La interpretación de los sueños; Sigmund Freud

Psicoanálisis. Interpretación. Problemas oníricos. Sueño. Deseo. Literatura científica

  • Enviado por: MaríaJosé Bravo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas

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LOS SUEÑOS

El procedimiento utilizado por Freud en la interpretación de los sueños se basa en la psicoterapia. Comienza siguiendo las asociaciones que se enlazan a cada uno de los elementos del sueño, separado de la totalidad, llegando hasta una serie de pensamientos y recuerdos en los que se pueden reconocer valiosas manifestaciones de la vida anímica de la persona a la que corresponde. El sueño estaba desprovisto de todo interés y era incomprensible, en cambio, mientras que se va desarrollando los pensamientos, se va experimentando intensos y fundados movimientos afectivos y los pensamientos mismos van formando cadenas lógicamente eslabonadas, en las cuales se repiten terminadas representaciones. Por lo tanto, se puede crear una teoría sobre los sueños, la cual les concede como una especie de sustitutivos de aquellas series de pensamientos tan significantes a las cuales se pueden llegar después de haber analizado al mismo.

Por la reacción del contenido latente (material correspondiente hallado por medio del análisis del sueño) al manifiesto (el sueño, tal y como aparece en nuestro recuerdo), los sueños pueden dividirse en tres categorías. Distinguiremos en primer lugar aquellos que poseen un sentido y que al mismo tiempo son comprensibles (generalmente son sueños infantiles en los que se realizan deseos estimulados durante el día y no cumplidos). Tales sueños, breves en general, son muy frecuentes y no despiertan nuestra atención al no causarnos extrañeza o asombro. Un segundo grupo está formado por aquellos sueños que, aunque poseen un claro sentido, nos causan extrañeza por no saber cómo incluir dicho sentido en nuestra vida. Al tercer grupo pertenecen aquellos sueños que carecen de ambas cualidades; sentido y comprensibilidad, y se nos muestran incoherentes y sin sentido. Son en estas dos últimas categorías de sueños, donde surgen aquellos enigmas que no desaparecen, no siendo así en los sueños de la primera categoría pues, en ellos, no existe elaboración.

Los adultos, raras veces tienen sueños tan sencillos como los infantiles, pues generalmente son confusos y faltos de sentido. Se supone que en dichos sueños se ha verificado una transformación al sustituirse una idea por una visión en presente. La elaboración del sueño gusta preferentemente de representar por medio de un solo producto mixto dos ideas contrarias.

En los sueños complicados y confusos, lo más importante de las ideas resulta que no se halla representado en el que recordamos, o lo está de forma clara e imprecisa. Por medio del análisis, llegamos a adquirir datos seguros sobre dos discutidos problemas de los sueños: sus estímulos y su conexión con la vida despierta, observando la preferencia en el contenido del sueño por los sucesos que a lo largo del día despreciamos.

A su vez, entre el material psíquico de las ideas latentes se encuentran regularmente recuerdos de sucesos impresionantes, que se relacionan con frecuencia con la más temprana niñez; pero el contenido del sueño no consta exclusivamente de situaciones, sino que encierra fragmentos aislados de cuadros visuales, discursos y hasta trozos de ideas. Si de todo ello ha de nacer un sueño, surge que este material psíquico debe sufrir una comprensión, que lo condensa; una ruptura y un desplazamiento internos, que crean nuevas superficies. Dada la fuente de este material, debe darse a un tal proceso el nombre de regresión. Los lazos lógicos, que hasta ahora habían mantenido unido el material psíquico, se pierden en esta transformación, de la cual surge el contenido del sueño. Al análisis restablece la conexión destruida por la elaboración.

La transformación directa de un objeto en otro parece representar en el sueño una relación de causa efecto. La alternativa no es expresada jamás por el sueño, el cual toma en este caso los dos miembros de la misma como igualmente justificados y los incluye en el mismo contexto. Las ideas contradictorias son representadas en un único elemento. La oposición entre dos ideas, la relación de inversión se halla representada en su contrario. Una sola de las relaciones lógicas, la de analogía, comunidad o coincidencia, es aceptada por el mecanismo de la elaboración del sueño, el cual se sirve de estos casos como punto de apoyo para la condensación, reuniendo en una nueva unidad todo aquello que muestra tal coincidencia. Finalmente, el absurdo en el sueño significa contradicción o burla en las ideas latentes.

Además, hay otra actividad incluida en la elaboración del sueño que actúa posteriormente sobre el contenido del sueño ya formado. Su función es la de ordenar los componentes del sueño de manera que se reúnan aproximadamente para formar una totalidad, una composición soñadora.

Por lo tanto, si sostenemos nuestra definición de que el concepto “elaboración del sueño” significa la traslación de las ideas del sueño al contenido del mismo, tendremos que decirnos que dicha elaboración no es, en modo alguno, creadora: no desarrolla ninguna fantasía propia, no juzga ni concluye nada y su función se limita a condensar el material dado, desplazarlo y hacerlo apto para la representación visual, actividades a las que se agrega el último trozo, inconstante, de elaboración interpretativa.

Todos los sueños, tantos aquellos que se muestran comprensibles y presentan un claro sentido, como los sueños oscuros y confundidos son realizaciones disfrazadas, o no, de deseos reprimidos. Por su carácter de realización de deseos se dividen los sueños en tres clases: en primer lugar, aquellos que muestran francamente un deseo no reprimido. En segundo, los que exteriorizan disfrazadamente un deseo reprimido, y en tercer lugar, aquellos otros que, si representan un deseo reprimido, lo hacen sin disfraz alguno o con un disfraz insuficiente. Estos últimos sueños suelen presentarse acompañados de angustia, sensación que acaba por interrumpirlos.

Para concluir este apartado, podemos decir que si calificamos el contenido del sueño como la exposición de un deseo realizado y atribuimos su oscuridad a las transformaciones impuestas por la censura, los sueños son los protectores del dormir.

LA LITERATURA CIENTÍFICA SOBRE LOS

PROBLEMAS ONÍRICOS

Antiguamente, los autores no consideraban el sueño como un producto del alma soñadora sino como inspiración de los dioses, y señalaban ya en ellos las dos corrientes contrarias que habremos de hallar siempre en la estimación de la vida onírica. Se distinguían dos especies de sueños: los verdaderos y valiosos, enviados al durmiente a título de advertencia o revelación del porvenir, y los vanos y engañosos, cuyo propósito era desorientar al sujeto o causar su perdición. La concepción precientífica de los antiguos sobre los sueños se hallaba seguramente de acuerdo con su concepción del Universo, en la que acostumbraban proyectar como realidad en el mundo exterior aquello que sólo dentro de la vida anímica la poseía.

  • Relación del sueño con la vida despierta.

El ingenuo juicio del individuo despierto, acepta que el sueño ha raptado al durmiente a otro mundo distinto. La inmensa mayoría de los autores concibe, sin embargo, la relación de sueños con la vida despierta en una forma totalmente opuesta. Ellos, pueden incluso afirmar que, por extraño que sea lo que el sueño ofrezca, ha tomado él mismo sus materiales de la realidad y de la vida espiritual que en torno a esta realidad se desarrolla. Por singulares que sean sus formaciones, no puede hacerse independiente del mundo real, y todas sus creaciones, tanto las más sublimes como las más ridículas, tiene siempre que tomar su tema fundamental de aquello que en el mundo sensorial ha aparecido ante nuestros ojos o ha encontrado en una forma cualquiera un lugar en nuestro pensamiento despierto; esto es, de aquello que ya hemos vivido antes exterior o interiormente.

  • El material onírico. La memoria en el sueño.

Que todo el material que compone el contenido del sueño procede de lo vivido y es recordado en el sueño, es cosa generalmente reconocida y aceptada. Sin embargo, sería un error plantar una mera comparación del sueño con la vida despierta para evidenciar la relación existente entre ambos. Todo aquel que haya dedicado alguna atención a estas materias, tiene que reconocer como un fenómeno muy corriente este de que el sueño testimonie poseer conocimientos y recuerdos de los que el sujeto no tiene la menor sospecha en su vida despierta. Una de las fuentes de las que el sueño extrae el material que reproduce, es de la vida infantil.

La más singular y menos comprensible peculiaridad de la memoria en el sueño, se nos muestra en la selección del material reproducido, pues se considera digno de recuerdo no lo más importante, como sucede en la vida despierta, sino, por lo contrario, también lo más indiferente e insignificante. La conducta de la memoria del sueño es de altísima importancia para toda teoría general de la memoria. Nos enseña que nada de aquello que hemos poseído una vez espiritualmente puede ya perderse por completo.

El sueño no nos muestra nunca la repetición de un suceso vivido. Toma como punto de partida un detalle de alguno de estos sucesos, pero representa luego una laguna, modificada la continuación o la sustituye por algo totalmente ajeno; sin embargo, también aquí hallamos excepciones en las que el sueño reproduce un suceso al igual que pudiera hacerlo nuestra memoria en la vida despierta.

  • Estímulos y fuentes de los sueños.

Existe una teoría que considera a los sueños como consecuencia de una perturbación del reposo. No hubiéramos soñado si nuestro reposo no hubiese sido perturbado por una causa cualquiera, y el sueño es la reacción a dicha perturbación. La totalidad de las fuentes oníricas puede dividirse en cuatro especies; división que ha servido también de base para clasificar los sueños en:

  • Excitación sensorial externa (objetiva): los estímulos que llegan a nosotros durante el reposo pueden muy bien constituirse en fuentes de sueños, pero para ello, es necesario que sea suficientemente fuerte, precisa y duradera y que, por nuestra parte, dispongamos de tiempo para realizar la necesaria reflexión.

  • Excitación sensorial interna (subjetiva): no dependen de casualidades exteriores; pero, en cambio, presentan el inconveniente de que su actuación como estímulos oníricos no resulta susceptible, o sólo con grandes dificultades, de aquella comprobación que la observación y el experimento nos proporcionan en las primeras. Para su creación, dice Maury, es necesaria cierta pasividad anímica, un relajamiento de la atención. Pero hasta que caigamos por un segundo en un tal letargo para percibir, cualquiera que sea nuestra disposición de momento, una alucinación hipnagógica después de la cual podernos despertar, volver a aletargarnos, percibir nuevas alucinaciones hipnagógicas y así sucesivamente, hasta que acabamos por conciliar, ya profundamente, el reposo. Si en estas circunstancias despertamos de nuevo al cabo de un intervalo no muy largo, podremos comprobar, según Maury, que en nuestros sueños durante dicho intervalo han tomado parte aquellas mismas imágenes percibidas antes como alucinaciones hipnagógicas.

  • Aquello que en la vida despierta sólo por su calidad percibimos oscuramente como sensación general vegetativa. y a lo que, según la opinión de los médicos, colaboran todos los sistemas orgánicos, devendría por la noche, llegando a su máxima intensidad y actuando con todos sus componentes, la fuente más poderosa y al mismo tiempo más común de la evocación de imágenes oníricas.

  • Fuentes de estímulo puramente psíquicas: sabemos que tanto los investigadores más antiguos como los más modernos han opinado que los hombres sueñan con aquello de que se ocupan durante el día y les interesa en su vida despierta; pero también hemos hallado una opinión contraria: la de que el sueño aparta al hombre de los intereses del día y que, por lo general, sólo soñamos con nuestras más intensas impresiones diurnas cuando las mismas han perdido ya para la vida despierta el atractivo de la actualidad. Resulta, pues, que conforme vamos penetrando en el análisis de la vida onírica, se nos va imponiendo la idea de que seria equivocado establecer reglas de carácter general. Los intereses diurnos no presentan, pues, como fuente onírica psíquica, todo el alcance que nos hacía esperar la afirmación de que cada uno de nosotros continúa en el sueño aquello que le ocupa en la víspera.

    • ¿ Por qué olvidamos al despertar nuestros sueños?

    Es proverbial que el sueño se desvanece a la mañana. Ciertamente es susceptible de recuerdo, pues lo conocemos únicamente por el recuerdo que de él conservamos al despertar, pero con gran frecuencia creemos no recordarlo y haber olvidado la mayor parte de su contenido.

    Al igual que en la vida despierta, en la que solemos olvidar rápidamente un gran número de sensaciones y percepciones a causa de la debilidad de las mismas, ocurre con las imágenes oníricas; olvidamos las débiles y, en cambio, recordamos otras más fuertes próximas a ellas. De todos modos, el factor intensidad no es seguramente el decisivo, pues podemos encontrar a autores, que reconocen que a veces olvidamos rápidamente imágenes oníricas de las que recordamos que fueron muy precisas, mientras que entre las que conservamos en nuestra memoria se encuentran otras muchas débiles y desdibujadas. Por otra parte, retenemos mejor lo que percibimos repetidamente.

    La facilidad con que nuestra conciencia despierta los olvidos, corresponde al hecho de que el fenómeno onírico no toma casi nunca, de la vida diurna, una ordenada serie de recuerdos, sino sólo detalles aislados, a los que separa de aquellas conexiones psíquicas. Por último, hemos de atribuir el olvido de los sueños al escaso interés que en general les concede el sujeto.

    • Las peculiaridades psicológicas del sueño.

    • El sueño piensa predominantemente en imágenes visuales, aunque no deje de laborar también con imágenes auditivas, en menor escala con las sensaciones de los demás sentidos.

    • El sueño sustituye pensamientos por alucinaciones. La transformación de las representaciones en alucinaciones no es la única forma en que el sueño se desvía del pensamiento de la vida despierta al que quizá corresponde. Con estas imágenes, dramatiza una idea.

    • Los sentimientos éticos en el sueño.

    Con la misma seguridad que unos muestran al afirmar que el sueño ignora toda aspiración moral, sostienen otros autores que la naturaleza moral del hombre perdura también en la vida onírica. La hipótesis de que la personalidad moral del hombre desaparece en el sueño debiera despojar a sus partidarios de todo interés por los sueños inmorales, permitiéndoles además rechazar la posibilidad de exigir por ellos una responsabilidad al sujeto o atribuirle perversos sentimientos, con la misma tranquilidad que la equivalente de deducir la carencia de valor de los rendimientos intelectuales del sujeto en la vida despierta. En cambio, aquellos otros autores, para los cuales se extiende al fenómeno onírico el dominio del imperativo categórico, deberían aceptar sin limitación alguna la responsabilidad del sujeto con respecto a sus sueños.

    • Teorías oníricas y función del sueño.

    La antigua creencia de que los sueños eran enviados por los dioses para dirigir los actos de los hombres constituía una teoría completa que explicaba todo lo que en el fenómeno onírico presenta interés.

    • Relaciones entre el sueño y las enfermedades mentales.

    Aquellos que hablan de las relaciones del sueño con las perturbaciones mentales pueden referirse a tres cosas: 1ª. A relaciones etiológicas y clínicas, cuando un sueño representa o inicia un estado psicótico o queda como residuo del mismo; 2ª. A las transformaciones que la vida onírica sufre en los casos de enfermedad mental y 3ª. A relaciones internas entre el sueño y la psicosis: esto es, a analogías reveladoras de una afinidad esencial.

    Al esforzarnos en esclarecer el enigma de los sueños, laboramos también en el esclarecimiento de las psicosis.

    EL MÉTODO DE LA INTERPRETACIÓN ONÍRICA

    La hipótesis de que los sueños son interpretables lo sitúa ya enfrente de la teoría onírica dominante e incluso de todas las desarrolladas hasta el día.

    La opinión profana se ha preocupado siempre de “interpretar” los sueños, intentándolo por dos procedimientos esencialmente distintos. El primero toma el contenido de cada sueño en su totalidad y procura sustituirlo por otro contenido, compresible y análogo en ciertos aspectos. Es ésta la interpretación simbólica de los sueños, que naturalmente, fracasa en todos aquellos que a más de incomprensibles se muestran liosos y confusos. El segundo de los métodos populares, pudiéramos calificarlo de método descifrador, pues considera el sueño como una especie de escritura secreta, en la que cada signo puede ser sustituido, mediante una clave prefijada, por otro de significación conocida. Lo esencial de este procedimiento es que la labor de interpretación no recae sobre la totalidad del sueño, sino separadamente sobre cada uno de los componentes de su contenido. Los sueños incoherentes y confusos son con seguridad los que han incitado a la creación del método descifrador.

    Para poder aplicar a un paciente el método de interpretación, deberemos exigirle una intensificación de su atención sobre sus percepciones psíquicas y una exclusión de la crítica, con la que acostumbra seleccionar las ideas que en él emergen. Se comienza provocando un estado que tiene de común con el de adormecimiento anterior al reposo. De este modo, las representaciones involuntarias que emerjan se convertirán en voluntarias. Los primeros ensayos de aplicación de este procedimiento nos enseñan que el objeto sobre el que hemos de concentrar nuestra atención no es el sueño en su totalidad, sino separadamente cada uno de los elementos de su contenido. Tendremos, pues, que presentarle el sueño fragmentariamente, y entonces producirá, con relación a cada elemento, una serie de ocurrencias que podremos calificar de “segundas intenciones” de aquella parte del sueño. Este procedimiento no es tan cómodo como el del popular método “descifrador”, que traduce todo contenido onírico dado conforme a una clave fija: pero es más certero, pues un mismo sueño puede presentar diferentes sentidos, según quien lo sueñe o el estado individual al que se relacione, detalles tenidos en cuenta este último procedimiento explicado.

    EL SUEÑO ES UNA REALIZACIÓN DE DESEOS

    LA DEFORMACIÓN ONÍRICA

    Siguiendo el método de la interpretación onírica, hallamos que el sueño tiene realmente un sentido, y no es, en modo alguno, como pretenden los investigadores, la expresión de una actividad cerebral fragmentaria. Una vez llevada a cabo la interpretación completa de un sueño, se nos revela éste como una realización de deseos.

    El sueño es un acabado fenómeno psíquico, y precisamente una realización de deseos: debe ser incluido en el conjunto de actos comprensibles de nuestra vida despierta, y constituye el resultado de una actividad intelectual altamente complicada.

    Fácilmente puede demostrarse que los sueños evidencian frecuentemente, sin disfraz alguno, el carácter de realización de deseos y evidencian sin disfraz alguno su contenido. Son éstos, en su mayor parte, sueños sencillos y cortos, que se apartan, para descanso del investigador, de las embrolladas y exuberantes composiciones oníricas, que han atraído casi exclusivamente la atención de los autores. Los sueños de forma más sencilla habrán de ser, indudablemente, los de los niños, cuyos rendimientos psíquicos son, con seguridad, menos complicados que los de personas adultas.

    Pero también observadores han hecho resaltar la circunstancia de que en los sueños son más frecuentes el dolor y el displacer que el placer. Pero, ¿se ha intentado interpretar estos sueños y descubrir el contenido ideológico latente de los mismos? Desde luego, no; y por tanto, no pueden alcanzarnos ya las objeciones citadas, y cabe siempre la posibilidad de que también los sueños penosos y los de angustia se revelen después de la interpretación como realizaciones de deseos.