Lazarillo de Tormes

Literatura española prerrenacentista siglo XV. Narrativa y novela Prerrenacimiento. Picaresca. Estilo literario

  • Enviado por: Albert
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas
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Índice

PRIMERA PARTE:

  • Aparición de la obra. Pag. 3

  • Autoría. Pag. 4

  • Contexto histórico y literario que se enmarca. Pag. 5

  • Estilo. Pag. 6

  • SEGUNDA PARTE:

  • El Lazarillo de Tormes y la novela picaresca. Pag. 8

  • El humor y la ironía en el Lazarillo de Tormes. Pag. 11

  • El tema del hambre en el Lazarillo de Tormes. Pag. 13

  • Primera Parte

  • Aparición de la obra.

  • 1554. La Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades se imprime en Burgos -Juan de Junta-, en Alcalá -Salcedo-, en Amberes -Martín Nucio...

    1559. En el Índice de Valdés aparece incluido Lazarillo. A su difusión no le perjudica mayormente la sentencia. Felipe II ordenó que la obra se expurgara. Expurgado y sin expurgar se sigue leyendo y se imprime.

    1573. Aparece en Madrid el Lazarillo castigado. Hace muchos siglos que no hay mal año para Lázaro de Tormes. Es uno de los libros claves de la Literatura española.

    Lazarillo se imprime en 1554 ó 1553. Pero ¿cuándo se escribe?

    El 27 de abril de 1525, después de Pavía, entró el Emperador en Toledo, en mediode grandes fiestas. Lázaro escribe al término del relato de su Vida: ”Esto fue el mismo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes, y se hicieron grandes regocijos y fiestas, como V. M. habrá oído.”

    Lazarillo debió escribirse en un tiempo comprendido entre 1524 y 1553. Son los años en que podía escribirse una obra así en España, y en la Europa de Carlos V. Obra de clima abierto, como abierta estaba España al mundo conocido y por conocer. Lazarillo es la obra “imperial”.

  • Autoría

  • El P. Sigüenza, en su Historia de la Orden de San Jerónimo (1605), al historiar a Fray Juan de Ortega escribe: “Dicen que siendo estudiante en Salamanca, mancebo, como tenía un ingenio tan galán y fresco, hizo aquel librillo que anda por ahí, llamado Lazarillo de Tormes... El inicio de esto fue haberle hallado el borrador en la celda, escrito de su propia mano.”

    Fray Juan de Ortega fue hombre capaz de mucho; bien se vio durante su breve mandato como General de la Orden Jerónima de 1552 a 1555. Se encargó del aposentamiento de Yuste del Emperador cansado de Imperio. Es el hombre que al profesor Bataillon le gusta pensar que fue el autor del Lazarillo.

    Valerio Taxandro, un belga, atribuyó el Lazarillo a Diego Hurtado de Mendoza en su Catalogus clarorum Hispaniae scriptorum (Maguncia, 1607).

    Se decía que Mendoza lo había escrito siendo estudiante en Salamanca.

    La lista de las atribuciones no convluye con estos dos nombres, y aunque larga, puede prolongarse todavía. Pero los dos citados, con Sebastián de Horozco, son entre ellos los mejores situados como posibles autores del Lazarillo.

    Sin entrar en la rueda de los atribucionistas, si diré que me parece erróneo considerar al Lazarillo obra de autor novel, puesto que se dice siempre haberlo escrito en sus años mozos y de estudios universitarios, éste o aquel autor. Siempre puede existir la precocidad en arte: esto es cierto. Pero mucha ciencia remansada posee, en el arte de crear a pluma, quien es capaz de arrancar su relato-novela de esta frase increíble:

    “Pues sepa V. M. Ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes...”

    Desde el principio hasta el fin, Lazarillo es obra perfectamente construida, ligada por dentro, originalísima. Quien la escribió -como señala A. Castro- “tenía conciencia de su novedad”. Precisamente el estilo nuevo del Lazarillo va a contribuir “a la formación del género literario llamado novela”. Para A. Castro, “el autobiografismo del Lazarillo es solidario de su anonimato”. Y en esto tiene tanta razón, que muy poca esperanza queda de halar la fe de vida de su autor. El cual, fuera cristiano nuevo o cristiano viejo, tiene ya su nombre en el Libro de la Vida, y allá lo leeremos.

    En realidad, salvo el nombre del autor del Lazarillo lo sabemos casi todo, porque él mismo nos lo va contando en voz de Lázaro de Tormes.

    Era hombre seguro de su arte, dueño de un estilo propio, de decir muy personal, y que probablemente hablaría con la misma frasis que escribía, entonando muy bien sus dichos. El humor vivísimo. La mente clara. La justicia en su fiel. El saber valorar a los hombres en su punto. Tenía este señor don Anónimo muy buen conocimiento de los caminos por que discurría aquel pensar de entonces. La sensibilidad a flor de piel, apta para aprehender todos los problemas del vivir en torno.

  • Contexto histórico y literario en que se enmarca

  • Todos los tipos que aparecen en la obra son reflejo de la realidad hispana de la época. Por una serie de circunstancias que no es posible analizar aquí, la situación económico-social de la España de Carlos I y más aún la de su sucesor, Felipe II, dista mucho de ser halagüeña. La mendicidad crece de manera tan alarmante que son necesarias medidas oficiales, tal como se puede constatar en las relaciones, como señala una decisión del emperador. A menudo la mendicidad es un puro intento de vivir sin las molestias de un trabajo obligatorio más que una necesidad objetiva, como podría sel el caso del ciego. Carlos I dictó entre 1518 y 1523 dos pragmáticas para regular tales casos Las Cortes de Toledo (de 1525) prohíben mendigar sin licencia y las de Valladolid obligan a los pobres a residir dentro de sus ciudades respectiva; se trata, como puede apreciarse, de hacer entrar la mendicidad dentro de unos cauces; su supresión es algo totalmente impensable dentro de la mentalidad de la época. Solamaente se observa tal pretensión en alguna figura señera, que por otra parte vive fuera de la patria. Tal es el caso de Luis Vives, que desde Brujas, en una situación económico-social ya muy distinta dentro de un proceso social capitalista relativamente avanzado, aboga en su célebre De subventione pauperum (El socorro de los pobres, 1525) por una extirpación radical de la mentalidad a base de trabajo obligatorio de quienes la practican, incluso los impedidos. La sospecha de “luterano” y la crítica del mismo como peligroso por parte de fray Lorenzo de Villavicencio, no dejan ninguna duda sobre el hecho de que el gran público no compartía sus ideas. La opinión general era muy distitnta: el socorro de los pobres, la caridad era una de las obras de misericordia y el que la practicaba, se hacía diálogo sostenidoentre fray Domingo de Soto, una de las mentes más lúcidas de su tiempo, y fray Juan de Medina. El primero se decantó por una solución tradicional del problema, mientras qu el otro adoptó una actitud paralela a la ya comentada de Luis Vives.

    El carácter de revulsivo y protesta social de la novela hay que buscarlo en la raíz misma de la creación literaria y no en lo descrito. El autor anónimo pertenece a un grupo ideológico social claramente subestimado en su tiempo. La literatura es el único medio de autoafirmación y de respuesta revanchista a la injusticia de que es victima. Sólo en ese sentido a un nivel más bien subjetivo, difícilmente objetivable ante las dificultades de la censura oficial cabe hablar de sentido social de la obra.

  • Estilo

  • El autor del Lazarillo, como se sabe, llama “nonada” a su obra. Y califica de “grosero” a su estilo. Es un modo de hablar, muy correcto para prólogos, y que dice muy bien junto a lo de “pobre servicio, de mano de quien lo hiciera más rico si su poder y deseo se conformaran”.

    He copiado esta última frase de intento, para que el lector perciba por sí mismo la justeza del sobrio decir: precisamente estas cosa sin importancia, y absolutamente tópicas, son las más difíciles de hilar en frase que no repela.

    Menéndez-Pidal señala en el lenguaje del Lazarillo “una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a lograr un marcado efecto pictórico y satírico”.

    Cada frase parece enfocar la escena y plasmar la situación. Se trata de un modo de decir eficaz como pocos. Muy vigilado para que no haya desbordamiento ni tampoco quede en mero trazo de buril. Lo que hay, más bien, es trazo de cuerda. Si este cordaje no sostuviera, como a una mayor con su escandalosa arriba, las velas del Lazarillo, las aventuras archisabidas se harían ilegibles, vulgares las situaciones resultantes, insoportables los juicios por obvios. Pero no hay tal. Lazarillo está tirando, y ágil, y flexible -buen velero andante por las Letras. Lazarillo es uno de los libros más elegantes de nuestra literatura. Lazarillo nos descubre la belleza de la ristra de cebollas y del escobajo del racimo de Almorox. Lazarillo está trabajando de manera impecable; por eso produce en el lector siempre la impresión de que todo en él, lo tomado en préstamo como cuanto se inventó para la ocasión, es materia directamente trabajada para el caso.

    Lazarillo tiene el mejor perfil de prosa que la española permite. Por esto se sigue leyendo hoy.

    Segunda Parte

  • El Lazarillo de Tormes y la novela picaresca.

  • En 1554 aparece simultáneamente en Alcalá, Amberes y Burgos una obrita de corte narrativo que rompe con todos los moldes de la narrativa a la que estaba acostumbrado el lector ; se publica la Vida del lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, rompiendo con la idealización de las obras anteriores. Se narra la historia de un individuo de clase baja que cuenta sus miserias de forma autobiográfica con un realismo sorprendente. Esta obra inaugura un nuevo género de narrativa : el género picaresco, que produjo frutos abundantes hasta mediados del s. XVII.

    El protagonista de la novela es un individuo de baja clase social que cuenta su vida con un realismo extraordinario y desacostumbrado hasta entonces.

    Las hipótesis sobre por qué nace la novela picaresca se suceden. Una de ellas, ya superada, afirma que surgió porque en la época había muchos pícaros (situaciones parecidas se dieron en otros países pero no hubo novela picaresca).

    La novela picaresca no puede ser sólo reflejo de una época. La peculiaridad de la novela picaresca en España radica en una particular visión de la vida y del comportamiento de los hombres que se da en España, donde la picaresca adquiere unas resonancias distintas y mucho más profundas que en el resto de Europa (donde la picaresca se consideraba un subproducto literario).

    Hay que hacer referencia a A. Parker, que quiere ver en el origen de la picaresca el deseo de libertad que los cortesanos de la época podían ver en los pícaros.

    Castro y M. Bataillón apuntan la cuestión del concepto del honor, la honra... el problema de los conversos en definitiva. El pícaro es un individuo sin honra ; a través de este antihéroe se puede criticar este concepto de la honra que curiosamente en la novela picaresca es externo (ej. El hidalgo del lazarillo aparenta haber comido mediante el uso de un palillo de dientes). Así se somete al juicio de los lectores una de las directrices de la sociedad española de los siglos de oro : la honra, el honor. La denuncia de la injusta limpieza de sangre (demostración de la no descendencia de moros o judíos) también forma parte de la hipótesis de Castro y Bataillón. Los conversos estaban muy limitados en lo que a vida social se refiere. Así, entendida, la novela picaresca nacería como una protesta a esta marginación. También otra hipótesis quiere relacionar la novela picaresca con ciertos movimientos de reforma eclesiástica (fruto del erasmismo) la picaresca presentaría un producto pseudo-ascético, pues se muestra lo que no se debe hacer.

    Una vieja teoría señala que la picaresca sería una reacción literaria contra el idealismo de los géneros anteriores (libros de caballería, etc.).

    La novela picaresca nace de la interacción de varios aspectos : condiciones sociales (grupos marginados, conversos), religiosas, etc. En España, mientras en Europa surge la clase burguesa, sigue habiendo una polaridad de clases basada en el dinero.

    Maurice Mocho nos muestra que la picaresca nace en España porque en ningún otro lugar se manifestaba el principio de la honra. Por ello, el deshonor manifestado por el pícaro sirve para desenmascarar a la sociedad.

    Hay quien piensa que el lazarillo no es el 1er libro de género picaresco ; la 1ª sería Guzmán de Alfarache. El lazarillo sería la más significativa. López Estrada opina que el Lazarillo es la 1ª novela picaresca.

    Teniendo en cuenta la recepción del público, el Guzmán y el Lazarillo inician la andadura de la picaresca. Tras editarse en 1554 y reimprimirse en 1555, no se edita hasta 1573. El éxito del Lazarillo es fugaz.

    Tras la publicación de la 1ª parte del Guzmán y antes de publicarse la 2ª (1604) el Lazarillo vuelve a publicarse 9 veces. El éxito de ambas obras va unido. Los lectores consideraron ambas obras como iniciadoras del género.

    Aunque el Lazarillo se publicó en 1554, el género como tal no nace hasta principios del siglo XVII. En realidad 2 son los creadores de la novela picaresca : un autor desconocido y Mateo Alemán (que imitó conscientemente la estructura y el significado del Lazarillo)

    El pícaro es un antihéroe. Acepta todo lo que en situaciones extrañas, un caballero aceptaría. Pese a esto, como si fuese un aristócrata, al inicio de la obra cuenta su vida y habla de sus antepasados. La vida del Lazarillo está ya determinada (nunca conseguirán ascender de clase social), esto indica un inmovilismo con el que parecen defenderse los privilegios de las clases nobles. Para sobrevivir el pícaro se sirve del ingenio (su única arma) ; en un abrir y cerrar de ojos pasa de niño inocente a pícaro ; no es un ladrón, es un golfo. Siempre está al servicio de alguien y siempre está solo. Su comportamiento siempre consiste en excusarse por lo que hace y acusar a los demás.

    Intencionalidad de las obras picarescas.- Hay quien piensa que el objetivo de esta novela es divertir. Es cierto que hay ciertos elementos cómicos, pero esto encierra una comicidad sangrienta. Habría una intención grave, incluso amarga.

    Características formales.- El elemento que más define a la novela picaresca es la ficción autobiográfica. A través de una sucesión de peripecias jerárquicamente ordenadas (justificadas desde el final) se narra la vida del pícaro. Tienen una organización inconexa.

    No todas las novela picaresca se comportan de la misma manera (organización justificada por el final), casi siempre las peripecias están ordenadas por el servicio que el pícaro presta a su amos sucesivos.

    Uno de los logros de la novela picaresca es su temporalidad. Las vidas, contadas por el interesado, son narradas progresivamente. Con esto supera a la intemporalidad de la épica, de los libros de caballería,...

    Estas autobiografías ficticias resultan inconclusas. Nos enteramos de lo que el pícaro quiere contar solamente, aunque la historia narrada en sí sea terminada. Por ello, se presta a segundas partes (algunas apócrifas).

    Fco. Rico señala un rasgo importante : el punto de vista es unidireccional sobre la realidad. Las características anteriores están sumidas en la perspectiva única del pícaro. La realidad que se nos hace ver es parcial ; vemos el mundo sólo como lo ve el pícaro.

    Obras que integran el género de novela picaresca .- Depende de la definición del crítico : Parker establece como esencial la delincuencia, por ello no tiene más remedio que excluir al Lazarillo.

    Fco. Rico opina que Marcos de Obregón no es novela picaresca porque hay en ella un honrado escudero.

    Lázaro Carreter dice que es un error querer definir desde un punto de vista excluyente. Un género no es nada inamovible, al contrario, los géneros tienen iniciadores y continuadores que pueden o no seguir las normas de un . Basta que se de el aspecto estructural o el semántico para que una obra sea picaresca. La hija de la Celestina y La desordenada codicia de los bienes ajenos poseen un relato en 1ª persona pero luego pasan a 3ª persona (a la manera italiana). La pícara Justina por forma y contenido es picaresca, a pesar de que se recojan en ella características de otros géneros.

    Trayectoria evolutiva de la novela picaresca.- (Fco. Rico)

    1. Fase : (1599-1605). Etapa de plenitud. Guzmán de Alfarache y Lazarillo de Tormes. Se apuntan indicios de decadencia (ej. El Buscón, escrito en 1604 pero publicado en 1620, o La pícara Justina. Ambas obras no poseen una estructura autobiográfica)

    1ª Fase : (1605-1620). Momento de decadencia porque no se siguen de cerca los modelos primitivos y se introducen innovaciones. Ej., : La hija de Celestina, La vida de Marcos de Obregón y La desordenada codicia de los bienes ajenos.

    2ª Fase : (1620-1626). Se produce un renacimiento del género. Se vuelve a las antiguas características . La autobiografía tendrá una función propia. Surgen segundas partes. 2ª parte del Lazarillo, Varia fortuna del soldado Fandaro.

    3ª Fase : (1626-1646). Progresiva decadencia. Aparecen obras de Alonso de Castillo como La niña de los embustes y Las aventuras del bachiller Trapaza. Se meten entremeses en las obras. Vida de Estebanillo González, hombre de buen humor.

  • El humor y la ironía en el Lazarillo de Tormes.

  • Que el autor del Lazarillo se mueve a menudo en un mundo de doble sentido, de relaciones irónico-alusivas, es algo que se pone de manifiesto a la primera lectura de la obra. Más difícil, sin duda, resulta constatar el porqué de tal actitud. En opinión de Morgot Fruse, arranca ésta de un claro desfase entre el yo narrador y el del protagonista, que se mueven en distintos niveles culturales e incluso vivenciales. Aquél encarna en éste su visión crítica y la dispara en distintas direcciones. He aludido ya a alguna de éstas que puede traerse con relariva facilidad. La constatación de algunas otras resulta más problemática. ¿Puede hablarse, como defiende H.R. Jauss, de una parodia de las Confessiones agustinianas? Se trataría, a su juicio, de una actitud de arrepentimiento y liberación catártica, en un plano trascendente religioso, de su vida de pecado. El autor continuaría así una tradición de honda raigambre hispánica, cuyo último eslabón sería la Vida de Santa Teresa. Muy difícil resulta admitir tal relación. En primer lugar, “la exposición de la emancipación del individuo y de la posibilidad de ascender por sus propias fuerzas”, nada tiene que ver con el proceso de autonegación y de anulación de la obra de S. Agustín. La confessio peccati del maestro de Hipona tiene en la confessio laudis de Lázaro un polo opuesto.

    Más verosímil parece la visión del Lazarillo como parodia del tema de la posibilidad de ascenso social de un desheredado de la fortuna. La idea cuenta con una larga tradición literaria que el autor anónimo no hace sino recoger envirtiendo totalmente su sentido. Lázaro, en efecto, alude en el prólogo claramente el tema. Quiere relatar su vida desde el principio:

    “Porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe pues fortuna con ellos fue parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerça y maña remando salieron a buen puerto”.

    El final de la novela -comienzo de la fortuna de Lázaro- pone claramente de manifiesto de modo paródico la imposibilidad de realización de tal idea.

    Maldonado de Guevara ha enjuiciado el aspecto desde otro punto de vista. En su opinión, el Lazarillo es “una parodia del mito del héroe, niño abandonado, y una meditación existencialista de la derelicción, de la deyección del Existente en el Mundo”.

    Aduce en apoyo de la misma la autoridad de Jung y Kerenji, dos figuras destacadas en los estudios modernos de mitología. Los héroes mueren en plena madurez o desaparecen, tal el cado de Lázaro, El niño mítico suele -al igual que el protagonista de esta novela- estar ligado al agua en su nacimiento. Por otra parte, como nota típica del mismo se señala la insuperabilidad de los riesgos. Los motivos serpentinos, el hermafroditismo del niño y la servidumbre a varios amos serían otros puntos de coincidencia llamativos. Por último en el mito el proceso temporal es circular, no lineal. Lázaro vuelve también a su origen abyecto en un movimiento similar.

    Hay dos claros pasajes paródicos con estrecha relación con la doctrina católica que presentan al autor una serie de interrogantes sobre el talante religioso de la obra. Son dos referencias al sacramento de la Eucaristía. Lázaro en la primera de ellas compara el arca de los panes del clérigo con el misterio cristiano:

    “Yo, por consolarme, abro el arca y, como vi el pan, comencélo de adorar, no osando recibillo”.

    La segunda alusión se da al final de la obra. Lázaro jura -es de sobra conocido- sobre la hostia consagrada que su mujer es intachable. ¿Significa tal actitud una burla táctica en boca de un converso, como quiere Américo Castro, del Sacramento? ¿No es, siempre según el citado crítico, que Lázaro tenga continuamente el nombre de Dios en sus labios -como buen judío- y que apenas pronuncie el nombre de Cristo o el de los antos del calendario cristiano? Según esta versión, el caso de Lázaro sería el de un converso que sigue asido a sus creencias en parte como repulsa a una integración por la fuerza o a una desconsideración total en el orden social. Que hay una crítica a la religiosidad oficial es algo evidente prácticament. No se olvide que cinco de los amos de Lázaro son representantes de la iglesia oficial. El autor parece presentar frene al espíritu corrompido de los mismos un decidido afán de reforma. ¿Se trata de una actitud hortodoxa, como don Américo prtende, o responde la misma al comportamiento de los “iluminados”, como quiere J. M. Asensio? No se puede pasar por alto el hecho de uqe el autor de la obra parece ser un entendido en experiencias místicas, como se observa en el episodio del buldero. Los datos que presenta la obra son suficientes para una clara delimitación de la problemática religiosa. La dificultad estriba en la ambigüedad de la vivencia religiosa del novelista y la de Lázaro, y por otra un problema de censura que dificulta una expresión llana y sin compromiso del propio sentir, tanto si es de signo cristiano como si se proyecta en una dirección reformista.

  • El tema del hambre en el Lazarillo de Tormes.

  • Antona Pérez, madre de Lázaro, pensaba que dejaba en buenas manos a su hijo, y no pensó que podría acabar mendigando por las calles de Castilla como realmente acabó.

    A pesar de esto, Lázaro supo salir a flote entre el mar del hambre que ahogándole le tenía.

    Aunque todos los amos que tuvo le ponían siempre excusas para que no comiése, Lázaro se las ingeniaba de manera que acababa llevándose algo de comida a la boca.

    El deseo de comer del protagonista era tan grande que incluso fue capaz de agredir a alguno de sus amos, por ejemplo, cuando “ayuda” a saltar el arroyo al ciego y hace que se dé con el pilar.

    La suerte también influyó mucho en la vida de Lázaro. Recordemos que cuando tenía como amo al escudero, no sólo pasaba hambre, sinó que casi tiene que pagar el alquiler de su casa cuando él desaparece. Otro caso sería, por ejemplo, cuando dá con un amo con dinero y bienes y resulta ser la persona más tacaña que te puedes encontrar.

    También, algún día que otro salió a pedir comida, pero no para su amo ni tampoco para él, sinó para el caballo o la mula del amo.

    La mayoría de sus amos pasaban tanta hambre como el Lazarillo de Tormes. Llega el punto en que engañan a la gente de manera que crean en la bula que predicaba, mediante un trato llebedo a cabo entre un alguacil y un fraile que simulaban un milagro, entonces la gente comienza a tomar desesperadamente la bula, que significaba dinero y comida.

    A Lázaro, ingenio no le faltó, más bien le sobró; le sobró cuando abandonó aal ciego tirado en el arroyo después de quitarle el pan y bebérsele el vino, le sobró ingenio también cuando abría el arca del clérigo y por la noche se comía su pan haciéndole ver que se lo habían comido los ratones, que entraban por un pequeño agujero en el arca, etc...

    A pesar de lo mal que lo pasó, Lázaro podía haberlo pasado peor aún, dentro de lo que cabe.

    Finalmente encontró la fortuna casándose con una de las criadas del Arcipreste de Sant Salvador, aunque las malas lenguas dijeran de Lázaro ser un cornudo.