La fundación; Antonio Buero Vallejo

Literatura española contemporánea. Teatro español de Posguerra. Obra dramática. Autor. Acción temática. Personajes. Estructura. Género. Efectos de inmersión

  • Enviado por: Isilwen
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TEMA 19. LA FUNDACIÓN

Antonio Buero Vallejo es el autor realista de mayor interés del teatro de posguerra. Nació en Guadalajara en 1916. Desde joven sintió afición por la pintura y la lectura, y estudió Bellas Artes.

Durante la Guerra Civil combatió como soldado en el bando republicano, por lo que fue condenado a muerte al finalizar la contienda. Durante ocho meses vivió esperando el cumplimiento de la sentencia, que finalmente fue conmutada por cadena perpetua. Inició así seis años de peregrinación por distintas cárceles españolas, en donde despierta su verdadera vocación teatral. En 1946 sale en libertad condicional y se vuelca en el teatro.

Por su extensa obra ha sido galardonado en numerosas ocasiones. Recibió el premio Lope de Vega en 1949 por Historia de una escalera y el premio Nacional de Teatro en 1957, 1958 y 1959. En 1971 fue elegido miembro de la RAE y en 1986 recibió el Premio Cervantes.

Falleció en el 2000.

En su teatro buscó la moderna tragedia española. Sus personajes despiertan compasión. La tragedia promueve una crítica inquietante, una ruptura con el sistema de opiniones que hombres y sociedades se forman para permanecer tranquilos. Sus obras constituyen una síntesis de realismo y simbolismo, oponiéndose conflictivamente personajes contemplativos y personajes activos.

La mayoría se desarrollan en una época concreta de la historia de España, pero es posible abstraer a los personajes de este entorno, adquiriendo sus problemas una dimensión universal. En muchas de ellas, emplea el fenómeno de la inmersión.

En Historia de una escalera, en un mismo decorado, la escalera de una casa de vecinos, y en tres épocas, transcurre la vida de unos personajes impotentes para superar su situación de indigencia, antihéroes oprimidos por la vida y la sociedad. El problema central es la frustración de unos seres condenados a desarrollarse en ese espacio. El protagonista real de la obra es la estática escalera, testigo del paso del tiempo que se presenta como limitación esencial.

En la ardiente oscuridad plantea la lucha por la verdad y la libertad. La ceguera, tema central, se erige símbolo de las limitaciones humanas, y la necesidad de ver representa la aspiración a lo imposible.

La acción de El sueño de la razón se sitúa en Madrid, en los días previos de la Navidad de 1823, época de persecución de los liberales. Plantea el tema de la lucha por la libertad e irreductibilidad del individuo.

Instaurada la democracia, se vio obligado a buscar nuevos temas y formas de expresión. Bajo la nueva temática, subyace la del individuo que padece diversas formas de tortura. Cabe citar Música cercana, que constituye una crítica al capitalismo que comercia con la vida en los países hispanoamericanos a través del tráfico de drogas, y Las trampas del azar, que indaga el sentimiento de culpa, a través del enfrentamiento entre el idealismo de la juventud y el pragmatismo de la madurez.

La fundación fue estrenada en 1974 y según los críticos es la mejor de Buero Vallejo.

La acción temática se desarrolla en la cárcel de un país desconocido. En dicha celda se encuentran cinco hombres condenados a muerte por motivos políticos que esperan que se cumpla la sentencia dictaminada. Los cinco personajes son: Asel, Tulio, Lino, Max y Tomás. A Tomás, el protagonista, le han sorprendido repartiendo octavillas de una organización clandestina, y, sometido a tortura, a delatado a sus compañeros. Incapaz de asumir el sentimiento de culpa, sufre un trastorno psíquico. A causa de ello, intenta suicidarse y Asel se lo impide. Esto le lleva a crear una mentira en su mente enferma donde refugiarse ante los demás y ante sí mismo de su vileza: creerá estar viviendo en una maravillosa Fundación, en la que sus compañeros y el son becarios de esa moderna y generosa organización y van allí para realizar diferentes investigaciones, para no tener que enfrentarse a la horrible realidad de su delación y a su situación de cautiverio. A medida que se va desarrollando la obra, gracias a los compañeros, Tomás irá retornando a la realidad. El reconocimiento de esta realidad motivará el cambio de actitud de los personajes y desvelará el auténtico sentido de la obra: hay que apartar los velos de la mentira y de la opresión para entender que vayas a donde vayas, estás en la cárcel. Pero este descubrimiento debe mostrarnos la necesidad de la lucha.

El tema básico de la obra lo constituye el proceso de conciencia e Tomás y su progresiva adaptación a la realidad. Pero aparecen también otros motivos, los conflictos que encarnan los personajes superan la denuncia social para desembocar en una reflexión sobre problemas existenciales, como la libertad o la búsqueda de la verdad como tendencias innatas en la persona.

La obra plantea un conflicto existencial, el auténtico objetivo de la obra es la búsqueda de la verdad, desenmascarar la mentira, sobre todo cuando esta proviene de unas estructuras que se valen del terror y de la opresión para impedir al hombre vivir la verdad. Así, la ficción puede parecer hermosa, pero es falsa; la realidad es triste y dolorosa, pero cierta, y ahí radica su valor.

El contexto como condicionante de la libertad humana es otro de los motivos de la obra. La persona depende inexorablemente de la realidad, esta condiciona sus actos. En situaciones de terror insalvable, de amenazas, de opresión, de tortura, la respuesta del hombre no es libre.

Por último, aparecen las incapacidades psíquicas como limitaciones que impiden al hombre ser consciente cuando se viven como un factor alienante por el cual se prefiere una realidad falsa o tergiversada como refugio para no enfrentarse a la verdadera realidad, contra la que se prefiere no luchar.

Los temas secundarios son la fuerza del amor y la amistad, que empujan al hombre a luchar por la libertad y le hacen preferir la verdad al engaño, superando lo adverso de la realidad, y la denuncia de las injusticias políticas y sociales.

Cuando empieza la obra, los espectadores ven la celda como la ve Tomás, la primera impresión es que están realmente en una Fundación. El espacio es idílico, rodeado de naturaleza, frescura y con infinidad de comodidades tecnológicas. Pero ya en las primeras escenas se encuentran algunos elementos que no acaban de entender y que recrean una sensación de inquietud. El espacio escénico se va transformando a medida que avanza la acción y Tomás recupera la cordura. El espacio se convierte en una metáfora contenida en el texto, y la luz contribuye a crear ese efecto de inmersión.

La obra transcurre en un tiempo menor a seis días, y es la única referencia temporal que encontramos. Seis transcurren desde que el compañero de celda ha muerte, y transcurren tres desde que se llevan el cadáver hasta que Tulio es sacado de la celda. El resto de referencias se miden por los comentarios que hacen los personajes sobre las luches, las horas a las que reciben su mísera comida, etc. Los diálogos entre los personajes parecen desarrollarse en tiempo real, sin alargar demasiado las escenas ni retardarlas.

Todos los personajes presentan alguna tara física o psíquica y son caracteres complejos que experimentan una transformación a lo largo de la obra. No se reducen a simples esquemas o símbolos.

Pueden distinguirse dos tipos de personajes: activos y contemplativos. Los primeros carecen de escrúpulos y actúan movidos por el egoísmo o sus bajos instintos, no dudan en ser crueles o violentos si con ello consiguen sus objetivos. No son malos, ya que en la obra de Buero no cabe la distinción maniquea entre bueno y malo. Los segundos se sienten angustiados, el mundo en que viven es demasiado pequeño, se mueven en un universo cerrado a la esperanza. Son conscientes de sus limitaciones, pero sueñan un imposible y están condenados al fracaso.

Tomás soporta el peso de toda la obra, ligado a su proceso de desalucinación se desarrolla el drama. Clasificado con el número C-72, es un joven de unos 25 años y de facciones agradables, sueña con ser escritor. A lo largo de su recuperación, se muestra agradable con todos sus compañeros, incluso cuando su realidad deja de tener sentido. En su transitoria enajenación no comprende el sentido de su encierro en la generosa Fundación, hasta que recuerda la causa que hasta allí le ha llevado y que le ha sumido en su letargo mental.

La actitud de Tulio hacia Tomás es en un principio distante, pues no puede colaborar en el intento de sus compañeros de seguirle la corriente en sus desvaríos y para no irritarle prefiere alejarse de él. Será una persona imprescindible en la curación de Tomás, le ayudará a descubrir la realidad y le mostrará su apoyo antes de ser llevado a cumplir su condena. La salida de la celda de Tulio supone un mazazo decisivo para la curación, quien comprende que va a ser ejecutado. Sus palabras finales a Tomás van orientadas a sacar a este de la realidad en que vive sumido. Tulio es un fotógrafo, y es el único que en la alucinación de Tomás conserva el mismo oficio que ejercía en la realidad.

Asel es el ingeniero, pero la mente enferma de Tomás le ha consignado como médico de la habitación. Asel es el hombre más maduro de cuantos ocupan la celda y el más experimentado en estos ambientes. Fue delatado por Tomás, pero tratará de devolver la cordura a su mente, pues él también fue delator y sabe lo que la tortura es capaz de hacer en la gente. Le apoya e intenta que no le juzguen los demás. Al final de la obra, se suicida para no delatar sus propósitos ni a sus compañeros implicados.

Lino queda reflejado como un personaje sin tacto y muy impulsivo, confiesa haber desconfiado de todos. Cuando está seguro de quien es el chivato, le fuerza a hablar y en un impulso de rabia lo lanza al vacio y lo mata. Por su modo de comportarse y pensar, cree que Tomás sólo está fingiendo, otras veces intenta decirle la verdad impulsivamente. Finalmente, se decide a colaborar con Tomás. Es tornero, y en las alucinaciones de Tomás aparece como ingeniero.

Max, el tenedor de libro que Tomás ve como matemático, parece mantenerse al margen de todo. Le sigue la corriente a Tomás y a los demás cuando es un esbirro de los dirigentes de la cárcel. A cambio de pequeñas concesiones, filtra información de sus compañeros y los expone al paredón. Es despreciado por el resto, porque a diferencia de Tomás, traiciona a sus iguales deliberadamente.

Berta es un personaje entre la realidad y la ficción, sólo es vista por Tomás de forma que, presumiblemente, es fruto de su mente enferma, un recuerdo de su auténtica novia. En teoría, se encuentra en la Fundación en calidad de becada y realiza esporádicas visitas a Tomás, en sus últimas apariciones se hace acompañar de un ratoncito al que le ha puesto el nombre de su novio y que puede considerarse una metáfora del propio Tomás. De todas sus visitas, sólo una fue real.

El hombre tumbado, enfermo a los ojos de Tomás, yace muerto en su cama durante seis días. Esta vil acción es llevada a cabo por sus compañeros de celda con la intención de aumentar su escasa ración alimenticia, y con el propósito secreto de Asel y Tulio de ser bajados a las celdas de castigo desde las que intentar fugarse.

También aparecen reflejados en la obra distintos policías y camareros que se limitan a cumplir con sus funciones y a jactarse de la locura de Tomás.

El lenguaje de los protagonistas suele estar caracterizado por su densidad, hondura y precisión, sin descuidar los aspectos espectaculares del teatro.

Por ser una obra teatral abundan los diálogos, estos conducen a la narración. En ellos, el lenguaje empleado es culto, profundo, reflexivo, pero destaca por su claridad y facilidad de comprensión.

Los personajes se expresan en todo momento con corrección, hasta a la hora de insultarse lo hacen con clase. Al enfrentarse a la realidad que supone su condena a muerte, todos reaccionan como estoicos, esperando la conmutación o la ejecución de su condena, esto es reflejo de la personalidad del autor.

También es destacable el hecho de que no aparece ninguna clase de argot que nos ponga de manifiesto que estamos en una cárcel, sólo una serie de palabras relacionadas con este campo semántico.

Un rasgo muy destacable son las acotaciones, que no se limitan a meros fragmentos informativos. Constituyen un texto narrativo-descriptivo en sí mismas, autónomas, forman parte de la obra de la misma manera que los diálogos; por su calidad literaria no pueden ser obviadas.

Las características principales de la estructura son que comienza in media res y presenta una estructura circular, empieza y acaba en la confortable habitación de una fundación. La obra se desarrolla en dos actos, divididos en dos cuadros cada uno.

En el primer acto tiene lugar el proceso de transformación de la lujosa habitación de la Fundación a la celda de una cárcel, es la superación por parte de Tomás de su enajenación mental después de haber delatado a sus compañeros.

El segundo acto es el proceso de transformación a la libertad, cuando Tomás descubre la verdad el esquema se complica. Aparece el plan de Asel para escapar de la cárcel, plan que se verá amenazado por el traidor de Max, que por su torpeza es descubierto. Continua el plan cuando Lino y Tomás son trasladados a las celdas de castigo o al paredón, ya que este proceso es interrumpido a favor de un final abierto.

Pertenece al género dramático de la tragedia debido a la catarsis del espectador y al final abierto de la obra. El espectador se identifica con el personaje, se conmueve ante lo representado y se siente impulsado a luchar para superar sus errores y labrar su propio destino. El teatro de Buero es doblemente problemático pro que se cierra con un interrogante sin respuesta, le enseña los problemas, le plantea como resolverlos pero no le ofrece soluciones.

El final abierto de la obra, unido a estructura circular, con la apertura de la Fundación para unos nuevos inquilinos, relacionan la tragedia con las obras clásicas, que se imponía a unos héroes que basaban su condición heroica en la aceptación del desenlace fatal e irremediable. Este fatalismo es teñido de esperanza.

La obra está inmersa en un realismo simbólico, lo que contribuye a conferirle su dimensión existencial. Su cárcel es metafísica, simbólica.

En cada una de sus obras, Buero planea la relación entre el escenario y la sala donde se ubica el espectador. Su contribución más interesante al teatro del s XX son los efectos de inmersión, que supone la identificación del espectador con los personajes llevada a su máxima expresión. Consigue así sorprenderlo para que tome conciencia del mensaje trágico que pretende transmitirle. En La Fundación, los espectadores se preguntan si no están viviendo, como Tomás, en un error, si muchas cosas de su mundo no serán también una invención tras la que se ocultan otras cárceles.