La paz. Lisístrata; Aristófanes

Literatura universal antigua. Tragedia griega. Mitología y realidad. Biografía

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Análisis de “La Paz”

Por: Aristófanes

Aristófanes cuenta en La Paz la historia del rescate de la diosa Paz, quien ha sido capturada por Pólemo, el dios de la guerra. El héroe de la obra es Trigeo, quien es ayudado por un coro de hombres de todas las regiones de Grecia en el rescate de la diosa. Trigeo es recompensado por el dios Hermes con Fiesta y Cosecha, la primera para el Consejo y la segunda como presente para Trigeo. La obra termina con las celebraciones nupciales de Trigeo y Cosecha.

La historia va mucho más allá de la anécdota. Esta comedia connota significados profundamente anti-bélicos. Como Eurípides (su eterno enemigo) en Las troyanas, Aristófanes intenta mostrarle a los griegos que las únicas consecuencias de las guerras son la muerte y la destrucción, y que es mucho mejor reconciliarse y olvidar las rencillas. Con la diferencia de que Aristófanes lo hace desde el punto de vista de la comedia: el autor no echa mano de los mitos tebanos o troyanos, sino de historias populares o invenciones propias. Mientras que los trágicos usaban los mitos para connotar mensajes (la Justicia en La Orestiada, la crueldad de la guerra en Las troyanas), Aristófanes elige especialmente una historia para concientizar al público sobre una realidad muy actual en su época.

No olvidemos que La paz fue representada en el año 421 a.C., a punto de concertarse la paz de Nicias. Lamentablemente, fue una paz sólo transitoria, contra lo que Aristófanes y Atenas esperaban.

La comedia nos presenta la historia con gran cantidad de dobles sentidos, alusiones obscenas y ataques a personajes de la época. Esto definitivamente servía a los fines del autor: hacer que el público se identifique con la obra y la sienta cercana a su realidad. El coro en este caso, representa a hombres griegos de las diversas regiones que aparecen para ayudar a Trigeo en el rescate, para celebrar con él, para introducir escenas cómicas (como la del corifeo discutiendo con Trigeo porque no se aguanta las ganas de bailar), etc. El coro también expresa los sentimientos generales de la obra, pero de todos modos no tiene un papel tan importante como en las tragedias. No introduce la obra y sus intervenciones son más cortas, aunque los diálogos protagonista/coriefo siguen siendo de vital importancia.

El personaje principal es Trigeo, un “anti-héroe” que se monta en un escarabajo gigante para ir a la casa de Zeus y pedir el fin de la guerra. Trigeo es un valiente viñador, tildado de loco por sus esclavos pero muy querido por ellos. Hasta sus hijas tratan de imponerles cordura a sus impulsos, poniendo la nota racional de la escena (Aristófanes trata de acentuar la diferencia entre las hijas precavidas y el inmaduro padre). Trigeo es todo lo contrario a un héroe trágico: no actúa movido por el destino sino simplemente porque ya está harto de la guerra. Aristófanes parodia al Belerofonte de Eurípides de la manera más cruel: en vez de montar un hermoso corcel alado, Trigeo vuela en un escarabajo que se alimenta de tortas de estiércol. Esta historia también hace alusión a una de las fábulas de Esopo.

Como vemos, el autor echa mano de muchos elementos que se encuentran en el inconsciente colectivo de su época. Nadie se salva: parodia a los grandes trágicos, a los poetas (como a Homero, cuando, usando la misma métrica de sus versos, Hierocles y Trigeo se baten en un duelo verbal), a los políticos y estrategas de guerra más famosos de su época, entre otros. Ni siquiera el recientemente fallecido Cleón, un demagogo de su época que favorecía la guerra, es respetado.

Debemos tener en cuenta que Aristófanes ya no escribe en la misma época que los grandes trágicos. La sociedad ya se está cansando de la guerra, y esto se nota en la obra, pues todos ponen de su parte para salvar a la diosa Paz. Sin embargo, aquí también Aristófanes nos muestra una metáfora, pues nos cuenta que a algunas regiones les conviene más no salvar a la diosa, otras (como Argos) prefieren ser neutrales y no jalar de la cuerda que recatará a Paz. Finalmente los que la salvan son los labradores: el autor opina que una sociedad fuerte y próspera se construirá con el esfuerzo de estos trabajadores y no de los guerreros.

Con esta escena se proclama la nueva felicidad de Atenas, y a partir de ahí la obra nos transmite una gran sensación de alegría y jocosidad, por la celebración de la Paz. Se prepara la comida de bodas y aparece el adivino Hierocles, que es expulsado. Luego viene un momento muy cómico y que connota gran significado, cuando llegan los vendedores felices (de hoces) y lo tristes (de armas) por la nueva situación. Trigeo celebra con los primeros mientras que el segundo usa un lenguaje trágico para expresar su tormento: “¡Deja de ultrajarme con mis mercancías!”, “¡Implacable deidad, cómo me has arruinado!”.

De esta manera Aristófanes abarca también la perspectiva económica de la Paz: algunos negocios florecerán mientras que otros se irán a pique. Por ello Trigeo les aconseja a los vendedores de armas que se busquen otro oficio, burlándose de su desesperación.

Posteriormente les pide a un par de niños que canten, y se topa con el hijo de Lámaco, un general belicoso citado ya varias veces. El niño canta la solemnidad y el honor de los guerreros, y Trigeo lo calla. Los niños educados en la tradición guerrera seguirán pidiendo guerra si no son re-educados en la tradición de la Paz, parece decirnos Aristófanes. Luego canta el niño de Cleónimo, el soldado que perdió su escudo en la batalla. Este personaje era humillado constantemente en esa época, pero Aristófanes lo reivindica, afirmando que es un hombre sensato y pacifista (por supuesto que no pierde la ocasión para burlarse de él).

Otra metáfora muy efectiva (anterior al rescate) es la de Pólemo preparando el “mortero de guerra”, con productos típicos de cada región que posteriormente serán machacados y hechos puré... como pasaba con las ciudades durante las guerras del Peloponeso. Por suerte Pólemo no encuentra con qué moler los ingredientes (ahí también aprovecha para burlarse de Cleón, pues alude a su reciente muerte) y esto le da tiempo a Trigeo para que rescate a la diosa.

Para esto tiene que convencer a Hermes, el dios que quedó cuidando el hogar de Zeus. Aristófanes nos presenta a los dioses mucho más terrenales que los trágicos, menos solemnes y hasta sobornables. Hermes es adulado hasta el cansancio para que permita la salvación de Paz y es él el que cuenta toda la historia de las Guerras, desde la perspectiva del autor: un encadenamiento de sinsentidos, dolor y muerte, todo por la búsqueda insaciable de poder. En su relato dice, refiriéndose a la Paz: “ya no había quien pusiera término a la cosa y la diosa desapareció”, aludiendo a las diversas ofertas de paz que habían sido rechazadas durante la guerra.

Otros dioses no aparecen en la obra, pero son nombrados como si se hubieran “cansado” de los excesos de los hombres y los hubieran dejado matarse entre ellos: es decir, ya ni siquiera importan los sacrificios de los griegos, los dioses los han dejado a su suerte para que busquen la paz entre ellos. Por ello dice Hermes: “dejándole (a Pólemo) que hiciera con vosotros absolutamente lo que le diera la gana, y ellos se mudaron arriba del todo para no ver más cómo os hacéis la guerra y no enterarse de vuestras súplicas”.

Esta sensación de caos es solucionada por el acto heroico de Trigeo. Este personaje tiene diálogos muy jocosos con sus esclavos, con el coro de griegos, y hasta con el maquinista que dirige el escarabajo de utilería en el que “vuela”. Aristófanes disfruta con esos guiños de cercanía con el público, sobre todo en el momento de la parabase. El corifeo dialoga con el público explicando las virtudes del autor, y en ese momento Aristófanes aprovecha para defenderse de las críticas a su obra. Me imagino que con esta obra debe haber sido muy feliz, pues por fin (aunque sólo momentáneamente) se cumplió la paz que tanto esperaba. Habla así de sí mismo:

“Creó un gran arte para nosotros y tras edificarlo le puso torres,

con sus grandes palabras y sus ideas y sus bromas no del mercado,

no burlándose de hombrecillos cualesquiera y de mujeres,

sino que, con ira propia de un Heracles la emprendió con los más grandes”

Vemos así que Aristófanes reivindica su labor de denuncia de las injusticias desde la perspectiva de la comedia, atacando a los grandes hombres de su época para poder decir sus ideas, pero de manera burlona para que el público capte su mensaje.

La Paz es una obra bien construida que nos transmite mensajes de alegría y esperanza. Al ser liberada la Paz, todo lo bueno llega a Atenas: paz, abundancia, cultivo del campo, erotismo (todo simbolizado por la presencia de la estatua de Paz y los personajes mudos de Fiesta y Cosecha). Al final se da paso a una reconciliación general entre alegría, fiesta y canciones. Como vemos, en ningún momento se nombra a la democracia; es más, el acto heroico no es elegido por consenso sino que Trigeo es el que lleva a cabo la mayor parte de la empresa. Para Aristófanes, al contrario que sus predecesores, la democracia ha conllevado al desastre de Atenas, y está a favor de un régimen monárquico. De todos modos, aunque actualmente no estemos de acuerdo con esas ideas, esta obra y su claro alegato pacifista nos pueden enseñar mucho en esta terrible época de guerras y sufrimiento.

Análisis de “Lisístrata”

Por: Aristófanes

Durante los años que duró la guerra del Peloponeso, el pueblo griego estuvo dividido y los hombres inmersos en esas luchas estaban poco tiempo en sus hogares. Lisístrata (nombre que significa la Pacífica) busca la paz. Ella es una mujer que usa sus armas femeninas para que los hombres se queden en la ciudad y trabajen, se queden en sus casas y cuiden sus familias, se queden en sus camas y tengan relaciones con sus mujeres, actualmente insatisfechas.

Lo innovador de la obra es el recurso que utiliza Lisístrata para acabar con la guerra: la protagonista plantea una huelga sexual indefinida hasta que los hombres capitulen, desesperados por la abstinencia.

Para ello convoca una asamblea femenina que reúne simbólicamente a todas las mujeres de Grecia. Todas están de acuerdo en lo trágico de esta situación y deciden unir esfuerzos... pero al enterarse de los planes de Lisístrata quieren echarse atrás (ellas mismas claman: “que continúe la guerra...”). Sólo cuando se convencen de que es la única forma deciden llevar el plan a cabo. Aristófanes nos sorprende creando personajes llenos de matices que se niegan con virulencia a la huelga sexual en un inicio y luego se muestran firmes ante el enemigo... aunque durante el transcurso de la obra se vean amenazadas por sus flaquezas.

En esta obra, las mujeres son las protagonistas absolutas: ellas deciden el curso de los acontecimientos, ellas proponen y ejecutan los “actos subversivos” como tomar la Acrópolis (a cargo del coro de ancianas). Esto podría dar la sensación de un proto-feminismo en Aristófanes, pues presenta a las mujeres como las que toman las riendas del asunto; sin embargo tenemos que ubicarnos en el contexto temporal. En esta època de caos político y social ocasionado por la guerra, la toma de poder por parte de las mujeres significa ridiculización y degradación de los hombres, pues ellos no han podido hacer bien su trabajo (gobernar).

Las mujeres afirman que ellas son las que administran el hogar y que eso es una prueba de eficiencia y falta de corrupción. Por eso ellas retienen el erario público a pesar de las protestas masculinas, pues saben que los hombres lo usarán para la guerra. Las protagonistas constantemente le dicen al comisario que nunca les hacen caso, que las callan cuando quieren decir su opinión y que por ello los hombres toman decisiones tan irreflexivas. Ha llegado el momento de que ellas les digan a los hombres qué hacer.

Esto es humillante para los hombres, por eso me imagino lo polémica que debe haber sido esta obra en su época. La mujer se reducía la ámbito del oikos, la casa, y el hombre tenía a su cargo los asuntos de la polis, lo común. Aristófanes explica el descontrol social que se ha apoderado de Grecia y los extremos a los que llega: el chantaje sexual de las mujeres a cambio de la paz.

Habiendo aclarado este punto, podemos entender mucho mejor lo que significa esta huelga sexual que, utópicamente, acabaría con las guerras del Peloponeso. El autor enfatiza el hecho de que son las mujeres de todas las regiones de Grecia las que se reúnen para acordar la huelga. Y al final de la obra, son los guerreros de todas las regiones y status sociales de Grecia los que van a pedir la conciliación a Lisístrata. El mensaje es claro: el objetivo es lograr la paz y la reconciliación entre todos los beligerantes, llegando a un acuerdo común y olvidando las ambiciones egoístas.

Aristófanes retrata a sus personajes con profundos matices psicológicos: los hombres, educados como guerreros, no aceptan argumentos que no sean de fuerza y de violencia; mientras que las mujeres, que han sido heridas como madres y esposas, se unen más allá de las rivalidades políticas porque comparten un sufrimiento. Ellas son las únicas capaces de establecer la paz general en toda Grecia.

Llama la atención en esta comedia la presencia de dos coros: uno representado por ancianas mujeres y otro por viejos griegos. El juego de enfrentamiento entre ambos grupos mantiene una de las escenas más divertidas de la obra: los ancianos atacan con fuego a las mujeres que se les oponen con cántaros de agua. Aristófanes simboliza de esta manera a las fuerzas opuestas en enfrentamiento. Terminan venciendo las mujeres, empapando grotescamente a los hombres.

Las mujeres unen esfuerzos y juran solemnemente respetar la huelga sexual: Lisístrata las ha convencido de que los hombres sufrirán aún si las obligan a tener relaciones por la fuerza, ya que el comportamiento pasivo de las mujeres también significaría una derrota para ellos. Para sellar el juramento, se efectúa un cómico ritual (degollando un jarro de vino) imitando los sacrificios de animales. Así, vemos cómo las mujeres se encargan no sólo de las acciones políticas sino también de las religiosas.

Los hombres se defienden de los ataques de las mujeres: la introducción del personaje del comisario es un claro signo de ello. Sus textos hablan del amor conyugal, de la función de la mujer (quedarse callada), con el propósito de sacar a las mujeres de la Acrópolis. Esto al final sólo se logrará a la fuerza, con palancas. Aquí es donde el personaje de Lisístrata dice una de sus mejores frases: “lo que aquí se necesita no son palancas, sino sentido común”. Lisístrata es presentada como una mujer fuerte, que carga sobre ella las debilidades de las otras mujeres. Ella es la que propone el proyecto y lo lleva hasta el final, aun cuando peligra por los deseos carnales de las mujeres (ante esta situación, Lisístrata expone un oráculo equívoco, según el cual la victoria será de las mujeres que perseveren).

Los distintos personajes de las mujeres griegas representan los estilos típicos de cada región, pero con una especial fuerza añadida por Aristófanes. Las mujeres quieren acabar con la guerra y en ese empeño se convierten en luchadoras, capaces de defenderse entre ellas cuando las fuerzas del orden las quieren apresar. Conocemos a Colónica, a la espartana Lampito, a una dama beocia, otra corintia, y la más destacada es Mirrina, debido a su cómica escena con su esposo Cinesias. Es en esta parte de la obra donde apreciamos concretamente el poder de las féminas sobre los hombres, y qué tan bajo pueden llegar éstos manipulados por ellas. Esta escena es cruda pero muy divertida, muestra de manera naturalista la desesperación de Cinesias mientras su esposa se hace de rogar. Ambos son personajes muy bien caracterizados: Mirrina, sensual, cómica y burlona, y Cinesias, angustiado, ingenuo y humillado.

El autor, como en el resto de sus obras, usa el doble sentido descaradamente para provocar la risa y la identificación con el espectador. Sobre todo en esta obra, que toca un tema tan propenso a obscenidades y alusiones groseras. La utilería usada para exagerar estos rasgos obscenos también es bastante fuerte para nosotros, lectores del siglo XXI. Pero hay que tener en cuenta las costumbres de los tiempos en que escribió Aristófanes, la moral de entonces, distinta a la actual, y el naturalismo de los antiguos, que no gustaba de eufemismos.

En esta obra, Aristófanes no deja de mofarse de sus rivales, enemigos y otros personajes prominentes de la época. No pierde oportunidad para decirle misógino a Eurípides, atacar a la democracia o faltarle el respeto a las mujeres tildándolas de borrachas. A través de las mujeres, se burla de los soldados que asisten al mercado ataviados con sus armas, lo que debe haber sido muy polémico en su época: no cualquiera puede decirle a los soldados “ridículos” al vanagloriarse de su status.

Hacia el final de la obra los hombres deciden actuar: la “enfermedad” de la abstinencia ya ha llegado muy lejos. Llegan a la conclusión de que “no hay cosa más indomable que una mujer”, y que deberán darles el gusto. Se prepara el acuerdo de paz, y Lisístrata (quién más) será la encargada de negociar. Como en La Paz, aparece una figura simbólica, personaje mudo pero de gran presencia escénica: la Reconciliación que todos buscan. Lisístrata ofrece un hermoso discurso mientras los hombres desean carnalmente a Reconciliación (como símbolo de su doble abstinencia: la sexual y la falta de paz).

La obra termina con las celebraciones por la llegada de la conciliación. Aristófanes no espera que la realidad sea tan simple como la comedia, donde una esencia divina desciende del cielo y arregla la situación de caos. Lo que propone Aristófanes es un símbolo, un mensaje de convivencia, respeto mutuo y ayuda fraternal.

En esta obra, como en muchas otras, Aristófanes entra (a veces sin que el lector actual pueda darse cuenta) en la lucha política, en la lucha de partidos, en el enfrentamiento de los intereses del pueblo hacia la administración pública. El autor entra entonces dentro de un grupo de "eruditos" que buscan "la solución", o al menos una solución, para una Atenas abocada a una lenta agonía y decadencia. El estaba estrechamente unido con el partido aristocrático, y se sirvió de la libertad de una república democrática para atacar a este gobierno y a sus hombres más salientes. Bajo su pluma, la comedia resultó una verdadera fuerza de opinión, semejante al periodismo político de los tiempos actuales.

Aristófanes es considerado el más grande de los autores de comedias de su época justamente por el uso que hizo de este género: utiliza la comedia para hacer pensar al pueblo en medio del conflicto del Peloponeso, y eso no es poca cosa. Crea un equívoco obsceno muy gracioso, usando la risa y el sexo de una manera totalmente desprejuiciada, con personajes muy bien construidos y divertidos, y de esta manera consigue que su público reflexione y cuestione los valores más sagrados de su cultura.