La tentación vive arriba; Billy Wilder

Cine americano. Cinematografía estadounidense. Comedia. Marilyn Monroe. Tom Ewell. Manhattan

  • Enviado por: Tronco
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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La tentación vive arriba, 1955 COLOR

Desde los títulos de crédito se presenta una actitud cómica y burlesca si consideramos la conjunción audiovisual, ya que la música remarca mucho este aspecto burlesco.

La película comienza con una voz en off que sitúa la acción en la isla de Manhatan mucho antes de la colonización, cuando allí vivían los indios, y más concretamente en la época estival, representando la marcha de las esposas indias con sus hijos hacia lugares más frescos para pasar el verano, quedando los indios masculinos en el pueblo para cazar y ganarse el pan, en fin, de “rodríguez”, para mostrar una vez que las esposas indias se han marchado, cómo los maridos quedan fascinados con las guapas mujeres solteras que han quedado en el poblado. En este punto hay una transición a la actualidad (1955), y se representa exactamente lo mismo, se trata del terrible caluroso Manhatan en verano, maravillosa arquitectura de mármol de la Grand Central Station, en la que la familia se separa por vacaciones. Una vez que las mujeres se marchan en el tren, se vuelve a representar la fascinación de los rodríguez al paso de una guapa jovencita.

La película se centra en las aventuras de Richard Sherman (Tom Ewell), comienza a mezclarse la voz en off del narrador, con la propia voz del personaje, acaba la introducción de la película. Es un mediocre individuo que trabaja en una editorial de libros baratos, “esos que se compran en los quioscos y se leen en el metro”, que espera ansioso la marcha de su mujer a pasar unas vacaciones para tener una aventura, pues su matrimonio de siete años no parece funcionar. Richard sueña con la posibilidad de ser un galán, imaginando relaciones utópicas, hasta que de repente aparece -como parte de su oneirismo-, espectacularmente, la vecina del segundo piso: Marilyn Monroe. Aquí situamos el primer punto de giro del guión. A partir de ese instante, asistiremos a excelentes monólogos de Richard, reflexiones sobre lo que pasa a su alrededor, donde deja entrever sus contradicciones, entre el rechazo y la aceptación.

Es la primera película de Marilyn Monroe con Billy Wilder. Está realizada en el momento de mayor esplendor de la Monroe y coincide con su matrimonio con Joe di Maggio. Continuando con el argumento, la situación llega a angustiarle, así que, pese a la fantasía que ha creado en torno a su vecina, decide echarla de su casa (la primera vez) y pedirle un permiso a su jefe para reunirse con su esposa. Al final, Richard consigue salvar la tentación sin necesidad de caer en ella, y vuelve a su penosa situación acompañado de su esposa. Esto sucede porque tenemos otro personaje masculino, Tom, que es citado cada vez que Richard habla telefónicamente con su mujer, parece ser un galán que trata de levantarle la esposa, o al menos, así se los imagina Richard, que decidirá acudir con su mujer cuando dicho personaje se presente en su casa para coger el remo que su hijo olvidó en la estación, y que Richard no le había mandado por correo, pero la imaginación de nuestro protagonista va más allá y no escucha el porqué de la visita de este galán, piensa que viene a pedirle que se divorcie de su mujer, y en estas le pega un puñetazo, dejándole inconsciente, sin poder soportar la idea de que su mujer le cambiase por otro, y acudiendo en su busca, aunque pierda la oportunidad de pasar el verano junto a su monumental vecina. La aparición de este personaje, Tom, es el segundo punto de giro, hace que nuestro personaje se decida totalmente, es el empujoncito que le faltaba para hacer “lo correcto”. Dicho punto de giro está muy cerca del final, así podemos decir que la película tiene un nudo bastante amplio.

Según Wilder el tema de la película era “la atmósfera canicular de Nueva York. El calor fuera, y el calor que Marilyn despertaba”.

El hombre, en esta película, a través de encuentros con la Monroe adquiere una experiencia, aprende algo. Si al principio era un pobre hombre, y a pesar de ser padre de familia no era más que un joven que sólo había crecido, al final por lo menos se ha convertido en un hombre adulto y eso resultará beneficioso para su matrimonio, y también para su mujer.

Según Wilder “La película muestra el encuentro de un intelectual con la sexualidad. El hombre, gracias a este encuentro, se vuelve más audaz, más abierto, más honesto. También podría decirse del siguiente modo, una mente encuentra a un cuerpo y el resultado es una comedia. Este hombre honesto y prosaico, aprende a servirse de su fantasía sexual. Para mostrar esto, en los años cincuenta también nosotros teníamos que apelar a la fantasía del espectador, no podíamos mostrar escenas de sexo”

La película es una adaptación de una obra de Brodway, y a pesar de la censura cinematográfica, muchas cosas podían realizarse mejor en el cine que en el teatro. Como, por ejemplo, las escenas soñadas y las fantasías del hombre, que en la película podían exagerarse hasta lo grotesco-satírico para mostrar, se trata de una fantasía exageradamente ardiente y no de la verdad. La película fue atacada por la censura y a Wilder no le permitieron llegar a la relación sexual entre los dos personajes, como dice el propio Wilder “En aquella época no se podía ni pensar que los dos adúlteros se acostaran juntos en la película. Ni siquiera me permitieron que apareciera una horquilla en la cama de él, al día siguiente. Creo que la mojigatería de 1955 ha perjudicado a la película. Por otro lado la favoreció mucho que tuviéramos que trabajar con insinuaciones; el deseo no cumplido de Tom Ewell reflejaba la ansiedad y el deseo no cumplido del público”. La estrecha concepción de la moral de los años cincuenta convirtió La tentación vive arriba en una película de adulterio, que sólo puede hacerse realidad en húmedos sueños.

Richard llegará a un punto de locura cuando su imaginación y sus vivencias con Marilyn confluyan. Además, como agente de una editorial, tiene que leerse un libro que trata de psicología, y en él leerá acerca de “la sarna de los siete años” (que da nombre a la película en su versión original, The seven year itch), que trata de la crisis matrimonial que surge en el séptimo año de matrimonio, momento en el que curiosamente se encuentra Richard, que acudirá al autor del libro, el doctor Brubaker (Oscar Homolka), que nos recordará mucho al psicólogo de “Primera plana”, el doctor Max Eggelhofer (Martín Gabel), lo que da una idea muy aproximada de la opinión negativa de Wilder sobre el psicoanálisis, aunque también podría tener relación con la frustrada entrevista que Wilder intentó realizar al doctor Freud, en su etapa de periodista, y que se saldó con un “Aquí está la puerta”, por parte del entrevistado.

Parece demasiado evidente que la corrosidad de Wilder ha estado más aplacada en esta película, donde no ha profundizado en la crítica social, conformándose con exponer un entorno ridículo. La película se articula más como una contribución al mito de Marilyn que como un análisis mínimamente serio del americano medio que se queda a pasar el verano en la ciudad mientras su familia disfruta de vacaciones, que se queda de rodríguez. No es de extrañar que Richard alardee de imaginación, y que la monumental vecina se limite a contestarle: “Yo tengo muchas otras cosas, pero no tengo imaginación”. Todo justifica la presencia de Marilyn Monroe, hasta su tendencia a la ingenuidad, su falta de reparo al acercarse a Richard o su nula noción de que realmente tiene un cuerpo que es puro deseo para el que lo observa. La película se transforma de esta manera en una broma por parte de Wilder, que fuerza a Marilyn a comportarse de una manera natural, cuando si algo tiene ella es precisamente que no se parece a ninguna mujer y no puede manifestarse como si fuera una más.

Debemos hablar de una de las escenas de la película, una escena que se ha convertido en un icono mundialmente conocido, nos referimos a la escena en que a Marilyn Monroe se le levanta la falda por la ventilación del metro, escena que ilustra la portada de la película, y que es un reflejo del personaje que desempeña Marilyn en la película (y en su propia vida), un personaje que atrae a los hombres por su sensualidad y erotismo.

Marilyn Monroe parece resumir todo el sentido de la película cuando dice a Richard casi al final: “No lamentes nada”, toda vez que éste le indica que no se puede quedar a desayunar, que se marcha con su mujer. La película está estructurada como un pasatiempo, un film de verano, que pasa en el verano y que concluye con el verano. Puede interpretarse como una broma estúpida, pero también como un intento de especificar que la imaginación es capaz de crear sueños que, en el fondo, uno no desea vivir. Es curioso que Richard quiera unirse con su mujer a pasar las vacaciones cuando ha estado todo el año esperando a que se fuera. Y no resulta menos sorprendente que se obsesione con la idea de experimentar un engaño y disfrutar de su soledad, y luego rechace ambas cosas.

La tentación vive arriba se puede seguir como un ñoño ejercicio de estilo, una comedia barata hecha a imagen y semejanza de Marilyn. Pero también una visión que no se quede en lo meramente superficial, podría ayudar a encontrar las contradicciones obvias de una sociedad que prefiere imaginar la aventura a vivirla, ya sea por miedo a lo desconocido, ya sea por una patológica aversión a la realidad. Mucho de todo esto se percibe en la excelente “La mujer del cuadro” (The woman in the window, 1944), de Fritz Lang. El amor platónico se destruye cuando se domestica; la imaginación es superior, en los deseos, a la propia realidad, a la propia conquista. Todo lo que queremos se revaloriza si es inalcanzable, cuando lo poseemos, pierde todo el valor que había adquirido con la imaginación.

La película está grabada en escenarios naturales, al parecer, Wilder hacía esta excepción sólo con las películas que se grababan en Nueva York, ya que el resto de sus filmes están rodados en los estudios de Hollywood. En esta ciudad encontró el escenario que le permitía mostrar el aislamiento en medio de la multitud, el vecindario en el anonimato: una metrópoli en la que el cine podía demostrar que estaba en situación de entresacar de ahí a un solo individuo como ejemplo, para poder mostrárselo a los demás, en la figura del público, con todo lujo de detalles.

La película está rodada en color aunque Wilder no era muy partidario de dicho método en sus primeros tiempos, ya que afirmaba que “todo adquiría el aspecto de una heladería”, y añade que “incluso el diálogo suena mal, en color”.