La Regenta; Leopoldo Alas, Clarín

Literatura española contemporánea del siglo XIX. Narrativa. Novela. Naturalismo. Realismo. Vida y obras. Clero y burguesía. Personajes

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La Regenta

Señora Guapísima que vivía en el Parque de los Ozores. Recibía este nombre porque su marido, ahora jubilado, había sido regente de la Audiencia.

Don Fermín De Pas

Magistral de la Santa Catedral y Provisor del Obispo con tan sólo 35 años.

Posee los ojos verdes con pintas, párpados anchos, gruesos e insignificantes. La nariz larga, recta sobrada de carne hacia el extremo inclinado. Los labios largos y delgados. La barba puntiaguda y levantisca. La cabeza pequeña y bien formada de espeso cabello negro muy recortado. El cuello robusto y blanco de recios músculos. Las manos blancas y finas de muy afilados dedos.

Saturnino Bermúdez

Doctor en Teología, en ambos derechos, civil y canónico, licenciado en filosofía y letras y bachiller de ciencias. Siendo autor de una gran cantidad de libros dedicado a Vetusta. Eterno enamorado de la Regenta quién la olvidó por los suspiros hacia Obdulia.

Bismark

De oficio delantero de diligencia. Era un pillo ilustre ordinariamente bromista, alegre y revoltoso.

Celedonio

Hombre de iglesia de unos doce o trece años, acólito en funciones de campanero. Los ojos grandes de un castaño sucio.

Obdulia

Era un escándalo andando, además de una viuda que no dejaba de seducir al Magistral y a Celedonio. Obdulia ostentaba una capota de terciopelo carmesí de donde salían unos mechones de rubio teñido. La falda del vestido era negra de raso y llevaba una coraza de seda de escarlata muy apretada.

Ella desacreditaba la religión según Fermín

Don y Doña Infazón

Era una pareja de casados procedentes de Palomares.

Don Anacleto

Familiar del Obispo

El Palomo

Empleado laico de la catedral.

Don Custodio

Era el beneficiado. De rostro pálido y de cuerpo gruesecillo.

Petra

Es la doncella de Ana. Tiene más de veinticinco años. Es rubia del color del azafrán. Es muy blanca con facciones correctas. Su hermosura puede excitar deseos. Posee acento de la provincia aunque lo intenta disimular. Ha servido en muchas casas principales. Es buena para todo. Su primo Antonio esta enamorado de ella. Petra piensa casarse con él, pero más adelante, cuando fuera más rico y ella más vieja. De vez en cuando, va a verle para que no se apague aquel fuego con que ella contaba calentarse en la vejez.

Teresina

Es la doncella de Doña Paula. Es una joven de veinte años. Es alta y delgada. Su piel es pálida con un tono suave. Posee una gran hermosura. Sus ojos son negros. En su ser todo esta mudo con excepción de ojos soñadores y su dulzura. Ella duerme cerca del despacho del Magistral. Fue elegida por Doña Paula en su pueblo para realizar aquel trabajo.

Doña Paula

Es la madre del Magistral. Es viuda y viste con un hábito negro de Santa Rita. Tiene los ojos azules, claros, sin expresión y muy abiertos. Suele fumar en secreto y solo delante de la familia y de algunos amigos íntimos. Posee mucha perseverancia y una voluntad de acero. Además de un instinto superior a de cualquier persona inclusive al de su hijo. Ella era codiciosa y poseía una gran ansia de poseer. Es una buena madre, siempre se preocupa muchísimo por su hijo y por ello le esta aconsejando continuamente y guiándole en sus acciones. De esta forma el Magistral ha llegado donde ha llegado. Y todo ellos gracias a su madre ya que sin ella, él hubiera sido arrollado en muchísimas ocasiones durante la lucha de la vida.

Capítulos 1-2: presentación de Vetusta y de algunos personajes (el clero en general, Obdulia...)

Capítulos 3-5: presentación de Ana y capítulos retrospectivos que hacen referencia a su pasado.

Capítulos 7-9: presentación de los miembros del Casino y de personalidades nobles. Primera confesión de Ana con el Magistral.

Capítulos 10-11: primeras visitas de Mesía a Ana. Primeros rumores sobre ésta y el Magistral.

Capítulos 12-14: presentación de los marqueses, de su casa y comida multitudinaria con Fermín, Mesía y Ana.

Capítulos 15-22: descripción de la madre del Magistral y de su pasado. Enfermedades de Ana. Empiezan encuentros entre ésta y Fermín fuera de la catedral.

Capitulo 1

Bismark, delantero de diligencia, y Celedonio, acólito, siempre realizaban juntos las funciones de campanero en la torre de la catedral de Vetusta, en este caso se trataba de empuñar el cordel y azotar el metal con la porra del formidable badajo. Fue en este momento cuando escucharon el manteo del Magistral de la santa catedral y Provisor del obispo, Don Fermín de Pas que solía visitarlo antes o después del coro. Bismark que vivía acostumbrado a recibir más bofetadas y puntapiés sin saber por qué de los poderosos se asustó tanto que se escondió detrás de la Wamba. Al Magistrado le recordaba su gran afición por subir a los lugares más altos, produciéndole todo ello una gran satisfacción y gozo. Además desde allí sacaba su catalejo y contemplaba toda la ciudad de Vetusta convirtiéndose en “el amo del amo”. Después de media hora, de Pas se alejó dirigiéndose a la Sacristía donde se encontró con Don Saturnino Bermúdez, quien empleaba sus ratos libres en explicar la historia de la catedral a los grandes personajes, en este caso se trataba de los señores Infazón, que eran amigos de Obdulia, procedentes de Palomares. Saturnino tenía predilección por las casadas estando una vez enamorado de la Regenta sin ella saberlo, en estos momentos él suspiraba por el amor de Obdulia, sin importarle que fuera viuda.

Capitulo 2*

Todos se preguntaban de donde sacaba doña Obdulia el dinero de sus vestidos ya que ella no era rica. Aparece un nuevo personaje que es Doña Ana (la Regenta), que era esposa de Víctor Quintanar, que era el regente de varias audiencias de Vetusta. Se llamaba Ana Ozores Y era una noble, aquel día fue la Regenta y Doña Vuerta???? a confesarse a la catedral pero al final nadie las confesó.

Capitulo 3*

En este capítulo se nos presenta a Ana Ozores que es la Regenta, se muestra en su habitación y se pone a pensar en su infancia, ya echaba de menos a su madre, ella no conoció a su madre, narra la historia que le sucedió en su infancia, una noche siendo ella jovencita se escapó con su amigo Germán a dormir en una barca.

Toda su familia estaba preocupada sobre todo su aya que era Doña Camila, descubrieron donde pasó la noche y la metieron a un internado (colegio). Cuando la Regenta terminó de pensar en ésta historia, le entró un ataque de nervios, de pronto tocó la campanilla y llegaron su criada y su marido Don Víctor de Quintanar, ambos le dieron de beber tila, y al cabo del tiempo se tranquilizó y su marido se fue a dormir (ya que como por las mañanas salía a cazar no dormía con ella para no despertarla).

Aquella noche todos se retiraron a dormir hasta que a la mañana siguiente de madrugada Don Victor se fue a cazar con su amigo Frigilis.

Capitulo 4*

En este capítulo vemos como el autor hace una descripción de la familia de Ana. Su padre se llamaba Don Carlos y se casó con una modista italiana, la cual cuando dio a luz a Ana se murió. Su padre se tuvo que ir durante cierto tiempo a Italia, buscando así una casa de campo para su hija y un Aya (que era doña Camila) que la cuidara, ésta tenía un amante que se llamaba Briarte¿???? el cual era el amo de la casa. Ana Solía recordar la historia que le sucedió con Germán. Ana se dedicaba a leer sobre todo hacia la línea de lo religioso, también destacan las 2 hermanas del padre de Ana que no vieron bien el matrimonio de don Carlos con la madre (madrastra) de Ana.

* En este capítulo ya se habla de la familia, comienza la descripción de la familia, de la infancia de Ana.

Capitulo 5*

El padre de Ana Ozores, don Carlos murió una noche, ocupándose de ella sus tías, doña Ágeda y doña Anuncia. Pero Ana también cayó enferma con un gran estado de nervios. Al cabo del tiempo comenzó a recuperarse. Con el paso del tiempo Ana iba creciendo y convirtiéndose en una tía buenorra (by JM)(es decir, en una mujer bastante hermosa), a la que habían criado sus tías y bajo sus reglas. Ana tenía vocación de literata, es decir, más de una vez había escrito versos. Pero sus tías no querían que su sobrina fuera literata. Ellas querían que se casara con un noble. Con el paso del tiempo conoció a don Víctor Quintanar, con el cual se casó, sin amor, sin quererlo, ya que sus tías decían que tenia mucho dinero. Se casaron.

Capitulo 6

El casino de vetusta tenía como presidente a Don Álvaro Mesía. En la entrada te encontrabas con el vestíbulo, a continuación con tres o cuatros pasillos, empleados como sala de espera y al fondo una lujos sala donde los más serios e importantes hombre de Vetusta mataban el tiempo charlando. Aquí no se podía realizar ningún tipo de ruido debido a que se encontraba junto a la sala del tresillo o gabinete rojo. Esta antes se encontraba al lado de los billares pero el ruido era demasiado molestoso, por ello se desplazaron a la sala de lectura. De esta manera la sala de lectura se estableció junto a los billares. Los espadas más ilustres en el tresillo eran: Basilio Méndez y Don Matías. Ambos arruinaban a Vinculete. En el gabinete de Lectura cuando un socio pedía un libro al conserje de un estante, él le decía que al no haber costumbre la llave estaba perdida. Los periódicos e ilustraciones desaparecían casi todas las noches. Don Frutos Redondo solía leer El Imparcial, un caballero apaplético Le Fígaro y The Times y opositor a fiscalias La Gaceta. Trifón Cármenes, poeta famoso en Vetusta solía visitar esta sala para enviar sus poesías a los grandes periódicos de la comarca, aunque estas nunca fueran publicadas. Todas las noches, cuando el conserje se encontraba dormido y no había nadie, Amadeo Bedoya, capitán de artillería, tomaba la llave pérdida y cogía prestado algún libro para leer. Él no era un ladrón ni nada parecido sino un bibliófilo. En la segunda planta se situaba la sala de los juegos de azar o de la ruleta y el monte. En la sala contigua al gabinete negro solían ser visitada por una media docena de socios fundadores que charlaban sobre diversos temas. Allí los únicos que jugaban al dominó era un catedrático, dos ingenieros civiles y un magistrado. El salón de baile era el lugar frecuentado por las muchachas de la Audiencia. Pero centrémonos en la sala donde se localizaban los socios fundadores, aquel día se encontraban allí el ex-presidente que comenzó hablar diciendo que el Magistral no quiso confesar a la Regenta el otro día, de repente un muchacho llamado Paco Vegallana le interrumpió afirmando que él había visto a ambos paseando por el Espolón y que Joaquín Orgaz le había dicho que al Mesía le pone las varas a la Regenta, pero que ella deseaba confesarse para librarse de semejante pecado, ya l no querer el Arcipreste preocuparse de tan complicado problema, le cedió la confesión al Magistral, que era más entendido en ciertos temas.

Capitulo 7*

En este capítulo vemos como dos personajes, Paco, y Don Álvaro hablan de la Regenta, ya que uno de ellos está locamente enamorado de ella. Son Paco (Marqués Vegallana) y Don Álvaro (Mesina).

Capitulo 8

El capitulo comienza con una descripción detallada de la casa de la marquesa, haciéndose ver que estaba decorada a estilo regencia. La casa es un lugar de alterna hay charlas, coqueteos, todos los sillones y sillas son cómodos para dormir y descansar. Aquí han acontecido la mayoría de las conquistas de Álvaro. Casi todas las tardes hay tertulia en el gabinete amarillo, despacho de la marquesa (Rufina Robledo).

Volvemos a la cocina con Visitación y Obdulia. La segunda coquetea con el pinche y el cocinero, para ella todos eran buenos. Cuando llegan Álvaro y Paco, Obdulia se queda con Paco, ellos habían tenido antes una relación y a Obdulia le gustaba repetir de vez en cuando, como recuerdo.

Mesía y Visitación hablaban mientras de la Regenta en tono confidencial, ella le daba esperanzas de que podría caer en sus brazos, en fondo ella la tenía envidia y quería que él la conquistase y quitarle esa imagen de invulnerable. Se la encuentran y no le hace ni caso.

Capitulo 9

Tras confesarse, Ana acompañada de Petra llegó a su portal. Aquella tarde era una de esas en la que a nadie le apetece estar en casa pues no había cesado de llover hasta ese momento. Por ello, Ana decidió dar un paseo con su doncella. Bajaron por la calle de Águila hacia el puente de Mari Pepi. Cuando llegaron, Ana se sentó sobre las raíces de un castaño. En ese momento se paró a contemplar a una nevatilla que estaba en la sombra. Esta se cansó y se marchó a buscar luz. Ana deseaba hacer lo mismo que aquel pájaro, debido a que ella también estaba cansada de vivir siempre bajo la misma sombra.

Ana estaba contenta con el Magistral pues nunca antes un sacerdote le había hablado antes de aquella manera ni le había hecho ver la fe y la razón de aquella manera. Su antiguo confesor, Ripamilán, era un buen hombre pero su manera de confesar era bastante rutinaria y nunca le había enseñado nada. De la cuestión personal la Regenta no le había hablado mucho al Magistral. Al recordar esto Ana sintió escrúpulos pues no le había dicho nada de su inclinación por Don Álvaro. De ningún modo comulgaría se quedaría en casa y por la tarde iría a confesar para que al día siguiente comulgar. Un sapo la miraba atentamente. Ana dio un grito asustada y llamó a Petra, creyó verla leído sus pensamientos. Petra no contestaba se encontraba en casa de su primo Antonio, el molinero. Seguramente se casarían cuando fueran mayores, pues ambos se querían. Cuando vino Petra, Ana se encontraba celosa pues ella también deseaba ser querida con pasión.

Ambas decidieron marcharse, pero esta vez por una calle nueva. Al anochecer esta se convertía en una acera de paseo donde todos los jóvenes salían a las calles. Las muchachas solían imitar a las señoritas y los obreros fingían ser caballeros. Los grupos se abrían para dar paso a la Regenta. Los hombres la piropeaban. Ana sentía envidia de todas aquellas personas que radiaban amo. De repente un hombre atacado por los celos desea pegar a su novia. En ese momento abandonaron el boulevard.

Al llegar a la calle del comercio vieron a un grupo de niños pobres de unos ocho a doce años que discutían delante de un escaparate de golosinas la calidad y el nombre de aquellos tesoros. Ana quiso llegar pronto a casa, se temía un próximo ataque. De repente se encontraron con Paco y Don Álvaro, quienes le acompañaron hasta su casa. Don Álvaro creía que solo con su presencia bastaba para producir efectos sobre la Regenta. Ambos de camino a casa sostuvieron una conversación llena de filtreos. En la que Paco se encontraba con Petra mucho más atrás para no interrumpirlos. Ya estando en la puerta, Paco le dijo a la Regenta que hoy iban a ir todos al teatro junto con ella y su marido. Ella le dijo que no iría.

Capítulo 10

A las ocho, la marquesa y su hijo iban en busca de la Regenta y Don Víctor para ir al teatro a ver “La vida es sueño”. La Regenta no deseaba ir porque sabía que allí se encontraría con Don Álvaro. Además mañana tenía que ir a comulgar y no deseaba pecar. Al final fueron muchos los intentos fallidos por parte de la duquesa por convencer a la Regenta de que fuera al teatro. De esta manera, la Regenta se quedó sola en su casa, pensando en que ningún mal había cometido. Pues Don Álvaro podía ir detrás suya todo lo que quisiera mientras que no fuera al revés, no ocurría nada malo. En ese instante se dio cuenta de que todo el mundo era feliz menos ella. Así que se marchó al balcón y se puso a llorar, pensando en que si se hubiera casado con Redondo nada de esto le hubiera ocurrido. Es decir, él seguiría siendo un hombre maleducado pero solo por eso ya tendría la excusa perfecta por la que ella podría estar en estos momentos en los brazos de Don Álvaro.

La culpa de todo lo ocurrido, era sin duda de Frígilis. Fue él quien los presentó y también el que los convenció de comprometerse en el sagrado matrimonio. Una vez pensado esto se dirigió a la huerta, con la única luz de los rayos de la luna, pero cambio de opinión tras divisar el despacho de su marido. Tomando la decisión de escribir una carta al Magistral para que mañana pudiera confesarse antes de recibir la comunión. De repente unas tenazas se apoderaron de su brazo. Se trataba de una máquina que atrapaba a los zorros para que estos no se alimentaran de las gallinas y estaba en aquella habitación debido a que retardaba la aplicación del artefacto. En ese instante Ana llena de terror, pidió, entre suspiros dolorosos, auxilio a Petra. Tras terminar la catástrofe, Ana bajo a la huerta, olvidando escribir la carta al Magistral. Una vez allí se sintió ridiculizada, avergonzada por tal estúpida acción. Había sido atrapada por un invento de su marido. Además tenía un extraño sentimiento de soledad, al fin y al cabo ella nunca había conocido el verdadero AMOR, ya que su marido era todo menos eso, diríamos que era como un padre. Pero en fin ante todo seguía siendo un mal marido. Ana sabía que con sus 27 años no había conocido nunca el AMOR y lo que es peor ni lo conocería.

En ese instante corrió cruzando el parque hasta encontrase con la puerta principal de la huerta. De repente le pareció ver a Don Álvaro, en verdad no sabía si lo había visto en realidad o en su mente. En efecto, allí estaba Don Álvaro que había decidido salir del teatro por una de esas corazonadas que a él de daban, de ver a la Regenta en el balcón. Sin embargo, allí no estaba por lo que se puso a dar vueltas hasta localizarla en la puerta principal de la huerta. En ese momento y por vez primera Don Álvaro sintió miedo de no ser correspondido. Por ello, le echó valor y empezó a llamarla. Inmediatamente la Regenta, tras oír su nombre se marchó apresuradamente a su vestíbulo, pues el hombre que atormentaba sus pensamientos constantemente se encontraba allí. Tras la llegada de Don Víctor, ella corrió a los brazos de su marido y se se echó marido. El asustado sin saber lo que ocurría y cansado de no haber dormido en la noche anterior le pidió explicaciones. No obstante ella le dijo que el causante de su estado de ánimo eran los nervios. Don Víctor le dijo a ella que había hablado con su médico y sus amigos y que todos estaban de acuerdo en que lo mejor para ella era que saliera y se divirtiera, en vez de quedarse leyendo durante horas y atormentándose en la soledad que la casa le producía. Tras terminar su discurso se dirigió a su despachó, cuando vio todo el desorden. Entró en cólera y mando a llamar a sus criados pidiéndoles explicaciones. La Regenta tras escuchar el escándalo producido por su marido, le explico todo lo ocurrido.

Capitulo 11

El magistral poseía una doble misión: la de hombre de gobierno en la diócesis y la de sabio en la catedral. El siempre dedicaba las primeras horas del día y las más altas de la noche en el estudio y en la escritura de relatos. Además solía recibir un gran número de visitas. En el interior de su casa vestía muy humildemente pero de cara al público solía vestir con un flamante balandrán. En su despacho sólo recibía a los que quería deslumbrar por sabio, por ello la mayor parte de las visitas pasaban al salón de inmediato.

La tarde anterior al Espolón se estaba discutiendo la honradez del Provisor. Ripamilán que lo defendía con todo fervor, argumentaba que el Magistral conservaba mucho la ropa, que no tomaba alimentos muy caros y que su casa era sin duda una cabaña limpia, digna de un sacerdote de Jesús. Foja, el ex alcalde usurero, decía que sin duda los avaros siempre son los más ricos y además había oído que el Magistral compraba casa y fincas por muchos pueblos. Ripamilán le contestaba a su intento de ofender que nadie había visto nunca esas escrituras. En este momento don santos replicó que el mundo entero las había visto. Sin embargo, Ripamilán sabía que Don Santos aborrecía al Magistral por ser del mismo oficio y Foja por lo de la usura.

De Pas sabía todo lo que se murmuraban debido a que poseía varios espías, el más activo era un presbítero joven que se apellidaba Campillo. A don Fermín no le importaba mucho lo que dijeran, pero quería saber lo que se murmuraban y adónde llegaban las injurias.

Aquel Don Fermín no podía escribir ni una palabra debido a que no era capaz de olvidar el fervor religioso de la Regenta. No perdonaba al Arcipreste el no haberle entregado antes aquella joya que Ripamilán, no sabía apreciar en todo su valor. Y gracias que por su pereza se había decidido a dejarle. El Magistral conocía las conciencias de Vetusta. Él escogía a sus hijos e hijas de confesión y tenía la habilidad de desechar a lo importunos. Relacionaba las confesiones de unos con la de otros, y poco a poco había ido haciendo el plano espiritual de Vetusta. Así el Magistral conocía todo los pecados de muchos señores Vetustenses que no confesaban con él o que no confesaban. Ahora la Regenta se le presentaba como un tesoro en su propia heredad.

El Magistral recordaba minuto por minuto aquella ahora de la confesión. Don Custodio que estuvo espiando la confesión que duró cerca de dos horas. Se encargó junto a Arcediano de esparcir por la ciudad tan descomunal noticia. Le regenta le había hecho recordar al Magistral sus años de estudiante, cuando se preparaba para entrar en la Compañía de Jesús.

El Magistral dio un puñetazo sobre la mesa al no poder concentrarse. En ese momento, Teresina, la doncella, apareció tras la puerta. Él le pidió un café. Hasta que no tuvo el café delante no recordó que era sacerdote. Doña Paula y Teresa eran las encargadas de recordarle todas sus obligaciones. Él Magistral al igual que la Regenta pensaba que había hecho un hallazgo, es decir, que iba a tener una alma hermana. Al terminar de lavarse aparece Teresina anunciándole la llegada de Petra, la criada de la Regenta. Petra venía a traer una carta al Magistral de parte de la Regenta. Tras verse la dado, se marchó. En ese mismo instante aparece por la puerta Doña Paula, la madre del Magistral. Le preguntó que deseaba la muchacha. Él le contó todo hasta incluso le leyó la carta como si tal cosa. En la carta la Regenta decía que deseaba confesarse. A pesar de ello en su interior latía el corazón potentemente y tenía miedo de enrojecerse. Y hubiera deseado por todo los medios el no verla leído nunca delante de su madre. Pues ella, bien le estuvo diciendo que se alejara de la muchacha que pronto el mundo empezaría a rumorear. Alegando que ya eran muchas las personas que los criticaban y que un día de estos no podrían pararlos, hasta el punto de acabar tumbándolos. En ese momento el Magistral no podía más y se marcho disgustado.

Capitulo 12

D. Francisco de Asís Carraspique estaba casado con Doña Lucía y habían tenido cuatros hijas (dos de ellas monjas). Una de ellas era S. Teresa quien había enfermado en el convento. Aquel día el Magistral realizó una visita a la casa de los Carraspique. En ese momento se encontró con Robustiano, médico y primo de los Carraspique, quien había ido para hacerle una revisión a D. Francisco. Robustiano entabló una conversación con el Magistral diciéndole que Rosa iba a morir si seguía allí encerrada en el convento. Pues lo que ella necesitaba era respirar el aire fresco y ver brillar el sol. Además aludía a aquel que había convencido a sus dos sobrinas de entrar en el convento. Cuando Robustiano se marchó, el Magistral le dijo a D. Francisco que Ronzal era un hombre impío y que si verdaderamente le importaba su hija debía impedir que se casaran, pues él lo único que buscaba era su dinero. Tras decir eso, se dirigió enfadado al Palacio del Obispo.

D. Fortunato Camoirán, el obispo de Vetusta, era un buen hombre. En una época de nombramientos para aplacar las quejas de la opinión se busco un santo a quien dar una mitra y se encontró al canónigo Camoirán, quien lo fue nombrado Obispo. Éste acepto con la condición de poder escoger una persona de su confianza en quien depositar los cuidados del gobierno eclesiástico. Esta persona fue el Magistral, que quién con su talento y por su madre fue elegido para ese cargo. Hubo un tiempo en el que el obispo fue el predicador de moda hasta que D. Arcediano, se lució en su sermón. Y todo el mundo dejó de ver al obispo como un buen predicador, prefiriendo al Magistral. El sermón de D. Fermín casi siempre solía tratar de la lucha con la impiedad moderna, la controversia de actualidad y los vivios y virtudes y sus consecuencias. Además el Provisor también denotaba al Obispo en el campo de la penitencia.

Ese día el Obispo estaba reunido con Visita y Olvido Paéz para pedirle que al obispo su asistencia al solemne reparto de premios a la virtud organizado por “la libre Hermandad”. Él dijo que sí iría. Cuando ambas señoritas se marcharon de la habitación, aprovechó el Magistral que Visita estaba saludando a una familia para decirle a Olvido que había hecho muy mal en acompañar a Visita. A continuación se fue a su despacho donde llegó el señor vicario general. Aquel día el Magistral estaba muy furioso: Primero su madre, después las bromas del médico, luego Visitación, más tarde Olvido faltando a su disciplina,... Todo ello y junto a la gran humildad del Obispo le provocó un gran dolor de cabeza al Magistral.

En su despacho se encontraba D. Carlos Peláez, notario eclesiástico que se jactaba de ser una de las personas más influyentes en la curia eclesiástica y aun en el ánimo del señor Provisor. Poco después de su llegada, entró el párroco de Contracayes, que había sido llamar por convertir el confesionario en escuela de seducción. Estaba tan enfurecido el Magistral que echo al párroco del su despacho. El Magistral tocó un timbre y entró su primo, quien hacía a veces de secretario. Le pidió la licencia para el oratorio de Páez y le preguntó si tenía algo importante que hacer y este le dijo que no. Por ello decidió marcharse a su casa antes de tiempo. Pero al salir se encontró con el señor Carraspique y tuvo que acudir a por los registros, pero esto no sirvió para nada. Pues en las oficinas de Hacienda pública no daban razón. A continuación se marchó al hotel Páez, para darle a su dueño la licencia del oratorio y el permiso para doblar la misa para don Anselmo. Después de esto Don Francisco y su hija suplicaron a don Fermín que comiera con ellos, pero él le dijo que no podía que ya había sido convidado hace de tres días. Por ello, no podía falta aunque esto en verdad era todo mentira. Lo que esperaba era ser convidado en la casa de Vegallana, donde solía ser invitada la Regenta. Así que se dirigió para la casa de los Vegallana donde oyó la voz de la Regenta.

Capitulo 13

Como casi todos los días, había tertulia en casa de la marquesa. Hoy hablaban de la virtud, despreciando la vida en el convento, a todo ello se oponía una señora vestida de fraile y Glocester que también estaba allí. En el salón se hablaba de política, Por las habitaciones interiores corrían y jugaban alegres Visitación, Edelmeria, Saturnino Bermudez y Quintanar. Ana y Mesía presenciaban los juegos. Hoy se celebraba una comida en honor al día del marquesito, había invitados y el Magistral esperaba ser uno de ellos, y lo fue, pues Visitación quería ver a Mesía y De Pas uno contra el otro.

En la comida De Pas charló con Ana, y Mesía estuvo nulo, sentía que había perdido.

Obdulia coqueteaba descaradamente con el Magistral que la rechazaba delicadamente.

Se habla de la salida del Marques al terminar la comida, y de la afición de la marquesa por las mozas guapas para servir en su casa. Todos beben un poco, más Ripamilán, que entre faldas se sienten como en su casa. Salen a pasear en el parque. El columpio se atasca con Obdulia dentro. Mesía intenta levantarlo pero carece de fuerza, el Magistral lo intenta y lo logra. Mesía se siente desairado.

Después de la cena todos se dirigen con los carruajes al vivero de excursión pero el magistral no se va con ellos, a pesar de que la Regenta insiste en que lo acompañen. Él se queda en el paseo.

Capitulo 14,15,16

De pronto don Fermín se acordó que no había avisado a su madre para comer que estaría hecha una furia.

Cuando llegó a la hora de la cena su madre estaba muy enfadada, lo trataba como a un niño. El narrador cuenta la historia de la madre, de doña Paula:

Doña Paula se casó estando embarazada, donde la gente del pueblo decía que era de un cura de allí. Doña Paula es la que dirigía a su marido, ella era la que le tenía que decir qué debía de hacer, hasta que un día su marido murió dejando muchas deudas, doña Paula puso una taberna, para ganar dinero y obligó a Fermín que estudiara para cura. Y éste así lo hizo. Doña Paula en la taberna nunca dejó que nadie se aprovechará de ella.

Ana seguía en la rutina de siempre, se daba cuenta que su marido Víctor no le hacía feliz y además había abandonado las cotidianas tertulias con todos los demás.

Don Álvaro seguía enamorado de la Regenta aunque él pensaba que ella no lo quería, lo que le en verdad no sabía es que casi todas las noches Ana soñaba con él. Pero lo que tampoco sabía Ana era que el Magistral, con el que se confesaba también pensaba en ella. El Magistral estaba enamorado de Ana.

Él sabía que Ana se había refugiado en la religión ante un problema que él desconocía. Aquella noche salió Ana al balcón y se encontró a don Álvaro que venía en un caballo, ambos mirándose se mostraron la pasión que sentían, cuando estuvieron un largo rato hablando venía Víctor le pidió a Álvaro que convenciera a su mujer (Ana) para ir al teatro para ver Don Juan Tenorio. Ana finalmente accedió. Aquella noche se dirigió hacia el teatro y estaban allí la marquesa, Edelmira, Paco y Quintanar. Al rato largo vino a aparecer el apuesto y guapo Don Álvaro. Ana se quedó un rato mirándolo. Desde que Ana vio a don Álvaro desde el balcón le cambió la vida. Ya no se sentía triste sino contenta. Quedó asombrada ante la obra de don Juan Tenorio, ya que ella se compara con doña Inés y a don Álvaro con don Juan, aunque en verdad sí tenían ciertas semejanzas. Don Álvaro se puso al lado de ella (el cual pensaba que estaba bellísima). Ana también sentía una cierta atracción. Ana se fue antes del teatro y aquella noche le dice su criada Petra que había estado hablando en sueños, soñando que decía un nombre. Petra no le quiso decir la verdad, es decir que estaba hablando de Álvaro, Petra le dijo que su marido no había oído nada, pero le trajo una carta que era del Magistral, don Fermín, que le decía que la esperaba para confesarla, pero ella no quería y le envió otra carta diciéndole que se disponía mal (se encontraba mal). Ana al hacer esto ante don Fermín se sintió muy mal. Víctor no era partidario de que Ana fuera a la catedral tanto a confesarse.

Capitulo 17

En la noche del día de los difuntos, el señor Magistral había ido a casa de Ana sin motivo pues había sido un arranque de mal humor. Todo fue debido a que el Chato, el clérigo que servía de esbirro a Doña Paula, había visto a la Regenta en el teatro. Al día siguiente doña Paula se aseguró de comunicárselo a su hijo en la hora de la comida. Se vio en ridículo por culpa de su amiga, ya que en Vetusta se consideraba al teatro recreo prohibido en el día de todos los santos para las beatas. Y Ana, que pasaba por ser hija predilecta de confesión del Magistral, por devota en ejercicio, se había presentado en el teatro, al no frecuentar semejante sitio. La gente empezaría a murmurar y todos su enemigos se burlarían, hablarían de la escasa fuerza que el Magistral ejercía sobre sus penitentes.

Llegó a la sacristía y encontró al Arcipreste disputando con el Arcediano y el señor Moruelo sosteniendo que la Regenta o no era una buena devota, o no debía haber ido al teatro en noche de Todos los Santos. A don Fermín le bastó lo que oyó al entrar en la sacristía para comprender que se había comentado lo del teatro. Por ello, decidió ir a casa de Páez, donde también se habló del escándalo del teatro. Ya lo sabía toda Vetusta, su influencia moral había empezado a perder crédito y la autora de todo aquello se había negado una cita, alegando de que tenía jaqueca.

Y por todo ello el Magistral había decidió y ir a casa de Ana a visitarla. Se sentaron en el cenador, donde no había luz alguna, y el Magistral comprobó que su amiga había mentido, al decirle que tenía jaqueca. Su mal humor fue en aumento. Aquella noche el Magistral le comunicó que era mejor confesar de tarde que de mañana, pues así las beatas no se fijaban en ellos y además también él le podía confesar algunos en que la gente no sabe que se sienta por más tiempo. La regenta le dio la razón a todo, pero aquello de los días excepcionales le parecía muy arriesgado, pero no quería oponerse en nada a su confesor. E incluso le dio el Magistral que sería conveniente para mayor eficacia de sus conferencias encontrarse fuera de la iglesia para hablar de otras cosas como en casa de Doña Petrolina. En ese momento era las ocho menos cuarto, Don Víctor había llegado a casa dispuesto a ganar una apuesta que había hecho con Frígilis sobre que sería capaz de cargar tantos cartuchos en una hora. Por ello, estaba tan ensimismado que ni se entero de la presencia del Magistral. El Magistral tras escuchar todo lo que había sentido la Regenta al ver la obra de Don Juan Tenorio decidió marcharse a su casa. A la mañana siguiente, Frígilis entró en el parque de los Ozores con su llave para ir a coger unas semillas preparadas que había dejado en el cenador para mandar a cierta exposición de floricultura. Buscó las semillas y sobre una mecedora encontró un guante de seda morada entre las semillas esparcidas y mezcladas sobre la paja y por el suelo. Frígilis, enfadado, llamó rápidamente a los sirvientes. Petra acudió rápidamente, Frígilis le había preguntado que cura había andado anoche por ahí, Petra le dijo que ese guante era de la señora y que el gato seguramente había esparcido y mezclado las semillas por todo el suelo.

Capitulo 18

Don Víctor había decidido irse a cazar con Frígilis a las marismas de Palomares. Víctor creía que era un hombre de energía, es decir, él pensaba que en su casa no se hacía más que lo que él quería, y al final no se daba cuenta que siempre terminaba por hacer lo que los demás le decían. Pues eso mismo fue lo que ocurrió con el programa de actividades de diversión que él había preparado para su esposa, si ella prefería quedarse en su casa, Don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, con el tiempo cedía. Él si para algo había nacido, era sin duda para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero. Si ese trabajo hubiera servido para ganarse la vida, él lo hubiera sido, sin embargo no era así. Frígilis lo había formado a su querido Víctor, al cabo de tantos años de trato íntimo, a su imagen y semejanza, en cuanto era posible. La simpatía que había nacido en aquella amistad fue como consecuencia de su pasión común por la caza.

Ana envidiaba a su marido por la dicha de huir de Vetusta cuando quisiera por los montes y las marismas y también a Visitación y Obdulia, pues siempre estaban alegres yendo de un lugar a otro sin importar si esta lloviendo o no. Ana notaba que en general los Vetustenses se resignaban a buscar su rincón durante el otoño, el invierno y casi toda la primavera. Los más afortunados iban a casa de la marquesa donde había chimenea. Además llegando al mal tiempo los Vetustenses se hacían más devotos e iban con más frecuencia a las celebraciones litúrgicas.

Debido al mal tiempo, el plan de higiene moral impuesto por el Magistral se estaba retrasando, pues Ana odiaba salir de casa con el mal tiempo. Y hacía ya tiempo de su última confesión. Además, ya no visitaba la casa de Doña Petronila con tanta frecuencia, pues ella prefería la iglesia. Por todo ello y más el Magistral empezó a impacientarse.

Por otra parte Mesía se sentía humillado delante de Visitación y marquesito, pues ellos no entendían porque no avanzaba en su relación con la regenta, a sabiendas de que ella se sentía atraía por él. La razón era que se sentía derrotado, pues pensaba que Ana esta entregada al Magistral. Todo ello le fastidiaba mucho a Visitación, pues quería que la Regenta cayera a la tentación como el resto de las mortales.

Si don Álvaro perdía la esperanza, El Magistral tampoco estaba satisfecho. Una tarde entró De Pas en el confesionario con tal mal humor que Celedonio el monaguillo le vio cerrar la celosía con un golpe violento. Aquel día las hijas de confesión del Magistral le encontraron distraído e impaciente por encontrarse con la Regenta, pues en su interior él esperaba verla. Pero no apareció por la capilla Ana, de esta forma salió de la capilla, furioso y se dirigió hacia el Palacio, donde se encontraba el obispo quien le había pedido dinero para pagar al sastre, después de mucho rogarle éste se lo dio. A continuación entro a su despacho donde encontró todo mal, iba a estallar. El Magistral no hacía más que en pensar en la Regenta y Mesía. Pasaron ocho días y a la hora señalada se vio con la Regenta, y más tarde a casa de Doña Petronila con el Magistral, ya que hablarían mejor. Estando Ana y don Fermín sentados en el sofá esperando a los señores, el magistral cogió de la mano a Ana, Ana se puso que echaba fuego pero pensó que era algo humilde. El magistral le dijo que ella le avergonzaba ante los demás con sus actos, al no presenciar los actos litúrgicos y similares, por ello, ella le prometió que sería a partir de aquel día una buena devota.

Capitulo 19

Al día siguiente Ana se puso muy enferma, mientras que Quintanar estaba de caza y no volvería hasta las diez de la noche. Vino el médico don Robustiano y le dijo que la enfermedad que tenía era larga de curar. Ana le pidió a don Víctor que estuviera a su lado, éste sacrificó su vida rutinaria de irse a cazar con su amigo Frígilis durante varias semanas, hasta que dejó de estar con su mujer para salir de nuevo con Frígilis siempre buscaba excusas. El día de San Blas Ana se rodeo de todo el mundo y a su la lado iba don Álvaro Mesía, quien recobró la energía de seguir luchando por ella. Desde aquel día Álvaro decidió hacerse el mejor amigo de Quintanar, hasta tal punto de hacerse íntimos. Fue atreviéndose a ir a casa a cualquier hora y Ana sin sentirlo, se le encontró a su lado como un objeto familiar. Iba siendo Mesía del caserón como lo era Frígilis de la huerta. Ana se fue reponiendo poco a poco. El Magistral la siguió observando cuando salía a pasear por el campo con don Álvaro, Víctor, Paco... y al poco tiempo se volvió a producir otro encuentro de confesión con el magistral, con lo que la Regenta comprendió que estaba siendo una ingrata. Desde aquella tarde había empezado para la Regenta la vida devota práctica.

Capitulo 20

Don Pompeyo que es el presidente de la nueva hermandad también era de Vetusta, estaba casado y tenía cuatro hijas, y se caracteriza por ser el único ateo en Vetusta. Don Pompeyo iba muchas tardes a pasarlas al casino, hasta que un día lo adornaron por la festividad de un santo, por ello el juro que desde aquel día no pensaba pisar aquel suelo. A partir de ese momento fue vagabundeando por todas partes haciéndose ver como un filosofo. Hasta se hizo amigo de Don Santos quien odiaba al Magistral y a todo lo que tuviera relacionado con él y la con la iglesia, debido a lo ocurrido con la cruz Roja. Sin embargo, Mesía pensó que necesitaba tener aliados para luchar contra el Magistral como Don Pompeyo, por ello decidió no celebrar más fiestas religiosas en el casino y de readmitir a Don Pompeyo. Pues ese era él que con mas fervor negaba la religión. Para ello un grupo de hombres fueron a su casa a convecerlo para que volviera al casino. Como celebración todos salieron a cenar. Por primera vez Mesía se puso a hablar sobre sus amoríos, mas que nada para hacerse él ver que aun era el que era. Finalmente acabo la celebración con el fin de acabar con el Magistral. AL irse todo el mundo cuchicheaba por que todo aquello. Llegaba ya el verano a Vetusta y don Álvaro fue a despedirse de Quintanar aunque en verdad fue a despedirse de Ana. Ana le comentó que ellos no se irían a ningún sitio, ya que el médico le había dicho que no podía bañarse ni tomar la brisa del mar.

Capitulo 21

Un día le escribió una carta al magistral, en la cual le decía que gracias a él se sentía mejor que parecía haber encontrado un nuevo camino místico y que además se había leído la vida de Santa Teresa, el Magistral estaba feliz ante esto, estaba lleno de emoción; Cuando terminó de leer la carta se dirigió a dar la catequesis a un grupo de niños del pueblo ya que él era el director de impartir el catecismo. Cuando terminó se dirigió hacia la casa de Ana, dónde Quintanar los dejó a solas. Ana comenzó a decirle que gracias a él de encontraba mucho mejor. Él cada vez estaba más lleno de emoción. La Regenta también había introducido a su marido a leer libros religiosos, y por primera vez don Víctor fue a confesarse junto con la Regenta a la catedral. Un día Ana recibió la visita de su amiga Visitación, la cual le dijo que todo Vetusta había visto a don Álvaro, en la estación, que se marchaba junto a la guapa Ministra. Ana se sintió algo celosa y no quería desviarse de su camino religioso.

Capitulo 22

El verano pasó, y empezaron a volver todos los enemigos del magistral dispuestos a continuar su campaña contra él, pues durante sus vacaciones en los pueblos y las aldeas no hallaban chismes de gran importancia. Entre ellos se encontraban Arcediano y Ripamilán. Foja y los demás que se habían quedado en Vetusta estaban ansiosos de su regreso para contarles todas las novedades. Don Santos Barinaga cae enfermo tras darle a la bebida, a consecuencia de arruinarse tras la apertura de La Cruz Roja, perteneciente a Don Fermín y su madre. Por ello, todo el mundo culpa al Magistral de su estado.

Ripamilán___de borracheras

Foja ___de hambre

Robustiano Somoza____debido a las borracheras sin una buena alimentación. Si deja el alcohol se morirá más pronto.

Debido a esta discusión a la media hora se corría por Vetusta que por culpa del Magistral, se habían pegado y desafiado Foja y Somoza, y no se sabía si el mismo Ripamilán había recogido alguna bofetada.

Días después muere Rosa Carraspique o Sor Teresa. Según Somoza murió de tuberculosis, pero lo que ningún enemigo del Magistral dudo es que fue a causa de De Pas. Don Álvaro y doña Paula volvieron aquel mismo día. El alerta se valió de este hecho para desprestigiar al Magistral, como consecuencia Ripamilán escribió otro articulo en su defensa en El Lábaro.

Al Magistral le irritaba todo lo que estaba ocurriendo. Su poder se tambaleaba, dejaron de confesar con él algunas señoras de liberales, y el mismo Obispo se atrevía a mirarle mal. Volvió la época del paseo en el Espolón, y don Fermín, al pasear observaba que ya no era aquello lo mismo, todo el mundo cuchicheando a sus espaldas. Mientras Doña Paula se aseguraba de cobrar todas sus deudas, por si ocurriera algo, ella estar segura de no irse con las manos vacías.

A pesar de la situación de Don Santos que moría de hambre, a nadie se le ocurría darle un pedazo de pan. Y solamente las Paulinas fueron osadas en acercarse al lecho, pero fueron rechazadas. Debido a que junto él se encontraba Don Pompeyo Guimarán, que defendía ante todo la voluntad del enfermo, de manera que no permitía la entrada en la casa de ningún sacerdote, aunque Celestina la hija de Don Santos no opinara de la misma manera. Por ello, Don Santos se murió sin recibir los santos sacramentos, como consecuencia tuvo que ser enterrado en el cementerio de los ateos como a un perro.

Capitulo 23

Al cabo de un tiempo la Regenta se dirigió, aquella Noche Buena a la Misa de Gallo, allí estaban todos sus amigos, incluso Álvaro, aunque este se encontraba borracho sin parecerlo. En la catedral a Ana le volvieron de nuevo los recuerdos de Álvaro, cuando terminó la misa salió muy aturdida y se dirigió a casa junto con Petra. Se puso a peinarse en su tocador y de repente le entró ganas de ir a la habitación de su marido y acariciarlo, hablar con él, pero una vez que estaba en la puerta de Quintanar no se atrevió, y se dirigió de nuevo a su habitación. Pero antes el marido pregunto que si era Petra. Pasó mala noche. Al día siguiente fue de nuevo hacia la catedral, y allí se encontró al Magistral y ambos se dirigieron a casa de Petronila para poder hablar mejor. El Magistral le entró ganas de declararse allí, pero al ser interrumpido varias veces por Petronila quedó con Ana en verse por la tarde en la catedral. El Magistral ya le había dicho que la gente de Vetusta estaba hablando de él y de ella, estaban hablando del honor, pero Ana contestó que a ella le daba igual. Además le dijo que la noche anterior se había acercado amigos de Don Álvaro diciendo:¡Álvaro!¡Álvaro!... aquí vive tu rival.

Capitulo 24

El domingo, día antes del carnaval se había discutido en el casino si la sociedad abriría o no sus salones aquel año, ya que era costumbre dar un baile el lunes de carnaval. Pero este año era diferente debido a que el carnaval estaba muy desanimado por culpa de los misioneros. Esto no sería ningún inconveniente si no fuera porque la mayoría de las mujeres de Vetusta estaban entregadas a los jesuitas, y este acontecimiento les podría resultar como un desaire. Por ello, Quintanar se ofreció a llevar a Ana al baile del casino, para dar ejemplo a las demás familias de Vetusta. No por ello, Ana le pidió antes permiso al Magistral y éste se lo concedió. De esta manera Ana fue al baile.

En estas fiestas solían bailar los que poseían frac y en las puertas se colocaban aquellos que no poseían dinero para poder lucir tal prestigiosa prenda. Pero esto solo se producía al principio, pues al final los jóvenes se reunían con los otros jóvenes y todos perdían su pudor para bailar juntos al son de la música.

Cuando Ana entró todo el mundo quedó asombrado ante su deslumbrante belleza, y a continuación se sentó junto a la marquesa. Más tarde Visitación vino y se puso a contarle una historia sobre Álvaro que al fin de cuenta lo que quería decir es que Álvaro había estado durante todo el verano junto a la ministra y después le había abandonado porque el invierno era el tiempo del amor verdadero. Más tarde ambas se levantaron para dar una vuelta por el salón y Visitación le propuso que le preguntará a Don Álvaro quien era la persona que le había hecho sentir aquella pasión, de manera que la colocó junto a él, el cual estaba hablando con su marido. Después de estos todo los que formaban la nobleza de Vetusta se dispusieron en ir al gavinete de la lectura para cenar. A Ana le toco sentarse junto a la marquesa y Don Álvaro y en frente suya se encontraba su marido, el cual no dejaba de recitar poemas a Visitación. Este fue el momento que Don Álvaro estaba esperando para contar de nuevo la historia que anteriormente le había relatado la del Banco y también para poder rozar su pie contra Ana y a veces apretarlo. Una vez que terminaron de cenar, Quintanar le dijo a Álvaro que bailase con su mujer y así lo hicieron. Ana sintió algo especial, por primera vez sintió que alguien la abrazaba, la cogía y cuando estaban ya un rato bailando Ana cayó desmayada. Pronto la llevaron a su casa dónde recobró la memoria y lo que aquella noche había pasado.

Capitulo 25

A la mañana siguiente Glocester delante del Magistral contó todo lo que había ocurrido en el baile, y que Ana se había desmayado en brazos de don Álvaro. El Magistral se puso muy nervioso, enfadado, muy celoso...

El Magistral salió de la sacristía y anduvo, inquieto, por las naves de la catedral. Al notar que algunos fieles le observaba, se dejó caer de rodillas delante del altar de una capilla, mientras meditaba lo que haría. Salió del templo y entró a su casa. Doña Paula se encontraba barriendo en el comedor. Allí se encontraba su único consuelo. Don Fermín salió del comedor viendo que su madre le miraba como los demás, por ello entró a su despacho donde se encontraba Teresina haciendo la cama. No sabía hacia dónde dirigirse, y finalmente decidió ir a casa de Petronila. Allí estuvo esperando a Petronila, que aún no había llegado de misa. Cuando volvió, esta llamó a Ana quien vino atormentada por lo que le había ocurrido la noche anterior. El Magistral se mostró enfurecido, celoso le dijo a Ana que cómo se atrevía a hacer lo que hizo la noche anterior. En ese momento ante la declaración del Magistral se dio cuenta de que el magistral la amaba, no como una hermana mayor sino la amaba de verdad, la quería para él. Fermín salió sin despedirse, esperando a que Ana le deteniese, sin embargo esto no fue así. Ana dijo que jamás volvería a ver al Magistral, le había defraudado, la había engañado; Pero al cabo de un tiempo Ana decidió ir un día a la iglesia y pensó que se había pasado con el Magistral, que no debía haber dejado de verlo. Es decir, Ana después se arrepintió.

Capitulo 26

Don Ponpeyo estaba muy enfadado con los del casino. Pues a los que él consideraba amigos suyos, le habían hecho emborracharse, para que una vez bebido, acudiera a la misa del gallo. Este hecho fue muy comentado en toda Vetusta, por ello se sentía humillado. Desde entonces ya no había acudido más al casino, sino que ahora solía pasear al anochecer y volver a su casa temprano. Desde el entierro de don Santos Barinaga, Don Pompeyo, se sentía enfermo. Además hizo que el médico le visitará. Somoza le dio muy poco tiempo de vida. Por ello, se presentaba el gran problema de convencerle para que recibiera los santos sacramentos. Su hija mayor le dijo que por amor a sus hermanas, a su madre y a ella que recibiera al sacerdote. Don Pompeyo extrañamente acepto, pero dijo que debía ser el Magistral quien le confesará. Cuando fueron a llamarlo, el Magistral se encontraba en cama muy malo, casualmente desde que no veía a la Regenta. Pero sin embargo se preparó y llamo para que le llevarán en coche a casa de Don Pompeyo, sin embargo antes de partir Teresina le dio una carta de Ana en la que decía que quería volver a seguir la religión. El Magistral se llenó de felicidad, mientras su madre estaba irritada al pensar que su hijo podía estar otra vez con Ana. Antes de ir a casa de Don Pompeyo, fue a casa de la Regenta quien se puso de rodilla y lloró, diciéndole que la personará y prometiéndole que saldría de nazarena y descalza como signo de fidelidad a él. A continuación acudió a casa de Don Pompeyo triunfante, a quien le dio los santos sacramentos y lo confesó. En Vetusta era la época de la Cuaresma y de la Semana Santa, don Pompeyo murió el Miércoles Santo. Toda Vetusta se quedó asombrada al ver a Ana de nazarena el Viernes Santo. Don Víctor de Quintanar estaba irritado al ver a su mujer allí, y le echaba la culpa al Magistral. Él, Quintanar dijo que prefería ver a su mujer en manos de un amante que en brazos del fanatismo, don Víctor pensaba que su mujer se estaba recuperando cuando vuelve a caer de nuevo, creía que su mujer estaba loca.

Capitulo 27

Pasó la Semana Santa y entró Mayo. Después de participar en la procesión, Ana se sentía tremendamente arrepentía de haberlo hecho, y además pensaba que su hermano mayor del alma, el Magistral, se había aprovechado de ella. El dolor que un principio comenzó en los pies de Ana, durantes días se trasladó a la cabeza, hasta tal punto que creía que se volvería loca. Debido a ello, el médico de Ana, Benítez, le había recetado que pasará un tiempo en el campo para aislarse del resto del mundo, que dejara de filosofear y de pensar en cosas que le preocuparan, en cierto modo lo que quería decir con ello era que disfrutara de la vida. De manera que los marqueses de Vegallana le prestaron la casa de “El Vivero”.

Era de noche y Víctor y Ana estaban paseando por el bosque, Ana ya se había olvidado del Magistral se sentía bien de salud, y estaba feliz junto a su esposo. Aprovechando que al día siguiente Petra iba a la ciudad, Ana escribió dos cartas, una carta al Benítez y otra al Magistral. En la primera Ana le daba las gracias a Benítez por haberla curado de su mal. La segunda contaba que ella se sentía mucho mejor, que no sabía cuando volvería a Vetusta que estaba cumpliendo todo lo que el médico le ordenaba, pues como el Magistral decía lo primero era gozar buena salud. Desde que empezó a vivir en el Vivero, Ana comenzó a escribir en su diario todo lo que le ocurría durante el día.

Debido a que pronto se acercaba el día de San Pedro y que el Vivero pertenecía a la zona de la parroquia de S. Pedro. Los marqueses prepararon una fiesta para dicho día en la que el Magistral, Mesía, Benítez y demás estaban invitados. Llegó el día de San Pedro, El Magistral que no había sido invitado por el marqués para ir en su coche de caballos tuvo que alquilar una berlina. Esta llegó tarde, pues cuando llegó nadie había en la casa, solamente Petra, que se ofreció voluntaria para indicarle donde estaban. A medio camino se dieron cuenta de que no llegarían a tiempo de llegar y que era una tontería llegar para que luego estuvieran ya en el Vivero. Entonces decidieron retroceder, antes de hacerlo el Magistral se paró a descansar y aprovechó para hablar con Petra de asuntos relacionados con Ana. Cuando llegaron a la casa, se encontraron jugando Ana, Mesía, Obdulia, Visitación,... Los demás señores se encontraban charlando. A la hora de comer el marqués le pidió que le acompañará en el almuerzo con los demás curas pues, algunos sacerdotes no se sentían cómodos comiendo entre damas y caballeretes de ciudad, por ello el magistral no tuvo más remedio que hacerlo. Una vez terminada la comida, Don Fermín consiguió excusarse para irse de nuevo con el resto de invitados. Ripamilán, Don Álvaro y Mesía se encontraban cantando acompañado del piano. Ana y las demás mujeres fueron a pasear por el bosque. Más tarde Paco y Mesía fueron a acompañarlas. Víctor se encontraba con charlando con Benítez y el Magistral escuchó disimuladamente la conversación. Pronto el cielo comenzó a tronar. Los relámpagos alarmaron a Ripamilán y a Don Víctor. Todo el mundo se preocupó por aquellas personas que se encontraban en el campo y sin paraguas. De Pas tomó dos paraguas e indirectamente obligó a Don Víctor a que le acompañase a buscarlos. Él dijo que era una tontería pues había un refugio y además era peligroso y poseían ir los criados.

Capitulo 28

Don Fermín salió a buscar a Ana, frenético y muerto de celos, al pensar que Mesía aprovecharía la ocasión para estar a solas con ella. Don Víctor que no entendía el comportamiento del Magistral, le siguió sin parar de quejarse, durante todo el camino. A continuación se separaron para dar con ellos más fácilmente: Don Fermín se fue a la máxima pendiente, pensando que allí se encontraba la cabaña, y Don Víctor se dirigió hacia la derecha. Don Fermín llegó a lo más alto y se dio cuenta de que se había equivocado de lugar, pues allí no estaba la caseta rústica. Más tarde se dirigió hacia la derecha y encontró la cabaña. Vio una persona, se trataba de Don Víctor. Este había encontrado allí una liga roja. Don Víctor dijo que aquella liga era de Ana pero que se la había dado a Petra. La tempestad ya estaba lejos. Se dirigieron hacia la casa, antes de llegar a la huerta se encontraron con Pepe, quien les dijo que las mujeres al empezar a chispear estaban ya en la casa. Víctor y Fermín se encontraban empapados. Don Fermín sin despedirse de nadie y calado hasta los huesos se marchó a la cochera, a saco su berlina y se dirigió rápidamente a su casa. Durante su trayectoria estuvo pensando en el ridículo que había hecho aquel día. Mientras Don Víctor se quitaba la ropa mojada, le fue contando todo lo ocurrido a la Regenta, quien se dio cuenta el ataque de celos que había sufrido el Magistral. Don Álvaro ya se lo había comentado. Paco y Mesía solían ir frecuentemente al Vivero. Esa misma mañana, Don Álvaro no había cesado de mostrar que adoraba a Ana. Por la noche, Ana y Mesía estaban solos en el primer piso, mientras que la mayor parte de los convidados abajo. Fue la ocasión perfecta para declarar Don Álvaro su amor por la Regenta. Aquella noche había truenos por ello, la mayoría de los invitados decidieron quedarse a dormir en el Vivero. COMO LA Romería de San Pedro, hubo muchas durante el mes de julio por los alrededores del Vivero. A casi todas asistieron los marqueses y sus amigos. Mesía y Paco no faltaban a ninguna de estas excursiones, además solían visitar a la Regenta cada tres o cuatros días. A fines del mes comenzó la dispersión general; todos los que tenían dinero abandonaron la capital para así marcharse a la playa. Quintanar y la Regenta se fueron a la Costa, ya hacían dos años que no salían a las exigencias del médico. Mesía por disimular pasó 5 días en Palomares, después marchó a San Sebastián y por último se presentó a la Costa, accediendo a los ruegos de Don Víctor para hospedarse en la misma posada en la que ellos residían. Por lo que a los 20 días después volvían los 3 juntos a Vetusta. Ahora toda su vida era diversión: excursiones, comidas alegres, teatros, paseos,... Un día de noviembre se emprendió la última excursión al Vivero. Aquella noche se prolongó la fiesta en Vetusta pues era la despedida del buen tiempo. Esa noche se cenó en la estufa nueva. Don víctor estuvo revelándole a Mesía sus picardías eróticas, al terminar ambos se dirigieron a la mesa. Sin que se diera cuenta nadie Don Álvaro se marchó a buscar a la Regenta, que la encontró en el balcón tornado.

Capitulo 29

Don Víctor invita a Mesías a que el día de Navidad cene con ellos y así lo hizo Mesía, el día de Navidad llegó a la casa de los Ozores. Después a la hora del café Don.Álvaro pudo notar la impaciencia de su amigo. Al cabo de haber pasado el verano juntos y haber compartido La Fonda de la Costa Don.Víctor se había acostumbrado a la comensalía de Mesía, lo encontraba mas hablador, pero otras veces Don. Víctor solía levantarse y dar una vuelta y dejando así mas de media hora a Álvaro y Ana solos. Y ahora no se movía, en un acto en que Ana no podía ver a su marido éste le hizo un gesto a su amigo diciendo me estorba esa y entonces Mesía le hizo una señal a Ana para que ella saliera de la habitación.

Quintanar y Álvaro se ponen ha hablar y es entonces cuando Quintanar le cuenta el comportamiento de Petra con respecto a Ana y cree que es, por hacerle un chantaje a él y comprometerlo. Por lo que le pide ayuda a su amigo y este le dice que hay que echar a Petra de la casa y que él mismo se encargará de hacerlo y buscarle otra casa en la que servir.

Don Víctor al principio pone pegas y que a lo mejor de este modo podrían hacer que Petra saltara y le contara a Ana sus deslices, pero Álvaro le aseguró que todo estaba bajo control.

Cuando salió Quintanar de la habitación y se fue al Casino mucho mas tranquilo; entró Ana y fue ha decirle algo a Don. Álvaro pero en ese instante entró Petra a recoger la mesa, cuando esta salió Ana le preguntó a Don.Álvaro que pasaba y este le dijo que Petra se iba de la casa y que así ya no habría espías, Ana preguntó que xq se iba Petra y este le respondió que porque a Quintanar no le gustaba la manera en la que se comportaba con ella.

Ana pensaba que era porque Petra había descubierto sus amores con Don. Álvaro, pero Álvaro le dijo que no, que era en contra de su marido y le contó lo de la liga y demás cosas por lo que Ana se sintió mal. Ana no sintió celos sino asco a Quintanar.

Ana le perdonó a Álvaro esa traición a Quintanar ya que para ella su hombre al que se había entregado en cuerpo y alma no tenía nada malo.

Don. Álvaro se sentía cansado y que ya no estaba en su juventud, pero no podía fallarle a Ana ella merecía lo mejor de la juventud y gozar de ello.

Don. Álvaro le propuso a Ana trasladar su nido de amor al caserón de los Ozores, esta se negó e incluso lloro. Don Álvaro comenzó a intentar conquistar a Petra para que así de esa forma el pudiera poner en practica su plan de cambiar el lugar de los encuentros entre los dos amantes, Petra se rindió antes de lo que preveía Mesía pero su sorpresa fue cuando ella no quería tantas propina sino que le pagara con juegos de amor, Petra hacía todo esto mas que por el dinero q Álvaro le daba muchas veces, era por vengarse de su ama a quien odiaba y Tb. x tener como amante al buen mozo de Don.Álvaro.

Petra Tb. tenía otro plan entre sus manos y era el Magistral a quien de sus favores le había dado y más que de el lo que quería era la plaza de Teresina q bien sabía ella q pronto quedaría vacía ya que Doña Paula colocaba muy bien a todas sus sirvientas, a las que casaba con buenos mozos y las convertía en señoronas, con esto era con lo que soñaba Petra.

El Magistral vuelve ha hablar con Petra, después de mucho tiempo y para sorpresa de esta no fue para solicitar sus servicios sino para comprarla como espía para que espiara a Ana y se lo contase todo, De Pas le prometió que ella se haría con la plaza de Teresina en el momento de que esta se fuera.