13

40:5 it-1 102; 40:15 it-2 574, 1117

40:16 w95 15/12 13; it-2 417; 40:28 w00 15/1 15

Núm. 1: Éxodo 40:1-19

Núm. 2: ¿Buscas siempre el primer lugar? (Ir cap. 20)

Capítulo 20

¿Buscas siempre el primer lugar?

¿CONOCES a alguien que siempre quiera el primer lugar?... Tal vez empuje a otros para ser el primero de la cola. ¿Has visto eso alguna vez?... El Gran Maestro incluso vio a adultos tratando de conseguir los mejores sitios o los más importantes, y no le gustó. Veamos lo que ocurrió.

La Biblia nos cuenta que un fariseo, un importante líder religioso, invitó a Jesús a un banquete en su casa. Cuando Jesús llegó, observó cómo otros invitados entraban y elegían los mejores lugares. Por eso, quiso enseñar una lección a todos los que estaban allí usando una ilustración. ¿Te gustaría oírla?...

Jesús dijo: `Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor sitio'. ¿Sabes por qué dijo aquello?... Él explicó que quizás haya algún invitado más importante. Entonces, como ves en la lámina, el dueño de la casa puede venir y decir: `Deja que este hombre ocupe ese lugar, y tú vete allí'. ¿Cómo se sentiría el invitado?... Avergonzado de que todo el mundo lo viera cambiarse a un sitio menos importante.

Jesús deseaba mostrarles que no está bien querer ocupar el sitio más importante. Les dijo: `Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, busca el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: “Amigo, ven a este lugar mejor”. De esa manera, recibirás honra delante de los demás invitados cuando te cambien a un lugar mejor' (Lucas 14:1, 7-11).

¿Comprendes qué quiso enseñar Jesús con esa ilustración?... Pongamos un ejemplo para ver si lo entendiste. Imagínate que te subes a un autobús lleno de gente. ¿Deberías apresurarte a ocupar un asiento y dejar que una persona mayor se quede de pie?... ¿Le gustaría a Jesús que hicieras eso?...

Quizás alguien diga que a Jesús le da lo mismo. Pero ¿crees que es así?... Cuando Jesús estaba en aquel banquete en casa del fariseo, observó cómo la gente escogía los asientos. ¿No crees que está igual de interesado en lo que hacemos nosotros?... Ahora que Jesús está en el cielo, sin duda puede observarnos bien.

Cuando alguien intenta ser el primero, pueden surgir problemas. Con frecuencia, los demás empiezan a discutir con él y se enfadan. A veces sucede esto cuando los niños viajan juntos en el autobús. Tan pronto como se abren las puertas, corren para ser los primeros en subirse. Quieren los mejores asientos, los que están junto a las ventanillas. ¿Qué puede ocurrir entonces?... Que se enojen unos con otros.

Sin duda, el deseo de ser siempre el primero puede causar muchos problemas. Así les sucedió incluso a los apóstoles de Jesús. Como aprendimos en el capítulo 6, ellos discutieron sobre quién era el más importante. ¿Qué hizo Jesús?... Los corrigió. Pero después tuvieron otra discusión. Veamos cómo empezó todo.

Los apóstoles y otros discípulos viajaban con Jesús hacia la ciudad de Jerusalén por última vez. Jesús les había hablado sobre su Reino, y Santiago y Juan habían estado pensando en el hecho de que serían reyes junto con él. Hasta habían hablado de ello con su madre, Salomé (Mateo 27:56; Marcos 15:40). Por eso, cuando iban de camino a Jerusalén, Salomé se acercó a Jesús, se inclinó ante él y le pidió un favor.

“¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le contestó que le gustaría que permitiera a sus hijos sentarse al lado de él en el Reino, uno a la derecha y otro a la izquierda. Cuando los otros diez apóstoles se enteraron de lo que Santiago y Juan habían hecho que su madre pidiera, ¿cómo crees que se sintieron?...

Pues sí, se enfadaron mucho con Santiago y con Juan. Por lo tanto, Jesús les dio a todos sus apóstoles un buen consejo. Les explicó que a los gobernantes de las naciones les gusta ser poderosos e importantes. Quieren un puesto alto para que todos les obedezcan. Pero Jesús les dijo a sus seguidores que ellos no debían comportarse así, sino que `el que quisiera ser el primero entre ellos tenía que ser esclavo de ellos'. Piensa en eso (Mateo 20:20-28).

¿Sabes qué hace un esclavo?... Sirve a otros, no espera que le sirvan a él. Ocupa el último lugar, no el primero. No se comporta como el más importante, sino como el menos importante. Y no olvides que Jesús dijo que quien quisiera ser el primero debía comportarse como esclavo de los demás.

Entonces, ¿qué crees que eso significa para nosotros?... ¿Discutiría un esclavo con su amo sobre quién de los dos ocuparía el mejor asiento? ¿O sobre quién iba a comer primero? ¿Tú qué piensas?... Jesús explicó que un esclavo siempre pone a su amo en primer lugar (Lucas 17:7-10).

Por eso, en vez de tratar de ser los primeros, ¿qué deberíamos hacer?... Sí, comportarnos como esclavos de otros. Eso significa que debemos ponerlos en primer lugar y pensar que ellos son más importantes que nosotros. ¿De qué maneras se te ocurre que puedes poner a los demás en primer lugar?... ¿Por qué no vuelves a las páginas 40 y 41 para repasar cómo puedes servir a otros, y ponerlos así en primer lugar?

Recordarás que el Gran Maestro puso a otros en primer lugar sirviéndoles. La última noche que pasó con sus apóstoles, incluso se agachó y les lavó los pies. Si nosotros también ponemos a los demás en primer lugar sirviéndoles, agradaremos tanto al Gran Maestro como a su Padre, Jehová Dios.

Núm. 3: ¿Qué esperanza hay de que se cure real­mente a toda la humanidad? (rs pág. 102 § 2-4)

¿Qué esperanza hay de que haya verdadera curación de toda enfermedad?

Rev. 21:1-4: “Vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado [...] `Y él [Dios] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.'”

Isa. 25:8: “Él realmente se tragará a la muerte para siempre, y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro.” (Véase también Revelación 22:1, 2.)

Isa. 33:24: “Ningún residente dirá: `Estoy enfermo.'”

8 de Junio. Lectura de la Biblia: Levítico 1 a 5

Puntos Sobresalientes (Seleccionar puntos introducción si.)

Núm. 1: Levítico 4:1-15

Núm. 2: ¿Tenemos motivos para presumir? (Ir cap. 21)

Núm. 3: * ¿Cómo deben ejercerla autoridad los cristianos?

Puntos Sobresalientes Levítico 1 a 5

2:11, 12. ¿Por qué no aceptaba Jehová la miel “como ofrenda hecha por fuego”? La miel a la que se alude en este versículo no es miel de abejas. Aunque no se aceptaba “como ofrenda hecha por fuego”, se incluía entre “las primicias del [...] producto del campo” (2 Crónicas 31:5). Parece ser que esta miel era jugo o almíbar de frutas. Como podía fermentar, no era aceptable como ofrenda sobre el altar.

2:13. ¿Por qué tenía que presentarse sal “con toda ofrenda”? No se hacía para realzar el sabor de los sacrificios. La sal se utiliza en todo el mundo como conservante. Es probable que se presentara con las ofrendas porque representaba que estas estaban libres de corrupción y deterioro.

Lecciones para nosotros:

3:17. Dado que la grasa se consideraba la mejor porción y la más rica, la prohibición de comerla grabó en los israelitas que la mejor porción pertenecía a Jehová (Génesis 45:18). Esto nos recuerda que debemos dar lo mejor de nosotros a Jehová (Proverbios 3:9, 10; Colosenses 3:23, 24).

Núm. 1: Levítico 4:1-15

Núm. 2: ¿Tenemos motivos para presumir? (Ir cap. 21)

Capítulo 21

¿Tenemos motivos para presumir?

¿QUÉ significa presumir? ¿Lo sabes?... Veamos un ejemplo. ¿Has intentado hacer algo aunque no te salga muy bien? ¿Quizás dar una patada a un balón de fútbol o saltar a la cuerda? ¿Se burló alguien de ti y te dijo: “Yo lo hago mejor que tú”?... En ese caso, la persona estaba presumiendo.

¿Cómo te sientes cuando otros hacen algo así? ¿Te gusta?... Entonces, ¿cómo crees que se sentirán los demás si eres tú quien presume?... ¿Está bien decirle a alguien: “Yo soy mejor que tú”?... ¿Le gustan a Jehová las personas que dicen eso?...

El Gran Maestro conoció a personas que se creían mejores que nadie. Presumían de sí mismas y despreciaban a todo el mundo. Por eso, en cierta ocasión Jesús les relató una historia que demostraba lo malo que era sentirse superior a los demás. Vamos a escucharla.

La historia trata de un fariseo y de un recaudador de impuestos. Los fariseos eran maestros religiosos que a menudo se comportaban como si fueran más justos que otras personas. El fariseo de la historia de Jesús subió al templo de Dios en Jerusalén para orar.

Jesús contó que un recaudador de impuestos también subió al templo a orar. A la mayoría de la gente no le gustaban los recaudadores, pues pensaban que trataban de estafarlos. Y lo cierto es que muchos recaudadores de impuestos no siempre eran honrados.

En el templo, el fariseo comenzó su oración a Dios de esta forma: `Oh Dios, te doy las gracias porque no soy un pecador como los demás. No le robo a la gente ni hago otras cosas malas. No soy como ese recaudador de impuestos de ahí. Soy un hombre justo. Dejo de comer dos veces a la semana para tener más tiempo para pensar en ti. Y le doy al templo una décima parte de todo lo que gano'. Aquel fariseo realmente se creía mejor que otras personas, ¿no es cierto?... Y además se lo dijo a Dios.

Pero el recaudador de impuestos no era así. Ni siquiera levantó los ojos hacia el cielo para orar. Se mantuvo de pie a cierta distancia con la cabeza inclinada. Estaba muy arrepentido de sus pecados y se daba golpes en el pecho para demostrar su dolor. No intentó decirle a Dios lo bueno que era. Más bien, le pidió: `Oh Dios, sé bondadoso conmigo, que soy pecador'.

¿Cuál de estos dos hombres crees que estaba agradando a Dios? ¿El fariseo, que se creía tan bueno? ¿O el recaudador de impuestos, que estaba arrepentido de sus pecados?...

Jesús dijo que fue el recaudador de impuestos quien agradó a Dios. ¿Por qué? Jesús explicó que todo el que trata de parecer mejor que los demás quedará en vergüenza, pero el que es humilde recibirá honra (Lucas 18:9-14).

¿Qué lección estaba enseñando Jesús con esta historia?... Mostró que está mal pensar que somos mejores que otros. Tal vez no lo digamos, pero nuestra forma de actuar puede demostrar que lo creemos. ¿Te has comportado alguna vez de esa manera?... Piensa en lo que le ocurrió al apóstol Pedro.

Cuando Jesús les dijo a sus apóstoles que todos lo abandonarían cuando fuera arrestado, Pedro respondió muy orgulloso: `¡Aunque todos los demás te abandonen, yo nunca lo haré!'. Pero Pedro se equivocaba. Estaba demasiado seguro de sí mismo. Él sí abandonó a Jesús. Sin embargo, después volvió, como veremos en el capítulo 30 de este libro (Mateo 26:31-33).

Tomemos un ejemplo de nuestros días. Quizás a un compañero de clase y a ti les hagan algunas preguntas en la escuela. ¿Qué pasaría si tú respondieras rápidamente, pero tu compañero no? Por supuesto, saber las respuestas haría que te sintieras bien. Pero ¿sería justo que te creyeras mejor que el niño que tardó en responder?... ¿Estaría bien que intentaras llamar la atención avergonzando al otro niño?...

Eso fue lo que hizo el fariseo. Presumió de ser mejor que el recaudador de impuestos. Pero el Gran Maestro dijo que el fariseo estaba equivocado. Aunque hagamos algunas cosas mejor que otras personas, eso no significa que seamos mejores que ellas.

Por eso, si sabemos más que otra persona, ¿es esa una buena razón para presumir?... Piensa en esto: ¿hemos creado nosotros nuestro cerebro?... No, Dios nos lo ha dado. Y la mayoría de las cosas que sabemos las aprendimos de los demás. Tal vez las leímos en un libro o alguien nos las enseñó. Aunque descubramos algunas por nosotros mismos, ¿cómo lo logramos?... Utilizando el cerebro que Dios nos dio.

Cuando alguien se esfuerza mucho, es bueno que le digas algo que lo anime. Dile que te gustó lo que hizo. Quizás puedas ayudarlo a hacerlo mejor. ¿No te gustaría que otros hicieran eso por ti?...

Algunas personas son más fuertes que otras. ¿Qué hay si tú eres más fuerte que tu hermano o tu hermana? ¿Es motivo para que presumas de ello?... No, no lo es. Lo que nos hace fuertes son los alimentos que comemos. Y Dios nos da la luz del sol, la lluvia y todo lo necesario para que crezcan las plantas y tengamos alimentos, ¿verdad?... Por eso, si somos fuertes, debemos dar las gracias a Dios (Hechos 14:16, 17).

A nadie le gusta oír a los que hablan con orgullo de sí mismos, ¿no es cierto?... Recordemos las palabras de Jesús: `Así como quieren que otras personas les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellas'. Si cumplimos ese mandato, nunca seremos como el fariseo que se sentía orgulloso de sí mismo en la historia que relató el Gran Maestro (Lucas 6:31).

En cierta ocasión, alguien llamó bueno a Jesús. ¿Afirmó el Gran Maestro: “Sí, soy bueno”?... No, no lo hizo. En vez de eso, dijo: “Nadie es bueno, sino uno solo, Dios” (Marcos 10:18). Aunque el Gran Maestro era perfecto, no presumió. Más bien, dio toda la alabanza a su Padre, Jehová.

Entonces, ¿hay alguien de quien podamos presumir o sentirnos orgullosos?... Sí, lo hay. Podemos sentirnos orgullosos de nuestro Creador, Jehová Dios. Cuando vemos un hermoso atardecer u otra maravilla de la creación, podemos decir a los demás: “¡Nuestro gran Dios, Jehová, lo creó!”. Que siempre estemos dispuestos a hablar de las cosas maravillosas que Jehová hizo en el pasado y hará en el futuro.

Vamos a ver lo que dicen las Escrituras sobre presumir o ser orgullosos, y aprenderemos por qué debemos evitarlo. Leamos Proverbios 16:5, 18; Jeremías 9:23, 24; 1 Corintios 4:7, y 13:4.

Núm. 3: * ¿Cómo deben ejercerla autoridad los cristianos?

Ws 1/4/06 pág 17 - 20

Imite al Cristo al ejercer la autoridad

HACE varios años se realizó un experimento sobre conducta humana que produjo resultados inquietantes. Los participantes fueron divididos en dos grupos: los de un grupo serían los guardias y estarían a cargo del segundo grupo, que serían los reclusos. ¿Qué ocurrió?

“En pocos días —dice un informe—, la mayoría de [los guardias] se volvieron abusivos y crueles e imponían frecuentes castigos, mientras que los prisioneros se habían acobardado y sometido.” La conclusión a la que llegaron los investigadores fue la siguiente: prácticamente cualquier persona puede caer en la trampa de abusar de la autoridad.

Uso y abuso de la autoridad

Desde luego, el uso apropiado de la autoridad puede ejercer una buena influencia en los demás, proporcionar guía adecuada y producir beneficios físicos, emocionales y espirituales (Proverbios 1:5; Isaías 48:17, 18). Pero como demostró el experimento citado, existe siempre el peligro de propasarse en el ejercicio razonable de la autoridad. Señalando ese riesgo, la Biblia dice que “cuando alguien inicuo gobierna, el pueblo suspira” (Proverbios 29:2; Eclesiastés 8:9).

El abuso de la autoridad es perjudicial, aun cuando los motivos sean buenos. Hace poco, por ejemplo, cierta orden religiosa de Irlanda dedicada al magisterio tuvo que ofrecer disculpas públicas por la forma como algunos de sus maestros abusaron de su autoridad sobre los niños a su cuidado. Es patente que muchos de los maestros tenían objetivos nobles, pero las técnicas de algunos hicieron enorme daño. Un periódico informó que “una gran cantidad de niños [estaban] marcados de un modo u otro por los métodos de enseñanza excesivamente violentos y rudos de muchos maestros de la orden” (The Irish Times). ¿Cómo, entonces, puede uno ejercer la autoridad de modo que los demás no se alejen o se sientan heridos por lo que hacemos o decimos, sino que se sientan impulsados a dar lo mejor de sí? (Proverbios 12:18.)

Jesucristo recibió “toda autoridad”

Tome por ejemplo el caso de Jesucristo. Poco antes de ascender al cielo le dijo a sus discípulos: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra” (Mateo 28:18). ¿Provocó esa declaración algún tipo de temor en sus discípulos? ¿Pensaron que ahora Jesús manifestaría el mismo espíritu que los césares romanos, célebres por silenciar cualquier protesta y aplastar las revueltas?

La Palabra de Dios responde con un rotundo NO. Jesucristo ejerce su autoridad igual que su Padre. Aunque Jehová es por derecho el todopoderoso Soberano Universal, desea de sus súbditos servicio de corazón, no obediencia mecánica, servil o que nazca del miedo (Mateo 22:37). Jehová nunca abusa de su autoridad, y este hecho lo demuestra una impresionante visión del profeta Ezequiel.

En esta visión, el profeta vio cuatro criaturas angélicas que apoyaban la soberanía de Dios. Cada criatura tenía cuatro caras. “Y en cuanto a la semejanza de sus caras —escribe Ezequiel—, las cuatro tenían una cara de hombre con una cara de león a la derecha, y las cuatro tenían una cara de toro a la izquierda; las cuatro también tenían una cara de águila.” (Ezequiel 1:10.) Los cuatro rostros representan las cuatro cualidades, o virtudes, fundamentales de Dios, identificadas en las Santas Escrituras de la siguiente forma: el amor, representado por el rostro de hombre; la justicia, por el rostro de león, y la sabiduría, por el rostro de águila. Estas tres virtudes operan en armonía con la cuarta: el poder, indicado por el rostro de toro. ¿Qué significa todo esto? Que Jehová nunca ejerce su poder y autoridad ilimitados de forma que desentone con sus otras cualidades fundamentales.

A imitación de su Padre, Jesucristo siempre utilizó su autoridad de manera perfectamente armoniosa con el amor, la sabiduría y la justicia. Sus discípulos se sintieron muy reconfortados al servir bajo su autoridad (Mateo 11:28-30). Si hay una cualidad que caracteriza a Jehová y a Jesucristo, esa es el amor, no el poder ni la autoridad (1 Corintios 13:13; 1 Juan 4:8).

¿Cómo ejerce la autoridad?

¿Cómo le va a usted en este sentido? En la familia, por ejemplo, ¿impone su autoridad para controlar los asuntos, aunque eso signifique insistir en sus antojos y caprichos? ¿Respeta la familia sus decisiones por temor, o por amor? ¿Es la superioridad en fuerza el factor decisivo? Estas son preguntas que los cabezas de familia pueden analizar con miras a mantener el orden teocrático en la institución familiar (1 Corintios 11:3).

¿Y si usted disfruta de cierto grado de autoridad en la congregación cristiana? Para determinar si la está ejerciendo adecuadamente, analícese a la luz de los siguientes principios inspirados por Jehová Dios y demostrados en la práctica por Jesucristo.

“El esclavo del Señor [...] tiene necesidad de [...] ser amable para con todos, [...] manteniéndose reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos.” (2 Timoteo 2:24, 25.)

Algunas personas de la congregación cristiana primitiva poseían gran autoridad. Timoteo, por ejemplo, podía incluso `mandar a ciertos individuos que no enseñaran diferente doctrina' (1 Timoteo 1:3). Pero podemos estar seguros de que siempre reflejaba las cualidades divinas en todo lo que hacía, pues sin duda obraba en armonía con el consejo del apóstol Pablo de instruir “con apacibilidad” y de “ser amable para con todos” al cumplir con su cargo de superintendente cristiano. Al ser relativamente joven, debía comportarse como hijo respetuoso con los mayores y hermano compasivo con los más jóvenes (1 Timoteo 5:1, 2). Cuando la congregación cristiana recibe ese tipo de cuidado amoroso, manifiesta el cálido espíritu de una familia cariñosa, no el de una empresa fría y rígida (1 Corintios 4:14; 1 Tesalonicenses 2:7, 8).

“Los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro de ustedes.” (Mateo 20:25, 26.)

Los déspotas de este mundo “se enseñorean” de los demás imponiéndoles su voluntad y empeñándose en que hagan las cosas de cierta manera, bajo amenaza de castigo si desobedecen. Pero Jesucristo insistió en servir a los demás, no en presionarlos (Mateo 20:27, 28). Él siempre trató a sus discípulos con amor y consideración. Cuando uno sigue el ejemplo de Jesús, es mucho más fácil que los demás cooperen (Hebreos 13:7, 17). También hay más probabilidades de que, si está a su alcance, hagan más de lo que se les pide, y de buena gana, no por compromiso (Mateo 5:41).

“Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no [...] enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño.” (1 Pedro 5:2, 3.)

En nuestros días, los superintendentes comprenden que se les pedirán cuentas por el bienestar espiritual de todos en la congregación, una responsabilidad que ven con seriedad. Al cuidar el rebaño de Dios, se esmeran por hacerlo de buena gana, con empeño y con amor. Como el apóstol Pablo, se afanan por acrecentar y fortalecer la fe de quienes están a su cuidado, no por actuar como amos de su fe (2 Corintios 1:24).

Cuando los ancianos tienen que dar consejo, lo hacen con apacibilidad a fin de reajustar al que ha errado o para ayudar a un hermano cristiano a progresar en sentido espiritual. Tienen presente el recordatorio del apóstol Pablo: “Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1; Hebreos 6:1, 9-12).

“Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros [...]. Vístanse de amor, porque es un vínculo perfecto de unión.” (Colosenses 3:13, 14.)

¿Cómo trata usted a quien no logra cumplir a la perfección las normas cristianas? ¿Hace concesiones por las imperfecciones, tal como Jehová y Jesucristo? (Isaías 42:2-4.) ¿O insiste en que se respete la letra de la ley en todo momento? (Salmo 130:3.) Recuerde que lo mejor es ser tierno cuando sea posible y firme solo cuando sea necesario. Actuar con amor contribuirá a forjar fuertes vínculos de confianza mutua entre usted y aquellos sobre quienes tiene autoridad.

Si se le ha confiado algún tipo de autoridad, esfuércese por ejercerla como lo hacen Jehová Dios y Jesucristo. Nunca olvide el maravilloso cuadro que pintó el salmista David cuando describió en canción la forma en que Jehová ejerce su autoridad sobre su pueblo: “Jehová es mi Pastor. Nada me faltará. En prados herbosos me hace recostar; me conduce por descansaderos donde abunda el agua. Refresca mi alma. Me guía por los senderos trillados de la justicia por causa de su nombre”. De forma similar, leemos sobre Jesús: “Yo soy el pastor excelente, y conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí, así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y yo entrego mi alma a favor de las ovejas”. ¿Qué mejores ejemplos podríamos tener del ejercicio amoroso de la autoridad? (Salmo 23:1-3; Juan 10:14, 15.)

15 de Junio. Lectura de la Biblia: Levítico 6 a 9

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Levítico 8:1-17

Núm. 2: "¿Creen ustedes en las curaciones?" (rs pág. 102 § 5,6)

Núm. 3: ¿Porqué no debemos mentir? (Ir cap. 22)

Puntos Sobresalientes Levítico 6 a 9

7:26, 27. Los israelitas no debían comer sangre. A la vista de Dios, la sangre representa la vida. “El alma [la vida] de la carne está en la sangre”, dice Levítico 17:11. Se espera que también los adoradores verdaderos de hoy se abstengan de sangre (Hechos 15:28, 29).

Respuestas a preguntas bíblicas:

9:9. ¿Qué tenía de importante el que se derramara sangre en la base del altar y el que se pusiera sobre los cuernos del altar? Demostraba que Jehová aceptaba la sangre para fines expiatorios. De hecho, la expiación tenía su fundamento en la sangre. “Casi todas las cosas son limpiadas con sangre según la Ley —escribió el apóstol Pablo—, y a menos que se derrame sangre no se efectúa ningún perdón.” (Hebreos 9:22.)

Núm. 1: Levítico 8:1-17

Núm. 2: "¿Creen ustedes en las curaciones?" (rs pág. 102 § 5,6)

`¿Creen ustedes en las curaciones?'

Usted pudiera contestar: `Quien no cree que Dios tiene el poder de curar no cree en la Biblia. Pero no puedo menos que preguntarme si hoy día las personas están tratando ese asunto de la manera correcta'. Entonces pudiera añadir: 1) `Permítame leerle un texto bíblico, a ver si usted nota una práctica que es muy diferente en nuestro día (Mat. 10:7, 8)... ¿Nota usted, además, que aquí Jesús dijo que había algo que sus discípulos podían hacer, pero que los curadores o sanadores hoy no han podido hacer? (No pueden resucitar a los muertos)'. 2) `No somos jueces para juzgar a otro, pero es digno de notar que Mateo 24:24 menciona algo contra lo cual tenemos que estar alerta'.

O contestar: `Naturalmente creo que es cierto lo que la Biblia dice acerca de las curaciones. Pero cualquier curación que se efectúe en este sistema de cosas produce solo beneficios temporales, ¿verdad? Con el tiempo todos morimos. ¿Llegará alguna vez el día en que todos los que vivan disfruten de buena salud y jamás tengan que morir? (Rev. 21:3, 4)'.

Núm. 3: ¿Porqué no debemos mentir? (Ir cap. 22)

Capítulo 22

¿Por qué no debemos mentir?

IMAGÍNATE que una niña le dice a su madre: “Cuando salga de la escuela, vengo enseguida a casa”. Pero luego se queda a jugar con sus amigas y al volver explica: “La maestra me hizo quedarme después de clase”. ¿Estaría bien que dijera algo así?...

O supongamos que un niño le asegura a su padre: “No, papá, no jugué a la pelota dentro de la casa”, pero en realidad sí lo hizo. ¿Estaría mal que dijera que no?...

El Gran Maestro nos enseñó cómo debíamos comportarnos cuando dijo: `Que su palabra signifique Sí y su No, No; porque cualquier otra cosa proviene del inicuo' (Mateo 5:37). ¿Qué quiso dar a entender Jesús con aquellas palabras?... Que debemos hacer lo que decimos.

En la Biblia hay una historia que demuestra lo importante que es decir la verdad. Habla de dos personas que afirmaban ser discípulos de Jesús. Veamos lo que ocurrió.

Menos de dos meses después de la muerte de Jesús, muchas personas de lugares lejanos llegaron a Jerusalén para celebrar una fiesta importante de los judíos conocida como Pentecostés. El apóstol Pedro pronunció un discurso extraordinario en el que habló a la gente de Jesús y les contó que Jehová lo había resucitado. Aquella fue la primera vez que muchos de los que habían ido a Jerusalén oyeron hablar de Jesús. Entonces quisieron saber más. Por eso, ¿qué hicieron?

Se quedaron en la ciudad más tiempo del que habían planeado. Pero a algunos se les terminó el dinero y no podían comprar alimentos. Los discípulos de Jerusalén quisieron ayudar a los visitantes, así que muchos de ellos vendieron algunas de sus cosas y entregaron el dinero a los apóstoles de Jesús. Entonces, los apóstoles repartieron el dinero entre los necesitados.

Ananías y su esposa, Safira, que eran miembros de la congregación cristiana de Jerusalén, vendieron un terreno que tenían. Nadie les había dicho que lo vendieran; lo decidieron ellos. Pero no lo hicieron porque amaran a los nuevos discípulos de Jesús. En verdad, Ananías y Safira querían que la gente creyera que ellos eran mejores de lo que realmente eran. Por eso, se pusieron de acuerdo para decir que iban a dar todo el dinero de la venta para ayudar a otras personas. Solo pensaban dar una parte, pero dirían que lo habían dado todo. ¿Tú qué opinas de eso?...

Bueno, Ananías fue a ver a los apóstoles y les dio el dinero. Por supuesto, Dios sabía que no lo estaba dando todo, así que le reveló al apóstol Pedro que Ananías no estaba diciendo la verdad.

Pedro dijo entonces: `Ananías, ¿por qué te has dejado llevar por Satanás? El terreno era tuyo. No tenías que venderlo. Y, aun después de venderlo, lo que hicieras con el dinero era cosa tuya. ¿Por qué finges dar todo el dinero si solo has dado una parte de él? Haciendo eso no solo nos mientes a nosotros, sino también a Dios'.

El asunto era así de serio. Ananías estaba mintiendo. No estaba haciendo lo que decía; solo lo fingía. La Biblia nos dice lo que ocurrió a continuación: `Al oír las palabras de Pedro, Ananías cayó muerto'. Dios hizo que Ananías muriera. Después, se llevaron su cuerpo y lo enterraron.

Unas tres horas más tarde llegó Safira. Como ella no sabía lo que le había ocurrido a su esposo, Pedro le preguntó: `¿Vendieron ustedes el terreno por la cantidad de dinero que nos dieron?'.

Safira contestó: `Sí, lo vendimos justo por esa cantidad'. Pero era mentira. Se habían quedado con parte del dinero de la venta del terreno. Por tal razón, Dios también hizo que Safira muriera (Hechos 5:1-11).

¿Qué aprendemos de lo que les ocurrió a Ananías y Safira?... Que a Dios no le gustan los mentirosos. Él quiere que siempre digamos la verdad. Pero muchas personas piensan que no es malo decir mentiras. ¿Crees que tienen razón?... ¿Sabías que todas las enfermedades, el dolor y la muerte que sufrimos los humanos son el resultado de una mentira?...

Recuerda que el Diablo engañó a la primera mujer, Eva. Le dijo que no moriría si desobedecía a Dios y comía el fruto que Él le había prohibido comer. Eva creyó al Diablo y comió del árbol. Luego convenció a Adán para que también comiera, y de esa forma, ambos se volvieron pecadores. Ahora todos sus hijos nacerían pecadores y, debido a eso, sufrirían y morirían. ¿Cómo comenzó el problema?... Todo comenzó con una mentira.

Ya vemos por qué Jesús dijo que el Diablo `es un mentiroso y el padre de la mentira', pues él fue el primero que dijo una mentira. Cuando alguien miente, está haciendo lo mismo que hizo el Diablo. Deberíamos pensar en esto si alguna vez sentimos la tentación de decir una mentira (Juan 8:44).

¿Cuándo podrías sentir la tentación de mentir?... ¿Verdad que es cuando haces algo malo?... Tal vez hayas roto algo sin querer. Si te preguntan, ¿deberías decir que uno de tus hermanos lo hizo? ¿O fingir quizás que no sabes cómo ocurrió?...

¿Y si tenías que hacer los deberes escolares, pero no los acabaste? ¿Deberías decir que los hiciste todos, aunque no fuera verdad?... Recordemos a Ananías y Safira. No dijeron toda la verdad, y Dios mostró lo malo que era eso haciendo que murieran.

Por lo tanto, sin importar lo que hayamos hecho, la situación siempre será peor si mentimos. Ni siquiera debemos decir verdades a medias. La Biblia nos manda que `hablemos la verdad' y que `no estemos mintiéndonos unos a otros'. Jehová siempre dice la verdad y espera que nosotros hagamos lo mismo (Efesios 4:25; Colosenses 3:9).

Siempre debemos decir la verdad. Así se indica en Éxodo 20:16; Proverbios 6:16-19; 12:19; 14:5; 16:6, y Hebreos 4:13.

22 de Junio. Lectura de la Biblia: Levítico 10 a 13

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Levítico 11:29-45

Núm. 2: ¿Por qué nos enfermamos? (Ir cap. 23)

Núm. 3: Bendiciones de ser un discípulo bautizado

Puntos Sobresalientes Levítico 10 a 13

10:1, 2. ¿Qué puede haber implicado el pecado de Nadab y Abihú, los hijos de Aarón? Poco después de que Nadab y Abihú obraron impropiamente al efectuar sus deberes sacerdotales, Jehová prohibió a los sacerdotes que usaran vino o licor embriagante mientras servían en el tabernáculo (Levítico 10:9). Eso da a entender que los dos hijos de Aarón tal vez estaban bajo los efectos del alcohol durante la ocasión aquí mencionada. Sin embargo, la razón por la que murieron fue porque ofrecieron “fuego ilegítimo, que [Jehová] no les había prescrito”.

Lecciones para nosotros:

10:1, 2. Hoy día, los siervos de Jehová responsables tienen que cumplir con los requisitos divinos. Además, no deben ser insolentes al encargarse de sus obligaciones.

10:9. Nadie debe realizar deberes que le haya dado Dios si está bajo los efectos del alcohol.

Respuestas a preguntas bíblicas:

12:2, 5. ¿Por qué se volvía “inmunda” la mujer como resultado del parto? Los órganos reproductivos fueron hechos para transmitir vida humana perfecta. No obstante, en vista de los efectos heredados del pecado, lo que se transmitió fue vida imperfecta y pecaminosa. Los períodos temporales de `inmundicia' relacionados con el parto, así como la menstruación y las emisiones seminales, recordaban esta herencia pecaminosa (Levítico 15:16-24; Salmo 51:5; Romanos 5:12). Las disposiciones reglamentarias de purificación ayudaban a los israelitas a comprender la necesidad de un sacrificio redentor para cubrir el pecado de la humanidad y devolverle la perfección. Por eso, la Ley llegó a ser su “tutor que [los condujo] a Cristo” (Gálatas 3:24).

Lecciones para nosotros:

11:45. Jehová Dios es santo y exige que quienes le rinden servicio sagrado sean santos. Deben vivir con santidad y permanecer física y espiritualmente limpios (2 Corintios 7:1; 1 Pedro 1:15, 16).

12:8. Jehová permitía que los pobres presentaran como ofrenda de sacrificio pájaros en lugar de una oveja, que era más costosa, lo que demuestra que él es considerado con los pobres.

Núm. 1: Levítico 11:29-45

Núm. 2: ¿Por qué nos enfermamos? (Ir cap. 23)

Capítulo 23

¿Por qué nos enfermamos?

¿CONOCES a alguien que esté enfermo?... Es probable que tú mismo te enfermes a veces. Quizás te resfríes o te duela el estómago. Algunas personas están muy enfermas. Ni siquiera pueden ponerse de pie sin ayuda, sobre todo si son muy mayores.

Todo el mundo cae enfermo de vez en cuando. ¿Sabes por qué la gente se enferma, envejece y muere?... Jesús mostró el motivo en cierta ocasión en la que le llevaron a un hombre que no podía andar. Voy a contarte lo que pasó.

Jesús se estaba quedando en una casa de una ciudad cercana al mar de Galilea, y una muchedumbre fue a verlo. Eran tantas personas, que llenaron la casa. Nadie podía acercarse ni siquiera a la puerta. Pero seguía llegando gente. Un grupo de personas trajo a un hombre que tenía parálisis y no podía ni caminar. Lo tenían que llevar en camilla entre cuatro hombres.

¿Sabes por qué quisieron llevar al enfermo a donde estaba Jesús?... Porque tenían fe en que Jesús podía ayudarlo, en que le podía curar su enfermedad. Pero con la casa tan llena, ¿cómo crees que lograron acercar el paralítico a Jesús?...

Bueno, en la ilustración puedes ver cómo lo hicieron. En primer lugar, subieron al hombre al techo, que era plano. Entonces, hicieron en él un gran agujero. Por último, bajaron al paralítico en su camilla a través del agujero hasta la habitación de abajo. ¡Cuánta fe tenían!

Todas las personas de la casa se sorprendieron al ver lo que ocurría. El paralítico que estaba en la camilla quedó justo en medio de ellos. ¿Se enojó Jesús cuando vio lo que habían hecho los hombres?... Por supuesto que no. Se alegró de ver que tenían fe. Le dijo al paralítico: “Tus pecados son perdonados”.

Algunas personas pensaron que no estaba bien que Jesús dijera aquello. No creían que él pudiera perdonar los pecados. Por eso, para demostrar que sí podía hacerlo, Jesús le dijo al hombre: “Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa”.

Cuando Jesús dijo esas palabras, el hombre se curó de la parálisis. Pudo levantarse sin ayuda y andar. Las personas que vieron el milagro estaban asombradas. Nunca habían visto nada tan maravilloso. Alabaron a Jehová por darles a ese Gran Maestro, que hasta podía curar las enfermedades (Marcos 2:1-12).

¿Qué aprendemos de este milagro?... Que Jesús tiene el poder de perdonar los pecados y curar a los enfermos. Pero también aprendemos otra cosa muy importante: que nos enfermamos debido al pecado.

Puesto que todos nos ponemos enfermos alguna vez, ¿quiere decir eso que todos somos pecadores?... Sí, la Biblia dice que todos nacemos en pecado. ¿Sabes lo que significa nacer en pecado?... Significa que cuando nacemos ya somos imperfectos. A veces hacemos las cosas mal aunque no queramos. Pero ¿por qué nos convertimos todos en pecadores?...

Fue porque el primer hombre, Adán, pecó al desobedecer la ley de Dios. Y todos heredamos el pecado de Adán. ¿Sabes cómo? Intentaré explicártelo de forma que lo puedas entender.

Quizás hayas visto a alguien hacer pan en un molde. ¿Qué le ocurrirá al pan si hay alguna abolladura en el molde? ¿Te lo imaginas?... Cualquier pan que hagas con el molde saldrá con la marca de esa abolladura, ¿verdad?...

Adán fue como el molde, y nosotros somos como el pan. Al desobedecer la ley de Dios, Adán se volvió imperfecto. Fue como si desde entonces tuviera una abolladura, o marca de imperfección. Por eso, cuando le nacieran hijos, ¿cómo serían?... Todos tendrían esa misma marca de imperfección.

La mayoría de los niños no nacen con imperfecciones que se noten a simple vista. No les falta un brazo ni una pierna. Pero la imperfección que tienen es lo suficientemente grave como para que se enfermen y, con el tiempo, mueran.

Sin embargo, algunas personas se enferman más que otras. ¿Por qué sucede esto? ¿Es porque nacen más pecadoras?... No, todo el mundo nace igual de pecador. Todos nacemos imperfectos y, por eso, tarde o temprano, padecemos alguna enfermedad. Incluso quienes tratan de obedecer todas las leyes de Dios y no hacen nada realmente malo se ponen enfermos.

Entonces, ¿por qué algunos se enferman más que otros?... Por muchas razones. Puede que no tengan suficientes alimentos o que estos no sean nutritivos. Quizás coman muchos dulces y golosinas. Otra razón puede ser que se acuesten muy tarde y no duerman lo suficiente. Tal vez no se abriguen bien cuando hace frío. Algunas personas tienen el cuerpo muy debilitado, y no pueden combatir las enfermedades aunque intenten cuidarse.

¿Llegará el día en que no nos enfermemos? ¿Nos libraremos alguna vez del pecado?... Bueno, ¿qué hizo Jesús con aquel paralítico?... Le perdonó sus pecados y lo curó. De esa forma, Jesús demostró lo que hará en el futuro con todos los que se esfuerzan por hacer lo que está bien.

Si demostramos que no queremos pecar y que odiamos lo malo, Jesús nos sanará. Como Rey del Reino de Dios, acabará con la imperfección que ahora tenemos. El pecado no desaparecerá enseguida, sino poco a poco. Entonces, cuando se haya ido para siempre, nunca volveremos a enfermarnos. Todos tendremos salud perfecta. ¡Qué felicidad!

Encontraremos más detalles sobre cómo el pecado afecta a todo el mundo en Job 14:4; Salmo 51:5; Romanos 3:23; 5:12, y 6:23.

Núm. 3: Bendiciones de ser un discípulo bautizado

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Bendiciones que aguardan a los discípulos bautizados

18 Una vez que nos hemos dedicado a Dios y nos hemos bautizado, entramos a formar parte de una familia singular. Primero que nada, Jehová viene a ser nuestro padre y amigo. Antes del bautismo, nos hallábamos alejados de él; ahora nos hemos reconciliado con él (2 Corintios 5:19; Colosenses 1:20). Por medio del sacrificio de Cristo, nos hemos acercado a Dios, y él se ha acercado a nosotros (Santiago 4:8). El profeta Malaquías asegura que Jehová presta atención y oye a los que usan y llevan su nombre, y que los inscribe en su libro de recuerdo. “Ciertamente llegarán a ser míos”, dice Dios, “y ciertamente les mostraré compasión, tal como un hombre muestra compasión a su hijo que le sirve” (Malaquías 3:16-18).

19 Gracias al bautismo, también llegamos a ser miembros de una hermandad mundial. Cuando el apóstol Pedro preguntó sobre la recompensa que habría para los discípulos de Cristo por los sacrificios que habían hecho, Jesús prometió: “Todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o tierras, por causa de mi nombre, recibirá muchas veces más, y heredará la vida eterna” (Mateo 19:29). Años más tarde, Pedro aludió a “toda la asociación de hermanos” que se había formado “en el mundo”. Él mismo había gozado del apoyo de esta amorosa hermandad y disfrutado de las bendiciones de pertenecer a ella. Nosotros podemos experimentar lo mismo (1 Pedro 2:17; 5:9).

20 Y lo que es más, Jesús prometió que quien lo sigue “heredará la vida eterna”. En efecto, la dedicación y el bautismo nos ofrecen la oportunidad de “[asirnos] firmemente de la vida que realmente lo es”, a saber, la vida eterna en el nuevo mundo de Dios (1 Timoteo 6:19). ¿Qué mejores bases podemos sentar para nuestro futuro y el de nuestra familia? Esta bendita perspectiva hace que “[andemos] en el nombre de Jehová nuestro Dios hasta tiempo indefinido, aun para siempre” (Miqueas 4:5).

29 de Junio. Lectura de la Biblia: Levítico 14 a 16

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes - Levítico 14 - 16

15:16-18. ¿Qué es la “emisión de semen” que se menciona en estos versículos? Parece ser que se refiere tanto a la emisión nocturna como a las relaciones sexuales dentro del matrimonio.

Respuestas a preguntas bíblicas:

16:29. ¿En qué sentido habían de `afligir su alma' los israelitas? Esto se hacía en el Día de Expiación, y tenía que ver con buscar el perdón de los pecados. El ayuno durante ese día debió relacionarse con el reconocimiento de pecados. Por lo tanto, es muy probable que la expresión `afligir su alma' se refiera a ayunar.

6 de Julio. Lectura de la Biblia: Levítico 17 a 20

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Levítico 19:1-18

Núm. 2: ¿Existíamos todos nosotros en la región espiritual antes que naciéramos como seres humanos? (rs pág. 71 § 2-pág. 72 § 3)

Núm. 3: Nunca seas un ladrón (Ir cap. 24)

Puntos Sobresalientes Levítico 17 a 20

19:27. ¿Qué quiere decir el mandato de no “cortar los mechones de sus lados de modo que queden cortos en derredor” o “destruir la extremidad” de la barba? Obviamente se dispuso esta ley para evitar que los judíos se cortaran la barba o el cabello como solían hacerlo ciertos paganos (Jeremías 9:25, 26; 25:23; 49:32). Sin embargo, el mandato divino no significaba que los judíos no pudieran recortarse la barba en lo más mínimo (2 Samuel 19:24).

Lecciones para nosotros:

20:9. Un espíritu de odio y crueldad equivalía al asesinato ante los ojos de Jehová. Por ello, Dios prescribió la misma pena tanto para el que injuriara a sus padres como para el que realmente los asesinara. ¿No debería este hecho impulsarnos a mostrar amor a nuestros hermanos en la fe? (1 Juan 3:14, 15.)

Núm. 1: Levítico 19:1-18

Núm. 2: ¿Existíamos todos nosotros en la región espiritual antes que naciéramos como seres humanos? (rs pág. 71 § 2-pág. 72 § 3)

¿Existíamos todos nosotros en la región espiritual antes que naciéramos como humanos?

Juan 8:23: “[Jesucristo les dijo:] `Ustedes son de las regiones de abajo; yo soy de las regiones de arriba. Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo.'” (Jesús había venido de la región espiritual. Pero, como indicó Jesús, los demás hombres no habían venido de allí.)

Rom. 9:10-12: “Cuando Rebeca concibió gemelos [...] cuando todavía no habían nacido ni practicado cosa buena ni vil, para que el propósito de Dios tocante a la selección continuara dependiendo, no de obras, sino de Aquel que llama, se le dijo a ella: `El mayor será esclavo del menor.'” (Por supuesto, si los gemelos Jacob y Esaú hubieran vivido anteriormente en una región espiritual, con toda seguridad se habrían hecho un registro de actos basado en su conducta allí, ¿verdad? Pero no fue sino hasta después de nacer como humanos cuando se hicieron tal registro.)

¿Van al cielo todas las personas buenas?

Hech. 2:34: “David [a quien la Biblia se refiere como un `hombre agradable al corazón de Jehová'] no ascendió a los cielos.”

Mat. 11:11: “En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos mayor es que él.” (De modo que Juan no fue al cielo cuando murió.)

Sal. 37:9, 11, 29: “Los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra. Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella.”

Núm. 3: Nunca seas un ladrón (Ir cap. 24)

Capítulo 24

Nunca seas un ladrón

¿ALGUNA vez te han robado algo?... ¿Cómo te sentiste?... Quien te robó era un ladrón, y a nadie le gustan los ladrones. ¿Cómo crees que alguien se hace ladrón? ¿Nace así?...

En la lección anterior aprendimos que todos nacemos pecadores y, por lo tanto, somos imperfectos. Pero nadie nace siendo ladrón. Es posible que la persona venga de una familia buena, que sus padres y hermanos sean honrados. Pero su deseo de conseguir dinero y comprarse muchas cosas puede hacer que se convierta en un ladrón.

¿Quién dirías tú que fue el primer ladrón?... A ver, pensemos un poco. El Gran Maestro lo conoció cuando estaba en el cielo. Aquel ladrón era un ángel. Pero si Dios había creado perfectos a todos los ángeles, ¿cómo fue que aquel se hizo ladrón?... Bueno, como aprendimos en el capítulo 8 de este libro, quiso algo que no le pertenecía. ¿Recuerdas qué fue?...

Después de que Dios creara al primer hombre y a la primera mujer, aquel ángel quiso que ellos lo adoraran a él. No tenía derecho a esto, porque la adoración pertenecía a Dios. Pero la robó, por decirlo así. Consiguió que Adán y Eva lo adoraran, y así se convirtió en ladrón. Llegó a ser Satanás el Diablo.

¿Qué convierte a alguien en un ladrón?... El deseo de tener lo que no le pertenece. Ese deseo puede volverse tan fuerte que hasta lleve a gente buena a hacer cosas malas. En algunos casos, quienes se hacen ladrones nunca se arrepienten ni vuelven a hacer lo bueno. Una de esas personas fue un apóstol de Jesús que se llamaba Judas Iscariote.

Judas sabía que robar era malo, pues le habían enseñado la Ley de Dios desde niño. Sabía que en cierta ocasión Dios había hablado desde el cielo y le había dicho a su pueblo: “No debes hurtar” (Éxodo 20:15). Cuando Judas creció, conoció al Gran Maestro y se convirtió en discípulo suyo. Con el tiempo, Jesús incluso lo escogió para que fuera uno de sus doce apóstoles.

Jesús y sus apóstoles viajaban y comían juntos. Todo el dinero del grupo se guardaba en una caja, y Jesús se la dio a Judas para que la cuidara. Por supuesto, el dinero no le pertenecía a Judas. Pero ¿sabes qué hizo él algún tiempo después?...

Judas comenzó a sacar dinero de la caja cuando no debía. Lo hacía cuando los demás no lo veían, y hasta intentó encontrar la forma de conseguir más. Comenzó a pensar en el dinero todo el tiempo. Veamos a qué lo llevó aquel deseo malo pocos días antes de que mataran al Gran Maestro.

María, la hermana del amigo de Jesús llamado Lázaro, tomó aceite de la mejor calidad y lo derramó sobre los pies de Jesús. Pero Judas se quejó. ¿Sabes por qué?... Dijo que ese aceite se debería haber vendido para dar el dinero a los pobres. En realidad, lo que él quería era tener más dinero en la caja para poder robarlo (Juan 12:1-6).

Jesús le dijo a Judas que dejara tranquila a María, que había sido tan bondadosa. A Judas no le gustó que Jesús dijera aquello, por eso fue a donde estaban los sacerdotes principales, los enemigos de Jesús. Ellos querían arrestar a Jesús, pero querían hacerlo de noche para que nadie los viera.

Judas les dijo a los sacerdotes: `Si me dan dinero, les explicaré cómo pueden detener a Jesús. ¿Cuánto están dispuestos a darme?'.

Los sacerdotes contestaron: `Te daremos treinta monedas de plata' (Mateo 26:14-16).

Judas aceptó el dinero de aquellos hombres. Fue como si les hubiera vendido al Gran Maestro. ¿Puedes creer que alguien cometa una maldad así?... Pues ese es el tipo de cosas que ocurren cuando alguien se hace ladrón y roba dinero. Ama el dinero más de lo que ama a otras personas e incluso a Dios.

Quizás tú digas: “Yo nunca amaré ninguna cosa más de lo que amo a Jehová Dios”. Es bueno que pienses así. Probablemente, eso fue lo que Judas pensó cuando Jesús lo eligió para que fuera su apóstol. Otros que se hicieron ladrones tal vez creyeron lo mismo. Hablemos de algunos de ellos.

Uno fue un siervo de Dios llamado Acán, que vivió mucho antes de que naciera el Gran Maestro. Acán vio un vestido hermoso, una barra de oro y algunas piezas de plata. Ninguno de esos objetos le pertenecían. La Biblia dice que eran de Jehová porque el pueblo de Dios se los había quitado a sus enemigos. Pero Acán los deseaba tanto que los robó (Josué 6:19; 7:11, 20-22).

Veamos otro ejemplo. Hace mucho tiempo, Jehová escogió a David para que fuera el rey del pueblo de Israel. Un día, David comenzó a observar a una hermosa mujer llamada Bat-seba. Siguió mirándola y pensando en traérsela a su casa para estar con ella. Sin embargo, era la esposa de Urías. ¿Qué debería haber hecho David?...

David debería haber dejado de pensar en Bat-seba, pero no lo hizo. Así que se la llevó a su casa y se encargó de que mataran a Urías. ¿Por qué hizo David aquellas cosas malas?... Porque deseó a una mujer que era de otro hombre (2 Samuel 11:2-27).

Como David se arrepintió, Jehová le permitió seguir con vida. Pero desde entonces, tuvo muchos problemas. Su hijo Absalón quiso quitarle el puesto de rey. Cuando la gente iba a ver a David, Absalón los abrazaba y los besaba. La Biblia dice: “Absalón siguió robándose el corazón de los hombres de Israel”. Finalmente consiguió que aquellas personas quisieran que él fuera rey en lugar de David (2 Samuel 15:1-12).

¿Alguna vez has sentido un deseo grande de tener algo, como Acán, David y Absalón?... Si esa cosa pertenece a otra persona, tomarla sin permiso es robar. ¿Recuerdas qué fue lo que quiso el primer ladrón, Satanás?... Quiso que la gente lo adorara a él en vez de a Dios. De manera que Satanás estaba robando cuando hizo que Adán y Eva le obedecieran.

Cuando una persona es dueña de algo, tiene el derecho de decidir quién puede usarlo. Por ejemplo, si vas a jugar a casa de otros niños, ¿está bien que te lleves algo de su casa a la tuya?... No, a menos que su papá o su mamá te digan que puedes hacerlo. Si te llevas una cosa sin pedir permiso, estás robando.

¿Qué puede hacer que te sientas tentado a robar?... El deseo de tener algo que no te pertenece. Aunque ninguna otra persona te vea llevártelo, ¿quién te está viendo?... Jehová Dios. Debemos recordar que Dios odia el robo. Por eso, el amor a Dios y al prójimo evitará que seas un ladrón.

La Biblia explica claramente que robar es malo. Leamos, por favor, Marcos 10:17-19; Romanos 13:9, y Efesios 4:28.

13 de Julio. Lectura de la Biblia: Levítico 21 a 24

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Levítico 22:17-33

Núm. 2: ¿Pueden cambiar los que hacen cosas ma­las? (Ir cap. 25)

Núm. 3: Cómo demuestran interés por los pobres los verdaderos cristianos

Puntos Sobresalientes Levítico 21 a 24

Lecciones para nosotros:

22:32; 24:10-16, 23. No debe difamarse el nombre de Jehová. Al contrario, debemos alabar su nombre y pedir en oración que sea santificado (Salmo 7:17; Mateo 6:9).

Núm. 1: Levítico 22:17-33

Núm. 2: ¿Pueden cambiar los que hacen cosas ma­las? (Ir cap. 25)

Capítulo 25

¿Pueden cambiar los que hacen cosas malas?

¿NO SERÍA maravilloso que todo el mundo hiciera el bien?... Pero la verdad es que no hay nadie que lo haga siempre. ¿Sabes por qué todos nos portamos mal a veces, aunque no queramos?... Porque todos nacemos pecadores. Pero hay personas que hacen muchas cosas terribles. Odian a otros y los lastiman a propósito. ¿Crees que pueden cambiar y aprender a ser buenos?...

Fíjate en el joven que está cuidando los mantos de los hombres que lanzan piedras contra Esteban. Su nombre hebreo es Saulo, pero además tiene un nombre romano, Pablo. Él se alegra de que maten a Esteban, que es discípulo del Gran Maestro. Pero veamos por qué Saulo es tan malo.

Saulo pertenecía al grupo religioso judío de los fariseos. Aunque ellos tenían la Palabra de Dios, hacían más caso a las enseñanzas de algunos de sus propios líderes religiosos que a las Escrituras. A eso se debía el mal comportamiento de Saulo.

Saulo estaba en Jerusalén cuando arrestaron a Esteban y lo llevaron ante el tribunal. Allí había algunos jueces fariseos. A pesar de las cosas malas que se dijeron sobre Esteban, él no tuvo miedo. Con valor les predicó a los jueces sobre Jehová Dios y Jesús.

Sin embargo, a los jueces no les gustó lo que escucharon. Ellos ya sabían mucho de Jesús. De hecho, poco tiempo antes lo habían condenado a muerte. Después Jehová había llevado a Jesús de vuelta al cielo. Pero los jueces, en vez de cambiar su conducta, habían empezado a perseguir a los discípulos de Jesús.

Los jueces agarraron a Esteban y lo sacaron a las afueras de la ciudad, donde lo tiraron al suelo y lo apedrearon. Como puedes ver en la lámina, Saulo observaba la escena de cerca. A él le parecía bien que mataran a Esteban.

¿Sabes por qué Saulo pensaba así?... Porque había sido fariseo toda su vida y creía que las enseñanzas de ese grupo religioso eran buenas. Los dirigentes de los fariseos eran un ejemplo para él y los imitaba (Hechos 7:54-60).

¿Qué hizo Saulo después de la muerte de Esteban?... Decidió acabar con los demás discípulos de Jesús. Sacaba de sus casas por la fuerza tanto a los hombres como a las mujeres y los mandaba a la prisión. Muchos discípulos tuvieron que huir de Jerusalén, pero no dejaron de predicar acerca de Jesús (Hechos 8:1-4).

Eso hizo que Saulo odiara aún más a los discípulos de Jesús. Así que fue a hablar con el sumo sacerdote Caifás, y este le dio permiso para arrestar a los cristianos que vivían en la ciudad de Damasco. Saulo quería llevarlos presos a Jerusalén para que los castigaran. Sin embargo, en el camino a Damasco sucedió algo asombroso.

Apareció una luz muy brillante en el cielo, y una voz dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me estás persiguiendo?”. ¡Jesús le estaba hablando desde el cielo! La luz era tan brillante que dejó ciego a Saulo, y quienes lo acompañaban tuvieron que llevarlo a Damasco.

Tres días después, Jesús se apareció en una visión a Ananías, uno de sus discípulos de Damasco. Le encargó que visitara a Saulo para que le curara la ceguera y hablara con él. Cuando Ananías habló con Saulo, este aceptó la verdad sobre Jesús y recuperó la vista. Su vida cambió por completo y se convirtió en un siervo fiel de Dios (Hechos 9:1-22).

¿Comprendes ahora por qué Saulo hacía cosas malas?... Porque le habían enseñado ideas equivocadas. Seguía a hombres que no eran fieles a Dios y pertenecía a un grupo que daba más importancia a las ideas humanas que a la Palabra de Dios. Entonces, ¿por qué cambió Saulo su vida y comenzó a hacer lo bueno, aunque otros fariseos siguieron oponiéndose a Dios?... Porque él no odiaba realmente la verdad, y cuando le mostraron cuál era, estuvo dispuesto a obedecerla.

¿Sabes quién llegó a ser Saulo después?... Un apóstol de Jesús: el apóstol Pablo. Recuerda, además, que Pablo fue el que escribió más libros de la Biblia.

Hay muchas personas que son como Saulo y que podrían cambiar. Sin embargo, no les resulta fácil porque existe alguien que hace todo lo posible por que la gente haga cosas malas. ¿Sabes quién es?... Jesús habló de él cuando se apareció a Saulo en el camino a Damasco. Jesús le dijo a Saulo desde el cielo: `Te envío para que abras los ojos de las personas, para que pasen de la oscuridad a la luz y de la autoridad de Satanás a la de Dios' (Hechos 26:17, 18).

Satanás el Diablo es quien intenta que todo el mundo haga cosas malas. ¿Te cuesta trabajo a veces portarte bien?... Bueno, a todos nos pasa lo mismo porque Satanás nos lo pone difícil. Pero hay otra razón por la que no siempre es fácil hacer lo que está bien. ¿Sabes cuál es?... Que nacemos pecadores.

Por ese motivo suele resultarnos más fácil ser malos que buenos. Entonces, ¿qué es necesario que hagamos?... Esforzarnos mucho por portarnos bien. Si así lo hacemos, podemos estar seguros de que Jesús, que nos ama, nos ayudará.

Cuando Jesús estuvo en la Tierra, demostró su amor por personas que habían hecho cosas malas, pero cambiaron. Él sabía lo difícil que era para ellos cambiar. Por ejemplo, había mujeres que tenían relaciones sexuales con muchos hombres. Por supuesto, eso es malo. La Biblia llama a esas mujeres rameras, o prostitutas.

En cierta ocasión, una de esas mujeres oyó hablar de Jesús y fue a verlo a casa de un fariseo, pues Jesús se encontraba allí. La mujer echó aceite sobre los pies de Jesús y secó con sus propios cabellos las lágrimas que había derramado sobre ellos. Estaba muy arrepentida de sus pecados, y por eso Jesús la perdonó. Sin embargo, el fariseo opinaba que no se la debía perdonar (Lucas 7:36-50).

¿Sabes qué dijo Jesús en otra ocasión a algunos fariseos?... Estas palabras: “Las rameras van delante de ustedes al reino de Dios” (Mateo 21:31). Jesús dijo eso porque aquellas mujeres habían creído en él y habían cambiado, pero los fariseos seguían persiguiendo a los discípulos de Jesús.

Por lo tanto, si la Biblia muestra que estamos haciendo algo malo, debemos estar dispuestos a cambiar. Además, cuando aprendemos lo que Jehová quiere que hagamos, debemos estar deseosos de hacerlo. De esa forma, Jehová estará contento con nosotros y nos dará vida eterna.

Vamos a leer juntos varios textos que nos ayudarán a no hacer cosas malas: Salmo 119:9-11; Proverbios 3:5-7, y 12:15.

Núm. 3: Cómo demuestran interés por los pobres los verdaderos cristianos

IT - 2 pág 671 -673

POBRES

Personas que tienen poco dinero o pocos bienes de cualquier clase. El adjetivo “pobre” a veces se aplica a algo humilde o a la persona o cosa que tiene carencia o escasez de algo, sea material o espiritual, y con frecuencia expresa compasión por el que se halla en tal situación.

El problema de la pobreza ha existido desde la antigüedad. A través de los siglos, la proporción de personas necesitadas por lo general ha sido mayor que la de personas solventes. Después de aceptar un acto de generosidad, Jesús reconoció la dura realidad de que la pobreza seguía existiendo entre los humanos imperfectos, cuando dijo a sus discípulos: “Porque siempre tienen a los pobres con ustedes, y cuando quieran pueden hacerles bien, pero a mí no siempre me tienen”. (Mr 14:7.) La Biblia presenta un punto de vista equilibrado sobre ese problema: expresa compasión por los que sufren en condiciones opresivas, al mismo tiempo que reprende a los que en realidad `comen su propia carne' debido a su indolencia. (Ec 4:1, 5; Pr 6:6-11.) Concede mayor importancia a la prosperidad espiritual que a la material (1Ti 6:17-19); por eso el apóstol escribió: “Porque nada hemos traído al mundo, y tampoco podemos llevarnos cosa alguna. Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas”. (1Ti 6:7, 8.) No obstante, las Escrituras no dicen que la pobreza material sea una virtud en sí misma, y previenen de la tentación de robar a la que podría conducir un grado extremo de pobreza. (Pr 6:30, 31; 30:8, 9; contrástese con Ef 4:28.)

Los pobres en Israel. Jehová no quería que ningún israelita se sumiera en la pobreza. Él dio a la nación una herencia de tierra. (Nú 34:2-12.) A excepción de los levitas, que recibían un diezmo del producto de la tierra por su servicio en el santuario, todas las familias israelitas tenían una parte en esa herencia, de modo que disponían de un medio de mantenerse a sí mismas. (Nú 18:20, 21.) La posesión de la tierra era segura y las leyes de la herencia garantizaban que la tierra seguiría como propiedad de la familia a la que pertenecía. (Nú 27:7-11; 36:6-9; Dt 21:15-17; véase HERENCIA.) No podía venderse a perpetuidad (Le 25:23), de ahí que en el año de Jubileo todas las tierras hereditarias que se habían vendido se devolvían a sus legítimos propietarios. (Le 25:13.) Así pues, hasta en el caso de que un hombre hubiera derrochado sus bienes, sus descendientes no perderían su herencia de manera definitiva.

La adherencia fiel a la ley de Dios habría evitado de modo considerable la pobreza entre los israelitas. (Dt 15:4, 5.) Sin embargo, en caso de desobedecer, no recibirían la bendición de Jehová, y eso los llevaría a caer en la pobreza debido a calamidades, como invasiones de ejércitos armados o extrema sequía. (Dt 28:22-25; compárese con Jue 6:1-6; 1Re 17:1; 18:17, 18; Snt 5:17, 18.) Debido a ser perezosos (Pr 6:10, 11; 10:4; 19:15; 20:13; 24:30-34), borrachos, glotones (Pr 23:21) o ir tras los placeres (Pr 21:17), algunas personas se conducirían a sí mismas y a sus familias a la pobreza. Además, también podrían surgir circunstancias imprevistas que sumieran a alguien en la pobreza. La muerte podía hacer que algunas personas quedaran huérfanas o viudas. Los accidentes y la enfermedad podrían impedir que alguien efectuase el trabajo necesario, temporal o permanentemente. Por esas razones, Jehová pudo decir a Israel: “Porque nunca dejará de haber alguien pobre en medio de la tierra”. (Dt 15:11.)

No obstante, la Ley ayudaba de manera notable a los pobres a enfrentarse con su situación. Durante la cosecha, tenían el derecho de espigar en los campos ya segados y de rebuscar en los huertos y en las viñas, de modo que no tuvieran que mendigar pan o recurrir al robo. (Le 19:9, 10; 23:22; Dt 24:19-21.) Un israelita necesitado podía pedir dinero prestado sin tener que pagar interés, y debía tratársele con generosidad. (Éx 22:25; Le 25:35-37; Dt 15:7-10; véase DEUDA, DEUDOR.) Un israelita podía vender su tierra o venderse a sí mismo como esclavo por un tiempo, para incrementar sus recursos económicos. (Le 25:25-28, 39-54.) Con el fin de no poner una carga sobre los pobres, la Ley les permitía presentar una ofrenda de menos valor en el santuario. (Le 12:8; 14:21, 22; 27:8.)

La ley de Dios exigía igual justicia para los ricos que para los pobres, y por lo tanto, no favorecía a ninguno de los dos debido a su posición. (Éx 23:3, 6; Le 19:15.) Pero como la nación de Israel se volvió infiel, los pobres fueron muy oprimidos. (Isa 10:1, 2; Jer 2:34.)

En el siglo I E.C. Parece ser que entre los judíos del siglo I E.C. imperaba una considerable pobreza. La dominación extranjera desde el tiempo del exilio en Babilonia impidió la plena aplicación de la ley mosaica, que protegía las posesiones hereditarias. (Compárese con Ne 9:36, 37.) Los líderes religiosos, en especial los fariseos, estaban más preocupados por la tradición que por inculcar el verdadero amor al prójimo y la debida consideración a los padres necesitados y de edad avanzada. (Mt 15:5, 6; 23:23; compárese con Lu 10:29-32.) Los fariseos amaban el dinero y tenían poco interés en los pobres. (Lu 16:14.)

Sin embargo, Cristo Jesús `se compadeció de las muchedumbres, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor'. (Mt 9:36.) Declaró las buenas nuevas a los pobres y los oprimidos, lo que supuso un contraste tan marcado con la actitud de los líderes religiosos del judaísmo, que constituyó una de las pruebas de que efectivamente era el Mesías. (Mt 11:5; Lu 4:18; 7:22.) La obra de Jesús abrió el glorioso privilegio de heredar el Reino celestial a los que respondieron favorablemente. (Mt 5:3; Lu 6:20.)

Como los judíos estaban en una relación de pacto con Dios, tenían la obligación de ayudar a sus compañeros israelitas necesitados. (Pr 14:21; 28:27; Isa 58:6, 7; Eze 18:7-9.) Dándose cuenta de este hecho, después de aceptar a Jesús como el Mesías, Zaqueo exclamó: “¡Mira! La mitad de mis bienes, Señor, la doy a los pobres”. (Lu 19:8.) Por la misma razón, Cristo Jesús pudo decir: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás feliz, porque ellos no tienen con qué pagártelo”. (Lu 14:13, 14.) En otra ocasión, Jesús animó a un joven gobernante rico a hacer lo siguiente: “Vende todas las cosas que tienes y distribuye entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sé mi seguidor”. (Lu 18:22.) El hecho de que este hombre no quisiera deshacerse de sus posesiones para ayudar a otros mostraba que no tenía verdadero interés en los oprimidos, y, por consiguiente, no reunía las cualidades necesarias para ser discípulo de Jesús. (Lu 18:23.)

El que Jesús promoviese la ayuda a los pobres concordaba con lo que él mismo había hecho. En los cielos, como Hijo de Dios, lo había tenido todo, pero “aunque era rico, se hizo pobre”. Debido a que vivió en la Tierra como hombre pobre, pudo redimir a la raza humana, haciendo disponible la mayor de las riquezas: la posibilidad de que sus seguidores llegaran a ser hijos de Dios. (2Co 8:9.) Además, también se les hicieron disponibles otras grandes riquezas espirituales. (Compárese con 2Co 6:10; Rev 2:9; 3:17, 18.)

Cuando Jesús estuvo en la Tierra, se interesó personalmente en los que eran pobres en sentido económico. Él y sus apóstoles tenían un fondo común del que daban a los israelitas necesitados. (Mt 26:9-11; Mr 14:5-7; Jn 12:5-8; 13:29.) Los cristianos siguieron manifestando ese mismo interés amoroso por los pobres años después, pues daban ayuda material a sus hermanos pobres. (Ro 15:26; Gál 2:10.) Pero algunos lo olvidaron; por esa razón, al discípulo Santiago se le hizo necesario reprenderlos por mostrar favoritismo a los ricos y despreciar a los pobres. (Snt 2:2-9.)

Por supuesto, solo recibían ayuda material los que la merecían. Nunca se fomentaba la pereza, como indicó el apóstol Pablo al escribir a los Tesalonicenses: “Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma”. (2Te 3:10; véanse DÁDIVAS DE MISERICORDIA; MENDIGO, MENDICIDAD.)

20 de Julio. Lectura de la Biblia: Levítico 25 a 27

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Levítico 25:39-54

Núm. 2: ¿Por qué resulta difícil hacer lo que está bien? (Ir cap. 26)

Núm. 3: Si Adán no hubiera pecado, ¿habría ido al cielo con el tiempo? (rs pág. 72 § 4, 5)

Puntos Sobresalientes Levítico 25 a 27

25:35-37. ¿Estaba siempre mal que los israelitas cobraran interés? Si se prestaba el dinero por razones de negocio, el prestamista podía cobrar interés. No obstante, la Ley prohibía que se cobrara interés sobre préstamos que se hicieran para sacar a alguien de la pobreza. Era injusto aprovecharse de los reveses económicos de algún vecino necesitado (Éxodo 22:25).

26:19. ¿Cómo podrían `los cielos ser como hierro, y la tierra como cobre'? Por falta de lluvia, la apariencia de los cielos sobre la tierra de Canaán sería dura y compacta como el hierro. Sin lluvia, la tierra tendría un brillo metálico de color cobre.

26:26. ¿Qué significa el hecho de que `diez mujeres estuvieran cociendo pan en un solo horno'? Normalmente, cada mujer necesitaría su propio horno para encargarse de todo lo que tuviera que hornear. Pero estas palabras indican que habría tanta escasez de alimento que diez mujeres podrían cocer todo lo que tenían en un solo horno. Esta era una de las consecuencias predichas por no mantener la santidad.

Núm. 1: Levítico 25:39-54

Núm. 2: ¿Por qué resulta difícil hacer lo que está bien? (Ir cap. 26)

Capítulo 26

¿Por qué resulta difícil hacer lo que está bien?

¿QUIÉN se alegró cuando Saulo hizo cosas malas?... Satanás el Diablo. Pero los líderes religiosos de los judíos también se alegraron. Así que cuando Saulo se convirtió en discípulo del Gran Maestro y empezó a ser conocido como Pablo, aquellos líderes religiosos comenzaron a odiarlo. ¿Entiendes por qué le resulta difícil a un discípulo de Jesús hacer lo que está bien?...

En cierta ocasión, el sumo sacerdote Ananías ordenó que golpearan a Pablo en la cara. Además, Ananías intentó encarcelarlo. Pablo sufrió muchísimo por hacerse discípulo de Jesús. Por ejemplo, hubo personas malas que lo golpearon y quisieron matarlo a pedradas (Hechos 23:1, 2; 2 Corintios 11:24, 25).

Muchos intentarán que hagamos cosas que desagradan a Dios. Por lo tanto, debemos preguntarnos: “¿Cuánto amamos lo bueno? ¿Lo amamos tanto que lo haremos aunque otros nos odien?”. ¿No es cierto que para eso se necesita valor?...

Quizás te preguntes: “¿Por qué iban a odiarnos los demás por hacer lo bueno? ¿No deberían alegrarse?”. Eso sería lo normal. Por lo general, a la gente le gustaba Jesús por las cosas buenas que hacía. Una vez, todos los habitantes de una ciudad se reunieron a la puerta de la casa donde él estaba. Fueron allí porque Jesús curaba a los enfermos (Marcos 1:33).

Pero a veces a la gente no le gustaba lo que Jesús enseñaba. Él siempre enseñó la verdad, y algunos lo odiaban precisamente por eso. Así le sucedió un día en la ciudad donde se crió, llamada Nazaret. Jesús fue a la sinagoga, el lugar donde los judíos se reunían para adorar a Dios.

Allí Jesús dio un discurso magnífico basado en las Escrituras. Al principio, a la gente le gustó. Todos quedaron asombrados por las palabras tan bonitas que salían de su boca. Les parecía imposible que aquel fuera el joven que se había criado en la misma ciudad que ellos.

Pero entonces Jesús comenzó a hablarles de las ocasiones en las que Dios había tratado con bondad especial a personas que no eran judías. Cuando oyeron eso, quienes estaban en la sinagoga se enojaron. ¿Sabes por qué?... Porque pensaban que eran los únicos que disfrutaban de esa bondad especial de Dios, pues se creían mejores que los demás. Así que empezaron a odiar a Jesús por lo que había dicho. ¿Sabes qué intentaron hacerle?...

La Biblia explica: `Agarraron a Jesús, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron a lo alto de un precipicio para arrojarlo desde allí y matarlo. Pero Jesús se les escapó' (Lucas 4:16-30).

Si te ocurriera algo así, ¿volverías para hablar de Dios a esas personas?... ¿Verdad que haría falta valor?... Pues, como al año, Jesús volvió a Nazaret. La Biblia dice: “Se puso a enseñarles en las sinagogas de ellos”. Jesús no dejó de hablar de la verdad por temor a hombres que no amaban a Dios (Mateo 13:54).

En otra ocasión era sábado y Jesús se hallaba en un lugar donde había un hombre con una mano seca, es decir, paralizada. Dios le había dado poder a Jesús para curarlo. No obstante, algunos hombres que se encontraban allí quisieron meterlo en problemas. ¿Qué hizo el Gran Maestro?... En primer lugar preguntó: `Si tuvieran una oveja que se hubiera caído en un hoyo en sábado, ¿la sacarían de allí?'.

Por supuesto que sacarían la oveja, incluso si era sábado, el día en que debían descansar. Por lo tanto, Jesús les dijo: `Mejor aún es ayudar a un hombre en sábado, puesto que un hombre es de mucho más valor que una oveja'. Estaba claro que Jesús debía ayudar a aquella persona curándola.

Jesús le pidió al enfermo que estirara la mano y se la curó enseguida. ¡Qué feliz se puso el hombre! Pero ¿y los demás? ¿Se alegraron?... No. Sintieron aún más odio por Jesús. Salieron de allí e hicieron planes para matarlo (Mateo 12:9-14).

La situación es parecida en nuestros días. Sin importar lo que hagamos, nunca podremos complacer a todo el mundo. Así que debemos decidir a quién queremos complacer. Si es a Jehová Dios y a su Hijo, Jesucristo, entonces debemos hacer siempre lo que ellos nos enseñan. Sin embargo, ¿quién nos odiará por eso? ¿Quién hará que nos resulte difícil hacer lo que está bien?...

Satanás el Diablo. ¿Alguien más?... Las personas a quienes el Diablo ha hecho creer cosas malas. Jesús les dijo a los líderes religiosos de su tiempo: “Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre” (Juan 8:44).

Hay muchas personas que hacen lo que le gusta al Diablo. Jesús las llama “el mundo”. ¿Qué crees que es “el mundo” del que habla Jesús?... Busquemos Juan, capítulo 15, versículo 19, donde leemos estas palabras de Jesús: “Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia”.

Por lo tanto, el mundo que odia a los discípulos de Jesús está formado por toda la gente que no sigue al Gran Maestro. ¿Por qué odia el mundo a los discípulos de Jesús?... Piensa un poco. ¿Quién es el gobernante de este mundo?... La Biblia dice: `El mundo entero se encuentra en el poder del inicuo'. Ese inicuo, o malvado, es Satanás el Diablo (1 Juan 5:19).

¿Comprendes ahora por qué cuesta tanto trabajo hacer lo que está bien?... Satanás y su mundo nos lo ponen difícil. Pero hay otra razón. ¿Recuerdas cuál es?... En el capítulo 23 aprendimos que todos nacemos pecadores. ¿No crees que será maravilloso cuando el pecado, el Diablo y su mundo hayan desaparecido?...

La Biblia promete: “El mundo va pasando”. Eso significa que todos los que no sean discípulos del Gran Maestro desaparecerán, no se les permitirá vivir para siempre. Pero ¿sabes quiénes sí vivirán eternamente?... La Biblia pasa a decir: “El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). Solo las personas que hagan lo que está bien, “la voluntad de Dios”, vivirán para siempre en Su nuevo mundo. Por eso, aunque resulte difícil, ¿verdad que deseamos hacer lo que está bien?...

Vamos a leer juntos algunos textos bíblicos que muestran por qué no resulta fácil hacer lo que está bien: Mateo 7:13, 14; Lucas 13:23, 24, y Hechos 14:21, 22.

Núm. 3: Si Adán no hubiera pecado, ¿habría ido al cielo con el tiempo? (rs pág. 72 § 4, 5)

Si Adán no hubiera pecado, ¿habría ido al cielo con el tiempo?

Gén. 1:26: “Pasó Dios a decir: `Hagamos un hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas volátiles de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra y todo animal moviente que se mueve sobre la tierra.'” (Así que el propósito de Dios para Adán fue que se encargara de cuidar de la Tierra y de la vida animal sobre ella. No se dice nada de que él iría al cielo.)

Gén. 2:16, 17: “También le impuso Jehová Dios este mandato al hombre: `De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo no debes comer de él, porque en el día que comas de él positivamente morirás.'” (No era el propósito original de Jehová que el hombre muriera algún día. El mandato de Dios citado aquí muestra que él advirtió que no se siguiera el proceder que llevaría a la muerte. La muerte habría de ser el castigo por la desobediencia, no una puerta a una vida mejor en el cielo. La obediencia sería recompensada con vida continua, vida eterna, en el Paraíso que Dios había dado al hombre. Véase también Isaías 45:18.)

27 de Julio. Lectura de la Biblia: Números 1 a 3

Puntos Sobresalientes (Seleccionar puntos introducción si.)

Núm. 1: Números 3:1-20

Núm. 2: La apacibilidad exige autodominio

Núm. 3: ¿Quién es nuestro Dios? (Ir cap. 27)

Puntos Sobresalientes Números 1 a 3

2:1, 2. ¿Qué eran “las señales” en torno a las cuales acampaban en el desierto las divisiones de tres tribus? La Biblia no nos explica en qué consistían estas señales. Sin embargo, no se las consideraba símbolos sagrados ni se les atribuía ningún significado religioso. Su función era eminentemente práctica: ayudar a toda persona a encontrar su lugar en el campamento.

Núm. 1: Números 3:1-20

Núm. 2: La apacibilidad exige autodominio

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La apacibilidad exige autodominio

17 Jesús fue apacible, aun ante actos de provocación (Mateo 11:29). Cuando fue traicionado y apresado, manifestó apacibilidad y gran autodominio. Impulsivamente, Pedro usó la espada para tomar represalias; pero Jesús le recordó: “[¿]Crees que no puedo apelar a mi Padre para que me suministre en este momento más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:51-53; Juan 18:10). Pedro aprendió bien la lección y más adelante aconsejó a sus hermanos en la fe: “Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención. [...] Cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar” (1 Pedro 2:21-23).

18 De igual modo, los buenos pastores son apacibles aun cuando no se les trate bien. Es posible que alguien a quien intenten ayudar en la congregación no reaccione de la mejor manera. Si el hermano está espiritualmente débil o enfermo, quizás responda al consejo “habla[ndo] irreflexivamente como con las estocadas de una espada” (Proverbios 12:18). Sin embargo, a imitación de Jesús, los ancianos no contraatacan con palabras cortantes ni procuran vengarse. Más bien, se controlan y siguen mostrando compasión, lo cual puede beneficiar al que necesita la ayuda (1 Pedro 3:8, 9). ¿Copia usted el ejemplo de los ancianos y manifiesta apacibilidad y autodominio cuando se le aconseja?

19 Sin lugar a dudas, Jehová y Jesús valoran el gran trabajo de los miles de pastores que atienden de buena gana el rebaño mundial. También les tienen gran afecto a los miles de siervos ministeriales que apoyan a los ancianos `sirviendo a los santos' (Hebreos 6:10). Entonces, ¿por qué hay algunos hermanos bautizados que no desean alcanzar esta “obra excelente”? (1 Timoteo 3:1.) Y ¿cómo prepara Jehová a quienes nombra pastores? Se responderán estas preguntas en el próximo artículo.

Núm. 3: ¿Quién es nuestro Dios? (Ir cap. 27)

Capítulo 27

¿Quién es nuestro Dios?

¿POR qué es importante que nos preguntemos quién es nuestro Dios?... Porque la gente adora a muchos dioses (1 Corintios 8:5). Cuando el apóstol Pablo recibió poder de Jehová para sanar a un hombre que nunca había podido caminar, la muchedumbre gritó: “¡Los dioses se han hecho como humanos y han bajado a nosotros!”. Entonces quisieron adorar a Pablo y a su amigo Bernabé. Hasta se pusieron a llamarlos por el nombre de dioses falsos: Hermes a Pablo, y Zeus a Bernabé.

Pero Pablo y Bernabé no permitieron que nadie los adorara. Se mezclaron entre la gente diciendo: `Vuélvanse de estas cosas vanas al Dios vivo' (Hechos 14:8-15). ¿Quién es el “Dios vivo” que creó todas las cosas?... Es Jehová, “el Altísimo sobre toda la tierra”. Jesús llamó a Jehová “el único Dios verdadero”. Por lo tanto, ¿quién es el único que merece que se le adore?... Jehová y nadie más (Salmo 83:18; Juan 17:3; Revelación [Apocalipsis] 4:11).

La mayoría de las personas adoran a dioses que no son “el único Dios verdadero”. Muchas veces adoran objetos hechos de madera, piedra o metal (Éxodo 32:4-7; Levítico 26:1; Isaías 44:14-17). E incluso a algunos hombres y mujeres famosos los llaman dioses, estrellas o ídolos. Pero ¿se debe dar gloria a todos estos?...

Después de que Saulo se convirtió en el apóstol Pablo, escribió: “El dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos” (2 Corintios 4:4). ¿Quién es ese dios?... Es Satanás el Diablo. Él ha conseguido que se adore a muchas personas y a muchas cosas.

Cuando Satanás intentó que Jesús se inclinara y lo adorara, ¿qué le respondió Jesús?... “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado.” (Mateo 4:10.) De esa forma, Jesús mostró claramente que la adoración solo le pertenece a Jehová. Vamos a leer qué les pasó a unos jóvenes que sabían esto muy bien. Se llamaban Sadrac, Mesac y Abednego.

Aquellos jóvenes eran hebreos que habían nacido en Israel, la nación de Dios, pero habían sido llevados prisioneros a la tierra de Babilonia. Allí, un rey llamado Nabucodonosor construyó una enorme imagen de oro y un día ordenó que todo el mundo se inclinara ante ella al sonar la música. Advirtió: `El que no se incline y la adore será arrojado al horno ardiente'. ¿Qué habrías hecho tú?...

Normalmente, Sadrac, Mesac y Abednego obedecían todas las órdenes del rey. Pero esta vez no lo hicieron; se negaron a inclinarse. ¿Sabes por qué?... Porque la ley de Dios decía: `No debes tener otros dioses además de mí. No debes hacerte ninguna imagen tallada ni inclinarte ante ella' (Éxodo 20:3-5). Por ese motivo, Sadrac, Mesac y Abednego obedecieron la ley de Jehová en lugar de la orden del rey.

El rey se enojó mucho e hizo que llevaran enseguida ante él a los tres hebreos. Entonces les dijo: `¿Es verdad que ustedes no sirven a mis dioses? Voy a darles otra oportunidad. Cuando escuchen la música, inclínense y adoren la imagen que he construido. Si no lo hacen, se les arrojará al horno ardiente. ¿Y qué dios podrá rescatarlos de mis manos?'.

¿Qué harían aquellos jóvenes? ¿Qué habrías hecho tú?... Ellos le respondieron al rey: `Nuestro Dios a quien servimos puede rescatarnos. Pero aunque no lo hiciera, no serviremos a tus dioses. No nos inclinaremos ante tu imagen de oro'.

El rey se enfureció y ordenó: `¡Calienten el horno siete veces más de lo normal!'. Entonces mandó a algunos de sus soldados más fuertes que ataran a Sadrac, Mesac y Abednego y los arrojaran al horno. ¡El horno estaba tan caliente que las llamas mataron a los soldados! Pero ¿qué les pasó a los tres hebreos?

Sadrac, Mesac y Abednego cayeron en medio del fuego, pero de repente, se levantaron. No habían sufrido ningún daño y ya no estaban atados. ¿Cómo era posible?... El rey miró hacia dentro del horno y se asustó de lo que vio. `¿No arrojamos al fuego a tres hombres?', preguntó. Sus sirvientes contestaron: “Sí, oh rey”.

Entonces él les dijo: `¡Miren! Veo a cuatro personas que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño'. ¿Sabes quién era la cuarta persona?... Era el ángel de Jehová, que protegió a los tres hebreos para que no les pasara nada.

Al ver esto, el rey se acercó a la puerta del horno y gritó: “¡Sadrac, Mesac y Abednego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan acá!”. Cuando salieron, todo el mundo pudo comprobar que no se habían quemado. Ni siquiera olían a humo. Entonces el rey dijo: `Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, que envió a un ángel para salvar a sus siervos porque no quisieron adorar a otro dios que no fuera el suyo' (Daniel, capítulo 3).

Podemos aprender una lección de lo que ocurrió entonces. En nuestros días, los hombres también fabrican imágenes, o ídolos, para adorarlas. Las hacen de madera, piedra, metal o tela. Una enciclopedia dice: “La bandera, al igual que la cruz, es sagrada” (The Encyclopedia Americana). Los primeros discípulos de Jesús no realizaban actos de adoración al emperador romano. El historiador Daniel P. Mannix dijo que lo que ellos hacían se puede comparar a “negarse a saludar la bandera o repetir el juramento de lealtad”.

Por lo tanto, ¿crees que para Dios hay alguna diferencia si una imagen religiosa está hecha de tela, madera, piedra o metal?... ¿Estaría bien que un siervo de Jehová realizara un acto de adoración ante una imagen así?... Sadrac, Mesac y Abednego no lo hicieron, y a Jehová le agradó. ¿Cómo puedes imitar su ejemplo?...

Los que sirven a Jehová no pueden adorar a ninguna otra persona ni cosa. Veamos qué se dice sobre esto en Josué 24:14, 15, 19-22; Isaías 42:8; 1 Juan 5:21, y Revelación 19:10.

3 de agosto. Lectura de la Biblia: Números 4 a 6

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 4:1-16

Núm. 2: ¿Cómo podemos saber a quién debemos obedecer? (Ir cap. 28)

Núm. 3: ¿Hay que ir al cielo para tener un futuro verdaderamente feliz? (rs pág. 73 § 1-3)

Puntos Sobresalientes Números 4 a 6

5:27. ¿Qué significa el hecho de que `decayera el muslo' de una esposa culpable de adulterio? Aquí el término “muslo” alude a los órganos reproductores (Génesis 46:26). Que estos órganos `decayeran' indica que degenerarían hasta el punto de imposibilitarse la concepción.

Lecciones para nosotros:

6:1-7. Ser nazareo exigía abnegación, pues había que abstenerse del fruto de la vid y de toda bebida embriagante. Al igual que las mujeres se dejaban el pelo largo en muestra de sujeción a sus esposos o padres, los nazareos lo hacían como señal de sumisión a Jehová. Dado que debían mantenerse limpios, no podían acercarse a ningún cadáver, ni siquiera al de un pariente próximo. En la actualidad, los siervos de tiempo completo manifiestan tal espíritu de sacrificio al ser abnegados y sumisos a Jehová y su organización. Algunas asignaciones tal vez requieran mudarse a un país distante, lo que pudiera dificultarles o impedirles su regreso a casa para asistir al funeral de un familiar cercano.

Núm. 1: Números 4:1-16

Núm. 2: ¿Cómo podemos saber a quién debemos obedecer? (Ir cap. 28)

Capítulo 28

¿Cómo podemos saber a quién debemos obedecer?

A VECES no es fácil saber a quién debemos obedecer. Quizás tu mamá o tu papá te manden hacer algo, pero un maestro o un policía te digan que hagas lo contrario. Si pasa eso, ¿a quién debes obedecer?...

En el capítulo 7 de este libro leímos el texto bíblico de Efesios 6:1-3. Allí se explica que los hijos deben obedecer a sus padres. Dice: “Sean obedientes a sus padres en unión con el Señor”. ¿Sabes qué significa estar “en unión con el Señor”?... Los padres que están en unión con el Señor enseñan a sus hijos a obedecer las leyes de Dios.

Pero hay algunos adultos que no creen en Jehová. ¿Qué sucedería si uno de ellos le dijera a un niño que está bien copiar en un examen o llevarse algo de una tienda sin pagar? ¿Estaría bien, entonces, que el niño copiara o robara?...

Recuerda que el rey Nabucodonosor ordenó en cierta ocasión que todos se inclinaran ante la imagen de oro que había mandado construir. Pero Sadrac, Mesac y Abednego no se inclinaron. ¿Sabes por qué?... Porque la Biblia dice que solo se debe adorar a Jehová (Éxodo 20:3; Mateo 4:10).

Después de la muerte de Jesús, a sus apóstoles los llevaron ante el Sanedrín, el tribunal religioso más importante de los judíos. El sumo sacerdote Caifás dijo: `Les ordenamos que no siguieran enseñando en el nombre de Jesús, y sin embargo, ¡miren!, han llenado a Jerusalén con su enseñanza'. ¿Por qué no obedecieron los apóstoles al Sanedrín?... Pedro, hablando en nombre de todos los apóstoles, contestó a Caifás: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:27-29).

En aquel tiempo, los líderes religiosos de los judíos tenían mucho poder. Pero su país estaba bajo el dominio de Roma y de su emperador, a quien llamaban César. A pesar de que los judíos no querían que César los dirigiera, el gobierno romano hizo muchas cosas buenas por el pueblo. Y los gobiernos de la actualidad también hacen cosas buenas por sus ciudadanos. ¿Puedes decirme algunas?...

Los gobiernos construyen carreteras para que viajemos por ellas, y pagan a policías y bomberos para que nos protejan. También se encargan de que haya escuelas para los niños y atención médica para los ancianos. Todas estas cosas les cuestan dinero a los gobiernos. ¿Sabes de dónde lo sacan?... De sus ciudadanos. El dinero que la gente entrega al gobierno se llama impuesto.

En tiempos del Gran Maestro, muchos judíos no querían pagar impuestos al gobierno romano. Un día, los sacerdotes contrataron a unos hombres para que le hicieran a Jesús una pregunta que lo metiera en problemas. Le dijeron: `¿Tenemos que pagarle impuestos a César, o no?'. La pregunta era engañosa. Si Jesús contestaba: “Sí, tienen que pagar impuestos”, a muchos judíos no les gustaría la respuesta. Pero Jesús no podía contestar: “No, no tienen que pagar impuestos”, pues eso no estaba bien.

¿Qué hizo Jesús entonces? Les dijo: `Muéstrenme una moneda'. Cuando le enseñaron una, Jesús preguntó: `¿De quién es la imagen y el nombre que hay en ella?'. Los hombres respondieron: “De César”. Así que Jesús les dijo: “Sin falta, entonces, paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios” (Lucas 20:19-26).

Nadie pudo criticar aquella respuesta. Si César hace cosas por las personas, es justo que se las paguen con el dinero que él ha fabricado. De esa forma, Jesús mostró que debemos pagar impuestos al gobierno por las cosas que recibimos de él.

Aunque tú aún no tengas edad de pagar impuestos, hay algo que sí debes darle al gobierno. ¿Sabes qué es?... Obediencia a sus leyes. La Biblia dice: `Sean obedientes a las autoridades superiores'. Estas autoridades son las personas que tienen poder en el gobierno. De manera que es Dios quien nos dice que debemos obedecer las leyes del gobierno (Romanos 13:1, 2).

Quizás haya una ley que prohíba tirar papeles o basura en la calle. ¿Debes obedecerla?... Sí, Dios quiere que lo hagas. ¿Debes obedecer también a los policías?... El gobierno paga a los policías para que protejan a la gente. Si los obedeces, es como si obedecieras al gobierno.

Por lo tanto, si vas a cruzar la calle y un policía te dice: “¡Espera!”, ¿qué harás?... ¿Cruzarás corriendo de todos modos porque otros también lo hacen?... Debes esperar, aunque seas el único. Dios te dice que obedezcas.

Puede que haya problemas en el vecindario y un policía diga: “No salgan a la calle. Quédense en casa”. Pero quizás oigas gritos y te preguntes qué pasa. ¿Deberías salir a mirar?... Si salieras, ¿estarías obedeciendo a “las autoridades superiores”?...

En muchos lugares, el gobierno también construye escuelas y paga a los maestros. ¿Crees que Dios quiere que obedezcas a los maestros?... Piensa en lo siguiente: el gobierno paga a los maestros para que enseñen, igual que paga a los policías para que protejan a la gente. Así que obedecer a los policías o a los maestros es como obedecer al gobierno.

¿Y si un maestro te dice que adores a una imagen? ¿Qué harás?... Los tres hebreos no se inclinaron ante la imagen, aunque el rey Nabucodonosor se lo ordenó. ¿Recuerdas por qué?... Porque no querían desobedecer a Dios.

Un historiador llamado Will Durant escribió que los primeros cristianos `no daban su lealtad principal a César'. Esa lealtad le pertenecía a Jehová. Por lo tanto, no olvides que Dios debe ser lo más importante en nuestra vida.

Obedecemos al gobierno porque Dios quiere que lo hagamos. Pero si se nos pide hacer algo que Dios prohíbe, ¿qué diremos?... Lo mismo que los apóstoles le dijeron al sumo sacerdote: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:29).

La Biblia enseña a obedecer las leyes. Leamos lo que está escrito en Mateo 5:41; Tito 3:1, y 1 Pedro 2:12-14.

Núm. 3: ¿Hay que ir al cielo para tener un futuro verdaderamente feliz? (rs pág. 73 § 1-3)

¿Tiene que ir uno al cielo para tener un futuro verdaderamente feliz?

Sal. 37:11: “Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.”

Rev. 21:1-4: “Vi un nuevo cielo y una nueva tierra [...] Oí una voz fuerte desde el trono decir: `¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y él limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.'”

Miq. 4:3, 4: “No alzarán espada, nación contra nación, ni aprenderán más la guerra. Y realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar; porque la boca misma de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.”

10 de agosto. Lectura de la Biblia: Números 7 a 9

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 9:1-14

Núm. 2: ¿Le agradan a Dios todas las fiestas? (Ir cap. 29)

Núm. 3: Maneras de mostrar lealtad a Jehová

Puntos Sobresalientes Números 7 a 9

8:25, 26. Para distribuir de manera conveniente los puestos de servicio de los levitas y por consideración a la edad, a los hombres mayores se les apartaba del servicio obligatorio. Sin embargo, podían ofrecerse para ayudar a otros levitas. Aunque en nuestros días no se jubila a

Núm. 1: Números 9:1-14

Núm. 2: ¿Le agradan a Dios todas las fiestas? (Ir cap. 29)

Capítulo 29

¿Le agradan a Dios todas las fiestas?

¿TE GUSTA ir a fiestas?... Pueden ser muy divertidas. ¿Crees que al Gran Maestro le parece bien que vayamos a fiestas?... Él fue con algunos de sus discípulos a una fiesta en la que se celebraba una boda. Además, Jehová es el “Dios feliz”, y se alegra de que nos divirtamos en las fiestas que a él le agradan (1 Timoteo 1:11; Juan 2:1-11).

En la página 29 de este libro se nos cuenta que Jehová dividió las aguas del mar Rojo para que los israelitas pudieran cruzarlo. ¿Lo recuerdas?... Después, el pueblo cantó y bailó, y dio gracias a Jehová. Fue como una fiesta. La gente estaba muy contenta, y podemos estar seguros de que Dios también lo estaba (Éxodo 15:1, 20, 21).

Casi cuarenta años después, los israelitas fueron a otra gran fiesta. En esa ocasión, quienes los invitaron no adoraban a Jehová. En realidad, adoraban a otros dioses y tenían relaciones sexuales con personas con las que no estaban casados. ¿Crees que estaba bien ir a una fiesta como esa?... A Jehová no le pareció bien, y castigó a los israelitas (Números 25:1-9; 1 Corintios 10:8).

La Biblia también habla de dos fiestas de cumpleaños. ¿Se festejó en alguna de ellas el cumpleaños del Gran Maestro?... No. Las dos fiestas se celebraron en honor de hombres que no servían a Jehová. Una fue la fiesta de cumpleaños del rey Herodes Antipas, que gobernaba el distrito de Galilea cuando Jesús vivía allí.

El rey Herodes hizo muchas cosas malas. Incluso le quitó la esposa a su propio hermano. El nombre de ella era Herodías. El siervo de Dios llamado Juan el Bautista le dijo a Herodes que estaba mal lo que hacía. A Herodes no le gustó que se lo dijera, así que encarceló a Juan (Lucas 3:19, 20).

Mientras Juan estaba en la cárcel, llegó el día del cumpleaños de Herodes. Este dio una gran fiesta, con muchos invitados importantes. Todos comían, bebían y se divertían. Entonces entró la hija de Herodías y bailó para ellos. A todos les gustó tanto el baile que el rey Herodes quiso hacerle un regalo especial a la joven. Le dijo: “Cualquier cosa que me pidas, te la daré, hasta la mitad de mi reino”.

¿Qué debía pedir? ¿Dinero? ¿Ropa bonita? ¿Un palacio para ella sola? La muchacha no sabía qué decir, así que fue a donde estaba su madre, Herodías, y le preguntó : “¿Qué debo pedir?”.

Como Herodías odiaba con todas sus fuerzas a Juan el Bautista, le dijo a su hija que pidiera la cabeza de Juan. La muchacha volvió ante el rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey Herodes sabía que Juan era un buen hombre y no quería matarlo. Pero Herodes había hecho una promesa y le preocupaba lo que pensarían sus invitados si no la cumplía. Por eso envió a un soldado a la prisión para que le cortara la cabeza a Juan. El soldado volvió enseguida con la cabeza en una bandeja y se la dio a la muchacha. Entonces ella se la llevó a su madre (Marcos 6:17-29).

La otra fiesta de cumpleaños de la que habla la Biblia tampoco fue buena. Se celebró en honor de un rey de Egipto. Durante aquella fiesta, el rey también ordenó que le cortaran la cabeza a una persona. Además, después mandó que colgaran el cuerpo para que se lo comieran las aves (Génesis 40:19-22). ¿Crees que Dios aprobó esas dos fiestas?... ¿Te hubiera gustado estar en ellas?...

Sabemos que todo lo que está escrito en la Biblia tiene un propósito. Pues bien, en ella solo se habla de dos fiestas de cumpleaños. Y en las dos se hicieron cosas malas como parte de la celebración. Entonces, ¿qué piensas tú que Dios nos está diciendo sobre las fiestas de cumpleaños? ¿Quiere él que las celebremos?...

Es cierto que en nuestros días no se le corta la cabeza a nadie en las fiestas de cumpleaños. Pero los primeros que tuvieron la idea de celebrarlas fueron personas que no adoraban al Dios verdadero. Sobre las fiestas de cumpleaños mencionadas en la Biblia, una enciclopedia dice: “Son solo los pecadores [...] quienes hacen grandes festividades el día en que nacieron” (The Catholic Encyclopedia). ¿Queremos ser como ellos?...

¿Qué puede decirse del Gran Maestro? ¿Festejaba él su cumpleaños?... No, la Biblia no dice que lo hiciera. Tampoco sus primeros discípulos lo celebraban. ¿Sabes por qué la gente decidió después festejar el cumpleaños de Jesús el día 25 de diciembre?...

Se eligió esa fecha porque, como explica otra enciclopedia, “los habitantes de Roma ya observaban ese día la fiesta de Saturno, en la que se celebraba el cumpleaños del Sol” (The World Book Encyclopedia). Es decir, para el cumpleaños de Jesús se escogió una fecha en la que los paganos ya celebraban una fiesta.

¿Sabes por qué no es posible que Jesús naciera en diciembre?... Porque la Biblia dice que cuando él nació, había pastores que pasaban la noche en los campos (Lucas 2:8-12). Y no podrían haberlo hecho durante el mes de diciembre, que en aquella región es frío y lluvioso.

Muchas personas saben que el día de Navidad no es el cumpleaños de Jesús. Saben incluso que en ese día los paganos tenían una celebración que no le agrada a Dios. Pero, de todas maneras, muchos celebran la Navidad. Están más interesados en divertirse en la fiesta que en averiguar lo que Dios piensa de ella realmente. Pero nosotros queremos agradar a Jehová, ¿no es cierto?...

Por eso, cuando celebremos fiestas, debemos asegurarnos de que a Jehová le agraden. Podemos celebrarlas en cualquier momento del año. No tenemos por qué esperar a un día determinado. Podemos comer algo especial y divertirnos jugando. ¿Te gustaría hacerlo?... Quizás puedas hablar con tus padres y planear una fiesta con su ayuda. ¿Verdad que sería bueno?... Pero antes de hacer los planes, debes estar seguro de que será un tipo de fiesta que Dios apruebe.

También se muestra lo importante que es hacer siempre lo que Dios aprueba en Proverbios 12:2; Juan 8:29; Romanos 12:2, y 1 Juan 3:22.

Núm. 3: Maneras de mostrar lealtad a Jehová

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Demostremos lealtad actuando con resolución

Dado que la lealtad es sinónimo de bondad amorosa, transmite también un fuerte sentido de reciprocidad. Si se nos demuestra bondad amorosa, entonces se espera que nosotros hagamos lo mismo. La lealtad es recompensada con lealtad. El hecho de que David comprendía las repercusiones relacionadas con jé·sedh es obvio por sus siguientes palabras: “Me inclinaré hacia tu santo templo, y elogiaré tu nombre”. ¿Por qué? “A causa de tu bondad amorosa y a causa de tu apego a la verdad.” (Salmo 138:2.) David fue objeto de la bondad amorosa de Jehová, por lo que sin duda se sintió motivado a adorarlo y alabarlo. Por ello, cuando vemos que Jehová nos muestra bondad amorosa, ¿nos sentimos impulsados a corresponderle? Por ejemplo, si se causa oprobio al nombre de Dios, ¿nos mueve a defenderlo el interés por Su reputación?

Eso fue lo que hizo un cristiano, relativamente nuevo en la verdad, y su esposa cuando asistieron al funeral de un pariente que había muerto en un accidente de motocicleta. Fue un servicio no religioso en el que se permitió que todos los presentes dijeran algo acerca del difunto. Uno de ellos culpó a Dios por la muerte prematura del joven, al decir: `Dios lo quería en el cielo, de modo que se lo llevó'. Nuestro hermano cristiano no pudo permanecer callado. Se dirigió hacia el atril, sin Biblia ni notas. “¿Creen ustedes que un Dios misericordioso, compasivo y Todopoderoso aprueba sucesos como estos?”, preguntó. Luego pasó a dar un discurso improvisado de diez minutos en el que citó textos bíblicos que explicaban por qué muere el hombre y qué ha hecho Dios para rescatar a la humanidad de la muerte, y habló de la maravillosa perspectiva de la resurrección y la vida eterna en una Tierra paradisíaca. Las más de cien personas presentes aplaudieron por largo rato. El hermano dijo más tarde: “Sentí un gozo interno que nunca antes había experimentado. Di gracias a Jehová por haberme educado en su sabiduría y por haberme dado la oportunidad de defender su santo nombre”.

La lealtad a Jehová implica ser leal a su Palabra, la Biblia. ¿Por qué? Porque mediante sus páginas, Dios nos enseña a vivir. Las leyes y principios que constan en ella son los mejores y los más provechosos preceptos para la vida (Isaías 48:17). No dejemos que la presión de los demás ni nuestras propias debilidades nos desvíen y nos hagan desobedecer las leyes divinas. Permanezcamos leales a la Palabra de Dios.

La lealtad a Dios también supone ser leal a su organización. Con el paso de los años ha sido necesario hacer correcciones y cambios en nuestro entendimiento de ciertos textos bíblicos. Lo cierto es que nadie está mejor alimentado espiritualmente que nosotros (Mateo 24:45-47). Sin lugar a dudas, Jehová ha permanecido con su organización moderna. ¿Podemos hacer lo mismo nosotros? A. H. Macmillan lo hizo. Poco antes de su muerte dijo: “He visto crecer la organización de Jehová desde un comienzo modesto —me dediqué a Dios a la edad de 23 años en septiembre de 1900— hasta convertirse en una sociedad mundial de personas felices que proclaman con celo las verdades de Dios [...]. Ahora, al ver que se acerca el fin de mi servicio a Él en la Tierra, estoy más convencido que nunca antes de que Jehová ha dirigido a su pueblo y le ha dado precisamente lo que necesitaba al tiempo apropiado”. El hermano Macmillan sirvió fiel y lealmente por casi sesenta y seis años hasta su muerte, acaecida el 26 de agosto de 1966. Dio un magnífico ejemplo de lealtad a la organización visible de Dios.

Además de ser leales a la organización, ¿seremos leales el uno al otro? ¿Permaneceremos leales a nuestros hermanos cuando afrontemos la amenaza de la cruel persecución? Los Testigos de los Países Bajos dieron un sobresaliente ejemplo de lealtad durante la segunda guerra mundial. A Klaas de Vries, anciano de la Congregación Groninga, se le sometió al cruel y despiadado interrogatorio de la Gestapo nazi, se le incomunicó durante doce días, período en el que recibió solo pan y agua, y luego se le volvió a interrogar. Apuntándole con un revólver y bajo la amenaza de muerte, le dieron dos minutos para confesar el paradero de los hermanos responsables de la obra, así como otra información importante. Lo único que el hermano Klaas decía era: “No van a oír nada más. [...] No me convertiré en un traidor”. Después de amenazarlo tres veces con el revólver, la Gestapo se dio finalmente por vencida y lo trasladó a otra prisión. Klaas nunca traicionó a sus hermanos.

¿Seremos leales a nuestro familiar más cercano, es decir, a nuestro cónyuge? ¿Seremos leales a nuestros votos matrimoniales, tal como Jehová honró su relación de pacto con la nación de Israel? No solo debemos mostrar lealtad inquebrantable, sino procurar con diligencia tener una relación estrecha con nuestra pareja. Tomemos la iniciativa en salvaguardar nuestro matrimonio. Pasemos tiempo juntos, comuniquémonos con libertad y franqueza, apoyémonos, animémonos y escuchémonos mutuamente. Riámonos juntos, lloremos juntos, juguemos juntos y trabajemos juntos para alcanzar metas comunes. Agrademos a nuestro cónyuge, seamos amigos. Tengamos mucho cuidado de no desarrollar sentimientos románticos por otras personas. Aunque es propio hacer amistades y hasta tener amigos allegados fuera del matrimonio, los sentimientos románticos deben limitarse a nuestra pareja. No permitamos que nadie se interponga entre nosotros y nuestro cónyuge (Proverbios 5:15-20).

Seamos leales a nuestros compañeros y familiares Testigos. A medida que pasan los años, no los olvidemos. Mantengámonos en comunicación con ellos: escribámosles, llamémosles por teléfono o visitémoslos. Prescindiendo de nuestra situación en la vida, esforcémonos por no desilusionarlos. Hagamos que se sientan felices de decir que nos conocen o que son nuestros familiares. La lealtad a ellos nos ayudará a estar resueltos a hacer lo correcto y será una fuente de ánimo para nosotros (Ester 4:6-16).

En efecto, la verdadera lealtad exige que actuemos con resolución para conservar nuestras valiosas relaciones. Hagamos cuanto podamos por corresponder a la bondad amorosa de Jehová. Imitemos la lealtad de Dios en nuestros tratos con la congregación cristiana, nuestro cónyuge, nuestra familia y nuestros amigos. Demos a conocer lealmente las virtudes de Jehová a otras personas. El salmista tenía razón cuando dijo: “Acerca de las expresiones de bondad amorosa de Jehová ciertamente cantaré aun hasta tiempo indefinido. Por generación tras generación daré a conocer tu fidelidad con mi boca” (Salmo 89:1). ¿No nos sentimos atraídos a un Dios así? Sin lugar a dudas, “su bondad amorosa es hasta tiempo indefinido” (Salmo 100:5).

17 de agosto. Lectura de la Biblia: Números 10 a 13

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 13:17-33

Núm. 2: Ayuda para vencer el miedo (Ir cap. 30)

Núm. 3: ¿Qué significa 1 Pedro 3:19, 20? (rs pág. 73 § 4)

Puntos Sobresalientes Números 10 a 13

12:1. ¿Por qué se quejaron Míriam y Aarón respecto a Moisés? Aparentemente, el verdadero motivo fue que Míriam deseaba más poder. Al reencontrarse Moisés con su esposa Ziporá en el desierto, es posible que Míriam temiese perder su posición como la mujer de más autoridad en el campamento (Éxodo 18:1-5).

12:9-11. ¿Por qué se castigó solo a Míriam con lepra? Es muy probable que fuera ella quien suscitó las quejas y quien convenció a Aarón para que se le uniera. Este último manifestó una buena actitud al reconocer su error.

Lecciones para nosotros:

11:27-29. Moisés nos puso un magnífico ejemplo del modo como debemos reaccionar cuando otros reciben privilegios en el servicio de Jehová. En vez de ponerse celoso y tratar de ensalzarse a sí mismo, Moisés se alegró cuando Eldad y Medad empezaron a actuar como profetas.

12:2, 9, 10; 16:1-3, 12-14, 31-35, 41, 46-50. Jehová espera que sus siervos respeten la autoridad que él concede.

Núm. 1: Números 13:17-33

Núm. 2: Ayuda para vencer el miedo (Ir cap. 30)

Capítulo 30

Ayuda para vencer el miedo

¿TE RESULTA fácil servir a Jehová?... El Gran Maestro no dijo que iba a ser fácil. La noche antes de que lo mataran, les explicó a sus apóstoles: “Si el mundo los odia, saben que me ha odiado a mí antes que los odiara a ustedes” (Juan 15:18).

Pedro dijo con orgullo que nunca abandonaría a Jesús. Sin embargo, Jesús contestó que aquella misma noche Pedro diría tres veces que ni siquiera lo conocía. Y eso fue exactamente lo que pasó (Mateo 26:31-35, 69-75). ¿Cómo pudo ocurrir algo así?... Ocurrió porque Pedro y los demás apóstoles tuvieron miedo.

¿Sabes por qué tuvieron miedo?... Porque no hicieron algo muy importante. Si averiguamos qué es, podremos servir a Jehová sin importar lo que otros nos digan o hagan. Para empezar, analicemos lo que sucedió la última noche que Jesús pasó con sus apóstoles.

En primer lugar, celebraron juntos la Pascua, que era una cena especial que se hacía una vez al año para recordarle al pueblo judío que Dios los había liberado de la esclavitud en Egipto. A continuación, Jesús celebró por primera vez con sus apóstoles otra cena especial. Unos capítulos más adelante explicaremos cómo aquella cena nos ayuda a recordar a Jesús. Cuando terminaron de cenar, Jesús dijo unas palabras para animar a sus apóstoles y los llevó al jardín de Getsemaní, que era un lugar donde les gustaba reunirse.

Al llegar al jardín, Jesús se fue a un lugar solitario para orar. También les pidió a Pedro, Santiago y Juan que oraran, pero ellos se quedaron dormidos. En tres ocasiones, Jesús se alejó para orar, y cada vez que volvía, encontraba a Pedro y a los demás durmiendo (Mateo 26:36-47). ¿Sabes por qué deberían haberse quedado despiertos para orar?... Vamos a ver la razón.

Judas Iscariote había celebrado la Pascua con Jesús y los otros apóstoles esa misma noche. Quizás recuerdes que Judas se había hecho ladrón, pero ahora, además, se convertiría en traidor. Él sabía en qué lugar del jardín de Getsemaní se reunía Jesús con sus apóstoles, así que llevó a los soldados allí para que arrestaran al Gran Maestro. Al verlos, Jesús les preguntó: “¿A quién buscan?”.

Los soldados contestaron: “A Jesús”. Él no tenía miedo, de modo que les dijo: “Soy yo”. Los soldados se asombraron tanto del valor de Jesús que retrocedieron y cayeron al suelo. Jesús les dijo entonces: `Si es a mí a quien buscan, dejen ir a mis apóstoles' (Juan 18:1-9).

Cuando los soldados arrestaron a Jesús y le ataron las manos, los apóstoles se asustaron y huyeron. Pero Pedro y Juan querían saber qué pasaría con Jesús, así que lo siguieron de lejos. Finalmente, Jesús fue llevado a la casa de Caifás, el sumo sacerdote. Como Juan conocía al sumo sacerdote, la portera dejó que él y Pedro entraran en el patio.

Los sacerdotes ya se habían reunido en casa de Caifás para celebrar el juicio. Querían dar muerte a Jesús, de manera que trajeron testigos que dijeron mentiras sobre él. Además, la gente le empezó a dar puñetazos y bofetadas. Mientras sucedía todo aquello, Pedro estaba por allí cerca.

Una sirvienta joven, la portera que había dejado entrar a Pedro y Juan, se fijó en Pedro y le dijo: `¡Tú también estabas con Jesús!'. Pero él contestó que ni siquiera lo conocía. Poco después, otra muchacha reconoció a Pedro y dijo a los que se encontraban allí: “Este hombre estaba con Jesús”. Pedro volvió a negarlo. Un poco más tarde, algunas personas lo vieron y le dijeron: “Ciertamente tú también eres uno de ellos”. Pedro lo negó por tercera vez, con estas palabras: “¡No conozco al hombre!”. Hasta juró que decía la verdad. En ese momento, Jesús se dio la vuelta y lo miró (Mateo 26:57-75; Lucas 22:54-62; Juan 18:15-27).

¿Sabes por qué mintió Pedro?... Porque tenía miedo. Pero ¿por qué tenía miedo? ¿Hubo algo que no hizo y que le hubiera dado valor? Piensa en esto: ¿qué había hecho Jesús para no sentir temor?... Él oró a Dios, y Dios le ayudó a tener valor. Recuerda también que Jesús le había dicho a Pedro tres veces que se mantuviera despierto y alerta. Pero ¿qué ocurrió?...

En todas las ocasiones, Pedro se quedó dormido. No oró ni se mantuvo alerta. Por eso, el arresto de Jesús lo tomó por sorpresa. Durante el juicio, Pedro se asustó al ver que golpeaban a Jesús y planeaban su muerte. Pero unas pocas horas antes, ¿qué les había dicho Jesús a sus apóstoles sobre cómo los trataría el mundo?... Les había dicho que el mundo los odiaría, igual que lo había odiado a él.

Vamos a pensar en una situación parecida a la de Pedro en la que podríamos encontrarnos nosotros. Imagínate que estás en clase y otros empiezan a criticar a las personas que no saludan la bandera o no celebran la Navidad. De repente, alguien se vuelve hacia ti y te pregunta: “¿Es cierto que no saludas la bandera?”. O pudieran decirte: “Nos han contado que ni siquiera celebras la Navidad”. ¿Te daría miedo decir la verdad?... ¿Sentirías la tentación de mentir, como hizo Pedro?...

Pedro se puso muy triste después de negar que conocía a Jesús. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, salió afuera y lloró. Así es, Pedro volvió con Jesús (Lucas 22:32). Entonces, ¿qué piensas que nos ayudará a no estar tan asustados que nos portemos igual que Pedro?... Recuerda que él no oró ni se mantuvo alerta. Por lo tanto, ¿qué dirías que debemos hacer para ser seguidores del Gran Maestro?...

Sin duda, tenemos que orar a Jehová pidiéndole su ayuda. Cuando Jesús oró, ¿sabes qué hizo Dios por él?... Envió a un ángel para que le diera fuerzas (Lucas 22:43). ¿Pueden ayudarnos a nosotros los ángeles de Dios?... La Biblia dice: “El ángel de Jehová está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7). Pero para recibir la ayuda de Dios, no basta con pedirla en oración. ¿Sabes qué más hay que hacer?... Jesús les dijo a sus seguidores que se mantuvieran despiertos y alerta. ¿Cómo crees que podemos hacerlo?...

Tenemos que prestar atención a lo que se dice en las reuniones cristianas y a lo que leemos en la Biblia. Además, debemos orar a Jehová a menudo y pedirle que nos ayude a ser sus siervos. Si lo hacemos, él nos dará la ayuda necesaria para vencer el miedo. Entonces nos sentiremos felices cuando se presenten oportunidades de hablar a otras personas del Gran Maestro y de su Padre.

Estos textos nos ayudarán a no dejar de hacer lo que está bien por miedo a otras personas: Proverbios 29:25; Jeremías 26:12-15, 20-24, y Juan 12:42, 43.

Núm. 3: ¿Qué significa 1 Pedro 3:19, 20? (rs pág. 73 § 4)

¿Abrió Jesús el camino al cielo para los que habían muerto antes que él muriera?

¿Qué significa 1 Pedro 3:19, 20? “En esta condición [en espíritu, después de su resurrección] también siguió [Jesús] su camino y predicó a los espíritus en prisión, que en un tiempo habían sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los días de Noé, mientras se construía el arca, en la cual unas pocas personas, es decir, ocho almas [“almas”, VV, BC; “personas”, VV (1977), NBE y BJ], fueron llevadas a salvo a través del agua.” (¿Eran esos “espíritus en prisión” las almas de los humanos que no habían querido prestar atención a la predicación de Noé antes del Diluvio?, ¿y tenían ahora ellos la oportunidad de ir al cielo? Una comparación de 2 Pedro 2:4 y Judas 6 con Génesis 6:2-4 muestra que estos espíritus eran los hijos angelicales de Dios que se habían materializado y casado con mujeres en el día de Noé. En 1 Pedro 3:19, 20 la palabra griega para “espíritus” es pneu´ma·sin, mientras que la palabra que se traduce “almas” es psy·khai´. Los “espíritus” no eran almas incorpóreas o sin cuerpo, sino ángeles desobedientes; las “almas” a las que se hace referencia aquí eran personas vivas, humanos, Noé y su casa. Por consiguiente, lo que se predicó a los “espíritus en prisión” debe haber sido un mensaje de juicio.)

24 de agosto. Lectura de la Biblia: Números 14 a 16

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 14:26-43

Núm. 2: ¿Qué significa amar la ley de Dios? (Sal.119:97)

Núm. 3: Dónde encontrar consuelo (Ir cap. 31)

Puntos Sobresalientes Números 14 a 16

14:24. A fin de resistir la presión del mundo para que hagamos lo que está mal, es fundamental cultivar “un espíritu diferente”, esto es, una actitud mental distinta a la del mundo.

15:37-41. Los peculiares flecos de la indumentaria de los israelitas tenían el propósito de recordarles que eran un pueblo separado para adorar a Dios y obedecer sus mandamientos. ¿No deberíamos nosotros también vivir en conformidad con las normas divinas y sobresalir por ser diferentes del mundo?

Núm. 1: Números 14:26-43

Núm. 2: ¿Qué significa amar la ley de Dios? (Sal.119:97)

(Salmo 119:97) ¡Cómo amo tu ley, sí! Todo el día ella es mi interés intenso.

Ws 15/6/06 pág 20

“¡Cómo amo tu ley, sí!”

“¡Cómo amo tu ley, sí! Todo el día ella es mi interés intenso.” (SALMO 119:97.)

EL AUTOR del Salmo 119 se enfrentó a una situación muy difícil. Enemigos insolentes que despreciaban la ley de Dios se burlaban de él y lo difamaban. Príncipes conspiraban contra él y lo perseguían. Rodeado de hombres malvados, su misma vida corría peligro. Todo aquello lo tenía “desvelado de desconsuelo” (Salmo 119:9, 23, 28, 51, 61, 69, 85, 87, 161). No obstante, el salmista cantó: “¡Cómo amo tu ley, sí! Todo el día ella es mi interés intenso” (Salmo 119:97).

2 ¿Cómo resultó ser la ley de Dios un consuelo para el salmista? Pues bien, lo que lo sostuvo fue la seguridad de que Jehová se interesaba por él. Pese a las dificultades que le causaban sus adversarios, se sentía feliz al observar los beneficios que le producía esta amorosa ley. Reconocía que Jehová lo había tratado bien; además, la ley divina lo había hecho más sabio que sus enemigos y hasta lo había conservado vivo. Como la obedecía, disfrutaba de paz y una buena conciencia (Salmo 119:1, 9, 65, 93, 98, 165).

3 Hoy día también hay siervos de Dios que atraviesan tremendas pruebas de fe. Quizá nuestra vida no corra peligro como la del salmista, pero vivimos en “tiempos críticos, difíciles de manejar”. A diario nos relacionamos con personas que no estiman los valores espirituales, sino que centran su vida en objetivos egoístas y materialistas y manifiestan una actitud arrogante e irreverente (2 Timoteo 3:1-5). Los jóvenes cristianos también han de enfrentarse a situaciones que ponen en peligro su moralidad. En estas circunstancias es difícil conservar nuestro amor a Jehová y a lo que es recto. ¿Cómo podemos protegernos?

4 Lo que ayudó al salmista a soportar las presiones fue dedicar tiempo a estudiar detalladamente la ley de Dios y reflexionar sobre ella; es así como llegó a amarla. De hecho, casi todos los versículos del Salmo 119 mencionan alguna faceta de la ley divina. Los cristianos no estamos bajo la Ley de Moisés, que Jehová dio a la antigua nación de Israel (Colosenses 2:14). No obstante, los principios que le sirven de fundamento aún son valiosos. Estos principios fueron de gran consuelo para el salmista, y también pueden serlo para los siervos de Dios que luchamos para sobrellevar las dificultades de la vida moderna.

5 Veamos cómo pueden fortalecernos tres aspectos de la Ley de Moisés: la ley del sábado, la ley de la rebusca y el mandamiento contra la codicia. En todos los casos notaremos que es importantísimo comprender los principios que hay tras estas leyes, pues así podremos hacer frente a las dificultades de nuestros tiempos.

Ws 15/3/01 pág 16,17

“¡Cómo amo tu ley, sí!”

10 Poner la mente en el espíritu entraña más que tener conocimiento de la Palabra de Dios. El rey Salomón estaba muy al tanto de las normas de Jehová, pero aun así dejó de regirse por ellas al final de su vida (1 Reyes 4:29, 30; 11:1-6). Las personas de inclinación espiritual no se conforman con saber lo que dice la Biblia, sino que obedecen la ley de Dios de todo corazón. Ello supone examinar a conciencia las normas de Jehová y esforzarse por seguirlas con diligencia. El salmista evidenció tal actitud al cantar: “¡Cómo amo tu ley, sí! Todo el día ella es mi interés intenso” (Salmo 119:97). Cuando de verdad nos interesamos en acatar la ley divina, nos sentimos motivados a exhibir buenas cualidades (Efesios 5:1, 2). En vez de sentirnos irresistiblemente atraídos a lo que es malo, manifestamos el fruto del espíritu, y el deseo de complacer a Jehová nos aleja de las innobles “obras de la carne” (Gálatas 5:16, 19-23; Salmo 15:1, 2).

11 ¿Cómo cultivamos un respeto y un amor profundos por la ley de Jehová? Entre otras cosas, examinando con detenimiento su valor. Pongamos por caso el mandato divino que limita las relaciones sexuales al matrimonio y prohíbe la fornicación y el adulterio (Hebreos 13:4). ¿Nos privamos de algo bueno al obedecerlo? ¿Dispondría un Padre celestial amoroso una ley que nos impidiera disfrutar de algo que nos beneficiara? Claro que no. Observe lo que les ocurre a quienes no se rigen por las normas morales de Jehová. Los embarazos no deseados terminan a menudo en abortos o conducen a matrimonios prematuros y desdichados. Muchas personas tienen que criar a sus hijos sin un cónyuge. Por otra parte, las enfermedades de transmisión sexual representan una constante amenaza para los que practican la fornicación (1 Corintios 6:18). Además, si el que comete este pecado es un siervo de Jehová, los efectos emocionales pueden ser devastadores. Probablemente, los intentos de ahogar los remordimientos de su conciencia culpable le provoquen insomnio y angustia mental (Salmo 32:3, 4; 51:3). ¿No es obvio, pues, que la ley de Jehová que prohíbe la fornicación está concebida para protegernos? Mantener la pureza moral nos reporta, en efecto, grandes beneficios.

Núm. 3: Dónde encontrar consuelo (Ir cap. 31)

Capítulo 31

Dónde encontrar consuelo

¿TE SIENTES a veces triste y solo?... ¿Te preguntas si hay alguien que te quiera?... Algunos niños se sienten así, pero Dios promete: “Yo mismo no me olvidaré de ti” (Isaías 49:15). ¿No es maravilloso pensar en esa promesa?... Sí, Jehová Dios nos ama de verdad.

Un escritor bíblico dijo: `En caso de que mi propio padre y mi propia madre de veras me dejaran, aun Jehová mismo me recibiría' (Salmo 27:10). Saber esto nos consuela mucho, ¿no es cierto?... Jehová nos dice: `No tengas miedo, porque estoy contigo. Verdaderamente te ayudaré' (Isaías 41:10).

Sin embargo, Jehová a veces permite que Satanás cause dificultades a Sus siervos y que incluso los ponga a prueba. En una ocasión, el Diablo hizo sufrir tanto a Jesús, que este le oró a Jehová: `Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?' (Mateo 27:46). A pesar de que Jesús estaba sufriendo, sabía que Jehová lo amaba (Juan 10:17). Pero también sabía que Dios permite que Satanás ponga a prueba a Sus siervos y los haga sufrir. En otro capítulo veremos por qué razón lo permite.

Cuando uno es pequeño, en ciertas ocasiones es difícil no tener miedo. Por ejemplo: ¿te has perdido alguna vez?... ¿Te asustaste?... Muchos niños lo harían. Un día, el Gran Maestro contó una historia en la que el personaje se perdió. Pero no se trataba de un niño, sino de una oveja.

En cierto sentido, tú eres como una oveja. ¿Cómo es eso posible? Porque las ovejas no son muy grandes ni tampoco son muy fuertes, y necesitan que alguien las cuide y proteja, igual que tú. El hombre que se encarga de cuidar las ovejas es el pastor.

En su historia, Jesús habló de un pastor que tenía cien ovejas. Un día, una de ellas se perdió. Tal vez solo quería ver lo que había al otro lado de la colina, pero el resultado fue que al poco tiempo se había alejado de las demás. ¿Te imaginas cómo se sintió la ovejita cuando miró a su alrededor y vio que estaba completamente sola?...

¿Qué haría el pastor al darse cuenta de que faltaba una oveja? ¿Pensaría que, como era culpa de ella, no tenía que preocuparse? ¿O dejaría a las otras noventa y nueve en un lugar seguro y se iría a buscar a la perdida? ¿Merecía la pena pasar tanto trabajo por una sola oveja?... Si tú fueras la oveja perdida, ¿te gustaría que el pastor fuera a buscarte?...

El pastor quería mucho a todas sus ovejas, incluso a la que se había perdido, así que fue a buscarla. Imagínate lo contenta que se puso la oveja perdida cuando vio llegar al pastor. Jesús dijo que también el pastor se alegró mucho de haberla encontrado. Se alegró más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. Pues bien, ¿quién es como el pastor de la historia de Jesús? ¿Quién se preocupa por nosotros tanto como aquel pastor por su oveja?... Jesús dijo que su Padre celestial, Jehová, hace eso.

Jehová Dios es el Gran Pastor de su pueblo. Ama a todos sus siervos, hasta a los niños como tú. No quiere que ninguno de nosotros sufra daño o sea destruido. Sin duda, es maravilloso saber que Dios se preocupa tanto por nosotros (Mateo 18:12-14).

¿Crees realmente en Jehová Dios?... ¿Es él una persona real para ti?... Lo cierto es que no podemos ver a Jehová porque, como es un espíritu, tiene un cuerpo invisible para nosotros. Pero es una persona real y puede vernos. Sabe cuándo necesitamos ayuda. Además, al igual que hablamos con otras personas, por medio de la oración podemos hablar con Jehová. De hecho, él quiere que lo hagamos.

Por eso, si alguna vez te sientes triste o solo, ¿qué deberías hacer?... Habla con Jehová. Acércate a él, pues te consolará y ayudará. No olvides que Jehová te ama, hasta en los momentos en que te sientes muy solo. Vamos a abrir la Biblia. Allí, en el Salmo 23, desde el versículo 1 en adelante, se nos dice: “Jehová es mi Pastor. Nada me faltará. En prados herbosos me hace recostar; me conduce por descansaderos donde abunda el agua”.

Verás que el escritor añade en el versículo 4: “Aunque ande en el valle de sombra profunda, no temo nada malo, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado son las cosas que me consuelan”. Así es como se sienten las personas si su Dios es Jehová. Encuentran consuelo en momentos difíciles. ¿Te sientes tú así?...

Jehová cuida de sus siervos igual que un pastor amoroso cuida de su rebaño. Les muestra el camino por donde deben andar, y ellos lo siguen con gusto. No tienen por qué tener miedo, aunque solo haya problemas a su alrededor. Un pastor utiliza su vara, o cayado, para proteger a las ovejas de los animales que podrían hacerles daño. La Biblia nos cuenta cómo el joven pastor David protegió a sus ovejas de un león y de un oso (1 Samuel 17:34-36). Y los siervos de Jehová saben que, de igual modo, Dios los protegerá a ellos. Pueden sentirse seguros porque Dios está con ellos.

Jehová ama de verdad a sus ovejas y las cuida con ternura. La Biblia dice: `Como un pastor guiará a su propio rebaño. Con sus brazos juntará a los corderitos' (Isaías 40:11).

¿No te consuela saber que Jehová es así?... ¿Quieres ser una de sus ovejitas?... Las ovejas escuchan la voz de su pastor y se mantienen cerca de él. ¿Escuchas tú a Jehová?... ¿Te mantienes cerca de él?... Si lo haces, nunca tendrás por qué sentir miedo. Jehová estará contigo.

Jehová cuida amorosamente a sus siervos. Vamos a leer juntos cómo lo expresa la Biblia en Salmo 37:25; 55:22, y Lucas 12:29-31.

31 de Agosto. Lectura de la Biblia: Números 17 a 21

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes Números 17 a 21

17:2, 6 it-1 439; 17:10 it-1 10, 179, 180; 18:2 it-1 495; 18:7 it-2 827, 828

18:12 it-1 1039; it-2 715, 716; 18:19 g02 8/6 14; it-2 572, 900

18:20 w98 15/4 20; 19:2 si 35; 19:9 it-1 461, 563; 19:11 it-2 1006

20:1 it-1 541; it-2 766; 20:4, 5 it-1 167; 20:8 si 35; 20:10 w87 15/10 30, 31

20:11 w87 15/10 30, 31; 20:12 si 31; 20:16 it-2 766; 20:17 it-1 402

20:22 it-1 541; 21:1 it-1 167, 168; 21:4 w95 1/3 17; it-1 912

21:5 w99 15/8 26, 27; si 35; 21:6, 8 it-2 1012, 1013, si 35

21:9 it-1 217, 612; it-2 1001, 1012, 1013; g88 8/8 27

21:11 it-1 13, 1272; 21:13 it-1 191, 192

21:14 w04 1/8 26; cl 64; it-1 191; it-2 233, 1064; w90 1/7 18, 20, 23, 28; w90 15/8 29; ws 152, 153, 160

21:15 it-1 164; 21:16, 18 it-1 298; 21:22 gl 8, 9; it-1 402; 21:24 it-2 7

21:25 it-1 490; 21:27, 28, 29, 30 it-1 1136; 21:33 it-1 755

7 de septiembre. Lectura de la Biblia: Números 22 a 25

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 22:20-35

Núm. 2: Cómo se protegió a Jesús (Ir cap. 32)

Núm. 3: ¿Qué significa 1 Pedro 4:6? (rs pág. 74 § 1)

Puntos Sobresalientes Números 22 a 25

Respuestas a preguntas bíblicas:

22:20-22. ¿Por qué se encendió la cólera de Jehová contra Balaam? Jehová le había dicho al profeta Balaam que no debía maldecir a los israelitas (Números 22:12). Sin embargo, el profeta acompañó a los hombres de Balac con el firme propósito de desobedecer aquel mandato, pues quería complacer al rey moabita para que este lo recompensara (2 Pedro 2:15, 16; Judas 11). Pese a que contra su voluntad había tenido que bendecir a Israel en lugar de maldecirlo, todavía trató de ganarse el favor del rey proponiéndole que empleara adoradoras de Baal para seducir a los varones israelitas (Números 31:15, 16). Así pues, la cólera de Dios contra Balaam fue provocada por la codicia sin escrúpulos de aquel profeta.

Lecciones para nosotros:

25:11. ¡Qué ejemplo de celo por la adoración de Jehová nos puso Finehás! ¿No debería el deseo de mantener la pureza de la congregación impulsarnos a informar a los ancianos cristianos de cualquier caso de inmoralidad grave que conozcamos?

Núm. 1: Números 22:20-35

Núm. 2: Cómo se protegió a Jesús (Ir cap. 32)

Capítulo 32

Cómo se protegió a Jesús

A VECES Jehová hace cosas extraordinarias para proteger a quienes son jóvenes y no pueden cuidar de sí mismos. Si das un paseo por el campo, quizás observes algo similar a lo que Jehová hace, aunque al principio no comprendas bien lo que sucede.

Supongamos que vas caminando y ves a un ave que se posa en el suelo cerca de ti. Parece que está herida, porque arrastra una de las alas. Cuando intentas acercarte a ella, se aleja, y si la sigues, se aleja cada vez más. De repente, sale volando. En realidad no estaba herida. ¿Sabes lo que pasaba?...

Pues que cerca del lugar donde el ave se había posado, estaban sus crías ocultas entre los matorrales. La madre tenía miedo de que las encontraras y les hicieras daño. Por eso fingió que estaba herida y te alejó de allí. ¿Sabes quién puede protegernos igual que esa madre protege a sus crías?... En la Biblia, a Jehová se le compara con un ave llamada águila que cuida de sus polluelos (Deuteronomio 32:11, 12).

Jesús es el hijo más amado de Jehová. Cuando vivía en el cielo, era un espíritu poderoso como su Padre y podía cuidarse solo. Pero cuando nació en la Tierra, era un bebé indefenso que necesitaba protección.

Para cumplir con la misión que Jehová le había asignado, Jesús tenía que crecer y convertirse en un adulto perfecto. Sin embargo, Satanás trató de matarlo antes de que eso sucediera. Es muy emocionante leer el relato sobre cómo intentó acabar con él cuando era niño y cómo Jehová lo protegió. ¿Te gustaría escucharlo?...

Poco después del nacimiento de Jesús, Satanás hizo que en el cielo del Oriente brillara una luz que parecía una estrella. Unos astrólogos, que son hombres que estudian las estrellas, la siguieron por cientos de kilómetros hasta llegar a Jerusalén. Allí preguntaron dónde tenía que nacer el que sería rey de los judíos. Luego se hizo la pregunta a unos hombres que conocían la respuesta que daba la Biblia, y estos dijeron: “En Belén” (Mateo 2:1-6).

Cuando Herodes, el rey malvado que estaba en Jerusalén, se enteró de que el nuevo rey había nacido poco antes en la cercana ciudad de Belén, les dijo a los astrólogos: `Busquen al niño, y cuando lo encuentren, vuelvan para avisarme'. ¿Sabes por qué quería Herodes encontrar a Jesús?... ¡Porque tenía celos de él y quería matarlo!

¿Cómo protegió Dios a su Hijo?... Después que los astrólogos hallaron a Jesús y le hicieron regalos, Dios les advirtió en un sueño que no volvieran a donde estaba Herodes. Por lo tanto, se fueron a su país por otro camino, sin pasar por Jerusalén. Cuando Herodes descubrió que los astrólogos se habían marchado, se enojó mucho. Como deseaba eliminar a Jesús, ordenó que mataran a todos los niños de Belén menores de dos años. Pero Jesús ya no estaba allí.

¿Sabes cómo logró salvarse?... Cuando los astrólogos se marcharon, Jehová le dijo a José, el esposo de María, que huyera a Egipto. Allí, Jesús estuvo a salvo del malvado Herodes. Años después, cuando María y José volvieron de Egipto con Jesús, Dios habló de nuevo con José. En un sueño le dijo que se fuera a Nazaret, donde el niño no correría peligro (Mateo 2:7-23).

¿Entiendes cómo protegió Jehová a su Hijo?... ¿Quién piensas que es como aquellas crías que la madre ocultaba en los matorrales? ¿O como Jesús cuando era pequeño? ¿No eres tú así?... También a ti hay quienes desean hacerte daño. ¿Sabes quiénes son?...

La Biblia dice que Satanás es como un león rugiente que nos quiere comer. Igual que los leones a menudo escogen a los animales pequeños para atacarlos, Satanás y sus demonios muchas veces escogen a los niños (1 Pedro 5:8). Pero Jehová es más poderoso que Satanás y puede proteger a los niños que le sirven o remediar cualquier cosa mala que Satanás les haga.

Según vimos en el capítulo 10 de este libro, ¿qué quieren el Diablo y sus demonios que hagamos?... Desean que tengamos el tipo de relaciones sexuales que Dios considera malas, o inmorales. ¿Recuerdas quiénes son los únicos que pueden tener relaciones sexuales?... Un hombre y una mujer que estén casados.

Pero, por desgracia, hay adultos a los que les gusta tener relaciones sexuales con niños. A veces, esos niños hacen las cosas malas que han aprendido de los adultos, y usan sus órganos sexuales de forma inmoral. Así ocurrió hace mucho tiempo en la ciudad de Sodoma. La Biblia dice que sus habitantes, “desde el muchacho hasta el viejo”, intentaron tener relaciones sexuales con los hombres que habían ido a visitar a Lot (Génesis 19:4, 5).

Igual que Jesús necesitó protección, tú también necesitas que se te proteja de los adultos —e incluso de otros niños— que quieran tener relaciones sexuales contigo. Normalmente, esas personas fingen que son tus amigos. Quizás te ofrezcan algo si prometes no decirle nada a nadie. Pero son egoístas, como Satanás y sus demonios. Solo buscan su propio placer, y su forma de conseguirlo es teniendo relaciones sexuales con niños. ¡Eso está muy mal!

¿Sabes qué hacen para sentir placer?... Puede que intenten frotar o acariciar tus órganos sexuales, o que incluso froten sus órganos sexuales contra los tuyos. Pero nunca debes permitir que nadie juegue con tu pene o con tu vulva. Ni siquiera tu propio hermano o hermana, ni tu padre o madre. Estas partes de tu cuerpo son íntimas.

¿Cómo puedes proteger tu cuerpo de las personas que hacen cosas inmorales?... En primer lugar, no dejes que nadie juegue con tus órganos sexuales. Si alguien trata de hacerlo, dile con voz fuerte y firme: “¡No me toques! ¡Te voy a acusar!”. Y si esa persona dice que lo que ocurrió es culpa tuya, no le creas. Es mentira. Vete y cuenta lo que hizo sin importar quién sea. Debes contarlo aunque te diga que lo que hacen él y tú juntos es un secreto entre los dos. Aunque te prometa hacerte bonitos regalos o te amenace, debes alejarte de esa persona y contar lo que ha hecho.

No tienes por qué sentir miedo, pero sí debes tener cuidado. Cuando tus padres te adviertan que algunas personas o lugares podrían ser peligrosos para ti, debes hacerles caso. De ese modo evitarás que alguien malo tenga la oportunidad de hacerte daño.

Vamos a leer cómo puedes protegerte de actos inmorales en Génesis 39:7-12; Proverbios 4:14-16; 14:15, 16; 1 Corintios 6:18, y 2 Pedro 2:14.

Núm. 3: ¿Qué significa 1 Pedro 4:6? (rs pág. 74 § 1)

¿Qué significa 1 Pedro 4:6? “De hecho, con este propósito las buenas nuevas fueron declaradas también a los muertos, para que fueran juzgados en cuanto a la carne desde el punto de vista de los hombres pero vivieran en cuanto al espíritu desde el punto de vista de Dios.” (¿Eran estos “muertos” la gente que había muerto antes de la muerte de Cristo? Como ya se ha mostrado, los muertos no son “los espíritus en prisión”. Esos espíritus eran los ángeles desobedientes. Y la predicación no podría haber beneficiado físicamente a los humanos muertos porque, como dice Eclesiastés 9:5, ellos “no están conscientes de nada en absoluto”, y Salmo 146:4 agrega que al tiempo de la muerte `de veras perecen los pensamientos' de la persona. Más bien, Efesios 2:1-7, 17 se refiere a personas que están muertas en sentido espiritual y que llegan a vivir en ese mismo sentido a causa de haber aceptado las buenas nuevas.)

14 de Septiembre. Lectura de la Biblia: Números 26 a 29

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 27:1-14

Núm. 2: ¿Qué es la "regulación mental", y porqué es tan importante? (Efe. 6:4)

Núm. 3: Jesús puede protegernos (Ir cap. 33)

Puntos Sobresalientes Números 26 a 29

26:9 it-1 26; 26:11 it-1 20, 553; 26:51 si 34; 26:56 it-2 237, 238

26:59 it-1 130; it-2 113, 1135; 27:16 it-1 431

27:18 w02 1/12 12; it-1 864, 865; si 42; 27:20, 21, 23 it-2 131, 505

28:7 it-2 525; 28:9 gt 31; w86 15/7 8, 9; 28:27, 28, 29, 30 it-2 631

29:1 it-1 881, 935, 936; 29:7 it-1 257, 678; it-2 908

Núm. 1: Números 27:1-14

Núm. 2: ¿Qué es la "regulación mental", y porqué es tan importante? (Efe. 6:4)

(Efesios 6:4) Y ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová.

Ws 1/7/06 pág 27

¿Qué es la regulación mental?

5 El apóstol Pablo escribió: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: `Honra a tu padre y a tu madre'; que es el primer mandato con promesa: `Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra'. Y ustedes, padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová” (Efesios 6:1-4).

6 ¿Están los padres cristianos influyendo indebidamente en sus hijos al criarlos en “la disciplina y regulación mental de Jehová”? Por supuesto que no. ¿Quién criticaría a un padre por enseñarle a su hijo lo que considera bueno y provechoso en sentido moral? A los ateos no se les critica por enseñar a sus hijos que Dios no existe. Los católicos se sienten en la obligación de educar a los hijos en su religión, y rara vez se les critica por ello. De igual modo, nadie tiene derecho a acusar a los testigos de Jehová de manipular la mente de sus hijos, cuando en realidad están criándolos para que estos adopten el criterio de Jehová sobre las verdades fundamentales y los principios morales.

7 Según el Diccionario teológico del Nuevo Testamento, la palabra griega traducida en Efesios 6:4 por “regulación mental” se refiere a la “dirección espiritual”, a “una influencia sobre [la mente]”. Conlleva la idea de que el individuo “es disuadido de un falso camino y corregido en su comportamiento”. Ahora bien, pensemos en el caso de un joven que, debido a la presión de otros jóvenes y al deseo de encajar en el grupo, no acepta de buen grado la educación de sus padres. ¿Quiénes diríamos que lo están presionando? ¿Sus padres, o sus compañeros? Si estos últimos lo empujan a tomar drogas, beber en exceso o cometer actos inmorales, ¿se debería criticar a los padres por tratar de corregir su modo de pensar y hacerle ver las consecuencias de una conducta tan peligrosa?

8 El apóstol Pablo escribió al joven Timoteo: “Continúa en las cosas que aprendiste y fuiste persuadido a creer, sabiendo de qué personas las aprendiste, y que desde la infancia has conocido los santos escritos, que pueden hacerte sabio para la salvación mediante la fe relacionada con Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:14, 15). Desde niño, la madre y la abuela de Timoteo le inculcaron una fe firme en Dios cimentada en el conocimiento de las Santas Escrituras (Hechos 16:1; 2 Timoteo 1:5). Más tarde, cuando ambas se hicieron cristianas, no lo obligaron a creer, sino que `lo persuadieron' con razonamientos sólidos basados en las Escrituras.

Ws 1/11/06 pág 6

Debemos enseñarles buenos principios

En la misma línea, Mario, padre de dos hijos, hace la siguiente recomendación: “Conviene darles mucho cariño y leerles en voz alta”. No es tanto cuestión de estimularles el cerebro como de enseñarles la diferencia entre el bien y el mal. De ahí que Mario agregue: “Hay que estudiar la Biblia con ellos”.

Así lo indica la propia Biblia: “No provoquéis a ira a vuestros hijos sino criadlos tiernamente en la disciplina y admonición del Señor”, o lo que es lo mismo, “edúquenlos y denles enseñanzas cristianas” (Efesios 6:4, Comentario del Nuevo Testamento, Guillermo Hendriksen; Traducción en lenguaje actual). En muchos hogares no se da la debida importancia a la formación moral. Hay quienes creen que cuando los hijos sean mayores, podrán elegir por sí mismos los valores que van a seguir. Pero ¿es esta una actitud prudente? Pues bien, tal como sus cuerpos requieren una nutrición adecuada para crecer fuertes y sanos, sus mentes y corazones también precisan una buena educación. Si nuestros hijos no aprenden principios morales en casa, probablemente adoptarán el criterio de extraños, sean compañeros, maestros o figuras de los medios de comunicación.

Con la ayuda de la Palabra de Dios, los padres pueden enseñar a sus hijos a distinguir el bien del mal (2 Timoteo 3:16, 17). Jeff, superintendente cristiano que ha criado a dos hijos, recomienda usarla para inculcar buenos principios: “Al utilizar la Biblia, los niños comprenden que estamos hablando del punto de vista del Creador, y no solo de las opiniones de papá y mamá. Pudimos ver que tiene un efecto incomparable en la mente y el corazón. Cuando teníamos que corregir la conducta o actitud de un hijo, nos tomábamos tiempo para buscar algún pasaje pertinente. Luego se lo dábamos a leer en privado, y muchas veces el pequeño terminaba con lágrimas en las mejillas. Era sorprendente. La Biblia tenía un efecto que nunca habríamos conseguido con ninguna palabra o acción nuestra”.

Hebreos 4:12 señala que “la palabra de Dios es viva, y ejerce poder, [...] y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón”. El mensaje de la Biblia no está formado por las opiniones y experiencias personales de los escritores que Dios utilizó. Más bien, expresa el criterio divino sobre los asuntos morales, hecho que lo distingue de todas las demás fuentes de consejo. De este modo, cuando usamos la Biblia para educar a los hijos, les ayudamos a plantearse las cosas como las ve Dios. Así les damos una formación de más peso y tenemos más probabilidades de llegarles al corazón.

Catherine, madre a la que antes mencionamos, concuerda con lo anterior: “Cuanto más difícil era el problema, más nos apoyábamos en los consejos de la Palabra de Dios. ¡Siempre funcionaba!”. ¿Podríamos darle mayor uso a la Biblia para ayudar a nuestros hijos a distinguir el bien del mal?

Núm. 3: Jesús puede protegernos (Ir cap. 33)

Capítulo 33

Jesús puede protegernos

CUANDO Jesús creció y supo cómo Jehová lo había protegido en su niñez, ¿piensas que le oró para darle las gracias?... ¿Qué crees que les dijo a María y José al enterarse de que le habían salvado la vida llevándolo a Egipto?...

Por supuesto, Jesús ya no es un bebé y tampoco vive en la Tierra como entonces. Sin embargo, ¿te has dado cuenta de que en nuestros días parece que para algunas personas Jesús solo es un bebé acostado en un pesebre?... En muchos lugares se representa a Jesús de esa manera, sobre todo durante la época de Navidad.

Aunque Jesús ya no está en la Tierra, ¿crees que sigue vivo?... Sí, Dios lo resucitó, y ahora es un Rey poderoso en el cielo. Pero ¿cómo piensas que puede proteger a sus siervos?... Cuando Jesús vivía en la Tierra, demostró que podía proteger a quienes lo amaban. Veamos cómo lo hizo en cierta ocasión, mientras estaba en una barca con sus discípulos.

Era casi de noche. Jesús había pasado todo el día enseñando al lado del mar de Galilea, que es un gran lago de unos veinte kilómetros de largo y doce kilómetros de ancho. Entonces les dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado del lago”. Así que se subieron a una barca y comenzaron a cruzarlo. Jesús estaba tan cansado que se fue a la parte de atrás y se acostó sobre una almohada. Enseguida se durmió profundamente.

Los discípulos se quedaron despiertos para mantener el rumbo de la barca. Todo iba bien hasta que, de repente, se levantó un viento fuerte. Cada vez soplaba con más furia, y el mar se agitaba más y más. Las olas daban contra la barca, y esta empezó a llenarse de agua.

Los discípulos tenían miedo de que la barca se hundiera. Mientras tanto, Jesús seguía durmiendo tranquilamente en la parte de atrás. Por fin, los discípulos lo despertaron y le dijeron: `Maestro, Maestro, sálvanos, vamos a morir en esta tormenta'. Al oír aquello, Jesús se levantó y les ordenó al viento y al mar: `¡Silencio! ¡Cállense!'.

El viento dejó de soplar de inmediato, y el mar se calmó. Los discípulos estaban sorprendidos, pues nunca antes habían visto nada igual. Se decían unos a otros: “¿Quién, realmente, es este, porque ordena hasta a los vientos y al agua, y le obedecen?” (Lucas 8:22-25; Marcos 4:35-41).

Y tú, ¿sabes quién es Jesús?... ¿De dónde le viene su gran poder?... Los discípulos no deberían haber tenido miedo mientras Jesús estaba con ellos, pues él no era un hombre como los demás. Podía hacer cosas maravillosas que resultaban imposibles para cualquier otra persona. Voy a contarte algo que hizo durante otra tormenta parecida.

Sucedió algún tiempo después. Un día, al atardecer, Jesús les dijo a sus discípulos que tomaran una barca, cruzaran hasta la otra orilla y lo esperaran allí. Entonces se marchó solo a la montaña, pues era un lugar tranquilo donde podía orar a su Padre, Jehová Dios.

Los discípulos se subieron a la barca y comenzaron a navegar. Sin embargo, al rato empezó a soplar el viento, cada vez con más fuerza. Ya se había hecho de noche. Los hombres recogieron la vela y se pusieron a remar, pero no avanzaban mucho porque el fuerte viento soplaba en dirección contraria. La barca subía y bajaba entre grandes olas, y le seguía entrando más y más agua. Los discípulos luchaban por llegar a la orilla, pero no lo conseguían.

Jesús llevaba ya bastante rato a solas en la montaña. Entonces, cuando vio que sus amigos estaban en peligro en medio del gran oleaje, bajó hasta la orilla del mar. Como quería ayudarlos, comenzó a caminar hacia ellos sobre el mar agitado.

¿Qué pasaría si tú intentaras caminar sobre el agua?... Te hundirías y podrías ahogarte. Pero Jesús es diferente porque tiene poder especial. Para llegar hasta la barca, tuvo que recorrer una gran distancia. Por eso, cuando los discípulos lo vieron acercarse caminando sobre las aguas, ya casi había amanecido. Los hombres no podían creer lo que veían. Se asustaron tanto que se pusieron a gritar. Entonces, Jesús les dijo: “Cobren ánimo, soy yo; no tengan temor”.

En cuanto Jesús se subió a la barca, la tormenta se detuvo. Los discípulos estaban sorprendidos de nuevo. Se inclinaron ante Jesús y le dijeron: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mateo 14:22-33; Juan 6:16-21).

¿No habría sido maravilloso vivir en aquella época y ver cómo Jesús hacía esos milagros?... ¿Sabes por qué los hizo?... Porque amaba a sus discípulos y quería ayudarlos. Además, quiso mostrar el gran poder que tenía entonces y que utilizaría en el futuro como Gobernante del Reino de Dios.

Hoy en día, Jesús también emplea su poder a menudo para proteger a sus seguidores cuando Satanás trata de impedir que hablen a otras personas del Reino de Dios. Sin embargo, no lo usa para evitar que sus discípulos se enfermen ni para curarlos. Hasta los apóstoles de Jesús murieron con el tiempo. Santiago, el hermano de Juan, fue asesinado, y a Juan lo metieron en prisión (Hechos 12:2; Revelación [Apocalipsis] 1:9).

En nuestros días ocurre lo mismo. Sin importar si sirven a Jehová o no, todas las personas se enferman y mueren. Pero pronto, cuando Jesús gobierne como Rey del Reino de Dios, todo será diferente. Nadie tendrá motivos para sentir temor nunca más, porque Jesús utilizará su poder para bendecir a todos los que le obedezcan (Isaías 9:6, 7).

Otros textos que muestran el gran poder de Jesús, a quien Dios ha hecho Gobernante de su Reino, son Daniel 7:13, 14; Mateo 28:18, y Efesios 1:20-22.

21 de Septiembre. Lectura de la Biblia: Números 30 a 32

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 32:1-15

Núm. 2: ¿Qué le sucede a la gente cuando muere? (Ir cap. 34)

Núm. 3: ¿Es para todos los cristianos la esperanza de vida celestial? (rs pág. 74 § 2-pág. 75 § 1)

Puntos Sobresalientes Números 30 a 32

30:6-8. ¿Puede el varón cristiano invalidar los votos de su esposa? En nuestros días, Jehová considera que un voto es algo que sus siervos hacen a nivel individual. La dedicación a Jehová, por ejemplo, es un voto personal (Gálatas 6:5). El esposo no tiene autoridad para anularlo. Sin embargo, la esposa evitará hacer un voto que esté en conflicto con la Palabra de Dios o con sus deberes hacia su esposo.

Núm. 1: Números 32:1-15

Núm. 2: ¿Qué le sucede a la gente cuando muere? (Ir cap. 34)

Capítulo 34

¿Qué le sucede a la gente cuando muere?

DE SEGURO sabes que las personas envejecen, se enferman y mueren. Incluso algunos niños mueren. ¿Deberías tener miedo a la muerte o a los muertos?... ¿Sabes qué le sucede a la gente cuando muere?...

Es cierto que en la actualidad no hay nadie que haya vuelto a vivir después de muerto y pueda explicarnos lo que sucede. Pero cuando Jesús, el Gran Maestro, vivía en la Tierra, hubo un hombre al que sí le pasó eso. Si leemos su historia, entenderemos qué les ocurre a las personas cuando mueren. Se trataba de un amigo de Jesús que vivía en Betania, un pueblo no muy lejos de Jerusalén. Se llamaba Lázaro y tenía dos hermanas, Marta y María. Veamos lo que la Biblia dice que pasó.

En cierta ocasión, Lázaro se puso muy enfermo. Como Jesús estaba lejos en aquel momento, Marta y María le enviaron un mensajero para decírselo. Avisaron a Jesús porque sabían que él podía venir y curar a su hermano. Jesús no era médico, pero Dios le había dado poder para curar todo tipo de enfermedades (Mateo 15:30, 31).

Sin embargo, antes de que Jesús llegara, Lázaro se puso peor y murió. Jesús les dijo a sus discípulos que Lázaro estaba dormido y que iba allá para despertarlo. Ellos no comprendían lo que Jesús quería decir, así que él les indicó claramente: “Lázaro ha muerto”. ¿Qué muestran estas palabras?... Que la muerte es como un sueño profundo, tan profundo que la persona ni siquiera sueña.

Jesús se puso en camino hacia la casa de Marta y María. Allí ya se habían reunido muchos amigos de la familia para consolarlas por la muerte de su hermano. Cuando Marta se enteró de que Jesús se acercaba, salió a encontrarse con él. Poco después, María también llegó, triste y llorando, a donde estaba el Gran Maestro y cayó a sus pies. Otros amigos que la habían acompañado también estaban llorando.

Jesús preguntó dónde habían puesto a Lázaro. Entonces lo llevaron a la tumba, que estaba en una cueva. Cuando Jesús vio que todos estaban llorando, él también empezó a llorar, pues sabía el dolor que se siente al perder a un ser querido en la muerte.

Como había una piedra tapando la entrada de la cueva, Jesús dijo: “Quiten la piedra”. ¿Debían hacerlo?... Marta pensaba que no era una buena idea y dijo: “Señor, ya debe oler mal, porque hace cuatro días”.

Sin embargo, Jesús le contestó: “¿No te dije que si creías habrías de ver la gloria de Dios?”. Jesús se refería a que Marta iba a ver algo que daría honra a Dios. ¿Qué iba a hacer Jesús? Cuando quitaron la piedra, Jesús oró en voz alta a Jehová y después gritó: “¡Lázaro, sal!”. ¿Saldría de allí? ¿Podría hacerlo?...

¿Puedes despertar a alguien que está dormido?... Sí, si lo llamas con voz fuerte. Pero ¿puedes despertar a alguien que está dormido en la muerte?... No. Por muy fuerte que llames a una persona muerta, no te escuchará. No hay nada que tú, yo o cualquier otro ser humano podamos hacer para despertar a un muerto.

Pero el caso de Jesús es distinto, porque Dios le ha dado poder especial. Por eso, cuando Jesús llamó a Lázaro, sucedió algo asombroso. El hombre que llevaba muerto cuatro días salió de la cueva. ¡Había vuelto a vivir! Podía respirar, andar y hablar de nuevo. Sí, Jesús despertó a Lázaro de la muerte (Juan 11:1-44).

Ahora piensa por un momento: ¿qué le ocurrió a Lázaro cuando murió? ¿Hubo alguna parte de él —un alma o un espíritu— que saliera de su cuerpo y fuera a vivir a otro lugar? ¿Se fue el alma de Lázaro al cielo? ¿Estuvo vivo durante cuatro días en el cielo con Dios y los santos ángeles?...

No. Recuerda que Jesús dijo que Lázaro estaba dormido. ¿Qué sucede cuando duermes? Si el sueño es muy profundo, no te enteras de lo que pasa a tu alrededor, ¿verdad?... Y al despertarte, tampoco sabes cuánto tiempo has estado durmiendo hasta que miras el reloj.

Con los muertos sucede igual, pues no saben nada ni sienten nada ni pueden hacer nada. Así se encontraba Lázaro cuando estaba muerto. La muerte es como un sueño profundo del que la persona no recuerda nada. La Biblia dice: “En cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5, 10).

Además, piensa en esto: si Lázaro hubiera estado en el cielo aquellos cuatro días, ¿no lo habría contado?... ¿Y crees que Jesús lo habría obligado a dejar aquel lugar maravilloso para regresar a la Tierra?... ¡Por supuesto que no!

Sin embargo, muchas personas dicen que tenemos un alma y que esta continúa viviendo después de la muerte del cuerpo. Según ellas, el alma de Lázaro siguió viva en algún lugar. Pero la Biblia no dice eso; explica que Dios hizo al primer hombre, Adán, un “alma viviente”. Adán era un alma. Las Escrituras también enseñan que cuando él pecó, murió. Se convirtió en un “alma muerta” y volvió al polvo del que había sido formado. La Biblia dice, además, que todos sus descendientes heredaron el pecado y la muerte (Génesis 2:7; 3:17-19; Números 6:6; Romanos 5:12).

Está claro, pues, que no tenemos un alma separada del cuerpo. Cada uno de nosotros es un alma. Y la Biblia explica lo que nos sucede por haber heredado el pecado de Adán, el primer hombre. Dice: `El alma que peca morirá' (Ezequiel 18:4).

Algunas personas tienen miedo a los muertos. No se acercan a los cementerios porque piensan que las almas de los muertos andan separadas de sus cuerpos y pueden hacer daño a los vivos. Pero ¿es cierto eso?... No, no lo es.

Hay quienes piensan incluso que los muertos pueden regresar en forma de espíritus para visitar a los vivos. Por eso les dejan comida. Pero la gente que hace eso no cree de verdad lo que Dios dice sobre los muertos. Si nosotros sí lo creemos, no tendremos miedo a los muertos. Y si realmente nos sentimos agradecidos a Dios por la vida, lo demostraremos haciendo las cosas que él aprueba.

Pero quizás te preguntes: “¿Les devolverá Dios la vida a los niños que han muerto? ¿Querrá hacerlo?”. Hablaremos de eso en el siguiente capítulo.

Vamos a leer más textos bíblicos que indican en qué condición están los muertos y que el hombre es un alma: Salmo 115:17; 146:3, 4, y Jeremías 2:34.

Núm. 3: ¿Es para todos los cristianos la esperanza de vida celestial? (rs pág. 74 § 2-pág. 75 § 1)

¿Se muestra en el “Nuevo Testamento” que la vida celestial sea la esperanza para todo cristiano?

Juan 14:2, 3: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De otra manera, se lo hubiera dicho a ustedes, porque voy a preparar un lugar para ustedes. También, si prosigo mi camino y les preparo un lugar, vengo otra vez y los recibiré en casa a mí mismo, para que donde yo estoy también estén ustedes.” (Jesús muestra aquí que sus apóstoles fieles, a quienes estaba hablando, con el tiempo estarían en la “casa” de su Padre, en el cielo, con Jesús. Pero aquí él no dice cuántos más irían también al cielo.)

Juan 1:12, 13: “A cuantos sí lo recibieron [a Jesús], a ellos les dio autoridad de venir a ser hijos de Dios, porque ejercían fe en su nombre; y ellos nacieron, no de sangre, ni de voluntad carnal, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Nótese que el contexto, en el versículo 11, se refiere a “los suyos”, a los del pueblo de Jesús, los judíos. Todos los que sí lo recibieron cuando él vino a ellos en el primer siglo llegaron a ser hijos de Dios, con la perspectiva de vida celestial. Los verbos en el texto se hallan en pretérito o tiempo pasado, de modo que este pasaje no se refiere a todos los que han llegado a ser cristianos desde entonces.)

Rom. 8:14, 16, 17: “Todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. El espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Pues, si somos hijos, también somos herederos: herederos por cierto de Dios, mas coherederos con Cristo, con tal que suframos juntamente para que también seamos glorificados juntamente.” (Cuando se escribió esto, era cierto que todos los que eran conducidos por el espíritu de Dios eran hijos de Dios que tenían la esperanza de ser glorificados con Cristo. Pero no siempre ha sido así. Lucas 1:15 dice que a Juan el Bautizante se le llenaría de espíritu santo, pero Mateo 11:11 aclara que él no participará de la gloria del Reino celestial. Del mismo modo, también, después del recogimiento de los herederos del Reino celestial habría otras personas que servirían a Dios como seguidores de su Hijo y sin embargo no participarían de la gloria celestial.)

28 de Septiembre. Lectura de la Biblia: Números 33 a 36

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Números 33:1-23

Núm. 2: Podemos despertar de la muerte (Ir cap. 35)

Núm. 3: Aspectos en los que el Reino de Dios es superior a todos los gobiernos humanos

Puntos Sobresalientes Números 33 a 36

35:9-29. El hecho de que un homicida involuntario tuviera que abandonar su hogar, huir a la ciudad de refugio y quedarse en ella durante un período de tiempo nos enseña que la vida es sagrada y debemos respetarla.

35:33. Lo único que puede expiar el asesinato de personas inocentes, cuya sangre contamina la tierra, es la sangre de quienes la han derramado. ¡Qué apropiado será que Jehová destruya a los inicuos antes de transformar la Tierra en un paraíso! (Proverbios 2:21, 22; Daniel 2:44.)

Núm. 1: Números 33:1-23

Núm. 2: Podemos despertar de la muerte (Ir cap. 35)

Capítulo 35

Podemos despertar de la muerte

SI NOS morimos, ¿querrá Dios resucitarnos, es decir, devolvernos la vida?... Un hombre bueno llamado Job creía que sí. Por eso, cuando pensó que estaba a punto de morir, le dijo a Dios: “Tú llamarás, y yo mismo te responderé”. Job dijo que Jehová Dios anhelaría resucitarlo, lo desearía muchísimo (Job 14:14, 15).

Jesús es como Jehová Dios, su Padre. También quiere ayudarnos. Cuando un leproso le dijo: “Si tan solo quieres, puedes limpiarme”, Jesús contestó: “Quiero”, y le curó la lepra (Marcos 1:40-42).

Jesús aprendió de su Padre a amar a los niños. Hace mucho tiempo, Jehová resucitó a dos niños por medio de sus siervos. Elías le suplicó a Jehová que resucitara al hijo de una mujer que había sido muy bondadosa con él, y Jehová lo hizo. Dios también utilizó a su siervo Eliseo para resucitar a otro niño (1 Reyes 17:17-24; 2 Reyes 4:32-37).

¿No es maravilloso saber que Jehová nos ama tanto?... No solo piensa en nosotros cuando estamos vivos. También nos recuerda si morimos. Jesús incluso dijo que, para el Padre, cuando un amado siervo suyo muere, es como si siguiera vivo (Lucas 20:38). La Biblia asegura que `ni la muerte, ni la vida, ni las cosas presentes ni las futuras podrán separarnos del amor de Dios' (Romanos 8:38, 39).

Cuando Jesús vivía en la Tierra, mostró que Jehová se interesa por los niños. Recordarás que Jesús dedicó tiempo a hablar con ellos sobre Dios. Pero ¿sabías que Jehová le dio a Jesús el poder de resucitar a niños que habían muerto?... Vamos a hablar de cuando Jesús resucitó a la hija de doce años de un hombre llamado Jairo.

Jairo vivía con su esposa y su única hija cerca del mar de Galilea. Un día, la muchacha se puso muy enferma, y Jairo se dio cuenta de que se estaba muriendo. Entonces se acordó de Jesús, aquel hombre maravilloso que, según había oído, podía curar a los enfermos. Así que se fue a buscarlo y lo encontró a la orilla del mar de Galilea enseñando a una muchedumbre.

Jairo se abrió paso entre la gente, cayó a los pies de Jesús y le dijo: `Mi hijita está muy enferma. ¿Puedes ir a ayudarla? Por favor, te suplico que me acompañes'. Jesús se marchó con Jairo de inmediato. La muchedumbre que había ido a ver al Gran Maestro también los siguió. Pero cuando habían recorrido parte del camino, se encontraron con unos hombres que venían de la casa de Jairo y que le dijeron a este: “¡Tu hija murió! ¿Por qué molestar ya al maestro?”.

Jesús oyó aquellas palabras. Como sabía lo triste que era para Jairo perder a su única hija, le dijo: `No temas. Solo ten fe en Dios, y tu hija se pondrá bien'. Entonces siguieron adelante hasta llegar a la casa de Jairo. Los amigos de la familia allí reunidos estaban llorando porque la niña había muerto. Jesús les dijo: `Dejen de llorar. La niña no ha muerto, sino que está dormida'.

Cuando Jesús dijo aquello, la gente comenzó a burlarse, porque sabía que la niña había muerto. ¿Por qué dijo Jesús que estaba durmiendo?... ¿Qué lección crees que deseaba enseñar a aquellas personas?... Quería que supieran que la muerte es como un sueño profundo. Quería enseñarles que, con el poder de Dios, era capaz de resucitar a una persona con tanta facilidad como si la despertara de un sueño.

Jesús hizo salir a todo el mundo de la casa, menos a los padres de la niña y a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. Después entró donde estaba ella, la tomó de la mano y le dijo: “Muchacha, ¡levántate!”. La niña se levantó enseguida y comenzó a caminar. Su padre y su madre se pusieron contentísimos (Marcos 5:21-24, 35-43; Lucas 8:40-42, 49-56).

Piensa en esto: si Jesús pudo devolverle la vida a aquella niña, ¿podrá hacer lo mismo por otros?... ¿Crees que de verdad lo hará?... Sí. Jesús mismo dijo: `Viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán mi voz y saldrán' (Juan 5:28, 29).

¿Crees que Jesús quiere resucitar a las personas?... Otro ejemplo bíblico nos ayuda a contestar esa pregunta. Lo que ocurrió en cierta ocasión cerca de la ciudad de Naín muestra qué siente Jesús hacia las personas que lloran por la muerte de seres queridos.

Una muchedumbre salía de la ciudad de Naín para enterrar el cuerpo sin vida de un joven. La madre del muchacho se sentía muy triste. Su esposo había muerto algún tiempo antes, y ahora su único hijo también estaba muerto. Muchos de sus vecinos se habían unido a ella. La mujer estaba llorando, y la gente no podía hacer nada para consolarla.

Aquel día, dio la casualidad de que Jesús y sus discípulos se dirigían a Naín. Al acercarse a la puerta de la ciudad, se encontraron con la multitud que iba al entierro del muchacho. Cuando Jesús vio a la madre llorando, sintió compasión por ella. Su corazón se conmovió por la gran tristeza de la mujer, y quiso ayudarla.

Por eso, con ternura pero a la vez con firmeza, le dijo: “Deja de llorar”. La actitud de Jesús hizo que todo el mundo lo mirara con interés. Cuando Jesús se acercó al cuerpo, todos se estarían preguntando qué iba a hacer. Jesús ordenó: “Joven, yo te digo: ¡Levántate!”. El muchacho se levantó de inmediato y comenzó a hablar (Lucas 7:11-17).

Imagínate cómo debe haberse sentido la mujer. ¿Cómo te sentirías tú si alguien muy querido que hubiera muerto volviera a la vida?... ¿No demuestra lo que hizo Jesús que él ama de verdad a las personas y quiere ayudarlas?... Piensa en lo maravilloso que será darles la bienvenida a los que resuciten en el nuevo mundo de Dios (2 Pedro 3:13; Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4).

Algunos de los resucitados serán personas que ya conocíamos, y habrá niños entre ellos. Los reconoceremos igual que Jairo reconoció a su hija cuando Jesús la resucitó. Otros serán personas que murieron hace cientos o miles de años. Pero, aunque haya pasado tanto tiempo, Dios no los olvidará.

¿No es maravilloso saber que Jehová Dios y su Hijo, Jesús, nos aman tanto?... Ellos quieren que vivamos no solo unos cuantos años, sino para siempre.

Encontramos la maravillosa esperanza que ofrece la Biblia para los muertos en Isaías 25:8; Hechos 24:15, y 1 Corintios 15:20-22.

Núm. 3: Aspectos en los que el Reino de Dios es superior a todos los gobiernos humanos

Ws 15/5/06 pág 5,6

¡Nuevas y maravillosas perspectivas!

Jehová nos proporcionó un magnífico hogar cuando preparó la Tierra para que viviéramos en ella. De hecho, él mismo dijo que todo lo que había hecho era “muy bueno” (Génesis 1:31). El Diablo indujo a Adán y Eva a la rebelión (Génesis 3:1-5; Revelación 12:9). No obstante, Dios pronto se encargará de que las personas rectas obtengan “la vida que realmente lo es”, o sea, “la vida eterna” en condiciones perfectas en el Paraíso (1 Timoteo 6:12, 19). Analicemos algunas de las condiciones de que se disfrutará en el futuro.

Durante el Reinado Milenario de Cristo, Satanás estará encadenado y no podrá causar daño a la humanidad. El apóstol Juan relata: “Vi a un ángel [el arcángel Miguel, o Jesucristo] que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente original, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Y lo arrojó al abismo, y lo cerró y lo selló sobre él, para que no extraviara más a las naciones hasta que se terminaran los mil años” (Revelación 20:1-3; 12:12). Aparte de librarse de la influencia de Satanás durante el tiempo que esté abismado, la humanidad gozará de muchas otras bendiciones bajo el Reino.

La maldad, la delincuencia y la guerra ya no existirán. La Biblia promete: “Solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar, y él no será. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz. Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella” (Salmo 37:10, 11, 29). Jehová Dios hará “cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra” (Salmo 46:9). ¡Qué maravillosas garantías de paz y seguridad!

Habrá exuberancia de alimentos sanos y sabrosos. “Llegará a haber abundancia de grano en la tierra —cantó el salmista—; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.” (Salmo 72:16.) En aquel tiempo, nadie volverá a sentir las punzadas del hambre.

Nadie sufrirá enfermedades. Sí, “ningún residente dirá: `Estoy enfermo'” (Isaías 33:24; 35:5, 6). Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra, curó a leprosos y sanó a cojos y ciegos (Mateo 9:35; Marcos 1:40-42; Juan 5:5-9). ¡Imagínese lo que hará en el nuevo mundo! Piense en la felicidad que producirá ver como los ciegos, cojos, sordos y mudos quedan sanados.

A medida que la humanidad obediente avance hacia la perfección, los estragos de la edad retrocederán. Ya no habrá gafas, bastones, muletas, sillas de ruedas, hospitales ni medicamentos. ¡Cuánto cambiaremos cuando recuperemos el vigor juvenil! (Job 33:25.) Nos levantaremos por la mañana después de una noche de descanso listos para emprender las gozosas actividades de un nuevo día.

La resurrección de nuestros seres queridos y demás personas nos alegrará el corazón (Juan 5:28, 29; Hechos 24:15). Imagínese la emoción que sentiremos al dar la bienvenida a Abel, Noé, Abrahán, Sara, Job, Moisés, Rut, David, Elías, Ester y tantos otros. Pero no serán los únicos, pues habrá millones de resucitados. La mayoría de ellos no habrán oído de Jehová, pero serán recibidos por personas deseosas de hablarles de él, de sus propósitos y de su Hijo, Jesucristo. Cuando los resucitados lleguen a conocer a su Creador, el conocimiento de Jehová verdaderamente llenará la Tierra.

Sobre todo, podremos adorar al único Dios verdadero para siempre. Tendremos el privilegio de “[servir] a Jehová con regocijo” y trabajar unidamente construyendo casas hermosas, labrando el suelo y sojuzgando al fin toda la Tierra (Salmo 100:1-3; Isaías 65:21-24). ¿Verdad que será un deleite vivir para siempre en un paraíso productivo, pacífico y bello, que honre el santo nombre de Jehová? (Salmo 145:21; Juan 17:3.)

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Un nuevo mundo sin sufrimiento

“Las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón. Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear.” (Isaías 65:17, 18.)

ESTAS palabras proféticas, inspiradas por Dios hace más de 2.700 años, permiten vislumbrar cómo será la vida en la Tierra en el futuro. ¿Cuándo? Después que Dios ponga fin al sistema de cosas actual. Muchas profecías bíblicas dejan claro que Dios se propone eliminar el sistema de cosas actual y reemplazarlo con un nuevo mundo donde no existirá el sufrimiento.

¡Qué diferente será la vida en ese nuevo mundo en comparación con la que ha habido durante toda la historia humana hasta ahora! La Palabra profética de Dios nos explica que no existirán las guerras, el delito, la pobreza y la injusticia. La enfermedad y la muerte habrán desaparecido para siempre. La gente ya no estará dividida por gobiernos, religiones o sistemas económicos que han demostrado su ineptitud. Lágrimas de gozo reemplazarán a las causadas por el pesar, porque la maldad y el sufrimiento habrán desaparecido para siempre.

Se prefiguró en las profecías bíblicas

Observe cómo las siguientes profecías bíblicas anunciaron esas condiciones:

No habrá más guerras: “Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra.” (Salmo 46:9.) “No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra.” (Isaías 2:4.)

Justicia para todos: “Haré del derecho el cordel de medir, y de la justicia el instrumento de nivelar.” (Isaías 28:17.)

No habrá temor: “Realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar.” (Miqueas 4:4.) “Realmente resultarán estar en su suelo en seguridad.” Ezequiel 34:27.)

Se eliminará el hambre: “Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.” (Salmo 72:16.) “El árbol del campo tendrá que dar su fruto, y la tierra misma dará su producto.” (Ezequiel 34:27.)

La vejez y la enfermedad ya no existirán: “Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25.) “Ningún residente dirá: `Estoy enfermo'.” (Isaías 33:24.)

La muerte, el lamento y el dolor habrán desaparecido para siempre: “[Dios] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Revelación 21:4.)

El pasado no les afectará

El venidero nuevo mundo preparado por Dios será tan deleitable que ni siquiera el recuerdo desagradable de sufrimientos pasados podrá impedir que sus habitantes disfruten de la vida. Gran número de actividades y pensamientos edificantes que entonces formarán parte de la vida cotidiana de la gente borrarán poco a poco los malos recuerdos del pasado. La promesa de Dios es: “Las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón”. La gente estará `gozosa para siempre' respecto a lo que Dios hará por toda la Tierra. “Toda la tierra ha entrado en descanso, ha quedado libre de disturbio. La gente se ha puesto alegre con clamores gozosos.” (Isaías 65:17, 18; 14:7.)

Hoy día, como expresa la Biblia, “la expectación pospuesta enferma el corazón”. Pero en el nuevo mundo la situación será totalmente distinta. En aquel tiempo “la cosa deseada [será] árbol de vida cuando sí [venga]”. (Proverbios 13:12.) Ya nunca más habrá tristeza en los corazones por causa del sufrimiento o de esperanzas que no se realizan. Por el contrario, estarán llenos de felicidad y de gozo debido a que Dios habrá provisto muchas cosas maravillosas para la familia humana.

Una gobernación diferente

El nuevo mundo tendrá una gobernación totalmente diferente a la instaurada por el hombre, independiente de Dios e insatisfactoria. Los hombres habrán perdido la autoridad para gobernar, y nunca más podrán hacerlo con independencia de Dios.

La profecía bíblica explica: “En los días de aquellos reyes [los gobernantes ahora en el poder] el Dios del cielo establecerá un reino [en el cielo] que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo [con lo que se acabará la gobernación humana]. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos [que ahora existen], y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos”. (Daniel 2:44.)

Jesús enseñó a sus seguidores a orar por esa nueva gobernación de la Tierra cuando dijo: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra”. (Mateo 6:10.)

El nuevo gobierno de la humanidad será el gobierno celestial de Dios a través de Su Reino, que estará en manos de Cristo. Y en la Tierra, siervos leales de Dios administrarán los asuntos en armonía con Su dirección. (Isaías 32:1.) A este respecto, el apóstol Pedro habló de unos “nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa, y en estos la justicia habrá de morar”. (2 Pedro 3:13.) El Reino constituye la enseñanza central de la Biblia.

`La creación será libertada'

Esta nueva gobernación también tendrá dominio completo sobre las fuerzas de la naturaleza. Ya no habrá angustia a causa de desastres naturales como terremotos, huracanes, inundaciones o sequías. Jesús demostró que tenía poder para dominar la naturaleza. Por ejemplo, cuando en cierta ocasión la barca donde habían subido Jesús y sus discípulos estaba a punto de zozobrar por causa de una tempestad, él calmó el viento y el mar. Los discípulos dijeron asombrados: “¿Qué clase de persona es esta, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”. (Mateo 8:23-27.)

De modo que la Tierra, así como la creación humana, disfrutará de una libertad sin igual. “La creación misma también será libertada de la esclavitud a la corrupción y tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación sigue gimiendo juntamente y estando en dolor juntamente hasta ahora.” (Romanos 8:21, 22.)

¿Podemos estar seguros de que la gobernación humana terminará pronto y que el nuevo gobierno de Dios asumirá la dirección de todos los asuntos de la Tierra? Sin duda alguna, porque el Soberano Universal ha dado Su palabra: “`Mi propio consejo subsistirá, y todo lo que es mi deleite haré'; [...] hasta lo he hablado; también lo haré venir. Lo he formado, también lo haré”. (Isaías 46:10, 11.)

“Un tiempo señalado”

¿Cómo se producirá ese cambio? ¿Cuándo acontecerá? La Palabra de Dios asegura: “Para todo hay un tiempo señalado”. (Eclesiastés 3:1.) Por lo tanto, debe haber un tiempo señalado para que Dios diga “¡Basta!” y erradique la maldad y el sufrimiento. Daniel habló del “señalado tiempo del fin” (Daniel 8:19), y Jesús también mencionó un “tiempo señalado”. (Marcos 13:32, 33.)

Dios ha fijado un tiempo para intervenir en los asuntos humanos y acabar con el deplorable experimento de que los humanos gobiernen con independencia de Dios. “El Dios verdadero juzgará tanto al justo como al inicuo, porque hay un tiempo para todo asunto.” (Eclesiastés 3:17.) Y el cumplimiento de las profecías bíblicas indica que el tiempo asignado por Dios para permitir el sufrimiento está a punto de terminar. Cuando ese tiempo expire, Dios eliminará de la existencia al insatisfactorio sistema de gobernación humana que por miles de años ha traído tanto sufrimiento a la familia humana. (Mateo 24:3-14; 2 Timoteo 3:1-5, 13; Revelación 19:11-21.)

Cuando Dios ejecute Sus juicios, observe lo que les sucederá a los que se sometan a su gobernación, en contraste con los que no lo hagan: “Solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será; [...] pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”. “En cuanto a la prole de los inicuos, esta en verdad será cortada. Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella.” “Vigila al exento de culpa y mantén a la vista al recto, porque el futuro de ese hombre será pacífico. Pero los transgresores mismos ciertamente serán aniquilados juntos.” (Salmo 37:10, 11, 28, 29, 37, 38; véanse también Proverbios 2:21, 22; Mateo 5:5.)

Pero, ¿y los miles de millones de personas que ya han muerto? ¿Cómo se beneficiarán de ese nuevo mundo? Mediante la resurrección, es decir, devolviéndoles la vida aquí en la Tierra. Regresarán de la tumba y tendrán la oportunidad de disfrutar de la vida para siempre. La Palabra de Dios garantiza: “Va a haber resurrección así de justos como de injustos”. (Hechos 24:15.) Jesús demostró que así sería cuando resucitó a personas que habían muerto, como Lázaro y el hijo de la viuda de Naín. (Juan 11:38-44; Lucas 7:11-16.)

“Compensación”

¡Qué alentador es saber que Dios se propone quitar el sufrimiento e introducir un nuevo mundo justo! Piense en lo que significará vivir millones de años —para siempre— en salud y felicidad perfectas, en alrededores paradisiacos donde la maldad y el sufrimiento pertenecerán al pasado para siempre.

¿No concuerda usted en que esta “compensación” que Dios hará a la humanidad —a lo largo de toda la eternidad— supera con creces a los relativamente pocos miles de años que Dios ha permitido el sufrimiento? Y, ¿no vale eso también mucho más que los setenta u ochenta años de sufrimiento —o menos— que quizás hayamos aguantado personalmente durante nuestra vida?

5 de Octubre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 1 a 3

Puntos Sobresalientes (Seleccionar puntos introducción si.)

Núm. 1: Deuteronomio 2:1-15

Núm. 2: ¿Dice el "Nuevo Testamento" que habrá vida eterna en la Tierra? (rs pág. 75 § 2-pág. 76 § 3)

Núm. 3: ¿Quiénes resucitarán? ¿Dónde vivirán? (Ir cap. 36)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 1 a 3

Respuestas a preguntas bíblicas:

2:4-6, 9, 19, 24, 31-35; 3:1-6. ¿Por qué aniquilaron los israelitas a algunos de los pueblos que vivían al este del Jordán y a otros no? Jehová prohibió a Israel enfrentarse con los hijos de Esaú. ¿Por qué? Porque eran prole del hermano de Jacob. Los israelitas tampoco debían molestar a los moabitas y los ammonitas ni luchar contra ellos, pues eran descendientes de Lot, el sobrino de Abrahán. En cambio, los reyes amorreos Sehón y Og no tenían ningún derecho sobre la tierra que ocupaban. Por eso, cuando Sehón les negó a los israelitas el paso por su territorio y Og salió a combatir contra ellos, Jehová ordenó a Su pueblo demoler sus ciudades y no dejar a nadie con

Lecciones para nosotros:

1:2, 19. Los hijos de Israel vagaron por el desierto durante unos treinta y ocho años, pese a que Qadés-barnea quedaba a tan solo “once días de viaje desde Horeb [la región montañosa alrededor del monte Sinaí donde se les dieron los Diez Mandamientos] por camino del monte Seír”. ¡Qué precio pagaron por desobedecer a Jehová Dios! (Números 14:26-34.)

1:16, 17. Los criterios de justicia divinos son hoy día los mismos que en el pasado. A quienes se les confía la responsabilidad de participar en un comité judicial no deben permitir que el favoritismo ni el temor al hombre influyan en su decisión.

Núm. 1: Deuteronomio 2:1-15

Núm. 2: ¿Dice el "Nuevo Testamento" que habrá vida eterna en la Tierra? (rs pág. 75 § 2-pág. 76 § 3)

¿Qué referencias específicas se hallan en el “Nuevo Testamento” con relación a una provisión de recompensar con vida eterna en la Tierra a cristianos?

Mat. 5:5: “Felices son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra.”

Mat. 6:9, 10: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra.” (¿Cuál es la voluntad de Dios con relación a la Tierra? ¿Qué indican Génesis 1:28 e Isaías 45:18?)

Mat. 25:31-33, 40, 46: “Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono. Y todas las naciones serán juntadas delante de él, y separará a la gente unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda. [...] El rey les dirá [a las ovejas]: `En verdad les digo: Al grado que lo hicieron a uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mí me lo hicieron.' Y [las cabras] partirán al cortamiento eterno, pero los justos [las ovejas] a la vida eterna.” (Nótese que estas “ovejas” no son lo mismo que los hermanos del rey, quienes son “participantes del llamamiento celestial” [Heb. 2:10-3:1]. Pero estas personas mansas como ovejas estarían vivas durante el tiempo en que Cristo estuviera en su trono y durante el tiempo en que algunos de los “hermanos” de él todavía estuvieran experimentando dificultades en la Tierra.)

Juan 10:16: “Y tengo otras ovejas, que no son de este redil; a ésas también tengo que traer, y escucharán mi voz, y llegarán a ser un solo rebaño, un solo pastor.” (¿Quiénes son estas “otras ovejas”? Son seguidores del Pastor Excelente, Jesucristo, pero no están en el redil del “nuevo pacto”, con esperanza de vida celestial. Sin embargo, sí llegan a estar en estrecha asociación con los que están en ese redil.)

2 Ped. 3:13: “Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa, y en éstos la justicia habrá de morar.” (También Revelación 21:1-4.)

Rev. 7:9, 10: “Después de estas cosas [después que el apóstol Juan vio el número total de los “sellados” que habían sido “comprados de la tierra” para estar con Cristo en el monte Sión celestial; véase Revelación 7:3, 4; 14:1-3] vi, y, ¡miren! una grande muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había palmas en sus manos. Y siguen clamando con voz fuerte, diciendo: `La salvación se la debemos a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero.'”

Núm. 3: ¿Quiénes resucitarán? ¿Dónde vivirán? (Ir cap. 36)

Capítulo 36

¿Quiénes resucitarán? ¿Dónde vivirán?

EN LOS dos capítulos anteriores hablamos de la resurrección de varias personas. ¿Cuántas eran?... Cinco. ¿Y cuántos eran niños?... Tres, y otro era un joven. ¿Qué crees que nos enseña eso?...

Nos enseña que Dios ama a los niños y a los jóvenes. Pero también resucitará a muchas otras personas. ¿Será solo a las que hicieron cosas buenas?... Quizás pensemos que sí. Sin embargo, un gran número de personas nunca conocieron la verdad sobre Jehová Dios y su Hijo. Hicieron lo malo porque eso fue lo que les enseñaron. ¿Crees que Jehová las resucitará a ellas también?...

La Biblia dice: “Va a haber resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). ¿Por qué se resucitará a los que no fueron justos o no hicieron lo bueno?... Porque nunca tuvieron la oportunidad de aprender sobre Jehová ni sobre lo que él quiere que hagamos.

¿Y cuándo crees que ocurrirá la resurrección?... Piensa en lo siguiente: cuando Lázaro murió, Jesús le prometió a su hermana Marta: “Tu hermano se levantará”, y ella le contestó: “Yo sé que se levantará en la resurrección en el último día” (Juan 11:23, 24). ¿Qué quería decir Marta con que Lázaro se levantaría en “el último día”?...

Marta había escuchado la siguiente promesa de Jesús: `Todos los que están en las tumbas conmemorativas saldrán' (Juan 5:28, 29). “El último día” es aquel en que se devolverá la vida a todos los que están en la memoria de Dios. No se trata de un día de veinticuatro horas, sino de un período de mil años. La Biblia dice que en aquel día `Dios juzgará a los habitantes de la tierra', y entre ellos estarán los resucitados (Hechos 17:31; 2 Pedro 3:8).

Imagínate lo maravilloso que será ese día. A lo largo de sus mil años de duración resucitarán muchos millones de personas que han muerto. Jesús llamó Paraíso al lugar donde vivirán los resucitados. ¿Dónde estará el Paraíso, y cómo será? Veamos.

Unas tres horas antes de que Jesús muriera en el madero, habló sobre el Paraíso con un hombre que estaba clavado en otro madero junto al suyo. El hombre era un malhechor que había cometido varios delitos, y lo habían condenado a muerte. Pero después de observar a Jesús y escuchar lo que decían de él, empezó a creerle, así que le pidió: “Acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. Jesús le contestó: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:42, 43).

¿Qué quiso decir Jesús con aquellas palabras? ¿Dónde está el Paraíso?... Piensa en esto: ¿dónde estuvo el Paraíso en un principio?... Recuerda que Dios puso al primer hombre, Adán, y a su esposa en un paraíso situado aquí en la Tierra. Se llamaba el jardín de Edén. En ese jardín había animales, pero no le hacían daño a nadie. También había árboles llenos de frutas deliciosas, así como un gran río. Era un lugar maravilloso donde vivir (Génesis 2:8-10).

Por lo tanto, cuando leemos que el malhechor estará en el Paraíso, debemos imaginarnos esta Tierra convertida en un lugar hermoso donde vivir. ¿Estará Jesús entonces en el Paraíso aquí en la Tierra con aquel hombre que antes fue un malhechor?... No. ¿Sabes por qué no?...

Porque Jesús estará en el cielo reinando desde allí sobre el Paraíso terrestre. Jesús estará con aquel hombre en el sentido de que lo resucitará y se ocupará de sus necesidades. Pero ¿por qué permitirá que alguien que fue un malhechor viva en el Paraíso?... Vamos a ver si podemos averiguarlo.

Antes de que el hombre hablara con Jesús, ¿conocía los propósitos de Dios?... No, no los conocía. Hizo cosas malas porque no sabía cuál era la verdad sobre Dios. Pero en el Paraíso se le enseñará lo que Jehová se propone hacer para los seres humanos y tendrá la oportunidad de demostrar que realmente ama a Dios haciendo Su voluntad.

¿Vivirán en el Paraíso terrestre todos los resucitados?... No. ¿Sabes por qué no?... Porque algunos resucitarán para vivir con Jesús en el cielo. Reinarán con él sobre la Tierra convertida en un paraíso. Veamos cómo lo sabemos.

La noche antes de morir, Jesús les dijo a sus apóstoles: `En la casa de mi Padre en el cielo hay mucho espacio, y voy allá a prepararles un lugar'. Entonces les prometió: `Vengo otra vez y los recibiré en casa, para que donde yo estoy también estén ustedes' (Juan 14:2, 3).

¿Adónde fue Jesús después de resucitar?... Volvió al cielo junto a su Padre (Juan 17:4, 5). De modo que Jesús prometió a sus apóstoles y otros discípulos que los resucitaría para que estuvieran con él en el cielo. ¿Qué harán allí?... La Biblia dice que estos discípulos que tendrían parte en “la primera resurrección” vivirán en el cielo “y reinarán con él por los mil años” sobre la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 5:10; 20:6; 2 Timoteo 2:12).

¿Cuántos participarán en “la primera resurrección” y reinarán con Jesús?... El Gran Maestro les dijo a sus discípulos: “No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino” (Lucas 12:32). Ese “rebaño pequeño” está compuesto de un número exacto de personas de la Tierra que resucitan para estar con Jesús en su Reino celestial. La Biblia muestra que son “ciento cuarenta y cuatro mil” (Revelación 14:1, 3).

¿Cuántas personas vivirán en el Paraíso terrestre?... La Biblia no lo menciona. Pero Dios les dijo a Adán y Eva mientras estaban en el jardín de Edén que tuvieran hijos y llenaran la Tierra. Aunque ellos no lo consiguieron, Dios se encargará de que se cumpla su propósito de llenar la Tierra con gente buena (Génesis 1:28; Isaías 45:18; 55:11).

Piensa en lo maravilloso que será vivir en el Paraíso. Toda la Tierra se parecerá a un hermoso parque, pues habrá árboles y flores de todo tipo y abundarán las aves y demás animales. Nadie sentirá dolor por estar enfermo y tampoco tendrá que morir nadie. Todos serán amigos. Si queremos vivir para siempre en el Paraíso, ahora es el momento de prepararnos para ello.

Vamos a leer más sobre el propósito de Dios para la Tierra en Proverbios 2:21, 22; Eclesiastés 1:4; Isaías 2:4; 11:6-9; 35:5, 6, y 65:21-24.

12 de Octubre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 4 a 6

Puntos sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 4:15-28

Núm. 2: Recordemos a Jehová y a su Hijo (Ir cap. 37)

Núm. 3: ¿En qué circunstancias podría de­cirse que más vale poco que mucho? (Pro. 15:16)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 4 a 6

4:15-20, 23, 24. ¿Indica la prohibición de hacerse imágenes talladas que no se pueden representar objetos con fines artísticos? No. Este mandato prohibía hacerse imágenes para adorarlas, es decir, `inclinarse ante las imágenes y servirles'. Las Escrituras no condenan esculpir o pintar objetos con fines artísticos (1 Reyes 7:18, 25).

4:9. Para que a Israel le fuera bien, era fundamental que `no olvidara las cosas que sus ojos habían visto'. En nuestro caso también es vital que, a medida que se acerca el prometido nuevo mundo, tengamos presentes los maravillosos actos de Jehová siendo estudiantes diligentes de su Palabra.

Lecciones para nosotros:

6:6-9. Tal como tenían que hacer los israelitas con la Ley, nosotros también debemos conocer a fondo las normas divinas, tenerlas siempre presentes e inculcarlas en nuestros hijos. Hemos de `atarlas como señal sobre nuestra mano' en el sentido de que nuestras acciones —representadas por nuestras manos— deben demostrar que somos obedientes a Jehová. Además, igual que una “venda frontal entre los ojos”, nuestra obediencia debe ser evidente a todos.

6:16. Nunca pongamos a prueba a Jehová como hicieron con falta de fe los israelitas en Masah, donde se quejaron por no tener agua (Éxodo 17:1-7).

Núm. 1: Deuteronomio 4:15-28

Núm. 2: Recordemos a Jehová y a su Hijo (Ir cap. 37)

Capítulo 37

Recordemos a Jehová y a su Hijo

IMAGÍNATE que alguien te hace un regalo maravilloso. ¿Cómo te sentirías?... ¿Tan solo le darías las gracias a quien te lo hizo y entonces te olvidarías de él? ¿O recordarías a esa persona y su regalo?...

Jehová Dios nos hizo un regalo maravilloso. Envió a su Hijo a la Tierra para que muriera por nosotros. ¿Sabes por qué tuvo que morir Jesús por nosotros?... Se trata de un asunto muy importante que debemos entender bien.

Como aprendimos en el capítulo 23, Adán pecó cuando desobedeció la ley perfecta de Dios. Y nosotros hemos heredado el pecado de Adán, el padre de toda la humanidad. ¿Qué crees entonces que necesitamos?... Necesitamos, por decirlo así, un nuevo padre, alguien que haya vivido una vida perfecta en la Tierra. ¿Quién crees que puede ser esa persona?... Jesús.

Jehová envió a Jesús a la Tierra para que se convirtiera en un padre para nosotros en vez de Adán. La Biblia explica: “`El primer hombre, Adán, llegó a ser alma viviente'. El último Adán llegó a ser un espíritu dador de vida”. ¿Quién fue el primer Adán?... El hombre que Dios creó del polvo del suelo. ¿Quién es el segundo Adán?... Jesús. La Biblia lo muestra al decir: “El primer hombre [Adán] procede de la tierra y es hecho de polvo; el segundo hombre [Jesús] procede del cielo” (1 Corintios 15:45, 47; Génesis 2:7).

Dios tomó la vida de Jesús del cielo y la puso dentro de la mujer llamada María. Por eso Jesús no heredó el pecado de Adán, sino que fue un humano perfecto (Lucas 1:30-35). También por ese motivo un ángel les dijo a los pastores cuando nació Jesús: “Les ha nacido hoy un Salvador” (Lucas 2:11). Pero para que ese bebé llegara a ser nuestro Salvador, ¿qué debía ocurrir primero?... Tenía que crecer y convertirse en un hombre adulto, igual que Adán. Entonces podría ser `el segundo Adán'.

Jesús, nuestro Salvador, se convertirá, además, en nuestro “Padre Eterno”, como lo llama la Biblia (Isaías 9:6, 7). Así es, Jesús, que fue un hombre perfecto, puede llegar a ser nuestro padre en vez de Adán, quien se volvió imperfecto cuando pecó. De este modo, nosotros podemos escoger al `segundo Adán' para que sea nuestro padre. Por supuesto, el propio Jesús tiene un Padre, Jehová Dios.

Cuando llegamos a conocer a Jesús, lo aceptamos como nuestro Salvador. ¿Recuerdas de qué se nos tiene que salvar?... Del pecado y la muerte que heredamos de Adán. La vida de hombre perfecto que Jesús sacrificó, o dio, por nosotros recibe el nombre de rescate. Jehová suministró el rescate para que se borraran nuestros pecados (Mateo 20:28; Romanos 5:8; 6:23).

No queremos olvidar nunca lo que Dios y su Hijo han hecho por nosotros, ¿verdad?... Jesús les mostró a sus seguidores una forma especial de recordar lo que él hizo. Vamos a ver cuál fue.

Imagínate que estás en una habitación del piso de arriba de una casa de Jerusalén. Es de noche. Jesús y sus apóstoles están sentados ante una mesa en la que hay cordero asado, panes de forma aplanada y vino tinto. Están tomando una cena especial. ¿Sabes por qué?...

Esta cena sirve para recordarles lo que Jehová hizo cientos de años antes cuando Su pueblo, los israelitas, eran esclavos en Egipto. En aquella ocasión, Jehová le dijo al pueblo: `Maten un cordero por familia y salpiquen su sangre sobre el marco de la puerta de sus casas'. Entonces les dijo: `Entren en sus casas y coman el cordero'.

Los israelitas lo hicieron, y aquella misma noche, el ángel de Dios pasó por Egipto. En la mayoría de las casas, el ángel mató al primer hijo. Pero cuando veía la sangre de cordero en el marco de la puerta de alguna casa, la pasaba por alto y allí no moría ningún niño. Faraón, el rey de Egipto, se asustó tanto por lo que había hecho el ángel de Jehová, que les dijo a los israelitas: `Pueden marcharse. ¡Salgan de Egipto!'. De modo que cargaron sus pertenencias sobre sus camellos y asnos, y se marcharon.

Jehová no quería que su pueblo olvidara cómo los había liberado. Por eso dijo: `Una vez al año tienen que tomar una cena como la de esta noche'. Esa cena especial, a la que llamaron Pascua, les haría recordar que aquella noche el ángel de Dios “pasó por alto” las casas marcadas con sangre (Éxodo 12:1-13, 24-27, 31).

Jesús y sus apóstoles pensaron en aquel suceso cuando tomaron la cena de la Pascua. Al terminar, Jesús hizo algo muy importante. Pero antes, Judas, el apóstol traidor, se marchó. Entonces Jesús tomó uno de los panes que habían sobrado y, después de hacer una oración, lo partió y se lo pasó a sus discípulos. Les dijo: “Tomen, coman”. Entonces les explicó: `Este pan significa mi cuerpo que daré cuando muera por ustedes'.

A continuación, Jesús tomó una copa de vino tinto. Después de hacer otra oración de gracias, les dio la copa diciendo: “Beban de ella, todos ustedes”. Y añadió: `Este vino significa mi sangre, que pronto derramaré para librarlos de sus pecados. Sigan haciendo esto en memoria de mí' (Mateo 26:26-28; 1 Corintios 11:23-26).

¿Te fijaste en que Jesús dijo que sus discípulos debían seguir haciendo aquello en memoria de él?... A partir de entonces, en vez de celebrar la Pascua, celebrarían una vez al año esta cena especial para recordar a Jesús, así como su muerte. Esa comida especial se llama la Cena del Señor. Hoy día la llamamos también la Conmemoración. ¿Por qué?... Porque sirve para conmemorar o recordar lo que Jesús y su Padre, Jehová Dios, hicieron por nosotros.

El pan debe hacernos pensar en el cuerpo de Jesús, que él estuvo dispuesto a sacrificar para que pudiéramos tener vida eterna. ¿Y el vino tinto?... El vino debe recordarnos el valor de la sangre de Jesús. Su sangre es más valiosa que la del cordero de la Pascua de Egipto. ¿Sabes por qué?... La Biblia dice que, gracias a la sangre de Jesús, se nos perdonan los pecados. Y cuando todos los pecados sean borrados, ya nadie enfermará, envejecerá, ni morirá. Debemos pensar en esto durante la Conmemoración.

¿Deben comer del pan y beber del vino todos los que asisten a la Conmemoración?... Jesús dijo a los que toman del pan y del vino: `Ustedes participarán en mi reino y se sentarán en tronos en el cielo conmigo' (Lucas 22:19, 20, 30). Eso significa que irían al cielo para ser reyes con Jesús. Por eso, solo los que tienen la esperanza de gobernar con Jesús en el cielo deberían tomar del pan y del vino.

Pero incluso aquellos que no comen del pan ni beben del vino deben asistir a la Conmemoración. ¿Sabes por qué?... Porque Jesús dio su vida por todos. Al asistir a la Conmemoración, demostramos que no lo hemos olvidado. Y también recordamos que Dios nos hizo un regalo maravilloso.

Algunos textos que muestran la importancia del sacrificio de Jesús son 1 Corintios 5:7; Efesios 1:7; 1 Timoteo 2:5, 6, y 1 Pedro 1:18, 19.

Núm. 3: ¿En qué circunstancias podría de­cirse que más vale poco que mucho? (Pro. 15:16)

(Proverbios 15:16) Mejor es un poco en el temor de Jehová que una abundante provisión y, junto con ella, confusión.

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Más vale poco que mucho

El rey Salomón del antiguo Israel dijo: “Mejor es un poco en el temor de Jehová que una abundante provisión y, junto con ella, confusión” (Proverbios 15:16). Es una insensatez olvidarse del Creador y volcarse en la búsqueda de bienes materiales. Vivir así es sumamente agotador y angustioso. ¡Qué triste sería llegar a la vejez y darnos cuenta de que hemos llevado una vida vacía y sin sentido! Acumular posesiones, con toda la “confusión” que esto conlleva, es absurdo. Mucho mejor es aprender el secreto de contentarnos con lo que tenemos. La auténtica satisfacción no reside en las riquezas materiales, sino en el temor de Jehová, es decir, en una buena relación con él (1 Timoteo 6:6-8).

Salomón ahora recalca que es preferible llevarse bien con el prójimo que vivir en la abundancia: “Mejor es un plato de legumbres donde hay amor que un toro cebado en pesebre y, junto con él, odio” (Proverbios 15:17). En efecto, más vale vivir en un hogar donde se respira amor que disfrutar de muchos manjares. Quizás una familia monoparental disponga de pocos recursos. Y puede que en algunos países el dinero apenas alcance para comprar los alimentos básicos. Pero lo que realmente necesitan las familias es cariño y amor.

Claro está, hasta en las familias donde hay un ambiente afectuoso surgen problemas. Puede que alguien diga o haga algo que nos moleste. ¿Cómo deberíamos reaccionar? “Un hombre enfurecido suscita contienda, pero el que es tardo para la cólera apacigua la riña”, señala Proverbios 15:18. Si en lugar de enfadarnos reaccionamos con calma, conservaremos la paz. Este proverbio puede muy bien aplicarse en otros ámbitos de la vida, como la congregación y el ministerio público.

19 de Octubre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 7 a 10

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 9:1-14

Núm. 2: ¿Por qué debemos amar a Jesús? (Ir cap. 38)

Núm. 3: ¿A cuántas personas les ofrece la Biblia la esperanza de vida celestial? (rs pág. 76 § 4,5)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 7 a 10

Respuestas a preguntas bíblicas:

8:3, 4. ¿Cómo sucedió que no se desgastaron las prendas de los israelitas ni se les hincharon los pies durante su viaje por el desierto? Este hecho, al igual que el suministro regular de maná, fue un milagro. Desde que comenzaron su viaje, los israelitas utilizaron la misma ropa y el mismo calzado, probablemente pasándoselos unos a otros según crecían los niños y morían los adultos. Los dos censos realizados al inicio y al final de su travesía por el desierto revelaron que el número de israelitas no había aumentado, por lo que las existencias originales de tales artículos habrían bastado (Números 2:32; 26:51).

Lecciones para nosotros:

8:11-18. El materialismo puede hacernos olvidar a Jehová.

9:4-6. No caigamos en el error de creernos justos.

Núm. 1: Deuteronomio 9:1-14

Núm. 2: ¿Por qué debemos amar a Jesús? (Ir cap. 38)

Capítulo 38

¿Por qué debemos amar a Jesús?

IMAGÍNATE que vas en un barco que se está hundiendo. ¿Te gustaría que alguien te salvara?... ¿Y si la persona diera su vida para rescatarte?... Pues eso fue lo que hizo Jesucristo. Como aprendimos en el capítulo 37, él dio su vida como rescate para salvarnos.

Claro, no es que Jesús nos salve de morir ahogados. ¿Recuerdas de qué nos salva?... Del pecado y la muerte que todos heredamos de Adán. A pesar de que algunas personas han hecho cosas muy malas, Jesús también murió por ellas. ¿Arriesgarías tu vida para intentar salvar a gente así?...

La Biblia dice: “Apenas muere alguien por un hombre justo; en realidad, por el hombre bueno, quizás, alguien hasta se atreva a morir”. Pero también explica que Jesús “murió por impíos”, por personas que ni siquiera sirven a Dios. La Biblia añade que “mientras todavía éramos pecadores”, es decir, mientras todavía hacíamos cosas malas, “Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

¿Recuerdas quién hizo cosas muy malas antes de ser apóstol?... Fue alguien que escribió: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a pecadores. De estos yo soy el más notable”. Esa persona fue el apóstol Pablo. Él dijo que en un tiempo había sido `insensato' y había estado `ocupado en la maldad' (1 Timoteo 1:15; Tito 3:3).

Piensa en cuánto amor demostró Dios al enviar a su Hijo para que muriera por gente tan mala. Toma, por favor, tu Biblia y lee lo que dice Juan, capítulo 3, versículo 16: “Tanto amó Dios al mundo [es decir, a la gente que vive en la Tierra] que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna”.

Jesús demostró que él nos amaba tanto como su Padre. Quizás recuerdes que en el capítulo 30 de este libro vimos los maltratos que sufrió la noche en que lo arrestaron. Primero lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde lo juzgaron. Trajeron falsos testigos que dijeron mentiras sobre él, y la gente le dio puñetazos. Fue entonces cuando Pedro negó que lo conociera. Ahora imagina que estamos allí y vemos lo que sucede después.

Llega la mañana. Jesús ha pasado toda la noche despierto. Como el juicio celebrado por la noche no ha sido legal, los sacerdotes reúnen rápidamente al Sanedrín, o tribunal supremo judío, y celebran otro juicio. En este acusan de nuevo a Jesús de pecar contra Dios.

A continuación, los sacerdotes mandan atar a Jesús y lo llevan ante Pilato, el gobernador romano. Le dicen: `Jesús está en contra del gobierno. Debe morir'. Pero Pilato comprende que los sacerdotes están mintiendo, así que les contesta: `Yo no veo que este hombre haya hecho nada malo. Voy a dejarlo libre'. Entonces los sacerdotes y otras personas gritan: `¡No, mátalo!'.

Más tarde, Pilato le repite a la gente que va a poner en libertad a Jesús. Pero los sacerdotes hacen que la muchedumbre grite: `Si lo dejas marchar, tú también estás en contra del gobierno. ¡Mátalo!'. La gente grita cada vez más fuerte. ¿Sabes qué hace Pilato?...

Deja que se salgan con la suya. Primero manda azotar a Jesús y luego lo entrega a los soldados para que lo maten. Estos le ponen una corona de espinas y se inclinan ante él para hacerle burla. Después le dan un madero para que lo lleve a cuestas hasta un sitio fuera de la ciudad llamado Lugar del Cráneo. Allí le clavan las manos y los pies al madero y entonces levantan el madero para que Jesús quede colgando en él. Las heridas le sangran, y siente mucho dolor.

Pero Jesús no muere enseguida. Primero sufre bastante rato en el madero. Mientras tanto, los sacerdotes principales se burlan de él, y la gente que pasa por allí grita: “Si eres hijo de Dios, ¡baja del madero de tormento!”. Pero Jesús sabe que su Padre lo ha enviado con un propósito: dar su vida perfecta para que nosotros podamos vivir para siempre. Finalmente, como a las tres de la tarde, Jesús clama a su Padre y muere (Mateo 26:36-27:50; Marcos 15:1; Lucas 22:39-23:46; Juan 18:1-19:30).

¡Qué diferente fue Jesús de Adán! Adán no mostró amor a Dios, pues lo desobedeció. Tampoco demostró que amara a los seres humanos, porque por culpa de su pecado todos nacemos pecadores. Pero Jesús sí mostró amor tanto a Dios como a la humanidad. Él siempre obedeció a Dios y dio su vida para reparar todo el daño que Adán nos hizo.

¿Te das cuenta de qué maravilloso fue lo que hizo Jesús?... Cuando oras a Dios, ¿le das las gracias por enviarnos a su Hijo?... El apóstol Pablo agradeció lo que Cristo hizo. Dijo que el Hijo de Dios `lo amó y se entregó por él' (Gálatas 2:20). Jesús murió también por ti y por mí. Dio su vida perfecta para que vivamos eternamente. Sin duda, es una buena razón para que lo amemos.

El apóstol Pablo escribió a los cristianos de la ciudad de Corinto: “El amor de Cristo nos obliga”. ¿A qué crees tú que nos obliga?... Fíjate en lo que contesta Pablo: “Cristo murió por todos, a fin de que todos vivan por él. Deben vivir para agradar a Cristo, no a mismos” (cursivas nuestras; 2 Corintios 5:14, 15, Versión Nueva Vida).

¿Se te ocurren maneras de demostrar que vives para agradar a Cristo?... Una manera es, por ejemplo, contar a otras personas lo que has aprendido de él. O imagínate lo siguiente: estás solo, ni tu mamá ni tu papá ni ningún otro ser humano te observa. ¿Te pondrás a ver programas de televisión o páginas de Internet que sabes que no le gustarían a Jesús?... Recuerda que Jesús está vivo y ve todo lo que hacemos.

Otra razón por la que debemos amar a Jesús es que queremos imitar a Jehová. “El Padre me ama”, dijo Jesús. ¿Sabes por qué Jehová lo ama y por qué nosotros también debemos hacerlo?... Porque Jesús estuvo dispuesto a morir para que se hiciera la voluntad de Dios (Juan 10:17). Por eso tenemos que obedecer el siguiente consejo bíblico: “Háganse imitadores de Dios, como hijos amados, y sigan andando en amor, así como el Cristo también los amó a ustedes y se entregó por ustedes” (Efesios 5:1, 2).

Para que aumente nuestra gratitud por Jesús y lo que él hizo por nosotros, vamos a leer Juan 3:35; 15:9, 10, y 1 Juan 5:11, 12.

Núm. 3: ¿A cuántas personas les ofrece la Biblia la esperanza de vida celestial? (rs pág. 76 § 4,5)

¿A cuántos les ofrece la Biblia la esperanza de vida celestial?

Luc. 12:32: “No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.”

Rev. 14:1-3: “Vi, y, ¡miren! el Cordero [Jesucristo] de pie sobre el monte Sión [en el cielo; véase Hebreos 12:22-24], y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escrito en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre. [...] Y están cantando como si fuera una canción nueva [...] y nadie pudo aprender esa canción sino los ciento cuarenta y cuatro mil, que han sido comprados de la tierra.”

26 de Octubre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 11 a 13

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 11 a 13

13:6. No permitamos que nadie nos aleje de la adoración de Jehová.

2 de Noviembre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 14 a 18

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 15:1-15

Núm. 2: ¿Qué conlleva el temor de Dios?

Núm. 3: Dios se acuerda de su Hijo (lr cap. 39)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 14 a 19

14:1. Debe evitarse la automutilación, pues además de mostrar falta de respeto por el cuerpo humano, puede estar relacionada con la religión falsa (1 Reyes 18:25-28). Nuestra esperanza en la resurrección debería impedir semejantes extremos en las muestras de duelo por los muertos.

Núm. 1: Deuteronomio 15:1-15

Núm. 2: ¿Qué conlleva el temor de Dios?

Ws 1/8/06 pág 21 - 25

Seamos sabios: temamos a Dios

“El temor de Jehová es el comienzo de la sabiduría.” (PROVERBIOS 9:10.)

HUBO un tiempo en el que decir que alguien temía a Dios era un halago. Hoy día, muchas personas consideran que temer a Dios es un concepto curioso. Sin embargo, les cuesta entender qué significa. Quizá razonen: “Si Dios es amor, ¿por qué hay que temerle?”. Solo conciben el temor como un sentimiento negativo, incluso paralizante. Sin embargo, el auténtico temor de Dios tiene un significado mucho más amplio y, como veremos, es más que una simple emoción.

2 En la Biblia, el temor de Dios se presenta como un concepto positivo (Isaías 11:3). Es un sentimiento de profunda reverencia y respeto a Dios, un intenso deseo de no desagradarle (Salmo 115:11). Conlleva aceptar y seguir cuidadosamente las normas morales divinas; también implica querer hacer las cosas teniendo presente lo que es bueno o malo a los ojos de Jehová. Una obra de consulta define ese sano temor de esta manera: “Es una actitud fundamental para con Dios que lleva a comportarse sabiamente y a evitar cualquier forma de maldad”. Con toda razón, la Palabra de Dios nos dice: “El temor de Jehová es el comienzo de la sabiduría” (Proverbios 9:10).

3 En realidad, el temor de Dios abarca una amplia gama de aspectos. No solo está enlazado con la sabiduría, sino también con el gozo, la paz, la prosperidad, la longevidad, la esperanza y la confianza (Salmo 2:11; Proverbios 1:7; 10:27; 14:26; 22:4; 23:17, 18; Hechos 9:31). Se relaciona estrechamente con la fe y el amor. De hecho, tiene que ver con toda faceta de nuestra relación con Dios y el semejante (Deuteronomio 10:12; Job 6:14; Hebreos 11:7). Incluye la profunda convicción de que nuestro Padre celestial se interesa por nosotros y está muy dispuesto a perdonar nuestras faltas (Salmo 130:4). Por lo tanto, los únicos que deben tenerle miedo a Dios son los malvados que no se arrepienten (Hebreos 10:26-31).

Aprendamos a temer a Jehová

4 Puesto que el temor de Dios es fundamental para tomar decisiones sabias y para contar con la bendición divina, ¿cómo podemos “aprend[er] a temer a Jehová”? (Deuteronomio 17:19.) En las Escrituras hallamos muchos ejemplos de hombres y mujeres que temieron a Dios, ejemplos que sirven “para nuestra instrucción” (Romanos 15:4). A fin de entender bien lo que significa temer a Dios, meditemos en la vida de uno de tales personajes: el rey David del antiguo Israel.

5 A diferencia del primer rey de Israel, Saúl, a quien Jehová rechazó por temer al pueblo y no a Él, David fue un hombre temeroso de Dios (1 Samuel 15:24-26). Así lo demuestran su vida y su estrecha relación con Jehová. Desde muy joven pastoreaba las ovejas de su padre, y las noches que pasó bajo las estrellas sin duda le enseñaron a temer a Jehová (1 Samuel 16:11). Aunque apenas pudo contemplar una pequeña parte de la inmensidad del universo, llegó a la conclusión correcta: Dios merece nuestro respeto y adoración. Más tarde escribió: “Cuando veo tus cielos, las obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente, y el hijo del hombre terrestre para que cuides de él?” (Salmo 8:3, 4).

6 En efecto, David se sentía impresionado al comparar su propia pequeñez con los inmensos cielos estrellados. Pero en vez de atemorizarlo, este hecho lo impulsó a alabar a Jehová y decir: “Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando” (Salmo 19:1). Ese sentimiento de reverencia lo acercó más a Jehová y le infundió el deseo de aprender sus caminos perfectos y seguirlos. Imaginemos cómo se sentía cuando elevó esta canción a Jehová: “Tú eres grande y estás haciendo cosas maravillosas; tú eres Dios, tú solo. Instrúyeme, oh Jehová, acerca de tu camino. Andaré en tu verdad. Unifica mi corazón para que tema tu nombre” (Salmo 86:10, 11).

7 Cuando los filisteos invadieron Israel, su imponente guerrero Goliat —de unos tres metros de altura— desafió a los israelitas. En esencia, les dijo: “¡Tráiganme un hombre que luche conmigo! Si él me gana, nosotros les serviremos” (1 Samuel 17:4-10). Saúl y todo su ejército se aterrorizaron, pero David no. Él sabía que es a Jehová a quien hay que temer, y no a ningún hombre, por poderoso que sea. David le dijo a Goliat: “Yo voy a ti con el nombre de Jehová de los ejércitos [...]. Y toda esta congregación sabrá que ni con espada ni con lanza salva Jehová, porque a Jehová pertenece la batalla”. Con su honda y una sola piedra —y, sobre todo, con la ayuda de Jehová—, David derribó al gigante (1 Samuel 17:45-47).

8 Quizá nosotros estemos afrontando obstáculos o enemigos tan imponentes como los que afrontó David. ¿Qué podemos hacer? Podemos encararlos del mismo modo que David y otros fieles de la antigüedad: temiendo a Dios. Así es, el temor de Dios vence el temor al hombre. Nehemías, otro siervo fiel, dirigió esta exhortación a sus hermanos israelitas, quienes se veían hostigados por sus adversarios: “No tengan miedo a causa de ellos. Tengan presente a Jehová el Grande y el Inspirador de temor” (Nehemías 4:14). Con el apoyo divino, David, Nehemías y otros siervos de Jehová leales lograron cumplir su comisión. Y si tememos a Dios, nosotros también lo lograremos.

El temor de Dios nos ayuda a afrontar los problemas

9 Después de que David mató a Goliat, Jehová le otorgó más victorias. Saúl, celoso, intentó asesinarlo, primero impulsivamente, luego con astucia, y por último con un ejército. Aunque Jehová le había asegurado a David que lo haría rey, durante años este tuvo que huir, luchar y esperar hasta que Jehová le diera el trono. Y en todas estas circunstancias, siempre mostró que temía al Dios verdadero (1 Samuel 18:9, 11, 17; 24:2).

10 En cierta ocasión, David se refugió en los dominios de Akís, rey de la ciudad filistea de Gat, la misma ciudad donde Goliat había nacido (1 Samuel 21:10-15). Entonces, los siervos del rey lo acusaron de ser un enemigo de la nación. ¿Qué hizo David en aquella peligrosa situación? Oró con fervor a Jehová (Salmo 56:1-4, 11-13). Para escapar, tuvo que fingir que estaba loco, pero él sabía que era Jehová quien lo había liberado al bendecir sus actos. Su confianza absoluta en Él demostró que verdaderamente era un hombre temeroso de Dios (Salmo 34:4-6, 9-11).

11 Al igual que David, nosotros podemos demostrar que tememos a Dios. ¿De qué manera? Confiando en su promesa de ayudarnos cuando atravesamos dificultades. “Haz rodar sobre Jehová tu camino, y fíate de él, y él mismo obrará”, escribió David (Salmo 37:5). Ahora bien, eso no significa que en vez de hacer lo posible por resolver nuestros problemas, se los dejemos a Jehová para que él se encargue de ellos. Después de pedirle ayuda a Dios, David no se quedó cruzado de brazos. Más bien, empleó las capacidades físicas y mentales que Jehová le había dado y afrontó el problema. Sin embargo, sabía que el ser humano no puede depender únicamente de sus propias fuerzas. Y así es como nosotros debemos verlo. Una vez que hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance, tenemos que dejar el resto en manos de Jehová. La verdad es que, muchas veces, lo único que podemos hacer es confiar en él. Entonces es cuando el temor de Dios se convierte en algo mucho más real para nosotros. Sin duda, estas sinceras palabras de David resultan muy alentadoras: “La intimidad con Jehová pertenece a los que le temen” (Salmo 25:14).

12 Por consiguiente, debemos tomar muy en serio nuestras oraciones y nuestra relación con Dios. Cuando acudimos a Jehová, hemos de “creer que él existe y que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente” (Hebreos 11:6; Santiago 1:5-8). Y cuando nos ayude, debemos `mostrarnos agradecidos', como aconsejó el apóstol Pablo (Colosenses 3:15, 17). Por ello, que nunca tengamos la actitud de ciertas personas, a las que un experimentado cristiano ungido describió así: “Para ellos, Dios es una especie de camarero celestial. Cuando necesitan algo, quieren que con un simple gesto de la mano, él acuda en su ayuda. Y una vez que obtienen lo que quieren, desean que se vaya”. Sin duda, esa actitud revela falta de temor a Dios.

Cuando el temor de Dios no guía nuestros pasos

13 David recibió la ayuda divina en momentos de angustia, y eso hizo que se profundizaran su temor a Jehová y su confianza en él (Salmo 31:22-24). Sin embargo, hubo tres ocasiones en particular en las que su temor de Dios se debilitó, lo que acarreó graves consecuencias. La primera fue cuando se trasladó el arca del pacto a Jerusalén. En lugar de llevarla sobre los hombros de los levitas —como la Ley de Dios estipulaba—, se utilizó un carruaje. Cuando Uzah, quien iba conduciéndolo, agarró el Arca para estabilizarla, murió en ese mismo instante por su “acto irreverente”. Es verdad que Uzah cometió un grave pecado, pero al fin y al cabo, el trágico suceso se produjo porque David no mostró el debido respeto a la Ley de Dios. Como vemos, temer a Dios significa hacer las cosas como él manda (2 Samuel 6:2-9; Números 4:15; 7:9).

14 La segunda ocasión fue cuando Satanás lo incitó a contar a los soldados israelitas (1 Crónicas 21:1). Al hacerlo, David evidenció que su temor a Dios se había debilitado, y su acción provocó la muerte de 70.000 personas. Aunque se arrepintió ante Jehová, tanto él como el pueblo sufrieron amargas consecuencias (2 Samuel 24:1-16).

15 Una tercera pérdida temporal de su temor a Dios llevó a David a tener relaciones inmorales con Bat-seba, la esposa de Urías. Él sabía que cometer adulterio, o siquiera desear la esposa de otro hombre, constituía un pecado (Éxodo 20:14, 17). El problema comenzó cuando David vio a Bat-seba bañándose. El temor de Dios debería haberlo impulsado a apartar inmediatamente la vista y pensar en otra cosa. En cambio, parece que “sigu[ió] mirando” hasta que su pasión fue más intensa que su temor a Dios (Mateo 5:28; 2 Samuel 11:1-4). Perdió de vista que Jehová debía estar presente en todo aspecto de su vida (Salmo 139:1-7).

16 Como resultado de su relación inmoral, David y Bat-seba tuvieron un hijo. Poco después, Jehová envió a su profeta Natán para enfrentar al rey con su pecado. Tras recobrar el juicio, David volvió a temer a Dios y se arrepintió. Le suplicó a Jehová que no lo abandonara ni le quitara su espíritu santo (Salmo 51:7, 11). Aunque Jehová lo perdonó y suavizó el castigo, no lo libró de sufrir las terribles consecuencias de sus actos. Su hijo murió, y la angustia y la desgracia acompañaron a su familia a partir de entonces. ¡Qué precio tan alto por no temer a Dios! (2 Samuel 12:10-14; 13:10-14; 15:14.)

17 Hoy día, no temer a Dios en asuntos de índole moral también puede tener repercusiones graves y de largo alcance. Imaginemos cómo se sintió una mujer joven al enterarse de que su esposo cristiano le había sido infiel cuando estuvo trabajando en el extranjero. Abrumada por el dolor y la incredulidad, hundió el rostro entre sus manos y rompió a llorar. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que vuelva a respetar a su esposo y a confiar en él? Si verdaderamente tememos a Dios, nos libraremos de tan amargas consecuencias (1 Corintios 6:18).

El temor de Dios nos aleja del pecado

18 Satanás está logrando que los valores morales de este mundo se desmoronen con rapidez. Su principal objetivo es corromper a los cristianos verdaderos, por lo que utiliza la ruta más directa para llegar a nuestra mente y corazón: a través de los sentidos, sobre todo la vista y el oído (Efesios 4:17-19). Por eso, ¿cómo reaccionará usted cuando, sin esperarlo, se tope con imágenes, palabras o personas inmorales?

19 Pensemos en Andrés, un anciano cristiano que es padre de familia y trabaja como médico en Europa. Cuando estaba de guardia toda la noche en el hospital, algunas compañeras lo invitaban a acostarse con ellas dejándole en su almohada notas con corazones dibujados. Pero Andrés rechazó de plano tales proposiciones. Lo que es más, cambió de trabajo para alejarse de ese ambiente inmoral. En efecto, su temor de Dios lo impulsó a actuar sabiamente. Y como resultado, obtuvo muchas bendiciones, pues hoy sirve a tiempo parcial en la sucursal de los testigos de Jehová de su país.

20 Cuando alguien se recrea en malos pensamientos, llega a un estado mental en el que está dispuesto a tirar por la borda su valiosísima relación con Jehová a fin de obtener algo a lo que no tiene derecho (Santiago 1:14, 15). Por el contrario, si tememos a Jehová, nos mantendremos apartados y hasta nos alejaremos de las personas, lugares, actividades y diversiones que puedan hacernos bajar la guardia en sentido moral (Proverbios 22:3). Puede que pasemos vergüenza o tengamos que hacer algún sacrificio, pero eso no es nada en comparación con perder el favor de Dios (Mateo 5:29, 30). Desde luego, temer a Jehová también significa no exponerse adrede a ningún tipo de inmoralidad, como la pornografía en todas sus formas. Más bien, debemos hacer que nuestros ojos “pasen adelante para que no vean lo que es inútil”. Si así lo hacemos, podemos estar seguros de que Jehová `nos conservará vivos' y nos dará todo lo que en verdad necesitemos (Salmo 84:11; 119:37).

21 No cabe duda: dejar que el temor de Dios guíe nuestros pasos es siempre lo más sabio. Y también es lo que nos hace verdaderamente felices (Salmo 34:9). Esto último se explicará en el siguiente artículo.

[Notas]

Véase el artículo “El punto de vista bíblico: ¿Cómo se puede temer a un Dios de amor?”, de la revista ¡Despertad! del 8 de enero de 1998, editada por los testigos de Jehová.

Núm. 3: Dios se acuerda de su Hijo (lr cap. 39)

Capítulo 39

Dios se acuerda de su Hijo

JESÚS lloró cuando su amigo Lázaro murió. ¿Crees que a Jehová le apenaron los sufrimientos y la muerte de su Hijo?... La Biblia dice que algunos sucesos hacen que Dios `se sienta herido' y le `causan dolor' (Salmo 78:40, 41; Juan 11:35).

¿Te imaginas el dolor que sintió Jehová cuando vio morir a su Hijo amado?... Jesús estaba seguro de que Dios no se olvidaría de él. Por eso, sus últimas palabras antes de morir fueron: `Padre, en tus manos encomiendo mi vida' (Lucas 23:46).

Jesús estaba convencido de que Dios lo resucitaría, de que no lo dejaría “en el infierno”, que es la sepultura o tumba. Después de la resurrección de Jesús, el apóstol Pedro citó lo que la Biblia decía sobre el Gran Maestro: “Su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción” (Hechos 2:31, Reina-Valera, 1979; Salmo 16:10). El cuerpo de Jesús pasó tan poco tiempo en la sepultura que no llegó a corromperse, es decir, a descomponerse y oler mal.

Mientras Jesús vivía aún en la Tierra, les aseguró a sus discípulos que no estaría muerto mucho tiempo. Les explicó que `lo iban a matar y al tercer día sería levantado' (Lucas 9:22). Así que los discípulos no tenían por qué sorprenderse de que Jesús resucitara. Pero ¿se sorprendieron?... Vamos a ver.

El Gran Maestro muere en el madero de tormento como a las tres de la tarde del viernes. José, un hombre rico que es miembro del Sanedrín, cree en Jesús, pero en secreto. Cuando se entera de que Jesús ha muerto, va a ver a Pilato, el gobernador romano, y le pregunta si puede bajar el cuerpo del madero para enterrarlo. Entonces lo lleva a un huerto en el que hay una tumba.

Después de colocar el cuerpo de Jesús en la tumba, hace rodar una piedra grande hasta la entrada para cerrarla. Llega el tercer día, que es domingo. Todavía no ha salido el Sol, así que está oscuro. Unos soldados enviados por los sacerdotes principales vigilan la tumba. ¿Sabes por qué?...

Los sacerdotes han oído que Jesús dijo que resucitaría. De modo que han puesto guardias para evitar que los discípulos roben el cuerpo y digan que Jesús ha resucitado. Pero de repente, la tierra empieza a temblar y aparece una luz en la oscuridad. ¡Es un ángel de Jehová! Los soldados están tan asustados que no pueden moverse. El ángel va a la tumba y quita la piedra de la entrada. ¡La tumba está vacía!

Sucedió lo que dijo el apóstol Pedro más tarde: `A Jesús lo resucitó Dios' (Hechos 2:32). Dios le devolvió la vida a Jesús y le dio un cuerpo como el que tenía antes de venir a la Tierra. Lo resucitó con un cuerpo espiritual como el de los ángeles (1 Pedro 3:18). Pero para que la gente pudiera verlo, tenía que presentarse ante ellos con un cuerpo de carne. ¿Lo hizo?... Veamos.

Ya está saliendo el Sol. Los soldados se han marchado, y María Magdalena y otras mujeres que son discípulas de Jesús van de camino a la tumba. Se dicen unas a otras: `¿Quién nos apartará la piedra, que es tan pesada?' (Marcos 16:3). Pero cuando llegan al lugar, ven que alguien ha quitado ya la piedra. También descubren con gran sorpresa que la tumba está vacía y que el cadáver de Jesús ha desaparecido. María Magdalena sale corriendo para dar la noticia a los apóstoles de Jesús.

Las otras mujeres se quedan junto a la tumba preguntándose dónde estará el cuerpo de Jesús. De pronto aparecen dos hombres con ropas brillantes. ¡Son ángeles! Estos les dicen a las mujeres: `¿Por qué buscan a Jesús aquí? Ha resucitado. Corran a decírselo a sus discípulos'. Puedes imaginarte lo rápido que corrieron. En el camino, un hombre se encuentra con ellas. ¿Sabes quién es?...

Es Jesús, que se les ha aparecido con un cuerpo humano. Les dice: `Vayan a avisar a mis discípulos'. Las mujeres están emocionadas. Cuando llegan a donde están los discípulos, les anuncian: `¡Jesús está vivo! ¡Lo hemos visto!'. María Magdalena ya les ha dicho a Pedro y a Juan que la tumba está vacía, y los dos apóstoles han ido a comprobarlo, como ves en la lámina. Pedro y Juan se quedan mirando las vendas de lino en las que estaba envuelto Jesús y no saben qué pensar. Quieren creer que Jesús está vivo de nuevo, pero les parece demasiado bueno para ser verdad.

Ese mismo domingo, un poco después, Jesús se aparece a dos discípulos suyos que van caminando hacia la aldea de Emaús. Aunque Jesús se pone a caminar junto a ellos y les va hablando, no lo reconocen porque no tiene el mismo cuerpo físico que antes. Pero luego comen juntos y, cuando Jesús hace la oración, por fin lo reconocen. Los discípulos se emocionan tanto que regresan rápidamente a Jerusalén, que está a varios kilómetros. Quizás es un rato más tarde cuando Jesús se aparece a Pedro para demostrarle que está vivo.

Por la noche, bastantes discípulos suyos están reunidos en una habitación con las puertas cerradas y, de repente, Jesús aparece en medio de ellos. Ahora sí se convencen de que el Gran Maestro está vivo otra vez. ¡Imagínate lo felices que se sienten! (Mateo 28:1-15; Lucas 24:1-49; Juan 19:38-20:21.)

Durante cuarenta días, Jesús se presenta ante sus seguidores en diferentes cuerpos de carne para demostrarles que está vivo. Después abandona la Tierra y regresa al cielo, donde está su Padre (Hechos 1:9-11). Los discípulos empiezan a decirle enseguida a todo el mundo que Dios ha resucitado a Jesús. Aunque los sacerdotes los golpean y mandan matar a algunos, ellos no dejan de predicar. Saben que si mueren, Dios se acordará de ellos, igual que se acordó de su Hijo.

¡Qué diferentes eran los primeros seguidores de Jesús de mucha gente de hoy día! En algunos países, cuando llega la época del año en que Jesús resucitó, la mayoría de las personas solo piensan en conejos y coloridos huevos de Pascua. Pero la Biblia no dice nada de conejos ni huevos de Pascua. Lo que nos dice es que sirvamos a Dios.

Nosotros podemos ser como los discípulos de Jesús si le hablamos a la gente de lo maravilloso que fue que Dios resucitara a su Hijo. No debemos tener miedo nunca, aunque nos amenacen con matarnos. Si muriéramos, Jehová se acordaría de nosotros y nos resucitaría, como hizo con Jesús.

¿Verdad que nos alegra saber que Dios se acuerda de sus siervos y que incluso los resucitará?... Cuando aprendemos estas cosas, lo normal es que deseemos averiguar cómo hacer feliz a Dios. ¿Sabías que nosotros podemos hacerle feliz?... En el siguiente capítulo hablaremos de eso.

Si creemos que Jesús resucitó, nuestra esperanza se hará más firme y nuestra fe crecerá. Leamos Hechos 2:22-36; 4:18-20, y 1 Corintios 15:3-8, 20-23.

9 de Noviembre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 19 a 22

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 22:1-19

Núm. 2: Cómo hacer feliz a Dios (Ir cap. 40)

Núm. 3: ¿Está el grupo de los 144.000 compuesto solo de judíos naturales? (rs pág. 77 § 1-4)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 19 a 22

20:5-7; 24:5. Seamos considerados con aquellos que tengan circunstancias especiales, incluso cuando la tarea que haya que efectuar sea importante.

22:23-27. Ante un intento de violación, gritar es uno de los recursos disuasorios más eficaces con los que cuenta la mujer.

Núm. 1: Deuteronomio 22:1-19

Núm. 2: Cómo hacer feliz a Dios (Ir cap. 40)

Capítulo 40

Cómo hacer feliz a Dios

¿CÓMO podemos hacer feliz a Dios? ¿Podemos darle alguna cosa?... Jehová dice: `A mí me pertenece todo animal salvaje del bosque' y “la plata es mía, y el oro es mío” (Salmo 24:1; 50:10; Ageo 2:8). Sin embargo, hay algo que sí podemos darle. ¿Qué será?...

Jehová deja que decidamos por nosotros mismos si le vamos a servir o no. No nos obliga a hacer su voluntad. Vamos a ver si entendemos por qué Dios nos creó con la capacidad de decidir si le serviremos o no.

Seguramente sabes qué es un robot. Es una máquina diseñada para hacer siempre lo que su fabricante desea. El robot no decide por sí mismo. Jehová podría habernos hecho a todos parecidos a robots para que solo pudiéramos hacer lo que él quisiera. Pero no nos creó así. ¿Sabes por qué?... Hay algunos juguetes que son como robots. Cuando se les aprieta un botón, hacen justo lo que el fabricante quiere que hagan. ¿Has visto juguetes de ese tipo?... La gente suele cansarse de ellos, pues solo hacen aquello para lo que están diseñados o programados. Pues bien, Dios no quiere que lo obedezcamos porque seamos robots programados para servirle. Quiere que le sirvamos porque lo amamos y porque deseamos obedecerlo.

¿Cómo crees que se siente nuestro Padre celestial cuando le obedecemos porque así lo deseamos?... Dime algo: ¿les afecta a tus padres tu comportamiento?... La Biblia dice que el hijo sabio `regocija a su padre', pero el hijo tonto “es el desconsuelo de su madre” (Proverbios 10:1). ¿Te has fijado en lo contentos que se ponen tus papás cuando haces lo que te piden?... Pero ¿cómo se sienten cuando los desobedeces?...

Ahora pensemos en nuestro Padre celestial, Jehová. Él nos dice cómo podemos hacerle feliz. ¿Por qué no buscas Proverbios 27:11 en la Biblia? Allí Dios nos pide: “Sé sabio, hijo mío [o hija mía], y regocija mi corazón, para que pueda responder al que me está desafiando con escarnio”. ¿Sabes qué significa desafiar con escarnio?... Por ejemplo, si alguien se burla de ti y afirma que no eres capaz de hacer lo que dijiste que harías, te está desafiando con escarnio. Satanás le hace eso a Jehová. ¿Sabes cómo?... Vamos a ver.

Recuerda que en el capítulo 8 de este libro aprendimos que Satanás desea ser el número uno, el más importante, y que todo el mundo lo obedezca. Él dice que la única razón por la que adoramos a Jehová es que así recibiremos vida eterna. Después de lograr que Adán y Eva desobedecieran a Jehová, el Diablo desafió a Dios diciéndole: `La gente te sirve solo por interés. Pero, si me das la oportunidad, yo puedo apartar de ti a cualquier persona'.

Aunque es verdad que en la Biblia no aparecen esas palabras exactas, al leer el relato de Job vemos claramente que Satanás le dijo algo parecido a Dios. Tanto a Satanás como a Jehová les importaba si Job era fiel a Dios o no. Abramos la Biblia en Job, capítulos 1 y 2, y veamos qué sucedió.

Nota que el capítulo 1 de Job dice que cuando los ángeles fueron a ver a Jehová, Satanás también estaba allí en el cielo con ellos. Así que Jehová le preguntó: “¿De dónde vienes?”. Satanás le respondió que venía de pasear por la Tierra. Entonces Jehová le hizo otra pregunta: `¿Te has fijado en Job, un hombre que me sirve y no hace nada malo?' (Job 1:6-8).

Al Diablo no le parecía que Job fuera tan fiel. Por eso dijo: `Job te adora porque todo le va bien. Pero si dejas de protegerlo, te maldecirá en la cara'. Jehová le contestó: `Está bien, Satanás, puedes causarle las dificultades que quieras, pero a él no lo lastimes' (Job 1:9-12).

¿Qué hizo Satanás?... Se encargó de que robaran el ganado y los asnos de Job y de que mataran a los ganaderos. Después cayó un rayo que acabó con las ovejas y los pastores. A continuación le robaron también los camellos y mataron a quienes los cuidaban. Por último, Satanás hizo que se levantara un viento muy fuerte que derrumbó la casa en la que se encontraban los diez hijos de Job, y todos ellos murieron. Pero, a pesar de todo, Job continuó sirviendo a Jehová (Job 1:13-22).

Cuando Jehová volvió a hablar con Satanás, le dijo que Job aún era fiel. El Diablo lo seguía poniendo en duda, así que le pidió: `Déjame que lo lastime a él, y verás cómo te maldice en la cara'. Entonces Jehová le permitió a Satanás lastimar a Job, pero le prohibió matarlo.

Satanás hizo que todo el cuerpo de Job quedara cubierto de llagas. Estas olían tan mal que nadie se le quería acercar. Hasta su esposa le dijo: “¡Maldice a Dios, y muere!”. Unos supuestos amigos de Job fueron a visitarlo y le hicieron sentir peor, porque dijeron que si tenía tantos problemas, debía ser porque había hecho cosas terribles. Pero, aunque Satanás le causó todos esos problemas y sufrimientos, él siguió sirviendo fielmente a Jehová (Job 2:1-13; 7:5; 19:13-20).

¿Cómo crees que se sintió Jehová al ver la fidelidad de Job?... Muy feliz, pues pudo decirle a Satanás: `¡Mira a Job! Me sirve porque desea hacerlo'. ¿Serás tú como Job, alguien a quien Jehová pueda señalar como ejemplo de que Satanás es un mentiroso?... Es un gran honor servir de respuesta a la afirmación del Diablo de que él puede hacer que cualquier persona deje de servir a Jehová. Para Jesús fue sin duda un honor.

El Gran Maestro no permitió jamás que Satanás lo hiciera pecar. ¡Imagínate cuánto alegró eso a su Padre! Jehová pudo señalar a Jesús y responder a Satanás: `¡Mira a mi Hijo! Se ha mantenido completamente fiel a mí porque me ama'. Piensa también en el gozo que sintió Jesús al hacer feliz a su Padre. Gracias a ese gozo, hasta fue capaz de aguantar la muerte en un madero de tormento (Hebreos 12:2).

¿Quieres tú ser como el Gran Maestro y hacer feliz a Jehová?... Lo conseguirás si sigues aprendiendo lo que Jehová espera de ti y lo haces.

En los siguientes textos veremos qué hizo Jesús para que Dios se sintiera feliz y qué debemos hacer nosotros también: Proverbios 23:22-25; Juan 5:30; 6:38; 8:28, y 2 Juan 4.

Núm. 3: ¿Está el grupo de los 144.000 compuesto solo de judíos naturales? (rs pág. 77 § 1-4)

¿Está el grupo de los 144.000 compuesto solo de judíos naturales?

Rev. 7:4-8: “Oí el número de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de toda tribu de los hijos de Israel: [...] Judá [...] Rubén [...] Gad [...] Aser [...] Neftalí [...] Manasés [...] Simeón [...] Leví [...] Isacar [...] Zabulón [...] José [...] Benjamín.” (Estas no pueden ser tribus del Israel natural, porque nunca hubo una tribu de José, no se incluye a las tribus de Efraín y Dan en esta lista, y a los levitas se les había separado para servicio con relación al templo, pero no se les contaba como una de las 12 tribus. Véase Números 1:4-16.)

Rom. 2:28, 29: “No es judío el que lo es por fuera, ni es la circuncisión la que está afuera en la carne. Mas es judío el que lo es por dentro, y su circuncisión es la del corazón por espíritu, y no por un código escrito.”

Gál. 3:26-29: “Todos ustedes, de hecho, son hijos de Dios por medio de su fe en Cristo Jesús. [...] No hay ni judío ni griego, no hay ni esclavo ni libre, no hay ni macho ni hembra; porque todos ustedes son una persona en unión con Cristo Jesús. Además, si pertenecen a Cristo, realmente son descendencia de Abrahán, herederos con respecto a una promesa.”

¿Es el número 144.000 sencillamente una cifra simbólica?

El hecho de que, después de mencionar el número específico de 144.000, Revelación 7:9 hace referencia a una “grande muchedumbre, que ningún hombre podía contar”, señala la respuesta a esa pregunta. Si la cifra 144.000 no fuera literal, carecería de significado como contraste con la “grande muchedumbre”. El que consideremos que la cifra es literal concuerda con la declaración de Jesús en Mateo 22:14 con relación al Reino de los cielos: “Hay muchos invitados, pero pocos escogidos”.

16 de Noviembre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 23 a 27

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 25:1-16

Núm. 2: Niños que hacen feliz a Dios (Ir cap. 41)

Núm. 3: * ¿Qué cosas hemos de considerar sagra­das?

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 23 a 27

24:6. ¿Por qué se compara apoderarse de `un molino de mano o de la muela superior de este como prenda' a apoderarse de “un alma”? El molino de mano y su muela superior representaban el “alma” de la persona, es decir, su medio de vida. Apoderarse de cualquiera de estos privaría a toda la familia de su pan de cada día.

25:9. ¿Qué indicaba el hecho de quitarle la sandalia y escupirle en la cara a un hombre que se negaba a llevar a cabo el matrimonio de cuñado? Según “la costumbre en otros tiempos en Israel respecto al derecho de recompra [...,] [un] hombre tenía que quitarse su sandalia y darla a su prójimo” (Rut 4:7). Así pues, quitarle la sandalia a un hombre que se negaba a realizar el matrimonio de cuñado confirmaba que él había renunciado a su posición y a su derecho a proporcionarle un heredero a su hermano muerto. Esto era motivo de vergüenza (Deuteronomio 25:10). Escupirle en la cara era una forma de humillarlo (Números 12:14).

Núm. 1: Deuteronomio 25:1-16

Núm. 2: Niños que hacen feliz a Dios (Ir cap. 41)

Capítulo 41

Niños que hacen feliz a Dios

¿QUIÉN crees que fue el niño que hizo más feliz a Jehová?... Su Hijo, Jesús. Vamos a hablar de algunas cosas que hizo Jesús para que su Padre celestial se sintiera feliz.

La familia de Jesús vivía a tres días de viaje de Jerusalén. En esa ciudad se encontraba el hermoso templo de Jehová, al que Jesús llamaba “la casa de mi Padre”. Él y su familia iban allí todos los años para celebrar la Pascua.

En una de esas ocasiones, cuando Jesús tenía doce años, su familia emprendió el viaje de regreso a casa después de acabar la Pascua. Cuando por fin se detuvieron en el lugar donde iban a pasar la noche, se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ninguno de sus parientes o amigos. Así que María y José regresaron enseguida a Jerusalén para buscar a Jesús. ¿Te imaginas dónde lo encontraron?...

María y José lo encontraron en el templo. Jesús estaba escuchando a los maestros y haciéndoles preguntas. Y cuando ellos le preguntaban algo, él siempre sabía responderles. Los maestros estaban asombrados de lo bien que les contestaba. ¿Entiendes por qué Dios estaba contento con su Hijo?...

Cuando María y José hallaron por fin a Jesús, se sintieron más tranquilos. Pero él no estaba preocupado, pues sabía que el templo era un buen lugar en donde estar. Por eso les preguntó: “¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?”. Jesús estaba convencido de que el templo era la casa de Dios, y le encantaba estar allí.

Después, María y José se llevaron a Jesús a Nazaret, la ciudad donde vivían. ¿Cómo crees que trataba Jesús a sus padres?... La Biblia dice que “continuó sujeto a ellos”. ¿Sabes qué significa eso?... Que era obediente a ellos. Él siempre hacía lo que sus padres le pedían, aunque fuera una tarea del hogar, como traer agua del pozo (Lucas 2:41-52).

Así que piensa en esto: aunque Jesús era perfecto, obedecía a sus padres imperfectos. ¿Hacía eso feliz a Jehová?... Claro que sí, pues en su Palabra les dice a los hijos: “Sean obedientes a sus padres” (Efesios 6:1). Si imitas a Jesús y obedeces a tus padres, tú también harás feliz a Dios.

Otra forma en la que puedes hacer feliz a Jehová es hablando de él. Algunos piensan que eso no es cosa de niños. Pero cuando unos hombres intentaron impedir que unos muchachos lo hicieran, nota lo que les dijo Jesús: `¿Nunca han leído en las Escrituras: “De la boca de los niños Dios recibirá alabanza”?' (Mateo 21:16). De modo que todo el que lo desee puede hablar a otras personas sobre Jehová y lo maravilloso que él es. Si lo hacemos, Dios estará contento con nosotros.

¿Dónde aprendemos cosas sobre Dios que luego podemos contar a los demás?... En casa, estudiando la Biblia. Pero aprendemos más en el lugar donde se reúne el pueblo de Dios para estudiar. ¿Cómo podemos saber si un grupo de personas son el pueblo de Dios, sus verdaderos siervos?...

Bueno, ¿qué hacen esas personas en sus reuniones? ¿Enseñan realmente lo que dice la Biblia? ¿La leen y la estudian? Esa es la forma de escuchar a Dios, ¿no crees?... Y en las reuniones cristianas, lo normal es que a uno le hablen de lo que Dios dice, ¿verdad?... Pero ¿y si un grupo de gente afirma que no hay que vivir como enseña la Biblia? ¿Dirías que son el pueblo de Dios?...

También debes pensar en otra cosa. La Biblia dice que los siervos de Dios serían “un pueblo para su nombre” (Hechos 15:14). Como el nombre de Dios es Jehová, podemos preguntarles a quienes afirman que son sus siervos si su Dios se llama Jehová. Si nos dicen que no, entonces sabemos que no son su pueblo. Además, los que forman parte de ese pueblo tienen que hablar a la gente sobre el Reino de Dios. Y deben mostrar su amor a Jehová obedeciendo sus mandamientos (1 Juan 5:3).

Si conoces algún grupo de personas que hagan todas estas cosas, reúnete con ellas para adorar a Dios. Escucha con atención lo que se dice en sus reuniones y contesta cuando se hagan preguntas. Así actuó Jesús cuando estuvo en la casa de Dios. Si lo imitas, alegrarás a Jehová, igual que hizo Jesús.

¿Te acuerdas de algún otro niño mencionado en la Biblia que hiciera feliz a Dios?... Un ejemplo excelente fue Timoteo. Su papá no creía en Jehová. Pero su mamá, Eunice, sí era creyente, y su abuela Loida también. Timoteo las escuchaba, y así aprendió sobre Jehová.

El apóstol Pablo visitó la ciudad de Timoteo cuando este ya era mayor. Pablo se dio cuenta de que Timoteo tenía muchos deseos de servir a Jehová, así que lo invitó a acompañarlo para que pudiera servir a Dios aún más. En todos los lugares que visitaron hablaron a la gente sobre el Reino de Dios y sobre Jesús (Hechos 16:1-5; 2 Timoteo 1:5; 3:14, 15).

Pero ¿habla la Biblia de alguna niña que hiciera feliz a Dios?... Por supuesto que sí. Veamos el caso de una jovencita de Israel. En la época en la que ella vivió, las naciones de Siria e Israel eran enemigas. Un día, los sirios lucharon contra los israelitas y se llevaron prisionera a la niña. La enviaron a la casa del jefe del ejército, que se llamaba Naamán, y la pusieron a trabajar como sirvienta de la esposa de este hombre.

Naamán tenía lepra, y ningún médico lo había podido curar. Pero la niña israelita creía que un siervo especial de Dios, un profeta, podía curarlo. Naamán y su esposa no adoraban a Jehová. ¿Debía decirles la niña lo que sabía? ¿Qué habrías hecho tú?...

La jovencita dijo: `Si Naamán fuera a ver al profeta de Jehová que hay en Israel, se curaría de la lepra'. Naamán la escuchó y fue a visitarlo. Cuando siguió las instrucciones del profeta, se curó, y eso hizo que se volviera adorador del Dios verdadero (2 Reyes 5:1-15).

¿Te gustaría ayudar a alguien a aprender acerca de Jehová y de lo que él puede lograr, como hizo aquella niña?... ¿A quiénes podrías ayudar?... Claro, al principio las personas quizás piensen que no necesitan ayuda. Pero si les hablas de las cosas buenas que Jehová realiza, es posible que te escuchen. Y puedes estar seguro de que eso hará feliz a Dios.

En los siguientes textos también se anima a los niños a servir a Dios con alegría: Salmo 122:1; 148:12, 13; Eclesiastés 12:1; 1 Timoteo 4:12, y Hebreos 10:23-25.

Núm. 3: * ¿Qué cosas hemos de considerar sagra­das?

Ws 1/11/06 pág 24 - 26

¿Nos adherimos al criterio de Jehová sobre las cosas sagradas?

“Vigilando cuidadosamente [...] que no haya ningún fornicador ni nadie que no aprecie cosas sagradas.” (HEBREOS 12:15, 16.)

AL MUNDO en general le importan cada vez menos las cosas sagradas. Como afirmó el sociólogo francés Edgar Morin: “Todos los pilares de la ética —Dios, la naturaleza, la patria, la historia, la razón— han perdido su carácter absoluto. [...] Como si de un autoservicio se tratara, cada cual escoge las reglas morales que quiere”. Tal actitud es un reflejo del “espíritu del mundo”, “el espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia” (1 Corintios 2:12; Efesios 2:2). Pero quienes nos hemos dedicado a Jehová y nos hemos sometido voluntariamente a su legítima soberanía no manifestamos ese espíritu irreverente (Romanos 12:1, 2). Por el contrario, reconocemos el lugar destacado que ocupa la santidad en la adoración a Jehová. ¿Qué cosas deben ser santas, o sagradas, en la vida de todo siervo de Dios? El presente artículo analizará cinco de ellas, y el siguiente se centrará en el carácter sagrado de nuestras reuniones. Para empezar, ¿cuál es el verdadero significado de la palabra santo?

2 En el hebreo bíblico, la palabra santo expresa la idea de separación, y en el ámbito religioso se aplica a todo aquello que es apartado del uso corriente o es tenido por sagrado. Jehová es santo en sentido absoluto, y por eso se le llama el “Santísimo” (Proverbios 9:10; 30:3). En el antiguo Israel, el sumo sacerdote llevaba en el turbante una placa de oro con la inscripción “La santidad pertenece a Jehová” (Éxodo 28:36, 37). Además, las Escrituras indican que los querubines y los serafines que rodean el trono de Jehová claman: “Santo, santo, santo es Jehová” (Isaías 6:2, 3; Revelación [Apocalipsis] 4:6-8). Esta repetición pone de relieve que Jehová es santo, limpio y puro en grado superlativo. Él es, de hecho, el Origen de toda santidad.

3 El nombre divino, Jehová, es sagrado. El salmista exclamó: “Elogien ellos tu nombre. Grande e inspirador de temor, santo es este” (Salmo 99:3). Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea [o: “sea tenido por sagrado; sea tratado como santo”] tu nombre” (Mateo 6:9, nota). María, la madre terrenal de Jesús, cantó: “Mi alma engrandece a Jehová, [...] grandes obras me ha hecho el Poderoso, y santo es su nombre” (Lucas 1:46, 49). Del mismo modo, los siervos de Jehová de la actualidad tratamos su nombre como algo santo y evitamos hacer cualquier cosa que pueda mancharlo. Además, lo que es sagrado para Jehová, también lo es para nosotros (Amós 5:14, 15).

Por qué le tenemos profundo respeto a Jesús

4 Jesús es el “hijo unigénito” de Jehová. Dado que fue creado por el Dios santo, él también es santo (Juan 1:14; Colosenses 1:15; Hebreos 1:1-3). Por eso se le llama “el Santo de Dios” (Juan 6:69). Cuando su vida fue transferida del cielo a la Tierra, conservó la santidad, pues nació de María por obra del espíritu santo. Ocurrió tal como el ángel le había anunciado a ella: “Espíritu santo vendrá sobre ti, y [...] lo que nace será llamado santo, Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Asimismo, en una oración que hicieron los cristianos de Jerusalén se refirieron dos veces al Hijo de Dios como “tu santo siervo Jesús” (Hechos 4:27, 30).

5 Jesús tenía una misión sagrada que cumplir en la Tierra. Cuando se bautizó, en el año 29, fue ungido para oficiar de Sumo Sacerdote en el gran templo espiritual de Jehová (Lucas 3:21, 22; Hebreos 7:26; 8:1, 2). Además, era preciso que ofreciera su vida en sacrificio, pues su sangre proporcionaría el rescate que daría a los pecadores la oportunidad de salvarse (Mateo 20:28; Hebreos 9:14). Esa es la razón por la cual consideramos su sangre sagrada, o “preciosa” (1 Pedro 1:19).

6 El apóstol Pablo indicó el profundo respeto que le mostramos a nuestro Rey y Sumo Sacerdote, Jesucristo, al decir: “Dios ensalzó [a su Hijo] a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y de los que están sobre la tierra y de los que están debajo del suelo, y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios el Padre” (Filipenses 2:9-11). Cuando nos sometemos con alegría a nuestro Caudillo y Rey reinante, Jesucristo, Cabeza de la congregación cristiana, demostramos que nos adherimos al punto de vista de Jehová sobre lo sagrado (Mateo 23:10; Colosenses 1:18).

7 Someterse a Cristo implica asimismo mostrar el debido respeto a los hombres que ha puesto al frente de su obra. Tanto el Cuerpo Gobernante (formado por cristianos ungidos por espíritu) como los superintendentes que este designa (en sucursales, distritos, circuitos y congregaciones) desempeñan una función sagrada; de ahí que todos ellos merezcan nuestro más profundo respeto y sumisión (Hebreos 13:7, 17).

Un pueblo santo

8 Cuando Jehová fundó la nación de Israel, hizo con ella un pacto en virtud del cual sus integrantes adquirieron una condición especial: quedaron santificados, o separados. El propio Jehová les dijo: “Tienen que resultarme santos, porque yo Jehová soy santo; y estoy procediendo a separarlos de los pueblos para que lleguen a ser míos” (Levítico 19:2; 20:26).

9 Desde el mismo comienzo, Jehová inculcó en los israelitas el principio de la santidad. Por ejemplo, les ordenó que ni siquiera tocaran el monte donde iba a entregar los Diez Mandamientos, o de lo contrario morirían. En aquella ocasión, el Sinaí adquirió un carácter sagrado (Éxodo 19:12, 23). Del mismo modo, habían de considerar sagrados el sacerdocio y el tabernáculo con todos sus muebles y utensilios (Éxodo 30:26-30). Ahora bien, ¿qué situación se da en la congregación cristiana?

10 La congregación de los cristianos ungidos es sagrada a los ojos de Jehová (1 Corintios 1:2). De hecho, el conjunto de cristianos ungidos que viven en la Tierra en un determinado momento constituye simbólicamente un templo santo, que no debe confundirse con el gran templo espiritual de Jehová. Hablando de aquel templo santo, donde Jehová mora mediante su espíritu, el apóstol Pablo escribió: “En unión con [Cristo Jesús], el edificio entero, unido armoniosamente, va creciendo para ser un templo santo para Jehová. En unión con él, ustedes, también, están siendo edificados juntamente para ser lugar donde habite Dios por espíritu” (Efesios 2:21, 22; 1 Pedro 2:5, 9).

11 Pablo incluso preguntó a los cristianos ungidos: “¿No saben que ustedes son el templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en ustedes? [...] El templo de Dios es santo, el cual son ustedes” (1 Corintios 3:16, 17). Por medio de su espíritu, Jehová `reside' y `anda' entre los ungidos (2 Corintios 6:16). Él guía continuamente a su “esclavo fiel” (Mateo 24:45-47). Por ello, las “otras ovejas” consideran un gran honor colaborar con el conjunto de cristianos que forman este templo (Juan 10:16; Mateo 25:37-40).

Cosas sagradas en la vida del cristiano

12 Es lógico, pues, que haya muchas cosas en la vida de los cristianos ungidos y de sus compañeros que sean sagradas. Una de ellas es la relación con Jehová (1 Crónicas 28:9; Salmo 36:7). Tan valiosa es que no dejamos que nada ni nadie se interponga entre nosotros y nuestro Dios, Jehová (2 Crónicas 15:2; Santiago 4:7, 8). La oración es igualmente esencial para mantener una relación estrecha con él. Era algo tan sagrado para el profeta Daniel, que prefirió arriesgar la vida antes que romper su fiel costumbre de orar a Dios (Daniel 6:7-11). “Las oraciones de los santos” (los cristianos ungidos) son comparadas al incienso que se quemaba en el templo durante el culto (Revelación 5:8; 8:3, 4; Levítico 16:12, 13). Este uso simbólico acentúa el carácter sagrado de la oración. ¡Qué privilegio es poder comunicarnos con el Soberano universal! Por algo la oración constituye un elemento sagrado en nuestra vida.

13 Existe una fuerza en la vida de los cristianos ungidos y de sus compañeros que es, por supuesto, sagrada: el espíritu santo. Dicho espíritu es la fuerza activa de Jehová, y ya que siempre actúa en armonía con la voluntad del Dios santo, se le llama correctamente “espíritu santo”, o “espíritu de la santidad” (Juan 14:26; Romanos 1:4). Por medio de él, Jehová fortalece a sus siervos para predicar las buenas nuevas (Hechos 1:8; 4:31). Él da su espíritu “a los que le obedecen como gobernante”, a los que “[siguen] andando por espíritu” en vez de complacer los deseos de la carne (Hechos 5:32; Gálatas 5:16, 25; Romanos 8:5-8). Es gracias a esta poderosa fuerza que podemos producir las excelentes cualidades del “fruto del espíritu” y realizar “actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa” (Gálatas 5:22, 23; 2 Pedro 3:11). Si consideramos sagrado el espíritu santo, no haremos nada que lo contriste, es decir, nada que le impida obrar en nuestra vida (Efesios 4:30).

14 Igualmente sagrado es el privilegio de portar el nombre del Dios santo, Jehová, y ser Testigos suyos (Isaías 43:10-12, 15). Jehová ha capacitado a los cristianos ungidos “para ser ministros de un nuevo pacto” (2 Corintios 3:5, 6). Como tales, han recibido el encargo de predicar “estas buenas nuevas del reino” y hacer “discípulos de gente de todas las naciones” (Mateo 24:14; 28:19, 20). Cumplen este encargo con tanta fidelidad que millones de personas mansas les dicen: “Iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes” (Zacarías 8:23). Espiritualmente hablando, las otras ovejas sirven felices como “labradores” y “viñadores” de los “ministros de nuestro Dios”, por lo que son una inmensa ayuda para que los ungidos realicen su ministerio en todo el mundo (Isaías 61:5, 6).

15 El apóstol Pablo estimaba santo, o sagrado, su ministerio público. Por eso se denominó “siervo público de Cristo Jesús a las naciones, [ocupado] en la obra santa de las buenas nuevas de Dios” (Romanos 15:16). Y en su carta a los cristianos corintios se refirió a su ministerio como un “tesoro” (2 Corintios 4:1, 7). Es a través de nuestro ministerio público que damos a conocer “las sagradas declaraciones formales de Dios” (1 Pedro 4:11). De manera que, seamos de los ungidos o de las otras ovejas, es un privilegio sagrado participar en la obra de dar testimonio.

“Perfeccionando la santidad en el temor de Dios”

16 Tras advertir a sus hermanos del peligro de convertirse en personas que “no [aprecian] cosas sagradas”, el apóstol Pablo les aconsejó: “Sigan tras [...] la santificación [...], vigilando cuidadosamente [...] que no brote ninguna raíz venenosa y cause perturbación, y que muchos no sean contaminados por ella” (Hebreos 12:14-16). La expresión “raíz venenosa” incluye a cualquier grupo dentro de la congregación que critique la manera de hacer las cosas. Tal vez no concuerden con las normas divinas sobre la santidad del matrimonio o la pureza moral (1 Tesalonicenses 4:3-7; Hebreos 13:4). O quizás adopten ideas apóstatas promovidas por quienes se han enredado en “vanas palabrerías que violan lo que es santo” y “se han desviado de la verdad” (2 Timoteo 2:16-18).

17 Pablo exhortó a sus hermanos ungidos: “Amados, limpiémonos de toda contaminación de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Estas palabras indican que los cristianos ungidos, los “participantes del llamamiento celestial”, tienen que esforzarse siempre por guiar su vida conforme al criterio de Jehová sobre la santidad (Hebreos 3:1). En la misma línea, el apóstol Pedro rogó a sus hermanos ungidos: “Como hijos obedientes, dejen de amoldarse según los deseos que tuvieron en otro tiempo en su ignorancia, y más bien, de acuerdo con el Santo que los llamó, háganse ustedes mismos santos también en toda su conducta” (1 Pedro 1:14, 15).

18 ¿Y qué podemos decir de los miembros de la “gran muchedumbre”, quienes sobrevivirán a “la gran tribulación”? Ellos también tienen que adherirse al criterio divino sobre lo que es sagrado. En el libro de Revelación se los ve rindiendo “servicio sagrado” en el patio terrestre del templo espiritual de Jehová. Por su fe en el sacrificio redentor de Cristo, simbólicamente “han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Revelación 7:9, 14, 15). Así adquieren una posición limpia ante Jehová y contraen la obligación de “[limpiarse] de toda contaminación de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

19 Un elemento fundamental de la vida de los cristianos ungidos y de sus compañeros son las reuniones que celebran regularmente para adorar a Jehová y estudiar su Palabra. Jehová considera sagradas estas ocasiones. El siguiente artículo explicará cómo y por qué debemos adoptar el punto de vista divino sobre las cosas sagradas en este importantísimo asunto.

23 de Noviembre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 28 a 31

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 30:1-14

Núm. 2: ¿Por qué hay que trabajar? (Ir cap. 42)

Núm. 3: ¿Qué esperanza bíblica tiene la "gran mu­chedumbre"? (rs pág. 77 § 5-pág. 78 § 1)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 28 a 31

Lecciones para nosotros:

31:12. Los jóvenes deben sentarse con los adultos en las reuniones de congregación y esforzarse por escuchar y aprender.

Núm. 1: Deuteronomio 30:1-14

Núm. 2: ¿Por qué hay que trabajar? (Ir cap. 42)

Capítulo 42

¿Por qué hay que trabajar?

¿QUÉ prefieres: trabajar o jugar?... Desde luego, no hay nada malo en jugar. La Biblia dice que Jerusalén estaría `llena de niños y niñas que jugarían en sus plazas públicas' (Zacarías 8:5).

Al Gran Maestro le gustaba ver a los niños jugando. Antes de venir a la Tierra, dijo: `Llegué a estar al lado de Dios como un obrero maestro, y estuve alegre delante de él todo el tiempo'. Un obrero es un trabajador, así que estas palabras demuestran que Jesús trabajó junto a Jehová en el cielo. Estando allí, también dijo: “Las cosas que fueron el objeto de mi cariño estuvieron con los hijos de los hombres”. Como aprendimos en capítulos anteriores, el Gran Maestro se interesaba mucho en todos los seres humanos, incluidos los niños (Proverbios 8:30, 31).

¿Piensas que Jesús jugaba cuando era niño?... Es muy probable. Pero, como en el cielo había sido “un obrero maestro”, ¿no crees que trabajaría también en la Tierra?... Aunque lo llamaban “el hijo del carpintero”, también le decían “el carpintero”. ¿Qué indica eso?... Que José, quien crió a Jesús como hijo suyo, sin duda le enseñó su oficio. De modo que Jesús llegó a ser carpintero (Mateo 13:55; Marcos 6:3).

¿Qué clase de carpintero era Jesús?... Puesto que en el cielo había sido un obrero maestro, o sea, muy hábil, ¿no te parece que en la Tierra sería un carpintero muy hábil también?... Piensa en lo duro que era el trabajo de carpintero en aquel tiempo. Es posible que Jesús tuviera que buscar un árbol, talarlo, cortarlo en pedazos, llevar a casa la madera y finalmente hacer con esta mesas, bancos y otros objetos.

¿Crees que Jesús realizaba todo ese trabajo con gusto?... ¿Estarías tú contento si fabricaras mesas y sillas de calidad y otros objetos para que la gente los utilizara?... La Biblia dice que es bueno que uno “se regocije en sus obras”, es decir, se sienta feliz con los trabajos que hace. Estos dan una satisfacción que no se consigue jugando (Eclesiastés 3:22).

El trabajo es bueno tanto para la mente como para el cuerpo. Muchos niños pasan tantas horas sentados viendo la televisión o entretenidos con algún videojuego, que engordan y se debilitan. Esos niños ni son felices ni hacen felices a los demás. ¿Qué tenemos que hacer para ser felices?...

En el capítulo 17 aprendimos que al dar y al hacer cosas por los demás sentimos felicidad (Hechos 20:35). La Biblia llama a Jehová el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Y, como leímos en Proverbios, Jesús estuvo “alegre delante de él todo el tiempo”. ¿Por qué?... Él mismo indicó una razón cuando dijo: “Mi Padre ha seguido trabajando hasta ahora, y yo sigo trabajando” (Juan 5:17).

Jesús no trabajó de carpintero durante toda su vida en la Tierra, ya que Jehová Dios tenía un trabajo especial para él. ¿Sabes cuál era?... Jesús dijo: “Tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado” (Lucas 4:43). Cuando predicaba, había personas que le creían y contaban a los demás lo que él les había dicho. Eso fue lo que hizo la samaritana que ves en la lámina (Juan 4:7-15, 27-30).

¿Qué pensaba Jesús de ese trabajo? ¿Crees que le gustaba?... Él dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra” (Juan 4:34). ¿Cómo te sientes cuando tomas tu comida favorita?... Eso te da una idea de cómo se sentía Jesús al hacer el trabajo que Dios le había mandado.

Dios nos creó de tal forma que, si trabajamos, somos más felices. Él dice que su don, o regalo, para los humanos es que se `regocijen con su duro trabajo'. Por lo tanto, si aprendes a trabajar cuando eres pequeño, serás más feliz toda tu vida (Eclesiastés 5:19).

Eso no significa que un niño deba hacer el trabajo de una persona mayor. Pero todos podemos hacer algún tipo de trabajo o tarea. Seguramente, tus padres trabajan mucho para ganar dinero y así poder alimentar a la familia y tener una casa. Además, como sabes bien, en la casa siempre hay mucho que hacer para mantenerla limpia y ordenada.

¿Qué tareas puedes hacer que serían para el bien de toda la familia?... Puedes ayudar a poner la mesa, lavar los platos, sacar la basura, limpiar tu habitación y recoger tus juguetes. A lo mejor ya haces alguna de esas cosas que tanto benefician a la familia.

Veamos en qué sentido son útiles a la familia ese tipo de tareas. Cuando terminas de jugar, se espera que recojas los juguetes. ¿Por qué dirías que eso es importante?... Porque ayuda a mantener la casa ordenada y a evitar accidentes. Si dejas los juguetes por todos lados, tu mamá pudiera entrar un día en casa con las manos ocupadas, tropezar con uno de ellos y caerse. Es posible que incluso hubiera que llevarla al hospital. ¿Verdad que sería terrible?... Así que cuando recoges los juguetes, beneficias a toda la familia.

Hay otras tareas que los niños también deben hacer, como por ejemplo, los deberes escolares. En la escuela, uno aprende a leer. A algunos niños les parece divertido, pero a otros les resulta difícil. Aunque a ti te parezca difícil al principio, siempre te alegrarás de haber aprendido a leer bien, pues así sabrás muchas cosas interesantes. Hasta serás capaz de leer por ti mismo la Palabra de Dios, la Biblia. De manera que si haces bien tus tareas escolares, recibirás muchos beneficios, ¿no crees?...

Hay personas a las que no les gusta trabajar. Quizás tú conozcas alguna. Pero, como Dios nos hizo para trabajar, tenemos que aprender a disfrutar de nuestra labor. ¿Qué pensaba el Gran Maestro de su trabajo?... Lo disfrutaba tanto como su comida favorita. ¿Y qué trabajo era ese?... Hablar a otros acerca de Jehová Dios y de cómo pueden conseguir la vida eterna.

Las siguientes sugerencias pueden ayudarte a disfrutar del trabajo. Pregúntate: ¿por qué debo hacer esta tarea? Si sabes por qué algo es importante, te resultará más fácil hacerlo. Y, sea una tarea grande o pequeña, hazla lo mejor posible. De esa forma disfrutarás de tu trabajo, igual que el Gran Maestro.

La Biblia nos ayuda a ser buenos trabajadores. Leamos lo que dice en Proverbios 10:4; 22:29; Eclesiastés 3:12, 13, y Colosenses 3:23.

Núm. 3: ¿Qué esperanza bíblica tiene la "gran mu­chedumbre"? (rs pág. 77 § 5-pág. 78 § 1)

¿Van al cielo también los de la “grande muchedumbre” a que se hace referencia en Revelación 7:9, 10?

De ellos Revelación no dice —como lo hace en el caso de los 144.000— que hayan sido “comprados de la tierra” para estar con Cristo en el monte Sión celestial. (Rev. 14:1-3.)

Esta descripción que se da de ellos: “de pie delante del trono y delante del Cordero”, no indica necesariamente una ubicación, sino un estado de aprobación. (Compárese con Revelación 6:17; Lucas 21:36.) La expresión “delante del trono” (griego: e·no´pi·on tou thro´nou; literalmente: “a la vista del trono”) no exige que estén en el cielo. Su posición es sencillamente “a la vista” de Dios, quien nos dice que desde el cielo él contempla a los hijos de los hombres. (Sal. 11:4; compárese con Mateo 25:31-33; Lucas 1:74, 75; Hechos 10:33.)

La “grande muchedumbre en el cielo” a que se hace referencia en Revelación 19:1, 6 no es la misma “grande muchedumbre” de Revelación 7:9. De estos que están en el cielo la descripción no dice que salen “de todas las naciones” ni que están atribuyendo su salvación al Cordero; son ángeles. En la Biblia, la expresión “grande muchedumbre” se usa en diferentes contextos. (Mar. 5:24; 6:34; 12:37.)

30 de Noviembre. Lectura de la Biblia: Deuteronomio 32 a 34

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Deuteronomio 32:1-21

Núm. 2: ¿Qué es "el gran día de Jehová"? (Sof. 1:14)

Núm. 3: ¿Quiénes son nuestros hermanos? (Ir cap. 43)

Puntos Sobresalientes Deuteronomio 32 a 34

Respuestas a preguntas bíblicas:

32:13, 14. Puesto que los israelitas tenían prohibido comer todo tipo de grasa, ¿qué significaba que comieran “la grasa de carneros”? Esta expresión, empleada aquí en sentido figurado, denota lo mejor del rebaño. Este uso poético se deduce del hecho de que en el mismo versículo se hable de “la grasa de los riñones del trigo” y “la sangre de la uva”.

33:1-29. ¿Por qué no se mencionó expresamente a Simeón en la bendición de Moisés a los hijos de Israel? Porque tanto Simeón como Leví habían actuado “con dureza” y su cólera había sido “cruel” (Génesis 34:13-31; 49:5-7). Su herencia no fue como la de las demás tribus. Leví recibió 48 ciudades, y la porción de Simeón formaba parte del territorio de Judá (Josué 19:9; 21:41, 42). Por eso Moisés no mencionó explícitamente a Simeón. No obstante, la bendición de esta tribu estaba incluida en la bendición general de Israel.

Lecciones para nosotros:

32:4. Las actividades de Jehová son perfectas en el sentido de que manifiestan sus atributos de justicia, sabiduría, amor y poder en un perfecto equilibrio.

Núm. 1: Deuteronomio 32:1-21

Núm. 2: ¿Qué es "el gran día de Jehová"? (Sof. 1:14)

(Sofonías 1:14) ”El gran día de Jehová está cerca. Está cerca, y hay un apresurarse muchísimo [de él]. El sonido del día de Jehová es amargo. Allí un hombre poderoso da un grito.

Ws 15/12/06 pág 15

“El gran día de Jehová”

3 ¿Qué es “el gran día de Jehová”? Por toda la Biblia, la expresión “día de Jehová” designa momentos especiales en los que Jehová ejecutó su sentencia contra sus enemigos y glorificó su gran nombre. Los infieles habitantes de Judá y Jerusalén, así como las potencias opresoras de Babilonia y Egipto, se enfrentaron a distintos `días de Jehová' cuando sufrieron la ejecución del juicio divino (Isaías 2:1, 10-12; 13:1-6; Jeremías 46:7-10). Sin embargo, el “día de Jehová” más grandioso está todavía por venir. Será el “día” en que Dios dará su merecido a todos los que han difamado Su nombre. Comenzará con la destrucción de “Babilonia la Grande”, el imperio mundial de la religión falsa, y culminará con la aniquilación del resto de este malvado sistema de cosas en la guerra de Armagedón (Revelación [Apocalipsis] 16:14, 16; 17:5, 15-17; 19:11-21).

4 Sea que se den cuenta o no de que ese día es inminente, la mayoría de los seres humanos deberían temer su llegada. ¿Por qué razón? Jehová responde mediante el profeta Sofonías: “Ese día es día de furor, día de angustia y de zozobra, día de tempestad y de desolación, día de oscuridad y de tenebrosidad, día de nubes y de densas tinieblas”. ¡Qué día tan temible! La profecía continúa: “Ciertamente causaré angustia a la humanidad, [...] porque han pecado contra Jehová” (Sofonías 1:15, 17).

5 No obstante, hay millones de personas que anhelan la llegada del día de Jehová. ¿Por qué? Porque saben que será un día de salvación y liberación para los justos, un día en el que Jehová será alabado y se santificará su glorioso nombre (Joel 3:16, 17; Sofonías 3:12-17). ¿Por qué es que algunas personas temen ese día mientras que otras anhelan su llegada? Eso depende en gran medida de lo que estén haciendo con su vida ahora. Y usted, ¿cómo ve el día de Jehová? ¿Está preparado para su llegada? ¿Influye en su vida diaria el hecho de que ese día esté tan cerca?

Núm. 3: ¿Quiénes son nuestros hermanos? (Ir cap. 43)

Capítulo 43

¿Quiénes son nuestros hermanos?

EN UNA ocasión, el Gran Maestro hizo esta sorprendente pregunta: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” (Mateo 12:48). ¿Podrías contestar esa pregunta?... Seguramente sabes que la madre de Jesús se llamaba María. Pero ¿conoces los nombres de sus hermanos?... ¿Tenía también hermanas?...

La Biblia dice que los hermanos de Jesús se llamaban Santiago, José, Simón y Judas. Indica, además, que sí tenía hermanas. Jesús era el primer hijo, de modo que todos sus hermanos eran menores que él (Mateo 13:55, 56; Lucas 1:34, 35).

¿Eran los hermanos de Jesús discípulos suyos?... La Biblia dice que al principio “no ejercían fe en él” (Juan 7:5). Pero después, Santiago y Judas llegaron a ser sus discípulos e incluso escribieron libros de la Biblia. ¿Sabes cuáles?... Las cartas de Santiago y de Judas.

Aunque la Biblia no revela el nombre de las hermanas de Jesús, sabemos que por lo menos eran dos. ¿Se hicieron discípulas de él sus hermanas?... La Biblia no lo dice, así que no lo sabemos. Pero ¿por qué preguntó Jesús quiénes eran su madre y sus hermanos?... Vamos a ver.

Momentos antes, Jesús estaba enseñando a sus discípulos, y alguien lo interrumpió para decirle: “Tu madre y tus hermanos están parados fuera, y procuran hablarte”. Jesús quiso aprovechar la oportunidad para enseñar una lección importante. Por eso hizo la sorprendente pregunta: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”, y entonces, señalando hacia sus discípulos, exclamó: “¡Mira! ¡Mi madre y mis hermanos!”.

A continuación explicó: “Cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano y hermana y madre” (Mateo 12:47-50). Esto muestra el cariño que Jesús sentía por sus discípulos. Con esas palabras nos enseñó que, para él, sus discípulos eran como verdaderos hermanos, hermanas y madres.

En aquel entonces, los hermanos carnales de Jesús —Santiago, José, Simón y Judas— no pensaban que él fuera el Hijo de Dios. No creían que fuera cierto lo que el ángel Gabriel le había dicho a su madre (Lucas 1:30-33). Puede que incluso trataran mal a Jesús. Quien se porta así no demuestra ser un verdadero hermano. ¿Conoces a alguien que se porte mal con su hermano o su hermana?...

En el relato bíblico de Esaú y Jacob leemos que Esaú se enojó tanto con su hermano que dijo: “Voy a matar a Jacob mi hermano”. Su madre, Rebeca, se asustó mucho y mandó a Jacob lejos para que Esaú no lo matara (Génesis 27:41-46). Sin embargo, muchos años después, Esaú cambió de actitud, y abrazó y besó a su hermano (Génesis 33:4).

Con el tiempo, Jacob tuvo doce hijos. Pero los mayores no amaban a su hermano menor José. Tenían celos de él porque era el preferido de su padre. De modo que lo vendieron a unos mercaderes de esclavos que iban camino a Egipto, y luego le dijeron a su padre que una fiera lo había matado (Génesis 37:23-36). ¿No te parece horrible?...

Años después, los hermanos de José se arrepintieron de lo que habían hecho, y él los perdonó. ¿Ves en qué se parecen José y Jesús?... Cuando Jesús estuvo en problemas, sus apóstoles huyeron, y Pedro hasta negó que lo conociera. Pero, al igual que José, Jesús los perdonó a todos.

También aprendemos una lección de lo que les sucedió a otros dos hermanos: Caín y Abel. Dios vio en el corazón de Caín que no amaba a su hermano, así que le dijo que tenía que cambiar. Si Caín hubiera amado de verdad a Dios, le habría hecho caso. Pero no lo amaba. Un día, Caín le dijo a su hermano: “Vamos allá al campo”. Abel lo acompañó, y cuando estaban los dos solos en el campo, Caín le dio un golpe tan fuerte que lo mató (Génesis 4:2-8).

La Biblia dice que ese relato nos enseña una lección importante. ¿Sabes cuál es?... “Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo.” Por lo tanto, los hermanos tienen que amarse. No deben ser como Caín (1 Juan 3:11, 12).

¿Por qué no debemos ser como Caín?... Porque la Biblia dice que Caín “se originó del inicuo”, Satanás el Diablo. Como Caín se portó igual que el Diablo, fue como si se hubiera convertido en hijo suyo.

¿Entiendes por qué es importante que ames a tus hermanos?... Si no lo haces, ¿a quiénes estarás imitando?... A los hijos del Diablo. Y tú no deseas ser como ellos, ¿verdad?... Entonces, ¿cómo puedes demostrar que quieres ser un hijo o una hija de Dios?... Amando a tus hermanos.

Pero ¿qué es el amor?... Es un sentimiento profundo que nos motiva a realizar buenas obras por otras personas. Demostramos amor a los demás cuando les tenemos cariño y hacemos cosas buenas por ellos. ¿Y quiénes son nuestros hermanos, a los que debemos amar?... Recuerda que Jesús enseñó que son quienes componen la gran familia cristiana.

¿Por qué es importante que amemos a nuestros hermanos cristianos?... La Biblia dice: “El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto” (1 Juan 4:20). De manera que no basta con amar solo a unos cuantos miembros de la familia cristiana. Debemos amarlos a todos. Jesús dijo: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (Juan 13:35). ¿Amas tú a todos los hermanos?... Recuerda que si no los amas a ellos, tampoco amas realmente a Dios.

¿Cómo podemos demostrar verdadero amor a nuestros hermanos?... Por ejemplo, no evitaremos encontrarnos con ellos para no tener que hablarles. Al contrario, seremos amables con todos, los trataremos siempre bien y compartiremos nuestras cosas con ellos. Y si alguna vez tienen problemas, los ayudaremos, porque verdaderamente somos una gran familia.

Cuando amamos de corazón a todos los hermanos, ¿qué demostramos?... Que somos discípulos de Jesús, el Gran Maestro. ¿Verdad que deseamos serlo?...

También se nos dice que debemos amar a los hermanos en Gálatas 6:10 y 1 Juan 4:8, 21. ¿Por qué no abres la Biblia y lees esos textos?

7 de Diciembre. Lectura de la Biblia: Josué 1 a 5

Puntos Sobresalientes (Seleccionar puntos introducción si.)

Núm. 1: Josué 5:1-15

Núm. 2: Nuestros amigos deben amar a Dios (Ir cap. 44)

Núm. 3: ¿Qué es el Reino de Dios? ¿Demostramos que lo queremos? (Ir cap. 45)

Puntos Sobresalientes Josué 1 a 5

Respuestas a preguntas bíblicas:

2:4, 5. ¿Por qué engaña Rahab a los hombres del rey que buscan a los espías? Rahab arriesga su vida para proteger a los espías porque ha puesto fe en Jehová. Por tanto, no está obligada a revelar su paradero a hombres que pretenden hacer daño al pueblo de Dios (Mateo 7:6; 21:23-27; Juan 7:3-10). De hecho, Rahab fue “declarada justa por obras”, entre ellas la de enviar por otro camino a los emisarios del rey (Santiago 2:24-26).

5:14, 15. ¿Quién es “el príncipe del ejército de Jehová”? El príncipe que acude a fortalecer a Josué cuando empieza la conquista de la Tierra Prometida es probablemente “la Palabra”: Jesucristo en su existencia prehumana (Juan 1:1; Daniel 10:13). ¡Cuánto nos fortalece la garantía de que el glorificado Jesucristo apoya al pueblo de Dios en su guerrear espiritual!

Lecciones para nosotros:

1:7-9. Leer la Biblia a diario, meditar regularmente sobre lo que dice y poner en práctica lo que aprendemos es esencial para tener éxito en nuestras actividades espirituales.

1:11. Josué manda al pueblo que prepare las provisiones y que no se quede de brazos cruzados esperando que Dios las suministre. La exhortación de Jesús sobre dejar de inquietarnos por las necesidades de la vida, además de la promesa de que “todas estas otras cosas [nos] serán añadidas”, no significa que no debamos tomar medidas para mantenernos (Mateo 6:25, 33).

2:4-13. Tras oír las noticias sobre las grandes obras de Jehová y al darse cuenta de que el tiempo en que vivía era crítico, Rahab decide ponerse de parte de los adoradores de Dios. Si usted lleva algún tiempo estudiando la Biblia y reconoce que vivimos en “los últimos días”, ¿no cree que debería tomar la decisión de servir a Dios? (2 Timoteo 3:1.)

3:15. Dado que el informe de los espías enviados a Jericó es favorable, Josué actúa con rapidez y no aguarda hasta que las aguas del Jordán bajen. Con respecto a las obras relacionadas con la adoración verdadera, debemos actuar con valor y no demorarnos esperando a que las circunstancias parezcan más convenientes.

4:4-8, 20-24. Las doce piedras que se toman del lecho del Jordán han de servir de recordatorio a Israel. Los actos de liberación que Jehová ha efectuado a favor de su pueblo de la actualidad también son recordatorios de que él apoya a sus siervos.

Núm. 1: Josué 5:1-15

Núm. 2: Nuestros amigos deben amar a Dios (Ir cap. 44)

Capítulo 44

Nuestros amigos deben amar a Dios

LOS amigos son las personas con quienes nos gusta hablar y pasar tiempo juntos. Pero es importante elegir los amigos apropiados. ¿Quién crees que es el mejor amigo que podemos tener?... Sí, es Jehová Dios.

Pero ¿de verdad podemos ser amigos de Dios?... La Biblia dice que Abrahán, un hombre que vivió hace mucho tiempo, fue “amigo de Jehová” (Santiago 2:23). ¿Sabes por qué?... La Biblia contesta que Abrahán obedeció a Dios, incluso cuando Dios le pidió hacer cosas difíciles. Por lo tanto, para ser amigos de Jehová, debemos hacer lo que le agrada, como hizo Abrahán y como siempre ha hecho el Gran Maestro (Génesis 22:1-14; Juan 8:28, 29; Hebreos 11:8, 17-19).

Jesús les dijo a sus apóstoles: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que les mando” (Juan 15:14). Como todos los mandatos de Jesús venían de Jehová, esas palabras significan que sus amigos eran las personas que cumplían los mandatos de Dios. Todos sus amigos amaban a Dios.

Algunos de los mejores amigos del Gran Maestro fueron sus apóstoles, a los que puedes ver en la lámina de la página 75. Los apóstoles viajaron con él y lo ayudaron en la predicación. Jesús pasó mucho tiempo con ellos. Comían, hablaban de Dios y hacían otras cosas juntos. Pero Jesús tenía muchos amigos más. A veces se quedaba en sus casas, y juntos pasaban un buen rato.

A Jesús le gustaba quedarse en casa de una familia de Betania, un pueblo situado a las afueras de la gran ciudad de Jerusalén. ¿Recuerdas quiénes eran?... María, Marta y su hermano Lázaro. Jesús dijo que Lázaro era su amigo (Juan 11:1, 5, 11). Jesús amaba a esa familia y disfrutaba de estar con ellos porque amaban a Jehová y le servían.

Eso no quiere decir que Jesús no fuera bondadoso con quienes no servían a Dios. Sí lo era. Incluso iba a sus casas y comía con ellos. Por ese motivo, algunas personas dijeron que Jesús era “amigo de recaudadores de impuestos y pecadores” (Mateo 11:19). Pero Jesús no iba a sus casas porque le gustara su forma de vivir. Los visitaba para poder hablar con ellos sobre Jehová. Intentaba ayudarlos a dejar su mala vida y servir a Dios.

Así ocurrió en una ocasión en la que Jesús pasaba por la ciudad de Jericó de camino a Jerusalén. Un hombre llamado Zaqueo quería ver a Jesús, pero no podía porque había mucha gente y él era de baja estatura. De modo que se adelantó corriendo por el camino y se subió a un árbol para poder ver bien a Jesús cuando pasara.

Cuando Jesús llegó al árbol, miró hacia arriba y dijo: `Date prisa y baja, porque hoy voy a ir a tu casa'. Pero Zaqueo era un hombre rico que había hecho cosas malas. ¿Por qué quería ir Jesús a la casa de un hombre así?...

No era porque a Jesús le gustara su forma de vida; era, más bien, porque deseaba hablarle de Dios. Observó que aquel hombre había hecho todo lo posible por verlo, y por eso supo que Zaqueo estaba dispuesto a escucharlo. Era un buen momento para hablar con él sobre cómo Dios dice que debe vivir la gente.

¿Qué ocurrió entonces, como vemos en la lámina?... A Zaqueo le gustaron las enseñanzas de Jesús. Se arrepintió de haber engañado a la gente y prometió que devolvería el dinero que había tomado de forma injusta. A continuación se hizo discípulo de Jesús, y solo entonces llegó a ser su amigo (Lucas 19:1-10).

Si imitamos el ejemplo del Gran Maestro, ¿visitaremos a personas que no sean nuestros amigos?... Sí. Pero no iremos a su casa porque nos guste su forma de vida ni para hacer cosas malas con ellos. Los visitaremos para hablarles de Dios.

Nuestros mejores amigos son aquellos con los que más nos gusta pasar el tiempo. Sin embargo, para que sean los amigos apropiados, deben agradarle a Dios. Tal vez algunos ni siquiera sepan quién es Jehová, pero si quieren aprender sobre él, podemos ayudarlos. Y cuando ellos amen a Jehová como nosotros, podrán ser nuestros mejores amigos.

Hay otra forma de averiguar si una persona puede ser un buen amigo. Fíjate en las cosas que hace. ¿Se divierte haciendo cosas malas a los demás? Eso no está bien, ¿verdad?... ¿Está siempre metido en problemas? No nos gustaría tener problemas por estar con él, ¿no es cierto?... ¿O hace cosas malas a propósito y piensa que es muy listo porque no lo descubren? Aunque no lo descubran, Dios vio lo que estaba haciendo, ¿verdad?... ¿Crees que debemos ser amigos de personas que hacen ese tipo de cosas?...

¿Por qué no sacas tu Biblia? Veamos lo que dice sobre cómo los amigos influyen en nosotros. El texto se encuentra en 1 Corintios, capítulo 15, versículo 33. ¿Ya lo tienes?... Dice así: “No se extravíen. Las malas compañías echan a perder los hábitos útiles”. Eso significa que si andamos con personas malas, podemos volvernos malos. Pero también es cierto que los buenos compañeros nos ayudan a tener buenas costumbres.

Nunca olvidemos que la Persona más importante de nuestra vida es Jehová. No queremos dañar nuestra amistad con él, ¿verdad?... Por eso debemos esforzarnos por ser amigos solo de las personas que amen a Dios.

La importancia de elegir los amigos apropiados se muestra en Salmo 119:115; Proverbios 13:20; 2 Timoteo 2:22, y 1 Juan 2:15.

Núm. 3: ¿Qué es el Reino de Dios? ¿Demostramos que lo queremos? (Ir cap. 45)

Capítulo 45

¿Qué es el reino de Dios? ¿Demostramos que lo queremos?

¿CONOCES la oración que Jesús les enseñó a sus discípulos?... Si no, podemos leerla juntos en la Biblia, en Mateo 6:9-13. Esta oración, que muchas personas llaman el padrenuestro, dice en parte: “Venga tu reino”. ¿Sabes qué es el Reino de Dios?...

En la Biblia, un reino es una forma de gobierno. Hoy en día también hay otros tipos de gobierno. En algunos de ellos, el que dirige el país es el presidente. Pero en el gobierno que Dios ha prometido, que recibe el nombre de Reino, el gobernante es el Rey.

¿Sabes a quién escogió Jehová Dios para que fuera el Rey de su gobierno?... A su Hijo, Jesucristo. ¿Por qué es Jesús el mejor gobernante, mejor que cualquier otro que los hombres pudieran escoger?... Porque, como él ama de verdad a su Padre, siempre hace lo que está bien.

Mucho antes de que Jesús naciera en Belén, la Biblia predijo que vendría a la Tierra y que llegaría a ser el gobernante escogido por Dios. Vamos a leer Isaías 9:6, 7: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y el gobierno reposará sobre sus hombros; y se llamará [...] Príncipe de Paz. El aumento de su gobierno y [el] de la paz no tendrán fin” (cursivas nuestras; La Biblia de las Américas, notas).

¿Sabes por qué se le llama “Príncipe” al Gobernante del Reino de Dios?... Porque un príncipe es el hijo de un rey, y Jesús es el Hijo del Gran Rey, Jehová. Pero Jehová también ha nombrado a Jesús Rey de su Reino, que gobernará la Tierra durante mil años (Revelación [Apocalipsis] 20:6). Después de su bautismo, Jesús “comenzó a predicar y a decir: `Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado'” (Mateo 4:17).

¿Por qué crees que Jesús dijo a quienes lo rodeaban que el Reino se había acercado?... Porque el Rey, que después reinaría en el cielo, estaba entre ellos. Por eso, Jesús les declaró: “El reino de Dios está en medio de ustedes” (Lucas 17:21). ¿No te gustaría tener al Rey escogido por Jehová tan cerca que hasta pudieras tocarlo?...

Entonces, dime: ¿qué obra importante vino a realizar Jesús a la Tierra?... Él mismo contestó esa pregunta diciendo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado” (Lucas 4:43). Pero Jesús sabía que no podría realizar toda la obra de predicación él solo. Por eso, ¿qué crees que hizo?...

Jesús llevó a otras personas a predicar con él para mostrarles cómo efectuar esa obra. Los primeros a quienes enseñó fueron sus doce apóstoles (Mateo 10:5, 7). Pero ¿les enseñó a predicar solo a ellos? No, la Biblia dice que también enseñó a muchos otros discípulos. Con el tiempo, envió a setenta de ellos de dos en dos. ¿Qué le predicaban a la gente?... Jesús les dio las siguientes instrucciones: “Sigan diciéndoles: `El reino de Dios se ha acercado a ustedes'” (Lucas 10:9). De esa forma, la gente aprendió sobre el gobierno de Dios.

Mucho tiempo antes, en Israel, los reyes recién nombrados acostumbraban entrar en la ciudad montados en un pollino, o asno joven, para que el pueblo los viera. Eso mismo hizo Jesús cuando visitó Jerusalén por última vez. Sabemos que Jesús iba a ser el Gobernante del Reino de Dios, pero ¿quería la gente que fuera su Rey?...

Bueno, la mayoría de la gente empezó a tender sus mantos sobre el camino por donde él iba a pasar. Otros cortaron ramas de palmera y también las pusieron en el camino. De esa forma demostraban que querían a Jesús como Rey. Gritaban: “¡Bendito es El que viene como Rey en el nombre de Jehová!”. Pero no todo el mundo estaba contento. De hecho, algunos líderes religiosos incluso le pidieron a Jesús: `Dile a tus discípulos que se callen' (Lucas 19:28-40).

Cinco días después, Jesús fue arrestado y llevado al palacio del gobernador, Poncio Pilato. Los enemigos de Jesús lo acusaban de decir que era rey y de oponerse al gobierno romano. Pilato lo interrogó, pero Jesús le mostró que no estaba intentando tomar el control del gobierno. Le dijo: “Mi reino no es parte de este mundo” (Juan 18:36).

Pilato entonces salió y le dijo a la gente que no encontraba nada malo en Jesús. Pero ellos ya no querían que Jesús fuera su Rey, ni que lo pusieran en libertad (Juan 18:37-40). Después de volver a hablar con Jesús, Pilato estaba convencido de que no había hecho nada malo, así que sacó a Jesús fuera por última vez y dijo: “¡Miren! ¡Su rey!”. Pero la gente gritó: “¡Quítalo! ¡Quítalo! ¡Al madero con él!”.

Pilato preguntó: “¿A su rey fijo en un madero?”, y los sacerdotes principales contestaron: “No tenemos más rey que César”. ¿Te imaginas? Aquellos sacerdotes malvados habían logrado poner al pueblo en contra de Jesús (Juan 19:1-16).

En nuestros días ocurre algo muy parecido. La mayoría de las personas no quieren en realidad que Jesús sea su Rey. Tal vez afirmen que creen en Dios, pero no quieren que ni Dios ni Cristo les digan lo que deben hacer. Prefieren establecer sus propios gobiernos.

¿Y nosotros? Cuando aprendemos sobre el Reino de Dios y todas las cosas maravillosas que hará, ¿qué sentimos hacia Dios?... Amor, ¿verdad?... Entonces, ¿cómo podemos demostrarle que lo amamos y que deseamos que su Reino nos gobierne?...

Imitando el ejemplo de Jesús. ¿Cómo demostró Jesús que amaba a Jehová?... “Yo siempre hago las cosas que le agradan”, explicó (Juan 8:29). Sí, Jesús vino a la Tierra `para hacer la voluntad de Dios' y para “terminar su obra” (Hebreos 10:7; Juan 4:34). Veamos qué hizo antes de comenzar su obra de predicación.

Jesús fue a donde estaba Juan el Bautista, en el río Jordán. Después de meterse los dos en el río, Juan sumergió a Jesús completamente en el agua y entonces lo sacó. ¿Sabes por qué lo bautizó Juan?...

Jesús se lo pidió. Pero ¿cómo sabemos que Dios quería que Jesús se bautizara?... Porque cuando Jesús salió del agua, escuchó la voz de Dios que decía desde el cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; yo te he aprobado”. Dios hasta envió su espíritu santo en forma de paloma sobre Jesús. Al bautizarse, Jesús demostró que quería servir a Jehová toda su vida, para siempre (Marcos 1:9-11).

Tú eres pequeño todavía, pero ¿qué harás cuando crezcas?... ¿Seguirás el ejemplo de Jesús y te bautizarás?... Deberías hacerlo, pues la Biblia dice que él dejó un `modelo para que sigamos sus pasos con sumo cuidado y atención' (1 Pedro 2:21). Cuando te bautices, estarás demostrando que realmente quieres que el Reino de Dios te gobierne. Pero bautizarse no es suficiente.

Tenemos que obedecer todo lo que Jesús enseñó. Jesús dijo que no debemos ser “parte del mundo”. ¿Estaríamos obedeciéndole si participáramos en las cosas del mundo? Jesús y sus apóstoles se mantuvieron alejados de ellas (Juan 17:14). Entonces, ¿a qué se dedicaron?... A hablar del Reino de Dios. Esa fue la obra principal en sus vidas. ¿Podemos hacer nosotros lo mismo?... Sí, y lo haremos si somos sinceros cuando le oramos a Dios pidiendo que venga su Reino.

Vamos a buscar otros textos donde se explica cómo podemos demostrar que deseamos que venga el Reino de Dios: Mateo 6:24-33; 24:14; 1 Juan 2:15-17, y 5:3.

14 de Diciembre. Lectura de la Biblia: Josué 6 a 8

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Josué 8:1-17

Núm. 2: ¿Habrá otro diluvio que destruya el mun­do? (Ir cap. 46)

Núm.3: El valor del consejo de Eclesiastés 7:21, 22

Puntos Sobresalientes Josué 6 a 8

Lecciones para nosotros:

6:26; 9:22, 23. La maldición que Josué pronuncia cuando Jericó es destruida se cumple unos quinientos años más tarde (1 Reyes 16:34). La maldición de Noé contra su nieto Canaán se cumple cuando los gabaonitas se convierten en obreros (Génesis 9:25, 26). La palabra de Jehová siempre se cumple.

7:20-25. Algunos quizá piensen que el robo de Acán fue una falta de poca importancia y no perjudicó a nadie más. Tal vez consideren triviales también los pequeños robos y las violaciones menores de las leyes bíblicas. Nosotros, sin embargo, debemos ser como Josué en nuestra resolución de resistir la presión a cometer actos ilegales o inmorales.

Núm. 1: Josué 8:1-17

Núm. 2: ¿Habrá otro diluvio que destruya el mun­do? (Ir cap. 46)

Capítulo 46

¿Habrá otro diluvio que destruya el mundo?

¿HAS oído hablar alguna vez del fin del mundo?... Hoy en día es un tema bastante común. Algunas personas piensan que lo causará el hombre en una guerra con bombas atómicas. Otras creen que será Dios quien destruirá algún día nuestra preciosa Tierra, así como los hermosos cielos llenos de brillantes estrellas. Y tú, ¿qué opinas?...

Como hemos aprendido, la Biblia habla del fin del mundo. “El mundo va pasando”, nos dice (1 Juan 2:17). ¿Piensas que eso significa que nuestro planeta llegará a su fin?... No, la Biblia explica que Dios hizo la Tierra “para ser habitada”, para que los seres humanos vivieran felices en ella (Isaías 45:18). Salmo 37:29 dice: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella”. Por esa razón, las Escrituras indican también que la Tierra durará para siempre (Salmo 104:5; Eclesiastés 1:4).

Si el fin del mundo no significa el fin de la Tierra, ¿entonces qué significa?... Para saber la respuesta, analicemos lo que sucedió en los días de Noé. La Biblia explica: `El mundo de aquel tiempo sufrió destrucción cuando quedó cubierto de agua' (2 Pedro 3:6).

¿Sobrevivió alguien a aquella inundación enorme que acabó con el mundo en los días de Noé?... La Biblia dice que Dios “guardó en seguridad a Noé, predicador de justicia, con otras siete personas cuando trajo un diluvio sobre un mundo de gente impía” (2 Pedro 2:5).

Por lo tanto, ¿cuál fue el mundo que terminó: la Tierra, o la gente mala?... La Biblia señala que fue el “mundo de gente impía”, o malvada. Nota, además, que a Noé se le llama “predicador”. ¿Qué crees que predicaba?... Avisaba a los demás que se acercaba el fin del “mundo de aquel tiempo”.

En una ocasión, Jesús habló a sus discípulos sobre aquel Diluvio y les explicó lo que hacían las personas justo antes de que viniera el fin: “En aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres siendo dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos”. Jesús añadió que, antes del fin del mundo de nuestros días, la gente haría lo mismo (Mateo 24:37-39).

Las palabras de Jesús muestran que podemos aprender una lección de lo que hacía la gente antes del Diluvio. En el capítulo 10 de este libro ya vimos cómo se comportaban. ¿Lo recuerdas?... Algunos hombres eran crueles y violentos. Pero la mayoría de las personas, como dijo Jesús, simplemente no hicieron caso cuando Dios les envió a Noé para que les predicara.

Sin embargo, llegó el día en que Jehová le dijo a Noé que iba a destruir a la gente mala con un diluvio. El agua cubriría toda la Tierra, hasta las montañas más altas. Jehová le mandó a Noé construir un arca enorme. Se parecería a una caja alargada muy grande, como puedes ver en la lámina de la página 238.

Dios le dijo a Noé que hiciera el arca tan grande porque en ella tendrían que salvarse, además de él y su familia, muchos animales. Noé y su familia trabajaron muy duro. Cortaron árboles grandes, y con la madera empezaron a construir el arca. Tardaron muchos años en terminarla debido a su enorme tamaño.

¿Recuerdas qué hizo Noé durante todos esos años, además de construir el arca?... Predicó para avisar a la gente que venía un diluvio. ¿Lo escuchó alguien? Solo su familia. Los demás estaban muy ocupados con otras cosas. ¿Recuerdas qué dijo Jesús que hacían?... Comían, bebían y se casaban. No pensaban que fueran personas malas, así que no sacaron tiempo para escuchar a Noé. Vamos a ver qué les sucedió.

Después que Noé y su familia entraron en el arca, Jehová cerró la puerta. Las demás personas aún no creían que vendría un diluvio. De repente, empezó a llover, pero no como lo hace normalmente, sino con mucha más fuerza. Enseguida se formaron ríos grandes y ruidosos que tumbaban árboles enormes y arrastraban rocas pesadas como si fueran piedrecitas. ¿Qué les pasó a los que estaban fuera del arca?... Jesús dijo: “Vino el diluvio y los barrió a todos”. No sobrevivió nadie. ¿Por qué?... Porque, como explicó Jesús, “no hicieron caso”. No escucharon la advertencia (Mateo 24:39; Génesis 6:5-7).

Pero no olvides que Jesús dijo que aquel suceso nos sirve de lección a nosotros. ¿Qué nos enseña?... Pues bien, aquellas personas no fueron destruidas solo por ser malas, sino porque muchas estaban tan ocupadas que no les quedaba tiempo para aprender acerca de Dios y de lo que él iba a hacer. Debemos tener cuidado de que a nosotros no nos suceda lo mismo, ¿verdad?...

¿Crees que Dios destruirá de nuevo el mundo con un diluvio?... No, él prometió que no lo haría. Dijo: “De veras doy mi arco iris en la nube, y tiene que servir como señal”. Jehová explicó que el arco iris sería una señal de que `nunca más llegarían a ser las aguas un diluvio para arruinar toda carne' (Génesis 9:11-17).

Por lo tanto, podemos estar seguros de que Dios no destruirá nunca más el mundo con un diluvio. Sin embargo, como hemos visto, la Biblia sí dice que el mundo actual terminará. ¿Quiénes se salvarán cuando Dios lo destruya?... ¿Los que siempre estaban tan interesados en otras cosas que no quisieron aprender acerca de Dios? ¿Los que nunca tenían tiempo para estudiar la Biblia? ¿Tú qué crees?...

Nosotros queremos estar entre los que Dios salve, ¿verdad?... ¿No sería maravilloso que nuestra familia fuera como la de Noé, y Jehová nos salvara a todos?... Pero para sobrevivir al fin del mundo, primero tenemos que entender cómo Dios lo destruirá y traerá su justo nuevo mundo. Veamos de qué manera lo hará.

La Biblia lo explica en Daniel, capítulo 2, versículo 44. Hablando de nuestros días, el texto dice: “En los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino [o gobierno] que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos”.

¿Entiendes lo que eso significa?... La Biblia dice que el gobierno de Dios va a destruir todos los gobiernos terrestres. ¿Por qué?... Porque no obedecen al Rey nombrado por Dios. ¿Quién es ese?... Jesucristo.

Jehová Dios tiene el derecho de decidir qué clase de gobierno es el mejor, y ha escogido a su Hijo, Jesús, para que sea Rey. Dentro de poco, ese Rey dirigirá la destrucción de todos los gobiernos humanos. En el libro bíblico de Revelación (Apocalipsis), capítulo 19, versículos 11 al 16, se nos dice cómo lo hará. En la lámina de la página siguiente lo puedes ver. La Biblia llama Har-Magedón, o Armagedón, a esa guerra en la que Jehová destruirá los gobiernos del mundo.

Aunque Dios dice que su Reino acabará con los gobiernos humanos, ¿nos pide a nosotros que ayudemos a destruirlos?... No, la Biblia dice que el Armagedón es “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” (Revelación 16:14, 16). Así es, el Armagedón es la guerra de Dios, y él utiliza a Jesucristo para dirigir los ejércitos celestiales en la batalla. ¿Comenzará pronto esa guerra? Veamos cómo podemos averiguarlo.

Leamos juntos cómo Dios destruye a los malvados y salva a sus siervos. Busquemos Proverbios 2:21, 22; Isaías 26:20, 21; Jeremías 25:31-33, y Mateo 24:21, 22.

Núm.3: El valor del consejo de Eclesiastés 7:21, 22

(Eclesiastés 7:21-22) Además, no des tu corazón a todas las palabras que hable la gente, para que no oigas a tu siervo invocar el mal contra ti. 22 Porque tu propio corazón sabe bien, aun muchas veces, que tú, hasta tú, has invocado el mal contra otros.

Gs 22/10/06 pág 14

La insensatez de las represalias

Las Escrituras dan el siguiente consejo: “No devuelvan mal por mal a nadie. [...] No se venguen” (Romanos 12:17, 19). Tomar represalias perpetrando cualquier tipo de agresión, sea física o verbal, es un acto impío, además de ser poco práctico e insensato. La violencia normalmente genera más violencia (Mateo 26:52), y las palabras crueles a menudo provocan una respuesta de la misma índole. Recuerda también que, con frecuencia, la ira no está justificada. Por ejemplo, ¿puedes saber a ciencia cierta si la persona que te ofendió te guarda animosidad? ¿Pudiera ser que solo actuara de forma irreflexiva o ruda? Y aunque lo hiciera con malicia, ¿es correcto desquitarse?

Piensa en las palabras recogidas en Eclesiastés 7:21, 22: “No des tu corazón a todas las palabras que hable la gente, para que no oigas a tu siervo invocar el mal contra ti. Porque tu propio corazón sabe bien, aun muchas veces, que tú, hasta tú, has invocado el mal contra otros”. Desde luego, no es grato aguantar los comentarios crueles de la gente, pero la Biblia reconoce que, lamentablemente, son parte de la vida. ¿Nunca has dicho cosas de otras personas que deberías haberte callado? Entonces, ¿por qué hacer un drama de los comentarios desagradables que alguien haga sobre ti? Muchas veces, la mejor manera de afrontar las burlas es no prestándoles atención.

Así mismo, tampoco es sensato reaccionar exageradamente cuando creas que se te ha tratado mal. Un adolescente de nombre David recuerda lo que sucedió mientras jugaba al baloncesto con otros hermanos cristianos. “Alguien del equipo contrario me golpeó con la pelota”, relata. Enseguida, David concluyó que había sido con malicia, y le pagó con la misma moneda. “Yo estaba muy enfadado”, admite. Pero antes de que se agravara la situación, le oró a Jehová y recapacitó: “¿Qué estoy haciendo? ¿Acaso quiero pelearme con un hermano cristiano?”. Más tarde, ambos se disculparon.

En ocasiones como estas es bueno recordar el ejemplo de Jesucristo: “Cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar” (1 Pedro 2:23). De modo que al hallarte bajo presión, en lugar de reaccionar violentamente, órale a Dios y solicítale que te ayude a controlarte, pues él da con generosidad “espíritu santo a los que le piden” (Lucas 11:13). En vez de tomar represalias contra el ofensor, tal vez debas abordarlo y hablar con él del asunto (Mateo 5:23, 24). Por otro lado, si sufres el grave acoso de, por ejemplo, un abusón de la escuela, no busques una posible confrontación violenta. Más bien, toma medidas prácticas para protegerte.

Una joven que depuso la ira

Muchos jóvenes han aplicado estos principios bíblicos con buenos resultados. Por ejemplo, Catrina, que fue dada en adopción a temprana edad, relata: “Me costaba contener la ira pues no entendía por qué mi madre biológica me había rechazado. Así que descargaba mi rabia sobre mi madre adoptiva. Por alguna absurda razón creía que haciéndole daño a ella me vengaba de algún modo de mi madre biológica. Recurrí a todo: maltrato verbal, pataleos, berrinches. Mi recurso preferido era dar portazos. Solía gritarle: `¡Te odio!', y solo porque estaba furiosa. Cuando lo pienso, no puedo creer que actuara así”.

¿Qué ayudó a Catrina a controlar su ira? Ella responde: “La lectura de la Biblia. Esta es sumamente importante porque Jehová sabe cómo nos sentimos”. A Catrina también la consoló leer con su familia artículos de ¡Despertad! que trataban de situaciones familiares como la suya. “Fuimos capaces de sentarnos todos juntos y comprender los sentimientos de cada uno”, recuerda.

Tú también puedes aprender a controlar la cólera. Cuando afrontes las burlas, la intimidación o el maltrato de alguien, recuerda lo que dice la Biblia en el Salmo 4:4: “Agítense, pero no pequen”. Estas palabras te ayudarán a no dejarte dominar por la ira destructiva.

[Notas]

Si necesitas consejos prácticos sobre cómo tratar con los maestros injustos o los abusones de la escuela, o sobre cómo afrontar el acoso, consulta la sección “Los jóvenes preguntan...” del 22 de agosto de 1985 y del 8 de agosto de 1989, de ¡Despertad! Lee también el capítulo 19 del libro Lo que los jóvenes preguntan. Respuestas prácticas.

21 de Diciembre. Lectura de la Biblia: Josué 9 a 11

Puntos Sobresalientes

Núm. 1: Josué 9:1-15

Núm. 2: ¿Cómo sabemos que el Armagedón está cerca? (Ir cap. 47)

Núm. 3: Tú puedes vivir en el pacífico nuevo mun­do de Dios (Ir cap. 48)

Puntos Sobresalientes Josué 9 a 11

Respuestas a preguntas bíblicas:

10:13. ¿Cómo es posible tal fenómeno? “¿Hay cosa alguna demasiado extraordinaria para Jehová”, el Creador de los cielos y la Tierra? (Génesis 18:14.) Si así lo decide, él puede alterar el movimiento de nuestro planeta de modo que, desde la óptica de un observador terrestre, parezca que el Sol y la Luna están inmóviles. O puede dejar que la Tierra y la Luna prosigan su movimiento y refractar la luz del Sol y la Luna de forma que sigan brillando. Sea como fuere, “ningún día ha resultado ser como aquel” en toda la historia humana (Josué 10:14).

10:13. ¿Qué es el libro de Jasar? El libro se vuelve a mencionar en 2 Samuel 1:18 con referencia a un poema llamado “El arco”, una canción de duelo por el rey Saúl de Israel y su hijo Jonatán. El libro era probablemente una colección de canciones y poemas sobre temas históricos, y parece que los hebreos lo conocían bien.

Lecciones para nosotros:

9:15, 26, 27. Debemos tomar en serio los acuerdos que hacemos y cumplir nuestra palabra.

Núm. 1: Josué 9:1-15

Núm. 2: ¿Cómo sabemos que el Armagedón está cerca? (Ir cap. 47)

Capítulo 47

¿Cómo sabemos que el Armagedón está cerca?

SABES lo que es una señal, ¿verdad?... En el capítulo 46 leímos que Jehová dio una señal para mostrar que nunca más destruiría el mundo con un diluvio. Pues bien, los apóstoles también pidieron una señal para saber cuándo Jesús habría regresado y cuándo estaría cerca el fin del mundo, es decir, del sistema de cosas (Mateo 24:3).

Como Jesús sería invisible y estaría en el cielo, se necesitaría una señal visible de que había comenzado a gobernar. Así que Jesús les contó a sus discípulos qué cosas debían esperar que ocurrieran aquí en la Tierra. Cuando las vieran, eso significaría que él había regresado y que había comenzado a reinar en el cielo.

Para que los discípulos comprendieran la importancia de mantenerse alerta, Jesús les dijo: “Noten la higuera y todos los demás árboles: Cuando ya echan brotes, ustedes, al observarlo, saben para sí que ya se acerca el verano”. Hay cosas que te anuncian que el verano está cerca. Del mismo modo, al ver las cosas que Jesús dijo que sucederían, sabes que el Armagedón está cerca (Lucas 21:29, 30).

En esta página y en la siguiente se representan algunas cosas que formarían parte de la señal de que el Reino de Dios estaría cerca. Cuando todas ellas ocurrieran, el Reino de Dios con Cristo como Gobernante aplastaría a todos los demás gobiernos, como leímos en el capítulo 46.

Mira atentamente las láminas de las dos páginas anteriores, y luego las comentaremos. En Mateo 24:6-14 y Lucas 21:9-11 puedes leer lo que se representa en ellas. Fíjate también en el número que hay en cada una: es el mismo que aparece al principio del párrafo donde se explica ese dibujo. Ahora veamos si las muchas partes de la señal que Jesús dio se están cumpliendo hoy día.

1) Jesús dijo: “Van a oír de guerras e informes de guerras; [...] se levantará nación contra nación y reino contra reino”. ¿Has oído hablar de guerras en las noticias?... La primera guerra mundial se peleó entre 1914 y 1918, y luego vino la segunda guerra mundial, de 1939 a 1945. ¡Nunca hasta entonces había habido guerras mundiales! Y ahora hay guerras por todo el mundo. Todos los días se habla de ellas en la televisión, la radio o los periódicos.

2) Jesús añadió: “Habrá escaseces de alimento [...] en un lugar tras otro”. Quizás ya sepas que no todo el mundo tiene suficiente alimento para comer. Miles de personas mueren cada día por falta de comida.

3) Jesús dijo además: `En un lugar tras otro habrá pestes'. ¿Sabes qué son las pestes?... Son enfermedades graves que matan a mucha gente. Una gran peste llamada la gripe española mató a veinte millones de personas en un solo año. En nuestros días, probablemente morirá de sida una cantidad aún mayor. Y también están el cáncer, las enfermedades del corazón y otras enfermedades que todos los años causan miles y miles de muertes.

4) Jesús indicó otra parte de la señal con estas palabras: “Habrá [...] terremotos en un lugar tras otro”. ¿Sabes qué es un terremoto?... Es un temblor de tierra que en muchos casos hace que las casas se derrumben, matando a la gente que está dentro. Desde 1914, todos los años ha habido muchos terremotos. ¿Has oído hablar de ellos?...

5) Jesús dijo que otra parte de la señal sería que `la maldad iría en aumento'. Por eso hay tantos robos y tanta violencia. En todos los países, la gente tiene miedo de que alguien entre a robar en su casa. Nunca antes ha habido en el mundo entero tantos delitos y violencia.

6) Jesús señaló una parte muy importante de la señal cuando dijo: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Si tú tienes fe en “estas buenas nuevas”, deberías hablar de ellas a otras personas. De ese modo puedes participar en el cumplimiento de esta parte de la señal.

Hay quienes dicen que las cosas que Jesús predijo han sucedido siempre. Pero nunca antes han sucedido todas ellas al mismo tiempo y en tantas partes del mundo. Así que, ¿comprendes lo que significa la señal?... El hecho de que veamos ocurrir todas esas cosas significa que pronto se acabará este mundo malo y comenzará el nuevo mundo de Dios.

Cuando Jesús dio esta señal, también habló de una estación del año. Dijo: “Sigan orando que su huida no ocurra en tiempo de invierno” (Mateo 24:20). ¿Qué crees que significa eso?...

Bueno, si alguien tiene que escapar de algún desastre durante el invierno, cuando las condiciones del tiempo hacen que viajar sea muy difícil o hasta peligroso, ¿qué podría pasarle?... Le costaría mucho escapar, y quizás no lo conseguiría. ¿No sería una lástima que la persona muriera en una tormenta de nieve porque estaba tan ocupada con otras cosas que no pudo ponerse en camino antes?...

¿Comprendes lo que Jesús quiso decir cuando habló de no esperar al invierno para huir?... Nos estaba diciendo que, en vista de que el Armagedón está cerca, debemos darnos prisa para servir a Dios y así demostrar que lo amamos. Si nos retrasamos, tal vez se nos haga demasiado tarde. En ese caso, seríamos como las personas del tiempo del Diluvio, que oyeron la advertencia de Noé, pero no entraron en el arca.

Ahora hablaremos de cómo será todo cuando acabe la gran guerra de Armagedón. Aprenderemos lo que Dios tiene reservado para todos los que lo amamos y servimos hoy día.

Otros textos bíblicos que también muestran que el Armagedón está cerca son 2 Timoteo 3:1-5 y 2 Pedro 3:3, 4.

Núm. 3: Tú puedes vivir en el pacífico nuevo mun­do de Dios (Ir cap. 48)

Capítulo 48

Tú puedes vivir en el pacífico nuevo mundo de Dios

DIOS puso a Adán y Eva en el jardín de Edén. Aunque los dos fueron desobedientes y murieron, Jehová ha hecho posible que los hijos de ellos podamos vivir para siempre en el Paraíso. La Biblia promete: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella” (Salmo 37:29).

La Biblia nos habla de unos “nuevos cielos” y “una nueva tierra” (Isaías 65:17; 2 Pedro 3:13). Los “cielos” actuales son los gobiernos humanos de hoy, pero los “nuevos cielos” estarán formados por Jesucristo y los que gobernarán con él. ¡Qué bien viviremos cuando toda la Tierra esté gobernada por estos nuevos cielos, el justo y pacífico Reino de Dios!

Entonces, ¿qué es la “nueva tierra”?... La nueva tierra será la gente buena que ame a Jehová. Verás, cuando la Biblia habla de “la tierra”, a veces se refiere a quienes viven en ella, y no a la Tierra en sí (Génesis 11:1; Salmo 66:4; 96:1). Así, quienes compondrán la nueva tierra vivirán aquí mismo, en este planeta.

Para entonces, el mundo actual de personas malvadas se habrá acabado. Recuerda que el Diluvio de Noé terminó con el mundo de gente mala de aquel tiempo. Y, como hemos aprendido, el mundo malvado en que vivimos será destruido en el Armagedón. Veamos ahora cómo será la vida después del Armagedón, en el nuevo mundo de Dios.

¿Quieres vivir para siempre en el Paraíso en el pacífico nuevo mundo de Dios?... Ningún médico puede conseguir que vivamos para siempre. Tampoco hay ninguna pastilla que nos libre de morir. La única forma de vivir para siempre es acercarnos a Dios. Y el Gran Maestro nos dice cómo hacerlo.

Abramos la Biblia en Juan, capítulo 17, versículo 3. Allí encontramos estas palabras del Gran Maestro: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo”.

Según dijo Jesús, ¿qué tenemos que hacer para vivir para siempre?... Lo primero es adquirir conocimiento de nuestro Padre celestial, Jehová, y también de su Hijo, quien dio su vida por nosotros. Eso significa que debemos estudiar la Biblia. Este libro, APRENDAMOS DEL GRAN MAESTRO, nos ayuda a hacerlo.

¿Cómo nos ayudará el conocimiento de Jehová a vivir para siempre?... Pues bien, igual que todos los días necesitamos comer, también todos los días necesitamos aprender acerca de Jehová. La Biblia dice: “No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová” (Mateo 4:4).

También necesitamos adquirir conocimiento de Jesucristo, pues Dios envió a su Hijo para borrar nuestros pecados. La Biblia enseña que “no hay salvación en ningún otro”, y también dice que “el que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna” (Hechos 4:12; Juan 3:36). Pero ¿qué significa `ejercer fe' en Jesús?... Significa que creemos en él y reconocemos que sin él no podríamos vivir para siempre. ¿De verdad creemos eso?... Si así es, continuaremos aprendiendo sobre el Gran Maestro todos los días y haremos lo que él dice.

Una buena manera de aprender del Gran Maestro es leer este libro una y otra vez. Fíjate, además, en todas las láminas y piensa en lo que representan. Intenta responder las preguntas que las acompañan. También, lee el libro con tu mamá o tu papá. Si ninguno de los dos está contigo, léelo con otras personas mayores y con otros niños. Así tal vez ayudes a alguien a aprender del Gran Maestro lo que debe hacer para vivir eternamente en el nuevo mundo de Dios. ¿No sería eso estupendo?...

La Biblia dice que “el mundo va pasando”, pero también enseña cómo vivir para siempre en el nuevo mundo de Dios. Explica que “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). Por tanto, ¿qué debemos hacer para vivir eternamente en el nuevo mundo de Dios?... Adquirir conocimiento de Jehová y de su amado Hijo, Jesús, y practicar lo que aprendemos. Esperamos que el estudio de este libro te ayude a conseguirlo.

[Ilustración y recuadro de la página 251]

Si lees Isaías 11:6-9 y 65:25, verás que los animales vivirán en paz. Mira esta lámina. Observa el cordero, el cabrito, el leopardo, el becerro, el gran león y los niños que están con ellos. La Biblia también habla de otros animales que puedes ver aquí. ¿Sabes cuáles son?... ¡Mira a ese niño jugando con la cobra! En el nuevo mundo no habrá razón para tener miedo (Oseas 2:18). ¿Qué te parece eso?...

[Ilustraciones y recuadro de las páginas 252 y 253]

Ahora observa la paz que hay entre personas tan diferentes. Todas se aman unas a otras, tal como dijo Jesús que sus discípulos harían (Juan 13:34, 35). Con las armas de guerra se fabrican herramientas para cultivar el terreno. La Biblia dice que en el nuevo mundo de Dios todos vivirán en paz y seguridad. ¿Verdad que será maravilloso? Se nos habla de estas cosas en textos como Salmo 72:7; Isaías 2:4; 32:16-18, y Ezequiel 34:25.

Fíjate en las personas que aparecen en esta página. Están cuidando la Tierra, transformándola en un lugar hermoso. Mira qué casa tan bonita están construyendo y qué frutas y verduras tan deliciosas. Las personas están en paz con la Tierra, de modo que todo el planeta se ha convertido en un paraíso como el jardín de Edén. Podemos leer estas promesas en Salmo 67:6; 72:16; Isaías 25:6; 65:21-24, y Ezequiel 36:35.

28 de Diciembre. Lectura de la Biblia: Josué 12 a 15

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático

Puntos Sobresalientes Josué 12 a 15

Respuestas a preguntas bíblicas:

13:1. ¿Contradicen estas palabras lo que dice Josué 11:23? No, pues la conquista de la Tierra Prometida tuvo dos fases: primero, la guerra nacional en la que se derrotó a 31 reyes de la tierra de Canaán y que acabó con el dominio de los cananeos, y después, la ocupación completa de la tierra, bien por medio de la acción individual, o por la intervención de una tribu (Josué 17:14-18; 18:3). Aunque los hijos de Israel no lograron expulsar por completo a los cananeos, los sobrevivientes no representaron una verdadera amenaza para la seguridad del pueblo de Dios (Josué 16:10; 17:12). Josué 21:44 dice: “Jehová les dio descanso todo en derredor”.

Lecciones para nosotros:

14:10-13. Aunque tiene 85 años de edad, Caleb solicita la difícil asignación de desalojar la región de Hebrón, que está ocupada por los anaquim, hombres de extraordinaria estatura. Con la ayuda de Jehová, este experimentado guerrero los conquista, y Hebrón se convierte en ciudad de refugio (Josué 15:13-19; 21:11-13). El ejemplo de Caleb nos anima a no eludir ninguna asignación teocrática difícil.

* Debe asignarse únicamente a hermanos, preferi­blemente ancianos o siervos ministeriales.

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23 de Febebrero. Lectura de la Biblia: Génesis 32 a 35

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático