Las condiciones políticas de la Ciencia Política en Chile; Norbert Lechner

Desarrollo político chileno. Estudios políticos. Academia militante. Disciplinas científico sociales chilenas

  • Enviado por: Juan Pablo Blamey
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 4 páginas
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Resumen: Norbert Lechner - Las condiciones políticas de la ciencia política en Chile

“Una ciencia política sin disciplina”: El rol primordial lo juega el régimen político. Propongo pues analizar cómo el régimen político condiciona la dinámica de la ciencia política.

Toda ciencia y particularmente una ciencia social sólo logra ser reconocida socialmente en un espacio específicamente democrático: la esfera pública. La ciencia política tuvo que insertarse en el conflicto político-ideológico.

El caso chileno indica que el contexto político condiciona el desarrollo de la ciencia política en tanto ésta pretende incidir sobre aquél. En el período democrático, la instrumentalización partidista es posible porque los científicos políticos no quedan al margen del debate en torno a las estrategias de desarrollo.

El hecho que los científicos políticos pretendan influir sobre su entorno político depende, a su vez, del contexto político. La ciencia política no hace sino reflexionar los temas de la política y éstos son -al menos hasta 1973- primordialmente cuestiones del desarrollo social. La ciencia política chilena (se establece como ciencia empírica durante un régimen democrático) hace de la democracia el eje central de su reflexión recién bajo la dictadura.

El peso del debate político asimila el trabajo científico a la metodología jurídica. El objetivo es convencer al otro mediante una argumentación plausible. Es decir, la investigación está más preocupada de la comunicación social que de los efectos complementarios y acumulativos para la disciplina.

“La academia militante”: Lo que distingue a Chile de sus vecinos es la temprana institucionalización de los conflictos sociales a través de la democracia. Los partidos políticos han sido definidos como la columna vertebral de la sociedad chilena anterior a 1973.

La centralidad de la política tiene por referente a los cambios sociales, mientras que la institucionalidad propiamente política aparece como un marco dado.

La dinámica del proceso político genera un clima cultural específico. Se redefine la universalidad como conciencia crítica de la nación y al servicio del desarrollo social. Consecuentemente, se rechaza el rol de profesional y se reivindica el de intelectual comprometido o “intelectual orgánico”. El trabajo intelectual deviene una labor militante.

El régimen democrático es analizado en términos de democracia formal (política) versus democracia sustantiva (social).

La distinción entre sociología y ciencia política es débil. Por ejemplo, es la Universidad Católica, el Instituto de Ciencia Política se diferencia de la escuela de Sociología menos por el curriculum docente que por la imagen político-partidista que predomina en una y otra institución.

No conocemos las causas que impidieron la recepción de la escuela norteamericana de ciencia política, comparado con el brutal impacto de la Escuela de Chicago en economía. Una de las razones es que los principales autores norteamericanos del período (Almond, Easton, Lipset) no respondían a las exigencias del debate ideológico en el período democrático ni eran útiles al diseño de la dictadura.

Resumiendo: antes del golpe militar, podemos afirmar la precariedad de su institucionalización. Para ser reconocida como un conocimiento relevante, la ciencia política tuvo que insertarse en el debate político-ideológico; pero al ser instrumentalizada por los partidos políticos no pudo afianzarse como disciplina.

La ciencia política bajo la dictadura: El régimen autoritario que reina en Chile entre 1973 y 1990 produce un predominio de los factores externos por sobre los internos, pero la modalidad y sus consecuencias son diferentes.

1. Experiencia personal, motivación intelectual e innovación temática: El desarrollo de una disciplina se alimenta de las experiencias personales de sus practicantes. El conflicto político-ideológico ha sido reemplazado por la guerra y experimentamos la pérdida de seguridad. Muchos cientistas sociales fueron expulsados de la universidad; pero tal vez más cruel que el desamparo económico fue la experiencia de exclusión social: ser marginal. Incluso quienes continuaron en la universidad, se sentían condenados al silencio. La ciencia política era subversiva o al menos, indeseada.

Por un lado, asumir la responsabilidad por nuestros actos y sus consecuencias en lo pasado: por el otro, denunciar las violaciones de los derechos humanos y ser portavoz de quienes no tienen voz. Tempranamente, esta dimensión ética influye poderosamente en la revalorización de la democracia y, concretamente, en la preocupación por el sistema político en su conjunto.

Dos son las interrogantes que inquietan por igual a los científicos políticos y a los sociólogos: ¿qué factores condujeron al golpe de 1973? Y ¿qué factores caracterizan el nuevo autoritarismo? La influencia de Gramsci a mediados de los 70 da lugar a otro fenómeno, sorprendente a primera vista: el descubrimiento de la política como tema de estudio. La política -aparentemente un hecho normal y natural- sólo deviene problemática en tanto tema de reflexión cuando la dictadura decreta el “fin de la política”. La falta de acceso a datos empíricos y la insuficiencia de los marcos teóricos existentes provocan un descontento intelectual. Todo análisis crítico del régimen autoritario se funda, en definitiva, en una opción por la democracia.

Plantear una alternativa democrática permite compatibilizar diversos elementos: recuperar la tradición política del país, afianzar una identidad intelectual basada en la libertad y la crítica, llevar los principios ético-normativos al terreno de la política práctica. Esta perspectiva ofrece una premisa compartida con las fundaciones extranjeras para negociar la agenda de investigaciones.

Cuatro líneas de estudio:

  • Predominan largamente los estudios descriptivos del proceso político que se pueden aglutinar bajo el título genérico de “Proceso de transición a la democracia”.

  • Se mantiene una línea de estudios históricos, generalmente referidos al sistema de partidos políticos en la década de los sesenta.

  • Una notable repercusión regional tienen los estudios teórico-normativos sobre la democracia.

  • Finalmente, los estudios de orientación práctica. Se trata principalmente de encuestas de opinión pública, referidas a temas y preferencias electorales así como a aspectos de cultura política.

  • El referente fundamental de toda producción académica suele ser la acción política. Es una ciencia política con intención práctica: la democracia.

    2. La recomposición institucional: En el campo de las ciencias sociales se clausuran muchos institutos y se expulsa a numerosos profesores.

    Un rasgo característico del período autoritario en Chile es la temprana y fuerte institucionalización de la disidencia. Su experiencia organizativa, adquirida en la militancia (aquellos no fueron enviados al exilio), contribuye a la creación de nuevos centros académicos que van formando una densa red de instituciones extrauniversitarias.

    Académicos independientes se caracterizan por algunos rasgos que resumo brevemente. En primer lugar, llama la atención su cantidad; actualmente hay 62 centros académicos sólo en Santiago. Otra característica es la notable inserción social de estas instituciones, desarrollando una comunicación fluida con actores sociales y políticos. Todos los centros académicos privilegian la investigación. La enseñanza, en cambio, ocupa un lugar secundario. Otra característica sobresaliente es la relativa homogeneidad ideológica.

    A través del financiamiento se negocia una estructura de oportunidades de investigación. La agenda definitiva es el resultado contingente de la muy compleja interacción entre las fundaciones y estas instituciones independientes. Por otro lado, aplican criterios de relevancia social, referidos a la prioridad que ocupa el país (Chile y otro) en la opinión pública informada y al impacto social que se espera del conocimiento producido (ayuda a los pobres, apoyo a la democratización, contribución a mejorar la condición de la mujer, etc.). Si el capital acumulado es insuficiente o si deviene obsoleto, la continuidad temática tiende a ser reemplazada por las modas temáticas. Este sistema ha generado estudios muy informativos e incluso importantes innovaciones. Se conserva la división perversa entre producción teórica (Norte) y aplicación empírica (Sur); una tendencia sólo amortiguada por la “crisis de paradigmas”.

    En resumen, la dictadura ha provocado una reestructuración institucional que ha dado lugar a estudios políticos de calidad y utilidad, pero que en conjunto no configuran una disciplina.

    Perspectivas del a ciencia política en Chile: El caso de Chile muestra nítidamente cómo el contexto determina tanto las experiencias, motivaciones y por ende, el interés de conocimiento de los científicos políticos para seleccionar y enfocar sus temas de estudio.

    Mientras que la reconversión institucional se orienta, por ciertas reglas reconocidas, los sentimientos y actitudes se encuentran confundidos. Se abre un nuevo período: una ciencia política que por 16 años se desarrolló a través de la lucha por la democracia, en el futuro se desarrollará en democracia.

    El retorno de la democracia no implica volver al pasado, porque la dictadura no fue un mero paréntesis, un “accidente de parcours”. Dejó huellos negativas, pero provocó también aprendizajes positivos que vuelven improbables las situaciones de híperideologización e instrumentalización anteriores a 1973.

    La débil institucionalización de la ciencia política es un diagnóstico compartido en la región. La precariedad institucional de la ciencia política como disciplina aparece efectivamente como una paradoja. Precisamente la gravitación de la institucionalidad política en Chile a la vez que facilita la negociación entre intereses académicos contrapuestos, dificulta el desarrollo de una autonomía institucional, especialmente en campos tan cercanos a la política como las ciencias sociales.

    La fragilidad institucional de la ciencia política chilena no desparece con el advenimiento de la democracia.

    Científico, intelectual y experto: La centralidad de la política afecta al trabajo académico y, particularmente, a las ciencias sociales en un aspecto decisivo: el criterio de relevancia. Lo decisivo es la existencia de un “ethos” académico que funda su “razón de ser” en un referente externo. Se trata de entender el mundo para mejor transformarlo. Puede afirmarse que, en general, los roles de científico social, intelectual y experto se encuentran en entretejidos.

    Especialmente el caso de las ciencias sociales y de Chile, la producción académica siempre ha estado referida a un consumo extraacadémico. Una característica de la situación chilena consiste en que el posterior uso ya es incorporado bajo un criterio de relevancia en la labor científica.

    Hasta ahora ha predominado el rol de intelectual. Ya no es el “intelectual orgánico” de una clase o partido ni el profeta de un orden justo; hoy día, el intelectual se inserta en al pluralidad del espacio público. La revalorización de “lo público” (como ámbito distinto a los estatal y lo político) es seguramente una de los indicios más prometedores para el desarrollo de la ciencia Política en Chile.

    Aunque el científico político sigue teniendo una importante función como intelectual, actualmente predomina su rol de experto. De hecho, muchos de los académicos más connotados han sido llamados a cargos ejecutivos y asesores en el nuevo gobierno democrático. Los aportes académicos han ayudado, sin duda, a incrementar la racionalidad del debate político.

    Por un lado, desarrollar la especialización temática en torno a algunos ejes fundamentales de mediano o largo plazo (como lo fue la transición democrática). Pienso que tal exploración conlleva a una reflexión teórica que es exigida por una estrategia problem-solving. Por otro lado, parece necesario desarrollar la dimensión internacional del debate académico.

    Entre el Estado y el mercado: El control militar de la universidad ha sido solamente el detonante, acelerando la tendencia a concentrar la investigación social de punta en instituciones especializadas. Desde entonces el desarrollo de la ciencia política se encuentra escondido; la universidad cumple con las funciones de docencia y de reproducción disciplinaria mientras que la investigación es desarrollada en los centros extrauniversitarios.

    Parece indispensable cierta intervención del Estado que estabilice mínimamente los ingresos y, por tanto, los equipos de investigación. Si el Estado asumiera plenamente la responsabilidad financiera, quedaría asegurada la continuidad de los centros extrauniversitarios, pero aumentaría el riesgo de su instrumentalización no tanto ideológica, sino utilitaria en función de las políticas gubernamentales. Por consiguiente, me parece ser lo más conveniente un sistema mixto en que el Estado asegura una estabilidad básica y el mercado recompensa los esfuerzos de excelencia e innovación científica.