La hija del Adelantado; José Millá y Vidaurre

Novela histórica. Autor guatemalteco. Iniciador de la narrativa. Seudónimo Salomé Jil

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El Romanticismo

Después de la Revolución Francesa en Europa inicia un nuevo período donde el sistema político presenta cambios; la forma del estado no es determinante ya que es posible gobernar un país con monarquía constitucional o parlamentaria, o crear una república; lo interesante es el papel del estado que se torna liberal y permite la Revolución Industrial y Liberal y con ello viene una transformación social, económica y política, creándose así elementos dominantes tales como la clase social burguesa, el capitalismo y como ideología el liberalismo.

El Romanticismo es un movimiento artístico que ejerció una influencia absolutamente predominante en varias manifestaciones del arte y la cultura en Europa, especialmente la literatura, la música y la pintura desde fines del Siglo XVIII hasta mediados del Siglo XIX.

La expresión se origina en la palabra francesa “roman”, o romance, cuya traducción más adecuada sería novela; pero el adjetivo romántico, tiene un origen bastante antes al auge del movimiento, y se vincula a la época final de la culminación de las novelas de caballería. Se considera que fue en Inglaterra, hacia mediados del siglo XVII, que la expresión “romantic” se empleó como una referencia a un tipo de obra literaria que, por los elementos de ficción y fantasía, resultaba parecida a las “novelas”, que en esa época eran las pastoriles o de caballería.

A este movimiento artístico se le vincula con la evolución de los sucesos históricos y sobre todo con el surgimiento del nacionalismo como fenómeno político occidental. Después de la Revolución Francesa y Norteamericana se impulsaron corrientes de pensamiento liberal, republicano y antimonárquico, también existió oposición al bonapartismo y a las ideas republicanas.

Y es así como algunos grandes políticos e intelectuales liberales comienzan a escribir y surge esta corriente literaria; donde el nacionalismo operó esencialmente en el plano de los sentimientos antes que de la racionalidad; promoviendo ideas que impulsaron tanto a la valorización de los idiomas, como al cultivo de las costumbres tradicionales y folklóricas. Pero también contribuyó al desarrollo del concepto de la Nación, como centro determinante de la existencia de un Estado y de un Gobierno propio y soberano.

En este sentido, no puede perderse de vista que los nacionalismos europeos, algunos provenientes de épocas anteriores, pero que en todo caso se afianzaron y consolidaron a partir de la Batalla de Waterloo, constituyeron una poderosa fuerza emotiva y colectiva, que movió pueblos. La reivindicación del espíritu nacional (Volkgeist), la manifestación de ese espíritu en las creaciones del pueblo y en los grandes poetas y la oposición al clasicismo francés favorecieron el cultivo de literaturas nacionales modernas o románticas.

El Romanticismo en literatura significa libertad, en la elección de la forma y en la elección del contenido. Se trata de una literatura revolucionaria por cuanto supone la liquidación de la norma clásica. En la poesía se vio la aparición de nuevas formas como el lied alemán, la balada o el poema dramático. En el teatro el drama nuevo exige una libertad que sólo se había alcanzado en la obra de Shakespeare, y en casi todos los países europeos es producto entre otros factores de un desarrollo del espíritu nacional y nacionalista que propugna la necesidad de suprimir la influencia extranjera y la importación del programa clásico procedente de Francia, y de crear una literatura nacional. De ahí que los temas históricos y nacionales desempeñen en este nuevo drama un papel de suma importancia, en la medida que se reivindica la propia identidad. Los románticos consideran que cada tema impone reglas particulares; es decir que la forma debe ser orgánica y no mecánica. Los temas los prefieren históricos y que expresen los derechos de los oprimidos, Shakespeare, Lope de Vega, Calderón o Schiller pasan a ser los modelos invocados.

    La nueva novela se convierte en un medio de describir sensaciones y pasiones, y se crea la novela histórica, cuyo maestro fue Walter Scott. El protagonista frecuentemente es el doble del autor, el cual penetra en su interior y describe sus sentimientos, al igual que recrea lo maravilloso, lo exótico o la aventura. Werther, de Goethe, fue para los románticos el modelo bajo la forma una novela-diario que penetra en la interioridad del personaje, comunica sus sentimientos, y los hace universales.

El Romanticismo entonces nace como un rechazo al Neoclasicismo, por presentar ese rigor y orden del siglo XVIII, los escritores románticos se dieron la libertad de mezclar géneros y versos de distintas medidas; en el teatro ya no se sigue la regla de las tres unidades de lugar, espacio y tiempo y se permite mezclar el drama y la comedia.

Este permite que el autor de la obra vierta todos sus sentimientos en ella, y de hecho da inicio con la expresión de insatisfacciones de un mundo limitante en cualquier ámbito. En éste género se permite que la naturaleza se fusione con el estado de ánimo del autor, ya que la muestran melancólica, tétrica, misteriosa, oscura o resplandeciente, a diferencia del neoclásico en el cual no se mostraba interés por el paisaje.

Este género se basa principalmente en situar los sentimientos dolientes y defraudados en lugares misteriosos y melancólicos, así como de situaciones fuera de lo común.

Ante el rechazo de la sociedad burguesa los románticos prefieren evadir sus circunstancias y prefieren escribir en épocas pasadas donde los ideales prevalecen inspirándose en lo exótico, su inspiración más frecuente era la época media y el renacimiento y como géneros más frecuentes escriben novelas, leyendas y drama histórico.

En cierto modo, el romanticismo representa un ejemplo más de la dinámica pendular de muchos movimientos culturales y del arte occidental; ya que contrapone al cuidadoso formalismo y al intelectualismo racionalista del barroco, el predominio de las emociones y de los sentimientos; al mismo tiempo que postula un alto grado de libertad formal.

En la literatura del romanticismo las creaciones artísticas resultan accesibles a un público promedio, y parte de su objetivo primordial era acercarse a las expresiones populares, recogiendo de alguna forma la tradición del romance medieval, las canciones contemporáneas y teniendo cierta aproximación a la naturaleza. De esta manera, el estilo característico de la literatura romántica en general, es la invocación de los sentimientos, especialmente aquellos de índole más individual y subjetiva como en particular el sentimiento amoroso; y un recurso a la imaginación creadora en el orden formal, particularmente en la poesía, sin regirse de las formas estrictas. Otro elemento característico de la literatura romántica, es la desaparición del personaje heroico, pasando a ocupar el lugar protagónico.

Los componentes que están implícitos en la literatura romántica, son principalmente el predominio del sentimiento sobre la razón, de la emoción sobre la lógica, de la intuición sobre la certidumbre de la ciencia.

El fundamento filosófico del romanticismo, es esencialmente de origen alemán, especialmente por las obras de autores como Fichte, Schelling y Hegel, que hicieron una intensa crítica del racionalismo del Siglo XVII. Ese movimiento filosófico conocido como el idealismo clásico, contiene elementos que luego fueron comunes en el romanticismo literario, especialmente una revalorización del sentimiento como fuerza espiritual.

El romanticismo no reniega de la racionalización en términos absolutos, pero sustenta que sobre todo a nivel del individuo, el sentimiento y la imaginación no solamente siguen siendo parte de la naturaleza, sino que los exalta como impulsos legitimantes de la acción, incluso a veces abiertamente en contra de los dictados de la razón y la prudencia.

En ese sentido, existe en las obras más representativas del movimiento romántico, una permanente dualidad, entre una actitud individual en que los sujetos centrales de las obras se sienten incomprendidos por un medio social al que se adjudica ser puramente materialista y pragmático; y una reacción ante ese sentimiento de desencanto, que en buena medida se orienta a postular ciertas utopías de la organización social. Tal como si la insatisfacción espiritual y la depresión anímica no se originaran en el propio interior del individuo, sino que fueran causadas por la “incomprensión” de la sociedad.

El romanticismo buscó purificar el instrumento idiomático como expresión de la identidad nacional, por otro lado se liberó fuertemente de las reglas rígidas estructurales de la versificación y en la estructura teatral de las tres “unidades” clásicas; y del mismo modo ocurrió con los instrumentos formales de otras formas artísticas como la música o la pintura. En general, la obra de arte fue estéticamente concebida como un instrumento para transmitir la interioridad personal del artista, más que como un objeto en sí misma.

El romanticismo, surgido en Alemania, se expandió por toda Europa y aún por América hispana. En Alemania existieron dos corrientes iniciales, conocidas como el “círculo de Jena” y “círculo de Heildeberg”. En el Reino Unido, se considera que el movimiento romántico se inició en 1800 con la publicación de las “Baladas líricas”, de los poetas William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge; en cuyo prólogo, que se considera el manifiesto literario del romanticismo, se destaca la importancia del sentimiento y de la imaginación en la creación poética. Pero la línea principal del romanticismo británico es la que representan Lord Byron y Kets.

Sin embargo, fue Francia uno de los principales reductos del romanticismo, especialmente a partir de 1815, el año de la Batalla de Waterloo en que fuera derrotado Napoléon; con nombres como Victor Hugo, Alfred de Musset, Alexandre Dumas, Lamartine, Chateaubriand, Mme. de Staël, y muchos otros. Esta última publicó en 1810 un libro titulado “Sobre Alemania” en que defendió enfáticamente la superioridad del romanticismo sobre el clasicismo. Consecuentemente con la costumbre de las épocas monárquica y del Imperio, existieron en París algunos lugares frecuentados por los intelectuales afines al romanticismo.

El movimiento romántico tuvo también fuerte manifestación en Italia, donde se vinculó a las corrientes de pensamiento nacionalista y de la unificación política, del llamado Rissorgimento. El nacionalismo fue asimismo una doctrina fuertemente asociada al romanticismo en Rusia, donde junto a autores como Gogol y Pushkin, se generó una importantísima producción de nacionalismo romántico en la música.

El Romanticismo significó un cambio de gusto de la época y de las teorías estéticas de la creación. Lo moderno frente a lo neoclásico, simbolizado en lo francés y en la imitación de los modelos antiguos. Lessing ataca el teatro francés clasicista, propone imitar a Shakespeare y crear un drama nacional. Herder defiende la existencia de un espíritu nacional ligado al idioma cuyo desarrollo es la historia de cada país; la manifestación de ese espíritu en las creaciones del pueblo y en los grandes poetas, sobre todo en la Edad Media cristiana. Afirma el nacionalismo y el populismo que Schiller practicaría en su teatro. En Inglaterra revive el interés por la mitología y tradiciones medievales escandinavas o celtas con Ossian y se cultiva un nuevo sentimiento ante la naturaleza con Wordsworth y Coleridge. Goethe, en Werther, dibuja el "mal del siglo", y en su Fausto, busca un sueño imposible de inmortalidad.

    F. Schlegel, contra la necesidad defendida por los neoclásicos de ajustar la creación a unas reglas o leyes, sostiene que la poesía crea sus propias normas pues es engendrada por la fuerza original invisible de la humanidad. Sigue a Schiller, que oponía la poesía ingenua y sentimental a la poesía objetiva. Esta tenía por objeto la perfección formal, que se conseguía a través de sus limitaciones, mientras la moderna y sentimental subordinaba lo formal al contenido, que era una aspiración al infinito.

En el romanticismo, en contraposición a la Ilustración, destaca los géneros líricos y dramáticos y se crean nuevos en narrativa, como la novela histórica, fruto del escocés Walter Scott, la novela gótica, la novela de ciencia ficción, la leyenda en prosa o verso, cultivado por Zorilla o Becquer.

El período romántico fue contemporáneo de los movimientos independentistas en Hispanoamérica. La importante corriente de viajeros a Europa entre los líderes de la revolución americana, así como los componentes liberales y nacionalistas de su contenido, impulsaron la difusión de los conceptos del romanticismo; aunque no tuvieron un firme asidero en la literatura, que prontamente adoptó otras líneas propias, de las cuales la más importante y pujante fue el modernismo.

Entre los principales literatos americanos inscriptos en el movimiento romántico, puede mencionarse al argentino José Mármol, argentino autor de la novela “Amalia”; al jurista venezolano Andrés Bello (1761-1865) autor de una “Oda a la agricultura de la zona tórrida” y que, habiendo vivido desde 1829 en Chile, en 1862 fundó allí la Universidad y redactó un importante Código Civil ; al colombiano Jorge Isaacs; y al norteamericano Wáshington Irving.

El Romanticismo prende también en las demás naciones hispanoamericanas, pero quizá con menos ímpetu que en Argentina. En Chile y Uruguay los exiliados argentinos crean núcleos literarios que in fluyeron en los escritores autóctonos. En el primer país, sobresalen los narradores José Victorino Lastarria (1817-1888) y Vicente Pérez Rosales (1807-1886), y el poeta Salvador Sanfuentes (1817-1860), mientras que en el segundo descuellan los poetas Adolfo Berro (1819-1841) y Juan Carlos Gómez (1820-1884), y el crítico Andrés Lamas (1817-1891).

En Cuba, la figura principal del período es Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), que vive casi siempre en España. Sus Poesías, publicadas por vez primera en 1841, cultivan el tema amoroso y, a veces, los acentos místicos. Compone varias novelas, como "Sab" (1841), de ambiente cubano, y "Guatimocín" (1846), sobre la conquista de México; y obras dramáticas, como "Saúl" (1849), "Recaredo" (1850) y "Baltasar" (1858). También cubanos son Diego Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por "Plácido" (1809-1844), fácil versificador, aunque parcamente imaginativo; José Jacinto Milanés (1814-1863), poeta y dramaturgo ("El conde Alarcos", 1838), y Cirilo Villaverde (1812-1894), cultivador de la novela "esclavista" en "Cecilia Valdés" (1839).

El Romanticismo en México se halla representado por los poetas Ignacio Ramírez (1818-1879), ministro en varias ocasiones, de lira inconformista, que populariza el seudónimo de "El Nigromante"; Guillermo Prieto (1 818-1897), de inspiración popular en la "Musa callejera" (1883); el autor teatral Fernando Calderón (1809-1845), con dramas, comedias de costumbres y tragedias, y los novelistas Manuel Payno (1810-1894), seguidor de Fernández de Lizardi en "Los bandidos de Río Frío" (1888-1891), y Luis G. Inclán (1816-1875), que narra la vida de los campesinos en "Astucia, el jefe de los Hermanos de la Hoja" (1865).

Entre los románticos venezolanos de la primera generación, la figura más destacada es la de José Antonio Maitín (1804-1874), distinguido poeta elegíaco. En Colombia, hay que citar a José Eusebio Caro (18171853), el cual, con versos brillantes y sonoros, trata los más variados temas, desde el amor a la política, pasando por la naturaleza y la filosofía, siempre con vigor y entusiasmo; es uno de los mejores poetas de su patria. No hay que olvidar al guatemalteco José Milla (18221882), conocido por "Salomé Jil", anagrama de su nombre, autor de novelas históricas y cuadros de costumbres.

A la segunda generación, romántica pertenecen los escritores que comienzan a publicar cuando el Romanticismo se ha asentado en Hispanoamérica. En Colombia, Gregorio Gutiérrez González (1826-1872), poeta sencillo y sobrio, imita en su juventud al español José Zorrilla; su poema más conocido y original, "Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia" (1866), versa sobre los trabajos agrícolas y está escrito en dialecto antioqueño. La larga obra de Rafael Pombo (1833-1912) presenta distintas tendencias, sin apartarse del. Romanticismo, desde el tono exaltado e inconformista de su primera época hasta la actitud más comedida y razonada de su madurez. Sus asuntos principales son el amor y la naturaleza, y sus composiciones más conocidas, las tituladas "La hora de las tinieblas"," Edda" y" En el Niágara".

El más destacado de los poetas chilenos es Guillermo Blest Gana (1899-1905), de acento melancólico, influido en su primera etapa por Alfred de Musset, al que traduce. Sus principales libros de versos se titulan "Mi viaje a ninguna parte" (1855) y "Armonías" (1884). Es también autor de novelas y dramas.

En México, descuellan los poetas Juan de Dios Peza (1852-1910),cultivador de los temas infantiles y domésticos en "Cantos del hogar" (1884); y Manuel Acuña (1849-1873), de fogoso temperamento que termina en el suicidio, autor, por ejemplo, del famoso "Nocturno", amoroso y apasionado.

En Perú, Manuel González Prada (1848-1918) se encumbra como la figura más destacada de su tiempo. Es temible polemista, crítico despiadado de la instituciones y la tradición, anarquista y partidario del indio. Su poesía recurre a gran variedad de versos y estrofas, ya que experimenta continuamente nuevas formas. Por este motivo está cerca del modernismo, si bien no suele considerársele uno de los precursores de ese movimiento. Sus libros de poemas exponen, en muchas ocasiones, sus ideas sociales y políticas, pero no desdeña el lirismo. De los nueve volúmenes que ocupa su producción, hay que destacar "Presbiterianas" (1909), "Exóticas" (1911) y "Baladas peruanas" (1915).

La poesía gauchesca argentina, que ha tenido su iniciador en Hilario Ascasubi, alcanza en la segunda mitad del siglo XIX la cima más alta con varios creadores de relieve. Estanislao del Campo (1834-1880) comienza imitando y replicando a Ascasubi, con el seudónimo de "Anastasio el Gallo". Su Fausto (1866) es el relato que hace un gaucho a sus amigos de la ópera de Gounod del mismo título que ha visto en un teatro de Buenos Aires. Resulta gracioso, aunque más folklórico que verdadero.

El máximo escritor gauchesco, José Hernández (1834-1886), poeta culto y de gran sensibilidad, emprende una ingente labor poética para dignificar al gaucho y dar auténtica nota nacional a la literatura argentina. Su "Martín Fierro", publicado en dos partes, la "Ida" en 1872 y "la Vuelta" en 1879, está escrito en octosílabos.

Muy distinta resulta la poesía del argentino Pedro Bonifacio Palacios, conocido por el seudónimo "Alma fuerte" (1854-1917). Su obra peca de defectuosa y aun de prosaica en ocasiones, y su voz suena destemplada; pero tiene fuerza de renovador, porque aporta los, temas sociales desconocidos en su tiempo. "Confiteor Deo" (1904), "Evangélicas" (1915), en prosa, y "Amorosas" (1917) son algunos de sus libros más celebrados.

La prosa romántica, en el momento de su plenitud, cuenta con insignes figuras. En Ecuador, Juan León Mera (1832-1894) publica una novela de argumento indígena, "Cumandá" (1879), muy celebrada en su época. Se resiente de su sentimentalismo, lindante con la sensiblería, pero tiene ciertos valores literarios, sobre todo las poéticas descripciones de la selva virgen y las costumbres de los indios jíbaros. Otros relatos de Mera son "Melodías indígenas" (1858) y "La virgen del Sol" (186 l), sobre la destrucción del imperio inca.

Juan Montalvo (1832-1889), también ecuatoriano, aparece como uno de los mejores estilistas hispanoamericanos. Escribe poemas, dramas y relatos, pero resalta en la producción de ensayos, en los que, alrededor de un pensamiento o idea, teje pequeñas obras maestras del estilo. Su obra más famosa se titula "Capítulos que se le olvidaron a Cervantes" (1885). Tiene apariencia de novela, pero intercala, y son lo más interesante en ella, varios ensayos. Libros suyos, dedicados íntegramente a los ensayos, se llaman, "Siete tratados" (1882) y "El espectador" (1886).

Un gran novelista de la época en Chile es Alberto Blest Gana (1 830-1920), hermano del poeta Guillermo, anteriormente citado. Influido por Balzac, cuya obra puede conocer a fondo durante una prolongada estancia en Francia, escribe novelas de aspecto romántico, en las que apuntan ciertos elementos realistas. En ellas presenta una especie de "comedia humana" de la vida chilena, aunque compuesta de bastantes menos obras que las del novelista francés. "La aritmética del amor" (1860), "Martín Rivas" (1862) y "El ideal de un calavera" (1863) son relatos de ambientes burgueses, en los que el dinero y el amor tienen la principal función; "Los trasplantados" (1904) refiere la historia de unos ricos hispanoamericanos en París, mientras que "El loco Estero" (1909) narra aventuras y amores en Santiago de Chile. Una excepción en la temática general de su creación, "Durante la Reconquista" (1897), se ocupa de los años de la guerra de la Independencia y se considera una de sus novelas más ambiciosas.

Carácter autobiográfico tiene la producción del argentino Lucio Victorio Mansilla (1831-1913), cuya "Excursión a los indios ranqueles" (1870) ofrece un valioso documento de la vida de los indios de la pampa, que el autor ha compartido.

Ricardo Palma (1833-1919), peruano, es el mayor romántico de su país. A pesar de que cultiva distintas formas literarias, encuentra su más certero medio de expresión en la prosa, y en particular en un género creado por él: el de la "tradición". Sus Tradiciones peruanas, en seis series, publicadas de 1872 a 1883, presentan un vasto cuadro de la historia del Perú, desde la época de los incas hasta los días del autor, con un desfile interminable de personajes, situaciones, costumbres, etc., si bien se detiene especialmente en el siglo XVIII. Sus fuentes son muy variadas: crónicas, leyendas, dichos y cuentos populares y sus experiencias personales. Su estilo amenísimo posee encanto singular que cautiva la atención del lector, su léxico, lleno de jugosos americanismos, da un aliciente más a la obra. Aparte las famosas Tradiciones, publica libros similares, como "Ropa vieja" (1889), "Cachivaches" (1899), etc.

Otro gran valor de la novela hispanoamericana como se dijo anteriormente es el colombiano Jorge Isaacs (1 837-1895), crea en "María" (1867), novela típicamente romántica, el relato de un tierno idilio amoroso, en el marco de una naturaleza descrita de manera poética. Tiene también valor costumbrista, sencillo y veraz alejado de lo folklórico. Por ello, y sobre todo por el análisis psicológico del amor de los protagonistas, María alcanza rotundo éxito en su tiempo y queda como uno de los mejores relatos románticos de América.

Novelista de este período es el mexicano Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893). Sus principales obras se titulan "Clemencia" (1869), plenamente romántica, sentimental, sobre los amores desgraciados de dos parejas, y "El Zareo" (1901), su novela más notable, romántica por unos elementos y realista por otros. Es la historia de las correrías de unos bandidos, con acertados estudios psicológicos de los personajes, lo cual la distingue del cúmulo de narraciones románticas. Mexicano también, y de menor importancia literaria que Altamirano, es su amigo Juan Díaz Covarrubias (1837-1859). Algunas de sus novelas presentan argumentos históricos o leve crítica social; no obstante, su obra maestra versa sobre costumbres, "El diablo de México" (1860).

De Santo Domingo es Manuel de Jesús Galván (1834-1911 ), autor de la novela histórica "Enriquillo" (1878-1882), a la que distinguen, además de los típicos elementos románticos, entre los que no falta la defensa del aborigen, la gran fidelidad a los hechos de la historia. La acción se sitúa en el primer tercio del siglo XVI, y uno de sus personajes es el padre Las Casas, defensor de los indios.

Novela del mismo género, con elementos realistas, "Juan de la Rosa" (1885) del boliviano Nataniel Aguirre' (1843-1888), expone la guerra de la Independencia en Cochabamba.

A igual tema se dedica la obra del uruguayo Eduardo Acevedo Díaz (1851-1921): "Ismael" (1888), "Nativa" (1890) y "Grito de gloria" (1893) constituyen un cuadro de la historia del Uruguay, desde la preparación del alzamiento contra los españoles hasta la libertad definitiva del país tras la dominación brasileña

El romanticismo fue perdiendo su gran impulso, hacia mediados del siglo XIX. Por lo menos en el campo literario, donde surgieron nuevos movimientos, tales como el parnasianismo y el simbolismo en la poesía, o el realismo y el naturalismo en la prosa. Sin embargo, aunque no en una forma pura y elevada sino más bien como un concepto general sigue siendo un término de referencia para ciertos tipos de estilos y de contenidos, tanto en la literatura como en algunas formas surgidas a partir de las tecnologías del cine y la televisión, que en algunos casos han alcanzado ciertos niveles aceptables de calidad cultural.

El romanticismo, por lo tanto, aparte de haber sido y seguir siendo un movimiento literario de gran importancia en su ámbito, ha tenido una gran repercusión cultural. En función de ello, cabe considerar que, si por un lado el factor emocional ha constituido sin duda un componente fundamental para la producción de obras de arte extraordinariamente valiosas, no solamente en la literatura sino de modo muy particular en la música.

Las expresiones nacionalistas del romanticismo musical son bastante claras. Una de las más destacadas son las de los músicos rusos, como Peter Tchaiskowsky en su célebre “Obertura 1812”, conmemorativa de la derrota del ejercito de Napoléon en las estepas rusas, donde se identifican claramente fragmentos de “La Marsellesa” y de melodías tradicionales rusas, así como se incluye entre los instrumentos el disparo de cañones; o sus músicas para ballet “El lago de los cisnes”, “Cascanueces” o “Scherazada”. Corriente en la cual se inscriben, en la música española, Granados, Albéniz y De Falla.

Algunos autores claramente románticos, con elementos resaltantes del sentimiento y la introspección subjetiva, utilizan frecuentemente fraseos musicales de canciones populares o folklóricas, o asocian las piezas musicales, en forma de poema sinfónicos, con conocidas obras literarias de corte romático; como ocurre con el noruego Edward Grieg y su “Peer Gynt” o su Concierto Nº 1, o con las de los alemanes Franz Schubert, Robert Schumann y Johannes Brahms.

La “Romanza sin palabras” de Félix Mendelssohn-Bartholdy tiene una específica referencia romántica en su propio título; y por cierto que muchas obras musicales del período son designadas genéricamente como “Romanzas”, entre ellas numerosas obras de Beethoven escritas para violín.

En el orden formal, ya consolidada la corriente del romanticismo musical, se advierten innovaciones tales como desarrollos más libres e imaginativos de la melodía, y el empleo de tonalidades y formas de modulación también novedosas. Una de las características de este tipo son las sinfonías de Mahler, Brahms y Brückner. La forma musical más cercana al romanticismo literario, es la enorme expansión del poema sinfónico, ampliamente cultivado por autores como Ricardo Strauss, Franz Liszt y Paul Dukas.

Otra caracteríistica remarcable del período romántico en el orden musical, lo constituye el virtuosismo; que determina la aparición de obras, a menudo escritas por ejecutantes eximios del instrumento solista; como Nicolò Paganini con el violín en sus famosos y dificilísimos Conciertos, el piano en el “Concierto para la mano izquierda” de Maurice Ravel, y también en las “Rapsodias Húngaras” de Franz Liszt, que no omitió el toque de humor originado en su famosa gran nariz, de escribir una obra que en cierto momento requiere usarla para poder pulsar una tecla en el piano.

Probablemente el punto culminante del romanticismo en materia musical lo constituye el desarrollo de la ópera, caracterizada por la conjunción de “todas las artes” al decir de Richard Wagner; de las cuales se sindica como la primera “El cazador furtivo”, de Carlos María von Weber; y abundan otros ejemplos como las del propio Wagner, “Carmen” de Georges Bizet entre otras.

Una vez consolidado el romanticismo musical, sus cultores abarcan, si se quiere, la gran mayoría de los compositores eximios, además de los muchos ya mencionados, como Federico Chopin, Claude Debussy, Leo Delibes, Antonin Dvörak, Franz Lehar, Serge Rachmaninoff, Camile Saint-Säenz, Pablo Sarasate, y muchos más.

Características principales del romanticismo:

Dentro de las características principales del Romanticismo en general se puede mencionar:

  • El individualismo subjetivista, que a partir de la libre expresión

del sentimiento, se cambia en una percepción de la realidad concretada en términos de aceptación o rechazo; la subjetividad se expresa a través de la recurrencia de temas tales como el sentido de frustración vital, del amor no correspondido, de la soledad, la tristeza, la nostalgia, la melancolía y la desesperación.

El rasgo distintivo del movimiento romántico es su arraigo en lo subjetivo, es decir, el centro es el sujeto concebido como yo individual, presentado de tal forma que los lectores interpretaran su existencia inmediata desde el punto de vista de un esquema que distingue al sujeto que percibe y desea el mundo físico y social que lo rodea.

Los románticos de cierta forma convirtieron el verdadero tema de la literatura en algo no externo sino en algo íntimo, por lo que logran que el espacio psíquico se haga más profundo y abismal. El poeta romántico crea y transforma en sus textos la realidad y da vida al yo definidor y creativo. Entonces el texto romántico anima al lector a confundir al verdadero escritor con el sujeto narrador o el sujeto de la acción creado por el texto.

  • El naturalismo, existe una inclinación por presentar la vida en un

ambiente de comunión con la naturaleza no contaminada por el hombre, al gusto de encontrarse en lugares de ambiente rural, donde la serenidad del ambiente propicia encuentros de melaconlía romántica. La visión dramática y sentimental de la naturaleza, lleva a que el propio paisaje se represente frecuentemente como un reflejo de los diversos estados de ánimo; sobre todo en la poesía.

  • El esoterismo, que se manifiesta en algunos casos como una

actitud de transfondo de la realidad en la cual el artista no se siente cómodo y de la cual se aleja situándose en tiempos pasados con componentes imaginarios y rodeado de personajes de misterio. Esta característica se manifiesta también mediante un escape de la realidad, por la incorporación de elementos abiertamente fantasiosos como los que aparecen en los célebres cuentos del dinamarqués Hans Christian Andersen, o de los Hermanos Grimm, y en los “Cuentos fantásticos” de E.T.A. Hoffmann, utilizados asimismo como motivo de un conocido poema musical.

  • El tradicionalismo, pautado por la nostalgia por el pasado

tradicional; elemento generalmente asociado al componente nacionalista, que llevó a que se realizaran varias recopilaciones de antiguas canciones populares.

  • El uso de lo sobrenatural, representado por la atracción por lo

irracional y lo misterioso e inexplicable, que contrasta con el racionalismo; así como el recurrente tema de la muerte, la alusión a ruinas, cementerios, etc.

  • El egocentrismo, una proyección sobre sí mismo, una tendencia

a considerarse el centro de todas las cosas y el elegido de la inspiración. Los escritores románticos tienden a reflejar al alma como un enemigo interior, identificable con una obsesión incurable por lo imposible, que priva del goce de la vida al individuo y hace que ésta le sea adversa.

  • Problema de identidad, expresiones no solo en el plano vinculado

al nacionalismo y la identidad cultural, tradicional e idiomática; sino incluso en el plano psicológico, en el cual aparecen reiteradamente temas como pactos con el diablo, e inclusive el desdoblamiento de la personalidad.

  • La actitud estética, al contrario del esmero formal que

caracterizara al barroco en su objetivo de producir una obra de arte hermosa, elaborada y perfecta en sus formas, el romanticismo pone el acento en la espiritualidad del contenido; centra el objetivo de la obra de arte más en la persona del creador que en la creación misma.

  • La libertad, este es el ideal predominante del romanticismo, es el

principio de toda ética romántica ya que en el se representa la libertad formal en el arte; el romántico se concibe como un ser libre, el cual se manifiesta como un querer ser y un buscador de la verdad, no acepta leyes ni sumisión a ninguna autoridad, y esto se debe en algunos artistas a que heredaron la crisis de la conciencia europea de la época de la Ilustración, lo que provoco que el hombre se cuestionara. El romanticismo entonces defendió la libertad del individuo, moral y social, libertad política donde apoya el respeto a los derechos de los ciudadanos.

  • El amor y la muerte, el romántico asocia amor y muerte; el amor

como vía de conocimiento, como sentimiento puro, fe en la vida y cima del arte y la belleza, pero éste mismo sentimiento le precipita a la muerte y se la hace desear, descubriendo en ella un principio de vida y la posibilidad de convertir la muerte en vida. En el amor romántico hay una aceptación de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el amor se deposita la esperanza en un renacer y en la muerte el alma romántica encuentra la liberación de la grandeza.

  • El historicismo, ya que los románticos reivindicaron el carácter

histórico de las producciones artísticas, determinadas por la época, las circunstancias políticas y sociales y los valores de los habitantes del país en que surgen. Se creo cierta obsesión por el pasado permitió ambientar las obras en épocas pretéritas medievales, en un mundo más idealizado sin preocuparse por la verdad histórica.

Temas y estilos de la literatura romántica:

Los temas más importantes de la literatura romántica fueron la libertad, el poder, la justicia, el sentido de la vida, el silencio de Dios, el destino del ser humano y sus misterios, el amor anhelado e inalcanzable.

Como se menciono anteriormente los escritores románticos rechazaron lo establecido en el lenguaje poético y reivindicaron la integración de diversos registros y estilos. En la literatura se incorporó el uso de los hablantes frente a la normativa y se permitió incluir coloquialismos y neologismos.

Dentro del estilo en sí destaca el empleo de enunciados exclamativos para la expresión de los estados de ánimo y predomina el léxico y los recursos lingüísticos apropiados para la manifestación de la subjetividad, de la sentimentalidad y de las emociones.

Para conseguir la verosimilitud en asuntos históricos, se aplica la imitación artificial del lenguaje medieval o de la época en que se narra la historia.

BIBLIOGRAFIA.

Redondo Gonzalo, Historia Universal, De las revoluciones al liberalismo”, Tomo XIII

Alborg, J.L. “Historia de la Literatura española” Tomo IV, El Romanticismo, editorial Gredos.

Abrams, M. H., El Romanticismo: tradición y revolución, Editorial Antonio Machado Libros, 1992.
Bowra, C. M., La Imaginación romántica, Taurus, Madrid, 1972.
Béguin, A., El alma romántica y el sueño, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1993.
Gras Balaguer, M., El Romanticismo, Montesinos, Barcelona, 1988.

http://usuarios.lycos.es/romanticismoamjj/caracteristicasdelromanticismo.htm

http://www.robertexto.com/archivo13/romanticismo_lit.htm

LA HIJA DEL ADELANTADO

Es una historia que se desarrolla en la época de la colonización de Guatemala, la cual tiene como característica principal del romanticismo el historicismo, ya que es una mezcla de datos y sucesos históricos que se llevan a cabo con la llegada del Adelantado Don Pedro de Alvarado y su familia a la capital del Reino de Guatemala.

El libro se inicia con la narración de cómo el Adelantado toma posesión de la Gobernación de Santiago, se va narrando algunos de los hechos más relevantes de la toma de posesión, de cómo es recibido en la nueva provincia y como se manejaban desde ya intrigas, ya que Don Pedro de Alvarado no era por todos los españoles arraigados en las nuevas tierras querido, y existía un grupo de conspiradores que estaba trabajando en su contra, y que no quería que éste tomara posesión del cargo, pero como Don Pedro de Alvarado era una persona astuta ya traía un mandato del Rey de España el cual no podía ser desobedecido, así que aquellos que no estaban de acuerdo con dicha toma de posesión tuvieron que trabajar de otra manera para no permitir el buen desempeño del Adelantado.

Es una clásica historia del romanticismo donde sobresale un amor frustrado, amores no correspondidos, tristeza, nostalgia, melancolía de los personajes.

Don Pedro de Alvarado trae con el a su esposa la ilustre Doña Beatriz de la Cueva, quien era hija de don Pedro de la Cueva, Comendador Mayor de Alcantará y Almirante de Santo Domingo, hermano legítimo del Duque de Albuquerque, una familia muy poderosa y de linaje muy reconocido en España, además lo acompaña su hija Doña Leonor de Alvarado, hija de Don Pedro y doña Luisa Jicontencal Tecubalzin, hija del rey de Tlaxcala y Zempoala.

Doña Leonor estaba perdidamente enamorada de un gran caballero de la corte de su padre Don Pedro de Portocarrero, quien es un personaje atractivo y lleno de cualidades varoniles que atraían a las mujeres de aquel tiempo; y por supuesto Don Pedro que al conocerla por primera vez en Mexico, se enamora perdidamente de ella cambiando por completo su forma de ser adulador con las mujeres para entregarse de lleno al amor que profesaba hacia la hija del adelantado.

Pero como solía ocurrir en aquellos tiempos, Don Pedro de Alvarado

ya había planeado con anticipación la boda de su amadísima hija con su hermano político Don Francisco de la Cueva, considerando que era un excelente postor como futuro esposo de su hija, por lo que esto impide que Doña Leonor y Don Pedro de Portocarrero puedan disfrutar su amor a plenitud, siendo esto un gran obstáculo entre ambos, ya que Doña Leonor era incapaz de desobedecer un deseo de su padre, y Don Pedro tampoco podía oponerse a las decisiones de su gobernador y amigo Don Pedro de Alvarado, por lo que debido a estas circunstancia se desata un torbellino de sucesos que son la esencia de la obra.

Poco a poco durante la obra se va haciendo público el amor que ambos se tenían, creando un conflicto muy grande en el futuro esposo de Doña Leonor, Don Francisco de la Cueva quien por su poder y fortuna fue comprando a las personas que estaban cerca de Doña Leonor para hacer que con la ayuda de estos ella olvidara a su gran amor. Además crea con ayuda de otros grandes conflictos a Don Pedro de Portocarrero, para desprestigiarlo y así lograr que Doña Leonor se decepcionara de él y por ende lo olvidará.

En la obra se presenta como otro gran rasgo del romanticismo al amor como un sentimiento puro, pero como este no es correspondido los personajes se hunden en una profunda tristeza que es capaz de llevarlos hasta la muerte y morir por un amor no correspondido. Es claro que en esta obra el amor es una aceptación de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el amor se deposita la esperanza en un renacer y en la muerte el alma romántica encuentra la liberación de la grandeza.

Hay varios casos de estos amores no correspondidos que llevan a los personajes a la locura, a la enfermedad y por ende a la muerte, Doña Leonor es un personaje que siempre aparece triste y que al principio no se entiende el porque de su decaimiento ya que ella guarda con gran recelo el amor que siente por su noble caballero. También dentro de la trama culpa de ese amor no correspondido Portocarrero sufre de una extraña enfermedad que lo lleva al decaimiento y a fuertes fiebres y delirios que en un punto llega a parecer un demente. Además hay otros personajes secundarios dentro de la trama como el herbolario quien vuelve a encontrar a su amor apasionado que había dejado en España en una dama de confianza de Doña Leonor, este amor entre mezcla de venganza y odio lo lleva a realizar actos inadecuados que lo llevan hasta la muerte.

Don Francisco de la Cueva en esa constante lucha por deshacer el amor de Doña Leonor y Don Pedro decide crear intrigas sobre el noble caballero, trayendo a la historia a una viuda Agustina Cordova, quien había tenido amores con don Portocarrero antes de que ella se casase, pero para hacer más dramática la historia deciden de la Cueva y sus colaboradores enredar a Portocarrero en un trámite que el antiguo esposo de la viuda había iniciado para demostrar su infidelidad, situación que nunca se pudo probar, pero de la Cueva decide sacarlo a luz para lograr así una triste desilusión de su futura esposa Doña Leonor de Alvarado.

Definitivamente la historia tiene su toque de sobrenatural, ya que

en ella en repetidas ocasiones se hace mención de magia y elementos de hechicería.

Primero Doña Leonor, quien manifiesta su profundo amor por don Pedro Portocarrero, le envía como prueba de esto un Agnus Dei, que era considerado una reliquia muy valiosa y poderosa, ya que a quien lo usase lo libraría de muchos males, y es así como Portocarrero lo recibe en prueba de ese gran amor y promete llevarlo siempre con él.

Y es así como viene a la historia un personaje español, el cual salio huyendo de la Madre Tierra en busca de una nueva vida en la tierra de las Indias, pues aquí vino a dedicarse a la medicina, y poco a poco con la ayuda de la suerte fue ganando prestigio, y por ser también el único que se dedicase a la medicina en aquel lugar, fue creando cierta admiración y veneración entre las personas del lugar; Este personaje era uno de los incitadores a la rebelión contra el Adelantado y con su imagen de médico visitaba las comunidades de los indígenas para ir creando en ellos la conciencia de que era necesario sublevarse contra el poder del actual gobernador. Durante la historia tiene un papel importante ya que incitado por la viuda Agustina Cordova decide buscar un brebaje que lograra que una persona amara con pasión a otra persona y por gajes del destino una vez vino a visitarlo una anciana con una chica muy enferma que se decía había enfermado de amor, debido a que se había toma la poción del amor, pero cuando esta la tomo a la persona a la que debía amar ya no la amaba por lo que se enfermo al sufrir tal desprecio, el médico herbolario, se intereso tanto en esta historia que decidió buscar al dueño de la poción, siendo este un viejo indígena, quien le enseño todo lo necesario para crearla, pero esta poción se hacia con hierbas venenosas y había que tener cuidado con su aplicación.

Y siempre con el empeño de separar a los grandes amores, deciden darle esta poción a Portocarrero para que olvidase a Doña Leonor y se enamora de Agustina de Cordova, entonces el herbolario le da la poción por varios días consecutivos a Portocarrero pero esta no surte efecto, pero las plantas venenosas si influyen en el estado físico de Portocarrero, haciendo que éste se enferme y se debilite, al ver que la poción no resultaba, el herbolario decide buscar de nuevo al indígena que le dio la formula, y éste le dice que seguro no ha hecho efecto porque al que se la dio ha de tener algún amuleto que no permite su efecto, y es así como se dan cuenta de la existencia del Agnus Dei, por lo que el herbolario sin perder oportunidad y con el estado de salud delicado de Portocarrero logra quitárselo, y le da dosis más fuertes de su poción del amor, logrando que Portocarrero al no tener su reliquia se sienta angustiado y sufra de terribles delirios añadiendo a esto los terribles efectos de la supuesta poción del amor.

Como se dijo anteriormente este herbolario era uno de los conspiradores contra el Adelantado y en una supuesta rebelión deciden sacar a dos reyes indios de prisión, situación que se ve truncada por los caballeros del gobernador, llevando a éste a prisión, quien es sometido a fuertes torturas para lograr conseguir los nombres de los otros conspiradores, al no lograr nada, lo dejan abandonado y éste aprovecha para tomarse una poción mágica que le permita perder por un tiempo determinado los signos vitales, creyendo como muerto lo llevan hacia el cementerio y lo dejan allí un día antes de ser enterrado, cuando el efecto de su poción pasa este se levanta se va y se esconde, cuando las personas se dan cuenta de su desaparición le echan la culpa al diablo del inexplicable suceso, este a la vez aprovecha su situación de fantasma y se le aparece a la dama de confianza de doña Leonor, quien a la segunda aparición logra robársela, encerrándola en un calabozo y pretendiendo tenerla pero no a la fuerza sino que ella decidiera amarlo, pero ella lo aborrecía desde España y le dice que Dios la va a salvar de tan horrenda experiencia, a lo cual el contesta con desaire; pero el lugar donde la tenía escondida era un calabozo que utilizaban para reunirse los conspiradores, por lo que ese día deciden hacerlo encontrando a la dama allí la que suplica que la saquen, y deciden hacerlo, cuando el herbolario entra en el calabozo, sus amigos conspiradores regresan y cierran la puerta sin saber que éste estaba dentro dejándolo enterrado con vida lo cual le causa después de un tiempo su verdadera muerte.

Pero antes de esto el herbolario entrega la reliquia que le había quitado a Portocarrero a Agustina Cordova quien inmediatamente planea algo terrible contra ese amor que se profesan la hija del adelantado con tan noble caballero, la viuda decide ir a visitar a Doña Leonor y le dice que Portocarrero le ha ofrecido matrimonio pero que ya ha pasado tiempo y este noble caballero no ha cumplido su promesa, lo cual la ha hecho a ella sumamente infeliz, y que prueba de dicha promesa es el relicario que él mismo le entrego, al ver esto Doña Leonor, entra en una terrible tristeza, una gran fiebre y enfermedad se apoderan de ella, la vuelven débil y muy triste, para lo cual no existe explicación alguna, a pesar de su debilidad Doña Leonor al escuchar esto decide olvidar a Portocarrero, y de ahora en adelante evita encontrarse con él, hasta que un día él la afronta y le pregunta el por qué de su indiferencia, a lo cual ella orgullosamente calla, esta vez sin querer un fiel servidor de adelantado escucha la conversación y se queda intrigado, y decide averiguar el por qué del drástico cambio de la hija del adelantado, y es así como descubre que fue pura intriga de Agustina Cordova, lo cual intenta bajo fuertes medidas de presión hacer que la viuda declare en un papel escrito que todo lo que dijo fueron mentiras, pero como esta viuda era muy astuta y también contaba con algunas influencias, logro que le quitaran el papel y que lo enviaran a la prisión, y como en ese momento ya no se encontraba Pedro de Alvarado en su puesto de gobernador, el pobre criado tuvo que ir a la cárcel.

Uno de los amigos de Agustina era el secretario del gobernador, el cual al saber de la poción del amor del herbolario decide probarlo con la viuda, la cual era muy encantadora y de quien se había enamorado, sin saber exactamente la dosis de la misma, decide hacer que esta beba una buena dosis, lo cual le causa la muerte, pero antes de morir, se confiesa y le entrega la nota de declaración de su intriga a un cura y le pide que se lo lleve a Doña Leonor, ella al recibirla se llena de jubilo y alegría y le manda a decir a Portocarrero la situación y que quiere verlo, pero antes de llegar a este momento suceden otros acontecimientos importantes, como la muerte de Don Pedro de Alvarado quien muere en lucha en Mexico, y la proclamación de Doña Beatriz como gobernadora, lo cual no cae muy en gracia a la población, ya que le hechan la culpa a ella por el mal tiempo, porque justo en esos días comienza a llover y a llover y se decía que ella con el exceso de dolor por la muerte de su esposo había blasfemado contra el cielo y ahora este estaba enfurecido y por lo tanto no paraba de llover, sin embargo el 11 de septiembre de 1541, el tranquilo río Almolonga se desborda, inundando así la ciudad, y dejando a las damas encerradas en el ayuntamiento, y nadie se animaba a quererlas salvar, al llegar esta noticia a oídos de Portocarrero, decide ir a salvar a su amada a pesar de su delicado estado de salud, debido a la toma de ese brebaje del amor, y es así como decide entrar y salvar a Doña Leonor, cuando aún estaban saliendo de la capilla del ayuntamiento se escucha un sonido ensordecedor, el cual había sido provocado por un fuerte terremoto que destruye parte del ayuntamiento, Doña Leonor y Portocarrero logran salir, pero Portocarrero no aguanta y salva a su amada pero el no puede sobrevivir, muriendo.

Definitivamente es una historia llena de angustia, que se basa en el amor, un amor que no puede realizarse debido a las circunstancias del momento, lo cual presenta a la vida como un problema insoluble. Además también hace que los personajes no encuentren realizados sus ideales y siempre estén en busca de que su amor sea correspondido en algunos casos o que su amor pueda realizarse como es el caso de los personajes principales.

Indiscutiblemente el autor dentro de esta obra presenta en algunos casos la naturaleza como un elemento tétrico y turbulento como lo es cuando el herbolario se le aparece a la dama de confianza de Doña Leonor, el contexto que se describe ayuda a que la narración sea más tétrica y que su entorno se manifieste en una esfera de muerte y miedo.

Dentro de la obra se demuestra claramente el ansia de libertad del hombre era una aspiración inalcanzable, ya que este debia estar destinado a la desgracia debido a que se le impide realizar los deseos personales y los impulsos del corazón, y este es el claro ejemplo de Doña Leonor y Don Pedro de Portocarrero que por el respeto a los deseos del Gobernador no pudieron nunca realizar su apasionado amor.

Es una obra que muestra cierta moral “romantica” por así decirlo ya que dentro de estas existen seres que infundan intrigas por medio de la mentira, que se dejan llevar y actúan por medio de un buen soborno sin importar el mal que le hacen a determinada persona, sólo viendo su derecho personal, y esto se ve en todas las personas que de alguna manera ayudan a Don Francisco de La Cueva a crear intrigas entre Doña Leonor y Don Pedro Portocarrero, para desprestigiarlo y así hacer que ella lo olvide.

Otro rasgo que hay que sobresaltar en la obra es el uso del lenguaje del autor, ya que utiliza uno similar a la de la época en la que se desarrolla su historia.

Es una obra interesante sobre todo esa mezcla de sucesos históricos que son el contexto de la trama en sí de la obra, me llamo mucho la atención el hecho de hacer mención de fuentes bibliográficas verdaderas que hacen mucho más interesante la trama hasta hacer pensar que todo lo que en ésta obra se narra no haya sido producto de la imaginación del autor sino un verdadero relato de nuestra historia.

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