Latín medieval

Literatura latina en la Edad Media. Léxico. Casos nominales

  • Enviado por: Jesús Rubio
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
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Trabajo primera quincena mes de Marzo del curso Latín Medieval de la UNED

El trabajo versará sobre los seis primeros temas:

1. Concepto de Latín medieval. Ámbito geográfico. Renacimiento cultural y evangelización como impulsores para su formación. La enseñanza del latín. La actividad filológica.

2. Características esenciales del latín medieval: lengua docta, evolución continua, fenómeno lingüístico autónomo. Elementos constitutivos del latín medieval: latín clásico, latín vulgar, latín cristiano, otras culturas.

3. Cambios fonéticos, ortografía y pronunciación. Diferencias geográficas. Acento y prosodia.

4. Particularidades de la declinación nominal. Uso de los casos. El adjetivo; los grados. Pronombres y adjetivos pronominales. Particularidades de la conjugación. Uso de los tiempos verbales. Uso de los modos y las formas nominales del verbo.

5. El léxico: orígenes y diversificación. Sufijos de derivación más usuales.

6. Formas más comunes de la literatura latina medieval, religiosas y profanas. Prosa rimada y Cursus rítmico. Características formales de la poesía.

El trabajo será teórico y práctico:

Parte teórica. El guión deberá responder a las siguientes preguntas:

1. ¿En qué elementos puede decirse que se fundamenta el nacimiento del latín medieval?

2. ¿Cuáles serían los caracteres esenciales del latín medieval?

3. Breve resumen de los aspectos formales del latín medieval, en especial gramática y léxico.

Parte práctica. Señalar los elementos fonéticos, morfológicos y sintácticos del latín medieval en el textos del siglo XIII.

El latín medieval

Durante los siglos XII y XIII la literatura latina se encuentra en uno de sus momentos culminantes. Tal literatura está escrita en lo que se denomina latín medieval, lengua que se usó desde la Europa central, meridional y septentrional hasta Islandia, Escandinavia, Finlandia y, en el Sudoeste, hasta Palestina, esto es, en un territorio mucho más amplio que el del latín clásico de Cicerón y Virgilio.

El latín de estos textos, el latín medieval, convive con la lengua que habla el pueblo, distinta en cada zona y que, en el territorio de la Romanía, dará lugar a las diferentes lenguas romances. En este sentido el latín medieval es la lengua de los letrados (clerici, litterati), denominada por sus usuarios grammatica y considerada por ellos mismos como una lengua artística inmutable creada por sabios.

Estas son, pues, las dos principales características del latín medieval: por un lado que se trata de la lengua usada por la comunidad intelectual, y por otro que es una lengua extendida por toda Europa, incluso por aquellos lugares a los que no llegó la romanización, como Alemania o Irlanda, sin constituir lengua de cultura de ningún pueblo ni comunidad étnica concreta.

Elementos en los que se fundamenta el nacimiento del latín medieval

El latín medieval convive, como acabo de señalar, con la lengua popular, latín vulgar en un primer momento, lenguas romances después. Pues bien, el latín vulgar es heredero del latín popular hablado y el medieval lo es del latín culto.

La coexistencia de estos dos tipos de latín no sólo es propia de la Edad Media, puesto que tal diferenciación la encontramos ya en el latín clásico: por un lado existía un lengua culta usada en la expresión literaria, conservadora y sustancialmente la misma a lo largo de la historia de la lengua. Por otro lado, el latín cotidiano y popular. Ambas manifestaciones de la misma lengua se influyen e interrelacionan constantemente.

Durante el periodo clásico latín culto y latín popular evolucionan en paralelo, sin embargo a partir del siglo quinto, y a raíz de la nueva situación histórica, cultural y religiosa, el latín popular acelera su evolución y se distancia sustancialmente de la lengua literaria.

La evolución que sufre el latín clásico a lo largo de los siglos quinto y sexto, debida a la descomposición de la unidad política del Imperio, se ve agrandada durante los siglo séptimo y octavo: en África la conquista árabe acaba con la civilización latina; en la Galia el latín merovingio se aparta tanto del latín de Cicerón y Virgilio que, para llegar a comprenderlo es necesaria una verdadera iniciación; en las antiguas provincias del Este europeo el latín desaparece como lengua de comunicación cotidiana, con excepción de la Dacia; en Italia e Hispania la situación es un poco mejor: aquí la monarquía visigoda mantuvo importantes focos de cultura, mientras que en Italia se preservaron grandes centros culturales como Milán, Roma o Rávena.

Así pues, el latín del siglo octavo, tanto en su vertiente culta, como en la popular, llega muy alejado del clásico. Sin embargo a partir de las reformas de Carlomagno en el siglo noveno la situación varía notablemente, pudiéndose hablar a partir de este momento y con propiedad de latín medieval. El renacimiento carolingio marca por tanto la creación de ese espacio lingüístico denominado latín medieval.

Las reformas introducidas por Carlomagno supusieron la obligatoriedad de escribir de nuevo en un latín correcto y legible, tomándose como modelos los escritos clásicos y, en mayor medida, los de la tardía Antigüedad. Se funden así en el latín medieval dos corrientes de la lengua de distinta procedencia: por un lado el latín clásico y profano, hacia el que los carolingios vuelven su mirada como aspirantes a herederos del Imperio romano; y por otra el latín de la liturgia, latín plagado de referencias bíblica y helenismos.

En definitiva, el latín medieval es la prolongación natural del latín tardío (la lengua literaria de occidente entre los siglos tercero al sexto, lengua aprendida en la escuela y de comunicación en los medios sociales cultos), enriquecido con el latín vulgar ( la lengua heredera del latín popular y madre de las lenguas romances) y el latín cristiano de la vulgata y los helenismos de la lengua técnica (teología, liturgia) de los cristianos.

Características esenciales del latín medieval.

En lo que se refiere al léxico hay que señalar que el significado de muchas palabras varía frecuentemente de unos textos a otros, y de los países y los géneros literarios en los que se emplea la palabra. Se importan gran cantidad de palabras del griego a través de la Biblia y los Santos Padres, al igual que del céltico y del germánico. Los diminutivos se emplean sin ningún valor especial y se usan palabras poco usuales y compuestas.

En cuanto a la morfología hay que señalar el cambio frecuente de género y número, el uso de los verbos deponentes como activos, la desaparición de las desinencias pasivas y el abuso de las construcciones perifrásticas y del adjetivo verbal en -dus.

En cuanto a la sintaxis, señalar el dominio de la parataxis, la mezcla de significado y valores en los pronombres, la aparición de cláusulas de nominativo y acusativo absolutos, la arbitrariedad en el uso de los valores de los casos, especialmente el genitivo y la frecuente sustitución del acusativo con infinitivo por construcciones introducidas por conjunciones.

En lo que se refiere a las composiciones literarias señalar la creación de la poesía rítmica representada por los cleri vagantes o goliardos, composiciones profanas basadas en el acento tónico y destinadas a ir acompañadas de música. Junto a estas florece también una importante poesía religiosa, los himnos y secuencias hoy recogidos en los Analecta Himnica.

Por último añadir que una de las características más relevantes del latín medieval es el restablecimiento del cursus. La antigua prosa artística escanciaba las sílabas al final de las frases y el latín medieval recuperó esta costumbre, pero estos finales dejaron de ser métricos para convertirse en rítmicos o acentuales recibiendo el nombre de cursus. El cursus se dividía en cuatro tipos diferentes: cursus planus, en el que el los acentos recaen en la segunda y quinta sílabas a partir del final, cursus tardus con acentuación en la tercera y sexta, cursus velox, con acentuación en la segunda y séptima y cursus trispondaicus, en la segunda y sexta.

Aspectos formales del latín medieval

Léxico

La mayor parte del vocabulario del latín medieval proviene del latín clásico. Sin embargo incorpora un gran número de neologismos y añade nuevos significados a palabras ya existentes.

neologismos

Los neologismos entran en el latín medieval por varios caminos:

a) Neologismos provenientes del latín cristiano: decanus, passio, trinitas, glorifico, missa, peccator.

b) Neologismos provenientes del griego, la mayor parte de los cuales entran en el latín medieval a través del latín cristiano: angelus, apostolus, baptismus, catholicus, propheta.

c) Un pequeño número de hebraísmos, que entra a través del griego: sabbatum, cherubim, seraphim.

d) Algunas palabras del celta y del germánico se latinizan: werra, commarcanus, burgensis, marca.

Se crean, además, neologismos en el seno del latín medieval que responden a las nuevas exigencias sociales, tales como duellum, modernus, quadrivium, trivium, y otros que nacen a partir de nuevos usos de recursos lingüísticos latinos. En este sentido:

a) Los compuestos se usan como formas simples: concivis (= civis), consocius (= socius), pertranseo (= transeo), etc.

b) Los diminutivos se usan exageradamente, pero sin valor especial: vasculum (= vas), aucella, avicula (= avis).

c) Los sustantivos abstractos se usan como concretos mucho más frecuente que en latín clásico: christianitas (= christiani), gentilitas (= gentiles).

d) Aparece un gran número de nuevas formaciones en -arius, -anus, -osus, -tor, -trix, etc.

cambio de significado

Respecto a los cambio de significado señalar que las palabras desarrollan los nuevos significados bien en el seno del latín tardío bien en el del latín cristiano.

Entre las palabras que adquieren nuevos significados en el latín tardío destacan:

a) un pequeño grupo de adjetivos y pronombres tales como totus (= quisque), toti ( = omnes), tanti ( = tot), quid ( = uter), quanti ( = quot), neuter ( = nullus), etc.

b) algunas preposiciones, adverbios y conjunciones, como intra (= infra), subito (= cito), super (= de), pro (= propter), vel (= et).

c) términos como castellum (= pueblo), castrum (= ciudad fortificada, castillo), comes ( = conde), mansio (= habitación, casa), etc.

Mucho más numerosa es la lista de palabras que cambian su significado en seno del latín cristiano, como por ejemplo basilica, dominicus, capitulum, dominus, etc.

Demostrativos e indefinidos operan en latín medieval de modo distinto a como lo hacían en el clásico:

Demostrativos:

el sistema binario de los deícticos iste / ille domina sobre el ternario clásico hic / iste / ille. Esta pareja deíctica suele referirse a la proximidad o lejanía respecto de la “situación” y no respecto del hablante o de la persona a quien se dirige.

Hic tiende a transferirse al ámbito de los anafóricos sustituyendo a is, cuyo uso queda muy reducido.

El empleo de ipse se extiende en sustitución de idem.

las formas suus, sui, sibi y illius, illorum (menos eius, eorum) se usan de forma arbitraria y concurrente.

Indefinidos:

Señalar brevemente que se emplean como sinónimos o como opción estilística, perdiendo la especialización que tenían en latín clásico.

Unus se usa como indefinido.

Fonética

vocalismo

a) los diptongos ae y oe se convierten respectivamente en e abierta y e cerrada ( hec <haec, cepit < coepit), y ocasionalmente por hipercorreción aecclesia < ecclesia, cotidiae < cotidie.

b) La i se confunde con la y (dyabolus / giro).

c) La o se confunde con la u (diabulus )

d) La u semivocálica se consonantiza y se equipara a la consonante b en posición intervocálica: vivunt (= vivir), bibunt (= beber).

consonantismo

a) La d se confunde con la t (caput / capud).

b) La f se confunde con la ph (nephandus / fisica).

c) La t se confunde con la th (spata / orathorium).

d) La h o bien se omite o bien se añade donde no existía en latín clásico, dando lugar a frecuentes confusiones: ac (< hac), hostium (< ostium).

e) Frecuentemente se añade una p en formas como hiemps, contempno, columpna.

f) Antes de la reforma carolingia la -m y -s finales, y quizá todas las consonantes que cerraban palabra, o eran mudas o estaban muy cerca de serlo. Sin embargo, a medida que las nuevas lenguas romances cobran vigor, la recuperación de las consonantes finales se generaliza.

Morfología

Flexión nominal

Sustantivos y adjetivos

Género

Algunos sustantivos cambian de género: mons, praestigia y scopulus se usan como neutros; stirps y pratum como masculinos; caelum como masculino en plural.

Adjetivos masculinos y neutros se usan como sustantivos: infernus, festum.

Casos

Los acusativos del plural y ablativos del singular de los temas parisílabos son siempre -es y -e respectivamente.

Se producen algunas irregularidades, tales como iteri en lugar de itinere, orbs por orbis, isdem por idem, especialmente en poesía.

Flexión verbal

Aparece formas como volerent en lugar de vellent, confugiere por confugere.

Los tiempos compuestos se forman frecuentemente con fui, fuissem, en lugar de con sum, essem, etc.

La forma fore se usa en lugar de esse.

El participio de perfecto termina frecuentemente en -sus, en lugar de en -tus, sobre todo en los compuestos de tendo.

Muchos verbos deponentes en latín clásico desarrollan formas activas, y viceversa.

Sintaxis

Los casos:

El nominativo:

Aparecen ocasionalmente construcciones de nominativo absoluto.

El acusativo:

Aparecen ocasionalmente construcciones de acusativo absoluto.

Se usa en lugar del genitivo o del ablativo con indigeo, inexpertus, memor.

Se usa acusativo precedido a veces de la preposición ad con appropinquo e incurro, en lugar del dativo

Se usa para expresar el precio y con utor, en lugar del ablativo.

Se usa acusativo sin preposición como complemento de verbos de movimiento.

El genitivo:

Se usa genitivo partitivo con aliquis, multi, unus.

Se generaliza el uso del genitivo con cumulatus, dubius, eruditus, misericors y recordor por extensión del uso clásico.

El dativo:

El dativo invade usos que en latín clásico estaban reservados al genitivo, acusativo, giro preposicional o ablativo.

Se usa en lugar del ablativo agente.

El ablativo:

Se continúa usando el ablativo absoluto en los mismos caso que en latín clásico.

Su usa el ablativo con las preposiciones a / ab para expresar el comparativo.

el ablativo locativo se usa con o sin preposición.

El tiempo se expresa con o sin preposición: in die, quadam die.

La duración se expresa frecuentemente en ablativo, en lugar de en acusativo.

Los pronombres:

vide supra “Léxico: cambios de significado”

Los adverbios:

Los adverbios clásicos en -ð, -itus y -ter se conservan, aunque no desarrollan apenas formas nuevas. Los adverbios en -tim, sin embargo, se desarrollan ampliamente, construyéndose sobre adjetivos, verbos e incluso sobre nombres.

A menudo se combinan adverbios con preposiciones: ab inde, a longe, a modo (amodo ammodo), ad invicem.

Las preposiciones:

En la sintaxis del nombre hay una clara preferencia por los usos preposicionales sobre las formas escuetas de los casos. Destacar además la siguientes particularidades :

ablativo con de en lugar del genitivo: digitus de manu, consilia de meis amicis.

acusativo con ad en lugar de dativo.

cum y a más acusativo.

per con ablativo.

La preposición in se convierte en universal, por influencia del latín de la Biblia.

La comparación:

El positivo se usa con valor comparativo.

El comparativo se usa como un positivo.

El comparativo se refuerza muchas veces con quam.

La forma positiva se usa con quam sugiriendo una comparación: supra quam.

El verbo

Los tiempos

En general los tiempos se usan de forma más libre que en latín clásico. Así el presente se usa en lugar del futuro, especialmente en pasajes coloquiales; el imperfecto en lugar del perfecto y viceversa; imperfecto y pluscuamperfecto se usan juntos sin diferencia de significado, incluso ciertos pluscuamperfectos como extiteram desempeñan funciones paralelas a las del imperfecto eram.

La relación temporal entre la oración principal y la subordinada no se cuida en exceso: qui me aperiet invenerit.

Los modos

El indicativo

El indicativo extiende su uso a situaciones en las que el latín clásico usaba el subjuntivo.

El infinitivo

El infinitivo conserva sus usos, excepto en el caso de la construcción de acusativo más infinitivo, que decae hasta la desaparición.

Aparecen infinitivos con facio, con verbos que en latín clásico llevaban subjuntivo (decerno, metuo, rogo) y en expresiones del tipo da mihi comedere.

El subjuntivo

Es en el subjuntivo donde se producen más cambios. Así, son indistintos los empleos del imperfecto y del pluscuamperfecto y la pérdida general de terreno en favor del indicativo.

Los participios

Los participios de presente y de perfecto son corrientes como adjetivos y, en la lengua filosófica y científica, se usan a menudo sustantivados.

El adjetivo verbal en -ndus es habitual, usándose su gerundio con el valor del participio de presente. Más raro es el uso del participio en -urus.

El orden de palabras y la sintaxis de la frase.

Tanto en la frase simple como en la compuesta el orden de palabras clásico tiende a cambiar con arreglo a dos fórmulas generales:

a) el elemento determinado tiende a preceder al determinante.

b) el orden clásico de la frase, COSV (complementos, objeto, sujeto verbo), tiende a ser sustituido por el de SVOC (sujeto, verbo, objeto, complementos), triunfante en las lenguas románicas.

La conjunción quod sustituye a ut como conjunción universal.

La conjunción si introduce oraciones completivas aseverativas.

Dum y cum se confunden.

Quomodo adquiere usos comparativos y completivos y quatenus finales.

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