La tercera presidencia de Perón

Política contemporánea argentina. Golpe de estado. Presidentes argentinos. Cámpora. República. Rodrigazo. Peronización. Peronismo. Gestión Anaya

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  • País: Argentina Argentina
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INDICE

Págs.

Introducción 3

El gobierno de Cámpora

El triunfo del FREJULI 4

Cámpora al gobierno, Perón al poder 5

El gabinete de Cámpora 7

El operativo para el retorno 7

El regreso definitivo 8

El mensaje del 21 junio 9

Pacto social y modelo económico 10

La crisis interna 12

  • Montoneros 12

  • La “burocracia sindical” 13

  • El lopezrreguismo 13

  • Los militares 14

  • El gobierno de Perón

    Cámpora y Perón 15

    La renuncia de Cámpora y Lima 16

    Los tres meses de Lastiri 16

    Perón presidente 18

    La vicepresidenta, Isabel 19

    Asunción 20

    Rucci 21

    Relaciones exteriores 21

    La gestión Anaya 22

    El verano del 74 22

    Dificultades económicas 23

    Aquel primero de mayo 24

    La enfermedad y muerte de Perón 25

    Presidencia de Isabel

    Asunción 27

    Economía 29

    El “Rodrigazo” 30

    Caída 32

    Conclusión 34

    Bibliografía 35

    Anexo 36

    INTRODUCCIÓN

    En 1955 un golpe militar derrocó al Gral. Juan D. Perón impidiendo que culminara su segunda presidencia. Las masas populares que lo habían llevado al poder el 17/10/45 y que lo habían consagrado presidente en 1946 y 1952 asistían impotentes por la derrota de su líder.

    Perón había despertado durante su mandato amores y odios, el pueblo trabajador, los “descamisados” como gustaba decir el general, lo amaba y seguía incondicionalmente, las dos presidencias peronistas habían asegurado la dignidad y los derechos de la clase obrera.

    Por otra parte algunos sectores sociales acusaban al gobierno de dictadura, criticaban a la prensa oficialista y veían con desagrado el personalismo de Perón y su demagogia. La opinión pública se dividía en peronistas y antiperonistas, ambos sectores se acusaban mutuamente de los males del país. Durante su segunda presidencia y después de la muerte de Evita, María Eva Duarte su esposa, Perón tuvo un duro enfrentamiento con la Iglesia y también con sectores militares que condenaban su autoritarismo y la falta de libertades públicas.

    Este proceso culminó con la revolución del 16/9/55 y Perón debió exiliarse primero en Panamá y después durante largos años en España.

    Desde 1955 a 1973 el partido peronista fue proscripto y muchos de sus militantes fueron perseguidos y encarcelados. A pesar de esto, Perón desde su exilio seguía comunicado con sus seguidores.

    La proscripción llegó a su fin en 1973 cuando el gobierno militar del Gral Agustín Lanusse levantó la prohibición que existía para que el partido peronista participara con sus candidatos en las elecciones.

    Buscamos materiales referidos a la tercera presidencia de Perón con mucho interés por dos motivos:

    • Perón fue el único presidente, en nuestra historia que alcanzó un tercer mandato.

    • Fue notable la fidelidad del pueblo peronista que a pesar de sufrir proscripción durante casi veinte años siguió esperando a su líder y lo llevó nuevamente al poder.

    Para analizar ello dividimos el desarrollo en los siguientes capítulos:

    • Presidencia de Cámpora

    En esta parte investigamos sobre su asunción al gobierno, el respaldo de Perón, como formó su gabinete, los pactos sociales y económicos, y las crisis internas; los preparativos y el regreso de Perón.

    • Presidencia de Perón

    Analizamos La renuncia de Cámpora y Solano Lima, el gobierno intermedio de Lastiri, la llegada de Perón al poder y la tan discutida vicepresidencia de Isabel; para finalizar hablamos de su enfermedad y muerte.

    • Presidencia de Isabel

    Vimos como su presidencia se caracterizó por severos atentados, muertes, secuestros y persecuciones, y la fortaleza de López Rega. Además de una breve descripción de los hechos que llevaron al Proceso de Reorganización Nacional y el “rodrigazo”.

    El gobierno de Cámpora

    1.- El triunfo del FREJULI

    Perón había regresado a España, mientras se iniciaba la campaña política del FREJULI en San Andrés de Giles, ciudad de nacimiento del candidato presidencial, generalizándose la frase: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, pero las acciones terroristas, aunque amenguadas, continuaron. El 27 de diciembre es asesinado en un supermercado de Lomas de Zamora, el contralmirante Emilio Berisso, hecho que se atribuye a las F.A.R. (Fuerzas Armadas Revolucionarias) En enero de 1973 hubo atentados y víctimas de grupos guerrilleros. En febrero, en Chivilcoy, es baleado el chofer de Rucci y el E.R.P. se apoderó del Batallón 141 de Comunicaciones, escapándose con un camión leno de armas. A todo esto, a principio de año, los generales en actividad, en representación del Ejército, suscriben un documento de cinco puntos para sostener la continuidad del proceso político, aunque en los puntos 3º y 4º, se esbozó una posible ingerencia en futuras decisiones de exclusiva naturaleza política.

    El 8 de marzo culminaron las campañas proselitistas. El FREJULI, en Avellaneda congregó cien mil personas; Alende, en la cancha de Atlanta, cuarenta y cinco mil adherentes; y Balbín, en el Parque Lézica, cuarenta mil.

    Unos días antes de las elecciones, Lanusse cometió su último error al dirigirse al país por los medios de comunicación y pronunciar un discurso que prácticamente aconsejaba al electorado a rechazar a los candidatos del FREJULI, no votar por el “retorno” al pasado. Lo que fue respondido por la ciudadanía en términos inequívocos; los principales resultados fuero: el Frente Justicialista de Liberación Nacional, Héctor J. Cámpora-Solano Lima, 5.907.464 votos; Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín-Eduardo Gamond, 2.537.605 votos; Alianza Popular Federalista, Francisco Manrique- Rafael Raymonda, 1.775.867 votos; Alianza Popular Revolucionaria, Alende-Sueldo, 885.291.

    El FREJULI conquistó todas las gobernaciones menos una, 45 de los 69 asientos en el Senado y 142 de las 243 bancas de la Cámara de Diputados.

    Aunque Cámpora recibió sólo el 49.56% de los sufragios siguiéndole el Dr. Balbín con el 21,3%, este último dijo que no tenía sentido una segunda vuelta, por lo que Lanusse anunció que el FREJULI iba a ser reconocido como el ganador, y sólo se iría a elecciones de segunda vuelta, en la Capital Federal, para senador, y en algunas provincias para gobernadores y legisladores.

    Perón excluido como candidato y con uno que no conformaba a muchos peronistas, ganaba una vez más; luego de 18 años en el llano, los peronistas estaban a punto de volver al poder.

    2.- Cámpora al gobierno, ¿Perón al poder?

    Entre abril y mayo, la guerrilla marxista del E.R.P. y de las F.A.R. se mostró particularmente activa. Hubo asaltos a puestos de vigilancia y a poblaciones civiles, pero los hechos más resonantes fueron los asesinatos del coronel Iribarren del III Cuerpo de Ejército, del contralmirante Hermes Quijada y del dirigente de SMATA, Dirk Kloosterman, haciendo realidad amenazantes consignas.

    Después del triunfo electoral, Cámpora se trasladó a Europa para entrevistarse con Perón, siendo recibido por el papa Pablo VI. En Madrid visitó, acompañado por Perón, al generalísimo Franco, y luego emprendió el regreso.

    Ya en Buenos Aires, el “Tío” juró como presidente constitucional el 25 de mayo, y Vicente Solano Lima, como vicepresidente. En su mensaje al Congreso el primer mandatario afirmó ideas y definió líneas de pensamiento que llamaron la atención, así cuando dijo: “La colonización comienza siempre por la cultura. La descolonización, nuestra reconquista, ha de iniciarse también a partir de la cultura”. Algunos de los pronunciamientos de Cámpora crearon la impresión de que se estaba produciendo un giro hacia la izquierda, la tendencia de la Juventud Peronista.

    La situación en la Plaza se tornó caótica, en ella resaltaban carteles de la Juventud Peronista, F.A.R. y Montoneros; pero mientras los militares cumplian con su desfile ritual se escuchaban cánticos como éstos:

    Se van... se van...

    Y nunca volverán.

    ...........................

    Qué lindo, qué lindo

    Qué lindo que va a ser

    El hospital de niños

    En el Sheraton Hotel...

    Los manifestantes incendiaron algunos vehículos y abuchearon a las Fuerzas Armadas, por todo esto Cámpora debió tomar un helicóptero para trasladarse desde el Congreso hasta el helipuerto situado en la casa de gobierno.

    Como Cámpora ya estaba a cargo del gobierno, los jóvenes activistas que estaban en la Plaza de Mayo marcharon hacia el extremo oeste de la ciudad, en donde los estaban esperando centenares de militantes encarcelados en las celdas de Villa Devoto por actividades subversivas y terroristas. Perón había propiciado una amnistía que la mayoría de los argentinos hubiera apoyado y el Congreso estaba preparando un proyecto de ley para dejar en libertad a todos los presos políticos.

    Los prisioneros ya habían iniciado un motín, varios diputados nacionales, representantes de la Juventud Peronista y Juan Manuel Abal Medina trataron de calmar a los manifestantes y negociar una solución. La presión fue excesiva para Cámpora quien, esa misma noche decretó una amplia amnistía, que entraría en efecto inmediatamente. Esta concesión creó una impresión de debilidad y ayudo a que se le impusiera al presidente el calificativo de veleta por su forma apresurada de tomar decisiones.

    Perón se mantuvo conspicuamente ausente de la asunción de Cámpora. Aunque el mandatario electo, en la euforia post-electoral había declarado que no iba a ser presidente “ni un solo día si el general Perón no está en la Argentina”, el conductor había declinado la invitación a participar en las ceremonias y ni siquiera habían enviado a Isabel; Perón se distanciaba de su reemplazante cada vez la ocasión lo exigiera para proteger su propio prestigio de los desatinos que pudiera cometer el Tío.

    Pronto se hizo evidente que el slogan “Cámpora al gobierno, perón al poder” no significaba que el conductor iba a asumir el mismo grado de control que había ejercitado en los días gloriosos de su primera presidencia. En el pasado el conductor se las había arreglado para estar por encima de todos y utilizar a cada uno en beneficio propio.

    3.- El gabinete de Cámpora

    Los ministros que juraron el 25 de mayo expresaban la diversidad de sectores presentes en el poder.

    Algunos de los elegidos llevaban el sello característico de Perón; otros no. De acuerdo al tradicional criterio de Perón, los ministerios de Economía y Trabajo estaban a cargo de representantes de la C.G.E, José Gelbard; y de la C.G.T., Ricardo Otero.

    Peronistas ortodoxos como Antonio Benítez y Jorge Taiana, quienes se ocuparon de los ministerios de Justicia y Educación respectivamente, eran exactamente el tipo de hombre que el conductor hubiera elegido para esos cargos. Pero los nombramientos a Juan Carlos Puig, como ministro de Relaciones Exteriores, y de Esteban Righi, como ministro del Interior, fueron verdaderas sorpresas. Ambos parecían ser demasiado jóvenes y desconocidos para haber ascendido a tales posiciones. La amistad de estos con parientes del presidente electo, sugerían que Cámpora tenía su propio círculo de íntimos.

    4.- El operativo para el retorno.

    Cámpora se trasladó a Madrid el 15 de junio con el propósito de acompañar a su líder de regreso a Buenos Aires; en el aeropuerto de Madrid ninguno de los moradores de Puerta de Hierro estuvo para recibirlo. El general Francisco Franco había programado una recepción de gala en su honor en la noche del 16 donde estaba también invitado Perón, pero este no respondió. Cámpora fue a Puerta de Hierro para intentar persuadir a su jefe de que lo acompañara al agasajo, pero al llegar encontró al general descansando, y se excusó de no asistir diciendo que tenía que cenar con algunos amigos.

    Este comportamiento insultante de Perón siguió durante el resto de la estadía de Cámpora en el país.

    Hay varias explicaciones para el tratamiento de Perón hacia Cámpora;

    • Una de las posibilidades era que Perón se había enojado por la insistencia del Tío de ir a España, ya que el gobierno español no podía dejar de recibir al presidente argentino con todos los honores debidos a un jefe de estado, lo que significaba que el ex presidente quedaba en una posición secundaria.

    • Otras de las posibilidades era que Perón haya estado irritado por la actuación de Cámpora en la Casa Rosada.

    5.- El regreso definitivo.

    El 19 de junio la C.G.T. decretó un paro, por la recepción del líder, hasta el 21 al mediodía.

    El 20 de Junio fue la jornada del regreso de Juan Domingo Perón; el pueblo se precipitaba en dirección a Ezeiza: mujeres, niños, ancianos, sanos y enfermos, fieles seguidores y curiosos, obreros, campesinos y estudiantes, en suma, la concentración más numerosa de toda la historia argentina.

    Durante el transcurso de la mañana las tensiones fueron en aumento. Los choques entre los miembros de la JP y la Juventud Sindical Peronista se hicieron cada vez más frecuentes. Estos últimos formaban parte de las fuerzas de seguridad de Osinde y habían tomado posiciones sobre y alrededor de la plataforma.

    Hacia las dos y media de la tarde se produjo un estallido infernal, se desarrolló una frenética batalla verbal entre la JP que entonaba “Perón, Evita, la patria socialista”, y los grupos de extrema derecha que respondían “Perón, Evita, la patria peronista”. La multitud se lanzó en una violenta estampida, las balas silbaban, los cuerpos caían exánimes desde los árboles.

    Cuando el Boeing estaba a la altura de Porto Alegre, por los parlantes del avión, se comunicó a los pasajeros que, a la llegada a Ezeiza, podían optar entre concurrir al palco oficial y asistir de cerca de la fiesta, o quedarse a verlo por la pantalla de los televisores en la estación aérea. Mientras tanto en Buenos Aires el Dr. Lima había impuesto a Cámpora de los sucesos de Ezeiza. Y posteriormente ordenó al comandante de la aeronave que aterrizara en Morón y no en aquel aeropuerto.

    El Boeing de Aerolíneas Argentinas carreteó en la pista de la base poco antes de las 17. Minuto después el doctor Lima y el escribano mayor del Gobierno, Jorge Garrido, ascendieron al Boeing, y en presencia de Perón, se labró el acta de transmisión del mando al presidente Cámpora.

    Por el edificio de la base, Cámpora pronunció un mensaje en el cual comunicó que Juan Perón no iba a ir al palco de Ezeiza.

    El intercambio de disparos había calmado un poco y el personal de asistencia médica estaba tratando de trasladar a los heridos, cuando los grupos rivales volvieron a comenzar con sus cánticos provocativos desatando con ello un nuevo tiroteo.

    En horas de la noche del 20, Juan Perón se dirigió brevemente al país por la cadena de radio y televisión. Su propósito era agradecer a quienes se habían acercado desde todos los puntos del país a darle la bienvenida y, a la par, disipar cualquier temor de que algo malo le hubiera pasado a su persona.

    6.- El mensaje del 21 de junio.

    La noche del 21 pronunció un importante discurso político emitido a la nación por cadena oficia. Sentado entre Cámpora e Isabel, con López Rega y Lastiri de pie a sus espaldas.

    Con una visión abarcante de la realidad de su país y de su sociedad, Perón formulo un llamado que se podía sintetizar como un clamor por la pacificación de los espíritus; era un toque de clarín pregonando las virtudes de la ley y el orden, la disciplina y el trabajo esforzado, la tolerancia y la unidad; el tipo de visión que podía satisfacer a los peronistas moderados y a los antiperonistas de ideas amplias. Este era un Perón diferente, suavizado y maduro, con una mayor amplitud de ideas y, aparentemente, templado como consecuencia de su experiencia europea.

    “Tenemos -dijo- una revolución que realizar; pero, para que ella sea válida, ha de ser de construcción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. No estamos en condiciones de seguir destruyendo frente a un destino preñado de asechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que en su hora fue el apotegma de nuestra acción: ´ de casa al trabajo y del trabajo a casa ´. Sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados”.

    También expresó: “Nosotros somos justicialistas. Levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen nuestra doctrina ni nuestra ideología: somos lo que las veinte verdades peronistas dice... Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan nuestras banderas revolucionarias. Los que pretextan lo inconfesable, aunque cubran sus falsos designios con gritos engañosos, o se empeñen en peleas descabelladas, no pueden engañar a nadie”.

    Ese mismo día 21, en la ciudad de Lima y en reunión de la O.E.A., el subsecretario de Relaciones Exteriores, Jorge Vázquez, pronunciaba un discurso que mereció comentarios en América. No era para menos. “Hoy ya no es posible -dijo- ocultar nuestra propia realidad: el sistema interamericano no ha funcionado en el sentido de la revolución latinoamericana. Por el contrario, la mayoría de las veces resultó un obstáculo en relación con los aislados esfuerzos de algunos gobiernos del continente para superar la balcanización de América, producto decantado de la diplomacia imperialista y resultado último de la hegemonía extranjera en la América Latina”.

    El discurso de Lima fue una reafirmación de la Tercera Posición y de las líneas estratégicas trazadas, desde julio de 1947, por Juan Perón.

    7.- Pacto social y modelo económico

    Al regresar al poder después de dieciocho años, el peronismo debía atender a las expectativas creadas. Sin embargo, estas no correspondían en todos los casos al modelo que Perón había pergeñado, y que estaba fundamentado en el pensamiento justicialista, ya puesto en práctica entre 1946 y 1955, en la experiencia acumulada durante su largo exilio. Además, debía aplicarse sobre una realidad, que era la de la economía argentina de 1973 y en el marco de una realidad mundial que, naturalmente, era la de su tiempo.

    Los fundamentos del proyecto recogían entonces los principios de concertación social, industrialización e independencia de la decisión económica, llevando a un estado de bienestar basado en una mayor producción en todos los campos de la economía y una más justa distribución de la riqueza.

    La economía argentina estaba afectada por una alta tasa de inflación, que castigaba, especialmente, a los asalariados, soportaba una balanza comercial desfavorable, una desocupación del 6,1% y una deuda externa de casi 6.000 millones de dólares, de los cuales, más de mil vencían antes de ciento ochenta días.

    Como contrapartida se iniciaba un período de mejora de los términos de intercambio, es decir, de los precios internacionales de los productos exportables argentinos en relación con los que era necesario importar. A esto se sumaba la disminución de la hegemonía económica norteamericana dentro del mundo capitalista, al crecer otras potencias, al frente de las cuales estaban Alemania Federal y Japón, lo que generaba posibles fuentes de aprovisionamiento de equipos y tecnología, la apertura de los estados socialistas a una mayor participación en el comercio internacional y una mejor capacidad de los países del tercer mundo para absorber productos argentinos. Esto generaba una diversidad de mercados que permitirían mejores condiciones para negociar las exportaciones, especialmente si se contaba con la disposición y los contactos para hacerlo.

    Los principales puntos del programa del FREJULI sobre el tema económico era:

    • La propiedad y la iniciativa privadas serán garantizadas en tanto cumplan su función social.

    • El desarrollo de las fuerzas productivas y la creación de un mercado interno en constante expansión.

    • La arbitración de las medidas necesarias dirigidas a la formación, captación y canalización del ahorro nación como factor fundamental de la inversión interna, para el proceso de desarrollo.

    • Apoyo y protección de las producciones agraria, minera e industrial argentina.

    “Se trataba de un proyecto de crecimiento autónomo, fundado en un desarrollo económico con control nacional, a partir de la alianza entre el Estado, la burguesía local y las direcciones sindicales.” (Horacio Maceyra, Cámpora, Perón e Isabel)

    El Acuerdo fue complementado por el Plan Trienal, que declaraba la intención de “que el dinamismo de la economía se vaya trasladando de los monopolios extranjeros, como ha ocurrido durante el último período, hacia el conjunto del sector productivo nacional, el Estado y los empresarios nacionales...” (citado por Maceyra)

    También se reformaron la legislación impositiva y la financiera, facilitando la orientación del crédito hacia los sectores de interés nacional.

    La redistribución de la riqueza implicaba traslado ingresos del sector agropecuario al industrial, especialmente a las pequeñas y medianas industrias de capital nacional, y del capital al trabajo.

    Dos peligros que se corrían eran: que el crecimiento de la demanda por incremento de salarios y baja del desempleo fuera mayor que el de la producción, generando inflación, y que el abastecimiento energético fuese afectado -como ocurrió- por acontecimientos externos, por lo que se proyectó el crecimiento significativo de la exploración y la producción de Y.P.F.

    La tasa promedio anual de inflación pasó de 79,6% en 1972 a 30,2 en octubre de 1974. Este brusco descenso, que demostraba eficiencia en la política estabilizadora, tuvo el inconveniente de crear el mido de la “inflación cero”, que terminó obsesionando perniciosamente a los conductores de la economía.

    8.- La crisis interna

    A) Perón y los Montoneros

    Los montoneros no habían sido una creación de Perón, pero se presentaban como peronistas. El general utilizaba sus acciones dentro de la estrategia destinada a acorralar a la “camarilla militar” lanussista. Por su parte, la “orga”, pese a que invocaba permanentemente al líder, se manejaba con total autonomía, lo que no dejaba de ser algo inédito en la historia del movimiento.

    A diferencia de los anteriores grupos de la juventud peronista y aún de aquellos que los precedieron en la lucha armada, presentaban una estructura piramidal, que desde 1973 se fue haciendo cada vez más rígida y verticalista.

    Su convicción de ser la verdadera oposición revolucionaria, los fue llevando a hacer prevalecer la lucha interna sobre el enfrentamiento con el “régimen”. Así, en la lista de sus “enemigos” fueron ocupando lugares preferenciales la “burocracia sindical”, el “entorno” y, por fin, el propio Perón.

    La JP tradicional se había basado siempre en el apoyo de los sindicatos, que la proveían de cuadros, financiaban sus acciones y resultaban apropiados “santuarios” a la hora de dispersarse a buscar refugio.

    A su vez, la creciente línea hegemonizada por los montoneros fue desarrollando el criterio de que ella misma.

    La “Tende” es también la inspirada creadora de consignas que aparecen con oportunidad: “Luche y vuelve”, “Perón presidente” y la elocuente “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.

    A la vez se va cristalizando una idealización de la violencia como método único, en momentos en que el líder estaba necesitando la desmovilización de las “formaciones especiales”. Maceyra intenta determinar la identificación o la diferencia entre el pensamiento de los montoneros y del peronismo con respecto a los temas fundamentales y parece demostrar que más que una oposición entre unos y otros existía una diferencia de grados o de métodos.

    Perón y los montoneros proponían la independencia nacional en un mundo dominado por dos imperialismos, aunque “es verdad que los ataques de los jóvenes de la “Tendencia” no se dirigían con igual virulencia a Rusia... que a Estados Unidos”.

    B) La “burocracia sindical”

    La dirigencia sindical había quedado en un palo secundario frente a la candidatura y el triunfo de Cámpora. Su participación en la campaña había sido minoritaria y, sobre todo, sufría la agresión directa de la guerrilla. Las muertes de Vandor, Alonso y -más recientemente- de Klosterman no eran episodios menores de una interna apasionada.

    La llegada del líder les permitió reubicarse y, quienes alguna vez habían pensado, con el Lobo metalúrgico, que había que “estar contra Perón para salvar a Perón”, pasaron a ser los ortodoxos por excelencia. El sistema de alianzas los unía, frente al enemigo común, al reducido grupo cercano a López Rega y a sus aliados del CNU y del Comando de Organización.

    Pero al general no le bastaba con el alineamiento de los sindicalistas en la lucha interna. En su visita a la C.G.T. del 30 de julio procuraría embarcarlos activamente en su proyecto y hacerlos apoyar efectivamente el pacto social, que en realidad no les resultaba del todo simpático.

    Por el momento lo consiguió. Al menos hasta la muerte de Perón se mantuvieron encuadrados y postergaron sus reivindicaciones sectoriales.

    C) El lopezrreguismo

    La confrontación abierta de Perón con la Tendencia facilitó el crecimiento político de López Rega. La cercanía física con el anciano líder había sido la fuente de poder de este personaje secundario cuya ideología no pasaba del oportunismo.

    Ante la lucha planteada, el antiguo valet de Perón comenzó a actuar como polo de atracción de sectores de diverso origen, pero coincidentes en su enemistad política o diferencias ideológicas con los “zurdos”. No faltaban sectores juveniles celosos del crecimiento de las columnas de la Tendencia, aunque los mismos hubieran sido en su origen más “marxistas” que ésta, viejos militares peronistas de origen nacionalista disgustados con el “guevarismo” de los “montos”, y aún meros policías, retirados o no, que encontraban en la presencia de su ex camarada una forma de acercamiento al poder que les permitiría escarmentar a los jóvenes díscolos.

    D) Los militares

    El general había evitado cuidadosamente atacar a las Fuerzas Armadas, concentrando sus críticas a lo que denominó la “camarilla militar” o el “partido militar”. Estaba convencido de que no era posible llevar adelante la política de liberación y reconstrucción excluyéndolas. Se trataba de “cambiarles el signo, en vez de estar apoyando y defendiendo la penetración imperialista, ponerlos a favor de la liberación del país.

    En realidad, la mayor parte de la oficialidad estaba a la expectativa. Existía un sector francamente peronista, pero la mayoría “profesionalista” participaba de la idea de que el líder aparecía como el único capaz de poner fin a los desbordes de los subversivos, quienes en realidad no habían centrado sus atentados en la oficialidad militar, fuera de algunos figurones principales de la “camarilla”.

    Carcagno asumió con el título de comandante general, ya que el título de comandante en jefe sólo correspondería, en adelante, al presidente.

    Perón no tenía un conocimiento directo de las personalidades militares, fuera de la “camarilla”, y debió manejarse con el asesoramiento de militares peronistas en retiro. Descartó las alternativas extremas de designar a un general de brigada o a un coronel veterano, eliminando a todo el generalato. En realidad, no podía estar seguro de que una medida así no sería resistida. Algo similar se hizo con las otras armas. No había geerales, almirantes o brigadieres peronistas, pero con un trabajo gradual, podía “desplumarse a la gallina pluma por pluma” para que no protestara, y permitir el progresivo ascenso de los cuadros favorables al proyecto.

    Gobierno de Perón

    1.- Cámpora y Perón

    Durante la primera semana de julio hubo seis reuniones de Cámpora con el conductor. La del día 4 contó con la presencia de todo el gabinete, lo mismo que las del 4 y 5 de julio. Con motivo de la celebración del 9 de julio, nuevamente el presidente fue hasta Gaspar Campos de Vicente López.

    Por su parte, el comandante en jefe del Ejército, general Jorge Carcagno, visitó a Perón el dia 19, y hubo un abrazo al despedirse. Un día después concurrieron a saludarlo los mandantes de la Marina y de la Aeronáutica, almirante Carlos Alvarez y brigadier Héctor Fautario. Ese mismo día 11 el presidente Cámpora firmó el decreto Nº 503, mediante el cual se anulaba el Nº 6.130 del 5 de abril de 1956 por el que se dio de baja del Ejército al general Perón. La medida fue refrendada por el ministro Robledo y por el general Carcagno, y con ella el beneficiario recuperaba su grado de general del Ejército. Por el Decreto Nº 504 se anuló la sanción impuesta en 1955 por el Tribunal Superior de Honor. Con tales medidas se quitaba todo impedimento legal para que Juan Perón pudiese ser elegido otra vez presidente.

    El 11 de julio, se escucho una suerte de bomba política cuando Victor Calabró, desde el Nordeste, incitó al pueblo a expulsar a Cámpora y a que se movilizara para instalar a Perón en el poder. La verdad era que el presidente, ya a fines de junio, encaró el proceso de traspaso del gobierno, conociendo desde Madrid que había quienes apuraban el trámite, porque decían: “Cámpora se quiere quedar con el paquete”.

    En la entrevista del miércoles 4 de julio en Vicente López, precisamente, Cámpora conversó con Perón acerca del tema y se pusieron de acuerdo en la transición, a partir de su renuncia. El trámite, sin embargo, no iba a ser del todo normal.

    El 5 de julio el presidente entregó al secretario de Prensa un documento de cuatro carillas que contenía el plan propuesto por él para posibilitar el cambio. En ese documento se consigna, para el día jueves 5, que, en reunión de gabinete, y ante los tres comandantes de armas, el presidente y el vice anunciarían “que el día 7 presentarán su renuncia, rogándoles absoluta reserva”. El 7 era sábado.

    2.- La renuncia de Cámpora y Lima

    Los arreglos para el alejamiento de Cámpora tuvieron lugar al día siguiente. Mientras la residencia de Gaspar Campos era escenario de una inusual actividad, ocho ómnibus, llenos de metalúrgicos que cantaban daban vuelta alrededor de la manzana, y José Rucci sugería movilizar a los descamisados para que se trasladaran a la Plaza de Mayo en una simbólica reedición del 17 de octubre de 1945.

    El doctor Vicente Solano Lima dijo: “ Recuerdo que fui llamado, un mediodía, a participar en una reunión en Gaspar Campos en horas de la tarde. Me vino a ver Lastiri... Yo no sabía para qué íbamos a Gaspar Campos. Allí me encontré con Juan Perón, con Cámpora, la señora Isabel, López Rega, Gelbard, y creo que Robledo. En los primeros momentos Perón se despidió, se fue arriba, y nosotros pasamos al comedor. Se produjo ahí la decisión. López Rega llevó la carga contra Cámpora... No le dieron tiempo a presentar su renuncia, a que tomara la iniciativa”.(Entrevista publicada por “Siete días” 7-X-81)

    El 13 de julio, a primera hora de la mañana, Cámpora y Solano Lima anunciaron ante el Congreso su determinación de renunciar; visitaron a Juan Perón para comunicarle que habían presentado sus renuncias, después recibió Cámpora a las autoridades del Movimiento Justicialista, de la C.G.T., de la C.G.E., de los partidos del FREJULI y de la Hora del Pueblo, y a los obispos, para informarles del paso dado.

    A su vez dirigió un mensaje al pueblo argentino, breve, de unas treinta líneas de máquina, en que anunciaba el próximo “reencuentro del general Perón con su Pueblo en el ejercicio pleno, real y formal de su indiscutida conducción”. Esa misma noche Perón también se dirigió al país para dar garantías de tranquilidad. Era su primera aparición ante el público luego de su infarto. Sus ojos se veían velados, tenía toda la apariencia de un hombre muy anciano que no goza de buena salud. Una vez más, se comprometió a seguir los dictados del pueblo.

    A última hora del día, Cámpora y Solano Lima entregaron sus renuncias al Congreso y el cuerpo de inmediato votó a favor de su aceptación.

    3.- Los tres meses de Lastiri

    Según la ley de acefalía el cargo debía ser ejercido por el presidente del Senado. Pero, Alejandro Díaz Bialet, de repente descubrió que tenía que cumplir una misión en el extranjero y se alejó temporalmente, asumiendo el cargo de presidente provisional de la República el mismo 13 de julio el presidente de la Cámara de Diputados, señor Raúl Lastiri, y habló a la nación prometiendo al pueblo la pronta convocatoria a elecciones. También el general Perón habló al país y se refirió a su candidatura, que aceptará aunque le signifique un “inmenso sacrificio”.

    Uno de sus primeros actos de gobierno fue aceptar las renuncias del ministro del Interior Righi y del de Relaciones Exteriores Puig y reemplazarlos con peronistas de la primera hora.

    Las elecciones serían el 23 de septiembre; inmediatamente se comenzaría a hablar de la fórmula Perón-Balbín como una nueva posibilidad de realización del sueño dorado. Perón dijo a la prensa: “con Balbín voy a cualquier parte”, dicho que alimentó más aún la formula.

    Las distintas facciones del movimiento peronista, simultáneamente trataban de imponer a sus propios candidatos a la vicepresidencia. A la izquierda del movimiento, la JP luchaba por resucitar a Héctor Cámpora. El peronismo ortodoxo comenzó a promover la candidatura de Isabel. Los moderados mencionaban el nombre de Taiana. También corrían rumores de una posible alianza entre peronistas y militares que quedaría plasmada en la formula Perón-Carcagno.

    La candidatura de Balbín a la vicepresidencia no despertaba mucho entusiasmo en las filas del peronismo. La concepción de una fórmula conjunta con los radicales hubiera exigido llevar a cabo negociaciones muy delicadas entre los dos partidos y no había señales de que eso estuviera sucediendo. A comienzo de agosto propuso ante un conclave de líderes políticos la creación de un consejo de estado.

    El 10 de agosto el Poder Ejecutivo se instaló en la Antártida, por el Día de la Fuerza Aérea. Lastiri, Isabelita, Robledo y Benítez lo celebraron “muertos de frío”, al decir de la revista El Burgués. El 11, Perón e Isabelita aceptaron formalmente integrar la fórmula. Y el 12, la convención radical proclamó la suya: Ricardo Balbín-Fernando de la Rua. También el 10 la Chancillería anunció el próximo ingreso de la Argentina en el bloque de los No Alineados.

    El 24 se informó sobre acuerdos con Bolivia -en el área de los hidrocarburos- y de cooperación con Cuba. El 29, la Cámara de Diputados aprobó la ley de restitución de bienes a Juan Perón, y el canciller Alberto J. Vignes se embarcó rumbo a Argelia, para participar en la Conferencia de Países No Alineados.

    El mes se cerró con un desfile masivo, organizado por la C.G.T. y la Juventud Peronista, de apoyo al candidato presidencial. Pero antes, el 30, Perón dio a los legisladores justicialistas, en el Congreso, otra de sus clases magistrales. En vísperas de la conferencia de Argelia, se explayó sobre la problemática internacional, y habló también del Frente Justicialista de Liberación Nacional. “Pero nosotros -dijo esa vez- debemos comenzar a pensar en grande. Ese juego de enanos que se ha dado en muchas oportunidades, tenemos que abandonarlo”. Pero Ese juego, lamentablemente, no iba a terminar.

    Peron Presidente

    El Gobierno convoco nuevamente a elecciones presidenciales para el 23 de septiembre, e inmediatamente se comenzaría a hablar de la formula Perón-Balbín como una posibilidad. Mientras esta idea y la de la creación de un consejo de estado intrigaban y entusiasmaban a muchos argentinos, la realidad los iba desencantando. La designación de vicepresidente recaería sobre la persona señalada por el dedo de alguien que se suponía actuaba en nombre de Perón.

    El 18 de agosto, en el Teatro Nacional Cervantes y ante el congreso del Partido Justicialista, Perón ratificó su candidatura y pronunció un importante discurso, por momentos fuertemente doctrinario, al referirse a “qué ideología tiene el Movimiento Peronista”. Definió como primera tarea del futuro gobierno la de “reconstruir al hombre, reconstruirlo económica y moralmente”. Dijo, entre otras cosas, sobre la enfermedad moral de la República: “nos hemos convertido en una factoría de avariciosos y concupiscentes, donde todo es a base de trampa, a base de maniobras, mediante las cuales los intermediarios se quedan con el santo y la limosna...”

    El 22 de agosto, en acto realizado en el estadio de Atlanta y convocado por la Juventud Peronista, Mario Firmenich lanzó sus dardos contra la candidatura de Isabelita, quien, ante otras expresiones adversas, declarará un día después: “No tengo motivos para renunciar a mi candidatura”.

    ¿Cómo no iba a contar con la aprobación de Perón?¿Quién iba a osar plantarse frente a la mujer del conductor? La asamblea aprobó la moción por aclamación. La duración de todo un tramite no fue de mas de veinticinco minutos.

    La campaña electoral fue muy liviana, ya que se trataba de una ratificación de lo que todos sabían: Perón seria el nuevo presidente.

    De todos modos, el cerro su campaña con un mensaje televisado que fue como una clase de repaso. Abordo todas las necesidades del momento y pidió “cooperación activa y fehaciente” en caso de un triunfo del Frente Justicialista de Liberación.

    El FREJULI obtuvo 7.359.252 votos (61.85%); la U.C.R., 2.905.719 (24,42%); y la Alianza Popular Federalista, con Manrique-Martínez Raynomda, 1.450.998 (12,19%).

    La vicepresidencia de Isabel

    Retomando el tema de la candidatura a vicepresidencia de Isabel, podemos decir que fue un hecho determinante que marco la historia argentina durante una década entera. La ex bailarina había logrado algo que a la idolatrada Evita se le había escurrido entre los dedos.¿Cómo sucedió? ¿Perón deseaba en verdad compartir la formula presidencial con ella? ¿O se trato de un golpe maestro de Isabel y su astuto brujo como creen muchos peronistas?

    Perón puede haber decidido que la designación de Isabel era una consecuencia política lógica. Algunos peronistas se oponían a la formula conjunta con Balbín. La izquierda no lo tenia en muy alta estima pues consideraba al líder radical como un representante de los intereses burgueses. Los políticos se daban cuenta de que un arreglo con el significaría la división del boletín político con los radicales luego de la victoria. Eran muy pocos los peronistas que podían disfrutar ante la perspectiva de que el Chino pudiera asumir la presidencia en el caso de la muerte de su conductor, y, a corto plazo, la presencia de Balbín en la formula no tendría efectos fundamentales. Perón había hecho un buen trabajo al alentar especulaciones sobre una candidatura conjunta, al reflotar la idea de la creación de un consejo de estado y, lo que era mas importante, al asegurar la concurrencia de su rival en su gran proyecto para el futuro de la Argentina, pues esto lo anulaba como adversario político. Balbín iba a ser mucho mas útil en su papel de enemigo creíble pero no por ello difícil de derrotar en los comicios. Finalmente, el peronismo había sido siempre un movimiento multifacético que había exigido que Perón mantuviera el equilibrio entre le bando gremial, elementos de la clase media, los empresarios los militares. La elección de un compañero de formula que se identificaba con la clase media podía ser percibida como una inclinación decisiva hacia uno de los sectores. En definitiva, todos iban a poder seguir a un candidato a vicepresidente que pareciera una extensión del propio Perón.

    Como la verdad es aún demasiado candente, es virtualmente imposible encontrar dentro del ámbito político argentino alguien que dé una opinión desinteresada respecto a la ascensión de María Estela Martínez de Perón al poder. Cualquiera sea la versión que uno quiera adoptar, Perón no puede quedar desligado de toda la responsabilidad que le cupo. Si lo que quería era que ella fuera su compañera de fórmula, o si simplemente decidió no hacer nada para interferir en su designación, estaba demostrando una indiferencia insensible respecto de la futura supervivencia del peronismo y del destino de la Argentina en el caso de que su muerte se produjera mientras estaba en el ejercicio de la primera magistratura.

    Asunción

    La tercera presidencia de Juan Perón, iniciada el 12 de octubre, no transcurrió en un lecho de rosas, puesto que a los problemas del país se sumaban los internos de su Movimiento. El gabinete que lo acompañó estaba integrado en su gran mayoría por peronistas y veteranos: Benito Llambí, Jorge Taiana, Alberto Juan Vignes, Angel Federico Robledo, Ricardo Otero y Antonio Benítez. También estaban en él José Ber Gelbard y José López Rega, reclutados en la década de 1970.

    Juan Perón según sus hábitos, madrugaba para ir a la Casa Rosada. Creó nuevas secretarías en la Presidencia y ubicó al Dr. Vicente Solano Lima al frente de la Secretaría General. Trabajaba más de lo que su salud le aconsejaba y permitía.

    El 7 de noviembre la Cámara de Diputados aprobó la ley de inversores extranjeros y un día después Perón confirmó al Consejo Superior del Movimiento, encabezado por el senador Matiarena. Dos días después, el presidente visitó l base de Puerto Belgrano, donde habló a los altos mandos de la Armada.

    El presidente cerró el año con su clase a la C.G.T. (el 27), un discurso a los mandos de las Fuerzas Armadas (también el 27) y un diálogo con los periodistas (el 31). En el curso de este último abordó la cuestión de la reforma constitucional, sobre la que mostró especial prudencia: se negó a opinar si debía hacerse en 1974 ó 1975, y sobre la duración del mandato.

    Rucci

    Dos días después de las elecciones un crimen político iba a empañar de alguna manera la claridad de la victoria peronista: Jose Ignacio Rucci caería asesinado y la organización de Montoneros, enemigos de la “Burocracia sindical”, se adjudicaría su muerte.

    Desde su periódico Cuestionario, Rodolfo Teragno hablo de “la ineficacia del asesinato”, y observo: “Si los matadores de Rucci obraron movidos por una razón ideológica, deberían preguntarse ahora cual fue el rédito obtenido. Y si aun creen que cosecharan los frutos mas adelante, convendría que analizaran que frutos rindieron, en el pasado, otros homicidios. El asesinato de Vandor solo creo un reemplazante: ese mismo Rucci que ahora alguien ha creído necesario matar”.

    Arturo Frondizi comenta que, el día del asesinato de Rucci, él recibió una llamada telefónica de Perón. La voz del interlocutor delataba profunda preocupación. “¿Qué puedo hacer respecto de la violencia?” reflexionó. “Podría acabar con ella si me convirtiera en un dictador, pero estoy demasiado viejo para ser un dictador”.

    Relaciones exteriores

    EL aumento en los precios internacionales de los productos agropecuarios contribuyó a la desaceleración de la inflación pero la crisis mundial de combustibles rápidamente hizo que tales ganancias fueran nulas. Como había sucedido antes, durante la era peronista, la Tercera Posición era una política más fácil de explicar que de aplicar. El único éxito mencionable alcanzado por el conductor fue la concreción de un acuerdo comercial con los cubanos por 1.2 billones de dólares por el cual la Argentina se comprometía a venderles vehículos automotores y otros productos manufacturados en abierto desafío al esfuerzo, de Estados Unidos por mantener el bloqueo económico impuesto sobre la isla.

    Se hablaba mucho de la posibilidad de un viaje de Perón a Nueva York con el propósito de pronunciar un discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas y tener un encuentro con el presidente Richard M. Nixon. Pero esta importante ofensiva diplomática nunca progresó más allá de la etapa de planeamiento. Poco después de trasladarse en helicóptero a un portaviones de la marina argentina anclado en alta mar para mantener un breve encuentro con el presidente uruguayo José María Bordaberry, Perón quedó postrado por otra crisis de su salud, la más seria de todas las sufridas hasta la fecha y de la cual salió con vida gracias a su buena suerte.

    La gestión Anaya

    El nuevo comandante general se caracterizó por su posición “profesionalista”, que era la que el presidente prefería para le momento político que se vivía. En la primera etapa de su gestión , que podríamos caracterizar como de “bajo perfil”, el Ejército se subordinó claramente al ejecutivo, representado por Perón. No hubo aventuras políticas y en la lucha contra la guerrilla, el Ejército siguió dejando la primera fila a la policía y los organismos de seguridad.

    El profesionalismo de Anaya tuvo una consecuencia no buscada por el gobierno, el crecimiento de los generales Videla y Viola, que desde la jefatura del estado Mayor ganaron espacio en la opinión de los militares “moderados”, lo que les permitiría alcanzar una posición de importancia en la última etapa constitucional.

    La moderación del espacio político ocupado por el Ejército de Anaya, terminaría con la muerte de Perón, en julio. Desde el mismo momento del discurso del comandante ante el féretro del Líder, los militares comenzaron su avance hacia la recuperación del poder político.

    El verano del 74

    Para el presidente de la República, enero no fue un mes plácido, ni alentador. El 19 el ERP reanudó la ofensiva atacando Azul, provincia de Buenos Aires, al cuartel del Regimiento 10 de Tiradores Blindados, una de las unidades más poderosas del Ejército. La organización procuraba obtener armas para abastecer su futura guerrilla rural, al mismo tiempo que intentaba alcanzar un objetivo político: “provocar a Perón para que se mostrara como un defensor de las Fuerzas Armadas.” (Seoane).

    El ataque, llevado a cabo por una fuerza que las distintas fuentes estiman entre ochenta y cien combatientes, no tuvo más éxito que la muerte del jefe de la unidad, coronel Camilo Gay, su esposa y un soldado, y la captura del teniente coronel Jorge Ibarzábal, jefe del Grupo 1 de Artillería Blindada (Fraga). Gay era hijo de un compañero y amigo personal de Perón.

    La muerte de Gay, defendiendo la unidad, y sobre todo la de su esposa, contribuyó a presentar a los asaltantes con crueles rasgos frente ala sociedad. No fue mejor la impresión que causó el largo cautiverio - seguido de muerte - de Ibarzábal, especialmente en la oficialidad del arma.

    La desaparición de dos guerrilleros, presuntamente capturados y asesinados, no mejoró la imagen del ERP. Este se automarginaba y, al mismo tiempo, dejaba a la intemperie a sus posibles aliados frente a la previsible represión.

    Dificultades económicas

    Desde enero de 1974 comenzaron a notarse dificultades económicas por la falta de flexibilidad del Plan Gelbard. Taccone piensa que existió una “excesiva concentración de poder en torno de la C.G.E.; y que si a eso se agrega que “detrás estaba el poder de Perón, ¡y qué poder!, se comprende que Gelbard tuviera un poder muy grande. No hizo apertura, no hizo participación, ni con el sector empresario ni con el sector obrero.” (conversaciones con Juan J. Taccone). Para el ex dirigente de Luz y Fuerza, en setiembre de 1974 debió haber empezado a flexibilizarse la política de precios”.

    Desde los principios de 1974 se producían crecientes violaciones a la política de precios máximos y se concedían excepciones que autorizaban a aumentar algunos precios. Entre enero y marzo, pese al slogan de “inflación cero”, hubo un tres por ciento de alza del costo de la vida. Esto llevaría al presidente a dirigirse al pueblo en la mañana del 12 de junio. En el mensaje se refirió “la escasez y el mercado negro. Siempre que la economía está creciendo y se mejoran los ingresos del pueblo -como sucede desde que nos hicimos cargo del poder- hay escasez de productos y aparece el mercado negro. Una situación que subsistirá hasta que la producción se ponga a tono con el aumento de la demanda. Por otra parte, el gobierno ha fijado los precios. Así que, cuando se cobra demás de los precios fijados, el que compra debe ser el encargado de hacerlos cumplir, ya que el gobierno no puede estar cuidando el bolsillo de los zonzos que hacen el juego a los especuladores”. Esa tarde, ante una concentración de apoyo que respondía a su mensaje matutino, el general se despedía de su pueblo. Su muerte, ocurrida el 1° de julio, haría imposible saber si existían chances de retomar el buen camino del plan.

    Aquél primero de mayo

    El 1° de mayo de 1974 recuerda un episodio culminante de la “interna peronista” sin resolución. Pese al pedido formulado por el presidente unos días antes a los grupos juveniles, en plaza de Mayo se desvanecería toda posibilidad de conciliación entre la tendencia y lo que la revista Militancia llamó “el discreto encanto de la burguesía”, que incluía a Juan Perón.

    Éste en su exposición ante las Cámaras del Congreso definió los muchos significados que tenía el concepto de liberación: en lo político, económico, socio cultural, recursos y ecología, científico tecnológico e institucional. Pero sobre todo, formuló un anuncio que para él revestía singular trascendencia y alto significado estratégico: “como presidente de los argentinos -dijo- propondré un Modelo a la consideración del país, humilde trabajo, fruto de tres décadas de experiencia en el pensamiento y en la acción”. Y adelantó, además, la creación del Consejo para el Proyecto Nacional.

    Lo ocurrido en la asamblea legislativa resultó momentáneamente oscurecido por lo que luego sucedió en la Plaza de Mayo. Grupos de montoneros gritaban estribillos tales como: “qué pasa, qué pasa, qué pasa, general: /´tá lleno de gorilas el gobierno popular”; “Rucci traidor, saludos a Vandor”. La respuesta de Perón fue una reivindicación de los dirigentes gremiales asesinados, y fustigó con extrema dureza a los “imberbes, traidores, estúpidos, mercenarios”. Los aludidos se retiraron de la plaza.

    Sin duda, quien había pensado que era capaz de conducir todo esa tarde se convenció de lo contrario y de que su empresa perdía un costado, dentro de una síntesis imposible. Por debajo de la claridad del conductor, que trató de encauzar al río desbordado, y de la comprensión de su “viejo adversario” Balbín, fuerzas dinámicas, desatadas en la segunda mitad de la década del sesenta, alimentarían el andar de minorías apuradas y darían caldo propicio a los aparatos imperialistas, y a su expertos.

    La enfermedad y muerte de Perón

    A pesar de los datos precisos sobre la salud del presidente, es sorprendente que no se haya hecho casi nada para limitar sus actividades y para protegerlo de la fatiga y de los elementos. En una entrevista informal mantenida por el Dr. Cossio en el mes de enero de 1974 y publicado a fines de 1976, el médico deploró la visita realizada por el presidente al porta aviones que había obligado al primer magistrado a trepar escaleras de metal empinadas a pesar de sus 78 años de edad y a soportar el azote de vientos de casi 100 km por hora.

    Una combinación de factores se dieron cita para impedir la adopción de medidas que hubieran podido prolongar la vida de Perón. Sus simpatizantes caían en la tentación de ponerlo a la misma altura que otros estadistas de edad avanzada, como Mao, Franco y De Gaulle, y por consiguiente llegaban a la conclusión un poco simplista de que si esos hombres podían gobernar, también podía Perón. La crisis política que le había permitido volver a ejercer la presidencia requería de su constante y exhaustiva atención y del ejercicio de un liderazgo que solamente él poseía, sobre todo en asuntos relacionados con la seguridad interna, la unidad del movimiento peronista y la implementación de la política económica. El estilo que siempre había utilizado para gobernar incluía un rechazo absoluto a toda forma de delegación de poder e implicaba nunca decir que no. La vejez lo había privado de la fuerza de voluntad necesaria para imponer un límite racional al uso de su tiempo.

    Perón no tenía ningún prejuicio en encomendar cometidos especiales a López Rega, quien siguió viviendo con Perón e Isabel y se ocupaba de observar al conductor con una vigilancia incesante. El brujo estaba convencido de que él estaba mejor capacitado que cualquiera de los médicos para decidir que le convenía más a Perón.

    En lo que respecta a Perón, ¿deploraba él los actos del brujo? Los patrones de comportamiento que lo habían guiado durante toda su vida sugieren que la única explicación correcta es que no le importaba nada de lo que hiciera su secretario. La única evidencia palpable del descontento del presidente está contenida en una carta enviada a Jorge Antonio el 19 de octubre de 1973: “López Rega, enloquecido, me crea toda clase de problemas, así le irá”.

    El 28 de junio, los doctores Pedro Cossio y Jorge Taiana recomendaron “reposo absoluto” al presidente. Ese día llegó de vuelta al país la Sra. De Perón, y la gran paritaria nacional aprobó el aguinaldo prometido por Perón. Además la guerrilla copaba el pueblo de Bartolomé Bavio, en el partido bonaerense de Magdalena.

    Cuando a las 11:50 del sábado 29 de junio se realizó en Olivos la delegación de mando ante el deterioro de la salud de Juan Perón, los militares que se habían replegado un año y medio antes -políticamente derrotados-, respiraron más fuerte y empezaron a sacar pecho. Casi tres horas después, la vicepresidente en ejercicio de la presidencia, Isabel Perón, dio a conocer su mensaje de que se hacía cargo: “asumo esta extraordinaria responsabilidad” le dijo al país, como trepada a un vagón de curso incierto.

    El 1° de julio Juan Perón bebió un poco de té y mantuvo una vivaz conversación con su mujer. López Rega y Gelbard lo visitaron brevemente. A las 10 de la mañana, Isabel convocó a una reunión de gabinete en el comedor de la residencia de Olivos. Afuera el clima producía el milagro de un magnífico “día peronista”.

    De repente, el sonido de gritos y de puertas cerradas bruscamente interrumpió el cónclave ministerial. Una sirvienta bajó corriendo las escaleras y llamó a Taiana: “Doctor, ...suba enseguida, que el general se ha descompuesto”. Taiana subió al dormitorio de Perón y se lo encontró sentado en la cama. “Me voy”, le dijo a su médico, mientras el cuerpo entero se convulsionaba y de inmediato perdía el sentido. Eran casi las 10:30 de la mañana.

    Le tocó a Isabel dar la mala nueva al país. A penas pasada las dos de la tarde, sentada frente a una mesa con todos los miembros del gabinete de pie a sus espaldas, grabó un video del anuncio final. Con una voz preñada de emoción, la presidenta lamentó el fallecimiento de un “verdadero apóstol de la paz y la no violencia”.

    Al terminar el velorio, el ataúd fue sellado y puesto en un coche fúnebre que lo trasladó lentamente hasta Olivos. La cripta de una pequeña capilla ubicada en los terrenos de la residencia serviría como el lugar de descanso eterno del Teniente General.

    Presidencia de Isabel

    Asunción:

    La misma tarde del 1° de julio, a las 14, Isabel Perón asumió el cargo presidencial constitucional. Los militares replegados comenzaron a frotarse las manos porque, sin ser genios, calculaban que el conflicto planteado en la sociedad argentina, y los ingredientes externos, iban a acelerar la crisis de poder en el frente peronista erosionado. El ejército de Lanusse había perdido su batalla política en 1972, pero no se había resignado porque, además, tenía a su favor el viento “occidental” pentagonista, esto en un mundo todavía sometido a la dialéctica Este-Oeste, válida más que nada para el sur y la periferia.

    El 14 de Agosto asumieron los nuevos ministros: en Cultura y Educación, Oscar Ivanissevich; en Defensa, Adolfo Mario Savino, y en Interior, Alberto Rocamora. En la Secretaría de Prensa, José María Villone reemplazó a Emilio Abras.

    Asesinatos, intervenciones y la debilidad de Isabel:

    Agosto de 1974 llegó así con una carga gravosa y el país iba a vivir el primero de los cuatro momentos más críticos antes del desenlace de marzo de 1976. La denominada Alianza Anticomunista Argentina (A.A.A.) efectuaría una serie de asesinatos, especialmente en La Plata (de Luis Macor, Horacio Irineo Chaves, Carlos Pierini y otros). Por su parte, el E.R.P. no se quedaría atrás: el 11 atacó la fábrica militar de explosivos de Villa María (Córdoba) y el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportadora de Catamarca.

    Otra de las víctimas fue el doctor Silvio Frondizi, muerto por con una bomba el día 30. Por un lado, la guerrilla, y por otro, la activa organización de las A.A.A., no cesarían en sus labores de sangre y violencia. Ya por entonces las Fuerzas Armadas había decidido operar “por izquierda”, y una maniobra de pinzas encerraría y aislaría cada vez más al gobierno.

    El 31 fue asesinado el diputado Rodolfo Ortega Peña, que fuera defensor de detenidos políticos durante el gobierno de Lanusse. Junto con Eduardo Duhalde había realizado una importante labor historiográfica y dirigían el periódico Militancia, que expresaba le pensamiento del Peronismo de Base.

    El 20 de septiembre el escenario de la Plaza de Mayo fue ocupado por la C.G.T. para agradecer a la presidente la Ley de Contratos de Trabajo. Ese mismo día, fue secuestrado y asesinado en barracas el viejo militante Julio Tomás Troxler por uno d elos grupos de tarea que se cubría con la sigla A.A.A. Seis días después, Isabel Perón pronunció un discurso en el que manifestó que la muerte de militares estaba dirigida a la provocación de un golpe.

    El 7 de octubre el gobierno dispuso la intervención federal de Santa Cruz. El día 8 la presidenta jugó una de sus últimas cartas para salir del aislamiento al que estaba siendo llevada: se reunió con dirigentes políticos y presidió una mesa pluripartidista, tlevisada, en la que Ricardo Balbín se refirió a los “microclimas” que la rodeaban. Entre esta fecha y la última semana de junio de 1975, el proceso iba a mostrar crecientes signos de deterioro. Como diría Balbín, la situación se estaba “desencuadernando”.

    Nuevos secuestros, asesinatos, copamientos de estaciones, el robo del ataúd con los restos de Aramburu, la muerte del doctor Jordán Bruno Genta , entre otras, se suceden tras terminar octubre.

    A principios de 1975 se informó que el costo de vida, en los últimos doce meses, había aumentado un 40,1%.

    Bajo rumores de golpe, a fines de febrero, la C.G.T. y las 62 se pronunciaron críticamente sobre la política económica y pidieron más participación en el gobierno., en momentos en que los dos únicos centros de poder reales eran las organizaciones sindicales y las Fuerzas Armadas.

    Los atentados, secuestros ya menazas continúan. Las activas A.A.A. se ocupan de figuras del cine y del teatro. El 18 de mayo de 1975 cae asesinado Jorge Money, un periodista de La Opinión. El ministro Rocamora manifiesta que se ocupará de las operaciones de las A.A.A. Una estadística no oficial consigna que, desde el 1° de julio de 1974, la violencia política se cobró 433 víctimas.

    A partir del día 11 rodaron las cabezas de los ministros López Rega, Adolfo Mario Savino, Alberto Rocamora y, días después, Celestino Rodrigo. Fueron nombrados Antonio J. Benítez (en Interior), Ernersto Corvalán Nanclares (en Justicia), y Jorge garrido (en Defensa). A López Rega lo iba a reemplazar Rodolfo A. Roballos el día 21. Dos días antes, el ex ministro de Bienestar Social fue “embarcado”, rumbo a Río de Janeiro y Madrid. EL 22 asumió el nuevo ministro de economía, Pedro José Bonanni, y un día después Raúl A. Lastiri debió dejar la presidencia de la Cámara de Diputados.

    Isabel ante todo esto proyectaba una imagen de indefensión tal que quedaban confirmadas las peores sospechas de quienes se habían sobresaltado cuando su marido incluyó su nombre en la fórmula. La triste verdad es que Perón no había hecho nada para prepararla para el cargo que ahora ejercía. Dependía de López Rega para todo y las bufonadas de éste no iban a ayudar, precisamente, a la consolidación de la imagen pública del nuevo régimen. En el mes de agosto, un periódico de tendencia izquierdita publicó una foto que lo mostraba participando en una sesión realizada por una secta espiritista en Porto Alegre.

    La más sorprendente de todas las historias de Isabel/López Rega dice que un asistente militar de la señora lo encontró abofeteándola y amenazándola con pegarle un tiro.

    Economía:

    La muerte de Perón dejó a Gelbard vacío del poderoso apoyo que lo sostenía. Desapareció el líder, el poder de arbitraje del Estado quedaba reducido a su mínima expresión, y emergieron, tanto la disconformidad de los sectores empresarios que habían aceptado el pacto a regañadientes, como la de los sindicatos que había tendio una participación pasiva. El tema político comenzó a influir en la disputa económica y el sindicalismo empezó a buscar aliados para desplazar a Gelbard. A su vez la propia dirigencia de la C.G.E. cometía un error fatal al permitir el ingreso de la U.I.A. a su entidad.

    Para completar el panorama, la crisis mundial producida por la multiplicación del precio del petróleo afectaría gravemente a nuestra economía. Es cierto que el autoabastecimiento alcanzaba un noventa por ciento de la demanda, y que importábamos apenas por 200 millones de dólares, pero el incremento general de precios alcanzó a otros insumos que no podíamos dejar de importar. Asimismo, el Mercado Común Europeo restringió sus importaciones de alimentos, prohibiendo los embarques de carne argentina y produciendo la caída de los precios de los cereales, todo ello antes de que los nuevos mercados ganaderos en Europa Oriental comenzaran a absorber la producción.

    Sumados todos estos factores a la existencia de vencimientos importantes de la deuda externa, el fracaso del mito de la “inflación cero” y a la lucha de sectores políticos, no es de extrañar que la C.G.T., al retirar su apoyo a la Ley Agraria, terminara de desestabilizar al ministro de Economía, provocando su renuncia.

    La solución, por el momento, fue una componenda coyuntural. El sector lopezreguista se había librado de Gelbard, pero no estaba en fuerza para imponer un hombre propio, de modo que fue designado Alfredo Gómez Morales, a modo de “peronización” de la conducción económica.

    Entre sus primera medidas estuvo el abandono de los mercados del Este y la adopción de recetas “ortodoxas” que encarecieron el dinero y los costos financieros.

    Pese a los controles, el mercado negro siguió funcionando y, al mismo tiempo que violaba la política de precios, facilitaba la creación de “una gran cantidad de dinero, producto de la especulación que no pagaba impuestos ni era registrado, situación que había de tener graves consecuencias en 1974. Lo más probable era que esos fondos se convirtieran en activos financieros que no exigían la identificación legal del inversor, (entre otros) dólares del mercado negro.”(Guido Di Tella, Perón-Perón, 1973-1976)

    El dólar bajo, al reducida producción rural y el abandono de los mercados del Este llevaron a una balanza comercial negativa de 135 millones para el primer trimestre de 1975. EL ahogo obligó a Gómez Morales a plantearse la posibilidad de negociar con el F.M.I., lo que implicaba abandonar hasta la retórica d e1973.

    Ante la evidencia de su debilidad política, que lo llevaría al fracaso, el ministro de Economía renunció el 29 de mayo. Lo reemplazaría un hombre del riñón de López Rega: Celestino Rodrigo.

    El “Rodrigazo”:

    Sin un poder político en condiciones de conducir, la concertación se hacía imposible. Desde principios de 1975 se afirma la tendencia de que cada sector trate de obtener ventajas a costa de los demás.

    Gómez Morales había concedido un aumento general de salarios del 15% en diciembre y devaluado a la moneda un 50% en enero. En febrero, Isabel concedió otro aumento de $400.- y en el mismo mes se convocaron las paritarias, sin tope salarial alguno.

    Al hacerse cargo Rodrigo, la inflación acumulada desde principio de año llegaba al 80,5%, y los conflictos laborales estallaban por todas partes, habiéndose acordado en principio un aumento del 38% a establecerse en la paritarias.

    El nuevo ministro legaba acompañado en la secretaría de Programación y Coordinación Económica por Ricardo Zinn, un técnico liberal totalmente ajeno al peronismo, formado en el ambiente financiero privado, que sería el principal elaborador del plan que llevaría el nombre del ministro. Rodrigo y Zinn -y el gobierno, ahora hegemonizado por López Rega- se proponían “liberar los precios, devaluar la tasa cambiaria hasta llevarla a un nivel `realista' muy devaluado, mejorar los precios agropecuarios, estimular la inversión privada, llevar los precios de los servicios y los bienes públicos, disminuir el déficit fiscal, mantener bajos los salarios y , finalmente, doblegar el poder de los sindicatos.” (Di Tella). Pretendían alcanzar tales objetivos por un tratamiento de “shock”, pero curiosamente intentaron ponerlo en funcionamiento en momentos en que los gremios discutían sus paritarias.

    Rodrigo produjo una devaluación de la moneda del 100%, llevando el dólar a $30, después de haber estado en $10 en febrero, aumentó las tarifas públicas entre un 100 y un 200 por ciento y pretendió mantener en el 38% hablado el aumento de los salarios. Ante el rechazo sindical, el gobierno ofreció un 45%, que también fue rechazado, y terminó por dejar nuevamente sin topes las paritarias. Esto permitió que los aumentos fueran de un 60% para los gremios más débiles y alcanzara hasta un 200% en los más poderosos, con lo que el plan se derrumbaba.

    Se anuncia que habrá un aumento general del 50%, al que se agregarán un 15% en agosto y otro 15% en octubre, tras lo cual Rodrigo anunció por televisión su política de shock.

    La reacción fue generalizada. EL ministro de Trabajo, Otero, hombre de la U.O.M., presentó su renuncia, en el Congreso se inician maniobras contrarias a la política del Ejecutivo, que culminarán con la elección de Italo Luder para llenar la vacante de presidente provisional del Senado, postergando a Lastiri de su condición de vicepresidente de hecho. Miguel y Herrera, de regreso de Ginebra, se pusieron a la cabeza de la protesta y la C.G.T. convocó un paro general los días 7 y 8 de julio.

    Antes de cumplirse las 48 horas de huelga, el gobierno cede. Los convenios serán confirmados y tanto Rodrigo como López Rega se verán obligados a renunciar al poco tiempo.

    Caída:

    López Rega se había convertido en el hombre más poderoso y más temido de la República Argentina. La gente lo observaba con la misma fascinada parálisis con que el conejo contempla a la serpiente pitón. La sospecha de que los grupos parapoliciales obedecían a sus órdenes aumentaba día a día. Solamente en el mes de mayo de 1975 hubo 29 crímenes atribuidos a la Triple A. Abogados, sacerdotes, obreros, periodistas, estudiantes y profesores se convertían en los blancos señalados para la extinción. EL gobierno no hacía ningún esfuerzo por detener la carnicería.

    A pesar de todo ello, los manifestantes reunidos en la plaza el 27 de junio lo insultaron y se rieron de él y el ministro no pudo responderles. EL aura de omnipotencia que lo circundaba, de repente se desvaneció y sus enemigos se envalentonaron. Los políticos empezaron a pedir su renuncia. Los diarios comenzaron a publicar referencias desdorosas hacia él. Heriberto Kahn escribió un artículo en La Opinión informando que el ejército lo había acusado de organizar la Triple A, citando hechos que apoyaban esta denuncia.

    López Rega había llegado al borde del abismo. Las fuerzas armadas exigieron su desplazamiento e Isabel no tuvo otra alternativa que acceder. El 20 de julio, luego de haber sido designado “embajador extraordinario” -sin destino específico- por la presidenta, voló con destino a Río de Janeiro, luego prosiguió hacia Madrid y, muy poco tiempo después, desapareció de la faz de la tierra.

    La eliminación de López Rega no redundó en ninguna mejora perceptible en la economía o la seguridad interna del país. La presidenta, cuya tenacidad estaba a la altura de su incompetencia, se negaba a dejar su cargo. El slogan “Isabel es Perón”, acuñado en un esfuerzo por darle mayor autoridad, se había vuelto en contra de cualquier movimiento organizado por los peronistas para reemplazarla.

    Durante muchos meses, los rumores de que se estaría gestando un levantamiento militar habían dominado la conversación. No había duda alguna de que las fuerzas armadas iban a intervenir; lo que no se sabía era cuándo lo harían. Sin embargo, las tropas seguían en sus cuarteles. Los generales jugaban con el tiempo, aparentemente con la esperanza de que las cosas llegaran a tales extremos que, después de que los peronistas quedaran desacreditados para siempre, el país entero los reclamaría como los salvadores de la patria.

    La hora de las espadas llegó poco después de la medianoche del 23 de marzo de 1976. Un helicóptero que, en esos momentos trasladaba a Isabel desde la Casa Rosada a la residencia de Olivos, sufrió “desperfectos técnicos” y se dirigió a la zona militar del aeropuerto metropolitano. Al aterrizar, soldados armados abordaron la máquina, tomaron a la presidenta en custodia y la pusieron a bordo de un avión de la fuerza aérea que la llevaría hacia la región de los lagos del sur, donde sería puesta bajo arresto domiciliario en la lujosa residencia de descanso del gobierno provincial de Neuquén.

    Una junta militar se hizo cargo del gobierno y designo a uno de sus miembros como presidente. El nuevo régimen, a partir de ese momento, pondría todos sus esfuerzos en exterminar la amenaza de la subversión y curar los males de la economía. S iniciabas el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”.

    CONCLUSIÓN

    De la presidencia de Cámpora pudimos concluir que solamente asumió gracias al apoyo que recibió de Perón. Esto se verifica con el dicho “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, pero finalmente se demostró que no era tan cierto este dicho, ya que Perón, al notar el descontento social se alejo de Cámpora y le quito su apoyo, para no verse involucrado y que se crease una mala imagen suya.

    Lastiri fue el puente para la llegada de Perón al gobierno; en su primer discurso anunció al pueblo la pronta convocatoria a elecciones, en las que se presentaría Balbín- De la Rua, contra Perón - Perón.

    El nuevo presidente asumiría en un momento de crisis a la que no podía enfrentar por su vejez, y que según sus palabras necesitaba de un dictador para poder controlarla, esto nos demuestra que Perón era consiente de que sus habilidades no eran las mismas que hacia 20 años atrás.

    El trato de manejar al país como en sus antiguas presidencias, llevando, por ej. en tema de política exterior con una posición de terceros no alineados, y en economía un fuerte nacionalismo. La crisis de todos modos lo avasallo y su salud no pudo contener las largas horas de trabajo a las que se sometía.

    La presidencia de Isabel comprobó las dudas que todos tenían te ella como presidenta, y fue un grave error de Perón no haberla preparado para ello. De todos modos no la podemos juzgar porque era solamente una mujer como cualquiera de nosotros que no desconocía el mundo de la política, se vio fácilmente sometida a Lopez Rega.

    El como vimos, la maltrato psicológica y físicamente, por lo que logró ser un “caudillo” de la mafia que llevaba a cabo secuestros y asesinatos sin pudor.

    Bibliografía consultada:

    • “Desde Perón hasta Onganía”, Bustos Fierro Raúl, Buenos Aires, 1969

    • “Política y cultura popular: La argentina peronista, 1946-1955”, Ciria, Alberto, Buenos Aires, 1983

    • “Perón - Perón, 1973-1976”, Di Tella, Guido, Buenos Aires, 1986

    • “La caída de Perón (de junio a septiembre de 1955)” Julio Godio, Buenos Aires, 1973

    • “De Perón a Lanusse, 1943-1973” Félix Luna, Buenas Aires, 1974

    • “Cámpora, Perón, Isabel” Horacio Maceyra, Buenos Aires, 1983

    • “Historia Argentina, Tº 17” Homenaje a José María Rosa.

    • “Perón” Joseph Page

    • “Enciclopedia Visual del Siglo”, Videos Nº 10, 11 y 12. Ed. Clarín.

    • “Enciclopedia Encarta 99” Microsoft.

    ANEXO

    Editorial del diario La Opinión en la edición 1000 

    "No hay que celebrar. Esta es la edición 1000 de La Opinión y en este espacio [se había programado una nota escrita por Mariano Grondona que suprimimos para hacer un balance del día. Los terroristas de la ultraizquierda saludaban el día con un centenar de bombas, un hombre murió despedazado. un policía que intentó desarmar una bomba perdió los dos ojos, las piernas y un brazo. El Escuadrón de la Muerte, de la derecha, asesinó al ex gobernador de Córdoba- Atilio López. Quizás, lo único que se pueda celebrar es haber vivido un día más.

    " La Opinión, 17 de setiembre de 1974.

    La tercera presidencia de Perón

    Jorge R. Videla asume la jefatura del ejercito a mediados de 1975 y se convierte en el hombre fuerte del ejercito que realizara el golpe el 24 de marzo de 1976

    La tercera presidencia de Perón

    Tapas de diarios de la fecha del golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Había llegado al gobierno "El proceso de Reorganización Nacional"

    La tercera presidencia de Perón

    José Lopez Rega llego de suboficial de la policía en la decada del 40 a manejar los hilos del poder. Debido a sus prácticas de astrología era llamado "el brujo"

    La tercera presidencia de Perón

    La presidenta saluda desde el balcón de la casa rosada , se la ve rodeada de Mondelli en el extremo izquierdo , José Lopez Rega atras a la izquierda y Casildo Herrera a la derecha 

    La tercera presidencia de Perón

    No he renunciado ni renunciaré; no he pedido licencia ni lo haré, declara Isabel Perón, poniendo fin al proyecto de los antiverticalistas, nucleados alrededor de Italo Luder. A principios de año, isabel se apoyaba en Lopez Rega, a fin de año lo hacia en Lorenzo Miguel nuevo paladin verticalistra. Pero el círculo íntimo venia de los tiempos de Lopez Rega

    La tercera presidencia de Perón

    El padre Mugica es asesinado por la triple A

    La tercera presidencia de Perón

    Ricardo Balbín se convirtió en el principio interlocutor de Perón, que se esforzó por consolidar un frente político sin fisuras

    La tercera presidencia de Perón

    El entierro de Peron

    1973

    Perón vuelve de su exilio madrileño. Es reelegido presidente.

    1974

    Muerte de Juan Perón. Su segunda mujer, Isabel presidente interina lo reemplaza. Sostenida por EEUU, el ejército y toda la clase política.
    En noviembre: Proclamación del estado de urgencia.

    1975

    Huelga general conducida por la CGT. Isabel Perón acepta las reivindicaciones sobre los salarios.
    Cambia el Comandante de las fuerzas armadas. Los militares antiperonistas se insurgen contra la nominación de un general en el Ministerio del Interior. Consiguen la nominación de Jorge Videla.

    1976

    El gobierno decide reunir una asamblea encargada de revisar la Constitución.
    En marzo: I.Perón es reelegida a la presidencia de la República. Un golpe de estado militar la destituye. La junta compuesta por los jefes des estado mayor de las tres armas y dirigida por Jorge Videla, toma el poder. 

    La tercer presidencia de Perón

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