Las minas del rey salomón; Henry Rider Haggard

Literatura universal del Siglo XIX. Literatura inglesa del Siglo XIX. Novela. Novela de aventuras. Narrativa. Argumento. Personajes. Crítica e interpretación

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Análisis: Literario de la

Novela: “Las minas del rey salomón”

Autor: Henry Rider Haggard

1.2 OBRA

1.2.1 GÉNERO

NARRATIVO. Subgénero: Novela. Fue uno de los libros que dio a conocer los grandes depósitos descubiertos en África, y las ruinas de las viejas civilizaciones en África.

1.2.2 Época

Escrito en 1881y publicado en 1885.

2. INFORMACIÓN SOBRE LOS ELEMENTOS INTERIORES DE LA OBRA.

2.1 Argumento

Comienza con la introducción de Allan Quatermain sobre lo que están a punto de leer sobre el viaje que hicieron a kukuanalandia, los peligros por los que pasaron, etc.

CAPITULOS DEL 1 AL 5

Allan Qiatermain comienza a contar que empezó a vivir su vida muy joven porque a la edad en que la mayoría va a la escuela el se ganaba la vida como vendedor. Desde entonces se había dedicado a vender, a cazar y a trabajar en las minas. Explica que en su historia nada más aparecen 2 mujeres una joven y una anciana con más de 100 años.

Da a conocer que es tímido, enemigo a la violencia, y también dice que escribió el libro porque sir Henry y el capitán Good se lo pidieron.

Conoció a sir Henry hace 18 meses en una embarcación que iba hacia Natal, en esa embarcación habían 2 hombres que llamaron su atención uno era un hombre como de unos 30 años de edad, con las espaldas anchas y los brazos más fuertes que había visto en su vida. Era rubio, con barba, bien marcadas sus facciones y unos ojos grises, sir Henry le recordaba a los antiguos daneses.

El otro hombre estaba de pie hablando con sir Henry, era de baja estatura y moreno y totalmente distinto. Enseguida se dio cuenta de que se trataba de un oficial de la marina, era un teniente de 31 años que fue apartado de su cargo después de 17 años de servicio, su nombre era John Good. Era de mediana estatura, moreno, grueso y con aspecto pulcro. Vestía impecable, iba bien afeitado y llevaba un monóculo en el ojo derecho que parecía que le pertenecía al su cuerpo, pues no lo sujetaba con ningún cordón y solo se lo quitaba para limpiarlo. El capitán Good y Allan bajaron juntos a cenar y encontraron sentado a sir Henry, se sentaron con el y empezaron a platicar, sir Henry le pregunta a Allan que si el es Allan Quatermain, luego le pregunta sir Henry a Allan que si conoció a un hombre llamado Neville y Allan le contestó que sí lo conoció cuando le daba un descanso a sus bueyes, después le preguntó que si no sabía el paradero del señor Neville y Allan le contestó que había oído algo, entonces sir Henry dijo que el señor Neville era su hermano y que había tenido una pelea con el porque su padre murió sin dejar testamento y cuando pasa eso todas sus propiedades se las deja a su hijo mayor y por eso fue la pelea.

Sir Henry le pregunta a Allan que si supo algo del viaje de su hermano a Bamanguato y Allan le contesta que se enteró de que se dirigía a las minas del rey Salomón, entonces ambos exclamaron ¡las minas del rey Salomón! y le preguntan donde están y Allan contesta que no lo sabe pero sabe donde han dicho que están. Lo más que puede hacer Allan es contar la leyenda de las minas del rey Salomón, dice que el que le contó la leyenda de las minas del rey Salomón fue alguien llamado Evans que cazaba elefantes y le contó la leyenda hace 30 años. Le contó que había encontrado una ciudad abandonada y en ruinas, Evans le preguntó que sin nunca había oído hablar sobre las montañas de Sulimán y contestó que no, entonces le cuenta que ahí era donde el rey Salomón tenía sus minas de diamantes. Después de 20 años no volvió a pensar en nada de eso, pero supo algo más concreta sobre esas montañas y la zona que lo circundaba después de 20 años. En Kraal conoció a un portugués delgado y alto, con ojos grandes y castaños y un poblado bigote entrecano. Dijo llamarse José Silvestre y tenía un campamento cerca de la Bahía de Delagoa. Al día siguiente dijo si volvemos a encontrarnos seré el hombre mas rico del mundo y se despidió. Lo vio partiendo hacia el oeste para adentrarse al desierto, una semana después estaba sentado mirando hacia el desierto y vi la figura de un hombre europeo que arrastraba manos y rodillas, era José Silvestre dijo el capitán Good. Al día siguiente José Silvestre sacó de su bolsillo de su camisa una especie de petaca con piel de antílope que la llevaba sujeta con un cordel anudado. En el interior encontré un pedazo de tela arrugada en la que había algo escrito. Entonces el infortunado siguió hablando con la voz cada vez más débil. Dijo en el papel está todo, uno de mis antepasados escribió esto poco antes de morir en esas montañas, se llamaba José da Silvestra, hace de esto unos 300 años. Nadie de mi familia lo leyó antas hasta que lo hice yo. El papel dice: Soy José da Silvestra, escribo esto en el año 1590 con la punta de un hueso sobre un pedazo de mis ropas y con mi sangre. Si mi esclavo lo encuentra que tome la primera nave hacia Portugal y que se la entregue al rey para que envíe a un grupo armado capaz de cruzar el desierto e imponerse a los valientes kukuanas. Yo he visto la cámara del tesoro de Salomón llena de diamantes, pero a causa de la traición de la hechicera Gagool no pude llevarme nada, apenas mi vida. Que maten a Gagool. Rogad por mi alma. Adiós.

JOSÉ DA SILVESTRA.

El barco se tardó 4 o 5 días en llegar a Durban, en ese tiempo Allan se puso a pensar sobre la oferta que le hizo sir Henry de pagar todo lo que necesitaran y en cambio el los acompañaría en busca de las minas del rey Salomón. Cuando llegó el barco a Durban los tres caballeros se sentaron a cenar y sir Henry le pregunta a Allan que si había pensado en su proposición y le contestó que si pero le impuso condiciones, la primer condición fue que sir Henry correría con todos los gastos y lo que consiguieran lo iban a dividir. La segunda condición fue que le pagaría quinientas libras anuales durante 5 años a su hijo que estaba estudiando medicina en caso de que el muriera. Sir Henry aceptó con gusto las condiciones de Allan. Al día siguiente Allan los llevó a una cabaña que estaba en la Berea que tiene una sola habitación y una cocina, está construida con ladrillo verde y el tejado es de hierro galvanizado. Una vez decidido a partir Allan se puso a preparar lo necesario, primero el documento que cubría a su hijo en caso de que muriera. Allan compró un carromato y un tiro de bueyes a cuenta de sir Henry, bueyes estupendos el carromato tenía más de 7 metros de largo con ejes de hierro, no era un carromato nuevo, tenía una cama, soportes para los rifles y otras cosas. Luego compró 20 bueyes zulúes, los bueyes zulúes son pequeños y ligeros. Después hubo que pensar en las provisiones y en los medicamentos, por suerte el capitán Good tenía un poco de médico porque había seguido en curso de instrucción médica y quirúrgica. Llevaron las armas que sir Henry y Allan tenían, eran 3 rifles especiales para cazar elefantes con un peso de más de 7 kilos que cargaba 1 onza de pólvora negra. Llevaban también 3 Expresses 500 una carga de pólvora de casi una onza, armas excelentes para piezas de tamaño medio. Una escopeta Keepers Nº 12 de cañón doble que fue muy útil para cazar piezas para comer. Y, por último, 3 rifles de repetición marca Winchester y 3 Colt. Después decidieron limitar el número de acompañantes a 5: un conductor, un guía y 3 esclavos, de conductor escogieron a Goza y de conductor a Tom, eran dos zulúes. Tuvieron problemas con los esclavos porque tenían que ser valientes y de absoluta confianza. Primero contrató a un hotelero llamado Ventvögel, luego contrató a un pequeño zulú llamado Khiva que hablaba perfectamente el inglés. Después de encontrara estos dos criados buscó en vano al tercero pero decidió partir con uno menos. Pero la noche anterior Kniva le anunció a Allan que un hombre lo quería ver. Por un rato no le hizo caso y después le preguntó como se llamaba, el hombre contestó Umbopa señor, después le pregunto que quieres y Umbopa contestó que sabía que iban a emprender una expedición hacia el norte con los jefes blancos y pregunta ¿es cierto?, le contesta sí. Allan le pregunta ¿por qué preguntas a donde vamos?, Umbopa le contestó que quería explorar nuevos mundos y que ya estaba cansado de andar vagando por todas partes y les pregunto que si los podía acompañar. Entonces Allan le tradujo a sir Henry y el le pidió que le dijera que se levantara, Umbopa se levantó y dejo deslizar por su cuerpo el capote de corte militar, sir Henry lo miro de pies a cabeza y le dijo: me gusta su aspecto señor Umbopa, se puede unir a nuestra expedición y Umbopa en zulú le dio las gracias.

Salieron de Durban a finales de enero y hasta la segunda semana de mayo no acamparon junto a las tierras. A los 15 días de salir a Inyati llegaron a una zona hermosa y con bastante agua. Los picos de las montañas cercanas estaban cubiertos de vegetación, había todo tipo de árboles y también había huellas, árboles rotos o incluso arrancados de raíz, es significaba que habían elefantes. Por la senda que formaba el lecho del río seco había una manada de jirafas galopando, estaban como a unos 300 metros que se hace casi imposible poder darle pero el capitán Good disparó al animal y sorprendentemente la dio en el cuello quebrandole la columna vertebral. Indicaron a sus sirvientes que cortaran las mejores partes de la jirafa, se dispusieron a construir un sherm que consiste en cortar gran cantidad de arbustos espinosos y amontonándolos en forma de círculo. Al día siguiente cuando estaban preparados para dormir escucharon un sonido, Allan exclamó es un león, de repente vieron unas series de formas sombrías y enormes que se desplazaban desde la poza hacia la selva. El capitán Good estaba a punto de disparar pero Allan le detuvo el brazo para que se estuviera quieto. De pronto llego desde la poza el ruido de un violento forcejeo. Se levantaron de un salto miraron en dirección del agua, tomaron los rifles y calzaron rápidamente, para cuando llegaron ya había estado revolcándose y cuando estuvieron junto a el ya estaba muerto, se trataba de un antílope de las arenas y ensartado en sus cuernos, un espléndido león. En la mañana emprendieron la salida, de pronto vieron una manada de elefantes formada de 20 o 30 de ellos, estaban a 200 metros pero pudieron acercarse a unos 40 metros, enfrente habían 3 enormes paquidermos, Allan apuntaría al del centro, sir Henry al de la izquierda y el capitán Good al de los colmillos grandes. Cuando Allan dijo ahora se oyeron 3 descargas al unísono, el elefante que le pertenecía a sir Henry cayó muerto, el de Allan dobló sus rodillas pero al instante se levantó y le tuvo que volver a disparar, el elefante del capitán Good después de recibir el balazo se volvió y lo atacó y estuvo a punto de aplastarlo y se fue corriendo con toda la manada, después de encontrar a la manada le dieron otros 3 disparos a el mismo elefante y cayó muerto. Los demás elefantes salieron corriendo pero quedaron acorralados, era su oportunidad, disparando tan deprisa como pudieran cargar mataron a 5 elefantes y los que sobrevivieron terminaron por abandonar sus intentos de trepar por la otra orilla. El sol estaba a punto de ponerse con un esplendor rojizo, de pronto oyeron el barrito de un elefante frente al sol. Un instante después Good y Khiva iban corriendo hacia ellos con el paquidermo herido detrás de ellos, de repente el capitán Good tropezó quedando enfrente de el elefante, cuado el elefante lo iba a pisar Khiva le clavo la azagaya en su trompa, el animal lo agarró, lo zarandeó en el aire, lo tiro al suelo y lo aplastó con una de sus patas y lo jalo con la trompa partiéndolo en 2.

Habían matado nueve elefantes y necesitaban 2 días para arrancar los colmillos y llevarlos al campamento para enterrarlos en la arena junto a un gran árbol. Era un extraordinario lote de marfil, con un peso que oscilaba entre los veinte y veinticinco kilos por colmillo. Los colmillos del elefante que mató a Khiva pesarían entre los dos 60 kilos. A Khiva lo enterraron en el agujero de un oso hormiguero junto a su azagaya para que le protegiese. Atardecía ya cuando levantaron el campamento: el sol parecía sumergirse en el desierto. Dejando a Good cuidando el campamento sir Henry y Allan subieron a la cumbre del montículo y se adentraron en el desierto, el aire estaba muy limpio y a lo lejos podían distinguirse las manchas blancas de la gran montaña de Sulimán. Cuando regresaron al campamento Umbopa le preguntó a sir Henry si quería ir a esas tierras y señalo a las montañas, sir Henry le cotestó que si que quiere ir a buscar s u hermano, Umbopa le dice que va a ser un largo viaje, sir Henry contesta que si y que no hay viaje en el mundo que un hombre no pueda realizar si se lo propone. Allan le pregunta a Umbopa que sabe sobre las montañas, contesta que sabe un poquito, que ahí hay una tierra extraña, una tierra de brujos y de cosas hermosas; una tierra de hombres valientes y árboles y ríos y montañas blancas y de una gran carretera blanca. Al día siguiente se dispusieron para partir. Dejaron las armas pesadas para cazar elefantes encargadas con un viejo ladrón y le dijeron que si las tocaba se dispararían. Llevaron: 3 rifles Express y 200 cargas de munición; 2 Winchester de repetición con 200 cargas de munición; 3 revólveres y 60 cargas de munición; 5 cantimploras de 2 litros de agua cada una; 5 mantas; 10 kilos de carne cruda; 4 kilos de baratija. Allan consiguió que los acompañaran con la primera etapa para que transportaran 3 cántaros de agua. Como puntos de referencia no contaban más que con las distantes montañas y el mapa de José Da Silvestra que, teniendo en cuenta que fue trazado por un hombre moribundo en un trozo de tela hacía 300 años, no era como para darle mucha confianza.

Avanzaban silenciosos como las sombras a través de la noche sobre la pesada arena. Los espinosos arbustos enanos del desierto herían sus tobillos obstaculizando su marcha, pero la noche era relativamente fresca y a pesar de que la atmósfera era densa y daba al aire una sensación de pesadez, consiguieron avanzar bastante. Pero aún no se detuvieron, aunque para entonces sus cuerpos no lo habían agradecido, ya que sabían que una vez que el sol estuviera en alto, era prácticamente imposible seguir avanzando.

En una ocasión no tuvieron la suerte de encontrar una roca que los protegiese del calor del sol y a causa de ello, se despertaron con la desagradable sensación de que se encontraban literalmente asados.

CAPITULOS DEL 6 AL 10

Al cabo de dos horas, hacia las cuatro de la mañana Allan se despertó. En cuanto quedó satisfecha la primera necesidad de su cuerpo fatigado, la sed padecida empezó a dejar sentir sus efectos torturadores. Había estado soñando que se bañaba en una corriente de agua cristalina franqueado por árboles.

En cuanto estuvieron todos bien despiertos, empezaron a considerar la gravedad de su situación, no les quedaba ni gota de agua, volvieron las cantimploras boca abajo y chuparon sus bordes, pero fue inútil porque estaban tan secas como huesos. En aquel momento salía el sol y el panorama que iluminaba era tan impresionante que durante un momento se olvidaron de la sed. Porque frente a ellos no más de 80 Km., resplandeciendo como plata bajo los rayos del sol, estaban los pechos de Saba y extendiéndose a uno y a otro lado de la gran montaña de Sulimán.

Estas montañas, colocadas de modo que semejaban columnas de semejante fachada tienen la forma exacta de los pechos de una mujer.

Luego observaban que las montañas se desvanecían entre las nubes y que padecían de sed de nuevo por su mente.

Caminaron al rededor de montículos examinando e lado a lado, pero no encontraban ni una gota de agua, hasta que encontraron en un montículo una profunda grieta que se abría en la cumbre de la duna y que tenía forma de pozo, observaron y había agua o por lo menos una buena imitación. Dieron un salto, salieron corriendo un segundo más tarde estaban echado todos sobre el suelo, con todos sus estómagos llenándose de “aquello” como si fuera néctar de dioses.

Después de haber saciado su sed y de llenado sus cantimploras, reemprendieron la marcha a la salida de la luna, mucho más animados. Caminaron mucho durante esa noche pero, como era de esperar no encontraron más agua, aunque al día siguiente tuvieron la fortuna de poderse resguardar a la sombra de algunos termiteros.

Hacia las once de la mañana estaban exhaustos; se sentían realmente mal. Siguieron caminando y encontraron un llano sembrado, aquella tierra se había formado con lava descompuesta en la que germinaron semillas depositadas por los pájaros y en ella se encontraban melones.

Los melones les saciaban el hambre y cuando satisficieron su sed con el jugo de la pulpa y dejando unos cuantos a enfriar por el simple procedimiento de partirlos y ponerlos boca arriba para que se enfríen por evaporación del jugo, que era auténtico caldo, empezaron a sentir un hambre terrible. Precisamente en aquel momento la suertes les sonrió a lo lejos había una bandada de 10 pájaros grandes que volaban hacia ellos. Tomaron una de sus armas les dispararon. En media hora prepararon un fuego con las matas secas de los melones y se comieron aquel pájaro que mataron. Aquella noche reemprendieron la marcha al salir la luna y se llevaron todos los melones que pudieron.

Aquel día apenas avanzaron 12 Km., pero poco antes de la puesta del sol se encontraban bajo el pezón del pecho izquierdo de Saba. Durante los 10 minutos siguientes avanzaron muy decididos hacia el lugar

y comprobaron que el agujero era la entrada de una cueva.; y sin duda la misma a la que se refería la Silvestra. En cuanto llegaron se refugiaron del sol y dejaron todo el lugar prácticamente a obscuras, durmieron mucho rato y a caso eso lo salvó, pues dudo que hubieran despertado lo que los mantuvo vivos fue su fuerza de voluntad.

Poco antes de que amaneciera el hotelero Ventvögel seguía castañeando los dientes hasta que de repente murió.

Una vez fuera se la cueva se detuvieron con la sensación de haber perdido el juicio. Sir Henry quiso regresar porque pensaba que el hombre muerto en la cueva era su hermano, regresaron y verificaron que no fuera su hermano, observaron que era un hombre alto, de mediana edad, sus facciones aguileñas, pelo rizado y un largo bigote negro. Se preguntaron quien era y el capitán Good inquirió y dijo que era José da Silvestra. Ya no habían dudas, allí tenían muerto al hombre cuyas orientaciones, escritas hace 10 generaciones atrás, los habían conducido hasta allí. Cuando avanzaron cerca de un kilómetro, llegaron al borde de la base del pezón de la montaña, de pronto las cortinas de niebla se descorrieron un poco y nos permitieron ver, a unos 500 metros, al final de una larga pendiente cubierta de nieve, un prado de verde hierva por el que discurría una corriente de agua. También pudimos ver un grupo de unos 10 antílopes. Consideramos rápidamente la cuestión de avanzar sobre la manada y de desistieron. En primer lugar el viento no era favorable y además era seguro que los animales no verían en cuanto sus figuras se recortasen casi escandalosamente sobre la nieve, la única posibilidad era disparar desde donde estaban. Dispararon casi al unísono. Salió humo que flotó durante unos instantes frente a ellos un eco casi interminable parecía deslizarse por la nieve. Cuando se aclaró la vista vieron un gran macho caído en el suelo coceando su agonía. Encontraron un río, después de lavarse en el río emprendieron la marcha. Durante poco más de un kilómetro se abrieron paso entre arbustos y montañas hasta que al cabo de un rato y al remontar una loma vieron la calzada a sus pies. Era una espléndida carretera abierta en la roca viva, de unos 17 metros de anchura y aparentemente en buen estado. Hacia el mediodía habían avanzado lo suficiente, montaña abajo, como para llegar a la zona en la que abundaban los bosques y, por lo tanto, la madera. Al principio solo encontraron arbustos que se hacían cada vez más frecuentes y numerosos hasta que, paulatinamente la carretera fue discurriendo entre árboles de corteza plateada como los que encuentran en las estribaciones de la mesta de Ciudad de El Cabo. Cuando llegaron a la orilla preparamos el fuego y asamos la carne al estilo de los cafres, una vez saciados encendimos las pipas. Allan se recostó y se durmió un rato, cuando despertó abrió los ojos y observo que Good estaba sentado sobre la orilla del río en el que evidentemente había estado bañándose. De pronto Allan vio un resplandor sobre su cabeza. Good soltó una palabrota y dio un brinco, la impresión fue tremenda: allí, enfrente, a menos de 20 pasos había un grupo de hombres altos y piel oscura, lucían en sus cabezas penachos y pieles de leopardo. Frente de ellos un joven de 17 años con la mano alzada como estatua griega lanzando jabalinas, Umbopa se parecía mucho a aquellos hombres. Los kukuanas les dijeron que ningún viajero podía estar ahí y los iban a matar, pero en eso el capitán Good se quitó la dentadura y todos los nativos se sorprendieron y el más joven que había lanzado la jabalina se tiró al suelo y soltó un interminable alarido de terror, y les dijo que eran espíritus. Les dijo Allan que venían de otro mundo pero que eran hombres como ellos, dijeron que por el mal recibimiento iban a matar al que había lanzado la jabalina, pero el más viejo de los nativo imploró que no lo mataran porque era el hijo del rey y que el era su tío. Le dijo a Umbopa que le pasara un tubo mágico que habla, Umbopa obedeció y le pasó un rifle, antes de que Allan pidiera el rifle vio un pequeño antílope a 60 metros, les dijo ven aquel animal y preguntó que si era posible matarlo desde ahí con un solo ruido, le contestaron que no. Allan alzó el rifle y apuntó al animal, apretó el gatillo y mató al animal. Después de ver eso los nativos se presentaron el más viejo era Infados y el hijo del rey era Scragga y les dijeron que lo iban a llevar con el rey Twala.

Durante toda aquella tarde avanzaron por la espléndida calzada que los llevaba hacia el noroeste, Infados y Scragga marchaban junto a ellos pero su grupo de seguidores caminaban rezagados. Entonces Infados dijo que el rey era su hermanastro, que tenía un hermano nacido el mismo día y de la misma mujer, pero que sus costumbres no permitían vivir a los gemelos y que uno debía morir pero la madre ocultó al más débil, y aquel niño era el rey Twala. Cuando su padre murió, su hermano Imotu fue coronado rey para sucederle y reinó algún tiempo y tuvo un hijo. Cuando el niño cumplió los tres años, después de que terminó la guerra, durante la cual nadie pudo sembrar, el hambre asoló estas tierras. Entonces fue cuando Gagool, la sabia y terrible mujer que es inmortal le dijo al pueblo que el rey Imotu no era rey, Imotu estaba entonces en su tienda enfermo a causa de una herida que no le permitía moverse. Entonces Gagool entró en una cabaña salió Twala, al que habían mantenido oculto desde su nacimiento, arrancándole la camisa mostró al pueblo de los Kukuanas la marca de la serpiente sagrada arrollada a su cintura y el pueblo enloqueció y aclamó al rey. En medio del tumulto Imotu salió de su cabaña y apareció llevando de la mano a su esposa y a su hijo Ignosi. Entonces Twala, su propio hermano, corrió hacia él y agarrándole el pelo le clavó el cuchillo en el corazón. La esposa cuando vio que su esposo estaba muerto, cogió al niño y corrió desesperadamente. Dos días después llegó a un poblado muy hambriento, pero por la noche una niña salió a escondidas y le dio de comer. Ella bendijo a la niña y siguió su camino hacia las montañas con su hijo y ahí debió morir.

Durante un buen rato avanzaron a buena marcha hacia la ondulada llanura que se extendía ladera abajo. Las montañas que ya habían cruzado ya muy por encima de ellos y los pechos de Saba semivelados por los traslúcidos sendales de la niebla.

A u kilómetro de las puertas del poblado había un largo trecho de sembrados que partía el camino inclinándose ligeramente y junto a aquel sembrado se detuvo el regimiento. Era todo un espectáculo ver a aquellos guerreros en formaciones y con lanzas coronados con sus penachos de hermosas plumas.

Las formaciones kukuanas permanecía frente a ellos como estatuas de bronce hasta que a una señal dada por su comandante de campo que llevaba como distintivo una piel de leopardo, dieron un paso al frente y proyectaron sus lanzas al aire a la vez que gritaban el saludo real de Koom.

Todos fijaban sus ojos de un intenso color castaño en la elevada maravilla de las piernas de Koom.

Cuando llegaron al centro del poblado Infados se detuvo frente a la entrada de una gran cabaña rodeada de otras menores.

Durante la comida Henry sugirió que convenía procurar enterarse de si sabía algo de su hermano, pero en aquellos momentos no convenía hablar del asunto.

Preguntaron a Infados cuando podía proseguir el viaje y contestó que podían salir a la mañana siguiente dejando mensajes para advertir al rey Twala de su llegada.

En Kukuanalandia, todo hombre útil es un soldado, de manera que toda la nació pueda movilizarse en una guerra ofensiva o defensiva, con forme avanzaba pasaban delante de verdaderas oleadas de guerreros que se dirigían apresuradamente hacia Loo para tomar parte en la gran fiesta anual.

Llegó Infados preguntando que si estaban dispuesto a proseguir su viaje hacia Loo, ellos asintieron y al cabo de una hora estaban a las afueras de la ciudad.

Llegaron frente a la puerta franqueada por un puente elevadizo y al transponerlo lo saludaron con sus armas y el ronco grito de la centinela. Tras media hora de pasar frente a innumerables hileras de cabalas, Infados se detuvo frente a un grupo de cabañas rodeadas por un patio de solo de tierra apisonada y les informó que ese sería su cuartel general.

Una vez que desayunaron fumaron una pipa y les hicieron llegar un mensaje traído por el propio Infados en el que se comunicaba que el rey Twala, estaba dispuesto a recibirlos.

Después de caminar unos centenares de metros, llegaron a un cercado similar al de las cabañas que se habían asignado, pero unas cincuenta veces mayor. Cerca había una hilera de cabañas en las que vivían las esposas del rey, enfrente de la entrada y en el extremo más alejado del espacio abierto, había una cabaña muy grande en la que residía el rey. Por fin la puerta de la choza se abrió y apareció una gigantesca figura con una espléndida piel de tigre sobre los hombros seguida de una Scragga y de lo que parecía sólo un mono envuelto en una capa de piel. El rey se sentó en un taburete, Scragga le siguió y el extraño mono fue a echarse a la sombra de la cabaña.

Tenía los labios gruesos como los de un negro; era chato y tuerto. La cuenca vacía del otro ojo era estremecedora. Llevaba en su cabeza un penacho de plumas blancas de avestruz y el cuerpo cubierto de una cota de malla brillante y al rededor de la cintura la parte inferior de la rodilla derecha llevaba las usuales tiras blancas de cola de buey. Con la mano derecha sostenía una gran lanza. Al rededor del cuello llevaba una gruesa gargantilla de oro y sujeta a la frente un enorme diamante sin tallar.

Después se hizo el silencio, pero no tardó en romperse pues a un soldado se le cayó su escudo y crepitó por el suelo. El rey dijo acércate y un joven esbelto salió de la fila y se plantó ante él. El rey llamó a su hijo Scragga y le dijo que matara a ese perro cobarde, Scragga dio unos pasos hacia el frente, alzó su azagaya y la soltó con tan desgraciado tino que atravesó de parte en parte al joven guerrero.

La simiesca figura que había estado en la sombra se acercó hacia ellos en cuatro patas, pero cuando llegó junto al rey se alzó retirando la piel y cubrió su rostro dejó ver algunas facciones que produjo en ellos una fuerte impresión, era el rostro de una mujer anciana, tan encogido como del tamaño de la cabeza de un niño de pocos años. Después de hablar mucho la figura de aquel extraño ser empezó a agitarse con terribles convulsiones y cayó al suelo echando espuma por la boca en un evidente ataque de epilepsia. Cuando acabó todo, Infados los llevó de regreso a su alojamiento.

Al llegar a su cabaña invitaron a Infados a que entrase. Infados dijo que esa noche iba a ser la gran caza de brujo y muchos hombres iban a morir. Entonces Umbopa le empezó a contar que hace año el rey Imotu fue asesinado en esas tierras y que su esposo huyó con su hijo Ignosi, viajaron muchos meses hasta llegar a unas tierras donde el pueblo Amazulu, emparentado con las Kukuanas, vive la guerra y con él permaneció muchos años hasta que la madre murió. Durante muchos años Ignosi aguardó pacientemente hasta que llegó su momento en que encontró a hombres blancos que deseaban llegar a esas tierras desconocidas y se les unió a ellos. Umbopa le dijo a Infados que él era Ignosi, que era el legítimo rey del pueblo de los Kukuanas, y le mostró el tatuaje en forma de serpiente azul que rodeaba en su cintura.

La boca abierta del animal presentando se veía en pleno centro del abdomen. Entonces el anciano se hincó de rodillas y exclamó Koom y dijo que él era el hijo de su hermano, que era el rey. Ignosi dijo que todavía no era el rey pero que con la ayuda de su tío y la ayuda de los valientes hombres blancos que le acompañaban lo sería.

Ignosi dijo su tío, esta noche es la gran danza y caza de brujos. Son muchos los que morirán y sentirán cólera contra el rey Twala. Cuando la danza halla terminado dijo que hablaría con algunos de los más importantes jefes guerreros, que a su vez si se les quiere unir hablarán con sus soldados.

En aquel momento llegaron los mensajeros que venían de parte del rey, les dejasen pasar y al instante entraron tres hombres portando unas relucientes armaduras y cotas de malla y unas espléndidas hachas guerreras, dijeron que eran regalos del rey para los hombres blancos de las estrellas y en seguida salieron.

Pasaron el resto del día descansando y hablando de la situación. A la puesta del sol miles de hogueras se encendieron y en la oscuridad les llegó el sonido de los pasos marciales y el vibrar de las lanzas conforme los regimientos avanzaban hacia el lugar de la reunión para participar en la gran danza. Llegó Infados con todos sus atuendos de guerra acompañado de 20 hombres y siguiendo su consejo llevaban puestos los petos que el rey les había enviado, los llevaban debajo de sus ropas con la agradable sorpresa de comprobar que no eran pesados ni incómodos.

Al llegar al gran poblado vieron que estaba rodeado por unos veinte mil guerreros dispuestos en regimientos. Avanzaron hacia el centro del espacio abierto en la que se habían colocado varios taburetes, percibieron que un pequeño grupo llegaba desde la choza real.

El rey se sentó en el centro y Gagool se acurrucó en sus pies, los demás se situaron detrás de ellos.

Gritó Gagool empezad, también dijo: ¿cuál es la suerte de hombre nacido de mujer? La respuesta surgió de la multitud diciendo: la muerte.

Al instante se produjo otra vez un ruido y de la gran masa de guerreros unas extrañas y horribles figuras humanas se acercaron corriendo hacia ellos, era mujeres adornadas, con extraños adornos, casi todas de cierta edad como revelaba su tobillo blanco.

Comenzó la danza de la Isanusi y cada vez era más vertiginosa hasta llegar a tal grado de frenética excitación que empezó a echar espuma por la boca.

Por fin Isanusi empezó a moverse de u lado a otro hasta que tocó con su orquilla a un guerrero de enorme estatura e inmediatamente dos de sus camaradas sujetaron al condenado cada uno de un brazo y avanzaron el con él hacia el rey.

Con forme el condenado avanzaba, los verdugos salieron a su encuentro dirigiendo la mirada hacia el rey en busca de instrucciones, el rey, Gagool y Scragga gritaron matad y el verdugo le clavó el cuchillo a la víctima.

Hacia media noche las cazadoras de brujos se agruparon aparentemente agotadas de su sangriento trabajo y creyeron que el espectáculo ya había acabado. No era así, Gagool corrió de un lado a otro hasta llegar a uno de los hombres formados y le tocó. Al hacer esto un murmullo brotó del regimiento y evidentemente estaba bajo el mando de aquel hombre.

Peor a pesar de ello dos de sus miembros lo sujetaron y lo llevaron al lugar de la ejecución, más tarde se enteraron que era un primo del rey.

Cada vez Gagool se acercaba aún más y más hacia ellos, su creciente proximidad era una pesadilla vertiginosa y los ojos de todos seguían congregados por sus movimientos, hasta que Gagool paró y tocó a Ignosi en el hombro la bestia exclamó que lo mataran y les dijo que estaba lleno de maldad.

Allan se levantó de su asiento y dijo que no lo mataran pero el rey dijo que debía morir y Allan replicó que no moriría, los verdugos de Twala lo apresaron, Allan les dijo que se estuvieran quietos o no verían la luz del sol mañana y sacó su revolver apuntándolo hacia el rey. Sir Henry y el capitán Good también sacaron sus pistolas, Sir Henry apuntó al que parecía ser jefe de los verdugos que se disponía a ejecutar su sentencia y el capitán Good apuntó hacia Gagool.

Twala se estremeció al ver el cañón del revolver a la altura de su pecho y les dijo que quitaran sus tubos mágicos y los dejó ir en paz.

CAPÍTULOS DEL 11 AL 15

Durante cerca de 2 horas, estuvieron sentados en silencio porque vieron demasiado esa noche. Poco después Infados entro en la cabaña con 6 jefes de regimientos. Infados les dijo que Ignosi era el rey de los Kukuanas, Ignosi se descubrió y les mostró la serpiente tatuada. Cada uno de las jefes se acercó y examino el tatuaje.

Allan dijo que ya habían visto la serpiente tatuada y les contestaron que no bastaba y que tenían que darles otra prueba.

Entonces Allan les dijo a los jefes que los dejaran reflexionar y los jefes salieron. En cuanto se fueron sacó un cuadernillo de el botiquín y les dijo que el 4 de junio había eclipse total de sol al las 11:15 según la hora de Greenwich y que se podía ver en las islas de África.

Enviaron a Umbopa a que convocara a los jefes de nuevo. Poco después estuvieron de nuevo los jefes y les dijo que iba a hacer que se oscureciera el sol después de medio día con una duración de una hora.

Infados dijo que Twala los vendría a buscar para que presenciaran la danza de las muchachas.

A tres kilómetros de Loo prosiguió Infados hay una pequeña colina curvada como la luna creciente, una fortaleza donde mi regimiento y otros tres regimientos que está al mando de estos hombres se han acuartelado.

Como estaban muy agotados se quedaron dormidos enseguida y no se enteraron de nada hasta que Ignosi los despertó a las once de la mañana. Se levantaron y desayunaron con avidez.

Cuando regresaron a la cabaña se arreglaron con las cotas de malla. Casi inmediatamente llegó un mensajero de Twala para conducirlos hacia el lugar donde todos los años se celebra la danza de las muchachas. Cogieron los rifles y municiones para tenerlas en la mano en caso de necesidad como sugirió Infados.

Cuando llegaron Twala exclamó que empiece la danza y al instante aquellas vírgenes de ébano coronadas de flores empezaron a cantar y a mover virtualmente las palmas y las liras.

Al cabo de un rato el rey levantó la mano y preguntó que cual muchacha era la más hermosa y Allan contestó que la primera. Gagool dijo que esa debía morir, aquella tenebrosa anciana dirigió la incitada viveza de sus ojos a la muchacha, ignorante aún del terrible destino que le estaba reservado.

Llevaron a la muchacha frente a Scragga dio un paso, levantó su enorme lanza y al hacerlo la mano del capitán Good, buscaba su revolver.

Allan se interpuso entre la muchacha y la azagaya de Scragga.

Rey dijo Allan esto no sucederá no lo toleraremos. Deja a la muchacha sana y salva.

Scragga dijo, voy a matarla, gritó guardia apresad a estos hombres.

Sir Henry, el capitán Good y un Umbopa se dispusieron a su lado y alzaron sus rifles, quietos dijo Allan, haciendo acopio de valor a pesar de tener el corazón en el puño. Oídle dijo, Gagool oíd al mentiroso que dice poder apagar el sol como una lámpara. Que lo haga, que lo haga y dejaremos viva a la muchacha y si no que él muera con ella.

Allan alzó la vista hacia el sol y comprobó que por un lado de la brillante esfera asomaba una débil sombra.

Levantó su mano en actitud solemne hacia el cielo, Sir Henry y el capitán Good le secundaron y recitó un par de versos, Sir Henry siguió con un versículo del antiguo testamento mientras el capitán Good se dirigía al reyezuelo.

Lentamente la sombra fue cubriendo al sol y un murmullo auténtico de pánico empezó a brotar de la multitud que lo rodeaba.

El sol está muriendo; los brujos blancos lo han matado gritó Scragga, todos moriremos en la oscuridad.

Animado por el temor, por la furia o por ambas cosas a la vez, levantó su azagaya y la asestó con toda su fuerza contra el pecho de Sir Henry, pero se había olvidado de los petos y la azagaya rebotó sin producir daño alguno, Sir Henry le rebotó la lanza y lo atravesó con ella y cayó muerto.

Durante un poco más de una hora siguieron avanzando hasta que el eclipse comenzó su fase final y el sector del círculo solar que había desaparecido antes se izaba de nuevo visible.

Sin poder evitar una mirada melancólica a los pantalones de Good, Infados nos informó que había reunido los regimientos para explicarle con detalle la sublevación que los jefes decidieron y para presentarle al heredero legítimo del trono, Ignosi.

Una vez que se hizo el silencio, Infados se dispuso a hablar y les explicó con un lenguaje vigoroso y florido. La historia del padre de Ignosi y su muerte a manos de Twala y cómo expulsó y condenó a morir a su esposa. Después dijo que los hombres blancos de las estrellas, mirando la tierra habían advertido su dolor y habían decidido, corriendo graves riesgos, aliviar su suerte.

Media hora después se reunieron en consejo al que asistieron todos los comandantes de los regimientos. Tenían toda la ventaja de que desde la colona podían ver la movilización de las tropas y los mensajeros que salían de Loo en todas direcciones para convocar regimientos a favor de Twala. Tenían de su parte unos veinte mil hombres, integrados por siete de los mejores regimientos del país.

Muy poco antes de la puesta del sol, cuando descansaban de sus trabajos, divisaron una pequeña compañía que avanzaba hacia ellos, uno de ellos llevaba una hoja de palma en la mano como señal de que venía como heraldo.

Aquella noche trabajaron intensamente y mientras tuvieron la luz de la luna prosiguieron con todos los preparativos del día siguiente.

Por la noche aquellos miles de hombres dormían tranquilamente, muchos de ellos verían sus miembros embarados y fríos. Sus esposas serían viudas y sus hijos huérfanos.

En cuanto se equiparon comieron un poco .

Ahí encontraron a Infados rodeados de dos hombres con su regimiento que era sin duda lo mejor del ejército Kukuana.

Cuando estuvieron a unos quinientos metros, el grueso del ejército se detuvo al pie de la colina para permitir que las dos alas rodeasen su posición que tenía aproximadamente la forma de herradura.

Los regimientos que habían presenciado la escena contemplaron entusiasmados aquellas demostraciones de magia del hombre blanco, mientras las fuerzas que mandaba el general al que él apuntó empezaron a retirarse en confusión.

Siguieron avanzando y atronando el aíre con su entre-chocar de sus lanzas. Se dirigían a los puestos avanzados que habían situado entre las rocas del pié de la colina.

El forcejeo de los guerreros fue terrible y hombres como castillo caían con la misma facilidad que las hojas de los árboles bajo el tiempo de otoño. Para la superioridad numérica de las fuerzas atacantes no tardó en hacerse notar y su primera línea fue descendiendo hasta confundirse con la segunda. En esta posición de la lucha fue más dura, pero los nuestros se vieron igualmente empujados hacia atrás hasta que al cabo de unos veinte minutos de que hubiera empezado la batalla. Su tercera línea tuvo que entrar en acción.

Los atacantes estaba ya muy cansado y habían perdido muchos hombres, entre muertos y heridos, abrirse paso a través del inmenso bosques de las agallas que constituía nuestra tercera línea era superior a sus fuerzas.

Los soldados advirtieron la enorme humanidad de Sir Henry al lanzarse al combate y se levantó un grito.

A partir de aquel momento el resultado de la lucha que ruidoso como luchando con desesperado arrojo, las fuerzas atacantes se vieron rechazadas ladera abajo, hasta que tuvieron que emprender retirada.

En la mayoría de los casos, los pobres heridos estaban inconscientes y en otros el corte fatal de la arteria se hacía con tanta rapidez y sin dolos que parecía no alterarse.

Los preparativos para el plan de ataque tan sucintamente expuesto se realizaron con una rapidez que habla muy bien del sistema militar de los Kukuanas. En poco más de una hora se repartieron raciones de comida que los hombres devoraron, una vez formada las tres divisiones y explicando el plan de ataque a los oficiales, todas las fuerzas, a excepción de la guardia que se dejó con los heridos, que ascendía entonces a unos 18 000 hombres.

Minutos más tarde, los regimientos destinados al ataque por los flancos partieron en silencio procurando cuidadosamente mantenerse al abrigo del terreno a fin de evitar se vistos por los de Twala, Infados demostraba ser un viejo general muy experto y que conocía la importancia de mantener elevada la moral de sus hombres en la víspera de tan desesperada batalla, utilizó parte de su tiempo en dirigirse a su regimiento.

Entonces los búfalos, descendieron hasta el extremo de la lengua y tomaron posiciones de reserva unos cien metros de la última línea de la columna de los Grises, sobre un terreno ligeramente elevado, en relación al plano en que se encontraban estos.

Estrechando filas hombro con hombro, redispusieron su formación en silencio y aguardaron un nuevo ataque.

Ahora un segundo regimiento, cuyos distintivos eran plumas, falditas y escudos blancos, se disponían a atacar a los dos mil Grises supervivientes.

El regimiento atacante, formado por hombres jóvenes luchó terriblemente enfurecido y al principios creíamos que los veteranos iban a ceder.

Peor la perfecta disciplina y el valor constante e inconmovible hacen maravillas y un soldado veterano vale por dos jóvenes, como se demostró en aquel caso cuando creíamos que los grises estaban perdidos y se disponía a tomar su lugar, en cuanto despejaron el campo al ser aniquilados.

Era hermoso ver aquellos aguerridos batallones, llegar una y otra vez junto a la muerte, levantando incluso cadáveres delatante de ellos, para no recibir los golpes de las azagayas.

De pronto se oyó un grito de Twala y vieron aparecer la gigantesca figura del rey tuerto, armado también con escudo y hachas de guerra. Y vistiendo una armadura metálica. En seguida fue a buscar a Sir Henry y le dijo que hacer si lo mataba y al mismo tiempo lanzó un cuchillo que afortunadamente lo vio y lo casó con el escudo

Después de 5 minutos, la batalla se decidió desmoralizados por la carnicería que les habían inflingido los grises y los búfalos, los regimientos de Twala emprendieron la desbandada por la llanura de Loo.

Twala le invocó a Ignosi que le diera el derecho real Kukuana de morir luchando e Ignosi se lo concedió y le dijo que contra quién quería luchar.

El ojo sombrío de Twala recorrió las filas y dijo que escogería a Incubu y le dijo Sir Henry que aceptaba pelear con él.

Empezaron a moverse en círculo con el hacha levantada, Sir Henry se lanzó hacia adelante y descargó un terrible golpe, que Twala esquivó echándose a un lado. La acometida había sido tan fuerte que Curtis casi perdió el equilibrio, lo que su antagonista aprovechó y blandiendo su pesada hacha por encima de la cabeza la descargó con tremenda fuerza, pero un rápido movimiento del brazo izquierdo de Sir Henry interpuso su escudo, la réplica de Sir Henry fue un hachazo que Twala detuvo con su escudo. Luego siguió un intercambio de acometidas esquivadas o detenidas con el escudo. De pronto Sir Henry tras detener con su escudo un hachazo, descargó su arma con todas sus fuerzas. El golpe partió el escudo de Twala y la armadura devolvió el golpe, con tal fuerza que el mango del hacha se partió hiriéndole la cara a Curtis. Twala alzando de nuevo su arma se abalanzó contra él y el escudo de Sir Henry estaba en el suelo y que éste rodeaba la cintura de Twala con sus enormes brazos. Forcejearon durante un rato y Sir Henry dejando caer el cuchillo lanzó su mano hacia el hacha sujeta a la muñeca de Twala por las tiras de piel de búfalo, de pronto la tira de cuero se partió y tras un forcejeo Sir Henry consiguió liberarse y hacerse con el arma. Se levantó rápidamente. También del de Twala, que sacando una pesada tolla del cinto le asestó un golpe a Curtis en el pleno pecho. Pero la armadura lo soportó perfectamente. Sir Henry agachándose y a la vez que levantaba su hacha por encima de su cabeza la descargó con todas sus fuerzas y el cuerpo de Twala quedó despojado de su cabeza.

Cuando terminó la lucha. Sir Henry y el capitán Good fueron llevados a la cabaña de Twala. Ambos estaban agotados por el esfuerzo y la pérdida de sangre. Con la ayuda de la hermosa Foulata que desde que constituimos en sus salvadores se convirtió en su doncella, en especial en la de Good, consiguió quitarse las cotas de malla que salvaron sus vidas y hubieron que tenían el cuerpo terriblemente tumefacto.

Mientras tanto Foulata les preparó un caldo bastante fuerte porque estaban demasiado débiles para comer y mejor lo sorbieron.

Después consiguieron dormirse pero de vez en cuando Allan se despertaba sobresaltado creyendo que todavía estaban en la guerra.

Hacía las ocho los vistió Infados que no parecía estar mal de los esfuerzos del día anterior a pesar de ya ser bastante viejo, aunque les dijo, que había pasado toda la noche en vela.

Durante cuatro o cinco días al estado de Good fue sumamente crítico. Y de no ser por los cuidados de Foulata habría muerto.

Allan entró cuidadosamente en la cabaña, la luz de la lámpara mostraba la figura enorme del capitán Good.

Tras la superación de la crisis y la recuperación de Good fue rápida y completa. Pero hasta que no estuvo casi restablecido Sir Henry no le contó todo lo que Foulata había hecho por él.

Pocos días después Ignosi celebró una gran indaba y fue formalmente reconocido como ley por los induanas de Kukuanalanda.

Ignosi le dijo a Gagool que le iba a matar pero Gagool lleno de cólera y terror dijo que no se atreviera a tocarlo y le dijo que conoció a los padres de sus padres y a muchas generaciones de él.

Pero Ignosi la amenaza de que si no lo llevaba hacia donde estaban las piedras le iba a matar y Gagool accedió.

CAPÍTULO DEL 16 AL 20

Al anochecer del tercer día después de la escena descrita en una de las cabañas al pie de las tres brujas, como se llamaba aquel triángulo montañoso al que se dirigía la carretera de salomón. El grupo lo formaban tres: Foulata que nos servía especialmente a Good, Infados, Gagool, transportada en una especie de parihuelas donde se podía murmurar y maldecir todo el día.

Durante más de hora y media ascendimos por aquel tramo de carretera tan de prisa a causa de la excitación.

En el borde de aquella gran hondonada, que no era otra cosa mas que la cima señalada en el mapa del viejo portugués, la gran ruta se bifurca circunvalándola. En muchos puntos, aquella gran carretera de circunvalación, estaba totalmente construida a base de grandes bloques de piedra.

Sobre enormes pedestales de roca obscura, con inscripciones en caracteres desconocidos separados por unos 10 metros y mirando hacia la carretera que cruzaba la llanura hacia Loo, a lo largo de unos cien kilómetros.

Quizá sea cierto dijo Sir Henry, que había terminado estudios de literatura clásica.

Antes de que terminaran de examinar aquellas extraordinarias reliquias de la remota antigüedad llegó Infados y tras saludar a los silenciosos les preguntó que si querían entrar en seguida en lugar de la muerte. Si estaban dispuestos a entrar inmediatamente, Gagool estaba dispuesta a conducirlos. Como era un poco más tarde de las once, acusados de seguir inmediatamente y Allan sugirió que para el caso de tener algún percance en la cueva llevaran con ellos un poco de comida.

Para las grandes dimensiones no eran mucho menos lo más maravilloso del mundo porque la nave estaba atravesada por hileras de gigantescos pilares que daban la impresión de estar formados de hielo, pero en realidad eran enormes estalactitas. Algunos de aquellos pilares se encontraban aún en período de información.

Este tipo de procesos, es por lo que creen saber, un incalculablemente lento como puede deducirse por el siguiente ejemplo, sobre uno de esos pilares descubrieron una figura con aspecto de momia cuya cabeza semejaba la de los dioses egipcios, esculpido sin duda por algún minero de la antigüedad.

Preguntó Gagool si estaban listo para entrar en el lugar de la muerte. Sigue bruja dijo Good intentando dar la impresión de que no tenían temor alguno como también lo intentaban todos menos Foulata, que se congele el brazo del capitán Good buscando protección.

Era en verdad una visión fantasmagórica. Ahí, sobre la enorme mesa de piedra, sosteniendo con sus esqueléticos dedos una gran danza blanca, estaba sentada la misma muerte en forma de esqueleto humano de más de 5 metros de altura.

Mientras se hallaban ocupados en sacudirse el pánico del cuerpo en examinar la belleza del lugar, Gagool estuvo ocupándose de cosas bien distintas. De uno u otro modo hacia donde nuestro viejo amigo Twala estaba bajo el goteo para ver como sugirió Good.

Mientras Gagool les advertía levantando la lámpara, que era una masa de piedra se estaba elevando lentamente desaparecía por la roca del techo.

Aquella mole de piedra tenía la anchura de un portalón, unos cuatro metros de altura más de medio metro de espesor.

Su excitación era tan grande al ver el camino que los conducía a la cámara del tesoro del rey Salomón. Gagool dijo entrar, hombres blancos de las estrellas y se adentró por el pasadizo. Pero antes de escuchar que vuestra servidora, la vieja Gagool. Las piedras brillantes que veis fueron extraídas de la cima junto a la que se alzan los silenciosos.

Cuando Gagool terminó de hablar sus ojos se encontraron y se asustaron.

Gagool les volvió a decir que entraran y que la muerte los aguardaba ahí y se echó a reír tras descender unos metros por el pasadizo estrecho y abierto en la roca viva, Gagool se detuvo y los esperó.

A lo largo del pasadizo había bloques dispuestos para ser utilizado y eso era lo más revelador, un mortero y unas paletas muy semejantes a las que actuales.

Al principio todo lo que la débil luz de la lámpara les permitió ver, fue una estancia cavada en la roca viva que no tendría más que tres metros de lado. Después vieron una espléndida colección de colmillos de elefante. En el lado opuesto de la cámara había una serie de arcanos de madera similares a las de las cajas de munición.

Ahí están los diamantes exclamó Allan. Sir Henry acercó la lámpara manteniéndola junto a la tapa del arcón cuya cerradura oxidada con el tiempo a pesar de la serenidad del lugar, aparecía destrozada. Seguramente por el propio Da Silvestra.

Se lanzaron hacia el lugar y efectivamente había tres arcones de piedra donde de unos sesenta centímetros de lado. Dos llevaban una especie de cerrojo de pasada y el otro estaba abierto.

Sir Henry dijo que primero había que sacarlos de ahí permanecieron ahí unos instantes con las caras pálidas por la luz de las lámparas y el resplandor de las gemas.

Abrir los arcones hombres blancos dijo Gagool, seguramente encontraréis más. Las palabras de Gagool hicieron efecto y se dispusieron a llevar las tapas después de romper una especie de lacre que sellaban los arcones, pero lo que no vimos fue la maligna mirada de Gagool mientras se deslizaba como una serpiente fuera de la cámara del tesoro.

La confusión que sentían era enorme. Se volvieron hacia Foulata. La pobre muchacha estaba mal herida en el cuerpo y advirtieron que no iba a vivir mucho tiempo.

Durante unos minutos permanecieron paralizados por el espanto junto al cadáver de Foulata.

No se sentía incapaz de describir todo el horror de aquella noche. Pero ya no pudo dormir mucho dejando a un lado la terrible idea del destino que les aguardaba. Sir Henry le preguntó al capitán Good cuántos fósforos le quedaban y contestó que le quedaban ocho, le pidió que encendiera uno y que viera que hora era y se dispusieron a comer algo.

De repente Allan sintió que estaba llegando aire limpio, encendieron otros tres fósforos y empezaron a buscar la abertura, de pronto Sir Henry sintió por donde estaba entrando el aire y con la navaja del capitán Good trataba de quitar la piedra.

Después de un rato lograron quitar la piedra y pasaron por ahí llegaron, hasta un túnel más abierto.

Por donde vieron que pasaba un río y aprovecharon para lavarse y beber agua, después fueron buscando la dirección hacia donde iba el río pero cada vez la abertura se iba haciendo más estrecha.

Por fin llegaron hasta donde se veía la luz y fueron lo más rápido posible y salieron, ahí afuera vieron a Infados que cuando vio que salieron corrió hacia ellos y mirándolos atónitos y temblando de miedo.

Aquel viejo guerrero se arrodilló ante ellos se abrazó de las rodillas de Sir Henry y se echó a llorar.

Diez días después de salir de las minas del rey Salomón, se encontraban otra vez en Loo. Después de haberse recuperado del agotamiento, volvieron a ver si encontraban el agujero por el que habían salido de las minas, pero fue imposible, ya que había llovido y habían muchos huecos de osos hormigueros. Good ya no era el mismo de antes, estaba muy triste por la muerte de Foulata, pero fue mejor así, ya que no hubiera sido peor el despedirse. Entraron otra vez por el pasillo de las estalactitas y a la habitación de la muerte, pero no pudieron encontrar el mecanismo que abría la puerta, así que marcharon otra vez a Loo. Cuando llegaron a Loo, fueron recibidos por Ignosi, que, al escuchar la historia y la horrible muerte de Gagool le preguntó a un hombre viejo si él de pequeño conocía a Gagool y el hombre dijo que sí, y que era tan vieja como era ahora.

Quatermain aprovechó para despedirse de Ignosi. Ignosi se enfadó porque pensaba que se iban porque solo querían las piedras y no le querían a él, pero después entendió que ellos añoraban su tierra igual que él había añorado la suya, entonces les dejó marchar pero les dijo que ningún hombre blanco entraría jamás a las minas, porque él le haría volverse y si fuera necesario harían una guerra, pero que para ellos las puertas de Loo siempre estarían abiertas.

Al día siguiente marcharon temprano de Loo. Iban con Infados y tres guías más, que les había dado el rey. Toda la gente estaba despidiéndose de ellos y las mujeres tiraban flores por donde ellos pasaban. Una mujer le dijo a Good que había venido desde muy lejos para ver sus piernas. Y Good después de refunfuñar un rato se las enseñó y todas las damas dejaron ir un grito de admiración, y Good tuvo que ir con las piernas descubiertas hasta que salieron de Loo.

Infados les explicó que había un camino para salir de la tierra de los kukuanas que estaba lleno de oasis y que por ahí sería más fácil ir. Cuando llegaron al primer oasis, Infados se despidió de ellos y Good le regaló un monóculo. Entonces se fueron por el camino de los oasis con los tres guías.

Hacia el mediodía del tercer día encontraron un oasis de los que les habían hablado los guías y pisaron la hierba mientras escuchaban el murmullo del agua.

Cuando estaban caminando por las riberas del arroyo, Quatermain vio una cabaña hecha de paja y barro. De pronto se abrió la puerta de la choza y salió un hombre blanco cojo de la pierna derecha y con una gran barba negra. Se quedaron mirando y el hombre blanco salió corriendo para ellos y cayó a los pies de Henry. ¡Era George, el hermano de Henry!

Después salió un zulú vestido con pieles y le dijo a Quatermain, que era Jim y que había perdido el mapa que le había dado para que se lo entregara a George. Cuando George se levantó le dio un fuerte abrazo a su hermano y después les explicó su historia que más o menos decía que habían estado preguntando a los zulúes sobre las minas y por lo que les contestaban habían encontrado este camino. Pero un día acamparon aquí y Jim estaba cogiendo miel, y movió una piedra que cayó encima de la pierna derecha de George y a causa de su invalidez no podían ni avanzar ni retroceder y se quedaron allí.

Quatermain y Good acordaron que le darían la tercera parte a Henry y que si él no la quería se la darían a George, pero Henry aceptó quedárselas.

Y así fue como acabó la historia. Cuando Quatermain estaba terminándola de escribir recibió una carta de sir Henry que le invitaba a irse para Inglaterra a vivir o al menos a pasar las Navidades con ellos. También explicó que Good no se había mejorado todavía de la muerte de Foulata y que se habían hecho ricos porque estaban vendiendo las piedras. Y que tenia los colmillos del elefante que mató a Khiva en el salón junto con los colmillos de búfalo que él le regaló. El hacha con la que había matado a Twala estaba en su escritora y que le hubiera gustado haberse traído también las cotas de maya.

Después de leer esta carta, Quatermain decidió irse para allá aunque solo fuera para ver a su hijo y para imprimir el libro.

2.2 Idea central

· La búsqueda del hermano de sir Henry y la búsqueda de las minas del rey Salomón

  • Temas

  • · La aventura · Las muertes

    · El suspenso · La amistad

    · El drama · La enfermedad

    · La violencia · La magia

    · El miedo · La estrategia

  • Personajes y narrador

  • PERSONAJES:

    Principales: Allan Quatermain, sir Henry, el capitán Good e Ignosi o Umbopa

    Secundarios: El rey Twala, Scragga y Gagool

    Terciarios: Los sirvientes, Foulata.

    NARRADOR: Es protagonista porque cuenta los hechos en primera persona porque el es el personaje principal de la narración.

  • Acción

  • Planteamiento: Es cuando se inicia de la historia

    Allan Quatermain va en camino a Durban y en eso ve a 2 caballeros que llaman su atención y se entera de que uno se llama Henry Curtis y el otro era un marineros que se llamaba John Good y comienzan a platicar sobre el hermano de sir Henry y también Allan le contó todas la historia de las minas del rey Salomón. y cuando llegan a la ciudad se dispusieron ir hacia las minas.

    Desarrollo: corresponde a la segunda parte.

    Empiezan su viaje por el desierto pero después casi se mueren de insolación o de hambre, después llegan a la montaña donde el portugués Da Silvestra murió. Siguieron avanzando hasta llegar a un lago y fue ahí donde se estaban aseando y en eso llegó un grupo de personas y les preguntaron que quienes eran, les contestaron que hombres blancos y que venían de las estrellas. Pero no les creían hasta que señaló a un buey y lo mató entonces los llevaron a la ciudad, en las cabañas Umbopa le contó a Infados que el era el rey legítimo porque a su padre lo mataron cuando el estaba chico y le enseñó el tatuaje en forma de serpiente y le dijo que si lo ayudaba a recuperar su trono e Infados aceptó sin problema, y en una de esas cabañas se quedaron a descansar para que estuvieran listos para la gran celebración de la caza de brujos. En la caza de brujos murieron muchos y muy violentamente así que tenían coraje hacia Twala, pero la serpiente en la cintura no les significó mucho y pidieron otra prueba de que lo eres. Así que les dijeron a los jefes que iban a hacer que el sol no alumbrara durante una hora más o menos, que lo iban a hacer en la danza de las muchachas. Cuando acabaron de bailar las muchachas iban a matar a la más bonita, pero justo cuando la iban a matar Allan se atravesó entre la muchacha y el hijo del rey, todos los demás sacaron sus rifles y les apuntaron, Allan no dejo de ver el cielo a ver si se oscurecía y si tenía una mancha negra. Entonces empezó a hacer movimientos con la las manos, le secundaron sir Henry y el capitán y empezaron a decir versos, cuando el sol se ocultaba el hijo del rey de desesperación le clavo la lanza a sir Henry pero se olvido de las mayas y la lanza rebotó, entonces sir Henry agarró la lanza y se la clavó.

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