Las preguntas de la vida; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea siglo XX. Narrativa filosófica. Filósofos españoles. Muerte. Razón. Falacias. Lenguaje humano

  • Enviado por: Jacob
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Capitulo 1: La Muerte para empezar

La muerte nos hace realmente humanos, ya que nos muestra cuan mortales somos. No es mortal quien muere sino quien está seguro de que va a morir. Además es muy personal porque no se puede ceder, es decir, que cada uno debe morir por si mismo y no puede contratar a alguien para que muera por uno. La muerte no sólo es necesaria, sino que resulta el prototipo de lo necesario en nuestra vida.

Empezamos realmente a pensar cuando descubrimos que tarde o temprano moriremos, ya que a partir de ese momento elaboramos nuestros propios pensamientos y no repetimos lo que otros dicen.

Los animales al carecer del tipo de pensamiento que tiene el humano, no son mortales en la misma forma que estos. Si bien mueren, no están concientes durante su vida de que morirán. Cuando el momento les llega pueden sentir algo de miedo, porque el instinto les dice que algo malo les sucederá, pero en realidad no entienden.

La muerte es siempre inminente, ya que puede alcanzar a cualquiera sin importar edad, sexo, o estado de salud. Todos pueden morir en cualquier momento ya sea por accidente o por crimen. Desde el primer momento que empezamos a vivir, ya estamos listos para morir. Si no soñásemos al dormir nadie hubiese pensado en la posibilidad asombrosa de una vida después de la muerte.

Sueños placenteros ------ ideas de paraíso

Pesadillas ------------------ ideas de infierno

Según Epicuro, el estado de muerte nunca fue experimentado, por lo tanto no debe ser temido. Lucrecio apoya esta idea diciendo que el estado de muerte es igual al estado anterior al nacimiento, y como nadie teme a este estado, nadie debería temer a la muerte. Ellos buscan darnos serenidad con estas afirmaciones y tratan de explicar porque no debemos temer a la muerte.

No existe nada positivo de la muerte, ya que si nos angustia, es porque es algo negativo. En cambio la vida es positiva, y la pensar en la muerte nos hará valorarla y pensar en ella.

Capitulo 2: Las verdades de la razón

La pregunta previa a todas las preguntas, o sea lo primero que uno debe preguntarse, es de que forma uno adquiere nuevos conocimientos, es decir, ¿Cómo conozco algo?

Los conocimientos que uno tiene provienen de la experiencia, ya que provienen de lo que uno estudio, o de lo que a uno le dijeron o enseñaron, o de algo que se aprendió por experiencia propia (Ej.: El Fuego quema, se aprendió porque algún tarado se quemó con fuego).

Estos conocimientos no son del todo fiables, ya que cuando estudie algo, pudo haber sido valido para la época pero erróneo para el futuro (Ej.: La tierra es plana), o si me lo dijeron se pueden haber equivocado sin querer o adrede, y por ultimo si lo viví puede ser que mis sentidos me engañaran (Ej.: El palo en el agua que parece quebrado). Esto no quiere decir que no deba confiar en estos conocimientos, sino que debo analizarlos a fondo con la mente o preguntar a alguien que sepa, es decir, debo buscar argumentos para validarlos o, si son erróneos, descartarlos. A este proceso de análisis a fondo se lo denomina razón (hábitos deductivos, tanteos y cautelas en parte dictadas por la experiencia y basados en la lógica). La razón es el medio que usamos para hallar la verdad.

La razón se puede compartir con otros ya que si una creencia mía se apoya en argumentos racionales no será racional solo para mí. Esta e una característica de la razón: es universal. La verdad comparte esa característica de objetividad. Si una creencia mía propia se apoya en argumentos racionales, no pueden ser racionales sólo para mí. Nunca es exclusivamente mi razón (no es subjetiva).

El trabajo de la razón es buscar la verdad (o lo más parecido a la realidad) y determinar los diferentes campos de esta. No se debe confundir los campos de la verdad o se estaría cometiendo un error.

Los tipos de veracidad a los que se aspira varían según los campos de la verdad. Ortega y Gaset distinguió entre ideas y creencias.

Son ideas, nuestras condiciones intelectuales, mientras que creencias son aquellas certezas que damos por sentadas hasta el punto en el que no pensamos en ellas. (EJ: al salir por una puerta veremos el frente de la casa y no el espacio interior).

El trabajo de la filosofía es cuestionar las creencias y sustituirlas por ideas bien argumentadas. Sin embargo las creencias son necesarias para vivir todos los días. (Sentido común).

Hay muchos que han planteados serias dudas sobre la verdad que se puede alcanzar.

Para el escéptico, todo supuesto conocimiento humano es cuando menos dudoso y a fin de cuentas nos descubre poco o nada de lo que pretendemos saber. El mundo es inestable por lo que no hay conocimiento verdaderamente seguro ni siquiera fiable cuando se lo examina a fondo. Se le reprocha al escepticismo ser contradictorio consigo mismo. Si es verdad que conocemos la verdad, al menos ya conocemos 1a verdad. Ni siquiera se puede descartar la razón sin utilizarla puesto que tiene que razonar para convencernos que razonar no sirve para nada.

El relativismo pone en cuestión que seamos alguna vez capaces de alcanzar la verdad por medio de razonamientos. Los relativistas opinan que mis condicionamientos subjetivos siempre se imponen a cualquier pretensión de objetividad universal (= hay tantas verdades como caracteres individuales). El problema yace en que el relativismo no es relativo puesto que hasta para desconfiar de los criterios universales de la razón y de verdad, necesitamos algo como 1 razón y 1 verdad que sirvan de criterio universal.

Otros creen que la razón lleva a errores y que el conocimiento se obtiene por revelación o visión inmediata. La cuestión es que el único modo de alcanzar la verdad es a través de la razón. Razonar no es algo que se aprende en soledad sino que se inventa al comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es fundamentalmente conversación. Sólo se conversa entre iguales. La razón es 1 servicio público universal. La razón también tiene relevantes consecuencias políticas, ya que todo razonamiento es social. No basta con ser racional (aplicar argumentos racionales a cosas o hechos) sino que resulta imprescindible ser razonable (acoger en nuestros razonamientos otras subjetividades).

Si bien en 1 democracia todos tenemos derecho a intervenir en la gestión de la comunidad, debe haber algún medio de jerarquizar las ideas; ya que valen más aquellas que tienen mejores argumentos.

Como hombres, debemos desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones, vengan de quien vengan.

Capítulo 3: Yo adentro, yo afuera

Por muy fantástica que sea la hipótesis de que la realidad que percibo no es tal como de hecho la percibo, es al menos posible de imaginarlo. ¿Podemos entonces estar seguros de algo, si ni siquiera somos capaces de descartar la falsificación universal.

Descartes es considerado como el fundador de la filosofía moderna en busca de la certeza racional. Planteó la hipótesis de que todo lo que consideramos real pudiera ser simplemente un sueño y que los sucesos que parecen ocurrirnos, fueran sólo incidentes del mismo. Planteó también que quizás somos víctima de un genio maligno, una entidad poderosa como un demonio dedicada a engañarnos constantemente, haciéndonos sentir

lo que no existe. En ambos casos tendríamos que equivocarnos sin remedio y tomar lo falso por verdadero. Este filósofo pretende saber por sí mismo y comprobar por sí mismo lo que sabe. Por eso llamó metódica a su forma de dudar: trataba de encontrar un método para avanzar en el conocimiento fiable de la realidad. Puede que yo no tenga cuerpo ni la apariencia física que creo tener... pero al menos se con certeza que existo. Para poder soñar y dudar debo existir. También para que me engañen necesito ser. La proposición yo soy, yo existo es necesariamente verdadera => pienso, luego existo.

¿Qué es ese yo? Para Descartes se trata de una res cogitans, una cosa que piensa. El yo es un asunto mental; para Descartes una sustancia estable y personal.

David Hume dice: cuando penetro en lo que llamo yo mismo siempre tropiezo con una u otra percepción particular.

Pero puede que la palabra yo no sea el nombre de una cosa, sino una especie de localizador verbal como los términos aquí y ahora. Al plantear como irrefutable la existencia del Yo, Descartes estaba pensando en su alma.

Tengo conciencia y también autoconciencia (la capacidad de objetivar aquello de lo yo soy conciente y situarlo en una serie con cuya continuidad me veo especialmente comprometido).

Mi Yo no sólo está formado por ese dominio interno o mental. Esa dimensión interior también viene acompañada por una exteriorización de yo en el mundo de lo percibido: mi cuerpo. Del mismo modo que considero mía mi conciencia, también tengo a mi cuerpo por mío, aunque sufra transformaciones. No podríamos explicar que cuando menciono el cuerpo me refiero a aquello que siempre va conmigo. Mi cuerpo

es la parte del mundo que mis pensamientos pueden cambiar. Mi convicción profunda es que yo empiezo y acabo en mi cuerpo. Pero ¿tengo o soy un cuerpo? Descartes (quien suponía que el alma es un espíritu) respondería tengo un cuerpo. Según cierta visión popular estamos dentro de nuestro cuerpo. Estamos en nuestra cabeza. Quienes creen tener un cuerpo y estar dentro de él se refieren a un dentro que no es interior

sino que está en todas partes del cuerpo y en ninguna, de la que sólo el cerebro podría aspirar a ser la sede privilegiada.

En cambio a quienes creen que somos nuestro cuerpo [reduccionismo: lo primero es un modo en que está lo segundo].

Hay dos formas de leer mi vida y lo que soy:

· Lado de afuera: se me puede juzgar por mi funcionamiento

· Lado de adentro: resulto ser un experimento del que sólo yo mismo en mi interioridad puedo opinar.

Mi funcionamiento influye decisivamente en mi experimento y viceversa.

¿Existe algún otro yo aparte del mío? No es fácil contestar. Al que llega a la conclusión de que en el mundo no hay más yo que el suyo, se le llama un solipsista. Argumento anti-solipsista (Wittgenstein) no puede haber un lenguaje privado: todo idioma humano necesita ser compartido por otros y tiene como objeto compartir el mundo de los significados con ellos. En mi interior encuentro un lenguaje que yo no he inventado; que como todos los lenguajes tiene que ser público, es decir que comparto con otros seres capaces como yo.

SOY UN YO POR QUE PUEDO LLAMARME ASÍ FRENTE A UN TU EN UNA LENGUA QUE PERMITE DESPUÉS AL TU HABLAR DESDE EL LUGAR DEL YO.

Capítulo 4: El animal simbólico

Soy un ser parlante, un ser que habla; alguien que posee un lenguaje y que por tanto debe tener semejantes. El lenguaje está abierto a la comprensión de seres inteligentes. El lenguaje es el certificado de pertenencia de mi especie, el verdadero código genético de la humanidad.

Lo más asombroso del hombre es que es hábil y se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento. Nada de lo porvenir le encuentra falto de recursos puesto que posee la capacidad técnica de controlar las fuerzas naturales poniéndolas a su servicio. Sólo de la muerte no tendrá escapatoria. Quizás lo verdaderamente más humano sea el propio asombro del coro sofoclíteo ante lo humano, esa mezcla de admiración, orgullo, responsabilidad y hasta temor de las hazañas y fechorías humanas.

Pero según Giovanni Pico, la dignidad de nuestra condición nos viene de que somos algo menos que los demás seres. A las demás cosas no le queda más remedio que ser lo que Dios ha hecho y ha querido que sean. Todos los seres están así prefijados de antemano menos el hombre. Lo asombroso del hombre es que se mantiene abierto e indeterminado y debe responder sin excentricidades a lo que marca su naturaleza. El

hombre es también un poco Dios. Puede hacer mal uso de esa discrecionalidad pero también puede alzarse hasta la mismísima inmortalidad.

Siempre se ha intentado definir lo humano por contraposición con lo animal y con divino. El hombre expresa siempre el latente temor a que se lo confunda con las demás bestias. Pero Darwin con su evolución humana a partir de otras formas de vida animal, demuestra nuestro parentesco con ellos. Tradicionalmente, se ha hablado del ser humano como un animal racional. A los animales la inteligencia les sirve para procurarse lo que necesita y parece estar exclusivamente al servicio de sus instintos. En cambio a los humanos nos sirve para descubrirnos necesidades nuevas. El hombre es un animal insatisfecho. Los humanos utilizamos la inteligencia tanto para satisfacer nuestros instintos como para interpretar las necesidades instintivas de nuevas

formas. La conducta animal es predeterminada; y el comportamiento humano es indeterminado y libre. Filósofos distinguen entre el medio propio en que habitan los animales y el mundo en que vivimos los humanos. En el medio animal no hay nada neutral. En el mundo humano cabe cualquier cosa, incluso lo que nada tiene que ver con nosotros, o lo que perdimos o lo que aún no hemos conseguido. No podemos hacernos

la idea de lo que es ser un murciélago o un lingueirón, simplemente por que no lo somos.

El lenguaje humano es más profundamente distinto de los llamados lenguajes animales. Estos últimos se refieren a la finalidades biológicas de la especie mientras que los significados del lenguaje humano son abstracciones. Los lenguajes animales (tan radicalmente distintos del nuestro que parece abusivo denominarlos lenguajes) mandan señales útiles para la supervivencia del grupo. Lo característico del lenguaje humano es que sirve para decir lo que queremos decir. Pese a la variedad de idiomas que no todos manejamos, lo importante es lo que quiso decir la persona (su voluntad).

Los niños aprenden a hablar por que se les despierta esa intención. El ser humano tiene el propósito de comunicarse ante de disponer de los medios. Lo característico del lenguaje humano es objetivar un mundo comunicable de realidades determinadas en el que otros participan conjuntamente con nosotros. Cada idioma abre un mundo diferente.

El hombre es un animal simbólico. Un símbolo es un signo convencional acordados por miembros de la sociedad humana para referirse o comunicar algo. Las palabras y números son símbolos. Cualquier cosa natural o artificial puede ser un símbolo si nosotros queremos que lo sea. Los símbolos se refieren sólo indirectamente a la realidad física y sin embargo apuntan directamente a una realidad mental, pensada, imaginada, hecha de significados y de sentidos.