La vida; Eloy Sánchez Rosillo

Literatura española contemporánea. Poesía de la experiencia. Visión de la vida. Novísimos. Antirretoricismo. Poema elegíaco. Paso del tiempo. Naturaleza

  • Enviado por: Victoria Gómez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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“LA VIDA” [Eloy Sánchez Rosillo]

TÓPICOS LITERARIOS

En los poemas la tradición grecolatina (clásica) está presente en los tópicos literarios a lo largo de todo el libro.

  • Vita brevis (fugacidad de la vida)

Poemas: “Inscripción”, “Principio y fin”

  • Paso irreparable del tiempo: Es inevitable sucumbir al paso del tiempo, hace mella en todos nosotros.

Poemas: “Envejecer”

  • Ubi sunt? (¿dónde están?): Desconcierto, búsqueda de lo perdido por el tiempo.

Poema: “Desde aquí”

  • Locus amoenus (lugar agradable): Espacio idealizado y recuperado con ayuda de la memoria.

Poema: “Volver”

  • La vida como sueño: Indistinción entre realidad y sueño.

Poema: “Desde aquí”

  • Carpe diem (disfruta el momento): Suele darse este tópico en poemas que hablan de pasión y amor.

Poema: “Paris y Helena”

TEMAS

La vida

Todos los poemas giran en torno al milagro de la vida. El libro tiene un marcado carácter autobiográfico en el que predomina un tono elegíaco, por lo que todos los temas se abordan en un tono melancólico, de recuerdo nostálgico de lo ya vivido.

En el libro hay referencias a todas las etapas de la vida. Algunos poemas las engloban todas (“Noche de luna”), otros toman uno de ellos como eje temático (“Un jilguero”, “Siesta”, “Envejecer”

Infancia y juventud

Sánchez Rosillo crea dentro de la infancia y la juventud un mundo edénico al que recurre con la poesía para evadirse de la rutina. Se refugia de la realidad en el recuerdo del paraíso perdido de su infancia y adolescencia, donde encuentra su particular locus amoenus en la casa de campo en la que pasaba el verano, presente en varios poemas como “La siesta”.

Sánchez Rosillo hace estos viajes al pasado para escapar del aburrimiento de los hechos cotidianos, excusa que utiliza para embarcarse en un viaje en la memoria, en el que revive sensaciones y escenas con nitidez e intensidad.

El paso del tiempo

Es una obsesión en la poesía de Sánchez Rosillo. El paso del tiempo y la fugacidad de la vida se manifiestan en:

  • Continuas referencias temporales: estaciones del año, meses, partes del día; indican que está obsesionado con el tiempo.

  • Continuos recuerdos nostálgicos, en especial de su infancia y su adolescencia, donde encuentra su paraíso idealizado, que le causa una cierta melancolía en contraste con su situación actual, pero al que acude por medio de recuerdos simples para evadirse de momentos de tedio y aburrimiento de la rutina y paliar los efectos irreparables del paso del tiempo.

  • Referencias a algunos tópicos literarios relacionados con la preocupación por el paso del tiempo:

% fugacidad de la vida

% paso irreparable del tiempo

% ubi sunt

% referencias al carpe diem, fruto de la obsesión por atrapar los momentos fugaces de felicidad que tiene la vida.

  • Reflexión sobre el paso del tiempo que deriva en una visión subjetiva del mismo, apreciable en:

% Cuando se habla de la infancia hay referencias a mañanas y tardes interminables que al ser evocados parecen haber transcurrido en un suspiro (“Despedida”).

% Cuando se trata el tema de la madurez el tiempo se acelera debido a la monotonía diaria que crea la sensación de ir cayendo vertiginosamente hacia un final cada vez más próximo: la muerte.

A veces aparece una concepción del tiempo como un eterno retorno (Nietzsche, Azorín).

La muerte y la vejez

Siempre acompañan al tema del paso del tiempo, centrales en “Inscripción” y “Envejecer”.

La presencia del tema de la muerte es una consecuencia lógica de un hombre apesadumbrado por la idea del paso del tiempo, por eso junto a poemas dedicados a la vida aparecen otros relacionados con la muerte.

El poema “Inscripción” muestra lo cruel que es la muerte al despojarnos de todo y al ser lo único que perdura en contraste con la fugacidad de la vida.

En “En mitad de la noche” la muerte aparece inesperadamente, recreando la muerte del padre de Eloy. En mitad de la noche no refleja sólo la oscuridad física, sino la sombra que recae sobre el niño que acaba de dejar de serlo.

El tema de la vejez se trata sobre todo en “Envejecer”, donde se describe el proceso de la vejez: primero un desposeimiento impuesto por la vida, se pierden las facultades de los sentidos y luego llega la incapacidad para emocionarse. El tiempo termina derrotando al hombre, y cuando la vejez llega, nos arrastra hacia la muerte, y lo único que queda son los chispazos de luz de los recuerdos nostálgicos del pasado.

La identidad perdida

Cuando la alegría y la ilusión de la infancia y la adolescencia desaparecen por el devenir del tiempo, se crea una gran incertidumbre, el poeta no se reconoce a sí mismo y se ve como un extraño (ubi sunt?). De aquí nace la sensación de desdoblamiento (no reconoce su imagen en el espejo ni en la fotografía).

La realidad y el sueño

El paso del tiempo causa la duda permanente para distinguir lo vivido, lo imaginario, lo soñado o lo recordado ( “Desde aquí”, “Volver”).

El amor

Hay varios poemas amorosos y recuerdos de etapas felices marcadas por el inicio del amor, por lo que el tema del amor adquiere también un carácter elegíaco. Se aborda el tema desde las siguientes perspectivas:

  • El amor adolescente: emoción intensa, días caracterizados por la luz, la ilusión, la vida.

  • Brevedad en el tiempo del amor cuando es recordado.

  • Momentos únicos e irrepetibles, atracción experimentada en un encuentro amoroso.

  • Ausencia del amor o la persona amada. La soledad obligada provoca sentimientos dispares.

  • El amor paterno, relacionado con el paso del tiempo al descubrir que su hijo ya no es un niño.

Metapoesía

La poesía se convierte en objeto de reflexión del autor, que suele empezar sus libros con un poema dedicado a la propia creación poética; en este caso lo hace con un poema autobiográfico, pero le sigue uno dedicado a la creación.

Sánchez Rosillo tiene una concepción romántica de la poesía, según la cual el poeta es un escogido que tiene el don de la palabra, de ordenar el caos y dar luz al mundo, y la creación poética es un momento mágico de inspiración, como un milagro que consiste en encontrar la palabra justa, haciendo de la poesía un sistema de ordenación de un caos previo. La influencia romántica se aprecia en vocablos como luz, relámpago, vértigo, llanto, delirio, noche,... referidos a la creación poética. Según Rosillo, el poeta es un simple intermediario, “el hilo por el que pasa la corriente de poesía antes de llegar al papel”.

Los poemas metapoéticos son:

  • “Acaso”: visión del poeta como ser elegido, símbolo del papel en blanco, enigma de quién es el que otorga el don de la palabra poética y poesía como consuelo.

  • “El abismo”: el autor reflexiona sobre la inactividad poética que sufre en ocasiones y que le conduce a un vacío ante el que se encuentra impotente.

  • “La siesta”, donde se encuentran los principales temas de Rosillo (tiempo, juventud, metapoesía), y sus técnicas más características (desdoble y flash-back). El poema surge por la evocación del pasado.

  • “Hoy”: nos muestra al poeta en su madurez como alguien que sólo vive de sus recuerdos y su escritura.

V. ESPACIOS Y AMBIENTES

Los espacios más importantes en los que Sánchez Rosillo se recrea son:

  • El campo. Asociado a la familia, al pasado, al paraíso perdido al que volverá el autor en momentos de reflexión para evocar tiempos felices de los que se encuentra hoy ausente y lejano en la ciudad. Hay cierta oposición entre el campo y la ciudad, siendo el primero lugar evocado con nostalgia, y la segunda lugar de la rutina presente y lo cotidiano. En el poema “Volver” se nota el recuerdo nostálgico del campo como fuente de vida, belleza y placer.

  • La ciudad. Asociada al presente, a lo cotidiano, donde el poeta vive o se encuentra. La “poesía de la experiencia” es una poesía urbana que retrata la ciudad como un marco cotidiano. Sánchez Rosillo hace esto, aunque en menor medida que otros poetas. En este libro, la ciudad es el espacio cotidiano donde a veces se rompe la rutina (como en “La luz” o “En el atardecer”). La ciudad a la que recurre Rosillo suele ser Murcia, “la ciudad del sur”, aunque también aparecen otras ciudades en el libro.

  • La naturaleza: asociada generalmente al campo. Aparece como fuente de vida, portadora de belleza, llena de luminosidad y colorido, y se suele contemplar desde la soledad y el recuerdo nostálgico.

En el libro también hay gran cantidad de referencias a elementos naturales muy simbólicos:

El sol: fuente de luminosidad, símbolo de vida, infancia, alegría. Aparece en evocaciones del veranoen el campo.

La luna: Testigo del paso inexorable del tiempo y poderosa fuente de inspiración.

La tormenta: Ruptura dentro de la monotonía, lo cual supone alegría. Sin embargo, también trae la tristeza del invierno y la falta de luz consigo.

La luz y la sombra: la vida a veces se simboliza por luz intensa, rayos de luz, fulgor; la muerte por sombras, bruma o niebla.

Se puede observar una recurrente antítesis entre la luz (verano, infancia, sol) frente a la oscuridad (noche, invierno, monotonía, bruma y niebla). Los primeros son referentes al pasado, el paisaje edénico, el paraíso perdido; los segundos al presente, la madurez y la rutina.

VI. ESTILO

Entre los rasgos característicos del estilo del autor en este libro, destacan dos:

-El carácter narrativo y autobiográfico, relacionado con el tono elegíaco de sus poemas.

-La sencillez y ausencia de artificios.

El carácter narrativo y autobiográfico de “La vida” ha sido reconocido por el propio autor, quien, a través del recuerdo nostálgico de un tiempo pasado desarrolla sus poemas.

La sencillez, el antirretoricismo, constituye una característica de los “poetas de la experiencia”, que entienden la poesía como algo comprensible y cercano para el lector, que está al alcance de todo el que lo desee.

Este carácter narrativo y el tono coloquial dan lugar a un prosaísmo poético: el lirismo lo aporta el tono elegíaco y el carácter intimista, y el tono coloquial la sencillez prosaica.

Estos dos rasgos condicionan las características estilísticas de sus poemas.

En el plano fonológico destacan:

  • la métrica: acorde al carácter narrativo, versos endecasílabos, alejandrinos, y en ocasiones heptasílabos

  • el encabalgamiento: largo y suave, los versos omiten la pausa verbal y vienen a descansar en la cesura, lo cual produce un silencio menor que si lo hiciera al final del verso y provoca una sensación de mayor fluidez (carácter prosaico)

  • la rima: suele ser asonante y encontrarse en el centro del poema.

En el plano morfosintáctico destacan:

  • el predominio de sustantivos y verbos que contribuyen al carácter narrativo de la obra.

  • Los sustantivos: suelen ser abstractos cuando el poema toma un tono filosófico y concretos cuando se evoca la niñez y la juventud, ya que se habla de elementos naturales, objetos, paisajes, concretos.

  • La frecuencia de verbos: cuando se refiere a la madurez indican movimiento, mientras que son estáticos cuando evoca el paraíso de la niñez. Los tiempos verbales ayudarán al continuo paso del presente al pasado, y los más frecuentes son: presente (actual, habitual o intemporal), pretérito indefinido y pretérito imperfecto.

  • La escasa utilización de adjetivos: son pocos, pero están bien elegidos. Suelen ser adjetivos valorativos que reflejan la subjetividad del poeta. Casi siempre aparece un solo adjetivo, aunque en ocasiones hay alguna serie.

  • La presencia de adverbios con valor deíctico, necesarios por los continuos saltos en el tiempo. (Títulos)

  • Las personas gramaticales utilizadas por Sánchez Rosillo: la más frecuente es el “yo poético”, la 1ª persona del singular, aunque en alguna reflexión filosófica utilizará la 1ª del plural (“La tregua”). También aparece con mucha frecuencia algo típico del autor, el desdoble del poeta, que sucede cuando se dirige a un tú que es él mismo, consiguiendo un distanciamiento con respecto al poeta y una mayor cercanía al lector (“La siesta”, “La luz”, “Principio y fin”).

  • Desde el punto de vista sintáctico, es característico el abuso de encabalgamientos. A veces, el autor recurre a paralelismos y anáforas para acentuar el ritmo del poema.

En el plano semántico también se advierte la sencillez dada por la escasez de figuras retóricas, ya que el autor un vocabulario sencillo y preciso. Por tanto, no hay demasiados recursos retóricos, los más utilizados son:

  • Metáforas: escasas, presentes en reflexiones sobre el sentido de la vida y el hombre.

  • Símbolos: abundantes. (Luz, sombras, infancia y adolescencia, madurez y senectud, naturaleza, campo)

  • Antítesis: con cierta frecuencia en los pasajes más filosóficos.

  • Paradoja: presente en reflexiones sobre la existencia.

  • Sinestesias: la evocación del pasado suele estar cargada de imágenes literarias que apelan a los sentidos como las sinestesias.

  • Personificaciones o animalizaciones: frecuentes.

En general, el orden y la precisión predominan en esta poesía caracterizada por la sencillez y, a veces, por la economía verbal. Suele ser una poesía narrativa, autobiográfica, elegíaca. A veces adopta un tono reflexivo casi filosófico, pero siempre está presente la sencillez y el tono coloquial que la acercan a cualquier lector.

Comentario de PRINCIPIO Y FIN

PRINCIPIO Y FIN

Puede ser que te digas: “El verano que viene                           14 A  

quiero volver a Italia”, o “El año que hoy empieza                  14 B

tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte                        14 A

acabaré mi libro”, y también: “Cuando crezca                         14 B

mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?”.                    14 -

Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;                   14 C

terminaste hace muchos años el libro aquel                             14 -

en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre                 14 D

y siguió su camino, lejos de ti. Los días                                   14 E

que vendrán ya vinieron. Y luego cae la noche.                       14 D

A la vez respiramos la luz y la ceniza.                                      14 E

Principio y fin habitan en el mismo relámpago.                       14 C 

Adaptación del análisis realizado por Juan CANO CONESA

  

1. ESQUEMA.  

TEMA PRINCIPAL: La angustiosa fugacidad del tiempo

1.    PROYECTOS Y EXPECTATIVAS (versos del 1 al 5)

-         a corto plazo: “el verano que viene”

-         a medio plazo:  “el año que hoy empieza”

-         a largo plazo: “cuando crezca mi hijo”  

2.      EVOCACIÓN DE LOS PROYECTOS CONSUMADOS (versos del 6 al 9)

-         el paso rápido del verano,

-         finalización del libro

-         crecimiento rápido del hijo 

3.      DESALIENTO O REFLEXIONES FINALES (versos del 9 al 12)

- Unión entre pasado y futuro

- Proximidad de la muerte

- Fugacidad de la vida  

 4. RASGOS ESTILÍSTICOS 

 4.1. PLANO FONOLÓGICO 

Principio y fin es un poema no estrófico, formado por versos alejandrinos (de catorce sílabas). En muchos de ellos, como los cuatro primeros, la cesura coincide con una pausa sintáctica que marca el ritmo del poema.En cuanto a la rima, cabe destacar que riman en asonante casi todos lo versos: los versos 1 y 3 (viene - suerte), por un lado; los versos 2 y 4, por otro (empieza - crezca); los versos 8 y 10 (hombre - noche) y los 9 y 11 (días - ceniza) también riman. Queda, por último, una rima esdrújula en posición realmente original: la del verso sexto y duodécimo (pasado - relámpago). El quinto y el séptimo, son versos sueltos (infancia - aquel). El esquema métrico sería, por tanto, 14 A 14 B 14 A 14 B 14 - 14 C 14 - 14 D 14 E 14 D 14 E 14 C  Ni que decir tiene que el poema está lleno de encabalgamientos... La mayoría de ellos son suaves ya que la pausa sintáctica viene a coincidir con la cesura del verso siguiente, pero destaca el encabalgamiento abrupto del verso y también: “Cuando crezca / mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?”.   Sorprenden las recurrencias fónicas que conferirán al poema una suerte de ritmo interno, propio de la más intencionada voluntad lírica. Las recurrencias anafóricas más destacadas (“el [verano] que”, “el [año] que”, // “mi libro”, “mi hijo”)   

4.2. PLANO MORFOSINTÁCTICO       

      Plano morfológico Cabe destacar, en primer lugar, el uso de varias personas gramaticales: la segunda persona del singular (“que te digas”), la primera del singular (“quiero”, etc.) la primera del plural (“respiramos”) y la tercera. Tanto la segunda como la primera persona del singular no son sino el desdoblamiento de una misma voz que habla consigo mismo (recordemos que muchos monólogos interiores están escritos en segunda persona), mientras que la primera del plural y la tercera vienen a ser el soporte de reflexiones en tono filosófico. Esta variedad de voces busca, a nuestro juicio, la complicidad del receptor; el poeta, por tanto, pretende hacer partícipe de sus sensaciones al destinatario, que, además de reconocer las vivencias de aquel, asume también la fugacidad como algo a lo que él mismo -el propio receptor- no es ajeno.  Además, la idea de futuro se manifiesta junto a la primera persona (YO: "el verano que viene / quiero volver"… "acabaré mi libro" (…) "¿qué haré yo..."); el pasado se representa mediante el predominio de la segunda y tercera personas, (TÚ: “terminaste hace muchos años” (…) ÉL:         “tu hijo se hizo un hombre / y siguió su camino, lejos de ti...”) y la primera del plural y la tercera del singular quedan en la parte más sentenciosa: (“A la vez respiramos”, “cae la noche”,   “principio y fin habitan...”) Teniendo en cuenta el tema del poema (la rapidez con que pasa el tiempo), es normal que aparezcan muchos sustantivos relacionados con la medida del tiempo. Así, encontramos los siguientes vocablos: verano, año, hoy, ahora, días y noche, que son concretos, y un bloque de sustantivos abstractos también relacionados con el paso del tiempo: infancia, principio y fin. La desnudez ornamental del poema viene dada por la ausencia casi total de adjetivos. Tan sólo aparece uno (próximo) sin ningún tipo de connotación decorativa Por el contrario, llama la atención la abundancia de formas verbales que contiene el poema: concretamente, diecinueve. El número parece excesivo para el género lírico, y más si éste se manifiesta en un poema de tan sólo 12 versos. En nuestra opinión, el dato nos revela la vertiginosa agilidad con que transcurren los versos, agilidad adecuada a la sensación de rapidez que el poeta atribuye al paso del tiempo. También al carácter narrativo del poema. Entre estas formas verbales se establece una antonimia (tiempo futuro-tiempo pasado): quiero volver (2) 

frente a ha pasado (6)tengo que... acabaré (3, 4)  

 frente a terminaste ((7)haré (5)                       

 frente a se hizo, siguió (8, 9) T

ambién aparecen numerosos adverbios relacionados con el paso del tiempo: el verano que viene (= entonces), cuando, ahora, luego 

ð      Los efectos devastadores del paso del tiempo se representan, en primer lugar, en el adecuado uso de los tiempos verbales y en el dislocado uso de la paradoja. Esta paradoja viene proclamada por la transformación del futuro en pasado: el manejo de dos tiempos contradictorios (futuro y pasado en la misma secuencia lógica y gramatical) producen una paradoja de efectos inquietantes:“el verano próximo [...] ya ha pasado” (verso 6)“Los días / que vendrán ya vinieron” (versos 9 y 10)  

Desde el punto de vista sintáctico, el poema tiene una estructura sencilla ya que abundan las yuxtapuestas y las oraciones simples. El análisis completo sería el siguiente:

ð         El primer bloque (versos 1 a 5) está integrado por una serie de subordinadas sustantivas que, coordinadas entre sí, funcionan como complementos directos de “Puede ser que te digas”.

ð         El segundo bloque (versos 6 a 10) viene introducido por la conjunción adversativa “Pero”, y todas las proposiciones siguientes forman una cadena de yuxtaposiciones.

ð         De nuevo irrumpe en el discurso una nueva conjunción (la copulativa “Y”) que enlaza los bloques anteriores con el tercero y final (versos 10 a 12). Éste está configurado por tres oraciones simples, con una independencia discursiva tal, que poseen la fuerza de otros tantos microtextos autónomos: “...Y luego cae la noche. / A la vez respiramos la luz y la ceniza. / Principio y fin habitan en el mismo relámpago” Como figura sintáctica destaca en los versos 1 y 2 un paralelismo; es el que forma la estructura sintáctica repetida: a)      sintagma nominal: El verano que viene - El año que hoy empieza;b)      sintagma de predicado con sujeto elidido y verbo perifrástico: quiero volver - tengo que aprovecharlo. 

4.3. PLANO LÉXICO-SEMÁNTICO.  

Encontramos, por otra parte, un registro lingüístico puesto al servicio de la claridad. Expresiones tan cotidianas como “El verano que viene tengo que volver a Italia” o “El año que hoy empieza tengo que aprovecharlo” nos acercan al habla coloquial. Desde el verso 9, en cambio, el nivel lingüístico se aleja del coloquialismo y el discurso adquiere un tono filosófico. De esta manera lo dicho en los primeros versos pasa a ser una mera anécdota que tiene el valor simbólico de mostrarnos las reflexiones finales.  Así, el lector al que se dirige el poema ha de tener la suficiente flexibilidad interpretativa como para trascender la anécdota de los primeros versos y debe ser capaz de conferir a los sustantivos  toda la carga simbólica y metafórica que encierran.  Figuras semánticas utilizadas:   Destacan las metáforas presentes, sobre todo, al final del poema en palabras como “noche', que remite al final de la vida, a la muerte;  `ceniza', que significa muerte; `principio' y `fin', referidos al nacimiento y la muerte; “camino”, cuyo significado es vida; y `relámpago' que tiene el significado de brevedad y rapidez en el paso del tiempo.  El símbolo de la luz, tan frecuente en todo el libro “La vida”, también está presente en este poema, aunque ahora tiene el significado de nacimiento, vida, y no de alegría, certeza o creación poética que encontramos en otras composiciones. También tiene valor simbólico la pareja mi libro / mi hijo: ambos elementos están presentados por un determinante de posesión y los dos despiertan el sentimiento de paternidad en el poeta.  Encontramos una sinestesia en el verso duodécimo: respiramos la luz y la ceniza. Estos dos elementos son percibidos mediante la función de respirar, pese a que ambos vocablos pertenecen al dominio sensorial de la vista y del tacto. Sinestesia, pues, porque en realidad, no se respira la luz; tampoco la ceniza.  Por último, la paradoja está presente en el verso “Los días / que vendrán ya vinieron” y con ella Rosillo nos transmite la idea de la rapidez con que pasa la vida.  

4.      VALORACIÓN PERSONAL.

El tema del poema “Principio y fin” (este título está tomado del último verso del mismo) es la angustiosa fugacidad del tiempo. El autor quiere expresar que tal es la velocidad con que éste transcurre, que, por muchas promesas y buenos deseos que formulemos, nos sorprenderá desatentos y “con los deberes sin hacer”: aún no hemos terminado de exponer nuestros proyectos, cuando se nos ha escapado por las rendijas de la existencia el verano, el año, la infancia, la vida. La idea principal del texto se encuentra envuelta en la rotunda metáfora final (“relámpago”) y encerrada en esa reflexión definitiva que recorre el verso, el poema, el libro y hasta la vida entera. Del último verso se extrae esta conclusión: la vida comparte con el relámpago la materia o la esencia misma de la fugacidad. Así, pues, “Principio y fin habitan en el mismo relámpago”. Realmente, Eloy Sánchez Rosillo ha sabido expresar esta idea de una manera magistral porque no sólo lo ha hecho con un poema breve, que se lee con absoluta fluidez (de la misma manera que nos parece breve la vida y el tiempo pasa con vertiginosa rapidez), sino que además ha conseguido que el lector se sienta totalmente identificado con sus reflexiones. Esto lo ha conseguido a través del uso de diferentes personas gramaticales que buscan, sobre todo, que la complicidad entre autor y lector.  Los primeros versos plantean una serie de circunstancias que sólo son anecdóticas (los planes que se hacen para un verano, para un año o en relación con la vida de un hijo). Estas situaciones anecdóticas tan sólo quieren llevar a lector a que comprenda el significado y la profundidad de las reflexiones filosóficas finales sobre la brevedad de la vida. El tema del paso del tiempo, que está presente en todos los poemas de “La vida”, está tratado aquí con un tono coloquial al principio, pero totalmente filosófico y sentencioso al final.  De nuevo nos encontramos con un poema grave, reflexivo, lleno de rabia contenida y de dolor resignado que trata un tópico literario muy trabajado en nuestra tradición literaria del barroco, el tópico de la “vita brevis” o la fugacidad de la vida. Los versos de Rosillo nos recuerdan a otros poemas de Quevedo en los que también se cantan o sienten los efectos de la fugacidad: “Ya no es ayer; mañana no ha llegado; / hoy pasa, y es, y fue, con movimiento / que a la muerte me lleva despeñado. // Azadas son la hora y el momento / que, a jornal de mi pena y mi cuidado, / cavan en mi vivir mi monumento”. Pañales y mortaja, cuna y sepultura... unía Quevedo en sus versos, de la misma manera que Rosillo une ahora principio y fin en el mismo relámpago.  Estamos, por tanto, ante un poema sencillo pero capaz de expresar con emoción y claridad las mismas ideas que preocupaban a nuestros poetas clásicos, y esto es un mérito que engrandece la figura de Rosillo como poeta: podemos afirmar que es un autor de una honda poesía que se esconde bajo el manto de un aparente y sencillo prosaísmo. Es una poesía sencilla y natural, accesible a cualquier lector, pero capaz de conmovernos con los sentimientos más hondos. Concluiremos diciendo que este poema es el último de los que integran La vida. Esta disposición no es causal: “La vida” es un poemario que empieza con un autorretrato titulado “Desde aquí” (de la misma manera que empieza nuestra propia vida, con una fotografía, con una búsqueda de una identidad) y termina, como nuestras vidas, con la sensación de que todo ha pasado con demasiada rapidez, de que la vida ha sido demasiado breve, y de que todo nos ha parecido tan breve como un relámpago. Son las sensaciones que tan bien ha sabido plasmar y transmitir Sánchez Rosillo en este último poema de “La vida”.   

5.      TRATAMIENTO LITERARIO DEL TIEMPO 

El tema del poema “Principio y fin” es la angustiosa fugacidad del tiempo. El autor quiere expresar que tal es la velocidad con que éste transcurre, que, por muchas promesas y buenos deseos que formulemos, nos sorprenderá desatentos y “con los deberes sin hacer”: aún no hemos terminado de exponer nuestros proyectos, cuando se nos ha escapado por las rendijas de la existencia el verano, el año, la infancia, la vida. La idea principal del texto se encuentra envuelta en la rotunda metáfora final (“relámpago”) y encerrada en esa reflexión definitiva que recorre el verso, el poema, el libro y hasta la vida entera. Del último verso se extrae esta conclusión: la vida comparte con el relámpago la materia o la esencia misma de la fugacidad. Así, pues, “Principio y fin habitan en el mismo relámpago”.El tema del paso del tiempo, que está presente en todos los poemas de “La vida”, está tratado aquí con un tono coloquial al principio, pero totalmente filosófico y sentencioso al final. El poema trata un tópico literario muy trabajado en nuestra tradición literaria del barroco, el tópico de la “vita brevis” o la fugacidad de la vida. Los versos de Rosillo nos recuerdan a otros poemas de Quevedo en los que también se cantan o sienten los efectos de la fugacidad: “Ya no es ayer; mañana no ha llegado; / hoy pasa, y es, y fue, con movimiento / que a la muerte me lleva despeñado. // Azadas son la hora y el momento / que, a jornal de mi pena y mi cuidado, / cavan en mi vivir mi monumento”. Pañales y mortaja, cuna y sepultura... unía Quevedo en sus versos, de la misma manera que Rosillo une ahora principio y fin en el mismo relámpago.  La primera parte abarca desde el principio hasta el verso quinto: en una gradación ascendente el poeta nos conduce por tres estadios del tiempo: desde la contemplación del futuro inmediato (“el verano que viene”) nos introduce en la perspectiva temporal de un año (el “que hoy empieza”) para terminar en la visión del futuro remoto (“cuando crezca mi hijo”) y, en esta ocasión, contagiada de cierto desaliento nostálgico anticipador que se presenta en forma de dramática pregunta retórica: “¿qué haré yo...?”.  Esa misma progresión gradual va intensificando los efectos desalentadores cuando, en la segunda parte, se responde a aquellos proyectos iniciales: todo lo que iba a ocurrir ocurrió desgraciada y angustiosamente muy deprisa. Tanto, que no bien acaba de formular los enunciados que corresponden al paso del tiempo, cuando éste se convierte en paradoja incomprensible y vertiginosa: el verano que viene ya ha pasado; aquel libro terminado es el mismo libro de ahora, y el niño dejó de serlo. Esa idea de velocidad está magistralmente expresada en la cercanía gráfica de los términos “próximo” y “pasado”, referidos al verano (verso 6); “muchos años” y “ahora” (versos 7 y 8); en lo que respecta al hijo, observamos que las referencias son, además de temporales, espaciales: hay un camino y una lejanía: “siguió su camino, lejos de ti” (verso 9).  La idea de la rapidez y de la paradoja viene introducida por el enunciado oracional que abre la tercera parte del poema: “Los días / que vendrán ya vinieron” (versos 9 y 10). Adopta el poeta en estos versos finales un tono más distanciador y resignado (tercera persona y primera del plural); de la realidad del tiempo subjetivo, es decir, de su tiempo, salta a la realidad del tiempo objetivo y compartido con el resto de los hombres, en esta ocasión con vigor sentencioso y lamentable, como aceptando la definitiva e inevitable capitulación: “cae la noche” (verso 10), “A la vez respiramos la luz y la ceniza” (verso 11). El tiempo se presenta en las dos primeras partes como una entidad psíquica, mientras que en la tercera se presenta como una realidad objetiva e inaprehensible.