La guerra no fue de fútbol; Eddy Jiménez Pérez

Literatura hispanoamericana contemporánea. Novela histórica. Narrativa. El Salvador. Honduras. Pobreza

  • Enviado por: Angela Arias Molina
  • Idioma: castellano
  • País: Costa Rica Costa Rica
  • 12 páginas
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Eddy E. Jiménez: La guerra no fue de fútbol. Cuba, EDICIONES CASAS DE LAS AMÉRICAS, 1974. 164 pp. 19 cm

El autor nos explica en cinco capítulos cuáles fueron los elementos que desencadenaron la “Guerra del fútbol” entre esos El Salvador y Honduras.

Capítulo 1: La guerra no fue de fútbol: fue de hambre

El Salvador es el país más pequeño, pero con la densidad poblacional más grande de Centroamérica. Antes de comenzar el conflicto entre Honduras y El Salvador, residían en el primero de los países citados 300000 salvadoreños. El comercio salvadoreño estaba dominado por Estados Unidos, tanto en las exportaciones como en las importaciones, con quien siempre tuvo déficit en sus balanzas. En segundo y tercer lugar, el comercio salvadoreño también estaba controlado por Japón y la República Federal Alemana.

Por las facilidades que daba el Mercado Común Centroamericano (MCCA), muchas empresas extranjeras (gringas) se instalaban en El Salvador. Estas empresas eran exoneradas del pago de impuestos, y como estas empresas no son en su mayoría de capital salvadoreño, las ganancias pasan a manos extranjeras. Como además estas empresas utilizaban modernas maquinarias no necesitaban de gran cantidad de operarios. Por esta razón, la verdadera economía del El Salvador dependía de las exportaciones agrícolas del café y el algodón, productos que con los años fueron en descenso.

A pesar de que Honduras y El Salvador son países semicoloniales, Honduras tiene un mayor sometimiento: su único vendedor y su único comprador era Estados Unidos. “La United Fruit, a través de su filial hondureña, la Tela Railroad Company, la Standad Fruit and Steamship Co. Y la New York y Honduras Rosario Mining Company son las tres principales compañías norteamericanas que descapitalizan a este país centroamericano.” (E, Jiménez, 1974) Es por esto que el autor señala que Honduras es un latifundio norteamericano. El 50% de las exportaciones hondureñas dependían del banano, que estaba en mano de estas compañías extranjeras. Además, “la explotación de los bosques, que es el tercer producto de exportación, es llevada a cabo en un 90% por empresas extranjeras.” (E, Jiménez, 1974). Las empresas industriales y comerciales, además de la banca (con excepción de El Ahorro Hondureño) respondían a los intereses extranjeros, por medio de la inversión mixta, préstamos y mercados.

En El Salvador, la pobreza era extrema, y ya que los salvadoreños consumían menos calorías por día de lo que necesitaban (1926 de 3000), se podía afirmar que sufrían hambre crónica. Esto sería raro porque el 60 por ciento de los salvadoreños se dedicaban a la agricultura, pero las tierras que trabajaban no eran suyas, sino de la minoría que era económicamente más poderosa. Y como además la oligarquía salvadoreña destinaba sus tierras a la producción agrícola exportable, la producción agrícola destinada a la alimentación disminuyó considerablemente.

Pasa exactamente lo mismo en Honduras, donde hay una gran concentración de tierras en pocas manos, lo que conlleva a desempleo, bajos salarios y poca diversificación agrícola. Las tierras de mejor calidad eran controladas por las compañías extranjeras, y los cultivos en estas eran destinados a la exportación. Según lo plantea el autor, esa el la razón por la que los salvadoreños y los hondureños pasaban hambre.

“La supeditación económica a los intereses extranjeros y la herencia del latifundismo son---con sus secuelas de monocultivo, tierras sin explotar, falta de técnica e incultura---los verdaderos y únicos causantes de la miseria, no sólo de estos dos países, sino de todos los países dependientes.

También los intereses extranjeros y los latifundistas criollos fueron los causantes de la guerra entre Honduras y El Salvador.

Esa era la situación económica de ambos países antes de 1969.”

E, Jiménez (1974)

Capítulo 2: La guerra no fue de fútbol: fue de mercados

Primero hay que explicar cómo servía la creación del Mercado Común Centroamericano a los intereses estadounidenses. Políticamente, los estadounidenses aparentaron dejar las decisiones económicas en manos de las oligarquías nacionales. Además, con esto “trataban de retardar el crecimiento de los movimientos de liberación que se vigorizaban en todo el istmo y unir a las fuerzas reaccionarias contra el «peligro» comunista.” (E, Jiménez, 1974) Económicamente hablando, la unión de varios pequeños mercados permite a los monopolios montar fábricas que producen en toda una zona, sin que los productos tengan que pagar aduana.

Los gobiernos centroamericanos daban demasiadas facilidades a las inversiones extranjeras con tal de que trajeran industria y «progreso». Pero en realidad, lo único que hacían esas empresas era extraer riquezas, sin pagar impuestos, y sin recontribuir en la economía de los países huéspedes. Las empresas nacionales fueron incapaces de competir con las empresas extranjeras, que eran modernas y estaban bien equipadas y que, además, contaban con millones de dólares de respaldo. Además, el empleo de asalariados fue muy limitado, debido a la moderna tecnología de las empresas extranjeras.

El aumento industrial de El Salvador fue mayor que al de los demás países del MCCA, ya que en ese país había una burguesía criolla más fuerte. Se dio una alianza estratégica entre los capitalistas extranjeros y la burguesía criolla. Esta alianza consistió en empresas mixtas, industrias donde se hacía el proceso de envase o acabado. Por otra parte, los capitalistas norteamericanos se encargaban de que sus empresas no pudieran subsistir sin materias primas importadas, en pocas palabras, colaboraban en el incremento y dependencia de las importaciones. “El Salvador se afianzó artificialmente como el país más industrializado de Centroamérica” (E, Jiménez, 1974). Esto causó un el desarrollo desigual de la burguesía del istmo.

La burguesía hondureña se encargó de predicar una política de proteccionismo. Por ejemplo, antes de la guerra del fútbol, en Honduras aparecían muchos artículos de periódico en los que se instaba a no comprar nada que proviniera de El Salvador. En pocas palabras, ese fue el primero de muchos sucesos que llevó al estancamiento del MCCA.

Una de las consecuencias de esta guerra fue el exilio de 15000 de los 300000 salvadoreños residentes en Honduras. Si bien es cierto que El Salvador fue quien inició la guerra, prefirió el conflicto bélico antes que aceptar de nuevo a esas 300000 personas, porque se hubiera generado una crisis interna en El Salvador que “habría podido sumir en la catástrofe a la oligarquía salvadoreña.” (E, Jiménez, 1974). El Salvador pidió a Honduras garantizar la protección de los salvadoreños residentes en Honduras, y el regreso de los exiliados, así como castigo a quienes hubieran abusado de los salvadoreños, y a cambio abandonaría las posiciones ocupadas. Sin embargo, no se le permitió a El Salvador a presionar a Honduras.

Por su parte, el gobierno hondureño sabía que la economía salvadoreña dependía de las exportaciones de manufactura en el área centroamericana. Con el cierre de la carretera, la economía salvadoreña peligraba. No tanto así Honduras, pues su economía era agraria: el «aislamiento» llevaría a la derrota a El Salvador. Más adelante, El Salvador intentó llevar adelante el MCCA sin Honduras. Pronto se cerró la comunicación entre El Salvador y Honduras, es decir, la carretera panamericana fue cerrada en el límite de ambos países. Como consecuencia, la economía de los demás países se vio afectada, y así empezó a morir el MCCA.

Muchos fueron los intentos para resucitar el MCCA, pero era imposible: gracias a la guerra del fútbol, resultaba difícil que los países miembro se pusieran de acuerdo, lo que un país proponía, otro lo vetaba, y así llegó la muerte definitiva del MCCA. Los cancilleres de cada país sabían que con la muerte de este “hijo del imperialismo yanki”, era necesario hacer a una resolución que, aunque no tuviera nada que ver con el MCCA, alegrara al “amo”. Esto porque en reiteradas ocasiones Estados Unidos intervino financieramente para ayudar al MCCA. Fue así como los cancilleres resolvieron no dejar entrar a Cuba a lo OEA.

Capítulo 3: La guerra no fue de fútbol: fue de intereses extranjeros y criollos

La emigración salvadoreña se debió a dos factores: el económico y la represión oligárquica. El gran traslado comenzó con la crisis mundial de 1929. Cuando la demanda de café en el mundo disminuyó, así lo hizo la exportación del grano, y por tanto la mano de obra necesitada disminuyó mucho. Como las tierras estaban en pocas manos, los salvadoreños vieron en la emigración la única solución para no morir de hambre. Por su parte, Honduras era el país ideal, pues las tierras no estaban bajo el dominio de pocas manos, sino que el propietario era el gobierno, así que las tierras podían ser cultivadas. Además, la amplia frontera entre El Salvador y Honduras beneficiaba la emigración. Cuando pasó la crisis del `29, la emigración aún continuaba, pues en El Salvador había grandes problemas económicos debido al desempleo.

Otra razón para la emigración, además de la crisis del '29, fue la matanza de indígenas y campesinos en 1932. La represión de la oligarquía fue grande, pues los levantamientos populares concluyeron con el asesinato de más de 30000 campesinos pro medio del fusilamiento, además de que el hambre y el cólera crecían después de la crisis mundial. Los resultados de esta masacre fueron la decapitación de las organizaciones populares, la dictadura militar, y el miedo y el trauma que quedaron en la población por muchos años.

La emigración salvadoreña trajo beneficios tanto para los salvadoreños como para la economía hondureña. Los salvadoreños tuvieron una mejoría económica importante, y las tierras del Estado hondureño que habían estado desocupadas, estaban produciendo gracias a los emigrantes. Además, la United Fruit Co. obtuvo mano de obra barata. No obstante, hubo intereses y conflictos internos que se unieron para conspirar contra la permanencia salvadoreña en Honduras.

Los gobiernos de Honduras y El Salvador tenían sus orígenes en golpes militares, ambos dirigidos contra gobiernos que habían comenzado la labor reformista. Las reformas recomendadas en el Programa Alianza para el Progreso no fueron de agrado para las oligarquías criollas ni para los intereses norteamericanos, pues estas reformas no permitían el control absoluto de la oligarquía y, al ser medidas reformistas de poco alcance, el pueblo se sentiría defraudado y comenzaría a tomar conciencia política y exigiría leyes verdaderamente revolucionarias.

Cuando el coronel Oswaldo López Arellano tomó el poder, tuvo que enfrentar dos problemas agrarios. Por una parte, los campesinos demandaban tierras, y por otro lado la United Fruit Co. deseaba mecanizar aún más su producción para abaratar los costos. Esto traería como consecuencia el desempleo. Los campesinos reaccionaron varias veces ocupando tierras privadas, incluso las de la United Fruit Co., hasta que se fueron sucediendo con mayor frecuencia y representaron un problema para el gobierno de Arellano, que veía que los campesinos tomarían acciones más violentas y organizadas. La United Fruit Co. presionó al gobierno para que solucionara el problema agrario. “La expulsión de los salvadoreños residentes en Honduras daba la oportunidad al gobierno de entregar las tierras de estos a honduras, cosa que aliviaría la tensión y a la vez facilitaría a la United el despido del personal salvadoreño” (E, Jiménez, 1974)

“Las ocupaciones de tierras, por parte del campesinado, la intención de la United de ampliar la mecanización de los cultivos para abaratar los costos y los intereses afectados en Honduras por la llamada integración económica, formaron el trío que compuso el por qué de la guerra.”

E, Jiménez (1974)

Otro factor que también pudo haber afectado, fue que Honduras firmó un convenio para la construcción de una fábrica de papel, aprovechando los bosques del país. La empresa era gringa. En el convenio se aclara que el Estado hondureño debía darles las tierras libres, es decir, sin ocupantes o campesinos. Como había muchos salvadoreños en calidad, esta concesión tendría que ver con la campaña de expulsión de salvadoreños. En 1968 se promulgó una ley que decía que sólo los hondureños por nacimiento podían poseer tierras nacionales.

Pero ya antes había habido problemas entre los dos países. En 1965, por ejemplo, hubo una expulsión de salvadoreños, y en las cárceles hondureñas cercanas a la frontera estaban llenas de salvadoreños que esperaban ser expulsados. El 21 de diciembre de ese año se firmó un tratado migratorio entre ambos países. No obstante, en Honduras se hacía hasta lo imposible para que los tratados firmados no fueran efectivos. En 1967 hubo dos enfrentamientos fronterizos, que formaron parte de la presión salvadoreña para que Honduras no aprobara la reforma agraria.

Tanto en Honduras como en El Salvador, los sectores interesados promulgaban anuncios por la prensa para incitar el conflicto bélico.

“El 8 de junio de 1969 se efectuó en Tegucigalpa el primer juego de la serie eliminatoria entre los equipos de Honduras y El Salvador.

Al finalizar el juego con victoria para Honduras, los espectadores salvadoreños atacaron a los jugadores hondureños.

El segundo juego de la serie se efectuó en el stadium Flor Blanca, de San Salvador, el 15 de junio.

….el día del juego se provocó un violento incidente e el que murieron dos personas.

Paralelamente los desalojos de las familias campesinas salvadoreñas residentes en Honduras aumentaron.

Este hecho---que de ninguna forma podía admitir el gobierno de El Salvador, pues de por sí ya afrontaba una difícil situación económica---fue la señal para el inicio de la contienda.”

E, Jiménez (1974)

Capítulo 4: La guerra no fue de fútbol: fue de hombres

Después de lo sucedido en los dos partidos de fútbol, el gobierno salvadoreño se dirigió a la Comisión de Derechos Humanos para que comprobara que en Honduras se realizaban atropellos contra los salvadoreños residentes. De esta manera, El Salvador intentaba disminuir la migración continua de salvadoreños residentes en Honduras. Honduras también denunció ante la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos violaciones contra los derechos de hondureños residentes en El Salvador.

Por su parte, la prensa en ambos países hablaba más insistentemente acerca de los atropellos cometidos en el país adversario, hasta que en ambos países los ciudadanos sintieron su patriotismo herido. “La prensa de esa época muestra la enorme campaña belicista basada en las supuestas atrocidades cometidas en uno u otro país.” (E, Jiménez, 1974) Cabe destacar que muchos de estos atropellos fueron exagerados.

Los mediadores centroamericanos presentaron un plan de ocho puntos para resolver la disputa. Entre esos puntos se recomendaba que las tropas se alejaran cinco kilómetros de la frontera, y que además se debía suprimir todo tipo de propaganda belicista. Honduras, que sabía que estaba en desventaja si estallaba la guerra, aceptó la vía diplomática en teoría, pero en la práctica continuó con la expulsión de salvadoreños, presionado por la oligarquía criolla y por la United Fruit Co. El Salvador entonces rechazó las recomendaciones y decidió iniciar la guerra.

El 3 de julio, de julio ocurrió un choque armada. Honduras acusó ante la OEA a El Salvador de invasión, mientras que este país acusaba a Honduras de agresión. El 14 de julio, las tropas salvadoreñas invadieron Honduras. Las tropas salvadoreñas eran un poco más numerosas, y mejor armadas y entrenadas que las hondureñas. El Salvador tenía una gran ventaja sobre Honduras, pues se logró crear un ambiente bélico apto, hubo mucho orden en cuanto a la creación de “comités cívicos” para la defensa de los barrios, la recolección de comida y de sangre, así como control sobre la venta de cierto tipo de medicamentos, movilizar militarmente a los médicos, y el control militar sobre los hospitales. Además, el reclutamiento militar de los campesinos era forzoso.

También, en El Salvador se creó el Frente de Unidad Nacional, que consistía en la Unión de todos los partidos políticos, para que así las acciones del gobierno estuvieran respaldadas por todos los sectores de la población. También se formó el Frente de Unidad Popular, cuya columna vertebral era el AGEUS. Este frente apoyaba las acciones del gobierno, pero también abogaba por un cambio. No obstante, a una semana de la invasión, este mismo frente dio su total apoyo a la invasión.

Por su parte, según las agencias noticiosas extranjeras, en Honduras, debido a la corrupción administrativa en el ejército el ejército, era común ver a los soldados descalzos. En cuanto a la unidad política de ese país, sí se había formado Frente de Unidad Nacional para la defensa del país, que incluso contaba con que la población civil iba a luchar. El Partido Nacional, que estaba en el poder, llamó al Partido Liberal para que colaborara. Este partido colaboró, pero a tomó ciertos recaudos y además tenía cierto poder del Partido Liberal. Así, por ejemplo, una de las consecuencias de esta unión fue que López Arellano no podía ser reelegido en la presidencia. Incluso el apoyo dado por la Federación Sindical de Trabajadores Norteños de Honduras estaba condicionado por un manifiesto políticos que esa agrupación había lanzado ese año y que parecía tener reivindicaciones políticas importantes.

La estrategia militar de El Salvador consistió en cortar las vías de comunicación de Honduras. Fue así como la lucha se concentró en la frontera en Choluteca (al suroeste, situada en el centro del corredor hondureño que permite a este país la salida al océano Pacífico, y que además es cruzada por la Carretera panamericana que conecta a El Salvador y a Nicaragua. O sea, cortaba la comunicación entre Honduras y Nicaragua) y en Copán (al noroeste, donde se cortó la comunicación entre Honduras y Guatemala). Una vez cortadas las comunicaciones, El Salvador creyó que podría resolver le problema de sus 300000 ciudadanos residentes en Honduras.

La OEA acordó un cese al fuego. Honduras fue el primero en aceptar, con la condición de que las tropas salvadoreñas regresaran a las líneas previas al estallido de la guerra. Por su parte, El Salvador acordó un cese al fuego siempre y cuando sus tropas se mantuvieran en las posiciones conquistadas hasta que se ofrecieran garantías adecuadas a los salvadoreños residentes en Honduras. El 26 de julio, los cancilleres de la Organización de Estados Americanos se reunieron para tratar acerca del rechazo de El Salvador de retirar sus tropas.

Esa reunión fue histórica para la OEA, pues se trataba de dos Estados miembros de dicha organización. El día anterior a la reunión, el canciller salvadoreño, Francisco José Guerrero, declaró que aunque en la reunión se acordara que las tropas salvadoreñas se retirarían, aún así El Salvador no abandonaría los territorios ocupados. Además, El Salvador amenazó con abandonar la OEA si se le aplicaban sanciones. Eso hubiera sido un precedente de total desacato a la Organización.

Los cancilleres trataron de no condenar como país agresor a El Salvador. El ser declarado como tal, implicaba sanciones que podían ir desde el rompimiento de las relaciones diplomáticas hasta el uso de las fuerzas armadas por parte de los otros tres países miembros. Los primeros tres días, la delegación salvadoreña mantuvo su oposición. Sin embargo, el secretario general de la OEA, Galo plaza, informó el 28 de julio que al día siguiente se sometería a consideración de la Comisión General tres proyectos de resolución.

Los primeros dos proyectos condenaban a El Salvador como agresor, y el segundo se acordaba la interrupción parcial de las relaciones diplomáticas, y eso incluía la exportación e importación de productos como el café, el algodón, el azúcar, le petróleo y sus derivados, entre otros. Ese mismo proyecto decía que a Honduras se le prestaría toda la ayuda material necesaria para defenderse.”

El tercer se aplicaría si las tropas salvadoreñas se retiraban---eso era lo que se pretendía---pero hablaba de forma muy abstracta acerca de los salvadoreños residentes en Honduras. O sea, no había garantía para estas personas. El 29 de julio, el gobierno salvadoreño no tuvo más remedio que aceptar el retiro de sus tropas sin obtener una firme solución al problema de sus ciudadanos residentes en Honduras.

“Dos meses después de la citada fecha (el 30 de julio) ya Honduras estaba procediendo a incautar las empresas salvadoreñas radicadas en Honduras y había cerrado la Carretera Panamericana, que una a través del territorio hondureño a El Salvador con Nicaragua y Costa Rica.

Aunque el 4 de agosto el último contingente de tropas salvadoreñas salió del territorio de Honduras, la guerra no había terminado”

E, Jiménez (1974)

Capítulo 5: La guerra no fue de fútbol: será de pueblos

Para el gobierno hondureño, la victoria diplomática en la OEA consistió en el retiro de las tropas pues además de la derrota militar, no logró que se catalogara a El Salvador como país agresor. Para las autoridades de El Salvador, la retirada fue catalogada como victoria, ya que “la OEA se había comprometido a garantizar la vida y los bienes de los salvadoreños residentes en Honduras.” Para la OEA, trató de hacer ver que su autoridad había quedado inmune y que el conflicto fue producto de una explosión demográfica. De hecho, el secretario general de la OEA, Galo Plazo, dijo que esa institución debería iniciar un programa de planificación familiar.

Como El Salvador no fue catalogado como país agresor, no dejaba implícitamente patentizado el «derecho» de la United Fruit Con. y de los terratenientes criollos de expulsar a los salvadoreños, ni que el gobierno salvadoreño se viera forzado a pagar los daños de la guerra, ni que tampoco quedara comprometido a negociar con Honduras los 140 Km2 que se encontraban en disputa entre esos dos países.

Las resoluciones imprecisas de la OEA para solucionar el conflicto resultaron ineficaces: la migración de salvadoreños a El Salvador continuó, y la economía de ese país comenzó a detenerse. Las causas a este retroceso de la economía salvadoreña fueron la crisis del MCCA, el conflicto con Honduras, y el cierre de la Carretera Panamericana por parte de Honduras. Esto último afectó el comercio de El Salvador con Nicaragua y con Costa Rica.

La OEA resultó ser “un instrumento idóneo cuando se trata de legalizar un ataque de Estados Unidos a la soberanía de nuestros países, pero totalmente ineficaz si el problema a solucionar es provocado por intereses capitalistas.” (E, Jiménez, 1974). Cuando El Salvador mantenía sus tropas a pesar de lo dicho por el OEA, Honduras se amparaba a este organismo para que el país vecino acatara la orden, mientras que en El Salvador se dieron manifestaciones contra la OEA y hasta El Salvador amenazó con retirarse del organismo. Por su parte, cuando Honduras no acató la orden de reabrir la Carretera Panamericana, era El Salvador el que se quejaba y se ampara a la OEA, mientras que en honduras los actos de protesta contra ese organismo casi se le salen de las manos a López Arellano. “Estas acciones no fueron más que la respuesta de los intereses norteamericanos y criollos contra la posición adoptada por el gobierno norteamericano.” (E, Jiménez, 1974)

Se tenían dos posiciones o intereses: el de la United Fruit Co. que se veía afectada por la entrada a Honduras de productos salvadoreños, y el del gobierno norteamericano que no quería dejar morir al MCCA. Para Estados Unidos, la más grave consecuencia fue la muerte del MCCA. Pero a pesar de eso, encontró otros métodos para “aprovecharse del conflicto para acrecentar su dominio imperialista.” (E, Jiménez, 1974) Cuando aún estaba la guerra entre El Salvador y Honduras, los demás países se armaron para enfrentar cualquier amenaza que proviniera de El Salvador. “Los únicos ganadores son los imperialistas que así ven facilitada la desunión en la lucha por la liberación.” (E, Jiménez, 1974)

En las elecciones presidenciales de Honduras en 1971, el Partido Nacional, o sea, el gobierno, logró ganar (el candidato del Partido Nacional, Ramón Ernesto Cruz, fue quien sustituyó a López Arellano), mientras que en El Salvador, el gobierno también retuvo el poder aunque no ganó las elecciones. La colisión política, en El Salvador, denominada Unión Nacional Opositora, UNO, representaba la única agrupación política de tipo reformista que aspiraba tener el control en 1972. Según datos de la Junta Electoral del departamento de San Salvador, la UNO aventajaba al gobierno por sesenta y dos mil votos. No obstante, por métodos fraudulentos, el coronel Armando Molina, el candidato del Partido de Conciliación Nacional (el gobierno), “ganó” las elecciones con diez mil votos.

El engaño fue evidente, así que el pueblo se sublevó. No obstante, José Napoleón Duarte, el candidato por UNO, no alentó las demostraciones de rebeldía de sus partidarios, pues sabía que el imperialismo norteamericano no quería que su agrupación ganara. Pero un grupo de jóvenes salvadoreños se encargaron de dar el triunfo al verdadero ganador. Se trataba de un golpe de estado al gobierno de Fidel Sánchez Hernández, a través de la intervención militar del Consejo de Ejércitos Centroamericanos, CONDECA. Duarte trató de sacar provecho y se proclamó a favor de los alzados.

Sin embargo, mediante el uso de fuerzas extranjeras, el gobierno de Fidel Sánchez fue repuesto en el poder. Se estima que la intervención extranjera costó más de 200 muertos y alrededor de 1000 heridos. Durante los dos meses posteriores, hubo un promedio de 25 personas asesinadas por día. Cuando Molina llegó al poder siguió la represión: su primer punto de ataque fue la universidad, según él porque se había convertido en foco de agitación comunista, pero en realidad era porque quería aplastar el proceso de reformas democráticas que se desarrollaba en la universidad.

En Honduras, después de 20 meses de gobierno, Cruz fue derrocado por López Arellano, ya que hubo ocupaciones de tierras, huelgas campesinas, una crisis económica aguda, y el desmoronamiento de un pacto de unidad política entre el Partido Nacional (gobierno) y el Liberal (de oposición). Por esta razón, a López Arellano le quedaban dos caminos: reprimir brutalmente al pueblo o comenzar una política de reformas. Las experiencias del enfrentamiento bélico en 1969 y los hechos acaecidos posteriormente en ambos países propiciaron una mayor radicalización política en Centroamérica.

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