La fiesta del chivo; Mario Vargas Llosa

Literatura peruana contemporánea. Siglo XX. Narrativa hispanoamericana. Novela. Argumento. Lengua y estilo. Dictadura. Rafael Leónidas Trujillo

  • Enviado por: Celia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas
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1. INTRODUCCIÓN (razonar la elección del libro)

La elección de este libro se basó sobre todo en dos factores: el primero, mi gusto personal por la narrativa sudamericana, que redujo mi lista de opciones a dos: Ojos de perro azul y La fiesta del Chivo. Acababa de leer Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez, por lo que decidí variar de autor y optar por el segundo.

Además, pedí opinión a mis padres, cosa que hago cada vez que debo elegir una lectura, pues su gusto generalmente coincide con el mío. Opinaron que era una buena elección, por lo que no lo pensé más.

A pesar de las recomendaciones, carecía de información sobre el tema de la novela, y no investigué demasiado porque creo que así siempre se mantiene por completo el misterio de las obras. Y puesto que no poseía una idea predeterminada de ella, no puedo decir que me haya decepcionado o que haya satisfecho mis expectativas.

Sí es cierto que empecé a leer con mucho entusiasmo, y que al principio me atrajo mucho la historia y la forma de ser contada. Sin embargo, mis sensaciones variaron a medida que continuaba la lectura. Hacia la mitad del libro había partes que no lograban captar mi atención, quizás porque eran demasiado lentas, o demasiado detallistas en cuanto a nombres, fechas y acontecimientos históricos. Los capítulos finales, por otra parte, me aterraron por el detalle con el que narra las torturas y el dolor de los prisioneros y la humillación de la niña Urania. Creo que estas descripciones me impidieron disfrutar plenamente de la lectura mientras duraron los capítulos que las recogen.

Me ha sorprendido la manera en que está estructurada la historia y el desarrollo de la acción; me parece una técnica original y atractiva, con mucho mérito por la complejidad de la misma.

A pesar de los defectos que he encontrado, mi opinión sobre este libro es excelente, pues creo que se trata de una buena novela, creada por un buen escritor.

2. ARGUMENTO

En el libro se narran nueve historias; nueve vidas marcadas por una única figura: el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Sólo una está contada desde el presente: la de Urania Cabral, hija del ex-senador Agustín Cabral caído en desgracia en los últimos días del régimen. Cuando salió de la República Dominicana, Urania era apenas una niña de catorce años. Ahora vuelve sin una razón clara, convertida en una mujer madura, fría, con una aversión profunda a los hombres y centrada únicamente en un trabajo que no le apasiona: “Mira que si, después de todos estos años, descubres que, debajo de tu cabecita voluntariosa, ordenada, impermeable al desaliento, detrás de esa fortaleza que te admiran y envidian, tienes un corazoncito tierno, asustadizo, lacerado, sentimental. Se echa a reír. Basta de boberías, muchacha.” (pág. 12).

Ya no siente ni siquiera odio por su padre, aquel hombre que la entregó al general Trujillo en un último intento desesperado de volver a conseguir sus favores. No siente odio, pero tampoco es capaz de sentir nada más. Nunca ha amado a nadie, no experimenta ni nostalgia ni alegría al volver a su país de origen, al entrar de nuevo en la casa de su infancia; ignora la ternura mientras sus tías y primas lloran al verla después de tantos años: “Sí, sí, ya sé, tienen problemas, apuros, decepciones. Pero también, una familia, una pareja, hijos, parientes, un país. Esas cosas llenan la vida. A mí, papá y Su Excelencia me volvieron un desierto.” (pág. 513).

Cuando encuentra a su padre viejo e inválido, se sienta indiferente a su lado y comienza a recordar sus últimos años de carrera. De vez en cuando le echa en cara los errores cometidos, escarba en los recuerdos más dolorosos, sin que el pobre enfermo que se estremece en su sillón le produzca ni un atisbo de piedad.

Con los capítulos de los recuerdos de Urania se entremezcla el resto de las historias, todas más antiguas, de la época en la que ella huyó a Estados Unidos.

El Generalísimo, causante de todas las desgracias acaecidas en el libro, pasa sus últimas semanas luchando con los problemas que atosigan al país: las malas relaciones con el resto del mundo (EEUU, Cuba y los comunistas, la Iglesia...), los eternos conspiradores que traicionan a su propia patria, el cuidado de las relaciones con sus hombres de confianza para que ninguno se sienta desatendido. Todo envenenado por la conciencia de los primeros síntomas de vejez que le manchan los pantalones y que le humillaron delante de la niña Uranita Cabral. En el camino a la Casa de Caoba, a donde se dirige para demostrarle a su propia hombría que todavía era capaz de todo, le esperan impacientes varios hombres repartidos en dos coches. Es el grupo de conjurados que acabará con “la Bestia”: Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert, Pedro Livio Cerdeño??, Amadito y otros pocos más. Cada uno tiene un motivo particular para estar allí:

A Antonio de la Maza le roe el ansia de venganza por la muerte de su hermano. Desde que Tavito fue asesinado, sólo tiene un objetivo en la vida: matar a Trujillo. Esa idea se ha convertido en una obsesión que le volvió violento, irritable; una obsesión que le ahoga: “¿Vendría? Sí, vendría. Y cesaría el largo calvario que había sido la vida de Antonio desde la muerte de Tavito.” (pág. 103)

El teniente Amado García Guerrero, Amadito, fue un ciego fiel de Trujillo hasta los veintinueve años. Fue entonces cuando comprendió la verdadera realidad del régimen; le impidieron casarse con la mujer amada por el hermano comunista de ella. Lo aceptó como sacrificio a su Jefe. Después de despedirse de su novia, le engañaron para que matara al hermano. Le atormenta desde entonces aquel recuerdo, y quiere hacer pagar al verdadero culpable.

El sentimiento de Antonio Imbert es menos individualista que el de sus compañeros. Él busca ante todo la liberación de su país, del pueblo dominicano de la opresión de "la Bestia". sin embargo, también Antonio Imbert tiene, en cierto modo, alguien a quién vengar: las hermanas Mirabal, activistas del Movimiento 14 de Junio. Su asesinato las convirtió en un símbolo de la lucha contra el trujillismo, y en ellas se inspira el ex-militar.

Para Salvador Estrella Sadhalá, la fe y la espiritualidad son los aspectos más importantes de la vida, sin los que es incapaz de pasar. Profundamente católico, al Turco le mueven los mandatos de la Iglesia. Siempre tuvo dudas con respecto al régimen, pero desde que el 25 de enero de 1960 el episcopado proclamó abiertamente su oposición a éste en la Carta Pastoral y los obispos e iglesias comenzaron a sufrir maltratos, decidió que Dios aprobaría la solución de acabar con el tirano. El suyo es un sentimiento liberador del pueblo, siente que va a realizar una gran obra para la humanidad: “Le rogó que Trujillo viniera, que su infinita gracia permitiera que ejecutaran de una vez al verdugo de los dominicanos, esa Bestia que ahora se encarnizaba contra la Iglesia y sus pastores.” (pág. 237).

Aparentemente, Pedro Livio Cerdeña es un hombre de mal carácter, violento e impulsivo. Pero en el fondo tiene un buen corazón, sensible e incluso a veces tierno: "¡Pobre Olga! El embarazo le daba antojitos. ¿La impresión le haría perder el bebe? No, Dios mío. Éste sería la hembrita que haría pareja con Luis Mariano, hijito de dos años." (pág. 315). Administra una de las empresas de la familia Trujillo. Tiene una buena situación económica, una mujer embarazada y un hijo de dos años; para el exterior, es un trujillista sin motivo aparente para ir contra el régimen. Sin embargo, la noticia del asesinato de las hermanas Mirabal, a quienes no conocía personalmente, abrió una profunda herida en su interior y le convenció de los límites a los que se estaba llegando. Desde entonces desea, como Salvador Estrella, acabar con el sufrimiento de su patria de la única manera posible: matando a “la Bestia”.

El plan ha tenido éxito, ya se ha producido el tiroteo y Trujillo está muerto. El general José René Román, jefe de las fuerzas armadas de la República Dominicana debe preparar a los militares y tomar el poder por la fuerza. Sin embargo, la fuerza dominante que ejerce Trujillo en el general Román, incluso después de muerto, le impiden llevar a cabo su misión. El coronel Abbes García, mano derecha del Benefactor, toma el control de la situación. Román comienza a actuar al contrario de lo planeado, como inconsciente: ya no hay vuelta atrás, todo ha fracasado. Su estado de confusión sólo termina cuando es detenido por la policía trujillista y llevado a la cárcel para someterle a torturas inhumanas. Cuando ya es incapaz de sentir más dolor, entonces le dejan morir.

Ese mismo final es el que les espera a los demás conjurados y a sus familias. Antonio de la Maza, Amadito, Pedro Livio, Salvador Estrella y Juan Tomás Díaz mueren, bien en la huída desesperada, bien ajusticiados después de meses de torturas.

Durante estos meses, Agustín Balaguer, el hasta entonces insignificante presidente fantoche, consigue discretamente llenar el vacío que deja la muerte, y poco a poco, ir ganando el poder de un verdadero presidente de Estado. Siempre sereno, calculador, inocente en apariencia, logra echar a los hermanos de Trujillo del país y comenzar a instaurar una democracia. Y para demostrarlo al mundo exterior, recibe con todos los honores a los dos únicos fugitivos que sobreviven tras un largo encierro: el doctor Amiama, y Antonio Imbert.

3. LENGUA Y ESTILO

El decoro lingüístico se observa sobre todo en los diálogos, que se adaptan perfectamente a cada personaje y situación. Por ejemplo, las conversaciones entre Antonio de la Maza y sus compañeros durante la espera en los coches están plagadas de repeticiones y expresiones vulgares que reflejan la impaciencia y los nervios del momento.

“-Vendrá - repuso al instante Amadito, con impaciencia - se ha puesto el uniforme verde oliva. Los ayudantes militares recibieron la orden de tenerle listo el Chevrolet azul. ¿Por qué no me creen? Vendrá.” (Pág. 40)

“-No sé por qué- insistió el teniente-. Pero, irá. Se ha puesto el uniforme verde oliva. Ha ordenado el Chevrolet azul. Irá.” (Pág. 41)

Asimismo, durante el tiroteo, y más tarde, cuando huye cada uno por su camino, se nos transmite la tensión y la angustia por medio de exclamaciones, tacos y expresiones muy coloquiales, típicas del español dominicano.

“-¡Para, para! -rugía Antonio de la Maza-. ¡Da riversa, coño!” (Pág. 250)

“... y alcanzó a oír a un exultante Antonio de la Maza - Ya este guaraguao no come más pollo...” (Pág. 311)

“-Que se vayan al carajo -dijo Amadito-. Que me maten. El Chivo está tieso y no lo van a resucitar. Tu no te preocupes, mi hermano.” (Pág. 358)

Las conversaciones que mantiene el general Trujillo con sus subordinados, sin embargo, mantienen un tono correcto y respetuoso, incluyendo todas las formalidades posibles; asegura así las distancias necesarias para crear a su alrededor una atmósfera de grandeza que nadie osa invadir.

A algunos interlocutores se dirige de usted y a otros de tú, obedeciendo al grado de confianza o de respeto que le merezcan. A él, por el contrario, todos le llaman de usted, añadiendo apelativos como “Su Excelencia”, o “Jefe”.

Trujillo: “-Insiste usted en sacar al obispo Reilly del Colegio Santo Domingo -murmuró-. Siéntese, sírvase café.

-¿Me permite usted, Excelencia?” (Pág. 79)

Este decoro lingüístico se observa no sólo en los diálogos sino en el resto de la narración, ya que se basa siempre en los pensamientos de cada personaje. Así pues, el registro de Trujillo varía considerablemente de lo que pasa por su mente a lo que pronuncia. Cuando leyendo su pensamiento, nos encontramos a menudo con adjetivos despectivos y expresiones vulgares que omite a la hora de hablar: “No tenía huevos para eso.” (pág. 29); “... una familia de parásitos, inútiles, badulaques y pobres diablos...” (pág. 229)

El registro de Balaguer por el contrario, es formal, sobrio, reflejo de su personalidad calmada y calculadora.

Urania Cabral también utiliza un registro correcto tanto en sus pensamientos como en sus diálogos, introduciendo a menudo palabras procedentes del inglés, testigos de los largos años pasados en Estados Unidos: “... pese a que las sisters habían prohibido...” (pág. 137); “... regresaban tan exhausta al dormitory...” (pág. 201); “...para entregar los papers.” (pág. 201).

En cuanto a la sintaxis, aunque depende de la situación narrada, las frases suelen ser largas; predomina la subordinación, pero hay ocasiones donde el autor quiere representar la velocidad y el caos del pensamiento: entonces las oraciones son simples o coordinadas, y muy cortas. Esto ocurre, por ejemplo, cuando Urania llega a la República Dominicana y experimenta sentimientos confusos e inseguros. También cuando Pedro Livio es herido en la pierna durante el tiroteo a Trujillo. Entonces, en un estado de semi-inconsciencia, el dolor se mezcla con la alegría del éxito y la incertidumbre del futuro. En este caso las frases cortas reproducen el ritmo agónico de su mente: “El ardor en el estómago y el brazo había disminuido. Se sentía débil y no intentaba hablar. Estaba lúcido, entendía a cabalidad lo que decían.” (Pág. 313) 315- el bebe, antojitos

El libro tiene un léxico muy rico y variado, complicado a veces por el constante uso de palabras y expresiones características del español latinoamericano. Otras complicaciones vienen por ciertos términos no necesariamente hispanoamericanos sino simplemente de significado desconocido para mí. El siguiente glosario incluye ambos tipos de términos:

Azogados (pág. 80)

Absceso (pág. 79)

Catafalco (pág. 117)

Ológrafa (pág. 116)

Luctuosos (pág. 119)

Volquete (pág. 177)

Debacle (pág. 197)

Prángana (pág. 201)

Cocuyos (pág. 229)

Elucubrar (pág. 241)

Renqueando (pág. 266)

Ignaro (pág. 267)

Refocilándose (pág. 268)

Chapetones (pág. 295)

La narración en La fiesta del Chivo tiene un lugar preferente sobre la descripción. Sólo interesan las acciones, los sucesos, mientras que se obvian todos los detalles poco decisivos. Así pues, hay una gran abundancia de verbos, mientras que los adjetivos, siempre especificativos, aparecen sólo cuando son verdaderamente necesarios para la historia.

El autor se introduce siempre en cada personaje, busca en sus recuerdos y narra la historia desde su punto de vista. En la historia de Urania mantiene un estilo bien diferenciado del resto del libro. Para acentuar el efecto de que nos encontramos en el interior de su mente, combina, sobre todo al principio, verbos en tercera persona y en segunda, como si hablara consigo misma o con su padre: “Por más que te conserves mejor que otras” (pág. 19); “Tuviste suerte, papá” (pág. 17).

En sus reflexiones antes y durante la visita a su padre, se dirige constantemente a él, por lo que a veces no sabemos si piensa o le habla en voz alta. Intercala sus recuerdos con los pensamientos sobre el futuro y la descripción del presente, valiéndose para ello de verbos en pretérito perfecto simple, presente, y condicional y fututo simple. “¿Cuántas veces paseaste entre ellos, papá?” (pág. 17); “Camina deprisa, reconociendo los hitos.” (pág. 16); “Entrarás y le preguntarás a la enfermera por el inválido...” (pág. 17).

Con los demás personajes e incluso con la misma Urania cuando comienza a hablar con su tía y con sus primas, se pierde el uso de los verbos en segunda persona, lo que sitúa al lector más alejado de la acción. Los tiempos usados entonces, (exceptuando los de los diálogos, que están en presente) son sólo los pretéritos y los condicionales, debido quizás a que pretende diferenciar los distintos planos de acción, y la única historia que se desarrolla en un presente más cercano al nuestro es la de Urania.

4. CREACIÓN (introducción de un nuevo personaje que cambie el desenlace)

Cuando se dirige a los ascensores, una figura femenina la intercepta. Es una señora de edad indefinida, elegante, alta, con grandes ojos verdes, y una sonrisa de oreja a oreja que le hace parecer la mujer más dichosa del planeta:

—¿Uranita? ¿Urania Cabral? ¡Uranita querida, no puedes ser tú! ¡Qué alegría encontrarte, qué alegría! Pero no has cambiado nada, me parece increíble... — grita, con una felicidad sincera y espontánea.

Urania se queda inmóvil unos segundos, desconcertada, sin saber cómo reaccionar. ¿Quién es ésta? Si no la hubiera llamado por su nombre, la habría despedido tomándola por una loca vagabunda. La señora no se molesta por la indecisión de Urania:

—Uranita querida, ¿no me reconoces? Pero claro, yo sí me volví vieja y gorda; tú, sin embargo, ¡muchacha, estás estupenda! Soy Celia, ¿no te acuerdas? ¡Celita Martín, tu amiga del colegio! ¿Ahora sí? — siguió gritando, feliz, moviendo las manos.

Entonces Urania se fija en los ojos. Esos un verde intenso que sólo ha visto en una persona. No puede ser. Celia, su amada Celita se había esfumado por completo de su memoria. Era hija de un buen amigo de su papá, ¿cuál era su nombre? Álvaro Martín, claro. Se conocían desde el nacimiento, y habían ido juntas al Colegio Santo Domingo. Fueron las mejores amigas durante tantos años que Celia pasó a formar parte de la familia. Jugaban siempre con Lucindita y Manolita en la casa que acaba de dejar atrás. Llegaron a compartirlo todo, Celia había sido su hermana, ¿cómo es posible que la hubieras olvidado? Fue en la huída, Urania, ¡dejaste atrás tantas cosas que jamás volviste a recordar! Tantas cosas, sí, ¿pero, a Celia? Debió ser un mecanismo de defensa, borrar de tu mente aquellas cosas que te harían sufrir. Y funcionó bien, sin duda. Jamás habrías reconocido a tu amiga del alma si ella no te hubiera hablado. De repente, todas las lágrimas que no había llorado durante treinta y cinco años le empañan los ojos irremediablemente.

—Pero Urania, ¿qué te pasa? ¿Ya me reconociste? Nena, has debido tener demasiadas emociones en este viaje, me dijeron que pasaste años sin volver. ¡Pero cálmate mi hija! Ven acá, dame un abrazo, qué bueno encontrarte Uranita. — le alarga los brazos y la abraza con ternura, sin dejar de sonreír.

Tras unos instantes, Urania se separa de Celia, secándose las lágrimas con la mano.

—Claro, Celia, claro que te reconozco, cómo no. Qué sorpresa, amiga, tantos años.— dice, riendo.

­—Y dime Uranita, cuándo te regresas a New York, tengo tantas cosas que contarte que no me dará tiempo.— Celia parece apresurada, impaciente por empezar a hablar.

—Mañana temprano, justo iba a hacer la maleta. Pero Celia, yo también quiero que me cuentes muchas cosas, ¿no podemos charlar un ratito ahora en algún sitio?

Urania siente que nunca había dicho nada con tanto entusiasmo. Una ilusión desconocida le dibuja una sonrisa infantil en la cara. ¿Qué te está pasando, Urania? Ya sabes lo que te ha costado ser fuerte, conseguir que nada te importe demasiado, no lo eches todo a perder por una sensiblería. Se acomodan en un saloncito escondido del hotel, iluminado con velas blancas y ocupado sólo por una pareja de turistas acaramelados. Celia la somete a un interrogatorio agotador. Con mucho esfuerzo, consigue sonsacarle la historia de la noche con Su Excelencia. Ya la has contado una vez, qué más da otra, Urania. Además, ahora puedes ahorrarte los detalles. Por fin termina y mira a Celia, que parece sorprendida:

­­—¿Por eso no regresaste nunca? Pero Urania, te creía más valiente.— por fin ha dejado de sonreír, y quien se sorprende ahora es Urania. — Muchacha, no fuiste la única en pasar por eso, ¿sabes? ¿Acaso no recuerdas aquellos meses que pasé encerrada en casa, sin ver a nadie, ni a mi papá? Ay Urania, éramos todavía muy niñas para darnos cuenta de nada, y tú más que nadie. Pues parece que al Jefe le gustamos las del Colegio Santo Domingo, porque a mí también me mandó llamar. Mi papá, claro, no se atrevió a negarse, imagínate, a pesar de los llantos de mi mamá. Y conmigo Su Excelencia sí funcionó, mi hija, te lo aseguro. No lo pasé mejor que tú, y a la mañana siguiente también quise morirme. Me puse enferma, me metí en mi cama y no salí en varios meses. Después, mi mamá consiguió enviarme a la casa de una amiga en Washington durante el verano, qué raro que no te acuerdes, Uranita.— hace una pausa, y Urania puede fijarse en los rasgos de su cara, que aun serios, conservan siempre una luminosidad que en todo momento la hacen parecer alegre.

Sigue hablando durante horas, y a medida que continúa su historia le transmite una energía que es incapaz de ignorar. Celia había podido huir como ella, dejar atrás todo lo que le pertenecía y comenzar una vida vacía como la suya. Pero no lo hizo. Volvió a su casa, se enfrentó a su padre, le odió durante muchos años y después ya no. No se encontró nunca más con el Benefactor, aunque vivió temiéndolo hasta después de muerto. Y cuando creció, quiso estudiar en Estados Unidos, como tú, Uranita, pues nunca te olvidó; así que se trasladó a Washington sin que nadie hubiera conseguido arrebatarle la ilusión de la vida.

—Yo también tengo un trabajo allá, pero regreso a cada rato, Urania. Siempre extraño las cosas de acá, y a la gente. Por eso me compre una casita, nada especial, pero muy linda y suficiente para mi marido y para mí. Justo al lado de la de tu papá, la viste seguro. ¿Vendrás a visitarme, Uranita? Por favor, te llamaré y vendrás a visitarme, ¿sí? ¡Me dio tanta alegría verte, muchacha!

En la puerta del ascensor se despiden con abrazos y lágrimas vergonzosas. Mientras sube hacia la habitación ya no reprime el llanto. Ya puedes llorar, Urania.

"Si Marianita me escribe, contestaré a todas sus cartas. Y si Celia me llama, acudiré corriendo a visitarla", decide.

5. SUGERENCIAS Y CRÍTICA

La mayoría de las personas que han leído este libro lo han hecho por el prestigio del autor, no porque tuvieran un gran interés en el tema de la dictadura de Trujillo. A casi todos les parece una novela excelente, con una historia interesante y bien contada. Sin embargo, coinciden en que la crudeza de algunas descripciones hace muy desagradables ciertos capítulos. Para otros, ahí está el mérito de Vargas Llosa, en saber contar algo tan cruel con tanta fidelidad.

Otro defecto que algunos encuentran es la lentitud de la acción en determinados momentos. Se detiene demasiado en hechos de la política de la República Dominicana que no siempre captan el interés del lector, ya que es algo lejano a él.

Quienes no han leído esta novela no parecen muy interesados al conocer el tema de la misma, pues no tiene mucha relevancia en España.

En general, las opiniones son muy buenas, aunque todos encuentran posibles mejoras.