La gitanilla; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Narrativa. Novelas ejemplares. Biografía. Argumento

  • Enviado por: Cris
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547. Él ha sido el autor más célebre de nuestra literatura así como un escritor peculiar y atípico, que escribió su obra en dos períodos diferentes, acuciado siempre por la necesidad de buscar un medio estable de vida que por otro lado, no consiguió nunca. Es conocido principalmente por su obra “Don Quijote de la Mancha”, que apareció en 1605, y con la cual logró una celebridad literaria inmensa, al igual que inesperada y añorada. A partir de esta experiencia literaria toma la decisión de crear doce narraciones magníficas; obras que reflejan la madurez y la creación de un Cervantes seguro de sí mismo que había meditado sobre la independencia de la novela corta.

A mediados de 1612 presentó sus “Novelas Ejemplares”, ya completamente seguro de su quehacer literario, con orgullo de afirmar la originalidad absoluta de sus creaciones.

Una de ellas, “La gitanilla”, está inspirada en un hecho familiar anterior a su nacimiento; su abuelo paterno estuvo al servicio del Infantado de Guadalajara y sabía que uno de los hijos del aristócrata, apodado El Gitano, era fruto de amores del duque con una hermosa gitana que había bailado ante él a finales del siglo XV.

La historia relata la vida de Preciosa, una gitana muy hermosa., hija de un gobernador pero raptada por una gitana que se hacía pasar por su abuela. A los 15 años, empieza a llevar su espectáculo de folclore por las ciudades, adquiriendo mucha fama. En una de esas travesías conoce a Juan de Cárcamo, que le declarará su amor y se convertirá en Andrés Caballero, un famoso gitano, para ganarse su aprobación. Ambos pasarán momentos inolvidables y acabarán casándose como Don Juan de Cárcamo y Doña Constanza de Acebedo.

El relato está contado de manera diacrónica, es decir, con los acontecimientos ordenados cronológicamente en un planteamiento, un desarrollo y un desenlace.

El narrador que plantea esta historia lo hace de manera subjetiva, ya que en muchos momentos describe su opinión sobre los acontecimientos; se muestra a favor del protagonista cuando siente celos de Preciosa “ mirad lo que habéis dicho Preciosa, ésas no son alabanzas del paje, sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés que las escucha”, hace comentarios acerca de las personas “entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno”, “la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dormida” e incluso hace referencias a olvidos que tiene contando la historia “no sé si de improviso, o si en algún tiempo los versos cantaba le compusieron”, “ Olvidábaseme de decir cómo…” y la cuenta con una intención muy clara; celebrar todas las artimañas de los gitanos.

La historia se desarrolla en el siglo XVII, y el autor emplea los verbos en tiempo pasado para dar un toque legendario a la historia. Utiliza un ritmo de narración dinámico y variedad de lugares a lo largo de la trama argumental, pero siempre localizados en España. (Aunque se menciona algún país extranjero). Y el tema principal es el amor, que supera todas las diferencias sociales y económicas de la época.

En el planteamiento de la historia, el autor hace una introducción sobre los gitanos, usando una crítica muy tópica de principios del siglo XVIII sobre su papel en la vida, que según dice, es el de ser ladrones: “Nacieron de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones, y finalmente, salen con ser ladrones…”. También menciona su único objetivo, que al parecer es innato; hurtar. Para decirlo usa una repetición de la palabra “hurtar”, reiterando en esa acción y transmitiendo la continuidad de ésta a lo largo de su vida. “..Y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte…” Pero hay muchas visiones de los gitanos en el relato además de ésta, y son las que van haciendo los personajes a lo largo de la historia. Un ejemplo es el de un caballero que tiene una intervención momentánea y dice: “Desdichada aquella que en vuestras lenguas deposita un secreto y en vuestra ayuda pone su honra”.

En este planteamiento aparece como lugar de crianza de Preciosa, Castilla. Y como lugares en los que Preciosa empieza a desarrollar todos sus espectáculos, Madrid y Toledo.

Después de mencionar a rasgos generales la calidad de los personajes que van a formar parte de la historia, el autor empieza a centrarse en la protagonista principal (sobre la cual van a girar todos los acontecimientos), y en el resto de personajes secundarios que van a ir acompañándola a lo largo de la historia.

La protagonista se llama Preciosa, y se la describe de una manera idealizada y extraordinaria, “la más única bailadora de todo el gitanismo y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse…”. Ella reúne las características adecuadas para ser el eje sobre el que gira la historia; es desenvuelta, aguda, honesta, discreta, ingeniosa, madura y muy polifacética (ya que es capaz de cantar romances, decir la buenaventura…). El autor, consciente del interés que despierta, hace una referencia al principio sobre su supuesto origen noble, que va a ser la verdadera razón de la novela, “la crianza tosca no descubría en ella sino ser nacida en mayores prendas que gitana, porque era en estremo cortés y bien razonada”. En cuanto a su físico se dice que posee unos ojos color esmeralda, “cabellos de oro” y un pequeño hoyo característico en la barbilla al que en varias ocasiones hacen alabanzas metafóricas, “En este hoyo han de tropezar cuantos ojos le mirasen”, “no es hoyo, sino sepultura de deseos vivos” que expresan lo atractivo y sensual de ese hoyuelo. Y, por supuesto, ella posee la peculiaridad más típica de los gitanos, que es el habla ceceosa, del que ella hace uso con un especial donaire.

El lenguaje que usa es propio del habla popular y coloquial, cargado de refranes “quien evita la ocasión evita el peligro”, aunque usa algunos rasgos propios del lenguaje culto, como son las alusiones a la mitología clásica “… y juraba por la laguna Estigia”, enumeraciones “…de pelota, de esgrima, de correr, de saltar, de tirar la barra…”, juegos léxicos “puede faltar un escudo, por fuerte que sea, que la hechura de un romance” y descripciones personificadas, como en una ocasión hace sobre la poesía, comparándola con una mujer “…es una bellísima doncella, casta, honesta, discreta[…] es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los prados la consuela…” (Al igual que hizo Don Quijote, que la definió casi en los mismos términos)

Un personaje secundario, que cobra importancia de manera progresiva en la historia, es una vieja gitana, de la que no se menciona el nombre, encargada de cuidar y enseñar a la protagonista todo lo que tiene que saber, “enseñó todas sus gitanerías y modos de embelecos y trazas de hurtar”, para emprender su vida. Para ello el autor usa una metáfora que refleja ese período de enseñanza y maduración de Preciosa; “…determinó el águila vieja sacar a volar su aguilucho y enseñarle a vivir por sus uñas”. Es también la encargada de impulsar a Preciosa al mundo del espectáculo. Consigue romances que pudiera cantar, porque según dice el autor “vio que ese don de su nieta bien encauzado podría ser de gran atractivo, y proporcionarles un incentivo con el que acrecentar su caudal”. Esta afirmación que hace sobre ella, nos acerca un poco más al fondo de este personaje. Podemos deducir que es una mujer interesada por el dinero aunque también dotada de gran sabiduría. Ella realiza el papel de “hada madrina”, que acompaña y aconseja a la protagonista ayudada por la experiencia de la edad.

El autor, pretende dar distintas versiones sobre los gitanos basándose en distintos puntos de vista de los personajes (condicionados por su estatus social). Este personaje en concreto es muy consciente del papel que desempeñan los gitanos en la sociedad de esa época. “Andamos en oficio muy peligroso y no hay defensas que más presto nos amparen y socorran” y de su situación desfavorecida, que en muchas ocasiones tiene como causa la falta de recursos; “… el hambre tal vez hace arrojar los ingenios a cosas que no están en el mapa…” Y la verdad es que en la España del S.XVII, los gitanos no eran queridos, al contrario, cualquier ocasión era buena para poder exponerlos a la vergüenza pública. La vieja gitana así lo expresa en una frase: “…las pobres gitanas, y más precian pelarnos y desollarnos a nosotras que a un salteador de caminos…”.

Usa, al igual que Preciosa, un lenguaje popular lleno de refranes (“Al cielo rogando y con el mazo dando”, “de oro en oro”) y vocativos e imperativos (“calla, niña…”) pero también de enseñanzas populares, consejos y vulgarismos (“doctor de melecina”).

Las gitanas que forman parte del espectáculo, junto a Preciosa, forman parte de los personajes secundarios, pero apenas se las menciona y no cobran protagonismo en la historia. Solo se habla de una de ellas con un poco de más interés: Cristina, amiga de Preciosa que la acompañará a lo largo de la historia. El autor la presenta como una mujer honrada que aprecia la sabiduría de Preciosa en este planteamiento, pero conforme la historia va avanzando vamos conociendo mejor a este personaje, que en el desenlace siente envidia por la felicidad que encuentra su amiga “…y esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo, fatiga”.

Aparecen otros personajes secundarios que la protagonista va encontrando a lo largo del peregrinaje de su espectáculo. Entre ellos está un alguacil mayor junto con su esposa, Doña Clara. Él es un hombre curioso y honesto que se interesa por los romances de Preciosa y la contrata, y ella una mujer de sociedad que, al ver a Preciosa, queda maravillada por su belleza. Ambos, y debido a su posición social, emplean un lenguaje rico en vocabulario y enumeraciones retóricas, “niña de oro, y niña de plata, y niña de perlas, y niña de carbuncos, y niña del cielo…” dedicadas a alabar a la gitanilla.

Interviene también un escudero de brazo (criado de Doña Clara) impertinente, llamado señor Contreras, pero que al igual que todos cae rendido a los encantos de Preciosa. El autor pretende con esto, idealizar aún más al personaje, que ante los ojos de todos los personajes aparece como un ser maravilloso y único. Y un paje que al principio no desempeña un papel relevante (aparece una o dos veces para entregar a Preciosa unos romances) pero que después será un gran amigo del protagonista.

En esta parte de la historia, Preciosa canta varios romances. El primero de ellos lo hace el día de Santa Ana (26 de julio), en Madrid. El romance se refiere a Santa Ana, quien alumbró a María (“tierra estéril que al cabo produjo toda la abundancia…”), tras veinte años de matrimonio (“Árbol preciosísimo que tardó en dar fruto años…”) con San Joaquín (“varón más justo”), el cual quedó mudo por burlarse del anuncio divino. Los versos son hexasílabos y la rima es un tanto anómala. El segundo, lo hizo en Toledo y se refería a Margarita de Austria, esposa de Felipe III, que salió, acompañada de gran pompa, a oír misa en San Lorenzo en 1605, tras el nacimiento del futuro Felipe IV. Comienza igual que uno, dedicado a Doña Jimena, esposa del Cid, y descansa en una alegoría abundante en metáforas; “el sol de Austria” (Felipe III), “la tierna Aurora” (Ana de Austria, la hija mayor), “un lucero” (Felipe IV)… Y una buenaventura realizada Doña Clara, en la que Preciosa describe cómo será su futuro de una manera audaz que despertará el interés de todos (“tendrás un hijo canónigo, y una hija blanca y rubia”, “enviudarás otra vez, y otras dos, serás casada”). Al principio en un tono burlesco, que irá cobrando tintes sexuales poco a poco “arrimar la vara”, “las caídas…de espaldas”, etc. También hay una poesía dedicada a ella por el paje, que según la rima es una redondilla, en la que describe la gitana usando uno de los tópicos más recurridos, recogido en el Quijote “…al par del Tajo dorado y por Preciosa preciado”, juegos de palabras “…pues bailando nos admiras, y nos matas si nos miras, y nos encantas si cantas”, enumeraciones retóricas precedidas de una hipérbole, “de cien mil modos hechizas: hables, calles, cantes, mires, o te acerques o retires…”, antítesis “… el que por ti muere y vive”, etc.

El desarrollo de la historia está introducido por la entrada de Don Juan de Cárcamo a la vida de Preciosa. En esta parte del relato el autor empieza a darnos a conocer más profundamente los valores, anhelos y creencias de ambos protagonistas, así como de los gitanos, introduciendo al lector aún más en la historia.

El protagonista, Don Juan de Cárcamo hace el papel de hombre enamorado, y su declaración de amor hacia Preciosa (“vengo rendido a la discreción y belleza de Preciosa…”, “no la pretendo para burlarla […] sólo quiero servirla: su voluntad es la mía.”) cumple todos los requisitos cervantinos, como es el no decir su nombre para aumentar la intriga de la novela y usar los tópicos amorosos más frecuentes en la literatura amorosa renacentista “para con ella es de cera mi alma, donde podrá imprimir lo que quisiere”. El autor describe al protagonista como un mancebo gallardo, ricamente aderezado, hermoso, y lo más importante, todavía solo. Pero lo cierto es que a lo largo del relato habrá distintos puntos de vista sobre Juan; él se describe como un hombre generoso, de palabra, poseedor de calidad y nobleza (aunque un poco celoso), que sólo pretende conseguir el amor de Preciosa. Sin embargo ella, al principio, lo describe como “hombre enamoradizo, impetuoso y acelerado, gran prometedor de cosas que parecen imposibles, y un poco mentirosito” y, tras enamorarse de él lo describe como “mozo discreto, y bien razonado, y sobremanera honesto”, pero también los demás hablan sobre él, y lo consideran un gran hombre, merecedor del amor de Preciosa.

En cuanto a la protagonista, Preciosa, el autor intenta acercarnos más profundamente a su personalidad. Para ello hace que ella se describa a sí misma como “gitana pobre y humilde con espirilillo fantástico. A mí ni me mueven promesas, ni me desmoronan dádivas, ni me inclinan sumisiones, ni me espantan finezas enamoradas, y aunque de quince años, soy ya vieja en los pensamientos…” Y nos habla del valor que da al amor, a la virginidad y a la libertad. Para hablar de amor ella se muestra cauta y sensata, para ella las pasiones amorosas en los recién enamorados son como “ímpetus indiscretos y pasajeros, que cuando se alcanza la cosa deseada se esfuman”. Sobre la virginidad dice; “una sola joya tengo, que la estimo más que a la vida, que es la de mi entereza y virginidad”, y esto nos muestra una rectitud moral del personaje, que no se deja llevar por pasiones pasajeras sino que emplea la prudencia. (Para mencionar la virginidad perdida usa un símbolo muy cultivado en la lírica tradicional “cortada la rosa del rosal…”) Y sobre la libertad dice: “Estos señores bien pueden entregarte mi cuerpo, pero no mi alma, que es libre y nació libre, y ha de ser libre en tanto que yo quisiere”, esto se lo dice a Don Juan, y además le añade como condición; “sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada, sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos…”. Por estas creencias firmes y rectas, valora el matrimonio. Por eso al protagonista le pone varias condiciones antes de aceptarlo: Primero, la de saber quién es en realidad, después que abandone la casa de sus padres y finalmente que se convierta en un gitano “estudiando en sus escuelas durante dos años”.

Los gitanos, desempeñan un papel muy importante en el desarrollo porque son los encargados de transformar a Don Juan en uno de ellos, (para ello, además de cambiarle el nombre, Andrés Caballero, le dan “clases” sobre sus modos de vida). El autor intenta acercarnos más a su cultura, poniendo a un viejo gitano como portavoz que informa al protagonista y sobre todo a nosotros, de todo lo relativo a sus costumbres y normas. (“hay muchos incestos pero ningún adulterio”, “nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas; con la misma facilidad las matamos y las enterramos, como animales”, demostrando lo que valoran a las mujeres, “el que quisiere puede dejar la mujer vieja y escoger otra que corresponda al gusto de sus años”). Todas estas normas dejan ver cómo son pero además ellos también se describen a sí mismos, diciendo que son muy rápidos, usando una comparación “no hay águila que más presto se abalance a las ocasiones que algún interés nos señalen”, que tienen muchas habilidades, usando una enumeración irónica “…en la cárcel cantamos, en el potro callamos, de día trabajamos y de noche hurtamos”, que su ocupación principal, o al menos el oficio con el que encubrían sus hurtos era la herrería, y resumiendo todos sus objetivos en la vida dice; “tenemos lo que queremos, pues nos contentamos con lo que tenemos”.

El elocuente y viejo gitano que pone de manifiesto todas estas características, usa un lenguaje coloquial, usando refranes “antes mártir que confesor”, pero impregnado de algunos rasgos de estilo culto, como anáforas “mírala bien, y mira si te agrada…”, enumeraciones retóricas, “los árboles, frutas; las viñas, uvas; las huertas, hortaliza…”, frases rimadas “en la cárcel cantamos, en el potro callamos..”, y descripciones metafóricas sobre al noche “vemos cómo arrincona y barre la aurora las estrellas del cielo, y cómo ella sale con su compañera el alba, alegrando el aire…”. También se hace referencia a la astucia de las gitanas, en la mención de unos cuentecillos, relativos a la extracción de supuestos tesoros que eran muy frecuentes en la literatura de la época, y que cuentan con antecedentes italianos.

Además reaparece un personaje secundario; el paje. Pero desempeñando un papel más importante. Se llama Alonso Hurtado, aunque acaban llamándolo Clemente porque se hace muy amigo del protagonista. Sin duda, Cervantes ha querido representar un contratito frente a la opinión más generalizada sobre los poetas en los textos de la época, porque éste parece cuerdo, comedido y discreto y los demás pecaban de locos, disparatados e impertinentes.

El tema que más se pone de manifiesto en este desarrollo es el amor; el acrecentamiento de este sentimiento en Preciosa “ella poco a poco se iba enamorando de la discreción y buen trato de su amante…”, y por supuesto, en él “…y él del mismo modo, si pudiera crecer su amor, fuera creciendo”. Para describir este sentimiento, el autor usa una hipérbole común en los textos de época “no quisiera ella verle en afrenta por todo el tesoro de Venecia”, un tópico amoroso, procedente de Horacio difundidísimo en la literatura áurea “…se le iba la mitad de su alma” y una canción propia del género pastoril, cantada por Don Juan y el paje. En ella se alternan las voces, el escenario principal es la noche, y el tema es el amor. Se describe este sentimiento con numerosas contradicciones (antítesis) habitualmente atribuidas a los efectos del amor “…convierte al pecho de nieve en fuego”, “que blandamente mata y satisface”.

En el desarrollo, al igual que en el planteamiento, hay una gran alternancia de lugares; Madrid, Toledo, la Mancha y Murcia.

El desenlace de la historia viene introducido por una antagonista “ocasional” que no desempeña un papel muy importante aparentemente, pero que marca la fatalidad y el cambio de rumbo de los acontecimientos a causa de sus actos, que tienen mucha relevancia en el final de la historia.

Ella es Juana Carducha, la hija de una viuda que tenía un mesón y que se enamora perdidamente de Don Juan. Es una chica muy resuelta, audaz y vengativa. Es capaz de declararle al protagonista su amor, aun sabiendo que él estaba comprometido. Por el sentimiento de despecho que sufre ante la negativa de él, lo inculpa de un robo falsamente, y éste será el motivo de fatalidad para los protagonistas.

El autor, usa una gran variedad de verbos que dan la sensación de pánico para describir la situación confusa y alborotada que se produce después del arresto de Don Juan y de que él mismo matara a un soldado que lo insultaba, “…el gritar del pueblo, el amohinarse el tío alcalde, el desmayarse Preciosa y el turbarse Andrés…”, “creció la confusión, creció el escándalo…”.

En esta parte del relato aparecen dos personajes aparentemente secundarios; el alcalde, Don Fernando de Azevedo, que representa a la autoridad del pueblo, y su esposa, Doña Guiomar de Meneses. Ambos aparecen como meros representantes de la autoridad pero realmente son el motivo principal del desarrollo de la historia, son los verdaderos padres de Preciosa. También aparece el padre de Don Juan, Don Francisco de Cárcamo que representa el papel de un padre orgulloso de su hijo. El personaje encargado de reencontrar a los padres con Preciosa es la vieja gitana, que cuenta toda la verdad y enseña un papel que muestra quién es realmente Preciosa, Doña Constanza de Azevedo y de Meneses.

Hay que destacar la súplica que Preciosa hace a su madre, antes de saberlo, para que saquen a Don Juan de la cárcel. En ella hace alusión al amor, tema principal. “…si sabéis qué es amor y algún tiempo le tuvistes a vuestro esposo, doleos de mí, que amo tierna y honestamente al mío.”

La historia termina con un final feliz, los protagonistas vencen todos los obstáculos y al final se casan, “en la alegría del hallazgo de los desposados se enterró la venganza y resucitó la clemencia”, y con la frase “…que en sus versos durará la fama de Preciosa mientras los siglos duraren”. Este tipo de final hace perdurar la historia por los siglos de los siglos y es muy frecuente en las Novelas Ejemplares, ya que se las quiere dotar de una dimensión histórica, a la vez que hacer imperecedera su “ejemplaridad”.

A lo largo de toda la novela, Cervantes usa varias referencias mitológicas; “la ciencia de Caco”, el arte de hurtar atribuido a los gitanos. “Hecha su Argos”, comparación que hace de la vieja gitana porque vigilaba “con cien ojos” a Preciosa…, y hace varias críticas y denuncias a injusticias que había en la sociedad. Sobre las altas autoridades, critica el que todo valga con dinero; esto lo relata en un pasaje en el que la vieja gitana cuenta cómo se libró de ser azotada en público, “una me libró un jarro de plata, y de la otra una sarta de perlas, y de la otra cuarenta reales” y en otro en el que Preciosa se compara con los eclesiásticos “soy como los sacristanes: que cuando hay buena ofrenda, se regocijan”. Y en cuanto a las injusticias, Cervantes se suma a la denuncia, muy frecuente en los autores áureos, de los hábitos practicados por los ministros de justicia en su tiempo. Para ello utiliza la casa del teniente que aparece en el planteamiento de la historia; es curioso que sea esa casa el exponente de precariedad económica en la que viven las “justicias” en la época. En el cual se califica de “uso nuevo” el ejercicio honesto de la justicia, teniendo en cuenta que lo establecido, es la práctica del cohecho.

Hay muchas similitudes con la obra “Don quijote de la mancha”, ya que usa muchos tópicos provenientes de ella, juegos léxicos frecuentísimos “venturas y aventuras”, la mención de las galeras (que era la condena impuesta a los delincuentes más peligrosos, que sufrió Ginés de Pasamonte, liberador de Don Quijote), etc….

Esta novela, lejos de ser una crítica a los gitanos, es un elogio, un canto poético a la libertad de la cultura y vida gitana, gracias a la cual los gitanos quedarán integrados en la saga de personajes cómico-folclóricos de la literatura áurea, al margen de la problemática social que representan, para limitarse a protagonizar conductas estereotipadas, siendo su habilidad para embelesar y hurtar, la cualidad que más se destaca. En ella también ha reflejado muy bien la sociedad de la época y, lejos de decepcionarnos, ha conseguido poner de manifiesto toda su capacidad de creación; una novela capaz de entretener, denunciar injusticias, y acercarnos más a una cultura distinta, que no por ser diferente tiene que ser peor.

Por lo visto Cervantes siempre asombra con sus originalidades y con su excepcional talento literario, y la muestra está en “La Gitanilla”.

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