La España de la Restauración

Historia de España. Constitución de 1876. La Gloriosa. Guerra de Cuba. Bipartidismo. Nacionalismo vasco

  • Enviado por: Ismael Hernández
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 30 páginas
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LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN.

4.1. Restauración borbónica y constitución 1876. Los fundamentos, el funcionamiento y la crisis del sistema político. Conservadores y liberales. Sucesión y actividad de los monarcas.

4.1.1. Restauración borbónica y constitución 1876.

1º INTRODUCIÓN.

Restauración constituye un largo período de la España contemporánea que se extiende desde el pro­nunciamiento de Martínez Campos en 1874 hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, con una importante inflexión en 1898 que justifica la división, a efectos prácticos, de esta etapa en dos temas diferen­tes. Este período fue globalmente un tiempo de estabi­lidad constitucional, de modernización económica y de alejamiento del ejército de la vida política, pero también lo fue de dominio de la burguesía oligárqui­ca, de caciquismo y de falseamiento electoral.

La Restauración tuvo que hacer frente a la expansión de los movimientos sociales, al cuestionamiento del dominio español tanto en las Antillas como en el Pa­cífico y, finalmente, a la emergencia de propuestas nacionalistas que, desde Cataluña o el País Vasco, exigían la reforma del Estado. La crisis de 98, el lla­mado desastre, fue un aldabonazo que hizo resque­brajar las bases del sistema y planteó la necesidad de tomar medidas orientadas a la regeneración de la vi­da política y social del país.

2ºANTECEDENTES.

  • Caída de Isabel II. (pag88)

2.1. La “Gloriosa”

El 19 de septiembre de 1868, la escuadra que estaba concentrada en la bahía de Cádiz al mando del brigadier Topete se sublevé, al grito de España con honrar, contra el gobierno de Isabel II. Prim se reunió con los sublevados y rápidamente consiguieron el apoyo de la población de Cá­diz, que se hizo dueña de la ciudad. En los días siguientes Prim fue sublevando sucesivamente Mála­ga, Almería y Cartagena. Rápidamente en muchas ciudades españolas (Sevilla, Córdoba, Huelva, El Ferrol, Barcelona, etc.) se constituyeron juntas Revolucionarias que organiza­ron el alzamiento y lanzaron llamamientos al pueblo. Las consignas eran parecidas en todas los lugares: sufragio uni­versal, abolición de los impuestos de consumos y de las quintas, y elecciones a Cortes constituyentes.

El gobierno y la Corona se encontraron completamente aislados. Su actitud había provocado que sólo los respalda­ran los más directamente beneficiados por su política, y és­tos eran en 1868 muy pocos: ni tan siquiera todos los mo­derados, sino sólo la pequeña camarilla situada alrededor del gobierno y de Isabel II. Además, el apoyo incondicional de la Reina al gabinete moderado ligó su suerte a la del mo­derantismo. Cuando las esca­sas tropas fieles al gobierno fueron derrotadas en Alcolea, el gobierno no vio más salida que dimitir. Isabel II par­tió en exilio hacia Francia.

Durante esas primeras semanas, el poder efectivo estuvo en manos de las juntas Revolucionarias y del movimiento popular. Sin embargo, se evidenció rápida­mente que en la revolución de 1868 existían diversas revo­luciones y que la que se iba a imponer era la de Prim (pro­gresistas) o Serrano (unionistas), cuyo objetivo esencial, derrocar al gobierno, ya se había conseguido.

  • Abdicación en su hijo y manifiesto de SANDHURST (pag96)

  • Pronunciamiento militar de Martínez Campos (pag96)

El 29 de diciembre de 1874, el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto proclamaba rey de España a Alfonso XII. Anteriormente Isabel II había abdicado en su hijo y Cánovas del Castillo se había convertido en el diri­gente e ideólogo de la causa alfonsina. El 1 de diciembre del mismo año 1874, el príncipe Alfonso había firmado un manifiesto (Manifiesto de Sandhurst), redactado por Cáno­vas, que sintetizaba el programa de la nueva monarquía, es­to es, un régimen monárquico de signo conservador y cató­lico, que defendería el orden social, pero que garantizaría el funcionamiento del sistema político liberal.

3º CARACTERÍSTICAS DEL NUEVO SISTEMA POLÍTICO.

- Introducción (pag128) punto1.1 y 1.2

El sistema político de la Restauración pretendía superar algunos de los problemas endémicos del liberalismo prece­dente: el carácter partidista y excluyente de los moderados durante el reinado de Isabel II, el intervencionismo de los militares en la vida política y la proliferación de enfrenta­mientos civiles. Las bases del nuevo sistema quedaron fija­das en la Constitución de 1876, de carácter moderado e inspirada en parte en la de 1845. Se trataba de una consti­tución más abierta en la cual la defensa de valores tradicio­nales, como la familia, la religión y la propiedad fuese com­patible con la incorporación a medio plazo de algunos de los principios democráticos de 1868.

La estabilidad del régimen se vio favorecida por el fin de las guerras carlista y cubana. La restauración de los Borbones privó a la causa carlista de una buena parte de su hipotética legitimidad y algunos personajes históricos dei carlismo acabaron reconociendo a Alfonso XII. Además, el aumento del esfuerzo militar hizo posible la reducción de los núcleos carlistas en Cataluña y, a lo largo de 1875, fue debilitándose la resistencia navarra y vasca hasta su total rendición en 1876.

El final de la guerra carlista permitió el envío de nuevas tropas a Cuba, donde en un par de años se puso fin al con­flicto bélico como resultado tanto de la actuación de los mi­litares como de la negociación. En 1878 se firmó la Paz de Zanjón, que incluía una amplia amnistía, la abolición de la esclavitud (aprobada definitivamente en 1886) y la prome­sa de reformas políticas y administrativas por las que Cuba tendría diputados en las Cortes españolas. El retraso o in­cumplimiento de estas reformas provocaría el inicio de un nuevo conflicto en 1879 (Guerra Chiquita) y la posterior in­surrección de 1895.

1.2. El papel del ejército

El ejército constituía, junto a la corona y a los partidos dinásticos, otro de los pilares básicos de la Restauración. EI sistema político diseñado por Cánovas pretendía acabar con la tradicional intervención del ejército en la vida política del país, ya que el pronunciamiento y el golpe militar se habían convertido en una de las formas regularmente utilizadas por moderados y progresistas para derribar a su adversario y acc­eder al poder. Era necesario, pues, buscar mecanismos constitucionales que permitiesen el acceso al poder de las diferentes facciones del liberalismo y alejasen al ejército de su intromisión en la vida política y parlamentaria.

Para ello, se estableció la supremacía del poder civil sobre el poder militar, pero otorgando a cambio la auto­nomía de la milicia y la absoluta libertad del generalato en los asuntos internos del estamento militar. A la vez, se po­tenció la identificación del rey como el símbolo y la cabeza visible del ejército.

Ahora bien, el proceso de despolitización del ejército fue más aparente que real, ya que la autonomía del poder militar acabó convirtiéndose en un instrumento de presión sobre la vida civil.

4º CONSTITUCIÓN 1876. (pag128) 1.1

La Constitución establecía los siguientes principios fun­damentales:

a) Soberanía compartida entre las Cortes y la Corona, institución que estaba al margen de cualquier decisión política. Las Cortes se organizaban en dos cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado.

b) Se reconocía a la Corona como uno de los pilares del nuevo régimen y se le otorgaba un conjunto de prerro­gativas como el derecho de veto, la potestad legislativa compartida con las Cortes y el nombramiento de minis­tros

C) Se proclamaba la confesionalidad católica del Estado y en consecuencia se restablecía el presupuesto de culto y clero.

d) Finalmente, contaba con una prolija declaración de de­rechos, pero su concreción se remitía a leyes ordinarias, que en general tendieron a restringirlos, especialmente los derechos de imprenta, expresión, asociación y reu­nión

4.1.2. El reinado de AlfonsoXII 1875-1885: El turno de partidos.

Pag(130/ 132/ 133)

El sistema político de la Restauración se basaba en la existencia de dos grandes partidos, conservador y liberal, que coincidían ideológicamente en lo fundamental, pero asumían de manera consensuada dos papeles comple­mentarios. Ambos partidos confluían en la defensa de la monarquía, la Constitución, la propiedad, el sistema capi­talista y la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista. Ambos eran partidos de minorías, de notables, que contaban con periódicos, centros y comités distribui­dos por el territorio español.

2.1. Bipartidismo y turno pacifico

El Partido Liberal-Conservador se organizó alrededor de su líder Antonio Cánovas del Castillo y aglutinó a los sec­tores más conservadores y tradicionales de la sociedad (a excepción dé los carlistas y los integristas más radicales). El Partido Liberal-Fusionista tenía como principal dirigente a Práxedes Mateo Sagasta y reunió a antiguos progresistas, unionistas y algunos ex-republicanos moderados.

Se nutrían básicamente de las élites económicas y de la clase media acomodada, aunque era mayor el número de terratenientes entre los conservadores y el de profesionales entre los liberales.

En cuanto a su actuación política, las diferencias eran mínimas. Los conservadores se mostraban más proclives al inmovilismo político y a la defensa de la Iglesia y del orden social, mientras los liberales estaban más inclinados a un re­formismo de carácter más progresista y laico. Pero, en la práctica, la actuación de ambos partidos en el poder no di­fería mucho, al existir un acuerdo tácito de no promulgar nunca una ley que forzase al otro partido a abolirla cuando regresase al gobierno

Para el ejercicio del gobierno se contemplaba el turno pacifico o alternancia regular en el poder entre las dos grandes opciones, cuyo objeto era asegurar la estabilidad institucional mediante la participación en el poder de las dos familias del liberalismo. El turno quedaba garantizado porque el sistema electoral invertía los términos propios de un esquema parlamentario, en el que la fuerza mayoritaria en un proceso electoral recibe del monarca el encargo de gobernar. Durante la Restauración, cuando el partido en el gobierno sufría un proceso de desgaste político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al jefe del parti­do de la oposición a formar gobierno. Entonces, el nuevo jefe de gabinete convocaba elecciones con el objetivo de construirse una mayoría parlamentaria suficiente para ejer­cer el poder de manera estable. El fraude en los resultados y los mecanismos caciquiles aseguraban que éstas fuesen siempre favorables al gobierno.

2.2. La manipulación electoral y el caciquismo

La alternancia en el gobierno fue posible gracias a un sistema electoral corrupto y manipulador que no dudaba en comprar votos, falsificar actas y utilizar prácticas coercitivas sobre el electorado, valiéndose de la influencia y del poder económico de determinados individuos sobre la sociedad (caciquismo). La adulteración del voto se logró mediante el restablecimiento del sufragio censitario, el trato más favora­ble a los distritos rurales frente a los urbanos y, sobre todo, por la manipulación y las trampas electorales.

El control del proceso electoral se ejercía a partir de dos instituciones: el ministro de la Gobernación y los caciques locales. Este ministro era, de hecho, quien elaboraba la rela­ción de los candidatos que deberían ser elegidos (encasilla­do) y quien nombraba los diputados “cuneros” (ajenos a la circunscripción). Los gobernadores civiles transmitían la lista de los candidatos “ministeriales” a los alcaldes y caciques y todo el aparato administrativo se ponía a su servido para garantizar su elección.

Todo un conjunto de trampas electorales ayudaba a conseguir este objetivo: es lo que se conoce como el pucherazo, es decir, la sistemática adulteración de los resulta­dos electorales. Así, para conseguir la elección del candidato gubernamental, no se dudaba en falsificar él censo (incluyendo a personas muertas o impidiendo votar a las vivas), manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos y amenazar al electorado con coacciones de todo tipo (impe­dir la propaganda de la oposición e intimidar a sus simpati­zantes o no dejar actuar a los interventores, etc.)

Además de en el falseamiento electoral, el sistema se sustentaba en el caciquismo. Los caciques eran individuos o familias que, por su poder económico o por sus influen­cias políticas, controlaban una determinada circunscripción electoral. El caciquismo era más evidente en las zonas rurales, donde una buena parte de la población estaba su­peditada a los intereses de los caciques quienes, gracias al control de los Ayuntamientos, hacían informes y certifica­dos personales, controlaban el sorteo de las quintas, proponían el reparto de las contribuciones, podían resolver complicar los trámites burocráticos y administrativos proporcionaban puestos de trabajo.

Todas estas prácticas se apoyaban en la abstención una buena parte de la población. En general, la participación electoral superó el 20% en casi todo el período de la Restauración.

4.1.3 La regencia(1885-1902) Las transformaciones política y los límites del sistema.

1º Pag(132) INTRODUCCIÓN

El sistema de la Restauración fundamentaba su estabili­dad política en la alternancia en el poder de los dos grandes partidos dinásticos, el conservador y el liberal, alternancia que quedaba garantizada por la manipulación de las elec­ciones a favor del partido que las convocaba. Los verdade­ros perjudicados eran la oposición real (republicanos, carlis­tas, socialistas y nacionalistas) que no consiguieron nunca obtener un número suficiente de diputados para formar go­bierno o para contar con una minoría parlamentaria sufi­ciente para ejercer de verdadera oposición.

Pag (132/ 133) 3 últimos párrafos de 3.1

El partido conservador se mantuvo en el gobierno des­de 1875 hasta 1881, cuando los liberales accedieron por primera vez al poder. Aunque el ideario reformista liberal no fue aplicado en sus primeros años de gobierno (entre 1881 y 1884), el programa reformista de Sagasta tuvo su oportu­nidad en el llamado “Gobierno largo', que se extendió en­tre 1885 y 1890, después de la muerte de Alfonso XlI.

EL temor a una posible desestabilización del sistema po­lítico tras la desaparición del rey (1885), impulsó a conser­vadores y liberales a llegar a una entente, el llamado Pacto de El Pardo, que dio paso a un gobierno liberal que, con su talante reformista, permitió asegurar la continuidad de sistema.

El nuevo gobierno liberal llevó a cabo una serie de reformas con la intención de incorporar al sistema algunos de los derechos y prácticas liberales asociados a los ideales de la revolución del 68: Sufragio universal masculino para comicios municipales (1882), abolición de la esclavitud (1886), Ley de asociaciones (1887) y, finalmente, sufragio universal masculino en elecciones generales (1890). De esta manera, se ampliaba el censo electoral desde las aproxima­damente 800.000 personas a cerca de 5.000.000, al tener derecho a voto todos los varones mayores de 25 años. Pero la permanencia de los viejos mecanismos creados por el sis­tema para el control electoral, imposibilitó que la universali­zación del sufragio se convirtiese en un elemento democra­tizador del sistema.

2º LÍMITES

  • LA GUERRA EN CUBA Y FILIPINAS Pag(138) resumen(6.1/6.2/6.3)

  • 6.1. La política española en Cuba

    El período más idóneo para hacer concesiones a las rei­vindicaciones cubanas fue el Gobierno largo de los liberales cuando el Partido Autonomista Cubano se mostraba decidi­do a apoyar un programa reformista propiciado por Ma­drid, que restase fuerza y apoyos sociales a los independen­tistas. Pero la única medida que se acabó aprobando fue la abolición definitiva de la esclavitud y su transformación en asalariados (1886), ya que las propuestas de dotar a Cuba de autonomía fueron rechazadas por las Cortes.

    Las tensiones entre la colonia y la metrópoli aumenta­ron a raíz de la oposición cubana a los fuertes aranceles proteccionistas que España imponía para dificultar el co­mercio con Estados Unidos, principal comprador de pro­ductos cubanos a finales del siglo XIX. La condición de Cu­ba como espacio reservado para los productos españoles se reforzó con el arancel de 1891. El presidente norteamericano McKinley amenazó con cerrar las puertas del mercado estadounidense a los principales productos cu­banos si el gobierno español no modifica­ba la política arancelaria de la isla.

    6.2. La guerra de Cuba

    El año 1892, José Martí fundó el Partido Revoluciona­rio Cubano. La in­surrección comenzó en la parte oriental de la isla y la guerra se consiguió extender a la parte occidental de la isla, tradicionalmente menos rebelde. Cánovas, respondió enviando un ejército a Cuba, al frente del cual se hallaba el general Martínez Cam­pos.

    La falta de éxitos militares decidió el relevo de Martínez Campos por el general Valeriano Weyler, que llegó a la isla con la voluntad de emplear métodos más contundentes que acabasen con la insurrección por la fuerza. Pero la dificultad de proveer de alimentos y de facili­tar asistencia médica, tanto al ejército como a los campesi­nos, trajo consigo una elevada mortalidad entre la población civil y los soldados.

    La guerra provocó la destrucción de ingenios, de plantaciones y de numerosas vías férreas y la economía cubana se resintió notablemente.

    Tras el asesinato de Cánovas relevado por el general Blanco, un nuevo gobierno liberal decidió a la desesperada probar la estrate­gia de la conciliación. Relevó a Weyler del mando y conce­dió autonomía a Cuba, el sufragio universal, la igualdad de derechos entre insulares y peninsu­lares y la autonomía arancelaria. Pero las reformas llegaron demasiado tarde: los independentistas, que contaban con el apoyo estadounidense, se negaron a aceptar el fin de las hostilidades.

    6.3. La guerra de Filipinas

    Coincidiendo con la insurrección cubana, se produjo también la de Filipinas. En este archipiélago, la presencia española era más débil que en las Antillas y se limi­taba en buena medida a la de las órdenes religiosas, a la ex­plotación de algunos recursos naturales y a su utilización co­mo punto comercial con la China. La intervención de EE UU en Filipinas propició un nuevo alzamiento en la isla que finalizó con la expulsión de los españoles.

    En 1898 Estados Unidos se decidió a declarar la guerra a España. El pretexto fue el hundimiento, tras una explo­sión de uno de sus buques de guerra, el Maine, anclado en el puerto de La Habana. El 18 de abril, los americanos in­tervinieron en Cuba y en Filipinas, desarrollando una rápi­da guerra que terminó con la derrota de la escuadra espa­ñola en Cavite (Filipinas) y Santiago (Cuba). En diciembre de ese mismo año se firmó la Paz de París, que significó el abandono por parte de España de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.

  • EL SURGIMIENTO DE LOS NACIONALISMOS Pag(134) introducción, resumen(4.1/4.2/4.3)

  • Uno de los fenómenos más relevantes de la Restauración fue la emergencia de movimientos de carácter nacionalista en Cataluña, País Vasco y Galicia. La gestación de estos na­cionalismos debe comprenderse como una reacción frente a las pretensiones uniformizadoras y asimilacionistas del siste­ma político y administrativo adoptado por el liberalismo y su pretensión de imponer una cultura oficial castellanizada, que ignoraba la existencia de otras lenguas y culturas.

    4.1. El catalanismo

    Hacia 1830, dentro del contexto cultural del Romanti­cismo y en el marco de un Estado liberal español con difi­cultades para vertebrar un desarrollo económico armónico, surgió en Cataluña un amplio movimiento cultural y litera­rio, conocido como la Renaixença, pero este movimiento carecía de aspiraciones y de proyectos políticos, siendo sus objetivos puramente culturales.

    Las primeras formulaciones catalanistas con un contenido político vinieron de la mano de Valentí Almirall, que convocó el primer Congreso Catalanista (1880) con el objetivo de unificar las dos corrien­tes más destacadas del catalanismo, la de herencia republica­na y progresista, y la más literaria, apolítica y conservadora. Este movimiento culminó en la creación del “Centre Catalá”. En 1885 impulsó la redacción de un “Memorial de Greuges” (Memorial de Agravios), que fue presentado a Alfonso XII. El Memorial denunciaba la opresión de Cataluña y re­clamaba la armonización de los intereses y las aspiraciones de las diferentes regiones españolas.

    Un grupo de intelectuales, contrarios al progresismo de Almirall, funda­ron la Unió Catalanista (1891), de­fendían una organización confederal de España y la sobera­nía de Cataluña en política interior. Proclamaba la oficiali­dad del catalán y proponía el restablecimiento de las insti­tuciones tradicionales de Cataluña.

    Tras el desastre de del 98 se empezó a defender una intervención más clara en la política y a la conversión del catalanismo en una causa capaz de movilizar a amplios sectores de la población.

    4.2 El nacionalismo Vasco

    En el País Vasco, las formulaciones nacionalistas fueron fraguándose a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX a partir de una corriente de recuperación de la cultura vasca. Pero fue, sobre todo, la abolición de los fueros tras la última guerra carlista lo que dio origen al nacimiento de una co­rriente que reivindicaba la reintegración foral.

    Fue en este contexto cultural y político en el que Sabi­no Arana, for­muló los principios originarios del nacionalismo vasco e im­pulsó la fundación del Partido Nacionalista Vasco (1894). Defendían la vieja sociedad pa­triarcal desde una perspectiva antiliberal y tradicionalista, a la vez que abogaba por la total reintegración de los fueros. El nacionalismo vasco atacaba tanto a la clase dirigente vasca, considerada responsable de la destrucción de la so­ciedad tradicional al favorecer el proceso industrializador, como al socialismo obrero, tildado de perturbador del or­den social y extraño a las tradiciones vascas dada su in­fluencia entre la inmigración. En los últimos años de su vida, el discurso aranista fue moderándose, sobre to­do a partir de 1901.

    4.3 El galleguismo

    El regionalismo fue más débil y tardío en Galicia pese a contar con una sociedad mucho más homogénea y a que la lengua y las tradiciones culturales estaban muy arraigadas entre una población mayoritariamente campe­sina. Tan sólo unas minorías cultas, insatisfechas ante la si­tuación del país, empezaron a responsabilizar a la subordi­nación política de Galicia de su atraso económico, que forzaba a muchos gallegos hacia la emigración como úni­ca salida. Fue durante la última etapa de la Restauración cuando el galleguismo fue adquiriendo un carácter más político, pero este movimiento se mantuvo muy minorita­rio.

  • LA CRISIS ECONÓMICA DE FIN DE SIGLO Pag(136) (5.1/5.2)

  • 5.1. La crisis agraria en España

    Tras unos años de precios altos por la sucesión de malas cosechas entre 1879 y 1882, las importaciones de trigo y hari­na aumentaron haciendo bajar considerablemente los precios. La causa inmediata fue la llegada a Europa, a precios compa­rativamente muy bajos, de productos estadounidenses y ru­sos. El descenso de los precios fue más evidente en la periferia, donde la facilidad de abastecimiento desde el exterior era ma­yor, pero al reducirse la demanda sobre la producción de la España interior, los precios cayeron en ella también.

    En algunas de las principales regiones productoras, la reducción de los ingresos, ya de por sí escasos, por los altos costes de producción, con­dujo a la caída de los beneficios. Con lo cual se empobre­cieron quienes, por cultivar tierras de peor calidad o ser me­nos eficientes, tenían que vender a precios elevados. Las di­ficultades comportaron una generalización de las protestas, en gran parte coordinadas por la Liga Agraria, una asocia­ción de propietarios cerealísticos que actuó como grupo de presión para conseguir un arancel protector.

    La crisis cerealística fue acompañada de la crisis de la viticultura. La viña había experimentado una gran expan­sión a partir de mediados de los años sesenta en gran parte ligada a los estragos causados por la llegada de la plaga de la filoxera a Francia.

    Pero a finales de los setenta, la filoxera atravesó los Pirineos y la plaga se difundió en España, poniendo fin a la edad de oro de las exportaciones vinícolas. La filoxera destruyó cientos de miles de hectáreas de viña y la recuperación sólo fue posi­ble a partir de la introducción de una cepa americana, inmu­ne a la enfermedad. En Cataluña, la muerte de las viñas hizo au­mentar la conflictividad agraria entre los campesinos arrenda­tarios y los propietarios, al querer estos últimos una renovación de los contratos más favorable a sus intereses. El auge exportador del aceite de oliva y, en menor medida, de los cítricos contribuyó a moderar la gravedad de la situación de la agricultura durante estos decenios.

    5.2. El retorno del proteccionismo

    A partir de 1870 la mayoría de los países de Europa adoptaron medidas para obstaculizar las importaciones y estimular el crecimiento interno, inaugurando una etapa de ascenso de la protección arancelaria. El movimiento en fa­vor del proteccionismo alcanzaría a casi todos los países y enterraría el sueño del librecambio.

    En España, la campaña de presiones de los productores de cereales, apoyada por los grandes propietarios, los in­dustriales textiles de Cataluña, a través del Fomento del Tra­bajo Nacional, y los siderúrgicos de Vizcaya, llevó a la apro­bación en 1891 de un arancel proteccionista, impulsado por Cánovas del Castillo. La defensa del arancel por los grandes propietarios encuadrados en la Liga Agraria fue de­cisiva para su aprobación.

    En unos casos, su apoyo se debió a lo elevado de sus costes de producción, pero en el caso de los productores con costes de cultivo más bajos, su defensa se debió a que, con la reducción de la oferta total que implicaba la protección, podrían vender a precios más elevados y obte­ner beneficios mayores. Por su parte, los grandes grupos industriales, en especial el textil algodonero y los siderúr­gicos, que en 1894 habían creado la Liga Vizcaína de Pro­ductores, consiguieron asimismo proteger sus productos frente a la competencia exterior aun cuando, con la ex­cepción de la minería del carbón, ésta fuera comparativa­mente menor.

    Como consecuencia del proteccionismo, la industria y la creciente población urbana tuvieron que consumir energía y alimentos a precios mucho más elevados que los existen­tes en otros países. Con ello, aumentaron los costes de producción y disminuyó la renta disponible de las familias para demandar bienes industriales, reduciéndose el creci­miento económico. Sin embargo, los precios eleva­dos de los alimentos no mejoraron el nivel de vida de los campesinos ni provocaron aumentos importantes de la de­manda de bienes manufacturados por parte del sector agra­rio, debido al bajo nivel de ingresos de la mayor parte de los trabajadores.

    El giro arancelario, consolidado en 1891 con la aproba­ción del arancel, Cánovas forma parte de una corriente pro­teccionista mucho más general. El rasgo diferenciador de España respecto a otros países no fue, por tanto, la protec­ción arancelaria, sino que ésta favoreció principalmente al trigo y al carbón, encareciendo sus precios por encima de la media. La protección al sector productor de cereales y al carbón, fuente energética principal en una economía con escasos recursos hidráulicos, fue uno de los factores deter­minantes de la modesta tasa de crecimiento durante el primer tercio del siglo XX.

  • LAS CONSECUENCIAS DEL 98 Pag 140 introducción(7.2/ 7.3) (resumen)

  • La derrota de 1898 sumió a la sociedad y a la clase polí­tica española en un estado de desencanto y frustración. Pa­ra quienes la vivieron, significó la destrucción del mito del imperio español, en un momento en que las potencias eu­ropeas estaban construyendo vastos imperios coloniales en Asia y África, y la relegación de España a un papel secunda­rio en el contexto internacional. Además, la prensa extranje­ra presentó a España como una nación moribunda, con un ejército totalmente ineficaz, un sistema político corrupto y unos políticos incompetentes. Y esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública española.

    7.2. El regeneracionismo

    Tras el 98 surgieron una serie de movimientos regeneracionistas, que contaron con un cierto respaldo de las clases medias y cuyos ideales quedaron ejemplificados en el pensamiento de Joaquín Costa, que propugnaba la necesidad de modernizar la eco­nomía y alfabetizar a la población.

    También defendía la necesidad de organizar a los sectores productivos de la vida española.

    Además, el “desastre” dio cohesión a un grupo de inte­lectuales, conocido como la Generación del 98, caracteri­zada por un profundo pesimismo y por una crítica mordaz al atraso peninsular.

    Finalmente, la derrota comportó el retorno de la injerencia del ejérci­to en la vida política española, convencido de que la derrota había sido culpa de los políticos y del parlamentarismo.

    7.3. El gobierno Silvela-Polavieja

    El gobierno de Sagasta estaba desgastado y desprestigia­do y de acuerdo con los mecanismos del turno, en 1899, la Reina Regente entregó su confianza a un nuevo líder conser­vador, Francisco Silvela, quien convocó elecciones. El nuevo gobierno mostró una cierta voluntad de renovación, dando entrada a algunas figuras ajenas a la anterior política, como el general Polavieja o el regionalista conservador, Manuel Durán y Bas. Se inició una política reformista, se esbozaron proyectos de descentralización administrativa, y se impulsó una política presupuestaria que aumentaba los tributos so­bre los productos de primera necesidad y creaba nuevos im­puestos para hacer frente a las deudas contraídas durante la guerra

    Estas cargas fiscales atrajeron las críticas de las Cámaras de Comercio y los comerciantes respondieron con el cierre de establecimientos y con la negativa a pagar los nuevos tri­butos. La huelga de contribuyentes acabó fracasando en to­da España, excepto en Barcelona.

    Polavieja dimitió porque las restricciones presupuestarias imposibilita­ban sus proyectos de reforma militar y Durán y Bas hizo lo propio, al no estar conforme con la limitación de las medi­das descentralizadoras y con la amenaza de desposesión contra los comerciantes huelguistas.

    A pesar de todo, el gobierno se mantuvo en el poder has­ta 1901, año en que Mª Cristina otorgó el poder a los libera­les. Las promesas de “regeneración” habían quedado en retó­rica, sin que tuviesen una auténtica incidencia en la vida polí­tica del país.

    4.1.4 El reinado de Alfonso XIII hasta 1923: Modernización, fracaso de la reforma del sistema y radicalización de la oposición política.

    Pag(168) introducción 1.1/1.2/1.3

    La llegada al trono de Alfonso XIII tras alcanzar la mayo­ría de edad legal, en 1902, dió inicio la segunda etapa de la Restauración. El nuevo siglo coincidió con una crisis de lide­razgo dentro de los partidos dinásticos debido a la dificul­tad de hallar un jefe de partido capaz de aglutinar a las dis­tintas tendencias.

    Con Antonio Maura (conservador) y José Canalejas (libe­ral), elegido jefe del partido en 1910, llegó al gobierno una nueva generación de políticos influida por las ideas regene­racionistas, que intentó poner en marcha los más importan­tes proyectos de reforma desde el interior del propio siste­ma. Sin embargo, el miedo a aceptar los riesgos que una verdadera participación democrática podría suponer para el mantenimiento del turno dinástico imposibilitó llevar a ca­bo una reforma con profundidad del sistema.

    1.1. La división de los partidos dinásticos

    En el ámbito conservador, la sustitución de Cánovas provocó problemas y enfrentamientos hasta la elección co­mo jefe de partido de Antonio Maura en 1903 (el llamado gobierno corto entre 1903 y 1905). Pero las tensiones en­tre Maura y el Rey a raíz de ciertos nombramientos militares y, sobre todo, de la campaña orquestada en su contra des­pués de la Semana Trágica acabaron con su prestigio. La elección de Eduardo Dato en 1912 como nuevo líder signi­ficó una nueva etapa del conservadurismo.

    En las filas liberales, al no haber unanimidad en cuanto al sucesor, se optó por la rotación entre diferentes líderes y, entre 1905 y 1907, se sucedieron en el gobierno veteranos políticos como Montero Ríos o Moret.

    El descontento por las frecuentes críticas que vertía la prensa a la derrota del 98 provocó un enfrentamiento entre el ejército y la prensa, como consecuen­cia se promulgó la Ley de Jurisdicciones (1906) por la cual quedaban bajo jurisdicción militar las ofensas a la uni­dad de la patria, al ejército y a la bandera.

    1.2. Maura y “la revolución desde arriba”

    El gobierno presidido por Antonio Maura entre 1907 y 1909 (el llamado “gobierno largo”) protagonizó el mayor intento reformista impulsado por los conservadores. Maura proyectó lo que él mismo denominó la “revolución desde arriba”, es decir, un intento de regeneración del sistema a partir de la formación de una nueva clase política que tuvie­se el apoyo social de las llamadas “masas neutras”. Con su ayuda pretendía configurar un Estado fuerte, capaz de go­bernar de forma eficaz y de conseguir tanto desbancar a la vieja casta caciquil como impedir que las clases populares adquiriesen excesivo protagonismo.

    Maura también se esforzó por integrar en el proyecto re­formista al catalanismo a partir de la concesión de una ma­yor autonomía a Ayuntamientos y Diputaciones, y del reco­nocimiento de las regiones (Proyecto de Reforma de la Ad­ministración Local).

    En relación con la economía se tomaron algunas medi­das intervencionistas, se promulgó la Ley de Protección In­dustrial y se fomentaron la industria naval y las comunica­ciones marítimas. En el ámbito político, se llevó a cabo una reforma electoral, pero que no consiguió ni acabar con la corrupción ni democratizar el sistema político. También se dió un cierto impulso a la política social (creación del Insti­tuto Nacional de Previsión y Ley del descanso dominical) y se exigió una mayor independencia del poder ejecutivo frente a la Corona.

    1.3. Canalejas y el reformismo liberal

    Tras el gobierno largo de Maura, José Canalejas formó un nuevo gobierno, en 1910. Su programa se proponía, una vez más, la modernización de la vida política, inten­tando atraerse a ciertos sectores populares a partir de un mayor reformismo social y de limitar el poder de la Iglesia. Se consideraba oportuno reformar el procedimiento de la financiación de la Iglesia y profundizar en la separación de la Iglesia y el Estado. Para ello se promulgó la Ley del Candado (1910), que intentaba poner coto a la prepon­derancia de las órdenes religiosas en España y limitaba el es­tablecimiento de otras nuevas.

    Su política social tuvo como uno de los elementos bási­cos la sustitución del impuesto de consumos por un im­puesto progresivo sobre las rentas urbanas, lo cual trajo con­sigo la protesta de las clases acomodadas. También se refor­mó la Ley del reclutamiento, que pasaba a ser obligatorio en tiempos de guerra, y se suprimió la redención en metáli­co. Finalmente, se promulgaron una serie de leyes encamina­das a mejorar las condiciones laborales, como la normativa sobre el trabajo de la mujer o sobre los contratos laborales.

    Canalejas continuó la política de acercamiento a los ca­talanistas, convencido de que su incorporación al sistema ayudaría a afianzar su estabilidad. Así, el gobierno liberal elaboró la Ley de Mancomunidades, que aceptaba la posibili­dad de la unión de las Diputaciones y que fue aprobada en 1914, ya bajo el gobierno del conservador Dato. El asesina­to de Canalejas, a finales de 1912, escindió nuevamente al partido liberal en facciones.

    Pag(170)introducción 2.1/2.2/2.3

    Después del desastre del 98 y de la pérdida de los últi­mos territorios coloniales, la actuación exterior española se orientó hacia el norte de África, en un momento en que las potencias imperialistas de entonces (Gran Bretaña, Francia, Alemania...) estaban concluyendo el reparto colonial del continente africano.

    2.1. La política colonial y la Guerra de Marruecos

    Después de un primer momento de retraimiento de su política colonial, a partir de 1906, España inició su penetra­ción en el norte de África. La conferencia de Algeciras (1906) y el posterior Tratado Hispano-francés (1912) su­pusieron su entrada en el reparto de zonas de influencia en­tre los países europeos. Bajo el influjo de Gran Bre­taña, que deseaba limitar la presencia francesa en el norte de África. A España se le concedió una franja en el norte, el Rif, y un enclave en la costa atlántica (Ifni y Río de Oro). La penetración española en esta zona se vio estimulada tan­to por intereses económicos como por la voluntad política de restaurar el prestigio del ejército.

    Sin embargo, la presencia española en esta área estuvo contestada por las tribus bereberes, organizadas en cabilas. Se decidió en­tonces incrementar el número de soldados españoles en el Rif para evitar la caída de Melilla, el envío de este contingente de fuerzas reservistas, fue la chispa que provocó un importante movimiento de protesta po­pular, apoyado por los anarquistas, los socialistas y los re­publicanos.

    2.2. La Semana Trágica de Barcelona(1909)

    La movilización popular contra la guerra se inició en el puerto de Barcelona el día 18 de julio, mientras tenía lugar la salida de tropas hacia Marruecos. La revuelta se prolongó durante una semana, dando lugar a un movimiento que ad­quirió un fuerte componente antimilitarista y de rechazo a la hegemonía social y cultural de la Iglesia. El día 24 se constituyó un comité de huelga, con la participación de republicanos, socialistas y anarquistas, que hizo un llama­miento a la huelga general para el día 26.

    Pero la iniciativa popular desbordó a los propios convo­cantes de la huelga y ésta acabó siendo un estallido espon­táneo de todas las tensiones sociales acumuladas a lo largo de décadas.

    Las autoridades respondieron declarando el estado de guerra y enviando refuerzos para reprimir las manifestacio­nes. Hubo heridos y muertos, con lo que el movimiento in­surreccional se radicalizó. A mediados de la semana, el ejército puso fin a la revuelta, y el 2 de agosto la ciudad retornó a la normalidad.

    La represión posterior fue muy dura y numerosos anarquistas y radicales fueron responsabilizados, sin demasiada razón, de los hechos. Se celebraron 216 consejos de guerra que afectaron a más de 1.700 personas y se dictaron 17 condenas a muer­te, de las cuales sólo se ejecutaron 5. Entre ellas, la de Fran­cisco Ferrer y Guardia, pedagogo anarquista e impulsor de la Escuela Moderna, que, sin haber participado directamen­te en los hechos, fue acusado de ser su inspirador ideológi­co.

    2.3. Sus consecuencias políticas

    La fuerte represión que siguió a la Semana Trágica le­vantó una oleada de protestas e indignación en toda Euro­pa a consecuencia de su virulencia y arbitrariedad. El go­bierno conservador de Maura hubo de enfrentarse a duras críticas y los liberales y republicanos se unieron para exigir su dimisión. La oposición a Maura permitió la constitución de un bloque de izquierdas que, apoyado por las campañas internacionales de denuncia de la represión y bajo la formu­la común ¡Maura no!, consiguió de Alfonso XIII la disolu­ción de las Cortes y el traspaso del gobierno a los liberales.

    El impacto de la Semana Trágica tuvo también sus re­percusiones dentro del movimiento catalanista. Las fuerzas de izquierda acusaron a la Lliga Regionalista y a la burgue­sía de haber apoyado la represión gubernamental, dura­mente criticada entre los sectores republicanos y obreristas. De esta confrontación, empezó a tomar cuerpo un naciona­lismo republicano y de izquierdas que tuvo su concreción en la fundación de la Unión Federal Nacionalista Republica­na (1910). También contribuyó al acercamiento de las fuerzas de izquierdas y en concreto a la creación de la Conjunción Republicano-Socialista, así como al nacimiento del Partido Reformista de Melquíades Álvarez (1912). Fi­nalmente, el ambiguo papel jugado por los republicanos lerrouxistas acentuó el desencanto de muchos obreros res­pecto del republicanismo, que pasaron entonces a engrosar las filas del anarco-sindicalismo.

    4.2 El republicanismo. El desarrollo del movimiento obrero; socialistas y anarquistas. Regionalismo y nacionalismo.

    4.2.1 Republicanismo y desarrollo del movimiento obrero entre 1875 y 1923.

    Pag(172) INTRODUCCIÓN 3.1/3.2/3.3

    El sentimiento de no haber sabido aprovechar la crisis del 98 para poner fin a la hegemonía de los partidos dinás­ticos colocó a las fuerzas de la oposición ante la necesidad de renovar profundamente tanto sus idearios y sus formas organizativas como sus propios dirigentes. Del mismo mo­do que los partidos del turno pretendieron movilizar a la opinión pública para reformar desde dentro el sistema de la Restauración, los partidos de la oposición pretendieron movilizarla desde fuera para desbancar definitivamente a los partidos del turno.

    3.1. Un republicanismo de nuevo cuño.

    El republicanismo fue la principal fuerza de la oposición política y constituyó de modo permanente la minoría parla­mentaria de oposición más numerosa. Con el nuevo siglo se produjo una evolución del republicanismo histórico a otro de nuevo cuño en el que perdieron protagonismo los antiguos partidos y los viejos líderes que habían sido hegemónicos en el período anterior. Este nuevo republicanismo se caracterizó por ser un amplio movimiento social, de carácter reformista, que agrupó a sectores de la burguesía librepensadora y a amplias capas de las clases populares.

    Con la finalidad de dar unidad al republicanismo, en 1903, nació Unión Republicana, coalición que intentaba agrupar a los diferentes grupos republicanos alrededor de la figura del veterano Salmerón, y que consiguió un éxito no­torio en las elecciones de ese mismo año. Sin embargo, las disidencias en su interior llevaron al declive a la nueva for­mación política. Las mayores discrepancias las planteó Ale­jandro Lerroux, poniendo énfasis en la necesidad de propiciar movi­mientos insurreccionales a favor de la República y de en­frentarse al catalanismo

    En 1908, Lerroux creó su propio grupo, el Partido Radi­cal, el cual con un discurso profundamente demagógico, anticlerical y supuestamente revolucionario, logró influir en amplios sectores de las clases populares barcelonesas. Hacia 1910, después de la Semana Trágica, perdió buena parte de su influencia, moderó su discurso y su ideario y se trasla­dó a Madrid. En Valencia, surgió un partido de semejanzas notables con este partido que consiguió hacerse con el control del ayuntamiento, fue el “blanquismo” de Vicente Blasco Ibáñez.

    Un carácter muy distinto tuvo el Partido Reformista, creado en 1912 por Melquíades Álvarez. Pretendía abandonar el viejo radicalismo re­publicano para ofrecer un programa basado en la demo­cratización profunda de la vida política. Aunque tuvo cierta influencia entre la intelectualidad, no consiguió una im­plantación efectiva ni entre las clases medias ni entre los trabajadores.

    3.2. El socialismo

    En la primera década del siglo, el PSOE fue abandonan­do paulatinamente el aislamiento político practicado desde su fundación y se mostró partidario de colaborar con otras fuerzas de izquierda sin renunciar a sus principios revolu­cionarios. El principal tema de debate dentro del partido fue la necesidad o no de establecer coaliciones electorales con los republicanos. A partir de 1908 se aceptó la colabo­ración y, tras la caída del gobierno Maura en 1909, se pac­tó una alianza electoral entre las distintas tendencias repu­blicanas (a excepción de los seguidores de Lerroux) y el Par­tido Socialista. Con la coalición republicano-socialista, el socialismo entró en el juego parlamentario y en 1910 los socialistas dispusieron de su primer diputado en el Congre­so (Pablo Iglesias)

    A partir de este momento, el PSOE conoció un notable incremento de su fuerza electoral y de su influencia en la vida política española, ya que se produjo un traspaso de vo­tos del republicanismo hacia el socialismo, sobre todo en los núcleos urbanos. Sin embargo, el número de diputados socialistas en el Parlamento no se correspondía con su in­fluencia social y su capacidad de movilización, en cambio UGT había conseguido un importante crecimiento de afiliados y una notoria pene­tración entre el proletariado industrial

    3.3. Del carlismo al jaimismo

    La muerte en 1909 del pretendiente Carlos VII puso al frente del movimiento a su hijo Jaime de Borbón, por lo que la causa empezó a denominarse `jaimismo. Éste mo­deró notablemente su política, abandonó la vía insurreccio­nal, fundamentalmente a causa de su debilidad, y se incor­poró al sistema político de la Restauración, logrando un máximo de 9 diputados en 1918.

    Bajo el liderazgo de Juan Vázquez de Mella, el jaimismo renovó su mensaje político poniendo énfasis en la defensa de la tradición católica, la representación corporativa y las reivindicaciones fueristas e incluso autonomistas. Tras la Pri­mera Guerra Mundial, la posición oficial germanófila del partido fue desautorizada por Don Jaime, hecho que provo­có una grave crisis interior y la separación de Vázquez de Mella, Víctor Pradera y otros dirigentes, que fundaron un nuevo partido tradicionalista al margen del Pretendiente.

    Pag 176 INTRODUCCIÓN 5.1/5.2/5.3

    En las primeras décadas dei nuevo siglo, el obrerismo or­ganizado conoció un aumento significativo de militantes sindicales y las viejas federaciones de oficio fueron dejando paso a un nuevo sindicalismo de masas. El sindicalismo de base socialista, representado por la UGT, tuvo un crecimien­to estable y su afiliación aumentó de 33.000 miembros en 1902 a 119.000 en 1914, y a 240.000 en 1921. Ello fue de­bido fundamentalmente a la ausencia de una adscripción ideológica rígida, motivada por la intención de atraerse a los trabajadores que, sin ser militantes socialistas, rechaza­sen el anarquismo, y a su actitud relativamente moderada en la lucha sindical.

    5.1. La fundación de la CNT

    El impulso del anarquismo fue muy importante en Cata­luña, y sobre todo en Barcelona, donde sociedades obreras y sindicatos autónomos de inspiración anarquista crearon en 1907 la Solidaridad Obrera, una federación de asocia­ciones obreras de carácter apolítico, reivindicativo y favora­ble a la lucha revolucionaria.

    Solidaridad Obrera contó con prensa propia (`Tierra y Libertad” y “Solidaridad Obrera”) y en 1909 puso en mar­cha la llamada Federación Regional de Cataluña, que culmi­nó con la fundación en 1910 de la Confederación Nacio­nal del Trabajo. El nuevo sindicato nació con el objetivo de extender su implantación a toda España y consiguió conso­lidarse como hegemónico en Cataluña, logrando también una fuerte implantación en Andalucía y Valencia

    La CNT se definía como revolucionaria y presentaba una ideología basada en tres presupuestos básicos: la indepen­dencia del proletariado respecto a la burguesía y a sus insti­tuciones (el Estado); la necesidad de la unidad sindical de los trabajadores, y la voluntad de derribar al capitalismo, procediendo a la expropiación de los capitalistas y acaban­do con todas las formas de explotación y opresión. La ac­ción revolucionaria debería llevarse a cabo mediante huel­gas y boicots hasta proceder a la huelga general revolucio­naria. Sus líderes más representativos fueron Salvador seguí, Ángel Pestaña y Joan Peiró. La evolución del sindi­cato sufrió notables altibajos; a un período expansivo le se­guía otro de represión y clandestinidad, como sucedió en 1911, cuando, después de la huelga general de septiembre, el sindicato estuvo prohibido entre 1911 y 1914

    5.2. Conflictividad obrera y legislación social

    El nuevo siglo comenzó con un intenso ciclo de agita­ciones obreras, que tuvieron una fase de ascenso hasta 1911 y, a continuación, un moderado descenso hasta 1917. La mayor incidencia del movimiento huelguístico tuvo lugar en Cataluña.

    La mayoría de estos conflictos tenían en común la voluntad de oponerse a la pérdida de capacidad adquisi­tiva de los obreros y al deterioro de las condiciones de tra­bajo. También se reclamaban la jornada laboral de ocho horas y el reconocimiento de las estructuras sindicales y de su capacidad de negociación colectiva.

    Se reguló la inspección del trabajo y, en 1908, se crearon tribunales para dirimir los conflictos labo­rales. En 1909 se aprobó una ley de huelgas y se creó el Ins­tituto Nacional de Previsión, que inició la gestión de las pri­meras pensiones de vejez.

    5.3. Cultura obrera y Ateneos

    Frente a la indiferencia de las autoridades por la educa­ción y desarrollo cultural de los trabajadores, destaca la preocupación y el enorme interés que mostraron por estos asuntos las organizaciones obreras. Éstas empezaron a tomar conciencia de la necesidad de difundir la educación entre los medios obreros y de mejorar su nivel cultural convencidas de que, sin el cimiento de la cultura, no podría llevarse a cabo la revolución y la transformación de la sociedad. Así, la educación y la cultura se convirtieron en instrumentos de liberación de la clase obrera y en una de las vías de la futura sociedad igualitaria.

    Por ello se impulsó la fundación de Ateneos Obreros. Se trataba de lugares de encuentro y reunión, donde se or­ganizaban actividades de carácter lúdico además de mu­chas otras de carácter educativo: conferencias, clases de al­fabetización, fomento de la lectura a través de las bibliote­cas, etc. En los medios anarquistas surgieron propuestas educativas renovadoras, entre las que cabe destacar la Es­cuela Moderna creada por Francisco Ferrer y Guardia, don­de se aplicaban los principios de la pedagogía libertaria. También el PSOE impulsó una renovación escolar (creación de la Escuela Nueva en 1911) y promovió la creación de Casas del Pueblo (la de Madrid se fundó en 1908).

    4.2.2 Las diferentes formulaciones del regionalismo y del nacionalismo entre 1875 y 1923. Sus consecuencias políticas.

    ANTECEDENTES

    Pag(134) introducción 4.1/4.2/4.3 (resumen), (REPETICIÓN PUNTO DEL PUNTO B DEL 4.1.3)

    Uno de los fenómenos más relevantes de la Restauración fue la emergencia de movimientos de carácter nacionalista en Cataluña, País Vasco y Galicia. La gestación de estos na­cionalismos debe comprenderse como una reacción frente a las pretensiones uniformizadoras y asimilacionistas del siste­ma político y administrativo adoptado por el liberalismo y su pretensión de imponer una cultura oficial castellanizada, que ignoraba la existencia de otras lenguas y culturas.

    4.1. El catalanismo

    Hacia 1830, dentro del contexto cultural del Romanti­cismo y en el marco de un Estado liberal español con difi­cultades para vertebrar un desarrollo económico armónico, surgió en Cataluña un amplio movimiento cultural y litera­rio, conocido como la Renaixença, pero este movimiento carecía de aspiraciones y de proyectos políticos, siendo sus objetivos puramente culturales.

    Las primeras formulaciones catalanistas con un contenido político vinieron de la mano de Valentí Almirall, que convocó el primer Congreso Catalanista (1880) con el objetivo de unificar las dos corrien­tes más destacadas del catalanismo, la de herencia republica­na y progresista, y la más literaria, apolítica y conservadora. Este movimiento culminó en la creación del “Centre Catalá”. En 1885 impulsó la redacción de un “Memorial de Greuges” (Memorial de Agravios), que fue presentado a Alfonso XII. El Memorial denunciaba la opresión de Cataluña y re­clamaba la armonización de los intereses y las aspiraciones de las diferentes regiones españolas.

    Un grupo de intelectuales, contrarios al progresismo de Almirall, funda­ron la Unió Catalanista (1891), de­fendían una organización confederal de España y la sobera­nía de Cataluña en política interior. Proclamaba la oficiali­dad del catalán y proponía el restablecimiento de las insti­tuciones tradicionales de Cataluña.

    Tras el desastre de del 98 se empezó a defender una intervención más clara en la política y a la conversión del catalanismo en una causa capaz de movilizar a amplios sectores de la población.

    4.2 El nacionalismo Vasco

    En el País Vasco, las formulaciones nacionalistas fueron fraguándose a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX a partir de una corriente de recuperación de la cultura vasca. Pero fue, sobre todo, la abolición de los fueros tras la última guerra carlista lo que dio origen al nacimiento de una co­rriente que reivindicaba la reintegración foral.

    Fue en este contexto cultural y político en el que Sabi­no Arana, for­muló los principios originarios del nacionalismo vasco e im­pulsó la fundación del Partido Nacionalista Vasco (1 894). Defendían la vieja sociedad pa­triarcal desde una perspectiva antiliberal y tradicionalista, a la vez que abogaba por la total reintegración de los fueros. El nacionalismo vasco atacaba tanto a la clase dirigente vasca, considerada responsable de la destrucción de la so­ciedad tradicional al favorecer el proceso industrializador, como al socialismo obrero, tildado de perturbador del or­den social y extraño a las tradiciones vascas dada su in­fluencia entre la inmigración. En los últimos años de su vida, el discurso aranista fue moderándose, sobre to­do a partir de 1901.

    4.3 El galleguismo

    El regionalismo fue más débil y tardío en Galicia pese a contar con una sociedad mucho más homogénea y a que la lengua y las tradiciones culturales estaban muy arraigadas entre una población mayoritariamente campe­sina. Tan sólo unas minorías cultas, insatisfechas ante la si­tuación del país, empezaron a responsabilizar a la subordi­nación política de Galicia de su atraso económico, que forzaba a muchos gallegos hacia la emigración como úni­ca salida. Fue durante la última etapa de la Restauración cuando el galleguismo fue adquiriendo un carácter más político, pero este movimiento se mantuvo muy minorita­rio.

    LA IRRUPCIÓN DE LOS NACIONALISTAS

    Pag(174) introducción 4.1/4.2/4.3

    El XX supuso un elemento de cambio y dinamización de la vida política española. El sentimiento regionalista, surgido a finales del siglo XIX a partir de la reivindicación de la pro­pia identidad cultural, fue politizándose progresivamente pa­ra acabar exigiendo el derecho al autogobierno. Durante el reinado de Alfonso XIII, el movimiento nacionalista que ad­quirió mayor relevancia fue el catalanismo que, a diferencia del nacionalismo vasco, intentó jugar un papel activo en los proyectos de regeneración de la vida política española.

    4.1. El catalanismo: la hegemonía de la Lliga Regionalista

    El impacto de la crisis del 98 el fracaso del proyecto reformista del gobierno Silvela-Polavie­ja favoreció la creación por parte de los sectores catalanistas a la Lliga Regiona­lista, que contó entre sus líderes a Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. La Lliga presentaba un programa político conservador, centrado en la lucha contra el corrupto e inefi­caz sistema de la Restauración y a favor de un reformismo político que otorgase la autonomía a Cataluña. Sus éxitos electorales en Barcelona a partir 1901 la convirtieron en la fuerza hegemónica en Cataluña durante todo el primer ter­cio del siglo XX.

    El amplio rechazo suscitado en Cataluña por la Ley de Ju­risdicciones (1906) posibilitó la formación de un amplio movi­miento, Solidaridad Catalana, que reunió a carlistas, regio­nalistas y republicanos. La coalición presentaba un programa común basado en la derogación de la Ley y la consecución de la autonomía; en las elecciones de 1907, consiguió 41 de los 44 escaños que Cataluña tenía en el Congreso de los Di­putados. Esta victoria tuvo una amplia significación, ya que comportó el fin del turno dinástico en buena parte de Catalu­ña y la consolidación del catalanismo y el republicanismo co­mo las fuerzas políticas hegemónicas.

    En 1914 y acogiéndose a la Ley de Mancomunidades, las Diputaciones catalanas, bajo el control de la Lliga Regio­nalista, impulsaron la creación de la Mancomunidad de Ca­taluña. Este organismo consistía en una federación de las cuatro provincias catalanas que contaba con una Asamblea General, un Consejo Permanente y un Presidente, cargo pa­ra el que fue elegido Prat de la Riba. Tenía el mismo presu­puesto y las mismas competencias (beneficencia, cultura y obras públicas) que las Diputaciones provinciales y estuvo vi­gente hasta su disolución por Primo de Rivera en 1925.

    4.2. Consolidación y escisión del nacionalismo vasco

    También en el País Vasco, los años en torno al cambio de siglo fueron decisivos para la consolidación del naciona­lismo. En 1898, Sabino Arana, fundador del Partido Nacio­nalista Vasco, fue elegido diputado provincial por Vizcaya; al año siguiente los nacionalistas llegaban al Ayuntamiento de Bilbao y, en 1907 lograban la alcaldía de la ciudad. El principal marco de acción política del partido era el propio País Vasco y no tomaban parte en las elecciones generales españolas.

    Además de la penetración en las instituciones vascas, el nacionalismo suavizó el discurso inicial de Sabino Arana, para impulsar la transformación del PNV en un partido nacionalista, pero con objetivos fundamentalmente autonomistas. En 1913, el PNV pasó a denominarse Comunión Nacionalista Vasca y, con el fin de atraer a la burguesía al campo nacionalista, el nuevo partido mostró una postura de moderación, presen­tándose como un partido de orden y defensor de la riqueza nacional. La Comunión obtuvo sus primeros grandes éxitos electorales en 1917 y 1918.

    Sin embargo, la crisis económica posterior a la Primera Guerra Mundial fomentó la recuperación del discurso inde­pendentista y provocó la ruptura dentro de la Comunión Nacionalista. Ya desde la muerte de Arana convivían dentro del partido dos tendencias: los partidarios de mantener el pensamiento independentista frente a los más moderados y autonomistas. La escisión, en 1921, del sector radical o aberriano (por Aberri, órgano de las juventudes Nacionalistas) refundó el nuevo PNV con la voluntad de volver a la vieja doctrina sabiniana. Ambos sectores se mantu­vieron separados hasta su reunificación en 1 930.

    4.3. Galleguismo, valencianismo y andalucismo

    El galleguismo, si bien consiguió un apreciable desarro­llo cultural, no logró consolidarse como fuerza política, ya que los grupos regionalistas nacidos a finales del siglo XIX terminaron integrándose en los partidos dinásticos. Es de destacar el intento de unificación de los grupos galleguistas impulsado en 1907 con la creación de Solidaridad Gallega, esta no participó en las elecciones genera­les, limitándose a concurrir en las municipales en algunas localidades. El primer paso hacia la transición del galleguis­mo cultural al político tuvo lugar con la creación de la Ir­mandade dos Amigos de Fala y de A Nosa Terra (1916).

    Más débiles resultaron los movimientos regionalistas va­lenciano y andaluz. El valencianismo adquirió cierta impor­tancia a partir de la creación de Valencia Nova (1904) y de joventut Valencianista (1908), pero fracasó en el intento de crear de una Solidaritat Valenciana siguiendo el ejem­plo de la catalana.

    En Andalucía, empezó a forjarse un regionalismo anda­lucista alrededor del Ateneo de Sevilla al que Blas Infante dio un gran impulso a partir de 1910, pero que no consi­guió tener una influencia política importante antes de la Guerra Civil.

    El 4.3.1. está resumido en los límites de la Restauración.

    *= Posible cuestión.

    4.3.2 la cuestión marroquí y sus implicaciones socio políticas 1898 - 1923.

    Pág. 170 - 2.1

    A partir de 1906, España inició su penetración en el monte de Africa. La conferencia de Algeciras (1906) y el posterior Tratado Hispano - francés (1912) supusieron la entrada de España en el reparto de zonas de influencia entre los países europeos. España contaba con el apoyo de Gran Bretaña, ya que esta deseaba limitar la presencia francesa en el monte de Africa. A España se la concedió una franja en el monte, (el Rif), y un enclave en la costa atlántica (Ifni y Río de Oro).

    Los intereses que movían a España a la colonización eran tanto económicos (mineros, almas publicas...) como de voluntad política para restaurar el prestigio del ejército, despreciada tras el fracaso del 98.

    Sin embargo, las tribus beréberes se opusieron a la colonización, sus continuos ataques obligaron a incrementar el número de soldados españoles (sobre todo después de 1909, cuando los rifeños infligieron una importante derrota sobre las tropas españolas en el barranco del Lobo).

    El gobierno decidió enviar tropas integradas por catalanes, en su mayoría reservistas, esto provocó un importante movimiento de protesta popular, apoyado por los anarquistas, los socialistas y los republicanos.

    - Semana Trágica de Barcelona*

    - Pág. 194 - 3.4

    La zona colonizada de España era una zona de escaso valor económica y con una difícil orografía, que dificultaba la conquista del territorio. Las compañías mineras perdieron pronto su interés por la zona al ver el escaso rendimiento que este podía ofrecer. Por tanto el proyecto africano perdió parte de su apoyo. Además contaba con la oposición de las clases populares, y con el desconcierto político que criticaba los fracasos bélicos del ejército. Incluso el ejército se hallaba dividido debido a la ascensión por méritos de guerra, la que oponía al ejército peninsular y al africano.

    Durante la Primera Guerra Mundial, el protectorado estuvo en calma. Pero en 1921, el general Silvestre inició una campaña arriesgada con la intención de extender el control sobre Melilla, al no protegerse los suficiente en la retaguardia y no asegurar el abastecimiento se produjo una derrota que provoco 10.000 muertos y la pérdida del territorio ocupado. (DESASTRE DE ANNUAL)*.

    - Pág. 194 - 3.5

    Esto provocó reacciones por parte de la opinión pública, la prensa, y algunas reacciones políticas. El gobierno conservador vigente dimitió y se inició un proceso parlamentario para encontrar responsables militares y políticas del desastre. Se nombró una comisión en el congreso encargado de elaborar un informe (Expediente Picasso)*

    El ejército se opuso, y estaba muy interesado en frenar el asunto puesto que del informe se llegaría a acusar a altos cargos militares e incluso al rey Alfonso XIII, que podría haber estado implicado por su amistad con el general Silvestre.

    El expediente no llegó nunca a las cortes, ya que días antes a la fecha de su discusión se produjo el golpe de Estado de Primo de Rivera.

    - Pág. 197 - Penúltimo párrafo 4.2.

    Durante la primera etapa de la dictadura, Primo de Rivera centró su interés en el conflicto. En 1925 se contó con el apoyo de Francia y seguidamente la coordinación de ejército produjo el DESEMBARCÓ DE ALHUCEMAS (1925*) que provoco la rendición de Abd-el-Krim.

    4.3.3 la crisis de 1917 Pág 190 (Introducción)

    La crisis de 1917 se produce en tres grandes aspectos, el social, el político, y el militar, y puso en este dicho la pervivencia de la Restauración. Pero el movimiento de 1917, a pesar de su amplitud y resonancia no consiguió sus objetivos porque los sectores que mostraron su descontento no tenían un programa común que les permitiera actuar unidos.

    2.1 Crisis militar

    El principal problema del ejército residía en el excesivo numero de oficiales con relación al de soldados, debido a que los ascensos se obtenían mayoritariamente por méritos de guerra, lo cual beneficiaba a los militares africanistas. La inflación produjo además la disminución del valor de los salarios.

    Ante el descontento, los militares crearon las Juntas de Defensa*. Estas juntas reclamaban un aumento salarial y se oponían a los ascensos por méritos de guerra, proponiendo la antigüedad del militar como único criterio. El manifiesto de junio de 1917*, culpaba al gobierno de los malos del ejército y proponía una renovación política.

    El manifiesto hizo pensar a los sectores de la opinión que el ejército podría sumarse al movimiento, pero con el tiempo se vió que simplemente defendían sus intereses profesionales.

    2.2 Crisis política

    Ante esta situación, el gobierno de Dato suspendió las garantías constitucionales, clausuró las Cortes e impuso la censura de prensa.

    La oposición organiza en Barcelona, por iniciativa de la Lliga Regionalista, la Asamblea de Parlamentarios* que exigió la formación de un gobierno provisional que convocase unas cortes constituyentes capaces de reestructurar el Estado sobre la base de la descentralización. Se convocó una reunión de todos los diputados y senadores españoles, pero la mayoría no respondieron a la convocatoria.

    El movimiento asambleario no tuvo continuidad y murió sin haber conseguido la reforma constitucional básicamente a causa de la negativa de las fuerzas monárquicas a participar en su programa. También influyeron las discrepancias ideológicas entre los regionalistas y las fuerzas de izquierda, y la oposición de las Juntas de Defensa.

    2.3 Crisis social

    La conflictividad laboral se debió al aumento del coste de vida, y el descenso de los salarios, provocado por la coyuntura bélica, en un momento en el que las empresas acumulaban considerables beneficios.

    En 1916 se produjo un importante movimiento huelguístico y CNT y UGT acordaron firmar un manifiesto conjunto en el que se instaba al gobierno a intervenir para contener los precios bajo la amenaza de convocar una huelga general.

    En 1917 se produjo esta huelga general que teóricamente no debía terminar hasta que se formara un gobierno provisional que convocara unas cortes constituyentes.

    La huelga de agosto de 1917* tuvo una incidencia muy desigual y se produjeron incidentes violentos en algunos puntos del país como Madrid, Barcelona, País Vasco y Asturias. La reacción del gobierno fue represiva, se declaró la ley Marcial y se envió al ejército. El balance fue mas de 70 muertos y 200 heridos.

    4.4 LA EVOLUCIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL; SUS DESEQUILIBRIOS. EL DESARROLLO FINANCIERO. LA ACTIVIDAD LITERARIA, ARTÍSTICA Y PEDAGÓGICA.

    4.4.1. desarrollo económico entre 1875 y 1923.

    1º introducción (Pág 146)

    En la economía mundial, el período comprendido entre la gran depresión de finales del siglo XIX y el comienzo de la crisis de 1929 se caracterizó por el traslado del dominio económico y financiero desde Gran Bretaña a los Estados Unidos. A partir de los 60 se produjo un cambio tecnológico, que afecto a todos los sectores.

    España también se beneficio de estas tendencias, aunque su economía se siguió basando en la agricultura, que era poco competitiva con el exterior. Pero la realidad fue que durante estos años España sufrió una lenta pero sólida transformación de la base económica y social, que consolida en España la sociedad industrializada.

    2º Agricultura Pág 152 - 153

    En el atraso agrario tuvo una influencia muy destacada la distribución de la propiedad de la tierra. Los propietarios de los grandes latifundios de Extremadura, Castilla y Andalucía tenían un escaso interés por el cultivo eficiente de sus tierras.

    Se produjeron protestas campesinas ayudados por las malas cosechas, que encarecían los alimentos. La movilización que vinculándose cada vez mas a la necesidad de una reforma agraria que permitiese el acceso de los campesinos a la propiedad de la tierra.

    - El cereal se consolida como el principal cultivo.

    - La creciente población urbana se vio obligada a consumir alimentos mas caros, pero el dinero de los alimentos no fue invertido en la mejora de productos debido al carácter rentista de los propietarios.

    3.2

    La viticultora, el olivar y los cítricos tuvieron una trayectoria más dinámica.

    *Pág 153. Penúltimo y antepenúltimo párrafos del 3.2. (no parece muy importante)

    3º Minería

    Entre 1874 y 1914 tuvo lugar la explotación masiva de los ricos yacimientos mineros del subsuelo español. Las dos actividades mineras más importantes fueron el carbón y el hierro.

    La expansión minera se explica por tres factores:

    1º- El aumento de la demanda internacional debida a las innovaciones técnicas.

    2º- Los avances en los técnicos de explotación que abarataron en muchas cosas las cortes de extracción.

    3º- La nueva legislación minera, que liberaliza la explotación de los yacimientos.

    La mayor parte de las cantidades extraídas fueron exportadas.

    Los escasos efectos de arrastre del desarrollo minero se han vinculado a la fuerte presencia de compañías extranjeras.

    4.2 Pág 154 (Parece poco importante)

    4º Industria

    4.1 Características Pág 158 (5.3)

    - Preponderancia de las industrias de bienes de consumo sabe los de bienes de equipo. La producción de bienes de consumo era abrumadamente mayoritaria en 1930.

    - Limitación de las zonas industrializadas, que solo estaban presentes en Cataluña, el País Vasco y Madrid.

    4.2 Debilidad de las industrias de Equipo. Pág 158 (5.4)

    Las razones de esta debilidad relativa son desconocidas.

    Las empresas tendieron a establecer acuerdos para fijar precios, y se restringió la competencia. Se fijaron altos precios.

    Mutua de Fabricantes de Tejidos en 1907*

    Como los precios eran mas elevados que en una situación de competencia, las empresas consumidoras de estos productos tenían unos costes mayores y menos posibilidades de ser competitivos en el exterior.

    4.3 Industrialización Vizcaya Pág (156) (5.1)

    La acumulación de capital deriva de la exportación de mineral de hierro junto a la transformación previa de economía vasco, en especial la Vizcaína, y la repatriación de capital física y humana de cuba, tras su independencia, dieron como resultado la consolidación de una industria siderúrgica moderna localizada en Vizcaya.

    - (1979) Se constituyeron las tres grandes empresas siderúrgicas españolas del siglo XIX: San Francisco, Altos Hornos y Fabricas de Hierro y Acero, y La Vizcaya. En solo un año Altos Hornos se convirtió en la más importante.

    - Se produjo una consolidación del eje comercial entre Bilbao y Cardiff, exportación de hierro a Inglaterra e importación de carbón gales de mayor calidad que el asturiano. Este eje favoreció a las dos industrias.

    5.2 Difusión industrial. Pág 158 (5.1)

    Junto a los dos núcleos básicos, Cataluña y el País Vasco, cuya preponderancia se mantuvo durante estos decenios, la industria se difundió por zonas más amplias del territorio, deversificandose al mismo tiempo la estructura sectorial y aumentando el peso de aquellos sectores con mayor contenido tecnológico, como electricidad, química y transformados metálicos.

    Madrid participo también en este proceso de expansión hasta convertirse en la tercera región industrial. La importancia de sus progresos esta vinculado, en buena medida, al hecho de localizarse en ella la capital de España y ser la sede de la Administración Central.

    Entre las diferentes regiones representativas del avance industrial cabe destacarse Aragón, en especial Zaragoza, a en la Comunidad Valencia, Valencia y, durante los años veinte, Alicante. Y entre los sectores hay que mencionar a la industria harinera a la producción de cemento. El aumento del peso de la industria no debe equipararse con la industrialización de estas áreas.

    4.5 Los nuevos sectores. Pág 148 (1.1) Pág (158) (5.3)

    Se produjo un aumento del uso comercial de la electricidad, gracias a la posibilidad de su traslado gracias al transformador.

    El avance de la electrificación se produjo en dos grandes etapas. Entre 1880 y comienzos de la Primera Guerra Mundial el uso de la electricidad estuvo restringido a la iluminación, especialmente de las calles de los grandes núcleos de población, fabricas y lugares públicos. Durante la segunda fase (1914 - 1930), su uso se difundió en la industria, pero con grandes diferencias de consumo regionales.

    Las positivas repercusiones del progreso de la electrificación se unieron a otras dos grandes innovaciones: destilación del petróleo y progresos en la mecánica de motores.

    Se produjo también una mejora de la transmisión de la información, gracias a las mejoras del ferrocarril, expansión del telégrafo, teléfono y emisiones de radio.

    A pesar de la trascendencia de todo estos cambios, durante estos decenios, España no alcanzó el nivel de producto por habitante de las naciones más avanzadas.

    4.4.2 TRANSFORMACIONES SOCIALES: URBANIZACIÓN Y NUEVAS RELACIONES SOCIALES. (Pág 150) 2.1/ 2.2/ 2.3/

    1º Transición demográfica Pág 150

    En esta etapa fue cuando se inicio la transición demográfica, caracterizada por un intenso descenso tanto en las tasas de mortalidad como, posteriormente, de natalidad. Así el crecimiento de la población dejó de ser, como sucedía en las sociedades tradicionales, el resultado de los elevados valores de ambas a causa de la incapacidad de controlar la enfermedad.

    Entre 1880 y 1930 se redujo casi a la mitad la tasa de mortalidad. La esperanza media de vida al nacer aumentó entre 1860 y 1930 de 29,1 años a 50 por los progresos en las condiciones higiénicas, derivadas de las mejores de las infraestructuras urbanas.

    2º Proceso de la urbanización. Pág 150

    La transición demográfica fue acompañada de un aumento de la urbanización en detrimento de los núcleos rurales. Las grandes ciudades como Madrid y Barcelona incrementaron notablemente su población, superando el millón de habitantes en 1930.

    Muchas pequeñas ciudades conocieron un espectacular aumento de población entre 1900 y 1930 al convertirse en importantes centros industriales a mineros. Pequeñas ciudades del País Vasco (Baracaldo, Sestao), de Asturias (Mieres, Sama de Langreo) o de Cataluña (Badalona, Sabadell, Terrassa) pasaron a ser importantes centros de atracción de población.

    El resultado fue un dualismo muy acentuado entre el campo y la ciudad, origen de buen numero de tensiones políticas, y sociales.

    3º Crecimiento de las clases medias.

    El aumento del peso cuantitativo de la población urbana se caracterizo por un aumento de las clases medias.

    También hay que considerar la emergencia de grupos intelectuales, convertidos en una elite cultural y cívica que fue adquiriendo cada vez mayor relevancia y protagonismo social, gracias en gran parte a que podían ser leídos a escuchados por grupos de población amplios y diversos.

    4º Instrumentos de la sociabilidad urbana.

    La concentración urbana favoreció:

    - A la prensa, la cual conoció un incremento de sus tiradas debido a la mejora de los medios técnicos y a un aumento de la alfabetización.

    - Las asociaciones, que constituyeron la manifestación más clara de la nueva sociabilidad urbana. Los ciudadanos encontraron a través del fenómeno asociativo una plataforma para la expresión de ideas y reivindicaciones, y unos centros de reunión y debate. Co-organizaciones de tipo: políticas, sociales, y culturales.

    - Incrementaron la movilización de masas, que constituyo durante esta época el método más habitual de actuación por parte de las asociaciones para manifestar su opinión.

    5º Aumento de la emigración.

    Las escasas oportunidades de empleo y el aumento de la población obligan a muchos españoles a emigrar, sobre todo, a América Latina.

    Los bajos salarios y la escasez de tierra cultivada por personas también fueron factores decisivos en el aumento de la emigración.

    En estos decenios también avanzo apreciablemente una variable fundamental para el crecimiento económico: la mejora en la calificación educativa. En 1877 un tercio de la población estaba alfabetizada y en 1930 se supero ya el 70% de alfabetizados.