Las invitadas; Silvina Ocampo

Literatura argentina contemporánea. Cuento fantástico. Desmitificación de la infancia. Pecados capitales. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Natalia
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 3 páginas
publicidad
publicidad

La desmitificación de la infancia

Cada época, cada momento histórico, y por supuesto, cada escritor posee una concepción de infancia y de juventud que aparece al momento de escribir un texto, tanto infantil como una obra que tenga como personajes a los niños.

Graciela Montes aclara: “Cada época tiene su imagen de niño, su idea y su fantasía de lo que es o debería ser un niño que merezca el nombre de tal”.

En su particular concepción de infancia, Silvina Ocampo ha escrito la mayoría de sus cuentos, donde manifiesta su mirada desmitificadora de la infancia.

Ocampo tiene una visión muy personal de la concepción de niñez que se tiene en toda la historia de la cultura occidental, en donde la infancia es un período en el cual los humanos se encuentran en un estado de extrema pureza e inocencia. Esta imagen está arraigada firmemente en nuestro inconsciente colectivo y abarca a todos los sectores de la sociedad.

Silvina Ocampo es quizás una de las escritoras que mejor ha roto ese mito de los niños bondadosos e inocentes, mostrándonos niños pálidos, oscuros y misteriosos; ellos sucede con Lucio, el protagonista del cuento “Las invitadas”, quien vive, en la tarde de su cumpleaños, un encuentro con los siete pecados capitales: Las invitadas.

“Las invitadas” es un cuento fantástico que fue escrito en1961, y que, como todos estos tipos de cuentos, rompe con todo orden establecido o reconocido. En un mundo real, con personajes reales, suceden situaciones que no pueden explicarse con la racionalidad.

La trama de este cuento desarrolla la historia de un niño, que tras haber agarrado la rubéola, queda en su casa a cargo de su niñera, ya que el viaje de vacaciones que sus padres harían al Brasil lo descartan a él a causa de su contagiosa enfermedad. Resulta que un día entre los que quedaría a cargo de la criada sucedería el día de su cumpleaños número seis, acontecimiento que permitirá el encuentro de Lucio con Las invitadas, tales niñas representarían los siete pecados capitales.

A partir de Livia, Alicia, Irma, Milona, Elvira, Ángela y Teresa -las niñas- Silvina Ocampo transgrede la idealización convencional que se tiene de la niñez y muestra otra cara de la infancia, su desmitificación de la niñez.

Las siete niñas representan, cada una, un pecado capital y lo manifiestan a través de sus acciones. Lucio se relaciona profundamente con Livia, la lujuria, quien le trae de regalo un juguete que representa a una pareja tosca que se besa apasionadamente. Livia es la niña elegida por Lucio, él queda fascinado con ella.

Tras el paso de estas mujercitas por su casa, Lucio es visto luego por sus padres como un hombre, después de aquél cumpleaños, Lucio ya no era el mismo. Y allí, en esa conversión del héroe, porque todo el relato es un viaje de iniciación, se da lo fantástico, el niño con sus seis años ya hecho un hombre, y las niñas representando divinidades también son parte de ese mundo fantástico muy bien logrado por la autora.

Este cuento trasmite claramente la ideología de Ocampo, “sus” niños buscan un mundo más humano; Lucio por ejemplo está obligado a crecer cuando sus padres lo dejan solo el día de su cumpleaños, y recibe como regalo un juguete pornográfico (Livia le enseña “cómo había que manejar a los muñecos para que las posturas fueran más perfectas y raras”).

La desmitificación que hace la autora de la niñez clásica está profundamente ligada a la personalidad de sus personajes; los niños son personajes carentes de un carisma convencional, hay algo en su aspecto que evoca enfermedad y anormalidad. La enfermedad se da evidentemente en la rubéola que agarra Lucio, la cual le da al rostro y al cuerpo un aspecto deforme con erupciones o manchas. Las invitadas, a pesar de que cada una tiene su característica particular, siempre son descriptas resaltando los aspectos que las hacen poco amables, apáticas o feas; ejemplo de ello: “Teresa no era del todo fea, parecía, a veces, hasta simpática, pero era monstruosa si uno la comparaba con las otras niñas. Tenía párpados pesados y papada, que no correspondían a su edad”, “Elvira era muy fea. Aceitoso pelo negro le cubría los ojos. Nunca miraba de frente. Un color verde, de aceituna, se extendía sobre sus mejillas (…) tenía cara de víbora, de mal agüero”; padecía del hígado, sin duda”,” Ángela era distante y fría”, “Alicia era una suerte de viejita, que olía a alcanfor”, “Milona era muy rosada”.

Pero más allá de sus atributos físicos, estas niñas tienen una carencia inusual de inocencia para su edad; Lucio, por ejemplo, aunque guarda una pureza inherente en su interior, ésta se ve de algún modo corrompida por características adultas y pretensiones maliciosas (más allá de las que son naturales en un niño cualquiera).

Lo ideológico de esta autora tiene que ver con un determinado nivel de visión de mundo, su mirada fundada en una postura ante la sociedad. La escritura de Silvina Ocampo no es para nada inocente como tampoco lo son sus niños personajes. La simbología que implemente abre un camino infinito para la interpretación de sus textos.

“Las invitadas” es un cuento clave y característico de la literatura de esta escritora, en este texto se evidencia todo su estilo literario, el humorismo concebido como vehículo del horror, lo cotidiano desenmascarado con una manifestación de lo maravilloso.

Las obras de Silvina se caracterizan por elegir temas que representan situaciones insólitas, con su genial capacidad de poder narrar la monstruosidad con un tono humorístico casi inocente. Ella le agrega al tono infantil su condimento ideológico con humor ácido pero sabio, no se centra entre lo moral o inmoral, entre el bien y el mal, simplemente narra.

La infancia que pinta esta gran autora argentina, llena de matices, escondites, oscuridades, de tendencias maliciosas, de un humor horrorizado, de niños crueles pero inocentes, es la evidencia clara de que si se sigue pensando a los niños como seres fragmentados, donde solo puede residir en ellos lo puro y lo bueno, se les está negando entonces su posibilidad de ser diversos, heterogéneos, y, por sobre todas las cosas, verdaderamente humanos.-