La Transmisión de la fe en la sociedad contemporánea; Juan Martín Velasco

Teología. Cristianismo. Situación actual. Iglesia. Familia. Crisis. Instrumentos y recursos

  • Enviado por: José Pasqual Siscar Lloréns
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
publicidad
publicidad

Síntesis y comentario a

“LA TRANSMISIÓN DE LA FE

EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA”.

Juan Martín Velasco

El objeto fundamental del libro lo define el mismo título, la crisis en la transmisión de la fe en la actualidad. El autor hace un completo análisis de este problema, desarrollándolo en una Introducción y dos partes diferenciadas.

INTRODUCCIÓN:

En este primer apartado el autor nos expone una serie de reflexiones en base a la situación general del problema, y que a continuación expongo:

  • El contraste entre la novedad del cristianismo y el envejecimiento de la Iglesia. El cristianismo debe ser -como lo vivían las primeras comunidades cristianas- un vivir en el amor y en esperanza en la segunda venida de Jesucristo. Es por tanto un motivo para un cambio en nuestras vidas; sin embargo, al hablar de “Iglesia” suele sonar hoy en día como viejo, en sus ritos y estructuras. Se dice que el futuro se llama esperanza pero no ha de ser una esperanza pasiva: sin hacer nada, no puede hacerse realidad.

  • ¿Por qué no es posible renovarse? En muchas ocasiones, la Iglesia puede llegar a ocultar realmente a Cristo y al Espíritu Santo: no transparentamos a Dios; además -quizá por eso- falla el relevo generacional, lo cual nos hace sentirnos incapaces de transmitir la fe y produce el sufrimiento de padres, catequistas y otros educadores.

  • Coartadas para ocultar nuestra responsabilidad: Se dice que es imposible transmitir la fe, ya que nuestra sociedad y el sistema cultural actuales no lo permiten, aunque nuestra situación histórica no es la mejor: pensemos en las persecuciones durante la Revolución Francesa, la Guerra Civil Española o en la II Guerra Mundial... También hay quien dice que el Cristianismo es demasiado exigente, aunque eso no es cierto, pues alguna vez se nos acusa de “demasiado light” y no pocos jóvenes optan por causas exigentes. Otra coartada que se usa es que nuestra época es poco espiritual, material más bien e interesada, algo también refutable al ver los muchos grupos de jóvenes que optan por valores postmaterialistas. El cristianismo ha pasado ha ser algo privado y no un estilo de vida. Muchos dicen que hay una falta de sensibilidad religiosa, que es rebatible tan solo viendo la infinidad de nuevos movimientos religiosos (por desgracia, también sectarios, aunque ese es otro tema) que surgen hoy en día. Hay, más que buscar coartadas y excusas, apelar a nuestra responsabilidad.

  • Quizá hay que buscar las causas en nuestro propio interior: Más que transmitir la fe, queremos clonar nuestro cristianismo, que esta falto de vida, es anacrónico, desfasado e insignificante y deja a muchos adultos insatisfechos. Los que se declaran no-practicantes no son ateos convencidos sino más bien agnósticos e indiferentes. Más aún, insatisfechos militantes.

  • Ante esto cabe preguntarse si es posible transmitir la fe. Hay quien dice que la fe no se transmite sino que lo que verdaderamente se transmite es la doctrina, o los ritos, la forma de vida, los valores o las costumbres, que son originados por la fe. Sin negar esto, el autor afirma que la religión es un acto personal pero para hacerse realidad es necesario un antecedente.

Un autor francés, Pietri Gaston, afirma que “la transmisión es ciertamente asunto de libertad en respuesta al ofrecimiento de Dios”. Sin la decisión y la audacia de transmitir no se daría la ocasión del encuentro.

PRIMERA PARTE: LA TRANSMISIÓN DE LA FE EN LA IGLESIA ACTUAL.

1.La crisis de la transmisión de la fe.

Ciertos indicios revelan esta crisis, como por ejemplo, nuestras comunidades están cada vez más envejecidas; o también las muchas dificultades de los padres de hoy en transmitir los valores o los hábitos de vida, y como no mucho más los religiosos.

Según la encuesta Jóvenes Españoles '99, España presenta el más alto porcentaje de perdida de transmisión religiosa. En cifras, se ve la mayor diferencia entre jóvenes y mayores de sesenta años, como se aprecia en la tabla siguiente del indicador sintético de religiosidad:

jóvenes (10-29 a.)

mayores de 60 a.

Europa (media)

15

47

España

11

55

2.Grandes líneas de interpretación y explicación de la crisis de la transmisión de la fe.

Esta crisis se inscribe en un marco más amplio: existe una crisis generalizada de la religión, una crisis de contenidos, una falta de credulidad y de plausibilidad de sus elementos e instituciones. También existe una crisis en la transmisión de la cultura, los valores y las convicciones e incluso de la comunicación y del diálogo.

Para entender mejor estas crisis, el autor nos expone algunos significados del termino secularización, del cual, nos dice que es el pasar a que la religión ya no sea el factor determinante en la organización de la vida social. Esta también se extiende en una separación de lo cultural-social y lo religioso-eclesial. La secularización no es solo autonomía entre ambos grupos, sino desaparición de la religión de todo ámbito social. J. Moingt lo califica como la “cultura de la ausencia de Dios”.

Esta crisis de la que hablamos es el efecto de la falta de autoridad de lo tradicional. Se cuestiona el carácter normativo de la religión, pues lo importante es innovar y romper con la continuidad (a cualquier precio?).

En la misma línea ha operado un tercer factor: la “modernidad psicológica”, el predominio de la autonomía del individuo y la importancia de la autorrealización. Esto, pues, produce una desregulación de las creencias y de las prácticas: cada sujeto es libre de decidir.

3. La familia en la crisis de la transmisión.

Es obvio que la familia desempeña en la transmisión un papel fundamental y tiene mucho que ver en la crisis religiosa. En la actualidad, surgen nuevos modelos de “familia”, al surgir el divorcio, el aborto, las familias monoparentales, se reduce la natalidad, se eleva la edad del matrimonio, aumentan los divorcios, e incluso, de rabiosa actualidad, las uniones del mismo sexo (homosexuales). Sin embargo, no es que la familia deje de ser importante, sino que hay un nuevo concepto de familia, en dónde la solidaridad afectiva da paso a la “familia-club”, caracterizada por la autonomía y casi independencia de sus miembros.

'La Transmisión de la fe en la sociedad contemporánea; Juan Martín Velasco'
Según Religión y Sociedad en la España de los '90 (González Blasco-González Anleo, 1992) existen tres generaciones de españoles: la del “nacional-catolicismo” -nacidos antes del 1944- la del “Concilio” -nacidos entre el 1944 y el 1963- y la del “cambio” -entre el 1964 y 1974-. Esta última es caracterizada en el estudio como “primera generación cuya sociabilidad esta marcada por la secularización de la sociedad”. A partir de estos datos, se preveía un factor negativo para la religiosidad juvenil, inducido por la incorporación de las madres al mundo laboral, que hace que, ellas mismas puedan alejarse de la religión (falta de tiempo, etc.) y no puedan influir tanto en sus hijos e inculcar esa religión. Esto ha sido comprobado por recientes estudios y por los mismos hechos.

Hay, al mismo tiempo, una escasa valoración de lo religioso por parte de los adultos, pues esto les vino dado por cierta imposición. Gracias a Dios, los abuelos y abuelas han paliado dicha crisis, ya que han servido en muchas ocasiones de “niñeras”; aunque con la desaparición de estos, seguirá acrecentándose la crisis.

4.Carácter social del proceso de transmisión.

La transmisión de la fe requiere una serie de condicionantes sociales que la sociología actual no los ofrece para permitir que esta sea transmitida. Son necesarias relaciones no funcionales, sino sólidas y duraderas y la familia ha de ser una lugar propicio para ellas, aunque también fuera de ella se han de encontrar (encontrándose con verdaderos cristianos), como grupos vitales abarcables que atraviesen las esferas privadas y públicas.

5.¿Quiebra o cambio de la transmisión de la fe?

La transmisión religiosa en la cultura actual no ha desaparecido, sino que se ha transformado (F. Pajer); los vectores de esta son validos, pero su rol, su estatuto, ha cambiado.

El “sermón” e incluso el ejemplo se substituyen por la experiencia personal: para que un valor sea aceptado, ha de ser juzgado útil.

6.Resultado más importante del nuevo modelo de transmisión: de la reproducción de la religiosidad de los padres y maestros, a la pluralidad de identidades religiosas entre los jóvenes destinatarios de la transmisión.

Cierto es lo que el autor directamente nos enuncia en el mismo título. Según nos dice el estudio Jóvenes españoles '99, ya muy mencionado, en estos momentos hay cinco tipos de grupos, variedades de itinerarios que clasifican según el grado de creencia religiosa: “irreligiosas” (5,94%) “normativistas de forma nominal” (21%) -estos creen que una persona es religiosa sólo si sigue las normas de la Iglesia- “no religiosos, humanistas” (33,1%) -han roto con la religión y se adhieren a la ética- “moralistas religiosos” (6,96%) y católicos autónomos (32,9%) -que rezan y practican...)

El resultado efectivo de los procesos de transformación religiosa en los jóvenes conduce a una transmisión que rompe con la tradición, supera la transmisión como “clon” de ideas y valores y privilegian la experiencia personal.

7.Puntos neurálgicos de la situación descrita.

Como ya hemos observado, el análisis de los datos que nos ofrecen los estudios sobre la situación pone de relieve la existencia de unas transformaciones muy profundas del fenómeno de la transmisión, en todos los órdenes de la vida humana, que requieren un replanteamiento radical del proceso mismo de la transmisión religiosa. Los aspectos más importantes de la compleja situación de crisis que hemos descrito se resumen en éstos:

quiebra de la transmisión religiosa, en un predominio de lo religioso sobre lo socio-cultural.

quiebra de la tradición como entrega del depósito de ideas y valores.

perdida de credulidad de las instituciones de la Iglesia.

Algunos, como J. M. Tillard, concluyen que la transmisión de la fe es imposible, pero desde otro planteamiento, surgen tres factores:

a) Transmisión de la fe al margen de la socialización socio-cultural: cuando la religión estaba ligada a la sociedad, la transmisión era -lógicamente- automática. La ruptura nos la hace sustituir por una transmisión como propuesta dirigida a la persona. El abandono de las parroquias de niños y jóvenes tras la primera Comunión o la Confirmación hace denotar que transmisión han recibido; aún así, los más de dos mil adultos bautizados anualmente en Francia, da esperanza de que es posible otra forma de transmisión.

b) Transmisión de la fe en situación de crisis radical de la tradición y su autoridad: la tradición -en parte gracias a la Ilustración- ya no es maestra de verdad, además, surge el individualismo y el subjetivismo (“modernidad psicológica”). En contra a esto, P. Ricoeur recordaba que «nacemos con un bagaje a nuestras espaldas sin ser “clon” de los transmisores». Por tanto, el desarrollo de la transmisión requiere ser propuesta y ser aprobada críticamente por el destinatario.

c) Transmisión de la fe en situación de crisis profunda de la institución que garantiza la autoridad de la transmisión, que es la Iglesia, pues esta ha perdido prestigio e influencia social.

Pero antes de sacar conclusiones definitivas y precipitadamente negativas -en este caso-, el autor nos propone respuestas.

SEGUNDA PARTE: HACIA UNA RESPUESTRA CRISTIANA A LAS DIFICULTADES DE LA TRANSMISIÓN DEL CRISTIANISMO.

1.Respuestas de la Iglesia a la crisis de la transmisión de la fe.

La situación requiere una toma de conciencia con propuestas concretas, que en toda esta segunda parte se van a desarrollar

2.Sugerencias para una transmisión de la fe en la situación actual:

Tomar conciencia de una presencia. Hay que educar en la experiencia de Dios, provocando así su la adhesión a la fe: “el Maestro habita en nosotros”. La transmisión ha de ayudar a eliminar obstáculos que impidan hacer aflorar al Maestro.

Experiencia de Dios, vida humana e interés por el hombre. “No hemos de dejar que se crea que hay que optar entre Dios y los hombres, entra la fe en Dios y el servicio de los hombres... la fe auténtica implica (...) apertura al Padre y el amor al prójimo” (Proponer la fe en la sociedad actual, n. 4)

'La Transmisión de la fe en la sociedad contemporánea; Juan Martín Velasco'
El testimonio es el lenguaje por excelencia para transmitir la realidad y de comunicación religiosa, pues el medio de transmisión es la persona y la vida es la garantía de fidelidad. Los cristianos somos punto de mira, por lo que el testimonio es muy importante.

Las comunidades cristianas son el sujeto primero de la transmisión. En ellas, se ha de dar el contexto de esa nueva forma de vida. Para llegar a serlo no pueden apartarse del mundo. El testimonio de las comunidades por intentar tener una vida diaria impregnada por el Espíritu, posibilitará el interés del cristianismo. Quizá, el no cumplir esto sea un motivo importante de esta nuestra crisis.

Facilitar al sujeto un sistema de mediaciones, pues son frecuentes las experiencias de la trascendencia. La comunidad cristiana ha de ayudar a identificarlas con Dios. La transmisión de la fe, pues deberá:

«Pronunciar la palabra que devuelva a la existencia a Dios en la conciencia, en el corazón y en los labios de la mujer y del hombre campesinos. [...] Pronunciar la palabra de Dios sobre el hombre... que revele la noticia que Dios tiene sobre él [...]Pronunciar la palabra de Dios sobre el otro, que llama a la nueva familia, a la nueva humanidad [...] Pronunciar la palabra de Dios sobre la tierra, que llame... a una nueva creación según el propósito de su voluntad»

Rasgos de la acción y el proceso de la Transmisión de la fe. Proponer la fe no es imponer, sino, más bien, una invitación, la propuesta del Reino de Dios como lo único necesario desde una gran convicción: “Si conocieras el don de Dios” (Jn. 4, 1-26)

La transmisión de la fe esta regida por la atención a sus destinatarios, lo cual conlleva conocerlo y, al presentar el cristianismo, tener en cuenta su historia, biografía, cultura... para aplicarlo a la Pastoral (en ningún caso, adulterar el mensaje).

3.Medios, instrumentos y recursos de la transmisión.

En este apartado del libro, el autor nos da algunas características que han de acompañar a cualquier proceso de transmisión de la fe.

Comunicar las experiencias cristianas desde la fe y desde la forma de vida que conlleva la misma, con un amor desinteresado. Éstas están enraizadas en experiencias humanas fundamentales, preguntas últimas tales como ¿quién soy?, ¿qué quiero hacer de mi vida?, ¿qué me cabe esperar? Hay que entrar en un terreno común para “romper el hielo” en la comunicación.

La experiencia estética constituye una segunda dimensión en la que el sujeto no-religioso puede vivir esa experiencia de trascendencia, con una capacidad de estremecimiento ante la belleza, próximo al asombro del filósofo ante el milagro de la existencia, semejante al sobrecogimiento y la fascinación del sujeto religiosos ante el Misterio santo.

Como tercera manifestación del mismo substrato de lo religioso, cabe aludir a la experiencia del problema que somos para nosotros mismos. Es la experiencia a que se refiere san Agustín una y otra vez en sus Confesiones, al recordarnos que “me convertí en un enigma para mí mismo y preguntaba a mi alma”.

En la realización efectiva del aspecto de la transmisión de que venimos hablando, cabe anotar que contiene diversos aspectos:

  • abrir al destinatario a la regulación de tales experiencias,

  • ayudar a interpretarlas,

  • colaborar a desarrollarlas,

para llegar al nivel profundo del Absoluto, del Infinito.

La importancia de las experiencias humanas permite apuntar en otra dirección: preocuparse por un mundo más humano, más digno y justo en paz y solidaridad, que también es expresión del Reino de Dios.

«Un medio inadecuado puede hacer imposible que la Palabra resuene en una persona, cuya situación, cultura, edad, etc. condicionan la recepción de todos los mensajes que le son dirigidos, incluso los del Evangelio»

EPÍLOGO.

  • Repensar la universalidad del cristianismo.

  • Identidad relacional y en diálogo con los otros.

  • Inevitable y legítima pluralidad de relaciones del cristianismo.

  • Unos pocos consejos «en voz baja»:

      • No hay que preocuparse en exceso del problema. “No os agobiéis por el mañana, cada día tiene su afán”.

      • Releer la parábola de la cizaña y la buena semilla. No todos han de ser cristianos, pues el mismo Cristo tuvo un traidor entre los doce y en la cruz sólo convirtió a un ladrón. Es bueno que queden no-cristianos (cómo parece que será). Así habrá una visión crítica, para no contentarnos y exigirnos siempre más, pues Dios es más grande que nuestro corazón.

BREVE CONCLUSIÓN PERSONAL.

Los cristianos de hoy nos hemos de esforzar en ser inundados por la novedad del Evangelio que nos lleva a vivir en alegría. Que el cristianismo relegue el ámbito privado e llene toda nuestra vida. Nuestra meta es buscar la plena felicidad; al encontrarla realmente, no nos podremos callar, tendremos que difundirla.

Y no hace falta preocuparse por nada más. Hay que tener confianza en el Espíritu que es el que sostiene a la Iglesia y que obra según su parecer, que es el mejor.

Podemos estar tranquilos si nos inunda un amor y una felicidad al Evangelio, como en las primeras comunidades cristianas, porque Dios ya hará el resto.

Según C. VALDIVIA, “La familia” en España 2000, entre el localismo y la globalidad, “la familia representa hoy para el 99% de los españoles uno de los valores más importantes. La familia sigue siendo el grupo social de referencia para las personas de todas las edades.

“Nacer a la fe hoy en el mundo rural. Aproximación”, en (Instituto Superior de Pastoral) La transmisión de la fe en la sociedad actual, Verbo Divino, Estella 1991, pp. 151-153. El autor remite en esas páginas a M. Legido, De dos en dos, Sígueme, Salamanca, pp.100-101. Juan Martín Velasco lo cita en las p. 107.

Factus eram mihi magna quæstio et interrogabam animam meam. Confesiones, IV, 4,7; X, 17.

Palabras últimas del mismo J. Martín Velasco con las que termina el libro.