La rebelión de las masas; José Ortega y Gasset

Literatura contemporanea. Raciovitalismo. Moralidad. Idealismo. Perspectivismo. Hombres-masa. Primitivismo. Sociedad. Minoría selecta. Temática. Crítica

  • Enviado por: Paloma Saavedra
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 7 páginas
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Analizar el tema que nos ocupa supone suma dedicación, considerando que se trata de una continuidad de ideas fundamentales. Eso significa también que existe el riesgo de trazar un panorama demasiado extenso, o bien efectuarlo extremadamente sintético y en ese caso no observarse principios trascendentales. A continuación se detalla una sinopsis de forma ideológica.

Todo el libro gira en torno a las masas, y se debe a que se esté presenciando una particular revolución en este sentido. A modo de comienzo se proponen dos definiciones del término a tratar. Horton define una masa como “ un número relativamente grande de personas, especialmente dispersas y anónimas, que reaccionan a uno o más de los mismos estímulos, pero actúan individualmente sin considerarse unos a otros”. Por otra parte, Ortega y Gasset sostuvo que palabra masa no es un concepto cuantitativo y visible -como sí lo es la muchedumbre- sino por el contrario es un concepto cualitativo y como tal, altamente complejo. “Es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que se repite en sí un tipo genérico”, esta definición la reflejó el mismo con el término “hombre-masa”.

Después de referirnos al objetivo inicial, hablamos ahora del que es el integrante más importante de esta “masa”, nada menos que el hombre. Formando parte de la masa, se estima y se cree que con el saber del ser humano, ya cuenta con los conocimientos suficientes, por lo que no encuentra la más mínima curiosidad por ir mas allá en su bagaje vinculado al saber. Puede ocurrir que con el paso de los años ha perdido toda capacidad de asombro, y además desprecia aquello que pueda resultar superior a él mismo.

"Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo”, dice el autor al comienzo del ensayo; pero no se valora a sí mismo ni para bien ni para mal, sino que lo que realmente le hace sentirse bien es pertenecer a la masa, es decir, ser igual a los demás. Pertenecer a la masa, es por tanto, no tener ni mostrar iniciativas, reflejarse en el resto de las personas, sin intentar acometer alguna aptitud para destacar, podría hablarse algo así como ser normal. Tal situación, en la medida que una persona perciba sus limitaciones y no las comprenda ni acepte, puede llegar al punto de sentirse desdichado, no interpretándose como un elemento de la masa.

Si continuamos con este análisis, en contraposición a la masa dice Gasset que están las minorías selectas. Las mismas tampoco deben pertenecer de manera obligatoria o indispensable, a un determinado grupo social (aunque es evidente que atribuir a minoría el adjetivo de “selecta” inevitablemente puede surgir justamente lo contrario), que se interese por aspectos particularmente concretos y muy especializados. La separación de la sociedad en masa y minorías selectas no es, entonces, una división social. Se trata de una fragmentación de las personas en dos tipos. Como lo evidencia el ensayo, puede hacerse hincapié en que en cada clase social existe una masa y a su vez, una minoría que la caracteriza respecto de las otras clases.

Antes, la masa sabía donde posicionarse en lo referido a la dinámica social, y conocía a su vez de manera perfecta a que campos no podía entrar siendo masa (debía dejar de serlo para introducirse, cosa que permitía a algunas personas concientes de su “rango” ). No obstante, la propagación de la masa, ha provocado la invasión de ésta en todos los ámbitos, pero sin dejar de ser, precisamente, masa.

El famoso escritor dedica unas breves palabras hacia la aristocracia que pueden considerarse en cierta forma fundamentales, que son comentadas mas adelante. Explica que no le parece correcto que uno sea ensalzado por lo que hicieron sus mayores, tal como sucede en la actualidad cuando se habla de títulos de nobleza, y por otro lado considera infinitamente más razonable la actitud asumida por aquellos de ascendencia oriental que, cuando llevan adelante algún acto de importancia dignifican a sus antepasados. Esto, aunque sea un ejemplo sin mayor trascendencia, describe a la perfección la opinión del escritor. Por contrapartida, dice asimismo que el mundo occidental debe gran parte de su singularidad a aquellos “ilustres” que lo guiaron en sentido correcto.

¿Por qué, entonces, estamos asistiendo a la rebelión de las masas?

Ortega responde a este crucial interrogantes en los tiempos actuales del mundo, a lo largo de toda la obra. Sin embargo, su pensamiento es factible enunciarlo de la siguiente forma: la proliferación del hombre-masa en la sociedad de la época, había provocado que lujos considerados exclusivos para minorías fuesen también considerados de dominio público. Es posible pues, estimar entonces como una rebelión de la misma para cambiar la situación. Hay otro aspecto que el autor apunta como revolucionario: consiste en sostener que fue la primera vez que la masa tenía poder sobre sí misma, y hacía valer los derechos que tanto esfuerzo le había costado obtener a lo largo de los siglos. Es lo que llama “Imperio de las Masas”, y realmente merece el calificativo de "rebelión", después de muchos años de marcadas desigualdades.

Al mismo Ortega, en un principio, todos estas apreciaciones no le parecen inapropiadas, incluso las percibe como lógicas cuando de lo que se habla es del ascenso en el nivel de vida de cualquier persona. Pero, sin embargo, lo ve un tanto peligroso en el sentido de que las masas son fácilmente manipulables, y además la historia ha demostrado con sucesivos hechos en el mundo entero del que aún perduran heridas abiertas y, casi a diario pueden observarse a través de los medios de comunicación, que sólo suelen actuar con una violencia inusitada y un desprecio por la vida sin límites. Esto nos lleva a evaluar que, las masas no son peligrosas en sí mismo, sino que pueden ser manipuladas como ha ocurrido en distintas épocas de la Argentina, incluso en tiempos recientes y aún mas, con el peligro latente que se repitan semejantes prácticas despreciables, y este proceso puede llegar a desbordarse y bordear límites altamente sensibles y peligrosos sin los protagonistas encierran intenciones malignas.

Ortega intenta señalar en La rebelión de las masas, lo primitivo que resulta el hombre-masa bajo dos aspectos diferenciados: la ciencia y la cultura. Hay dos capítulos del libro en los que se habla de primitivismo. Son Primitivismo y técnica y Primitivismo e historia. Lo mejor será tratarlos de modo individual:

  • PRIMITIVISMO Y TÉCNICA

No es comentado en momento alguno del libro, el significado de la palabra "primitivismo", ocurre que ya que se da por sabida. No obstante, es conveniente señalarlo, antes de empezar a analizar este capítulo, porque de no hacerlo así se corre el riesgo de no entender en profundidad de lo que se está hablando. Cuando nos referimos a primitivismo, estamos hablando de “una conducta humana propia de pueblos bárbaros y atrasados”. Del mismo modo, se utiliza por extensión para definir el concepto a una “actuación brusca y ruda”.

La elevación del nivel socio-económico ha provocado la existencia de un tipo de persona que dirige la sociedad; lo logra por formar parte de la mayoría de la población. A este individuo no le interesan los principios de la civilización, es más, se da la extraña paradoja de que, simultáneamente cada vez tiene más apetito por gozar de los avances tecnológicos que invaden al hombre de estos días, y sin embargo hay menos personas interesadas en la ciencia. Este puede decirse, es el hecho más representativo del primitivismo en la técnica.

Afirma el autor que la técnica no tiene cabida en una sociedad en la que las personas no están entusiasmadas con los principios científicos fundamentales en los que se basa. Sostiene del mismo modo que, en el mundo se vive una época en la que la ciencia avanza gracias a la inercia provocada por los procesos iniciados muchos años atrás, revolucionarios por cierto en diferentes aspectos, asegurando que la sociedad se está aproximando a una violenta desaceleración sobre la cual, ni siquiera los propios científicos están alistados para afrontar.

Opina también que se asiste a unos años en los que la masa, de carácter primitivo, “nada” en medio de un mundo que se puede considerar civilizado; al menos técnicamente, y explica además algo que resulta verdaderamente interesante. Sostiene que el mayor signo de primitivismo es la opinión que se muestra actualmente la cual sostiene que, “mientras halla dollars, habrá ciencia”, sobre todo porque América se ha puesto a la cabeza de los últimos descubrimientos. Sin embargo no dice que los científicos americanos se están sustentando en investigaciones europeas, para realizar sus avances oportunos y de no existir la ciencia europea, la americana no seguiría adelante, poniendo en forma periódica a la luz, realizaciones realmente conmocionantes e imprevisibles no hace mucho tiempo atrás.

Para culminar con el punto analizado, expresa Ortega y Gasset que el hombre de ciencia se está devaluando hasta convertirse en el nuevo paria social. Grupo del que hay que excluir a los filósofos, debido a que se pueden defender ellos mismos de todos los posibles ataques.

  • PRIMITIVISMO E HISTORIA

La naturaleza está siempre ahí, se sostiene a sí misma. No obstante, no ocurre lo mismo con la civilización, ésta no se sostiene sola, requiere de un esfuerzo considerable.

Actualmente el hombre-masa cree que puede aprovechar la civilización, sin hacer el menor esfuerzo por mantenerla y en esto radica el segundo aspecto de su primitivismo. Se ha extendido además la opinión que considera a la civilización espontánea, es decir, últimamente no se piensa que todos los adelantos son fruto de muchos siglos de historia sino que se asumen sin más.

A más progreso, más complicada resulta la vida. Sin embargo, no surgen más personas con verdadera y real capacidad, a modo de afrontar y solucionar los problemas que aparecen en forma continua en un país. Y, cuando los que pretenden e insinúan incursionar en política o en ámbitos decisorios, ha ocurrido históricamente que aparezcan trabas, chicanas y maniobras interesadas, para obstaculizar el camino en pos de una participación cada vez mas activa con el objeto de intentar cambiar un estado de cosas que, en el caso de la Argentina, dista de ser el ideal. Como referencia, puede citarse a Juan Carlos Blumberg -padre del Axel, el chico secuestrado y asesinado como otros tantos en los últimos tiempos- hombre, podría decirse, convertido en una especie de símbolo de la lucha y la preocupación que muestran los argentinos por el desesperante incremento de la inseguridad..

Para terminar con el primitivismo, dice Ortega y Gasset que, a pesar de considerar sus pensamientos apolíticos, el fascismo y el bolchevismo son ideologías primitivistas. Esto al notarse que no cuentan con fundamentos históricos, y esa fue la causa de aparatosa caída en un pasaje de la historia del mundo que quedó reflejada a fuego, y que aún en la actualidad genera controversias y encontrados puntos de vista.

Las opiniones sobre el pacifismo las vierte Ortega y Gasset en el epílogo para los ingleses. Por lo pronto, conviene expresar la idea que tiene el autor sobre el pacifismo, es la siguiente:

Pacifismo:Se llama pacifismo al conjunto de las diferentes actitudes de política exterior, cuyo único aspecto en común es la creencia en que la guerra es un mal y es preciso eliminarla.”

No obstante, Ortega se plantea la realidad de la guerra. ¿Supone realmente un mal la guerra?.

La guerra es un invento propio de la humanidad gracias al cual se resuelven los más diversos problemas y diferencias de todo tipo que se han conocido desde tiempos remotos. En el supuesto de que la guerra no existiese, habría que inventar otro procedimiento porque, de no hacerlo así, las numerosas "trifulcas" que pueden darse se quedarían sin arreglar y eso no haría más que agravar justamente el problema. Además, provocó la invención de otro nuevo hallazgo: la disciplina.

Si seguimos con lo sustentado por Ortega y Gasset, la genialidad de la guerra radica en dos aspectos fundamentales: su invención y su superación. Y esto es, precisamente, a lo que debería aspirar el verdadero pacifismo y se connota en la frase “ la creencia en que la guerra es un mal y la aspiración a eliminarla como medio de trato entre los hombres”. Al mismo tiempo, deberíamos saber que no se puede tratar de eliminar la guerra sin la más mínima pretensión de sustituirla por otro método mejor. La paz no es lo que queda cuando extirpamos las confrontaciones, sino que requiere una construcción, un trabajo. Los argentinos, marca el pasado vivido, podemos dar fe de esto, luego de haber vivido suficientes crisis y enfrentamientos de los que no afloraron las soluciones definitivas y consistentes que el pueblo requería y exigía.

En esta sección habla Ortega y Gasset de la esclavitud y, sin llegar a decantarse a favor o en contra, la concibe como otro gran adelanto para el género humano ya que antes se mataba a los vencidos y tras el “maravilloso” descubrimiento se les permitió vivir a cambio de trabajar para el vencedor.

Tras la lectura del libro La rebelión de las masas, cabe plantearse las siguientes preguntas:

¿Existe la masa hoy día? ¿Pertenezco yo a la masa? ¿O bien son términos anticuados propios de principios de siglo?.

La disección que realiza Ortega del hombre-masa nos recuerda bastante a lo que consideramos ignorante en filosofía: persona que cree que ya conoce todo lo que necesita saber y no busca más entendimiento. Se cree que ya lo ha visto todo y no se sorprende ante nada. Todo el mundo sabe que ignorantes ha habido siempre, no se puede negar. Este hombre mas, cree profundamente en los criterios de autoridad, es decir, que si el sacerdote le hace una critica de su vestimenta, como es la opinión de una eminencia puede que este “ignorante” cambie su estilo de vestir. Este hombre-vulgar carece de criterios, se guía por lo que los demás le dicen, en este caso se pone de manifiesto el “fenómeno de masificación”, que es la perdida de identidad por el numero.

Una de las cosas que nos suscita opiniones contrariadas es la descripción cuantitativa que hace el autor del fenómeno de las masas. Por un lado resulta sobrecogedor, pero por otro tranquiliza ya que, si hay tantos hombres-masa, ¿Cómo es que yo no conozco a casi nadie que se adapte a la perfección al estereotipo?. No obstante, si alguien duda de la existencia de la muchedumbre, que se vaya a un estadio de fútbol y admire. ¡Cuántas personas actuando como una sola! ¿Será este deporte, el más popular y masivo de la tierra, el nido de la masa de los tiempos modernos?.

En conclusión, el hecho indiscutible es que el ser humano que tiene poca personalidad se refugia en instituciones o persona (clubes de fútbol, masa...), que considera superiores a él. Pero el análisis psicológico que hace Ortega y Gasset de estas personas no lo estimo como el adecuado, al menos no en la actualidad. Tras la inmensidad de la masa, hay personas que actúan de forma individual, que tienen sus propias opiniones y que están demostrando día a día su capacidad de discernimiento, a pesar de que haya hombres carismáticos capaz de ponerse al frente de todos los demás y controlar a la muchedumbre.

Sin embargo, creo que el hombre-masa del que habla Ortega y Gasset se puede aplicar perfectamente a su época porque en esos momentos el auge económico estaba provocando la proliferación de una nueva clase social -la clase media- que no tenía la madurez necesaria para dirigirse a sí misma debido a la escasa educación que había recibido y suponía un peligro potencial ya que podían ser manipulados.

Propone entonces Ortega un estado gobernado por los mejores. Pero no por los mejores en el sentido de los aristócratas, tal y como alguno interpretó, sino por las mejores cabezas escogidas entre todas las personas. Concretando, estamos hablando de un modelo elitista que tiene por característica que la elite está constituida por la elite real. Si lo analizamos fríamente, la idealización de este sistema político provocaría un Estado perfecto. Lo que aparece como desalentador en relación a este asunto es que es exactamente lo que pasa con el comunismo, las dictaduras, las democracias...

Para terminar con el tema de las masas, debo decir que Ortega dedicó demasiado tiempo a pensar en lo nocivas que resultan, y nada a plantear la posible solución, o al menos, decirnos cómo podemos vivir en el mundo sin pertenecer a las mismas.

Está claro que cuando el autor escribió que América estaba a remolque de Europa, no había visto el imperio económico que ha formado y acentuado Estados Unidos hasta nuestros días. De todas maneras, sus argumentos resultan razonables para unos, pues aseguran tienen razón en algunas cosas, sobre todo en las referentes a los temas culturales. Desde luego América tiene mucho que envidiar a Europa en materia de cultura, tradición e historia.

La supuesta unión de los pueblos europeos a través del tiempo, puede considerarse una concepción equivocada, ya que por todo el mundo es sabido que de nuestros tiempos hacia atrás eran los monarcas los que manejaban el mundo a merced de sus intereses personales. Esta expresión se fundamenta con lo dicho por Aguinis en su libro: “ ... Hemos cambiado. Ni siquiera hay que saltar de generación, porque en el transcurso de pocos años se producen novedades importantes...”

A su vez, me parece un poco escasa la panorámica que tiene el autor acerca del mundo: para él sólo cuentan cuatro o cinco naciones de Europa y dos de América. Lo cierto es que la riqueza de la historia y cultura de otros países, como China por citar a uno, aportan diversidad al planeta (y la diversidad es riqueza). Además, excluye de todo movimiento internacional a Japón, nación que ya en esa época se estaba volviendo poderosa.

Llamar a la guerra o a la esclavitud grandes inventos de la Humanidad vuelve a tornarse un concepto problemático en mi análisis, Si bien toda guerra es reprobable, puede considerarse como aceptable que soluciona problemas y diferencias planteadas, (con lo anteriormente dicho no quiere decir que avale un conflicto bélico), también es verdad que la mayoría de las veces deja más conflictos de los que existían antes.

Los rencores que deja una guerra, sobre todo si es civil, son mucho más importantes y graves que cualquier otra cosa. Lo fácil es notar los enfrentamientos desde el punto de vista del general, cómodamente sentado en su sofá mientras planifica la estrategia que seguirán sus hombres para el día siguiente, y lo difícil es imaginarse a un soldado que recibe la orden de arrojarse de un avión con un paracaídas en tal lugar junto a otros diez mil más, sabiendo que se espera lleguen al suelo mil.

Por último cabe decir que estoy en desacuerdo con aquellos que vinculan a Ortega y Gasset con el franquismo y no toman su aporte a la historia como valedero al decir que a pesar de que hable bastantes veces de la pérdida de los valores morales, lo cierto es que se le olvidan los más básicos. Porque en su libro hizo un planteo sociológico, no religioso ni ideológico por ende, es aceptable que por momentos no tenga en cuenta los valores morales, por que éstos van de la mano de la cultura impuesta en cada sociedad.

Horton & Hunt. “Sociología”. Ed. Eudeba, pág. 521.

ORTEGA y GASSET, José. “La rebelión de las masas”. Ed. Circulo de Lectores S.A. 1967. Pág. 45.

ORTEGA Y GASSET, José. Op. Cit. Pág. 46.

Diccionario Clarín”. Ed. Clarín AGEA S.A. 2003. Pág.792

“ Diccionario Clarín”. Op. Cit. Pág.792

ORTEA Y GASSET, José. Op. Cit. Pág. 109.

“ Diccionario Clarín”. Op. Cit. Pág.788

ORTEGA Y GASSET, José. Op. Cit. Pág. 223.

AGUINIS, Marcos. “El atroz encanto de ser argentino”. Ed. Planeta 2001. Pág. 179, CapVII “El nuevo lenguaje”.

Rebelión de masas, ¿Rebelión de incultos?

3° “B”

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