La vida feliz de San Agustín en los pobres

Felicidad. Vida Feliz. Definición. Cómo conseguirla

  • Enviado por: Seminarista Miguel Angel
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 11 páginas
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LA VIDA FELIZ DE SAN AGUSTIN EN LOS POBRES

INTRODUCCIÓN

¿Usted es Feliz?, la vida humana es una cuestión abierta, un proyecto en constante desarrollo. La pregunta es: ¿Cómo llevar a buen termino ese proyecto? ¿Cómo se aprende el arte de vivir? ¿Cuál es el camino que lleva hacia la felicidad? y más aun nuestra pregunta fundamental ¿Los pobres pueden alcanzarla según la ideología de San Agustín?, esto es lo que trataremos de dar respuesta en el presente trabajo, el porque de nuestro trabajo es porque hoy en día muchos de nosotros perdimos, el concepto o idea de lo que es la felicidad, y la confundimos con el placer, con los bienes materiales, y con esta idea a nuestra consideración pensamos que los pobres, es decir los que apenas si tienen para vivir y poder con mucho esfuerzo satisfacer sus necesidades vitales, no tienen la posibilidad de llegar hasta ella, para quitarnos esta duda, y al ver que cada día mas aumenta la pobreza, ¿cómo podemos decirle a alguien que carece de recursos materiales, que sea feliz, sobre la base de que le decimos eso?, ¿A que nos referimos con felicidad? hemos decidido centrar nuestro trabajo en los pobres, dándole un enfoque práctico y de respuestas lo mas concretas posibles. Para tal cometido utilizaremos los textos de San Agustín, pero nos basaremos mas en la Obra de la Vida Feliz.

Nuestro trabajo esta dividido en dos partes, en el primer apartado describiremos en que consiste la vida Feliz, la Felicidad, y si se puede en los pobres, en el segundo apartado trataremos de exponer como se llega a la Vida Feliz, según San Agustín y al igual que en el primer apartado lo aplicaremos en los pobres. En nuestra conclusión añadimos un hecho que nos parece que, responde a la conclusión de nuestro trabajo.

I. ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

Esta es una de las preguntas que más nos hacemos cuando entramos de lleno a esto, que algunos llaman vida y otros juego, y decimos entramos cuando empezamos a ser concientes de lo que tenemos, de lo que poseemos, tanto físico o si se piensa en un momento clasificar otra clase de bienes, pues bienes espirituales. Al estar en esta vida, dejando de lado un poco el ¿por qué?, o ¿quién nos hizo?, lo que tratamos es de vivir lo mejor posible, todos sin lugar a dudas deseamos esto, deseamos bienes materiales, espirituales, y si no cubrimos esto que deseamos, como nos diría San Agustín: “Nadie puede ser feliz si le falta lo que desea; pero tampoco lo es quien lo reúne todo a la medida de su afán” por lo tanto con lo anterior parece ser que la felicidad consiste en tener (poseer) lo que se desea, pero además a esto, vemos que se añade un ingrediente importante en el considerar qué es la felicidad, el cual es no poseer todo lo que mi deseo me ordene, ya que no todo lo que se desea conviene a la persona, este conviene, esta enfocado a la realización plena de la persona en todos los sentidos, y si algo que deseamos y lo poseemos, pero si no conviene para este fin, entonces poseerlo no me hace feliz sino todo lo contrario. Pero nos surge la pregunta ¿si esto que se nos dice, también aplica a los pobres (materialmente hablando)?, los cuales como bien sabemos son los que apenas si tienen lo necesario para poder vivir, son los que la mayoría de las veces por lógica, desean mas cosas, en este desear y no tener es donde entonces radicaría la infelicidad, aunque una mínima parte alcanza a conseguir lo que desea, y cuando lo hace pasa algo muy extraño, en lugar de seguir avanzado, caen tanto en la situación material y espiritual, porque como hemos dicho, no todo lo que deseamos nos conviene.

Entonces ¿Qué debe buscar el hombre para su dicha? “...lo que puede obtener simplemente con quererlo” es decir satisfacer lo que necesita porque no se quiere sino se necesita, pero a veces se quiere sin necesitarlo, de ahí el error anterior sino se necesita perjudicará tarde o temprano. Parece ser que este principio de “poseer solo aquello que se quiere por que se necesita”, se aplica tanto a pobres como a ricos.

Pero en este desear o necesitar tenemos que precisar que clases de cosas son. Partiremos tomando en cuenta que “...constamos de Cuerpo y Alma” y que cada co-principio tiene deseos y necesidades diferentes una de la otra, en esta división que el mismo San Agustín hace nos parece que estuviera describiendo dos felicidades, pero no es así, las considera por separado para por ultimo apelar por una felicidad completa, por una felicidad del hombre aquí y ahora.

Al cuerpo le pertenece el apetito de alimentos, el alma “se alimenta del conocimiento y ciencia de las cosas” es así que el alma de los sabios son ricas vastas, la de los ignorantes es sin disciplina, tienen un gran ayuno son famélicas de vicios y perversidades, al igual en el cuerpo cuando no se le da lo necesario, comenzara a enflacar y enfermarse. Esta pobreza en el alma de la cual habla nos parece que no esta exento de padecerla, tanto el rico como el pobre, aunque por tener mas satisfechas las necesidades vitales, el rico tiene mas tiempo y lugar para obtener esta riqueza de las ciencias, podremos decir que el pobre también lo tiene, pero preguntémonos ¿a costa de que?, podríamos decir a costa de tal ves ese mismo día no comer alimento físico, pero si el de las ciencias pero sin el anterior, este ultimo no dura mucho, y si lo hace será de manera incompleta e imprecisa.

Lo contrario a esta hambre en el alma es la frugalidad, “...la frugalidad se deriva de fruge, fruto fecundidad espiritual, algo que se mantiene que es lo que es” Pero como dijimos anteriormente, como hacer que esto se de, si el cuerpo no a recibido alimento y como sabemos uno depende del otro. Parece ser que san Agustín habla desde la perspectiva de tener solventadas las necesidades del cuerpo, y después de estas poder satisfacer las de adentro. Parece ser que hemos caído en el problema de decidir, cual de las dos necesidades deben atenderse primero, si las necesidades del cuerpo o las del alma, pero enfocándonos en la situación de los pobres, ya que todos tan solo una vez hemos tenido contacto con alguno de ellos, a nuestro parecer, primero se tiene que solventar le material para poder dar paso a lo del alma, no quiero decir que demos todo a los pobres, no, no todo, pero si algo, y ese algo que sea bien aprovechado, como hemos anteriormente dicho, aprovechando lo que tenemos para satisfacer las necesidades vitales, cosa de la utilización de los bienes que mas adelante precisaremos.

En relación con los bienes materiales, “el hombre será feliz por cubrir necesidades pero no lo será plenamente, ya que temerá que los pierda, pero aunque no los pierda no puede saciarse, más infeliz será cuanto es más indigentes” Nos parece que esto a los que tienen lo necesario y un poco mas para vivir puede ser aplicado a ellos, pero para los pobres, sí será feliz al momento de satisfacer sus necesidades, pero él rápidamente pasa al escalón de perderlos, parece ser que ya ni lo temen, por que podemos asegurar que son los mas concientes de saber que tan efímeras son las cosas materiales, y esto podría añadir un materialista, que el pobre al tener nada material seguro, recurre a la religión, al dios que no se acaba, a la salvación que no cuesta dinero, al cual le podríamos responder que si el todo fuera la materia, tarde o temprano se acabaría y la salvación no se acaba. Y hablando de salvación, en los pueblos del África las personas de escasos recursos, no les importa que tipo de dios adora, no les importa su aspecto, su nombre, su color de piel, sus dogmas, lo que les importa es la salvación, lo cual es el solventar sus necesidades materiales primeramente y después las espirituales. Nuevamente vemos que en los verdaderamente pobres primero es lo material, y después lo espiritual, cosa que nos parece que San Agustín no propone en este orden, sino en el orden de los que tienen riqueza.

Observamos dos felicidades, Feliz el Alma, rico en materias, lo contrario seria la miseria y la penuria, pero san Agustín va por una felicidad completa, no en división al hombre hilemórficamente. A los pobres ¿qué les queda? por que no podemos ignorar que siendo co-principios cuerpo-alma, uno afecta al otro, entonces lo que les queda a los pobres es la miseria, pero ricos en felicidad, y parece ser que esta felicidad regulará la miseria para que no se sientan tan desdichados por carecer cosas materiales.

Hasta aquí podemos ver que la felicidad, no consiste en tener bienes materiales en exceso que es la idea que hoy en día, la mayor parte de la gente tiene. ¿Pero como será que el hombre se da cuenta de que su concepción de felicidad es errónea? Otra concepción viene de dentro: “Se despierta el interior por medio de la sabiduría en los libros, pero en los Ricos” pero ese procedimiento nos dice Agustín al inicio del libro, es por dentro pero apoyados en la razón y el esfuerzo de la voluntad. Como se despertó en Agustín con el Hortensio, empieza por dentro ricos en los pobres creemos que es como hemos dicho por fuera y dentro. Pero al igual no solo por los libros nos pueden despertar el interior, sino también tú o yo podemos hacerlo con los demás, ¿cómo?, utilizando el mismo método que San Agustín nos describe que el diablo utilizó, este es: “actuando por si mismo o por persuasión ajena, esta es considerada mas grave que la primera” Esta parece ser la misión de quien guste tomarla, claramente no es para conseguir un mal, sino todo lo contrario un bien, tratando de ayudar a otros a tener otra concepción de la felicidad, pero como vemos este proceso esta basado en la razón y voluntad, podremos realizar tal misión si es que las personas, tienen en un buen estado los dos elementos anteriormente mencionados, pero y ¿en los pobres se podrá hacer esto? Parece ser que no, por razones ya antes dichas.

Vemos que las cosas materiales, sin lugar a dudas ayudan al hombre en su vida biológica (y espiritual por ser co-principios del hombre), pero estas cosas materiales se acaban, luego entonces la felicidad se acaba rápido, y a nuestro parecer no a muchos pobres les y nos interesa una felicidad efímera, caduca. Deseamos una felicidad durable en un mundo efímero, entonces la cosa, el medio para conseguir la felicidad, el bien, parece ser que es el que tenemos que cambiar, pero no de manera que dejemos absolutamente desatendidos los bienes materiales. El bien que a de buscar el hombre según los requisitos de nuestra felicidad deseada “...ha de ser una cosa permanente y segura” Pero parece ser que nada cubre estos requisitos, a cual se nos dice que es Dios “Dios eterno y siempre permanente” y por lo tanto será feliz el que lo posee. A lo cual nos surgen dos preguntas primera: ¿Quiénes lo poseen?, y segunda: ¿Cómo lo consiguieron?, preguntas que trataremos de contestar en el siguiente apartado.

II. ¿CÓMO CONSEGUIRLA?

A las preguntas anteriormente propuestas se nos contesta que, los que la poseen son: “los que hacen la voluntad de Dios y quien cumple lo que él quiere, vive bien. Vivir bien es hacer lo que a Dios agrada” pero y nos preguntamos: ¿los pobres por las circunstancias lo pueden hacer? A lo cual diremos que no, en el medio en el que e desenvuelven, lo que les importa es vivir, y después lo demás. Reconoce San Agustín la incapacidad de hacer plenamente lo anterior, ya que si el hombre al hacer lo que Dios nos dice, lo poseerá, pero aun así después de haberlo encontrado y obedecido, el hombre desobedece, y sigue buscando a Dios y nos comente que: “el que busca a Dios no lo posee todavía, luego no todo el que vive bien cumple su voluntad ni el que carece del espíritu impuro ha de decirse que posee a Dios” Pero al no poseerlo y seguir cumpliendo su voluntad, será feliz pero en el manejo de lo que tiene, primeramente la voluntad de Dios se adentra en la razón y se cumple por la voluntad, es así que nos da un ejemplo San Agustín, de un hombre que tiene cosas materiales, pero las utiliza de modo peculiar, ya que esa voluntad de Dios, trae en ella los limites, la moderación, será rico pero “No rico por bienes sino por la moderación en que disfruta de las mismas.” Por lo tanto será feliz, tiene lo que se necesita para satisfacer necesidades materiales, y disfruta de ellas pero con medida, a causa de seguir la voluntad de Dios, pero y a un pobre, ¿qué va a moderar si no tiene nada?, aunque al menos parece ser que cuando tenga sabrá que hacer con lo que posea.

Cicerón por San Agustín nos dice tratando aun el tema de la moderación que: “Cada cual aténgase a lo que quiere; pero yo juzgo que la frugalidad, esto es, la moderación y templanza, es la más excelente virtud” De modo que siguiendo la voluntad de Dios, obtenemos la frugalidad, la cual es virtud, que sirve para la moderación, virtud que claramente pertenece al alma, pero en este querer alcanzar a Dios por ser el bien supremo, nos encontramos con que se nos da sabiduría, por que él es la sabiduría, “La sabiduría...es la moderación del ánimo, por la que conserva un equilibrio, sin derramarse demasiado ni encogerse mas de lo que pide la plenitud” en plenitud hay medida solo aquí por la materia haya en la otra vida, al estar con Dios se supone no hay materia. Viéndolo de otra forma, todos tenemos algún bien material aunque sea el más pequeño, por lo cual esta sabiduría, les diría a los pobres, que con lo que tienen, lo usen de buena manera, no queriendo alcanzar lo que no esta a su alcance, parece ser que tiene un tinte que tal ves se puede mal interpretar como un conformismo, a primera vista parece eso, la realidad parece ser que no se presta para mas, ya que ¿qué hacer con los que no pueden salir definitivamente de su estado actual? Solo queda decirle que se conforme con lo que tiene, y que lo que tiene, lo utilice con sabiduría para que satisfaga todas sus necesidades, y que no sea necio al querer tener algo que nunca alcanzará, por que la vida no es tan bella como la pintan, tanto así que la verdadera felicidad, no se conseguirá aquí sino en la otra vida.

La sabiduría de la cual hemos estado hablando se nos dice que es de Dios que es la verdad y la verdad encierra una suprema medida y estas se correlacionan y esto hace al hombre feliz, es así que la vida feliz consiste en el “Conocimiento piadoso y perfecto por quien eres guiado a la Verdad”. Nos precisa que es un conocimiento, lo cual podemos ver que el cambio de perspectiva de la felicidad empieza por dentro así afuera, pero en los pobres como hemos mencionado nos parece que es de fuera hacia adentro, y viendo que lo exterior mejora resurge en ellos la esperanza adentro, y como en nuestro interior esta la mas grande fuerza en el humano que es la voluntad y la razón, así afectado en estas zonas querrá cambiar lo de fuera, pero dándole el uso debido y así será feliz.

III. CONCLUSIÓN

Queriendo darle continuidad a lo que hemos expuesto anteriormente y de aquí partir para dar nuestra conclusión, acerca de cómo creemos que se puede tener una vida feliz en los pobres, presentaremos a continuación un proyecto que se realizó en Brasil el cual da muchas luces para poder poner en práctica lo que aquí, hemos idealizado.

El día 12 de diciembre de 2002, veinte días antes del nombramiento de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil, se reunieron en Sao Paulo representantes de distintas confesiones (cristianos, judíos, musulmanes, descendientes de africano, etc.) con el fin de dar una respuesta positiva a la propuesta lanzada por Lula el día de su elección: Hambre Cero, un gran proyecto nacional de trabajo colectivo para erradicar la pobreza de 53 millones de brasileños y brasileñas, es decir, de 11,4 millones de familias.

Los lideres religiosos se comprometieron a movilizar todos a todos los fieles y adeptos de sus confesiones en pro de esta campaña cuyo objetivo es garantizar el acceso a la comida a quien sufre el azote del hambre, así como la inserción social, mediante un proceso educativo que evite el asistencialismo y asegure a los beneficiarios dignidad y ciudadanía, conscientes de que según enseña la tradición religiosa, no se puede exigir que practique la virtud a quien padece de hambre. Sin embargo, como religiosos, también pretenden abrir caminos hacia la Trascendencia a todo aquel que tenga hambre de vida espiritual. Creemos que repartir el pan es compartir a Dios.

Este anterior ejemplo en los pobres, sigue la estructura de San Agustín para la vida feliz, pero es a la inversa, es clara la postura de San Agustín en contra de la pobreza a la vida feliz, pero el parte como bien sabemos de dentro, para dar una respuesta afuera, también podemos percatarnos que hace una gran distinción entre felicidad y placer, no propiamente utiliza estas palabras pero puede inferirse, la felicidad tiene vocación de permanencia; el placer, no. El placer suele ser fugaz; la felicidad es duradera, y acerca de los bienes materiales, que causan placer en el hombre, por si solos, no garantizan felicidad alguna; necesitan de un hilo que los una, dándoles un sentido. No proponemos con el ejemplo anterior darles todo a los pobres, sino darles el pescado a los que se mueren de hambre, y a enseñarlos a pescar, y que cuando tengan su pescado sepan que hacer con el, al menos para solventar sus necesidades vitales.

Con todo lo anterior a nuestra pregunta de ¿Pueden los pobres alcanzar la Felicidad según en la ideología de San Agustín? Respondemos que Si, pero con los cambios que ya hemos precisado en esta conclusión. Con esto concluimos nosotros, pero este tema de la vida y la felicidad o juntas, no se puede decir lo ultimo, ya que es tan amplio como la vida misma, por lo tanto nuestra tema queda abierto.

BIBLIOGRAFÍA

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  • SAN AGUSTÍN, Obras de San Agustín, “Del libre Albedrío”, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid MCMLI.

  • WOLDE Ellen van, “El Dios de Job”, Concilium revista internacional de Teología núm. 307, Ed. Verbo Divino, España 2004.

SAN AGUSTÍN, Obras de San Agustín, “De la Vida Feliz”, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, ed. Quinta, Madrid, MCMLXXIX, p. 554.

Ibid.

Ibid. 548.

Cfr. Ibid. 550.

Cfr. Ibid. 552.

Ibid. 555.

Cfr. WOLDE Ellen van, “El Dios de Job”, Concilium revista internacional de Teología núm. 307, Ed. Verbo Divino, España 2004, p. 15.

Cfr. Opcit. “De la vida Feliz”, p. 542.

Cfr. SAN AGUSTÍN, Obras de San Agustín, “Del libre Albedrío”, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid MCMLI, Cáp. X, p. 357.

Opcit. “De la Vida Feliz”, p. 542.

Cfr. Ibid. p. 556.

Cfr. Ibid. 562.

Ibid. 564.

Cfr. Ibid. 555.

Ibid. 576.

Cfr. Ibid. 577.

Cfr. Ibid. 579.

Cfr. BOUREUX Ch.-SOSKICE J.M.-SUSIN L.C., “Hambre, pan y Eucaristía”, Concilium Revista internacional de Teologia, núm. 310, Ed. Verbo Divino, España 2005, p. 11-12.

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