Latifundismo y el problema campesino mexicano

Desamortización. Clero. Explotación de la tierra. Pueblos indígenas. Movimiento Obrero mexicano. Porfiriato

  • Enviado por: Erick
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
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El Latifundismo y el problema Campesino

Las leyes de desamortización y nacionalización de bienes de comunidades civiles y religiosas tenían por finalidad fraccionar los grandes latifundios eclesiásticos y reducirlos a pequeñas propiedades para el mejor aprovechamiento de la tierra.

Las propiedades desamortizadas del clero y las de comunidades y pueblos indígenas se transformaron en grandes haciendas, pues los latifundistas se apoderaron por medio de la usura o el despojo, de las parcelas individuales que habían recibido los indios al fraccionar las propiedades comunales de los pueblos.

Así fue como los terratenientes mexicanos y poderosas compañías extranjeras, al amparo de las leyes de Reforma, adquirieron grandes extensiones territoriales, de las cuales despojaron a los campesinos que por su ignorancia no habían podido legalizar su pequeña propiedad, quedando convertido en miserables peones al servicio de los propietarios usurpadores.

En 1883, bajo el gobierno de Manuel González, se expidió una ley sobre deslinde de terrenos y colonización, autorizando la formación de compañías que aprovecharan los baldíos, dándoles facultades, por lo cual recibirían en compensación la tercera parte de los terrenos deslindados.

Con el apoyo material de la dictadura, las compañías deslindadotas consumaron durante más de 30 años el más injusto despojo de tierras de campesinos y de comunidades indígenas, fueron obligados a abandonar sus tierras.

Bajo el régimen del latifundismo, las condiciones de explotación de la tierra fueron desfavorables en cuanto a su rendimiento; por otra parte, los terratenientes mexicanos no pusieron empeño en mejorar la técnica de cultivo, conservando las formas primitivas basadas en la fuerza y solo en algunos cultivos dirigidos por extranjeros penetró la técnica moderna.

Los latifundistas no fueron capaces de producir alimentos indispensables para el pueblo mexicano; por lo que en varias ocasiones surgieron serias crisis agrícolas.

Los pueblos indígenas, despojados de sus tierras, fueron esclavizados y explotados, el salario que se pagaba tenía un promedio de 120 pesos anuales; pero los precios de las subsistencias habían aumentado una alta proporción.

Ese estado de cosas produjo en las clases campesinas un malestar económico y moral, que las impulsó a rebelarse contra del Gobierno porfirista.

Durante los tres siglos de la Colonia los yaquis habían poseído los fértiles valles de los ríos de Sonora y Sinaloa; pero la dictadura los despojó de esas tierras para entregárselas a compañías extranjeras. Y como los indios se rebelaron, el gobierno porfirista, ordenó el exterminio de las tribus y los sobrevivientes eran esclavizados para trabajar en las fincas henequeneras y chicleras.

En síntesis, la situación económico-social de México durante el régimen porfirista presenta el siguiente panorama: un pueblo oprimido y despojado de su libertad y de sus derechos; una casta privilegiada dueña del poder por largo tiempo; la invasión del capitalismo extranjero y su crecimiento a costa del despojo de las tierras de los campesinos y de la explotación de los trabajadores mexicanos, y la natural indignación y el descontento que esta situación producía en las clases oprimidas.

Desarrollo del Movimiento Obrero

Desde principios del siglo XIX los trabajadores norteamericanos, inicuamente explotados por los capitalistas, pugnaban por la reducción de la Jornada de trabajo y otras demandas justas; pero ante la oposición patronal, que se negó a atender sus peticiones, las organizaciones obreras de los Estados Unidos acordaron efectuar una huelga general el 1 de mayo de 1986.

La burguesía capitalista respondió, con el cierre de fábricas, el despido de obreros, encarcelamientos y asesinatos. Los trabajadores de Chicago intentaron celebrar mítines para reforzar sus demandas; pero la policía salió en defensa de los intereses de los patrones, ametralló a los obreros y aprehendió a los dirigentes del movimiento. Por eso se les conoce con el nombre de mártires de Chicago.

Estos acontecimientos del 19 de Mayo de 1886 contribuyeron a estimular el espíritu de la lucha de nuestros trabajadores.

En 1905 cuando la pesadilla socialista había prendido en México, apareció un manifiesto dirigido a la clase proletaria por Manuel Ávila y los hermanos Flores Magón.

Con el manifiesto se dio a conocer el programa de nuestro partido liberal mexicano que, entre otras demandas del proletariado, reclamaba las siguientes:

Jornada máxima de 8 horas diarias, Salario mínimo de 1 peso, Higiene en fabricas y talleres, Garantías para la vida del trabajador, Prohibición del trabajo infantil, Descanso Dominical, Indemnización por accidentes, y pensión a los obreros que hubiesen agotado sus energías en el trabajo.

Al difundirse por todo el país estos postulados del partido liberal mexicano, sirvieron de poderoso estimulo para la clase trabajadora, a tal grado que, al año siguiente, en casi todas las zonas febriles de la republica se crearon centros obreros que trabajaban para hacer efectivas sus demandas.

Hacia el año 1906 los obreros de la región fabril de Orizaba decidieron transformar su sociedad Mutualista en sindicato de resistencia, creando el círculo de obreros libres, de acuerdo con la tendencia esbozada en el manifiesto de los hermanos Flores Magón.

Este círculo de obreros llegó a extenderse en poco tiempo a los estados de Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Oaxaca, y México. Y propagaron sus ideas por medio de su periódico Redención social.

Dos grandes movimientos obreros ocurridos en ese tiempo, uno en Cananea, Son., (1906) y otro en Río Blanco en 1907, pusieron en manifiesto la fuerza que iban adquiriendo las organizaciones de trabajadores.

En 1906 los mineros realizaron un movimiento de protesta, porque eran obligados a trabajar en condiciones desfavorables para su salud y para sus intereses económicos.

Esta injusta situación hizo que reclamaran a la Cananea, la jornada de 8 horas de trabajo, salario mínimo de 5 pesos, el empleo del 75% de obreros mexicanos, trato humanitario y derecho de ascensos. La gerencia de la compañía rechazó las demandas, y obreros mexicanos fueron asesinados.

Para reprimir el movimiento sindicalista que comenzaba a desarrollarse entre obreros textiles de la región pretendieron imponer un reglamento general de trabajo que prohibía toda organización obrera.

El presidente Porfirio Díaz, dispuso que el conflicto se resolviera mediante un arbitraje; pero el laudo resulté favorable a los industriales y ordenaba a los obreros reanudar inmediatamente sus labores.

Esa actitud hizo que la huelga tomara caracteres francamente rebeldes, y el día 7 de enero de 1907, al dirigirse los obreros a la fábrica, fueron recibidos a balazos por un empleado de la empresa, lo cual provocó a la multitud, que enardecida prendió fuego a la tienda.

Al saber eso el presidente de la República, que las fuerzas federales impusieran el orden disparando contra los trabajadores y restableciendo así la “Paz Porfiriana”.

Principios del Porfiriato

Después de la muerte del presidente Benito Juárez, en 1872, la lucha por el poder político se centró en los tres personajes más importantes del momento: Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias y Porfirio Díaz.

Esta situación prolongó los largos años de enfrentamientos armados, que venían desde que México se había independizado del imperio español y cuyo resultado fue sumir al país, cada día de manera más profunda, en el caos y la miseria de la gran mayoría de la población.

La lucha entre las diferentes facciones termina al proclamar Porfirio Díaz el Plan de Tuxtepec, mediante el cual derroca al entonces presidente Sebastián Lerdo de Tejada, por su intención de reelegirse.

Díaz contó con la alianza de José María Iglesias, a quien posteriormente hizo a un lado, y se levanta con el poder político, para no dejarlo por cerca de 34 años.

En 1855 se une al general José María Herrera para apoyar la revolución de Ayutla, y en esta actividad como militar pronto logra alcanzar el grado de capitán de infantería de la Guardia Nacional.

En la carrera castrense, Díaz obtiene rápidos ascensos y en noviembre de 1859 alcanza el grado de coronel. No corrió con la misma suerte en su trayectoria como político, ya que tuvo una discretísima actuación como diputado; sus fortalezas se encontraban en el área de la milicia.

Durante la intervención francesa en México, Porfirio Díaz interviene en muchas acciones de guerra; pero fue el 2 de abril de 1867 cuando obtiene un brillantísimo triunfo al tomar la ciudad de Puebla, dando prácticamente la victoria definitiva a las fuerzas nacionales que combatían a Maximiliano de Habsburgo.

Una vez que la República fue restaurada con la derrota de las fuerzas imperiales y Benito Juárez asumió la presidencia, Porfirio Díaz se levantó en armas contra la reelección de Juárez, como también lo había hecho contra la reelección de Lerdo de Tejada.

En la primera no tuvo éxito y debió aceptar forzadamente la amnistía; en cambio, en la segunda ocasión -mediante el triunfo del Plan de Tuxtepec y después de un interinato en la presidencia de José María Iglesias-, Porfirio Díaz fue por fin electo presidente de México.

Ya instalado en la cúspide del poder político del país, Porfirio Díaz fue aprovechando las oportunidades para cambiar la Constitución Política, a fin de que fuera aceptada la reelección del presidente, primero por un periodo, para después permitirla de manera indefinida.

Las múltiples reelecciones de Porfirio Díaz permitieron que el país gozara de varias décadas sin guerras o levantamientos armados mayores. La paz abrió camino al desarrollo económico y la creación, por ejemplo, de una fuerte infraestructura ferrocarrilera.

Esta situación hizo posible que los negocios tuvieran un ambiente muy favorable, sobre todo los extranjeros, que ingresaron a México de manera amplia, por el afán del presidente Díaz de que la sociedad mexicana estuviese a la altura y se pareciese a la de los civilizados países europeos y, en lo tecnológico, a la de Estados Unidos. La única manera de alcanzar ese propósito era que la civilización se instalara en México a través de las empresas extranjeras.

El periodo en que Porfirio Díaz ocupó la Presidencia de la República, conocido como Porfiriato, representó para México años de estabilidad social y política, así como de crecimiento económico.

No obstante, dicho periodo también provocó la polarización de la sociedad mexicana, particularmente entre los muchos campesinos y obreros que vivían prácticamente en la miseria, la naciente clase media que encontraba obstruidos todos los caminos para el progreso familiar y personal, y los muy pocos dueños de la riqueza, que disfrutaban del poder político al amparo del régimen porfirista. Porfirio Díaz había luchado contra la reelección de los presidentes y fue por ello que la contradicción de su prolongada permanencia en el poder tuvo como consecuencia el estallido armado de la sociedad mexicana, abriendo paso a la Revolución Mexicana que puso fin a su dictadura.

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