La huella ecológica

Problemática ambiental. Desarrollo sostenible. Consumo energético

  • Enviado por: Jose Enrique Jiménez Y Manel Sales
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
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ÍNDICE

1. Introducción

  • Introducción

  • Economía convencional y economía ecológica

  • Gracias al progreso, los seres humanos han desarrollado en el último siglo un espectacular aumento en la calidad de vida en ciertas regiones del planeta. Una de las bases de este envidiable estatus ha sido, sin duda, la aplicación de las teorías económicas convencionales, maximizadoras del beneficio e impulsoras de la competitividad y la innovación tecnológica. Pero un examen más concienzudo de la situación nos descubre que la realidad no es todo lo brillante que aparentemente parece. Es más, podemos ver que existen graves desequilibrios. Así, mientras en ciertos países la obesidad es el principal problema sanitario, en muchos otros hay gente que, literalmente se muere de hambre. Análogamente, mientras unos países consumen una parte desproporcionada de los recursos naturales, otros ven limitado su acceso a ellos y sus posibilidades de progreso. Parece, por tanto, que algo falla en los esquemas económicos que imperan en la actualidad. Y la preocupación aumenta al analizar las consecuencias que sobre el planeta ha tenido este progreso: contaminación, pérdida de biodiversidad...

    Estas inquietudes han contribuido a la formación de una rama de la economía que pretende tener en cuenta que formamos parte de la naturaleza y que nos debemos atener a sus reglas y respetarla para asegurarnos nuestra propia supervivencia en el futuro. Es lo que se conoce como economía ecológica.

    La crítica básica que se dirige a la economía convencional es que ésta se basa en un flujo circular de valores comerciales (flujo monetario) a través de las relaciones a las que da lugar, manteniéndose impermeable a los flujos físicos y ecológicos que toda la actividad económica genera. Es decir, la economía se ve a sí misma como un sistema circular autolubricado con el dinero indefinidamente, pero desde la economía ecológica se remarca que en realidad es un subsistema abierto y creciente, dentro de una entidad cerrada y fija como es la Tierra. Recurriendo a las leyes termodinámicas se define al sistema económico como un sistema altamente ordenado y dinámico que mantiene su crecimiento aprovechando la energía y los recursos naturales (de baja entropía) y devolviéndolos, después de su uso, en formas altamente entrópicas y poco aprovechables (energía disipada, contaminación). Llegamos pues, a un punto en el que el consumo económico excede al ingreso natural, provocando un continuo agotamiento del capital natural, que es el factor que provoca los problemas ambientales que padecemos.

  • Sostenibilidad y necesidad de indicadores

  • En este contexto de desigualdades y problemáticas ambientales, ha ganado mucho peso un concepto que trata de conciliar el progreso con la realidad física y socioeconómica en la que nos encontramos, este concepto es la sostenibilidad. Por tanto, se habla de desarrollo sostenible como aquel que satisficiera nuestras necesidades sin comprometer las de nuestros descendientes. Por las pruebas existentes, parece poco claro que nuestro modelo de desarrollo sea sostenible indefinidamente tanto a nivel ambiental como social. Es por ello necesario un cambio que nos permita alcanzar la sostenibilidad y asegurarnos nuestra supervivencia y la de las especies con las que compartimos el planeta.

    El camino hasta los nuevos modelos sostenibles será largo y dificultoso y aún nos encontramos en una etapa primigenia. En estos momentos el trabajo consiste en desarrollar los marcos teóricos de la sostenibilidad y definirlos adecuadamente. Convienen diferenciar entre sostenibilidad débil, que es aquella en que mantenemos el capital, pero transformando si es necesario el capital natural en capital monetario; y sostenibilidad fuerte, en la que la idea es mantener o mejorar la condición del capital natural. Desde el punto de vista de la calidad ambiental parece preferible la sostenibilidad fuerte como base para desarrollar nuevas políticas. Para fundamentar la sostenibilidad fuerte es necesario desarrollar unos indicadores que nos den una visión del estado físico del ambiente, es decir, que no sean transformables a unidades monetarias, como tampoco lo son los servicios y los seres vivos de la biosfera. Estos indicadores nos permiten determinar sin ambages las dimensiones de los problemas ambientales a los que nos podemos enfrentar. Ejemplos de estos indicadores son: 1) el HANPP, que nos mide la parte de la producción vegetal mundial de la cual nos apropiamos (actualmente un 40%); 2) el MIPS y los análisis de ciclo de vida, que muestran la “mochila” ecológica de los productos y servicios que consumimos, es decir, todo lo que suponen desde la fase de extracción hasta su disposición como residuos desde el punto de vista ambiental; 3) el EROI, que nos da una idea de la eficiencia energética, comparando los aumentos en los inputs con los que se dan en los outputs; y 4) la huella ecológica, que es el núcleo de este trabajo. Este indicador nos permite computar el espacio ecológico que una población humana realmente ocupa. En el siguiente apartado lo definimos extensamente.

    El uso conjunto de estos indicadores, que tienen en común unas unidades de medida puramente físicas (de energía, de superficie...) nos ayuda a clarificar los efectos a que cada población humana da lugar en la biosfera y, a partir de ello, podemos analizar en que puntos hemos de incidir con más fuerza para alcanzar una sostenibilidad real.

    Esto es especialmente importante en los análisis sobre sostenibilidad urbana, ya que podemos ver hasta que punto las ciudades modernas, en las que se concentra buena parte de la población mundial, están alejadas del equilibrio con el medio ambiente del que dependen y al que afectan.

  • La huella ecológica

  • Introducción. Definición y aplicaciones

  • Tradicionalmente la sociedad, en general, ignora que forma parte de una realidad física como lo es nuestro planeta. Esta ignorancia es fruto principalmente de la situación propiciada por el modo de vida actual, que considera la naturaleza y la humanidad como entidades independientes. En base a las repercusiones de la actividad humana sobre el medio ambiente es poco creíble que naturaleza-humanidad sean consideradas por separado. Debido a esta interdependencia, surge la necesidad de establecer métodos, indicadores que aproximen los impactos negativos que la sociedad pueda provocar en el medio.

    En este contexto es conveniente utilizar un término más aplicado en las ciencias biológicas como es la capacidad de carga. La Ecología define la capacidad de carga como la máxima población de una especie que se puede mantener indefinidamente sin degradar la base de recursos del ecosistema en el que habita. Considerando la capacidad de carga para la especie humana, podemos aplicar una nueva definición, similar a la anterior:

    Capacidad de carga humana se entiende “como las tasas máximas de utilización de recursos y generación de residuos (la carga máxima) que puedan sostenerse indefinidamente sin deteriorar progresivamente la productividad e integridad funcional de los ecosistemas dondequiera que estén”.

    A partir de esta definición podemos llegar a un indicador que nos ayuda a estimar el capital natural necesario para el mantenimiento sostenible de la sociedad humana, este indicador es conocido como la huella ecológica que se define según sus autores como

    “el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población determinada con un nivel de vida específico de forma indefinida, sea donde sea que se encuentre esta área”

    De esta manera se despejan las dudas que pudiéramos tener acerca de la indivisibilidad de la relación humanidad-naturaleza. La huella ecológica también nos permite cuantificar la magnitud del impacto ambiental asociado tanto al crecimiento de la población como a las actividades humanas consumidoras de recursos y generadoras de cantidades insostenibles de residuos. Este impacto ambiental se cuantifica comparando el área geográfica ocupada por la población con el área natural necesaria para mantener dicha población indefinidamente.

    El resultado de esta comparación sugiere que generalmente “la localización ecológica de los asentamientos humanos ya no coincide con su localización geográfica”. Este desequilibrio territorial es debido a la apropiación por parte de los citados asentamientos de servicios energéticos y materiales proporcionados por territorios alóctonos.

    La diferencia entre la huella ecológica y el espacio ocupado por la población se acentua debido a un incremento del consumo de energía y materia facilitado sobretodo por las innovaciones tecnológicas y la globalización del comercio.

    Estos dos factores han sido reforzados políticamente, bajo la creencia de que una combinación de ambos nos permitiría aumentar los límites ecológicos del crecimiento; pero la realidad es otra bien diferente, porque el análisis de los resultados de la huella ecológica confirma la existencia de un déficit ecológico, consecuencia de la importación neta de capacidad de carga por parte de los países más desarrollados. Así, llegamos a la conclusión de que extender el modelo de desarrollo occidental a nivel mundial, nos conduciría a una situación en la que todos los países serían importadores de capacidad de carga. Tal situación nos lleva directamente a una contradicción ya que sobrepasaríamos de largo la capacidad de carga del planeta.

    Por tanto, para alcanzar la sostenibilidad es necesario que el crecimiento económico disminuya, tanto en intensidad material como energética. Este argumento es reforzado con el uso de indicadores como la huella ecológica, que permiten a los países “computar sus cargas ecológicas reales sobre la ecosfera y controlar sus balances comerciales, ecológicos y termodinámicos” garantizando que los flujos agregados no superen la capacidad de carga global.

  • Métodos de cálculo

  • La huella ecológica es un indicador cuyas unidades son de superficie. Para llegar a estas unidades partiendo de datos referidos al consumo son necesarias dos premisas:

  • Que se puedan contabilizar físicamente los recursos que consumimos

  • Que estos inputs puedan traducirse a áreas biológicamente productivas.

  • El cálculo de la huella ecológica se realiza, por tanto, encontrando las hectáreas necesarias para asegurar el suministro de los artículos de consumo y la absorción de los residuos que nuestra actividad genera. Para encontrar esta área apropiada per cápita (aa) por cada bien de consumo (i), debemos dividir la media anual de consumo de cada artículo [ (c) en kg/cápita ] por su productividad anual por hectárea ( p en kg/ha); es decir:

    aai = La huella ecológica

    Veamos un ejemplo para entender mejor esta metodología. En el año 1996 los catalanes consumieron una media de 100,47 kg de verduras/cápita, sabiendo que la productividad de este tipo de cultivos es de 24.648 kg/ha, podemos encontrar fácilmente las hectáreas necesarias para suministrar este bien a cada habitante de Catalunya:

    La huella ecológica

    La forma de calcular el consumo per cápita se basa en dividir el consumo agregado por el tamaño de la población. En ocasiones muchos artículos de consumo incorporan inputs de procedencia diversa, en este caso es conveniente calcular las áreas apropiadas para cada input separadamente. Por otra parte, como consumo anual entendemos el obtenido a partir del valor de la producción local a la que se restan las exportaciones (ya que correspondería a áreas autóctonas de las que se apropian otras regiones) y sumar las importaciones (áreas alóctonas de cuya productividad nos apropiamos).

    El cómputo de la huella ecológica total per cápita (he) se realiza sumando todas las áreas ecosistémicas apropiadas (a) por cada artículo (i) del cesto de la compra anual de bienes y servicios de consumo. Es decir,

    La huella ecológica

    De esta forma encontramos las hectáreas necesarias para:

  • El consumo de productos forestales

  • El consumo de alimentos (agrícolas, ganaderos, pesqueros)

  • La construcción

  • El consumo energético directo, estimado a partir del área necesaria para absorber las emisiones de CO2 que supone tal consumo.

  • Una vez obtenida la huella ecológica total per cápita sólo debemos multiplicar su valor por el tamaño de la población para obtener la huella ecológica (HE) de la población estudiada. Es decir, HE = N * (he)

    El valor de HE se puede comparar con la capacidad de carga de esa región (también en unidades de superficie) y deducir si las hectáreas utilizadas sobrepasan las disponibles. De esta forma, por ejemplo, podemos escoger una ciudad y calcular las veces que tenemos que multiplicar su área real para igualarla con el área que necesita para abastecerse (el valor de este múltiplo comúnmente oscila entre 100 y 200).

  • Limitaciones

  • Los estudios sobre huella ecológica son aún muy recientes, por lo que todavía presentan ciertos déficits que deben tenerse en cuenta.

    En primer lugar debemos considerar que los datos publicados sobre valores de la huella ecológica están subestimados. Podemos llegar a esta conclusión fácilmente observando que no todos los bienes de consumo han podido ser computados por falta de datos sobre los flujos de energía y materiales que suponen. Además en ocasiones la extrapolación a unidades de superficie es extremadamente complicada o poco representativa. Este hecho es notorio en el apartado de emisiones. A parte del CO2 producimos muchos otros compuestos difícilmente traducibles a hectáreas de terreno. Podemos hablar en este punto de los residuos tóxicos, químicos o radioactivos, que no pueden ser asimilados. ¿Cómo pueden contabilizarse en unidades de área? Podríamos pensar en el área necesaria para almacenarlos indefinidamente, pero ¿recogeríamos así todos los impactos ambientales que suponen? Son igualmente difíciles de contabilizar procesos complejos como el agujero de la capa de ozono, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la lluvia ácida...

    Frecuentemente el cálculo del área necesaria para el consumo energético únicamente tiene en cuenta factores de productividad que transforman directamente el consumo energético en las hectáreas necesarias para absorber el CO2, sin discriminar en función de las diversas fuentes energéticas utilizadas, asumiendo que todo el consumo es de combustibles fósiles. Pero de esta forma no tenemos en cuenta las implicaciones de la energía nuclear, ni el agotamiento de los recursos no renovables, por ejemplo. En lo que se refiere al consumo de energía de origen renovable, algunos autores optan por estimar su huella en función del área que ocupan las instalaciones (placas solares, parques eólicos, embalses...).

    En el apartado de la huella de los alimentos es importante remarcar que hasta ahora la mayoría de estudios no han tenido en cuenta los problemas asociados al uso de técnicas agrícolas, ganaderas y pesqueras agresivas, que apliquen por ejemplo pesticidas, ingeniería genética, redes de arrastre... De esta forma las explotaciones más intensivas al ser también más productivas tendrán una menor huella que explotaciones tradicionales, más respetuosas con el medio ambiente y más sostenibles.

    El valor de la productividad que utilicemos también puede ser conflictivo, ya que si nos referimos a medias mundiales podemos perder representatividad, por la existencia de posibles y amplias diferencias locales. Pero si generalizamos el uso de valores locales podemos encontrarnos con que los países más ricos importen recursos de los lugares más productivos del mundo para minimizar su huella ecológica, mientras que los países más pobres se quedarían con las áreas menos productivas lo que les supondría una mayor huella.

    Paralelamente, debido al método de cálculo de la huella ecológica, basado en restar las exportaciones y sumar las importaciones podría darse la situación en la que un país, con la intención de minimizar su huella ecológica adoptase una política basada en la producción de artículos de alto contenido energético, destinados a la exportación, de forma que disminuyeran su huella.

    Un último aspecto a mencionar es que con frecuencia los resultados de los estudios de este tipo que se aplican a ciudades se presentan comparando la huella de la ciudad con la extensión que ocupa. En esta situación parecería que una ciudad compacta tiene un impacto mayor que una dispersa. Pero debemos tener en cuenta los problemas asociados a los asentamientos humanos dispersos (más ocupación del territorio, favorecimiento del transporte privado frente al público...) antes de plantearnos cual de las dos opciones da lugar a una mayor impacto.

  • Algunas huellas ecológicas calculadas

  • Los resultados de los cálculos de huella ecológica realizados hasta ahora en distintos países o regiones muestran que nos dirigimos hacia una situación que no parece sostenible, ya que la mayoría de países desarrollados ocupan un espacio ecológico sensiblemente superior a su área geográfica. En este contexto es paradigmático el caso de países como Holanda o Japón, que si bien son económicamente prósperos, arrastran un peligroso déficit ecológico.

    A continuación presentamos una tabla con los datos obtenidos para distintos países clasificados en función de su huella ecológica, en la que se pueden observar los importantes déficits ecológicos que arrastran, a pesar de que, como hemos visto, los cálculos de la huella ecológica están más bien subestimados.

    País

    Suelo ecológicamente productivo per cápita

    (en ha)

    Déficit ecológico nacional per cápita

    (en ha)

    Déficit ecológico nacional per cápita

    (en %)

    Países con huella

    de 2-3 ha (1)

    Japón

    0,24

    1,76 (2-0,24)

    730 (1,76/0,24)*100

    Corea

    0,19

    1,81

    950

    Países con huella de

    3-4 ha (2)

    Austria

    0,85

    2,15

    250

    Bélgica

    0,20

    2,80

    1400

    Francia

    0,78

    2,22

    280

    Alemania

    0,34

    2,66

    780

    Holanda

    0,15

    2,85

    1900

    Países con huella

    de 4-5 ha

    Canadá (4,3 ha)

    15,19

    10,89*

    250*

    EUA (5,1 ha)

    2,81

    2,28

    80

    Fuente: William E. Rees en Ecología Política 12

    (1) Suponemos una huella de 2 ha

    (2) Suponemos una huella de 3 ha

    * Se trata de excedente debido a la gran extensión de este país.

  • Otros indicadores territoriales de sostenibilidad

  • Existe una serie de indicadores territoriales de sostenibilidad, en su mayor parte asociados al valor de la huella ecológica, que nos ayudan a entender mejor la situación ambiental en la que se encuentra una región. A continuación se presentan las correspondientes definiciones:

    • Planetoide Personal: Es la huella ecológica per cápita.

    • La Justa Porción de Tierra: El territorio ecológicamente productivo disponible per cápita en la Tierra. En 1995 era de alrededor de 1,5 ha. Análogamente la Justa Porción de Océano (ecológicamente productivo, plataforma litoral y estuario, divididos por el total de población) es poco más de 0,5 ha.

    • Déficit Ecológico: El nivel de consumo de recursos y descarga de residuos de una economía o población definidas que excede la producción natural sostenible de la región o localidad y a su capacidad administrativa. También es la diferencia entre la huella ecológica de la población y el área geográfica que ocupa.

    • Brecha en la Sostenibilidad: Es una medida de la disminución del consumo (o del incremento de la eficiencia material y económica) requerida para eliminar el déficit ecológico.

  • Caso práctico: Revisión del cálculo realizado para Barcelona

  • Antecedentes

  • Este ejemplo de aplicación de la huella ecológica en una ciudad, en este caso Barcelona, ha sido elaborado recientemente por Anna Prat i Noguer bajo la dirección de Ferran Relea, como representante del Ayuntamiento de Barcelona.

    Se trata de un trabajo innovador, debido a que la aplicación de este indicador principalmente ha sido utilizada a escalas territoriales más amplias (regiones, países...) y no como en el presente trabajo a nivel urbano.

  • Método empleado

  • El cálculo de la huella ecológica de la ciudad de Barcelona se ha estimado a partir del valor de la huella ecológica calculado para toda Catalunya. Se ha recurrido a este resultado debido a que los datos disponibles están a nivel catalán. Por tanto, partiendo de los resultados de la huella ecológica catalana y teniendo en cuenta la población de Barcelona se ha estimado directamente el valor de la huella ecológica total de la ciudad.

    El método de cálculo utilizado a nivel catalán se basa en el propuesto por los autores de la huella ecológica y que se ha explicado anteriormente. Una vez recogidos los datos necesarios, éstos se han distribuido en dos matrices en las que se aplicaban los factores necesarios para obtener los resultados en función de cada artículo de consumo y con las unidades apropiadas.

    En la primera matriz se calcula el consumo de suelo asociado al consumo de alimentos, productos forestales y bienes obtenidos de otros cultivos. En la segunda matriz se calcula el área necesaria para absorber el CO2 emitido en el consumo directo de los productos energéticos o producido en la manufacturación de los bienes consumidos.

    Finalmente, ambas matrices se unen obteniendo una tabla con los resultados finales, que expresan las hectáreas de terrenos productivos que consume cada catalán y que se aproximan para Barcelona a partir de su número de habitantes.

  • Aspectos innovadores

  • Tomando como referencia el método propuesto por los autores de la huella ecológica vemos como en este trabajo se han introducido una serie de modificaciones. En primer lugar, en el cálculo de la matriz energética no se han utilizado los factores de productividad que transforman directamente el consumo energético en hectáreas de terreno. En cambio, se han utilizado, en primer lugar, unos factores de emisión (diferentes para cada fuente energética) que transforman el consumo en kg de CO2 emitido, discriminando así aquellas actividades que dan lugar a más emisiones. El valor del CO2 emitido se ha transformado a cantidad de terreno necesario aplicando factores de absorción del CO2 calculados anteriormente en Catalunya. Por otra parte, la estimación de la huella ecológica para el consumo de energía renovable se ha realizado a partir del área ocupada por las instalaciones que la generan (parques eólicos y solares, embalses...).

    Se ha completado el cálculo con la introducción de nuevos aspectos locales a tener en cuenta. De esta forma, se han incluido las áreas necesarias para absorber la producción de residuos sólidos urbanos de la ciudad, calculando el área necesaria para absorber el CO2 equivalente emitido por el vertedero del Garraf y la incineradora de Sant Adrià (que reciben la mayoría de estos residuos) y cuyo valor es de 0,12 ha/cápita. Otro aspecto innovador que se ha tenido en cuenta son los costes asociados al aprovisionamiento de agua potable que requiere la ciudad (área ocupada, consumo energético para transportar el agua, coste de oportunidad de no tener el agua para otros usos...). En este caso, únicamente se ha computado el área necesaria para proveer de agua a la ciudad, obteniendo un resultado de entre 0,02 y 0,05 ha/cápita.

  • Resultados y limitaciones

  • De los cálculos realizados con las matrices obtenidas se desprende un valor de la huella ecológica de alrededor de 3,2 ha/cápita para cada habitante de Catalunya, resultado que se extrapola para la ciudad de Barcelona, teniendo en cuenta los aspectos locales anteriormente mencionados (residuos, agua potable).

    Desglosando el resultado, observamos que cada catalán consume 2,1 ha de terreno anualmente sólo para alimentarse, siendo los productos que más contribuyen a este valor el pescado y la carne (en especial la de cordero). Pero el consumo concreto que más contribuye a la huella ecológica de Catalunya, y en especial de Barcelona, es el de combustibles de origen fósil (alrededor de 1 ha/cápita).

    Tomando el valor de 3,2 ha/cápita para Barcelona podemos calcular que la huella ecológica total de la ciudad es de 4900000 hectáreas, que equivale a unas 500 veces el valor de la extensión física de la ciudad.

    Pero este resultado también contiene unas limitaciones que deben ser tenidas en cuenta. Estas limitaciones son, principalmente, los descritos anteriormente, que se extienden a todos los trabajos actuales sobre huella ecológica y que nos deben hacer pensar que los cálculos están subestimados. Por otra parte, existen otros aspectos concretos a tener en cuenta en este caso que pueden distorsionar los resultados que se han obtenido. Estas limitaciones más concretas se deben principalmente a que el valor de la huella ecológica para la ciudad se ha estimado a partir del referido para Catalunya, lo que nos lleva a pensar que no reflejará exactamente las pautas de consumo características de una urbe de las dimensiones de Barcelona. Además los datos para Catalunya eran incompletos, faltando los referidos al comercio interior. Por otra parte, la población considerada para Barcelona ha sido la población censada, sin tener en cuenta que el área y la población funcional real de la ciudad sobrepasan estos límites administrativos.

  • Conclusiones

  • Hemos visto que la huella ecológica es un indicador que nos ayuda a entender mejor la situación real (la situación ambiental) en la que la humanidad se encuentra en su camino hacia la sostenibilidad. Está claro que es un indicador imperfecto y que necesita ser refinado. Aún así, las aplicaciones de este tipo de indicadores son amplísimas, ya que podemos ver en que está fallando nuestra sociedad, desde el punto de vista ambiental a diferentes escalas: local, regional, global.

    Pero para que estos estudios sean útiles es necesario que las autoridades los tomen en consideración como base desde la que diseñar políticas ambientales que aumenten el respeto hacia el medio natural y hacia nosotros mismos. En este contexto es especialmente importante la implicación de la autoridades locales, capaces de introducir con más efectividad las medidas necesarias. Para que esta implicación se dé es imprescindible voluntad política, pero también estudios como el que hemos comentado que analiza la huella ecológica de una ciudad como Barcelona, y que demuestra claramente que sobrepasamos lo que ecológicamente nos correspondería, y que muestra también cuáles son los aspectos en los que arrastramos un mayor déficit ecológico (consumo energético, pautas alimentarias...) que son en los que las políticas ambientales deberían incidir con más fuerza.

    Viejas ideas, nuevas visiones

    En un marco redistributivo la huella ecológica puede ayudar a determinar la deuda ecológica de los países más ricos hacia los más pobres y establecer una base para las obligadas compensaciones que se les deben a estos países. Es curioso recordar que el concepto de la huella ecológica es similar al espacio vital de Hitler, que fue la base de la Segunda Guerra Mundial. Análogamente vemos como nos encontramos en una “guerra” con el planeta en la actualidad, debido a que la huella ecológica / espacio vital de la sociedad excede lo que la Tierra puede soportar. El uso de herramientas como la huella ecológica, que nos hace ser conscientes de nuestra absoluta dependencia hacia el medio ambiente, debe ayudar a que no perdamos esta “guerra”, cuya derrota tendría unas consecuencias impredecibles.

  • Bibliografía

    • Rees, William E., 1996 “Indicadores territoriales de sostenibilidad”, artículo publicado en la revista Ecología Política 12, págs. 27-40

    • Wackernagel, Mathis, 1996 “¿Ciudades sostenibles?” , artículo publicado en la revista Ecología Política 12, págs. 43-49

    • Prat i Noguer, Anna, 1998 “Aplicació de la Petjada Ecològica a Barcelona: resum dels càlculs i reflexions sobre els resultats” , trabajo a publicar en 1999

    Capital natural: Stock de activos naturales que produce un flujo de valiosos bienes y servicios (no necesariamente monetarizables) para el futuro.

    Acrónimo de Human Appropiation of Net Primary Production

    Acrónimo de Input Material por Unidad de Servicio

    Acrónimo de Energy Return of Energy Input

    William Rees en Ecología Política 12, pág. 33

    Los autores son M. Wackernagel y W. Rees, definición extraída de Ecología Política 12, pág., 34

    William Rees en Ecología Política 12, pág. 33

    Territorios alóctonos: Aquellos localizados más allá de los límites geográficos de la zona estudiada.

    William Rees en Ecología Política 12, pág. 39

    Anna Prat “Aplicació de la Petjada Ecològica a Barcelona”

    Mathis Wackernagel en Ecología Política 12, pág. 43

    Anna Prat

    William Rees en Ecología Política 12, pág.36

    William Rees en Ecología Política 12, pág. 34

    De próxima publicación

    11