Lazarillo de Tormes

Literatura española siglo XV. Prerrenacimiento. Narrativa y novela prerrenacentista. Picaresca. Vida de Lázaro y amos

  • Enviado por: Castillo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas

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'Lazarillo de Tormes'

Nombre: María del Castillo Cid Alcón

Grupo 1º Bach. A

Obra elegida: Lazarillo de Tormes, de autor anónimo

Evaluación: primer trimestre.

Introducción:

La obra Lazarillo de Tormes se publicó en 1954 en Burgos, Alcalá de Henares, Medina del Campo y Amberes bajo el título de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, en la que se narra, en primera persona, la vida de un niño que nace en una casa pobre y las penalidades que pasa hasta llegar a ser mayor y ocupar una profesión honrosa.

El autor es desconocido, anónimo, posiblemente debido a las características de la novela, que veremos más adelante.

Contexto histórico y social:

La obra deja entrever el año 1502 como el año en el que nace Lázaro. Él tenía ocho años cuando murió su padre (era hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar la fe había muerto en la de los Gelves, haciendo referencia a la derrota de Fernando el Católico en la localidad de Gelves (Sevilla) en 1510).

También deja entrever la edad que tendría Lázaro cuando “escribe su biografía” (Esto fue el mesmo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes. Carlos I tubo corte en Toledo en 1525 y 1539, pero la madurez que el autor pone en el personaje, hace pensar en una persona mayor, que en esa época tener 37 años era haber vivido bastante más de la mitad de la mitad de la vida.

No cabe duda de que el autor era contemporáneo de Lázaro, y que conocía con detalle la vida del pueblo llano.

Eran unos años de esplendor para España, que con el descubrimiento de América, el oro que de allí venía y las alianzas por casamiento, fue conquistando toda Europa. Este resurgir económico también fue acompañado de un resurgir cultural, pero como suele ocurrir siempre, la cultura trae conocimientos y los conocimientos hacen pensar y recapacitar sobre todo lo que hasta ese momento se tenía por cierto, poniéndose en duda en esta época de Renacimiento cultura, la supremacía de los nobles, al aparecer una nueva clase social adinerada (la burguesía), y la infalibilidad de la Iglesia Católica, al surgir nuevas corrientes de pensamiento cristiano que discrepaban de Roma, como Lutero, Erasmo de Rótterdam y Calvino. La sociedad estaba tan estamentada, que incluso había cristianos viejos, con unos derechos más amplios que los cristianos nuevos (judíos y musulmanes conversos).

Las guerras de España contra los turcos, contra los franceses o contra los protestantes luteranos son muestras de en que se gastaba el dinero la corona, lo que llevó a una gran crisis económica que provocó el empobrecimiento de parte de la nobleza y de las clases populares y una corriente migratoria del campo a la ciudad, que provoca la despoblación del campo y el surgimiento de multitud de mendigos y marginados.

Los nobles venidos a menos y parte de la burguesía que querían aparentar ser algo, hijos de algo, Hidalgos, ponen en alza el valor del honor y la honra, es decir, la consideración o estima social del individuo en razón de su origen, dándose las paradojas de que el que tenía buena cuna no tenía posibles y el nuevo rico no tenía linaje.

Contexto literario

Esta época de la Historia de España y de Europa, el Siglo de Oro y el Renacimiento, se puede decir que lo marcan dos acontecimientos: el descubrimiento de América en 1492 y la invención de la imprenta a mediados del siglo XV.

El primero pone mucho dinero en circulación y el segundo pone muchos textos al alcance de mucha gente.

A pesar del alto índice de analfabetismo, la imprenta hace que aumente el número de lectores y el número de obras literarias publicadas.

En la época en que se escribió el Lazarillo de Tormes, en verso, se publican obras con la métrica usada durante el siglo XV, octosílabos y dodecasílabos, y se comienza a introducir la moda italiana del endecasílabo y la estructura del soneto.

Los textos literarios que se editaban en prosa se caracterizaban por la fantasía y la idealización del sentimiento amoroso, de los ambientes y de los personajes, siendo los más leídos las novelas de caballería y las pastoriles.

También se publicaban textos realistas con intención de critica social y describiendo la realidad de aquella época. Estos textos son los precedentes del Lazarillo, siendo quizás la obra más conocida por haber sido llevada al cine, La lozana andaluza, de Francisco Delicado (1528).

Pero es con el Lazarillo de Tormes con el que la crítica social se hace más ácida y realista, poniendo en evidencia las miserias de las clases humildes, de la nobleza y, sobre todo, de la doble moral de los clérigos.

Discusión sobre la autoría y el estilo literario.

El autor, persona posiblemente bien situada en la corte, conocedor de los entresijos de esta y de la iglesia, y culto, consciente de que la novela le podría acarrear problemas, prefirió, como habría hecho Lázaro, la tranquilidad del anonimato a los problemas que la fama pudiera acarrearle. De hecho, la obra fue prohibida por la Santa Inquisición.

De los escritores de aquella época, Fray Juan de Ortega, Diego Hurtado de Mendoza, Sebastián de Orozco, Lope de Rueda y Alfonso y Juan de Valdés, es este último el que parece que cuenta con más posibilidades de ser el autor.

Juan de Valdés era secretario de Carlos I y seguidor de los pensamientos de Erasmo de Rótterdam que se caracteriza por la crítica a la corrupción del clero, especialmente la del clero regular, a la piedad supersticiosa y a los aspectos más exteriores de la religiosidad católica: culto a los santos, reliquias, etc. Defiende la oración mental y se declara en contra de las guerras, sobre todo de las guerras de religión.

Es autor de Diálogo de la Lengua, texto en el que defiende el estilo llano y natural a la hora de escribir, lo más próximo a la lengua hablada, y lo más cercano a la forma de hablar que tiene el personaje, que es la forma en la que está escrito el Lazarillo.

La gran aceptación que tuvo la novela provocó segundas partes escritas por varios autores. En 1555 se escribió la Segunda parte de Lazarillo de Tormes, de autor anómino y la última secuela del Lazarillo la escribió Camilo José Cela en 1944, Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes.

Su estilo literario, intenta dar un fiel reflejo de la realidad de la época, pero desde un punto de vista unilateral, desde el punto de vista de un personaje marginal, un antihéroe, que cuenta en primera persona una serie de capítulos de su vida, en un lenguaje llano y nada fantasioso. Los lugares por los que pasa el pícaro son descritos tal cual son, sin la fantasía de las novelas de caballería o las pastoriles. El pícaro es criado de muchos amos y se vale de su astucia no para hacer daño, sino para poder simplemente comer.

El pícaro, el ingenio, el hambre, el estilo de relato autobiográfico, los muchos amos a los que sirve, la descripción crítica de estos y la intención moralizante del Lazarillo de Tormes van a ser los puntos comunes de un nuevo estilo literario: La novela picaresca.

Así, Guzmán de Alfarache, la pícara Justina, el Buscón, Rinconete y Cortadillo, el diablo Cojuelo y otros muchos pícaros fueron naciendo, a partir de finales del XVI, de la pluma de Mateo Alemán, Lope de Úbeda, Quevedo, Cervantes, Vélez de Guevara…

Estructura de la novela y contenido.

La novela consta de 8 capítulos: un prólogo y siete tratados en los que el protagonista, más que Lázaro, es el hambre que pasa.

En el prólogo, Lázaro le cuenta a un noble o hidalgo el porqué le cuenta su vida. En los siete tratados es donde verdaderamente se desarrolla la novela, contando en cada uno de ellos su historia con un amo distinto.

Estos siete tratados no son todos de la misma intensidad ni intención. Los tratados cuatro y seis son muy cortos, pero extremadamente críticos con un fraile y con un capellán que lo utilizan para beneficio propio.

El tratado primero cuenta su nacimiento pobre de padre ladrón y madre amancebada con un negro y como su madre lo dio en servicio a un ciego, que no más salir de Salamanca se encargó de espabilarle: Lázaro, llega el oído a este toro, y oirás gran ruido dentro del."Yo simplemente llegue, creyendo ser ansí; y como sintió que tenia la cabeza par de la piedra, afirmo recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome: "Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber mas que el diablo", y rió mucho la burla. Pareciome que en aquel instante desperté de la simpleza en que como niño dormido estaba.

Con el ciego va adquiriendo astucia a fuerza de pasar hambre (Digo verdad: si con mi sotileza y buenas manas no me supiera remediar, muchas veces me finara de hambre).

Realiza en este primer capítulo una crítica y una descripción de la realidad social de su época. Retrata a una serie de personajes cotidianos en la España imperial de Carlos I, donde la miseria y el hambre es lo normal en el pueblo llano.

Lázaro va aprendiendo del ciego a ser egoísta, que todo vale si va en beneficio propio y que las circunstancias de los demás solo son importantes si puede sacar provecho de ella. El ciego sabe rezar para otros, preparar ungüentos y brebajes sanadores y sabe poner cualquier circunstancia adversa a su favor. Así, las pillerías que Lázaro le realizaba para poder comer, el ciego las aprovechaba para decirle a las gentes que Lázaro era un malvado y él estaba educándolo ("¿Pensareis que este mi mozo es algún inocente? Pues oíd si el demonio ensayara otra tal hazaña." Santiguándose los que lo oían, decían: "¡Mira, quien pensara de un muchacho tan pequeño tal ruindad!", y reían mucho el artificio, y decían: "Castigaldo, castigaldo, que de Dios lo habréis.")

Harto del ciego, Lázaro decide dejarle tras recibir una paliza por cambiarle una longaniza por un nabo. La despedida es, como toda la relación que mantiene con el ciego, tormentosa. Le hace estrellarse sobre una columna haciéndole pensar que iba a saltar un arroyo. Lázaro se marcha dejándole en el suelo malherido.

En el tratado segundo, en el que se coloca de monaguillo con un clérigo, realiza una dura crítica sobre la falta de caridad del religioso, que teniendo que comer, a él no le daba. Guardaba la comida en un arca cerrada con llave y Lázaro tenía que agudizar el ingenio para poder sacar algo que llevarse a la boca.

En este segundo tratado, la palabra hambre aparece escrita 12 veces y en catorce párrafos hace referencia al hambre que con el cura pasaba. Quizás el párrafo más duro de este capítulo sea cuando describe que comía las sobras del cura (Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, y enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquella le cocía y comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenia, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato, diciendo: "Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa.").

Aguantaba Lázaro con el cura porque pensaba que si cambiaba podía empeorar: "Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y, dejándole, topé con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura. Pues si deste desisto y doy en otro mas bajo, ¿qué será sino fenecer?"

El tratado segundo termina cuando el clérigo descubre el engaño de Lázaro para coger la comida del baúl y el cura le despide.

En el tratado tercero se vuelve a la crítica social, describiendo como se colocó con un escudero que solo tenía apariencia y deudas, pues era Lázaro quien le mantenía con las limosnas que conseguía (Puseme a un cabo del portal y saque unos pedazos de pan del seno, que me habían quedado de los de por Dios. Él, que vio esto, dijome: "Ven aca, mozo. ¿Que comes?"). Él solo le ofrecía techo y catre para dormir, porque no había nada más en la casa, pero Lázaro lo tenía por buena persona ("Este -decía yo- es pobre y nadie da lo que no tiene. Mas el avariento ciego y el malaventurado mezquino clérigo que, con darselo Dios a ambos, al uno de mano besada y al otro de lengua suelta, me mataban de hambre, aquellos es justo desamar y aqueste de haber mancilla.").

El escudero tenía que vivir con la apariencia que su apellido y oficio le exigía, defendiendo el honor que su rango social le otorgaba, en resumidas cuentas, un hipócrita ("Eres mochacho -me respondió- y no sientes las cosas de la honra, en que el día de hoy esta todo el caudal de los hombres de bien. Pues te hago saber que yo soy, como ves, un escudero; mas ¡votote a Dios!, si al conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mi, por no quitárselo.)

Todo este capítulo nos hace ver lo estamentada que estaba la sociedad y lo difícil que era pasar de un escalón inferior a otro superior.

Sigue siendo el hambre el hilo conductor de la novela, y en este capítulo no solo el hambre de Lázaro, que con la limosna se saciaba. Es más llamativo el hambre que el escudero pasaba (Y no tenía tanta lastima de mí como del lastimado de mi amo, que en ocho días maldito el bocado que comió. A lo menos, en casa bien lo estuvimos sin comer. No sé yo como o donde andaba y que comía).

Acaba el tratado cuando el escudero huye de los acreedores, dejando a Lázaro de nuevo en la calle.

En el tratado cuarto se coloca con un fraile “gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar”. Parece ser que no pasaba hambre, pero le daba más trabajo del que él estaba dispuesto a realizar.

En el tratado quinto, al igual que en el cuarto, vuelve a la crítica de los clérigos. Esta vez se coloca con un vendedor de bulas.

Diferencia este capítulo del resto de la novela en que Lázaro no cuenta lo que le pasa a él, sino lo que le ocurre al vendedor de bulas. Él no pasa hambre, porque el bulero le alimenta a costa de los curas de los lugares donde iba a vender los documentos.

Cuenta como este personaje se aprovecha de la ingenuidad y de la superstición de las gentes para su propio beneficio, haciendo cualquier cosa para aumentar las ventas. Cuenta los trucos que inventaba, haciéndolos parecer milagros, para convencer a las gentes. Estos trucos estaban muy bien organizados y a veces contaba con la ayuda de alguien, con el que repartía beneficios ("¡Cuantas destas deben hacer estos burladores entre la inocente gente!").

Al cabo de cuatro meses dejó al bulero no por pasar hambre, sino, posiblemente, porque el trabajo que realizaba era más del que él esperaba (“estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los cuales pase también hartas fatigas, aunque me daba bien de comer a costa de los curas y otros clérigos do iba a predicar”).

Es otra característica de los pícaros el rechazo del trabajo que requiera esfuerzo físico, pero en el tratado sexto, cuenta como se colocó con un capellán, el cual lo puso a vender agua con un burro y llegó a ahorrar algún dinero con el que se compró ropa y espada usadas (Desque me vi en habito de hombre de bien, dije a mi amo se tomase su asno, que no quería mas seguir aquel oficio).

De esta manera, dejó al capellán y pasó al servicio de un alguacil, pero el peligro del oficio le hizo dejarlo. Lázaro va buscando un trabajo cómodo, fácil y sin complicaciones (Y pensando en que modo de vivir haría mi asiento por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios alumbrarme y ponerme en camino y manera provechosa; y con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que procure, que fue un oficio real, viendo que no hay nadie que medre sino los que le tienen; en el cual el día de hoy vivo y resido a servicio de Dios y de vuestra merced. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en almonedas y cosas perdidas, acompañar los que padecen persecuciones por justicia y declarar a voces sus delitos: pregonero, hablando en buen romance), y para vivir mejor acepta casarse con la criada de un arcipreste a sabiendas de que la criada era algo más que la criada del arcipreste ( Aunque en este tiempo siempre he tenido alguna sospechuela y habido algunas malas cenas por esperalla algunas noches hasta las laudes y aun más, y se me ha venido a la memoria lo que mi amo el ciego me dijo en Escalona estando asido del cuerno; aunque de verdad siempre pienso que el diablo me lo trae a la memoria por hacerme malcasado, y no le aprovecha. Lázaro recuerda lo que el ciego le dijo un día “Y ansí pasamos adelante por el mismo portal y llegamos a un mesón, a la puerta del cual había muchos cuernos en la pared, donde ataban los recueros sus bestias. Y como iba tentando si era allí el mesón, adonde él rezaba cada día por la mesonera la oración de la emparedada, asió de un cuerno, y con un gran suspiro dijo:

"¡Oh, mala cosa, peor que tienes la hechura! ¡De cuantos eres deseado poner tu nombre sobre cabeza ajena y de cuan pocos tenerte ni aun oír tu nombre, por ninguna veía!"Como le oí lo que decía, dije: "Tío, ¿qué es eso que decís?"

"Calla, sobrino, que algún día te dará este, que en la mano tengo, alguna mala comida y cena.""No le comeré yo -dije- y no me la dará."

"Yo te digo verdad; si no, verlo has, si vives."

Pero su bienestar está por encima de todo y le consiente a su esposa y al arcipreste que sigan como hasta ahora. El arcipreste le dice: "Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas, nunca medrara. Digo esto porque no me maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir della. Ella entra muy a tu honra y suya, y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu provecho." Más adelante comenta Lázaro Y así quedamos todos tres bien conformes.

Cuenta Lázaro al final del escrito “Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna dando a entender que todo lo que había pasado lo daba por bien empleado ya que tenía una profesión cómoda, un sueldo seguro y una esposa que le permitía vivir mejor gracias a su relación con el arcipreste.

Bibliografía:

  • “Lazarillo de Tormes”, edición de Satillana Ediciones Generales S.L. para el Diario El País, 2004.

  • “Lazarillo de Tormes”, edición de F. Rico, Madrid, Cátedra, 1990

  • Historia, ciencias sociales, libro de texto de 4º de ESO de la editorial Anaya

  • Enciclopedia Universal Sopena

  • Páginas de internet:

    • http://www2.ups.edu/faculty/velez/Span_402/lazar/lazar00.htm

    • http://www.libertaddigital.es/php3/noticia.php3?cpn=1275767060

    • http://es.wikipedia.org/wiki/Lazarillo_de_Tormes