La peseta en la España contemporánea

Sistema monetario español. Moneda. Euro. Historia económica de España

  • Enviado por: Rafael
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 24 páginas
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LA MONEDA EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA

'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

LA PESETA

ÍNDICE

ÍNDICE DE ILUSTRACIONES

  • INTRODUCCIÓN

  • El dinero a lo largo de la Historia ha ido evolucionando de manera paralela a la sociedad que lo ha empleado. La moneda y el papel moneda, como elementos físicos que permiten las transacciones económicas más elementales, han formado - y seguirán formando en nuestro futuro más próximo - parte de la vida cotidiana del ciudadano. Por ello parece lógico pensar que el desarrollo evolutivo de ambos elementos ha estado siempre íntimamente ligado a los cambios sociopolíticos que le han afectado directamente. La moneda de un país, y su plasmación física a través de billetes o monedas, son un espejo de la sociedad, un reflejo de la situación y las preocupaciones de sus miembros, e incluso un símbolo de identidad nacional. Es por esto que su diseño ha venido siendo cuidadosamente escogido, con el objeto de resaltar aquellos valores que sus emisores han considerado más importante difundir, especialmente en períodos de inestabilidad o incertidumbre política.

    Muchos otros factores - además del aspecto formal del billete / moneda y la elección de la imagen a mostrar - definen la línea evolutiva de los cambios que se le aplican. El valor fiduciario y la devaluación de la moneda, los avances en la técnica de impresión, los colores, las medidas de seguridad para evitar falsificaciones, la clase de papel que pueda afrontar el uso sin deterioro... conforman algunos de los múltiples aspectos cuyo estudio resulta imprescindible a la hora de analizar la evolución de una moneda contemporánea.

    Es por todo esto por lo que se puede anticipar que la lo largo de los 134 años en los que la peseta ha permanecido como moneda oficial de cambio de la economía de España, ésta ha sido testigo de acontecimientos trascendentales en la Historia Contemporánea de la Nación, al tiempo que ha ido evolucionando con éstos como referente. Un estudio exhaustivo de la evolución de la peseta es por tanto un completo análisis de la situación política y social de nuestro país. El objeto del presente trabajo es proporcionar al lector una visión esquemática de dicha evolución, ya que un estudio pormenorizado de la Historia Económica de la España Contemporánea requeriría un análisis mucho más profundo cuya extensión excedería con creces la intencionalidad de esta actividad.

    La peseta surge en el siglo XIX como parte de un intento de unificar la política económica, pero también en una época de grandes vaivenes y turbulencias políticas, lo que repercutió directamente en la debilidad de sus orígenes, hecho que vino arrastrándose hasta que, el comienzo de la instauración del sistema democrático en 1975, permitió el despegue definitivo de la economía española. Pero sin duda el período más digno de estudio desde el punto de vista historiográfico es el de la década de los 30, en el que se puede observar en el diseño de cada billete la voluntad decidida de romper con los valores establecidos en la sociedad hasta ese momento durante la época republicana, y posteriormente la fragmentación de la Nación en dos sistemas monetarios políticamente independientes que, al igual que los sectores de la sociedad a los que servían, luchaban por la supremacía en un entorno de gran escasez y penuria.

  • ANTECEDENTES. LA MONEDA EN ESPAÑA

  • De la España Prerrománica a la Edad Media

  • Desde la Prehistoria, el medio utilizado para comerciar era el trueque, lo que establecía una gran dificultad, ya que lo que se intercambiaba no tenía el mismo valor para cada una de las partes.

    Así se llegó al consenso de que era necesario llegar a un intercambio más equitativo para las partes. De este modo se empezaron a cambiar metales como el oro, la plata, el cobre, y el bronce. Y del mismo modo, más tarde apareció la moneda. Las monedas más antiguas encontradas en la Península Ibérica proceden de varias ciudades griegas distintas, debido a que este pueblo fue el fundador de algunas de las primeras colonias de nuestro territorio. A otras zonas de la Península llegaron también los pueblos germánicos invasores y con ellos sus sucesivos reyes y monedas.

    Si bien se han encontrado monedas presumiblemente acuñadas en España en el siglo III a. C., se considera al emperador visigodo Leovigildo como el primero en acuñar monedas de uso generalizado en nuestro territorio. Las monedas visigodas solían ser bastante delgadas y poco realzadas. La mayoría de ellas llevaban el nombre y la efigie del rey y solían estar decoradas.

    Siglos después, llegaron los musulmanes y sus principales monedas. Eran el dinar (de oro), el dirham (de plata) y también algunas monedas fraccionarias de bronce. Durante la dominación musulmana se produjo un considerable aumento de las transacciones comerciales, especialmente del comercio exterior. En estos negocios, los musulmanes, además de pagar con objetos de orfebrería, también pagan con especias.

    Por otro lado y tras el comienzo de la Reconquista, los reinos cristianos comenzaron a acuñar su propia moneda, la cual no fue común para todos ellos hasta el siglo XVIII. Durante la Alta Edad Media, y debido a su economía principalmente autárquica, apenas hubo circulación monetaria. La progresiva evolución hacia una economía de carácter más comercial permitió el posterior desarrollo de los intercambios, lo que exigió una mayor acuñación de metales preciosos.

    Junto a las monedas de oro o plata se desarrollaron las de metal vil, como el cobre, cuya aleación con plata recibirá el nombre de vellón. El vellón era una moneda cuya validez se limitaba, en principio, al territorio en que era acuñado. Entre diversos países se utilizaba exclusivamente la moneda de oro o plata, lo mismo que ocurría, dentro de un mismo reino o territorio, cuando se trataba de cantidades importantes. Las monedas de vellón dominaban en cambio las transacciones pequeñas, que eran las habituales entre la población.

    Resulta bastante complicado sintetizar la evolución histórica del sistema numismático en España en un trabajo sin que su extensión resulte considerablemente grande. A continuación se mencionan en orden cronológico los acontecimientos más destacados de los Reinos de Castilla y Aragón, si bien un estudio más detallado debería incluir al resto de pueblos de España. A modo de síntesis, el capítulo 6 incluye un listado completo de referencias de todas las monedas reseñadas en el texto que viene a continuación.

        • Reino de Castilla

    Durante siglos, en Castilla se utilizó el maravedí. Según algunas versiones, apareció en tiempos del Rey Alfonso VI, al cual se considera el primer rey castellano con moneda propia. Este monarca fundó una ceca o casa de la moneda en Toledo y otra en León, donde se acuñaba moneda regia o denarios regios y moneda de vellón acuñada con la plata procedente de las parias musulmanas mezclada con una cierta cantidad de cobre. Sin embargo, durante este reinado circularon también los dirhams (moneda musulmana). Aunque la acuñación de moneda era un derecho regio, algunos grandes señores como el obispo de Santiago, Diego Gelmírez, obtuvieron por privilegio del rey en 1107 el derecho de acuñación. Fue poco tiempo después, hacia el año 1172, cuando Alfonso VIII acuñó la primera moneda de oro autóctona castellana, el maravedí de oro, que imitaba los dinares almorávides. También durante el siglo XII continuó la acuñación de dineros de vellón.

    Durante el siglo XIII, el maravedí de oro dejó de acuñarse y fue Fernando III quien difundió una nueva moneda de oro, la dobla o castellano, basado en el dinar acuñado por los almohades. A partir de este momento la dobla fue la pieza básica del sistema castellano. Esta moneda se acuñó abundantemente durante los siglos XIV y XV con una calidad excelente, llegando a equivaler en 1480 a cuatrocientos ochenta maravedíes. Con este último metal Alfonso VIII acuñó pepiones y Fernando III los llamados dineros burgaleses. Alfonso X “el Sabio”, en un intento de mejorar su situación financiera, acuñó en plata el maravedí blanco y en vellón los llamados dineros prietos y dineros alfonsíes. Pedro I intentó convertir la plata en patrón del sistema monetario y acuñó el real. Enrique III emitió la blanca, moneda de vellón de la que existieron numerosas variantes. En definitiva, durante los siglos XIII y XIV no hubo escasez de metales preciosos, aunque ello no impidió una inestabilidad monetaria, sobre todo entre 1252 y 1286 a consecuencia de la conquista andaluza, lo que provoco fuertes devaluaciones monetarias. Desde 1350 hasta la época de los Reyes Católicos, el sistema monetario en la Corona de Castilla se basó en las doblas (oro), los reales (plata) y las diversas monedas de vellón.

    También desde la Baja Edad Media, con los primeros retazos del capitalismo, había comenzado a utilizarse medios de pago no monetarios, como las letras de cambio, que en las grandes transacciones mercantiles evitaban el transporte continuo de oro o plata y los riesgos relacionados con el mismo.

        • Reino de Aragón

    Paralelamente, en la Corona de Aragón se había implantado el sistema de la libra de Carlomagno (sistema monetario “Carolingio”), basado en metales preciosos.

    . Durante los siglos XI y XII la unidad de cuenta fue el sueldo, mientras que se usó como moneda efectiva el denario o dinero. El oro se acuñó esporádicamente en Barcelona con los condes Berenguer Ramón I y Ramón Berenguer I, recibiendo el nombre de mancus.

    La apertura de los comerciantes catalanes hacia el Mediterráneo necesitaba de una moneda fuerte. Fue Jaime I quien acuñó en plata el denario grossos o gros, que equivalía a doce denarios y medio. Pedro III, basado en esta moneda, acuñó un nuevo dinero que se conocía como el croat. El croat fue el símbolo monetario de un período de brillantez económica, pero pronto fue necesario introducir el oro en el sistema monetario catalán y emplear una moneda aceptada en los ámbitos comerciales mediterráneos. Por ello, Pedro IV cambió el patrón plata por el oro y acuñó el florín de oro, que imitaba la moneda de Florencia. Las crisis de la segunda mitad del siglo XIV provocaron numerosas devaluaciones de dicha moneda, por lo que la burguesía catalana volvió a recuperar su confianza en el croat, revaluándose la plata. Durante el siglo XV lo más característico de estos núcleos orientales de la Península Ibérica fue la fuga de moneda de oro y plata al extranjero, junto con una invasión de moneda francesa, fundamentalmente escudos y blancas.

  • El Descubrimiento de América. El “Siglo de la Plata”

  • Con la unificación nacional realizada por los Reyes Católicos se estableció como sistema monetario común el modelo de la Corona de Castilla, debido a que se trataba de la economía más influyente en nuestro territorio en ese momento. No obstante, cada uno de los reinos no castellanos continuó teniendo sus monedas. En 1497 el patrón básico del sistema se fijó en torno al excelente (de oro, llamado ducado desde 1504), el real (plata) y la blanca (vellón). La unidad de cuenta castellana, el maravedí, establecía la relación entre los diferentes tipos de monedas: El ducado valía 375 maravedíes, el real 34 y la blanca 2,5. A partir de tales equivalencias, se acuñaron monedas diversas de dos, cuatro o más ducados: los reales y sus múltiplos. En 1535 se introdujo una nueva moneda de oro de menos peso y ley que el ducado, con la finalidad de igualar la moneda de oro castellana con la de otros países e intentar evitar su fuga al exterior. Dicha moneda fue el escudo o corona (350 maravedíes), con lo que el ducado dejó de acuñarse.

    'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

    La imagen muestra diversas monedas acuñadas en la época del reinado de los Reyes Católicos, hacia finales del siglo XV. Recibieron el nombre de excelentes, y se encuentran actualmente depositadas en la Casa de la Moneda

    Ilustración 1: Excelentes de oro

    Durante aquel período, la acuñación de oro o plata era libre. La Corona fijaba el peso, ley y valor de las monedas, y cualquier particular podía acudir a las diversas cecas existentes en Castilla y acuñar su oro o plata, de la misma forma que podía hacer fundir sus monedas y utilizar dichos metales preciosos para cualquier otro fin. A medida que avanza el siglo XVI, la plata fue imponiéndose como moneda de metal precioso más utilizada, mientras que el oro redujo su circulación. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, la situación monetaria se caracterizó por una inflación importante, lo que incentivó la exportación de metales preciosos. La Corona realizó múltiples esfuerzos para impedir la salida de estos metales preciosos del Reino; dichos intentos fueron inútiles, y la plata americana se dispersó rápidamente por toda Europa.

    Entre las causas de este proceso destacan las siguientes: la abundancia de metal en Castilla incidía en que el valor de la plata, expresado en bienes, fuese muy inferior al resto de Europa. Esto provocaba que aquí los precios fueran muy superiores, lo que favorecía las importaciones y dificultaba las exportaciones de productos, y así el metal salía para hacer frente a los pagos del déficit. Al mismo tiempo, la propia infravaloración del metal en España respecto de cómo sucedía en las plazas extranjeras, favorecía su salida hacia otros países (pues las cecas aplicaban tarifas muy bajas y el contenido de metal fino en las monedas castellanas era superior al de las extranjeras). A todo ello se añadían las licencias de exportación que la Corona concedió a los prestamistas extranjeros, de quienes dependía financieramente, y la enorme salida de remesas monetarias para financiar la política internacional y los continuos enfrentamientos bélicos. En ese contexto se llegaron a producir varias situaciones de bancarrota del Estado.

  • “La Era del Cobre”

  • En el siglo XVII se agravó la situación. Al conocido como “Siglo de la Plata” siguió una reducción de la cantidad de este material y la consiguiente carestía de la misma, además de utilizarse, sobre todo, para saldar el déficit de la balanza de pagos. Las necesidades de obtener dinero rápido llevaron a la Corona a abusar de las acuñaciones de vellón, con las que obtenía un beneficio inmediato, gracias a la reducción de su peso y a la eliminación de la plata que existía en el vellón anterior. Debido a este hecho a esta época se le denomina “la Era del Cobre”. Lógicamente, el “premio” de la plata aumentó, pero este metal precioso seguía huyendo, puesto que la paridad oro-plata castellana seguía siendo más alta que la francesa o inglesa. Esta situación de penuria y desorden monetario, que duró hasta la década de 1680, provenía de la crisis crónica de la Hacienda durante el gobierno de los Austrias.

    Durante el siglo XVIII no hubo novedades importantes en el sistema, aunque aparecieron nuevas monedas. Los Borbones trataron de estabilizar el sistema monetario español, pero la tendencia inflacionista de la segunda mitad del siglo provocó las “devaluaciones carolinas” y la rebaja del contenido de metal fino y de la ley de las nuevas monedas. Sin embargo, tuvo una mayor trascendencia la abundante emisión de papel moneda, en forma de títulos de deuda pública (los vales reales) y la creación del Banco de San Carlos en 1782.

  • El período de unificación monetaria

  • El comienzo del siglo XIX se caracteriza por el mantenimiento de las unidades monetarias anteriores, a las que se unía la circulación de monedas inglesas o francesas. No es hasta bien entrado el mismo siglo cuando se producen los primeros intentos serios de crear un sistema monetario nacional uniforme. En 1848, se implantó el sistema decimal; las unidades serían el doblón o centén isabelino de oro (igual a 100 reales o 10 escudos de plata); el medio duro de plata (10 reales o un escudo), el duro (20 reales), la peseta (4 reales), la media peseta, el real y una serie de monedas menores de cobre. El decreto de 1854 hizo que se extinguiera la unidad de cuenta tradicional, el maravedí, y que se estableciera como unidad efectiva el real, dividido en 100 partes o céntimos.

    Finalmente en 1868, con el Decreto Figuerola, se fijó como unidad la peseta de plata de 100 céntimos, sobre la que habría varias monedas múltiplos, en oro y plata, y otra serie de ellas fraccionarias, las menores de las cuales eran de bronce, de 10, 5, 2 y 1 céntimo. En 1874 se concedió el monopolio de emisión al Banco de España.

    A partir de esta fecha se consolida el sistema monetario base que ha permanecido vigente hasta la aparición del Euro, el cual se verá constantemente afectado por las fluctuaciones del sistema monetario internacional. La evolución natural de los países pertenecientes a dicho sistema ha ido haciendo desaparecer de la circulación las monedas hechas con metal precioso, para utilizarse metales de escaso valor como el níquel, el cobre o el aluminio. Dicha evolución, unida al desarrollo del papel moneda para los valores mas altos, se basa en la existencia a escala internacional de un patrón oro, cuyos depósitos en el banco emisor de cada país respaldan la moneda que está en circulación.

  • El nacimiento de la peseta

  • El 19 de octubre de 1868, por Decreto del Gobierno Provisional formado tras el derrocamiento de Isabel II, nace la peseta como unidad monetaria nacional. Previamente, como se ha citado en el capítulo anterior, y siguiendo los dictados de la Unión Monetaria Latina - a la que finalmente no se adhirió España -, se había impuesto ya de forma definitiva el Sistema Métrico Decimal como base para la actividad económica española, en un importante intento de asimilación de la estructura económica del resto de Europa. Este hecho, sumado a otras medidas complementarias, como la renovación de la maquinaria para la acuñación o la sustitución del cobre por el bronce en los valores inferiores, permitieron también la consolidación de la recién nacida peseta de una forma más rápida y estable que la propia situación política del momento.

  • LA PESETA

  • Orígenes

    • Monedas

    • Las primeras piezas se acuñaron en 1869. Desde ese momento hasta su retiro de la circulación, las monedas han tenido diferentes valores, tamaños, metales o aleaciones de metales y distintos motivos en sus anversos y reversos.

      Según lo establecido inicialmente en el Decreto de 1868, en el reverso debía figurar el escudo con las armas de España. Posteriormente se le añade el escudo de las casas reinantes, al ser restaurada la Monarquía. La cruz de Saboya en los dos años que Amadeo I reina en España, y las flores de lis que exhibían las monedas de Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I aportan, respectivamente, el elemento identificativo de la dinastía italiana y la monarquía borbónica. Por otro lado, el tradicional escudo de los Reyes Católicos durante la etapa franquista volverá a tener su lugar en la moneda casi quinientos años después.

          • Billetes

      Los billetes en pesetas tardaron unos años más en imprimirse, tarea de la que se ocuparon inicialmente los talleres del Banco de España y distintas empresas extranjeras. El primer papel moneda con valor expresado en pesetas se emitió el 1 de julio de 1874. Ese mismo día, el Banco de España recibe el derecho en exclusividad a emitir billetes, hasta entonces compartido con otros bancos provinciales.

      Tradicionalmente, los billetes han tenido una iconografía muy variada, recogiendo motivos referentes a personalidades, actividades económicas o ideales y valores. Los temas representados en los billetes han servido la mayoría de las veces para rendir homenaje a personalidades o acontecimientos destacados de los más diversos ámbitos de nuestra Historia. En las primeras emisiones era frecuente encontrar símbolos de contenido económico (el Comercio, el Trabajo, la Agricultura, la Industria...), ideológico y de exaltación de valores (la Justicia, la Familia, la Libertad, la República...) o dedicadas a las Bellas Artes. Pero la efigie de monarcas, pintores, escritores, científicos... etc., ha acaparado la viñeta principal del anverso, siendo la de Francisco de Goya una de las más representadas. Dos emisiones completas han sido dedicadas a su figura, y tres de sus obras, “El Quitasol”, “El Cacharrero” y “El Bebedor” han aparecido en los reversos de diferentes series. Monumentos, pasajes literarios - destacando entre ellos Don Quijote de la Mancha - y acontecimientos como el Descubrimiento de América y sus protagonistas, han estado también ampliamente representados, siendo Cristóbal Colón también uno de los personajes más retratados.

    • Etimología

    • El origen de la palabra peseta es objeto de polémica. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española proviene del vocablo peso. Pero la mayoría de los historiadores subrayan que el vocablo peçeta (piececita), diminutivo de peça (pieza), existía en lengua catalana desde tiempos muy remotos. Ya en el siglo XV se había aplicado a ciertas monedas de plata, y posteriormente sirvió para designar el real de dos. Según dicha teoría, a principios del siglo XVIII la palabra peçeta es introducida en la lengua castellana como peseta. Las primeras monedas que llevan este nombre inscrito aparecen en Barcelona en 1808, durante la Guerra de Independencia, siendo empleadas en la época de José Bonaparte, aunque carentes de curso legal reconocido fuera del ámbito local.

      Otros estudios datan la incorporación de la palabra peseta al castellano al siglo XVII. Según sus defensores, esta incorporación hay que buscarla en la Guerra de Sucesión (1705-1714) entre el francés Felipe de Borbón y el Archiduque Carlos de Austria. Este último tenía sus operaciones basadas en Cataluña, por lo que acuñó en Barcelona grandes cantidades de reales a dos. Posteriormente, estas monedas inundaron el mercado castellano, y con ello comenzó a popularizar la palabra peseta escrita tal como sonaba la pronunciación catalana de aquel término.

      También existen investigadores que le atribuyen su origen a las palabras piecette, en francés o pezzeta, en italiano.

      La primera mención oficial escrita de la palabra peseta se remonta a una pragmática de fecha 13 de julio de 1718. Años más tarde, el Diccionario de Autoridades de 1737 definirá la peseta como "la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada en figura redonda”.

    • La peseta en la Primera República

      • Monedas

      • El decreto de creación del nuevo sistema monetario, presentado por el entonces Ministro de Hacienda D. Laureano Figuerola, establecía inicialmente la emisión de 5, 10, 20, 50 y 100 pesetas en oro, 1, 2 y 5 pesetas y 20 y 50 céntimos en plata y 1, 2, 5 y 10 céntimos en bronce, si bien las monedas en oro no llegaron a ver la luz.

        Las primeras piezas se acuñaron en 1869, siendo la unidad (una peseta) la primera en ser emitida. Como anécdota, en éstas se sustituyó el nombre incluido en el diseño original para el anverso (que era el de España) por la inscripción “Gobierno Provisional”. En dicho anverso de esta primera pieza aparece el emperador Adriano, recostado sobre los Pirineos, con el Peñón de Gibraltar a los pies, y llevando en la mano extendida una rama de olivo. Por otro lado, las monedas fraccionarias de bronce representan a España como una matrona sentada sobre las rocas, esta vez hacia la derecha, y con la rama de olivo en la mano que reposa. Todas las monedas fueron grabadas y firmadas por Luis Marchionni, que desde 1861 ocupaba el cargo de grabador principal de la Casa de la Moneda de Madrid, la cual va poco a poco centralizando las acuñaciones tras el progresivo cierre de las casas de moneda que funcionaban durante el reinado de Isabel II, a excepción de la de Barcelona que continuará abierta unos años más exclusivamente para la acuñación del bronce.

        Para los reversos se dispone, en las monedas de plata, el escudo de España con corona mural y la leyenda con la expresión del valor, la talla (número de piezas en kilogramo), las iniciales de los ensayadores y juez de balanza, y la ley de 900 milésimas en las de cinco pesetas. El bronce, con un león rampante sosteniendo el escudo de España, provocó que se le denominara popularmente como perra gorda y perra chica a las monedas de diez y cinco céntimos. La fabricación en este metal, además de en Barcelona, continúa contratándose, como ya se hiciera desde 1865, con la firma “Oeschger, Mesdach y Cía.”, cuyas iniciales, O.M., aparecerán en las monedas por ella acuñadas hasta el reinado de Alfonso XII.

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        1869. Primera peseta oficial, acuñada por las autoridades republicanas de 1868

        Ilustración 2: Primera peseta oficial

            • Billetes

        A la llegada de la Primera República hay en circulación billetes procedentes de distintas emisiones, si bien hay que dejar claro que no se produjo una emisión oficial de billetes de peseta durante el breve primer período republicano.

      • La peseta en la Restauración

        • Monedas

        • De los catorce valores previstos en el Decreto de octubre de 1868 inicialmente, sólo se acuñaron nueve. Habrá que esperar a los años correspondientes al reinado de Alfonso XIII para ver cumplido lo previsto en dicho Decreto. Aún así, de los valores en oro, las monedas de 50 y 5 pesetas siguieron sin ser acuñadas, pero sí lo fueron las de 100, 20 y 10 pesetas, aunque en diferentes momentos. Además, también se acuño un valor nuevo, el de 25 pesetas.

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          1876. Primera peseta de la Restauración, con la efigie del rey Alfonso XII

          Ilustración 3: Primera peseta tras la Restauración

          Los anversos de las monedas correspondientes a este período sustituyen la representación de Hispania por la efigie real, que será grabada, lo mismo que los reversos, por sucesivos artistas de renombre designados al efecto. Luis Marchionni será el autor del retrato de Amadeo I y Gregorio Sellán del retrato de Alfonso XII y los dos primeros de Alfonso XIII niño, popularmente llamados pelón y bucle.

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          1891. Peseta de Alfonso XIII, conocida como pelón, que comenzó a acuñarse en 1888

          Ilustración 4: Moneda del pelón

              • Billetes

          El 1 de julio de 1874 se produce la primera emisión de papel moneda que expresa su valor en pesetas, hecho que coincide con la concesión al Banco de España de la exclusividad del derecho a emitir billetes, hasta ese momento compartido con otros bancos provinciales. En los comienzos de su emisión aparece una dificultad puramente material, la de sustituir físicamente las emisiones provinciales por las realizadas por el Banco de España, que hasta entonces sólo operaba en Madrid. Para ello, la nueva legislación preveía la apertura de sucursales del Banco de España en las principales plazas del territorio nacional y la retirada paulatina de los antiguos billetes. Pero será necesaria casi una década para completar este proceso. Superada esta primera fase, el volumen de circulación de papel moneda crecerá incesantemente como consecuencia del crecimiento económico. Fue tal el crecimiento, que en momentos inflacionistas puntuales hubo que frenar este proceso, que continuará durante el primer tercio del siglo XX. Aún así, en ocasiones de gran demanda ésta hubo de cubrirse con numerosas emisiones extraordinarias e incluso emisiones interinas de reserva monetaria.

          1925. Carlos I de España y V de Alemania

          Puerta del Alcázar de Toledo

          Ilustración 5: Billete de la época de Primo de Rivera

        • La peseta en la Segunda República

        • Independientemente de toda valoración política acerca de su evolución y resultados, es innegable que la Segunda República surge en un contexto de gran escasez y descontento, como un proyecto renovador que pretende romper con todas aquellas ataduras que habían impedido el desarrollo económico de España en los cien años anteriores, en consonancia con su potencial de recursos y la evolución de las naciones de su entorno. Parece lógico suponer que esa voluntad de ruptura iba a verse reflejada en la iconografía empleada para la emisión de moneda, y en efecto así fue. Los símbolos monárquicos y tradicionales son sustituidos por otros más acordes con la ideología del nuevo sistema de gobierno. La peseta no sólo adopta la iconografía republicana (la musa, la balanza…) sino también muestra unos valores en consonancia con ésta, como son, los productos de la tierra, los valores exclusivamente humanos en contraposición a aquellos con connotaciones también religiosas… todo ello en un contexto que continúa siendo de gran escasez y precariedad, a lo que hay que sumar una creciente agitación e inestabilidad social.

              • Monedas

          En línea con lo señalado, la Segunda República marcará una clara ruptura tipológica en la acuñación de moneda, ya que se produce la sustitución de los símbolos imperantes hasta el momento por otros de temática republicana acordes con el carácter político del nuevo sistema.

              • Billetes

          Con el advenimiento de la Segunda República, las autoridades monetarias se encuentran con el problema de la existencia de billetes de diversas emisiones en circulación con el mismo valor facial. Esto condicionó enormemente el éxito en el cambio de criterios iconográficos en la emisión de papel moneda. De hecho, nunca llegó a completarse totalmente. Como solución de compromiso, un Decreto gubernamental estableció la necesidad de que todos aquellos billetes que se encontraran en circulación debían ser estampillados con el sello de la República, a la espera de su hipotética sustitución.

          Los valores inferiores a 25 pesetas fueron emitidos en papel moneda únicamente de manera excepcional. En esta época se pusieron también en circulación los conocidos como “Certificados de Plata” como sustituto de las monedas de plata de 5 y 10 pesetas, para evitar el acaparamiento ante el preocupante alza en los precios de dicho metal que se produjo en la cotización internacional y que repercutió gravemente en la frágil economía española.

        • La peseta en la Guerra Civil

        • También en consonancia con la situación general, la evolución de la peseta durante la Guerra Civil se vio marcada por la precariedad, la falta de control y la escasez. A estas tres características hay que sumarle el hecho de la invalidez del dinero de un bando en territorio controlado por el otro, lo cual se convirtió en algo especialmente grave en territorios que cambiaron de manos varias veces durante la contienda. Toda esta problemática acabó repercutiendo más aún si cabe en los ínfimos ahorros de los más humildes, que en ocasiones llegaron a perderlo todo por culpa de este fenómeno. Como agravante, en aquellos territorios controlados aún por el bando republicano en las postrimerías del conflicto, la escasez y la incomunicación fueron tales que los gobiernos regionales o incluso locales tuvieron que afrontar la emisión de dinero propio para satisfacer las necesidades más elementales, lo cual a largo plazo ha permitido la existencia de un importante legado material en forma de billetes y monedas con un valor histórico muy alto.

              • Monedas

          Las acuñaciones en el bando republicano alternarán diversos diseños y tipos, cada vez menos uniformes y elaborados, ante la urgente necesidad de numerario, que en ocasiones se reducirán a la expresión del valor y unas mínimas leyendas identificativas de la corporación o localidad que las emite. Del comienzo de la contienda procede la moneda de peseta más conocida de toda su historia, la popular rubia, la primera peseta amarilla hecha de latón.

          En el bando nacional no se producen acuñaciones de especial relevancia hasta la última parte de la contienda.

          'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

          1937. El gracejo popular llamó rubia a esta peseta del bando republicano durante la Guerra Civil Española

          Ilustración 6: Primera rubia

              • Billetes

          Al estallar la Guerra Civil, el Gobierno de la República no tiene problemas de escasez de papel moneda, pero a medida que avanza este período, la falta de comunicaciones impide enviar remesas a todo el territorio bajo su control, lo cual provocara la aparición de emisiones propias, especialmente en las provincias del Norte. Es por tanto una época compleja y anómala en este sentido, más si tenemos en cuenta que la falta de moneda divisionaria se hará en ocasiones acuciante, dando lugar a una gran proliferación de medios de pago alternativos emitidos por todo tipo de organismos, tanto de carácter público como privado, en un ámbito puramente local y de pequeña cuantía, con el objeto de permitir las transacciones elementales de la vida cotidiana. La medida de mayor relevancia que fue llevada a cabo por el Ministerio de Hacienda fue la emisión de “Certificados Provisionales de Moneda Divisionaria”, con valores de 0,50, 1 y 2 pesetas.

          1937. Guerra Civil Española

          Zona Republicana. Diosa Cibeles

          1938. Guerra Civil Española

          Zona Nacional. Escudo Nacional

          Ilustración 7: Billetes de la Guerra Civil Española

          Al mismo tiempo, el Gobierno de Burgos encargará su propio papel moneda que circulará en el territorio por él controlado. Se emiten billetes de 1, 2, 5 y 10 pesetas.

        • La peseta en la España de Franco

        • Al finalizar la guerra, el problema de la escasez se ve agravado por el aislamiento internacional que sufre España, lo cual dificultó y ralentizó el proceso de reconstrucción, tan necesario en prácticamente todos los sectores. Paralelamente, será necesario tiempo y un gran esfuerzo para poder alcanzar la normalidad en lo referente a emisión de dinero.

              • Monedas

          El problema del gran atraso tecnológico y de desarrollo que venía arrastrando la sociedad española es también de aplicación en lo que a acuñación de moneda se refiere. Los países de nuestro entorno hacía tiempo que habían sustituido las monedas de metales preciosos por otras más manejables y de coste menor, gracias al importante desarrollo de las aleaciones. Esto hacía que las monedas de metales preciosos extranjeras fueran comparativamente más valiosas y escasas que las empleadas en España, lo cual había venido provocando durante siglos una fuga masiva de capital nacional en forma de metales preciosos, además de repercutir directamente sobre la inflación y la devaluación de nuestra moneda, afectando muy negativamente sobre ella. Es por esto que desde hacía décadas existía la necesidad de ajustar los metales empleados en la acuñación de moneda española con respecto a los que ya se empleaban en países extranjeros.

          'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

          1947. El retrato del que se proviene el rostro fue realizado por el escultor Mariano Benlliure. Como curiosidad cabe destacar que en las primeras series apareció con demasiado relieve y hubo que reducirlo

          Ilustración 8: Peseta rubia de Franco

          Tras varios intentos desde principios de siglo, la mayoría de ellos frustrados por la imposibilidad material de llevarse a cabo ante la escasez general predominante o por la multitud de cambios en el sistema político y de gobierno, fue finalmente tras la Guerra Civil cuando, paradójicamente, la enorme escasez de la posguerra propició la adopción de medidas más eficaces en ese sentido. Es por esto por lo que las emisiones realizadas a partir de 1940 se inspiran más en las acuñaciones europeas que en la tradición española. Como ejemplo, los 5 y 10 céntimos “del jinete”, de aluminio casi puro, que copian fielmente la moneda hispano-romana de Osca, y que sustituyen al bronce aún en circulación desde el decreto de 1868. En la misma línea se acuña la primera moneda con perforación central, que fue la de 25 céntimos de cuproníquel. Se calcula que ambas medidas supusieron un ahorro de 800 Tm. de bronce, las cuales fueron empleadas en la construcción del sistema ferroviario español.

              • Billetes

          Desde 1940 y hasta 1954, como consecuencia no sólo de la Guerra Civil sino también de la Segunda Guerra Mundial, la escasez de metales llevará a emitir billetes de 1 y 5 pesetas. Debido a la falta de moneda metálica, se hizo necesaria la realización de tiradas altísimas. Con el posterior desarrollo económico y la lógica depreciación del dinero, los valores inferiores dejan de representarse en los billetes, subiendo también el valor máximo de éstos.

          1943. Fernando El Católico

          Descubrimiento de América. Llegada de Colón

          Ilustración 9: Billete de la Posguerra

          1953. Don Quijote de La Mancha

          Las armas de Don Quijote

          Ilustración 10: Billete de los años 50

          1965. Gustavo Adolfo Bécquer

          Dama con sombrilla y Catedral de Sevilla

          Ilustración 11: Billete de los años 60

          1970. Manuel de Falla

          Jardines de La Alhambra

          Ilustración 12: Billete de los 70

        • La peseta en la Democracia

        • El aperturismo económico llevado a cabo definitivamente tras el advenimiento del sistema democrático, y muy especialmente, los profundos cambios estructurales realizados tras el ingreso de España en la Comunidad Europea, tuvieron una repercusión sobre la economía cuya proyección aún no ha alcanzado su cumbre. Como consecuencia de tales cambios, el aspecto negativo aplicable al campo monetario es la gran inflación que provocó una importante devaluación de la peseta con respecto a las monedas de su entorno. Como ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística cifra el incremento del Índice de Precios al Consumo en el período 1966-2006 en torno al 2000%.

          Esta brutal inflación repercutió enormemente en el terreno de estudio del presente trabajo, la moneda, ya que las emisiones de dinero debieron adaptarse progresivamente a las necesidades del mercado, en el sentido de ir creciendo la cantidad de dinero que representaban en consonancia con la devaluación de la moneda en curso - la peseta -.

          Es también éste un período de innovación en el diseño, así como de reducción progresiva del tamaño de billetes y monedas, las cuales fueron a su vez fabricadas con materiales más ligeros y evolucionados con el objeto de abaratar los costes de fabricación aun a veces a costa de la estética.

              • Monedas

          En un primer momento, la instauración de la democracia y la restauración de la Monarquía no significaron cambios en las características físicas y dimensiones de las piezas, pero sí en la imagen que contenían, al incorporarse la efigie del Rey D. Juan Carlos I y el escudo real.

          'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

          1975. Primera peseta del Rey Juan Carlos I

          Ilustración 13: Peseta del Rey Juan Carlos I

          Tras unos primeros años de transición, emisiones posteriores al cambio de sistema político continúan la línea de ensayo de nuevos metales y de regularización del sistema monetario. Es a partir de 1980 cuando comienzan a producirse los cambios más importantes. El problema es que se produce una convivencia excesivamente larga de monedas de metales y módulos diferentes (concretamente de 2, 5, 100 y 200 pts.), lo cual genera cierto descontento y confusión. Ante esta situación, finalmente se decide la adopción de una solución drástica, que se lleva a cabo mediante la renovación formal del circulante, siendo ambos diseños sustituidos por uno totalmente nuevo y de alternancia de color del metal, permitiendo diferenciar las monedas de diferentes valores con mayor facilidad. En 1997 se completa definitivamente la solución del problema, al dejar de tener valor de circulación todas las monedas anteriores.

          En la historia monetaria más reciente, la normalización del circulante comenzada a partir de 1990 impone una renovación tipológica, en la que los motivos de las monedas son diferentes cada año, desarrollando así la intención conmemorativa que se había iniciado con la serie acuñada con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol a partir de 1980. Rompiendo con la tradición de representar sistemáticamente la efigie del gobernante en anverso y el escudo de España en reverso, se introducen motivos referentes a las Comunidades Autónomas españolas y a manifestaciones artísticas y culturales. Ya en la última etapa de la peseta, los últimos valores emitidos en formato moneda, han sido de 1, 5, 10, 25, 50, 100, 200 y 500 pesetas.

          'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

          1980-1982. Última rubia, acuñada con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol de España en 1982

          Ilustración 14: Rubia del Mundial de Fútbol de 1982

          Paralelamente, se suceden ininterrumpidamente acuñaciones en metales preciosos. Esto es debido a razones puramente económicas, al interés de los coleccionistas y a la necesidad de inversión. Desde 1989, coincidiendo con los primeros actos de conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, aparecen series en oro y plata de diversas denominaciones de valor en pesetas, que serán continuadas por posteriores emisiones con valor en ECUS y Euros.

              • Billetes

          Desde el punto de vista del papel moneda, la devaluación de la peseta motivó la aparición de billetes de valores cada vez mayores, desapareciendo a su vez aquellos cuya cuantía dejaba de ser de utilidad al ciudadano. En 1976 aparece el billete de 5000 pts., en 1980 el de 2000 pts. y años después el de 10000 pts. No obstante, cabe destacar que el valor fiduciario que se ha puesto en circulación en más emisiones ha sido el de 100 pesetas.

          1979. Rosalía de Castro

          Ilustración 15: Primer billete de 500 pts. de la Democracia

          1979. Benito Pérez Galdós

          Islas Canarias y el Teide

          Ilustración 16: Primer billete de 1000 pts. de la Democracia

          1992. Hernán Cortés / Francisco Pizarro

          1992. José Celestino Mutis / Puerta del Jardín Botánico de Madrid

          1992. Cristobal Colón./ Esfera armilar

          Ilustración 17: Última emisión de billetes en pesetas

        • La FNMT

        • Hasta el año 1868 coexisten en España varias casas de moneda o cecas (las de Sevilla, Segovia, Barcelona, Madrid… etc.) que dan servicio a todo el territorio nacional. En 1869, el Gobierno Provisional decide cerrar las casas de moneda y centralizar toda la producción en la de Madrid, hecho que tarda finalmente varios años en producirse. Nace así la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre - Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM). Así pues, la FNMT-RCM ha estado vinculada desde su inicio a la peseta como sistema monetario.

          No obstante, cabe destacar que curiosamente no sólo se fabricaron billetes en los talleres del Banco de España, sino también en otros talleres de Europa y América. Esto es debido a que la inestabilidad y debilidad económica requirió en ocasiones la emisión de cantidades de papel y moneda muy por encima de los límites de producción de la FNMT. Es por esto por lo que el Consejo del Banco de España autorizó la contratación de empresas para cubrir periodos puntuales de carencia de emisión. De Inglaterra fueron contratados, como empresas más relevantes, “J. H. Saunders” que realizó la segunda emisión de billetes, “Bradbury Wilkinson and Co.” y “Thomas de la Rue and Co.”. De Norteamérica se requirieron en dos ocasiones los servicios de la “American Bank Note”.

          Por otro lado, durante la Guerra Civil, las necesidades de la zona nacional fueron en parte cubiertas por una empresa alemana llamada “Giesecke y Devrient” y otra italiana de nombre “Coen e Cartevalori”.

          La primera emisión de papel moneda que imprimió la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre fue la de 21 de octubre de 1940. Posteriormente el gobierno, con el Decreto del 21 de junio de 1941 pretendió dotar a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de los medios necesarios para realizar esta tarea y de esta forma, evitar la dependencia de empresas extranjeras.

          La reciente llegada del Euro ha supuesto un cambio importante en la estructura de control de la emisión de moneda, ahora con el Banco Central Europeo como cabeza de dicha estructura, si bien la FNMT sigue siendo el ente público único encargado de la acuñación y emisión de dinero en España, dinero que puede circular libremente por todo el territorio acogido a la Unión Económica y Monetaria (UEM).

        • El comienzo del relevo. El ECU

        • El ECU, cuyas siglas se corresponden con “European Currency Unit”, (Unidad Monetaria de Cuenta Europea) entra en vigor en marzo de 1979 como primer intento serio de unificación de los sistemas monetarios europeos, y surge como moneda oficial de cambio vinculada al Sistema Monetario Europeo.

          Esta moneda define su valor por la suma equilibrada de las monedas de los Estados miembros de la Unión Europea, lo cual en la práctica resulta ser una cesta de las diferentes divisas que componen la Unión en la que cada una de ellas participa de una forma proporcional.

          El valor del ECU, así como la correspondiente ponderación de las monedas que lo integran, quedaba definido y revisado cada cinco años, o cada vez que se produjera la variación de una moneda en un porcentaje determinado. El ECU fue pensado como denominador común en las tasas de cambio en el interior del Sistema Monetario Europeo. Cada moneda tenía establecida una llamada tasa - eje, que expresaba las igualdades de las monedas comunitarias entre sí (con un margen de desviación de + 0 a - 2,25 %).

          'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

          1987. Boceto de la primera moneda única europea, el ECU. Formato belga

          Ilustración 18: El ECU

          El ECU no fue una moneda fuerte, por lo que no pudo utilizarse en las transacciones cotidianas. Si bien fue acuñado, su uso fue únicamente protocolario y de aplicación al ámbito macroeconómico. También fue empleado en la contabilidad interna de las instituciones de la UE.

          Una vez instaurado, el Reino Unido propuso la introducción de un ECU fuerte que pudiera emplearse al mismo tiempo que las monedas nacionales durante un período definido de transición, con el objeto de minimizar los efectos inflacionistas de una implantación rápida (efecto conocido como de “redondeo”), pero la mayoría de países miembros de la UE decidieron proceder directamente a la integración de una moneda única en un corto período de tiempo para reducir los inconvenientes de una convivencia entre múltiples monedas de cambios tan dispares. La puerta al Euro quedaba así abierta.

        • EL FIN DE LA PESETA. EL EURO

        • El Euro es la moneda única europea que, mediante un proceso de transición, sustituyó a todas las monedas nacionales de los países participantes en la Unión Económica y Monetaria Europea (UEM). Así, la peseta fue sustituida por el Euro al ser España país integrante de la UME.

        • Origen del Euro

        • El Euro en sí, empezó a funcionar el 1 de enero de 1999, pero no existió como moneda física en circulación hasta el 1 de enero del 2002.

          En el Tratado de Maastricht, en un principio, estaba previsto que la nueva moneda única fuera el ECU, pero tras posteriores negociaciones, se sustituyó su nombre por el de Euro.

          Esta modificación (acordada en la Cumbre de Ministros del Consejo de Madrid, de diciembre de 1995) se produjo, tras arduas negociaciones, debido a la necesidad que veían algunos países, encabezados por Alemania, de desmarcarse del ECU existente, ya que éste se había devaluado bastante en los últimos años, lo que había hecho que se ganara una cierta imagen de debilidad que proporcionaba desconfianza a la opinión pública.

              • El calendario del Euro

          1968: La historia de la Unión Monetaria comienza con el “Informe Werner”, que ya preveía la creación de la Unión Económica y Monetaria en varias etapas.

          1979: Se crea el Sistema Monetario Europeo (SME), cuyo elemento central será el ECU, que se define como una cesta de monedas, ya que está formado por porcentajes fijos de las monedas participantes en el SME.

          1989: Se publica el “Informe Delors” que establece los fundamentos del Euro.

          7 de febrero de 1992: Se firma el Tratado de Maastricht, que constituye el fundamento jurídico de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y la moneda única. Entrará en vigor el 1 de noviembre de 1993.

          Diciembre de 1995: Elección del nombre de la futura moneda: Euro, en el Consejo Europeo de Madrid.

          Finales de 1996: Determinación del marco jurídico del Euro.

          Finales de 1997: Año decisivo para que los Estados miembros alcancen los cuatro criterios de convergencia (inflación, tipo de interés, tipo de cambio y finanzas públicas).

          3 de mayo de 1998: El Consejo Europeo de Bruselas fija los Estados miembros participantes en la UEM (Bélgica, Alemania, España, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia), los tipos de cambio bilaterales entre sus monedas nacionales, y nombra a los miembros del Comité de Gobernadores del Banco Central Europeo (BCE).

          A partir del 3 de mayo de 1998: Se comienzan a producir monedas y billetes en Euros. Creación del Banco Central Europeo (BCE).

          A partir del 1 de enero de 1999: El Euro se convierte en moneda de curso legal, y las monedas nacionales de los países participantes en subdivisiones del Euro. Es en este momento cuando se produce la fijación de los tipos de cambio irrevocables entre las monedas de los Estados participantes frente al Euro. El ECU deja de existir como cesta de monedas y se convierte, con el nombre de Euro, en moneda de pleno derecho, la cual estará gestionada por el Banco Central Europeo (BCE). El BCE define y ejecuta la política monetaria única en Euros. Empleo del Euro en las operaciones que no requieren el uso del efectivo. Comienzo de las operaciones de cambio en Euros. Nuevas emisiones de deuda pública en Euros.

          1 de enero de 2001: Grecia se incorpora a la UEM y adopta también el Euro.

          1 de enero de 2002: Puesta en circulación de los billetes y monedas en Euros y circulan de manera paralela a los nacionales.

          'La peseta en la Espa�a contempor�nea'

          2002. El Euro sustituye a la peseta

          Ilustración 19: El Euro

          1 de marzo de 2002: Se retiran los billetes y monedas nacionales: Uso generalizado y exclusivo del Euro.

          1 de enero de 2007: Eslovenia se incorpora a la UEM y adopta el Euro.

        • Evolución presente y futura

        • Los 12 miembros más recientes de la UE tienen como requerimiento, por los tratados que les permitieron ingresar, acabar adoptando el Euro en un futuro. Chipre, Estonia, Lituania, Letonia, Malta, Eslovenia (ya en la zona Euro) y Eslovaquia, además de las recientemente incorporadas Bulgaria y Rumania, en la UE como miembros de pleno derecho desde el 1 de enero de 2007.

          Dinamarca, el Reino Unido y Suecia no tienen planes actualmente para adoptar el Euro; sin embargo Suecia, a diferencia de Dinamarca y el Reino Unido, no tiene una salida formal de la unión monetaria (la tercera etapa de la UEM) y por lo tanto debe, al menos en teoría, adoptar el Euro en algún momento. En el caso del Reino Unido, el rechazo de la mayoría de la población convierte en poco probable su adhesión al Euro a corto plazo. Dinamarca, tras el rechazo a la adhesión por el 53% de la población en el año 2000, resulta una incógnita si bien su incorporación a medio plazo parece inevitable.

          En cuanto al tipo de cambio, la moneda única europea evoluciona en el sentido de convertirse en una moneda cada vez más fuerte, principalmente como contraposición al dólar estadounidense, con las ventajas e inconvenientes asociadas en lo que a importaciones y exportaciones se refiere.

        • Efectos de la Unión Monetaria en la economía nacional y europea

        • Tras apenas cinco años desde la aparición efectiva del Euro en los bolsillos de los ciudadanos, quizá sea pronto para poder extraer un balance sobre sus efectos positivos y negativos a medio y largo plazo. No obstante, sí que pueden observarse unos efectos a corto plazo, así como predecir las tendencias futuras. De entre los aspectos positivos más importantes, merecen ser destacados:

          Eliminación de los riesgos procedentes del tipo de cambio interior. Uno de los beneficios más importantes, ya que facilita la inversión más allá de las fronteras nacionales.

          Supresión de los costes de cambio de divisas. No sólo en el ámbito particular, sino también en el empresarial, lo que nuevamente facilita el comercio exterior dentro del ámbito de la UEM.

          Incremento de las operaciones financieras y robustez del mercado. Indudablemente ambos hechos se han producido, al aumentar las facilidades para las transacciones de todo tipo y existir una unidad de acción en lo que a política económica se refiere (especialmente los tipos de interés).

          Pero también se han producido algunos efectos negativos, los cuales han surgido fundamentalmente en la etapa de transición que todavía vivimos y que se espera que disminuyan o incluso desaparezcan en el futuro:

          El redondeo. El fuerte incremento de los precios como consecuencia de su adaptación al Euro ha llevado consigo un importante incremento de los niveles de gasto y endeudamiento que, si bien han podido ser absorbidos gracias al período de bonanza económica actual, al menos han perjudicado excesivamente la buena marcha de la economía y constituye un factor desestabilizador considerable.

          El endurecimiento de la competencia. Si bien este factor es tremendamente positivo para la economía europea en su conjunto, determinados sectores de nuestra economía han sufrido grandes y traumáticas transformaciones o incluso su práctica desaparición, al no poder competir con sectores equivalentes de otros países. El Euro ha contribuido al endurecimiento de esta tendencia.

        • CONCLUSIONES

        • La existencia de un bien aceptado y valorado por todos los miembros de un sistema social por igual ha sido absolutamente imprescindible para permitir el desarrollo de la sociedad más allá de la autosuficiencia más elemental, y del propio ser humano como motor de la misma. Ese conjunto de bienes comenzó siendo una cierta variedad de metales preciosos, para ser progresivamente reemplazado por el dinero.

          Es por esto por lo que, desde que el hombre forma parte de la sociedad tal y como la conocemos, el dinero ha formado parte de sus vidas como un bien fundamental.

          Del mismo modo, la forma en que el dinero es presentado a una entidad sociopolítica, sea cual sea su dimensión, es a su vez un espejo de la sociedad a la que sirve, reflejando tanto periodos de escasez como de bonanza, épocas de tendencias tradicionales o revolucionarias, y mostrando en general cuáles son los valores imperantes en la época en que éste es empleado o al menos aquellos que los gobernantes desean para sus ciudadanos en la época en que está vigente. En la misma línea, la moneda puede, como se ha visto a lo largo de la Historia, ser empleado como un símbolo de identidad nacional, mostrando también el aperturismo o la cerrazón de las sociedades en diferentes períodos históricos.

          En este contexto, la evolución de la moneda en España ha sido paralela a los acontecimientos que han forjado la Historia desde su comienzo. Si bien su presencia data de fechas anteriores al nacimiento de Cristo, la moneda no comienza a desarrollarse en nuestro territorio de una manera organizada hasta la Edad Media, en un contexto de dos reinos imperantes que unificaron sus sistemas políticos y económicos a partir del enlace de los Reyes Católicos. Posteriormente, y tras la abundancia obtenida inmediatamente después del Descubrimiento de América, comienza para España un lento proceso de desgaste que, sumado a la mala gestión y a la defensa de intereses particulares o partidistas, sumió a nuestro país en un sistema económico atrasado, pobre y dependiente del exterior.

          Y así surge la peseta, como un definitivo intento reformista y unificador del sistema económico que saque a España del ostracismo en el que ha permanecido durante siglos. Pero desgraciadamente, los intentos de cambio en lo económico chocarán con un período verdaderamente turbulento en lo político, lo cual impidió esa verdadera reforma social que resultaba tan necesaria y que nunca llegó a llevarse a cabo completamente.

          Con España sumida en su Guerra Civil y la escasez y el aislamiento de la posguerra, España tocó fondo en lo económico. Durante la contienda, la incomunicación y la penuria provocaron una auténtica anarquía monetaria que nos ha dejado involuntariamente un importante legado histórico desde una perspectiva exclusivamente historiográfica.

          La peseta vive su última etapa en un periodo de gran despegue económico gracias en parte a la democratización del sistema político, pero fundamentalmente a nuestra integración en la Comunidad Económica Europea (CEE). Dicho organismo fue creado con el objetivo a largo plazo de la integración política de sus países miembros, alcanzable mediante un periodo lo suficientemente largo de unificación económica en el cual nos encontramos inmersos actualmente. Como herramienta inicial de trabajo con este fin surge el ECU, primer esbozo formal de unidad monetaria.

          Tras unos ligeros retoques en el proyecto final que no alteran en absoluto el espíritu del acuerdo común original, el ECU es sustituido por el Euro, que llegará finalmente a los bolsillos de los españoles el 1 de enero de 2002. Dos meses después dejan de circular oficialmente las últimas pesetas. La Unión Económica y Monetaria es entonces una realidad y con ella desaparece la moneda nacional y finaliza una etapa en la Historia de España.

        • GLOSARIO DE MONEDAS EMPLEADAS EN ESPAÑA

        • BIBLIOGRAFÍA

        • www.fnmt.es

          www.wikipedia.org

          www.ecb.int

          www.maravedis.org

          www.fuenterebollo.com

          www.iespana.es

          www.geocities.es

          www.juntadeandalucia.es

          Hª ECONÓMICA DE LA EMPRESA LA PESETA

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