La España invertebrada; José Ortega y Gasset

Filosofía contemporánea española. Narrativa ensayística. Ensayo. Raciovitalismo. Decadencia sociedad española. Corriente neokantiana

  • Enviado por: Loyan
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
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El libro de Ortega y Gasset, la "España invertebrada", nos comenta la sociología de ahora mirando desde el pasado, ya que todo tiene relación, pues es la evolución de un país y de una sociedad que evoluciona de manera distinta que el resto de Europa. Es tan desmesurada nuestra evaluación de la pasada peninsular, que por fuerza ha de deformar nuestros juicios sobre el presente. El español suele hacerse ilusiones sobre el pasado en vez de hacérselas sobre el porvenir, que sería mas fecundo.

¿Es extraño que al cabo del tiempo la mayor parte de los españoles y desde luego la mejor, se pregunte, para que vivimos juntos? Porque algo que se hace hacia adelante; es una actividad que va de este segundo al inmediato futuro.

¿Qué nos invita el "poder" publico ha hacer mañana en entusiasta colaboración? Desde hace mucho tiempo el poder nos utiliza, a nosotros los españoles, para sus hazañas, por lo que España cada vez se ha ido menguando cada vez más; el poder ha ido erosionando a lo largo de la historia a un gran país.

Necesariamente no es importante ni imprescindible que en una sociedad coincidan todas las ideas, pero si es importante que ser conocidas tanto las ideas como las actitudes de las distintas clases sociales, ya que si esto falla las distintas clase piensa que están ellas solas, que todo gira alrededor suya. Por lo tanto, en la cuestión de territorios, etc., se apropian sin darle cuentas a nadie ya que como he dicho ante, se creen que su forma de pensar es la única que existe. Las clases y los gremios son partes en un sentido más radical que los núcleos étnicos y políticos.

En la época de las Guerras Mundiales, España no se metió en ningún momento, ya que en las primeras

y en la segundo, acababa de salir de una guerra civil.

Al decidirse que ya no habría guerra, era inevitable que las demás clases se destenté dieran del ejército, perdiendo toda sensibilidad por el mundo militar. En los individuos de nuestro Ejército, germinó una funesta suspicacia hacia políticos, intelectuales, obreros, etc.; fermento en el grupo armado el resentimiento y la antipatía respecto a las demás clases sociales, y su periferia gremial se fue haciendo cada vez más hermética, menos porosa al ambiente de la sociedad circundante. Entonces comienza el Ejército a vivir del fondo de sí mismos, sin recepción ni canje de influencias ambientales. Se fue encerrando sobre si mismo, sobre su propio corazón.

Particularismo es el estado de contar solo con uno mismo, cosa que hay veces que pensamos que debemos de hacer lo nuestro y solo lo nuestro si ayudar ni mirar al de al lado nuestro, puede que por propio egoísmo o por menos precio, pero sea lo que sea, poco a poco nos vamos convirtiendo mas independientes. Los avances también influyen.

El contar con el prójimo es sentir, percibir simpatía hacia él, ¿esto no es una de las claras formas en que demostramos que existen para nosotros?

No queremos luchar, queremos simplemente vencer. Como esto no es posible preferimos vivir de ilusiones y nos contentamos proclamarnos ilusamente vencedores en el parvo recinto de nuestra tertulia de café, de nuestro casino, etc., o simplemente de nuestra imaginación.

Quien desee que España entre en un periodo de consolidación, quien en serio ambicione la victoria deberá contar con los demás.

El ensayo de Ortega y Gasset no aspiraba a otra cosa que a diagnosticar el mayor mal presente en nuestra España, ¿las causas, los medios de curarlos? Los orígenes del morbo terrible son viejos, muy viejos; el rigor, van unidos a la raíz misma de nuestro espíritu étnico. Los pueblos triunfan por sus virtudes y buenas dotes, pero fracasan por no atender en sazón a sus defectos. España, a tenido de barro testa. Con forme pasan los años y con ellos se van acumulando experiencias y mediaciones, crece la sospecha de que nuestra facultad más enteca a sido siempre el intelecto. Nunca tuvimos mucho, y casi perpetuamente sé a descuidado ese cultivo. ¿Cómo convencer a un pueblo entero de que es poco inteligente y de que no se salvara mientras no se convezca de ello?

Estos estudios sobre la hora presente de España se concluyen con tres sencillas observaciones:

1. - Un pueblo vive de lo mismo que le dio la vida: La aspiración. Para mantenerlo unido es preciso tener antes sus ojos un proyecto sugestivo de vida en común. Solamente grandes, audaces empresas despiertan los profundos instintos vitales de las grandes masas humanas. No el pasado, sino el futuro; no la tradición, sino el afán.

2. - Esas grandes empresas no pueden hoy, por lo pronto, consistir mas que en una gigantesca, dinámica de la vida interior de España orientada hacia un destino internacional: la unificación de los pueblos de habla española. España tiene que volver al crisol de una reforma omnímoda, fundiendo sus partes, torne a unirlas, Remorfa y América.

3. - Nada de esto querido se puede iniciar sin convencernos antes de que en España hoy, como siempre, es reducidísimo el numero de hombres bien dotados. Si no es situado cada cual en el puesto donde mayor rendimiento pueda dar todo será vano. Culto al hombre selecto.

La enfermedad española, es, por malaventura, más grave que la susodicha "inmoralidad pública". Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad. Que una sociedad sea inmoral, tenga o contenga inmoralidad, es grave; pero que una sociedad no sea una sociedad, es mucho más grave. Pues bien: éste es nuestro caso. La sociedad española se está disociando desde hace largo tiempo porque tiene infeccionada la raíz misma de la actividad socializadora. El hecho primario social no es la mera reunión de unos cuantos hombres, sino la articulación que en ese ayuntamiento se produce inmediatamente. El hecho primario social es la organización en dirigidos y directores de un montón humano.

Esto supone en unos cierta capacidad para dirigir; en otros, cierta facilidad íntima para dejarse dirigir. En suma: donde no hay una minoría que actúa sobre una masa colectiva, y una masa que sabe aceptar el influjo de una minoría, no hay sociedad, o se está muy cerca de que no la haya.

Ahora bien: si durante varias generaciones faltan o escasean hombres de vigorosa inteligencia que sirvan de diapasón y norma a los demás, que marquen el tono de intensidad mental exigido por los problemas del tiempo, la masa tenderá, según la ley del mínimo esfuerzo, a pensar con menos rigor cada vez; el repertorio de curiosidades, ideas, puntos de vista, menguará progresivamente hasta caer bajo el nivel impuesto por las necesidades de la época. Tendremos el caso de una raza entontecida intelectualmente degenerada.

La colonización inglesa fue la acción reflexiva de minorías, bien en consorcios económicos, bien por secesión de un grupo selecto que busca tierras donde servir mejor a Dios. En la española, es el "pueblo" quien directamente, sin propósitos conscientes, sin directores, sin táctica deliberada, engendra otros pueblos. Grandeza y miseria de nuestra colonización vienen ambas de aquí. Nuestro "pueblo" hizo todo lo que tenía que hacer: pobló, cultivó, cantó, gimió, amó. Pero no podía dar a las naciones que engendraba lo que no tenía: disciplina superior, cultura vivaz, civilización progresiva. Creo que ahora se entenderá mejor lo que antes he dicho: en España lo ha hecho todo el "pueblo", y lo que no ha hecho el "pueblo", se ha quedado sin hacer. Pero una nación no puede ser sólo "pueblo": necesita una minoría egregia, como un cuerpo vivo no es sólo músculo, sino, además, ganglio nervioso y centro cerebral.

La colonización inglesa fue la acción reflexiva de minorías, bien en consorcios económicos, bien por secesión de un grupo selecto que busca tierras donde servir mejor a Dios. En la española, es el "pueblo" quien directamente, sin propósitos conscientes, sin directores, sin táctica deliberada, engendra otros pueblos. Grandeza y miseria de nuestra colonización vienen ambas de aquí. Nuestro "pueblo" hizo todo lo que tenía que hacer: pobló, cultivó, cantó, gimió, amó. Pero no podía dar a las naciones que engendraba lo que no tenía: disciplina superior, cultura vivaz, civilización progresiva. Creo que ahora se entenderá mejor lo que antes he dicho: en España lo ha hecho todo el "pueblo", y lo que no ha hecho el "pueblo", se ha quedado sin hacer. Pero una nación no puede ser sólo "pueblo": necesita una minoría egregia, como un cuerpo vivo no es sólo músculo, sino, además, ganglio nervioso y centro cerebral.

La raíz de la descomposición nacional está, como lógico, en el alma misma de nuestro pueblo. Puede darse el caso de que una sociedad sucumba víctima de catástrofes accidentales en las que no le toca responsabilidad alguna. Pero la norma histórica, que en el caso español se cumple, es que los pueblos degeneran por defectos íntimos. Trátese de un hombre o trátese de una nación, su destino vital depende en definitiva de cuáles sean sus sentimientos radicales y las propensiones afectivas de su carácter. De éstas habrá algunas cuya influencia se limite a poner un colorido peculiar en la historia de la raza. Así hay pueblos alegres y pueblos tristes. Mas esta tonalidad del gesto ante la existencia es, en rigor, indiferente a la salud histórica.

Advirtamos, por ejemplo, lo que acontece en las conversaciones españolas. Y, ante todo, no extrañe que más de una vez se aluda en este volumen a las conversaciones tributándoles una alta consideración. ¿Por ventura, se cree que es más importante la actividad electoral? Sin embargo, bien claro está que las elecciones son, a la postre, mera consecuencia de lo que se parle y de cómo se parle en un país. Es la conversación el instrumento socializador por excelencia, y en su estilo vienen a reflejarse las capacidades de la raza. Debo decir que la primera orientación hacia las ideas que este ensayo formula vino a mí reflexionando sobre el contenido y el régimen de las conversaciones castizas. Goethe observó que entre los fenómenos de la naturaleza hay algunos, tal vez de humilde semblante, donde aquélla descubre el secreto de sus leyes. Son como fenómenos modelos que aclaran el misterio de otros mundos, menos puros o más complejos. Goethe los llamó protofenómenos. Pues bien, la conversación es un protofenómeno de la historia

OPINIÓN PERSONAL

Todo esto que aquí he expuesto es lo que piensa el autor, es decir, mi opinión no ha tenido nada que ver, ni mi opinión ni mi punto de vista.

La sociedad esta muy corrupta con tanto fanatismos y evolución, antiguamente solo había un teléfono en la casa, y hasta uno solo en todo el bloque de piso, por lo que lo más normal es que los vecinos pidieran llamar por favor por teléfono, por lo que nos lleva a que antiguamente existía mucha mas comunicación y relación con el prójimo.

Ahora existe también la relación pero de otra forma, es más superficial, lo definiría yo, pues la comunicación es mas vía satélite que vía oral y cara.

España ha avanzado mucho, pero también ha retrocedido en algunos aspectos, como los medios ambientales.

El poder que habla Ortega, ha corrompido demasiado en la España que ahora vivimos, bueno, en la España y en el mundo entero, pues en vez de pensar en mejorar las situaciones de su país o en salvar las zonas dañadas por el hombre, solo se piensa en el poder adquisitivo y poder de mando, aunque ambos están muy relacionados.

La conclusión que puedo llegar a sacar de todo esto es que aunque este libro este escrito hace tiempo y desde un punto de vista histórico avanzando lentamente hasta llegar a la sociedad de ahora, será un libro que no se quedará antiguo pues la sociedad por mucho que evolucione tendrá los mismos objetivos

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