Las preguntas de la vida; Fernando Savater

Filosofía española Contemporánea. Filosofía para jóvenes. Filósofos españoles. Preguntas vitales. Reflexión filosófica humana. Liberalismo. Teocracia. Ética

  • Enviado por: Piro
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Las preguntas de la vida

Fernando Savater

Índice

Capítulo primero: La muerte para empezar………………Pág.3

Capítulo segundo: Las verdades de la razón…………….Pág.4

Capítulo tercero: Yo adentro, yo afuera…………………..Pág.5

Capítulo cuarto: El animal simbólico……………………...Pág.6

Capítulo quinto: El universo y sus alrededores………….Pág.8

Capítulo sexto: La libertad en acción……………………..Pág.9

Capítulo séptimo: Artificiales por naturaleza……………..Pág.10

Capítulo octavo: Vivir juntos………………………………..Pág.12

Capítulo noveno: El escalofrío de la belleza……………...Pág.13

Capítulo décimo: Perdidos en el tiempo…………………..Pág.14

Capítulo primero:

La muerte para empezar

¿Qué es la muerte?, es la característica común a todos los vivos pues ello significa que vas a morir. La muerte es lo único que podemos tener por seguro que nos pasará en la vida. Cuando nacemos, firmamos un contrato con ella, es innegable que algún día a de vencer este contrato, es más, la vida se basa en este contrato, algún día hemos de morir. Además no se puede aplazar ni cambiar como si fuesen cromos con el vecino ya que a cada uno le llega la hora en un momento que no sabe cuál es (pues es la cosa más inesperada que se pueda conocer), y esto nos hace ser únicos, y tener una relación muy individual con la muerte, ya que nunca te puedes despojar de ella. Si seguimos reflexionando, podemos llegar a la conclusión de que la muerte es lo más igualitario que existe, pues no distingue entre sexo, raza, edad, condición o estado, y es algo que como ya he dicho antes por lo que todos hemos de pasar, nadie puede eludirla o engañarla. Además como dice Savater “al morir nos llevamos la que nunca volverá a ser” por eso se puede admitir que somos únicos.

En algunas religiones, después de la muerte, prometen una vida perfecta en el paraíso, el cielo o cualquier otro lugar perfecto. Entonces, la vida construida por altibajos, ¿para que sirve si después tienes una vida perfecta?, ¿es esto realidad, o es un simple consuelo para no temer a la muerte? Si fuera realidad, la muerte, no seria la muerte, sino un renacimiento, entonces seriamos inmortales, pues tendríamos tiempo extra cuando agotáramos el nuestro.

Y yo me planteo, después de haber leído “mientras estamos nosotros, no está la muerte; cuando llega la muerte, dejamos de estar nosotros”. ¿Por qué le tememos a la muerte? Entonces después de pensar en ello, y con mis creencias de que tras la muerte no hay nada, he llegado a la conclusión que no temo a mi muerte, sino a la soledad que queda tras la muerte de la gente a la que quiero. Es más, dejar de ser no es tan horrible pues ahora que he leído este capítulo, me he dado cuenta que antes de nacer tampoco era, y que ni duele, ni molesta, bueno la verdad es que no se siente nada, ni recuerdo que me pasara nada horrible mientras no era.

Al principio del capitulo, Fernado Savater, nos dice que cuando se dio cuenta que iba a morirse, empezó a pensar por el mismo, y yo digo, ¿no es cuando admites que vas a morir, cuando empiezas a vivir? Pues el tener conciencia de que nuestro tiempo no es infinito, y que siempre hay posibilidades de que cada instante sea el último le da emoción a la vida. Si yo supiera que nunca voy a morir a parte de que me aburriría, pues casi todo lo hacemos para no morir (como dice Savater), ¿Tendría tantas ganas de saber? ¿Para qué? Lo puedo aprender cualquier otro día, total mi tiempo es infinito. Además qué emoción tendría levantarse y decir: Hoy voy a ver el mundo que vi ayer, que veré mañana, y veré siempre (suponiendo que la inmortalidad fuera una característica común) o decir: a ver a quién conozco hoy y que posiblemente mañana no vea (suponiendo que fuera una característica exclusiva) por eso, cuando te das cuenta que vas a morir, empiezas a vivir.

Capítulo segundo:

Las verdades de la razón

El ser humano siempre intenta encontrar la verdad, la realidad y para ello se formula preguntas, pero antes de poder responderlas debería plantearse como hacerlo o mejor que quiere hallar respondiendo esta pregunta.

Para responder alguna de las preguntas de la vida hay que tener un mínimo conocimiento previo de ello, porque yo no puedo preguntar ¿Porqué la lluvia moja? Sin saber que esta existe. Estos mínimos conocimientos, deben venir de algún lugar, porque quién sepa algo porque sí, debería planearse de nuevo por donde le llegó dicha información.

Lo que creemos saber, nos llega por distintas vías, como que no lo diga un familiar, conocido o amigo, que lo digan en un medio de comunicación, que las estudie o por nuestra propia experiencia. Pero ¿Quién nos puede asegurar que lo que sabemos es cierto? ¿No podrían nuestros sentidos, conocidos o los medios de comunicación habernos engañado? Aquí es donde entra en juego la razón. De vez en cuando hay que pararse a analizar críticamente nuestros conocimientos, a compararlos, debatirlos y dar argumentos a favor o en contra. Esto es básicamente usar la razón, y tras hacerlo, podemos percatarnos de que teníamos conocimientos erróneos o haber descubierto otros “más verdaderos” a los que ya teníamos, o simplemente que cada verdad es verdadera en su campo. Por ejemplo, decir que la luna es de queso no tiene sentido en el campo de la astronomía, pero si en el poético, y es esa confusión la que nos lleva al error. Entonces la razón nos sirve para detectar que hay de verdad en nuestros conocimientos. En la historia, siempre ha habido personas que ponían en duda la razón, por ejemplo los escépticos, que no admiten nada como verdad y todo lo ponen en duda. Dicen que no se puede conocer la verdad, por eso se contradicen pues sí que conocen una verdad, la de que no se puede llegar a ella.

Otros que creen que no se puede alcanzar la verdad razonando son los relativistas. Estos dicen que el punto de vista propio no puede conciliarse con el del resto de personas. Según ellos cada cual razona según su condición. Entonces lo que yo razone, como humano perteneciente al sexo femenino no es útil para cualquier hombre relativista, aunque yo razonara que si te tiras desde lo alto de al Torre de Londres te haces daño. Entonces que un hombre relativista se tire y me lo cuente.

Finalmente, los últimos que se oponen al razonamiento para alcanzar la verdad. Estos opinan que las verdades son revelaciones, visiones que solo están al alcance de unos cuantos, y esta verdad debe ser aceptada sin rechistar cosa que me parece un poco dictatorial, por eso creo que el método de la razón es el mejor para intentar acercarnos a la verdad, pues nos permite hacerlo a todos y entre todos. Si a alguien no le parece correcto puede argumentar por qué y mediante la exposición de los argumentos que pueden corregir errores en nuestros conocimientos o ayudarnos a adquirir otros nuevos. Pero eso si, para que podamos hallar la verdad o al menos intentarlo, debemos escuchar lo que los demás tienen que decirnos y si sus argumentos son más fundamentados que los nuestros aceptarlos, aunque parece que no hay muchas personas dispuestas a hacerlo.

Capítulo tercero:

Yo adentro, yo afuera

¿Se puede asegurar que somos reales? ¿Quién sabe a ciencia cierta que no es un sueño? Puede que solo seamos creaciones de alguien. Tal vez no somos humanos sino que formamos parte de la imaginación de alguien. Entonces “¿Podemos estar seguros de algo si ni siquiera somos capaces de descartar la falsificación universal?”

Descartes fue el primero en plantearse esta gran duda, a la que responde diciendo que toda la realidad es un sueño soñado por nosotros o que alguien superior nos ha creado y nos maneja a su antojo. Pero si todo es sueño o todo viene creado por alguien, ¿No será esto la realidad? Descartes lo único que hace es dudar, y a su forma de hacerlo la llamo metódica. Y a pesar de que tuviera razón y todo fuera ficción, para imaginarla debemos existir, por eso Descartes afirma que existe en su frase “Cógito, ergo sum” (pienso luego existo) y cuando dice pienso, se refiere a dudar, soñar, razonar…

Para Descartes “yo” es una cosa que piensa, y si es una cosa que piensa ¿Por qué la llama “yo” si esta cosa no se puede percibir? Esto es un embrollo de la lengua que usamos, que la filosofía trata de aclarar. Tal vez, Descartes no se refería a un “yo” corpóreo sino al alma que maneja el cuerpo, es decir, hacía una separación entre cuerpo y alma. Pero hay algo innegable, que yo soy yo, diferente de todos es decir que poseo una identidad que no cambia ¿O sí? ¿Sigo siendo yo, la misma que la Paloma con tres años? ¿Será la Paloma de cuarenta años como soy ahora? Es evidente que corporalmente seré distinta pero ¿Y en otros aspectos? En este capítulo se dice que para que algo cambie tiene que en parte permanecer igual, porque sino es como si fuera sustituida ¿No sustituiremos nosotros al crecer y madurar al pequeño yo que un día nació? ¿Podemos estar tan seguros de que podemos decir “yo” siempre? En cambio, si lo vemos por otra parte, yo puedo llamar mías a mis sensaciones, porque la sensación de cansancio no va vagando por el mundo, tiene que salir de algún sitio, y esta claro que unas personas no le pasa el cansancio a otra. Por tanto, cuando yo siento o experimento algo lo uno a todas mis experiencias pasadas. A esto en el libro se le llama autoconciencia, y es la capacidad de hacer mías las sensaciones, y si las hago mías supongo que algo las tiene que poseer. Según Descartes, esto sería posesión del alma (el algo pensante) pero, ¿No necesitaría una exteriorización? Y esta exteriorización es mi cuerpo, que muy evidentemente cambia, pero ¿Cómo podemos explicar que es nuestro cuerpo? Podríamos decir que es conjunto de partes físicas que forman a una persona, pero para mí es una definición sin mucha sustancia. En cambio se puede decir que es la parte de mí que hace el trabajo bruto, que hace que me sostenga, que me desplace pero ¿Cómo lo hace? Pues bajo el mando del “yo”, y sin duda el cuerpo está limitado. Entonces suponiendo que el “yo” esta dentro ¿También es limitado? ¿No se sentirá incomodo y apretado? Esto es precisamente lo que creen algunos místicos, incluso es algo que podemos extraer de las ultimas palabras de Sócrates “debemos un gallo a Esculapio”, es decir una ofrenda por librar a su “yo” de su cuerpo. ¿Podemos estar seguros de que vamos dentro de nuestro cuerpo? Si es así ¿Dónde estamos? A menudo intentamos establecer el “yo” en un punto concreto, pero como dice Savater “una interioridad diferente que está en todas partes del cuerpo y en ninguna”.

Pero si no estamos en un cuerpo, sino que lo somos, todo esto no serviría de nada. ¿Qué sería el “yo”? según el libro “es uno de los efectos del funcionamiento corporal como lo que es la luz a la bombilla, el efecto de su funcionamiento, pero no es la bombilla” por eso los pensamientos no son el cerebro. Pero no nos basta el cerebro para captar las sensaciones también somos necesarios, es decir que no son lo mismo las sensaciones que captamos, que el sistema nervioso que las capta, aunque no podríamos captarlas sin esa “base material”, por eso somos nuestro cuerpo sin el no podemos hacer nada, pero las actividades que realizamos (la risa o el pensamiento por ejemplo) no son materiales entonces ¿Qué son? Son nuestra parte más espiritual, por eso nosotros podemos ser entendidos de dos formas, una exterior, el cuerpo y otra interior, el alma ¿De donde sale esta? ¿Tiene sentido un alma sin cuerpo? ¿Cómo se relacionan nuestras dos partes? Pues al parecer “estamos invadidos y poseídos por nuestro ser”.

Y después de intentar averiguar que somos, ¿Hay algún “yo” mas? Esto es una gran duda, porque yo solo veo las manifestaciones exteriores de los demás seres, pero ¿Sueñan, gozan, y padecen? Hombre visto así, sí que se puede ver personas padeciendo o gozando y por deducción hay más “yo”. Los solipsistas opinan todo lo contrario, entonces ¿Los solipsistas piensan que su “yo” está solo en el mundo? Entonces estamos todos vacíos, bueno todos menos uno. Yo se que mi yo existe, por tanto el único “yo” es el mió, así que nadie más piensa. Aquí hay una contradicción porque los solipsistas piensan que no hay mas “yo” por tanto se puede decir que mucha razón no tienen.

Además, existe el lenguaje que es algo que entendemos todos y que me permite hablar de mi “yo” pero lo puedo compartir con otros “yo” porque sino no me serviría de nada (un lenguaje usado sólo por mi “yo” ¿Para qué sirve?). Entonces el lenguaje es lo que nos distingue como humanos, y donde hemos de buscar que somos.

Capítulo cuarto:

El animal simbólico

Somos humanos pertenecientes a la especie humana pero ¿Qué es eso?

Sófocles, un trágico griego, dice que el hombre es lo más asombrosos que existe, pues es capaz de “manejar” todo lo demás y sino al menos, conseguir que no le incomode y al asombrarse del hombre, él como hombre demuestra que esta hecho para asombrarse. Más tarde, Giovanni Pico, dice que el hombre tiene una gran capacidad, ya que Dios no lo prefijó de una manera y con unas cosas que hacer establecidas, sino que le dio “poder” para auto crearse. Según Pico esto es lo que nos distingue de los animales. Sófocles se asombra de lo que puede hacer el hombre con lo que le rodea, pero Giovanni de lo que puede hacer con si mismo.

Parece que se intenta definir a lo humano como lo no dios y lo no animal. Evidentemente dioses no somos, pero ¿Hasta qué punto podemos estar seguros de que no somos animales? Nosotros somos los primeros que admitimos el parecido al llamar a alguien asno o hacer fábulas, pero eso sí, no nos gusta que se nos confunda con bestias. Pero hemos de buscar nuestros parientes (como especie) entre las bestias pero ¿Qué distingue al animal humano de las demás especies? En un principio se dijo que el hombre es un animal racional, pero el resto de animales también lo son porque buscan siempre el beneficio, razonan siempre lo que les favorece y lo que no. En cambio, se puede hacer una pequeña distinción en cuanto a la inteligencia. Los animales la usan para alcanzar sus fines, en cambio el hombre no se conforma con esto y también busca nuevos fines que alcanzar. Un animal sólo usará la inteligencia para resolver los problemas que se le plantean y sus necesidades en cambio, el hombre, además de lo anterior busca nuevos problemas y necesidades. Esta es la razón de que los animales sepan casi todo lo que tienen que hacer pero el hombre siempre está aprendiendo cosas nuevas.

Los animales y los hombres también nos diferenciamos en que los primeros no se relacionan con nada que no tenga que ver con ellos, en cambio los humanos, tienen relaciones con el espacio y la gente, que por así llamarlo, se sale de su mundo. Por tanto, los animales viven en sus propios “mundos” y la especie humana vive en un mundo formado por todos los demás. Cualquier cosa que no sea del mundo de cierta especie animal, será considerada una interferencia en cambio en el ser humano, bastan unos cientos de metros para cambiar nuestros comportamientos ¿Por qué? Por la existencia del lenguaje. El lenguaje humano sirve para referirse a cosas que pasan en este momento, pero también para cosas que pasaron, pasarán e incluso que no pasarán, en cambio, el de los animales se reduce a sus necesidades, sólo sirve para comunicar avisos del tipo de “esta fruta es venenosa” pero no les sirve para decir “la fruta roja del árbol de hojas anchas está riquísima y es mi favorita”, sólo son para decir lo que hay que decir, en cambio, el humano sirve para decir lo que se quiere decir y esto es lo que más nos diferencia de los otros animales.

Nuestro lenguaje está compuesto por símbolos que tienen más o menos que ver con la realidad, y estos nos sirven para comunicarnos y se nos tiene que enseñar. “Gracias al lenguaje habitamos en un mundo de realidades” como dice Savater y este mundo depende del lenguaje, por eso se dice que cada lenguaje es un mundo pero siempre se puede traducir cualquier cosa de un lenguaje a otro.

¿Pero de dónde salió el lenguaje? Si el lenguaje es una característica del humano y únicamente usado por ellos, entonces o éramos humanos antes de crearlo o lo crearon animales. La segunda es muy inverosímil y la primera es contradictoria, porque si antes de crear el lenguaje éramos humanos, entonces en algún momento fuimos humanos sin lenguaje, y esto no puede ser. ¿Pero no podría ser que la solución estuviera entre las dos, es decir que conforme creamos el lenguaje no humanizamos? Al principio más que un lenguaje teníamos un sistema de comunicación a base de gritos, que fueron trasformándose en palabras. ¿Pero como sucedió esto? Pues evidentemente, cuando empezaron a dar significados de la realidad a los símbolos es decir, nos convertimos en un animal simbólico, con un lenguaje formado por símbolos, a los que los humanos les dan un significado, y cualquier cosa puede ser un símbolo si nosotros queremos. Al ser animales simbólicos, no solo aprendemos las cosas por la propia experiencia, sino que los símbolos nos los tienen que enseñar otros humanos. No todo tiene un significado simbólico ¿Dónde podemos encontrar el límite de lo simbólico y lo que no tiene un significado interpretable? ¿Hay detrás de todo un significado interpretable? Si fuera así tras el más sencillo acto habría un significado. Por ejemplo tras la caída de una hoja ¿Hay una explicación, pero también se puede interpretar algo más? Hombre, se puede interpretar que es otoño, pero esta es la explicación del porqué de que caiga la hoja.

Capítulo quinto:

El universo y sus alrededores

¿Qué es el mundo? El mundo es el entorno donde las cosas están relacionadas y son explicables, pero hay varios tipos mejor dicho, hay un orden de distintos mundos, en el que el grande dentro tiene a los pequeños que dentro tienen más pequeños… El primero es aquello más cercano a nosotros, después está el que engloba a los que son como yo, después el país, el lugar que ocupamos internacionalmente y por último la Tierra. Pero esta está en el sistema solar, que a su vez está en la Vía Láctea, que se encuentra en el Universo. Vaya, ya hemos llegado, el Universo, eso que contiene todo lo demás y sobre él fue sobre lo que los filósofos griegos empezaron a preguntarse.

Antes lo explicaban todo con mitos y los filósofos intentaron explicar el universo y el mundo sin recurrir a ellos. Estas ideas que tuvieron habían sido creadas por alguien, no como los mitos. También acuden a elementos materiales y no a dioses para dar sus explicaciones, que son más objetivas o reales que los mitos y pueden ser descubiertas usando la razón y sobre todo son argumentables y debatibles al contrario que los mitos. Esta cualidad hace que puedan ser entendidas por gentes de distintas culturas. Pero veamos que preguntas se han planteado los filósofos, por ejemplo ¿Gira la Tierra alrededor del Sol o es al contrario? A esa ya le hemos dado respuesta ¿Qué es el Universo? Esta está sin resolver y se puede intentar averiguar.

El Universo se puede entender por un conjunto definido formado por partes, como si fuera un objeto. Los objetos son finitos pero debería de ser algo finito muy enorme para no dejarse nada fuera. Si es finito, debe acabarse en algún lugar, tener dentro y fuera, pero ¿Cómo no va a dejarse cosas fuera si tiene un dentro y un fuera? Entonces o no es el conjunto de todas las cosas que existen o no es finito, pero entonces no es un objeto. A lo mejor es eso, no es una súper cosa sino muchas cosas que se suceden detrás de las otras. Esta negación del objeto único es materialismo filosófico, que dice que si no hay un universo sino muchas cosas que no se tienen que agrupar como unidad, y que estas cosas se descomponen en parte.

Hay otras preguntas, por ejemplo ¿Tiene el Universo orden o designio? Primero hay que saber que se entiende por orden. El orden es la colocación de las cosas, de tal manera que resulte fácil encontrarlas. Entonces cada cual considera orden una cosa, porque para mi madre mi cuarto es un caos y para mi está ordenado. Si para cada uno orden es una cosa ¿Cómo vamos a poder decir si el Universo está ordenado? Para unos estará y para otros no. Entonces somos nosotros los que “damos” orden al Universo, porque inventamos grupos de estrellas llamados constelaciones y agrupamos cada cosa que hay en el Universo con sus semejantes. Pero esto lo hacemos en el trocito de Universo que conocemos ¿Será todo igual? A lo mejor en otras partes hay caos y ¿No podría ser que la vida se origine donde hay un aparente orden universal? Entonces, las condiciones cósmicas son las que nos permiten existir por lo que no somos amos y señores del Universo.

Otra gran pregunta es ¿Cuál es el origen del Universo? Es decir, la causa que hizo posible su existencia. Si una causa tiene que ser distinta a sus efectos y posterior a estos, entonces hay algo fuera de la realidad porque esta causa es anterior al Universo, que lo engloba todo, pero si está fuera de la realidad, no puede actuar y si está dentro del Universo, también nos preguntaremos por su causa. Cuantos problemas da el pensar que surgió de algún lugar, por eso podemos pensar que siempre ha existido. Nunca ha existido la “nada” como piensa Parménides. Pero sino tiene inicio ¿Cómo puede haber llegado a nosotros? También podríamos suponer, como en la religión que lo creo un dios pero ¿Cuál es la causa de este dios? Estamos en las mismas por lo que no nos sirve. También se recurre a teorías científicas como el Big Bang. Vamos que el Universo salió de una gran explosión, pero algo tuvo que explotar y ¿De dónde viene ese algo? Si siempre estuvo ahí, ¿Por qué explotó cunado explotó? Bueno, como no se puede sacar nada en claro, será mejor que dejemos el origen del Universo y encima, como dice Augusto Monterraso “¡pocas cosas como el Universo!" es decir que es algo singular, que no podemos comparar para sacar conclusiones. ¡Que complicado es el Universo!

Capítulo sexto:

La libertad en acción

El hombre no está dentro del mundo, actúa en él. No solo se mueve por él, sino que también lo modifica. El hombre realiza acciones (que no son simples movimientos corporales) ¿Qué es actuar? ¿Qué diferencia hay entre acción y otro movimiento? ¿En que se diferencia lo que hacemos (acciones) a lo que hacen los animales (reaccionar ante lo que les rodea)? Las acciones son aquello que hacemos porque hemos querido, no actos involuntarios ¿Qué separa una acción de lo involuntario? Antes de hacer una acción de liberamos sobre que queremos hacer, por ejemplo cambiar la emisora que estamos oyendo. Para ello, estiramos el brazo y presionamos un botón. ¿Lo que he pensado ha sido el objetivo pero no la acción o viceversa, es decir, cambiar de emisora o estirar el brazo y apretar el botón? ¿Qué es la acción, lo primero o lo segundo? Parece que es un poco confuso, porque que es lo que hago para mover el brazo, lo pienso, lo quiero mover, y se mueve, ¿Pero que he hecho yo para moverlo? Pues no lo sé, entonces ¿Es voluntario o involuntario este movimiento? Hombre, yo podría no haberlo movido, entonces ¿Esto lo convierte en acción? El poder hacerlo o no, por tanto que lo haga voluntariamente significa que sin mi consentimiento no hubiera pasado, y esto es lo que se puede llamar libertad. ¿Pero que es exactamente? ¿Es un acto libre aquel que no se puede prever ni conociendo todo lo anterior, es decir que no dependería de causas anteriores? Y digo esto porque conociendo lo que ha sucedido antes y basándome en las condiciones actuales, puedo prever algo que aun no ha sucedido. Pero no podemos ver las acciones humanas como sucesos, sino que hay que considerar variables como la voluntad, la intención etc. Porque, que algo no se pueda determinar científicamente no quiere decir que esto sea ya libertad. Vamos a precisar. Una acción es libre porque la hace alguien capaz de elegir, con una intención. La libertad puede ser interpretada de varias formas. La primera hacer lo que quieres pero con posibilidad de lograrlo. La segunda querer lo que quieres no solo hacerlo. Y por último, la mas complicada, la de querer lo que no queremos, y no querer lo que queremos. Yo puedo querer enfrentarme a un ladrón, pero realmente no quiero hacerlo porque me da miedo, es decir querer querer lo que no quiero y como esta, también puedo decir, querer querer querer lo que no quiero, y ¿Dónde podemos parar este querer, es decir mi voluntad libre?

Arthur Schopenhauer negó la existencia de esta tercera forma de ver la libertad, ya que dice que somos lo que queremos. Según él nada puede impedirnos querer lo que queremos, porque somos lo que queremos, pero tampoco podemos dejar de quererlo, puesto que es lo que soy. Por el contrario según Jean-Paul Sartre si que afirma su existencia. Fue llamada existencialismo. Para él, lo principal en el ser humano es que existe y que debe auto crearse sin tener unas bases preestablecidas. Pero, ¿No tenemos características predeterminadas como la clase social y las condiciones físicas o psíquicas? ¿Y los obstáculos de la realidad? Según Sartre, tampoco esto nos impide hacer uso de la libertad, porque dice que nosotros elegimos resignarnos a la condición social, y los obstáculos los ponemos nosotros libremente al hacer cosas para las que tenemos alguna restricción. Por tanto estamos condenados a la libertad. Pero los humanos al contrario de lo que dice Sartre tenemos instintos que nos impulsan a actuar.

¿Por qué es tan importante para nosotros la libertad? Porque necesitamos que los actos tengan un responsable por eso al ser libre de actuar, te tienes que responsabilizar de tus actos tanto los buenos como los malos. El ser humano tiende a atribuirse el merito de “buenos actos”, como descubrir algo, en cambio huye de los malos no responsabilizándose de ellos como de atropellar a alguien. Somos libres para hacer lo que queramos, pero hemos de cargar con las consecuencias que conlleva, por tanto, se puede ver como libertad y responsabilidad están relacionadas. Porque soy libre para matarte, pero me he de responsabilizar de ello.

Si yo matara a alguien, con una pistola por ejemplo la culpa sería mía, pero también de quién me la vendió, de quién me dejó aproximarme a la victima, es decir, yo no soy la culpable entera, por eso las responsabilidades pueden no ser tan grandes, pero no hasta el punto de no ser yo responsable, porque entonces no sería una acción sino un accidente.

Tener libre actuación, es saber responder por nuestros actos ante los demás, pero los animales no responden por sus actos. Un león que mata a una gacela no se arrepentirá de haberlo hecho, en cambio, un humano la mayoría de las veces si que se arrepiente de sus actos, tiene mala conciencia, pero si somos libres por naturaleza ¿Por qué nos arrepentimos de lo que hacemos con nuestra libertad?

Capítulo séptimo:

Artificiales por naturaleza

El hombre es un animal convencional, capaz de establecer acuerdos de significado con sus semejantes. Pero ¿Podemos decir que es natural a la vez que convencional? ¿Existe una naturaleza humana? ¿Formamos parte de ella?

Ahora oímos mucho hablar de naturaleza pero ¿Qué es eso? El primer significado de naturaleza es el que se refiere a su forma de comportarse y relacionarse con los demás, en este sentido, se da una continuidad entre lo que existe y lo que pasa. Otra forma de ver la naturaleza, es la de un conjunto de cosas que no han sido creadas por el ser humano, que son las artificiales. Pero ¿Dónde está la línea divisoria entre lo natural y lo artificial? Si se inventa una sustancia en un laboratorio, pero existe en la naturaleza, ¿es natural o artificial?

El termino natural aplicado al hombre se refiere a todo lo que tenemos desde que nacimos, pero ¿Y lo que aprendemos? Forma parte de lo que llamamos cultural, por tanto natural y cultural se acompañan. Pero ¿Hay algo puramente natural o cultural? No, por ejemplo comer es natural, pero conforme vamos creciendo aprendemos que hay alimentos que nos gustan y otros que no. Y en lo cultural pasa lo mismo; pero ¿Cómo podemos entender esto? ¿Será la cultura la capa que recubre a lo natural? Pero el echo de que ambas cosas estén en el hombre las convierte en inseparables, como dijo Maurice Merleau-Ponty “Es imposible suponer en el hombre una primera capa de comportamiento que llamaríamos “naturales” y un mundo cultural o espiritual fabricado”.

Pero natural aplicado al humano tiene otros significados, como un comportamiento habitual, una respuesta impulsiva a un estimulo. Una cosa podemos tener clara, que lo natural y lo cultural siempre van de la mano y se necesitan mutuamente para que seamos seres humanos. Por ejemplo, necesitamos nuestra parte natural para comparar lo que nos envuelve. Muchos se han acogido al ecologismo, poniendo los derechos de la naturaleza por encima de los nuestros. Lo usan para decir como debiera ser la realidad humana, pero ¿Cómo sabemos que esta bien o mal?

En la naturaleza no hay bien y mal, como mucho bueno y malo. Por ejemplo, para un tiburón es bueno poder comerse a los peces, pero para estos es malo que los coma un tiburón. ¿Cómo sabemos que es lo bueno y que es lo malo? Algo bueno, siempre será malo para alguien, ya que lo bueno es aquello que te permite existir, por tanto, para valorar si nuestra conducta es buena o mala tendríamos que comportarnos según nuestra naturaleza, y para ello separar lo natural de lo cultural. Pero no hay hombres sin parte cultural, así que ¿Es posible que esta forme parte de nosotros, de nuestra forma de ser? Es mas, nosotros no usamos lo natural para protegernos de la naturaleza, sino que usamos lo artificial, que además nos da más posibilidades. Lo artificial es lo que nos ha hecho evolucionar, y sin ello aun estaríamos en las cavernas, pero lo artificial también nos ha servido para contaminar, matar, exterminar especies, por eso algunos piensan que hay que vivir según lo que la naturaleza nos manda, pero ¿Cómo saber que nos manda? Para cada uno, comportase según la naturaleza es una cosa distinta. Mientras que para mi seria vivir usando los artificios que nos han hecho evolucionar, pues para mí es muy natural por ejemplo ir en coche, para un ecologista seria no usarlo pues la mayoría la dañan, pero ¿Es que ella nos daña a nosotros? Que hay de los tsunamis o los terremotos. A ellos sobreviven los más fuertes e inteligentes pues es una ley de selección natural y ello nos ha hecho evolucionar a una especie dominante.

Pero si la naturaleza no se preocupa por nosotros, ¿lo hemos de hacer nosotros por ella? En parte vivimos gracias a ella, que nos da oxígeno, alimento, ocio… por tanto creo que tenemos ciertas obligaciones con ella. Hemos de valorar lo que queremos preservar y lo hacemos con varios criterios “culturales”.

El valor intrínseco, es decir el valor esencial. Si todo es natural, nada tiene más valor que nada a no ser que en esto haya algo sobre natural.

El valor utilitario, es decir, si las cosas nos son necesarias, imprescindibles.

El valor estético, es decir, si nos parecen hermosas las cosas, pero esto es diferente dependiendo de las personas.

Nuestras obligaciones, respecto a la naturaleza, es lo que tenemos que hacer para vivir una autentica vida humana, pero ¿Cómo sabemos que es? El ser humano, además de por el lenguaje, también se caracteriza por la técnica, es decir los procedimientos a seguir para hacer las cosas bien.

La técnica, según el libro, es el “afán constructivo o destructivo de dominio” la técnica tiene sus partes buenas y malas. Nos ha ayudado a resolver problemas pero a la vez nos ha causado otros, sobre todo ya no la podemos frenar. Para Spengler, la técnica es una guerra contra la naturaleza, pues según él, solo se puede dominar la naturaleza obedeciéndola y no sometiéndola con la técnica y cuanto más la desarrollamos, más queremos, nos vuelve consumistas. Al avanzar tanto la técnica, estamos usando los recursos, y destruyendo la naturaleza y echamos la culpa a las máquinas, diciendo que son inhumanas, pero son lo mas humano que se puede conseguir pues tan creadas por nosotros.

Capítulo octavo:

Vivir juntos

Nos hemos convertido en humanos estando todos juntos, y no seriamos humanos sin estar con los otros, pero como dice Sartre “el infierno son los demás” ya que necesitamos a los demás. Según la afirmación de Sartre la soledad es el paraíso. La convivencia nos impone limitaciones, pues hay que comportarse como la sociedad nos diga, por eso hay que saber aprovecharla, pero también alejarnos de ella. En las sociedades actuales, las relaciones humanas son muy frías, y controladas por el poder, pero de todas formas, para ser humanos, hemos de relacionarnos con los demás, necesitamos que nos reconozcan como individuos, y si no lo hacen, es la peor tortura que nos pueden infringir. Necesitamos de este reconocimiento para conocernos a nosotros mismos. Hegel lo demuestra mediante un mito “el señor y el siervo” en el que una autoconciencia, que afirma la independencia como valor superior a la supervivencia, vence en una batalla a otra que mediante la técnica intenta vivir mejor. La vencedora se convierte en amo de la perdedora, pero acaban reconociendo a la otra, se llega a la igualdad, a reconocer los derechos de la otra.

Pero, ¿Cómo podemos organizar la convivencia? Aunque ya se reconozcan unas a otras, cada uno tiene sus propios intereses, necesita reconocimiento, y se enfrentan en como repartir los bienes. Como se puede observar hay una discordia, que hay que convertir en concordia. Esta discordia existe porque somos seres racionales que buscamos sacar provecho de todos los pactos, aunque no sean razonables no porque seamos violentos, pues estos son una minoría que no causa conflictos, pero si los causan los racionales.

Los intereses, son lo que nos puede ayudar a unirnos en sociedad, pero al mismo tiempo son lo que nos puede separar. Nuestra misma sociabilidad nos hace insociables, asi que ¿Cómo ordenarla? Los filósofos que estudian la política creen que hemos de suprimirla, pues supone un enfrentamiento de intereses, por eso algunos filósofos se declaran contrarios a la democracia, aunque la filosofía nazca con ella. De aquí viene la afición por las utopías, transformar el mundo positivamente, de tal forma que se acabe con las injusticias. Sus aspectos positivos, son la alternativa a las sociedades actuales, pero, al ser tan perfectas, se convierten en horrores, pues nada perfecto puede existir. Algunos utopistas (como Hitler) creen que deberíamos renovar al hombre, pero entonces ya no seria el hombre, pues tendríamos que olvidar todo lo aprendido, y eso no es posible. Como hemos visto, la concordia es difícil de alcanzar, pero, se puede intentar mediante dos métodos. El primero, el que dice que la organización política a de correr a cargo de todos los individuos que sean de preocupar por el bien común.

El segundo dice que es una mano invisible la tiene que decidir que es lo mejor para el bien común, mientras que los individuos se preocupan por los suyos.

En las sociedades, los ideales no son del todo compatibles, y los políticos tienen que saber mezclarlos en sus justas medidas, es decir, que de la discordia, sepan sacar la concordia. Esto es conocido como justicia, que según Pierre-Joseph Proudhon, “es el respeto, espontáneamente experimentado y recíprocamente garantizado, de la dignidad humana, en cualquier persona…”.

La dignidad humana, empieza a generalizarse a partir de los derechos humanos. Esta dignidad implica que una persona no es colectiva y por tanto no puede ser usada para objetivos generales, que es libre para trazar sus planes, que deber ser tratado socialmente según sus meritos, y por último, que hay que solidarizarse con las desgracias ajenas. La dignidad humana ha tropezado con que las culturas se cierran sobre si mismas, y se enfrentan a las demás, cosa para la que no nacemos ya que nacemos para mezclarnos. Según Freud, el sufrimiento humano proviene de: “la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestros cuerpos y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad”, pero mucho peor es la perdida del amor, tanto fraternal y erótico como la amistad y la simpatía civil. Es decir, que el ser humano necesita el amor, y sin el se siente desdichado, pero ¿Cómo hacer para merecerlo? Según Savater, bastaría con seguir los principios de Asimos (no dañaras a ningún ser humano, ayudarás cuanto puedas a los seres humanos y conservaras tu propia existencia) pero a la inversa.

Las manifestaciones humanas tienen que entenderse en un contexto social, “son cosas que hacemos pensando en los demás” como dice Savater, y pone el ejemplo de la risa mediante la cual, buscamos “compañeros vitales”. Aquellos que se ríen por lo mismo que nosotros, es porque comparten algo con nosotros.

Capítulo noveno:

El escalofrío de la belleza

Los placeres y dolores, a la vez que nos unen, nos separan. ¿Qué son los placeres? Es aquello que nos agrada, que aprobamos. Las satisfacciones pueden venir dadas por los sentidos, o por estos acompañados por la razón. Kant dice, que los gozos producidos por la belleza son libres y desinteresados ya que lo agradable, nos viene dado por los sentidos y lo bueno por la razón, pero la búsqueda de la belleza no responde ni a unos ni a otros. Kant, también dice “es bello lo que complace universalmente sin concepto” es decir, que tienen el mismo lo que se necesita para ser vello o “lo bello no tiene concepto” es decir, que no podemos crear una regla que nos sirva para identificar lo hermoso. Además de esto, distingue entre dos bellezas,”la adherente”, es decir, la belleza que sabemos para que sirve, y “la vaga”, la que existe porque sí, sin una finalidad exacta, y dice que es la más placentera.

Antiguamente se creía que lo bello y lo bueno estaban relacionados, y que servían para hacer la vida más agradable frente a la muerte, por lo que el valor de la belleza, no se puede separar de otros valores humanos, pero como dice Santayana, sí pueden ser distinguidos. Por ejemplo, los valores estéticos no son desinteresados, ya que muestran interés en algún aspecto, aún más, el arte, tiene su función y dice “nada salvo lo bueno de la vida entra en la textura de lo bello”.

También piensa, que algo feo, no puede ser moralmente bueno y viceversa, pues para ser bueno ha de ser bello.

Los griegos creían que la belleza era moral. Platón, considera que la belleza es lo bueno y lo verdadero, y no es lo mismo que buscan los artistas, y considera que la hermosura que buscan los artistas es peligrosa y se ha de rechazar.

Él es amante de la belleza buena moralmente. No es el único que piensa así, pues Kant dice que los artistas, como mucho llegan a veces a una pobre belleza adherente y, Santaya se une en esta cruzada contra los artistas diciendo “un genuino amante de lo bello no podría entrar nunca en un museo” Platón, desconfía de los artistas porque los ve capaces de seducirnos, de producirnos placer, por lo tanto de enseñarnos. Para ello se centran en lo malvado ya que es más divertido que lo bueno, pues un hombre bueno sabemos que formas tiene de actuar (no son muchas) en cambio, el malo nos es más desconocido, y tiene muchas más maneras de actuar.

Platón contrapone el arte y el verdadero conocimiento (filosofía) pues este último busca la verdad, pero el primero está dominado por su creador. En cambio Aristóteles piensa que se puede llegar a la realidad a través del arte, y esto es lo que intentan hacer lo grandes artistas, porque ¿no hemos descubierto cosas gracias a las pinturas de Picaso, Velásquez o a las novelas de Shakespeare?

Un gran opositor a Platón es Schiller, que sostiene que la belleza complementa a lo moral, nos ayuda a decidir por nosotros mismos, pues el arte no nos dice que tenemos que hacer, nos incita a hacer lo que queramos, ya sea una belleza artística o proveniente de la naturaleza. Schiller relaciona la vocación artística con un juego. El artista, consigue sacar la belleza de la realidad y convertir la realidad en belleza y como resultado de ese juego surge el arte. A creado arte, es un creador, ya que sus creaciones son únicas y nadie podría haberlas hecho si no fuera por él, sus creaciones no son nada sin él, pues él las creó, hizo que existieran, puesto que nacen de la personalidad del artista y su visión del mundo.

Pero ¿puede una obra de arte ser fea, o solo está permitido crear cosas bonitas? Está claro que no, pues muchos pintores han creado cosas que sinceramente, hieren a la vista, incluso en el arte moderno hacen cosas que no se pueden considerar arte. Tal vez, el concepto e belleza no es el mismo en el arte, pues un cuadro horrendo, tiene la capacidad de llamar nuestra atención y como dice Alain, “lo bello, no gusta ni disgusta sino que nos detiene”. Nos causa escalofríos, pero ante todo, la finalidad del arte es llamar nuestra atención. Es extraño, la belleza unas veces causa sensaciones gratificantes y otras el escalofrío más tremendo. Entonces, los estrambóticos cuadros modernos (no los tan modernos que no se pueden considerar arte, como un punto en una pared blanca) que causan estremecimientos también son bellos, y según Stendhal “la belleza es una promesa de felicidad” y al cumplir esa promesa nos tenemos que comprometer con lo feo, lo malo y lo falso que evidentemente se encuentra en la realidad.

Capítulo décimo:

Perdidos en el tiempo

Para que a nosotros nos pasen cosas, debe existir el tiempo, pero ¿qué es el tiempo? Es un gran enigma, porque para poder pensarlo debería estar quieto, pero el tiempo nunca está quieto, ya que en el caso hipotético de que él se parase, nosotros también lo haríamos, puesto que no se puede realizar una acción que no ocupe un tiempo, por pequeño que este sea. Además ¿quién puede atrapar un ahora para fijarse en él?, nadie. Los ahora, o se pasan y forman parte del pasado, o breves instantes antes de hacerlo son futuro ya que su paso por el presente es insignificante. No podemos determinar un ahora sin adjuntarle algún movimiento; por ejemplo: será ahora cuando me termine las galletas, entonces si que sabemos a qué ahora nos referimos, en cambio si Yo digo “iré ahora”, ¿a qué ahora me refiero?

Los humanos hemos ideado muchas formas para controlar el tiempo que pasa. Pasa una estación, un ciclo lunar, dos crecidas del Nilo, un segundo… Conforme hemos evolucionado, se ha precisado más, pero aunque lo midamos, seguimos sin poder detenerlo en un ahora. Gracias a él podemos decir que acontece antes, por ejemplo Yo terminaré este trabajo antes de entregarlo a Felipe (lógico, pues no lo voy a entregar antes de que esté terminado). Los antes y después nos permiten hablar de pasado, presente y futuro. El presente el momento exacto en el que vivimos, el pasado lo anterior y el futuro lo posterior, por eso pasado y futuro no son del todo reales, ya que no nos afectan algunas cosas pasadas (a mí la era glacial no me afecta), otras sin embargo sí ( la nota del primer trimestre puede condicionar la nota final), al igual ocurre con las cosas que me ocurrirán en el futuro (hoy no me puedo comer la tarta de mi dieciocho cumpleaños, sin embargo la nota que obtenga en selectividad puede condicionar mi futuro), aunque no podemos deshacernos de ellas tan rápido.

Como dice San Agustín “… hay tres tiempos, un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras…” pues las cosas pasadas pasaron en su presente, por eso llamamos al pasado memoria y al futuro espera.

En el pasado se sitúa lo conocido e inmodificable de donde podemos sacar de que forma actuaremos en el futuro, que es desconocido y modificable, por lo que hemos de preocuparnos más por el futuro que por el pasado, pero sobretodo vivir el presente.

Contra esto, se levanta la doctrina del destino, es decir, el pensar que el futuro ya está escrito, y que nosotros no lo podemos cambiar. Entonces ¿qué pintamos en nuestra vida?, si nuestro futuro está escrito, solo tenemos que hace lo que nos mande. Aristóteles negó esto, pues dijo que el futuro es una deuda y no podemos saber que nos acontece.

Cuando pensamos en el tiempo, tratamos de imaginarlo, y al hacerlo lo hacemos de forma espacial. Vemos como el tiempo se traslada por el espacio. Por ejemplo, Jorge Manrique lo ve como cómo un río que desemboca en el mar, la religión, lo presenta como una flecha que va desde el Paraíso hasta el día del Juicio Final. En otras culturas se ve como algo que gira y trae al presente siempre las mismas cosas, pero siempre lo vemos como una cosa que se mueve por el espacio. Muchos pensadores se oponen a esto. Henri Bergson, piensa que el tiempo es algo continuo, como una película en un cinematógrafo, formada por muchas instantáneas continuas fluyendo, por lo que no nos transporta sino que nos traspasa. Es por esto que el moverse por el espacio y el pasar por el tiempo son muy distintos. En un lugar en el espacio cabe una cosa, pero un instante en el tiempo, lo abarca todo, ya que en el instante 7:38:09 (meridiano de Greenwich) del 10 de marzo del 2007, todas las cosas que existen en la tierra, estarán existiendo, en cambio, no todas estarán situadas en el mismo punto geográfico, y un instante, es el mismo para todo lo que hay en la tierra, con independencia de donde esté. Como tiempo y espacio son tan distintos, no se puede trasladar uno de la misma manera por los dos.

Trasladarse en el espacio es fácil, moverse de un punto a otro, pero ¿y en el tiempo? Si yo me traslado a dentro de diez minutos, ¿dónde están esos diez minutos? ¿He ido al futuro, o ya se puede considerar presente? Está claro que el tiempo no está ahí para que lo recorramos a nuestro antojo. En el espacio podemos encontrar cosas nuevas, pero es el tiempo el que nos trae algo realmente nuevo.

El tiempo pasa pero no se gasta, siempre está entero. ¿No será que somos nosotros los que nos gastamos? En realidad el tiempo siempre está ahí, tal vez nosotros seamos el tiempo, nuestro tiempo, lo que significa que acabamos en la muerte, y el vivir, el gastar el tiempo, es ir acercándose a ella. Saberlo hace que pensemos que vivimos poco y vuelve más intenso todo. Desde que nacemos, llevamos en nuestras células una fecha de caducidad, estamos hechos para envejecer y morir. Siempre hemos creído que hay algo no corporal, y por lo tanto no temporal que nunca ha de morir, el alma. El alma surge del miedo a morir, pero ¿está vivo lo que no muere? A lo largo de nuestra vida se producen muchas muertes y nacimientos, la muerte del niño para dar paso al joven, por ejemplo. Para abrirnos a lo nuevo, tenemos que deshacernos de lo viejo, y este constante cambio es nuestro futuro.

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