La hipnosis

Ciencia psicoloógica. El Mesmerismo. Profesor Ossterwald. Concepto y definición. Logros: trance, visiones, catalepsia, amnesia y regresiones

  • Enviado por: Loreto
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 5 páginas
publicidad
publicidad

“HIPNOSIS”

UNA VIEJA CIENCIA AL SERVICIO DE UNA NUEVA HUMANIDAD

La Hipnosis: Una vieja ciencia al servicio de una nueva Humanidad

Ya desde hace 3.500 años los egipcios utilizaban una terapia muy parecida a la hipnosis como herramienta médica. Pero es a partir del siglo XVIII cuando comienza a ser utilizada de forma abierta, a raíz del descubrimiento del "magnetismo animal", por el suizo Franz Anton Mesmer. Este hombre utilizaba varios métodos de curación "magnética", uno de ellos consistía en una gran cubeta de madera con una barra metálica central en posición vertical, y llena de agua. En ella introducía a varios pacientes unidos por sus manos y en contacto con el metal, mientras un coro de niños cantaba música religiosa y se oían campanas. Evidentemente este método tenía mucho de misterioso y efectista, pero hay que decir que Mesmer curó a mucha gente. Sus hazañas médico-esotéricas fueron investigadas por la Academia de medicina de París, que llegó a reconocer dichas curaciones.

Los Orígenes: El Mesmerismo

La hipnosis y el magnetismo son tan antiguos como el ser humano y han existido en todas las culturas, desde sus orígenes hasta la actualidad. En la antigua Grecia había templos dedicados al sueño. Los druidas y los sacerdotes, cuando la medicina tenía una función sacerdotal, empleaban la hipnosis en su trabajo terapéutico.

La hipnosis moderna surgió de la mano de Anton Mesmer, nacido en 1734 en Weiller, Alemania. En 1766 leyó su tesis doctoral de medicina en la Universidad de Viena sobre la influencia de los planetas en el cuerpo humano. En esta tesis quería demostrar la existencia de un fluído sutil procedente del cosmos que penetraba en todos los cuerpos y llenaba el universo (teoría muy parecida a la del prana hindú). A esta supuesta fuerza le dió el nombre de "magnetismo animal", con la finalidad de asociarlo con la fuerza de los imanes. Su intención era demostrar que el cosmos, las estrellas y los planetas ejercían una gran influencia sobre nuestra salud. También investigó sobre la utilización terapéutica de los imanes.

En 1773 consiguió su primer éxito, al curar a una chica con convulsiones aplicándole unos imanes sobre el estómago y los muslos. Su tratamiento sobre la parálisis del Profesor Ossterwald (Presidente de la Academia de Ciencias de Munich, y sus querellas con un jesuita, Hell, que le acusaba de plagiar su forma de tratamiento, empezaron a darle fama y reputación. Poco a poco llego a la conclusión de que los imanes sobraban y que simplemente con la imposición de manos era suficiente como para transmitir el "fluído". En 1775 escribió "Carta a un médico extranjero" en la que explicaba sus curaciones.

Sus colegas médicos comenzaron a enfrentársele de forma muy hostil, sobre todo cuando estalló el escándalo de la Srta. Paradies, pianista particular de la Emperatriz María Teresa, a la que trataba de ceguera en su clínica vienesa. Hay dos versiones sobre lo que ocurrió. La primera dice que la convirtió en su amante una vez curada y que cuando su padre fue a buscarla se produjo un altercado que acabó en duelo, lo cual cegó de nuevo a la muchacha. La segunda versión dice que, una vez curada, fue rechazada por la Emperatriz, ya que decía que no tocaba el piano como antes, con lo que, por el disgusto, le volvió la ceguera. Está claro, en cualquier caso, que la damisela sufría de una ceguera histérica.

Este escándalo hizo que Mesmer tuviera que abandonar Viena y trasladarse a París. Se estableció en lo que actualmente es el numero 16 de la Plaza Vendôme y su éxito fue inmediato, por lo que su clientela aumentó de tal manera que tuvo que pensar algún sistema que le permitiera atender a varias personas al mismo tiempo. Lo único que necesitaba era tocar a los enfermos, bien con la mano, bien con una varita de vidrio o de hierro, siguiendo la teoría de la polaridad, según la cual polos de carga contraria calman al paciente, mientras que los de la misma carga lo enferman. Para potenciar más su acción, empleaba también objetos magnetizados, por ejemplo, su famosa cubeta, de la que da una descripción el Marqués de Puységur: "El fondo de la cuneta está compuesto de botellas colocadas entre sí de un modo peculiar, llenas de agua magnetizada. Por encima de estas botellas se pone agua hasta una cierta altura. De la cuneta salen varillas de hierro, una de cuyas extremidades toca el agua mientras que la otra, terminada en punta, se aplica a los enfermos. Una cuerda, en comunicación con el depósito magnético y el común, une a todos los enfermos, unos a otros, lo que, en caso de existir una circulación del fluido o de movimientos, sirve para establecer el equilibrio entre ellos. Los pacientes se aplican, pues, sobre la parte enferma varillas de hierro y se atan unos a otros con cuerdas. En este ambiente peculiar, todos esperan más o menos un milagro. Después, se oye un piano forte acompañado a veces de cantos; otras veces, lo que se oye es una armónica y el maestro hace entrada vestido con un traje de seda lila, impasible, olímpico, hierático, llevando en las manos una larga varilla de hierro con la que toca a los enfermos. Los mira fijamente para magnetizarlos e impone sus manos sobre sus espaldas o su vientre".

Otro autor, Bailly, cuenta lo que sucedía después: "Algunos enfermos no experimentan nada; otros escupen, sienten un calor universal y sudan. Los hay que se agitan atormentados por convulsiones, que son extraordinarias por su número, duración y fuerza. A veces duran más de tres horas y están caracterizadas por movimientos involuntarios y precipitados de todos los miembros y del cuerpo entero, gritos, llantos, hipos y risas inmoderadas. Las precede o sigue un estado de languidez o de ensoñación; una especie de abatimiento e incluso de adormecimiento". Añade Bailly: "Hemos observado que, entre los enfermos en crisis, hay siempre muchas mujeres y pocos hombres; que estas crisis tardaban una o dos horas en producirse y que, cuando se producía una, todas las demás comenzaban sucesivamente y en poco tiempo".

En realidad, lo que se nos está describiendo es una típica crisis histérica, ya que la mayor parte de los clientes de Mesmer era histéricos, pero, aún así, su éxito fue enorme. Compró el Hotel de Bouillon, en el que instaló cuatro cunetas que funcionaban las 24 horas del día, una de ellas gratuita para los pobres. Esta cubeta tenía menos efectos que las demás, curaba menos, aunque tuvo un éxito arrollador, por lo que se vió obligado a magnetizar un tilo que existía al final de la Rue du Coq-Héron, lugar al que se ataban las multitudes esperando que ocurriera el milagro. Las curaciones, en cualquier caso, se repetían por medio de crisis colectivas. Mesmer pensaba que las crisis convulsivas eran imprescindibles para que se produjera cualquier curación y acusaba a la medicina oficial de impedir, con sus medicinas, que se produjeran espontáneamente. Los enfermos lloraban, se revolcaban por el suelo, se golpeaban violentamente contra el suelo, por lo que Mesmer hizo acolchar una habitación a la que eran conducidos los enfermos con el fin de evitar que se produjeran heridas.

El Hotel Bouillon se convirtió en el centro social de París y todas las damas y caballeros (incluida la Reina María Antonieta) acudían a recibir sus sesiones, algo que era considerado de buen gusto: "era de buen tono reservar para la tarde en el Bouillon y para la noche una butaca en el teatro", dice Barrucand. Durante dos años Mesmer trató de convencer a sus colegas de la bondad de su método sin conseguirlo, a pesar del éxito obtenido en la corte, rodeado siempre de Duques, Condes y Marqueses. En 1779 Mesmer publicó "El descubrimiento del magnetismo animal", obra en la que relata sus experiencias. Poco a poco su fama se fue extendiendo por Francia y por los países vecinos. Sus discípulos comenzaron a extenderse por doquier.

Para forzar el reconocimiento de su método, Mesmer, dotado de un gran sentido escénico, anunció que se marchaba de Francia, tratando de obtener una respuesta inmediata de la Corte. Estuvo durante algunas semanas en Spa, algunos financieros fundaron la "Sociêté magneto-thérapique", con 140 alumnos. Esto hizo que Mesmer volviera a París y, por fin, vendiera su famoso secreto, ocultado durante años. Luis XVI nombró dos comisiones para que estudiaran el magnetismo animal. ¿Sus conclusiones? Las describe Bailly: "Habiendo demostrado por medio de experiencias decisivas que la imaginación sin magnetismo produce convulsiones y que el magnetismo sin imaginación no produce nada, nada prueba la existencia del fluido magnético animal". Mesmer se enfadó, pero no pudo recobrar la confianza de la gente nunca más, por lo que se retiró a la pequeña ciudad de Mersbourg. Murió el 5 de marzo de 1815.

Las teorías mesméricas continuaron con una serie de personajes bastante curiosos, como el Abate Faria, el Marqués de Puysegur, Cagliostro y el Conde de Saint Germain. a esta etapa de la historia de la hipnosis se le conoce como "Precientífica".

El 12 de abril de 1929, el Doctor Cloquet realizó una mamectomía bajo hipnosis profunda con éxito. A partir de esa fecha, se practicaron infinidad e intervenciones quirúrgicas bajo hipnosis, teniendo en cuenta, que por entonces no existía aún la anestesia química. Todas estas operaciones tuvieron éxito, se hicieron sin dolor y no tuvieron complicaciones postoperatorias.

El inventor de la palabra hipnotismo fue el Dr. James Braid. El creía en la gran fuerza sanadora de la hipnosis. pensaba que el sueño hipnótico se producía por el cansancio ocular al mirar fijamente los ojos del terapeuta o un objeto luminoso.

Pero fue a finales del siglo XIX cuando esta disciplina cobró importancia en el mundo científico de la época. En el Hospital de La Salpetrie de París, un famoso psiquiatra, el Dr. Charcot, venía realizando espectaculares curaciones de sujetos diagnosticados de locura, pero que en realidad eran histéricos. Charcot reunió en sus clases magistrales a la flor y nata de las clases pudientes del París de finales de siglo, políticos, juristas, obispos, científicos y damas elegantes acudían a la "gran maravilla de la ciencia". Entre estos personajes estaba Sigmund Freud, alumno aventajado. Al sur del país, en Nancy, dos médicos iban a dar un gran salto adelante en la utilización de la hipnosis; por un lado el Profesor Berheim, muy famoso en su época, y por otro un humilde médico de pueblo, Liébault, ambos trataron a más de mil personas con todo tipo de enfermedades, con los que lograron grandes resultados. La hipnosis se extendió por toda Europa, convirtiéndose en una herramienta indispensable en la medicina oficial. Esto fue así hasta que Freud, que visto aprendió esta técnica con Charcot, y después de practicarla durante años la desechó por considerarla de escaso valor terapéutico y sustituyéndola por el psicoanálisis invención suya.

Durante casi dos decenios la hipnosis quedó relegada en beneficio del psicoanálisis, ambas disciplinas se convirtieron en mortales enemigas, o mejor dicho, los defensores de ambas.

Un dramático suceso precipitó la vuelta de esta terapia, la Primera gran Guerra. La ingente cantidad de heridos, principalmente soldados aquejados de lo que se dió en llamar la neurosis de guerra, hizo imposible el tratamiento masivo desde el punto de vista psiquiátrico, por otro lado, las autoridades militares necesitaban de nuevo a los combatientes cuanto antes en los campos de batalla. Es entonces cuando dos psiquiatras ingleses, Wingfield y Hadfield experimentan con soldados traumatizados una herramienta hipnótica denominada remoción directa del síntoma consistente en volver a traer a la mente consciente los sucesos que provocaron el trauma, con lo cual muchos de ellos sanaban.

A partir de entonces la hipnosis ha sido reconocida por la medicina y psicología oficial. Países como USA, Gran Bretaña, Italia, Rusia, Argentina y otros permiten la práctica legal de la misma, así como la enseñanza en centros universitarios.

¿Qué es la Hipnosis?

Desde el siglo pasado se ha intentado explicar el fenómeno hipnótico, cada estudioso ha dado su interpretación subjetiva. Se le ha comparado a la sugestión, a una histeria provocada, al sueño, etc.

No es sugestión puesto que se puede hipnotizar sin ella , por ejemplo mirando un objeto luminoso.

No es sueño, por varias razones; en el sueño casi todos los reflejos están inhibidos, mientras que en la hipnosis permanecen; los registros electroencefalográficos son distintos, en la hipnosis se pueden inducir dinamismos sensorio-motores, en el sueño no.

Hay interpretaciones, que todavía están en vigor en algunos sectores que no tienen un sustento científico, como son la hipótesis parapsicológica, que pretende derivar el trance hipnótico de supuestas energías que pasan del terapeuta al paciente. Otra hipótesis es la atávica que dice que el efecto o trance hipnótico es un mecanismo antiquísimo arraigado en la psique del hombre y que le servía para protegerse, parecido al mimetismo de ciertos animales. Otra teoría obsoleta explicaba que el trance es un mecanismo de emulación, etc, etc.

En la actualidad se cree que la hipnosis es un especial estado psicofisiológico de carácter dinámico en el cual se establece una relación de especial carácter entre paciente e hipnólogo, de manera que éste induce en el primero fenómenos psíquicos, somáticos y vegetativos.

Se sabe que en el trance hipnótico se inhiben ciertas concentraciones neuronales del córtex, a la vez que se estimulan otras.

Para los psicoanalistas la hipnosis está relacionada con la regresión y la transferencia

Efectos y características del fenómeno hipnótico.

El fenómeno hipnótico produce una serie de modificaciones en el individuo:

•Inercia psicomotora. Inexpresividad facial. Catalepsia ocular. Mirada fija y vacía.

•Pasividad general motora y psíquica.

•Aumento de la sugestibilidad.

•Disminución del ritmo respiratorio, y a veces cardiaco, así como hipotensión.

•En el estado sonambúlico se produce una amnesia total.

¿Qué se puede lograr con la hipnosis?

En un trance hipnótico, además de los fenómenos descritos anteriormente, y que se producen de forma espontánea, podemos inducir:

•Amnesia o hiperamnesia, que es útil en hipnoanálisis.

•Anestesia e hiperestesia.

•Modificar el ritmo cardiaco y respiratorio.

•Catalepsia.

•Visiones y sensaciones auditivas.

•Regresión de Edad.

•Variados fenómenos paranormales: clarividencia, precognición, retrocognición, desdoblamiento psíquico, etc.

•Estigmas.

•Modificaciones del sistema inmunitario.