La nueva organización del desgobierno; Alejandro Nieto

Administración pública. Gobierno. Presupuestos nacionales

  • Enviado por: Enrique Parra
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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COMENTARIO A:

LA “NUEVA” ORGANIZACIÓN DEL DESGOBIERNO

GRUPO 1E4 . ECONOMIA

LA “NUEVA” ORGANIZACIÓN DEL DESGOBIERNO

El comentario de este libro ha sido realizado sobre la edición reformada de La organización del desgobierno actualizada y nuevamente publicada bajo el título de La “nueva” organización del desgobierno.

Ante la imposibilidad de localizar la edición original, he de reconocer que el libro a comentar refleja muchas de las corrupciones y problemática de nuestros días, que quizás el título anterior no contenía. También quiero decir que es muy posible que en la edición de 1984, muchos temas que ahora, para mí, resultan comprensibles y acabados, no estuvieran siquiera citados en la anterior edición; así como muchos otros aspectos hayan sido eliminados o yo no haya conocido su existencia, siquiera como problemas.

En la “nueva” organización del desgobierno parece que no haya muchas cosas realmente nuevas. He observado que el desgobierno existente en la actualidad no es muy distinto del que yo empecé a conocer a través de la lectura de los periódicos. Me ha llamado la atención la capacidad del autor para hablar sobre la falta de gobierno en casi todos los estamentos de la Administración Pública sobre los que he adquirido recientemente los primeros conocimientos.

Y reconozco que las ideas que yo tenía, previas a mis estudios, sobre la organización del poder, no difieren gran cosa de lo reflejado en este libro. Siempre me pregunté cómo un ministro podía ejercer todas sus funciones, seguir con sus funciones y además vivir. No sé si realmente lo que se dice de los gobernantes será totalmente cierto, siempre seguiré pensando, hasta que sea ministro, que existirá alguna razón de peso para que uno tras otro, y a lo largo de los años, pasando por diferentes tendencias políticas, se siga trabajando del mismo modo.

Como joven que soy, tengo muy grandes aspiraciones, y hasta antes de pasar este rato con el profesor Nieto pensaba que algún día podría cambiar algo, ya que desde hace muchos años sufro en mis propias carnes el régimen funcionarial. Ahora veo que debo dirigir mi camino hacia otro sector -por supuesto en privado- o me veré en la obligación de fundar un partido político o dar un golpe de estado, aunque vista la historia todavía me quedan mis dudas.

También me ha impactado un capítulo en especial, sobre cuyo tema he trabajado mucho en los últimos meses: Las decisiones de gobierno y su ejecución. Siempre me pregunté si tanta descentralización e integración sería finalmente más eficaces que perjudiciales. Demasiadas actuaciones semejantes en diferentes planos jerárquicos, demasiadas revisiones, intervenciones, controles, etc. , entre las diferentes estructuras de gobierno. La ejecución de todas las decisiones tomadas por los diferentes mandos no son menos jocosas que las propias tomas de decisión. Eso sí, infinitamente mas complicadas y duraderas -del orden de cuatro a seis años-.

Mucho más grave que todo este desgobierno de la centralización/descentralización, me ha parecido los temas referidos a los presupuestos nacionales, cuentas del estado y en definitiva, a las arcas del pueblo. Me ha parecido despreciable que, suponiendo que es verdad lo leído en este libro, las solicitudes de todas las organizaciones administrativas sean realizadas siguiendo los mecanismos que aquí se describen: Programas “previsibles”, futuras ampliaciones de personal, supuestas inversiones de “milagrosa” rentabilidad, y todo ello sin saber a ciencia cierta el destino final de los fondos solicitados; a lo que debemos sumar el “maravilloso” concepto “presupuestos consolidados” y lo que ello implica.

Por otra parte, querría analizar la actitud de la generación anterior a la mía, personas jóvenes y con aspiraciones parecidas a las mías, que habrán visto su gozo en un pozo y que a saber si ahora estarán ya dentro de la dinámica funcionarial, intentando incrementar su estatus por “vía administrativa” con grandes comidas, hoteles de lujo, mil reuniones y comisiones por doquier o todavía estarán luchando por que las cosas funcionen dentro de su pequeña organización administrativa, ya que la de mis padres queda dentro de ese cambio desde el Estado centralizado al Estado del bienestar. Aunque he de reconocer que no me gustaría retroceder treinta años, me pregunto si materialmente la organización estaría tan descalabrada o, mejor dicho, funcionarían peor las cosas que como lo hacen ahora.

Respecto a los capítulos referentes a la mera administración pública, es decir, a la relación que podamos tener los administrados, he de decir que me ha sorprendido la sorpresa del autor ante esta situación. Mi relación con la actividad pública comenzó hace aproximadamente diez años y, sinceramente, yo no conozco otra cosa. Yo no me llevaría una sorpresa cuando debiera recoger cuatro instancias en cuatro ventanillas diferentes para llevarlas a cuatro sitios distintos y todo ello para la misma cosa; y que luego me manden a hablar con una quinta persona a causa de mis protestas porque no tienen una grapa y tenga que volver al día siguiente. Realmente parece que estamos en los tiempos de Larra y su “Vuelva usted mañana”.

O como dice el profesor Nieto, en la “cultura de tirada de manta”. En la cultura donde los dossieres durante años frenados se aceleran repentinamente, donde los detectives privados y servicios de escuchas telefónicas van a aparecer en las `páginas amarillas', donde ver la paja en el ojo del hermano y no la viga en el propio parece el lema de cada partido político. Lo siento, tampoco me sorprende. El último cambio político ha sido el primero que he vivido, todo mi conocimiento anterior está basado en dicha cultura; y cada vez que lo pienso agradezco que me haya tocado todavía joven y conservo la esperanza de que si algún día me toca directamente un cambio ideológico gubernamental, mi permanencia dependa de mi trabajo y no de mis amigos ni de mis compañeros de comidas.

Y lo único en lo que disiento del autor es en las esperanzas -pocas, eso sí- de que este nuevo gobierno mantenga un mínimo básico de dignidad en el poder, y que no tengamos que vivir ni los votantes ni los no votantes el desgobierno que ha padecido y que aún padece España, y que en algunos años las generaciones venideras podamos volver a organizar el gobierno.